Yuri's Lyrical Secrets

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 23:27


CAPITULO 29


DANIELLE'S LIFE



Hay una niña, sola en su habitación
Jugando con el aire y su imaginación
No comparte tesoros, ni tampoco secretos
Su universo es grande, más que el mundo entero

Ella ríe sin saber por qué, ella habla si saber por qué
Ella mira a su alrededor y no ve más que dolor
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir...
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir...

100 noches de lágrimas, y de fría oscuridad
El calor más cercano era el de la soledad
Tiene tanto miedo a que puedan entrar
En su frágil burbuja de irrealidad

Ella ríe sin saber por qué, ella habla sin saber por qué
Ella mira a su alrededor y no ve más que dolor
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir...
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir...

Ella ríe sin saber por qué, ella habla sin saber por qué
Ella mira a su alrededor y no ve más que dolor
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir...
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir......nooo…oooh

Ella ríe sin saber por qué, ella habla sin saber por qué
Ella mira a su alrededor y no ve más que dolor
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir...
Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir...niña...nooo…oooh

Niña, ¿qué va a ser de ti?, sin sueños que cumplir
Con tu vida, no querrás seguir... oooh


Niña – La 5ta estación




Louis Bonnet y Cassandra François se conocieron en la universidad. Él estudiaba Administración de Empresas, ella estudiaba Ingeniería Ambiental. Fue amor a primera vista, dirían algunos.

Louis venía de una familia humilde. Una madre que vendía dulces a la salida de los colegios por las tardes, hacía aseo en casas por las mañanas, y lavaba ropa los fines de semana, se desvivía por darle a su hijo la buena educación que ella no tuvo. Su padre, un alcohólico, hijo de otro alcohólico, abusaba de su madre, le sacaba el dinero a escondidas para beber o para ir con prostitutas, la golpeaba y, en varias ocasiones, la violaba. Sin embargo, Louis fue hijo único. Cada que las violaciones terminaban en embarazos, los golpes que más tarde le daba generaba abortos. Fue así como perdió a los que se supone serían los hermanos menores de Louis. Gracias a este ambiente familiar tan caótico, Louis era bastante retraído y se refugiaba en el estudio. Su madre lo instigaba para que se fuera a casa de sus amigos a hacer las tareas para que no tuviera que ver las continuas peleas que ella tenía con el borracho.
Finalmente, el borracho, un día ebrio hasta la coronilla, iba deambulando por las calles, pisó mal y se fue de bruces contra la esquina de un andén. Murió instantáneamente. Nadie lo lloró.
Lo que nadie supo sino hasta días después de su entierro, era que el borracho fue militar como su padre, por lo tanto, la esposa recibiría la pensión del mismo hasta que su hijo cumpliera la mayoría de edad.
Louis le enseño a su madre a usar un computador y fue así como esta consiguió estudiar y un empleo mejor remunerado: secretaria en una universidad, la misma donde su hijo entraría a estudiar tres años después.

Cassandra, por el contrario, esa de familia adinerada. Su padre era francés y su madre latina, así que ella hablaba fluidamente ambos idiomas. Su vida se turnaba entre inviernos en París y paseos a Colombia. Su vida como hija única era perfecta hasta que su padre le fue infiel a su madre y estos se separaron dejándole a la segunda una jugosa cantidad de dinero. Cassandra decidió quedarse en América con su madre y nunca más le volvió a hablar a su padre.
Como buena educación básica europea, su pasión por las artes era latente, aunque ella misma nunca tuvo talento para las mismas. Sin embargo, fue a través de las artes que conoció a Michael, un pintor filántropo con un corazón muy verde y 10 años mayor que ella, que terminó guiándola hacia una forma de vida reciclable. Por esto no estudió psicología como siempre quiso, sino que se decidió por la Ingeniera Ambiental.

Fue un día lluvioso que Louis y Cassandra se conocieron en la cafetería de la universidad. El cielo estaba gris y las gotas caían acompañadas de granizo. Este último, al golpear contra los techos de las casas, las ventanas, las calles y los carros, ensordecía el ambiente y las personas debían hablar a gritos para escucharse por encima del insistente golpeteo de las bolitas de hielo.
Cassandra acababa de entrar a la universidad y estaba emparamada a más no poder, mientras que Louis estaba adentro completamente seco hablando con sus amigos fumándose un cigarrillo. Una amiga de ella la llamó por detrás del grupo de él para que se acercara. Ella corrió pero, justo cuando pasó junto al grupo de hombres, se resbaló y cayó sentada. Los gritos y las burlas vinieron de toda la cafetería y ella se puso tan roja como su piel pálida se lo permitía. Él la ayudo a ponerse de pie y le prestó su chaqueta. Te vas a enfermar, le dijo poniéndosela sobre los hombros.

Empezaron a salir cuando ella le devolvió la prenda limpia y seca. Fueron lentamente. Iban a restaurantes de comida rápida cuando él invitaba y a restaurantes de comida internacional cuando ella lo hacía. Aunque muchos de sus amigos se burlaban, Louis no creía que Cassandra lo opacaba con sus costosas invitaciones, simplemente la realidad era así. Él era de clase humilde, ella no.

Tres semestres antes de que él terminara su carrera, mientras hacía sus prácticas laborales, consiguió un empleo en una multinacional. Tendría un sueldo bajo mientras terminaba la universidad pero, apenas obtuviera su título de pregrado, lo ascenderían y le aumentarían el sueldo significativamente.

Ambos se graduaron y se fueron a vivir juntos. La madre de Louis murió meses más tarde. Los golpes que recibió de su marido la habían afectado más de lo que creía y un derrame cerebral acabó con su vida mientras dormía. La madre de Cassandra se casó de nuevo, esta vez con un alemán, y se fue a vivir con él a Berlín.

Cuando Louis cumplía un año en el empleo de sus sueños y con expectativas de ascender aún más, Cassandra quedó embarazada de gemelas. Dejó el trabajo y se dedicó a la vida de madre que siempre quiso. Nueve meses más tarde nacieron Daphne y Danielle, respectivamente.

Las gemelas nacieron un mes antes de lo normal. Una, la más pequeña, resultó positiva en leucemia. Era Daphne. Pero la otra, un poco más robusta, estaba perfectamente sana a pesar de nacer a los 8 meses. Era Danielle, la perfecta donante.

Como Daphne era la mayor y la más enferma, siempre obtuvo más atención que su hermana. Sin embargo, las gemelas fueron muy unidas, como es lo normal. Ninguna de las dos aprendió a hablar perfectamente sino hasta los 6 años, pues entre ellas se comunicaban sin necesidad de palabras. Pero fue cuando entraron a estudiar por separado que los problemas empezaron. Daphne estudiaba en casa y sólo asistía a la escuela para presentar los exámenes. Danielle se la pasaba la mitad de su día en la escuela, su madre la recogía al terminar las clases y regresaba a casa con Daphne.

Desde los tres años los problemas de la gemela enferma empeoraban pero sólo hasta los 6 años decidieron que Danielle sería su donante. Al principio sólo eran transfusiones de sangre, un trozo de su hígado, luego su riñón derecho, médula espinal, y más sangre.

Danielle, contrario a lo que muchos pensarían, era una niña muy callada y obediente. Pero incluso ella misma lo olvidaría con el tiempo.

Louis Bonnet ascendía sospechosamente rápido en su trabajo pero su esposa nunca lo cuestionaba, pues el sueldo aumentaba y los gastos de Daphne no se volverían un problema. En algún momento sus amigas mencionaron la posibilidad de una infidelidad con un superior. Cassandra desechó la idea después de conocer a todos los jefes de este durante una navidad.

Cuando las gemelas empezaron a hablar lo hacían al mismo tiempo y siempre usando el pronombre “nosotras”, como si fueran un ente y no dos. Vestían igual, hablaban al mismo tiempo, comían de la misma forma. Eran perfectamente sincronizadas. Cuando Daphne estaba en el médico con su madre y Danielle estaba en la escuela, ella podía sentir cuando le ponían una aguja a su hermana. Es normal que una persona con leucemia tenga moretones en partes donde ni siquiera se ha golpeado pero, lo curioso, era que estos moretones solían aparecer en lugares donde Danielle sí se había lastimado. Pero hubo un juego de gemelos que no pudieron jugar. Nunca lograron hacerse pasar la una por la otra. La enfermedad en la una la hacía diferente de la salud de la otra. Y fue esto lo que marcó a la menor.

Danielle, sin saberlo, se comportaba como su hermana, no por ser gemelas, sino por razones que ella no comprendía. Quería estar enferma para que le tuviera más atención. Hubo muchas ocasiones en que su madre se olvido de recogerla de la escuela y ella tuvo que regresar caminando. A su hermana la saludaban de beso en las mañanas, a ella sólo la despeinaban. A Daphne le llevaban el desayuno a la cama y se sentaban a darle cuchara por cuchara. Muchas veces la dejaban sola a ella en la mesa del comedor. Así que, poco a poco, Danielle fue forjando una personalidad como la de su hermana, con un problema: esta personalidad servía de imán en la escuela, no en casa.

Finalmente, se cansó de ser la donante de su hermana. A los 11 años reunió a sus padres en la sala y les dijo, con una voz que no parecía la de una niña, que quería que su hermana se muriera, que estaba cansada de darle pedazos de su cuerpo para que le pusieran atención a la mayor mientras que a ella la olvidaban en un rincón. Que si no fuera porque eran gemelas, ni siquiera se acordarían de ella.

Fue la primera que su madre le pegó, y la rubia nunca olvidaría esa cachetada que le dejó resentida la mejilla durante toda la noche.

Pero algo más se desencadenó esa noche. Los padres de Danielle empezaron a discutir. Louis demandaba que Cassandra le prestaba demasiada atención a Daphne y que se había olvidado de los demás habitantes de esa casa. Pero la francesa era persuasiva y, para calmar a su esposo, tuvo sexo con él. La menor lo vio todo y se enamoró de su padre. Fue todo muy claro para ella cuando vio a su madre sentada sobre él, gimiendo y moviendo las caderas con insistencia. Si ella hacía eso para su padre, lo haría feliz.

Desde muy pequeñas las gemelas iban al psicólogo. Más Danielle que Daphne, pues era ella quien, aunque nadie de su familia realmente se lo dijo ni se lo agradeció, mantenía viva a su hermana.

Después de ver a sus padres tener sexo, Danielle se volvió completamente autosuficiente. Cocinaba el desayuno para su padre, le lavaba la ropa y se la planchaba con la excusa de “enmendar lo que había dicho”. Pero la realidad era otra. La menor buscaba ganarse la confianza de sus padres y así envenenar a su madre, quedarse con su padre y luego matar a Daphne.

Pero, ¿Por qué quería matar a las otras dos mujeres de la casa? El amor insano que sentía por su padre no parecía ser una razón con suficiente peso para que una niña de 11 años planeara tantas cosas y se comportara como una completa sociópata. Se comportaba como un ángel cuando realmente quería acabar con todos.

Cuando despedazó al perro de Daphne, un frech puddle, con la excusa de “querer ser veterinaria”, sus padres la llevaron con una amiga de la familia, Leticia. Sólo le bastaron unas sesiones para conocer la psiquis de la niña que todavía no sabía cómo ocultar esa forma de ser de una persona como la pelirroja.
Entre las cosas que más sorprendieron a la psiquiatra fueron las confesiones de Danielle. Ella le contaba que a Daphne le gustaba jugar “al doctor”, y que siempre le metía los dedos en la intimidad para “examinarla”. Curiosamente, esto también lo olvidó con el pasar de los años.

Con su primera menstruación, vinieron los cambios en su cuerpo. Sus caderas se ensancharon, dos bolas explotaron de su pecho, su cintura se hizo más angosta, y en su intimidad empezaron a salir pequeños y pudientes pelos. Su rostro dejó de ser tan redondo para convertirse en algo más fino y delicado. Al contrario de su hermana Daphne, que por la enfermedad, seguía viéndose algo escuálida y, como diría Danielle alguna vez, desabrida. Aun así, seguían siendo muy parecidas.

La hermana menor tomó la costumbre de caminar desnuda por la casa, sobre todo cuando su padre estaba cerca. En ocasiones, cuando su madre debía quedarse en la clínica a dormir con Daphne, ella se metía en la cama de su padre completamente desnuda.

Con el pasar del tiempo las gemelas se fueron volviendo “más como ellas mismas”. La perversión de Daphne sólo se veía aplacada por su falta de fuerza, mientras que el amor de Danielle se mantenía en espera por la presencia de las otras dos mujeres de la casa.

¿Y Danielle, que de pequeña era callada y calmada, por qué se volvió asi? La respuesta es muy simple. Ella era la gemela menor, la ignorada.

Es muy común que los gemelos tengan problemas de personalidad, pues mientras hablan de “nosotros” van perdiendo la noción de quién es quién, como con los hermanos Jose Arcadio y el Coronel Aureliano Buendía en Cien Años de Soledad. Pero el caso aquí fue diferente. A las gemelas las distinguían. La que tenía buena salud y la que no tenía buena salud.

Sin saberlo, Danielle encontró la solución a su vida: ser como su hermana. Pero, ni siquiera ella estaba completamente consciente de esta mal llamada “solución”.

El único contacto que Daphne tenía con el mundo exterior era tres días a la semana cuando iba a la escuela un año antes de morir. Fue ahí donde conoció a Kyra, aunque nunca habló con ella, sabía que la chica la odiaba con toda su alma. Así que su forma de cumplir las perversiones que veía en internet era con su hermana, Danielle. Eran muy pocas las ocasiones en las cuales se quedaban solas pero eran suficientemente largas como para medio violar a su hermanita.

Danielle nunca puso oposición, sentía que así aprendía más a ser como su hermana. Pero la mayor era especialmente curiosa. Había ocasiones en que se cansaba de masturbarla o de hacerle sexo oral y le introducía lápices, botellas pequeñas, bocas de botellas de vino, marcadores; cualquier cosa que cupiera y que hiciera gritar a la más pequeña.

La menor, por su parte, trabajaba en el plan de ser la esposa de su padre. Investigaba por horas sobre venenos y fármacos que pudiera usar para envenenar a su madre y su hermana sin que estas lo notaran. Un día se estrelló con un anunció de periódico que rezaba así: “Escopolamina, la nueva moda para robar”. Según el artículo, era una droga que mantenía a la víctima en un estado como de “trance” pero obediente de las órdenes que se le dieran.

No fue fácil conseguirla. Tuvo que robar dinero de la billetera de su padre y hablar con los más vagos y sucios de la escuela donde todos conocían a alguien que conocía a alguien que sabía de alguien que la vendía. Después de casi un mes, la consiguió. Justo a tiempo. Daphne tuvo que ser internada de urgencias pues había empezado a sangrar por la nariz. Ella y su padre se quedaron solos en casa. Puso la droga en el jugo que le sirvió a la hora de la cena y casi de inmediato Louis Bonnet quedó como un robot. Danielle lo llevó a la sala, lo desnudó y se desnudó ella misma. Le lamió el miembro hasta que este despertó y se endureció, algo complicado cuando estaba drogado. Luego, con cierto esfuerzo, se sentó sobre él y lo introdujo dentro de ella. Lloró del dolor que esto le produjo pero lo soportó hasta que se hizo placentero. Fue así como Danielle perdió su virginidad.

Más o menos a mitad de sexto grado, dos o tres meses después de aquel suceso, fue el campamento donde vio su oportunidad de matar a la impostora. Leticia descubrió que Danielle estaba convencida de que ella era la mayor, que Daphne quería robarle su vida. La menor decía que Daphne era demasiado inocente y por eso todos parecían amarla.

Era la primera vez que Daphne asistía a un campamento de verano, en general, nunca salía de su casa. Pero le rogó tanto a su madre que esta terminó aceptando. Eso sí, la acompañaría. Fue ahí donde vio a una chica pelinegra de ojos grises que se la pasaba la mayoría del tiempo sola dibujando. Apenas tuvo oportunidad, es decir a su madre lejos, la arrinconó contra un árbol y la besó. No tenía ni idea que una hora más tarde moriría ahogada. Daphne no sabía nadar pero estaba tan cansada de remar hasta el centro del lago sola que, cuando el agua empezó a entrar, ni siquiera pudo gritar. Su cuerpo se hundió, el aire se le fue de los pulmones y se murió.

Toda la familia Bonnet se volvió loca ese día, incluyendo a la misma Danielle.
Sus padres discutieron tan fuerte que Louis terminó golpeando a Cassandra reventándole el labio.

Leticia tuvo más sesiones con la rubia sólo porque esta asistía con sus padres. Louis no podía creer que Daphne había muerto por el descuido de Cassandra, y esta última no paraba de culparse. Danielle permanecía en silencio a un lado como si ninguno de sus padres la recordara.

Un día, estos se marcharon de la clínica y se olvidaron de ella. Fue así como ella le confesó a la psiquiatra que ella había matado a su hermana para librarse de esa que le robaba la atención pero que sus padres la habían olvidado por completo. La pelirroja nunca dijo nada.

Poco a poco Cassandra dejó de salir de la casa, y pronto dejó de salir de su propia cama. Pasaba semanas sin bañarse y comía sólo cuando alguien se sentaba a darle cucharada por cucharada. Louis empezó a beber, discutía todo el tiempo con su esposa, hasta que un día llegó borracho junto con su asistente y terminó teniendo sexo con ella en la sala, en la cocina, en el lavadero, en la habitación mientras su esposa estaba en estado catatónico.

Danielle lo escuchaba y lloraba, incluso, hubo ocasiones en que se cortaba. No podía creer que su padre estuviera con otra que no fuera ella.

Después de dos años y medio, un día cuando Danielle le llevaba comida a su madre, esta la llamó Daphne. A la porrista casi le da un ataque cuando volvió a escuchar ese nombre. Ella misma se había casi olvidado de su hermana muerta.

La situación no se repitió sino hasta una semana más tarde, esta vez, delante de su padre. La confusión se hizo cada vez más frecuente con el pasar de las semanas hasta que, simplemente, fue todo el tiempo. Daphne, tráeme esto, Daphne, dame lo otro, Daphne, cuéntame tal cosa; todo el tiempo la llamaba Daphne y Danielle estaba al borde del homicidio. Pero algo la detuvo. Algo que ni ella misma entendió. Estaba a punto de empujar a su madre escaleras abajo pero no lo hizo. Convenció a su padre de que la enviaran a una clínica de reposo donde supieran cómo tratarla, con medicación y demás. Claro que Louis aceptó, se sentiría menos culpable si tenía sexo con su asistente. Luego se divorció del amor de su vida para casarse con su asistente.

Fue así como Cassandra terminó abandonada en aquella clínica donde se ahorcó. A las pocas semanas, Louis se consiguió un trabajo fuera del país y se marchó.

Danielle casi se suicida cuando eso pasó. Le dolía en el alma que su padre estuviera con otra, que no la notara, que no se diera cuenta de cuánto lo amaba ella. Pero ella era fuerte, no como Daphne. Ella no se dejaría morir por culpa de otro. No se ahogaría.

Cada que su padre venía de visita terminaba borracho recordando los viejos tiempos en esa casa, con su esposa feliz y su hija enferma que se esforzaba por vivir. Terminaba tan borracho que, una noche, se dejó llevar por la seducción de su hija de 15 años y se acostó con ella, y cada vez que venía se acostaba con ella. Leticia lo sabía, pues él se lo confesó un día cuando llegó llorando. Se sentía terrible por lo que hacía pero no sabía cómo evitarlo. De una u otra forma, Louis le tenía miedo a su hija menor; ella le recordaba la destrucción de su familia. Cuando la llamaba le hablaba con temor a que lo amenazara, a que intentara sobornarlo diciendo que él la habría violado. No podía verla porque los nervios lo hacían beber tanto como su padre alguna vez lo hizo y, sin control sobre su cuerpo, tenía sexo con ella. Louis Bonnet nunca entendió ni sospechó que Danielle estaba enamorada de él, que quería ser su esposa y la madre de sus hijos.

La rubia aseguró su lugar como la reina de la escuela, se convirtió en la capitana del equipo de porristas y la novia del mejor jugador de baloncesto. Tenía un par de arpías que la seguían a todo lado a pesar de que la odiaban. Un mejor amigo, Azrael, que la cuidaba y trataba de entenderla, Y una amante que ella consideraba era la mejor del mundo.

Pero Ángel le sacudió el mundo. Era como si esa pelinegra la hubiera absorbido por completo. Incluso, llevaba casi un mes sin drogarse con cocaína. Si no fuera por esos golpes, no lo habría hecho tampoco.

Sin embargo, la muerte de su madre le dio una vuelta de 180º a su vida. Todo lo que había olvidado desde la muerte de Daphne lo estaba recordando y eso la volvía loca. La hermana que pensó era una santa de devoción, nunca lo fue. La infancia feliz y tranquila que se inventó donde ella era una malcriada, se desvaneció. Recordó las sesiones de transfusión de sangre para su hermana, recordó a sus padres teniendo sexo en la habitación principal ―la que ella ocupaba ahora―, rememoró el día en que descuartizó a su mascota. Incluso, sintió un hueco a su costado por la ausencia del riñón. Dolor en la espalda cuando le sacaron parte de la médula. Recordó que estaba enamorada de su padre y de las muchas veces que caminó desnuda delante de él tratando de llamar su atención. Sin mucho esfuerzo supo cómo eran los gestos que ella, y su hermana, usaban para hablar sin palabras cuando eran pequeñas. Sintió los dedos de esta en su intimidad, también las botellas de vino, los lápices, y todo lo demás que le metió para entretenerse.
Y fue justo en ese momento, frente al espejo de su tocador, mientras lloraba de ira descontrolada, que Danielle se dio cuenta de que toda su vida había intentado ser Daphne, que era ilógico que se sintiera asqueada cuando su madre la llamara de esa forma si ella misma se había encargado de eliminar a la competencia. Sólo cabía una Daphne en el mundo, y esa era ella, Danielle.


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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 23:50

CAPITULO 30

SE ACABÓ


Es terrible percibir que te vas
y no sabes el dolor que has dejado
justo en mí. Te has llevado la
ilusión de que un día tú serás
solamente para mi ohhh para mí.

Muchas cosas han pasado, mucho
tiempo, fue la duda y el rencor que
despertamos al ver que no nos
queríamos, no ya no, ya no nos
queríamos ohh no

Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para
ti y con toda la ilusión de que un
día tú fueras solamente para mí
ohh para mi...
Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para
ti y con toda la ilusión de que
un día tú fueras solamente para mí
ohh para mi...

No comprendo puedo ver que el amor
que un día yo te di no ha llenado
tu interior y es por eso que te vas
alejándote de mi y sin mirar hacia
atrás, hacia atrás. Pero yo corazón
entendí en el tiempo que paso que no
nos servía ya la locura de este
amor que un día así se fue y nunca
mas volvió, no volvió

Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para ti
y con toda la ilusión la que un
día tú fueras solamente para mí
ohh para mi...
Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para
ti y con toda la ilusión de que
un día tú fueras solamente para mí
ohh para mí.

Tú sin mí- Dread Mar I

ÁNGEL

Creo que mi boca estaba abierta cuando la mujer terminó de contarme la historia de vida de Danielle desde el momento en que sus padres se conocieron. ¡Todo le había pasado a ellos! Con razón la rubia era como era. No podía ni siquiera imaginarme cómo sería una infancia jugando en un hospital, donando sangre todo el tiempo, soportando tan terribles dolores…
Ahora la entendía, por completo. Sentí como si, por primera vez, supiera quién era Danielle. No quería dejarla sola como todos los demás hicieron.

― ¿Por qué me cuenta esto hasta ahora? Danielle asesinó a su hermana, su padre “abusa” de ella, ¿qué clase ética profesional tiene?― cuestioné mirándola con rabia. Si esa mujer hubiera actuado a tiempo, Danielle se habría evitado muchos problemas.

La pelirroja lo pensó por unos segundos.

― Porque le tenía miedo― confesó poniéndose de pie bruscamente. Se alejó del escritorio y caminó hasta la ventana ― Yo era una psiquiatra joven por ese tiempo, ni siquiera estaba graduada cuando Cassandra la trajo después de que matara a su mascota pero, estaba fascinada con esa niña, parecía que hubiera alguien mucho mayor dentro de ella― explicó sin mirarme ― y, al mismo tiempo, me daba miedo, tenía todas las características de los sociópatas, no sentir remordimiento ni un sentido claro del bien y del mal pero, a pesar de lo que puedas creer en este momento, ella no es sociópata― dijo girándose de repente.

La miré confundida. Me sentí algo culpable por confirmar sus sospechas.

― No entiendo…― susurré.
― Es el colmo que tuviera que pasar tanto tiempo para que yo me diera cuenta― se lo decía a ella misma ― Danielle no es una sociópata, nunca lo fue, sólo es una niñita confundida, un sociópata no sentiría culpa ni ira después de matar a alguien, les causaría placer, dependiendo del tipo que fueran pero ella no lo siente― hablaba demasiado rápido ― Un sociópata nunca, NUNCA, olvidaría detalles importantes de su primera víctima, porque la primera víctima siempre es la más importante, es la que marca sus vidas― ella también había empezado a susurrar.

Lo pensé por un segundo.

― ¿La primera víctima?― pregunté.
― Danielle no ha matado a nadie más, hasta donde sé, es por eso que también la descarto como sociópata, ¡SÓLO ES UNA NIÑITA!― medio brinqué en mi lugar.
― Ok, ya lo entendí― afirmé temerosa.
― No, no lo entiendes― replicó acercándose. Me tomó por los hombros y me sacudió ― Lo que te estoy diciendo compromete mi licencia, si alguien se llega a enterar de que yo estuve al tanto de todo lo que Danielle hizo, perdería mi licencia de por vida, me enviarían a la cárcel― estaba a punto de llorar.

Quité sus manos de mis hombros casi como si tuviera asco.

― Ok, entendido, no le diré a nadie― me puse de pie y me alejé unos cuantos pasos de la psiquiatra. Ya entendía por qué decían que los que estudiaban esas cosas estaban más locos que el resto.

Se tomó unos minutos para calmarse.

― ¿Por qué me dijo que me contaba esto para que “salvara a Danielle”?― curioseé sentándome en su escritorio.
― ¿En serio no notaste su actitud durante el velorio? ¿Cuándo vino por el cuerpo de su madre? Tú pareces ser alguien que la conoce muy bien― de nuevo estaba tranquila.
― He ahí el problema, usted me pidió que viniera, no sé cómo supo que Danielle y yo teníamos…algo, el caso es que no la conozco casi nada, no es mucho lo que me cuenta y lo que sabía ahora resulta que no es cierto― expliqué cruzándome de brazos ― ¿Cómo supo que éramos…amantes?― traté de no sonrojarme.
― La forma como la mirabas, y la forma como su novio te miraba, ¿él lo sabe?― curioseó.
― Sí― desvié la mirada.
― Pero te gustaría que no tuviera novio, ¿no?― presionó. No me gustaba que me psicoanalizaran.
― No estamos hablando de mí, ¿cuál es su urgencia para que la “salve”? ¿Cree que se va a suicidar o algo así?― no sé por qué pero la idea me dio escalofríos.
― ¿Tú no?

Lo medité. Lo cierto era que su actitud desde que se enterara que su madre estaba muerta, que se había suicidado, no era la misma de siempre. No parecía estar en completo control de sí misma. No parecía ni siquiera estar consciente de lo que pasaba a su alrededor. Durante el velorio daba la impresión de ser una estatua de mármol custodiada por cinco adolescentes y no la propia hija de la difunta. Su padre nunca se le acercó.

― No la creo capaz, no parece ser el tipo de personas que se quitarían la vida, además, si lo que dices es cierto, ya murió lo único que la mantenía “lejos” de su padre― analicé.
― ¿Te parece que estaba feliz de que ese “obstáculo” desapareciera? ¿La viste corriendo detrás de su padre?― cuestionó.

Fruncí los labios. La idea no me gustaba.

― No.
― ¿Entonces?
― ¿Está diciendo que lo que sea que le interesa ahora la hará matarse si no lo consigue?

Levantó los hombros como si no supiera la respuesta.

― Lo único que tengo claro es que en este momento Danielle debe estar muy confundida, la muerte de Cassandra le hará recordar todas las cosas que ella había bloqueado― explicó.

Era por eso que me había contado sobre que se acostaba con su padre. No era una confesión, lo había recordado de repente.

― Será mejor que me vaya, está anocheciendo― declaré caminando hacia la puerta.
― Debes tener cuidado― advirtió desde su lugar ― Sea lo que sea que ahora ha captado la atención de Danielle, será lo suficientemente fuerte como para hacerla matar a otra persona ― agregó.

Asentí.

― Y, por favor, no le comentes a nadie sobre esto, no quiero perder mi trabajo por haberle tenido miedo a una niñita, si le hubiera hecho el tratamiento correcto nada de esto estaría pasando― sonaba como una súplica.

De nuevo asentí.

Salí de aquel molesto lugar tan rápido como pude. No sólo porque el olor a medicamentos y gente loca ―por más despectivo que suene― me tenía desesperada, sino porque quería ir a ver a Danielle. No tenía miedo de que se quitara la vida, sabía que no lo haría, sólo quería evitar que hiciera alguna otra estupidez.

Cuando iba en el bus la llamé a su celular.

― ¿Aló?― preguntó como si estuviera medio dormida.
― ¿Cómo estás?― inquirí impaciente.
― ¿Ángel? Ahm…estoy bien, ¿pasa algo?― yo nunca la llamaba a su celular.
― No, para nada, ¿estás en casa?― curioseé como quien no quiere la cosa.
― Obvio― sonó cortante, como siempre cuando alguien le hacía una pregunta que ella consideraba tonta.
― Voy para allá― declaré.

Guardó silencio por unos segundos.

― ¿Para qué?― cuestionó. Generalmente era ella quien coordinaba nuestros encuentros, no al contrario.
― Quiero verte― confesé bajando la voz. No sabía cómo tomaría mis palabras.

De nuevo silencio.

― ¿Estás bien? ¿Peleaste con Kyra? ¿Has hablado con ella, siquiera?― interrogó confundida.

¿Kyra? No recordaba que existiera y me sentí terriblemente mal por eso. Iba para tres días que no nos veíamos ni hablábamos. ¡Vaya novia resulté siendo! Odiaba que mi cerebro corriera detrás de Danielle cuando le había declarado tanto amor a la pelirroja. Que poquita cosa era yo.

― No tiene nada que ver con Kyra― respondí suspirando.
― ¿Entonces? Ayer estuviste conmigo todo el día y la mitad de la noche, ¿tu novia no te extraña?― ¿Por qué sonaba a la defensiva?
― Voy para tu casa, ¿entendido?― ¿y yo por qué sonaba como ella?

Hizo un tercer silencio.

― Ok, como quieras, te espero― acordó. La imaginé blanqueado los ojos.

Iba a colgar pero mi boca se abrió y pronunció unas palabras que me pesarían más tarde.

― Danielle, te amo…― declaré.

Casi escuché su sorpresa.

― ¿Por qué me dices eso?― replicó.
― Porque es verdad― tan cierto que me dolía. No quería amar a Danielle, quería amar a Kyra, ¿era mucho pedir?
― Yo…también― eso me sorprendió aún más.
― Prométeme que no harás nada estúpido― solté sin querer.

Cuarta pausa.

― ¿Por quién me tomas? Nunca haría nada estúpido― defendió.
― Sólo decía…― no sé cómo que estaba mintiendo ― ya voy para allá― y colgué.

Me quedé mirando el celular por un momento. ¿Te amo? ¿Estaba desesperada porque no hiciera nada o lo decía en serio? ¿De verdad quería saber la respuesta o mejor hacía como si no hubiera dicho nada? Me llevé los dedos al puente de la nariz para calmar un repentino dolor de cabeza.

El viaje de regreso fue más corto de lo que pensaba, ¿o esperaba? Pero apenas estuve frente a la casa de Danielle, algo me detuvo. Había algo raro en el lugar. Miré las demás casas del vecindario, la calle y, finalmente, el porche de la rubia; un BMW negro estaba parqueado detrás del convertible de ella.
La idea que mi cabeza se hizo no me gusto ni poquito, así que me preparé para lo que sabía que me encontraría dentro de esa casa.

Con mucho cuidado de no hacer ruido, puse la llave en la chapa y la giré. Danielle me había dado una copia de las llaves de su casa antes de que Kyra se convirtiera en mi novia. Entré silenciosa y recorrí la estancia con la mirada para darme cuenta de que estaba vacía. Se escuchaban ruidos en el segundo piso.

¡Maldita sea! ¡Ya sabía qué me iba a encontrar! ¿Por qué no me iba? Porque quería verlo con mis propios ojos…

A medida que subía las escaleras podía escuchar esos gemidos que reconocería hasta en una fiesta swinger*

La puerta de su habitación estaba entreabierta y pude acomodarme de manera tal que nadie podría verme desde adentro pero yo sí podía espiar.

No necesité más de un segundo para reconocer la escena y, aunque no conocía al padre de Danielle en persona, estaba segura de que era él quien estaba debajo de la rubia. Si sabía que venía, ¿por qué estaba acostándose con él? Si supuestamente me amaba, si entre nosotras había un extraño lazo que parecía haberse reforzado después aquella noche en la piscina del hotel, ¿Por qué diablos se seguía acostando con el pervertido de su padre?

Eché un segundo vistazo y noté una botella de vodka en la mesa de noche. Era obvio, el tipo estaba ebrio. Me pregunté si, tal vez, él sentía algo por ella, si la quería como algo más que una hija pero se negaba a aceptarlo y por eso sólo se acostaba con ella cuando estaba ebrio. El licor desinhibe a las personas.

Finalmente, me armé de valor y entré.

― Y si no te hubiera dicho que vendría, ¿qué estarías haciendo?― pregunté con ira. Tenía celos, no me gustaba que nadie más la tocara, apenas y soportaba la existencia de Jhon.

Su padre se quedó paralizado, ella me miró, y por el rosado excesivo de sus mejillas, noté que estaba ebria.

― ¡Ángel!― exclamó saltando de la cama.
― ¿Qué pasa?― se quejó su padre arrastrando las palabras.
― Mejor, dejemos las cosas así, estás demasiado ebria― repliqué saliendo de ahí.

Alcancé a llegar hasta la puerta de la calle cuando ella me tomó del brazo.

― No es lo que piensas― defendió.

Casi me dio risa que usara ese argumento tan trillado. Estaba desnuda frente a mí.

― Sí, sí, como digas― me sacudí su agarre para irme. Abrí la puerta pero ella la cerró de un golpe.
― No lo entiendes― replicó.
― Lo entiendo más de lo que crees.

Me analizó por unos segundos.

― Estás muy ebria como para ponerme en este plan, hablamos cuando estés sobria― de nuevo intenté abrir la puerta pero no me dejó.
― No lo puedes entender― la voz le tembló por un momento.

Levanté una ceja y me crucé de brazos. Era su expresión, ¿por qué la usaba yo?

― Estás enamorada de tu padre, ¿ya? No es muy complicado de averiguar ¿sabes?― reté. Noté los celos en mi voz.
― No lo estoy…― susurró bajando la cabeza.

¡Danielle Bonnet acababa de bajar la cabeza ante alguien! Debía estar muy tomada para hacerlo. ¿Por qué se parecía tanto a Kyra en ese momento?

― Claro que lo estás, por eso te acuestas con él, por eso mataste a tu hermana, por eso abandonaste a tu madre, las dos eran un obstáculo para que llegaras a él― me arrepentí de hablar tanto.

La boca casi se le abre de la sorpresa. Se repuso rápidamente.

― ¡Hablaste con Leticia!― reclamó empujándome contra la puerta. El golpe me sacó el aire. Se veía pequeña pero tanto entrenamiento con las porristas le había dado mucha fuerza.
― ¿Cómo lo sabes?― curioseé mientras recuperaba el aliento.
― ¡Porque ella es la única persona que sabe esas cosas de mi!― le faltaba gruñirme ― ¡La muy %$#%&/ te contó todo!― le pegó a la puerta con la palma.

¿Por qué su padre no bajaba? ¿Estaba ebrio o drogado? Danielle me había dicho que su padre se emborrachaba cada que la visitaba y que por eso terminaban en la cama pero, según Leticia, la rubia lo drogó para tener sexo con él la primera vez. ¿Seguiría haciéndolo sin darse cuenta realmente de que lo hacía?

― ¿Qué más te contó?― exigió.
― Me contó todo― revelé haciéndome a un lado. No me gustaba estar acorralada.

Se llevó una mano al costado por inercia. ¿Ahí no quedaban los riñones?

― Yo…no quería― dijo, y supe que se refería a tener sexo con su padre.
― ¿Entonces por qué lo hiciste?― cuestioné molesta.
― Porque…por fin soy Daphne― contestó mirándome casi con inocencia.

Tuve que dar un paso atrás. Su expresión era igual a la de Kyra. ¿Por qué seguía comparándolas si eran tan distintas?

― Eres Danielle― corregí.
― No, mira, toda la vida intenté ser como mi hermana para llamar la atención de las personas, porque éramos gemelas pero nunca pude hacerme pasar por ella como todos los demás gemelos hacían, ¡siempre quise ser como ella! Y no me importaba lo que me obligara a hacer, aprendía de su personalidad…y…la maté― ahora sí me estaba asustando de verdad ―…la maté…pero nadie me prestó atención, mucho menos mi padre ¡que era quien más debía hacerlo!― disimuladamente busqué una salida rápida para escapar en caso de que se le zafara el último tornillo que le quedaba puesto ― Desde que mi madre murió me di cuenta de que el sueño se me había hecho realidad pero ya era demasiado tarde― se acercó a una silla de la sala y se dejó caer en ella.

Contuve el instinto de querer abrazarla.

― ¿Por qué demasiado tarde?― curioseé sin moverme de mi lugar.
― Ya no quería ser ella, ni siquiera recordaba cómo era realmente, quería ser yo misma…para ti― declaró dejando caer la cabeza hacia atrás.

Me perdí.

― ¿Para…mí?― tartamudeé.
― Lo de mi madre me tomó fuera de base ― sonaba sobria ― simplemente…no quería perderte, y ya no me importaba mi padre, ni Jhon, ni nadie, sólo tú, curioso ¿no? Yo que fui la que se inventó este juego de “amigas con derechos” quería acabarlo y quedarme contigo― no me miraba ― Imagino que Leticia te dijo que me ayudaras, que pobre de mí, una loca confundida que se acostaba con su padre, que era tu deber salvarme porque ella no pudo― adivinó.
― ¿Cómo lo sabes?― eso no era lo que quería decir.
― Porque la conozco, siempre que la veo intenta hacerme terapia, ayudarme como no me ayudó antes, claro que me sorprendió que te buscara, y me sorprende más que hayas ido, ¿por qué lo hiciste? ¿no creías nada de lo que te decía?― noté que no me miraba directamente pero estaba pendiente de mis movimientos.
― Fui por curiosidad, nunca me has contado todo con detalles, sólo comentarios sueltos, quería saber más― acepté.
― Yo nunca husmeé en tu vida― estaba enojada.
― Yo te lo cuento todo.
― No me cuentas nada porque nunca pregunto― corrigió.
― ¿Por qué volviste a drogar a tu padre para acostarte con él si se supone que querías estar conmigo?― pregunté desviando el tema.

Se irguió y me atravesó con sus ojos dorados.

― Necesitaba entretenerme mientras estabas con Kyra― y sonrió burlona. Supe que mentía, y me dio rabia que lo intentara.

Tragué saliva y me humedecí los labios.

― Entonces hasta aquí llegamos― manifesté caminando hacia la puerta.
― ¿Estás terminando conmigo?― su voz subió unas cuantas octavas.
― Sí― abrí la puerta y me paré en medio de esta.
― No te atreverías― entrecerró los ojos analizando mi expresión.
― Sí lo hago, prefiero estar con Kyra que con una loca descarriada como tú― dije con rabia.

Los orificios de la nariz se le abrieron como si fuera un toro a punto de atacar un capote rojo.

― No lo dices en serio― sonrió de medio lado. Me pareció que nuestras expresiones eran iguales en ese momento.

Levanté los hombros en señal de que me importaba poco lo que pensara.

Me parecía sorprendente que media hora antes estuviera apurada de llegar a “salvarle la vida”. Por favor… Danielle no necesitaba a nadie, ella sobrevivía por sí sola. Yo era uno más de sus caprichos, como su padre, como Daphne. Ya me tuvo, apenas apareciera alguien más me dejaría de lado. ¿Por qué perder el tiempo amándola si más temprano que tarde me dejaría por alguien más? Fui demasiado ilusa al pensar que el amor era correspondido. Danielle no podía sentir amor real, sólo se encaprichaba. Ella misma me lo habría dicho: “eras alguien diferente”. Ahora me comportaba como ella, ¿cuánto tardaría en darse cuenta? ¿En aburrirse?

― Si supieras la verdad sobre Kyra te aseguro que no dirías eso― atacó.
― No caigas tan bajo, ella nunca será como tú, no intentes ponerme en su contra, te ves ridícula haciéndolo― repliqué recargándome contra el marco.

Puso cara de poker.

― No puedes terminar conmigo― insistió controlando que la voz no se le quebrara.
― Claro que no, si ni siquiera tenemos algo REAL― enfaticé en la última palabra.
― Es más real de lo que ambas quisieramos admitir en voz alta.
― No parece.

Apretó los puños y se puso de pie.

― Que ni se te ocurra irte, Ángel Jhacomme, sabes de lo que soy capaz― amenazó.
― Ya no te tengo miedo, sólo eres una niñita caprichosa― corté dándole la espalda.

Como lo pensé, no me siguió. Era demasiado para su ego. Pero sí escuché como azotaba la puerta tras de mí.

No entendí por qué pero me sentí bien terminando esa relación. ¿Salvarla yo? Que se salvara sola como lo había hecho el resto de su vida.

Sí, eran los celos quienes hablaban por mí, no pensé que verla con su padre me afectaría tanto. Tal vez porque nunca la había visto con alguien que no fuera yo misma. Porque la creía completamente mía y no lo era. Nunca lo fue.

*Swinger: Creo que lo escribí mal, pero son unas fiestas donde se realizan orgías.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   11/1/2012, 00:17

CAPITULO 31

IRA Y FRUSTRACIÓN


I cannot take this anymore
I'm saying everything I've said before
All these words they make no sense
I find bliss in ignorance
Less I hear the less you'll say
But you'll find that out anyway
Just like before...

Everything you say to me
Takes me one step closer to the edge
And I'm about to break
I need a little room to breathe
Cause I'm one step closer to the edge
And I'm about to break

I find the answers aren't so clear
Wish I could find a way to disappear
All these thoughts they make no sense
I find bliss in ignorance
Nothing seems to go away
Over and over again
Just like before...

Everything you say to me
Takes me one step closer to the edge
And I'm about to break
I need a little room to breathe
Cause I'm one step closer to the edge
And I'm about to break
Everything you say to me
Takes me one step closer to the edge
And I'm about to break
I need a little room to breathe
Cause I'm one step closer to the edge
And I'm about to break
Break break break break break

shut up when I'm talking to you
shut up shut up shut up
shut up when I'm talking to you
shut up shut up shut up shut up
I’m about to break

Everything you say to me
Takes me one step closer to the edge
And I'm about to break
I need a little room to breathe
Cause I'm one step closer to the edge
And I'm about to break
Everything you say to me
Takes me one step closer to the edge
And I'm about to break
I need a little room to breathe
Cause I'm one step closer to the edge
And I'm about to break
break


One step closer – Linkin Park


KYRA


Cuatro días sin saber nada de Ángel. ¡CUATRO DIAS! Se iba a ganar la bofetada del siglo apenas la viera. ¿En serio cree que no sospecho nada de lo que hay entre ella y Danielle? ¡¿De verdad me cree tan estúpida?!

Si no había destrozado mi cuarto era porque apretaba una almohada entre mis brazos con tanta fuerza que me dolían los músculos.

¡¡Ni siquiera una llamada!!

Creo que mi cabello estaba más rojo de lo normal, podía sentirme, y escucharme, echar chispas de la rabia. ¿Cómo pudo ocurrírseme que Ángel estaría conmigo? Por Dios, conoció primero a Danielle, esa relación estaba sellada desde el principio.

― ¡Kyra! ¡Iremos a una reunión de tu padre, llegaremos tarde, no nos esperes despierta!― gritó mi madre.
― ¡Vale!― respondí controlando la ira un segundo para hablar.
― ¡Te amamos!― exclamaron ambos juntos seguidos del sonido de la puerta al cerrarse.

¿Por qué diablos no me llamaba? ¿Tan poco lo importaba? ¿Por qué carajos siempre me enamoraba de mujeres a quienes yo no les importaba? Sí, la pobre Kyra, siempre encaprichada con chicas que no quieren chicas o con chicas que ya tienen otras chicas. En serio, necesitaba un terapista para eso, no era normal.

Tomé el teléfono y marqué el número de alguien que nunca olvidaría.

― ¿Aló?― respondió una voz.

Vacilé.

― ¿Aló?― repitió un poco más fuerte.
― ¿Da…Daphne?― claro que era ella. A pesar de que ya habían pasado unos meses yo seguía poniéndome nerviosa cuando le hablaba. Era obvio, “unos meses” no eran suficientes para enmendar lo que hice. Tal vez unas cuantas décadas servirían.

Suspiró con fuerza. ¿O bufó? Era tan difícil descifrarla por teléfono, ella era tan buena mentirosa como Danielle, sólo que estaba del lado correcto de “La Fuerza”.

― Hola Kyra― dijo finalmente. La imaginé dejándose caer en la cama como siempre hacía cuando hablábamos por horas.
― Hola, ¿cómo estás?― pregunté acostándome igual.
― Super, Michael me recogerá en un rato, vamos a una fiesta― anunció para torearme.
― Genial― solté, y lo decía en serio ― ¿Fiesta de qué?― curioseé. Poco a poco se iba bajando la tensión. Ya no me hablaba tan seca como hacía una semana.
― De unos amigos de él, ¿quieres ir?

Estoy segura de que me invitó por cortesía o fue simple descuido.

― No, mejor en otro momento― Y tampoco quería ir, estaba demasiado enojada como para ponerme a celebrar.
― Vale, como quieras― sonaba sincera ― ¿Por qué me llamaste?― ahora sonaba interesada. ¿Todo eso en una semana?

Daphne era…era la mujer más extraña que yo conocía. No se parecía a nada ni a nadie, creía en sus propias cosas, no se dejaba manipular ni era manipuladora, a menos que fuera una urgencia. Y, también, era alguien que siempre salía bien de una mala situación. De una forma u otra se recuperaba.

― Es…Ángel― confesé. Los ojos me empezaron a escocer.
― ¿Tu novia? ¿Qué pasa con ella?
― Tiene una amante…

Tomó aire con fuerza, como sorprendida.

― ¿Qué? ¿Por qué?― era bueno escucharla hablar como cuando éramos amigas, antes de que se me ocurriera enamorarme de ella.
― Pues…ya se conocían de antes, ya eran amantes antes de que yo apareciera, se suponía que Ángel había cortado la relación, que me amaba…― empecé a llorar.
― Oh…cariño…no llores...― suplicó ― Podemos vernos, si quieres…― sugirió.

No respondí.

― Vale, voy para tu casa, no tardo― y colgó.

Realmente no me importó. Ya me había soltado a llorar porque Ángel no estaba, porque seguramente estaba haciéndolo con Danielle hasta el cansancio, porque yo misma no había querido hacer nada con ella, porque me dejó por no darle sexo y ese mismo día se tiró a la rubia en la piscina. Porque… porque… porque… porque… porque… porque… porque… y muchos etc.

¿Cuántas veces tendría que pasar por el desamor para encontrar verdadera felicidad? Sí, yo sé que suena muy dramático pero era mi realidad. Mi asquerosa realidad.

La peluca dorada y las lentillas azules estaban sobre mi tocador, casi mirándome, acusándome de pretender ser esta otra persona sin ellas encima. ¿Lo era? ¿Era verdaderamente yo sin ellas o al contrario? No quería necesitarlas, no quería seguir fingiendo ser la más malvada entre las malvadas sólo para “tener amigos”, para tener poder. Las cosas en la vida real no funcionaban así. Yo no era esa chica rubia de ojos azules, era otra persona más allá de lo físico. Era una niña que quiso comportarse como una adulta y lo arruinó todo.

El timbre sonó. Ni siquiera me molesté en limpiarme las lágrimas, ya sabía quién era.

Abrí la puerta y Daphne se detuvo en seco. Michael estaba detrás de ella.

― Disculpa, ¿está Kyra en casa?― preguntó. Se me iba a lanzar encima hasta que creyó que no era yo.
― Soy yo― dije sin ganas.

Abrió la boca para hablar pero primero se me acercó al rostro para verme mejor.

― Pero tu cabello… ¿estás usando lentillas verdes?― estaba aterrada.

No recordaba que ni siquiera ella me conocía realmente.

― Pasa…― Michael levantó una ceja ―…pasen, hay mucho por decir― me hice a un lado para dejarlos entrar.

El novio de Daphne también estaba sorprendido pero sabía disimularlo muy bien. Se complementaban el uno al otro perfectamente. Sólo podía ver eso ahora que ya sólo veía a Daphne como una amiga.

Les expliqué rápidamente mis cambios de look, cómo mi cabello realmente era de ese rojo, aunque no lo creyeran al principio, y mis ojos verdes. Les mostré la peluca y las lentillas azules ―mis demonios personales―, y hablamos durante un buen rato sobre mi verdadero yo. Finalmente, Michael se hizo a un lado, disimulando estar distraído jugando con su celular, y nos dejó a Daphne y a mí sentadas en la cama. Procuraba no tocarla, ni siquiera por accidente, quería evitar que se sintiera mal o asustada.
¿Y por qué estaba él aquí? Porque, según sus propias palabras, “yo le importaba”, así que no planeaba dejarme sola. Era complicado entender que tuviera ese sentimiento hacia la persona que casi asesina a su novia porque se enamoró de ella. Pero lo comprendía. Al final, Michael era la persona más madura que había conocido en toda mi vida, incluso más que Daphne, y me perdonó rápidamente, pero se mantuvo al margen para protegerla a ella.

― Entonces, ¿cómo son las cosas con esta Ángel que tanto mencionas?― preguntó mientras comía M&M de un platón en medio de las dos.
― No conozco la historia completa, sólo sé que Danielle y ella eran amantes antes de que yo llegara…no sé, sé que le gusto mucho a Ángel pero siempre vuelve a los brazos de esa…― me llené la boca de chocolates y los empecé a masticar con rabia.
― ¿Y no será que “vuelve a sus brazos” porque la ama?― sugirió lentamente.

Me ardieron los ojos de nuevo. Y tuve que desviar la mirada. Si algo tenía Daphne era su franqueza al hablar, entre más duela la herida, más te acostumbrarás a ella y ni siquiera la sentirás desaparecer.

― Puede que sí…― admití mirando mi reflejo en el espejo ―…pero quiero luchar por ella…yo sé que Ángel me quiere, de una forma u otra― agregué tratando de no llorar de nuevo.
― Y tiene razones para hacerlo― comentó Michael sin levantar la vista de su celular.

Lo miré confundida, Daphne sí entendió lo que dijo y siguió comiendo M&M.

― Eres una buena chica, a pesar de que has tenido tus recaídas, no imagino una razón por la cual no se sienta atraída por ti― explicó pretendiendo sonar ausente.

Apreté la mandíbula.

― Entonces, ¿por qué sigue con Danielle?― no hablaba con ellos.
― Tal vez las quiere a las dos― sugirió la pelinegra.

Eso me dejaba con poco y nada de respuestas. ¿De qué me servía que nos amara a las dos? Yo no estaba dispuesta a compartirla, así como Danielle tampoco lo estaba. ¡Me declaró la guerra! Y el premio es Ángel, ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Rendirme? ¿Darme por vencida? ¡NO! No quería. No me lo merecía. Ángel merecía estar con alguien como yo, alguien que tuvo sus problemas y los solucionó, una persona estable, no una loca descarriada asesina como Danielle. Danielle no merecía tener a alguien como Ángel a su lado.

― ¿Cómo puede ser eso posible?― las ganas de llorar se fueron y apareció la rabia.
― Bueno, al parecer tú y Danielle son dos personas completamente diferentes, se pudo enamorar de ambas por esas mismas diferencias, no sabría decirlo hasta que no hable con ella pero, me atrevo a decir que para ella no es infidelidad lo que hace, sino que está con una misma persona en dos cuerpos diferentes― explicó Daphne. Partió dos M&M de diferente color por la mitad y los unió para hacerme el ejemplo.
― Ahora que lo mencionas de esa forma, hubo una fiesta, una mascarada, Danielle iba con el mismo disfraz que yo pero blanco, yo iba de negro, Ángel nos confundió, pensó que yo era Danielle― no le había dado mucha relevancia al asunto de la confusión sino hasta ese momento. Siempre lo atribuí a que Ángel, de alguna manera, podía notar que yo fui como Danielle en algún momento de mi vida.
― Ahí lo tienes, imagino que no es la única vez que te ha confundido con ella.
― No lo sé, puede ser…― recordé su expresión cuando fuimos al partido de visitante del equipo de baloncesto. A mí también me dio risa que Danielle y yo lleváramos el mismo traje de baño sólo que el de ella era blanco, como su disfraz en la mascarada, y el mío fuera negro, como mi disfraz.

Le había jurado a Danielle que lucharía por Ángel hasta el final pero fingir que no sabía nada de ellas dos dolía mucho. Que Ángel llegara oliendo a la rubia, incluso con cabellos de ella en la ropa, me aterraba. Y siempre, siempre debía esforzarme por mantener la compostura, por comportarme como una buena novia que no sabe absolutamente nada de las andanzas de su pareja. ¿Por qué me costaba tanto reclamarle? Porque para hacerlo debía explicarle quién era yo antes de conocerla, confesarle que ayudé a Danielle a asesinar a su hermana, reconocer que en algún momento fui como la zorra de su amante.

Michael y Daphne debían irse, se había comprometido con la fiesta y yo tampoco los quería cerca en ese momento. Les agradecía preocuparse por mí pero me sentía al límite.

Me quedé un rato en la sala de mi casa tomando vino tinto en una copa. Me sentía muy internacional haciendo eso. Feo me hizo compañía unos minutos más tarde y dejé que el licor me calmara.

Justo cuando me estaba quedando dormida, sonó la puerta.

― ¡Les dije que quería quedarme sola!― grité antes de abrir la puerta.

Tuve que dar un paso atrás por la sorpresa y tratar de que la copa de vino no se me resbalara de las manos.

― Hola amor, espero no sea muy tarde― dijo Ángel con sonrisa tímida.

No respondí. Me había tomado tan de sorpresa que apenas y podía procesar el hecho de que estuviera frente a mí, casi a las 10 de la noche, con un ramo de rosas rojas.

― Lamento desaparecer estos días― alargó el ramo para que lo tomara. Mecánicamente, lo acepté pero me pinché un dedo con una espina. Definitivamente iba a tomar eso como una mala señal.
Me hice a un lado para que entrara y fui a la cocina para llenar un florero con agua. Hubo un silencio incómodo durante todo el proceso.

― Sólo me he enamorado tres veces en la vida, aunque tampoco es que sea muy vieja― inició Ángel sin mirarme ― Y me parece que ya debes sospechar muchas cosas, así que quiero contártelo todo, todo lo que no sabes de mí― agregó jugando con sus manos. Estaba nerviosa.

Me senté en el sofá y me abracé las piernas dispuesta a escuchar muchas cosas que me destrozarían. Era la primera vez que me enfrentaba a una situación así, generalmente tenía a mi alrededor personas que me “protegían”, por así decirlo, que se encargaban de hacer comentarios cortantes en mi nombre cuando yo simplemente no podía hablar. Pero ahora estaba sola, sola con Ángel y sus confesiones.

― Espero que me digas algo que yo ya no sepa― sonó casi como una amenaza.

Ángel levantó la mirada casi asustada. Al parecer no sabía exactamente de qué estaba enterada yo. Se sentó en una silla frente a mí como si fuera su condena. Como si estuviera a punto de morir allí.

Tomó aire y habló.


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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   11/1/2012, 00:48

CAPITULO 32

ANGEL'S LIFE

A veces no pienso,
me vuelvo tan frío y no estoy.
A veces me ausento,
de mis sentimientos ,
y luego sonrió, recuerdo..
y me aferró a vivir.

Y a veces quisiera matar,
por tu amor,
tan sólo por un momento,
y es que todavía no encuentro,
lo que me sería normal,
para darte mucho más,
y entregarme por completo,
sexo, pudor o lágrimas,
me da igual.

Me quieres ver grande,
a pesar de lo débil que soy,
si toco hasta el fondo,
me sacas de nuevo ,
por eso me quedo, me aferro,
y te quiero a morir.

Por eso aquí adentro,
tu estás todo el tiempo,
viviendo del sufrimiento,
y es que todavía no encuentro,
lo que en mí sería normal,
para darte mucho más,
y entregarme por completo,
sexo, pudor o lágrimas,
me dá igual.

Sexo, pudor y lágrimas,
me da igual.


Sexo, pudor y lágrimas -Alex Sintek


Tres personas marcaron la vida de Ángel, y no era como si tuviera muchos años de vida.

El primero fue un hombre, se llamaba Dante. Lo conoció cuando tenía 15 años y, se podría decir, se enamoró de él. El caballero en cuestión tenía entre 5 y 6 años más que ella y trabajaba donde ella realizaba el servicio social* de la escuela.
Fue una tarde lluviosa cuando ella se había quedado haciendo archivo sola. Todos los de la oficina donde ella realizaba su servicio estaban en el último piso del edificio celebrando el cumpleaños del gerente cuando, de repente, unos papeles crujieron detrás de ella.

― ¡Ups! Lo siento― dijo el hombre. Ángel no se dio cuenta de que sonaba muy sobreactuado porque su físico la acababa de aturdir.

Dante tenía una presencia más bien vampírica. Era alto, tal vez 1’90 de estatura, un poco pálido, de ojos cian, cabello largo, liso y negro azabache. Era de contextura promedio pero con músculos marcados. Solía vestir con jeans negros, chaquetas de cuero, cadenas, botas militares. Era el hijo del gerente aunque no lo aparentaba.

Ángel evitó sonrojarse y le dio la espalda para poder respirar.

― ¿Estás sola?― preguntó él.
― Sí señor― contestó ella. Lo había visto de lejos muchas veces, sabía quién era pero nada más.
― No me digas señor, me siento viejo― replicó el ojiazul acercándose sin importarle que estaba pisando papelería de contabilidad, ni que ella estaba arreglando dicha papelería.

Nerviosa, Ángel se puso de pie de inmediato y trató de fingir que empezaba a guardar cosas en una caja.
En varias ocasiones el joven pasaba cerca y le guiñaba un ojo o le sonreía. Claro que para ella todo era su imaginación. Él era mayor que ella, iba en la universidad, era el hijo del gerente, además de que era bastante adinerado. ¿Por qué habría de fijarse en una clase media como ella que todavía iba a la escuela?

― Que bueno que no estás en la fiesta de arriba…― Dante parecía desentendido de que ella no lo mirara y casi ni le hablara ―…es muy aburrida, todos unos ancianos lamiéndole las botas a mi papá para un ascenso o un aumento― se recargó contra el archivo que estaba justo a un lado del que ella estaba guardando.

La pelinegra asintió esforzándose por no sonrojarse.

Ella sabía, como muchos, que en ese archivo se metían muchos a tener relaciones. ¡Cuántas veces no los escuchó! ¿Es que acaso se olvidaban de que ella trabajaba allí o no les importaba?

― Es el cumpleaños de mi padre pero sé que ayer fue el tuyo, te traje un regalo― anunció el “vampiro”.

La de ojos grises lo miró muy sorprendida.

― Lo vi en la cartelera, no te estoy espiando ni nada por el estilo― aclaró.

Sí, la cartelera, pensó ella, el pedazo de papel donde se anotaban las fechas de cumpleaños de todos para “recordarlas”. Como haciendo un acto de magia, sacó un botón de rosa roja de su manga y se la entregó. Las mejillas de Ángel tomaron del mismo color de la flor.

― Gra…gracias…― tartamudeó bajando la cabeza. Lo cierto era que Dante le gustaba mucho, aunque estuviera fuera de su alcance.

¿Lo estaba realmente?

No lo vio más durante una semana y eso la decepcionó. El único día que pasó por la oficina parecía que no la recordaba y cruzó a su lado sin determinarla. Pero, aún así, conservó la flor.
El sábado, que salía temprano de su servicio, se iba a encontrar con unos amigos cuando Dante se le apareció.

