Yuri's Lyrical Secrets

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 .Manzanas.

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ShaKit
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MensajeTema: .Manzanas.   23/8/2011, 09:32

Manzanas. Primera Parte

Todo estaba listo para la cena de esa noche. Un delicioso pavo en el horno se cocinaba a fuego lento, unas velas estaban colocadas por todo el piso y una hermosa chica se encontraba en preparando algo sobre la encimera. Iba vestida con unos vaqueros algo holgados y una camisa larga de color blanco. A la cintura llevaba atado un delantal y en su frente un pañuelo. Su largo pelo negro estaba recogido en una coleta alta y tenía un poco de harina en el rostro dándole un aire dulce y delicado.

- Ya casi está todo… Ya casi está.

Puso una cara que denotaba una gran ilusión, y siguió amasando la masa durante un largo rato. La dejó reposar luego sobre una servilleta y se lavó las manos.

- A Gabriel le va a encantar… Me ha dicho que es su favorito.

La chica miró a una pequeña gata que se encontraba ronroneando entre sus pies y fue a por las manzanas que le hacían falta en el pastel. Al llegar al frutero vio que estaba vació y en el una nota que ponía.

“Querida Verónica, hacen falta mas manzanas… Me comí las últimas anoche, si puedes compra hoy… Sabes que me encantan.
Te amo.”

Verónica solo pudo releer la nota como cuatro veces para después proferir un pequeño grito. La gata huyó hasta el sillón y desde allí miró a su dueña que tenia una nube de tormenta sobre su cabeza. ¿Y ahora como haría el pastel de manzana… si le faltaban las manzanas? Miró la hora, aún faltaba un rato para que el pavo estuviera listo y en ese tiempo podría salir e ir a comprarlas. Sonrió y se dispuso a coger las llaves y el dinero. Al salir por la puerta se aseguró de coger un abrigo y cuando subió al ascensor y se miró en un espejo que había en el. Allí comprobó que tenía harina en las mejillas y se las limpió con un pañuelo que llevaba en los bolsillos.

Al salir a la calle miró el cielo y comprobó como nevaba levemente. Se puso el abrigo que había cogido al salir de casa y se encaminó por la calle hasta una tienda cercana que esperaba que estuviera abierta. Al llegar se encontró un gran cartel que ponía “CLOSED” y maldiciendo decidió volver a casa, pero al darse la vuelta vio al fondo de un callejón una pequeña tienda abierta. Se quedó mirando como una chica pelirroja salía de ella e iba metiendo cajas. Los copos de nieve caían sobre su cuerpo y luego volaban al ella moverse. Un ángel, pensó al verla, un precioso ángel con cabellos color fuego. Se dirigió a paso lento hacia ella y cuando estuvo enfrente apenas pudo articular palabra alguna. La chica la miró dulcemente con unos ojos verdes que quitaban el aliento y le sonrió.

- ¿Puedo ayudarte en algo? – Sonrió aún más y se refugió en la tienda.

- Ehm… si… ¿Tienes… manzanas?

Se rascó la nuca levemente y la chica se adentró en la tienda. Entró detrás de ella sin poder evitar mirarla de arriba abajo hasta llegar a un mostrador. La chica lo sobrepasó mientras Veronica esperaba al otro lado mirando toda la tienda. Era pequeña y bien rustica, las paredes y el suelo eran de madera oscura y las estanterías estaban repletas de golosinas y frutas. Nunca había visto una tienda así y sonrió. Volvería por allí más a menudo. Un carraspeo la sacó de sus pensamientos y observó a la chica a su lado con una bandeja de manzanas en la mano. Vestía una camisa blanca de manga corta y unos vaqueros negros. Sobre la camisa llevaba una chaqueta negra desabrochada y el pelo completamente suelto. Le sonrió de manera seductora. Veronica tan solo se sonrojó y miró las manzanas.

- ¿Cuánto le debo?

- Primero… No soy tan vieja como para que me trates de usted. Segundo… Me llamo Lucía… Tercero… No me debes nada ^^

- Pero…

- Pero nada…

Lucía se retiró al interior de la tienda de nuevo y dejó a Verónica sola con las manzanas. Está decidió cogerlas y dirigirse a su casa, el pavo estaría a punto ya.

