Yuri's Lyrical Secrets

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 Friends with benefits

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JACKY
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   18/7/2011, 16:07

ESTA MUY BIEN YO NO TENIA IDEA DE LO DE SU HERMANA....
AUNK ME PASA ALGO MUY PARECIDO AMI PERO BUENO VOLIENDO AL TEMA ESTUBO MUY BIEN ME TIENES MUUY METIDA EN TU HISTORIA


CONTINUA PRONTO
!SALUDITOS!!
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kannaa
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   26/8/2011, 22:26

espero q la puedas continuar pronto
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Toshino Kyoko
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/8/2011, 10:20

ummm muy buena historia, y esperando por su continuacion
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/8/2011, 12:05



CAPITULO 8

TIERNA, TÍMIDA Y DESPREVENIDA



Si yo me fuera antes de amarte
Me suicido cayendo al mundo con mis alas
Y aquí en la Tierra te doy mi esencia
Te doy mis cielos todos mis sueños
Con tal de ver el calor
De tu calma, de tus manos, de tu risa, de tu alma

Fin todo tiene un fin
Menos el fuego de tus ojos
Que se pierden profundo en el misterio
De las historias que no cuenta
El celestial calor del sol

Y después de un tiempo, te vuelvo eterna
Te saco del mundo, te purifico y
Nos perdemos volando en lo eterno

Dame tu vida
Te doy mi esencia
Nuestra última entrega
De un gran principio

Fin todo tiene un fin...
Fin todo tiene un fin
Menos el fuego de tus ojos
Que se pierden profundo en el misterio
De las historias que no cuenta
El celestial calor del sol

Fin todo tiene un fin...

Fin - Jaguares




ANGEL

Danielle era la persona más…no se la palabra, ¿extraña? No, esa no la definía. ¿Loca? Puede ser. La persona más loca que conocía.
Después de conducir su flamante carro, algo que con tenía que repetir antes de morir, me quedé aburrida en mi casa. Ya le había tomado costumbre a esa rutina de estar con ella todos los días. Aunque sólo fueron tres, tenía la impresión de que llevábamos meses así.

Al marcharse no me dijo nada lo cual quería decir que no nos veríamos más ese día y eso me significaba quedarme encerrada en mi tediosa casa.

Estaba haciendo el almuerzo cuando recibí una llamada de un viejo amigo.

― ¿Alo?―pregunté tratando de sostener el teléfono con la oreja y el hombro pues tenía las manos llenas de condimento.
― ¿Ángel?― respondió un hombre.
― Con ella, ¿con quién hablo?
― ¡Con Alyor! ¿Qué más?― reveló animado.
― Ah…hola Alyor―.
Estaba concentrada en no rebanarme un dedo con el cuchillo.
― ¿Qué más? ¿Qué cuenta? ¿Está desocupada hoy?― curioseó.
― Pues…sí, ¿para qué?
― Tengo una farra* ¿se pega?
― Mmm…bueno, de una― no tenía nada que hacer y cualquier cosa era mejor que estar dentro de mi casa.
― ¿Paso por usted?
― Sí, sí, usted sabe como es mi mamá.
― Listo, no se preocupe, yo le llego por ahí a las siete.
― Bueno, pero no me vaya a quedar mal― le advertí, ya varias veces me había hecho lo mismo.
― No, no, fresca, yo la recojo― insistió ― listo, entonces nos vemos― y colgó.

La idea de ir a una farra no me entusiasmaba de mucho pero, al menos, tendría algo que hacer.

Terminé el almuerzo, lo serví, lavé la loza sucia y me senté en el computador a quemar tiempo hasta la noche.

No sé cómo ni cuándo, pero terminé mirando el perfil de Danielle en el facebook. Todas y cada una de las fotos que tenía, ―porque era muchas―. Leí los comentarios en su muro, comenté su estado y le dejé un comentario en el muro.
Toda la escuela la tenía agregada en el facebook y ella los aceptaba a todos. Era como una pequeña súper estrella.

A las siete pasadas llegaron por mi Alyor y Mónica, su novia. De ahí nos fuimos para la dichosa fiesta.
Era en la casa de algún conocido de ellos que, además, también se encargaba de la venta de alcohol, cigarrillo y drogas, todo para tener la mayor cantidad de ganancias.

Recordé que ese día vi a Danielle usar cocaína y me pregunté qué era lo que se sentía.

Deseché la idea rápidamente. No había consumido antes y no empezaría ahora.

Poco a poco la noche fue avanzando y, la verdad, no estaba muy acorde con el ambiente. No toda la música me gustaba y mis amigos, Alyor entre ellos, cada nada se perdían para bailar y me dejaban sola. Bailé una que otra canción pero nada que me distrajera lo suficiente.

¡Hasta que me aburrí!

Salí de la casa, me compré unos cigarrillos en el único lugar abierto a esa hora y me senté a fumar en el parque que quedaba enfrente.

Afortunadamente no había llovido y pude sentarme en unos de los columpios de los juegos infantiles.

― Hola, ¿te molesta si me quedo contigo?― me preguntó una voz dulce. Muy diferente a la de Danielle, que tenia cierto tono reptil, manipulador y arribista.

Me giré para ver quién era y no la reconocí.

― Ahm…claro― respondí invitándola al columpio que estaba vacío a mi lado.
― ¡Gracias!― me sonrió con dulzura.

La chica era más baja que yo, un metro con sesenta si los cálculos no me fallaban. Tenía el pelo rojo sangre con un corte que me recordó las japonesas que muestran en Rápido y Furioso Reto Tokio o alguna imagen de anime-manga con un de-grafilado casi excesivo alrededor de la cabeza pero con capas más largas en el cuello que le llegaban a la mitad de la espalda. Los ojos eran verde esmeralda y la piel clara. Era delgada, de senos medianos y aspecto frágil. Tenía los labios amoratados, seguramente por el frio pues noté que no paraba de abrazarse a ella misma. Vestía con unos jeans rotos, una blusa blanca y una chaqueta de color similar al de su cabello.

― Soy Kyra, ¿y tú?― inició extendiéndome la mano.
― Ángel― respondí recibiendo su gesto.
― Lindo nombre, aunque no pareces un ángel para nada― comentó.
― ¿Por qué lo dices?― casi me ofendí.
― Bueno, el cabello negro, los ojos grises, la ropa toda negra, alta, sexy, más bien pareces una vampira― declaró mirándome de arriba abajo.
― ¿Y qué esperabas? ¿Un ángel vestido de blanco, rubio, de ojos dorados?― inquirí. Sí, acababa de describir a Danielle.
― No sé…― encogió los hombros. Parecía una niña.

En ese momento capté algo.

― ¿Sexy?― repetí levantando una ceja.

Se sonrojó. Bajó el rostro y dejó que las múltiples capas le ocultaran la expresión. Después de unos segundos, la volvió a levantar bruscamente.

― Te vi hablando con Alyor, ¿son amigos?― curioseó cambiando de tema.
― Este…sí, desde hace algunos años, ¿y tú?― no la iba a presionar, seguro fue por accidente.
― Estudiamos en la misma escuela, su novia es mi vecina― explicó de nuevo frotándose los brazos.
― ¿Tienes frio? Te puedo prestar mi chaqueta― ya me la estaba quitando.
― ¡No! ¡Tranquila! Te puedes enfermar― saltó del columpio y empezó a sacudir los brazos.
― Tranquila, no creo que llueva― repliqué colocando la chaqueta sobre sus hombros.

Eso fue suficiente para que se diera por vencida.

Se sentó de nuevo y empezó a mecerse suavemente.

― ¿Qué haces aquí afuera?― cuestionó al rato. Yo estaba prendiendo el segundo cigarrillo.
― Me aburrí allá adentro― admití soltando el humo.
― Sí, yo también, vine sola y casi todos andan con sus parejas y pues no hay con quien bailar― comentó sin mirarme.

Daba la impresión de tener… ¿Cuántos? ¿16 años?

― ¿Segura que no tienes frio?― insistió.
― Segura, la nicotina me mantiene caliente.

Torció el gesto mirando el cigarrillo y luego encogió los hombros.

― Lo peor de todo es que tengo que quedarme hasta que a Mónica se le antoje volver porque quedé de dormir en su casa― soltó de la nada concentrándose en mecerse de nuevo.
― Mmm…puede amanecer antes de que eso pase― dije apagando el cigarrillo. Su gesto de reproche, aunque no lo admitió, me demostró que le molestaba el humo.
― Lo sé, ¡que no daría por estar arrunchada con mi Feo!― exclamó.
― ¿Tu Feo?― repetí confundida.
― Sí, mi gato, se llama Morpheo, pero le digo Feo porque cuando bebé parecía un fetico, ¿quieres ver fotos?― ya tenía el celular en la mano.

No respondí.

Abrió el aparato y me mostró la foto del felino. Era un criollo color arena atigrado de ojos verdes.

― Es muy bonito― me encantaban los gatos.
― Es mi Feo…― repitió endulzando más la voz.

¿15 años, tal vez? No me atrevía a preguntar por miedo a ofenderla.

De repente, se soltó el aguacero.

Ambas salimos corriendo del parque en dirección al lugar de la fiesta pero la puerta estaba cerrada y por el ruido de la música y la lluvia, nadie nos escuchaba tocar. Nos quedamos en el porche completamente emparamadas viendo llover.

― ¿Quieres tu chaqueta?― preguntó. Se estaba muriendo del frio.
― No, tranquila, quédatela, ya me mojé, nada que hacer― respondí.
― ¡Uff! ¡Menos mal! ¡Creo que me va a dar una pulmonía!― dijo tiritando tratando de calentarse las manos frotando las palmas.

En el porche había un columpio de madera amoblado.

― Sentémonos ahí, con el desmadre que están haciendo allá adentro, no creo que les importe si les mojamos la cojinería de aquí afuera― me senté en un extremo y la invite a sentarse a mi lado.

Note que tenía los labios más morados que antes.

― Ven, yo todavía estoy caliente, te vas a enfermar― la tomé de la mano y la senté a mi lado.

Bajó la cabeza para esconder un sonrojo que, del frio, seguramente no alcanzó a tomar color.

La abracé y empecé a frotar mis manos en sus brazos. Estaba muy fría.

― ¿Cuántos años tiene tu Feo?― inquirí buscando conversación. Me empezaba a sentir muy a gusto con su compañía.
― Acaba de cumplir un año, hace dos semanas― contestó soplándose las manos para calentarlas.

Y ya no supe que más preguntarle. No era muy buena haciendo la conversación y ella, que era la perfecta para dicha tarea, estaba ocupada buscando calor.

De momento me pareció sorprendente estar con alguien como ella, tan diferente de Danielle ―de nuevo la idea de que llevaba meses con la rubia―, tierna, tímida, desprevenida. Una niña que hablaba hasta por los codos y que adoraba a su gato como si fuera una parte de ella misma.

Por fin la puerta de la casa se abrió. Alyor y Mónica salían abrazados.

― ¡Kyra! ¡Dios! ¡Con que aquí estabas! ¡Me tenias asustada!― exclamó la chica.

La aludida se zafó de mi abrazo y en menos de un segundo estaba de pie contra la baranda de madera del porche.

― Lo siento, hace rato estamos aquí, pero por más que tocamos nadie nos escuchó― se excusó bajando la cabeza.
― No te preocupes, ¡están emparamadas! Le diré a Claudia― la dueña de la casa ― que las deje entrar a su habitación para que puedan secarse un poco― declaró.

Se acercó y nos apuro a ambas dentro de la casa.

El cambio de clima era drástico. Mientras que afuera hacia un frio terrible, adentro el calor era sofocante.

― ¡Claudia! ¡¿Las puedes dejar entrar a tu habitación para que se sequen?! ¡Se quedaron afuera y se mojaron por la lluvia!― tuvo que gritar para que la otra la pudiera escuchar.
― ¡Sí! ¡Llévalas! ¡No te preocupes!― respondió señalando la escalera.

En medio de empujones por la gran cantidad de gente, logramos llegar a la dichosa habitación.