― ¿A dónde vas tan sola?― curioseó disparándole una de sus mejores sonrisas.

Ángel casi se derrite.

― Este…iba a…encontrarme con…alguien…― le costaba hablar claro cuando el ojiazul la miraba de esa forma. No estaba acostumbrada a esas miradas, ni siquiera estaba acostumbrada a que los hombres la trataran de esa manera, siempre eran sus amigos, nada más.
― ¿Tu novio?― inquirió él levantando una ceja.
― ¡No!― exclamó ella.

Ya sabía que le gustaban las mujeres y los hombres, lo descubrió cuando todavía era muy pequeña pero nunca tuvo ni un novio ni una novia. Dante se carcajeó. Si Ángel hubiera conocido a Danielle por esa época habría notado que el pelinegro se burlaba de ella y no de su respuesta pero sólo hasta ese momento mientras le contaba todo a Kyra cayó en cuenta y se lamentó internamente por haber llorado por ese hombre.

― Quiero invitarte a tomar algo― indicó él.

Ángel buscó a su alrededor por si veía a sus amigos.

― ¿Algo como qué?― cuestionó dudosa.
― ¿Un café? ¿Una gaseosa? ¿Una malteada? Lo que quieras, yo invito― respondió mirándola desde su altura que, por esa época, superaba la de ella en dos cabezas.
― Vale…― aceptó sonrojándose.

Mientras caminaban ella procuraba mantener una distancia prudente. ¿Y si el gerente salía y los veía? No podía darse el lujo de perder las horas de servicio que ya llevaba pues tendría que empezar de nuevo en otro lugar.

― ¿Qué te pareció mi regalo?― inició él mirándola.
― Me gustó mucho― confesó. La voz de Dante también la descolocaba. Era del tipo de voz que desearías que te susurrara “te amo” antes de dormir.

El pelinegro se carcajeó de nuevo. El tipo realmente disfrutaba verla así de embobada, y no precisamente de un modo romántico.

― Quería darte otra pero los días que estuve en la empresa no pude acercarme, ¿si sabías que mi padre me está “entrenando” para que sea su reemplazo en unos años?― comentó mirando el cielo con las manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero.
― He escuchado algo― respondió ella sin poder despegar los ojos del hombre que la acompañaba.

La luz del sol le aclaraba un poco más la piel, y sus ojos brillaban como zafiros. Y su cuerpo, uno que ella deseaba con toda su alma ver sin ropa, desde su altura se veía más fuerte que nunca.

― ¿Vas al gimnasio?― se aventuró a preguntar.

Dante la miró, por un segundo, con violencia. No le gustaba que la gente notara su vanidad, aunque era más que evidente.

― ¿Tienes novio?― inquirió él. La tomó, de repente, de la mano y la pegó a su cuerpo. A Ángel se le olvidó lo que acababa de preguntar.
― N…no…

¡Que estúpida se veía tartamudeando!, pensó él hombre.

― Perfecto…― susurró el ojiazul mientras se inclinaba y la besaba.

No era el primer beso de la chica pero sí el único que le hizo sentir mariposas en el estómago. Duró cerca de cinco segundos, porque los contó, y le supieron a gloria.

― Que bueno…― corrigió Dante cayendo en cuenta de que se estaba confiando mucho sin saber que tan tonta era la niña frente a él.

El romance continuó durante varias semanas, siendo siempre el archivo su lugar de encuentro para besarse hasta el cansancio. Sólo eso, besarse, porque Ángel no quería tener relaciones tan rápido.
Sin embargo, con el tiempo, Dante empezó a cansarse de ese jueguito. Quería sexo y Ángel no se lo daba, cosa que le molestaba pues le hacía pensar que no tenía suficiente control sobre ella como con todas las demás que habían caído.
Un día, la asistente de contabilidad, una castaña de ojos verdes, los vio en el archivo cuando ya el pelinegro había logrado despojar a la ojigris de su blusa y su sostén.

― Vete― ordenó él como si la intrusa fuera un animal.

Ella le levantó el rostro y lo miró con furia.

― Tienes cinco segundos para irte, Dante, o te armaré un escándalo de los mil demonios― amenazó la asistente.

El ojiazul le respondió la mirada con rabia pero, casi inmediatamente, sonrió de medio lado. Se giró y empezó a vestir a una Ángel paralizada.

― Luego seguimos con esto, mi amor― le susurró mientras le abotonaba la blusa.

Se marchó con expresión triunfal dejando solas a las dos mujeres. La castaña cerró la puerta tras ella y su expresión cambió por una de preocupación.
Ángel estaba aterrada. Tenía miedo de que la echaran por seducir al hijo del gerente, miedo de perder todas sus horas sociales que eran obligatorias para graduarse y que si no cumplía ahora tendría que repetirlas el otro año pero, más que todo, estaba preocupada porque Dante tuviera problemas por culpa de ella.

― No sabes lo que haces, Ángel― inició la mujer. La pelinegra no estaba segura pero creía recordar que su nombre era Ana Maria.
― Creo que sí lo sé― respondió ella. No iba a permitir que la castaña arruinara la vida de Dante.
― Yo también estuve con él un tiempo, sólo te está usando― confesó.
― Entonces lo haces por celos…― replicó. Se sentía rara hablando de esa manera pero no podía evitarlo.
― Despierta niña, ¿por qué crees que siempre se encierra aquí contigo? ¿cuántas crees que no pasamos por lo mismo en este mismo lugar?― reprochó la mayor cruzándose de brazos. No le parecía justo que una niña como Ángel estuviera pasando por lo mismo que ella, que la secretaria, la recepcionista, la anterior chica de archivo, la hija de la señora de los tintos…
― Conmigo es diferente…― susurró la menor. Algo le decía que debía escuchar a la ojiverde.
― Con todas “fue diferente”― puntualizó haciendo el gesto de las comillas tan exagerado como pudo.

Ángel quiso replicar pero se quedó sin argumentos, así que bajó la cabeza y miró hacia un punto indefinido.

― No cometas el error de acostarte con él, estás muy pequeña, sólo terminarás muy lastimada, te mereces algo mejor, Dante es una basura, por favor hazme caso― pidió y luego se marchó.

La pelinegra se quedó muy confundida y retomó sus labores de archivo. Tantas escapadas con el ojiazul habían hecho que su trabajo se atrasara y se acumulara en dos torres de papel más altas que ella.

Decidió concentrarse en eso sin darse cuenta que el día transcurrió y que ya todos se habían ido para cuando ella salió de su agujero. Sólo quedaban tres personas: el vigilante, que por obvias razones no podía irse hasta que su reemplazo apareciera, el contador porque era final de mes y debía cuadrar nómina, y Dante.
Tomó sus cosas y fue hasta la cafetería para sacar un jugo de la maquina antes de irse pero se encontró con el pelinegro tomando un capuccino.

― ¡Que sorpresa!― exclamó Dante cuando la vio. Sólo hasta cuando repetía la historia, Ángel se daba cuenta de cómo Dante era una forma menos evolucionada de Danielle.
― ¿Qué haces aquí?― preguntó la de ojos grises todavía confundida por los comentarios de Ana Maria.
― Es mi empresa, ¿recuerdas?― hasta eso le sonó chocante a Ángel.
― Lo siento, sólo preguntaba― replicó dándose la vuelta para irse.

Casi alcanza la puerta pero el pelinegro se paró frente a ella y le cerró el paso.

― Dejamos algo inconcluso hoy― declaró besándola.

A Ángel le parecía curioso como los besos de Dante le hacían olvidar el mundo. Eso tenía que ser amor ¿no? Sentía las mariposas en el estómago, le temblaban las piernas, una sensación extraña se apoderaba de su vientre, se ponía nerviosa y no pensaba claro; eran todos los síntomas que “sus amigas” ―porque la mayoría de tiempo estaba con otros hombres― le decían que sentían cuando estaban con sus novios.

Dante la tomó por la cintura y sin mucho esfuerzo la levantó y con dos zancadas la sentó sobre una de las mesas.

― Eres hermosa…― le susurró acomodándole el cabello detrás de las orejas para besarle el cuello.

La pelinegra no comprendía del todo lo que pasaba, sólo sabía que esas atenciones le gustaban mucho.
Las manos del ojiazul se metieron por debajo de la falda de su uniforme de la empresa ―debía usarlo mientras hacia su servicio social― y le introdujo uno de sus dedos haciéndola gritar.
Nunca había sentido eso, un dolor-placer extraño, además de ese dedo dentro de ella moviéndose como si quisiera abrir espacio.
Con la otra mano le quitó la blusa y el sostén y empezó a morder sus delicados pezones.
Ángel no sabía cómo sentirse pero algo le decía que lo que hacía no estaba bien. Sobre todo porque las palabras de Ana Maria seguían dándole vueltas en la cabeza.

Dante estaba tan endurecido que le dolía. Hacía mucho tiempo no se acostaba con una niña virgen, mucho menos una tan hermosa y estúpida como Ángel. ¿Esa niña no se hablaba con nadie de esa oficina? Había sido muy fácil conquistarla. Una flor, unas palabras dulces, unos cuantos besos y ya la tenía a sus pies. ¡Ojalá estuviera arrodillada a sus pies en ese momento lamiéndole la polla hasta que él se viniera en su boca!
No soportándolo más, sacó su dedo y con brusquedad la acostó en la fría mesa de metal. Aprovechando lo desubicada que se encontraba, le levantó la falda y le quitó las bragas de un tirón. Desabrochó su pantalón con las manos sudándole de afán y tomó su miembro entre las manos. La miró desde su lugar, tan indefensa, acostada con los senos hacia los lados y los pezones endurecidos, con la frente perlada y todo el cuerpo temblándole. Quería follársela mil veces esa noche.

La de ojos grises estaba empezando a disfrutar de la situación hasta que Dante la tiró contra la mesa. De repente, el terror le subió por la espalda y ella, por un segundo, observó la escena como una espectadora y no como la protagonista. El pelinegro se burlaba de ella, se le notaba en la cara, no la miraba con amor sino con autosuficiencia, con desprecio. Y cuando este le levantó las piernas para penetrarla, Ángel cerró las piernas de golpe y rodó hacia un lado hasta caer de la mesa. Desnuda, se alejó hasta pegar su espalda contra la pared. Con lo rápido que se movió sólo alcanzó a tomar su blusa y con ella cubrirse un poco.

― ¡¿Qué pasa?!― preguntó él con la erección en las manos.
― Si no me dices que me amas, no haré nada― amenazó ella.

Dante bufó y luego se rió. Más bien, se carcajeó, como Danielle cuando alguien decía una estupidez con intención de “amenazarla”.

― No seas tonta niña, ven aquí y terminemos con esto de una vez― ordenó él.

A Ángel se le aguaron los ojos cuando confirmó que las palabras de Ana Maria eran ciertas.
El hijo del gerente la miró con furia pero se dio cuenta que ya no iba a conseguir lo que quería. Se vistió y se fue sin decirle nada.
La pelinegra se quedó sola y empezó a llorar. Al principio se culpó ella misma, por no darle sexo Dante se había marchado pero, poco a poco, fue recapacitando que se enamoró de un completo idiota que sólo quería usarla.

Esa parte de la historia no le gustaba a Kyra. Aunque no lo dijera en voz alta, la pelirroja no creía en la bisexualidad, o lo uno o lo otro pero no ambos, así de sencillo. Sin embargo, pudo notar en el rostro de su novia que de verdad le gustaba el tal Dante, que se enamoró todo lo que alcanzó a enamorarse en esas pocas semanas que estuvo con él. Pero la siguiente parte de la historia le iba a gustar menos…

Casi dos años habían pasado desde lo sucedido con Dante y Ángel ya lo había superado por completo. El ojiazul era un personaje sin importancia en su vida. Hasta que conoció a Danielle.
Ya la conocía, estudiaban juntas desde hacía muchos años, y salvo un campamento donde la rubia le dio un beso, su actitud de reina siempre fue la misma. Luego entendería por qué.

El día que Danielle decidió acosarla no estaba de buen humor. La secretaria de la escuela le había ordenado que fuera al lugar donde realizó su servicio social para solicitar un certificado que nunca entregó. Sin muchas ganas había ido y, para su gran desgracia, se encontró con Dante y “su futura esposa”. Más que irse de para atrás por la noticia, sintió como si el acido de su estómago se quejara por las mariposas que alguna vez sintió.
Así que estaba de malgenio y la líder de las porristas había decidido que ella sería su juguete. Durante todas las clases que tuvieron juntas podía sentir ese par de ojos dorados en su nuca.
Luego, “las clases privadas de matemáticas”. Nunca olvidaría el momento en que la vio desnuda buscando qué ponerse, sus senos redondos con gotitas de agua brillando en su piel de durazno. Tampoco se sacaría de la cabeza, por más que lo intentara, el primer beso que se dieron en la cocina. Danielle sobre el fregadero amarrándola con sus piernas. Y, segundos después, sobre la barra. Cómo la besó y luego le mordió los pezones demostrándole que era una completa amateur en el arte del sexo.

Desde un principio, antes de ir siquiera a su casa, Ángel reconoció que tenía curiosidad de saber quién era la porrista. Un segundo después de besarla quería saberlo TODO de ella.
La pelinegra debía reconocer que esa forma maquiavélica de vida que Danielle llevaba, donde todo parecía sacado de…alguna película rara, era una vida perfecta para una persona muy imperfecta.

Mientras hablaba, la de ojos grises no podía evitar sonreir al recordar tantas cosas y, aunque sabía que Kyra estaba frente a ella, no pensaba disimularlo.

La primera vez que se sentó con ella en la cafetería, con la cocinera pidiéndoles la orden, las mesas elegantes, ya ni siquiera podía recordar cómo era el resto del comedor. La prueba para entrar al círculo cuando casi mata a la señorita Addams de un susto. ¿Qué sería de la vida de esa mujer? Nunca más se apareció en la escuela y a la semana ya tenían un reemplazo. Tampoco volvió a ver el dichoso diamante robado. Recordó que desde un principio la imaginaba con cola y cuernos de demonio adornada con un tridente y que en su cabeza no hacía más que llamarla loca. ¿Cuándo dejó de hacerlo?

¡El sexo en el gimnasio! Ángel se reía a carcajadas mientras le contaba todo a una pelirroja con cara de poker.

La más alta fue ordenando en su mente todos los cambios en las actitudes de sus compañeros desde el mismo momento en que llegara a la escuela en ese BMW convertible negro un martes por la mañana, o la primera y única vez que probó la cocaína. Daniella nunca más le insistió en hacerlo de nuevo. El sexo en la limosina mientras unos matones golpeaban a los punk de la escuela. Cuando le contara sobre cómo asesinó a Daphne. Sus trucos de humo y espejos para hacerle creer a los demás que era una bruja, la “orgia” y las fotografías. El viaje un día que decidieron no ir a la escuela y la rubia fingiendo ser una novia muy obediente. Danielle muy caliente en el baño de mujeres después de que ella la dejara muy antojada sobre los lavamanos. Las promesas que le hizo ese mismo día en la noche en las cuales le juraba que nunca la dejaría por Kyra. El beso que se daría con la pelirroja justo después de salir de la casa de la porrista. La confusión por ambas, esa fiesta de máscaras donde las había confundido y no sabía qué hacer, ni con quién quedarse, salvo con ambas, o sólo con una. El partido de visitante, todas las cosas que pasaron, tanto en el hotel como en la piscina.

Ángel estaba hecha un lio mientras hablaba, no podía parar, ni siquiera cuando los ojos de Kyra, esas piedras esmeraldas, estaban rodeadas de un rosado intenso.

Tantas cosas que habían pasado… ¿acaso algún recuerdo de Danielle era normal?

Ángel tuvo que reconocerle a Kyra, sin reir y mirándola directamente a los ojos, que sólo le fue fiel durante un mes porque no podía controlar esa necesidad extraña de acostarse con la rubia. No sabía cómo explicarle que el hecho de que ella ―la pelirroja― no le hubiera dado sexo no tenía nada que ver, que era algo que venía de antes, desde el principio, que su cuerpo temblaba de deseo apenas Danielle se le insinuaba, que cuando sus dedos estaban dentro de ella podía tocar el cielo, que le dolió como nunca haberla visto con su padre teniendo relaciones, que estaba ahí, confesándole todo, porque quería una oportunidad para redimirse, para dejar de ser el monstruo lujurioso manipulador que la porrista había creado a punta de sexo, drogas, “magia”, y poder.

Kyra estaba sentada frente a ella con los puños muy apretados sobre sus rodillas haciendo un gran esfuerzo porque las innumerables lágrimas que llenaban sus ojos no se rodaran por las mejillas. Quería la verdad, lo reconocía, pero tampoco le gustó conocerla tan literal, literal porque ella ya la conocía. Una cosa era saber y otra que le confirmaran.

Pero Ángel se arrodilló y le tomó las manos.

― Yo sé que no importa cuántas veces te pida perdón pero, quiero estar contigo, no deseo ser más esa persona que Danielle creó, no soy yo, sólo contigo me comporto sincera, e incluso eso lo arruiné por su influencia…― suplicó empezando a llorar.

La pelirroja se quedó paralizada. No soportaría ser lastimada nuevamente.

― Por favor Kyra…te lo ruego arrodillada, sácame del mundo de Danielle, no quiero estar en él más tiempo…― rogó escondiendo su rostro en el regazo de su novia.

Esta vez lo decía en serio, no era producto de los tragos ni de los nervios como en la mascarada. En esta ocasión Ángel, de verdad, deseaba lo que pedía. Porque justo cuando vio la expresión de Danielle mientras tenía sexo con su padre, cuando discutió con ella, se dio cuenta que era la misma expresión de Dante, y no estaba dispuesta a entregarle su amor a alguien que nunca lo merecería.


*Servicio social: Requisito de una cantidad de horas trabajo social o “comunitario” para poder recibir el diploma de grado.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   11/1/2012, 01:22

CAPITULO 33

ES HORA DE CAMBIAR



Sah ein Mädchen ein Röslein stehen
Blühte dort in lichten Höhen
Sprach sie ihren Liebsten an
ob er es ihr steigen kann

Sie will es und so ist es fein
So war es und so wird es immer sein
Sie will es und so ist es Brauch
Was sie will bekommt sie auch

Tiefe Brunnen muss man graben
wenn man klares Wasser will
Rosenrot oh Rosenrot
Tiefe Wasser sind nicht still

Der Jüngling steigt den Berg mit Qual
Die Aussicht ist ihm sehr egal
Hat das Röslein nur im Sinn
Bringt es seiner Liebsten hin

Sie will es und so ist es fein
So war es und so wird es immer sein
Sie will es und so ist es Brauch
Was sie will bekommt sie auch

Tiefe Brunnen muss man graben
wenn man klares Wasser will
Rosenrot oh Rosenrot
Tiefe Wasser sind nicht still

An seinen Stiefeln bricht ein Stein
Will nicht mehr am Felsen sein
Und ein Schrei tut jedem kund
Beide fallen in den Grund

Sie will es und so ist es fein
So war es und so wird es immer sein
Sie will es und so ist es Brauch
Was sie will bekommt sie auch

Tiefe Brunnen muss man graben
wenn man klares Wasser will
Rosenrot oh Rosenrot

Tiefe Wasser sind nicht still

Rosenrot-Rammstein


Kyra estaba completamente rota por dentro, sentía como si la hubieran acabado a martillazos dejando todo hecho pequeñas y diminutas trizas que nunca podrían unirse de nuevo. Le costaba un poco respirar y, gracias a las lágrimas que con tanto esfuerzo mantenía en sus ojos, no veía muy bien. Pero sabía que Ángel estaba arrodillada frente a ella, que estaba llorando en su regazo, que le suplicaba por otra oportunidad aunque no se la merecía, que la tomaba de las manos como si las necesitara para vivir.

Danielle había ganado y sin esfuerzo.

Ganó porque Ángel llegó al punto en que la quiso tanto que prefirió alejarse antes de morir por ella. La rubia ganó pero Kyra se llevaba el premio. No hay nada peor que ganar sólo porque el otro se ha dado por vencido.

¿Eso era Ángel? ¿Un premio? Frunció el ceño tratando de despejar esa duda. ¿Por qué negarlo? Ambas se habían declarado guerra y la bandera a conquistar era de cabello negro, no tenía caso pretender, falsamente, que las cosas habían sido diferentes a eso.

Deslizó suavemente sus manos fuera de las de Ángel y se puso de pie lentamente para alejarse y observar a la ojigris disminuirse cada vez más en el suelo. La observaba como sabía que Danielle haría en caso de que la perdedora fuera la pelirroja.

― Sólo vienes porque la encontraste con su padre― dijo Kyra. El nudo en su garganta era tan grande que sintió como si el aire la cortara al hablar.
― Desde que te conocí, no sé por qué, siempre te comparaba con Danielle― la pelirroja sí sabía por qué pero no estaba dispuesta a contárselo ― Era extraño…― Ángel se puso de pie apoyándose en la silla ― Pero siempre hubo algo que quise, y era estar sólo enamorada de ti, no de ella, sabía que me hacía daño estar a su lado, que poco a poco dejaba de ser yo para ser más como ella― explicó atravesándola con la mirada.

Kyra no soportó la presión y desvió los ojos hacia la puerta.

― Sólo fue sexo…― soltó la pelinegra dando un paso al frente. La ojiverde no se movió.
― Porque yo no quise dártelo― replicó.
― Esa es otra actitud que se me pegó de Danielle― excusó la otra.

Claro que no era un argumentó pero, era verdad. A Ángel nunca le había importado tanto el sexo hasta cuando estuvo con Danielle. Si la rubia dependía de su cocaína, ella era adicta al sexo con la porrista.
No se consideraba una ninfómana, pues al fin y al cabo no es como si deseara tener sexo con todo lo que se moviera, a menos que lo único que se moviera fuera Danielle. Es decir, sólo sexo con Danielle. Sin celos, sin escenas en la escuela, sin amor, sólo sexo, como habían prometido desde un principio hacía seis meses.

Kyra no sabía cómo sentirse. O sea, sabía que estaba hecha pedazos por dentro, que se sentía traicionada aún cuando ella estaba al tanto de la situación desde un principio pero Ángel le estaba rogando como nunca nadie le había rogado. Estaba segura de que ni Danielle tuvo el placer de ver a Ángel llorar.

― Si te doy otra oportunidad… ―los ojos de la pelinegra se iluminaron ―… ¿Cómo sé que no me traicionarás de nuevo?― preguntó la pelirroja sin mirar a la otra.

La más alta lo meditó un momento.

― Tendría que ser muy masoquista como para volver con ella― contestó finalmente.

Eso no la convenció. Ángel ya había demostrado suficiente masoquismo.

― No es suficiente― exigió la más pequeña.

La otra se quemó las neuronas pensando en un argumento más válido.

― Creo que…― inició sin saber exactamente hacia dónde iba ―…aprendí muchas cosas de Danielle, y no hablo de sexo, sino de muchas otras cosas, como actitudes, comportamientos, etc., si me hubieras conocido hace seis meses es muy probable que no me reconocieras, simplemente ya no soy esa persona pero, tampoco soy la niña que se dejó encantar por un falso príncipe azul― se sorprendió de mencionar a Dante ― Y eso es bueno, porque aprendo de la vida y sigo sin detenerme, y…el tiempo que estuve con Danielle, antes y después de ti, fue como escaparme de la realidad para entrar en esa película de perfección, sonrisas y saludos, ¡y fue divertido!― le pareció más fácil dejar salir todo lo que su cabeza analizaba antes de ordenarlo, estaba segura de que al final todo se aclararía ― Y cuando viajamos para el juego de visitante me di cuenta que esa era la nueva yo, no sólo en el bus, en la piscina, en la habitación contigo, en el sexo con Danielle, sino en todo, ¡mi vestido de baño era similar al de las arpías!― se dejó caer en la silla y se cubrió el rostro por un momento ― Pero no quiero ser eso…― apretó los labios ―…esto…― corrigió.
― ¿A dónde quieres llegar?― presionó la pelirroja.
― Si me ponen a escoger entre la persona que soy cuando estoy contigo a la que soy cuando estoy con Danielle, prefiero, mil veces, ser quien soy contigo― declaró clavándole la mirada de nuevo.

Esta vez, Kyra la sostuvo, y no fue fácil. Los colores de ojos de ambas eran pesados y difíciles de soportar.

― No lo sé, Ángel, en la mascarada me dijiste muchas cosas…― también se dejó caer en una silla.
― Lo sé…
― Es irónico que yo me preocupara por lastimarte cuando fuiste tú quien me lastimó a mi― analizó recargándose hacia atrás con la mirada en el techo.

Ángel supo, incluso antes de que su cabeza lo hiciera, que iba a comparar esa pose con Danielle, porque era la misma que había tomado después de que la encontrara con su padre.

― Y te prometí no dejar que nadie te lastimara y fui precisamente yo quien lo hizo― reconoció la pelinegra.

Kyra suspiró.

― No sé qué hacer Ángel― confesó subiendo las rodillas a la silla para abrazárselas y esconder en rostro entre ellas.
― Yo tampoco tengo nada más que decir, es tu decisión― la pelinegra se puso de pie y caminó hacia la puerta ― Avísame cuando tengas una respuesta pero, si no es mucho pedir, no te demores en decidir― agregó saliendo de la casa.



La rubia se había quedado llorando en la puerta de su casa desde que Ángel se marchara. Odiaba actuar de esa forma. Odiaba todo lo que era en ese momento porque la estaba aplastando con una fuerza que ella nunca había sentido antes.

**************

― Ángel acaba de irse― le dijo Leticia cuando ella la llamara un minuto después de haber hablado con la pelinegra.
― ¿Le contaste todo?― preguntó mientras mezclaba un poco de droga en una botella de vodka.
― Toda la verdad…― confirmó la mujer.
― ¿Cómo lo tomó?― inquirió la rubia.
― ¿Cómo crees?― retó la otra.
― Bueno, espero que todo esto funcione, por su propio bien― pidió Danielle como si nadie la escuchara al otro lado de la línea.
― ¿Puedo saber por qué decidiste montar todo este teatro?― curioseó la doctora.
― Ángel se merece algo mucho mejor que una loca descarriada como yo, con la muerte de mi madre me di cuenta que soy más Daphne que yo misma, y como sé más que nadie cómo era mi hermana, sé que Ángel no merece semejante castigo― el pecho le dolió al decir eso.
― ¿Y no podías, simplemente, cambiar tu forma de ser?
― Tú más que nadie sabes que eso no es como cambiar la batería de un control remoto.

Hubo un silencio en la línea.

― ¿Drogarás de nuevo a tu padre?― retomó la pelirroja.
― Será la última vez― acordó la rubia.
― Eso espero, cada vez enloquece más por tu culpa― se quejó la doctora.
― Cállate, pago lo suficiente por tu silencio, no me vengas con tu moral médica― replicó probando el licor. Sabía que un par de gotas no serían suficientes para drogarla.

****************


Nunca se le pasó por la cabeza que le dolería tanto actuar como siempre había actuado pero no tardó en comprender la razón: amaba a Ángel, lo suficiente como para reconocer que era mejor que estuviera lejos de ella. Sin embargo, aquella “revelación” no detenía el dolor de quedarse sola, de nuevo. Por el contrario, le mostraba en versión 3D la grandeza de su soledad.
No recordaba haber llorado tanto antes, ni siquiera cuando su padre se marchara con la asistente o cuando a su querida hermana se le ocurrió meterle una botella de Coca Cola para comprobar cuánto podía gritar sin parar. No recordaba haber llorando tanto por alguien en toda su vida.

Tal vez no era bruja realmente pero sí podía descifrar lo que pensaba su amante, y uno de los pensamientos más recurrentes debajo de su cabello negro era la necesidad de sexo. Al parecer, irónicamente, la que sí cumplió con los términos del contrato de “amigas con derechos” fue Ángel y no ella. Porque ella, la rubia, fue la que hizo la escena de celos, la que se volvió posesiva, la que le rogaba que nunca la dejara. Ella se había enamorado, Ángel…

…no, eso no podía saberlo.

Y la daga en su pecho se enterró más, y tuvo que abrir su boca para jadear porque las lágrimas no la dejaban respirar, y tuvo que tapar su boca con las manos como si tuviera una bolsa de papel porque estaba empezando a hiperventilar y nadie la ayudaría si se ahogaba…

…porque estaba sola…

Su vida empezó a reproducirse rápidamente frente a sus ojos, como si estuviera a punto de morir, sólo que no era una muerte física sino mental. Su cerebro quería cerrarse al mundo y esa película era su despedida.

¡Daphne! ¡Maldita Daphne! ¡¿Por qué diablos tuvo una hermana como ella?! ¡¿Por qué se enamoró del único hombre que nunca tendría?! ¡¿Por qué nadie la detuvo antes de asesinar a su hermana y prácticamente “absorber” su alma para convertirse en ella?!

La adrenalina de la rabia empezó a correr por sus venas devolviéndole la respiración, también cubriendo sus ojos de una capa rojo escarlata que no le permitía ver claramente. Se puso de pie de un salto y empezó a romper todo lo que había en la casa. Floreros, fotos, mesas, ventanas. Fue a la cocina y sacó toda la batería* y la hizo trizas. Arrancó el papel tapiz de las escaleras con las uñas mientras subía furiosa.

Su padre estaba sentado en el borde de la cama con el rostro entre las manos sin inmutarse por la destrucción que se escuchaba.

― ¿Por qué me sigues obligando a hacer esto?― preguntó llorando.

Danielle se detuvo en la puerta como si una barrera transparente la detuviera. Odiaba ver llorar a los hombres, eso era prueba de que algo debía estar terriblemente mal como para que ellos derramaran lágrimas.

― ¿Cuántas veces más tengo que seguir soportando tus juegos?― inquirió sin poder calmarse.

La rubia tenía los ojos muy abiertos y los puños muy apretados. Los sentía húmedos, seguramente se rompió las uñas mientras subía y ahora le salía sangre de los dedos.

― Hoy fue la última vez― respondió retomando el control de su cuerpo. Relajó los dedos y medio cerró los ojos. El rojo desaparecía poco a poco y su cuerpo entraba en una pasividad peligrosa. La calma antes de la tormenta.

Su padre la miró con los ojos rojos de tristeza.

― No puedo creer que seas mi hija…― confesó con dolor.
― Tampoco creerías muchas cosas de Daphne si te las contara pero ya no tiene caso― replicó ella.

El adulto la miró confundida. ¿Cuánto tiempo llevaba Danielle sin decir ese nombre en voz alta delante de él? Desde que Daphne muriera, ¿tal vez?

― ¿Qué cosas?― curioseó susurrando.
― Como que me violaba desde pequeña…― reveló ella.

Él lo sopesó un momento.

― Estaba enferma, ¿cómo sería capaz de hacer eso?― cuestionó cerrando un poco los ojos. La miraba con sospecha.
― Sí, bueno…esa enfermedad fue una muy buena excusa para que el mundo la viera como una víctima y no como una victimaria― Danielle suspiró. No le veía caso a insistir en algo si nunca le iban a creer. Todas sus mentiras se las creían pero esto, que era más cierto que cualquier otra cosa, nunca se lo creerían. La ironía del pastorcito mentiroso. Más bien, de la pastorcita.

El mayor cubrió su rostro de nuevo y se quedó meditando algunas cosas.

―Una vez tu madre me dijo que estabas sangrando, apenas tenías 7 años, ella pensó que un profesor estaba abusando de ti porque Daphne se lo dijo― comentó.

La rubia no recordaba eso. Es decir, no recordaba que su madre se diera cuenta que estaba sangrando por la intimidad.

― Ahí lo tienes― levantó los hombros y se recargó contra el marco de la puerta.
― Pero…estaba enferma, apenas y tenía fuerza…― Danielle comprendía su confusión, ella misma olvidó que su hermana estaba enferma.
― Sí, estaba enferma pero sus malditas ganas de sexo y de violarme le daban suficiente fuerza para controlarme, y claro, también me manipulaba― para la porrista no era fácil decir esas cosas en voz alta.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que su cabeza “reaccionara” por la muerte de su madre? ¿Dos días? ¿Tres, tal vez? Cualquiera que la viera en ese momento pensaría que tiene toda su vida clara pero ella se conocía muy bien, y “tener las cosas claras” era lo único que no tenía en ese momento.
Su cabeza estaba hecha un caos, tantos recuerdos, tantas sensaciones, ¡todavía podía sentir el hueco en su costado por la falta de un riñón!

Pero Ángel ya no estaba, y era hora de que arreglara los problemas en su vida, en SU mente. Seis meses antes Danielle no era nadie, o así lo consideraba ahora. No era nadie porque no había conocido a Ángel, porque no se había enamorado nunca de alguien como se enamoró de ella. Porque la pelinegra la manipuló al punto de convertirla en su amante, de lograr sacarle sexo incluso cuando ella se negaba. No era nadie porque nunca se esforzó tanto en sorprender a alguien como lo hacía con la ojigris. Toda esa parafernalia que montó en su casa para sacar las fotos de la orgía, incluyendo “la magia”, nunca antes lo había hecho. Siempre quería sorprenderla, ya fuera dejándola conducir a su bebé ―el BMW convertible―, incitándola a consumir cocaína sólo para que se sintiera un poco más como ella. No lo volvió a intentar porque lo último que quería era que Ángel se volviera una Danielle de cabello negro. Le gustaba desfilarle desnuda, se acostaba de cierta manera para que Ángel se fijara en las curvas de su cuerpo, que la luz del sol le diera directamente a los ojos para que estos brillaran y aturdieran a su amante. ¡Incluso! Había asumido el papel de novia maltratada para que Ángel no tuviera problemas con su novia.

Hablando de novias…

Todo estaba bien hasta que Kyra apareció, hasta que le mostró a Ángel que existen diferentes versiones de la misma Danielle.

No, definitivamente no era la misma persona de hacía seis meses. 180 días antes nunca habría montado una obra de teatro que incluyera a la fastidiosa psiquiatra amiga de sus padres sólo para conseguir que Ángel se alejara de ella por su propio bien. Era la primera vez que pensaba en el bienestar de otra persona y no en el propio. Eso debía ser amor ¿no?

― Vete, Leticia te espera, desahógate, olvídate de que soy tu hija― le dijo a su padre.
― Deja de darme órdenes― se quejó él.
― ¿No querías que dejara de manipularte? ¿Qué dejara de acostarme contigo? ¡LÁRGATE!― exclamó lanzándole una máscara de teatro que hacía parte de la decoración del pasillo.

El adulto apenas y logró esquivar el trozo de cerámica.

― Todavía eres menor de edad, puedo encerrarte en una clínica de reposo si lo considero necesario― advirtió.

Danielle se carcajeó.

― Sabes que puedo acusarte de violación si así lo deseo― amenazó ella.

El hombre se puso de pie y empezó a vestirse.

― ¿Qué te pasó?― curioseó mientras se ponía los pantalones.
― Me di cuenta que no eres el centro de mi mundo y que tu presencia lo único que hace es recordarme la basura de hermana que tuve y el monstruo que fui por su culpa― la rubia caminó hasta el tocador y sacó la cocaína que llevaba dos meses guardada.

Louis no se sorprendió y, de hecho, comprendió de dónde había sacado ese vicio. Él mismo consumía delante de ella cuando llegaba ebrio y debía soportar a su esposa loca y su hija…

Prefirió no darle una característica a Danielle, por su propio bien mental.

― Tenemos que arreglar esto― declaró colocándose la chaqueta.

Después de darse un pase, la rubia lo miró confundida limpiándose la nariz.

― Tu madre ha muerto, la única mujer que amé de verdad ya no está, y tu hermana tampoco, sólo quedamos tú y yo, debemos arreglar las cosas― explicó.

A la porrista le pareció una estupidez que sólo después de muchos años de vivir en esa casa de locos, ahora a su padre le diera por enmendar los errores del pasado. Alguien quería ganarse el cielo.

― ¿No te parece que tomaste esa decisión unos cuantos años tarde?― preguntó sentándose en el tocador.
― Todavía estamos vivos, no es tarde― replicó el adulto.

Una media sonrisa se le escapó a la rubia pero no entendió muy bien de dónde venía.

― Luego hablamos de eso, quiero que te largues ya― ordenó por segunda vez.

Su padre hizo caso, no porque ella lo decía, sino porque comprendía que mientras ella estuviera usando drogas no le prestaría atención.

― Espero que tu amiga esté bien con lo que le hiciste pasar― soltó justo antes de desaparecer en la oscuridad de la puerta.

Sólo horas más tarde, cuando la cocaína perdiera su efecto, Danielle notaría todas las cosas que sucedieron en esa habitación.

*Bateria: Juego de ollas para la cocina.


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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   11/1/2012, 02:36

SEGUNDO CUARTO


DANIELLE

¿Ahora todo era normal? La verdad, no me convencía la situación, no podía evitar sentirla extraña.
Mi llegada a la escuela generó controversia, todos se enteraron de la muerte de mi madre y más de un profesor me preguntó, en voz baja, antes de entrar a clase si consideraba que estaba en condiciones para regresar al estudio. También hubo muchos estudiantes que me dieron el pésame y algunos hasta flores me dieron.
Lo sorprendente no era que se preocuparan por mí, sino el hecho de que se me acercaran y me hablaran como si fueran cercanos a mi círculo. ¿Quién les había dado el derecho de llenarme de regalos?
Azrael fue el primero que apareció para sacarme de la turba acosadora que no me dejaba entrar a la cafetería. Estaba sola, sin Ángel, porque ella en clase parecía haber olvidado mi existencia y yo no intenté hacerla cambiar de parecer. Estaba en todo su derecho de enojarse hasta la muerte conmigo, hasta yo sabía que lo que hice era… mejor dicho, si alguna vez existió una línea para mí, era esa, y la acababa de cruzar.

― Ya, abran paso, no la sofoquen, ella ya entendió que la apoyan― decía mi amigo cubriéndome con un brazo y despejando el camino con el otro.

Sabía que mi voz calmaría a las masas, las dispersaría pero, no tenía ganas de ser Dios ese día. Por más que Azrael me abrazara podía sentir el vacío a mi lado.
Finalmente logramos llegar a nuestra mesa. Jhon, las arpías, y David ya estaban ahí.

― ¿Desde cuánto tan cercanos a nosotros?― se quejó la pelirroja. No fue una sorpresa que dijera en voz alta lo que yo estaba pensando.
― No lo sé, a mí también me parece muy curioso― comentó David.

Azrael no dijo nada. Él lo entendía, como yo. Porque tanto Ángel como Kyra socializaban con los demás al mismo tiempo que andaban con nosotros. Era obvio que la “plebe”* se sintiera un poco más cerca.

Y hablando del diablo…

― Hola chicos― dijo Kyra sonriendo. Se sentó junto a David como siempre ― ¿Cómo van?― preguntó sacando un jugo en cajita de su bolso.
― ¿No estás enterada?― inquirió mi novio pasando un brazo por mis hombros.
― No, ¿qué pasa? He notado que todo el mundo anda más encima de Danielle de lo normal…― respondió y luego sorbió del jugo, que era con sabor a durazno, sin dejar de mirar a Jhon.
― La madre de Danielle murió hace unos días― reveló besando mi cabello.

No los estaba mirando directamente, actuaba como si estuviera muy concentrada en comerme la fruta que tenía en las manos. Adivinen cuál…

…pero sí noté que Kyra dejaba de beber su jugo con la noticia. Era extraño que no estuviera enterada, sus padres se suponía eran amigos de los míos.

― Lo siento mucho…― alargó su mano y tomó una de las mías ― No sabría qué hacer si algo le pasa a mi madre, estoy aquí si necesitas hablar― agregó sonriéndome con tristeza.

Y lo decía en serio…

Me tomó algo de esfuerzo no abrir los ojos ante semejante muestra de hipocresía pero sonaba sincera. Si no la conociera seguramente me lo tragaría, y no era fácil que yo me tragara una mentira.

― Gracias…― deslicé mi mano suavemente para no demostrar el asco que me produjo su acción.

El mundo era más sincero cuando Ángel estaba a mi diestra.

Sara se acercó corriendo y me abrazó. ¿Qué diablos le pasaba al mundo? ¿Ahora se atrevían a tocarme? ¿Desde cuándo me había vuelto una reina amistosa con sus súbditos? No me moví y Alexandra fue la encargada de separar a Sara de mi cuerpo.

― Así está mejor, querida― le dijo poniéndole la mano en el hombro como señal de que era mejor no moverse de ahí.
― Lo lamento mucho Danielle, debe ser terrible perder a tu madre tan repentinamente…― soltó la chica.

Levanté los hombros.

― Yo sé que no es el mejor momento pero hay algunas cosas que debemos discutir― anunció jugando con las manos. Estaba nerviosa. ¿Qué aspecto tendría mi expresión? ¿Se vería muy fiera?
― ¿Qué pasa?― cuestioné apenas interesada en mi tono de voz tan golpeado. Era la primera vez que pronunciaba más de una palabra en todo el día. Cuando los profesores, o alguien, me hablaba respondía con un movimiento de cabeza, de hombros, de ojos, o de labios pero nada con sonido.
― Pues…― dio un paso atrás sobresaltada ¿o asustada? ―…es que…en seis meses nos graduamos…y…yo sé que no es el momento…pero no hemos cuadrado lo del viaje de graduación, la fiesta, falta presupuesto para los otros dos juegos de visitante del equipo de baloncesto, y tampoco has anunciado que te postularás para reina del prom…― enumeró.

Wow…no sabía que tenía asistente personal.

― Sara…― traté de no gritar ―…creo que no alcanzas a entender cuan poco me importan esas cosas en este momento― declaré fulminándola con la mirada.
― ¿Y eso tan raro?― curioseó una voz detrás de mí.

No era fácil sorprenderme pero ese día muchos lo estaban logrando. Sin embargo, ese tono tan sarcástico, tan heredado de mí, me golpeó como si fuera una enorme piedra de culpabilidad.
Ángel tomó asiento a un lado de Kyra y le dio un breve beso en los labios mientras con un brazo la abrazaba por la cintura y con el otro le paseaba un chocolate con relleno de arequipe frente a los ojos. Inmediatamente esas dos se olvidaron de que yo existía y las observaba.

¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch! ¡Auch!...................................

Creo que mis neuronas hicieron corto por dos o tres segundos.

― ¿Qué te parece si nos reunimos por la tarde?― invité a Sara que seguía medio confundida frente a mí ― Avísale a los demás, será en tu casa― aclaré.

La chica pareció conforme.

― Ok, como digas― y se marchó.

Mi cuerpo giró lentamente hasta quedar paralelo a la mesa. Ángel estaba justo frente a mí, jugueteando con su novia y el chocolate.

Casi…CASI…parecía una escena planeada sólo para joderme la vida. ¿Y por qué no? La creía completamente capaz de idear semejante cosa ―porque yo lo haría― y Kyra, que sabía todo, se prestaría para eso. Estaba segura de que después de verme con mi padre, Ángel fue con la pelirroja.

― ¿Qué te parece si vamos de compras para subirte un poco los ánimos?― sugirió Alexandra tomando asiento.

Hice cálculos mentales. Yo había pagado todo lo referente a la muerte de mi madre, velorio, entierro, ataúd, ropa, flores, etc. Lo cierto es que no sabía cuánto dinero tenía en la cuenta. Aparte de que la droga con la que manipulaba a mi padre no era barata, el pago a Leticia por hacer de chivo expiatorio tampoco lo era.

― Podría ser…― acordé para no quedar mal.

Tenía que volver a ser la yo de siempre. Las cosas con Ángel ya se habían acabado, debía preocuparme por las cosas que siempre me preocupaban, como las que Sara acababa de enumerar. No iba a morir de amor, eso sólo mataba en las historias románticas y esto era todo menos una historia romántica.

Jhon estaba evidentemente más tranquilo con la distancia entre Ángel y yo, y el romanticismo entre “las lesbianas”, como les decía él.

― ¿Estás segura de querer salir?― preguntó Azrael. Él no sabía nada de lo sucedido con la pelinegra pero estaba segura de que lo sospechaba.
― ¡Bueno ya!― exclamé harta ― No es el fin del mundo, sólo se murió y ya, dejen de sentir lástima por mi porque no la quiero ni la necesito, el mundo no se va a acabar porque mi madre se muera, es lo normal, todo el mundo muere― declaré poniéndome de pie. Toda la cafetería me escuchó.

Ángel medio sonrió. Disfrutaba verme descontrolada.

― ¡Arg!― solté tirando lo que quedaba del durazno frente a Ángel y me marché.

Ni siquiera intentaría entrar al resto de las clases. Fui directo a mi carro, casi derrapé en el parqueadero, y me marché. Era hora de visitar a alguien que me pudiera ayudar a no acabar con el mundo.

Al llegar me sorprendió que ningún policía me detuviera por la forma tan imprudente como estaba conduciendo pero, no podía quejarme, era mejor así. Con el ánimo que tenía me creía capaz de haber intentado huir y eso sólo agrandaría mis problemas.

La casa quedaba en una zona residencial del norte de la ciudad a la cual sólo se podía entrar si se estaba en una lista. El sitio era muy exclusivo y costoso, y quedaba sobre una montaña dándole un aire rural dentro de la misma ciudad. Podía entrar, no sólo porque mi conocido vivía ahí, sino porque una propiedad que acababa de heredar de mi madre estaba en aquel lugar. Impaciente y sin ánimos de comportarme como buena persona, hice sonar la bocina insistentemente hasta que el vigilante me permitió pasar. La lista de ingreso no eran nombres sino placas de carros. Subí por el camino hasta llegar al último edificio de apartamentos y dejé el carro donde se me antojó dejarlo. La espera en el ascensor para llegar hasta el último piso fue más molesta todavía porque no tenía un acelerador para pisar. Pero lo logré sin arrancarme el cabello en el proceso.
La puerta, como siempre, estaba abierta. Giré la perilla y entre al fabuloso apartamento de dos grandes amigos.

Alexander estaba en la cocina preparando quien sabe qué ―era chef― y Francheska estaba desnuda frente a la tele pasando canales mientras jugueteaba con una copa de vino.

― Hola― dije después de un fuerte suspiro.

El hombre era tan alto como Jhon, de piel clara y músculos marcados. El cabello era castaño claro y sus ojos verdes. Labios gruesos y mirada fiera. Más bien, una mirada de pervertido sexual que hacía mojar a cualquiera. La mujer, su gemela, tenía el cabello y la piel de la misma tonalidad pero el primero era largo y ondulado. Su cuerpo era de modelo sin ninguna operación encima y perfecto por donde se le mirara. La diferencia estaba en los ojos, pues ella los tenía azules. En cuanto a los labios y la expresión pervertida, casi una fotocopia.

Ambos detuvieron lo que hacían y me miraron.

― ¿Danielle?― preguntó Alexander dejando su cuchillo a un lado.

Lo miré con rabia.

― ¿Qué tienes hermosa? ¿Por qué no nos dijiste que venías? Pude haberme vestido…― se quejó Francheska.

Tiré el morral de la escuela en la primera esquina que divisé y me acerqué a la sala.

Era excitante verla desnuda con las piernas abiertas. Sus senos eran redondos, un poco más grandes que los mios, con unos pezones centrados y siempre duros. Sus piernas eran largas, suaves y atléticas. Había un dildo a su lado y noté que tenía cierta humedad en su sexo que se me antojó lamer.

Estaba dejando que mi cerebro y mis instintos se volvieran lo más básicos posible. Apreté la mandíbula. Estar con esos dos siempre hacía que dejara de pensar en cualquier otra cosa que no fuera sexo. Pero es que esos dos sudaban excitación…

No eran mucho mayores que yo, 3 o 4 años más, tal vez. Eran los herederos de una gran fortuna por parte de sus abuelos. Sus padres habían sido secuestrados y ellos nunca pagaron el soborno, por lo cual los mataron y ellos terminaron heredando aún más. Si alguien me había presentado a los matones que yo contrataba para mis caprichos, me mostraba las drogas que podía usar para manipular a las personas, me decían dónde podía vender pornografía sin riesgo de que se rastreara hasta mí y ganar suficiente dinero, o me regalaban kilos de coca para surtirme por meses, eran ellos. Alexander y Francheska Lukä François. Eran hijos de una prima de mi madre, es decir, mis primos en segundo grado.

Vivian de hacer nada, y no exagero. Los conocí tiempo después de que mi madre enloqueciera, pues su prima, antes de ser secuestrada, la visitó. Nos caimos bien de inmediato.

Tenían tanto dinero que no debían preocuparse por trabajar. A su nombre había 4 fincas del grande de veredas enteras con tantas cabezas de ganado que si, por casualidades de la vida, no tenían para un semestre de la universidad, vendían 4 o 5 vacas y asunto solucionado. Además de eso tenían propiedades en 4 ciudades del país, Miami, Francia, y Alemania, 8 carros, acciones en la bolsa de Nueva York, y bla bla bla.

Sin embargo, no despilfarraban el dinero. Las fiestas eran casi todas en su apartamento, o en cualquiera de los otros dos que tenían en la ciudad. Generalmente sus conocidos traian el trago, o se hacía recolecta para comprarlo. No gastaban mucho en ropa de marca porque él era chef, así que no debía preocuparse por tener un Armani en la cocina, y ella era modelo, por lo tanto siempre recibía ropa de regalo de diseñador.
Su vida, por más que suene extraño, era sencilla. No eran de largos y costosos viajes, o de muebles en casa que costaban millones una sola silla. Ni siquiera tenían un perro extremadamente fino, sólo un dálmata con el que salían a trotar y jugar.

Pero eran amantes. Tal vez haya sido eso lo que me atrajo la atención, el hecho de que ellos también, desde muy pequeños, decidieran estar juntos. Digo también porque yo lo estuve un tiempo con Daphne.

― ¿Por qué esa cara?― preguntó Francheska tomando mi mano para atraerme hacia ella.
― Porque me enamoré de alguien y yo misma me encargué de alejar a esa persona al darme cuenta de que estoy mal de la cabeza― respondí.

Alexander soltó la risa desde la cocina tipo bar.

― ¿Hasta ahora te diste cuenta que estabas loca?― inquirió sin parar de picar algo.
― Digamos que comprendí las razones por las cuales lo estoy, y era mejor que ella no siguiera conmigo― expliqué.

Francheska había empezado a desabotonar mi ropa mientras me daba ligeros besos por todo el cuerpo.

― ¿Ella?― curioseó.
― Sí, es una ella― afirmé.

Mi primo se acercó y nos observó unos instantes. En menos de nada estuve completamente desnuda.

― ¿Quieres un poco?― dijo regando polvo blanco en la mesa frente al sofá.

Ni siquiera lo pensé. Tomé una tarjeta, hice varias líneas, y las aspiré todas.

― ¿Mejor?― mi prima no paraba de besarme.
― Todavía no― confesé.

Pero ya estaba muy excitada. Me senté sobre ella y empecé a besar su cuello al mismo tiempo que jugueteaba con sus pezones. Hubiera dado lo que fuera porque Ángel estuviera en su lugar. Hubiera dado lo que fuera por no tener que recurrir a ellos.

La castaña empezó a gemir suave al poco tiempo, mientras su hermano seguía mirándonos pero ya completamente endurecido. Noté que hizo unas cuantas líneas con la coca y las aspiró también.

No sospeché nada hasta que sentí el dildo de Francheska entrar violento en mi sexo. Un corrientazo me enderezó la espalda y me hizo gritar de placer. Si con Ángel me comportaba como una niña buena en la cama, con estos dos parecía una fiera. Mis gemidos aumentaban de volumen sin importarme que los vecinos de los pisos inferiores pudieran escuchar algo. Subía y bajaba mis caderas con fuerza para sentirla más dentro sin soltar sus pezones, me gustaba mucho pellizcarlos.

― Quita, eso es el trabajo de un hombre― se quejó mi primo.

Le sacó el consolador, me tomó por la cadera y me acomodó en cuatro introduciéndome su duro miembro con violencia. El aire se me fue unos segundos a lo que Francheska respondió besándome. Se acostó al contrario de mi posición y puso mi cabeza entre sus piernas.

― Me gusta como usas esa lengua tuya, dame un poco de placer a mi también― soltó.

Y así lo hice. Sentí su sexo más húmedo de lo que había visto al llegar y con mi lengua lo acaricié. Aprovechando mi piercing toqué su zona más sensible y esta empezó a gritar al mismo tiempo que yo empezaba a gemir con más fuerza por las embestidas de Alexander. Su miembro parecía crecer cada vez más y sus movimientos eran violentos, como si quisiera desgarrarme por dentro.

― ¡No pares de lamer! ¡Ya voy a llegar!― anunció la castaña.

Fácil decirlo, yo no podía parar de gemir. También estaba a punto de llegar. Las manos del castaño apretaron mis caderas y su miembro creció todavía más. Esto hizo que yo llegara al climax y los músculos de mi sexo se contrajeron llevándolo a él también al orgasmo. Sacó su miembro y derramó su esencia en el rostro de Francheska al mismo tiempo que yo también dejaba que por mis piernas corriera el líquido de mi climax, y ella, casi un segundo después, mojó el cuero del sofá.

Sin embargo, sólo ella quedó aturdida por el orgasmo, pues no había consumido coca todavía.

Alexander y yo la dejamos descansar mientras él me levantaba y me llevaba hasta la mesa de comedor y me acostaba.

― ¿Qué esperas? Quiero otro orgasmo de esos― me quejé acomodando las piernas para que pudiera entrar con más facilidad.
― ¡Esperen!― pidió mi prima.

Alexander entró en mi cuerpo lentamente mientras ella se aspiraba tres líneas de coca y se unía a nosotras.

― Dame más placer, hermosa― me dijo y luego mordió mis pezones.

Se sentó sobre mi vientre dándole la espalda a su hermano y yo introduje mis dedos en ella.

En menos de nada estuvimos nuevamente excitados los tres con vaivenes más o menos arrítmicos pero perfectamente acomodados.

Las dos mujeres hacíamos mucho ruido. Gemiamos y gritábamos a causa de los latigazos que sentíamos en la espalda y la sensación de vacío placer en el vientre. El único hombre se deleitaba pasando sus manos por nuestros cuerpos, pellizcando nuestros pezones o mordiendo los hombros de ella y mis piernas.

― Hagamos esto más interesante― sugirió sacando su miembro de mi sexo.
― ¿Cómo se te ocurre dejarla así?― le reprochó ella cuando notó que este detuvo sus atenciones conmigo.

Sacó mis dedos de su cuerpo y se acomodó en cuatro sobre mi. Su lengua hizo que mi clítoris reaccionara de inmediato y yo también empecé a lamer el suyo al mismo tiempo que metía mis dedos en ella. Podía sentir los espasmos de su cuerpo ir en aumento, pero Alexander regresó.

― No me dejen por fuera, par de pervertidas― dijo.

Traia algo en la mano pero no pude ver que era porque Francheska se enderezó y yo seguí en mi labor.

El miembro endurecido de mi primo entró nuevamente con suavidad y sus embestidas empezaron con lentitud.

― Disfruta un poco― me dijo por encima del hombro de su hermana derramando un líquido en la espalda de esta.

El licor bajó por su perfecta espina dorsal, pasó por entre sus glúteos y llegó ardiente a mi boca. Era tequila.

La velocidad fue aumentando y, por segunda vez, los tres alcanzamos el climax. En esta ocasión, lo retuvimos por más tiempo.

― Me gusta tener sexo con ustedes, mis dos princesas, pero tengo algo que terminar, sigan sin mi― anunció regresando a la cocina.

La castaña y yo nos miramos decepcionadas. Ese pene siempre era buena compañía.

― Ven, quiero que mojes mi cama también― invitó ella.
― No… no se vayan, háganlo en el sofá, quiero ver un poco― pidió él.
― Dejemos que vea por una vez― declaré llevándola de la mano al sofá.

Lo giramos para que quedara viendo hacia la cocina y nos acomodamos en él.

― Con esto que haces no pareces muy enamorada― comentó mi prima para luego tomar un largo trago de la botella de tequila.
― En este momento, sólo deseo que tú seas ella, no te ofendas― respondí pasando mis uñas por sus piernas con ganas de sacar sangre.
― Seré ella si me lo pides― dijo en mi oído y luego mordió el lóbulo.

Ambas estábamos arrodilladas, así que empezamos a besarnos de nuevo, esta vez, un poco más lento, disfrutando del cuerpo de la otra.

― ¿Qué les parece si les preparo algo de fresas con crema para que se entretengan un buen rato?― sugirió mi primo.
― No seas anticuado, las fresas con crema están muy trilladas, es un viejo cliché― se quejó su hermana.

Él se rió.

― Entonces, ¿qué les gustaría?― presionó.

Ambas nos miramos para pensar por un momento.

― ¿Tienes chocolate amargo?― pregunté. El chocolate común era para los que tienen poco estilo, además, el amargo poseía una vitamina que genera el cerebro cuando nos enamoramos porque era más puro en cacao que el chocolate corriente.
― Claro, siempre― ya lo estaba buscando.
― Pero sin fresas, ¿Qué tal uvas?― pensó Francheska.
― Sigan ustedes ahí, yo les preparo todo― Alexander corría por toda la cocina.

Así que le hicimos caso y reanudamos las caricias. Sus manos eran suaves, gentiles al tacto, pues el desenfreno de las primeras sesiones ya había pasado y el efecto de la coca, a causa del ejercicio, estaba un poco disminuido. El licor nos hizo torpes, por lo tanto nos movíamos con lentitud, disfrutando cada toque. Echó su cabeza para atrás y ensanchó el pecho para dejarme sus senos libres. Los tomé, lamí y mordí excitada con la dureza de sus pezones y los pequeños gemidos que se le escapaban. Mordí su cuello, sus hombros, su cintura y los huesos de su cadera mientras la acostaba. Repase sus piernas con mi lengua hasta llegar a su sexo. Sabía que el sexo oral le encantaba, sobre todo el que yo le practicaba con “mi lengua experta” como solía decir. Le abrí las piernas y las puse sobre mis hombros al tiempo que iniciaba mis atenciones. Una de sus manos mantenía mi cabeza en su lugar mientras la otra arañaba uno de mis omoplatos.

― ¡Más adentro!― exclamaba y hacía fuerza para obligarme a cumplir su pedido.

Su clítoris estaba enorme, podía sentirlo en mi lengua, más o menos redondo y un poco duro, pero era su punto de excitación máxima lo que buscaba. No era fácil encontrarlo con la lengua. Pero cuando por fin lo encontré, lo acaricié con el piercing al tiempo que con un dedo tocaba su clítoris obligándola a derramarse de placer.
Estaba sudando y respiraba con dificultad, pero yo seguía insatisfecha, me faltaba un orgasmo para estar a la par.
Escalé por su cuerpo sin que mis mordidas hicieran falta y me encontré con su boca.

― Dame placer, quiero un orgasmo como los que Ángel me regala― le ordené al oído.
― ¿Y cómo son esos?― preguntó mientras cambiaba nuestras posiciones y me dejaba debajo de su cuerpo.
― Mucho mejores que los tuyos― respondí ofensiva.

Francheska me miró en silencio unos segundos pero aceptó el reto.

― Entonces seré tu ángel esta vez…― la malicia en su expresión me indicó que, como diría un amigo, “se viene Boca”*

Miré a Alexander. Nos prestaba atención por momentos ya que ahora cocinaba dos cosas a la vez.

― Puedes intentarlo― reté.

Sonrió grande, como lo hacía yo cuando encontraba algo interesante.

Sus atenciones empezaron por besos y ligeras mordidas por todo el cuerpo. Por un momento se entretuvo en mis senos, uno lo lamia, el otro lo pellizcaba. Aprovechando el largo de sus uñas sus manos caminaban por mi piel en las zonas más sensibles y yo trataba de imaginar que esas eran las manos de Ángel. Con mordidas bajó hasta los huesos de mi cadera y luego a mi sexo. Estuvo un momento ahí, preparándolo, finalmente, y sin previo aviso, introdujo sus dedos hasta el fondo. Me curvé hacia atrás y reprimí un gemido. Sacó y metió sus dedos con un ritmo que aumentaba a cada segundo rozando mi clítoris y creando un vacío en mi vientre que solicitaba mucho más de lo que ella me daba.
Era Ángel. Trataba de imaginarla así. Le oscurecía el cabello, le aclaraba aún más los ojos, le quitaba unos cuantos años, y le bronceaba la piel. Quería que la persona que me estaba rompiendo las entrañas con los dedos fuera Ángel y no una prima en segundo grado con la cual tenía sexo cada que venía de visita.