- Por cierto – Oyó una voz a su espalda antes de salir- Feliz navidad… preciosa.

Al darse la vuelta Lucía ya no estaba y ella echó a correr hacia su casa. Al llegar sacó la comida del horno y la colocó en la mesa. Terminó el pastel y luego se dio una ducha de agua caliente. Al salir se secó frente al espejo y vio unas pequeñas cicatrices en sus brazos y piernas. Siguió secándose y al salir de la ducha se puso un espectacular vestido rojo noche que caía en cascada escalonadamente, no llevaba espalda y se puso unos zapatos con tacones. Al salir al comedor la gata maulló al verla y fue encendiendo una a una las velas. Puso dos trozos de tarta sobre la mesa y colocó los cuchillos y tenedores alrededor de los platos. Acercó la botella de vino que se encontraba dentro de un pequeño cubo metálico con hielo y sentó a esperar a que llegara Gabriel. Mientras tanto pensaba en Lucía. En lo hermosa que era. En cuanto la había impresionado y entonces la puerta se abrió de golpe. Miró asustada hacia ella y vio a Gabriel visiblemente borracho y furioso. Se acercó a ella y la cogió por el brazo bruscamente para luego estamparla contra la pared. Verónica soltó un quejido y cerró los ojos mientras Gabriel hablaba.

- Eres una maldita zorra, siempre lo has sido y siempre lo serás. Sabes bien donde está tu lugar ¿verdad?

Sentía como le apestaba el aliento a alcohol y como la cogía del pelo. Solo asintió, llevarle la contraria podría ser peor. El la llevó al sofá, le arrancó el vestido y la violó como tantas otras noches había hecho, al terminar se fue y la dejó allí. Antes de salir, dijo: Feliz navidad.
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ShaKit
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MensajeTema: Re: .Manzanas.   27/8/2011, 20:23

Bueno, perdón por no colgar la historia de una vez, no se si esto se consideraría flood o que >w<. Aquí os dejo las dos partes siguientes, y luego quedarían otras dos hasta el final, se agradecen comentarios :) Feliz lectura.

Manzanas. Segunda Parte

Un pavo frio reposaba sobre la mesa, de las elegantes velas que adornaban la casa no quedaban más que pequeños montones de cera derretida y de la mujer que un día fue Verónica tan solo quedaba en cuerpo vacio sobre el sofá. No se había molestado en moverse, lágrimas silenciosas caían por su rostro como cada noche en la que el se iba y la dejaba así. Al día siguiente volvería disculpándose, con un ramo de rosas en una mano y una invitación a un caro restaurante. Ella sonreiría y aceptaría, se pondría uno de los tantos vestidos caros que el le regalaba después de cada pelea y aparentarían ser felices. A fin de cuentas eso le había enseñado su madre. “Nunca dejes que los demás vean lo mal que estás, aparenta siempre felicidad”. Sonrió de lado. S madre había muerto hacia dos años a manos de su padre… Por lo visto a ella no le esperaba un futuro distinto.

Tras haber atendido a aquella chica en la tienda Lucía se fue al almacén a terminar de acomodar algunas cosas y tras desearle feliz navidad entró todo lo que quedaba fuera y cerró la tienda hasta el día siguiente. Subió lentamente a su casa pensando en aquella hermosa chica de ojos azules y pelo negro cual piedra de azabache. Se quitó la ropa a medida que avanzaba a la ducha y al meterse dentro dejó que un chorro de agua fría le recorriera todo el cuerpo lentamente. Le gustaba esa sensación. En momentos como aquel era en los que se sentía completamente viva. Sentía que realmente lo estaba. Al salir enroscó una toalla alrededor de su cuerpo y se contempló en el espejo. Pelo pelirrojo hasta la cintura, ojos verdes que por la noche pasaban a un tono azul verdoso y una piel blanca y suave. Dejó caer la toalla y se vio desnuda delante del espejo. Una fina cicatriz recorría su vientre de lado a lado. Con el dedo índice de la mano derecho se la recorrió suavemente y sonrió de lado. “Maldito bastardó” pensó. Al salir del baño cogió unos vaqueros negros ajustados que había sobre una silla y se los puso. Luego cogió una blusa del mismo color que los pantalones y lentamente se fue abrochando los botones. Se puso delante del espejo del baño de nuevo y sonrió triunfante. “Esta noche arrasas nena”. Se maquilló un poco los ojos y salió por la puerta no sin antes coger una cazadora de cuero y el casco de la moto.