― Mira, aquí hay unas toallas, puedes ducharte con agua caliente si quieres, no quiero que te resfríes― declaró la novia de Alyor. Él cuidaba la puerta para que nadie, ebrio, entrara por accidente.
― Este… lo que pasa es que…pues…estoy un poco cansada, ¿te molesta si me voy a mi casa?― preguntó dudando mientras le recibía las toallas.
― Pero quedaste de dormir en mi casa, nadie sabe que estas aquí― replicó Mónica.

Kyra bajó la cabeza.

― No te preocupes, toma, éstas son las llaves de mi casa, te llamaré un taxi, yo me quiero quedar otro rato― puso las llaves sobre las toallas.
― ¿Segura? Puedo quedarme si quieres…― la pelirroja era demasiado comprensiva.
― No, tranquila, voy a llamarte un taxi― cortó saliendo de la habitación.

Yo ya estaba sentada en la cama sin entender muy bien por qué había terminado allí.

― Toma, tu también estas mojada― dijo ofreciéndome una de las toallas.
― Gracias― la recibí para secarme el cabello, no me gustaba tenerlo mojado.
― Este…yo…voy a darme una ducha rápida ¿vale?― comentó sonrojada.
― Claro, no te preocupes, yo me quedo aquí― y seguía sin entender por qué.

Y la verdad, sí fue rápida, menos de 10 minutos.
Salió a medio vestir cuando yo daba vueltas por la habitación mirando fotos y libros que había por ahí. No comprendía de qué le servía, la ropa también estaba mojada y se le pegaba al cuerpo.
Me descubrí deleitándome con su belleza y de inmediato miré a otro lado, ¿Qué diría Danielle si me viera?

Mi pensamiento se detuvo ahí. ¡¿Qué pensaría Danielle?! ¿Desde cuándo me importaba lo que la porrista pensara? ¿Acaso ella era mi dueña?

La última pregunta, mi consciencia que tendía a hacer críticas destructivas, la respondió con una sonrisa nerviosa.

¡Por favor! ¡Era una porrista! Era… ¡ERA DANIELLE BONNET! La reina de la escuela, la Barbie estereotipo…

…mi amiga con derechos…

La reflexión me dio jaqueca y tuve que llevarme los dedos a las sienes.

― ¿Estás bien?― preguntó Kyra muy cerca de mí.

Me sorprendió su olor a fresa.

¿Quizá 14 años?

― Sí, sólo fue una punzada en la cabeza― respondí incapaz de moverme.

Llevó su mano a mi sien derecha.

― Mi hermana sufre de migraña, es un problema cada vez que le da uno de sus ataques, no hay quien se la aguante― comentó masajeándola suavemente con los dedos.

Me di cuenta que estaba mirando sus labios.

― Yo nunca he sufrido de eso, por fortuna, ni siquiera me he roto un hueso en la vida, lo peor que me ha dado es fiebre y dolor de oído cuando era pequeña― ¿eso quería decir que tenia 16? ― ¿Ya te dejó de doler?― curioseó clavándome la mirada.
― Sí…― pronuncié con un gran esfuerzo.

Del cabello le escurrió una gota en el rostro y por acto reflejo la sequé con mi pulgar.

Sonrió.

― Estás caliente…― dijo sonriendo y puso su mejilla en mi palma.

Ella, por el contrario, estaba helada.

No me di cuenta de lo que había hecho hasta que sentí algo frio en mis labios y, justo ahí, estaba ella.

La estaba besando.

Ambas, sorprendidas por lo sucedido, nos alejamos al mismo tiempo y Alyor abrió la puerta.

― Kyra, ya llegó el taxi― anunció medio cerrando la puerta para que la música no le cortara la voz.
― Ahm…ok, vale, ¡gracias!― exclamó.

Estaba sonrojada a más no poder. Se le notaba nerviosa y de inmediato salió corriendo de la habitación con la mitad de la ropa en la mano. No se despidió. Alyor se quedó mirándome.

― ¿Se pelearon o algo?

Lo miré tratando de disimular la ola de emociones que en ese momento caía sobre mí.

― No, ¿Por qué?― intenté relajar la postura.
― Kyra salió corriendo, parecía que…
― Seguro no quería hacer esperar al conductor― interrumpí ― Yo también me voy, me dio sueño mojarme― excusé y rápidamente salí de ahí.

Para cuando llegué a la puerta principal, ni Kyra ni el taxi estaban a la vista.




*Farra: Fiesta.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/8/2011, 12:28


CAPITULO 9


CONTROLANDO EL IMPERIO


Since you never gave a damn in the first place
Maybe it's time you had the tables turned
Cuz in the interest of all involved I got the problem solved
And the verdict is guilty...

...MAN NEARLY KILLED ME
Steppin' where you fear to tread
Stop, drop and roll - you were DEAD FROM THE GIT-GO!
BIG MOUTH FUCKER - STUPID COCKSUCKER
Are you scared of me now? Then you're dumber than I thought
Always is, never was
Foundation made of piss and vinegar
Step to me, I'll smear ya -Think I fear ya? BULLSHIT!
Just another dumb punk chompin' at this tit
Is there any way to break through the noise?
Was it something that I said that got you bent?
It's gotta be that way if you want it
Sanity, Literal Profanity HIT ME!

SPIT - IT OUT
All you wanna do is drag me down
All I wanna do is stamp you out

Maybe it's the way you spread a lotta rumour fodder
Keepin' all your little spies and leavin' when you realise
Step up, fairy
I guess it's time to bury your ass with the chrome
Straight to the dome
You heard me right, bitch, I didn't stutter
If you know what's good - sit, shut up and beg, brother
Backstab - Don't you know who you're dissin'?
Side swipe - we know THE ASS THAT YOU'RE KISSIN'!
BIGIDY-BIGGIDY BITCH BOY, HALFWAY HAUSER
Can't hear shit cuz I keep gettin' louder
Step up, and you get a face full o' tactic
Lippin' off hard, goin' home in a basket
You got no pull, no power, no NUTHIN'
Now you start shit? Well, ain't that somethin'?
Payoffs don't protect, and you can't hide if you want
But I'LL FIND YOU - Comin' up behind you!

SPIT - IT OUT
All you wanna do is drag me down
All I wanna do is stamp you out

'Bout time I set this record straight
All the needlenose punchin' is makin' me irate
Sick o' my bitchin' fallin' on deaf ears
Where YOU gonna be in the next five years?
The crew and all the fools, and all the politix
Get your lips ready, gonna gag, gonna make you sick
You got DICK when they passed out the good stuff
Bam
Are you sick of me? GOOD ENOUGH - HAD ENOUGH

FUCK ME! I'm all out of enemies!
FUCK ME! I'm all out of enemas!

SPIT - IT OUT
All you wanna do is drag me down
All I wanna do is stamp you out


Spit it out - Slipknot


DANIELLE

Ya habían pasado dos semanas desde que Ángel se integrara al círculo. Las arpías parecían ya rendidas y, como siempre, nadie cuestionaba mis acciones.
Después de la visita a mi madre determiné no volver. Con el dinero que mi padre me envió, pagué un año por adelantado de su estadía para no tenerme que preocupar ―si es que lo hacía― por ella.

En cuanto al sexo, no había tenido. Es decir, con Ángel no había tenido. Desde el día del gimnasio me rehuyó por dos o tres días, y cuando por fin la hice caer, sólo se ofreció para algo de manoseo pero nada más. Eso me tenía un poco molesta.

Pero, no todo pintaba mal. Como era la capitana de las porristas y una de las estudiantes más adoradas por los maestros y mis compañeros, me escogieron para coordinar todo el diseño y arreglos para el baile de recaudo de fondos para el equipo de basketball. Habían pasado a las semifinales nacionales y necesitaban dinero para asistir a los partidos que se realizarían en otras ciudades.

Siendo esto de vital importancia, reuní a quienes yo consideraba los mejor calificados para ayudarme. Ángel entre ellos, ella me daría una idea de lo que le podría gustar a los “no populares” y de esta forma reunir más dinero.

Durante el receso nos sentamos en la parte bonita de la cafetería para discutir el asunto.

― Me imagino que traen sus ideas listas, si no los veo dedicados a esto, se van de inmediato― declaré mientras me sentaba.
― No te preocupes, venimos siempre preparados― anunció Alexandra. Era la única de las arpías que había aceptado para el trabajo, servía para eso para mi gran desgracia.
― Lo primero que debemos conseguir es el dinero para realizar el baile― comenzó Azrael, presidente de los estudiantes ― Hablé con la directora y nos darán la mitad del dinero, la otra mitad la debemos poner nosotros― reveló.
― Yo estaba pensando en hacer un lavado de carros, como el año pasado, eso funcionó bastante bien― intervino Sara, una chica de mi equipo de porristas que siempre estaba dispuesta a hacer algo por la escuela.
― ¿Y la fecha?― interrumpí ― tenemos que calcular el tiempo para recaudar el dinero― les recordé.
― Dime cuál día lo quieres y yo me encargo de convencer a la directora― dijo Azrael. Él, digamos, era como una versión masculina de mi misma. Éramos muy buenos amigos. Tenía que ser como yo para que yo admitiera lo último.
― ¿No creen que primero deben pensar cuál será el tema del baile para poder calcular cuánto necesitan?― preguntó Ángel sentada a mi lado.

Hubo silencio en la mesa.

― Cierto, ¿ideas?― inquirí.
― ¿Qué te parece una fiesta hawaiana?― curioseó Jenny, una chica muy chic* de mi clase.
― Mmm…ya lo hicimos una vez, no resultó muy bien― dije torciendo el gesto.
― ¿Y disfraces?― planteó Alexandra.
― Muy trillado― me quejé.
― ¿Cuentos de hadas?― propuso Sara.
― No me llama la atención, seguramente habrían personajes repetidos― analicé.
― ¿Tenemos que hacer un tema? ¿No podemos usar ropa normal?― preguntó Azrael.

La mesa, llena de mujeres, lo fulmino con la mirada. Menos Ángel, ella estaba aburrida.

― Bueno, entonces... ¿rock? Ropa glam, punk, 70’s, 80’s…― declaró el chico.
― Se presta para problemas, ya sabemos lo problemáticos que son los punk de la escuela― me empezaba a dar por vencida.
― ¿Y una mascarada?― intervino Ángel.

De nuevo todos la volteamos a mirar en silencio.

― ¿Una mascarada?― repetí sonriendo ― ¡Me gusta!― exclamé ― ese sí que es un tema genial― agregué ya pensando cómo sería mi traje ― Nunca lo hemos hecho, seguro le encantara a todos la idea de venir con antifaces, más de uno cumplirá sus fantasías sexuales esa noche― comenté moviendo mi mano por la pierna de Ángel por debajo de la mesa.

La chica saltó y quitó mi mano con el movimiento. Los demás la ignoraron.

― ¿Cuál es el problema con los punk?― preguntó alguien detrás de mí.

No reconocía la voz pero supe que hablaba conmigo.
Me giré y me encontré con Diego, el líder de la pandilla de punk inadaptados, y su novia Lady.

― Que son unos inadaptados― repetí poniéndome de pie para encararlos.

Lady, y su enorme cresta roja, me escanearon de pies a cabeza.

― Más inadaptados que una porrista con delirios de grandeza, no somos― respondió ella sonriendo con sarcasmo ―al menos nuestra autoestima está intacta y no necesitamos tener un séquito de perdedores en nuestro trasero para creernos mejores― agregó.

Sus amigos estaban atrás mirando y, de repente, toda la cafetería guardó silencio. ¿Acaso buscaban humillarme públicamente? Perdón, ¿INTENTARIAN humillarme públicamente?

― Oh…por favor… mejor lárguense a su esquina, perros rabiosos, yo no malgasto mi tiempo con alguien que piensa que por vestirse de esa forma es un revolucionario― declaré levantando una ceja y con una mano en la cintura.
― ¿Quieres que te rompa la cara, Barbie?― retó la chica avanzando un paso hacia mí.

No me moví.