― ¿Qué pasa? Todavía no eres Ángel― reclamé. Sabía que era humillante, pero Francheska se prestaba para esas cosas conmigo, según decían los hermanos “era terapéutico” para mí.

Se esforzó un poco más. Sacó los dedos y se dedicó a acariciar las paredes de mi sexo buscando mi punto de excitación máximo. No tuvo dificultad para encontrarlo, la tipa era una experta en esas cosas, sobre todo en mi cuerpo, se lo conocía de memoria.

Poco a poco fui subiendo. Mi respiración se hacía más dificultosa por la cantidad de gemidos que soltaba, pero cuando estuve a punto de tocar cielo, se detuvo, y sentí como empezaba a bajar. De repente, retomó el movimiento y volví a subir tan rápido como antes. Ya me dolían los puños de tanto apretar los bordes del sofá y mi garganta estaba seca por los jadeos. Pero, de nuevo, justo un segundo antes de llegar al orgasmo, se detuvo.
Juro que casi la pateo y la fulminé con la mirada. Me concentré en controlar mi respiración pero no me dio tiempo y retomó labores. Parecía que la tonta había encontrado un interruptor de on/off en mi intimidad y se divertía usándolo. Esta vez sujeté su muñeca para asegurarme de que no haría nada estúpido de nuevo y me dejé llevar por el placer. Podía sentirme sudar, con las mejillas coloradas y al borde de un ataque cardiaco. El aire se detuvo, podía ver el abismo del orgasmo frente a mí, estaba a punto de lanzarme a él cuando detuvo el movimiento.

― ¡Maldita sea Francheska! Tu broma enferma no me gusta― me quejé.

Ella sólo sonrió. Se inclinó y uno de sus dedos entró en mí. No hubo efecto hasta que su lengua se movió e hizo una ligera presión al tiempo que su dedo oprimía mi clítoris.

Todo lo que había bajado lo subí en menos de un segundo y el orgasmo duró tanto tiempo como ella dejó su dedo haciendo presión en mi hinchado clítoris. En ningún momento paré de gemir y empecé a moverme violentamente para que ese pequeño contacto se intensificara. Después de una eternidad, sacó el dedo y con la yema de estos hizo una ligera presión en la parte púbica y sin control sobre mí misma me derramé haciendo que sucediera un nuevo pero corto orgasmo.

Quedé, literalmente, rendida.

― Estoy segura que Ángel no te trata de esa forma― se burló poniéndose de pie.

Ni siquiera pude cerrar las piernas. Era como si toda mi energía acabara de regarse en el cuero del sofá.

― Toma, todavía nos falta la comida― dijo.

Me entregó la botella de tequila y puso frente a mi nariz la punta de una tarjeta con una dosis generosa de coca. Por un segundo mi drogado cerebro pensó que era patético lo que hacía para superar la perdida de Ángel, y estuve de acuerdo.

A los cinco minutos de aspirar la dosis, las energías se fueron renovando y Francheska me arrastró a su habitación con una bandeja de no supe qué.

― Acuéstate, tengo hambre― de un jalón me lanzó a la cama y yo no pude más que soltar la risa.
― Cómeme a mi que soy más grande― solté entre carcajadas. No sé dónde había escuchado eso, creo que Ángel me lo dijo alguna vez en alguna tarde. Gracias a la droga el recuerdo no me dolió.

El sonido de un zippo atrajo mi atención a lo que fuera que Francheska estaba haciendo en la mesa de noche.

Vi que prendía tres velas y que encima de ellas había un recipiente metálico con algo adentro que pronto empezó a burbujear; por el olor supe que era chocolate amargo. En la bandeja había dos racimos de uvas verdes y unos pinchos metálicos.

― ¿Qué vas hacer?― tuve desconfianza.
― ¿Te gusta el chocolate caliente?― curioseó.

Tomó uno de los pinchos metálicos y lo puso en el fuego de las velas un momento.

― Sí― a lo que menos le tenía miedo era a las cosas calientes.

Noté que el pincho tenía un mango de madera, razón por la cual ella no se quemaría y me parecía injusto. Lo retiró del fuego y puso la punta en mi piel. Contuve el grito de dolor por simple orgullo pero la castaña sólo se reía.

― No es suficiente…― se quejó.

Se puso de pie y buscó algo de ropa. Para cuando le presté atención a ella y no al dolor, me di cuenta que tenía las muñecas atadas a la cabecera de la cama.

― Ángel no haría estas cosas― declaré tratando de liberarme.
― Yo no soy Ángel, querida― casi olía su rabia.

Familia mía tenía que ser para que se comportara de esa manera.

Se sentó sobre mí y sacó una cucharada de chocolate, no caliente sino hirviendo, y la puso sobre mi vientre.

― Si te mueves, el chocolate se riega más y te va a quemar más― advirtió y derramó el líquido.

El grito fue tan alto que sentí mis tímpanos estallar. Pero, casi de inmediato, una lengua fresca recogió el dulce.

― Eres una sádica― apenas y pude escuchar mi voz.
― Y tu mi pequeño juguete― tomó una uva y la sumergió en el dulce para luego pasarla por mi cuerpo y comérsela.
― Al menos dame un poco de eso― me sacudí bajo su cuerpo.
― Ok ok…

Apagó dos de las velas y el chocolate bajo de temperatura.

Me dio un poco de fruta cubierta con el chocolate y sabía grandioso. Jugueteó con las demás por mi cuerpo, incluso dejó que unas cuantas gotas calientes cayeran en mi sexo para luego lamerlas.

Sólo con esos dos me prestaba para juegos enfermos como esos. Era una especie de terapia, me relaja salir de ahí después de haber sido un poco maltratada haciendo lo que más me gustaba. Claro que ese día ya no poría salir de ahí, con tanta droga y licor en mi sistema sería un suicidio conducir, y tampoco planeaba dejar mi carro, a esos dos les gustaba mucho y no estaba dispuesta a dejar que mi bebé fuera conducido por otro que no fuera yo.

Es decir, que no fuera Ángel o yo, porque ella también lo conducía.

El efecto del tequila empezó a superar el de la coca, y con tantas atenciones en mi cuerpo que iban desde el dolor hasta el placer y viceversa, fui perdiendo el conocimiento.


*Plebe: De plebeyos.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   11/1/2012, 03:28

CAPITULO 35

PROHIBIDO TOCAR

Hace frio
y estoy lejos de casa
hace tiempo que estoy sentado sobre esta piedra
yo me pregunto
para que sirven las guerras?
tengo un cohete
en el pantalon
voz estas tan fria
como la nieve
a mi alrededor
voz estas tan blanca
y yo no se que hacer...

La otra noche
te espere bajo la lluvia
dos horas... mil horas
como un perro
y cuando llegaste
me miraste y me dijiste
loco, estas mojado
ya no te quiero...

En el circo voz ya
sos una estrella
una estrella roja
que todos se la imaginan.

Si te preguntan
voz no me conocias no no
tengo un cohete
en el pantalon
voz estas tan fria
como la nieve a mi alrededor
voz estas tan blanca
que ya no se que hacer...

La otra noche
te espere bajo la lluvia
dos horas mil horas
como un perro
y cuando llegaste
me miraste y me dijiste
loco estas mojado
ya no te quiero...

La otra noche
te espere bajo la lluvia
dos horas mil horas
como un perro
y cuando llegaste
me miraste y me dijiste
loco estas mojado
ya no te quiero


Mil horas- Andrés Calamaro


ÁNGEL

No era fácil dejar de pensar en Danielle porque, aunque no lo dije en voz alta delante de Kyra, a pesar de que fuera bastante obvio, la razón por la que decidí alejarme, aparte de lo sucedido con su padre, era por el terror que sentí al verme enamorada de esa chica.

Cuando llegué a casa de Kyra, la verdad, no tenía mucha idea de cuáles eran las razones que me llevaban hasta su puerta. Nunca fui de pedir disculpas, y sólo cuando creía que había metido la pata hasta el fondo es que abría la boca y pronunciaba las palabras mágicas. Sin embargo, Kyra no sabía nada de lo mío con Danielle, por lo tanto, las disculpas no iban para ella.

A medida que hablaba y le contaba todo a mi novia, recordaba cada vez con más claridad a Dante y todo lo que sentí por aquel hombre tan poco importante, y no podía evitar compararlo con Danielle, incluso cuando la rubia me parecía mil veces más maquiavélica que él.
La disculpa era para Danielle. Me disculpaba por hacerle creer que podía amarla cuando no era cierto, por convertirla en mi juguete sexual cuando se suponía debía ser al contrario, por besarla de maneras que ni Jhon conocía, por prometerle un montón de tonterías y endulzarle el oído sólo para calmar mi calentura. Así que lo mejor era cortar lo nuestro de raíz.

Por obvias razones no le dije eso a Kyra. Quería estar con ella, darme la oportunidad de ser diferente a esa cosa que Danielle había hecho de mí, y que yo había colaborado en crear sin quejarme.

Ese día cuando llegué a la cafetería iba desde el salón tratando de recordar el camino hacia la zona terrenal donde las mesas eran oxidadas y torcidas pero mi novia estaba sentada en la mesa de los dioses sin mostrarse incómoda por la presencia de la rubia.
Fue gracioso torearla, la vieja costumbre que no podía dejar de lado tan rápido pero, apenas logré mi cometido, me concentre en mi novia. Entonces, Danielle empezó a gritar que no deberíamos tenerle compasión y se marchó cual novela de las 7 de la noche.

― Creo que deberías unirte a nuestro círculo― dijo Ximena a Kyra apenas la rubia cruzó la puerta de salida.

Casi se me salen los ojos de la sorpresa.

― ¿Qué?― solté, y toda la mesa me volteó a mirar.
― Vi como te comportaste con Danielle, me parece que mereces un lugar dentro de nosotros, estoy segura de que ella no lo ha notado todavía por todo lo que está pasando, pero estará de acuerdo cuando se lo comente― continuó la medio pelirroja ignorándome.

Kyra me miró confundida.

― No te preocupes, cariño, será lo mejor que te pueda pasar antes de graduarte― aseguró Alexandra.

Jhon y David asintieron cual perros domesticados.

― ¿Qué es el circulo?― preguntó mi novia.
― Es lo mejor que te puede pasar― insistió David bajando la voz.

Ok…eso sonaba como si fuéramos un cartel de droga, un club de fiestas sin fin en Las Vegas, o algo parecido.

― ¿Y Danielle debe dar la autorización para que yo entre?― curioseó la aludida.
― Ella es la que tiene el poder, por lo tanto, ella decide― aclaró Ximena.

Momento… ¿fuéramos? ¿Conmigo incluida en el plural? Me cubrí el rostro y prácticamente me enterré en la mesa.

― ¿Tú haces parte de ese “círculo”?― cuestionó mi novia. No tenía que mirarla para darme cuenta de que me miraba muy acusadoramente.
― Sí…te lo conté anoche ¿no?― respondí sin moverme.
― ¿Este era el circulo del que hablabas?― sonaba enojada.
― Sí…

Intenté cubrirme la cabeza con los brazos y los codos.

― Vale, entonces consulten con Danielle, estaré encantada de pertenecer a su círculo, si es tan grandioso como dicen― declaró mi novia después de unos segundos de silencio.

Ni siquiera me tomé la molestia de mostrarme sorprendida.

El receso continuó normal hasta que la campana sonó indicándonos que debíamos regresar a clases. Me despedí de los demás y fui con Kyra al salón. Danielle no estaba ahí. Luego, unos comentarios en el pasillo me dieron la razón.

― ¿Vieron a Bonnet?― inició una.
― Sí, estaba como loca, dicen que casi atropella a alguien el parqueadero― siguió otra.
― ¡Sí! Se fue espantada, pobre, dicen que quedo traumatizada por la muerte de su madre― comento una tercera.
― Una amiga de la estilista de mi madre le comentó que en el velorio parecía una loca― chismeó la primera.
― Cuentan que todos estos días se escucharon gritos en su casa― si supieran por qué eran esos gritos realmente…

Cuando notaron mi presencia, se callaron de inmediato y me observaron con miedo. Seis meses antes me habrían dicho algo como: ¡qué miras fenómeno!
Las ignoré y corrí para alcanzar a Kyra que se me había adelantado unos cuantos salones. David ya la tenía casi acorralada contra un casillero.

― Ríndete, no le gustan los hombres― supe, de inmediato, lo lesbiana que sonaba en ese momento y no me gustó.
― No hacía nada, no seas paranoica― se quejó alejándose.

La pelirroja me miró confundida.

― Te tengo un mejor plan que entrar a clase― propuse tomándola de la mano para arrastrarla por el pasillo que rápidamente se quedaba solo.
― ¿Qué? Pero… ¿quieres que me vuele las clases?― apenas y me seguía el paso.
― Por una vez que lo hagas no va a pasar nada― alcancé la puerta que daba al gimnasio y salimos por ahí.

Obviamente no la llevaría al primer lugar donde tuve sexo con Danielle, pero era la salida más rápida hasta el campo de futbol donde las porristas entrenaban por las tardes y que ahora era ocupado por los de club de atletismo.

― ¿A dónde vamos?― estaba un poco agitada por la carrera.
― Lejos― me limité a decir.

Lo que pocos sabían, tal vez porque los profesores procuraban custodiar esa zona, era que detrás de las graderías había una minicolina artificial hueca por dentro. La escuela no tenía presupuesto en esa época para comprar toda la arena necesaria para rellenarla, así que compraron una malla y sobre ella pusieron un poco de tierra y la cubrieron con césped artificial. Muchas chicas habían perdido su virginidad detrás de esa colina pero nadie, o pocos más bien, se atrevía a entrar debajo de las escaleras y ahí estaba la entrada a la colina. Cada mes debían revisar que la malla no estuviera cediendo al peso.

¿Y por qué yo conocía ese lugar? Porque la remodelación la hicieron durante mi primer año de escuela primaria, es decir, más o menos a mis 4 años. Muy pocos estudiantes éramos de esa generación.

― ¿Qué es este lugar?― preguntó mi novia apenas estuvimos dentro, moviendo la cabeza hacia todos lados.
― La escuela no tenía dinero para una colina real, así que esta de mentiras les salía menos costosa, fue hace mucho― respondí mientras la abrazaba por detrás.
― ¿Y por qué me traes aquí?― inquirió.

Le acomodé el cabello mientras empezaba a besarla.

― Porque…quiero…estar…contigo…todo…el…tiempo…― dije entre besos.

Noté que controlaba la sensación que mis besos le generaba.

― ¿Aquí venías con Danielle?― cuestionó.

Casi pude escuchar la tijera cortando el momento.

Suspiré con paciencia y la hice girar. Ok, me lo había ganado, fue mi decisión contarle, simplemente no podía quejarme.

― No, mi vida, nunca la traje aquí, de hecho, casi nunca vengo pero quería estar a solas contigo, SÓLO CONTIGO, ¿hago mal?― declaré mirándola a los ojos.

No respondió, así que le di un suave beso en los labios y la pegué más a mi cuerpo.

― Mi amor…sólo contigo, te lo prometí, ¿recuerdas?― insistí.

Hubo algo que noté diferente en Kyra desde que le contara toda la verdad y era el cambio en su mirada. El verde de sus ojos seguía tan intenso como siempre pero la expresión inocente, la que hacía que se sonrojara todo el tiempo, casi no se notaba. Su mirada era un poco más fiera en ese momento, tal vez porque la lastimé y le costaba confiar en mí, o porque sólo hasta que me concentré sólo en ella lo noté. La verdad, no sabría decirlo.

Asintió medio molesta.

― Si quieres, nos vamos― sugerí, no la obligaría a nada. Era obvio que confiar en mí, de nuevo, sería todo un proceso, y tenía derecho a tomarse su tiempo.
― ¡No!― exclamó aferrándose a mis brazos ― Lo siento, quedémonos― agregó jalándome hasta que nos sentamos contra una de las paredes.

Yo me recargué contra la malla y ella puso su cabeza contra mi hombro. La tomé de la mano y jugué con ella. Guardamos silencio por casi media hora.
Divagué entre varias cosas, la más importante, Kyra. Y me sorprendió no estar matándome la neurona pensando dónde y qué estaría haciendo Danielle en ese momento. Mi cabeza se ocupó sólo en ella. Empecé con cosas sencillas, ¿cómo lograr que su confianza retornara? ¿qué y qué no hacer para evitar que desconfiara? Recordé todas las cosas que me atrajeron de ella en esa fiesta donde la conocí. Su formas infantiles, cómo hablaba de su gato Morpheo, o Feo ―el que, por cierto, ya conocía y no me quería ni poquito―, su desentendimiento hacia muchas cosas, la facilidad con que se sonrojaba…
Pasé mi brazo por detrás de su cabeza y la acosté en mi regazo para acariciarle el cabello y el rostro. Poco a poco su respiración se fue acompasando como si se estuviera quedando dormida.

― Eres hermosa…― susurré.
― ¿Más que Danielle?― preguntó sin abrir los ojos.
― Deja de hacer eso, por favor― pedí enredando mis dedos en su cabello rojo sangre. Ese día lo llevaba con sus rizos naturales, salvó el mechón de enfrente que estaba alisado y peinado hacia un lado.
― ¿Hacer qué?
― Compararte con Danielle.
― ¿Eso significa que ella es mejor que yo?― atacó.
― Significa que no tienen comparación― aclaré.
― Tú misma dijiste que en la mascarada nos confundiste.
― Eso no quiere decir que sean parecidas.
― ¿Entonces qué quiere decir?
― Que tenía serios problemas mentales en ese momento para ver a tan pésima persona en una tan maravillosa.
― ¿Y quién es quién?

Suspiré.

― ¿Tú quién crees?― aunque sonara irónico, iba a usar la técnica de Danielle: deja que el otro se hunda solo con su terquedad.

Kyra lo pensó. ¡Lo pensó!

― Dime tú― acordó finalmente.
― ¿Con quién estoy en este momento?― cuestioné tomándola del mentón para que me mirara.
― ¿Con quién quieres estar?― replicó rápidamente.

¿En serio? ¡¿En serio?!

Suspiré de nuevo.

― Estoy contigo y quiero estar contigo, y creo que anoche lo dejé bastante claro― me esforcé en sonar tranquila pero, por la mirada de Kyra, supe que no lo logré.

Se puso de pie y empezó a caminar para salir. La alcancé a los pocos metros.

― Kyra, mi amor…― y preferí callarme y besarla.

Al principio no me respondió pero, cuando se dio cuenta de mi determinación, lo hizo. Pasé mis manos por su cintura y la pegué a mi cuerpo al tiempo que ella enredaba sus brazos en mi cuello. La inocencia del beso se perdió cuando ella empezó a respirar con algo de dificultad casi sonando como gemidos entre besos, y un “clic” en mi cabeza se transfirió a un vacío en el vientre.
Sin detener el beso, la hice retroceder hasta que quedamos contra la malla. Con esa fuerza de porrista que no sabía que tenía, hizo que me sentara en el suelo y ella se sentó sobre mí. Traté de contener el impulso de mis manos de recorrer su espalda pero ella empezó a apretar mi cintura al tiempo que enterraba sus uñas. Finalmente, separó sus labios de los míos y echó al cabeza hacia atrás dándome paso a su cuello. Interpreté eso como un permiso para más y me dejé llevar por el momento. Aprovechando mi distracción, desabotonó mi blusa y desapuntó mi sostén. Yo creo que eso era más que un beso. Así que procedí a desvestirla también. Sin embargo, cuando ubiqué el broche de su sostén para soltarlo y así quitarle la blusa y el sostén juntos, se puso de pie y se alejó dos pasos.

― ¿Quieres sexo conmigo o con Danielle?― preguntó por enésima vez.

Casi se me sale una mala palabra.

― ¿Qué te pasa? Todo iba bien…― me quejé. Sobre todo porque había sido ella quien me dejara semi desnuda en el suelo.
― Iba bien para tener sexo pero, ¿por qué lo quieres? ¿Porque Danielle no te lo dará más?― se me estaba volando la piedra en ese momento.
― Fuiste tú la que empezó a desvestirme― defendí.
― Quería ver qué tanto podías contenerte― reveló.

¡¿Quería ver qué tanto me contenía?! Era la segunda vez que esa chica me calentaba y me dejaba con las ganas hasta la garganta.
Preferí quedarme callada para que el enojo no aumentara. En ese momento sólo quería dejarla sola para que ella solita se mortificara con sus preguntas y comparaciones. Pero no lo haría, porque era normal que todavía se sintiera atacada por la presencia de Danielle. Yo también la sentía como un fantasma.

― Veo que no puedes…― dijo segundos más tarde.

Me masajeé las sienes para calmar la calentura. No tardé en retomar el control.

―OK, ya entendí, nada de sexo hasta que confíes otra vez en mí― me puse de pie y me vestí.

Noté que me observaba atentamente con las manos en la cintura y los ojos fijos en mi expresión.

― No― replicó de repente.

La miré mientras me abotonaba la blusa,

― ¿No qué?― si me decía que quería sexo, juro que me iba.
― Ni sexo, ni nada― declaró.

Parpadeé confundida.

― Te prohíbo que me toques hasta nuevo aviso― manifestó con expresión determinada.

Debía esta bromeando.

― Ok, entendí, ni sexo, ni besos apasionados, ni salidas a lugares solos― interpreté.
― No, ni me vas a tomar de la mano, ni me darás besos, ni me abrazarás, no me tocaras en absoluto hasta que dejes de compararme con Danielle― explicó.
― Yo no te comparo con Danielle― o por lo menos no desde la noche anterior pero me ahorraría el comentario.
― Sí lo haces― insistió infantil.

Apreté la quijada. Esa inseguridad era normal ¿no?

― Como quieras― levanté los hombros con fastidio.
― No me hables así, lo hago por el bien de esta relación― dio un paso al frente, casi como si quisiera imponer su voluntad.
― Como digas― y yo ya estaba fastidiada.
― No te enojes…― suavizó la voz.
― No me enojo, dices que no quieres que te toque, vale, como quieras, me da igual, es mi culpa ¿no?― por primera vez pensé lo mala idea que fue llevarla ahí.
― No es tu culpa pero, es lo mejor, ya verás― sí, ya vería…
― ¿Y cómo se supone que llevemos una relación en la cual ni siquiera puedo abrazarte o tomarte de la mano?
― Si aprendes a vivir sin tocarme todo será más fácil y tendremos una relación más fuerte― se veía convencida de eso.

Me ahorré la respuesta. Era mi culpa que todas esas cosas pasaran, me tenía que aguantar las consecuencias.

― Vámonos― ordené.
― Podemos quedarnos en el campo, nadie nos verá, a esta hora no hay clases a campo abierto― sugirió.

La seguí y me llevó al otro lado del campo, donde estaba el jardín que había hecho la maestra de biología durante su clase. Estaba muy bien ordenado; a un costado estaba el invernadero lleno de distintos tipos de flores, todas muy bien cuidadas. Afuera, estaban los árboles más viejos de la escuela que nunca derrumbaron por una protesta que hicieron los estudiantes de último año de ese mismo año cuando remodelaron e hicieron la colina falsa.

― Ven― invitó señalándome la sombra del árbol más grande.

Realmente no era muy alto, pero sí muy ancho. El tronco era como de 2m de grueso, y la copa era ancha y baja, como un hongo. Nunca supe qué tipo de árbol era pero era el preferido por muchos para descansar en su enorme sombra.

― Acostémonos― y se tendió en el césped.

No pude evitar mirar a mi alrededor antes de hacer lo mismo a un metro de ella.

― No puedes tocarme pero tampoco te tienes que hacer tan lejos― dijo.

Me acerqué hasta quedar a pocos centímetros. Mis brazos se quejaron por tenerla tan cerca y no tocarla.

― Esto es una tortura― confesé sin mirarla. Estaba concentrada en los pequeños haces de luz que se colaban entre las hojas. Ese árbol era relajante.
― Ya sabes lo que sentí― respondió también mirando hacia arriba.
― ¿Cuánto durará este castigo?
― No lo mires como algo malo.
― ¿Cuánto?― insistí. Era un castigo y punto.
― Ya veré― nótese que lo dijo en singular y no en plural.

Por primera vez en todo el rato que llevaba con Kyra me pregunté qué estaría haciendo Danielle. Pocas cosas la sacaban de sus casillas lo suficiente como para salir, literalmente, huyendo de la escuela.

…bueno, no la conocía, así que no podría hacerme una idea.

Giré la cabeza y me dediqué a mirar a mi novia. Los tonos verdes de los haces de luz resaltaban sus ojos y su cabello. Simplemente perfecta.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   11/1/2012, 03:59

CAPITULO 36

ESPECIAL SOBRE XIMENA Y ALEXANDRA

El amor después del amor, tal vez,
se parezca a este rayo de sol
y ahora que busqué
y ahora que encontré
el perfume que lleva al dolor
en al esencia de las almas
en la ausencia del dolor
ahora sé que ya no
puedo vivir sin tu amor.

Mi hice fuerte ahí,
donde nunca ví.
Nadie puede decirme quién soy
yo lo sé muy bien, te aprendí a querer
el perfume que lleva al dolor
en la esencia de las almas
dice toda religión
para mí que es el amor
después del amor.

El amor después del amor, tal vez,
se parezca a este rayo de sol
y ahora que busqué
y ahora que encontré
el perfume que lleva al dolor
en al esencia de las almas
dice toda religión
para mí que es el amor
después del amor.

Nadie puede y nadie debe vivir,vivir sin amor
una llave por una llave
y esa llave es mi amor
una llave por otra llave
y esa llave es tu amor.


El amor después del amor – Fito Paez



― Tú sabes que soy tu mejor amiga, Danielle― le dijo la pelirroja a la rubia un año antes de conocer a la morena. Es decir, tres años antes de los hechos actuales ― Pero…ese chico David que tanto te coquetea…me parece malas noticias― agregó bajando la voz.

Estaban en la cafetería de la escuela. Danielle ya era la reina, así que ser su amiga daba muchos créditos. Todavía no sabía nada de “sus poderes”. David y Jhon eran aspirantes al equipo de baloncesto, Ángel era parte de los rezagados con los cuales Danielle ni siquiera cruzaba miradas por accidente y Ximena era una persona totalmente diferente: era buena.

La porrista la miro sin expresión. David le parecía atractivo pero no mucho. Es decir, no pensaba en esas cosas. Su madre estaba enloqueciendo mucho por esos días y su padre prácticamente vivía con la asistente en casa.

― ¿Y qué tiene que ver que seamos amigas?― inquirió la rubia jugando con su comida pero sin probar bocado.
― No quiero que pienses que lo quiero para mí o algo parecido― aclaró la ojiverde.

De nuevo recibió esa mirada fría. Ximena todavía no descifraba a Danielle, llevaban juntas poco menos de un mes y fue por pura casualidad. A inicio del curso, Ximena era nueva en la escuela, y sin conocimiento de nada, en un receso se sentó en la única mesa que vio vacía y bonita, o sea, la de nuestra reina. Danielle llegó pero no se sorprendió. A decir verdad, no tenía amigos, sólo era la mal llamada reina de la escuela, conseguía todo lo que quería cuando quería, era la segunda al mando de las porristas ―la capitana de ese momento se graduaba ese año― y estaba bien. Pero, siempre sola en su mesa. Ni siquiera le pareció un atrevimiento sino, más bien, algo producto de la ignorancia. La aceptó como su amiga y como su futura recluta.

― No… ¿Cómo crees que pensaré eso?― soltó la aludida con sarcasmo sin que la otra lo notara. Se suponía que nadie lo sabía. O sea, nadie sabía que ella era lesbiana y que estaba un “poco” enamorada de Danielle. Sin embargo, la rubia, que tenía un sexto sentido para esas cosas, lo notó a kilómetros.
― Que bueno…porque sabes que…pues…yo te…estimo mucho― saltó fingiendo estar distraída en otras cosas.
― Claro…claro…― la otra sí que estaba pensando en otras cosas.

Un mes después de eso una estudiante fue transferida desde otra ciudad. La muy flamante Alexandra aparecía. De inmediato, su belleza morena atrajo la atención de prácticamente todos los chicos en la escuela y no demoró en recibir todo tipo de propuestas. Pero esta chica no era una cualquiera. De donde venia fue parte del grupo de las populares, una de las mejores porristas y, claro, el casi sex symbol que representaba en ese mismo momento. No fue difícil para ella notar la mesa exclusiva que, a pesar de estar ocupada únicamente por dos chicas, se notaba a kilómetros el respeto que todos les tenían. Un respeto que rayaba en el rechazo, ¿o miedo?

― Hola, soy Alexandra― se había acercado con su almuerzo a la mesa de Daniella y Ximena.

La pelirroja le sonrió amable. La rubia apenas y la miró.

― En mi otra escuela hice parte del equipo de porristas y puedo notar que ustedes también, tal vez podrían ayudarme a entrar al equipo, les aseguro que no se arrepentirán― declaro sin poner la bandeja en la mesa.

Con el saludo pudo diferenciar rápidamente quien mandaba y esa era la aprobación que debía esperar.

― Yo no soy la capitana del equipo, ella se siente en otra parte― respondió Danielle mirando la comida pero sin tocarla. Eran sus épocas de anorexia depresiva por todo lo que pasaba en su casa.
― Ah, ya veo…pero no importa, imagino que puedes influir en su decisión― soltó paciente.
― ¿Y cómo por qué debería hacerlo? Ni siquiera has completado un día aquí― la morena nunca pensó que la rubia fuera a responder eso. Estaba acostumbrada a esas rubias manipulables, como las que les dicen: “¿Qué te pasa? No importa cuánto te guste ese chico, tienes que mantener una imagen”, y hacían caso.
― Este…podría audicionar…― se le acababan los argumentos.
― Eso es cosa de la capitana, no mia― Danielle la miro, finalmente. Para ese segundo, ya media cafetería estaba prestando atención y Alexandra se empezaba a ver como una estúpida.
― Ok, podría hablar con ella más tarde pero, ¿me permitirías sentarme en tu mesa?― era su última carta: demostrarle a la otra que entendía su posición como dueña del lugar.

La rubia lo meditó unos segundos. Sin voltear a mirar podía saber que Ximena estaba muy nerviosa, temía una pelea o algo parecido. Era demasiado blanda y necesitaba de alguien que le diera un poco de carácter o se la devorarían en un año o dos.

― Claro, siéntate, bienvenida a nuestra escuela― y ese era el permiso que la morena esperaba casi temblando.

Triunfante, se sentó frente a las otras dos.

Las primeras dos semanas, todo fue viento en popa. Alexandra le daba ese ánimo que el grupo necesitaba y que Ximena no era capaz de proponer, y Danielle hacia un esfuerzo enorme por mostrarse interesada. Sin embargo, las espinas no tardaron en crecer en esas rosas.

― ¿Sabes? Alexandra a veces es muy alocada― comentó la pelirroja.

La rubia la miró interesada. Estaban en el salón esperando al maestro y la morena tenía otra clase.

― ¿Por qué lo dices?― toreo la porrista.
― Pues…siempre es ir a fiestas, salir con chicos, ir de compras…― enumeró. Lo cierto era que no le gustaba compartir tanto tiempo con una tercera persona.

Danielle captó la idea de inmediato.

― ¿Te cae mal?― preguntó con un tono sobreactuado que Ximena no alcanzó a captar.
― Pues…un poco…no me malinterpretes, sólo quiero lo mejor para nosotras― confesó bajando la voz. Un par de chicas dos puestos atrás empezaban a prestarles mucha atención.

El plural no pasó desapercibido para la de ojos castaños.

― Claro, te entiendo por completo pero, esa es su forma de ser, se supone que debemos ser nosotras quienes decidamos si le seguimos la corriente o no― sugirió para ver que mas sacaba.
― Pues…sí…pero…es una mala influencia ¿no?

Justo en ese segundo el profesor que dictaba la clase entró y Danielle aprovecho para blanquear los ojos sin que Ximena sospechara que era por sus palabras. Ahora resultaba que la pelirroja era posesiva y medio celosa, y que seguramente ni siquiera se había dado cuenta de lo que hacía. Lo último que quería una rubia era una acosadora. Su gusto por las mujeres no estaba activado en ese momento, sólo tenía ojos para su padre y para sentir celos de la asistente. Además, la pelirroja no era de su preferencia, demasiado manipulable, seguramente era de esas pasivas que había que mimar, y eso no le gustaba. Ella prefería disfrutar que alguien la hiciera disfrutar.
Esa tarde, después de clases y antes del entrenamiento, Danielle llamó a Alexandra.

― Hola Alexa― le dijo acostada en su cama. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era el truco más viejo del mundo, todo un cliché que funcionaria a la perfección.
― Hola Danielle, ¿pasa algo?― la morena era “buena” descifrando los cambios en los tonos de voz. Y la rubia era experta en fingir esos cambios.
― No pues…hay algo que quiero comentarte y no quiero que te lo tomes a mal― puso el altavoz y tomo un esmalte verde para arreglarse las uñas mientras tendía su trampa.
― Este…claro…dime, no te preocupes― Alexandra se asustó. Pensó que tenía algo que ver con su entrada al equipo de porristas. Justo ese sería su primer día.
― Mira, lo que pasa es que Ximena piensa que eres una mala influencia para nosotras― soltó endulzando la voz para sonar estúpida. No le gustaba ni poquito pero, tenía que hacerlo si quería quitarse a una futura acosadora de encima.

Al otro lado de la línea, la de ojos castaños se quedo paralizada por unos segundos mientras analizaba la situación. No tardó en pensar que la de ojos verdes quería alejarla porque la veía como una amenaza en su segundo lugar ante Danielle.

― Pero... ¿Por qué?― estaba comprando tiempo para crear argumentos para su defensa.
― Bueno, es que eres un poco fiestera, siempre estamos haciendo algo porque tú lo planeas…y andas con muchos chicos…― atacó la rubia.

Alexandra se indignó por lo último. Estaba plenamente consciente de su gusto desenfrenado por las mujeres y ya había hecho algunas maldades en el baño de las chicas con una o dos de cursos más bajos pero, le gustaba torear a los chicos, sólo para que nadie sospechara de su lesbianismo. Sus padres eran católicos empedernidos, si alguno se enteraba de sus preferencias se armaría un lio gigante. Estaba consciente de que serian capaces de internarla en un convento en el Himalaya o donde fuera que estuvieran los conventos más escondidos de las monjas más monjas del mundo. Y Danielle sabía la primera parte. En más de una ocasión la pilló mirándole el trasero a otras chicas.

― No es como si me acostara con todos los chicos― defendió bajando el tono de voz. Sus padres podrían estar escuchando y prefería ahorrarse las explicaciones.
― Eso no lo sabemos…― picó la otra.

Si Alexandra fuera hetero, tal vez se habría ofendido menos por la insinuación pero, ya que no lo era, tuvo que fingir un muy sobreactuado bufido.

― Déjame hablar con Ximena, yo me encargaré de aclararle las cosas― pidió maquinando cómo lanzarla de la azotea de la escuela sin que nadie lo supiera.
― Pero que no sepa que yo te lo comenté, no quiero que piense que soy una chismosa― la rubia se miraba las uñas e intentaba pensar en alguna película donde alguien hiciera un papel similar para copiarlo y sonar más convincente.
― No te preocupes Danielle, tú sabes que somos las mejores amigas― y la porrista supo que la morena no lo decía con doble intención como la pelirroja, cosa que la alivió porque supo que su plan iría viento en popa a partir de ese momento.

Ese mismo día, más tarde, fue el entrenamiento con las porristas y el grupo de tres estaba algo tenso.

― Bueno chicas, vamos a calentar con 4 vueltas a la cancha― ordenó la capitana del equipo.
― ¡Sí!― respondieron todas en coro iniciando la marcha.

Hubo silencio la mayoría del tiempo hasta que Danielle se separó de ellas con la excusa de hablar con la capitana sobre Alexandra para dar buenas referencias.

― No me parece justo que Danielle te ayude tanto para estar en la cuadrilla― se quejó Ximena.
― ¿Celosa?― preguntó Alexandra.

La pelirroja se detuvo y la miró con rabia.

― ¡Para nada! Pero no es justo con las demás que sí hicimos méritos para entrar― replicó retomando la carrera.
― Yo tengo méritos― declaró la morena.
― ¿Cuáles?
― Soy la mejor amiga de Danielle.

La ojiverde la fulminó con la mirada.

― No seas ridícula, acabas de llegar― defendió.
― A mí me parece que tu drama, y eso de andarle diciendo a Danielle que soy una mala influencia es por celos de que ella me prefiera a mí― ahora ambas se detuvieron.
― ¿Quién dice que te prefiere a ti?― Ximena tenía las mejillas coloradas de la rabia.
― Yo, y ella― Alexandra se sentía muy poderosa.

Danielle las observaba desde lejos.

― Controla tu harem, Bonnet― se quejó la capitana.

La rubia se rió.

― Déjalas, tienen que limar asperezas― intentó ocultar la risa tapándose la boca como si estuviera sorprendida.
― Pero no durante mis prácticas― reprochó la otra.
― Ok, ok― aceptó acercándose a las fieras.

Con unas cuantas palabras logró calmarlas un poco pero durante el resto de la tarde no hicieron más que pelear por las preferencias de la rubia, y esta sólo dejaba que su ego ―el de ambas―, se subiera.
Los días fueron pasando y las peleas se hicieron mucho más frecuentes. Ximena, curiosamente, empezaba a inventar mentiras para que Danielle rechazara a Alexandra y viceversa. Era como si la pelirroja se volviera como la morena para conseguir la atención de quien las hacía pelear. Y nuestra querida señorita Bonnet se relajó al notar que, a pesar de que se pelearan por ella, realmente no era el centro de atención. Las chicas dedicaban sus tardes a planear algo contra la otra, desde empujarla por accidente para que cayera en un charco hasta pasarle una tijera por el cabello “accidentalmente”. Pero, al final, ninguna hizo nada, porque Danielle las mantenía contenidas, al menos en su presencia.
Por fin, un día después del entrenamiento con las porristas, ambas se quedaron solas en las duchas por obra de la morena.

― Ahora sí, ¿cuál es tu problema?― las dos estaban en la ducha, todavía desnudas.
― Mi problema es que quieres toda la atención de Danielle y ni siquiera la mereces― Ximena la encaró tratando de ignorar la belleza frente a ella. Definitivamente era muy sensible a las bondades de las mujeres.
― ¿Cómo que no la merezco? ¿Quién te crees?― Alexandra avanzó y empujó a Ximena contra la pared.
― ¡¿Qué te pasa estúpida?!― La otra se reincorporó y le respondió el empujón. La morena se aferró al brazo de la otra y ambas resbalaron.

De inmediato, Alexandra intentó quitarse a la otra de encima pero, cuando la ojiverde intentó ponerse de pie, una de sus manos se apoyó en el seno derecho de la ojos chocolates, y entonces las dos se pusieron tan rojas como un tomate y, gateando, se separaron.

― ¡Ves lo que haces!― replicó la pelirroja.
― No fue sólo mi culpa― la morena se sentía muy nerviosa. Sólo hasta que sintió la entrepierna de su acompañante rozando su rodilla se percató de lo bonita que esta era.
― Tú empezaste― Ximena no hallaba cómo sostener la mirada hacia otro lado que no fueran los senos que acababa de tocar.

La discusión quedó hasta ahí, y los días siguientes apenas y se dirigieron la mirada. Danielle no entendió, por primera vez, que era lo que pasaba. Los chismes y los ataques se detuvieron. Apenas y se hablaban. Se ponían nerviosas cada que se les dejaba solas. La rubia nunca supo qué pasó esa tarde en las duchas pero no estaba lejos de hacerse una idea.

Un fin de semana, la porrista mayor decidió planear una pijamada en casa de Ximena aprovechando que sus padres no estaban. La morena y la pelirroja se mostraron no muy alegres por la idea pero terminaron aceptando.

― Como ya veo que se están arreglando y que no están peleando, ustedes dormirán juntas en la cama y yo me quedaré en el sleeping― anunció mientras se pintaban las uñas.
― No creo que…― tartamudeó Alexandra.
― Sin peros, no quiero peleas― y era su última palabra.

La noche de chicas era sólo una excusa para la rubia que no quería estar esa noche en casa, pues había notado que la asistente de su padre tenía un bolso muy grande, lo que significaba que se quedaba por más de un día.
La pijamada fue pasando tranquilamente; se contaron chismes de todas las personas que conocían en la escuela, Danielle les reveló que Jhon se le estaba insinuando mucho, se pintaron las uñas, comieron dulces y vieron pelis de terror. Era de las pocas ocasiones en que la rubia se daba el lujo de comportarse como una niña pequeña.
Cerca de las dos de la mañana, todas empezaron a bostezar y pronto se acomodaron para dormir.

― Hasta mañana― dijo la rubia acurrucándose en el sleeping.
― ¡Hasta mañana!― respondieron la pelirroja y la morena desde la cama.

Ninguna de las dos notó lo tensa que estaba hasta que casi se caen de la cama por acomodarse una tan lejos de la otra como les fuera posible.
Poco a poco se tomaron confianza hasta que ya estuvieron muy cerca.

― Alexandra― susurró Ximena ― ¿Estás despierta?― preguntó con un hilo de voz.

La morena murmuró que sí.

― ¿Te puedo preguntar algo?― bajó todavía más la voz sólo por si Danielle la escuchaba. Lo que no sabía es que la rubia estaba muy profunda por todo todo lo que había comido.
― Dime…
― ¿Te gustan las chicas?

La de cabello chocolate abrió los ojos y no respiró por varios segundos.

― Sí― contestó después de meditarlo.
― A mi también― confesó la otra.

No hablaron por un momento hasta que Alexandra sintió que Ximena tomaba su mano.

― ¿Qué haces?― cuestionó tratando de zafarse pero sin esforzarse mucho.

No hubo respuesta, sólo su mano siendo arrastrada hasta la oscuridad.
Se dejó llevar y, al segundo más tarde, pudo sentir un pezón duro y pequeño. Algo sobresaltada, se esforzó por ver en la oscuridad sin mucho éxito. Entonces su mano fue jalada hacia abajo debajo de unos pantys de encaje y sus dedos sintieron la humedad en el sexo de la pelirroja.

― Tócame― jadeó la ojiverde.

Asustada, la morena sacó su mano y le dio la espalda.

Ximena no entendió muy bien lo que había pasado, porque hasta donde recordaba, le gustaba Danielle, no Alexandra, y ella no era del tipo de chicas que se van entregando así como así. Claro que tampoco era del tipo de chicas que inventan chismes de otras. Algunas cosas habían cambiado de un tiempo para acá. Pero lo malo no era eso, sino la sensación que tenía en el vientre que tanto le molestaba. Tratando de no moverse mucho, se desnudó y empezó a masturbarse ahogando los gemidos entre los dientes apretados.

A la mañana siguiente, la rubia las levantó sacudiéndolas.

― ¡Chicas! ¡Tengo que irme! Mi padre me acaba de llamar para algo urgente, paso más tarde para que sigamos con nuestro fin de semana de mujeres― declaró y, sin más, salió corriendo. Su padre acababa de anunciarle que se marchaba con la asistente.

Medio dormidas y medio despiertas, las arpías se quedaron boca arriba en la cama hasta que se despertaron por completo.

La primera en levantarse fue Alexandra y, cuando lo hizo, sin recordar que había compartido cama con alguien más, se llevó la cobija con ella descubriendo que Ximena estaba completamente desnuda. Apenas esta recordó lo que había hecho durante la madrugada, tomó una almohada y se cubrió. Pero la morena no contaba con la sensación que tendría al momento de ver ese cuerpo y se abalanzó sobre ella lanzando la almohada al otro lado de la habitación.

― ¿Todavía quieres que te toque?― preguntó subiendo sus uñas por la pierna de la otra.

A la ojiverde se le escapó un gemido.

― Tomo eso como un sí― declaró pellizcando sus pezones con la mano libre.

Y entonces la besó. Era la primera vez que se besaban y ambas sintieron un fuerte corrientazo en la espalda que les indicaba que debían buscar algo más. Ximena se colgó del cuello de Alexandra y enrolló sus piernas en la cadera de esta para pegarla a su cuerpo.
Se besaron por varios minutos, casi sin aire, pero hasta la saciedad. Finalmente, la ojiverde notó que era la única desnuda y despojó a la castaña de su pijama.
Alexandra, con evidente más experiencia, tomó las riendas de la situación, y besando el cuello de su pareja, aprovechó sus piernas abiertas y metió sus dedos en la caliente humedad de esta haciéndola gemir. Luego, mordió y besó sus senos al tiempo que sus dedos entraban y salían con ritmo acompasado. Las mejillas de la pelirroja se habían sonrojado y esta no soltaba a la morena moviendo su cadera para sentirla tan profundo como fuera posible. La castaña sacó sus dedos pero siguió acariciando el clítoris de la ojiverde con maestría haciéndola revolcarse debajo de su peso. Minutos más tarde, Ximena llegó al climax. Cansadas, se acostaron una al lado de la otra.

― ¿Y ahora qué le diremos a Danielle?― preguntó la ojiverde apretando las piernas para contener la sensación entre ellas.
― Nada, no podemos decirle nada― respondió la castaña con deseos de repetir.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/1/2012, 16:58

CAPITULO 37

EL JUEGO


Ya es tarde para que te vea
Igual que lo hacía
En los días lejános de mi cotidiano eterno
Mira que ya todo es tan distinto
Estamos explotando
Uno tan cerca del otro y de pronto mi amor

Podemos hacernos daño
Podemos odiarnos tanto
Podemos hacernos daño
Podemos perder las riendas
Y encontrarnos en la guerra

Ves el tiempo cambia todo
Creiste usar al mundo
Pero fue el mundo el que te usó sin darte cuenta
Mira la vida tiene un solo aviso
Que dice que no sigas
y tu lo estás pasando y de pronto mi amor

Podemos hacernos daño
Podemos odiarnos tanto
Podemos hacernos daño
Podemos perder las riendas
Y encontrarnos en la guerra

Podemos hacernos daño
Podemos odiarnos tanto
Podemos perder las riendas
Y encontrarnos en la guerra


Podemos hacernos daño
Podemos odiarnos tanto
Podemos perder las riendas
Y encontrarnos en la guerra


Yo no quiero eso para tí
Yo no quiero eso para mi.

Podemos hacernos daño – Juanes



KYRA

― ¿Tienes tiempo por la tarde?― me preguntó Ángel esperándome a la salida de nuestra última clase.
― Pues…sí, supongo, Danielle pospuso la práctica de hoy― respondí mirándola confundida.
― ¡Perfecto! ¿Tus padres estarán por la tarde?― inquirió caminando a mi lado. Íbamos hacia mi casillero.

Alcancé a dar dos pasos más antes de caer en cuenta de su pregunta.

― Ríndete, todavía no puedes tocarme― declaré acelerando.
― No seas tonta, es por otra cosa― replicó.

Me detuve y la fulminé con la mirada. ¿Me acababa de llamar tonta con el mismo tono que usa Danielle?

― Lo…lo siento, no quise llamarte tonta― excusó de inmediato.
― No, no estarán― contesté siguiendo con nuestro camino.
― ¿Puedo pasar más tarde?― desde lo sucedido detrás de las graderías la semana pasada, Ángel se comportaba muy juiciosa conmigo.

Reconozco que extrañaba sus besos y sus abrazos pero iba a mantener mi palabra hasta que estuviera completamente segura de que no me comparaba con Danielle. Estaba determinada a hacer de ella una mejor persona.

― Tú sabes que sí― abrí mi casillero y empecé a guardar los libros y a sacar los que necesitaría.
― Entonces a las 4 llego a tu casa― y se alejó corriendo.

El pasillo se quedó solo poco a poco y yo aproveché para recargarme contra el casillero. Todavía no estaba segura de que hubiera tomado la mejor decisión aceptando a Ángel como mi novia de nuevo.
La idea de que las cosas pudieran terminar mal y que ni siquiera quedáramos como amigas, me aterraba. Tampoco había podido hablar con Daphne pues estaba de viaje en el extranjero con Michael y su familia y no tenía un número para localizarla.
Estaba muy confundida últimamente, a pesar de que hacía todo mi esfuerzo por evitar que Ángel lo notara. La quería, y la quería mucho pero, yo no había ganado nada. Lo que me atormentaba era que Danielle y yo nos habíamos “declarado guerra” por mi novia y, al final, no gané. Danielle se dio por vencida. La conocía, o por lo menos no me sorprendía por las cosas que ella hacía, y no se me haría en absoluto extraño que Ángel viendo a Danielle con su padre fuera un accidente muy bien planeado.

Cerré el casillero, y estaba a punto de irme cuando un perfume de durazno me llegó a las fosas nasales.

― Hola― saludó Danielle.

Acto reflejo, pegué mi espalda a los casilleros como si me fuera a atacar.

― Hola…― respondí más fuerte de lo normal. Si pensaba hacerme algo, al menos alguien sabría que estamos ahí.
― No te voy a hacer nada― aclaró. El tono dulce que usó un segundo antes desapareció.
― ¿Entonces? ¿Por qué apareces de la nada?― vale, no sólo estaba confundida últimamente, también algo paranoica. Danielle tenía una forma especial de prestar atención a los detalles y para ella no pasó desapercibida la falta de contacto entre Ángel y yo.
― Quería preguntarte algo…― y de nuevo el tono dulce, ¿era la única que se asustaba con sus altibajos?

Por seguridad, me deslicé hacia un lado, sólo por si acaso debía salir corriendo.

― Claro, dime― también hice el esfuerzo de sonar natural.
― ¿Sabes cocinar brownies?― preguntó sonriendo nerviosa.

Casi me caigo de la sorpresa.

― ¿Estás bien? ¿No tienes fiebre?― le toqué la frente para medirle la temperatura.

Quitó mi mano de un golpe y endureció la mirada.

― No seas ridícula, Kyra, sólo te hice una pregunta, recuerda que el equipo de porristas tiene que recaudar dinero junto con los del equipo de baloncesto para el siguiente juego de visitante, y haremos un lavadero de carros con venta de brownies, y como no tengo nada que hacer no se me ocurrió nada más inteligente que ofrecerme para hacerlos― explicó desviando la mirada.

Abrí mucho los ojos. ¿Desde cuándo Danielle daba explicaciones?

Ante mi silencio, blanqueó los ojos y suspiró.

― No me interesa cuál sea tu juego con Ángel para que no la dejes tocarte, ni tampoco me interesa cómo va la relación de ustedes, y si quisiera saberlo créeme que no tendría que preguntarte, así que, ¿sabes o no hacer brownies?― declaró con las manos en la cintura.

No sabía exactamente qué me sorprendía más, que supiera lo que estaba pensando, que no le importara, o que me estuviera pidiendo ayuda sobre recetas de cocina.

― Estás colmando mi paciencia, Malek…― se quejó haciendo ruido con sus botas.
― ¡Sí! ¡Sí sé!― exclamé.
― ¿Y te quedan ricos? ¿Son comestibles?― cuestionó endulzando la voz.
― Se vendían muy bien en mi anterior escuela, los hacía para eventos de las porristas también― confesé.
― Perfecto, envía la receta a mi e-mail con medidas exactas de los ingredientes y explicación paso a paso de todo lo que debo hacer― ordenó girándose para irse.

La observé caminar. El contoneo de su cadera ciertamente era atractivo, y no exagerado. La minifalda tipo escocesa que llevaba puesta combinaba con las medias de malla y las botas negras. Más arriba, una blusa negra cuello bandeja y algo abombada en los hombros le daba una apariencia gótica que no había notado sino hasta ese último momento. Era extraño ver a personajes como Danielle usando ropas oscuras en lugar de rosas, naranjas, y demás colores pasteles. Claro que si te veías como Danielle ¿quién se quejaría?

― ¡Espera!― pedí alcanzándola.

Sus ojos estaban oscurecidos con maquillaje negro pero sus labios estaban vírgenes.

― ¿Estás segura que no te importa lo que esté pasando entre Ángel y yo?― y yo era una masoquista ¿no? Malo porque estaba y malo porque no estaba, ¿quién me entendía?

Me miró inexpresiva. Primero giró la cabeza, luego el cuerpo entero. Podía sentir que me estaba leyendo para buscar la respuesta más adecuada.

― Un poco de sinceridad, ¿por favor?― pedí sonrojándome y sonriendo nerviosa con un ridículo temblor que me hizo quedar peor.

Levantó una ceja y se cruzó de brazos.

― ¿Qué diablos te importa lo que piense?― ¿era mi impresión o Danielle se comportaba un poco diferente?
― Pues…si estoy con Ángel es porque la dejaste ir, no porque ella se alejara, ¿o me equivoco?― de repente me puse nerviosa. Nunca había hablado en esos términos con Danielle estando solas.
― Piensa lo que quieras
― ¿Eso qué significa?

Me fulminó con la mirada.

― Ya la tienes, ¿ahora te interesa lo que yo piense? No seas masoquista Kyra, deja las cosas de ese tamaño y concéntrate en mantener tu relación― espetó conteniendo las ganas de abofetearme apretando sus puños.

Los ojos se me abrieron como platos.

― Te duele…― susurré.

Su expresión de ira no cambió.

― Todavía la quieres, ¿verdad?― la respuesta era muy obvia, olvidar a una persona no era una cuestión de días.
― Que no se te olvide enviarme esa receta― y se alejó contoneando su cadera.

Quedé igual que al principio, confundida.

Esa tarde llegué a casa y fui directo al computador para enviarle la receta a Danielle. No sé exactamente por qué lo hice, tal vez fue su forma de pedírmelo. Es decir, acercarse muy tranquila y sin mostrarse altiva, tenía algo que ver.
Tardé mucho haciendo una descripción exacta de todo, no era muy buena escribiendo recetas, de hecho, las cocinaba por inercia. Pero mientras lo hacía, mi cabeza empezó a divagar.

Quería ser honesta conmigo misma antes de llevar las cosas a un punto del cual no había retorno y, mientras escribía, empezaba a entender algunas cosas.
Muy probablemente lo que me atrajo de Ángel fue su parecido con Daphne, no sólo en el físico, sino también en la actitud. Eso lo pensé la noche de la fiesta cuando la conocí. Era como mi propia Daphne lesbiana. Bueno, bisexual, pero nadie es perfecto…
El caso es que…el hecho de que Ángel volviera conmigo sólo porque Danielle se encargó de hacer que la odiará no me dejaba en paz. No podía olvidar esa noche que Ángel llegó a rogarme llorando, y me partía el alma recordarla en ese estado…tan…disminuida…

…tan asustada…

Esa era la palabra, miedo, la misma Ángel lo había dicho, no quería enamorarse de alguien como Danielle, quería enamorarse de alguien como yo. ¿Qué sería peor?
Desde esa noche, mi novia no había vuelto a ser la misma. No sé cómo describirlo, sólo lo percibía. Era como si fuera mucho más paciente. La ocasión en que no quise tener sexo con ella en el juego de visitante se marchó enojada por lo caliente que estaba. Hacía una semana, en su escondite detrás de las graderías del campo, se había mantenido tranquila. Es decir, a comparación de la vez anterior. ¿Sería posible que las acciones de Danielle calaran tan profundo en Ángel que la volvió, en apariencia, inmune a las acciones de los demás?

Justo cuando presioné enviar, sonó el timbre.

― ¡Ya voy!― exclamé corriendo escaleras abajo.

Me asomé por el ojo mágico antes de abrir la puerta y vi a Ángel cargada con muchas bolsas. Abrí la puerta y la miré extrañada.

― ¿Qué es todo esto?― pregunté.
― Hola mi amor, ¿cómo estás?― inquirió ella a modo de burla.

Suspiré y la dejé pasar.

― ¿Qué piensas hacer?― no sé por qué me entró el pánico.
― Cocinar para ti― respondió caminando hacia la cocina.

Eso sí que me tomó por sorpresa.

― ¿Cocinar?― lo repetí como si no entendiera la palabra.
― Sí, quiero enmendar muchas cosas, así que empezaré por cocinarte algo delicioso― explicó empezando a desempacar todo sobre la barra.

No podía saber si esa actitud era normal pero estaba completamente segura de que nunca se comportó así con Danielle, así que la probaría un poco más.

― Vale, como quieras, iré a tomar una ducha para no distraerte mientras cocinas, ¿te parece?― comenté.
― Ok, no hay problema― acordó buscando los utensilios que usaría.

Subí a mi habitación y me acosté en la cama mirando hacia el techo.
Tenía miedo de darme cuenta que no amaba a Ángel tanto como creía.
Poco a poco el olor de la comida invadió la casa, e incluso podía sentirlo estando dentro de la ducha.

¿A dónde quería llegar con mi juego de “no tocar”? Yo misma me moría de ganas por uno de sus abrazos o sus besos y, a ratos, pensaba que la excusa de “enseñarle a controlarse” era tan estúpida como yo creyéndola.

La cabeza ya no me daba más. Simplemente no sabía qué pensar. ¿Era amor o necesidad? ¿La quería o sólo prefería no estar sola? ¿Me gustaba Ángel o su parecido con Daphne? ¿La quería a mi lado o era mi orgullo por “ganarle” a Danielle?

Salí en toalla y fui hasta la cocina cuando escuché un fuerte estruendo de las ollas.

― ¿Estás bien? ¿No has incendiado la cocina?― pregunté apenas cubriéndome con la toalla mojada.
― No, sólo se me cayeron unas ollas pero la comida ya casi está lista― respondió desde el piso acomodando todo en su respectivo cajón.
― Menos mal…― suspiré.

Se puso de pie y se me quedó mirando.

― Wow amor… ¿Y viniste a desfilar para mí?― curioseó juguetona.
― ¡No seas tonta!― me sonrojé ― Sólo bajé a ver qué había pasado― excusé.
― ¿Segura? ¿No venías para antojarme un poco?― empezó a acercarse lentamente.
― Ángel…estás cocinando, no te distraigas― pedí retrocediendo.
― Pero eres muy hermosa, ¿cómo voy a ignorarte cuando estás así?― ya estaba muy cerca.
― Porque tenemos un trato…― mi espalda tocó pared.
― Podemos hacer un paréntesis― sugirió. Una de sus manos se apoyó al lado de mi cabeza mientras la otra pasaba cerca de mi cuerpo sin tocarlo.
― No, no podemos― tragué saliva.
― Claro que sí…― susurró acercando su rostro para besarme.

Por un momento, un segundo muy largo, cerré mis ojos para besarla. No me tocaba pero mi cuerpo estaba lleno de electricidad; quería estar con ella sin importar nada. Pero, justo antes de caer bajo su hechizo, caí en cuenta de lo que hacía. O, más bien, no me di cuenta de lo que iba a hacer.

La empujé y le di una bofetada.

― Te dije que no― repetí.

Ángel dejó su rostro ladeado hacia un lado por el golpe con los ojos muy abiertos y el cuerpo rígido. En menos de nada su mejilla se tornó rosada y yo sentí un hormigueo en la palma de la mano. ¿Tan fuerte la había golpeado?

Poco a poco, su expresión de sorpresa fue evolucionando a una inescrutable bajo la cual, estaba segura, se escondía mucha ira.

― Lo…lo siento…― tartamudeé cuando empezó a moverse.

Su mano fue hasta la mejilla y la palpó.

― Será mejor que me vaya― dijo sin mirarme.
― ¡No! ¡Por favor! ¡Lo siento mucho!― la abracé por la cintura.
― No me toques― ordenó con voz seca.

La solté por estúpida.

― Lo siento, te dije que no lo hicieras― la estaba siguiendo hasta la puerta.
― Tú te lo buscaste, Kyra― me dolió que me llamara por mi nombre.
― Pero amor…teníamos un trato― ¿por qué insistía con eso?

Ángel abrió la puerta.

― No te vayas, perdóname, no quise pegarte, no sé por qué lo hice― le sujeté un brazo y estaba intentando alejarla de la puerta pero ella era más fuerte que yo.

Se sacudió el brazo y abrió la puerta.

― Le haré honores a tu estúpido juego― declaró y azotó la puerta tras de sí.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/1/2012, 18:22


CAPITULO 38

EN LA COCINA...