Verónica solo quería olvidarse de todo lo vivido esa noche y decidió salir por ahí. Se puso unos vaqueros azules ajustados y una camisa blanca. Al salir por la puerta cogió una chaqueta del mismo color que la camisa y salió andando. Conocía un buen pub en la ciudad. Justamente se encontraba al lado de su lugar favorito. El mar.

Al llegar pudo comprobar que solo había tres o cuatro personas allí. Puesto que era la noche de navidad no habría mucha gente fuera de sus casas. La navidad es para pasarla en familia, lastima que ella no tuviera una. Se acercó a la barra y pidió un cubata bien cargado y observo a la gente que tenia alrededor. Un chico y una chica hablaban animadamente en una mesa. Una de las camareras que estaba tras la barra contaba lo recaudado durante el dia y la otra le preparaba la bebida. Y saliendo de los baños vio a aquel hermoso ángel de cabellos de fuego. Ella al levantar la vista miró a Veronica y sonrió ampliamente mientras se acercaba.

- Ponme uno de lo que le estas poniendo a esta hermosura.

Se dirigió a la camarera con una sonrisa coqueta ante lo que esta rió y luego me miró a mi de arriba abajo.

- ¿Estaban buenas las manzanas?

Verónica bajó la vista y contuvo unas lágrimas. Soltó un suspiro y al levantar la vista una de las lágrimas escapó y rodó por su mejilla.

- No tuve el gusto de probarlas…

La camarera trajo los cubatas y Verónica apuró el suyo de un trago, dejó el dinero de la bebida y salió del bar. Sintió como Lucía la seguía de cerca y al llegar a la playa se detuvo y la miró a los ojos.

- ¿Qué quieres?

- Solo saber porque te has ido así…

- No te importa, a fin de cuentas no me conoces.

- Pero quiero conocerte…

Verónica entreabrió los labios y la miró tiernamente. La abrazó y aunque no la conocía de nada lloró en su pecho desconsoladamente, alguien se preocupaba por ella… Parecía que al fin tenía una razón por la que luchar y por la que seguir adelante. Lucia tan solo dejó que llorara y le acarició la cabeza suavemente… Tenía una meta… Hacer que aquella dulce chica de cabellos azabache sonriera cada día.

Tercera Parte:

Pasaron la noche junto al mar, abrazadas la una a la otra, Lucia había colocado sobre ellas su chaqueta para taparlas a ambas. Miraron las estrellas, rieron animadamente, y compartieron sus vidas y sus sentimientos… Intercambiaron caricias y besos por todo el cuerpo, y las dos por una vez se sintieron queridas.

El amanecer las recibió juntas sobre la arena. Verónica se encontraba apoyada sobre el pecho de Lucía mientras esta la rodeaba con sus brazos. Unos tímidos rayos de sol las comenzaron a despertar. Verónica nunca se había sentido tan a gusto y relajada con nadie en su vida. Esa mañana había despertado sin miedo ni angustia. Las ganas de llorar no habían hecho acto de presencia, es más, habían sido sustituidas por una sonrisa de oreja a oreja. Lucía abrió los ojos perezosamente y vio como Verónica la miraba dulcemente y le sonreía.

- Buenos días preciosa.- se frotó los ojos y bostezó.

- Mira quien habló de preciosa… - Verónica le besó la mejilla y se le quitó de encima.

Lucía se incorporó y vio como su compañera observaba el mar con una mirada serena y calmada, esa mirada no se parecía en nada a la que tenía al llegar a su tienda ni la que tenía en el bar de anoche. Aquella chica escondía un secreto y ella iba a descubrirlo… Quería saberlo todo de ella y quería ayudarla a que fuera feliz. La noche anterior se lo había propuesto y pensaba conseguirlo.