En menos de un segundo, Azrael estaba a mi izquierda y Ángel a mi derecha. Ambos un paso delante de mío. No entendí la actitud de la segunda.

Sonreí muy grande y me acerqué a la chica punk.

― Puedes intentarlo, si se te rompe una espuela*, no te pongas a llorar, gallito de pelea― le dije colocando mi rostro muy cerca del suyo.

La cafetería estalló en risas.

― ¡Hey! ¡Más respeto con mi novia!― advirtió Diego sacándola a ella del camino para encararme.

Justo ahí llegó Jhon y su equipo.

― ¿Algún problema con mi novia?― le preguntó tomándolo de la chaqueta para obligarlo a que lo mirara.

Los amigos del punk se acercaron amenazantes y nos rodearon.

De nuevo hubo silencio en la cafetería.

El punk empujó a mi novio para que lo soltara.

― ¡No me toque! ¿Por qué mejor no se va a perseguir un balón, como los perros hacen?― dijo acomodándose la chaqueta.
― ¡Uuuuuuuuuuuuuuuuuhhhhhhhhhhhhhhh!― gritaron en coro todos los que nos observaban.

Ninguno del equipo se movió pero en la expresión se les notaba lo ofendidos.
Había un problema. El entrenador era muy estricto, si se metían en problemas, era capaz de cancelar todos los partidos y hacerles perder todo el esfuerzo.
Jhon lo sabía e intentaba contenerse.

― No me provoque…― susurró mi novio.

El equipo esperaba la reacción del capitán, y el capitán esperaba mi reacción.

― ¿Cuál es el problema? ¿Qué no hacemos la fiesta con el rock como tema principal?― inquirí poniéndome entre ellos dos.
― Sí― respondió Lady.
― Ok, veamos, ¿LES GUSTARIA UNA FIESTA DONDE DEBAN VESTIRSE ASI?― exclamé para que todos me escucharan.
― ¡Buuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!― respondió el coro de espectadores.
― Ahí lo tienen partida de perdedores, nadie se quiere vestir como ustedes, ahora, ¡LARGUENSE! Que ustedes de revolucionarios no tienen nada, si de verdad lo fueran no vendrían a pelear por semejante estupidez― declaré con rabia.

Se miraron confundidos entre ellos. No sabían si moverse o quedarse ahí a seguir peleando.

― Fuera de mi sección en la cafetería si no quieren tener verdaderos problemas― susurré amenazante.

El equipo de basket se apretaba los nudillos y los amigos de Azrael ya estaban detrás de ellos. Eran los que aspiraban a militares después de la graduación.

― Esto no se queda así, Barbie― adivirtió Lady.
― No te tengo miedo, Claudio*― respondí y de nuevo todos rieron.
― Ya veremos…― intervino Diego.

Levanté el rostro y sonreí grande.

― Ya veremos…― acordé con un movimiento de mis cejas.

El grupo se alejó frustrado.

― ¿Estás bien, osita?― preguntó Jhon dándome un beso en la frente.
― Claro que sí, mi vida, no tenias por que intervenir, sabes que no te puedes meter en problemas― contesté colgándome de su cuello.
― No me interesa, todo por mantener a mi princesa a salvo― replicó tomándome por la cintura para levantarme y besarme.

Durante una fracción de segundo noté como Ángel blanqueaba los ojos.

― Bájame amor, tengo que terminar esto, es para tu equipo― pedí y me regresó a tierra.
― Estaremos afuera por si algo pasa― anunció antes de marcharse.

Me acomodé la ropa y me senté.

― ¿En qué nos quedamos?― retomé, lista para anotar todo.
― El tema será una mascarada― recordó Sara.
― Y me tienes que decir la fecha para decirle a la directora― pidió Azrael.
― Y todavía no saben cómo van a recaudar la mitad faltante del dinero― interrumpió Ángel.
― ¿Un lavado de autos?― repitió Jenny.
― Necesitamos hacer algo más que eso― dije mientras anotaba lo que posiblemente necesitaríamos para esa mascarada.
― Hay mucho talento entre los estudiantes, una feria o algo como una venta de garaje funcionaria― propuso mi amante.

Por enésima vez se hizo el silencio.

― ¿Por qué me miran como si fuera un bicho raro?― se quejó.
― No es bicho raro, es que eres nueva― explicó el presidente.
― Y dices cosas útiles― agrego Sara con honestidad.

Fingí estar concentrada en lo que escribía.

― ¿Entonces?― presioné.
― La feria que Ángel menciona puede ser buena idea, podemos hablar con el club de teatro y de artes, podríamos vender sus pinturas, la mitad del dinero para ellos y la otra mitad para nuestra causa, cobrar entradas para una representación teatral― planteó la arpía.
― Me gusta, también hablemos con los grupos de rock que hay en la escuela, así calmamos a los inadaptados― expuse sin dejar de anotar.
― Buena idea― acordó Azrael. Él mismo era metalero.
― Entonces así quedamos, averigüen todo lo que puedan sobre esta mascarada y mañana nos reunimos a la misma hora― anuncié poniéndome de pie. El timbre sonó al segundo siguiente.

Ángel y yo teníamos clase juntas mientras que los demás se tenían que dispersar. Noté que el grupo de los punk salieron de la escuela.
Caminamos en silencio hasta el salón pero a la hora de entrar me hice a un lado y saqué mi celular.

― ¿No vas a entrar?― me preguntó y, por la expresión, me di cuenta que no se le haría raro si le respondía que no.
― Sí, dame un momento, tengo que hacer una llamada― respondí mientras marcaba.
― Está bien― dijo y entró.

El pasillo se quedó solo al minuto.

― ¿Aló? ¿Carlos?― pregunté cuando me contestaron.
― Sí, ¿con quién?― respondió.
― Hola, hablas con Danielle Bonnet― dije sonriendo como si lo tuviera en frente.
― ¡Ah! ¡Señorita Bonnet! ¿En qué le puedo ayudar esta vez?― inquirió, tan servicial como siempre.
― Un grupo de punk acaban de salir de mi escuela, son ocho, fáciles de identificar, los lideres es una pareja, el chico tiene una cresta azul y la chica una cresta roja, necesito que se peleen con otros chicos― pedí maquinando algo en mi genial cabeza.
― ¿Quiere que los golpeen?― curioseó para tomar bien las ordenes.
― No, más bien, que se dejen golpear bastante, luego te llamo para el resto del plan, ¿ok?― declaré.
― Sí señorita, espero su llamada, ahora mismo pongo en marcha sus ordenes― acordó.
― Gracias, hablamos después― y colgué.


Esa misma tarde ya todo estaba listo para el “ya veremos”.

Recogí a Ángel a las tres de la tarde en una Hammer de vidrios polarizados, tipo limosina con chofer y todo, que solía utilizar para esta clase de eventos.

La pelinegra casi se cae cuando abrí la ventana y me asomé.

― ¡Vamos! Hay cosas por hacer― le dije abriéndole la puerta.
― ¿Y cómo quieres que me suba?― preguntó sorprendida.

Solté la carcajada.

― ¡Vamos! No tengo mucho tiempo, tengo práctica a las cuatro y media― insistí.

Se acercó al carro y lo miró. Luego de analizar como subir, lo hizo.

― ¿Para donde vamos? ¿A encontrarnos con la mafia?― inquirió mirando por la ventana.

Me reí con muchas ganas pero no le respondí.

Después de veinte minutos de recorrido llegamos a una especie de bodega.

― ¿Qué hacemos aquí?― ya se estaba asustando.
― ¿Por qué te paraste a defenderme hoy?― cuestioné mirándola.
― ¿Qué?― la tomé por sorpresa.
― ¿Por qué te paraste a defenderme hoy en la cafetería?― repetí.
― No sé de qué hablas― negó.
― Sabes perfectamente a que me refiero― presioné.
― No lo sé, tienes que reconocer que eres una Barbie, Lady te habría roto la cara― respondió.
― Sabes, más que nadie, que tengo más fuerza de la que aparento― replique ― ¿Cuál es la verdadera razón?― insistí.
― Ninguna…― no le creí.
― No te enamores de mi Ángel, no te conviene― advertí.
― ¿Qué se supone que significa eso?― exigió saber.
― Que no debes enamorarte de mí― corté.

Justo en ese momento unos gritos empezaron a sonar fuera de la camioneta.

― ¿Qué pasa allá afuera?― preguntó mientras miraba a través del vidrio.

Hice lo mismo.

Diego y Lady llegaban arrastrados por cuatro hombres de tamaño familiar.

― ¡Suéltenla! ¡Ella no tiene nada que ver!― gritaba Diego.
― ¡Diego!― lloraba ella.

Ángel me miraba aterrada.

― ¿Qué piensas hacerles? Sólo fue una pelea de escuela, no puedes llevar las cosas tan lejos― reprochó.
― Ellos se lo buscaron, además, todo fue planeado para que no sospecharan de mí― dije sin responderle la mirada ― Hoy, cuando se fueron de la escuela después del receso, envié a un grupo para que se peleara con ellos con ordenes de dejarse golpear, si vieras como quedaron los pobres, los trajeron aquí con la amenaza de que vengarían a quienes golpearon― revelé.
― ¿Qué quiere que hagamos con ellos, jefe?― interrumpió uno de los matones tocando la ventana.
― Permíteme― le dije a ella.

De un maletín que estaba a mi lado saque un distorsionador de voz y me lo puse. Abrí un poco la ventana y respondí:

― A él golpéenlo para que aprenda a respetar, a ella háganle lo que quieran siempre y cuando ÉL pueda verlo todo…

Los ojos de Ángel se abrieron como platos.

Cerré la ventana y me quité el distorsionador. Afuera nadie podía escuchar lo que nosotras hablábamos. Ni siquiera el conductor podía.

― ¡¿Estás loca?!― estaba aterrada.
― Conmigo nadie se mete, eso ya deberías saberlo― respondí tranquila.
― No eres la dueña del mundo― replicó.
― No me interesa serlo― dije burlona.

No paraba de mirarme como si yo fuera el peor ser humano en la faz de la tierra. Yo tenía un imperio en la escuela, cualquiera que se atreviera a intentar romperlo tendría problemas. Al final, nadie sabría que fue obra mía, no me creían capaz.

Me cansé de su expresión y me senté sobre ella.

― Vamos Ángel, no me mires así, es por un bien común…― puse cara de cachorro.
― ¿Y por qué es por el bien común?― cuestionó. Noté que la pose la alteraba.
― Porque…― empecé a mover mi cadera suavemente ― así sabrán que deben tener cuidado con lo que dicen y hacen― agregué.

Ángel hacia un esfuerzo por ignorar las sensaciones que mi movimiento le generaba.

― Deja de hacer eso― ordenó tomándome de los brazos.
― ¿Y si no?― reté y la besé.

No se resistió. Me respondió el beso y me pegó más a ella, casi como si le hiciera falta.

El beso fue apasionante, pude sentir como todo mi cuerpo se prendía y pedía sexo a gritos.

Se podían escuchar los golpes que le propinaban a Diego y los gritos de su novia pidiendo que se detuvieran. Me sentía más excitada.

Ángel metió sus manos por debajo de mi blusa y empezó a acariciar mi espalda. Le dedicaba especial tiempo a esta zona del cuerpo.
No paré de besarla, sus besos me calentaban, y mi cadera, ya muy inquieta, se movía necesitada.

Rápidamente le desabroche el sostén y se lo quité junto con la blusa. Mordí suavemente sus duros pezones y su cuerpo empezó a revolcarse debajo de mí.

Oh sí… ¡por fin tendríamos sexo!

Apenas volví a levantar la cabeza, me tomó por la cintura y me tiró en el piso de la camioneta. La Hammer era de un modelo similar a una limosina y tenía suficiente espacio entre las sillas.

Me quitó la blusa y el sostén y luego se acomodó sobre mí sin parar de acariciarme.

El calor me subía por cada extremidad, estaba muy mojada, adoraba el sexo con una mujer, más que con un hombre, era especialmente excitante, como si nos entendiéramos mejor por tener el mismo cuerpo.