I remembered black skies
The lightning all around me
I remembered each flash
As time began to blur
Like a startling sign
That fate had finally found me
And your voice was all I heard
That I get what I deserve

So give me reason
To prove me wrong
To wash this memory clean
Let the floods cross the distance in your eyes
Give me reason
To fill this hole
Connect the space between
Let it be enough to reach the truth that lies
Across this new divide

There was nothing in sight
But memories left abandoned
There was nowhere to hide
The ashes fell like snow
And the ground caved in
Between where we were standing
And your voice was all I heard
That I get what I deserve

So give me reason
To prove me wrong
To wash this memory clean
Let the floods cross the distance in your eyes
Across this new divide

In every loss
In every lie
In every truth that you'd deny
And each regret
And each goodbye
was a mistake too great to hide
And your voice was all I heard
That I get what I deserve

So give me reason
To prove me wrong
To wash this memory clean
Let the floods cross the distance in your eyes
Give me reason
To fill this hole
Connect the space between
Let it be enough to reach the truth that lies
Across this new divide

New divide – Linkin Park


ÁNGEL


No sé exactamente qué pensé cuando sentí el ardor en la mejilla. Tal vez algo de ira, nunca nadie me había abofeteado. Pero la ira no era por eso precisamente, era porque me había abofeteado mi novia sólo porque quise besarla. Tampoco me sentí explotar como lo habría hecho en otra ocasión; sólo me marché.

Ese juego suyo, ese tonto juego, me tenía con estrés todo el tiempo pero, de tanto tiempo con Danielle, ya ni se me notaba. Me parecía una gran estupidez, ella sola se comparaba con la rubia, yo hacía tiempo había comprendido las diferencias.
Pero me dio mucha rabia lo que hizo, así que me fui de esa casa directo con la persona que podría responder todas mis inquietudes. Sí, Danielle Bonnet. Aunque sentía un extraño odio hacia ella, sabía que ninguna otra persona podría responderme.

En el camino pensé lo curioso que era que de una u otra forma, siempre terminara en su puerta, hiciera lo que hiciera. Sin embargo, no vacilé el paso en ningún momento. Estaba completamente segura de que ella podría ayudarme, aún si la idea me disgustaba.

Cuando estuve en su puerta me tomé unos segundos para pensar. ¿Qué pasaría si cruzaba el umbral? Estaba decidida a serle fiel a Kyra incluso con sus juegos y demás ocurrencias. ¿Danielle influiría en mí de la misma manera? ¿O ese odio extraño, más bien fastidio, lo evitaría? ¿Influía o yo sólo se lo permitía? Sonreí para mí misma y preferí quedarme con la duda. Tenía la esperanza de que ella tampoco intentara nada. Y por lo que la conocía, estaba casi segura de que no lo haría. El “casi” era lo que me atormentaba.

Cuando toqué el timbre, nadie apareció para abrirme, así que insistí. ¿Sería tan desafortunada de no encontrarla en casa?

― ¡Adelante!― gritó una voz dentro de la casa.

Recordé tener una copia de la llave en mi bolsillo. Tenía que deshacerme de ella apenas saliera. Abrí la puerta sin necesidad de la llave pero me quedé en la sala sin saber dónde estaba.

― ¡Estoy en la cocina, tonta!― declaró.

¿Cómo supo que era yo?

Empezando a dudar de lo buena ―o mala― idea que fue ir a ese lugar, abrí la puerta de la cocina y me encontré con algo que nunca pensé que viviría para ver.

En el mesón había ingredientes para algún tipo de postre; harina, azúcar, chocolate ―mucho chocolate―, sal, leche, huevos, etc. Danielle tenía una batidora en una mano y un tazón con alguna mezcla en la otra. A diferencia de lo que hubiera pensado un segundo antes de entrar, el lugar no daba la impresión de que un huracán hubiera pasado por ahí, ni había desorden, ni manchas de mezcla en el techo. La rubia estaba inmaculada, como esos cocineros de la televisión. Tenía el cabello recogido con unos palos chinos y llevaba un delantal puesto.

― Siempre pensé que comprabas la cocaína, ahora veo que la preparas tú misma― comenté apenas apagó la batidora.

Me miró sin sorprenderse. Tomó una copa de vino y bebió un poco.

― Lo estaba esperando, Sr. Bond― dijo con voz seria y sobreactuada recargándose contra el mesón.

Solté la carcajada. Definitivamente ella era mejor rompiendo la tensión que yo. Dejé de reír apenas recordé lo de su padre.

― Sigue, toma una galleta, necesito una opinión― indicó segundos más tarde concentrándose en su labor ignorando mi cambio brusco.

A un lado del horno ―que estaba encendido― había una bandeja con galletas, algunas con chispas de chocolate y otras con chipas de colores. Tomé una de colores.

― Creo que necesitan un poco más de dulce y menos tiempo en el horno pero comestibles por cualquiera que no use caja de dientes― declaré.
― Bueno, al menos no tienen droga― se defendió ella.

Busqué un sitio en el mesón y me senté a observarla. No podía ser posible que la odiara tanto. Estaba resentida, tanto por lo que hizo como por la reacción que yo tuve. Así no me gustara, debía admitir que la cotidianidad entre nosotras era relajante.

― ¿Qué haces?― pregunté finalmente terminando mi galleta.
― Venderemos postres en el lavado de carros que pensamos hacer, muy tontamente me ofrecí a hacer los postres― respondió midiendo un poco de trago de café en un caballo de tequila.
― No sabía que supieras cocinar― el olor a chocolate era penetrante.
― Y no sé hacerlo a menos que siga una receta muy específica― explicó.

Ante mi silencio, me alcanzó un trozo de brownie.

― Prueba eso, creo que están mejor.

Estaba esponjoso por dentro y el chocolate de la cubierta se deshizo en mi boca.

― Sí, está delicioso― era cierto.

Entrecerró los ojos analizando mi expresión.

― Vale, te creo, al menos se venderán― encogió los hombros y siguió con su mezcla.

De nuevo el silencio.

La situación era bizarra desde mi punto de vista. Danielle y yo estábamos teniendo un encuentro no sexual y, de hecho, hasta casero. Se sentía tan raro como bañarme con la ropa puesta. Pero se sentía bien. A medida que los segundos pasaban, una sensación de calidez, tranquilidad y amistad me fue llenando hasta arrancarme una sonrisa. La rubia y yo podíamos ser amigas sin ningún tipo de compromiso extra. Tal vez eso era bueno.

― ¿Cómo supiste que era yo?― puse la mejilla sobre la palma de mi mano.
― ¿Cuándo has visto que alguien más venga sin que yo lo invite?― replicó sin mirarme.
― Una vez vino Jhon…― insinué.
― Se supone que vendría más tarde, así que no fue mayor sorpresa― explicó.

No discutí ese punto. Era cierto que yo tenía algunos privilegios.

― ¿No te sorprende verme aquí?― me aventuré. Al igual que la rubia, le tomé fastidio a los silencios incómodos.
― ¿Debería?
― Ya casi ni nos hablamos en la escuela, y la última vez que estuve aquí pues…― dejé la frase al aire, se sobre entendía.

Sacó una refractaría y empezó a untarla con mantequilla de cocina.

― Es que te dedicaste a besuquearte con tu noviecita, es difícil hablar con alguien que tiene la boca llena― levantó los hombros.
― ¿Celosa?― piqué ensanchando la sonrisa.
― Puedo besuquearme con mi padre cada que quiera― respondió, como siempre, recordándome mi lugar en la conversación.

Vertió la mezcla en la refractaria y la puso dentro del horno. Luego, empezó a llenar el mismo recipiente con más harina, leche y huevos.

― ¿Cuántos tienes que hacer?― noté las cantidades de harina que había en la cocina.
― ¿200?

Se me abrió la boca de la sorpresa.

― ¿Por qué tantos?― empecé a contar las cáscaras de huevo que veía cerca.
― Acude mucha gente cuando hacemos un lavado de carros, no hay nada que venda más que porristas en bikinis mojados y llenas de jabón, el año pasado lavamos carros, así que hacemos cuentas de que a 200 les gustarán los brownies― explicó sin mirarme.
― ¿200 carros en una tarde?― intenté hacer las cuentas.
― No sé quién eras antes de conocerme pero nuestro lavado de carros dura todo el día― sonaba ofendida.
― Lo siento, tenía una vida antes de conocerte― defendí.
― Sí, fuera de la escuela, evidentemente.

¿Y a qué a había ido a esa casa? Por alguna extraña razón parecía que se me había olvidado.

― Vale, vale, te regalo otro brownie cuando estén listos― declaró a los pocos segundos.
― ¿Es tu forma de pedir disculpas?
― Es mi forma de pedirte que no te quedes callada porque me molesta― ¿cortante era la palabra que buscaba para describir su actitud? No, cuando Danielle era cortante podías sentir el filo de las palabras.

Encogí los hombros y la seguí observando.

― ¿Qué opinas de mi relación con Kyra?― ¿Qué caso tenía darle más largas al asunto?

Masculló algo entre dientes que no alcancé a comprender.

― ¿Qué importa mi opinión?― noté que no me miraba.
― Tú y yo tuvimos algo…
― Sólo tuvimos sexo, nada serio― replicó interrumpiéndome.

La palabra que buscaba era “nerviosa”. Se comportaba a la defensiva.

― ¿Nada serio?― repetí sintiendo como algo en mi pecho se removía incómodo.
― ¿Quieres pensar que fue otra cosa?― me clavó sus ojos casi dorados sin expresión.
― ¿Lo era?― presioné. ¿A dónde quería llegar con eso?
― No― sabía que mentía pero sonó tan convincente que casi le creí.

Me puse de pie y fui por otra galleta para distraerme la boca. Sin saber qué decir, di vueltas por la cocina husmeando en los cajones como si buscara, en ellos, las palabras adecuadas.

― Mientras seas feliz, no es mi problema, teníamos un trato y no se cumplió, no es la gran cosa― sólo hasta unos segundos más tarde me di cuenta que dijo “no se cumplió” sin especificar quién no lo hizo.
― Entonces, ¿no te importa?― me paré a su lado y la tomé los hombros para que me mirara.

“Mientras seas feliz, no es mi problema”. Y si no era feliz, ¿se volvía su problema?
Como siempre, controló todos y cada uno de los músculos de su cuerpo y me respondió la mirada.

― No― si pudiera escuchar su corazón, juraría que el ritmo estaría tan tranquilo como si durmiera.

La solté y regresé a mi silla.

― ¿Ya pensaste cuál será la prueba para Kyra?― me refería a “El círculo”.

Apretó la mandíbula como si estuviera mordiendo el piercing de la lengua.

― Será una “búsqueda del tesoro”― contestó medio sonriendo.
― ¿Y qué buscará?
― Es una sorpresa…― la sonrisa se hizo más grande.

Me terminé de comer la galleta en silencio.

Tres meses antes, si me encontrara en esa situación con Danielle, el chocolate no estaría sobre unos brownies sino sobre su cuerpo mientras yo lo recogía con algunas fresas pasando mi lengua por todas partes. Ningún escalofrío recorrió mi espalda al imaginarlo y concluí que mi cuerpo era más difícil de descifrar que la misma Danielle.

― Kyra está convencida de que estoy con ella sólo porque te encontré con tu padre, jura que pienso en ti mientras estoy con ella― solté sin más.
― ¿Lo haces?― dejó el mezclador y el recipiente a un lado. Apoyó las manos sobre el mesón y me observó atenta.
― No― y era la verdad.
― ¿Entonces por qué piensa eso?― medio me escurrí en la silla demostrando mi frustración.
― No tengo ni la más mínima idea― digo cada palabra separada de la anterior ― Por eso vine, supuse que si alguien podía entenderla esa eras tú― eché la cabeza atrás para mirar el techo.
― Bueno, pues le contaste que le fuiste infiel conmigo, debe sentirse insegura y pensar que lo harás de nuevo― analizó.
― ¿Cómo te suena el plan?― bromeé levantándole las cejas.
― ¿En serio?― me levantó una ceja con fastidio y regresó a sus labores.

¿Sonó ofendida o sólo fue mi paranoica impresión?

― Ok, me pongo seria, ¿entonces? ¿Qué puedo hacer?― la miré suplicante.
― Debe haber una razón por la cual ella se siente tan insegura después de que cortaras conmigo y te fueras con ella, por eso no te cree― midió otra copa con licor de café.
― ¿Y cómo lo averiguo?

No respondió. Pensé que no me había escuchado, pero por su expresión supe que no lo sabía y que, aun si lo supiera, no me lo diría.
De nuevo, lo único que se escucho en la cocina fue la mezcla revolviéndose sin problema en el recipiente. ¿No se le cansaría el brazo?

― ¡Es que estoy cansada de su jueguito de no tocarnos!― me quejé y escondí la cabeza entre los brazos sobre el mesón.

Escuché que la mezcla dejó de moverse.

― Presiónala― sugirió.
― ¿Por qué crees que estoy aquí?
― ¿Qué hiciste?― preguntó con interés.
― Iba a cocinarle algo, se apareció en toalla después de darse una ducha, intenté besarla y cuando me acerqué me dio una cachetada― relaté sin levantar el rostro.
― ¿Y lo hiciste a la fuerza o te acercaste lentamente?
― Lo segundo.

Suspiró. No entendí por qué y tampoco tenía ánimos de saberlo.

― Dale más tiempo― no me sugería nada, estaba indagando con grandioso disimulo qué y qué no había hecho.
― Lleva una semana así, me gusta besarla y abrazarla, no sabes cómo me siento al no poder hacerlo― yo era la víctima y nadie me diría lo contrario.
― ¿Y por qué empezó con ese juego?― no escuché nada más, así que asumí que seguía observándome.
― Estábamos…por ahí, fue el día que te enojaste en el comedor y te fuiste, hablamos un rato y luego…pues la cosa se empezó a calentar, ya sabes…― de repente me puse nerviosa por hablar de sexo con Danielle, irónico ¿no? ―…y ya íbamos a hacerlo pero se arrepintió y dijo que no haríamos nada hasta que estuviera convencida de que no la comparaba contigo― medio levanté el rostro para mirarla.
― Vale, te haré el favor de averiguar qué le pasa, pero sólo porque te gustó mi brownie ― dijo finalmente.

Por alguna extraña razón supuse que esa frase tenía más de fondo que simplemente “averiguar”.




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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/1/2012, 19:17

CAPITULO 39

ESTOY LISTA


Come up to meet you,
Tell you I'm sorry,
You don't know how lovely you are.

I had to find you,
Tell you I need you,
Tell you I set you apart.

Tell me your secrets,
And ask me your questions,
Oh, let's go back to the start.

Runnin' in circles,
Comin’ up tails,
Heads on the science apart.

Nobody said it was easy,
It’s such a shame for us to part.
Nobody said it was easy,
No one ever said it would be this hard.
Oh, Take me back to the start.

I was just guessing,
The numbers and figures,
Pulling the puzzles apart.

Questions of science,
Science and progress,
Do not speak as loud as my heart.

Tell me you love me,
Come back and haunt me,
Oh, when I rush to the start.

Runnin' in circles,
Chasin’ tails,
Comin' back as we are.

Nobody said it was easy,
Oh, it's such a shame for us to part.
Nobody said it was easy,
No one ever said it would be so hard.
I'm goin' back to the start.

The scientist- Coldplay



KYRA

Me enteré de que Danielle estaba en coma porque David me escribió un e-mail. Era media noche en Berlín cuando lo leí y sentí una punzada en el corazón.
Sin entender muy bien por qué, me puse a llorar de inmediato. Fue incontrolable y mi compañera de habitación, con quien vivía desde que entrara a esa universidad, se me acercó asustada apenas me escuchó gemir de tristeza.

― Kyra, ¿qué te pasa?― Marcela era mexicana.
― No lo sé― confesé entre lágrimas.

¿Lloraba por la rubia? ¿En serio lo hacía?

― ¿Quieres que llame al monitor para que te lleven a enfermería? ¿Te duele algo? ¿Te pasó algo?― la chica estaba realmente asustada. Y claro, ¿cómo no? Si de repente me había puesto a llorar como una loca.
― No, sólo dame un momento― apenas y podía hablar.

Estaba de rodillas, llorando con tanta fuerza que el pecho me ardía y sentí como si la garganta se me desgarra de adentro hacia afuera. Después de casi medio año, por fin, podría hablar con Ángel.

Marcela me hizo un té con algunas hierbas y me quedé dormida. Al día siguiente, apenas me levanté, fui a buscar unas cabinas para llamar a Ángel. Eran 7 horas de diferencia.

Timbró seis veces antes de que contestara.

― ¿Aló?― sonaba extrañada.
― ¿Ángel?― pregunté con el corazón palpitándome a mil por hora.
― ¿Con quién hablo?― sonaban carros a lo lejos. Tuve miedo de responder y que por la distracción terminara siendo atropellada por un carro.
― No estás cruzando una calle, ¿verdad?― inquirí.

Hubo silencio.

― ¿Quién eres?― repitió, esta vez con rabia.
― Soy Kyra― me apresuré a decir antes de que me colgara.

Casi la pude imaginar paralizada en la mitad de una avenida.

― ¡No te quedes quieta! ¡Si estás en medio de una calle corre!― la gente en las cabinas me miraba extrañada pero ninguno parecía entender español.

No respondió pero el ruido a su alrededor disminuyó. Probablemente había entrado en algún lugar, sonaban de fondo muchas conversaciones.

― ¿Ángel? ¿Estás bien?― insistí.
― Kyra está muerta, no me parece gracioso― declaró con tono neutro.
― Soy Kyra, por favor Ángel, yo sé que ha pasado mucho tiempo…
― Danielle dijo que estabas muerta― y me colgó.

Suspiré apoyando la cabeza contra la puerta de la cabina. Eso significaba una cosa: debía regresar para hablar personalmente con ella.
Afortunadamente, sólo faltaban dos días para terminar las clases, así que hablé con algunos profesores y me dieron la oportunidad de presentar los exámenes finales antes que los demás.
Mientras iba en el avión de regreso a mi país, no pude evitar pensar en el día en que nuestra vieja relación cambió: tanto para bien como para mal.



********************



¿Ella aceptó las condiciones? ¿En serio?
Después de que azotara la puerta me había quedado observándola durante un largo rato, como si estuviera en shock. La sensación en la palma de mi mano no se había ido y eso sólo me alteraba más. ¿Ella veía mis reglas como un juego?

Me senté en el piso, en el mismo lugar donde me había quedado de pie viéndola salir y esperé. Pasaron algunas horas y mis padres llegaron.

― ¡Hija! ¿Estás bien?― preguntó mi madre angustiada.

La miré como si no la reconociera.

― Sí― respondí poniéndome de pie como un robot.

Mi padre me analizó desde su lugar pero me dejó marcharme. Mientras subía las escaleras escuché los gritos de mi madre desde la cocina. Lo que fuera que Ángel estuviera haciendo antes de marcharse, ya debía de estar quemado y la cocina ahumada. Pero no me reclamaron.
Me encerré en mi habitación y me senté en la cama abrazándome las rodillas. ¿Por qué las cosas eran tan difíciles entre nosotras ahora? Sí, seguramente porque yo había perdido toda mi confianza en ella sin importar que la hubiera perdonado. Pero, ¿qué podía hacer? Es decir, era cierto que me había engañado, incluso cuando yo ya supiera que lo hacía, vino y tuvo el cinismo de admitirlo en mi cara. No lo hizo por cinismo, lo hizo porque se sentía “honesta”. Nada más lejos de la realidad.

Recordé el día que conocí a Ángel. Estaba sentada en un columpio y se le notaba confundida. Esa noche yo sí que lo estaba pero, me agradó la charla con ella y me encantaron las sonrisas que me regaló. El beso me había confundido más de lo que ya estaba y no pude sacármelo de la cabeza.

¿Hubiera preferido que me fuera infiel con un hombre cualquiera que con Danielle? Probablemente no. Lo que peor me ponía de la situación era que la rubia estuviera implicada. De todos los lugares donde pude terminar estudiando, llegué donde ella es la reina. ¿Cómo podía reconstruir mi propia personalidad si todos los días me encontraba con la representación perfecta de lo que fui antes?

Pensé en Daphne y en aquella ocasión cuando casi asesino a media escuela sólo porque ella no estaba conmigo. Reí nerviosa. ¿Cómo pude llegar a tan bajo punto? Cuando compré la gasolina y empecé a regarla por los pasillos mi cabeza sólo calculaba cuánto tardaría ella en aceptar mi retorcida propuesta de amor. Nunca se me pasó por la cabeza que me fuera a rechazar. En cierta manera, estaba mal acostumbrada, como Danielle, a nunca ser rechazada. Que tonto…

Al día siguiente no fui a la escuela y sólo salí de mi habitación para buscar algo de comer y bañarme. Más tarde, cuando mis padres no estaban y las horas de escuela habían terminado, el timbre sonó. No tuve que asomarme a la ventana para saber que era Ángel.

Medio abrí la puerta y me recargué en ella mientras suspiraba.

― Hola― me sonrió con esfuerzo.
― Hola― respondí mirándola a los ojos.
― Tenemos que hablar, ¿no?― sugirió.

Me hice a un lado para que entrara. No siguió hasta la sala sino que se quedó de pie frente a mí.

― ¿Ya no estás enojada conmigo?― tanteé.
― ¿Seguirás con tu tonto juego?― retó.

Tragué saliva.

― Aceptaste mis términos, no entiendo por qué ahora me reclamas― no soporté su mirada y la desvié con la excusa de ir a la sala.
― Sinceramente pensé que era un capricho tonto y por eso te seguí la corriente una semana― me siguió pero se sentó lejos. Sentí una punzada en el pecho.
― ¿Me seguiste la corriente? ¿Acaso soy una niña?― la fulminé con la mirada.
― A veces te comportas como una― parecía no inmutarse por nada.
― Así se comportaba Danielle, ¿no?― disparé subiendo los pies a la silla y abrazándome las rodillas.
― No soy yo quien la menciona― defendió restándole importancia al comentario.

Clavé la mirada en otro punto.

― No entiendo por qué te sigues comparando con ella, no sé cómo demostrarte que son completamente diferentes― declaró con un tono de voz que no decía más de lo que se escuchaba.
― Porque la dejaste y viniste conmigo, y no fue algo fácil para ti, te alejaste por miedo no porque quisieras estar conmigo― escupí molesta ― Yo no gané nada, ella simplemente se dio por vencida― agregué descuidada.

Noté un brillo de interés en sus ojos.

― ¿Ganar?
― Siempre supe que estaba luchando por tu corazón, aunque nunca supe contra quién peleaba― mentí.

Pareció creerme.

― Eso no significa que las voy a comparar― argumentó cruzándose de brazos.
― Me confundiste con ella una vez― declaré abriéndole los ojos.

Dejó de respirar por un momento, imagino que trataba de recordar cuándo había sido eso.

― La mascarada, ¿te suena?― levanté una ceja.
― ¡Llevaban el mismo disfraz!― defendió.
― Eran de diferente color.
― Llevabas un color que supuse ella se pondría.

¿Eso era una ofensa o un cumplido? Preferí no preguntar.

― No quiero que sigamos peleando― temerosa, me puse de pie y me senté a su lado. No se movió.
― Yo tampoco pero me estás llevando al borde― no me miró a los ojos.
― Yo…a veces…tengo miedo― confesé bajando el rostro. Por el rabillo del ojo noté que se volteó para mirarme.
― ¿De qué hablas?― tomó mi rostro para obligarme a que la mirara.
― Es…yo… ¡no sé!…simplemente…entiendo lo que fue Danielle para ti y si…si todavía la quieres…no veo la razón para que estés conmigo― se me derramaron varias lágrimas.
― ¡No! ¡Amor! ¡Por favor!― se giró y me abrazó. No lo reconocí en voz alta pero extrañaba esos abrazos.
― Mira…lo puedo comprender…tienes una historia…― estaba tratando de que la voz no se me quebrara.
― No tenemos ninguna historia, y si estoy contigo es porque quiero, no porque ella…― se detuvo en sus propias palabras ―…no te pareces en absoluto a ella y te prohíbo que lo pienses― volvió a tomar mi rostro y me besó en la frente.

Intenté respirar.

Pude sentir cómo ella también extrañaba besarme porque empezó a repartir besos por todo mi rostro. La frente, las mejillas, los ojos, la nariz, la barbilla. Pero se detuvo en la boca.

― ¿Qué pasa?― curioseé confundida. Veía borroso por las lágrimas.
― ¿Me dejarás besarte?― estaba repasando mis labios con la yema de sus dedos.
― Hasta que me canse― respondí besándola.

Algo en ese beso fue explosivo. Tal vez porque llevaba una semana sin sentir sus labios haciendo presión sobre los míos y en medio de mi terquedad no quise admitir cuánto extrañaba sus caricias, sus besos y sus abrazos. Porque Ángel, de alguna manera, se había vuelto adictiva para mí, a pesar de que aún no teníamos relaciones, su cercanía calmaba todas mis confusiones. O las incrementaba. Era lo más raro que había sentido en toda mi vida.

El beso se fue profundizando y abrí mi boca para darle paso a su lengua experta. Las lágrimas cesaron al instante pero mi respiración se tornó irregular.

Quería estar con ella, quería sentir lo que Danielle no supo apreciar. Quería amar a Ángel como ella amó a Danielle y quería aprender eso que tanto le atrajo de la rubia.
Con torpeza, me senté con las piernas abiertas sobre ella arreglándomelas para no dejar de besarla. Se detuvo.

― Kyra, no quiero presionarte― dijo apretando mi cintura. Supe que se estaba conteniendo.
― No me estás obligando a hacer nada― repliqué con una sensación de vacío en el vientre.
― ¿Estás segura? No quiero que hagas esto sólo porque piensas que olvidaré a Danielle de esa forma, ella ya no está en mi cabeza― insistió, pero sus manos pedían otra cosa.

Pegué nuestras frentes.

― Quiero hacerlo, quiero ser tuya por completo, es mi decisión― susurré y la besé de nuevo.

Lo dudó por un momento pero me correspondió.

Sinceramente, no sabía qué más hacer aparte de besuquearnos mucho. Medio perdida, empecé a bajar el cierre de su chaqueta para quitársela y cuando se trabó, ella me ayudó con eso sin protestar.
Metió sus manos por debajo de mi blusa y, suavemente, desabrochó mi sostén. Mi corazón estaba desbocado. Sin mucha esfuerzo, me sacó la blusa y el sostén al mismo tiempo y la vi admirar mi cuerpo y mi piel. Me puse nerviosa, ¿le parecería suficientemente bonita? Con la yema de sus dedos empezó a dibujar círculos en mis senos y pequeñas corrientes eléctricas me chocaron en la espalda. Me tomó por el cuello y me atrajo para besarme los hombros bajando hasta mis pezones y lamerlos. Solté pequeños y bajos gemidos. Nunca había llegado tan lejos con nadie. Entonces dejó de besar mis senos y me tomó por la cintura para ponerme de pie. Quise protestar, no quería que detuviera sus atenciones. Se quitó la chaqueta, la blusa y el sostén, luego, me abrazó y mis senos se aplastaron contra su cuerpo. Pude sentir que la temperatura de ambas había subido, ¿a eso se referían con estar “calientes”?

― No quiero presionarte― susurró besando mi cuello. Aquello no era justo, me estaba embelesando con sus pequeñas mordidas.
― Quiero estar contigo…quiero estarlo…― medio susurré medio gemí.
― Por favor, no me hagas detenerme después, si estás completamente segura lo haremos, sino detenme ya― repartía suaves besos por mis hombros y brazos.
― No me detendré, quiero estar contigo― llegadas a ese punto, ya no podía decir exactamente lo que quería.

Mi cuerpo respondía a sus atenciones con sensaciones que nunca en la había sentido. Escalofríos subían y bajaban por mi espalda y corrientes eléctricas recorrían cada centímetro de mi piel.

― No…podré…detenerme…después…― advirtió sin parar sus besos.
― No quiero que te detengas― mi voz sonaba extraña. ¿Excitada?

Una de sus manos se apoderó de uno de mis senos, masajeándolo con habilidad, mientras la otra soltaba el nudo que sostenía el pantalón de sudadera que tenía puesto. Era de mi padre, así que me quedaba muy grande. Apenas lo soltó, el pantalón cayó a mis tobillos. Sin dejar de besarme, me cambió de lugar y me acostó en el sofá. No me pareció justo ser la única desnuda, así que, de nuevo con torpeza, intenté desabrochar su jean sin éxito.

― No lo hagas― tomó mi mano y la puso por encima de mi cabeza junto con la otra ― déjame disfrutar de tu cuerpo, quiero hacerte disfrutar tanto como me sea posible― declaró besándome.

Recordé el viaje para el partido de visitante, lo cerca que habíamos estado de hacerlo y lo excitada que estaba. Claro, no lo suficiente, pues la había obligado a parar cuando ella ya estaba más que “caliente”.

― Quiero que estés desnuda conmigo― pedí tratando de liberar mis muñecas.

Me sonrió y se puso de pie. Se quitó los zapatos y el pantalón en menos de 5 segundos y se acomodó sobre mí con cuidado de no aplastarme.

― ¿Contenta?― preguntó sujetando mis manos de nuevo.

Algo de temor cruzó por mi cabeza y todas las células de mi cuerpo. ¿Por qué no me dejaba mover los brazos? Antes de que el miedo se apoderara por completo de mi cabeza, me relajé besándola y convenciéndome de que ella sabía lo que hacía.
Mientras su mano izquierda mantenía mis brazos arriba, su mano derecha repasaba las líneas de mi cuerpo descubriendo lugares donde nunca imaginé que existía placer en lugar de cosquillas. Delineó el borde de mis senos, pasó en medio de ellos y llegó hasta las costillas que sobresalían por la posición en que me encontraba, casi como si las contara, pasó suavemente sobre ellas hasta encontrarse con mi cintura y luego uno de mis huesos iliacos. Tenía las piernas apretadas como si quisiera proteger, inconscientemente, la virginidad que estaba a punto de perder. Pero ella fue hábil, con las uñas pasó por uno de mis muslos y la sensación fue estremecedora. No hay otra palabra, estaba excitada con sólo sus caricias, con cada toque se me electrocutaba la piel, la sentía erizada y en extremo sensible. Con gentileza, tomó mi panty y lo deslizó fuera de mis piernas. Estaba expuesta, completamente desnuda. Me sentí sonrojar.

― Que hermosa eres…― afirmó mirándome a los ojos con un brillo extraño en ellos. Me pregunté si lo decía como parte de su cortejo.

Sus dedos empezaron a moverse bajo mi ombligo haciendo un poco de presión en el vientre. Supe que me estaba preparando.

― ¿Estás lista?― preguntó con expresión seria.

De repente, mi corazón se aceleró el doble, casi ni podía escucharla porque mis latidos me estaban dejando sorda. Estaba muy nerviosa, creo que temblaba y sudaba frio. Sabía que si le decía que no, ella se detendría pero terminaría muy enojada, y la última vez que yo había hecho esa gracia, terminó en brazos de la rubia. No quería hacerlo por presión, no quería hacerlo simplemente por atarla con sexo, quería que todo mi cuerpo lo quisiera.
Cerré los ojos por unos segundos. Tenía el corazón a mil, la respiración irregular, y cada célula de mi cuerpo estaba pendiente de los movimientos de esos dedos, así como un vacío insistente en el vientre y una extraña humedad en mi sexo. ¿Debía interpretar eso como que mi cuerpo estaba listo?

― Estoy lista― contesté abriendo los ojos.
― Vale, sólo déjate llevar, si quieres que me detenga, sólo pídelo― sabía que le dolería más a ella que a mí si lo hacía pero agradecí la atención.

Sus dedos bajaron y me abrieron las piernas. Se acomodó entre ellas y luego sentí una de sus yemas en mi intimidad. Contuve la respiración, imaginaba lo peor, el ardor y el dolor que mis amigas siempre describían cuando habían tenido su primera relación. Pero ninguna de las dos cosas llegó, sólo placer. Otro dedo acompañó al anterior y juntos empezaron a moverse de arriba abajo lentamente. Si las sensaciones de antes me parecían extremas, las que sentía en ese momento eran infinitas. Fue como si algo se apoderara de mi cuerpo y exigiera más. Mi cadera empezó a moverse al ritmo con sus dedos y mis brazos se esforzaban por liberarse. Apreté los puños y me enterré las uñas en las palmas. Pronto mi respiración se convirtió en gemidos bajos, era lo único que se escuchaba en toda la casa y era como una melodía que me calentaba más y más. La humedad aumentó, podía sentirla correr, era tibia. Me pregunté si Ángel la sentiría también. Con esfuerzo abría los ojos unos cuantos segundos para enfocar algo. Siempre me encontraba con la pelinegra muy concentrada en mi expresión, con una gran sonrisa en el rostro. El ritmo aumentó, creo que fui yo quien lo aceleró. Mis senos se movían de arriba hacia abajo y cada tanto los pezones de ambas chocaban en el medio. Los latigazos en mi espalda se tornaban más constantes e insistentes. Mis pies se aferraban a los bordes que encontraban para impulsar mi cadera. Estaba sudando, lo supe porque un segundo que abrí los ojos vi mi piel cubierta por una fina capa perlada. ¿Cómo es que no estaba cansada? La presión que hacían los dedos aumentó y la velocidad también. Estaba desesperada, casi desquiciada, ¿no podía moverse más rápido? Mentalmente estaba gritando por más. Me ardían las mejillas, ¿estarían rojas?

― Tómatelo con calma― me aconsejó mi novia.

¿Acaso era retrasada? ¿Cómo podía tomarme con calma todas las sensaciones que sentía en ese momento?
Disminuyó la velocidad pero mantuvo la presión. Quise protestar pero el placer seguía siendo tan intenso como antes.

― No pares…― gemí y desconocí por completo mi voz ― Por favor…no quiero que pares…― supliqué y mi cadera exigió velocidad.

La orden fue acatada. Sus dedos empezaron a moverse con más velocidad que antes, el roce que producían en mi clítoris me estaba volviendo loca. Y, entonces, vino la explosión. Abrí los ojos cuando la sentí. Primero dejé de respirar, luego todo mi cuerpo empezó a temblar como si estuviera convulsionando, medio segundo más tarde la sensación en mi intimidad creció al punto en que un suave toque descargaba cantidades infinitas de electricidad en todas y cada una de mis células. Finalmente, toda mi vista fue negra y el cuerpo se me arqueó hacia atrás para luego paralizarse. Ángel no se detuvo, pero iba mucho más lento y con suavidad. No importaba. Si sus dedos subían, mi cuerpo temblaba, si bajaban, temblaba. Sentía la piel como si estuviera en una ducha con agua hirviendo. Ardía al contacto pero no era doloroso, era placentero. Poco a poco fui soltando el aire contenido en mis pulmones y mi espalda se dejó caer lentamente en el sofá. Ángel liberó mis muñecas y se sentó a mi lado. Acto reflejo, cerré las piernas y me acurruqué con el rostro hacia donde ella estaba. Quería conservar la sensación un momento más.

― ¿Cómo estás?― preguntó despegando un mechón de mi frente sudada.
― Feliz…― admití todavía muy excitada.

Me sonrió y me besó en la mejilla.

― Yo también― respondió.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/1/2012, 21:32

CAPITULO 40

VACÍA


I'm lyin' here on the floor where you left me
I think I took too much
I'm crying here, what have you done?
I thought it would be fun

I can't stay on your life support, there's a
shortage in the switch,
I can't stay on your morphine, cuz its making me
itch
I said I tried to call the nurse again but shes
being a little bitch,
I think I'll get outta here, where I can

Run just as fast as I can
To the middle of nowhere
To the middle of my frustrated fears
And I swear you're just like a pill
Instead of makin' me better, you keep makin' me
ill
You keep makin' me ill

I haven't moved from the spot where you left me
This must be a bad trip
All of the other pills, they were different
Maybe I should get some help

I can't stay on your life support, there's a
shortage in the switch,
I can't stay on your morphine, cuz its making me
itch
I said I tried to call the nurse again but shes
being a little bitch,
I think I'll get outta here, where I can

Run just as fast as I can
To the middle of nowhere
To the middle of my frustrated fears
And I swear you're just like a pill
Instead of makin' me better, you keep makin' me
ill
You keep makin' me ill

Run just as fast as I can
To the middle of nowhere
To the middle of my frustrated fears
And I swear you're just like a pill
Instead of makin' me better, you keep makin' me
ill
You keep makin' me ill

I can't stay on your life support, there's a
shortage in the switch,
I can't stay on your morphine, cuz its making me
itch
I said I tried to call the nurse again but shes
being a little bitch,
I think I'll get outta here, where I can

Run just as fast as I can
To the middle of nowhere
To the middle of my frustrated fears
And I swear you're just like a pill
Instead of makin' me better, you keep makin' me
ill
You keep makin' me ill

Just like a pill - Pink


ÁNGEL

― Soy Kyra― casi tuve jaqueca cuando escuché ese nombre. Había asuntos en mi cabeza que estaban sin resolver.

Luego me gritó algo de salir de la mitad de una avenida. No estaba ni cerca pero como había mucho ruido entré a una cafetería.
No sé muy bien qué dije después, pero colgué. ¿Cómo alguien se atrevería a hacerme una broma de esas?

Un día más tarde recibí un mensaje de texto: No estoy muerta y quiero hablar contigo, te espero en el parque cerca de mi vieja casa, deseo verte con toda mi alma. Nos vemos en una hora.

Danielle dormía a mi lado en la camilla del hospital. Aún no despertaba de su coma y la habían transferido a la capital para comodidad de su padre y mía. Puse el celular frente a ella como si tuviera los ojos abiertos.

― ¿Puedes explicarme esto?― reclamé.

No hubo reacción. Bufé y me puse de pie. Tenía el tiempo justo para llegar a la cita con los bromistas.
A medida que el bus se acercaba al lugar, algo en mi estómago se removía con mucha incomodidad, ¿y si era ella? Pero Danielle me juró que había muerto en ese accidente de avión. Claro que la rubia no era la persona más honesta del mundo pero, ¿qué ganaba con semejante mentira? La respuesta me iluminó de inmediato: a mí.
Para cuando me bajé del bus, las piernas me temblaban. Estaba a menos de cinco cuadras del lugar de encuentro. Noté que una parte de mí quería que la llamada fuera una broma.

Desgraciadamente, el parque no era cerrado, y desde donde me encontraba podía ver a las personas que se encontraban dentro. Un inconfundible cabello rojo sangre hizo que mi corazón diera un vuelco. Disminuí el paso.
Inevitablemente, llegué y sus ojos esmeraldas me penetraron el alma. Se acercó con cautela; yo no era la única aturdida por el encuentro. Sonrió un poco tímida cuando estuvo a metro y medio de mí y bajó el rostro con las mejillas sonrojadas.

― No puedo creerlo― dije apenas respirando.
― Yo tampoco pensé que vendrías― admitió jugando con uno de sus pies.
― No puedo creer que estés aquí, con vida― repetí con los ojos muy abiertos de la sorpresa.
― Veo que sostuvo la mentira con mucho esmero― apretó los labios con enojo.

El pulso se me aceleró. De repente sentía como si el mundo diera vueltas bajo mis pies. ¿Cuántas veces había confiado en Danielle? ¿Cuántas me decepcionó? Ella siempre juraba que nunca me decía mentiras pero la maldita era una experta.


*************


Al día siguiente de haber…bueno, hecho el amor con Kyra ―todavía sonaba raro―, seguía con una gran sonrisa en el rostro y para la rubia eso no paso desapercibido.

― ¿Por qué estás tan feliz?― demandó saber en clase de química. Éramos pareja en esa materia y Kyra estaba en la otra esquina del salón con otro chico.
― ¿De qué hablas?― no la miré a los ojos, fingí estar concentrada en la mezcla que estábamos calentando.
― ¿Qué me estás escondiendo?― preguntó bajando la voz. La profesora caminaba cerca de nosotras.
― Nada, ¿por qué tan exigente? Sólo fui a hablar un rato contigo, eso no significa que seamos amigas de nuevo― busqué salirme por la tangente.

Hubo silencio, y por un momento pensé que mi respuesta había funcionado, hasta que volteé a mirarla y su rostro se mostraba afligido. El pecho se me encogió.

― Lo siento, no quise decir eso― excusé tratando de que me mirara a los ojos.
― No te preocupes, eso fue exactamente lo que quisiste decir, no es nada, me lo merezco― casi pude escuchar como su voz se quebraba.

¿Danielle se sentía realmente mal por eso o sólo fingía?

― ¿De verdad quieres que seamos amigas?― curioseé tomando una de sus manos.

La deslizó fuera con disimulo y apoyó el mentón en la otra mientras miraba por la ventana.

― Yo fui primero que Kyra pero no te voy a pedir que la dejes, sé que no lo harás― dijo sin mirarme.
― No comprendo…― me acerqué un poco. La profesora intentaba descifrar de quiénes eran los murmullos que escuchaba.
― Me gustaría ser tu amiga, nos va bien así, ¿no crees?― respondió sonriéndome.

La puerta del salón se abrió y yo casi me caigo de la silla. Era una maestra solicitando la presencia de nuestra profesora por unos minutos. Al quedarnos solos, Danielle soltó la carcajada. Kyra nos observaba desde su lugar.

― ¡Te lo creíste!― se burlo.

La fulminé con la mirada.

― ¡Veías mi cara y jurabas que la mano de Dios me había tocado!― no paraba de reír.

Quise replicar pero sabía que no tenía sentido intentarlo; tenía razón.
Seguí leyendo las formulas tratando de comprenderlas.

― Vale, yo sé que me ocultas algo, ¿qué es?― acercó su silla y empezó a murmurar. Cada mesa estaba con sus propios chismes. Podía sentir la mirada de Kyra penetrarme la cabeza.
― No tengo nada que ocultarte― respondí de la misma manera.
― ¿Entonces por qué susurras?― disparó con picardía.

Suspiré involuntariamente.

― ¡Tuvieron sexo!― exclamó sin subir la voz.
― ¡¿Qué?!― yo sí grité, y medio salón me volteó a mirar ― ¿Qué? No…― mentí ― Ella todavía no está lista, ya sabes por qué― inventé.

Analizó mi expresión.

― Me estás mintiendo…― siseó.
― ¡No! Te digo la verdad…― ¿Por qué sostenía esa mentira? ¿Qué perdía diciéndole la verdad? Es decir, sería mejor si lo supiera ¿no?

La profesora regresó y el tema quedó cortado. A la hora del receso, Kyra se lanzó a mis brazos tuvo oportunidad y me besó en plena cafetería. No era un secreto para nadie que éramos pareja pero ella siempre procuraba mantener “un perfil bajo”. Hubo un silencio repentino e incómodo.

― Hola, también me hiciste falta…― la besé en la frente y pasando mi mano por su cintura la guié a nuestra mesa.

Las arpías nos esperaban. Algo en su expresión me decía que eran cómplices de algo pero no pude captar qué. Luego recordé algo que Danielle me dijo justo cuando nuestro “juego” empezaba: entre esas dos hay algo más que una amistad. David, por su parte, se acercaba a la mesa con Jhon y Danielle. El primero me fulminaba con la mirada sin disimularlo, mientras que la pareja discutía entre risas y besos. Cualquiera que los viera pensaría que son perfectos.

― ¿Por qué tan contentas?― preguntó Ximena casi subiéndose a la mesa para mirarnos más de cerca.
― ¿No podemos estarlo?― replicó Kyra sin despegarse de mí.

David llegó a la mesa y fingiendo que su bandeja se resbalaba, dejó caer su postre de chocolate sobre mí. Cerré los ojos esperando que la crema me embadurnara toda la ropa ―una camiseta blanca con un estampado del monstruo come galletas―, y un jean desgastado gris. Pero, nunca sucedió.

― ¡Mira por dónde caminas David!― reclamó Danielle.

Cuando abrí los ojos noté que el postre había aterrizado en su propia bandeja, la que había usado para cubrirme justo a tiempo.
Las arpías retrocedieron a su lugar y se hicieron a un lado para darle espacio a los recién llegados.
En menos de nada cada minigrupo se distrajo en sus propias conversaciones hasta que Alexandra las interrumpió todas.

― Oye Danielle, ¿ya pensaste cuál será la prueba de Kyra para entrar a nuestro círculo?― curioseó mientras bebía de un jugo de cajita.

Yo me atoré con lo que masticaba, Kyra levantó las miró confundida pero Danielle siguió comiendo como si nada. Hasta David dejó de masticar.

― Tengo unas cuantas ideas…― reveló mirándola.
― ¿Cómo cuáles?― insistió la morena.
― Sabes que no tengo por qué discutir eso contigo― cortó con autoridad. Ya se me hacía extraño su comportamiento.
― ¿Estás segura de querer entrar?― pregunté a mi novia.
― ¿Qué tan difícil puede ser?― contestó ella.

Me contuve de mirar a la rubia. Sabía que esa respuesta la alentaría a pensar en algo realmente complicado.

― Será mejor que te prepares…― lo decía en serio.
― Ni se te ocurra darle pistas, Ángel, no está permitido que lo sepa a menos que ya esté dentro― declaró Danielle.
― ¿Y a ti quién te dijo que puedes darme órdenes?― ella sabía que odiaba que me hablara con su tono de autoridad.

Todas las miradas de la mesa se clavaron en ella. Una chica cruzó cerca, Danielle puso su pie y la bandeja de la pobre voló por los aires. La rubia estaba en la cabecera de la mesa y yo estaba a su izquierda. Toda la comida me cayó encima: jugo de mora, postre de chocolate y un hot dog. David, Jhon, Ximena, Alexandra y Kyra se pusieron de pie para esquivar la comida, yo no pude porque Danielle puso sus dos piernas en mi regazo por debajo de la mesa y sin mucho esfuerzo me obligó a permanecer sentada.

― ¡Hey!― reclamó Kyra.
― En mi casa, esta noche a las 10, todos― indicó la rubia antes de marcharse. No hubo dado dos pasos y la campana para las clases sonó.

Todos marcharon en silencio hacia sus respectivas clases. Kyra se quedó a mi lado.

― ¿Cómo hace esas cosas?― preguntó la pelirroja. Más que sorprendida sonaba confundida.
― Magia…― respondí pero no supe si había captado el tono sarcástico.
― ¿Qué prueba me pondrá?― Kyra colgaba de mi brazo mientras salíamos de la cafetería.
― No tengo ni la menor idea, será mejor que te prepares mentalmente― contesté.

Minutos más tarde, la dejé en la puerta del salón. Esa era la única clase que no teníamos juntas.

― Te veré después― le di un beso en la mejilla y me marché.

En clase, Danielle no me determinó. No recordaba cuanto odiaba que la retaran. Pero como ese juego lo podíamos jugar dos, yo también la ignoré el resto de las clases.
Sólo hasta que me vi saliendo de casa por una ventana caí en cuenta de lo que estaba haciendo. Tanto que me había burlado de ellos cuando fuera mi prueba, y ahí estaba yo, lista para hacer lo mismo. Media hora después, estaba en el centro de la sala de la casa de Danielle, llevaba una túnica como de monje antiguo y sostenía una vela en la oscuridad.

― En el cementerio central, en la zona norte, está la tumba de una niña…― está vez, Danielle no le entregaba un morral lleno de cosas como a mí ―…debes traerme su cráneo― aunque me oponía completamente a eso, no podía abrir la boca para quejarme. Era como si la presión de la situación, o de su presencia, me hiciera callar.
― ¿Y cómo identifico la tumba?― me sorprendió el tono resuelto de Kyra. No me gustaba verla caer tan bajo como yo.
― Su nombre es Daphne Bonnet― dejé de respirar.
― ¿Quieres que saqueé la tumba de tu hermana?― ¿cómo supo ella que era la hermana de Danielle?
― Tienes hasta la media noche― la rubia tomó aire y apagó su vela. Acto seguido, los demás lo hicimos y fuimos al segundo piso mientras Kyra se preparaba para salir.

Minutos después de que la puerta de la casa se cerrara, Danielle sacó un control remoto diminuto y prendió las luces.

― ¿Cómo te atreves?― me acerqué y la empujé contra la pared. En menos de un segundo, todos estaban frente a ella como soldados.
― No cometas el error de tocarla de nuevo― amenazó Jhon.

Ok, eran mayoría pero, eso no disminuía mi rabia. ¿Por qué enviar a Kyra a sacar los huesos del cadáver de su hermana? ¿Simplemente por el morbo de verla aterrada con el cráneo?

― Tranquila, es una prueba fácil― se burló la rubia.
― Eres una maldita psicópata― siseé.
― No le pido que me traiga una cabeza, quiero un cráneo de alguien que murió hace mucho― explicó, como si eso fuera un verdadero argumento.


******************

― Yo era una niña malcriada en esa época, Danielle se aprovechó de eso y terminé entregándole las llaves del encargado del muelle― reveló Kyra.

Llevábamos, al menos, dos horas hablando en los columpios del parque. No sólo ella y Danielle se conocían de tiempo atrás, sino que incluso tuvieron un amorío en el campamento.

― Por eso te pidió el cráneo de su hermana, quería mostrarme que se conocían― deduje con la mirada clavada en el suelo.
― Me imagino, no puedo asegurar nada― Kyra se balanceaba lentamente.
― Pero…si se conocían, ¿cómo es que nunca actuaron como si fuera así?― la cabeza me daba vueltas.
― Yo…― bajó más el rostro y se sonrojó ― usaba una peluca rubia y lentes azules, ya sabes, para ser más popular, lo hice desde pequeña, así que todos pensaban que ese era mi cabello natural, Danielle no lo supo hasta que nos reencontramos ese último año― explicó.
― Tú eras la chica del funeral ¿no?― algo en esa chica me había llamado la atención pero no supe qué.
― Sí, pensé que no me reconocerías así.
― No te reconocí pero llamaste mi atención― confesé.

Guardamos silencio un momento. Aunque me alegraba de verla, viva, ya no sentía el mismo cariño que antes. Kyra era una vieja conocida, no podía sentir más que eso. Y ahora que sabía otra parte de la verdad, era como si mi cerebro dijera: “caíste, de nuevo, pedazo de tonta”.

― ¿Por qué Danielle me dijo que estabas muerta?― pregunté mirándola a los ojos.
― Mi padre consiguió un trabajo en Alemania, me iba el 2 de noviembre y ella lo sabía; pasó lo de…Francheska…y no tuve cara para despedirme de ti, así que fui con ella para dejarte un mensaje― reveló ―Luego, vio la noticia de ese accidente de avión, y te dijo que mis padres y yo estábamos en él― agregó.
― ¿Cómo sabes lo que me dijo?― prefería ignorar el asunto de la prima de Danielle, por el momento.
― Cuando llegaste, yo seguía en su casa, escuché todo lo que pasó desde las escaleras― sentí un pinchazo en el pecho.

Una vez más, engañada. ¿Cuántas veces tenía que soportarlo? ¿Es que acaso sólo fui una bola de ping pong entre ellas? ¿Alguna me tomó en serio?

― Lo siento mucho, desde que me fui quise decirte todo, Danielle te tenía tan controlada…
― Y, aún así, esperaste hasta este momento para hacerlo, ¿por qué?― demandé molesta.
― Desde que me fui…quise contactarte, de verdad que lo quise pero, Danielle me amenazó antes de irme con que si te buscaba ella te contaría todo― se le quebró la voz.
― ¿Contarme qué?― lo siguiente iba a doler, lo veía en sus ojos. Pero, no me importó. Al final, después de tantas cosas, nada me afectaría.
― Cuando me…acosté con Francheska…no estaba borracha como te dije, estaba sobria, lo hice porque…bueno… ¡no sé! El caso es que no estaba tomada, te mentí― tenía los puños cerrados con fuerza.

Esperé el dolor atravesándome el pecho como si estuviera dispuesta a morir y no llegó. La brisa sopló y al pasar por el césped aulló bajito. No dolía. No sentía nada. Miré a Kyra buscando que su expresión afligida surtiera efecto en mí pero, no lo hizo.
Recordé la discusión con Danielle antes de que cayera en coma. “Solo a ELLA la amé y la dejaste morir”, había dicho yo. Entonces, ¿dónde estaba ese amor que tanto pregonaba? ¿Estaría en shock? Tal vez lloraría después, cuando estuviera sola en mi habitación.
No, ni para qué me mentía. Después de haberle rogado a Kyra como lo hice, nunca más me permitiría romperme de esa manera.
¿Qué pasaba por mi cabeza en ese momento? ¿Ira? ¿Frustración? ¿Tristeza? ¿Felicidad? Nada, no pasaba nada. ¿Qué me había hecho Danielle? ¿En qué clase de versión retorcida de sí misma me convirtió?

― No sientes nada, ¿verdad?― susurró.

Negué con la cabeza.

― Que envidia…

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/1/2012, 00:04


CAPITULO 41

LA PRUEBA

Life is a waterfall
With one in the river
And one again after the fall
Swimming throught the void
We hear the word
We lose ourselves
But we find it all

Cuz we are the ones that wanna play
Always want to go
But you never want to stay
And we are the ones that wanna choose
Always want to play
But you never want to lose

Aerials In the sky
When you lose small mind
You free your life

Life is a waterfall
We drink from the river
Then we turn around and put up our walls
Swimming throught the void
We hear the word
We lose ourselves
But we find it all

Cuz we are the ones that wanna play
Always want to go
But you never want to stay
And we are the ones that wanna choose
Always want to play
But you never want to lose
Oh!

Aerials In the sky
When you lose small mind
You free your life
Aerials So alive
When you free your lives
(The) eternal prize
Aerials In the sky
When you lose small mind
You free your life
Aerials So up high
When you free your lives
(The) eternal prize.


Aerials – System of a down


KYRA

Sí, muy valiente en su casa, muy resuelta y todo lo demás pero, ya estando en la entrada del cementerio, las piernas me empezaron a temblar.
Los muertos y yo no teníamos buena relación. Siempre fui muy asustadiza.
Pero lo haría. Entraría, sacaría ese maldito cráneo y se lo llevaría. Aunque fuera lo último que hiciera. ¿Por qué? Porque había notado el control que tenía sobre Ángel. Tal vez la pelinegra no lo notara pero yo sí. Si no entraba en su tonto “Círculo”, de una forma u otra, me separaría de mi novia. Y no se lo iba a permitir.

Sin mucho esfuerzo, y gracias al entrenamiento con las porristas, salté la cerca del cementerio. Había luna llena ― ¡que oportuno!―, por lo tanto, no estaba oscuro y se podía caminar por con más “tranquilidad”.
Cuando llegué a la zona norte del cementerio, saqué mi celular para iluminar las inscripciones en las lápidas.

― ¡Bu!― gritó Danielle saliendo detrás de la estatua de un arcángel.

Di un salto que me llevó al menos tres metros lejos de ella y me dejó tumbada en el suelo con el corazón en la mano.
Sus carcajadas no me calmaron pero me dio unos cuantos minutos para reinstalar todos los sistemas operativos de mi cuerpo.

― Eres una miedosa― se burló sentándose a un lado de la estatua con las piernas cruzadas.

Aunque su ropa era casual, casi la vi como un fantasma. La luz de la luna la hacía ver más pálida y su cabello se veía casi blanco.

― Llevo casi media hora esperándote― se quejó tamborileando con las uñas en el mármol.
― No tengo un BMW convertible― repliqué poniéndome de pie. Necesitaba conservar algo de orgullo.

Guardó silencio.

― ¿Y bien?― pregunté fastidiada. No dejaba de sonreír.
― Estoy esperando que busques la tumba de mi hermana― aunque intentó ocultarlo, casi pude oler la molestia que le generaba la última palabra.
― ¿No sería más rápido que me guiaras?
― Es tu prueba, no la mía― levantó los hombros ― pero, seré tu consciencia― agregó saltando a tierra.

Se inclinó haciendo un ademán de caballero antiguo como diciendo: “después de usted, madame”.
Blanqueé los ojos y seguí caminando con el celular en la mano alumbrando cada lápida para leer el nombre.

Al principio, su silencio no me molestó. Era mejor que fuera una consciencia callada y no una molesta. Luego de varios minutos, me puse nerviosa. ¿Sabría que Ángel y yo…? Al fin y al cabo las había visto secretearse en clase, era posible que mi novia no se aguantara las ganas de contarle. Aunque, siendo honestos, ella no era de ese tipo de chicas. Sin embargo, Danielle era muy perceptiva, mucho más que yo, y su compañía no podía traer nada bueno. Ella nunca traía nada bueno.

― ¿Y cómo va tu relación con Ángel?― preguntó, de repente, rompiendo el silencio. Sólo hasta que estuvimos en la completa soledad capté que su voz era algo…disfónica pero no chillona. Era sexy, por más que me doliera admitirlo.
― ¿Te importa?― cuestioné brusca.
― Si no te quieres caer, “por accidente”, en alguna de las fosas que están abiertas…sí, me importa― respondió con suavidad.

La creí capaz, así que tomé aire para relajarme.

― Mejor de lo que pensé que podría ser― reconocí.

Me tomó del brazo y de un jalón cambió la dirección de mis pasos. Imaginé que ella tampoco estaba dispuesta a permanecer mucho tiempo a solas conmigo.

― ¿Ya tuvieron sexo?― curioseó.

Tuve cuidado de fingir que me escandalizaba. La miré con los ojos muy abiertos y sacudí los brazos.

― ¡¿Qué?! ¡No!― me esforcé por recordar algo que me hiciera sonrojar.

Escaneó mis expresiones.

― ¿Por qué tanto drama? Ella y yo tuvimos sexo a los tres días de conocernos― reveló.

Gracias, tan consciente como siempre de hacerme sentir bien.

― No estoy lista…― bajé el rostro.

Hubiera sido mucho mejor restregarle en la cara que Ángel y yo ya habíamos estado juntas pero no quería revelarle ese detalle. No se merecía saber lo felices que éramos por eso.

― ¡Oh vamos! Como si tu inocencia te hubiera detenido cuando tú y yo…ya sabes― me levantó las cejas como si intentara coquetearme.

No pude evitar soltar una risita baja por su expresión. Sonrió como si ese fuera su cometido desde el principio.

― Es que contigo…― admití. Nunca hicimos nada serio pero sí bastante para nuestra edad―…eres peligrosa.

Lo pensó por un momento.

― ¿Crees que, si lo intento, puedo hacerte caer en mis redes ahora?― seguía haciendo poses y caras raras. Eso no era normal pero me daba risa.
― Tú no, ya conozco tus tácticas pero, soy muy tonta, cualquiera que tenga tus habilidades podría hacerme caer― reconocí.

Sólo un segundo después de cerrar mi BOCOTA, caí en cuenta de lo que acababa de decir.

― ¡No es lo que piensas!― defendí al instante ― ¡No quiero serle infiel a Ángel! Sabes lo tonta que soy…― creo que el miedo se reflejaba en mi rostro; de todas las personas del mundo a quienes podía responderle esa pregunta, fue a ella, precisamente, a quien lo hice―…incluso con Ángel, cuando nos conocimos en esa fiesta…¡nos besamos! ¡Y no llevábamos más de unas horas juntas! ¡Ni siquiera me había sacado de la cabeza a la otra chica que me gustaba y por quien casi destruí…!

Me quedé con las siguientes palabras en la boca cuando la vi levantar una ceja. Sonrojada, seguí buscando la lápida en silencio. Danielle tampoco me presionó; había dicho suficiente.

De repente, se dejó caer en el césped contra una lápida.

― ¡¿Qué pasa contigo?!― grité asustada. Por un segundo pensé que se había desmayado.

No respondió, pero señaló algo con la mirada.

Daphne Bonnet

Fuiste una guerrera toda tu vida. Gracias por ser tan maravillosa hija

1990 – 2002

Me estremecí.

La expresión de Danielle era fría y con rabia. Pasaban los años y ella seguía odiando a su hermana.

Entonces noté lo evidente.

― ¿Y cómo se supone que voy a cavar hasta el ataúd?― pregunté suavemente.

Sus ojos siguieron clavados en la lápida unos segundos. Luego, su expresión cambió a la que tenía antes.

― Detrás de ese árbol hay una pala y unos guantes― respondió.

Volteé a mirar y ahí, donde no lo había notado antes, había un árbol. Me aterré.

― No te pongas así, siempre planeo estas pruebas, no te voy a enviar a lo desconocido…― explicó ― Ahora, tienes que cavar, sólo te quedan dos horas― ordenó.

Aunque había caminado hasta allí, el miedo me empezó a recorrer la espina dorsal. Temblorosa, fui por la pala e inicié la labor.

¿Por qué hacía eso? ¿No se suponía que Ángel me amaba por encima de lo que dijera Danielle? Entre palada y palada nunca me respondí esa pregunta.
Con cada esfuerzo quemaba el miedo. Era sólo un cadáver, puros huesos. Huesos inofensivos. Huesos descompuestos llenos de gusanos pequeños y blancos. Gusanos inofensivos.

Tuve que detenerme para que la imaginación no se me fuera tan lejos.

― ¿No piensas ayudarme?― pregunté, exhausta, una hora después.
― No te preocupes, la desgraciada no está enterrada los metros bajo tierra que desearía― respondió alumbrándome con una linterna desde afuera.