- Oye… ¿Puedo llamarte Vero? – Se rascó la nuca levemente y la miró expectante.

- Claro… Lucy… - Rió suavemente y la miró.

- Lucy… Me gusta – Le devolvió la sonrisa y luego la invitó a desayunar.

A pesar de que la playa quedaba cerca de donde vivían ambas decidieron coger la moto de Lucia e ir a comer a un buen restaurante a la otra punta de la ciudad. Vero lo conocía muy bien puesto que era donde la solía llevar Gabriel para solucionar cada… “discusión”. Al entrar el camarero la saludó y le preguntó por su marido mientras las acompañaba a una mesa al lado de la ventana.

- Pues sinceramente no se donde está, ni si durmió en casa o con cualquiera de sus putas… - Verónica sonrió al camarero que había palidecido – o si tal vez está bajo un puente muerto, cualquiera de ellas me importa poco.

Tras estas contestaciones el camarero les deseo una buena comida y se fue completamente desorientado, pues la pareja Jerez García siempre había sido bastante unida ante los demás.

- Así que… Tienes marido… - Vero levantó la vista de la carta y miró a Lucia que parecía triste.

- Si, tengo marido Lucy… Pero… No se puede considerar hombre…

- ¿A no? ¿Por qué? – Lucia la miraba atenta, probablemente estaría apunto de conseguir saber algo sobre Vero.

- Por… Por nada, algún día puede que lo sepas…

Antes de que Lucy pudiera replicar un camarero vino a tomarles el pedido y en menos de dos minutos puso ante ellas el desayuno. Mientras comían Lucia pensó que no seria bueno insistir más con el tema de momento y le preguntó si vivía cerca de la tienda de ella y también le propuso ser amigas. Verónica sonrió encantada y aceptó la oferta. Al llegar la hora de pagar la cuenta Verónica insistió en pagar pero la otra rechazó e invitó ella. “Es tan galante y cortés… Es maravillosa” Vero se sonrojó levemente ante sus pensamientos y dejó que su… amiga (¿?) pagara.

Al salir se despidieron con un beso en la mejilla y luego Vero empezó a andar mientras que Lucia la observaba apoyada en su moto. Cuando se perdió tras la esquina se montó en la moto y decidió ir tras ella. Vio como caminaba despacio y luego entraba en el portal de un flamante edificio. Ni con su sueldo de tres meses podría permitirse un apartamento ahí. Paró delante de la puerta y vio como su chica se montaba en el ascensor… Espera un momento… ¿Su chica?... Puso una sonrisa idiota ante este pensamiento y arrancó de nuevo la moto dirección a su casa. Desde luego nunca había agradecido al mundo lo suficiente por tener manzanas en el.

Al llegar a casa Verónica abrió la puerta esperando encontrarse cualquier cosa pero sin embargo estaba todo tranquilo y la pequeña gata corrió a sus pies para que la acariciara. Vero la cogió en brazos y tras las orejas empezó a acariciarla a lo que la gata respondió con un ronroneo suave.
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MensajeTema: Re: .Manzanas.   31/8/2011, 17:11

Me ha gustado mucho ^^ Ojala la sigas. Estaré esperando continuación ^^
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MensajeTema: Re: .Manzanas.   4/9/2011, 20:47

esta buenisimo plizzz conti conti
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ShaKit
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MensajeTema: Re: .Manzanas.   6/9/2011, 06:24

Muchas gracias por leer y se agradecen los comentarios ^^ Aquí termina esta historia, espero que os guste.

Cuarta Parte:

Mientras la seguía acariciando la puerta se abrió de golpe y por ella apareció Gabriel con un ramo de lirios en las manos y su mejor sonrisa en la cara. Verónica suspiró y lo miró.

- Oye Vero… Tu sabes que yo te amo… ¿Lo sabes verdad? – Se encontraba nervioso como siempre

- Pues tienes una curiosa manera de demostrarlo Gabri – Esta vez no se iba a dejar engañar.