Desabroché su pantalón y metí mi mano. Gimió bajo cuando empecé a mover mis dedos pero sacó mi mano bruscamente. Ella quería tener el control.
Me quitó el pantalón sin mucho esfuerzo y, mientras nos besábamos, acariciaba mis piernas. Alguien estaba tomando práctica.

Ok, la dejaría ser.

De repente, afuera, Diego empezó a gritar:

― ¡NO! ¡No la toquen! ¡No le hagan nada! ¡Por favor!...

Sonreí grande. Ángel empezó a acariciar mi húmeda entrepierna.

Solté un gemido que no quise disimular.

Lady lloraba afuera; la estaban violando.

Tomé la mano de Ángel y empecé a guiar sus movimientos. Se emocionaba fácilmente y yo quería disfrutar un poco más.

Poco a poco se fue situando en el lugar exacto de mis más grandes placeres. Mi respiración se aceleró y mi cuerpo se descontroló por completo.

― ¡Vamos niña! ¡Grita para nosotros!― exclamó uno de los matones.

Mi éxtasis empezaba a subir por la espalda. Las piernas me temblaban, el aire se me escapaba en cada gemido que liberaba.

El ritmo aumentaba a cada segundo, los lamentos de Lady y los gritos de Diego también, éramos una sinfonía perfecta de placer y dolor.

De repente, el éxtasis ya no pudo subir más. Quedé inmóvil por varios segundos mientras sentía el orgasmo, el gemido se convirtió en un grito placentero y los músculos de todo el cuerpo parecieron contraérseme.

Ángel no se detuvo.

Sus dedos de inmediato buscaron penetrarme por completo y sin darme tiempo de descansar, los empezó a mover de adentro hacia afuera.

Unas cuantas lágrimas de placer cayeron de mis ojos al mismo tiempo que algo se derramaba en los dedos de mi amante.

Continuo la penetración por al menos un minuto y medio sin disminuir la velocidad hasta que, al parecer, se le cansó el brazo y se detuvo poco a poco.

Saco sus dedos suavemente deslizándolos por mi clítoris, luego por mi ombligo y terminando en mis senos.

Caí exhausta.

Ese era el mejor orgasmo que podía tener. El que una mujer me generaba.

Se acostó a mi lado y de inmediato la abracé. Seguía con la sensación entre las piernas, quería que me abrazara y me acariciara.

Lady ya no gritaba pero Diego seguía lamentándose.

Alargué la mano hasta el intercomunicador de la camioneta

― Llévanos a mi casa― pedí jadeando.
― Sí señorita Bonnet, ¿alguna orden para los demás?― preguntó mi chofer.
― Que les hagan perder el conocimiento, les inyecten heroína y los dejen tirados en alguna parte, ya saben que deben ser cuidadosos de no dejar rastro, no quiero errores― respondí y corté la comunicación.

Ángel de nuevo me miraba. Ya no sorprendida pero sí reprobándome.

― ¿Qué?― cuestioné ofendida.
― ¿Cómo puedes hacer estas cosas?― curioseó.
― No me mires así, yo no tuve sexo sola mientras a ella la violaban― defendí.

No supo que decir así que dejó de mirarme y se concentró en acariciarme.




*Espuela: Son una especie de garras adicionales que les ponen a los gallos de pelea en la parte de atrás de las patas.
*Claudio: Gallo de la Warner Brothers


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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/8/2011, 12:52


CAPITULO 10

PEGAJOSA FRIALDAD



El Problema No Fue Hallarte
El Problema Es Olvidarte
El Problema No Es Tu Ausencia
El Problema Es Que Te Espero
El Problema No Es Problema
El Problema Es Que Me Duele
El Problema No Es Que Mientas
El Problema Es Que Te Creo…

El Problema No Es Que Juegues
El Problema Es Que Es Conmigo
Si Me Gustaste Por Ser Libre
Quién Soy Yo Para Cambiarte
Si Me Quede Queriendo Solo
Cómo Hacer Para Obligarte
El Problema No Es Quererte
Es Que Tú No Sientas Lo Mismo…

Y Cómo Deshacerme De Ti Si No Te Tengo
Cómo Alejarme De Ti Si Estás Tan Lejos
Cómo Encontrarle Una Pestaña
A Lo Que Nunca Tuvo Ojos
Cómo Encontrarle Plataformas
A Lo Que Siempre Fue Un Barranco
Cómo Encontrar En La Lacena
Los Besos Que No Me Diste
Y Cómo Deshacerme De Ti Si No Te Tengo
Cómo Alejarme De Ti Si Estas Tan Lejos
Y Es Que El Problema No Es Cambiarte.
El Problema Es Que No Quiero

El Problema No Es Que Duela
El Problema Es Que Me Gusta
El Problema No Es El Daño
El Problema Son Las Huellas
El Problema No Es Lo Que Haces
El Problema Es Que Lo Olvido
El Problema No Es Que Digas
El Problema Es Lo Que Callas.

Y Cómo Deshacerme De Ti Si No Te Tengo
Cómo Alejarme De Ti Si Estás Tan Lejos
Cómo Encontrarle Una Pestaña
A Lo Que Nunca Tuvo Ojos
Cómo Encontrarle Plataformas
A Lo Que Siempre Fue Un Barranco
Cómo Encontrar En La Lacena
Los Besos Que No Me Diste
Y Cómo Deshacerme De Ti Si No Te Tengo
Como Alejarme De Ti Si Estás Tan Lejos
Cómo Encontrarle Una Pestaña
A Lo Que Nunca Tuvo Ojos
Cómo Encontrarle Plataformas
A Lo Que Siempre Fue Un Barranco
Cómo Encontrar En La Lacena
Los Besos Que No Me Diste
Y Cómo Deshacerme De Ti Si No Te Tengo
Cómo Alejarme De Ti Si Estas Tan Lejos

El Problema No Fue Hallarte
El Problema Es Olvidarte
El Problema No Es Que Mientas
El Problema Es Que Te Creo
El Problema No Es Cambiarte
El Problema Es Que No Quiero
El Problema No Es Quererte
Es Que No Sientas Lo Mismo
El Problema No Es Que Juegues
El Problema Es Que Es Conmigo.


El problema – Ricardo Arjona



ANGEL

A veces no me reconocía a mí misma desde que estaba con Danielle. Era como si parte de su maldad se me hubiera pegado.
Desde la ocasión de la golpiza que ordenó para Diego y Lady había pasado una semana y no habíamos parado de tener sexo todos los santos días.
Era algo extraño, en mi cabeza seguían recuerdos de Kyra, que con el tiempo eran menos claros, pero no podía soltarla, era como una necesidad de ella, de su cuerpo, de su aliento, su esencia.
Y cada vez que teníamos sexo, era embriagante, adictivo.

Todas aquellas cosas que sentía por ella ―o por su cuerpo, realmente no lo sabía― me frustraban. No podía alejarme a pesar de que sabía que era perjudicial; empezaba a interesarme más por la droga aunque todavía no la consumía y eso me preocupaba, no quería caer.
Por desgracia, cada vez me sentía más atrapada entre sus redes, era inevitable, conocía todos y cada uno de mis puntos débiles, sabía cómo manipularme, cómo hablarme, lo que me gustaba y lo que me disgustaba.

Las arpías, como ella las llamaba, ya no me hacían mala cara cuando llegaba con Danielle y, de hecho, intentaban ser mis amigas, cosa que me aterraba a ratos.

Esa tarde acababa de tener sexo con Danielle, una sesión de dos horas y que me dolió que terminara. Yo quería más.

La rubia se quedó entre mis brazos en posición fetal por un buen rato. Lo disfruté, me encantaba su olor a durazno y la suavidad de su piel. Tenerla desnuda en mis brazos era extasiante.

Media hora más tarde se removió incomoda y se sentó en la cama.

― ¿Tienes hambre?― preguntó mientras se arreglaba el cabello.
― ¿Hambre?― repetí confundida.
― Sí, que si quieres comer algo― aclaró.
― Ahm…claro, ¿vas a cocinar para mí?― inquirí coqueta.

Soltó la carcajada.

― ¿Quieres que te cocine?― curioseó sentándose sobre mí, cosa que de inmediato me excitaba.
― Sí, ¿Por qué no?
― Porque no me gusta cocinar,º1 lindura― cortó y se bajó ― pediré domicilio, ¿se te antoja algo?― se puso de pie y caminó hasta su tocador.
― Lo que quieras, me da igual― contesté algo molesta, no quería que se moviera.

Por varios segundos se quedó de pie frente al espejo posando para sí misma.

Cuando me iba a levantar noté la humedad en la cama, ¿Cuántas veces se habrá derramado en mis manos durante esa tarde? Ya había perdido la cuenta.

La abracé por detrás y le besé el cuello.

Se dejó hacer por unos segundos y luego se alejo hacia el teléfono. Hizo la llamada; ordeno pizza y soda.

― Oye, ¿y tus papás? ¿Trabajan hasta tarde?― curioseé mientras me ponía el pantalón y el sostén.

Ella se quedó desnuda.

― Más o menos― respondió dejándose caer en la cama de nuevo.
― ¿Cómo es más o menos?― inquirí acostándome a su lado, quería seguir abrazándola.
― Mi madre está loca, vive en una clínica de reposo a las afueras de la ciudad, mi padre se fue con su amante y trabaja en el exterior― contestó como si nada.

Me sorprendí.

― ¿Y ya? ¿No más?― era extraño.
― Sí.

Me entretuve con su cintura por un momento.

― ¿Y no tienes hermanos, primos, tíos?― insistí.
― Mis padres son ambos hijos únicos, mis abuelos ya murieron y mi única hermana murió cuando estaba en sexto grado― revelo acostándose boca arriba.
― ¿Tenías una hermana?
― Sí, gemela, murió ahogada, una lástima― no sonaba sincera y la expresión de su rostro sólo mostraba fastidio.
― No pareces muy afectada al respecto…― comenté pasando mis dedos por su mejilla.
― No lo estoy― afirmó.

Definitivamente, cada vez que pensaba que Danielle no podía ser peor, me sorprendía.

― ¿Por qué?― continué, quería conocerla mejor.

Me miró en silencio por algunos segundos. Me encantó cómo el sol que entraba por la ventana le alumbraba los ojos y los hacía ver más claros. Ella no parecía afectada por la luz pues no los cerró ni siquiera un poco.

― ¿Quieres la verdad? O sea, ¿quieres conocerme?― preguntó sentándose.

La pregunta me tomó por sorpresa.

― ¿Me piensas contar tu vida?― inquirí sin creerle.
― ¿Quieres o no? Mira que por más Barbie que sea, mi vida no tiene nada de cuento de hadas― advirtió.
― Si me las quieres contar, entonces escucharé― ¿Hadas? Pero si ella era la bruja malvada.

Se puso de pie y tomó una gran bocanada de aire.