Suspiré y seguí con mi labor.

― ¿Todavía sigues enamorada de Ángel?― curioseé para evitar el tétrico silencio.

No contestó.

― No le diré a nadie― afirmé, y era cierto.

Me puso la luz de la linterna en los ojos cuando quise mirarla y me encandiló. Rápidamente, me cubrí los ojos que me ardieron al instante.

― ¡Idiota!― reclamé medio ciega.

Intenté enterrar la pala para apoyarme en ella pero golpeó algoy.

― Lo lograste― se limitó a decir.

Parpadeé con insistencia para que mis ojos se volvieran a acostumbrar a la oscuridad. Le entregué la pala y abrí la tapa del ataúd.

El fuerte olor me hizo retroceder antes de siquiera poder distinguir los huesos. Pero, resbalé y aterricé en un mar astilloso de putrefacción.
Grité, tan fuerte como me lo permitió mi garganta. Grité y lloré. Ciega, intenté salir pero mis manos sólo desprendían más tierra que me caía encima y me sepultaba con quien, alguna vez, ayudé a matar. Los brazos y las palmas me ardían, también las rodillas y el cuello. Era mi castigo, uno Divino. Moriría entre esos huesos. Enterrada con vida, ahogada con tierra llena de gusanos en la garganta y ratas carcomiendo mi piel. Sin posibilidad de salir.
Estaba a punto de entrar en shock cuando Danielle me tomó por los hombros y me sacudió.

― ¡Ya cálmate tonta!― exclamó para luego zamparme una cachetada que me hizo rebotar el cerebro dentro de la cabeza.

Me callé de inmediato.

― Cálmate…― repitió con más suavidad.

Empecé a regular mi respiración. Noté que había saltado dentro de la tumba.

― Estoy aquí, no te preocupes― y me abrazó.

No podía creer que lo último, de verdad, me reconfortaba.

Lloré con ganas en su hombro y ella me acariciaba el cabello para relajarme. No podía calmarme. No sólo lloraba del susto, hubo muchas otras cosas que dejé salir durante esos minutos. Miedo y fantasmas que aún no enterraba por completo. Irónico, ¿no?

Poco a poco me fui calmando, hasta que por no regular mi respiración, me dio hipo.

― ¿Mejor?― curioseó clavándome sus ambarinos ojos.

Instintivamente, la abofeteé.

― ¡Ni…se te…ocurra…hacerme esto…de nuevo!― exclamé llena de ira pero interrumpida por los saltos del hipo.

Su rostro permaneció ladeado por unos cuantos segundos.

― Sólo porque casi te mueres del susto…― siseó mientras volteaba su rostro hacia mí y me atravesaba con su mirada mucho más furiosa que la mía.

Mi hipar fue la respuesta que obtuvo.
Sin esfuerzo, saltó fuera del hueco y se sacudió la ropa. Tomó la linterna e iluminó los huesos.

― Toma el maldito cráneo de una vez, estoy segura de que tus gritos alertaron al vigilante y levantaron muertos― ordenó fastidiada.

Hipando, alargué el brazo hasta tomar el cráneo todavía con algo de cabello en él.

― Esto… es… asqueroso…― me quejé dejándolo a un lado del agujero para cerrar el ataúd y salir.
― No te lo discuto― comentó. Supe que ella lo decía con un sentido diferente; odiaba a su hermana.

Cuando estuve afuera, aguanté la respiración un momento para quitarme el hipo pero, no funcionó.

― Tapa ese hueco ya, estoy segura de que no demora en aparecer el vigilante― no me miraba.

Apagó la linterna y con los zapatos empezó a empujar tierra sobre el ataúd.
Tomé la pala y empecé a echar tanta tierra como me fuera posible en poco tiempo. Quería salir de ese lugar lo más rápido posible.

Casi terminando, una luz se empezó a mover a lo lejos.

― Mierda…― murmuró.

Capté la idea. Ambas echamos a correr, ella con la pala y yo con el cráneo. No sé en qué punto de nuestra huida se deshizo de ella. Cuando llegamos a la reja, saltó sobre ella y se detuvo a esperarme.

― ¡Recibe esto mientras paso!― dije lanzándole la calavera.

Dio un paso atrás y esta aterrizó en el césped. Se rompió a la mitad.

― ¿Estás loca?― preguntó. No supe si lo decía por asco a la muerte, por asco a su hermana, o porque era mi prueba y no la de ella.

Noté que ya no tenía hipo.

Escalé la reja y recogí los dos pedazos del cráneo. Danielle miró su reloj y sonrió.

― Faltan 15 minutos para la media noche, bien hecho novata― comentó despeinándome.

¿Por qué tanta confianza?

― Vamos, mi carro está por aquí― indicó alejándose.
― Ya tengo el cráneo, ¿algo más?― le cerré el paso.

Me analizó por tres largos segundos.

― Hazlo trizas― respondió.

Tomé una piedra que estaba cerca y con ella lo golpeé hasta molerlo. Caí sentada con la frente llena de sudor. No sólo le hacía un favor a Danielle destruyendo lo que quedaba de su gemela, también estaba acabando con un pasado que me atormentaba todos los días.

― ¿Contenta?― jadeé.
― No― levantó los hombros ― ¿Te llevo a tu casa?― curioseó sacando las llaves de su convertible.
― No, gracias― la noche ya era suficientemente rara como para alargarla con un paseo en carro.
― Si eso es lo que quieres…― se dio la vuelta y me dejó sola.



*****************


Tal vez Danielle estaba en coma pero su influencia seguía entre Ángel y yo. No quería contarle la verdad sobre esaa noche con Francheska porque estaba convencida de que la destruiría. Inocente yo. Ángel reaccionó como si no sintiera nada. Su expresión estaba serena pero, en sus ojos, se notaba que luchaba por encontrar el más mínimo sentimiento. Lo había notado después de que encontrara a Danielle con su padre, lo poco que duró nuestra relación. Era como si le hubiera robado el alma.

Y, por eso, Ángel no sufrió.

― No sientes nada, ¿verdad?― pregunté susurrando. Me sentía miserable por no poder ayudarla. Sólo negó con la cabeza ― Que envidia― respondí.

Si tan sólo hubiera llegado a esa conclusión antes de irme, antes de mentirle, no estaríamos aquí. La historia sería muy distinta. Si el miedo no se hubiera apoderado de mí, el miedo de que se diera cuenta de que Danielle y yo no éramos tan distintas como tanto afirmaba, lo habría visto.
Por la forma como me vio cuando me encontró con Francheska, supe que de esa misma manera vio a Danielle al encontrarla con su padre. Bonnet le rompió el corazón una vez, yo acabé con su alma. Que buen equipo terminé siendo con la rubia.

Impotente, la vi debatirse internamente hasta que pareció comprender lo que pasaba. Sus ojos acerados se clavaron en los míos con tal intensidad que tuve que desviar la mirada.

― Quiero ver a Danielle― pedí. Quería preguntarle cómo se sentía pero me pareció innecesario.
― Si eso es lo que quieres…― empezó a caminar fuera del parque.

Por un segundo me pareció que su voz sonaba como la de Danielle y mi cuerpo se paralizó.

― ¿Vienes o no?― su voz era neutra. Me chocaba.

Asentí nerviosa y la seguí.
Durante todo el viaje no nos dirigimos la palabra. Ella no lo hizo y yo no quise intentarlo. En la clínica, las enfermeras ni siquiera le preguntaron quién era. ¿Cuántas veces la visitaba? Sin que nadie nos detuviera, llegamos a la habitación de Danielle Bonnet.

― ¿Estás segura de que quieres entrar?― curioseó con el tono de voz más tranquilo.
― Está en coma ¿no? ¿Qué podría hacerme?― reí nerviosa.

Se ahorró la respuesta y abrió la puerta. Atravesamos un pequeño pasillo donde estaba ubicado el baño y un pequeño armario antes de girar a la derecha y encontrarnos con la cama vacía. Danielle estaba de pie mirando por la ventana. Ambas, Ángel y yo, nos detuvimos de golpe, casi chocando una con otra.

― Sabía que a la más mínima oportunidad que tuvieras, regresarías― dijo volteándose.

Aunque su piel estaba descuidada y sus labios resecos; a pesar de que sólo llevaba puesta una bata azul pastel y una de sus manos tenía una línea de suero conectada a una bolsa que ella misma arrastraba en un soporte metálico con ruedas; ni siquiera porque su cabeza estuviera vendada, su mirada dejaba de ser tan pesada como lo era siempre.
Asustada, retrocedí un paso.

― Imagino que ya lo arruinaste todo, ¿no?― comentó suspirando.




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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/1/2012, 00:50

CAPITULO 42

ALMAS SUCIAS, CARROS LIMPIOS


(Na na na...)
Drugs! Gimme me drugs Gimme me drugs,
I don't need it but still what you got,
still take the cash and I'll keep it.
Eight legs to the wall, hit the gas at the mall
Every crawl, every crawl, every crawl, now hit that detonator.
Love, gimme me love, gimme me love,
I don't need it but I'll take what I want from your heart
and keep it in a bag in a box on the floor with an X,
gimme me more, gimme me more
(Na na na...)
Now sing it with me:
(na na na...)
For my security,
(na na na...)
to every enemy,
(na na na...)
we're on your property standing in a V-formation
(na na na...)
let's do it properly,
(na na na...)
plastic surgery,
(na na na...)
we're not an apology, get us more, give us your detonation.
Let me tell you about the Snagman,
shut up and let me see your jazz hands,
or remember when you were a madman, thought you were Batman,
and hit the party with a gas can.
Let me see you run it more.
(na na na...)
We're on your property,
(na na na...)
We're a public enemy,
(na na na...)
I think we better find more, burden your information.
(na na na...)
Let's pull the lottery,
(na na na...)
it's like plastic surgery
(na na na...)
We won't giva an apology. Give us more detonation!
Spoken:
And right here, right now,
All the way in Battery City,
the little children, raise your open filthy palms like tiny daggers up to heaven
And all the you guys, and the river rats,
as angels made from neon eating garbage are screaming out
"why don't you save us?"
and the sky opened up
Everybody wants to change the world, everybody wants to change the world.
But no one wants to die, wanna die?
(na na na...)
Make no apology
(na na na...)
this is way to fun to me
(na na na...)
I'm not your authority
Crash and burn,
We're young and loaded,
(na na na...)
Drop like a bulletshell,
(na na na...)
just like a sleeper cell,
(na na na...)
I'd rather go to hell than be in a purgatory,
cut my hair
gag and bore me.
pull this pin,
and let this world... explode

Na na na – My chemical romance


ÁNGEL


―…Y por eso debemos hacer un lavado de carros ― decía Danielle a mi lado.

Estábamos teniendo una de esas reuniones del comité de no recuerdo qué para recoger fondos para los partidos de visitante del equipo de baloncesto y compañía. No entendía por qué seguía siendo parte de ellas si ella y yo ya no teníamos nada.

― Es cierto, adolescentes en bikini siempre atrae mucha clientela― comentó Azrael al otro lado de la rubia.

Siguieron enfrascados en la discusión sin notar que no les prestaba atención. No sabía nada de Kyra desde su prueba el viernes pasado y, cuando la llamaba, su celular enviaba a buzón. ¿Habría hecho algo Danielle? Intentaba no acusarla con la mirada. Más bien, intentaba no mirarla para nada.

― Algunos alumnos saben de mecánica, podríamos prestar un servicio de lavado de carros con…esas cosas que hacen a los carros, de aceites y eso― sugirió Alexandra.
― Es buena idea, aunque dudo mucho que las personas dejen que unos chicos revisen sus carros, no perdemos nada con intentarlo― dijo Sara.

Saqué el celular y le envié otro mensaje a Kyra. Suspiré al tiempo que presionaba enviar.

― El año pasado, cuando hicimos el lavado, recolectamos bastante dinero, si esta vez nos va tan bien como en esa ocasión podremos guardar lo que sobre para el fondo de la graduación― declaró Danielle.
― Ya tengo la banda para la graduación― intervino Azrael.

Nada de lo que allí discutían me importaba, sólo quería saber de Kyra y no me atrevía a preguntarle a la rubia. Sabía que preferiría torturarme con la duda que decirme la verdad.

― ¡Oye! ¡Te estoy hablando!― reclamó ella dándome un codazo.
― ¡Auch! ¿Por qué me pegas?― me puse de pie.
― Te estoy hablando y no me prestas atención― respondió.
― ¡Porque no me interesa!― exclamé.

Me alejé de la mesa hacia la salida de la cafetería. Todos me quedaron mirando por los gritos. Me creí sola al salir pero, apenas me giré, encontré a Danielle cruzando la puerta detrás de mí. Casi me caigo de la sorpresa. ¿Cómo se le ocurre seguirme? Todos en la escuela sabían que tenía novia, seguirme de esa manera generaría chismes. Chismes que podrían llegar a oídos de su novio.

― Está haciéndome un favor, por eso no ha estado en todo el día― dijo sin más.
― ¿Qué?― fue lo único que atiné a decir.
― Kyra, no está porque me hace un favor, el equipo de porristas necesita estampar algo en los uniformes y ella dijo que nos ayudaría con eso― explicó.

Estuve a punto de repetir el mismo “¿Qué?” pero sería estúpido.

― ¿Desde cuándo te hace favores?― cuestioné.
― Es parte del equipo de porristas, es más bien un favor para el equipo, no para mí― blanqueó los ojos.

Apreté la mandíbula y seguí caminando.

― ¿Y ahora qué te pasa?― me sujetó de un brazo.
― Eres una plaga, lo sabes ¿no?

Me miró sorprendida.
Tenía mucha ira guardada, sobre todo porque a medida que pasaba el tiempo, Kyra estaba más obligada a interactuar con Danielle y yo no lo quería. Llegado un punto, ni siquiera yo sabía cómo salirme de su “Círculo”. ¿Tenía que salirme? ¿Acaso pagaba por la membrecía? Era como si algo en el grupo ―o en ella―, me atrajera y me obligara a sentarme con ellos todos los días en la cafetería, a hablarle en clase, a llamarla. ¿Me habría convertido en uno de ellos sin darme cuenta?

Cuando llegué al salón, mi novia estaba sentada esperando que sonara el timbre.

― ¡Aquí estás!― casi corrí a su lado.
― Lo siento, iba a pasar a la cafetería pero vi que no tardaba en sonar el timbre, así que vine para acá― explicó sonriéndome.
― ¿Cómo estás? Me has hecho mucha falta, te he llamado como loca― le besé el rostro con desespero.
― Lo sé, lo siento, extravíe mi celular durante el fin de semana y Ximena me llamó esta mañana para lo de los uniformes de la cuadrilla, necesitamos estamparlos, cosas de porristas, ya sabes― respondió dejándose hacer.

El timbre sonó y en menos de nada el salón se llenó de estudiantes.

― Por favor, todos sentados― ordenó el coordinador entrando detrás de una larga fila de estudiantes.

Danielle entró justo antes de que cerraran la puerta y se sentó en su lugar de siempre con la expresión hecha hielo.

― Como parte del programa estudiantil de este último curso, recibirán clases extras de un idioma extranjero, según su propia votación el idioma que estudiarán será alemán, así que quiero presentarles a su maestra, por favor, quiero que se comporten― explicó el hombre.

La puerta se abrió y una castaña despampanante entró. Parecía más una modelo que una profesora. Tuve que desviar la mirada para evitar babear por ella. Mis ojos cayeron en Danielle y, aunque no iba a admitirlo nunca en voz alta, la encontré más hermosa.

― Buenos días muchachos, mi nombre es Francheska Lukä François, seré su profesora de alemán por un mes― anunció la mujer.

La rubia sonrió disimuladamente. Era ese tipo de sonrisas que necesité de meses de observación para poder notar.

El coordinador se marchó y nos dejó con nuestra nueva maestra. Toda la primera hora la dedicó a que nos presentáramos. Había algo en sus ojos que captaba toda mi atención, tal vez el azul intenso que los decoraba.
Al empezar la segunda hora, inició con clase oficial. Empezó con el abecedario, la pronunciación de las letras, la forma de saludar y despedir, así como otras frases de utilidad.
No presté mucha atención. No confiaba en esa sonrisa de Danielle y esa mujer me tenía nerviosa. ¿Cuántos chicos saldrían de esa clase directamente al baño? Algo en ella me parecía familiar pero, no físicamente hablando. Sus maneras, la forma como caminaba o se expresaba. Juraría que la había visto en otra parte.

Entonces, noté algo más.

― Disculpe, profesora, ¿podría explicarme esta frase?― pidió Kyra con suavidad.

La maestra se acercó a mi novia, que estaba sentada a mi izquierda, y con mucha dedicación le explicó palabra por palabra. No me habría importado en otro momento si a Kyra no se le hubieran subido los colores cuando, accidentalmente, sus manos se rozaron.

¡Oh Dios! ¡Eran celos! Con que así se sentían…
Tuve que esforzarme por controlar esa sensación de ardor en el pecho. La ojiverde la observaba casi con brillo en los ojos. ¿O sería paranoia? ¡Era una profesora!
Vale, una profesora muy sexy. Y claro, si para mí, que soy bisexual, era bastante sexy, ¿cuánto lo sería para una chica completamente lesbiana como Kyra?
No podía sentir celos. Kyra y yo teníamos una relación sólida. Habíamos superado a Danielle, alguien más sería pan comido.
Brinqué en mi puesto cuando el celular me vibró en el bolsillo de los jeans. Aunque estaba en silencio, todos se dieron cuenta qué fue lo que me asustó. Era un mensaje de texto.

―Los celos no son buenos para el alma― decía Danielle.

La fulminé con la mirada. Su sueño hecho realidad, Kyra mirando a otra persona.

―Conoces a la profesora, ¿verdad?― cuestioné. Ya lo había descubierto y más le valía reconocerlo.
―Es una prima en segundo grado, ¿no te suena el apellido François? De mi madre, ¿tal vez?― respondió.

Quise matarla. Seguro la trajo para arruinar mi relación.

―Y tú le recomendaste el trabajo ¿no? ¡Que considerada!― reclamé.
― No seas tonta, ni siquiera sabía que hablaba alemán, estoy tan sorprendida como tú de verla aquí pero, me agrada su presencia― reveló.
― Sí, claro, te fascina verla coquetear con mi NOVIA― reclamé.
― La escena me causa gracia, tus celos son divertidos, más divertidos que cuando me celabas con Jhon, eras buena actriz en esa época― no se le borraba la sonrisa de oreja a oreja mientras escribía.

Me abstuve de responder. ¿Para qué negarlo? Era cierto.

Y esa fue nuestra primera clase con Francheska Lukä François. Decidí, por honor, no prestar atención a ninguna de sus siguientes clases, ni siquiera porque el alemán fuera uno de mis idiomas favoritos. Era una tontería pero, era lo único que me quedaba.
Fingir tranquilidad con Kyra fue más sencillo de lo que pensaba. Era la primera vez que experimentaba unos celos tan fuertes, casi obsesivos pero, extrañamente, no se salían de mi control. Tal vez seguía siendo tan buena actriz como era antes, según Danielle.

Salimos de clase y la acompañé hasta su casa.

― Tengo una pregunta― era mala idea lo que estaba a punto de hacer.
― Dime― sonrió y dejó que su cabeza reposara en mi hombro mientras caminábamos.
― ¿Te gusta la profesora Francheska?― solté.

Por una fracción de segundo la sentí detenerse pero, retomó el paso.

― ¿Por qué?
― Vi como la mirabas hoy.
― Es muy bonita― lo dijo muy bajito.

Preferí dejar el tema hasta ahí. Debía reconocerlo, aunque me doliera, que Kyra era lesbiana, su atracción hacia las mujeres era diferente a la mía. No podía decirle que no se fijara en nadie más, al fin y al cabo, que mire el menú no significa que vaya a comer. ¿O sí? Tal vez Danielle pudiera ayudarme con eso, ella conocía a las arpías.
¡No! ¿Por qué le pediría ayuda a la rubia? No había pasado nada más que un par de miradas. Tenía que dejar de ser tan paranoica. El ladrón juzga por su condición ¿no?



KYRA

El día del lavado de carros fue el viernes de la misma semana en que iniciamos clase con la señorita Francheska. Había notado los celos, muy bien ocultados, de Ángel pero, procuraba no mencionar el tema.
Me encantaba el alemán, y me encantaba Francheska. Simplemente no podía negarlo. Era hermosa. Además, yo también le gustaba. Eso, por todas partes no podía ser, aunque ella no era mucho mayor que yo. Decidimos hablar por chat. Me sentía muy culpable aunque no había hecho nada y tampoco planeara hacerlo.

Por orden de la abeja reina, es decir, Danielle, todo el equipo de porristas debíamos llevar nuestro vestido de baño más sexy. Todas las chicas más sexys de la escuela estaban incluidas por una mínima cuota de participación y, obviamente, invitación a la próxima salida del equipo de baloncesto. Los chicos de noveno se ofrecieron a repartir volantes, pagados por Danielle, para promocionar el lavadero. Y la escuela, desde la mañana, se volvió una fiesta enjabonada.
La fila de carros, pronto, parecía interminable. Azrael decía todo el tiempo que el lavadero se llenaría de tipos pervertidos queriendo ver colegialas en bikini pero, con los del equipo de futbol americano, atletismo y de baloncesto vestidos como mecánicos, aparecieron muchas mujeres también. Era una locura.
Estábamos divididos por “islas”. Entraban 20 carros, cada uno siendo lavado por 2 estudiantes mujeres. Cuando habían terminado de enjabonar, pasaba con otras dos chicas que los enjuagaban con mangueras. Si alguien quería polichado, entonces el carro seguía con dos chicos encargados de eso, y si quería revisión de aceite, frenos, etc., pasaba con otros dos chicos. Quienes estábamos en las primeras dos estaciones, lavado y enjuague, éramos quienes mejor la pasábamos. Obviamente, la orden era: muy sexys y mojadas, puesto que los dueños de los carros se quedaban a mirar desde una sección donde pusimos unas gradas del gimnasio para que esperaran. El parqueadero completo de la escuela estaba a nuestra disposición y, llegado un punto, nos dimos cuenta que no cabíamos. Algunos dueños y dueñas de carros se tardaban en recoger los suyos por quedarse viendo el espectáculo. Las islas de “trabajo” se dividieron por sorteo, y Ángel y Danielle quedaron juntas en una de las islas de enjuague. Aunque el sorteo fue hecho conmigo como testigo, no podía dejar de pensar que, de alguna manera, Bonnet hizo trampa. También contábamos con “escoltas”. Algunos chicos del equipo de futbol soccer cuidaban que los dueños de los carros no se acercaran demasiado a las chicas, pues obviamente no faltaban los borrachos y los pervertidos, y nosotras estábamos muy ligeras de ropa. Unas chicas del periódico estudiantil, y Francheska, se encargaban de tomar fotos para la página de la escuela. Azrael y Sara eran los custodios del dinero que recibíamos, puesto que nadie podía recibirlo, todo se hacía con bonos; las personas llegaban, solicitaban el tipo de lavado, lo pagaban y recibían un bono. Ese bono debían entregarlo al jugador del equipo de futbol soccer que cuidaba su respectiva isla. Los carros ingresaban en orden, si el bono decía que eras el cliente número 27, ibas a la isla 7, si eras el 15, ibas a la isla 5, y así con todos para evitar la congestión. Tampoco faltaron los grupos que trajeron licor y lo camuflaban en botellas de Coca Cola o de agua. Cada hora teníamos un receso de 10 minutos para descansar un poco, comer algo si lo deseábamos y para que los chicos de octavo grado, con mangueras a presión, quitaran todo el jabón que se había acumulado y otros fueran a comprar jabón, esponjas, o lo que necesitaramos. Teníamos 10 minutos, máximo, para enjabonar cada carro, y 5 minutos para enjuagarlo por completo. Polichado tenía 20 minutos para brillar y los de mecánica contaban con media hora. Los últimos no se vieron afectados por la cantidad de carros, pues de 10 sólo 4, máximo, pagaban por esos servicios.

Esa mañana Danielle nos llamó a todos al gimnasio para darnos instrucciones. Desde octavo grado hasta los de último grado, nosotros, éramos, en total, casi 200. Pero la rubia, como si nada, nos habló a todos, explicó paso por paso cómo realizaríamos el trabajo, puso las condiciones, dividió tareas, hizo el sorteo, etc. Parecíamos un ejército cuando salimos al parqueadero y montamos todo en menos de una hora. Me sentí extraña haciendo todo junto con todos, como si fuéramos uno solo. Un enjambre.

Finalmente, cuando el sol se estaba poniendo, vimos el final de la fila. Antes de que anocheciera por completo, habíamos terminado. Desde las graderías, Azrael y Sara dieron el total de las ganancias y, por filas, se le fue pagando a cada uno hasta que quedamos sólo los de último año y otros que pidieron asistir al partido. Nosotros no recibíamos pago, puesto que el dinero iba para el viaje y para la graduación y había suficiente dinero para ambas cosas.

― ¡Hay que celebrarlo!― gritó David.

Todos gritaron al unísono. Una hora más tarde, había canastas de cerveza para todos, carros con equipos de sonido, y chicos bailando. Danielle le pidió a Francheska que hablara con el director para que nos prestara el parqueadero por unas horas, ella se responsabilizaría de nosotros.
¿En serio? No sonaba prudente. Pero, como siempre, Bonnet lo manejó todo y dio las órdenes antes de que esa fiesta se volviera un desmadre. Nadie se opuso.

Recuerdo todo lo que pasó ese día perfectamente porque no bebí ni un solo trago. La última vez que lo había hecho hice el ridículo con Ángel y no estaba dispuesta a hacerlo de nuevo. Mucho menos bebería con Francheska y sus coqueteos cerca.
Vale, es cierto, me coqueteaba. Pero, ¿qué podía hacer? Yo procuraba no responderle ni darle señales de nada. Hasta le conté que Ángel era mi novia y que no quería dañar la relación por un capricho. Odiaba admitirlo pero, lo que “sentía” por Francheska era un capricho.

― Oye Danielle, ¿cómo hiciste para convencer a la profesora de que hablara con el director?― pregunté. La rubia estaba a mi lado bebiendo una cerveza con Jhon pegado de su cintura y besando su cuello. No es que quisiera estar ahí pero, Ángel estaba en el baño cambiándose.
― Es una prima en segundo grado, nos conocemos hace años, aunque no sabía que vendría a enseñar alemán a esta escuela― respondió sonriendo por las atenciones de su novio.

Casi se me cae la quijada de la sorpresa. Por eso se me hacía familiar…

― ¿Es tu prima?― inquirió Jhon casi gritando.
― Sí pero, procura que no se entere toda la escuela― replicó Bonnet dándole un codazo al basquetbolista.
― Imagino que es una loca como tú― solté recargándome en el mismo carro que ellos con los brazos cruzados.
― No te lo imaginas…― dijo casi susurrando.

Apreté los labios incómoda. Sabía por qué lo decía. Si Ángel estaba celosa, Danielle estaba enterada también, ni tonta que fuera.

― ¡Guerra de agua!― gritó David sujetando una manguera desde el techo de un carro.

Azrael abrió la llave a un lado del parqueadero y el agua salió disparada por la manguera. Inmediatamente, se armó el caos. Todos corrían por todas partes huyendo del agua o buscando otras mangueras para defenderse. Los dueños de los carros apagaron la música y los cerraron para que el agua no los mojara por dentro o dañara los sistemas de sonido. Vi a Ángel al otro lado del parqueadero saliendo de los baños del gimnasio y siendo atacada por David y su manguera.

― ¡Hay que defendernos!― ordenó Danielle al equipo de porristas.

Todas, incluyéndome, corrimos a ocultarnos detrás de varios carros. Con señas, tipo militares, Danielle nos coordinó para conseguir unas mangueras que estaban cerca de la puerta del gimnasio. Varias chicas de la escuadra salieron de su escondite y se levantaron las blusas. Los chicos del equipo de baloncesto que tenían las mangueras se quedaron boquiabiertos y distraídos mientras Danielle, Alexandra y Ximena se armaban con tres mangueras.

― ¡Piensen rápido!― exclamó la pelirroja disparándole a David.

A la fuerza, los hombres reaccionaron para disparar agua hacia ellas pero, fueron sorprendidos por la misma cantidad de agua. Quienes no teníamos mangueras, quedamos atrapados en medio del fuego cruzado hasta que otros empezaron a robarse las mangueras y pronto era un todos contra todos.
Ángel, que estaba empapada como nosotros, le arrebató una manguera a Danielle y corrió a disparar desde una esquina del gimnasio. La rubia la siguió haciendo lo posible por esquivar el agua. Miré a Jhon y tenía cinco chicas de décimo grado encima aprovechando el desmadre para manosearlo. El corazón me latía a mil, podía sospechar lo que iba a pasar cuando esas dos se quedaran solas y no quería que sucediera. Estaba a punto de llorar. Trataba de llegar a ellas pero, siempre, alguien me detenía.

― ¿A dónde vas?― David me tomó por la cintura y me levantó.
― ¡Sueltame David!― sollocé. Él no lo notó, estaba ebrio y ambos mojados.
― Estás muy seca, tienes que mojarte un poco― amenazó.

Azrael se apoderó de una manguera y me disparó con ella.

― ¡Sueltame ya!― grité desesperada. Pataleé hasta que pareció notar mi enojo y me liberó.
― Es sólo un juego, no te enojes― pidió confundido.
― Sí, lo siento, es que me puse algo nerviosa― excusé.

Un chico del equipo de futbol soccer apareció arrebatándole la manguera a Azrael y disparando a David. Aproveché la confusión para seguir corriendo.
Ya no las veía, ni a Danielle ni a Ángel y seguí bastante lejos. ¿Desde cuándo teníamos un parqueadero tan grande? ¿Y de dónde salieron tantos carros?
No podía correr muy rápido porque aún había jabón en el suelo y mucha agua y las sandalias que estaba usando me hacían resbalar.
Cuando por fin alcancé la esquina, me detuve para tomar aire y caminé con cuidado para que no me escucharan. Claro que también era poco probable que lo hicieran, encontré la manguera abierta saltando como serpiente y los gritos del parqueadero eran lo suficientemente fuertes como para opacar los sonidos en esa esquina.
Con el corazón en la boca me asomé y encontré lo que ya sospechaba. Ángel había acorralado a Danielle contra la pared y se besaban. Dejé de mirar de inmediato y me recargué contra la pared contraria llorando. Un minuto más tarde, salí corriendo hacia la guerra de agua.


DANIELLE

No sé cómo diablos pasó, y eso es mucho decir de mi parte. Pero, Francheska, ahora dictaba clases de alemán en mi escuela. Ni siquiera sabía que ella hablaba alemán y, mucho menos, que fuera profesora. ¿En serio?

― Eres una plaga, lo sabes ¿no?― me dijo Ángel furiosa.

Me había quedado pasmada en el pasillo por eso. Intentaba con mucho esmero comportarme bien con ellas pero, simplemente no podía evitar ser yo misma. Y ella se enojaba sólo porque Kyra le hacía un favor al equipo de porristas.
Toda la semana estuve pensando en eso y en que a la pelirroja le gustaba mi prima. Y claro, a mi prima le gustaba la pelirroja. Era ese tipo de chica delicada que a ella la volvía loca. No podía determinar hasta qué punto iba el gusto de Malek por Francheska pero, era el suficiente como para que Ángel se diera cuenta e hirviera de la rabia y de los celos. Yo también tenía celos; celos de que Ángel tuviera celos de Francheska.

El día del lavado de carros tuve que concentrarme. Yo era la líder de todo eso y todos seguirían mis órdenes. Modestia aparte. Los reuní en el gimnasio para organizar todo. Aunque la mañana era estresante cuadrando todos los detalles para que saliera perfecto, sabía que terminaría siendo genial. Los lavados de carros siempre eran así, parecían más una película porno que un grupo de estudiantes recogiendo fondos. Pero, funcionaba, y eso era lo importante.
Al final de la tarde recaudamos tanto dinero que hasta yo me sorprendí. La idea de los mecánicos fue buena, hubo muchas mujeres, madres de otros estudiantes, que pagaron por una revisión de aceite sólo para ver a los del equipo de futbol americano, atletismo y baloncesto con overoles y llenos de grasa. Era gracioso.

― ¿Entretenida?― pregunté a Ángel mientras enjabonábamos un Spark azul.
― Esto es una locura― respondió mirando a los demás ― ¿Quién pagará el recibo?― inquirió continuando con la labor.
― La mitad sale de lo que ganemos y la otra mitad será una recolecta entre los padres de todos los que estamos aquí― declaré haciendo una pose sexy mientras el dueño del carro me saludaba a lo lejos.
― Te ves patética― replicó la pelinegra.
― Es parte del marketing, ganamos más dinero en propinas― defendí.
― Es como prostituirse.
― Pero sin el sexo… ¿no te parece genial?

Ese intento, y muchos otros, fueron fallidos para iniciar una conversación. Ángel, al parecer, no me perdonaba lo de poner a Kyra en el “círculo”, como si esta estupidez fuera importante.

En la noche, cuando Francheska convenció al director, por teléfono, de que nos prestara el parqueadero para una pequeña fiesta, Jhon estaba especialmente meloso conmigo. Y ¿cómo no? Quería sexo, hacía mucho que no lo hacíamos. Tuve que beber mucho para acceder a sus peticiones.

― Sólo si traes condón, sino te esperas― advertí mientras nos escabullíamos en un salón.
― Claro que traigo, no me tomes por irresponsable― replicó tomándome de la cintura para sentarme en la mesa del profesor.

Nos besamos con necesidad. ¿Para qué negarlo? Jhon podía ser un idiota pero, era buen sexo. No podía olvidar lo sucedido en el último partido de visitante y parte de mí lo odiaría toda la vida por golpearme pero, ahí estaba, disfrutando ese cuerpo de dios que tenía.
Obviamente, estar con él y con Ángel eran dos cosas completamente diferentes. Ella era delicada conmigo, se tomaba su tiempo para acariciarme y calentarme, Jhon era más brusco y, tal vez en ese punto, más excitante.
Me penetró con fuerza haciéndome gemir, casi gritar. ¿Cuánto tiempo llevaba sin sentirlo dentro de mí? El vaivén fue suave al principio, estaba concentrado en lamer mis senos y mi cuello. Luego, fue acelerando. Con cada golpe mi cuerpo se estremecía. Era buen sexo y nunca lo negaría. Se aferró de mi cintura para controlar mis movimientos y aceleró. Gemí con fuerza. Estaba muy tomada y muy excitada. Ni siquiera se me pasó por la cabeza que alguien pudiera entrar y, si lo hacía, bienvenido era a unirse. Tenía el suficiente licor en el sistema como para prestarme para eso.

Llegó primero que yo, típico, aunque por pocos segundos.

― Date la vuelta― ordenó.

Se quitó el condón usado y sacó otro del bolsillo. Alguien estaba preparado.
Cuando vio que me tomé mi tiempo para moverme, él lo hizo sin mucho esfuerzo. Era en momentos como ese que mi orgullo se quejaba. Que me tratara como su %$#%&/ me bajaba la calentura. Pero, ¿ya qué? Debía dejarlo desahogarse o nadie se lo aguantaría.
La mesa metálica estaba fría y mis pezones reaccionaron al cambio de temperatura. Jhon mordió mi cuello al tiempo que me penetraba de nuevo. Gemí, como la primera vez. La calentura se me subía de inmediato. Esta posición era más placentera que la anterior en cuestiones de hombres. Con cada movimiento su miembro tocaba una parte de mi interior que me excitaba más rápido. Esta vez, llegué yo primero y lo disfruté casi un minuto más mientras él me alcanzaba. Caí rendida en la mesa sintiendo la humedad cayendo por mis piernas.

― ¿Estás bien?― preguntó ayudándome a poner de pie.
― Claro que sí…― dije medio atontada. Había sudado parte del licor pero los orgasmos me habían dejado un poco mareada.
― Vamos, hay que salir.

Me vestí con paciencia y salimos, como siempre, como la pareja de reyes.

Luego, más tarde, cuando yo ya estaba muy embriagada por Jhon, aunque no lo suficiente, David inició la guerra mojándonos a todos, ayudado por Azrael y otros del equipo de baloncesto. Organicé a las chicas de la cuadrilla para robar unas mangueras y defendernos. En menos de nada, fue todos contra todos. Había logrado apoderarme de una manguera y estaba disparándole agua a todo el que se me acercara, hasta que Ángel apareció por detrás y me la arrebató. Corrí tras ella hasta una esquina del gimnasio y ahí forcejeamos.

― ¡Estas borracha!― se burló la de ojos grises cuando logró quitarme la manguera. Ella no estaba sobria, precisamente

Quedé contra la pared cuando me disparó cubriéndome el rostro para no ahogarme. Con esfuerzo, alargué una mano y la sujeté de la camisa para atraerla hacia mí y arrebatarle el poder. La manguera se resbaló de las manos de Ángel al tiempo que su rostro quedaba muy cerca del mío.

Quedé pasmada de la sorpresa. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que estuvimos tan cerca? El estómago se me revolvió lleno de mariposas y nervios.
No podía averiguar lo que pasaba por su cabeza porque el maldito licor no me dejaba pensar claro; simplemente nos mirábamos fijamente. No podía moverme para empujarla, ni ella se alejaba. ¡Se suponía que ninguna de las dos quería estar con la otra! Todo lo que hice para alejarla y todo lo que ella hizo para alejarse. Ángel era feliz con Kyra y yo…yo era malditamente infeliz. Quise ladear el rostro cuando noté que sus labios se acercaban cada vez más. ¡Lo juro! Pero, no pude. Era infeliz, y esas mariposas en el estómago me indicaban que ese beso me haría feliz, al menos por un momento.

¡No! ¿Dónde estaba su supuesta fuerza de voluntad? ¿No que amaba mucho a su novia? ¿No llevaba una semana celosa de Francheska? ¿Sería eso? ¿Celos? ¿Me estaría usando sólo por celos?

Y entonces, cuando sus labios tocaron los míos, algo dentro de mí explotó de felicidad. No fue un beso brusco, no fue uno de esos que se sabe son por necesidad, por rabia. Fue suave.
No quería profundizarlo, ya bastante mal hacíamos con sólo ese toque pero, fue ella quien lo hizo. Me pegó más a la pared y me tomó de la cintura sin dejar de ser delicada. Abrí la boca y su lengua, mucho más experta que cuando la conocí, recorrió mi boca.

No…no…

Sí quería pero, no debía. Ninguna de las dos. No por Kyra, no por Jhon, sino por las dos, porque yo ya la había lastimado como nadie lo había hecho y ella podría lastimarme como nadie lo había hecho.

Finalmente, y con mucho esfuerzo mental, tuve fuerzas para poner mi mano en su pecho y separarla de mí 1 ó 2 centímetros. Cayó en cuenta de lo que hizo apenas me miró a los ojos. Bajó el rostro y, sin soltarme, lo ocultó en mi hombro. Me di cuenta que no me besaba a mí sino a Kyra.

― Lo lamento― dije. En parte era verdad y lo decía con la poca voluntad que me quedaba.

No respondió. Estaba llorando.

― No quise…― tartamudeé ―…no debí…― ¿Por qué me disculpaba? En ese momento, mi corazón saltaba de felicidad porque la había vuelto a besar cuando creía que ya más nunca lo haría.

Me sentía culpable por ser feliz. ¡Que injusto!

Sin pronunciar palabra, me soltó y se alejó.

Apenas estuve sola, me dejé caer recargada contra la pared y me abracé las rodillas ocultando el rostro en mis brazos. Quería saltar de la felicidad y no lo hacía porque ella había llorado. No sabía si sentirme miserable, usada, o afortunada. Sólo me quedaba la sensación en los labios y el sabor de los suyos.




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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/1/2012, 01:49

CAPITULO 43

UN PASADO EN LLAMAS

and the label said take two for pain
so now i medicate my brain
the conflict rubs against my grain
but i cannot flush it down the drain
we are so hopeless
we are hopelessly in love
she breaks my will
she's my bitter pill
addicted to her
can't fight off the chill
she blurs my world
she's my bitter pill
we creep the night
just to taste the thrill
hopelessly in love

she's the kind of love drives a man insane
she sticks her poison right in my vein
spinning around
over and upside down in love
she breaks my will
she's my bitter pill
addicted to her
can't fight off this chill
she blurs my world
she's my bitter pill
we creap the night
just to taste the thrill
hopelessly in love

she blurs my world
she's my bitter pill
she breaks my will
she's my bitter pill
we creap the night
just to taste the thrill
addicted to her
she's my bitter pill

Bitter pill – Motley crue


DANIELLE

No dormí tranquila ese fin de semana. No me gustaba, en absoluto, sentirme de esa manera por Ángel. Las cosas ya no podían ser. Y punto. Pero, mi cabeza terca, seguía dándole vueltas a ese beso, a su reacción…a la mía…
Era increíble cómo podíamos sentirnos tan mal por tener, de nuevo, lo que deseábamos. Porque ella me deseaba ¿verdad? No, no lo hacía, porque yo misma me encargué de eso.

¿Me arrepentía? Procuré no responder eso.

También había otra cosa que me daba vueltas en la cabeza, y era algo que Malek había mencionado en el cementerio. Algo de que se había besado con Ángel “antes de olvidar a otra persona por quien casi…”. Me picaba la curiosidad.

El miércoles de esa semana sería el viaje para el siguiente juego de visitante, por lo tanto, el martes yo tenía que estar completamente enterada del pasado de Malek.
El lunes, muy temprano en la mañana, antes de que los estudiantes llegaran a clase, fui a la oficina del director para hablar con la secretaria.

― Buenos días, señorita Sandra― dije a la secretaria.
― Buenos días, Danielle, ¿en qué te puedo ayudar?― preguntó sonriendo detrás de sus enormes gafas.
― Lo que pasa es que tengo una nueva recluta en la escuadra de porristas pero, como bien sabe, a la entrenadora Janeth no le gusta tener chicas…descarriadas…― respondí con voz ultra dulce. Si algo me daba de ventaja mi rostro de ángel inocente era esa voz de que no quebraba ni un plato.
― ¿Puedo saber de quién hablamos?― inquirió. Cuando se trataba de la entrenadora Janeth y su cuadrilla de porristas, lo mejor era trabajar rápido, pues no contaba con mucha paciencia. Era bueno que tuviera esposo e hijos y, así, no nos podía acompañar a todos los partidos cuando sólo íbamos a apoyar al equipo de baloncesto.

Me reí por dentro.

― Kyra Malek― contesté bajando la voz y acercándome un poco como si fuéramos grandes confidentes.

Noté que frunció los labios como si ese nombre le recordara algo.

― ¿Qué necesitas saber de ella?― su tono se volvió más serio.
― Dónde estudió antes― eso era lo único que necesitaba para iniciar.

Se puso un poco nerviosa.

― ¿Pasa algo?
― ¡No!― dijo rápidamente ― Es que no sé si sea buena idea darte esa información, como sabes, es confidencial― aclaró.
― ¡Oh! Ya veo…― ¡mierda! ― No se preocupe entonces, procuraré hablarlo con ella, gracias ― sonreí grande y salí.

Enojada, me fui al parqueadero a esperar el inicio de clases. Sabía otro método para averiguar su anterior escuela pero, no quería usarla. Así que opté por la otra opción: entrar en la escuela en la noche y buscar el archivo.
Mi ánimo no mejoró en todo el día. Sabía que la idea de invadir la escuela era tonta y sacada de series de adolescentes pero, me negaba a aceptar la otra. No estaba preparada para hablar con esa persona. Todavía.

― ¿Qué haremos este halloween?― preguntó Alexandra en la cafetería durante el receso.

Miré a otro lado como si no me hubiera dado cuenta que me hablaba a mí.

― Hay que pensar en algo, es en 15 días― anunció Ximena como tratando de captar mi atención.

Por el rabillo del ojo noté que Ángel me miraba inexpresiva. Jhon pasó su brazo por mis hombros y me pegó a él.

― Escuché que este año harán algo en el parque de diversiones― comentó David.
― ¿Algo como qué?― Kyra no sonaba convencida.
― Cerraran el parque de diversiones para convertirlo en una especie de parque del terror, hay que reservar para entrar― explicó.

Sonaba interesante.

― Debe costar mucho― dijo Ángel.
― Se paga por grupo completo― aclaró el basquetbolista.
― Suena bien, podemos ir antes de la fiesta― intervino Jhon.
― ¿Cuál fiesta?― cuestioné.
― La que daré en mi casa― y me besó en la frente.

El resto del día estuve distraída. Sin embargo, la curiosidad me superó. Quería saber, a toda costa, qué era lo que Kyra ocultaba. Finalmente, cuando sonó el timbre para la última clase, fui hacia el parqueadero.

― ¿A dónde vas?― preguntó Ángel notando que no giraba hacia el mismo lugar que ella.
― Estoy aburrida y tengo algunas cosas que averiguar― respondí sin detenerme.
― Creo que tenemos que hablar― me sujetó del brazo.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Kyra no estaba cerca.

― Fue un accidente, madura― repliqué sacudiéndome.

No sé qué respuesta esperaba pero, no era esa. Se quedó, literalmente, petrificada.
Arrepentida, me devolví. A empujones, la metí en un baño y cerré la puerta con seguro.

― ¿De qué quieres hablar?― procuré controlar mi tono de voz.
― Lamento lo que pasó― dijo con seriedad.

Me esforcé por no demostrar nada con la expresión. Y no fue fácil.

― Sólo fue un beso, y no es conmigo con quien debes lamentarte― aclaré recargándome al lavado.
― Sabes que no se lo puedo contar a Kyra.

Quería darle la espalda pero, no podía, sería demasiado evidente.

― ¿Por qué lo lamentas?― curioseé blanqueando los ojos como si no me importara.
― No quiero darte falsas esperanzas― explicó.

Si no estuviera tan acostumbrada a fingir tranquilidad, esa respuesta hubiera generado en mí algo más que un parpadeo tranquilo.

― No soy una niña, conozco la diferencia― defendí.
― A veces pienso que no― comentó.
― Estaba borracha, si permití que pasara fue por eso, por nada más, tengo bastante claro que las cosas se acabaron y que yo misma fui la culpable de eso― declaré llorando por dentro.

¿Por qué no le decía que la quería y ya? ¿Tan difícil era?

― ¿Sobria no hubieras dejado que te besara?― hizo un gesto extraño y se acercó hasta dejarme atrapada entre ella y el lavado.
― No quiero darte falsas esperanzas― repetí.

Nunca, hasta ese momento, noté tanto la diferencia de altura entre Ángel y yo. Claro, porque nunca me sentí tan dominada por su presencia.

Mi respuesta fue exactamente la que esperaba, pude leerlo en sus ojos grises.

― Que bueno― sonrió y salió del baño.

Cuando la puerta se cerró, me cubrí el rostro con las manos porque quería gritar con todas mis fuerzas. Me tomó unos minutos calmarme y aproveché el corto camino hasta el parqueadero para lograrlo.
Recordé lo que no quería hacer pero, a falta de un plan más inmediato, lo haría.
Saqué el celular y le marqué a mi padre. Tardó en contestar, más de lo normal. Desde que Ángel nos descubriera no habíamos vuelto a hablar, él se limitaba a enviarme dinero y yo a recibirlo.

― ¿Danielle?― preguntó casi asustado.
― Sí, soy yo― suspiré para darme fuerzas.
― ¿Pasa algo? ¿Por qué me llamas?

Quise responder con algo como “¿No puedo llamar a mi propio padre?” pero, no entraba al caso.

― Hay algo que quiero preguntarte― necesitaba una línea de coca.
― ¿Sí?

Me relamí los labios, incómoda. No era como si me gustara hablar de ella.

― ¿Dónde estudiaba Daphne cuando fuimos al campamento?― pregunté.

Hubo un largo silencio al otro lado de la línea. Era una mala idea.

― Gimnasio Los Tréboles― contestó casi un minuto después. Claro, la misma escuela a la que asistieron Francheska y Alexander, la familia de mi madre sólo se permitía lugares como esos. Mis primos tenían acciones ahí.
― Gracias― no podíamos sonar más cortantes.
― ¿Necesitas algo más?
― No, hablamos después― y colgué.

Si no estuviera a punto de conducir casi por una hora hasta llegar a las afueras de la ciudad, juraría que ya tendría varias líneas de coca listas para ser consumidas. O no, en realidad, no.
Tuve que conducir por encima de lo permitido para llegar a ese lugar y poder regresar a tiempo al final de clases pues tenía entrenamiento con las porristas. Me pareció curioso que la clínica de reposo donde murió mi madre quedara a sólo un kilómetro de la vieja escuela de Kyra y Daphne.
Era una escuela campestre y enorme. Había un gran edificio a la entrada y, detrás de este, había un campo con canchas de futbol, una caballeriza, canchas de tenis, voleybol, y no sé cuantas cosas más. Noté que gran parte de la fachada del edificio parecía estar siendo acabada de remodelar.

El vigilante, después de analizar mi auto, me dejó entrar y me indicó cómo llegar a las oficinas. Una amable secretaria me recibió en la puerta.

― Buenas tardes, señorita, ¿en qué le podemos ayudar?― preguntó mientras con un gesto me indicaba el camino.
― Estoy buscando información sobre una estudiante― puse mi voz más seria.
― Mmm…ya veo, creo que tendremos un problema con eso― respondió.

Guardamos silencio hasta la oficina. Dentro, había algunos pasillos clausurados mientras obreros trabajaban en ellos. Me pidió que me sentara y, luego de acomodarse el vestido, se sentó frente a mí.

― Disculpe el ruido, lo que pasa es que hace algunos meses hubo un…accidente…y apenas se están terminando los arreglos― dijo sonriendo.
― No se preocupe― no recordaba haber visto algo en las noticias. Ese era una escuela muy prestigiosa, y los arreglos eran por todas partes, ¿cómo es que un lugar así tiene que ser prácticamente reconstruido y en los noticieros no lo mencionan? ― ¿Y sobre la información que requiero?― le recordé.
― Usted entenderá que la información sobre los estudiantes es clasificada y que no podemos dársela a cualquiera que venga a pedirla― explicó.

Levanté una ceja y, con disimulo, acomodé mi bolso para que el logo de D&G se notara.

― Claro, no es que usted sea cualquier persona― corrigió rápidamente.

Me odiaría toda la vida por lo que estaba a punto de hacer.

― Mi madre fue Cassandra François, y mis primos son Alexander y Francheska Lukä François, no sé si los recuerde― dije con veneno.

Su rostro cambió de inmediato. Obvio los recordaba, si esos dos eran casi los dueños de ese lugar.
Hizo una llamada rápida sin esconder la sonrisa ni por un segundo.

― El director la atenderá inmediatamente― declaró indicándome la puerta.
― Gracias― respondí con la misma sonrisa hipócrita.

No me gustaba usar a esos dos para conseguir algo pero, no podía negar que era muy útil ser su prima, aunque fuera en segundo grado.
El director, un hombre de color con canas y bigote, me recibió de pie al otro lado de un enorme escritorio.

― Señorita François, por favor, siga― pidió señalándome la silla.

Me senté sin pronunciar palabra.

― ¿En qué puedo ayudarla? ¿Desea ingresar a nuestra escuela?― ya tenía los folletos listos sobre la mesa. ¿Podía hacer eso? Era casi final de curso, de último año, ¿aún recibían estudiantes?

¿Y si mejor me cambiaba de escuela para olvidar a Ángel? Sí, claro…

― Quisiera información sobre una estudiante― contesté por enésima vez en el día.
― Por supuesto, ¿de quién se trata?
― Kyra Malek.

El rostro del hombre cambió de inmediato. Recordé lo sucedido en la mañana con la secretaria de mi escuela. ¿Por qué todos tenían esa reacción cuando mencionaba ese nombre? Ni siquiera con el mío lo hacían. El rostro se le convirtió en una más cara de mármol que sudaba nerviosa.

― ¿Puedo saber para qué la necesita?― curioseó abriendo y cerrando los puños con cierto nerviosismo.
― Lo que pasa es que soy la capitana de las porristas en mi escuela, y a la entrenadora no le gusta que las chicas tengan…ya sabe, algo “raro”, porque puede mal influenciar a las demás― mentí ― Kyra acababa de entrar al equipo y, aunque ya no quedan competencias este año, quiere asegurarse de que tomó una buena decisión, puesto que de igual manera viajará con nosotras para los partidos de visitante de nuestro equipo de baloncesto, entrenará con nosotras, etc.― agregué midiendo las respuestas en su rostro.

Noté que la palabra “raro” lo hizo asentir. Casi no podía interpretar bien mi papel, la curiosidad me estaba matando. ¿Qué diablos hizo Kyra?

― ¿Traes contigo alguna carta de tu entrenadora?

Mierda…

― Es que ella no me ha enviado, precisamente― me mordí el labio.
― ¿A qué te refieres?

Me recargué en el escritorio como queriendo acercarme más a él.

― Vine por mi cuenta porque he notado algunos comportamientos…raros…en Kyra― susurré.

Abrió los ojos como si comprendiera.

― Usted sabe que el equipo de porristas está conformado, en su mayoría, por mujeres y, a veces…a veces Kyra se nos queda mirando mucho cuando nos estamos cambiando o cuando estamos en las duchas…― que santurrona y aficionada religiosa sonaba.
― Entiendo…

El hombre se recargó en la espalda de su silla apenas notó que se había acercado a mí de la misma manera que yo a él.
Cruzó los dedos de las manos sobre la mesa mientras meditaba algo. Supe que lo tenía en mis manos cuando me miró.

― Señorita François, lo que le voy a contar le pido, por favor, que lo maneje con toda la discreción posible, usted entenderá que esta escuela no puede permitirse semejantes escándalos― pidió.
― Por supuesto, lo que sea que me diga, le aseguro que sabré manejarlo para evitarle problemas a esta distinguida institución― quería vomitar entre tantos halagos.

De nuevo guardó silencio. ¿Tan terrible era?

― La señorita Malek nunca dio muestras de ser un problema, estudió aquí toda su vida, siempre tuvo las mejores notas, fue capitana de las porristas como usted y era muy querida por todos los profesores, nadie pensaría que sería capaz de hacer lo que hizo ― inició sin desenlazar los dedos ― Este año, sin embargo, fue diferente ― tragó saliva. Sacó un pañuelo y se limpió el sudor de la frente ― Hace unos seis meses, cerró todas las puertas de la escuela, regó gasolina por los pasillos, y le prendió fuego con todos los estudiantes adentro― soltó, finalmente.

No pude evitar abrir los ojos y recargarme en el espaldar de la silla como chocada por sus palabras. Abrí la boca y, rápidamente, me la cubrí con una mano. Tuve que esforzarme mucho por no reírme. ¿En serio? ¿Malek una psicópata? ¿Era un chiste?

― ¿Por qué lo hizo?― pregunté. Me dolían las mejillas de soportar la risa.
― Dicen…― bajó la voz ― …que estaba enamorada de su mejor amiga pero que esta nunca le correspondió.

No sabía cuánto tiempo podría soportar la carcajada. Apreté los labios como si la sorpresa fuera demasiado grande pero, por dentro, me partía de la risa.

― ¿Era lesbiana?― curioseé en susurros abriendo los ojos como platos como si fuera la más terrible de las cosas.
― Eso parece― confirmó.
― Imagino que eso no está en su expediente― comenté como para distraerme la cabeza.
― Evitamos poner ese detalle, es parte de su vida privada, ya sabe, con eso de los derechos LGBT esas personas pueden andar por ahí como si nada― era increíble tanta homofobia en un hombre que podía ser víctima de racismo.
― Pero lo del incendio…
― Eso sí está, las demás escuelas tienen derecho a saber qué clase de persona reciben en sus aulas y con sus estudiantes, sin embargo, por orden judicial, está prohibida su divulgación, sus padres nos demandaron justo después del incendio, ¿puede creerlo?
― El colmo…― accedí.

El teléfono sonó. El hombre habló unos segundos con su asistente y se disculpó por ausentarse un momento. Aproveché para reír en silencio. La ironía cruzaba límites. Tanta pendejada de mi parte para que Ángel se alejara de una loca como yo para que terminara con una loca como Kyra.

El director regresó.

― ¿Hay algo más que necesite? Estoy a punto de entrar a una reunión― anunció.
― Una última cosa― dije poniéndome de pie.
― Claro que sí, dígame― ¿era así de arrastrado con todos los que tenían un apellido importante?
― Quisiera hablar con la chica que Kyra acosaba― pedí.

Lo meditó unos segundos.

― No creo que haya problema en eso, le pediré a mi secretaria que la llame, puede usar mi oficina― acordó.
― Muchas gracias― me acerqué ― Le agradezco, de corazón, que me haya contado esto, no es bueno que una persona como ella esté cerca de mis compañeras, es una mala influencia― vi que llevaba un crucifijo ― Rezaré por usted― agregué.
― Gracias a usted ― parecía contento ― Debo irme, dele mis saludos a sus primos― y se fue.

Le di varias vueltas a la oficina mientras esperaba. Tal y como sospechaba, el tipo era un aficionado religioso. Había una biblia de bordes dorados abierta sobre un soporte en una esquina de la oficina, varios libros religiosos en la biblioteca y un crucifijo detrás de su silla. Me sorprendía que la escuela no tuviera el nombre de algún santo.

Diez minutos después, la puerta se abrió y Ángel entró.

Mentira, no era ella pero sí muy parecida. Era una chica alta, de cabello negro semiondulado y ojos azules. Tenía un cuerpo como el de Ángel, atlético y la piel del mismo tono. Estuve unos cuantos segundos paralizada. ¿Hacía eso por ella? ¿Por Ángel? ¿O por mí?

― ¿Es usted quién me necesita?― preguntó confundida al no ver al director.
― Sí, ¿cuál es tu nombre?― con la mano le indiqué que se sentara en una de las sillas mientras yo me sentaba sobre la mesa.
― Daphne…― lo dijo con duda y prefirió ahorrarse el apellido. No se sentó, se quedó de pie en la mitad de la estancia.

Solté la carcajada. De todos los nombres en el mundo, ¿ese era el que debía repetir? ¿Cuánto tiempo vivió Kyra torturada porque su amor tenía el nombre de mi hermana?

― ¿Te conozco?― su tono de voz cambió a uno molesto.
― En absoluto― respondí.
― ¿Para qué me necesitas?― se puso a mi nivel apenas notó que teníamos, seguramente, la misma edad.

Salté de la mesa y caminé a su alrededor mirándola de arriba abajo. Eso siempre descolocaba a las personas.

― Veo que los gustos de Kyra están muy bien definidos― comenté plantándome frente a ella.

Reaccionó ante el nombre pero, diferente a los demás. Había sospecha en sus ojos y no miedo.

― ¿Quién dijiste que eras?― cuestionó cruzando los brazos.
― Así que la pequeña pelirroja incendió la escuela por tu culpa― acerqué mi rostro al suyo.

Me sostuvo la mirada sin ponerse nerviosa. Era hetero. Eso explicaba el despecho.

― Que te importa…

La chica era ruda. Me recordaba un poco a Ángel, siempre procurando ser autosuficiente.

― Me importa porque se está tirando a una amiga mía― aclaré. Ok, no sabía si de verdad se la estaba tirando pero, imaginaba que no. Kyra seguía virgen, y lo seguiría siendo un buen tiempo hasta que se le quitara el miedo.
― ¿Te dejaron por otra, linda? Qué lástima…pero no puedo ayudarte― dijo con sarcasmo.

No respondí. Noté en su mirada que pareció reconocerme a pesar de los pocos datos que poseía.

― Me conoces― dije.
― Danielle, ¿no?

Levanté las cejas sorprendida. Entonces Kyrita se había estado quejando de mí. Pero, si casi destruye la escuela, ¿por qué seguían siendo amigas? ¿Acaso esta chica se podía parecer más a Ángel?

― Vale, me voy, gracias por la visita― anunció dando media vuelta.
― Tienes el mismo nombre de la chica que me ayudó a matar cuando éramos pequeñas― solté.

Quedó petrificada.

― ¿Qué dices?― preguntó clavándome sus ojos azules como estacas.
― Nada, mi vida, que ya me diste lo que necesitaba― pasé a su lado y salí de la oficina.