- Hey tranquila gatita, no me saques las uñas

- Estoy hasta los cojones Gabriel, hasta aquí llegué, no pienso soportarte más

Dicho esto Vero se dirigió hacia la puerta aún con la gata en brazos y la abrió.

- ¡Vete!

Le echó una mirada desafiante y lo que recibió a cambio fue una bofetada que la hizo tambalearse y soltar a la gata que mordió a Gabriel en el pie para luego huir. Verónica con la cara enrojecida se viró hacia el y le volvió a decir que se fuera pero esta vez más fuerte. ¿Qué recibió a cambio? Otra bofetada, y otra, y otra más… Hasta que al final sus fuerzas terminaron de flaquear y se desmayó. Pero esta vez no todo se quedaría así, antes de volver a casa, cuando estuvo con Lucía, había presentido el final de este trágico cuento.

Flash Back.

Le había contado su historia, todo con pelos y señales, vio como su compañera se iba enfadando cada vez más con un hombre al que ni siquiera conocía, y porque no admitirlo… Le gustaba verla así, se veía tan… Sexy…

Entre las dos planearon que hacer y como hacerlo, Lucía al principio se opuso a que su niña fuera victima una vez más, pero Vero insistió en que debería ser así. Una vez pagada la cuenta y trazado el plan fueron unos momentos a los servicios con la escusa de que Verónica debía arreglarse un poco, pero realmente todos sabemos lo que pasó… No se arregló nada… Más bien colocó a Lucy contra una pared, la besó apasionadamente y le hizo el amor cuantas veces pudo antes de salir de allí. Se sentía viva, sentía lo que las personas normales llamaban amor, algo en lo que ella nunca había creído. Por otro lado, su ángel de cabellos rojos como el fuego también sentía algo dentro de si. Se sentía llena y completa, en paz con el mundo y con todos los seres que había en el, menos con uno claro está.

Cuando salieron por la puerta se despidieron con un suave beso en las mejillas. Lucía la vio marchar y algo en su pecho se oprimió, esperaba que todo saliera como habían planeado y que nada se torciera.

Fin del Flash Back.

Lo último que recordó Verónica antes de caer inconsciente fue la cara de su dulce amor. Sonrió por dentro, al menos moriría feliz.

Quinta y última parte:

La puerta se abrió de golpe. Por ella entró Lucía con una rabia y una ira en sus ojos que no era posible que fuera un ser humano. Al ver a Vero en el suelo esa ira aumentó. Gabriel se había quedado estático, con la pierna a medio camino entre el aire y Vero.

Lucía suspiró hondo y la policía entró detrás de ella deteniendo a Gabriel, luego los paramédicos y de repente se vio en la ambulancia. Solo tenía ojos para su dulce amor, respiraba con dificultad y era posible que en el trayecto al hospital muriera. Sus pulmones podrían colapsarse de sangre, y esto hacer que la hemorragia y la falta de aire la matara, pero Lucía no había oído nada de eso. Solo podía mirar aquel rostro que tantas alegrías le había dado en los últimos días… Le había arrebato el corazón y si a ella le pasaba algo tenía por seguro que la seguiría… Pues la vida sin amor, ¿es vida acaso?

Urgencias, operación de emergencias, preguntas… ¿Eres la hermana? ¿La amiga? ¿La vecina?... No, soy su… Amante. Tras esto las preguntas cesaron y todo desapareció, tan solo levantaba la cabeza de su mundo para mirar a algún médico que pasara por delante, quería saber que le había pasado a Verónica, y nadie se lo decía. Los segundos se convirtieron en minutos, los minutos en horas y las horas en grandes agonías que le taladraban el corazón y la razón… Alguien tocó su hombro y miró a quien lo había echo. Era Gabriel.