― Mi hermana gemela se llamaba Daphne, cuando pequeñas no la llevábamos bien, la quería mucho, pero mis padres empezaron a mostrarle más cariño a ella, digamos que era como la más tierna y humilde de las dos, esto que ves de mí es lo que siempre he sido― inició recargándose contra el tocador ¿no le preocupaba que alguien de la calle la pudiera ver desnuda por la ventana? ― Estábamos en este campamento en sexto grado donde fueron varias escuelas, ella estudiaba en una escuela diferente a la mía, mi madre nos acompañó y todo parecía normal. La noche anterior nos habíamos peleado, ella me reclamaba porque yo le había gritado a nuestra madre y me enojé mucho. Al día siguiente ella me invitó a un paseo en bote y yo no quise ir, sin embargo, le di un bote al que, previamente, le había hecho un pequeño agujero. Le puse un tapón que se soltaría sin problema apenas llegara a una parte profunda del lago y lo cubrí con unas sabanas. Ella se fue sola, justo en la mitad del lago, su lugar favorito, el tapón se salió, su canoa se inundó y ella, como no sabía nadar, se ahogó― reveló encogiendo los hombros ― Mamá se volvió loca después de eso, primero le entró la depresión, no salía de su habitación por semanas, se le olvidaba, incluso, darme de comer y mi padre, cansado de su actitud, se consiguió un trabajo en el cual debía viajar cada vez más; a ninguno de los dos le importó lo que pasara conmigo― arrugó la frente enojada ― Luego, cuando mamá salió de su depresión, empezó a olvidar las cosas, mejor dicho, no las cosas, se olvido de mí, me llamaba Daphne y me hablaba como si yo fuera ella. Mi padre la llevó al psiquiatra y le dictaminaron estrés post-traumático o algo así, el caso era que se había vuelto loca sin remedio. Papá empezó a acostarse con su asistonta, tanto en el trabajo como aquí en la casa, muchas veces los vi pero fingí no saber nada. Finalmente se divorciaron y a mi madre la internaron en la clínica. Ella no sabe que está allá, piensa que es un spa, está encerrada en los últimos tres meses de vida de Daphne, cada que la visito es la misma situación, me llama y me presenta con ese nombre, me da asco verla. Desde hace dos años vivo sola, mi padre me envía dinero cada mes, gana lo suficiente como para pensar que compra mi cariño con dinero y por eso tengo tantos lujos, y esa es mi historia― finalizó dándome la espalda.

No supe que decir. ¿Acababa de confesarme un crimen?

― ¿Mataste a tu gemela?― pregunté sentándome en la cama.
― Sí, odiaba que la mimaran más a ella, la veían tan perfecta, tan buena…― noté que apretaba los puños ― así que…no la mate, sólo planifique su muerte accidental― corrigió ― al final, sólo gane mucho dinero, porque mis padres se volvieron locos los dos― de nuevo me miraba.

¿Era mi impresión o los ojos se le veían más oscuros de lo normal?

― ¿No te arrepientes?― curioseé casi susurrando.
― Para nada, mira los lujos con los que vivo, puedo hacer lo que se me venga en gana y nadie me reclamara, soy la reina de la escuela, tengo dinero suficiente para pagarle a los matones de la ciudad para que golpeen a quien se me antoje, tengo el novio perfecto y la amante perfecta, ¿Qué más quiero?― reflexionó.

Aquello de “el novio perfecto y la amante perfecta” me ofendió.

El timbre sonó.

― Debe ser la comida, ve al comedor― ordenó mientras tomaba una bata de su closet y bajaba con el dinero en la mano.

Hice lo que me pidió, como siempre.

Minutos después llegó a la cocina con dos pizzas completas y una botella de Coca Cola.

― No sabía cuál era tu sabor favorito, así que pedí cuatro diferentes, come lo que quieras― anunció.

Abrí una de las cajas y tomé una porción de pollo con champiñones.

― Sabes manipularme ¿pero no conoces mi sabor de pizza preferido?― cuestioné y me llevé el trozo a la boca.

Sirvió la soda para ambas y tomó un trozo hawaiana.

― No es algo que tenga que saber, eres mi amiga con derechos, no mi novia oficial― respondió también comiendo.

¿Acaso no sintió el resentimiento en mis palabras?

― ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza que algún día me cansaré de que me uses todo el tiempo y me marcharé?― pregunté como quien no quiere la cosa.
― Más bien dime tú, ¿no te das cuenta que para mí eres diferente de los demás a quienes manipulo?― inquirió.

No respondí.

― Sólo tú conoces mi historia, ¿alguna vez has visto a las arpías en mi casa un día cualquiera? ¿Cuántas veces has visto a Jhon venir aquí? ¿Crees que tengo sexo contigo por dos horas y luego me acuesto otras dos con Jhon o al contrario? Hace menos de un mes que te conozco y ya hasta sabes que le he pegado a alguien para que golpee a otros. Nadie, absolutamente nadie, ha estado tan cerca de mí como tú― explicó dejando la pizza a un lado.

No lo había pensado de esa manera.

― ¿Cómo sé que eso es cierto? Ya sé lo bien que puedes mentir― reté.
― ¿Alguna vez te he mentido A TI?― replicó.

Lanza y ¡ANOTA!

Seguí comiendo mi porción.

― ¿Ves?...

Miré hacia otro lado.

― No nos conocemos hace menos de un mes, nos conocemos desde sexto grado― recordé sin mirarla.
― ¿Perdón?― respondió. Cuando la miré note que estaba sorprendida.
― Sí, en ese campamento donde murió tu hermana, ahí nos conocimos― no podía creer que acababa de mencionar eso con el mismo tono tranquilo que ella uso para contármelo.
― ¿Yo a tí? No lindura, estas equivocada― corrigió.
― No, de hecho, nos besamos detrás de un árbol, lo recuerdo muy bien― insistí.
― Ángel, si te digo que no paso, es porque no paso, hace tres semanas fue la primera vez que te hablé, ¿Cómo iba a besarme contigo en sexto grado?― declaró.

La miré confundida.

― ¿Estás diciendo que me bese con tu hermana?― un escalofrío me recorrió la espalda.

Guardó silencio por un largo segundo y luego estalló en carcajadas.

― ¡No puedo creer que la difunta también tuviera gusto por las mujeres!― comentó entre risas ― ¿te besaste con ella antes de morir? Que feo…― agregó con sarcasmo sin parar de reír.
― ¡Oye! No te burles, es en serio― reclamé.

Se calmó al instante.

― Mira, en ese campamento…no anduve con nadie parecido a ti, todas eran rubias... ―lo meditó un segundo― …es imposible que me besara contigo― reveló tranquilamente.

¿Esos cambios bruscos de emociones eran normales?

Dejé el tema hasta ahí. Sólo hasta que ella me mencionó la muerte de su hermana recordé que en ese campamento había muerto alguien y que por eso lo cancelaron. Ahora, la chica con la que me bese…
Yo vi el cuerpo de la “difunta”, como Danielle le decía, o bueno, vi su cabello rubio y en ese momento pensé que con quien me había besado estaba muerta. Pero Danielle cruzó a mi lado y eso me calmó. Claro que después me ignoró y adjudique su actitud al hecho de estar con una mujer que parecía su madre. Estaba equivocada.

Daphne fue mi primer beso con una mujer, un beso que me gustó mucho y que me acompañó por mucho tiempo. Un beso que pensé fue de Danielle. Acababa de descubrir que nunca fue así y que todo el gusto que sentía por la rubia no era más que una confusión. Por meses la amé en silencio jurando ser la dueña oculta de su corazón hasta que, con el pasar del tiempo, me di por vencida y empecé a ignorarla, pero cuando me habló de nuevo sentí como si ese “amor” reviviera.

Todo era una mentira.

― Si te enamoraste de mi hermana, es comprensible, no me voy a enloquecer― dijo tomando otro trozo de pizza.
― ¿Por qué lo dices?
― Tu cara…

Sí, ya sabía que mi expresión revelaba más de lo que me gustaba admitir.

― Yo también me habría enamorado de alguien como ella si no fuera la culpable directa de todo el desamor de mis padres― continuó varios segundos más tarde.
― ¿Nunca pasó por tu cabeza que la culpa no era de ella, sino tuya?― curioseé.
― No, yo siempre fui la misma, y mis padres debían quererme así, pero no, la escogieron a ella, le daban todo su amor a ella, y la estúpida nunca rompió ni un plato para que la regañaran, era una maldita buena hija― se quejó de nuevo con la rabia dibujada en el rostro.
― Estás loca…― susurré.
― Y aun así te encanta tener sexo conmigo― ahora sonreía.
― Eso no te lo voy a negar― y yo me comportaba como ella.

Salió de la cocina y al momento regresó con su cocaína.

Esta vez hizo cuatro líneas en la mesa.

― ¿Vas a aumentar tu dosis?― pregunté ingenuamente.
― No, las otras dos son para ti― contestó.

Tragué saliva.

― Sabes que no me interesa― repliqué.
― He notado como te me quedas mirando, yo se que quieres probar, no le diré a nadie si lo haces― dijo y absorbió la primera línea.

No medité lo que hacía y me acerqué a ella.

― No es tan terrible como crees, sólo te sentirás ligeramente más fuerte, más animada y eso es todo, es muy raro si te vuelves adicta a esto, mira que yo la consumo y no soy adicta, no a todo el mundo le pasa eso de la adicción como lo muestran en la tv. Te daré una dosis baja, así no habrá peligro de que te pase algo― explicó y con la tarjeta que tenía en la mano cortó ambas líneas por la mitad.

No me moví.

― Sólo acercas la nariz, se tapas un lado y absorbes con el otro― dijo repitiendo el proceso ella misma.

No quería y quería hacerlo.

― Si fuera tan terrible, ¿no crees que ya sangraría por la nariz?― me preguntó.

Tomó mi cuello suavemente y me hizo inclinarme en la mesa. Con la otra mano tapó una de mis fosas nasales.

― Absorbe…― susurró y yo obedecí. Me dejó subir la cabeza para quitarme la sensación extraña y repitió el proceso.

Se sentó a seguir comiendo pizza.

― ¿Ves? Nada terrible― dijo.

Al principio no fue nada salvo algo raro en la nariz pero poco a poco empecé a sentirme más “animada” y más ansiosa.

― Vamos, hay que aprovechar la tarde― me tomó de la mano y me llevó a su habitación.

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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/8/2011, 21:11

Oms...o.o
exelentes capitulos muy buena historia
te llevas aplausos =)
Espero la proxima entrega
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Toshino Kyoko
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   31/8/2011, 07:07

Bien actualizaciones, nos das un 3x1, vaya ganga, me he leido los tres en un plis plass, y a espera de la conti, que Danielle se va volviendo mas .... jeje muy buena conti
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   31/8/2011, 16:48

Y yo que creía que solo habría un capítulo y me encuentro con esta sorpresa *_* la historia cada vez se pone mejor. Merece la pena la espera si luego nos das 3 capis de golpe *O* Estaré esperando la continuación ^_^ sobre todo si es tan buena como siempre. ^^
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   15/9/2011, 14:28


CAPITULO 11

VERDADES Y MENTIRAS


Tú me pides que te deje ahora, ahora, ahora cuando más te necesito
Tú me dices que este amor se fue al olvido, ahora, ahora cuando yo ya no te olvido
Tú me pides que seamos solo amigos, amigos. Y a mí no me interesa ser tu amigo
Tú me dices que este amor ha sido en vano
Que malo que dices eso, pero que bueno que se acabó

Mala gente, te burlaste de mis sentimientos y ahora te lamentas
Mala gente, vas a pagarla caro porque a mí tu ya no me interesas
Mala gente, porque tu eres una mentirosa y una mala gente
¡Y en el infierno enterita, enterita te vas a quemar!

Tú me pides que regrese ahora, ahora, y ahora es a mí a quien lo le importa
Tú me pides que seamos más que amigos, amigos, y amigos para que si no hay cariño
Hoy por fin me he dado cuenta de tu engaño, de tu mala calaña y tanto mal que me hiciste tú

Mala gente, te burlaste de mis sentimientos y ahora te lamentas
Mala gente, vas a pagarla caro porque a mí tú ya no me interesas
Mala gente, porque tu eres una mentirosa y una mala gente
¡Y en el infierno enterita enterita te vas a quemar!


Mala gente – Juanes


DANIELLE


Por fin había logrado salir de esa asquerosa habitación del hospital. La investigación de la policía concluyo en que todo fue en defensa propia, por lo tanto, yo quedaba libre de cargos.

Lo primero que hice, por razones que quise no saber, fue ir con Ángel.

― Hola― le dije recargándome contra la puerta.
Me había quitado la línea de suero y me había arreglado un poco el cabello. Debía quedarme unos días más por el golpe que recibí en la cabeza.

― Hola― respondió ella sin dejar de mirar la televisión.
― ¿Cómo estás?― pregunté acercándome a la cama.
― Bien, ¿y tú?― seguía sin mirarme.
― Bien, me quieren dejar unos días más para revisarme la cabeza― contesté tratando de sonar graciosa. No funcionó.

Me senté a sus pies esperando a que me hablara, pero nunca lo hizo.