La secretaria me escoltó hasta el auto y casi me despide con un pañuelo blanco desde la puerta del parqueadero. Esperaba encontrar de todo, menos lo que descubrí.
¿Qué haría con esa información? Lo que siempre hacía: usarla cuando fuera necesaria.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/1/2012, 03:30

CAPITULO 44

HALLOWEEN

'Cause it's a bittersweet symphony, this life
Try to make ends meet
You're a slave to money then you die
I'll take you down the only road I've ever been down
You know the one that takes you to the places
where all the veins meet yeah,

No change, I can change
I can change, I can change
But I'm here in my mold
I am here in my mold
But I'm a million different people
from one day to the next
I can't change my mold
No, no, no, no, no

Well I never pray
But tonight I'm on my knees yeah
I need to hear some sounds that recognize the pain in me, yeah
I let the melody shine, let it cleanse my mind, I feel free now
But the airways are clean and there's nobody singing to me now

No change, I can change
I can change, I can change
But I'm here in my mold
I am here in my mold
And I'm a million different people
from one day to the next
I can't change my mold
No, no, no, no, no
I can't change
I can't change

'Cause it's a bittersweet symphony, this life
Try to make ends meet
Try to find some money then you die
I'll take you down the only road I've ever been down
You know the one that takes you to the places
where all the veins meet yeah

You know I can change, I can change
I can change, I can change
But I'm here in my mold
I am here in my mold
And I'm a million different people
from one day to the next
I can't change my mold
No, no, no, no, no

I can't change my mold
no, no, no, no, no,
I can't change
Can't change my body,
no, no, no

I'll take you down the only road I've ever been down
I'll take you down the only road I've ever been down
Been down
Ever been down
Ever been down
Ever been down
Ever been down
Have you ever been down?
Have you've ever been down?


Bittersweet symphony – The Verve



La de ojos grises estaba preocupada. El día anterior había sido el partido de visitante del equipo de baloncesto junto con las porristas pero, a causa de un problema en su casa, no había podido ir. La atormentaba saber qué había pasado en su ausencia. No sospechaba de infidelidades por parte de su novia pero sí tenía miedo de lo que la rubia pudiera hacerle. Es decir, desde que Kyra entrara al círculo, esas dos parecían más cómodas con la presencia de la otra.

― Hay que llenar unos formularios en internet para hacer la reserva― dijo Ximena sacando un pequeño portátil de su bolso.

Ángel no les estaba prestando mucha atención. No paraba de preguntarse por qué seguía sentada con esa partida de tontos como si ella fuera uno de ellos. ¿O lo era? Estaba en su estúpido círculo, ¿qué más prueba que eso? A veces se sentía patética. Como en ese momento. Y, sin embargo, no se movía de su lugar.
Kyra se pegó más a ella como queriendo llamar su atención. La miró disimulando el hastío de esa mesa.

― ¿Iremos?― preguntó la pelirroja no muy convencida.
― Si quieres― respondió acariciándole el mentón.
― Tenemos que ir todos, hay que cumplir un cupo― demandó Alexandra.

Al otro lado de la mesa, flanqueada por Jhon y David, Danielle jugaba con la comida en silencio. La rubia se limitaba a escuchar a la pareja de lesbianas. Sonaba interesante, aunque muy terrorífico.

― ¿Y cómo funciona eso?― curioseó Azrael mordisqueando una manzana.
― Se hace la reserva por internet, cada uno de nosotros debe responder una pequeña encuesta que será analizada por unos estudiantes de psiquiatría, el 31 iremos al parque de diversiones y ellos habrán creado todo un ambiente para asustarnos a todos con lo que más miedo nos da, es parte de la tesis de unos estudiantes, ellos alquilaron el parque de diversiones― explicó la morena ― Seremos como conejillos de indias pero, al menos, será un halloween inolvidable― afirmó.

Danielle procuró no mostrarse alarmada. Tal vez se veía muy dura por fuera pero, era propensa a los sustos. Aquella vez en el cementerio con Kyra tuvo que hacer mucho esfuerzo para calmarse y, aunque la pelirroja no lo notó, la forma tan amena como se comportaba era el resultado de su intento por no demostrar el miedo.
De repente, notó que todos la miraban. Era hora de hablar.

― Sí, supongo, se han esforzado mucho en convencernos, no sería mala idea ir, después de eso podemos salir a la fiesta de Jhon― declaró.
― Ese es el problema…― susurró Ximena.

Jhon levantó una ceja con molestia.

― Llamamos para reservar, el único cupo que quedaba era a media noche― reveló con algo de temor.
― Entonces iremos después de la fiesta, ¿cuál es el problema?― rectificó la abeja reina.
― ¿Después? ¿Piensas que la fiesta se acabe a las 11?― cuestionó David con un tono que molestó a la bruja.

Ángel intentó no sonreír. Si había algo que le alegrara el día era que alguno de los zánganos de esa mesa se rebelara.

― Sí― la rubia no vaciló.

David miró a Jhon suplicante.

― Nos llevaremos el licor con nosotros― se limitó a comentar el basquetbolista.

Satisfecha, Danielle regresó a jugar con su comida.

Las arpías continuaron con su descripción de la actividad hasta, finalmente, convencer a todos. Esa noche, todos llenarían el “formulario” tan honestamente como les fuera posible.

Sentadas frente al computador, Kyra, Ángel y Danielle no sabían qué responder. Más la tercera que las dos anteriores.

Animal al que le tiene fobia: Nunca había pensado en eso. Puso mariposas, porque cada que veía una muy grande y negra se quedaba paralizada pensando que podría pegársele en el rostro.

¿Qué era lo que más le asustaba de pequeña?: Su hermana. Lo borró apenas lo escribió. Ser violada. También lo borró. La soledad. Miró hacia otro lado cuando le dio ‘enter’.

¿Cree en fantasmas, espíritus, seres del más allá?: De alguna forma, sabía que parte de Daphne estaba en su interior pero, eso no era nada sobrenatural y respondía a otra razón. Escribió que tal vez existían pero que ella nunca había visto uno.

Situación sentimental: Amarrada a un tipo con problemas de bipolaridad. Lo borró y respondió que tenía novio.

¿Su pareja se encuentra dentro del grupo?: Desafortunadamente, pensó, sí. Sólo afirmó, para evitar complicaciones.

Hobbies: Ser porrista. Se sorprendió al darse cuenta que no sabía si le gustaba hacer otras cosas.

¿En qué considera que es bueno?: Manipular a las personas. No vaciló. A ver si eso le daba algunos puntos en el juego del terror.

¿En qué considera que es malo?: Expresar sus sentimientos. Prefirió no meditar mucho sobre eso.

Del grupo, ¿quiénes serían sus más cercanos?: Permaneció varios minutos golpeando la mesa con las uñas antes de responder. Azrael y Ángel. Habían dicho honestidad ¿no?

Y así con muchas otras. Kyra también se enredó con algunas preguntas, sobre todo la de la situación sentimental. Contestó que muy enamorada pero, sin poder confiar por completo en esa persona. Ángel, por su parte, respondió que se sentía bien con la persona que estaba pero que tenía malos hábitos que la podían lastimar.

La siguiente tarea para la noche de halloween, era ver una película de terror por cada uno de los participantes. Ximena y Alexandra no podían ocultar lo bien que se sentían dirigiendo las cosas en lugar de Danielle.

― Podemos ver las películas en mi casa― anunció la rubia.
― Mejor vamos a la de Kyra― replicó Ángel. Recordaba los efectos de sonido que la porrista líder tenía en casa y no estaba dispuesta a someter a Kyra a eso.

La aludida le restó importancia.

― Ustedes decidan― declaró.

Si Azrael no tuviera un poco de tacto, habría dejado caer la quijada, como todos los demás.

― Entonces en mi casa― dijo el presidente de los estudiantes para desviar la atención.

Los otros dos hombres de la mesa aceptaron de inmediato. Era mejor evitar una pelea entre las chicas.

Después de clase, y para sorpresa de Ángel, todos se fueron a una tienda de películas para seleccionar las mejores. Seguía sin comprender por qué andaba con ellos. Los ocho se pararon frente a la sección de terror para, cada uno, elegir una película de terror. Ximena y Alexandra eligieron ‘Scream’, Jhon ‘Jeepers creepers’, Azrael ‘Actividad paranormal’, Kyra ‘El orfanato’, Ángel ‘El espinazo del diablo’, David ‘REC’, y Danielle ‘SAW’

― No podemos verlas todas juntas― comentó Kyra mientras salían de la tienda procurando no demostrar el miedo en la voz.
― Tenemos dos semanas― acordó Danielle, también fingiendo indiferencia.

Ángel las miró confundida. De nuevo, y como no pasaba hacía meses, las veía muy similares. Sabía que Kyra era miedosa pero, ¿Danielle? Escondió la sonrisa cuando pensó en asustarla mientras veían las películas.

― Mi casa sigue disponible para cualquier día― dijo Azrael.

Acordaron que las dividirían en tres días y que las verían los tres días, valga la redundancia, antes de halloween.

La semana continuó con normalidad. Sin embargo, hubo algo que empezó a llamar mucho la atención de Danielle, y fue cierta mirada que captó en los ojos de su prima lejana cuando esta hablaba con Kyra. También notó los celos de Ángel se habían apaciguado. ¿Estaría actuando?
Ese día, cuando sonó el timbre de final de clases, la rubia esperó a que todos se marcharan para hablar con Francheska.

― Kyra te gusta― dijo recargada contra el marco de la puerta. La aludida no se sorprendió y continuó recogiendo sus libros.
― Pero, eso ya lo sabías, ¿no?― comentó.
― Te gusta mucho― aclaró.

La castaña empezó a borrar las anotaciones que había en el tablero.

― No me muero de amor por ella, si es lo que te preocupa― replicó, aún sin mirarla.
― Lo sé pero, conociéndote, te la quieres llevar a la cama.

Francheska le clavó los ojos. Aunque ella fuera algo mayor que Danielle, le tenía cierto respeto. La rubia podía ser todo y hacer de todo pero no dejaba de ser un poco aterradora.

― ¿Y qué con eso? ¿Por qué no debería hacerlo?― retó.

“Porque es la novia de Ángel”, pensó Danielle. Pero, ese no sería argumento para su caprichosa prima.

― ¿En serio crees que Kyra se iría a la cama contigo?― cuestionó con tono irónico.

La profesora se ofendió. Ella llevaba a la cama a quien quisiera y cuando quisiera.

― No tiene que ser en una cama, puede ser en un baño, en el almacén del gimnasio sobre una de las colchonetas de las porristas, en este salón y sobre esta mesa…― respondió saboreándose los labios.

Bonnet sonrió. Se veía reflejada en su prima.

― Quiero que lo dejes― ordenó sin disimulo.
― ¿Quieres que lo deje?― la voz de Lukä subió una octava.
― Sí― afirmó sin vacilar.

Hubo un breve duelo de miradas.

― Aún no me das una buena razón― se encogió de hombros y recogió sus libros. Para cuando ambas salieron del salón, los pasillos ya estaban vacíos.

La rubia mordió el piercing en su lengua al sentirse ignorada. Tal vez un poco humillada.

― Es la novia de Ángel― soltó apenas unos pasos después.
― ¡Sabía que se trataba de eso!― exclamó la modelo, triunfante.

Derrotada, Danielle mantuvo la cabeza en alto, sólo por dignidad.

― No quiero que te aproveches de la inocencia de Kyra.
― Entonces sabes que caerá.
― Hay muchas más tontas como ella en este lugar, ¿tiene que ser con ella exclusivamente?
― Sabes que no es cierto, por algo tu ángel está con ella.

La rubia tomó aire.

― No es “mi ángel”― replicó con suavidad.

Francheska se carcajeó.

― Vamos, sé que puedes hacerlo mejor…― retó la castaña ― Tal vez me pida que la folle como Ángel, así como tú me lo pediste― atacó.

Eso fue bajo, hasta para Francheska.

Bonnet lo meditó. ¿Qué podía hacer para detenerla? Sabía, por experiencia, que era prácticamente imposible resistirse a su prima. Y Kyra, que no era muy diestra en el asunto, caería fácilmente. Bien podría dejarla, que Ángel le terminara y ella quedar como la santa salvadora. Sí, claro…como si Ángel fuera a caer en eso.

― Vale, haz lo que quieras, como la zorra que eres― declaró apresurando el paso.

Hasta ella misma se sorprendió de lo que acababa de hacer. Se había puesto en contra de su prima por Kyra. Corrección, por Ángel.
Lukä la fulminó con la mirada. Si algo le molestaba era que la llamaran de esa manera.

― Como si tú no lo fueras― replicó con rabia.
― Al menos yo lo sé disimular― defendió sin detenerse.

Debía tener fiebre, o algo así, pensó Danielle, de camino a su casa. ¿Cómo se le ocurría retar a Francheska? Si antes pensaba que lo haría, ahora lo tenía confirmado. Más importante todavía, ¿por qué se preocupaba tanto por esa relación? ¿Quién la nombró guardiana de esas dos? Dio una vuelta larga en el carro mientras lo meditaba.

Al llegar a casa, encontró a Kyra sentada en el bordillo esperándola.

― Debe ser una broma…― susurró bajándose del carro ― ¿Qué haces aquí?― cuestionó.

A medida que se acercaba, podía notar que tenía los ojos hinchados y rojos. ¿Estaría llorando?

― Me voy del país― reveló con la voz quebrada.

El pecho de la rubia se contrajo por los sentimientos encontrados.

― Pasa― fue lo único que se le ocurrió responder. Abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarla entrar.

La pelirroja avanzó directo a la cocina al igual que Ángel. ¿Ahora era la confidente? Danielle Bonnet, ¿a qué punto has caído?, meditó con nostalgia.
Rebuscó en la nevera algo que sirviera. Encontró medio litro de helado y lo puso frente a Kyra con una cuchara. Era lo mejor que podía hacer por ella. Agarró un trozo de pizza y lo calentó en el microondas.

― ¿Por qué te vas?― preguntó, finalmente, después de unos cinco minutos.
― Mi padre consiguió un empleo en Alemania, nos vamos después de halloween― contestó. Luego, se metió una cucharada de helado.
― ¿Cuánto después?― curioseó.
― El 2 de noviembre.

La rubia procuraba no mirar a la otra. Mentalmente, se estaba haciendo un lio. No sabía si alegrarse por la noticia y usar eso en su favor para regresar con Ángel o sentirse terriblemente mal porque sabía, a la perfección, la manera como la pelinegra tomaría la noticia.

Un momento, ¿regresar? Rápidamente, corrigió eso en su cabeza. Nada de regresar con Ángel, por más que se muriera de… ¿amor?…ella había decidido alejarla por su propio bien; el de Jhacomme.

― ¿Por qué me cuentas esto?― el queso de la pizza parecía caucho derretido.
― No supe a quién más decírselo― confesó la pelirroja sin parar de comer el helado.
― ¿Qué quieres que haga?― porque era obvio que no sólo la buscaba para desahogarse. Igual que todos los demás, la buscaban porque sabían que ella encontraría una solución.
― Hay un amigo de mi padre que puede dar reversa a esto― dijo, ahora enterrando la cuchara en la crema.

A la rubia sólo le tomó un segundo captar la idea.

― ¿Quieres que mi padre despida al tuyo?― inquirió, para asegurarse.
― Es lo único que se me ocurre…
― ¿Te das cuenta que me pides arruinar algo que tu papá quería por algo que tu quieres?
― Estoy consciente de eso.
― No parece.

Guardaron silencio por unos segundos.

― ¿Lo harás?― presionó Kyra
― No hablo con mi padre desde…― lo meditó antes de decirlo ―…desde que Ángel nos encontró juntos― mintió.
― ¡Mentirosa! ¿Cómo sobrevives, entonces?― reclamó la otra.
― Él deposita el dinero en una cuenta, no tiene que llamarme para eso― era cierto.
― Por favor…― empezó a llorar ― sé que puedes lograr que yo me quede…― rodeó la mesa y se plantó frente a la rubia.

Bonnet quiso alejarse. No le gustaba que la gente llorara cerca de ella. Le molestaba. Estaba a punto de bajarse de la silla cuando la pelirroja la tomó de las manos.

― Sé que quieres lo mejor para Ángel, hazlo por ella― rogó en medio de lágrimas.

Y si no hubiera dicho eso, tal vez la rubia le habría ayudado.

― No puedo hacer nada― repitió.

¿Por qué lo hacía? ¿No era mejor para ella que Kyra se fuera? Sí, claro, como si Ángel fuera a correr a sus brazos apenas Malek desapareciera.

― Claro que puedes, tú puedes hacerlo todo, esto no es excepción― la de ojos verdes estaba desesperada.

Sus padres la habían recogido esa tarde apenas saliera de la escuela para darle la noticia que ellos consideraban le encantaría. Se despidió de Ángel y se metió al carro. Fueron a comer a un restaurante fino y ordenaron champagne de la más costosa. Sólo hasta que le dijeron, ella no entendió el por qué de la celebración. El nuevo cargo de su padre implicaba mejor sueldo, casi el triple de lo que ganaba actualmente. Incluía, también, cupo garantizado para su hija en una de las mejores universidades de Berlín. Por todas partes era lo mejor que le podía pasar a su familia. Salvo por un pequeño problema: ella no quería separarse de Ángel. Por primera vez, sus padres no le prestaron atención en sus reclamos y le ordenaron callar. Indignada, se marchó del restaurante y fue directo a la casa de la única persona que conocía que podía dar marcha atrás a todo eso: Danielle Bonnet.

― No voy a pedirle un favor de esos a mi padre, si le dieron el empleo al tuyo es porque se lo merece, ¿no crees?― la rubia sabía que hablaba con una pared.
― Pero no quiero irme…― lloraba pero, no era real. Kyra, más que tristeza, sentía rabia.
― No seas caprichosa― replicó Danielle.
― ¡Te conviene!― explotó empujándola.

Si no fuera porque estaba buscando la forma de alejarse, la rubia se habría caído de la silla en lugar de quedar de pie.

― ¡¿Qué te pasa?!― exclamó.
― ¡Quieres que me vaya para quedarte con Ángel!― reprendió Malek.
― ¿Acaso eres descerebrada?
― ¡Admítelo! ¡Te alegra que me vaya!

¿Cuánta gente bipolar tenía a su alrededor?, meditó Danielle.

― ¡¿Gracias a quién estás con tu novia?!― le recordó.

Kyra calló.

― Gracias a mí estás con ella, y si se me da la gana de que se separen, ¡lo harán! ¿Está claro?― eso no era lo que iba a decir, precisamente.

La de ojos verdes apretó los puños.

― Si te quedas, perfecto pero, si te vas, no voy a detenerte, es así de sencillo― declaró la de ojos ambarinos.
― Fui una estúpida al pensar que me ayudarías…― murmuró Kyra.
― Tienes la razón en eso…

Furiosa, la pelirroja se limpió las lágrimas y se marchó.

Como era obvio, a la semana siguiente, los ánimos entre las dos estaban tensos. Fue evidente para Ángel que algo había pasado a sus espaldas entre Kyra y Danielle. No sabía si alegrarse o preocuparse.

Y entonces, algo pasó y fue el inicio del final de una relación. David, el miércoles antes de halloween, no asistió a la escuela. A nadie le hacía mayor falta hasta que Jhon reveló la razón. Durante el entrenamiento el día anterior, David había chocado con Azrael, el segundo cayó sentado y no se hizo mayor daño pero, el primero, apoyó mal uno de sus pies y, al caer, lo dobló bruscamente. Tenía un esguince que tardaría 15 días en curarse con la pierna enyesada y no podía apoyarla. Es decir, no asistiría a ninguno de los planes que había para halloween.

― ¡No puede ser posible!― exclamó Ximena.
― ¿Qué pasa?― preguntó Ángel molesta por el tono agudo del grito.
― Si David no está, nos falta alguien para cumplir el cupo en el parque de diversiones― explicó.

Kyra ocultó, bebiendo de su soda, la sonrisa que le produjo esa reacción.

― Podemos invitar a alguien más― dijo Alexandra para calmar a su novia.
― ¿A quién?
― Francheska iría― soltó Kyra, con descuido.

Los ojos de toda la mesa se posaron en ella.

― Es tu prima, seguramente se nos unirá, Danielle― comentó Azrael.

La rubia fulminó con la mirada a la pelirroja,

― Supongo― accedió ― Ahí viene, invítenla― agregó cuando la mencionada cruzó la puerta de la cafetería.

Azrael, casi al instante, se puso de pie y fue hacia ella.

― Hermosa profesora de alemán, ¿cómo se encuentra hoy?― preguntó caminando a su paso.

Francheska le regaló su mejor sonrisa.

― Muy bien, ¿y tú qué tal?― inquirió desfilando con una bandeja en las manos.
― Ahora que gozo de su espectacular compañía, mucho mejor― respondió.

Desde la mesa, todos observaban el espectáculo.

― ¿Qué necesitas, Azrael?― curioseó ella sin caer en la trampa de los halagos.
― Más bien, quiero hacerle una invitación― aclaró él.
― Sabes que está prohibido…
― No es una cita, saldremos todos juntos― señaló la mesa.
― ¿Salir a dónde?
― Es…como un “castillo del terror” pero un parque de diversiones completo.

La castaña lo pensó.

― Suena divertido, cuenta conmigo― anunció alejándose.

Danielle blanqueó los ojos con fastidio.

Siguiendo las órdenes de Ximena, Francheska llenó el formulario que había en internet y los días siguientes, vio con ellos las películas de terror que habían seleccionado.
El sábado, finalmente, llegó halloween.
La casa de Jhon estaba decorada como un viejo castillo. Había telarañas en las esquinas, muebles antiguos, candelabros en las paredes, momias, armaduras antiguas, zombies, etc. Jhon, al igual que Danielle, provenía de una familia acaudalada. Su padre era irlandés y su madre polaca. Vivía a las afueras de la ciudad en una especie de casa-hacienda bastante grande, lo suficiente como para invitar a media escuela. Antes de la casa había un sendero destapado desde la carretera principal que se debía atravesar para llegar. Estaba decorado con antorchas para iluminarlo y algunos esqueletos y cadáveres colgados de los arboles, como ahorcados, que lo cubrían como una especie de túnel natural.

Ángel se disfrazó de beisbolista, con un guante de pitcher y un bate reales. Jhon se disfrazó del famoso Lestat de Lioncourt, con una peluca rubia y colmillos falsos hechos por un odontólogo. Azrael se disfrazó de Enrique VIII, y andaba tras las chicas al igual que él. Ximena se disfrazó de la novia de Roger Rabbit y Alexandra de Cleopatra. Francheska era una dama de los 20’s. Kyra era una duende y Danielle la Duquesa de Devonshire. Entre los demás invitados, hubo muchos Dráculas, conejitas, demonios y demonias, zombies, mineros de Chile, bomberos, policias, Supermanes, capitanes America, Linternas Verdes, algunos cosplay, zorros y zorras, princesas, lobos, etc.

El Dj ambientó la llegada de los invitados con Nox Arcana y, cuando Jhon le dio la indicación de que empezara, inició con algo de Korn. Todos los licores que había en la mesa fueron teñidos de rojo y las comidas eran ojos de goma dulce con sabor a naranja, arañas de chocolate, colas de rata con sabor a limón, sangría de frutos rojos, dedos de malvavisco, muffings de cerebros, gelatina de fresa con ojos o dedos de goma dulce por dentro. Los “sirvientes” estaban disfrazados de zombies con maquillaje de película.
Sin embargo, como siempre solía suceder, el “rey y la reina” llamaban la atención más que cualquier victima de la corporación Umbrella.

A las 11, el grupo se reunió en la habitación de Jhon en el segundo piso.

― Podemos regresar después― dijo Azrael para tranquilizar a Jhon, a quien no le parecía justo terminar la fiesta tan temprano.

Ángel y Kyra fueron las últimas en llegar. Hasta el momento, ninguno de ellos había visto a la pareja, y se sorprendieron al ver el curioso disfraz de la pelirroja. Tenía puestas unas orejas puntiagudas que sobresalían a los lados de un sombrero verde con la punta doblada. Llevaba un corset verde con ataduras rojas que le resaltaba los senos, una falda verde muy corta, unas medias a rayas verdes y rojas, un rojo sangre, con unos botines cuya punta se enroscaba hacia adentro.

― Tu chofer nos puede esperar a la salida del parque, ¿cuánto podríamos demorarnos?― propuso la reina, buscando la atención.
― Sí, suena bien― acordó el presidente de los estudiantes.

Llegaron al parque de diversiones en la limosina y encontraron un grupo que acababa de salir. Eran tres chicas y cinco chicos. Las primeras iban llorando y los otros algo nerviosos. Los universitarios que habían planeado todo, intentaban calmarlos.

― ¡No entren!― gritó una de las chicas escapando de los brazos de sus amigas. Corrió hacia los recién llegados y se pegó de Danielle. La rubia la miró con desprecio.
― Lo sentimos, sigue un poco conmocionada― explicó una de las amigas arrastrándola lejos.
― ¡Esto se ve interesante!― exclamó Ximena sonriendo grande.

Los demás se miraron algo consternados por lo que acababa de pasar pero, igualmente, la siguieron cuando caminó hacia la taquilla. Alexandra y ella hablaron con los encargados que buscaron los nombres de todos en una lista para confirmar la asistencia. Al entrar, escucharon una discusión entre dos de los encargados.

― Hay que cancelar esto― reclamaba uno.
― No tienen que saberlo― replicó el otro bajando la voz. Aún así, se les podía escuchar.
― Hay un asesino suelto, probablemente dentro del parque, ¿y no tienen que saberlo?― ironizó.

Todos se miraron los unos a los otros confundidos.

― No es seguro que esté dentro del parque, la policía dijo que era una posibilidad.
― Tan posible como que haya cientos de lugares para esconderse y que seamos lo más cercano a la cárcel.
― ¿Por qué alguien que acaba de escapar asesinaría tan rápido?
― ¿Porque si alguien lo ve y lo reconoce puede denunciarlo a la policía?

Danielle tosió ligeramente para llamar la atención de quienes discutían.

― ¿Algo que debamos saber?― preguntó con las manos en la cintura.

Un tercer chico, quien les acababa de abrir la puerta, intervino.

― La policía nos llamó para informar que un asesino había escapado de la cárcel hace dos días y que era muy posible que se ocultara dentro del parque, porque es grande y hay muchos lugares para esconderse― explicó sonriendo nervioso ― Pero, hasta el momento, ningún grupo ha tenido problemas― agregó mirando a los otros de soslayo.

Francheska notó el gesto pero le restó importancia.

― Sigan por aquí, les indicaremos qué deben hacer― pidió el que estaba a favor de ignorar a la policía.

Avanzaron hasta la tienda de recuerdos y les hizo señas de que se sentaran un momento. Exhaustas, las que tenían tacones se los quitaron.

― Hay algo que no me da buena espina, ¿vieron a esa chica cuando llegamos?― comentó Jhon mientras esperaban al encargado.
― Prueba de que la pasaremos muy bien― dijo Ximena. No iba a permitir que alguien dañara su momento de gloria.

Danielle no quería predisponerse. Al fin y al cabo, era por diversión.
El tipo regresó con linternas para todos. Una a una las fue entregando mientras hablaba.

― El juego es muy sencillo, deben recorrer el parque siguiendo únicamente las flechas fluorescentes que hay en el piso, no deben desviarse pues no podremos monitorearlos si lo hacen y no respondemos por lo que les pase― explicó señalando las flechas que se veían a unos cuantos metros ― Hay sorpresas en diferentes lugares del parque, procuren no atacar a los actores ni salir corriendo fuera del camino de flechas, ¿está claro?― finalizó levantando las cejas.

Todos asintieron.

― ¿Todos están tomados?― preguntó.

Kyra pensó en defenderse pero, al notar que todos los demás admitían estar alicorados prefirió no decir nada para no ser el hazmerreir del grupo.

― Pueden empezar, nos vemos en una hora― dijo marchándose.

Apenas le perdieron de vista, todas las luces en el parque se apagaron, tanto las atracciones como el alumbrado, dejándolos en la completa oscuridad.

― Genial, tendré que ponerme los tacones si no quiero pisar un vidrio― se quejó Danielle.

Sin levantarse de la silla, se acomodó los zapatos. Azrael prendió su linterna y alumbró a Jhon.

― Saca ya el licor, no vamos a andar por ahí medio sobrios― reclamó.

Jhon se arrodilló para apoyar la maleta en el suelo.

― Chicas, ¿qué quieren beber?― curioseó. Azrael las iluminó con la linterna del líder del equipo de baloncesto.
― Dame lo que sea pero que esté fuerte― pidió Francheska estirando la mano. Recibió whiskey.
― Nosotras queremos vodka, ¿tienen?― preguntó Ximena hablando en nombre de Alexandra también.
― No quiero beber mucho más, cuando me antoje le robaré un poco a alguien― se excusó Kyra.
― Paso― dijo Ángel.
― Tequila para mí, mi amor― respondió Danielle.

El tono que usó la rubia llamó la atención de la que tenía ojos grises. Casi le pareció que estaba despechada. Se sintió culpable, aunque sólo un poco. Seguramente ese beso la había afectado más de lo que admitía.

Después de la respectiva entrega de licor, el grupo inició el recorrido en medio de la oscuridad. Sólo las flechas fluorescentes los guiaban y no alumbraban lo suficiente como para darles una idea de dónde se encontraban; debían usar las linternas para eso.
Cuando giraron a la derecha, quién sabe dónde, Ángel se retrasó un poco con su novia.

― No sabía que habías tomado― comentó, fingiendo que no le importaba.
― Sí…fue poco antes de que llegaras, ya sabes cómo es Azrael― mintió.

El aludido, unos cuantos pasos adelante, supo, de inmediato, a quien debía excusar más tarde.

Pronto, el silencio se hizo tan pesado que sólo se escuchaban los tacones de las mujeres y la respiración de los hombres.

― No tienen miedo, ¿verdad?― preguntó Jhon. Nadie, salvo Danielle, había notado que él guiaba el grupo en medio de la oscuridad.
― ¿Por qué lo tendríamos? Sólo es un juego― excusó Kyra.
― ¿Y si nos encontramos con el tipo del que estaban hablando cuando llegamos?― retó Ximena, sólo por torear el miedo de la otra pelirroja.
― Si estuviera aquí el grupo anterior a nosotros habría salido incompleto― analizó Ángel.

Guardaron silencio. Tenía sentido, aunque sólo consiguió aterrar más a su novia.
De repente, el carrusel empezó a moverse.

― ¡¿Qué demonios…?!― gritó Francheska.

Más que por la atracción que empezó a moverse, aparentemente, de la nada, fue el grito de la maestra lo que hizo que todos dieran un salto.

― ¿Tienes que gritar así?― preguntó Danielle con el corazón en la garganta pero, como siempre, disimulándolo con el tono de la voz.

Ángel rió por lo bajo.

― Sigamos― ordenó Jhon.

A los pocos pasos, encontraron un pasillo a su derecha. Las flechas no pasaban por ahí pero, al final de este, que era muy estrecho y sin luz, se podían ver más flechas.

― Las flechas rodean este pasillo― dijo Azrael.
― Deberíamos pasar por aquí y ahorrarnos tiempo― comentó Francheska.
― Se supone que no debemos salirnos del camino― recordó Kyra con sonrisa nerviosa.
― Mira, las flechas voltean ahí adelante, seguramente sólo daremos la vuelta, si pasamos por aquí será más rápido― insistió Alexandra.

Danielle, que había preferido dejarle el liderazgo a su novio, no estaba pendiente de la conversación. Entonces, ante el silencio del grupo, se animó a hablar.

― Vale, yo lo atravieso, así les demuestro que no pasará nada, es sólo un juego ¿recuerdan?― declaró.

No esperó respuesta. Sujetó el vestido, que no era pequeño, y lo sostuvo adelante para poder atravesar. El pasillo en cuestión sólo permitía el paso de una persona a la vez. La rubia, aunque lo disimulaba, estaba bastante nerviosa. No era temerosa de la oscuridad pero, desde que iniciaran el recorrido, sentía que alguien los observaba. Eso no podía ser bueno.
Avanzó tratando de no hacer ruido con los zapatos y cuidando de que el vestido no se enredara en nada. No se atrevía a mirar atrás, tal vez porque pensaba que ya no habría nadie o porque, si lo hacía, alguien la sorprendería a la salida. Si algo pasaba, ¿para cuál lado correría? ¿Qué era más seguro? ¿Darse la vuelta y regresar o ir hacia adelante? Dependía del lado por el cual fuera atacada. El corazón se le aceleró. Ya no podía escuchar sus pasos, sólo el golpeteo del órgano en su pecho. Sudaba frio, ¿era tan largo el pasillo? No lo parecía cuando entró. ¿En qué momento se le ocurrió meterse por ahí? La salida estaba cerca, podía ver las flechas fluorescentes con más claridad. Estaba cansada, ¿Cuánto había caminado? Estaba completamente sola cuando alcanzó el final. Apenas puso uno de sus pies fuera de ese pasillo que nunca había visto de todas las veces que fue a ese parque de diversiones, extrañamente exhausta, cayó de rodillas buscando aire.

― ¿Osita? ¿Estás bien?― preguntó Jhon desde el otro lado. Lo escuchaba muy lejos.
― Sí, estoy bien― mintió poniéndose de pie ― Pasen todos en fila― ordenó mientras se arreglaba el vestido.

Por el rabillo del ojo vio que algo se movía a unos cuantos metros. Los pelos se le pusieron de punta. Con toda su alma deseó que fuera alguien contratado por los tontos que habían preparado el show y no alguien ―o algo― más.
El grupo, después de observar cómo la porrista líder alcanzaba el otro extremo, se animó a pasar. Los basquetbolistas fueron primero, seguidos por las arpías, Ángel, Kyra y, por último, Francheska.

― Siento que me voy a quedar atascado― se quejó Jhon, cuyos anchos hombros apenas cabían.
― Somos dos― dijo Azrael.

Afuera, Danielle seguía escuchando pasos a su alrededor. Interiormente se maldecía por ser tan cobarde. Si tan sólo los demás lo supieran…no sería la “arpía reina”. Entonces, justo detrás, cayó algo con fuerza. La rubia gritó del susto y se giró para averiguar qué era. Gritó aún más fuerte cuando reconoció una cabeza que rodaba hacia sus pies. Los demás, que iban a la mitad del pasillo, se detuvieron un segundo y, al siguiente, empezaron a correr. La porrista respiraba con dificultad, y hacía todo lo posible por controlar los temblores en el cuerpo, cuando Jhon la alcanzó.

― ¿Qué pasó?― preguntó el basquetbolista.

La de ojos dorados ya había notado que la cabeza era falsa pero apenas y podía escuchar lo que le decían pues el palpitar en su pecho la mantenía aturdida.

― No es nada― respondió señalando el truco con un movimiento de barbilla.

Azrael se inclinó y tomó la supuesta cabeza para analizarla.

― Genial― dijo observando el trabajo en arte.

Kyra, que fue la última en salir del atajo, también gritó cuando vio la cabeza, sólo que ella se alcanzó a cubrir la boca.

― Tranquila, es falsa― reveló Ángel.
― ¡Que injusto! Quiero que me asusten a mi― se quejó Ximena.
― Sigamos, si queremos regresar a la fiesta debemos recorrer el parque completo― anunció Alexandra.

Todos retomaron el paso siguiendo las flechas. De repente, Kyra se detuvo de golpe.

― ¿Estás bien, amor?― curioseó Ángel.

Los demás se detuvieron para saber qué le pasaba.

― ¿Dónde está Francheska?― preguntó la pequeña pelirroja.

No hubo respuesta detrás de ella.

― Deja de jugar, Francheska, vamos― reclamó Danielle.

La maestra no respondió pero sonaban unos pasos sin ritmo a lo lejos.

― No se ve nada salvo las flechas, tal vez se cayó cuando salimos del atajo y se lastimó un pie― dedujo Azrael.

El supuesto líder, Jhon, sacó su linterna y la encendió hacia la oscuridad. Un chico, a un lado del camino de flechas, se detuvo por la luz. Miraba hacia el piso y tenía la ropa sucia y rota.

― ¡Eh! ¿Quién eres?― el basquetbolista se puso frente a los demás.

Cuando levantó el rostro, todos vieron cómo los ojos y la boca se le alargaban, al mismo tiempo que por los altavoces del parque sonaba una especie de grito gutural. Aterrada, Kyra se soltó de Ángel y empezó a correr llamando la atención de todos.

― ¡Kyra!― exclamó Ximena.

Entonces, el chico aprovechó para acercarse a Jhon y arrebatarle la linterna dejándolos en la oscuridad. Los gritos sonaron nuevamente, lo que les impidió escuchar qué pasaba. Ángel intentó correr detrás de su novia pero, un brazo la detuvo. Ximena, que procuraba mantener la calma a pesar del aturdidor ruido, gritó cuando sintió que la mano de Alexandra era arrebatada de la suya con violencia. Azrael intentaba ver algo pero era como si el sonido no le permitiera abrir los ojos. Medio minuto más tarde, el ruido se detuvo. Rápidamente, Azrael sacó su linterna.

― ¿Están todos bien?― la movió para iluminarlos a todos.

Jhon, Alexandra y Kyra no estaban.

― Jhon estaba a mi lado― dijo Danielle. Sacó su linterna y la encendió hacia la oscuridad. No alumbraba mucho.
― ¡¿Por qué no me dejaste ir tras Kyra?!― reclamó la pelinegra acercándose a la rubia para empujarla.
― ¿Qué te pasa? Ni siquiera te he tocado― defendió la porrista.
― ¡Me cogiste del brazo!
― Tuviste que acercarte para empujarme, ¿cómo te voy a jalar si estoy a 3 metros de ti?
― Tiene razón― secundó Ximena.

Ángel se giró para calcular la distancia y se dio cuenta que tenía razón.

― Alexandra estaba tomada de mi mano y, de repente, se soltó― comentó la arpía.
― Jhon estaba a mi lado, casi lo podía escuchar gritar por el ruido― declaró Danielle.
― Voy a buscar a Kyra― anunció la de ojos grises.
― ¡Espera! No debemos salirnos del camino― reclamó la pelirroja.
― No me importa.

Apenas dio dos pasos, los altavoces sonaron como si hubiera interferencia en ellos.

― Sus amigos están al final del recorrido, deben seguir hasta el final― anunció una voz.

La comunicación se cerró.

― ¡Genial!― se quejó Ángel ― Sigamos con este tonto juego― ordenó empezando a caminar siguiendo las flechas.

A falta de replica por parte de la rubia, los otros dos accedieron a dejarla que fuera la nueva “líder”. A los pocos minutos de camino, encontraron una hoja de papel en el piso. Danielle la recogió.

― Es un artículo de periódico― dijo. Con su linterna lo iluminó para que los demás pudieran verlo.
― ¿Qué dice?― preguntó Azrael.
― Dice que hace años hubo un accidente en la montaña rusa, todos los que estaban en ella murieron― respondió según el encabezado.
― Creo recordar esa noticia― comentó Ximena.
― Vale, hay fantasmas, ¿podemos seguir?― reclamó Ángel.

3 pares de ojos la miraron con rabia. Estaba acabando con el ambiente.

― Sigamos― declaró.

A los pocos metros lograron ver la montaña rusa. Sus vigas eran blancas, así que captaban algo de luz de las flechas. Curiosamente, esa era la parte del parque que más “luz” tenía. Caminaron a su lado según las flechas indicaban hasta que, de repente, el tren se empezó a mover. Ximena dio un salto por el chirrido del metal y Azrael la recibió en sus brazos.

― Me aburro― se quejó Ángel.
― No seas tan molesta, haces que el juego pierda gracia― se quejó Danielle.
― Sólo quiero encontrar a Kyra e irme.
― Lárgate entonces.

Hubo un cruce de miradas fuerte entre las dos. Uno que sólo notó Azrael, pues Ximena estaba concentrada en algo que le parecía ver por encima del hombro del pelinegro.

― Mejor nos calmamos, ¿les parece?― sugirió. Soltó a la pelirroja y se puso en medio de las otras dos ― No hay necesidad de pelear― agregó.

Ignorándolos, Ximena avanzó hacia lo que le parecía ver en la oscuridad. Nadie la detuvo y un segundo después de que desapareció en la oscuridad, los gritos ensordecedores volvieron a sonar por los altavoces. Haciendo lo posible por soportar el sonido, Azrael prendió la linterna y se fue tras Ximena. La linterna se apagó poco después, al igual que el ruido. Danielle y Ángel quedaron en la completa oscuridad, las dos solas.

― Tiene que ser un chiste― murmuró la pelinegra. De todas las parejas que podían dejar para el final, ellas eran las elegidas. Juntas.

La rubia, ignorando lo que acababa de escuchar, abrió su botella de tequila y bebió hasta la mitad haciendo caso omiso al ardor que le quemaba la garganta y el estómago. La de ojos grises la observó en silencio.

― ¿Qué haces?― preguntó.
― Tomando valentía para aguantar esto hasta el final contigo― respondió.

De inmediato, se tambaleó. Nunca fue buena tomando tequila. Si había un licor por el que tenía debilidad, era ese.

― Nada que hacer, sigamos― suspiró Ángel.

Mientras las ex amantes recorrían el parque, algunas veces saltando del susto cuando alguno de los actores se aparecía, Kyra y Francheska esperaban en el castillo del terror. Según los organizadores, la primera no tendría estómago para soportar el recorrido, y no se equivocaron. Y la segunda se aburriría en poco tiempo, por ser la mayor, así que le evitarían el problema. A la castaña la habían sacado del atajo antes de que lograra salir mientras alguien distraía a los demás. A la pelirroja, cuando salió corriendo, uno de los actores la desmayó con un poco de cloroformo y la llevó hasta el castillo. Jhon había sido desmayado también con cloroformo y lo llevaron al otro lado del parque para que hiciera otra recorrido. Más tarde, cuando capturaran a Azrael, lo llevaron con Jhon. Alexandra fue arrebatada de la mano de Ximena y llevada a la sección del parque que era como un mini zoológico; allí, ella y su novia tendrían un espectáculo de terror privado.

― ¿Qué se supone qué esperamos aquí?― preguntó Kyra aún medio aturdida por el cloroformo.
― Es el final del recorrido, así que los demás no creo que tarden otra hora terminando― respondió Francheska.

Estaban en la zona tipo cementerio del castillo. Había niebla generada por hielo seco en agua en algunas de las tumbas falsas, esqueletos abrazando sus lápidas, música de Nox Arcana de fondo y unas cuantas manos zombies que saltaban de la tierra cuando alguien pasaba por los sensores de movimiento que había en el camino.
La castaña se sentó sobre una de las lápidas cruzando las piernas. Su vestido era de dama de los años 20’s negro brillante muy corto con hilos sueltos al final que bailaban cada que se movía. Ya se había quitado el adorno con forma de flor que había puesto hacia un lado sobre su cabello excesivamente lleno de rizos en las puntas. Abrió su botella de whiskey, que hasta el momento no había tocado, y bebió unos tragos.
Kyra, desde el suelo, cruzó las piernas y observó el lugar.

― ¿Y los demás?― curioseó.
― No lo sé.
― ¿No te dijeron nada más cuando te trajeron aquí?
― Sólo que fuera paciente.
― ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
― No lo sé, casi una hora, creo.

La castaña estiró el brazo para ofrecerle whiskey a la otra.

― No, gracias, el licor y yo no nos llevamos bien― dijo. Aunque no era del todo mentira, lo hacía por el repentino vacío que sintió en el vientre cuando se descubrió mirando las largas piernas de Francheska.

Para la maestra, ese breve escaneo no pasó desapercibido.


Ángel y Danielle llegaron al castillo de los espejos. Las flechas llegaban a la entrada y reaparecían a la salida.

― Hay que entrar― declaró la pelinegra.
― Podemos no hacerlo― acordó la rubia.
― ¿No te quejabas de que le quitaba la gracia al juego?
― Ok ok…

La ojigris le extendió la mano a la otra. Encontró una mirada de confusión.

― Estás borracha, no vaya y sea que te pierdas, o te estrelles contra uno de los espejos y termines lastimada― excusó. Era cierto, lo hacía por eso.

Pensó en hacerse la digna pero no le encontró sentido. Recibió el gesto con disimulada incomodidad.
Pocas luces estaban encendidas dentro del lugar y un extraño frio había empañado algunos de los espejos dificultando la salida.

― Nunca fui buena para los laberintos― comentó Danielle. Tambaleaba un poco por el exceso de licor.
― ¿Tenías que beber tanto? Ahora tendré que arrastrarte hasta el final― se quejó Ángel.
― Pues déjame aquí y ya, vete a buscar a tu noviecita― medio la empujó. Pero, por la fuerza mal calculada, fue ella quien retrocedió. Afortunadamente, acababan de llegar a un pasillo más o menos largo, así que sólo cayó sentada sin romper nada.
― Cálmate, tonta― reclamó la pelinegra ayudándola a poner de pie ― ¿No quieres encontrar a tu novio y salir de aquí?

Un segundo más tarde, se dio cuenta de lo errada de su pregunta.

― Por mí, que se muera― respondió tambaleándose para seguir el camino.

Dio dos pasos y se detuvo.

― ¿Por qué te fuiste con Kyra?― preguntó.

Ángel se sorprendió al punto de jurar que la había escuchado como si estuviera completamente sobria.

― ¿Por qué preguntas eso?
― Tengo la duda.

Se giró para encararla pero, tuvo que apoyarse en uno de los espejos para no caer.

― Estás borracha, no sabes lo que dices― Ángel avanzó como queriendo ignorarla pero, Danielle le cerró el paso.
― Sólo responde― demandó.

La rubia no estaba sobria como la otra sospechaba. De hecho, estaba lo suficientemente ebria como para iniciar esa conversación; porque sólo desinhibida como estaba podría sacar lo que tenía guardado en lo más profundo de su alma como tema.

― Sabes por qué lo hice― se limitó a decir la de ojos grises.
― Sí, esa parte es mi culpa pero, ¿cuál fue la otra razón?― insistió. Sabía que esa parte era la más importante. Aún así, quería conocer la versión de la pelinegra. Tal vez no se había dado cuenta de lo que la rubia realmente le hizo.

Ángel lo meditó.

― Perdía mi tiempo contigo, acordamos que sólo seriamos “amigas con derechos”, ¿recuerdas? Muchas veces me pusiste en claro que no había nada más― sólo hasta que terminó de hablar se dio cuenta que había subido el tono de la voz.
― Yo te dije que quería dejarlo todo por ti― susurró.

La pelinegra levantó las cejas sorprendida.

― ¿Y cuándo fue ese gran suceso que no me di cuenta?
― El día que llegó Kyra.

Dio media vuelta y continuó su camino. Ángel, aturdida, permaneció inmóvil por unos segundos. No recordaba nada de eso, ¿cuánto tiempo había pasado?

― ¡Espera! ¡Yo no recuerdo que me dijeras eso!― la alcanzó corriendo pero chocó con ella cuando esta se quedó paralizada y soltó la botella de tequila que se estrelló en el piso derramando todo el licor ― ¿Qué pa…?― no pudo terminar la frase.

Estaban en la parte central de la casa, es decir, donde se forma una especie de círculo y los espejos se reflejan unos a otros de manera infinita. Esto habría sido irrelevante de no ser por la niña pequeña que, sentada en el piso con las piernas cruzadas, permanecía inmóvil mirando el suelo. El cabello rubio cenizo le cubría el rostro y sus ropas sucias parecían estar mojadas. La niña no se reflejaba en ninguno de los espejos. Ninguna de las dos se pudo mover del susto y tampoco sabían hacia qué dirección moverse. Danielle, que intentaba calcular si era obra del tequila o pura casualidad, casi estaba segura de que esa niña era Daphne. No lo podía asegurar, puesto que no recordaba qué ropa llevaba su hermana el día que murió pero, ese cabello, le parecía inconfundible. Ángel, por el contrario, logró calmarse más rápidamente. Tomó a la rubia de la mano y la arrastró alrededor de la niña tanteando los espejos en busca del reflejo falso que les daría la salida. Lo encontró justo detrás de la pequeña.

― Vamos Danielle― ordenó jalándola.

La rubia hizo caso sin replicar. Para cuando Ángel volvió a mirar, la niña ya no estaba, y un escalofrío le recorrió la espalda como un viento frio que las siguió hasta la salida de la casa de espejos.

En el castillo del terror, Francheska, cada vez más alicorada, sentía que no podría controlar sus instintos por mucho más tiempo.

― ¿Cuánto llevas con tu novia?― preguntó a Kyra.

La pelirroja no supo si debía contar el tiempo que Ángel le fue infiel con Danielle o no.

― Unos meses― se limitó a responder.
― ¿Y nunca le has sido infiel?― inquirió.

La menor tragó saliva procurando no mirar las piernas de la otra.

― No, nunca― contestó ladeando la cabeza hacia una de las tumbas falsas.

Notando los nervios, la castaña se acercó a la otra hasta sentarse a su lado.

― ¿Por qué sigues con Ángel? Ella está enamorada de mi prima― curioseó. Sabía que era un truco muy sucio el que estaba usando pero se moría de ganas por tener ese pequeño cuerpo en su poder.
Kyra apretó la mandíbula.

― ¿Sabías que se besaron detrás del parqueadero el día que hicimos el lavado de carros?― comentó.

El pecado de la pelirroja era pensar que Francheska era su amiga y no su cazadora.

― ¿Lo ves?― con delicadeza, la tomó de la barbilla y con suavidad la hizo mirarla ― Esas dos no te respetan…― susurró con sus labios muy cerca.

Los ojos esmeraldas de la pelirroja se llenaron de lágrimas. Un segundo más tarde, Francheska la besaba.
Algo, no supo qué, se activó en ella al contacto con esos deliciosos labios. La maestra no tenía planeado que el momento fuera romántico, y empezó a desnudar a la más pequeña con urgencia. Kyra se dejó hacer, se sentía profundamente traicionada por Ángel, mucho más que la primera vez. En esta ocasión había confiado en ella, casi por completo, y la pelinegra la lastimó. De nuevo. Pronto se escuchó gemir. Sentía que las mejillas le ardían y que la piel le reaccionaba con cada toque. La castaña, así mismo, disfrutaba del manjar que bajo ella se revolcaba en placer. Deslizó la falda por las piernas de la otra para luego pasar su lengua por ellas. Luego, casi arrancó las ataduras del corset. Los pequeños senos saltaron cuando quedaron libres, dándole la oportunidad de morderle los pezones. Kyra no paraba de gemir, cada vez más fuerte, con cada toque que percibía.

― No quiero disfrutar sola…― susurró apenas con voluntad.

Con algo de torpeza, logró quitarle el vestido a Francheska. Esta no llevaba sostén pero sus senos eran perfectos y Kyra los lamió con temor.

― ¡Más…! ¡No pares…!― gimió Francheska cuando la pelirroja mordió y pellizcó sus pezones.

Excitada, la castaña acostó a la pelirroja bajo su cuerpo. La mordió en el cuello y mientras bajaba fue besándola suavemente hasta llegar a la entrepierna que, por encima del panty, acarició con sus dedos. La ojiverde se estremeció y sintió como su sexo se humedecía. Lentamente, la mayor deslizó el panty hasta sacarlo por completo y observó a la menor.

― ¿Quieres que lo haga?― preguntó, sólo para escucharla suplicar que sí.
― Hazlo― pidió Kyra.

La profesora se puso a la altura de la estudiante para besarla al mismo tiempo que sus dedos bajaban haciendo una línea recta desde su cuello hasta su entre pierna. Apenas sintió el contacto en su sexo, Kyra se encorvó hacia atrás y gimió bajito. Francheska empezó a mover sus dedos con suavidad y muy lento. No tuvo que esforzarse por encontrar el punto de excitación, puesto que tenía años de experiencia. Esa lentitud empezaba a volver loca a la pelirroja que cada vez más perdía el control de su cadera.

― ¡Más rápido! ¡No pares!― gimió retorciéndose de placer.

La castaña sonrió grande, de la misma manera que lo hacía Danielle, y empezó a mover sus dedos cada vez más rápido. Kyra respiraba con fuerza y gemía al mismo tiempo. Con la mano libre, Francheska pellizcaba los pezones de la otra o le rasguñaba el vientre.

Lo que ninguna de las dos sospechaba era que, en ese preciso instante, Danielle y Ángel entraban al castillo del terror.

― Conozco este castillo de memoria― declaró la pelinegra.

La rubia seguía muda después de lo sucedido en la casa de los espejos. No por miedo, puesto que este ya lo había superado, sino por la imprudencia de su pregunta.
Avanzaron rápidamente por el castillo ya sin sorprenderse por nada. No sólo Ángel conocía ese lugar de memoria.

― ¿En serio me dijiste que querías dejarlo todo por mi?― preguntó la de ojos grises. Tomó a la otra del brazo y la obligó a detenerse. Estaban en la sección del castillo que ambientaba una cárcel y, dentro de una celda, un preso que era electrocutado en la silla eléctrica.
― Sí pero, no me escuchaste― se mordió la lengua por no poder evitar responder.
― ¿Por qué me lo dices hasta ahora?
― Estás con Kyra, ¿qué caso tiene?

Guardaron silencio cuando la silla eléctrica se encendió y el supuesto preso gritó de dolor. Era un robot.

― Las cosas han cambiado― dijo Ángel.
― Lo sé, estás enamorada de ella, no me lo tienes que restregar en la cara― replicó Danielle.

La pelinegra se le acercó hasta acorralarla contra las barras de otra celda donde el esqueleto de un preso yacía ahorcado con un cinturón.

― ¿Qué haces?― cuestionó la rubia alterada por la cercanía de la otra.
― Yo…― ella tampoco sabía lo que hacía ― …he cambiado mucho gracias a ti…― dijo con su rostro muy cerca.
― No creo que eso sea bueno― interrumpió la rubia.
― Creo que ya no sé si es malo― declaró la pelinegra.

Los rostros de ambas se fueron acercando. Era la misma situación que en el lavado de carros, Danielle no tenía voluntad para detenerse, el tequila no se lo permitía, y Ángel no entendía por qué lo hacía. Entonces, justo cuando sus labios estaban a punto de tocarse, sonó una especie de grito.

― ¡Debe ser Kyra!― como saliendo de una hipnosis, Ángel empezó a caminar en dirección al sonido.

La porrista tuvo ganas de llorar cuando se vio sola pero se contuvo, y la siguió. Pasaron a la siguiente sala, una especie de carnicería humana con cuerpos colgados por todas partes, cuchillos ensangrentados, y trozos de extremidades regados sobre una mesa. Se supone que en esa sala hay un actor disfrazado de carnicero con una sierra que se les acerca a los niños para asustarlos. Allí, los gritos empezaron a tomar otro sentido.

― No creo que sea Kyra― dijo Danielle alcanzando el paso de la otra.
― Suena como…
― Deben ser las arpías que están aprovechando para echarse un polvo― mintió.

De inmediato, cuando escuchó un segundo gemido, reconoció a su prima. No supo qué hacer para que Ángel no entrara a la siguiente sala. ¿Con quién más estaría su prima? ¿Quién más le interesaba en ese grupo? Danielle no era de las personas que rezaban pero, en ese momento, deseó tener la fe suficiente para hacerlo y pedir que, en realidad, sí fueran las arpías.
Ángel, curiosa, siguió avanzando hasta alcanzar la entrada de la siguiente sala.

― Deberíamos irnos― sugirió la rubia. Era débil, en el interior, tal vez no tan profundamente, deseaba que Ángel viera eso. Aún así, la sujetó del brazo para detenerla ― Vamos, no queremos ver a esas dos― insistió.
― Las flechas acaban ahí adelante, es el final― declaró señalando las flechas que brillaban bajo la falsa niebla.

Sin esfuerzo, se liberó del agarre de la rubia y avanzó. Danielle la siguió de cerca con el corazón en la garganta. Se había esforzado mucho por evitarle dolor a su ángel y, justo en ese momento, deseaba con toda su alma que le doliera en lo más profundo de su corazón; porque así le dolía a ella cada vez que la veía con la de ojos verdes.

Kyra, minutos antes, había metido sus dedos por debajo del panty de Francheska. Ambas se masturbaban la una a la otra sin perder el ritmo.

― ¡Ya casi llego!― gimió la castaña.

La pelirroja se mordió los labios y, unos segundos después, ambas sintieron que unos latigazos les recorrían la espalda de abajo hacia arriba y algo les explotaba en el vientre. Ángel y Danielle estaban a sólo 2 metros de ellas cuando llegaron al orgasmo. La mayor se lamió el líquido tibio de los dedos mientras su cuerpo retomaba el control después del clímax. Kyra abrió los ojos por un segundo y se paralizó al reconocer dos siluetas detrás de Francheska.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/1/2012, 04:24

CAPITULO 45

TERCER CUARTO


“No está”, fue lo primero que Ángel pensó cuando, al ir a la casa de Kyra, la encontró completamente vacía. El pecho se le comprimió. No podía creer que eso estuviera sucediendo. Sin más opción, decidió buscar a la rubia, ella sabría qué hacer.

Al mismo tiempo, Kyra estaba en casa de Danielle. Sus padres se habían adelantado al aeropuerto y ella debía llegar en hora y media.

― ¿Qué haces aquí?― preguntó la rubia apenas abrió la puerta.
― Me voy en hora y media― respondió la pelirroja.

Bonnet subió una ceja.

― ¿Podrías dejarme entrar?
― Eres una cínica…

Se miraron con odio. Finalmente, la mayor se hizo a un lado para dejar entrar a la otra.

― No entiendo qué buscas aquí― cerró la puerta y avanzó hacia la cocina.
― Quiero que le des un mensaje a Ángel de mi parte― reveló siguiéndola.
― ¿No has hablado con ella desde el viernes?

Presionó un botón de su celular táctil para fijarse en la fecha. Era 2 de noviembre.

― No he tenido tiempo, ni creo tener cara para hacerlo― confesó sentándose en una de las sillas de la barra.
― Pues claro, ¿con qué cara ibas a aparecer después de tirarte a mi prima?― replicó la rubia.
― No me hables como si tuvieras moral para juzgarme― defendió la pelirroja.
― Tienes razón, no la tengo.

Sorprendida, Kyra vio en silencio como la otra prendía un pequeño televisor que había en un extremo de la barra.

― Yo…no sé por qué lo hice― dijo, bajando el rostro.

Danielle se guardó el comentario mientras sacaba una tabla para picar y algunos ingredientes y los ponía sobre la barra.

― Francheska supo qué decirte, aunque no te justifica― respondió.

La ojiverde suspiró con fuerza.

― ¿Qué le dirás si pregunta por mí?
― ¿Por qué vendría aquí a preguntar por ti?

Ambas lo meditaron.

― No sé, lo que crea que es mejor― contestó Danielle a los pocos segundos.
― ¿Mentirás?
― Sólo si lo considero necesario― repitió.

La dueña de la casa sacó un trozo de carne de su empaque y empezó a cortarlo en cubos con mucha paciencia.

― ¿Por qué estás cocinando?― preguntó.

A la de ojos ambarinos le pareció curioso que no preguntara qué cocinaba sino por qué cocinaba. ¿Tan obvia era su aversión por las artes culinarias?

― Últimamente me gusta intentar cocinar, me distrae― reveló sin mirarla.

Kyra entendió el trasfondo de lo que decía, para su gran sorpresa.

― Aún puedes hacer que despidan a mi padre…― susurró, como quien no quiere la cosa.
― ¿Después de lo que hiciste?
― ¡No quise hacerlo!
― ¡Pero lo hiciste! ¡Ambas lo hicimos!

Con rabia, Danielle golpeó el cuchillo contra la tabla. Kyra se sobresaltó.

― Ángel confió en ti, se estaba desviviendo por no decepcionarte, y ahí estabas tú tirándote a…
― Las vi besándose detrás del parqueadero― interrumpió la pelirroja.

La porrista mayor cuidó que sus expresiones no la delataran.

― Las vi, así que no me hables de confianza.
― No lo planeamos― defendió bajando la voz.

Algo en ella se entristecía cuando recordaba ese beso.

― Tampoco planeé lo mío con Francheska.
― Lo tuyo fue mucho peor que lo nuestro.
― ¿Y el tiempo que me fue infiel contigo? ¿Acaso crees que no lo sabía?
― ¿De eso se trata? ¿De venganza?― retó rodeando la mesa ― Pues tienes cupones de engaño para usar por más tiempo, ¿no crees?

Kyra alargó el brazo y antes de darse cuenta de lo que hacía, cacheteó a Danielle. Los ojos de la rubia cambiaron su expresión al instante; se llenaron de ira contenida.

― No te atrevas a burlarte de algo que sufrí en silencio por mucho tiempo― siseó la menor.

Si Kyra no fuera la novia de Ángel, es muy probable que Danielle ya hubiera tomado represalias contra la única persona que la a abofeteado dos veces. Claro que Jhon la golpeó y tampoco había tomado represalias.