La agarró del cuello y la estampó contra la pared levantándola de la silla y haciendo que los pies quedaran en el aire. La asfixiaba. Sentía como sus pulmones se quejaban por la falta de aire y tan solo podía mirar a aquel hombre que durante años había hecho que su princesa sufriera… Con las pocas fuerzas que le quedaban le propinó una patada y el la dejó caer. Cogió aire y echó a correr. La seguía, rápido y enfadado, sus zancadas eran más grandes que las de ella y pronto la alcanzaría. Pero ser pequeñas tiene sus ventajas. Al salir del hospital rápidamente cambió de dirección. Las paredes de un callejón oscuro eran mudos testigos de la persecución, las ratas se escondían de ellos y los cubos de basura eran utilizados como obstáculos. Verónica de un salto subió por una escalera de emergencia de lo que supuso era un centro comercial o una tienda. Si pararse a mirar atrás siguió y siguió hasta llegar arriba. Se encontró como la ciudad estaba enrojecida por el color del cielo en esos momentos.

- ¿Ves eso cacho zorra? Es el color de tu sangre… - Gabriel había llegado a la azotea y se acerca peligrosamente a ella.

- ¿La mía o la tuya? – No retrocedió, es más, le encaró y fue a su encuentro.

Una mueca burlona salió del rostro de aquel hombre con nombre de ángel y una bofetada se posó con rudeza en el rostro de la chica. Esta retrocedió unos pasos pero luego lo volvió a encarar, recibiendo más golpe en respuesta a su osadía. En unos minutos se encontraba en el suelo, sangrando por la boca y podía sentir como a cada golpe sus costillas estaban más frágiles. La vista se le nublaba, las lágrimas no la dejaban ver si no como su agresor la golpeaba con el pie una y otra vez.

Y de repente cuando todo parecía que no tenía final…
Sonó la sirena de clases y los alumnos salieron disparados de la sala de audiovisuales. La profesora los miraba salir y los despedía con una sonrisa amable en el rostro.

- No os olvidéis que el próximo día seguimos viendo la película…

Paró el reproductor y al sacar el disco se le quedó mirando tristemente… “aunque yo ya se como termina” Alguien tocó su hombro y se viró para ver quien sería. Ante ella se encontró una alumna de ropajes oscuros y piel clara.

- Hola Miriam… ¿Pasa algo?

- No… Verá… Es que quería preguntarle Verónica… ¿Las chicas de la película… quienes fueron?

- ¿Quiénes fueron?

- Si… Dice que está basada en hechos reales… Quiero saber quienes fueron…

- Hay niña… Secreto, si quieres busca en Internet…

La chica salió de la clase pensativa no sin antes mirar varias veces a la profesora. Esta salió después que ella cerró el aula y se dirigió a la salida del instituto. Todo estaba tranquilo pues aún quedaban dos horas de clases, pero para ella su día allí terminaba. Al subir al coche abrió la guantera y vio un periódico algo viejo y con un gran titular. “El Coronel Gabriel Jerez detenido tras darle una paliza a su mujer Verónica García y luego golpear repetidamente a la amante de esta, Lucía Ruiz” Vero cerró la guantera y decidió que en cuanto tuviera oportunidad quemaría ese periódico. Arrancó y se dirigió a casa. Habían ganado el juicio. Los policías había encontrado a Gabriel antes de que consiguiera matar a Lucía a golpes. Y tras unas semanas en el hospital las dos estaban en perfecta condiciones y dispuestas a luchar contra aquel hombre.

Duró meses, estaban cansadas pero la guerra seguía, sabían que seria duro, y también sabían que podrían ganar si lo deseaban. Y así fue… Un año después fue mandado a la cárcel con cadena perpetua. Juró que se vengaría pero ni tiempo le dio a terminar la frase. Dos días más tardes apareció muerto en las duchas. Ellas siguieron su vida junta… Y hoy cumplían 3 años.

Al llegar a casa un delicioso olor a tarta de manzana inundó todo y una pequeña niña de cabellos de fuego y ojos de color azul oscuro la recibió saltando en sus brazos.

- ¡Mami! – le niña sonreía y pudo ver como sus mejillas estaban llenas de harina

- Oh mi amor… ¿Pero que te pasó?

Rió suavemente y por la puerta de la cocina vio entrar a una mujer con los mismos cabellos que la niña e igual de manchada de harina. Tan solo pudo reír más ante eso y mirarlas a ambas felizmente. Era el día de navidad y no podía tener un mejor regalo que una familia que la quería y una tarta de manzana para cenar.
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