― ¿Te pasa algo?― inquirí arrebatándole el control y apagando la TV.
― No, ¿Por qué?― estaba mintiendo.

La miré con rabia.

Cerré la puerta y las persianas de la habitación, luego, regresé a la cama.

― ¿Qué pasa?― insistí controlando mi ira.
― ¿No te das cuenta de lo que hiciste?― cuestionó con esa expresión que me indicaba que estaba aterrada.
― No, no me doy cuenta, dime tú― reté.
― Mataste a Jhon…― susurró.

Mi expresión no cambió.

― ¿Estas así, por eso?― me sorprendió.
― ¿Qué?― ahora sí se veía asustada.

Me quede mirándola esperando si iba a decir algo más.

― Era…era tu novio…― comentó.
― Hasta que se te ocurrió abrir la bocota― me quejé.

Se ofendió.

― ¿Disculpa?
― Lo que escuchaste, tú fuiste la que abrió la bocota, te dije que no podíamos contarlo y a ti se te ocurrió montarme la escena de celos delante de él, y ahí tienes, se volvió loco y casi nos mata― repliqué.

Medio cerró los ojos y abrió un poco la boca en señal de que estaba más que ofendida.

― No me vas a echar la culpa de esto, se te salió de las manos, reconócelo― argumentó.
― A mí nada se me sale de las manos― aclaré con seriedad.
― Oh… ¡por favor! No eres omnipotente, sólo una Barbie con mucho dinero y ego― reprochó.

Levanté el rostro y una ceja.

― Barbie y todo, pero estas que te mueres de amor por mi…― susurré.

Abrió la boca para replicar pero, al final, no dijo nada.

― ¿Acaso crees que no me di cuenta? Desde hace meses te mueres por mí― agregué poniéndome de pie con las manos en la cintura y el ego por las nubes.
― No seas ilusa…― defendió mirándome como si estuviera confundida por sus propias palabras.
― Niégalo― reté.
― Lo niego, no estoy enamorada de ti, no te creas tan diosa, sólo estaba contigo por sexo, por adicción al sexo, no a ti― reveló.

La nariz se me infló como si fuera un toro viendo un capote.

― ¡Mentira!― exclamé ― Tenías sexo conmigo porque te morías de amor, siempre pensaste que Daphne y yo éramos la misma y por eso me amas, y cuando te conté que ella estaba muerta te enamoraste definitivamente de mí― insistí. No me iba a negar lo obvio.
― Sólo a ELLA la amé, y la…mataste…― reclamó.
― No me vas a negar que en algún punto te enamoraste de mi, hubo muchas situaciones que te delataron― continué.
― Me enamoré de tu intimidad, no de ti― cortó.

Apreté los dientes con rabia.

― ¿Quién te crees para retarme? No serías nadie si no fuera porque te saqué de la sección de cosas perdidas de la escuela― le recordé.
― Nadie te pidió que lo hicieras― recordó con sorna.
― Aun así lo hice desagradecida…
― Y mira como terminamos por tus estupideces.

Por un momento me fije en una bandeja que había en una esquina de la habitación. Tenía jeringas y varios instrumentos de cirugía. Medité la opción de inyectarle aire mientras dormía.

Pero, en lugar de eso, caminé hacia la puerta.

― Te dije que no abrieras la boca, te ordené que no dijeras nada pero, ¡no!, no podías quedarte callada ¿cierto? Fueron tus malditos celos los que nos pusieron en esta situación― retomé concentrándome de nuevo en ella ― mi intimidad sigue siendo mía, y por ende, me amas a mí, porque aunque te morías de cariño por la estúpida esa, siempre terminabas metiendo tus dedos EN MI intimidad y no en la de ella y la pobre murió virgen, dime, ¿Por qué crees que nunca te dio sexo? PORQUE SABÍA QUE TE REVOLCABAS CONMIGO…― solté completamente descontrolada pero dándome unos cuantos segundos para disfrutar de su cara de sorpresa.

Abrí la puerta y salí de ahí.

De regreso a mi habitación, también azote mi puerta y solté un grito de rabia.

¿Y yo de qué padecía en ese momento? ¿Celos?

No lo alcancé a meditar cuando sentí sangre en mi nariz seguido de un fuerte dolor de cabeza y mareo. Entonces, las luces se apagaron.

*******

Sólo habían pasado unos días desde que le contara a Ángel la historia de mi familia.
Ese día estábamos en mi cocina entretenidas con algo de culinaria “casera”.

― ¡No vayas a beber de eso!― le advertí a Ángel cuando la vi muy dispuesta a hacerlo.
― ¿Por qué no?― preguntó ofendida dejando la botella en la mesa.
― Eso no es vino normal, si no te quieres volver loca, mejor no lo pruebes― dije mientras terminaba de machacar unas uvas.

Me miró extrañada pero aburrida. Llevaba dos horas preparando ese vino “especial” y no la había dejado ayudarme en ningún momento.

Se sentó y apoyo el mentón en ambas manos.

― ¿Qué tanto haces? Cuando me llamaste pensé que tendríamos sexo…― soltó.

Me reí fuerte.

― Me ofendes, ¿acaso crees que te tengo sólo como juguete sexual?― inquirí cínica.
― No lo sé, dímelo tú― retó.

Dejé la preparación a un lado y me acerqué para darle un suave beso en los labios.

― Pues no es así, fíjate― contesté regresando a mi tarea.

Me miró extrañada pero con media sonrisa en los labios. Mi gesto le había gustado.

― Entonces, ¿para qué es eso?― insistió.
― Cuando lleguen los demás lo sabrás, pero procura beber siempre de la copa verde, sino no respondo― advertí sacando el jugo de las uvas machacadas.

Quince minutos más tarde terminé la preparación y la dejé a un lado para jugar un poco con Ángel. Tuvimos sexo en el mesón y, como siempre, me dejó exhausta y algo temblorosa.

Me tomé mi tiempo para recomponerme y luego me arreglé la ropa y deje todo en orden.

― Sigo con hambre…― se quejo abrazándome por la cintura dándome un suave beso en el cuello. No hablaba de comida propiamente.
― Luego… ya llegaron los demás― anuncié.

Estaba a punto de reclamarme cuando el timbre sonó.

― ¿Cómo haces eso?― preguntó ya molesta por mi aparente conocimiento de todo lo que sucedería.
― Bruja que soy…― respondí sonriendo.

Grité un “siga” fuera de la cocina y segundos después la puerta se abrió.

Todos los miembros principales del Circulo acababan de llegar; Ximena, Alexandra, Jhon, David y Azrael.

La evidencia de las uvas había desaparecido hacía un buen rato y todo “el vino” estaba en sus respectivas botellas.

― Hola chicos― dije pasando derecho hasta llegar a los brazos de Jhon y besarlo apasionadamente.

Mi novio se relamió por un momento.

― Quiero un poco de eso más tarde― pidió susurrándome al oído. Le respondí con una sonrisa picara.
― Debo ir a comprar unas cosas al Súper, vayan preparando todo para la sesión― pedí saliendo de la cocina.

Abrí la puerta de la casa y salí, prendí el carro y me alejé varias cuadras. Cuando estuve en un sitio que consideré seguro, apagué el carro y regresé a la casa corriendo. La puerta de emergencia del sótano estaba detrás de unos enormes matorrales y por ahí me colé para estar dentro de la casa de nuevo. Como el piso era en madera podía escuchar todo lo que hablaban sin problema.

― Enciende las velas Ángel― le ordenó Ximena a mi amiga.

Ella no respondió pero pareció acatar la orden.

― ¿De qué sesión hablaba Danielle?― se aventuró a preguntar mi deliciosa pelinegra.

Todos los pasos se detuvieron de repente.

― ¿No lo sabes? ¿No te lo ha mostrado?― preguntó Alexandra.
― ¿Saber qué?― insistió Ángel.
― Pues…lo de Danielle…― la morena no se atrevía a decirlo.
― ¿Qué cosa de Danielle?― mi “amiga” sonaba asustada.
― Que es bruja, todos lo saben― soltó Azrael con tranquilidad.

Me tapé la boca para ahogar la carcajada.

De nuevo silencio.

Ángel estallo en risas que duraron cerca de un minuto.

― ¿Bruja?― cuestionó entre carcajadas; noté que no sonaban pasos ― ¿Por qué dicen que es bruja?― no paraba de reír.
― Porque es verdad, la hemos visto usar sus poderes― sostuvo Ximena.

La pelinegra hizo un esfuerzo por calmarse.

― ¿Me lo dicen en serio?― repitió, aparentemente sorprendida por la seriedad de los demás.
― Sí, esta noche lo verás― intervino Jhon.
― ¿Qué pasara esta noche?― curioseo ella.
― Queremos que el equipo de baloncesto tenga más fondos, los que recolectaremos con el baile de máscaras y lo que la escuela nos dará sólo alcanza para hospedarnos por una noche donde tenemos los partidos― reveló mi novio ― Danielle hablará con los espìritus para que estos convenzan a los directivos de darnos más dinero― finalizó.

De nuevo tuve que cubrirme la boca. Era sorprendente que se creyeran tanta basura junta.

― ¿Hablas en serio?― Ángel no se la creía.
― Claro que sí, y será mejor que no cuestiones sus poderes cuando ella esté presente o te lanzará una maldición― cortó Ximena demostrando que lo había sufrido por experiencia propia.

Como ya iba siendo tiempo de “regresar del súper”, salí del sótano y regresé por mi auto. Conduje lentamente hasta la casa para quemar tiempo.

Apenas entré, Ángel me miró como tratando de analizarme mientras que los demás se estaban colocando sus túnicas negras.

― ¿Por qué no estás vestida, Ángel?― pregunté colocándome mi túnica.

Miró a su alrededor a ver si encontraba una túnica hasta que vio una sobre el sofá de la sala. Se la puso todavía sin creer lo que estaría a punto de pasar.

― Me imagino que ya te explicaron lo que haremos esta noche― comenté y ella asintió ― Perfecto, apaguen las luces, cada uno prenda sus velas, tome una copa con vino y hagan un circulo a mi alrededor― ordené.

Todos obedecieron sin objetar.
Me aseguré de que Ángel tomara la verde.

― Esta noche estamos reunidos para invocar a los espíritus del más allá― me costaba no soltar la risa mientras decía eso con voz de ultratumba.

Apagué mi vela y todos lo hicieron después de mi. Luego, esperé unos segundos.

― ¿Estais ahí?― pregunté a la nada.

Obviamente “nada” no me respondió.
Con el diminuto control remoto del equipo de sonido que tenía en la mano le di “play” a un CD que había puesto previamente en él. Lo primero que sonó fue una puerta azotándose y luego algo que sonaba como “¿Quién me llama?”.
Agradecía la oscuridad, semejante parafernalia siempre me arrancaba una sonrisa, sobre todo cuando sentía que alguien saltaba del susto.

― Jhon Morrison es quien solicita vuestra presencia para pediros un favor― anuncié. El siguiente sonido de la grabación era de unos pasos. Me lamentaba no poder ver la expresión de Ángel.
― Con todo respeto, quisiera pedirles que intervengan en asuntos humanos― dijo Jhon con voz temblorosa. Me mordí los labios para no reír.

El siguiente sonido fue como si algo pesado se hubiera caído.

― No os enojéis, sólo desea pediros un favor sencillo― retomé ― quisiéramos que persuadierais a los integrantes de la junta directiva de nuestra escuela para que nos den más dinero― expliqué.

Ahora sonaba como si mi cocina tuviera la vajilla de La Bella y la Bestia.

― Por favor, si aceptais nuestra petición, hacednoslo saber haciendo un solo y último sonido― pedí.

De nuevo la puerta azotándose. Alguien a mí alrededor salto de en su lugar del susto porque la madera crujió y el suelo vibró.

― Ya teniendo respuesta a la petición, por favor, celebremos bebiendo nuestro vino consagrado por un sacerdote satánico― finalicé llevándome la copa a la boca.

Escuché a los demás beber y esperé cerca de un minuto.

Finalmente me moví y prendí la luz.