― Ángel lloró después de ese beso― confesó la rubia ― Lloró de culpa― repitió.

Regresó al otro lado de la barra para seguir picando la carne. La pelirroja, al mismo tiempo, quedó descolocada por lo que acababa de escuchar. Sabía, a la perfección, que Danielle no mentía sobre eso porque, justo en el segundo en que lo dijo, sus ojos se llenaron de lágrimas que supo contener como sólo ella lograba hacer.

― Estás enamorada de Ángel― susurró sentándose.

Casi como si le doliera el cuello, la porrista mayor asintió lentamente

― Nunca fue mi intención quitártela― dijo percibiendo el dolor de la otra en el aire.
― No me quitaste nada, no era mía― replicó Danielle.

Sonó el timbre, luego, unos fuertes golpes en la puerta.

― ¡Danielle! ¡Sé que estás en casa!― gritó Ángel desde la calle.

Las dos chicas se miraron aterradas.

― Escóndete― ordenó la rubia. Kyra la miró confundida ― ¡Ahora!

La pelirroja corrió escaleras arriba mientras la rubia iba hacia la puerta. Antes de que pudiera decir algo, Ángel entró dando zancadas.

― No está― dijo con los ojos hinchados.
― ¿De qué hablas?― preguntó Danielle con sus extraordinarios dotes para la actuación.
― De Kyra, su casa está vacía, su celular desconectado, es como si hubiera dejado de existir― sollozó. Se sentó en la sala y se cubrió el rostro con las manos.
― ¿No te dijo?― curioseó. Su cabeza tramó algo en pocos segundos.
― ¿Decirme qué?
― No creo que sea buena idea que sepas…― susurró sentándose frente a ella.
― ¡¿De qué demonios hablas?!―exclamó.

La rubia procuró no retroceder de su puesto. Nunca había visto a Ángel tan desesperada. ¿Así fue como reaccionó cuando la encontró con su padre? Tal vez si se lo hubieran contado no lo habría creído. ¿Así era como explotaba Jhacomme? Sólo hasta ese momento comprendió la envergadura de lo hecho con ella. Ángel siempre tuvo miedo de convertirse en un monstruo como Danielle pero, por desgracia, resultó siendo uno peor. No sentía nada y, cuando lo hacía, era como un volcán en erupción capaz de destruir todo a su paso.
Sobre la mesa de la sala estaba el periódico de ese día, el encabezado tenía la foto de un accidente de avión sin sobrevivientes en las afueras de Paris que había sucedido la noche anterior. Si una dosis la volvió así, ¿qué pasaría con dos?

― Ayer se fue para París― mintió.

La pelinegra casi pudo escuchar como su pecho hizo “crack”. Se quedó sin palabras y casi sin respirar.
Kyra, desde las escaleras detrás de su novia, observaba todo confundida. Pero, tampoco era capaz de darle la cara después de lo sucedido.

― Ángel, eso no es todo― declaró Danielle con suavidad mientras deslizaba el periódico hasta el otro lado de la mesa ― Hubo un accidente…― agregó cuidando de no hablar muy fuerte.

La pelirroja estuvo a punto de gritar pero se contuvo. Aprovechando que Ángel tenía los ojos casi cerrados por las lágrimas, Danielle la acribillaba con la mirada. Era como si no pudiera moverse sólo porque la rubia la miraba de esa manera.

― ¿Cómo que un accidente?― preguntó la de ojos grises medio tomando aire.
―Me enteré está mañana, lo lamento, en serio― respondió acercándole el periódico un poco más.

La pelinegra leyó el título al instante: “Accidente de un 727 sin sobrevivientes en Paris”. Al instante, sintió una gran presión en el pecho, como si algo, o alguien, la trataran de aplastar. Se cubrió el rostro y se restregó los ojos como queriendo despertar de un mal sueño. Sentía que, por dentro, gritaba hasta que se le quemaban las cuerdas vocales. Pero, por fuera, permanecía inmóvil.

― No puede ser posible― replicó, aún con el rostro cubierto.
― Kyra vino ayer a despedirse de mí, me dejó el número del vuelo para saber más o menos a qué hora esperar su llamada, quería dejarme un mensaje para ti― explicó.

En las escaleras, la ojiverde empezó a llorar en silencio.

― ¡Mentirosa!

Danielle se sobresaltó.

― Kyra no vendría aquí, nunca…
― Tu tampoco lo harías, y aquí estás― comentó ― No tenía cara para despedirse de ti después de lo sucedido con Francheska― declaró.

Lo bueno de ser, valga la redundancia, una buena mentirosa, era que se sabía usar las verdades y las mentiras de manera que nunca fuera una mentira completa ni la verdad completa tampoco.

― Quiero que me lo jures, Danielle, ¡júrame que dices la verdad!― exigió poniéndose de pie.

La porrista ocultó la punzada que sintió en el pecho. Sabía que jurar algo así significaría ponérsela soga en el cuello y que, si algún día Kyra regresaba, Ángel la detestaría por el resto de su existencia. Y ese odio sería más intenso que el que sintió al verla con su padre, porque su forma de sentir estaría tan alterada que ya nada importaría. La pelirroja la miró suplicante pero, no supo si quería que lo jurara o que contara la verdad. Pensó, por un segundo, lo que ella deseaba; que Ángel estuviera con ella y no con Kyra. Sintió un poco de odio. Era la peor decisión que podría tomar pero el amor por Ángel, ese que a veces le hacía doler el cuerpo, la obligó a responder.

― Te lo juro, yo misma despedí a Kyra en el aeropuerto, se subió a ese avión, lo lamento, de verdad― su voz fue tan perfectamente modulada que, incluso, llegó a creerse su propia mentira por un segundo. Al siguiente, vio a Kyra llorar en la escalera.

Ángel cayó de rodillas y escondió su rostro en el regazo de la rubia. Lloró como no había llorado antes. No era capaz de hablar, a duras penas podía respirar. Lloró como no lo hizo por Danielle, ni por Dante. Sentía un hueco en el pecho, uno que ya estaba desde antes y que ahora se hacía tres veces más grande y ningún mar de lágrimas podría llenarlo. Con que así se sentía una pérdida amorosa, pensó. Al igual que con los celos, por dentro gritaba, manoteaba, arañaba. Por fuera sólo lloraba. No sabía desde cuándo sus emociones se habían vuelto tan…Danielle. Su respiración se fue normalizando pero las lágrimas seguían apareciendo. “Kyra muerta”, nunca pensó que diría esas dos palabras en la misma frase. Pensó en su olor, en su sonrisa, sus ojos y su piel. Evocó con especial atención su voz diciéndole que la amaba. Sus besos y sus abrazos, ya nunca más los sentiría. Ya no escucharía que la llamaran “mi amor” o “mi vida”. Tampoco volvería a sentir su mano entrelazando los dedos con los suyos. Ya no estaba y no estaría más. En su hombro no volvería a reposar ese rojo sangre que llevaba por cabello, ni las esmeraldas de sus ojos. Tampoco su mirada dulce. El sonrojo de sus mejillas había desaparecido de la faz de la tierra y su risa nunca más sería escuchada.

Danielle había quedado paralizada desde el segundo en que sintió las lágrimas de la pelinegra rodar por sus piernas. “Auch”, era lo único que gritaba mentalmente. Kyra lloraba en la escalera y Ángel en su regazo pero, ella, digna, no lo hacía. ¡Y con qué esfuerzo! Los ojos le escocían y un nudo en la garganta apenas le permitía respirar. No tenía ni idea que Ángel amaba tanto a Kyra; y deseaba no haberse enterado nunca.

Con delicadeza, la tomó del mentón y la obligó a mirarla.

― No puedo hacer esto― dijo.

¡Que miserable se sentía! Justo en el momento en que Ángel más la necesitaba y ella era la única persona con la cual podía desahogarse, decidió que no podía. Pero, en serio, no podía. No podía y si lo intentaba terminaría haciendo la mentira más grande buscando aliviar el dolor de la otra de maneras que, si se enteraba de la verdad, terminarían por lastimarla mucho más. No podía porque estaba enamorada de ella y no toleraría verla llorar por otra persona. No podía porque ella misma se estaba muriendo por dentro del dolor. Era de valientes soportar lo que Ángel le pedía, en medio de lágrimas, que soportara. Y no era valiente. No era nadie.

Enredó sus dedos en el cabello de la pelinegra y luego le limpió algunas lágrimas sin dejar de mirarla a los ojos. Deseaba besarla. Pero, más todavía, deseaba con cada célula de su ser que uno de sus besos fueran capaces de despejar la mente de Ángel. Y no tenía ese privilegio. No lo tenía y eso hacía que evitar llorar ella misma se hiciera intolerable.

― No puedo ser tu pañuelo de lágrimas― declaró forzando sus cuerdas vocales para que la voz no se le quebrara.

Ángel lo captó al instante. Se puso de pie y se limpió las lágrimas haciendo un esfuerzo sobrehumano por calmarse. No lo hacía porque odiara a Kyra, sino porque odiaba verla llorar por la pelirroja.

― Lo lamento, no quise…
― No importa― cortó la porrista.
― De verdad, no pensé que…
― No intentes decir nada, lo comprendo, soy una niña grande, simplemente no puedo estar contigo en esto, soy yo quien lo lamenta― tenía que cubrirse la boca para que no se le escapara un quejido.

Kyra subió un poco más las escaleras para esconderse.

― Gracias― dijo la pelinegra cuando abrió la puerta.
― ¿Por qué?
― Por contarme la verdad.

Como un disparo, algo atravesó el pecho de Danielle y Kyra al mismo tiempo. No por la frase, sino por la expresión de serenidad. La rubia comprendió que Ángel no podía enterarse de la verdad nunca.

― Ya sabes que nunca te digo mentiras― soltó, como al azar, para liberar la presión en su propio pecho.

Ángel se marchó sin más. Al cerrar la puerta, la rubia se recargó en ella como si no tuviera energía para nada más. Sin embargo, por más devastada que se sintiera, aún faltaba más.

― No tenías que inventar que había muerto trágicamente― se quejó Kyra a modo de broma, sólo para calmar un poco el ambiente.
― Sí tenía que, era la única forma…― se ahorró el resto de la frase para sí misma.
― Debo irme al aeropuerto, ¿me acompañas?― preguntó con timidez la más baja de las dos.

Danielle la fulminó con la mirada.

― Dame un momento para guardar lo que está en la cocina y salimos― respondió suspirando.

Mientras guardaba todo en un recipiente de plástico y lo ponía en el refrigerador, la rubia seguía esforzándose por no quebrarse por lo que acababa de pasar. Tal vez suene a cliché pero, según Danielle, si el amor se sentía de esa manera tan miserable, entonces era un asco y no quería sentirlo más. Meditó sobre terapias de hipnosis, ¿funcionarían con ella? Deseaba con todo su ser que ese ardor que sentía en el pecho cada que veía a Ángel con Kyra, o el vacío que se formaba en su vientre cuando la pelinegra se le acercaba, desapareciera para siempre.
Cuando una lágrima se aventuró en su mejilla, la limpió con tal brusquedad que esta le ardió por unos segundos.

― Vamos― ordenó sin mirar a la pelirroja a los ojos. Agarró un abrigo de la entrada y avanzó hacia su auto.

Kyra se quedó observándola por unos segundos. No tenía que ser adivina para saber qué le pasaba. Algo similar a lo que ella sintió cuando se dio cuenta que Ángel y Danielle estaban en la piscina teniendo sexo, aquella lejana ocasión.

― ¿Qué estás esperando?― reclamó la rubia desde el carro.

Temerosa, la pelirroja se subió al vehículo.

― Podemos coger un taxi, no tienes que llevarme…― no alcanzó a terminar la frase pues la otra ya había iniciado el motor y, casi derrapando, tomaba la calle.

Por un segundo, la de ojos verdes contemplo la idea de que la loca que conducía a su lado estrellaría el carro contra algún muro mal ubicado.
En menos de 15 minutos, estaban en el aeropuerto. Caminaron lentamente hasta la sala de espera donde los padres de la más pequeña discutían con alegría lo que les esperaba en Alemania.

― Ya llegué― anunció la pelirroja besando en la mejilla a sus padres.

Ambos se quedaron petrificados al reconocer a Danielle.

― Buenas tardes― dijo esta, sin inmutarse.
― Hola Danielle― tartamudeó la madre. La rubia sólo sonrió.

Esa familia, en parte, le tenía algo de temor a esa niña. El padre de Kyra sabía lo que había pasado entre ella y su amigo porque este se lo había contado una noche estando muy borracho.

― Sólo vine a acompañar a Kyra, para despedirla― explicó, como para cortar la tensión.
― Que bueno…― comentó el padre.
― ¿Y Ángel, cariño?― curioseó la madre.
― No pudo venir, tuvo un problema en su casa― mintió la mayor.
― Se me antoja una soda, ya regresamos― anunció Kyra, jalando a Danielle lejos.

Se detuvieron frente a una maquina de refrescos. La pelirroja se revisó los bolsillos. Danielle le extendió un billete sin pronunciar palabra. Kyra no supo la sed que tenía hasta que se bebió la lata de Coca Cola casi en 3 tragos. Tanto llorar le había secado la garganta.

― No tienes que quedarte hasta que tome el avión― dijo, apenada.
― Ángel no puede saber la verdad― respondió la otra.
― ¿A qué te refieres?
― A que si se te ocurre contactarla desde Berlín y le cuentas la verdad, no dudare en contarle tu lindo pasado en la anterior escuela, incluyendo lo de Daphne― amenazó con los ojos casi de fuego.
― ¿Cómo sabes lo de Daphne?
― Tengo mis recursos, mocosa.

Entonces, Kyra notó que el dolor se había convertido en ira; la emoción más peligrosa en Danielle. Retrocedió un paso y tragó saliva como si estuviera frente a un asesino.

― No quiero que Ángel sepa eso― pidió.
― Entonces muérete cuando te subas a ese avión.
― No es justo.
― No es justo lo que estoy sufriendo por guardarte la mentira.
― ¿Cuál mentira?
― Que estabas perfectamente sobria cuando te tiraste a mi prima.



*****************


Ángel se quedó petrificada cuando vio a Kyra y Francheska en medio de un orgasmo a sólo unos pasos de ella. Danielle, a su vez, tuvo que apoyarse en el hombro de la pelinegra para no caerse por el repentino mareo que sufrió al correr detrás.

― Gracias, ahora tendré esa imagen metida en la cabeza toda la noche― se quejó la rubia con la lengua medio enredada.

Kyra, casi saltando en el suelo, se medio cubrió con el vestido de Francheska. Esta, por su parte, sólo se quedó mirando a las recién llegadas.

― Amor, no es lo que parece― dijo la pelirroja. La neurona se le iluminó en ese momento y, al ponerse de pie, fingió no ser capaz de mantenerse derecha ― Sólo jugábamos― excusó enredando la lengua a propósito.

Ángel la miró confundida. Danielle, miró directamente a Francheska, quien sonrió levemente. Acto seguido, la pelinegra se dio media vuelta para marcharse.

― Amor, espera…― dio dos pasos y fingió tener que buscar apoyo en una de las lápidas.
― No quiero esperar más― cortó la de ojos grises atravesando la puerta que llevaba a la salida del castillo.

La rubia se quedó inmóvil mientras su cerebro reactivaba funciones. Entonces, se dio cuenta de lo estúpida que se veía ahí de pie. Francheska sonrió con más libertad.

― Espero que crea tu mentira de que estabas ebria― comentó la castaña bebiendo un poco más de su botella.

Kyra se arrodilló llorando. Danielle, entonces, comprendió de lo que acababa de ser testigo. Tambaleando, salió del castillo.


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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/1/2012, 04:29

CAPITULO 46

¿CÓMO TE SIENTES?


What if I wanted to break
Laugh it all off in your face
What would you do? (Oh, oh)
What if I fell to the floor
Couldn´t take all this anymore
What would you do, do, do?

Come break me down
Bury me, bury me
I am finished with you

What if I wanted to fight
Beg for the rest of my life
What would you do?
You say you wanted more
What are you waiting for?
I´m not running from you (from you)

Come break me down
Bury me, bury me
I am finished with you
Look in my eyes
You´re killing me, killing me
All I wanted was you

I tried to be someone else
But nothing seemed to change
I know now, this is who I really am inside.
Finally found myself
Fighting for a chance.
I know now, this is who I really am.

Ah, ah
Oh, oh
Ah, ah

Come break me down
Bury me, bury me
I am finished with you, you, you.
Look in my eyes
You´re killing me, killing me
All I wanted was you

Come break me down (bury me, bury me)
Break me down (bury me, bury me)
Break me down (bury me, bury me)

(You say you wanted more)
What if I wanted to break...?
(What are you waiting for?)
Bury me, bury me
(I´m not running from you)
What if I
What if I
What if I
What if I
Bury me, bury me


The Kill – 30 seconds to mars


DANIELLE


“No sabe lo que hace”, es el argumento de todos al tratar de entender lo que estoy haciendo. Porque es lo único que encaja en esa situación.
Ángel me observa desde la esquina de la mesa. Tal vez su expresión no es tan perpleja y aterrada como la de todos los demás en el comedor de la escuela pero, de alguna forma, le incómoda. Azrael tiene la boca tan abierta que me dan ganas de cerrársela de un golpe. Jhon, frente a mí, parece hacer un esfuerzo porque el animal que lleva dentro no se libere delante de tantos testigos.

― Ya no hay nada de qué hablar― reitero, como cortando la tensión del silencio.
― Pero…no lo entiendo, osita, ¿por qué?― pregunta tratando de alcanzarme con sus brazos.

Doy un paso atrás.

― No me llames osita, ya no soy tu osita, terminamos, es todo― mi voz se endurece.

Con la poca dignidad que le queda, se aleja.

― Pudiste hacerlo en privado, no tenías que humillarlo delante de toda la escuela― replica Ximena.
― Sí, podía hacer eso― me limito a decir.

En realidad, no.

Esa mañana, ese lunes después de haber despedido a Kyra en el aeropuerto el día anterior, me había despertado como si el mundo me pesara. Ni siquiera había salido el sol y el sueño había escapado de mí. Algo molesta, me puse una sudadera y decidí salir a trotar un rato mientras quemaba las 4 horas libres antes de la escuela. Llevaba mucho sin hacerlo, correr. Desde que mi madre empeorara y padre se refugiara en los brazos de su amante había tomado el hábito de correr, casi como si quisiera escapar. Entonces mis sentimientos por la intrusa ―la amante― se volvían unos celos casi incontenibles y terminé emborrachándolo para perder mi virginidad con él. Luego, simplemente me volví una maldita zorra. Creo que no hay otra forma de describirlo, cada una de mis acciones me confirmaban, cada noche, lo poco que valía como persona. Con el tiempo, dejé de pensar en ello. Más bien, dejó de atormentarme. Ese año, conocí a las arpías.

― No creo que deje las cosas así― suelta Ángel. Sólo ella y yo sabemos a qué se refiere.
― Que haga lo que quiera― contesto sin mirarla.

No tengo que hacerlo para saber cuál es su expresión. Es la misma que tiene desde que se marchó de mi casa pensando que Kyra había muerto. Para evitarme problemas, tuve que fingir que los padres de Malek me habían informado de sus planes y contarle lo del supuesto accidente a la directora. Ni siquiera lo puso en duda. Pedí discreción y los profesores se limitaron a decir que Kyra había sido transferida a Europa.

― ¿A qué refieren?― interviene Azrael oliéndose algo extraño.
― A que Jhon es un rencoroso― suelta la de ojos grises. El resto de la mesa, aún perpleja por la noticia, guarda silencio.
― ¿A qué viene eso?― insiste él.
― A nada importante― le lanzó una mirada mortal a Ángel y ella decide callar desviando la atención a los murmullos en otra mesa.

Azrael me cuestiona con un levantamiento de ceja pero sólo me encojo de hombros. Ya es bastante malo que una persona lo sepa, no quiero que nadie más se entere de que Jhon me había golpeado una vez.

Cuando lo conocí, dos años y medio atrás, aún no era el capitán del equipo pero sí un aspirante junto con David. Era extraño pensar en eso, en cómo nos conocimos. Las arpías estaban conociéndose y se tenían la guerra declarada por mi atención. Era mi época de casi anorexia, casi no comía y me limitaba a sonreír sólo cuando la situación me obligaba. Mi vida era un desastre.

― Danielle, Jhon quiere hablar contigo, a solas― dice David arrodillándose a mi lado.

Lo miré con desdén.

― No quiero, que lo supere― respondo subiendo mucho la voz. El comedor sigue perplejo.
― Me pidió que te arrastrara si era necesario― agrega sonriendo.
― Sólo si quieres perder un brazo― advierto.

Obviamente, no es como si pudiera arrancarle el brazo pero algo en mi expresión le indica que es mejor no intentarlo.

― Está sufriendo por ti― insiste.
― Que se muera entonces.

De nuevo, todos me observan en silencio.

― No digas eso…
― ¡Lo grito si se me da la gana!― espeto poniéndome de pie y golpeando la mesa con las manos.

Casi pude sentir como todos saltaban en sus puestos.

― Yo hablaré con él― indica Azrael llevándose a David, por su bien.

Tengo que cerrar los ojos un momento mientras me siento para controlarme. Me doy asco.

Al principio, cuando esos dos eran sólo aspirantes ―David y Jhon―, fue David quien empezó con sus coqueteos. Éramos muy jóvenes, unos niños pero, el chico hablaba como si tuviera toda la experiencia del mundo. Para su gran desgracia, por esa época sólo tenía ojos para mi padre y el resto de mis energías se perdían odiando a su asistente a quien veía cada vez con más frecuencia. Luego, se dio por vencido y Jhon tomó su puesto. El estómago se me revolcaba en rabia al pensar que alguna vez, en algún momento, me gustó su compañía. Aunque sólo me hubiera golpeado una vez ―cuando nos escuchara a Ángel y a mí en la piscina―, era suficiente para saber la clase de cerdo que había ocultado muy bien.

Cuando el timbre sonó, dejé mi bandeja, todavía con comida, en la basura y me alejé hacia mi respectivo salón. Sabía que Ángel me seguía a una distancia prudente porque varias veces escuché que chicas la saludaban. Es cierto, ahora que Kyra no estaba, la pelinegra volvía al mercado de las lesbianitas de la escuela. Antes de alcanzar la puerta del salón, me desvié al baño. Las chicas que estaban dentro, todas de cursos inferiores, se atropellaron para salir cuando vieron la ira en mi expresión.

Esa mañana, mientras corría para sudar todo lo que sentía que estaba mal, llegó un punto en que mi vista se nubló y tuve que detenerme. Lloraba. Tratando de controlar mi respiración, me senté en una de las bancas del parque para cubrir mi rostro. No podía recordar una ocasión en que hubiera llorado tanto. Tal vez una por mi padre pero eso ya no contaba. Poco a poco, se hizo más difícil controlarme y terminé hecha un mar de lágrimas. El día anterior había procurado no demostrar el dolor de ser el pañuelo de Ángel pero, no sólo era eso, era un acumulado de cosas durante toda mi vida. Yo siendo violada por mi hermana mayor; yo drogando a mi padre para violarlo; yo asesinando a Daphne; yo amenazando a mi padre para tener sexo con él; yo siendo prácticamente violada por Francheska y Alexander después de drogarme con cocaína; yo manipulando a las arpías para que se hicieran la vida imposible entre ellas; yo buscando matones por la ciudad para pagarles por golpear a alguien en mi nombre; yo teniendo sexo con Jhon; yo teniendo sexo con Ángel; yo golpeada por Jhon; yo enamorada de Ángel; yo viendo como Ángel lloraba por otra persona; yo pudriéndome por dentro…

No había notado que mi respiración se acompasaba hasta que noté que las personas que pasaban cerca no se alarmaban. Me recargué y dejé caer la cabeza hacia atrás para ver cómo cambiaba el color del cielo a medida que amanecía. Creo que por primera vez en la vida me pregunté qué quería hacer con ella; con mi vida. Decidí correr un poco más.

― ¿Necesitas algo?― me pregunta Ángel entrando al baño un segundo después de que las novatas salieran. Ya he hecho dos líneas de cocaína sobre la imitación de mármol.
― Lárgate― suelto sin mirarla.
― Como quieras…― la escucho alejarse.
― ¡Espera!― puedo ver en el reflejo del espejo que se ha detenido ― ¿Crees que corra algún tipo de peligro?

Pone el seguro en la puerta y se acerca.

― ¿Te refieres a si Jhon explotará y te molera a golpes hasta que reconozcas que no puedes vivir sin él?― dice con sarcasmo.
― Algo así― estoy con las manos apoyadas en los lavados y la cabeza abajo como si apenas pudiera mantenerme en pie. No puedo despegar los ojos de la droga. ¿Cuánto tiempo llevo sin consumirla?
― Creo que pudiste ser más prudente― responde levantando los hombros. Sé que ha visto la droga pero la ignora.
― Me parece que a solas me exponía más― comento.
― Pudiste llamarlo aparte durante un entrenamiento del equipo con las porristas, decírselo en una esquina de la cafetería, enviarle un mensaje de texto en la mitad de la clase, cualquier cosa menos gritarle que era un idiota y ya no querías ni siquiera olerlo― argumenta.

Vale, tal vez sí me pasé.

Después de haber corrido quién sabe cuántos kilómetros, regresé a casa y me di una ducha justo a tiempo para ir a la escuela. Conduje con paciencia, aún perdida en lo que mi cerebro todavía no quería revelarme. Durante las clases no presté nada de atención, con la vista fija en la ventana concentrada en eso que aún no descifraba. A la hora del receso, Ángel caminaba a mi lado en silencio. Supongo que mi actitud tenía algo que ver con lo sucedido el día anterior. En parte, cierto. Hicimos fila para la comida y nos sentamos sin pronunciar palabra en la mesa más popular de la escuela. Ximena, Alexandra y David hablaban muy animados sobre el halloween que acababa de pasar. Jhon y Azrael comentaban algo sobre la chica que el segundo quería llevar al baile de fin de curso. Ángel se sentó a jugar con su celular y yo a jugar con la comida.

― Me dijeron que la profesora Francheska renunció hoy, ¿sabes qué pasó, Danielle?― curioseó Ximena.
― Que no fue capaz de mantener sus hormonas quietas― respondo.

Exclamación colectiva.

― ¡Se acostó con un estudiante!― suelta Alexandra subiendo mucho la voz. Varias mesas nos miran.
― ¡Cállate!― ordenó lanzándole una patata de mi plato.
― Tú sabes con quién― afirma Azrael.

Evito mirar a Ángel aunque sé que está muy pendiente de mi respuesta.

― No me dio detalles― me limito a decir.
― ¿Entonces por qué renunció?― insiste David.
― Porque si lo hizo una vez, lo haría otras cuentas si tuviera oportunidad y se le armaría un problema― contesto ― Además, la llamaron para promocionar una línea de ropa― agrego.

En realidad, es lo único que sé. Alexander me envió un e-mail diciéndome que se iban de viaje un tiempo por un nuevo trabajo de Francheska y él en España pero que dejaban las llaves del apartamento con la administración de su edificio para que pudiera usarlo cuando deseara.
Al poco rato, todos se distraen de nuevo.

― Osita, estaba pensando que hace mucho no nos damos cariñitos― inicia Jhon susurrándome al oído mientras me abraza por la cintura ― Tal vez podríamos encontrarnos en el almacén detrás de las graderías del gimnasio― propone besando mi cuello.

Me estremezco por el toque pero, más que cualquier cosa, siento repulsión.

― Suéltame, Jhon― pido cortante.
― ¿Por qué, osita? ¿Acaso no me extrañas?― siento que me aprieta la cintura con más fuerza de la necesaria.

Nadie en la mesa nos ha notado.

― No quiero hacerlo― excuso endulzando la voz.
― ¿Cómo que no quieres hacerlo?― empiezo a sentir que me lastima.
― No, no quiero, ¿no lo entiendes?― replico. ¿Sería capaz de golpearme delante de media escuela?
― Otra vez te estás tirando a la lesbianita de Ángel, ¿verdad?

Entonces lo entendí. La razón por la que desde la mañana me sentía tan mal era por Jhon, por estar atada a alguien que vale tan poco, por miedo. Sí, aunque me doliera, seguía con él porque tenía miedo de que al cortarle respondiera como todo un hombre de las cavernas arrastrándome por el cabello hasta algún lugar para molerme a golpes durante el sexo.

― ¡Aléjate de mí, grandísimo idiota!― espeto empujándolo. El comedor se hizo con el silencio inmediato.
― ¿Qué pasa contigo?― pregunta fingiendo confusión. Es un imbecil.
― Hasta aquí llegamos tú y yo, ni siquiera puedo tolerar tu olor― declaro.

Nuestra mesa es un mar de expresiones confusas, el resto de la cafetería está sacando las palomitas para disfrutar. Mientras, Jhon iba de la ira a la confusión pasando por una sorpresa pobremente fingida.

Vale, Ángel tiene razón, tal vez pude ser un poco más suave pero, fue su culpa por hablarme de esa manera. No entendía en qué momento los pájaros ―es decir, Jhon― le tiraban a las escopetas con tanta libertad.

― ¿Es necesario que te aspires eso?― curiosea Ángel recargada en el lavado con los brazos cruzados.

Antes de ella, yo ya me lo estaba preguntando. Finalmente, la sacudo hacia un lavado y abro la llave.

― Lamento lo de ayer― dice.

Algo me atraviesa el pecho. Después de lo sucedido esa mañana, aún estaba un poco sensible. Siento que la garganta se me cierra.

― Perdóname a mí por no serte útil― y mentirte, claro está.
― Pensé que todo estaba bien entre nosotras después de aclarar el asunto del beso.

Levanto la mirada y me encuentro con la suya.

― Creo que nunca vamos a estar completamente bien― confieso sosteniendo sus pesados ojos grises.
― Vamos― ordena arrastrándome.

Ya todos los estudiantes han entrado a clase y los pasillos están solos. Sin detenerse, me lleva hasta el gimnasio que, tal y como yo le enseñé, siempre está desocupado durante las siguientes dos horas de clase. Sin embargo, no nos detenemos. Abre la puerta trasera y llegamos al campo. El equipo de atletismo entrena en la pista alrededor de la cancha de football y nos ignoran al no reconocernos. Avanzamos hasta las graderías más lejanas sentándonos en las últimas de arriba. Entonces, me mira directo a los ojos. Nerviosa, le sostengo la mirada y lo siguiente que sé es que se está acercando mucho. Mi corazón late tan fuerte que apenas y puedo escuchar algo más. No quiero hacerlo pero soy incapaz de moverme. Me encierra contra la pared que evita que nos caigamos y su cuerpo procurando cuidar de los flancos con sus brazos.

― No quieres hacer eso― susurro apenas con voluntad.

Ella sonríe, como yo. Cuando estoy a punto de empujarla, sus brazos me rodean y me pegan a ella abrazándome. Me doy cuenta que no estoy respirando cuando la cabeza me empieza a dar vueltas. Me suelta un poco para darme libertad y le respondo el abrazo pasando los brazos por su cintura. Siento su rostro en mi cabello. Lo siguiente, no pude haberlo evitado aunque hubiera querido. La primera lágrima rueda por mi mejilla y, antes de poder detenerlas, cientos más le siguen. Me fallan las rodillas pero Ángel no me suelta y se las arregla para recargarse contra la pared y acomodar las piernas de manera que yo me pueda acostar sobre ellas.


El primer encuentro que tuve con Jhon fue en el gimnasio. Él ya había pasado su prueba de ingreso junto con David pero debían entrenar algunas cosas adicionales antes de decidir si serían parte del equipo de cabecera o de los suplentes. Las porristas entrenábamos a un lado de la cancha nuevos bailes para los juegos que iniciarían en pocos días. Mientras calentábamos, uno de los balones que los chicos usaban rebotó hacia mí desde la cancha. Antes de que alguien me lo advirtiera, pude ver como el balón se acercaba peligrosamente hacia mi rostro. Sin problema, lo detuve antes de tocarme. Jhon corrió a mi lado.

― ¿Estás bien?― preguntó sorprendido por mis reflejos.
― Sí, toma― respondí con desgano.
― Tienes muy buenos reflejos― comentó.

Hice que el balón girara sobre uno de mis dedos.

― Y a ti te está llamando el entrenador― corté poniendo el balón en sus manos. Mientras me alejaba podía escuchar que el entrenador le gritaba con más fuerza.

Al día siguiente, en la cafetería, David se me acercó.

― Hola, preciosas, ¿podemos sentarnos con ustedes?― pero, antes de poder responderle, ya se había acomodado en la mesa junto con David. Ximena y Alexandra, todavía incómodas la una con la otra, no supe por qué, agradecieron la compañía como distracción.

Jhon se sentó a mi lado y durante la hora siguiente hizo mil intentos por captar mi atención y yo sólo le respondía con monosílabos. La noche había logrado convencer a mi padre de enviar a mi madre una clínica de reposo, no podía evitar pensar que, tal vez, hubiera sido mejor lanzarla por las escaleras. De ahí, y durante dos semanas, Jhon no paró de insistir. Primero fueron dulces; cada día me llevaba uno diferente por medio de mensajeros de cursos menores. Luego, pequeños regalos; aretes, cadenas, anillos, relojes, accesorios para el cabello. Y, después, cartas. Debo reconocerlo, si algo me llamó la atención fueron sus cartas. Nunca nadie en la vida me había dado una.

Querida Danielle.

Sé que las cartas son algo del siglo pasado pero no le veo sentido a enviarte un e-mail que con un clic puedes hacer desaparecer. Al menos romper este papel o quemarlo te llevará más tiempo.
No es un secreto que me gustas y eres lo suficientemente inteligente como para darte cuenta que no pienso rendirme, así me devuelvas todos los regalos que te envío.


Algo así decía una de esas cartas. Esa noche, fue la pijamada programada en casa de Ximena y decidí mostrárselas.

― ¡Que tierno!― exclamó la morena.
― Ya nadie hace eso― replica la pelirroja.

Espero por otro tipo de comentario.

― ¿Te gusta Jhon Morrison?― curiosea Alexandra.

Ximena me analiza con atención.

― Supongo que no está mal― respondo medio sonriendo.

La de cabello chocolate grita de emoción, la otra la mira como aterrada por esa actitud.

― La vez pasada escuché al entrenador preguntarle a la coordinadora académica cuáles eran las calificaciones de Jhon, imagino que está meditando ponerlo en el equipo principal― comenta Alexandra.
― Lo he visto jugar, no es la gran cosa― insiste la otra.

Siendo obvio que con esas dos no iba a llegar a ningún lado, distraigo la conversación sobre maquillaje y otras cosas. En la mañana del día siguiente mi padre me llama: se iría unos días de viaje con su asistente. Apenas con aliento, salgo de esa casa hacia la mía.

― No puedes irte…― le ruego. La asistente ya se ha adelantado al aeropuerto. La maleta que traía no era porque pensara quedarse en nuestra casa; el viaje ya estaba planeado.
― Sólo serán unos días, puedes vivir sin mí― dice mientras empaca.

Quise gritarle que no podía vivir sin él pero me contuve.

― Pero… ¿por qué? ¿no te da vergüenza? Acabamos de enviar a mi madre a una clínica― me siento sucia al usar eso como argumento, como si yo misma no quisiera que Cassandra estuviera muchos metros bajo tierra.

Me mira pensativo. Más bien, herido.

― Tu madre ya firmó el divorcio― revela. Algo en su voz me dice que le duele.

Suspiro. Estoy a punto de gritar muchas cosas y debo mantener la calma.

― Papá, por favor…no te vayas…― empiezo a llorar. En parte estoy actuando. En parte.
― No te pongas así― pide sin acercarse.
― Pero…te voy a extrañar― es lo máximo que admito.
― Daph…Danielle, no actúes como una malcriada― empieza a meter la ropa sin cuidado.

Incluso si me lo hubiera dicho en medio de una tormenta eléctrica o el paso de un tornado, no habría pasado por alto que casi me llama Daphne. Eso, más que cualquier otra cosa, me duele hasta los huesos.

― ¡Lárgate entonces!― espeto azotando la puerta tras de mí.

Salgo de casa y corro hasta que me quedo sin aliento. Estoy a punto de empezar a llorar cuando me resbalo y caigo en el asfalto. Frustrada, levanto los puños para desquitarme contra el cemento pero alguien me detiene el brazo.

― ¿Estás bien?― pregunta Jhon arrodillándose a mi lado.

De todas las personas en el mundo a las que me podía encontrar, tenía que ser él. Sin embargo, no me importó. Antes de que pudiera ayudarme a poner de pie, me lancé a su cuello y lo abracé con mis brazos sangrando para soltarme en lágrimas. En esa ocasión lloraba porque amaba a mi padre ―dentro de lo poco que comprendía la palabra amar― y él se empeñaba en alejarse de mí y olvidarme tal y como lo hizo mi madre. Con Ángel, lloraba porque la amaba a ella y eso me estaba matando por dentro.

No sabía cuánto tiempo llevábamos en esa posición pero sentía que todavía no había llorado lo suficiente. Me aferraba a ella como si fuera a desaparecer en cualquier momento y dejaba que todo ese dolor me quemara por dentro. Si quería volver a ser la Danielle-Daphne que fui alguna vez, necesitaba quitarme todo ese peso de encima. El peso de amarla y no tenerla. Cada no sé cuántas lágrimas, caía en cuenta de que lloraba en sus hombros mientras ella me mecía de un lado a otro sobre sus piernas como si fuera un niño asustado. Tal vez lo era. La sentía enredar sus dedos en mi cabello y acariciarme intentando calmarme. Creo que ella tampoco pensaba que yo podría siquiera llorar tanto. Eso quería decir que ni Ángel estaba completamente consciente de todo el amor que sentía por ella.

Amor, amor, amor. Era increíble la cantidad de veces que usaba esa palabra en mis pensamientos. Más increíble todavía que me doliera más la siguiente que la anterior.

Pensé en ese beso que nos dimos detrás del parqueadero. Creo que nunca había estado tan en shock por un beso. Pero, más que cualquier cosa, nunca había sentido un beso como sentí ese y como deseaba sentir otro. Me animé a mover mi rostro un poco hacia arriba para besarla pero me arrepentí. No quería un beso por lástima, quería que ella lo sintiera como yo; con un miedo que te devora las entrañas. Termino llorando con más ganas. Me pregunto si entenderá, por completo, que estoy llorando por ella. ¿Hasta qué punto le será claro?

No supe cuándo me quedé dormida pero, al abrir los ojos, noto que esta atardeciendo. La luz me molesta por lo irritados que los tengo y decido ocultar mi rostro en su chaqueta de cuero.

― ¿Cómo te sientes?― pregunta acariciándome la cabeza.

Confundida, no había notado que llevaba una chaqueta de cuero puesta. En mi cabeza se veía muy sexy.

― Mejor― me limito a responder.
― Entonces vamos, ya se acabaron las clases― anuncia.

Todo mi cuerpo se queja cuando la siento moverse. ¿Sería mucho pedir que nos quedáramos en esa posición para la eternidad? Deshace mi abrazo sin esfuerzo y me ayuda a poner de pie. Nuevamente tengo ganas de llorar. ¿Por qué se quedó conmigo? ¿Por qué actuó de esa forma cuando yo no la soporté ni cinco minutos cuando supo que su novia había muerto? Yo sabía que Kyra seguía viva y a pocos metros, ¿y ella? No podía pensar que lloraba por Jhon porque ella es la única que sabe que me golpeó y que tengo mis razones para dejarlo. Sí, sabe que mis razones sólo son una: ella.

― Te ves terrible― suelta a modo de broma.

No puedo evitar reír.

Con Jhon procuré no llorar mucho. Creo que no sobrepasé los cinco minutos y fue bueno para él porque si hay algo que los hombres no saben hacer es consolar a una mujer despechada. Cuando me estaba calmado, él, que había escondido su rostro en mi cabello con malvada intención, movió su rostro hacia la derecha unos centímetros hasta que nuestros labios quedaron a poca distancia.

― Una chica tan linda como tú no debería llorar― dice.

No respondo. Sé lo que va a hacer y pienso que es lo mejor para mí. En ese momento entiendo que no puedo amar a mi padre toda la vida porque él nunca me corresponderá. Por más que ande con su asistente y viaje con ella, yo sé que su amor por mi madre es más fuerte y que se vio lastimado cuando yo maté a Daphne. Durante los segundos siguientes que le llevan armarse de valor para besarme, pienso en cómo Daphne me destruyó a mí y yo destruí nuestra familia. No sólo mi madre se volvió loca ese día, mi padre y yo también. Jhon me besa con delicadeza y yo le respondo de la misma manera. No fue su mirada penetrante la que me engatusó, ni su actuación de pañuelo de lágrimas, soy yo misma pensando que la mejor manera de olvidarme de ese tonto asunto de ser la esposa de mi padre es dándome la oportunidad de estar con otros chicos. El beso no dura mucho y él analiza mi expresión después de este para saber si fue bien o mal recibido. Me obligo a sonreírle un poco.

― Gracias, me salvaste el día― miento.

Y él vuelve a besarme. Así nos quedamos durante unos segundos más hasta que sentimos las miradas curiosas de los transeúntes. Debía reconocerle que fue lo suficientemente bueno como para hacerme olvidar de mis heridas en los brazos y de que estábamos a mitad de una acera. Me acompañó al hospital donde me limpiaron las heridas y me vendaron. Luego, me invitó a comer a su casa prometiéndome que sus padres no estaban. Cocinó para mí y vimos una película. Confieso que me sentía extraña, como si le fuera infiel a mi padre. Nunca había compartido tiempo con un chico de mi edad. Más tarde, nos quedamos remojando los pies en su piscina y ahí, a la luz de unas velas que sus sirvientes pusieron, me pidió que fuera su novia.

Dos años después, nunca habría pensado que ese chico romántico que me llenó la habitación y la casa de flores durante el primer mes, que gastaba enormes cantidades de dinero en restaurantes lujosos y regalos para mí, fuera un patán golpea mujeres. En algún punto de esos dos años no lo amé pero sí lo quise mucho. Sin embargo, ese sentimiento desapareció cuando casi me ahorca.


Ángel y yo nos hemos quedado mirando en silencio después de que yo dejara de reír. No puedo saber lo que pasa por su cabeza porque yo misma le enseñé a no demostrarlo en la expresión. Pero, quiero besarla y estoy completamente segura de que se me nota. Doy un paso vacilante y ella parece no importarle. Entonces doy otro y puedo sentir su aliento en mi rostro. Ella sigue sin inmutarse, como una piedra. Alargo el cuello y ella sonríe.

― No quieres hacer eso― advierte con serenidad.
― Sí, sí quiero― con cada célula de mi cuerpo, admito para mis adentros.

Y nos besamos.
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leny
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   15/1/2012, 16:29

Wooooooooooow
me encanto tanto capi junto
te felicito me encanta este fic ::<3:: ::<3::
estare pendiente de la conti
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Ghrecia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   15/1/2012, 19:06

Que te puedo decir .. sencillamente la mejor historia que eh leído
tengo mucho leyendo tu historia pero no comentaba por que no
estaba registrada.
Esperare con ansias la continuación, se quedo interesante :)
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   15/1/2012, 22:22

Eso de Mineros de chile me dio risa, ni yo que soy de ahí me disfrazaría de ese modo.
Interesante leer e imaginarse a los personajes, sobre todo estando en la playa y al ver tantos esculturales cuerpos buscar el que calza.
Espero ansiosa lo que sigue.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/1/2012, 00:21

jajajajajajaja...en mi pais se puso de moda ese disfraz, aunque un poco cruel, pero los niños realmente no lo comprendian...
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/1/2012, 10:44

jajajajaj niños, si vi el furor que hizo en otros paises, fue extraño, pero en fin...mal disfraz XD

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Yarina
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   17/1/2012, 19:54

ContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
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kannaa
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   21/1/2012, 11:12

:O!!!! me ha encantado
apenas eh terminado de leer todos los capis que pusiste uno detras del otro lo ubiera terminado antes pero la escuela...
espero la continuacion con ansias gracias por esta historia
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   28/1/2012, 04:08

CAPITULO 47

CIERRA LA BOCA, LA VERDAD DUELE


On a cold wet
Afternoon
No room for love and emptiness
By a freeway
I confess I was lost in the pages
Of a book
Full of death
Reading how we’ll die alone
And if a God will lay to rest
Anywhere we want to go
In your house
I long to be
Room by room
Patiently
I’ll wait for you there
Like a stone
I’ll wait for you there
Alone

And on my death bed
I will prey
To the gods and the angels
Like a pagan
To anyone who will take me to heaven
To a place
I would recall
I was there so long ago
The sky was bruised
The world was black
And there you led me on

In your house
I long to be
Room by room
Patiently
I’ll wait for you there
Liek a stone
I’ll wait for you there
Alone

In all I read
Till the day was gone
And I sat in regret
In all the things I’ve done
For all that I’ve blessed
And all that I’ve wronged
In dreams till my death
I will wonder on

In your house
I long to be
Room by room
Patiently
I’ll wait for you there
Like a stone
I’ll wait for you there
Alone
Alone


Like a stone - Audioslave


ÁNGEL


No me sorprendió que quisiera besarme, lo que me tomó fuera de base es que lo admitiera en voz alta y no aprovechara alguna inconveniente cercanía para hacerlo.
La dejé besarme y le respondí, aunque mi pecho se quejaba por la reciente ausencia de Kyra ―”ausencia”―, no podía negarle un beso a esos labios que se me entregaban por completo.
Fue ella quien se detuvo y no pude resistirme a darle un último beso fugaz. Me miró como si fuera un pequeño cachorro sin hogar. A los tres segundos siguientes, su expresión retomó su forma normal: la invencible Danielle había regresado.

― Gracias― dice alejándose.

El sol golpea sus ojos y los hace brillar. Los colores del atardecer le quedan a la perfección.

― Cuando quieras― respondo levantando los hombros.
― No, en serio, gracias― repite sin mirarme ― Yo te eché de mi casa ayer y tú estabas muy mal― el viento le desordena el cabello.
― No te preocupes, entiendo que pedí demasiado, hasta para ti― me recargo contra el muro detrás de mí.

Mueve una ceja poco contenta con mi respuesta pero se ahorra el comentario.

― Te prometo que, de ahora en adelante, puedes contar conmigo para lo que sea― cuando se voltea para mirarme, el viento cambia de dirección bruscamente haciendo que su cabello, que está mucho más largo que cuando la conocí, vuele sobre su hombro izquierdo y sus ojos dan la impresión de ser más oscuros. Por primera vez me fijo en los mechones negros que se mantienen ocultos la mayoría del tiempo.

Me di cuenta que su presencia era intimidante pero, no sentía temor como alguna vez. Estaba a su mismo nivel y comprendí aquello de “después de mí, serás la siguiente persona con más poder en esta escuela”, que tanto me repitió las primeras semanas de nuestra relación de “amigas con beneficios”.

― Vale― fue lo único que atiné a responder. Me daba la impresión de haber hecho tratos con una diosa. O un demonio. Y, curiosamente, mi cabeza no divagaba en eso.

Como queriendo liberarse de lo que sea que pasaba por su cabeza, saltó tres escalones más abajo. Casi juré que se iba a suicidar cuando la vi aterrizar sin problemas sobre una de las sillas. Me recordé a mí misma que era porrista y esos saltos no eran mayor cosa para ella.
La seguí en silencio.

― ¿No te tienes que ir?― preguntó dos o tres pasos delante.
― ¿Quieres que me vaya?― inquirí.
― Tengo práctica, las chicas deben estar esperándome― le dio un rápido vistazo a la hora en su celular.
― Puedo quedarme, no tengo nada que hacer.

Se detuvo por un segundo y siguió su camino. Era extraño como antes no me fijaba en los pequeños detalles que revelaban todo de su personalidad y ahora me parecían tan fáciles de reconocer.

― Si quieres…

Fuimos hasta su casillero para recoger su uniforme y, en silencio, llegamos al gimnasio. Todas estaban ahí calentando por órdenes de Ximena y Alexandra. Hubo más de una ceja arriba cuando me vieron entrar detrás de ella. Para nadie era un secreto mi bisexualidad.

― Danielle, cariño, te estábamos esperando― declaró Ximena.
― Lo sé, Ángel me pidió un favor― avanzó hasta las graderías para dejar su morral.

Varias se quedaron esperando una respuesta más larga.

― Es mi compañera en clase de química, necesitaba unos apuntes― excusé sentándome en las graderías.

Complacidas, me sonrieron. De un tiempo para acá, nadie me cuestionaba. Podía andar por los pasillos de la escuela con la cabeza en alto, mirar a cualquiera que pasara cerca, y esa persona se sentía obligada de saludarme. Era normal que al día saludara unas cien personas, me prestaran apuntes en clase, y hasta se pelearan por estar en las mesas más cercanas a la nuestra. Era popular, o algo así.

― ¿Ya han calentado?― curioseó la rubia.

Lo demás, no me interesaba. Saqué mis audífonos y puse música en el mp4 para distraerme mientras garabateaba en la parte de atrás de uno de mis cuadernos.

El día anterior, después de irme de la casa de Danielle, vagué por las calles como un alma en pena. Realmente, no tenía a dónde ir. Tal vez no me gustaba admitirlo en voz alta pero ella era la única amiga que tenía. O, por lo menos, la persona más cercana a eso ahora que Kyra ya no estaba.
Desde que me marchara de la casa de la rubia no había derramado más lágrimas. Seguía esperándolas.
Durante la noche me concentré todo lo que me fue posible en la imagen de Kyra para llorarla como era debido. Nada pasó.
Un tiempo atrás ya había notado que algo no estaba bien conmigo. Las peleas con Kyra no me afectaban tanto, prestaba demasiada atención a pequeñas expresiones y hasta podía predecir reacciones. Un día cualquiera, me descubrí a mí misma sabiendo lo que Ximena le iba a responder a Alexandra, o lo que Azrael iba a comentar sobre la táctica que Jhon planeaba para el siguiente juego. Incluso, cuando Danielle rompiera con Jhon, yo ya había descubierto que algo pasaba antes de que ella le gritara delante de media escuela.
Estaba haciendo un retrato de Kyra y prestaba especial atención a sus ojos cuando algo llamó mi atención desde la cancha. El equipo de baloncesto había llegado para entrenar y la tensión entre Jhon y Danielle era palpable.

― ¿Qué pasa, señoritas? ¡A calentar!― ordenó el entrenador de baloncesto.

Los chicos empezaron a correr alrededor de la cancha. Las chicas no paraban de lanzarle miradas fugaces a la rubia para medir sus reacciones.

― ¿Qué miran? Sigamos con la rutina― dijo esta.

Y durante la hora y media que siguieron, las casi 40 personas que estábamos en el gimnasio, podíamos percibir la ira de Morrison y la indiferencia de Bonnet. Cada tanto, el pelinegro me lanzaba miradas llenas de ira. Estaba segura de que pensaba que ella había cortado con él para estar conmigo. A veces, yo pensaba lo mismo. Cada tanto, también, Danielle me sonreía desde la distancia y yo le correspondía.

¿Amistad? ¿Esa palabra era aplicable a nosotras? Daba la impresión de que le habíamos dado un nuevo significado. Bueno, al menos de mi parte. ¿Ella lo sentiría de esa manera?

Volví al dibujo de Kyra. Era increíble cómo, de un día para otro, una persona puede desaparecer por completo de tu vida. Por más que miraba el dibujo, me parecía que no le hacía justicia. Era mucho más hermosa.
Mi pecho se quejaba, mi garganta se cerraba pero, las lágrimas nunca llegaban. Era como si por dentro gritara y me descontrolara y, por fuera, nada perturbara mi expresión de mármol. Algo no estaba bien conmigo, yo no era así antes. ¿Antes de qué? No se me venía a la cabeza ninguna situación en especial que pudiera hacerme cambiar.

― ¡Hey!― demandó Danielle arrancándome un audífono del oído ― Voy a ducharme, ¿me esperas o te vas?

El gimnasio estaba casi vacío, todos caminaban a las duchas.

― ¿Qué quieres que haga?

Puso las manos en la cintura. Mi respuesta no le había gustado.

― Vale, te espero― dije rápidamente.

Medio sonrió y se alejó. Con otra media hora libre, aproveché que los balones de baloncesto seguían en la cancha para hacer algunos lances para distraerme.
Al poco rato, porristas y jugadores empezaron a salir de las duchas para luego marcharse.

― Adios, Ángel― me dijo uno del equipo de balonces.
― Bye, Angie― le escuché a una de las porristas.

Sólo atiné a despedirme con la mano antes de que desaparecieran por la puerta. Y así fueron saliendo uno a uno hasta que, cuarenta minutos más tarde, ni Jhon ni Danielle aparecían. Azrael, que había salido minutos antes, se devolvió.

― ¿Nada que sale Jhon?― preguntó.

Negué con la cabeza.

― Imagino que aprovechó para hablar con Danielle― comentó ― Cuando salga, dile que lo estoy esperando en el parqueadero― pidió.
― Claro― sonreí.

De nuevo sola, me di cuenta de que esa expresión era nueva en mí.
Algo inquieta por la demora de la rubia, decidí entrar a las duchas en silencio.

― ¡Eres una maldita desviada!― escuché que gritó Jhon.

Me detuve en los locker que estaban justo detrás de él.

― Piensa lo que quieras…― respondía Danielle con desdén.
― Rompiste conmigo para irte con ella, ¿no?
― Se acaba de morir su novia, por favor…
― Pero quieres hacerlo…― eso era una afirmación.

No estaba respirando.

― ¡Ya! ¡No más! Eres un fastidioso― se quejó la rubia azotando la puerta de un locker.
― ¿Un fastidioso?― siseó el basquetbolista.
― Sí, ya, lárgate, eres muy poco hombre para mí, no quiero tener nada que ver contigo…― y una cachetada lanzó a la rubia contra un locker.
― Tú, %$#%&/ de poca categoría, no puedes hablarme de esa manera― amenazó.

Acto seguido, estuve frente a Jhon empujándolo con todas mis fuerzas. Se tambaleó hacia atrás hasta chocar con unos lockers y caer sobre ellos.

― ¿Estás bien?― me arrodillé frente a Danielle. Tenía el labio reventado y la mejilla color carmesí.

Escuché los pasos furiosos del pelinegro y me puse de pie rápidamente para enfrentarlo.

― Métete con uno de tu tamaño― advertí.
― Las lesbianas me dan asco, no miedo― replicó.

Me di cuenta que estaba en desventaja. Si bien era alta, Jhon lo era más. Era hombre y tenía mucha fuerza. Miré a nuestro alrededor buscando algo que me sirviera para defendernos pero los bates del equipo de beisball estaban muy lejos. Morrison eran un golpea mujeres, si era capaz de lastimar a su exnovia, a quien decía amar, no le importaría romperme la cara si estaba en su camino.

― A un lado, tengo asuntos que arreglar con mi novia― ordenó.

Vi que levantó su brazo y cerré los ojos para esperar un golpe que nunca llegó. Escuché cómo Danielle tomaba aire sorprendida y decidí saber qué pasaba. A mi lado, sin hacer mucho esfuerzo, estaba Azrael sosteniendo el brazo del capitán. Luego, le giró la muñeca, le dio la vuelta y le puso el brazo en la espalda mientras le estampillaba la cara contra la pared.

― Tranquilo, sólo hablábamos― excusó soportando el dolor.
― Ya no es tan macho cuando un hombre lo enfrenta, ¿verdad?― retó el presidente de los estudiantes doblándole el brazo más hacia arriba. Jhon gritó de dolor.

Regresé con Danielle. Estaba petrificada.

― ¿Danielle? ¿Estás bien? Dime algo― pedí arrodillándome.

No respondió. Azrael, que nos miraba desde el otro lado, se enfureció más.

― ¿Qué le pasa? Soy su capitán, ¡suélteme!― exigió Jhon.

El otro lo separó unos centímetros del muro y volvió a golpearlo contra el mismo.

― ¡Cállese!― ordenó.
― Déjalo que se vaya― pidió la rubia con un hilo de voz.
― Mejor, me lo llevo― y sin dejar de hacer presión en el brazo, se llevó a Morrison ignorando las quejas de este.

Aturdida, Bonnet se puso de pie y fue a uno de los lavados para limpiarse la sangre. Observé el desorden a nuestro alrededor. Varios locker se habían caído y algunas bancas de madera se habían roto bajo el peso de estos. Había sangre en el sitio donde Danielle cayó y también en la pared. La ira se apoderó de mí como la tristeza no lo había hecho. Furiosa, me acerqué a la rubia golpeando el lavado para llamar su atención.

― ¿A qué estás jugando?― demandé.

Me observó sorprendida.

― ¿Por qué te expones de esta manera? ¡Jhon te golpearía hasta matarte si no aparezco!― exclamé.

Ella sólo me miraba con los hombros encogidos. Su labio se empezaba a hinchar y a poner morado.

― ¡Dios! ¡Eres una irresponsable!― grité dándome la vuelta.

Me tomé un segundo para calmarme y la volví a mirar. Seguía petrificada. Suspiré por paciencia. Tomé una de las toallas y la remojé para luego ponerla sobre su labio. Sus ojos se medio cerraron del dolor pero no se quejó.

― Nunca pensé que diría esto pero, ¿no se te ha ocurrido enviar a esos matones que contrataste aquella ocasión para golpear a Jhon y ponerlo en su lugar?― sugerí limpiando la sangre con tanta delicadeza como podía.

Medio sonrió con la mitad de la boca que tenía sana.

― La verdad, no creí que esto pudiera llegar a pasar― confesó desviando la mirada.
― ¿Qué de todo?
― Que Jhon me golpeara― confesó susurrando.
― No es la primera vez que lo hace― le recordé.
― Ya había pensado en eso pero, yo le presenté esos matones a Jhon hace un año, si él les paga más, podrían matarme― explicó.
― Pero tú tienes mucho dinero…
― Jhon tiene más.

Noté que apretaba los puños. Dejé la toalla a un lado y la tomé del mentón para que me mirara. Me acerqué para analizar la herida.

― Creo que lo mejor es ir a un hospital― dictaminé.

Suspiró resignada.

― Espero no necesitar puntos― dijo.

Tomó su morral y ambas salimos hacia el gimnasio. Ya no quedaba nadie, el entrenador era el primero en irse y, si acaso, por ahí andaría el conserje. Pobre, el desorden que le habíamos dejado en las duchas…
En silencio, fuimos hasta su carro y me entregó las llaves sin pronunciar palabra. El hospital más cercano estaba a quince minutos. El silencio me molestaba, tal y como a ella recién nos “conocimos”. Entramos por urgencias y, gracias al tipo de medicina que pagaba, la atendieron rápido.

― Bueno, hermosa, afortunadamente no necesitas puntos, te limpiaremos bien la herida y te daremos un anti-inflamatorio, no fue nada grave― declaró la enfermera mientras acercaba una mesa metálica a la camilla.

Danielle le sonrió.

― ¿Cómo dijiste que te hiciste esto?― preguntó poniéndose unos guantes de látex.
― Me golpeé contra una puerta― respondió fingiendo una risita tonta.

Desvié la mirada con rabia. Por el rabillo del ojo noté que la enfermera estudiaba mi expresión.

― Ya veo…― aplicó un poco de solución salina en un algodón ― Esto puede que te arda un poco― anunció.

No sé por qué pero me acerqué a la camilla y estiré mi mano hacia Danielle. Ella me miró confundida pero recibió el gesto. La enfermera presiono el algodón húmedo contra la herida y la rubia ahogó las ganas de quejarse apretando mi mano.

― Que bueno que esa puerta no te pegó tan duro― comentó, como al aire, la mujer lanzándome una rápida mirada.

Capté la indirecta al acto. El resto de la curación permanecimos en silencio. Cuando la enfermera se marchó, me sacudí la mano de la rubia.

― ¿Por qué no dijiste que fue Jhon?― demandé.
― ¿Estás loca?

Se me abrieron los ojos como platos. Iba a fingir que no escuché el tono que usó en esa pregunta.

― Danielle, no es la primera vez que Jhon te golpea, tienes que denunciarlo― insistí.
― No lo voy a hacer, no quiero hacer de esto un escándalo― dijo bajando la voz.
― ¿Qué más escándalo que ese golpe?
― ¡Jódete!

Retrocedí chocada por su reacción. Sonreí por la ironía y me giré para irme.

― ¡Lo siento!― me alcanzó de un brazo ― No quise decirte eso…
― Haz lo que quieras― repliqué liberándome.

La enfermera regresó con un vaso de agua y una pastilla.

― Esto te bajará la inflamación, mañana estarás mejor― anunció y se marchó. Yo no era la única enojada por la mentira de Danielle.

Con bastante tensión entre nosotras, regresamos al auto. Me pidió las llaves para llevarme a casa pero no quise dárselas. Yo la llevaría a su casa primero. No se quejó.

De nuevo silencio. ¿Qué había pasado con la confianza de horas antes? Las sonrisas en el gimnasio y el beso en las graderías del campo, ¿tan poco valieron? Deseché ese pensamiento rápidamente. El beso no significó nada para mí y las sonrisas del gimnasio no pasaban de ser una muestra de amistad. Por el bien de la rubia, era mejor que no lo supiera.

― Gracias― soltó cuando íbamos llegando a su casa.

No respondí.

― Es la segunda vez en el día que estás ahí…para mí― declaró con la mirada clavada en sus manos. Jugaba con ellas para contener los nervios. No le era fácil admitir su inferioridad.
― Ni lo menciones…

Llegamos a su casa cerca de las 8 de la noche. Parqueé dentro de la cochera y apagué el carro. Hubo un pesado silencio. Finalmente, agarré mi maleta para irme.

― ¿Tienes hambre?― preguntó.
― Algo― admití.
― Podemos pedir algo― sugirió.

Aún con la poca luz de la cochera podía ver su mejilla un poco hinchada. Con más claridad estaba segura de poder contar los dedos de la mano de Jhon.

― Será mejor que me vaya― anuncié.
― ¡Hay algo que quiero contarte!― exclamó saltando fuera del carro para cerrarme el paso.
― No tienes que pedir comida para decírmelo― corté.

Tomó aire para darse valentía.

― Ahora ya no importa pero…quiero que lo sepas― inició.
― Suéltalo de una vez― espeté.
― Kyra no sólo vino a dejarme un mensaje para ti, también quería que le hiciera un favor― dijo. Su voz, de repente, sonaba distinto. No tenía el mismo tono de culpabilidad e inocencia de minutos antes. Era, más bien, neutro.

La mención de su nombre en boca de la rubia me revolvió el estómago.

― ¿Qué favor?― demandé.
― Nuestros padres trabajan juntos, el mío podía hacer una llamada y evitar que le dieran ese trabajo en Francia al suyo― reveló con seriedad ― Quería que le pidiera a mi padre que despidiera al suyo.

Creo que, desde que Kyra muriera, era incapaz de sentir tristeza, sólo ira. Como en las duchas, en la sala de emergencias, y como en ese mismo momento cuando Danielle me confesara que pudo evitar la muerte de mi novia y no lo hizo. Podía sentir como la sangre me hervía. Pero, igual que con la tristeza, por dentro gritaba y maldecía, por fuera sólo la fulminaba con la mirada.

― Se murió por tu culpa…― siseé apretando los puños.
― Yo…ni siquiera me hablo con mi padre desde aquella ocasión en que nos encontraste…― excusó.
― Sólo tenías que llamarlo y pedirle que despidiera a su padre…
― ¡Dios! ¡Escúchate!
― Lo hago.
― ¡Pues no parece!

Nos medimos con las miradas por unos segundos.

― ¿Cómo se te ocurre que le voy a pedir eso a mi padre? ¿No se te pasa por la cabeza que el suyo trabajó duro por conseguir ese puesto?― reclamó.
― ¿De qué sirve si están muertos?
― ¡Yo no sabía que iban a morir!

Se giró y golpeó la puerta de la cochera con los puños.

― No tenía ni idea…― repitió sin mirarme.
― Pudiste evitarlo.
― Claro que no, ¿acaso crees que puedo conseguir favores de mi padre con sólo llamarlo?― volvió a encararme. Estaba llorando.

Era curioso como ella, que siempre fue la reina del hielo, ahora lloraba con tanta facilidad. Y yo, que muchas veces perdía el control, me mantenía tranquila. ¿Cuándo cambiamos de papeles? ¿Cuándo me volví Danielle?

― Él haría lo que fuera por ti― repliqué.
― ¡Sí! ¡Claro! Por eso tenía que embriagarlo para tirármelo, ¿no?

Algo se removió incómodo en mi pecho.

― Al menos pudiste intentarlo, tal vez ella seguiría viva y con…
― ¿Contigo?― interrumpió ― ¡Se tiró a mi prima! ¿Lo olvidas?― atacó.
― ¿Cuántas veces no le fui infiel contigo?
― ¿Y eso la justifica?

De nuevo, nos miramos con rabia.

― ¿Dices que merecía morir?
― ¡Digo que tú mereces alguien mejor!
― ¿Alguien como tú?
― ¡No!― pude ver que se rompía por dentro al responder ― No alguien como yo…alguien…mejor…― aunque las lágrimas rodaban por sus mejillas, no se dejaba ganar por la tristeza.
― Kyra era lo mejor.
― ¡Era una mentirosa!

Fruncí los labios.

― No pienso escuchar las estupideces de alguien que se deja golpear por su novio― corté.

Sin esfuerzo, la hice a un lado y me marché.

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Ghrecia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   28/1/2012, 23:35

Me encanto .. aunque siempre me encanta no esta demás decirlo :)
Ah esperar de nuevo la continuación
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Yun Yun
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/1/2012, 10:50

Creo que no habia llegado a comentar nunca tu historia, aunque la sigo desde el primer dia que la publicaste. Ese cambio radical que ha pegado la historia, me gusta, aunque e de reconocer que me da algo de pena Kyra...

Veremos como sigue, porque tengo la impresion de que Angel, a su manera, va a ser mas fria que Danielle..

Me encanta tu historia, me tiene enganchada. Aunque sea pronto, espero la conti con ganas!

Un saludo de Elche City!
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Yarina
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   1/2/2012, 23:30

ContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
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kannaa
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   4/2/2012, 00:52

contiiii plissss
me encanta esta historia
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   23/3/2012, 23:58

CAPITULO 48

GRANITO


I never thought I’d feel this
Guilty and I’m broken down inside
Livin’ with myself
Nothing but lies

I always thought I’d make it
But never knew I’d let it get so bad
Livin’ with myself
Is all I have

I feel numb
I can’t come to life
I feel like I’m frozen in time

Livin’ in a world so cold
Wasting away
Livin’ in a shell with no soul
Since you’ve gone away
Livin’ in a world so cold
Counting the days
Since you’ve gone away
You’ve gone away

Do you ever feel me
Do you ever look deep down inside
Starin’ at yourself
Paralyzed

I feel numb
I can’t come to life
I feel like I’m frozen in time

Livin’ in a world so cold
Wasting away
Livin’ in a shell with no soul
Since you’ve gone away
Livin’ in a world so cold
Counting the days
Since you’ve gone away
You’ve gone away from me

I’m too young to lose my soul
I’m too young to feel this old
For so long I’m left behind
I feel like I’m losing my mind

Do you ever feel me
Do you ever look deep down inside
Starin’ at your life
Paralyzed

Livin’ in a world so cold
Wasting away
Livin’ in a shell with no soul
Since you’ve gone away
Livin’ in a world so cold
Counting the days
Since you’ve gone away
You’ve gone away from me

I’m too young
I’m too young


World so cold – Three days grace


DANIELLE


No, no tenía ni idea de que se me iba a ocurrir decir que habían muerto en un accidente de avión. Y sí, mereces alguien mejor; estoy consciente de no ser precisamente yo.

Ni siquiera intenté seguirla cuando se marchó. Que se enojara todo lo que quisiera, estaba en su derecho. Al fin y al cabo, parte de eso también era mentira. Y yo era la peor persona del mundo, pero podíamos dejarlo hasta ahí.

Durante las dos semanas siguientes no me dirigió la palabra ni por accidente. Siendo final de curso, con la graduación tan cerca, no pude estar mucho en clase, pues debía preparar todo para la fiesta de fin de año.

― Será un velorio― dije.

Sara, Alexandra y Azrael me miraron confundidos.

― Nos graduaremos, nuestra vida en la escuela se acaba, así que haremos un velorio, ese será el tema de la fiesta― expliqué.
― ¿Y cómo planeas hacerlo?― preguntó la morena.
― Ideas me sobran― corté.
― ¿Crees que les guste?― intervino Sara.
― Les encantará…

Era el segundo viernes desde que Ángel decidiera ignorarme. Llevaba dos semanas sentándose en otra sección de la cafetería ignorando a todos los que intentaban acercarse. Por esos días estaba iniciando el invierno y poco a poco todo se empezaba a teñir de blanco. Jhon y Azrael, según me enteré, tuvieron una pelea fuera de la escuela y ambos aparecieron con moretones los días siguientes al incidente en las duchas. Sin embargo, a ninguno de los dos los sacaron del equipo y Jhon no se atrevió a acercarse mucho y mi mejor amigo procuraba no dejarme sola. Aunque estaba protegida, no paraba de desear que Ángel también estuviera conmigo.

El último partido de visitante era al día siguiente y tenía planeado llevar a Ángel para hablar con ella. ¿Y decirle qué? Una semana después de la discusión mi cabeza no paraba de maquinar una idea, una que no tenía fundamento y era completamente irrealizable; quería invitarla a la fiesta de fin de curso. Vale, sin sentido, lo tengo claro.

También aprovechaba las reuniones y casi todo mi tiempo libre fuera de las clases para hacerme de unos cuantos escoltas extras. Sonrisas por aquí y sonrisas por allá me garantizaban que si Jhon intentaba acercarse más de lo recomendable y Azrael no estaba, alguien más lo detendría el tiempo suficiente como para que yo hiciera mi retirada.

Esa tarde, por los altavoces, el director nos anunció que el partido se realizaría en nuestro gimnasio, ya que hubo un accidente en la otra escuela y tuvieron que hacer remodelaciones. Habría cámaras de televisión porque era la final y las puertas estarían abiertas para todos los que quisieran asistir; entre más público, mejor.

― Luego nos reunimos en una casa y les comento todas las ideas― dije poniéndome de pie.

Sin más, fui a la mesa donde Ángel escuchaba música mientras dibujaba en una libreta. A medida que me acercaba, las conversaciones en la cafetería se hacían cada vez más silenciosas. Todos sabían que ella era bisexual y que yo le había terminado a Jhon. Nuestro “distanciamiento” también fue muy evidente. Podía leer en la cara de todos: “entre esas dos hay algo más que una amistad”. Sería cierto, si existiera al menos una “amistad”.
Los ignoré.
Al llegar, me senté frente a ella y esperé a que se dignara a quitarse los audífonos.

― ¿Qué quieres?― preguntó cerrando la libreta.
― Vale, sé que estás enojada pero…
― ¿Pero qué?― interrumpió.

Estaba más molesta de lo previsto.

― ¿Te tienes que poner así? Por primera vez dije la verdad ¿y te enojas?― repliqué.
― ¿Por primera vez?― cuestionó levantando una ceja.
― Ok…― suspiré.

Por el rabillo del ojo noté que Jhon estaba a punto de entrar en la cafetería. Azrael se había marchado apenas yo dejara la mesa y las arpías estaban muy lejos.

― Quiero que vayas al partido mañana― pedí.

Ángel levantó una ceja. No era un gesto de sorpresa, más bien me ordenaba que siguiera hablando. Blanqueé los ojos. Jhon acababa de cruzar la puerta y me buscaba con la mirada escoltado por otros tres tipos del equipo.

― Quiero hablar contigo después del partido, ¿puedes?
― No tengo que ir para hacerlo.
― Pero así sabré que estarás y no me dejarás plantada.

Bufó. Jhon me había localizado. Se acercaba a paso firme y expresión molesta por la compañia. Pude sentir como mi corazón se aceleraba.

― Todavía le tienes miedo, ¿no?― bajó la voz.

Asentí torciendo la boca. Me odiaba por sentirlo.

A pocos metros de mí, Azrael apareció y le cerró el paso. Aproveché para irme como si no me hubiera enterado de nada. No escuché que pasara algo más en la cafetería. Un minuto más tarde, sonó el timbre.
Durante las clases que siguieron, Ángel me lanzó varias miradas pero no logré interpretarlas.

Al día siguiente, la escuela era una locura. Las cámaras de televisión llegaron desde temprano. Todas las chicas estaban tan arregladas como si fuera su matrimonio. En cambio, mis porristas, estaban tranquilas. Estábamos acostumbradas a las cámaras y la atención, la única presión era realizar bien nuestra rutina, aunque no fuimos a ningún campeonato ese año porque de común acuerdo decidimos no hacerlo, siempre debíamos mostrar nuestros mejores bailes. Al fin y al cabo, éramos las pentacampeonas.
El equipo de baloncesto estaba tensionado. Los roces entre Jhon y Azrael tenían el grupo dividido. El entrenador no sabía qué hacer y hubo un momento en que me llamó para hablar en privado.

― ¿Sí, entrenador? Me dijeron que me necesitaba― dije medio asomando la cabeza por la puerta.
― Señorita Bonnet, siga por favor― pidió desde su escritorio.

Ya calculando la siguiente conversación, suspiré. Entré y cerré la puerta.

― Por favor, tome asiento― no sacaba la mirada de la pantalla del computador. Me senté en silencio ― Mire, señorita Bonnet, realmente no me interesa lo que haya pasado entre usted, el señor Morrison y el señor Carter…
― ¿Entonces qué quiere?― interrumpí de mala gana, su tono me había molestado.
― …pero…― me observó con paciencia ―…cuando eso afecta mi equipo, se vuelve mi problema― completó cruzando los dedos sobre la mesa.

Levanté una ceja para que siguiera hablando.

― ¿Y bien? ¿Qué sucedió y cómo lo arreglamos?― preguntó.

Fruncí los labios.

― Creo, entrenador, que eso no es de su incumbencia― respondí enderezándome en la silla.
― Tengo a mi mejor defensa y al capitán de mi equipo discutiendo y dividiendo MI EQUIPO, si a usted se le antojo armar una pelea entre ambos se vuelve de mi incumbencia si no logró que trabajen juntos― replicó.

Procuré no inmutarme.

― No me interesa si pierden el campeonato, así que cuide su lenguaje conmigo― me puse de pie lentamente.
― No, cuide el suyo, le recuerdo que sólo es una alumna y…
― ¿Y qué? Ni siquiera intente amenazarme que con lo que pago en esta escuela puedo hacer que lo despidan con una llamada― amenacé. Sonaba patética pero a veces funcionaba.

Me fulminó con la mirada.

― Está arruinando años de trabajo en ese equipo― siseó.
― Yo no hice nada, Jhon es el que se volvió loco― solté molesta.

Capté su atención al instante.

― Le voy a preguntar algo y quiero que sea completamente honesta conmigo, ¿de acuerdo?― se recargó en su silla y se llevó las manos al estómago sin descruzar los dedos.
― Supongo…

Se tomó unos segundos.

― Aunque no lo parezca, soy muy observador, sobre todo con mi equipo y sus más cercanos, no quisiera que alguno terminara en drogas o esteroides― inició ― Al día siguiente de la pelea entre Morrison y Carter, no sólo ellos tenían heridas por toda la cara; usted también ― tragué saliva pero procuré no demostrar nada en la expresión ― Siendo Morrison su novio y, según he notado, ya no, asumo que él la golpeó y Carter intentó defenderla, ¿me equivoco?

Me controlé para no bufar. ¿Quién diría que el tipo fuera tan observador? Me sorprendió que no llegara a la conclusión de que Azrael y yo teníamos algo, Jhon lo descubrió y tratando de detener la pelea terminé golpeada.

― Su silencio me lo confirma, puede marcharse― de nuevo se concentró en la pantalla del computador. No me moví.
― ¿Qué piensa hacer?― pregunté.
― Creo, señorita Bonnet, que eso no es de su incumbencia― contestó.

Blanqueé los ojos. Vale, supuse que ese juego lo podíamos jugar dos.

Durante el receso, busqué a Azrael, casi con desespero, para buscar una solución. Sin embargo, después de perder casi todo el tiempo buscándolo, me di cuenta que me estaba evitando. Finalmente, logré localizarlo en las graderías del campo.

― ¡Llevo todo el receso buscándote!― reclamé subiendo las gradas.

No respondió.

― ¿Pasa algo?― pregunté llegando a su altura.

Levantó la mirada y pude captar la rabia en sus ojos. Por un rápido segundo pensé que Jhon había inventado algo para manipularlo, luego recordé lo poco manipulable que era.

― ¿Por qué me miras así?― me crucé de brazos y fruncí los labios. Sea lo que fuere, no sería mi culpa.
― No me interesa hablar contigo― cortó poniéndose de pie.

Alcanzó a dar cinco pasos (zancadas), antes de poder alcanzarlo.

― ¡Espera!― lo agarré del brazo. Cuando se giró una sombra enorme me cubrió. A veces, mi ego era tan grande, que se me olvidaba lo bajita que era comparada con él.
― ¿Para qué?― cuestionó.

Sonaba herido.

― Vale, ¿qué hice?― pregunté suspirando.
― Ni siquiera te importa― reclamó.

Estaba sorprendida de la manera cómo me hablaba. Últimamente sólo pensaba que lo tenía como un escolta y un juguete más, era como si hubiera olvidado que era mi mejor amigo antes de conocer a Ángel. No había caído en cuenta de la manera tan terrible como lo trataba ese último año.

― Claro que me importa…― sin querer, endulcé la voz. Se sacudió mi agarre como a un zancudo.
― ¡No te hagas la inocente!― se quejó alejándose unos cuantos pasos.

Tuve que tomarme un momento. Estaba tan mal acostumbrada a manipularlos a todos de una manera extrema ese último año que ya ni recordaba cómo debía comportarme con quienes eran mis verdaderos amigos. Tal vez por eso Ángel estaba tan enojada. Pero, en ese momento, el problema no era Ángel sino Azrael.

― Ok, lo lamento, dime qué hice― pedí controlando mi voz. Al final, debía manipularme a mí misma para no comportarme como yo misma.

Suspiró por paciencia sin dejar de fulminarme con la mirada.

― Nunca he creído que seas una bruja, lo sabes ¿no?

No me sorprendió, la mentira era estúpida. A veces me aterraba lo crédulos que sonaban los demás cuando yo les decía que la cocinera de la cafetería estaba hechizada, o que el dinero lo había conseguido por medio de un pacto con un demonio. Era curioso que ninguno se preguntara si era realmente cierto. Claro, estaban los efectos de sonido, la droga en el vino, mi peculiar forma de ser y de convencer a las personas, pero incluso así todo era demasiado inverosímil. Era claro que las dos únicas personas que sabían la verdad, una porque yo le había contado y la otra porque no era ningún tonto, me seguían la corriente. Tal vez, hasta se reían conmigo.

― Todo tu show me parecía estúpido, pero prefería no decir nada para no bajarte de esa nube en la que te subiste tú solita hace meses― agregó. La voz se le endurecía cada vez más.

A mi ego le molestaba que le hablaran de esa forma aunque tuvieran toda la razón. Recordé que Azrael se volvió mi amigo precisamente por esa capacidad de decirme las cosas sin que le importara mi reacción. Él me ponía los pies en la tierra cuando creía que podía volar.

Estaba a punto de decirle que tenía razón en decírmelo cuando caí en cuenta de todo lo que estaba detrás de eso. Si él sabía, como Ángel, que no era ninguna bruja, debió parecerle extraño el asunto del trance cuando hice las fotos pornográficas para sacar dinero fácil.

Inconscientemente, desvié la mirada.

― ¿Ya sabes de qué hablo?― cuestionó.
― No exactamente…― susurré.

Sinceramente, nunca fui religiosa pero, en ese momento, deseé serlo. Si había una persona en mi vida que quisiera y por la que me preocupara, aparte de Ángel, era Azrael. Con todo lo que incluía, sus delirios de Don Juan, ese político que llevaba dentro, un manipulador no tan pulido pero tampoco tan tonto, era lo que más me gustaba de él. Desde que lo conociera me había caído bien. No tenía miedo de ponerme en mi lugar, de darme la espalda y dejarme sola con mis pataletas. También estuvo conmigo cuando lo necesité y no fui capaz de pedirlo en voz alta. Fue el primero y él único en saber de mi relación con Ángel y me puso a mí por encima de Jhon, aunque a él lo conociera de tiempo atrás.

― ¿Y bien?― presionó.

Ni siquiera estaba intentando pensar en lo que le había hecho; podían ser muchas cosas.

Negué con la cabeza, no quería que saliera de mi boca.

― Las fotos…― siseó.

Era increíble cómo podía lastimar a las personas que más quería con tanta facilidad. Era ridículo cómo lo hacía sin darme cuenta a pesar de lo obvio que era.

Me senté en las gradas, incapaz de sostenerle la mirada.

― Nunca pensaste que me enteraría, ¿no?

Volví a negar en silencio. Daba asco.

Se sentó a mi lado y prendió un cigarrillo.

― Tengo un primo gay, me vio en una página de porno que visita con frecuencia, he quedado con una deuda de por vida gracias a ti― se quejó. Después, soltó el humo.
― No me creerás si digo que lo lamento― excusé.
― Al menos podrías intentarlo…
― No siquiera deberías hablarme.

Me puse de pie para marcharme pero me detuvo del brazo.

― No hemos terminado de hablar― reclamó.

Sacudí su agarre y crucé los brazos.

― ¿Tanto te cuesta decir que lo lamentas?― preguntó dándole otra calada a su cigarrillo.

Pude sentir algo de presión en el pecho. Era increíble lo cínica que podía llegar a ser.

― ¿Lo lamentas o no?― presionó poniéndose de pie también.

“No”, pensé. Intentaba mostrarle a Ángel lo que podía hacer. Algo tenía que estar mal conmigo porque no me sentía mal por lo que había hecho sino porque me descubrieron.
Negué con un breve movimiento de cabeza y me marché.

Al final de las clases inició el partido. Cientos de personas decidieron asistir. Las porristas vendíamos accesorios del equipo para recaudar más dinero para la graduación. Poco a poco el gimnasio se fue llenando hasta su alcanzar toda su capacidad. Entonces, empezó el juego.

Al principio, fue muy difícil para el equipo jugar juntos. La mitad estaba con Azrael, la otra mitad con Jhon, incluyendo los de la banca. Y yo, como capitana, debía coordinar cada celebración de una anotación aunque me costara el orgullo. Mi ex novio anotaba y yo saltaba de felicidad para la docena de cámaras que seguían nuestros movimientos. Ángel estaba unas cuantas gradas arriba detrás de la cuadrilla. Cuando todos se ponían de pie para corear con nosotros una canción de victoria ella se mantenía en su lugar sin inmutarse. A veces pensaba que la había convertido en una estatua de mármol. No, tal vez algo más duro: granito.

A medida que el juego avanzaba, los chicos parecían comprender eso del trabajo en equipo y anotaban cada vez más puntos. El entrenador permanecía en silencio en su sitio con una expresión de no saber muy bien qué hacer ni qué esperar, sólo se ponía de pie cuando había alguna falta y debía dar alguna instrucción. Me di cuenta que estaba tan acostumbrada a celebrar las anotaciones de Jhon que no me sentía incómoda haciéndolo; hasta que se le ocurrió lanzarme un beso y gritar frente a una cámara que me amaba. Si Azrael y él no siguieran distantes, como era obvio, pensaría que fue su idea ese circo de tipo romántico. El público estalló en aplausos y casi pude escuchar cómo las cámaras hacían un primer plano de mi expresión. Estuve a punto de sonreír por cortesía pero mi subconsciente me engañó y terminé girándome para analizar la reacción de Ángel. Apenas mis ojos se cruzaron con los suyos, se puso de pie y empezó a esquivar personas para llegar a la salida sin mucha prisa. Sentí la imperiosa necesidad de correr tras ella pero el sonido del contador de puntos captó mi atención junto con los gritos y celebraciones del público. Volví la mirada al juego justo a tiempo para ver como mi exnovio celebraba una anotación de tres puntos que le daba la ventaja al equipo y corría hacia mí. Di un paso atrás por puro reflejo pero Alexandra y Ximena se hicieron detrás para evitar que escapara. Claro, ellas no sabían que Jhon me había golpeado y, muy seguramente por culpa de David, ahora eran cómplices de su patético intento de reconquista. El pelinegro me alcanzó con cuatro zancadas y me zampó un beso en toda la boca al tiempo que me rodeaba con sus largos brazos. El público se volvió loco, no podía escuchar ni mis propios pensamientos. Su lengua intentó abrirse paso en mi boca y sentí como la rabia subía por mi espalda. Sacando fuerzas de no sé dónde, lo empujé y lo abofeteé. La cachetada hizo eco en el gimnasio lleno de personas estupefactas por lo que acababa de pasar. De nuevo las cámaras se enfocaban sólo en nosotros.

― Osita…― susurró fingiendo que se sorprendía.

Por el rabillo del ojo vi que Ángel seguía avanzando entre el público.

― Ni siquiera intentes hacerte el inocente― repliqué.

Apretó la mandíbula.

― Todo el mundo nos está mirando…― dijo bajando más la voz.
― ¡Pues que todos se den cuenta que eres un idiota golpea mujeres!― exclamé.

Hubo sorpresa general.

― ¿Qué estás diciendo?― siseó.

Azrael apareció en medio de los dos.

― Hay que seguir jugando― le recordó poniéndole una mano en el pecho. Traducción: Un paso en falso y no respondo.
― Fuera de mi camino― ordenó sacudiéndole el brazo y empujándolo a un lado.

Mi amigo se puso de pie dispuesto a golpearlo pero otros dos del equipo lo detuvieron. Di varios pasos atrás con los brazos abiertos para alejar a Ximena y Alexandra cuando los demás jugadores se acercaron para detenerlos. Pronto hubo una enorme revuelta en la cancha y muchos padres que estaban en el público intervinieron para detener a sus hijos que estaban a punto de matarse unos a otros. En medio del desorden, desaparecí y alcancé a Ángel en el parqueadero.

― ¡Espera!― corrí hacia ella y le cerré el paso.

Levantó una ceja.

― No lo planeé…― jadeé tratando de recuperar el aliento.
― Lo sé…
― ¿Por qué te vas, entonces?
― Por un momento pensé que te venderías a las cámaras para no quedar mal.

¡Wow!, fue como una cachetada. ¿Esa era la imagen que tenía de mí?

― Auch…― solté con una risa nerviosa.
― No me vas a negar que lo pensaste― comentó medio sonriendo.
― Vale, la idea cruzó por mi mente― admití levantando los hombros. De repente, me sentía más tranquila.

Hubo un silencio que, por primera vez, no sentí incómodo. El sol ya se había ocultado y en el cielo sólo quedaban suaves visos de colores lilas. Me mordí el labio cuando sentí la necesidad de decirle lo que tanto había planeado decirle.

― ¿Y bien? ¿Qué me quieres decir que requiere mi presencia en este partido?― preguntó de la nada.

Tuve que controlarme para demostrar la sorpresa. ¿Acaso me leía el pensamiento? Sonreí de medio lado al recordar que yo siempre hacía lo mismo y ella me miraba aterrada.

― Quiero que vayas al baile de graduación conmigo― respondí.

Los ojos se le abrieron como platos. Que bien se sentía generar una reacción en esa expresión de granito.

― ¿Qué?― aparentemente, fue lo único que pudo pronunciar.
― Que no me importa lo que todos digan, lo que Jhon haga o lo que cualquiera piense, quiero ir al baile de graduación contigo, quiero…estar contigo…― repetí. Curiosamente, no me sentía asustada. El corazón me latía a mil por hora porque era la primera vez que decía la verdad sin guardarme nada ni analizar nada.
― ¿Qué te hace pensar que quiero ir a ese baile contigo?― inquirió.

Alguien se había vuelto experta en regresarme a la tierra a patadas. Tampoco supe qué decir.

― Lo siento, no quise sonar grosera― se me acercó pero yo me alejé.
― No te preocupes, lo dejaste claro― estaba luchando con las lágrimas acumuladas en mi garganta ― Quedó claro hace 15 días en mi casa, discúlpame por ser tan tonta― no era capaz de mirarla a los ojos.

Sin más, me giré para irme. Casi podía escuchar como mi cerebro hacía cortocircuito; mi ego no podía prever esa respuesta. Tuve que cubrirme la boca para no llorar y el aire apenas y me llegaba a los pulmones. Era impresionante cuan miserable me podía sentir por su culpa. Aunque me lo merecía, no dejaba de doler. Medio zombie, regresé al gimnasio. Ximena y Alexandra estaban en la puerta con la boca abierta: habían escuchado todo.

― Pudiste…― inició Ximena.
― ¡Ni siquiera se atrevan a comentar el tema!― interrumpí entrando al gimnasio.

Nadie notó mi presencia, pues todos estaban discutiendo. El juego había sido cancelado y el equipo de mi escuela fue desclasificado por todo el desorden que se armó. Logré ubicar a Azrael al otro lado del gimnasio en la parte más alta de las gradas; estaba flanqueado por dos oficiales de policía y la cara toda golpeada mientras sostenía una bolsa de hielo en su boca. Jhon, en la esquina contraria, no estaba en mejores condiciones. Debía atravesar la cancha para llegar con mi amigo y tuve que abrirme paso a codazos. Todo el mundo discutía, con los árbitros del partido, entre los aficionados, estudiantes, policías, padres; era una locura.
Finalmente, logré llegar con Azrael.

― ¡Idiota!― reclamé. Uno de los policías me sujetó. ― ¡Se supone que estabas enfadado conmigo! ¡¿Por qué te metes en semejante problema por mí?!― espeté tratando de liberarme.
― Por favor suéltela, no me hará nada― pidió al oficial.

Los dos tipos se miraron entre ellos y terminaron por restarle importancia a mi presencia.

― No se pongan muy cariñosos― dijo uno de ellos.

Azrael soltó la risa pero se detuvo al instante al sentir que el abdomen le dolía. En menos de un segundo estuve a su lado con los ojos llorosos.

― Eres un idiota…― repetí abrazándolo.
― Sé que no lloras por mí― comentó pasando uno de sus brazos por mi espalda.
― No tenías que hacer esto por mí, no lo merezco― sollocé. Tenía razón, no lloraba por él, pero ambas cosas se habían juntado y sólo quería desahogarme.

Me acarició el cabello.

― Somos los mejores amigos, ¿recuerdas?― susurró tratando de calmarme.
― No merezco que me digas eso…― apenas y podía hablar con todas las lágrimas que derramaba.
― Creo que sabía a lo que me atenía cuando empezaste con esa tontería del círculo― confesó.
― ¿A qué te refieres?
― Sabía que no pretendías nada bueno, y cuando apareció Ángel parecías concentrada en sorprenderla, me presté para eso…
― No me justifica…
― Todavía no dices que lo lamentas― me recordó separándome de él para mirarme a los ojos.

Me mordí el labio.

― No lo dirás, ¿verdad?
― Lo lamento…― susurré bajando la mirada ― Soy una basura de persona y en esta ocasión no puedo sentirme orgullosa de eso…― las lágrimas me tenían desesperada.
― Vale, esa disculpa me sirve, ya luego me ayudaras a sobornar a mi primo― volvió a abrazarme ― Ahora dime, ¿por qué lloras?

Su pregunta intensificó mis lágrimas.

― Vi que Ángel salió del gimnasio antes que todo empezara…
― Soy demasiado egoísta para darme cuenta de todo el mal que le he hecho.
― ¿Puedes ser más específica?
― Kyra no está muerta, sólo tuvo que irse del país― revelé.

Se quedó paralizado sin razón. Asustada, lo solté para mirarlo. Tenía los ojos fijos en alguien detrás de mí: David.

― ¿Dijiste lo que creo que acabas de decir?― cuestionó.
―No sé qué escuchaste― excusé limpiándome las lágrimas.

El tipo se marchó sin más. Ya no había nada que pudiera hacer. A David le gustaba Kyra, no había método alguno para sacarle de la cabeza lo que yo dije tan claramente.

Al final, tuvieron que llevarse a medio equipo de baloncesto para la comisaría junto con otras 20 personas que destruyeron elementos de la escuela. Una cachetada, mi cachetada, fue la que termino por hacer estallar una disputa. A veces me sorprendía lo que podían desencadenar mis acciones cuando decidía no ejercer control alguno sobre ellas.

Los ojos me ardían cuando logré llegar a mi carro. Nuevas ganas de llorar me invadieron cuando recordé lo que había pasado con Ángel y mi frustrado intento de invitarla al baile. Se me nubló la vista y se me cayeron las llaves. Cuando me incliné para recogerlas, otra mano lo hizo y me las entregó.

― Quiero que me repitas lo que dijiste antes― demandó Ángel con su voz de granito.

Mi cerebro se desconectó por un segundo.

― Pensé que te habías ido― respondí.

Medio sonrió. Mis nervios fueron evidentes.

― ¿Desde cuándo eres tan sensible?― preguntó.
― Desde que se me ocurrió que así sería mejor persona para…
― ¿Para qué?― interrumpió.
― Para ti.

La sonrisa desapareció.

― ¿Qué te hace pensar que quiero que lo hagas?― inquirió. El tono de su voz no fue tan brusco como la vez anterior pero la pregunta sí lo era.

Suspiré molesta.

― Si te vas a dedicar a ofenderme, te puedes ir, ya quedó suficientemente claro― repliqué desactivando la alarma del carro.
― No intento ofenderte― aclaró.

Chasqueé la lengua y le di la espalda para abrir el auto. De repente, una de sus manos rodeó mi cintura mientras la otra hacía mi cabello a un lado. Su aliento en mi cuello me dejó paralizada.

― No quiero que seas otra persona…― susurró.

Lentamente, me giré para mirarla. Estaba tan cerca que mis pulmones se embriagaron rápidamente con su perfume. ¿En qué momento llegué a ese punto de sumisión? Sentía que eres cachorro asustado no era yo misma, pero no me disgustaba serlo con ella.

― Quiero que repitas lo que me dijiste― insistió.

Entendí que no se refería a la invitación sino a lo otro. Lo otro que no fue fácil confesar.

― Dije que…― tuve que darme fuerza de voluntad ― no me importa el resto del mundo…― me mordí el labio inferior ―…quiero estar contigo…― solté cerrando los ojos con fuerza.

Sentí su mano en mi mentón haciendo que subiera el rostro.

― Mírame Danielle― pidió.

Con reservas, accedí. Entonces, sonrió.

― Yo también quiero estar contigo― declaró. Luego, juntó sus labios con los míos.


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kannaa
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   24/3/2012, 03:42

Hace muchoo q esperaba la continuacion
d esta hermosa y entretenida historia
gracias
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   24/3/2012, 13:33


Cada vez Danielle mas voluble i like :)
Me agrada dejar de estudiar por leerte XD no hay cargo de conciencia.
Espero cuelgues pronto lo que sigue, saludos.

Ah! y esta genial el chibi de Danielle.
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Ghrecia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   24/3/2012, 16:38

Ahh me encantooo! >< jaja :D, me gusta que ángel y danielle
estén en paz juntas, aunque eso nunca dura mucho jajaja
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Yulia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   25/3/2012, 14:32

omg! por fin danielleomg!!!!!!

esta cada vez mas interesante esta historia!!!

me encanta!
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Yun Yun
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   25/3/2012, 17:21

Woah!!!! La espera ha merecido la pena!!!! Me ha gustado ver que a Danielle le queda todavia un poco de corazon... Me encanta!!!!!
Espero no nos hagas esperar mucho!!!!!

Un saludo de Elche City!!!
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leny
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   26/3/2012, 22:46

Buenisima continuación

Gracias por la conti

Valio la pena la espera
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Yarina
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/4/2012, 21:42

ContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
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Dai.Jrgui
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   20/6/2012, 17:41

me registre solo para poderte comentar que, Wow esta buenisima tu historia pero continuala hace mucho no lo haces :(
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/7/2012, 12:33

CAPITULO 49

CANSADA

Como Dueles En Los Labios
Como Duele En Todos Lados
Como Duelen Sus Caricias
Cuando Ya Se Ha Ido

Como Me Duele La Ausencia
Como Extrano Su Color De Voz
Como Falta Su Presencia
En Mi Habitacion

Como Me Duele El Invierno
Como Me Duele El Verano
Como Me Envenena Al Tiempo
Cuando Tu No Estas

Como Duele Estar Vivendo
Como Duele Estar Muriendo Asi
Como Me Duele Hasta El Alma
En Mi Habitacion

Como Dueles En Los Labios
En Todos Lados Soledad

Como Dueles En Los Labios
En Todos Lados Soledad

Como Me Duele No Verte
Como Duele En Madrugada
Como Me Duele No Verte
Como Duele En Madrugada
Como Duele En Los Labios
Como Duele En Madrugada
Como Dueles En Los Labios


Como dueles en los labios - Maná


DANIELLA


Al verme despierta, Ángel se dio media vuelta y se marchó. Quise detenerla. Arrancarme la línea de suero y correr tras ella pero su expresión me detuvo. Tal vez fuera difícil para mí entenderlo y, sin embargo, en alguna parte de mi cerebro sabía que la había lastimado tan adentro que probablemente no la volvería a ver.
Kyra permaneció inmóvil en medio de la habitación. Cuando Ángel se marchó, ella sólo la observó. Al menos reconocía su parte de la culpa.

― ¿No harás nada?― preguntó con la voz bajita. Sonreí internamente al captar un poco de miedo en su voz.

Me encogí de hombros y desvié la mirada hacia la ventana. Luego, arrastré el suero hasta la cama y me senté en el borde. Kyra se sentó en el sofá que había frente a la cama.

― Cuando Ángel y yo íbamos atadas en el maletero de la camioneta de Jhon, pude escucharlo hablar con David y decirle que se desharía de nosotras―dije sin mirarla. No hubo respuesta ―Sabía que aprovecharía para ponerse en contacto contigo, aunque tampoco me molesté en pensar cómo lo haría― agregué.
― ¿Atadas?― repitió ella con sorpresa.

El tono captó mi atención.

― ¿No sabes lo que pasó?― inquirí mientras subía los pies a la cama.
― Sólo sé que estabas en coma, hasta el momento no se me ocurrió preguntar por qué.

Suspiré. No tenía intención de quedarme charlando con la ex de mi novia. Habían pasado varios meses desde que la despedí en el aeropuerto con la idea de nunca revelarle a Ángel que estaba viva. Casi nunca descubrían mis mentiras pero esa se me había salido de las manos.

― Bueno, pues Jhon se volvió…― lo medité por unos segundos ―…más bien, dio rienda suelta a su locura― expliqué

Kyra no comprendió del todo.

― Después de que te fuiste…pasaron algunas cosas, Ángel y yo nos hicimos novias oficiales delante de toda la escuela y Jhon no soportó la “humillación”― revelé con la esperanza de transmitirle un poco de dolor.

“Novias oficiales”, pude ver en sus ojos que esas palabras le molestaron.

― ¿Humillación?
― Pasaron muchas cosas― corté ― Lo importante de la historia es que el idiota nos secuestró y casi nos mata― solté con odio

La ojiverde quedó paralizada.

― Esperaba otro tipo de respuesta― susurró.
― Suena extraño cuando usas la palabra “secuestro” en primera persona― reflexioné

Ese fue el último día que vi a Kyra. La pelirroja se marchó minutos más tarde al notar que no planeaba contarle toda la historia. Si la despedí en el aeropuerto no fue por cariño; sólo quería deshacerme de ella.

Y entonces, pasó el tiempo.

¿Cuánto tiempo llevaba sin ver a Ángel? Dos años. ¿Y cuánto llevaba sin pensar en ella? Días 730. Pero, ¿quién lleva la cuenta?
Cuando me dieron de alta, por razones que no quiero profundizar, hice las paces con mi padre. Incluso, decidimos hacer terapia. En ocasiones pensaba que ese golpe me había afectado más de lo normal. A veces miraba mi vida en retrospectiva y me parecía algo lejano y ajeno.
No tardé mucho en encontrar una universidad para estudiar una carrera que daba la impresión de estar hecha para mí y no al contrario: psiquiatría.
En ese nuevo mundo resulté siendo alguien normal. Ok, tal vez un poco más arriba de lo normal. Prácticamente vivía devorando libros, más por gusto propio que por obligación, tenía unas notas excepcionalmente altas y, sin mucho esfuerzo, tenía una beca del 100%. Sin embargo, prefería mantener un perfil bajo.
Como el equipo de porristas de mi escuela era tan reconocido, yo también lo era y en varias ocasiones fui acosada por la cuadrilla de la universidad para unirme a ellas. Eso incluyó invitaciones de fraternidades y clubes pero nada parecía captar mi atención. Una vez medité entrar en una fraternidad, así que fui a la entrevista y a varias fiestas a las que me invitaron; fue un completo desastre. No por mi culpa, ellas estaban encantadas conmigo pero yo no las toleraba. A la media hora me empezó a doler la cabeza y dos horas más tarde no soporté tanta estupidez junta. Creo que merezco ser vanidosa en este punto: casi toda la conversación se trató de mi belleza y cómo la mantenía.
La atención no paraba allí, muchos chicos, y chicas, de semestres más altos o de otras carreras me coqueteaban, me enviaban regalos o recados.

“Tanta atención me asquea”, ese era el pensamiento que me hacía dudar de mi cordura posterior a la cirugía.

17.520 horas después de la última vez que pensé en Ángel, era de noche y estaba en un bar cerca de la universidad tomándome unas cervezas con un chico de una fraternidad que últimamente insistía mucho. Estudiaba Administración de Empresas, iba en 5to semestre.

― Siempre he querido tener un negocio propio como estos, un bar acogedor, mesas de billar, una barra, algo sencillo, como para pasar el rato― decía.

Yo lo miraba pero, en realidad, no le estaba prestando atención alguna y él parecía no notarlo.

― ¿Alguna vez te han dicho que tienes unos ojos muy bonitos?― estiró su mano para acariciar mi mejilla.

Sí, me lo han dicho muchas veces, y sólo una persona lo dijo desde el corazón. Le sonreí.

― Siempre te veo sola por la universidad, eres hermosa y, sin embargo, no tienes novio, ni novia, te la pasas estudiando y sin embargo no tienes la apariencia de un ratón de biblioteca, me han dicho que eres la mejor de tu clase, que vas a fiestas, bailas y bebes pero nunca estás acompañada, tampoco pareces necesitarlo, eres todo un misterio para mí― declaró.

Por el tono de su voz supe que este chico gustaba de mí más que los demás.

― Es bueno mantener a todos en suspenso y luego sorprenderlos― respondí sonriéndole.
― ¿Y si yo quisiera sorprenderte a ti?― insinuó acercándose un poco más. Estaba sentado a mi lado con uno de sus brazos en mi espalda y el otro en mi mejilla. Seguía acariciándola.
― Podrías intentarlo― bebí un poco de mi cerveza. Era negra de una marca alemana.
― ¿Cuántos han fallado en el intento?― preguntó bajando la voz.
― Todos― y lo miré.

La mano que estaba en mi mejilla regresó a la mesa.

― Discúlpame por lo que hice pero no pude con la curiosidad y le pedí a un amigo que estudia informática que averiguara sobre ti― confesó con los ojos clavados en su jarra.
― Puedo imaginar lo que encontró― solté como para no quedarse callada.

Entonces empezó a contarme sobre los artículos que había de eventos deportivos, concursos de porristas, mi padre y su gran cargo en una multinacional, la muerte de mi madre, la muerte de mi hermana, mi secuestro, mi estándar de notas en la escuela, etc. Lo cierto es que no había mayor cosa que buscar.

Me pregunté si entre toda la investigación encontró el video del último partido que tuvo el equipo de baloncesto antes de la graduación. Ese mismo que Jhon había puesto cuando nos secuestrase a Ángel y a mí.
Recordé que mientras veía el video, aún estando secuestrada, no podía evitar pensar en lo atractivo que era Jhon, sobre todo cuando hacía dúo con David y ambos lograban anotar tres puntos. También pensé en lo fuerte que yo gritaba con ese uniforme de porrista puesto para celebrar una anotación. Y, por supuesto, no olvidé que quien grabó el video se ubicó de manera tal que justo detrás de mí se veía a Ángel, aburrida por el partido pero esperándome a la distancia. ¿Habría visto cómo terminó ese juego?

¿En serio? ¿Dos años? Volví a hacer cuentas.

― ¿Y por qué no te quieres unir a ninguna fraternidad?― el chico no se daba por vencido y ya no podía recordar su nombre. ¿Peter? ¿Michael? ¿Roger? ¿Logan?
― Todos las buscan por popularidad, yo no la necesito― mi orgullo respondió por inercia. Ya no estaba prestando atención.
― Eso era en la escuela, ¿y aquí?
― Esto sólo es una escuela más grande, todos se comportan igual― expliqué.
― ¿Qué tengo que hacer para que me des una oportunidad?― de nuevo me acariciaba la mejilla.

Y pensar que alguna vez le dije algo similar a Ángel…

Lo miré en silencio por unos cuantos segundos. Ojalá su nombre fuera Logan, ese me gustaba. Tenía los ojos castaño oscuro, casi negros. Era bastante atractivo, sobre todo su rostro, cuyas facciones parecían esculpidas en piedra. Varias chicas nos observaban atentas, incluso había notado que la mesera que nos traía las cervezas sólo lo miraba a él para pedir la orden. ¿Y si me fuera a la cama con él? No parecía un engreído vanidoso, incluso tenía un pequeño corte en la barbilla producto de una apresurada afeitada. Su colonia era de Hugo Boss y procuraba no usar más de la necesaria. Un poco olía bien, demasiado apestaría. El cabello lo llevaba corto aunque se notaba que llevaba un tiempo sin cortarlo. No usaba gominas y nada por el estilo, estaba al natural. Algo en la forma cómo me miraba me daba ternura; tal vez era ese ligero brillo de esperanza que intentaba ocultar bajo una semblante serio. Confesó haber hecho que uno de sus amigos me investigara, ¿lo habría hecho para fingir honestidad o simplemente lo era? Llevaba sastre, tal vez Armani, perfectamente inmaculado. Se había quitado la corbata, era roja oscuro, combinaba bien con el traje. El pantalón tenía perfectamente planchada la línea en el centro y sus zapatos estaban lustrados. Su celular era touch de última generación y solía usarlo con audífonos. No parecía el tipo de chico que aprende a lustrar sus zapatos prestando el servicio militar, estaba segura que había pagado por la libreta y los hábitos venían de casa.

― Sigamos hablando― invité con una sonrisa.

Me esforcé un poco más en mostrarme interesada. Lo cierto era que me atraía, así que seguí analizándolo.
Si los hábitos eran de familia, entonces debía tener una madre muy cariñosa y, seguramente, un padre trabajador. Sabía que vivía en el campus, así que no había nadie que lo planchara la ropa o le lustrara los zapatos. Su madre, probablemente, trabajaba en casa o sólo medio tiempo. El nudo de la corbata era de los más complicados y los hombres tendían a hacerlos más sencillos, por lo tanto fue ella quien le transmitió esos hábitos. Eso significaba que si sus abuelos seguían vivos, debían ser unas personas más o menos estrictas. Imaginé una cena navideña y yo como la novia oficial; la madre, encantada conmigo, el padre, feliz de ver a su hijo con una chica tan bonita y tan “juiciosa”, sus abuelos harían preguntas sobre mi familia, como apellidos y algo de historia. Si tenía un hermano, probablemente pasaría la noche haciendo chistes sobre él tratando de ponerlo en ridículo; si tenía una hermana, intentaría saber si mis intenciones son sinceras o sólo soy una zorra detrás del rostro de un ángel. Si su veredicto era bueno, entonces yo habría hecho un buen trabajo como cuñada. Si era malo, seguramente su novio la dejó por otra y vería su frustración reflejada en mí. Sin embargo, no parecía ser un niñato mimado que todo se lo pagan sus padres. Habíamos hablado por celular un par de ocasiones, en alguna de ellas me había dicho que debía volver al trabajo y que me llamaría más tarde. El traje no parecía tener más de dos meses, así que seguramente se lo habría comprado él mismo, al igual que la colonia y la corbata. Tenía buen gusto para elegir trajes, así que muy probablemente tendría una hermana, tal vez mayor. Su físico demostraba que no era alguien de vicios, en todo lo que llevábamos de cita sólo había bebido dos cervezas, lo mismo que yo, tampoco fumaba y, por añadido, seguramente tampoco consumía ningún tipo de droga. Sabía que practicaba futbol porque lo había visto en varias ocasiones acompañado de varios tipos del equipo de la universidad, era buen jugador, las porristas corrían tras él por los pasillos.

― ¿Te gustaría comer algo?― preguntó.
― ¿Cocinarás para mí?― inquirí.

Parecía sorprendido.

― ¿Cómo supiste que planeaba cocinarte algo?

Casi me sonrojo.

― Lo adiviné― mentí.

Me clavó una mirada casi inquisitiva.

― Llevas toda la noche analizándome, ¿verdad?

Vale, parecía tener buenas habilidades para leer a las personas. Entonces había escogido bien su carrera.

― Más o menos― admití escondiendo el rostro tras mi vaso de cerveza.
― ¿Y qué has descifrado?
― No es necesario que hagamos esto…
― ¿Qué hay de malo?
― A la gente le suele molestar que los… “descifre” así como así.

Se carcajeó.

― A mi no, parte de lo que estoy estudiando incluye leer a las personas y saber cómo me ven ellos a mí― explicó.
― ¿De eso se trata? ¿Saber cómo te “ven” las personas?
― En parte, quiero saber si te he dado una buena impresión o sólo sigues aquí porque eres muy educada.

Me mordí el labio.

― Vale, ¿qué quieres saber?― dije finalmente.
― Todo lo que esté pasando por tu cabeza.
― Eso es mucho, sé más específico.
― Ok, ¿qué crees haber adivinado sobre mí?

¿Qué creía? Bueno, pues a la lista hay que agregarle una gran confianza en sí mismo.

― Tu madre te enseñó a tener buenos hábitos, como planchar tu ropa o lustrar los zapatos, seguramente también te enseñó a hacer ese nudo de corbata tan complicado― solté. Sus ojos se abrieron de la sorpresa. ― Estoy segura que pagaste por la libreta militar, por el traje que llevas y la colonia que usas no pareces el tipo de chico que se vería obligado a prestar el servicio militar ― sonrió. ― Sabes elegir un buen traje y una corbata a juego, así que debes tener una hermana, probablemente mayor ― levantó una ceja. ― Haces bastante deporte, no fumas y bebes poco, eres bueno en el futbol, tal vez seas un delantero, las porristas corres tras de ti ― pensé en qué más podría deducir. ― No tienes mascotas, ni aquí ni en casa de tus padres ― finalicé y bebí un poco de mi cerveza.

Hubo silencio por varios segundos.

― Vaya…― dijo.

Sí, es bastante molesto saber que puedes demostrar tanto con tan poco.

― Sinceramente, esperaba algo menos preciso― admitió.

Solté una sonrisilla nerviosa para darle el gusto de pensar que me apenaba saber tanto.

― No hiciste que ningún chico de informática averiguara sobre mí, ¿verdad?

Me reí.

― Eso significa que tengo razón.
― Eso no es una pregunta.
― No pensaba hacer ninguna.

Bebió de su cerveza.

― Pues tienes razón en todo― declaró finalmente ― Sólo una cosa ― le miré atenta ― No soy adinerado, tuve que esforzarme mucho en un trabajo para conseguir el dinero y comprar la libreta, así como en el que tengo ahora para comprar este traje― explicó.

Eso confirmaba mi teoría.

― Entonces, ¿quieres comer?

No me hice la de rogar y con la intención de dejar de pensar en Ángel, acepté. En la habitación que arrendaba en el campus vivían otros dos chicos compañeros del equipo de futbol pero no estaban en la ciudad. Cocinó pasta a la carbonara con un toque de queso que quedó deliciosa.
Al final de la noche, tuvimos sexo en su cama. También era bueno en eso, lo hacía todo de manera que los dos disfrutáramos. Sin que se lo pidiera, sacó un condón, como un buen chico responsable. Lo hicimos tres veces y estuvo muy bien.

― Tengo que irme, nos vemos luego ¿vale?― eran las once de la noche y yo buscaba mi ropa por toda la habitación.
― Está tarde, te puedes quedar― sugirió.
― No puedo― mentí.
― No quieres― corrigió.

Suspiré.

― No es tu culpa― dije sentándome en el borde de la cama. Él también se sentó y me rodeó con los brazos mientras besaba mis hombros. ― Todo ha estado muy bien, la cita, la comida, el sexo…
― ¿Pero…?― preguntó entre besos.
― Yo…no soy lo que aparento, sé que suena trillado pero es verdad― declaré.
― ¿Eres una agente secreta?― inquirió.

Me reí sin ganas.

― No es eso…
― No eres lesbiana, así que no me pongas esa excusa― replicó.
― Hay…yo…simplemente esta no es una buena noche para mí― expliqué.
― Acabas de decir que todo estuvo bien…― no paraba de besarme.
― Tú, sí― aclaré.

Se detuvo y me tomó del mentón para hacer que lo mirara. Era extremadamente delicado.

― Hay…tengo algunos asuntos que…― ¿desde cuándo se me enredaba tanto la lengua? ― Hay alguien más, ¿vale?

Se sorprendió.

― Quiero decir, no está aquí precisamente, no en la universidad ― corregí. ― Ni en mi vida…― agregué susurrando. ― Pero…lo tengo metido en la cabeza y todavía no estoy preparada para seguir adelante.

Me miró atentamente por unos cuantos segundos y luego me besó.

― Ok, haz lo que tengas que hacer y llámame si lo deseas― declaró.

Tuve una punzada de culpabilidad.

― No te enojes…― pedí.
― No estoy enojado pero no puedo seguir insistiéndote si tu cabeza está en otra parte con otra persona.

¿Podía existir alguien así? Y yo pensando en Ángel…

― Gracias por entender― dije.

Me observó mientras me vestía y se puso un pantalón y una camisa para acompañarme hasta la puerta del edificio.

― ¿Estás segura de querer irte sola? Es tarde― me recordó.
― No te preocupes, mi edificio queda a unas pocas cuadras, no me toparé con ningún asesino loco― me burlé. No le hizo gracia. ― Está nevando, caminaré rápido.

Nos despedimos con un beso y yo salí a la noche.

Era invierno, finales de invierno, igual que cuando conocí a Ángel. ¿Era por eso que esa noche estaba recordándola tanto? ¿Por la nieve?
Anduve por el campus de la universidad sin rumbo alguno, sólo dando vueltas entre los edificios de las facultades, las fraternidades y los campos de juego.

¿Qué sería de la vida de Ángel? ¿Estaría estudiando? ¿Qué carrera? ¿Tendría pareja? ¿Viviría en el campus de su universidad como yo o en su casa con su familia? ¿Seguiría en contacto con Kyra? ¿Se acordaría de mí o también me había olvidado como yo a ella?

Realmente, nunca tuve la intención de enamorarme, sólo quería un juego, una amante, algo diferente a lo de siempre. Pero pasó todo lo contrario, porque lo permití e, incluso, lo promoví. Cuando despertase del coma pude notar, con mucha más claridad, todo lo que Ángel había cambiado por mi culpa y no me parecía justo. ¿Habría vuelto a ser la misma ante mi ausencia?

¿Tan retraída estaba del mundo que podía calcular, sin problema, la cantidad de minutos que habían pasado desde aquel día en el hospital? 1’051.200

Por la parte del campus que iba atravesando en ese momento, frente al edificio de una fraternidad de hombres, había una especie de kiosko en mármol con algunas enredaderas. Bajo su techo había dos bancas y decidí sentarme allí para que la nieve que caía no me cubriera. Incliné la cabeza hacia atrás y pude ver el tejido de las ramas.

― Quiero saber de ti…― susurré a la soledad sintiendo como un par de lágrimas caían por mis mejillas.

El pecho se me comprimió y sentí un ardor en la garganta que me indicó habían más lágrimas haciendo fila en mis ojos.

Sin pensarlo, saqué mi celular y escribí un mensaje:

¿Acaso estás pensando en mí? Llevas todo el día metida en mi cabeza. Att: DB

Y le di enviar al número que todavía estaba grabado con su nombre. No sabía si todavía lo conservaba o habría cambiado de número pero, como fuera, ya me había desahogado un poco.
Empezaba a quedarme dormida cuando el celular vibró en mi mano.

Este mismo día hace tres años me pediste que fuéramos amigas con derechos en tu casa después de explicarme matemáticas Att: AJ

Creo que lei el mensaje unas treinta veces antes de despegar los ojos de la pantalla y reaccionar. ¿Había sido ese día?

Más lágrimas cayeron por mi rostro, y pronto no pude detenerlas. Estaba en shock. Después de tanto tiempo sin pensarla ni saber nada de ella, ¿seguía queriéndola? Caí en cuenta que la hora del mensaje era media hora más tarde después de que yo enviara el mío. ¿Todo eso tardó pensando en qué responderme?
El frio empezaba a afectarme y decidí regresar a mi apartamento como le había prometido a…¿Logan? Por el momento estaba sola, mi compañera estaba fuera del país con sus familiares, así que podía darme el lujo de llegar a la madrugada sin molestar a nadie. El campus estaba medio solitario todavía, pues las clases empezaban hasta dentro de una semana, y sólo unos pocos nos quedábamos.

Mientras caminaba, pensé en la relación que tenía con algunas personas. El primero fue mi padre. Las terapias eran cada tres semanas con una psicóloga recomendada por una amiga de la secre…la novia de mi padre. Obviamente ella desconocía las razones reales y mi padre le hizo firmar a la psicóloga un contrato de silencio. Nadie podía saber lo que realmente había pasado. Papá se veía feliz y después de mucha insistencia, los convencí de mudarse a la casa. Yo no estaría la mayoría del año y eso les daría privacidad, sobre todo por el hijo que estaban planeando. Se supone que no sabía nada pero, tonta no soy. La primera frase de…Karen fue: “este lugar es perfecto para criar tanto hijos como queramos”. Irónico.

De Ximena y Alexandra sabía poco, pero hasta la última vez que hablé con la pelirroja, me comento que había roto con la morena porque le fue infiel con otra chica y que, además, se iba para Australia a estudiar. Lo supe por un e-mail que me envió, donde también me agradecía por haber estado en su vida y me deseaba lo mejor. Al parecer todos maduramos después de la graduación.

Con Azrael hablaba mucho y nunca había perdido el contacto con él. Estudiaba Ciencias Políticas en la misma universidad que yo y estaba dentro de una fraternidad ascendiendo rápidamente. Él era la única persona con quien se me había visto rondando por el campus pero cuando nos preguntaban si éramos novios ambos respondíamos lo mismo: somos como hermanos. Y era cierto.

Prendí la luz de la habitación y puse algo de Linkin Park en el reproductor a bajo volumen mientras entraba al baño para calentarme en una tina con agua caliente. A medida que entraba en el agua podía notar cómo se descongelaba una delgada capa de hielo que cubría mi piel.

Ya más relajada, tomé el celular y escribí un nuevo mensaje:

Quiero saber que ha sido de tu vida todo este tiempo.

No puse el atentamente, era obvio.
A los dos minutos mi celular vibró.

¿Por qué quieres saber?

Lo pensé por un momento. Intenté imaginar su expresión, pero sólo la encontraba con esa mirada fría que mostraba cuando me dejó en el hospital después de verme despierta.

Ha pasado mucho tiempo…

Escribí y le di enviar. En el mini componente empezó a sonar una canción de Calamaro que siempre me hacía recordar nuestra primera vez en el gimnasio. Le subí un poco el volumen con el control remoto.

Sólo han pasado dos años

Sonaba cortante pero, ¿Quién no? Después de tantas cosas…

¿Quieres hablar o sólo andarás con rodeos para que me quede sin saldo?

Algunas cosas simplemente no cambiaban y mi orgullo era una de esas. Si ella no quería hablar yo no le rogaría, así me muriera por dentro.

Creo que ya es hora de hablar.

Capté, de inmediato, el doble significado de esa frase.

Entonces, ¿qué hay de tu vida?

Fue lo único que me atreví a preguntar.
Me estaba quedando dormida dentro del agua tibia cuando el vibrar del celular hizo que se me resbalara de las manos y cayera al piso. Tuve un mini infarto al ver cómo la batería salía disparada hasta la puerta del baño. Nerviosa, con la idea de nunca saber cuál fue su respuesta, salí de la bañera, medio me sequé con la toalla y volví a poner la batería dentro del aparato. Los segundos de espera mientras se encendía me parecieron eternos. Finalmente, la pantalla mostró el menú y con dedos temblorosos abrí los mensajes.

No tengo mucho saldo, paso mañana por la tarde a tu casa y hablamos.

Estuve a punto de desmayarme de la emoción.


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