Ángel levantó el rostro algo molesta por la claridad mientras que los demás seguían con la cabeza inclinada. Ella no supo qué hacer.

― No te preocupes, están drogados― revelé empujando a Ximena que, como si fuera un maniquí, cayo sentada en un sillón detrás de ella.
― ¿Cómo que drogados?― preguntó mirando su copa.
― Quítales las ropa, ya sabrás por qué― ordené empezando a desvestir a Jhon.


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Toshino Kyoko
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/9/2011, 03:48

coof, coof, coof, de verdad??? lo dejas asi bueno despues de mi grito, no se porq pero me gusta Danielle sera por lo sadica q es jeje, con paciencia a espera de la conti... de verdad lo dejas asi??? jeje
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/9/2011, 11:21

me encanta dejar los capitulos asi, es una manera de mantener la audiencia xDDDD
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Toshino Kyoko
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/9/2011, 12:19

tienes razon, entro a diario por aki pa ver las actualizaciones mas q a diario diria yo, mira q eres lista, pero pero pero bueno na jeje tu audiencia esta y estara si llevas asi de bien la historia
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Yun Yun
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   19/9/2011, 11:08

Vaya.. k persona mas mala por dió!!! De donde ha salido una persona con tan pocos escrupulos??? Espero no encontrarme nunca con nadie como ella... Enhorabuena por la historia, ya me tienes enganchada.

Un saludo de Elche City!
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lera_karel
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   7/10/2011, 12:12

cof cof se donde está el resto subido xD seguramente más de un@ de vosotros lo sepa, pero para los que no, si queréis saber como sigue, en amor yaoi, Daphne ha publicado el resto. (Lo siento Haru, me fui de la lengua, pero es que Daphne ya lleva tiempo sin publicar ;_________;)


Última edición por lera_karel el 7/10/2011, 14:25, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   7/10/2011, 13:51

jajajaja que imaginacion por dios XD
Ha quedado genial, verdaderamente genial :)
Espero la siguiente publicacion saludos!
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   22/10/2011, 01:24


CAPITULO 12

TRUCOS DE HUMO Y ESPEJOS

Eres como una mariposa
vuelas y te posas vas de boca en boca,
fácil y ligera de quien te provoca.
Yo soy ratón de tu ratonera,
trampa que no mata pero no libera,
vivo muriendo prisionero.

Mariposa traicionera, todo se lo lleva el viento,
mariposa no regreso,
Ay, mariposa de amor,
mi mariposa de amor.

Ya no regreso contigo.
Ay, mariposa de amor,
mi mariposa de amor.

Nunca jamás junto a ti,
vuela amor, vuela dolor
y no regreses a un lado
ya vete de flor en flor,
seduciendo a los pistilos
y verla cerca del sol,
pa´que sientas lo que es dolor.

Ay, mujer cómo haces daño,
pasanlos minutos cual si fueran años,
mira estos celos me están matando.
Ay, mujer qué fácil eres,
abres tus alitas, muslos de colores
donde se podan tus amores.

Mariposa traicionera,
todo se lo lleva el viento,
mariposa no regreso,
Ay, mariposa de amor, mi mariposa de amor.
Ya no regreso contigo.
Ay, mariposa de amor,
mi mariposa de amor.

Nunca jamás junto a ti,
vuela amor, vuela dolor
que tengas suerte en tu vida
ay, ay, ay, ay, ay dolor,
yo te lloré todo un río,
ay, ay, ay, ay, ay, amor


Mariposa traicionera - Maná





ÁNGEL

No me moví cuando me pidió que desvistiera a los demás mientras que ella se puso a hacerlo de inmediato.

― ¿Para qué quieres desnudarlos?― fue lo primero que pregunté por inercia.

No estaba paralizada por lo que dijo, sino por lo que acababa de suceder. Todos, de repente, estaban como zombies, y la sesión espiritista me puso los pelos de punta. ¿Cómo era posible que ella estuviera tan tranquila?

― Porque soy bruja…estoy acostumbrada― respondió como si me hubiera leído el pensamiento pero con una mueca de ironía.

Abrí los ojos como un par de platos y di varios pasos atrás. Ella detuvo su labor y me miró llena de burla.

― Si vieras tu expresión en este momento…― dijo apretando los labios para no soltar la risa.

Me empecé a sentir como una estúpida.

― Cálmate, todo fue teatro, no soy bruja, lastimosamente, tal vez hechicera, pero definitivamente no soy bruja*― explicó retomando su tarea.
― ¿A qué te refieres con eso?― pregunté todavía sin valentía para acercarme.
― Mira…― indicó y con un control diminuto en su mano, presionó algo y, de repente, todos los sonidos de la sesión espiritista se repitieron.

No pude evitar saltar cuando sonó como si un cadáver se hubiera caído en alguna de las habitaciones de arriba.

Eso la hizo reír pero no se detuvo en lo que hacía.

Me tomé mi tiempo para digerir.

― ¿Y por que ellos están convencidos de que eres bruja?― inquirí.
― ¿Puedes hablar y trabajar? No tenemos mucho tiempo, también tenemos que volverlos a vestir― replicó.

Alexandra era la más cercana a mí, así que, todavía sin entender por qué lo hacía ―como todo lo que tenía que ver con Danielle―, empecé a desvestirla.

Me aclaré suavemente la garganta para recordarle que debía explicarme un par de cosas.

― Les hago creer que soy bruja y lo controlo todo, además de que hago estas sesiones cada mes y el vino que preparé tiene una combinación de drogas, un alucinógeno para exagerar lo que escuchen y sientan, y escopolamina, ¿sabías que tengo unos familiares muy buenos en química?― dijo sin mirarme.

La boca se me abrió unos cuantos centímetros. No tenía ni idea…

― ¿Qué?― fue lo único que pronuncié.
― Por eso te dije que bebieras de la copa verde, esa no tenía el mismo vino, no quería meterte en esto― continuó ahora desnudando a Azrael.

¿Era mi impresión o parecía saber exactamente lo que hacía?

― ¿Qué más has hecho para hacerles creer que eres bruja?― curioseé.
― La señora de la cafetería nos atiende de esa manera porque le pago para que lo haga, no porque la haya hechizado, si alguien me agrede y luego aparece lastimado, no es porque lo haya maldecido, sino porque le pago a alguien para que lo golpee, como ya viste en una ocasión― reveló.

Eso explicaba un par de cosas…

― ¿Algo más que quieras saber?
― Cuando le diste “play” a los sonidos hace un momento, todos sonaron aquí abajo, durante la sesión sonaban en diferentes partes de la casa― analicé.
― El control tiene un botón para controlar eso, si elijo stereo suena aquí abajo, si elijo monostereo suena arriba, en un bafle que hay en la habitación de invitados― acto seguido, hizo la demostración.

La verdad no sabía si pensar que Danielle estaba loca de remate o sabía perfectamente lo que hacía. O, en su defecto, ellos estaban locos por creerlo.
Bueno, sí sabía que creer, obviamente era más lo segundo que lo primero.

― ¿Terminaste con ellas o tengo que hacerlo yo?― preguntó de pie frente a mí con las manos en la cintura.

No había notado que estaba usando una falda verde militar con unas medias de malla negra y unos botines como de duende.
Desde mi lugar se veía muy sexy.

― Enfócate cariño, luego podemos divertirnos un poco― susurró acercando su rostro al mío dándome un suave beso.

Me di cuenta que aquel gesto me empezaba a gustar. Más de lo que quería admitir.

― Permíteme― dijo quitándome del camino ya sin paciencia pero disimulándolo muy bien.

En menos de nada, Ximena y Alexandra estaban desnudas.

― ¿Qué harás con ellos?― curioseé desde un rincón.
― Dinero― soltó con una enorme sonrisa.

Me preocupé. ¿Les iba a sacar un riñón a cada uno para venderlo? La verdad, no me sorprendería en absoluto.

― Me traes la cámara que está sobre mi cama, por favor― pidió moviendo a Jhon hacia el sofá.

Le hice caso pero seguía preocupada.

Al bajar encontré a Jhon sentado en el sofá y a Danielle dándole una pastilla mientras le daba algo de agua cuidando de no regarla.

― Déjala en la mesa― ordenó y así lo hice.
― ¿Qué le estás dando?― no entendía por qué seguía preguntando. ¿Cuánto estaba dispuesta a saber de Danielle Bonnet? ¿Cuánto estaba dispuesta a participar en lo que sea que ella estuviera haciendo?
― Un estimulante― contestó.

Se alejó y le dio lo mismo a Azrael. Luego, tomó a Ximena y la sentó de frente a Jhon con las piernas abiertas. A pesar de que eran como muñecos tamaño real, todos tenían los ojos abiertos con la expresión ausente.
Fue por Alexandra y la arrodillo a un lado de su novio colocando una de las manos de este en la intimidad de ella.

― ¿Puedes decirme que estás haciendo, exactamente?― exigí embobada.
― Pensé que no querías saber― respondió.
― ¿Cómo sabes lo que pienso? Parece que siempre sabes lo que pienso― pregunté ya asustada de que siempre lo supiera.
― Porque…― se detuvo y me miró ― soy muy observadora, cada cosa que dices o haces me da una pista de lo que piensas, no te leo el pensamiento, sólo analizo lo que haces― tenía sentido. Fue con Azrael y lo unió a la escena.
― ¿Y para que el estimulante?― continué ya acercándome un poco.

No respondió pero lo que hizo a continuación me lo reveló.

Ambos, tanto Jhon como Azrael, estaban erectos. Danielle tomó a Ximena por la cintura y le hizo bajar un poco la cadera. El basketbolista la penetró sin problema. Luego, se hizo detrás del presidente de los estudiantes y le empujo la cadera. Este también la penetro, pero por el ano.

La rubia se alejó unos cuantos pasos y los observó. Se acercó de nuevo y les acomodó el rostro a todos de modo que no se vieran desde donde ella se encontraba.

Contenta, tomo la cámara y enfocó.

― ¿Quieres salir en el cuadro?― preguntó con sarcasmo.

Casi de un salto, fui con ella y la vi tomar varias fotos. No me sorprendí cuando vi que la cámara era profesional marca NIKON. ¿La sabría usar a la perfección o era como el resto de los adolescentes del mundo?

― ¿Para qué es eso?― ¿Por qué seguía haciendo preguntas?
― Le acabamos a pedir a un espíritu dinero para el equipo de basketball, pues estoy consiguiendo el dinero― contestó encogiéndose de hombros.

Ni siquiera sé por qué me sorprendí. Llegado un punto, todo era tan bizarro que no tenía sentido, ni siquiera, dejar que mi quijada se cayera.

― O sea que tú eres el demonio…― murmuré.
― Exacto.

Con mucha paciencia siguió con su trabajo. Un par de poses más entre los cuatro y luego los separó. Jhon y Azrael en un extremo del sofá, el primero penetrando al segundo, el primero haciéndole sexo oral al segundo, y etc.
Con las chicas fue lo mismo. Ximena haciéndole sexo oral a Alexandra, la segunda metiendo sus dedos en la intimidad de la primera, lamiendo sus senos, etc.

A los hombres no les presté mucha atención y, de hecho, me sorprendía ver como ella los movía, sin esfuerzo, de una posición a otra. Ellos pesaban el doble.

Pero, cuando fue el turno de las mujeres empecé a sudar.

No estaba mirando a las arpías, sino a Danielle. Estaba encantada con esa ropa que llevaba puesta, como si fuera una especie de duende o bruja vestida de verde.
Ver que las arpías tenían sexo y realizaban una que otra posición sólo acrecentaba mi deseo de desvestir a la rubia.

Intenté concentrarme en otra cosa, como colocar música en el equipo o ir a la cocina por alguna fruta para comer, pero todo me recordaba ese cuerpo lujurioso del que no había disfrutado ese día.

Ahora las arpías hacían el 69. Me sonrojé al imaginarme haciéndolo con Danielle. Después se acostaron una al lado de la otra, cada una con su mano en la intimidad de su compañera, y ya tuve que cruzar las piernas para tratar de calmar la sensación que crecía entre ellas.

¿Cuántas fotografías planeaba tomar?

Cuando ya no soporté más, me acerqué por detrás y la abracé pasando mis brazos por su cintura.

― ¿Qué te parece si dejas las fotos y vamos arriba?― le invité besando su cuello.

La sentí paralizarse por mi acción. Al menos ya conocía uno de sus puntos débiles.

― Se despertaran en menos de media…― dijo con voz suave haciendo a un lado su cabeza para entregarme todo su cuello.
― No importa…― repliqué sin dejar de besarla.
― Tendría que dejarlos vestidos y preparar todo para el final de la sesión― insistió.
― Vamos…me muero por hacer el amor contigo…― pedí subiendo mis manos por su abdomen hasta sus senos.

Con delicadeza, me alejó. No entendí el por qué.

― ¿Qué pasa?― pregunté casi enojada.
― Nada― y sonrió con inocencia.

Ya conocía esa expresión pero no recordaba su significado.

― Déjame los visto, arreglamos todo para cuando despierten, y luego sí vamos arriba, ¿te parece?― comentó.
― Haz lo que quieras…― contesté dejándome caer en una de las sillas. Estaba caliente, quería acostarme con ella y no podía, cosa que me daba malgenio.

En quince minutos todo estaba como al final de la sesión. Cada uno vestido y en su respectivo lugar con la copa vacía en la mano y el rostro inclinado hacia adelante.
Cuando Jhon empezó a reaccionar moviendo los dedos que sostenían la copa, Danielle me apresuró a ponerme la túnica. Apagó la luz y se hizo de nuevo en el centro. Prendió la vela y ambas nos quedamos mirando en silencio mientras los demás recobraban el sentido. Poco a poco empezaron a moverse, parpadear y tambalear. Con la expresión me indicó que fingiera estar igual a ellos y así lo hice. Me veía tan tonta como los demás. Ella permaneció inmóvil en el centro.
Más o menos cinco minutos después, ya todos estaban conscientes y confundidos porque la rubia no salía de su trance.

― Osita, ¿estás bien?― preguntó el pelinegro acercándose, pero apenas la toco, la porrista se desplomó en sus brazos. Aunque sabía que todo era actuación, no pude evitar dar un paso al frente para sostenerla.

Jhon la tomó en el aire antes de que yo pudiera alcanzarla ―y no me gustó para nada― mientras Azrael apagaba la vela antes de que incendiara la alfombra. Prendieron las luces y la acostaron en el sofá.

Noté que empezaba a sudar como si estuviera con fiebre y me pregunté cómo lograría ese efecto.

Todos me miraban de vez en vez esperando mi comentario.

― ¿Qué paso?― pregunté cayendo en cuenta que se suponía que era inocente de todo lo que pasaba ahí.
― Estuvimos en trance― se apresuró a responder Ximena.
― ¿En…trance?― repetí tratando de fingir sorpresa, algo difícil después de ser partícipe de todo el proceso.
― Sí, generalmente, después de pagar tributo a un espíritu, entras en trance por un tiempo para que este se alimente de ti y tenga la energía suficiente para cumplir el deseo que le pediste― explicó la pelirroja con autoridad sobre el tema.
― ¿Y por que Danielle no reacciona?― inquirí con verdadera curiosidad.
― Porque ella es quien nos conecta con el espíritu, por ende pierde más energía― contestó Jhon sin mirarme, claramente preocupado por su novia.

Iba a soltar un “ah…” hasta que caí en cuenta de que sonaría demasiado fingido y preferí callar.

Diez minutos después la rubia abrió los ojos.

― Buenas noches osita― dijo el novio besándole la frente.

Ella le respondió con una sonrisa débil.

― ¿Cómo están todos?― preguntó parpadeando para “despertarse”.
― Bien, pero tú ya nos tenias asustados, llevabas más de diez minutos inconsciente― contesto Azrael.
― Ya íbamos a llamar una ambulancia― mintió Alexandra.
― Ya estoy bien, no se preocupen― dijo ella sentándose.

Después de discutir algunas cosas sobre la siguiente sesión y lo que debían hacer esa noche ―como prender una vela y rezarle al espíritu―, todos se marcharon dejándonos solas.

― ¿Cómo le hiciste para sudar y aparentar fiebre?― curioseé todavía sentada viéndola caminar de un lado a otro.
― Es una pastilla que tiene una bacteria, la bacteria me provoca la fiebre cinco minutos después de tomarla, no es muy fuerte y a mi cuerpo sólo le toma diez minutos eliminarla por completo de mi sistema― explicó acercándose.

Se sentó sobre mí dejando sus senos en mi cara. De inmediato mis manos se fueron a sus piernas para acariciarlas. Acto seguido, nos besamos.
De un tiempo para acá lo sentía adictivo, sus besos, sabor a durazno, me arrastraban a pedir más.
Muy caliente y deseando tenerla, de nuevo, como casi todos los días de la semana, mordí su cuello y la pegué a mi cuerpo. Ella gimió bajo moviendo su cadera sobre la mía sin pudor.

Algo dentro de mi cabeza recordó que ella no era propiamente mía sino de Jhon, pero sonreí grande en medio de un beso al ver la situación en la que estábamos. Teníamos más sexo nosotras dos que ellos como novios oficiales y me daba satisfacción imaginarlo con unos enormes cuernos de carnero.
El basquetbolista era demasiado estúpido si pensaba que podía domar a alguien como ella.

…Y yo era muy ingenua si me creía su verdadera dueña…

De repente, se detuvo y se puso de pie.

La miré confundida y con algo de rabia, mis manos quemaban cuando no tocaba su piel.

― Vamos a aclarar algo, mi hermosa Ángel― inició con su rostro cerca del mío pero sin dejarme besarla ― Tú y yo no hacemos el amor, aquí no hay amor, sólo mucha lujuria, tenemos SEXO, y mientras te lo metes en la cabeza dejaremos de hacerlo por unos días― declaró. Me dio un beso en la mejilla y se alejó a las escaleras.
― ¡¿Qué?!― articulé dispuesta a alcanzarla.
― Nos vemos mañana…― cortó desapareciendo en las escaleras.

Supremamente enojada, salí de esa casa azotando la puerta.



*Según el diccionario, bruja es aquella que posee poderes reales gracias a un pacto con el diablo o cualquier otra fuente, mientras que una hechicera es una mujer que usa la seducción, la palabra y demás artimañas para controlar a las demás personas.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   22/10/2011, 02:41


CAPITULO 13

MÁSCARA

A la primera persona que me ayude a comprender
pienso entregarle mi tiempo, pienso entregarle mi fe,
yo no pido que las cosas me salgan siempre bien,
pero es que ya estoy harto de perderte sin querer (querer).

A la primera persona que me ayude a salir
de este infierno en el que yo mismo decidí vivir
le regalo cualquier tarde pa' los dos,
lo que digo es que ahora mismo ya no tengo ni siquiera dónde estar.

El oro pa' quien lo quiera pero si hablamos de ayer:
es tanto lo que he bebido y sigo teniendo sed,
al menos tú lo sabías, al menos no te decía
que las cosas no eran como parecían.

Pero es que a la primera persona que me ayude a sentir otra vez
pienso entregarle mi vida, pienso entregarle mi fe,
aunque si no eres la persona que soñaba para qué
(¿qué voy a hacer? nada).

¿Qué voy a hacer de los sueños?
¿qué voy a hacer con aquellos besos?
¿qué puedo hacer con todo aquello que soñamos?
dime dónde lo metemos.

¿Dónde guardo la mirada que me diste alguna vez?
¿dónde guardo las promesas, dónde guardo el ayer?
¿dónde guardo, niña, tu manera de tocarme?
¿dónde guardo mi fe?

Aunque lo diga la gente yo no lo quiero escuchar,
no hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada,
niña, tú lo ves tan fácil, ¡ay amor!
pero es que cuanto más sencillo tú lo ves, más difícil se me hace.

A la primera persona que me ayude a caminar
pienso entregarle mi tiempo, pienso entregarle hasta el mar,
yo no digo que sea fácil, pero, niña,
ahora mismo ya no tengo ni siquiera dónde estar.

A la primera persona que no me quiera juzgar
pienso entregarle caricias que yo tenía guardadas,
yo no pido que las cosas me salgan siempre bien
pero es que ya estoy harto de perderte.


Y a la primera persona que me lleve a la verdad
pienso entregarle mi tiempo, no quiero esperar más,
yo no te entiendo cuando me hablas ¡qué mala suerte!
y tú dices que la vida tiene cosas así de fuertes.

Yo te puedo contar cómo es una llama por dentro,
yo puedo decirte cuánto es que pesa su fuego,
y es que amar en soledad es como un pozo sin fondo
donde no existe ni Dios, donde no existen verdades.

Es todo tan relativo, como que estamos aquí,
no sabemos, pero, amor, dame sangre pa' vivir,
al menos tú lo sabías, al menos no te decía
que las cosas no eran como parecían.

Y es que a la primera persona que no me quiera juzgar
pienso entregarle caricias que yo tenía guardadas,
niña, tú lo ves tan fácil, ¡ay amor!
pero es que cuanto más sencillo tú lo ves, más difícil se me hace.

A la primera persona que no me quiera juzgar
pienso entregarle caricias que yo tenía guardadas,
yo no digo que sea fácil, pero, niña,
ahora mismo ya no tengo ni siquiera dónde estar.


A la primera persona – Alejandro Saenz



DANIELLE

Tenía muy en claro que le estaba dando todas las herramientas a Ángel para que se revelara en mi contra pero, algo en eso no me molestaba en absoluto. Creo que hasta quería verla intentarlo.

Cuando subí las escaleras, la puerta de la casa se azotó segundos más tarde. Odiaba que la dejara caliente. Ella parecía no entender que no sólo ella quedaba así, sino que yo también debía hacer un gran esfuerzo por contenerme.

Pero lo que me dijo no me gustó ni poquito. ¿Hacer el amor? Eso era para los enamorados, no para una relación como la nuestra; una que no podía ir más allá del sexo por el bien de las dos.

No era la primera vez que notaba como ella se enamoraba poco a poco de mí. Sabía que mis gestos tiernos le encantaban, había visto, más de una vez, como torcía los ojos cada que Jhon me abrazaba o me besaba, y ni que decir de todo lo que me soportaba. Tengo bastante claro que convivir con alguien tan loco como yo no es fácil, debes ser de mente abierta, ver pero no dejarte influenciar ni tampoco reclamar, y era precisamente por eso que la quería a mi lado, porque, a pesar de todo, seguía siendo ella misma. Y para soportarme debía quererme un poco más de lo normal, de eso estaba segura.

El problema era que ME MORIA DE GANAS POR TENER SEXO, y esa noche no lo tendría. Bien podía llamar a Jhon pero quería sexo con ella y sólo con ella.

¿También me estaría enamorando?

No, ni siquiera valía la pena meditarlo, la quería por sexo, sólo por eso, porque disfrutaba más el sexo con una mujer que con un hombre. Y porque la consideraba una amiga. No quería dañar la única amistad que consideraba verdadera enamorándome de ella. Siquiera pensarlo ya era suficientemente peligroso.

Al día siguiente, como ya era costumbre, la recogí en su casa y todo el trayecto hasta la escuela fue incómodamente silencioso cosa que me molestó bastante.

― Vamos... ¿vas a estar enojada todo el día conmigo?― pregunté poniendo cara de cachorro cuando me detenía en un semáforo.
― No tengo ganas de hablar― cortó sin mirarme.

Suspiré profundo.

― Bueno, tengo que comprar algo, ¿me acompañas?― inquirí girando para ir al súper. Como si tuviera opción…
― Vamos a llegar tarde― replicó.
― Ya sabes que soy bruja, no nos pasara nada― me burlé.

Blanqueo los ojos y encogió los hombros, acción que tomé como un “haz lo que quieras”.

Parqueé cerca de la puerta y entramos en el súper. Rápidamente llené una canasta con las cosas que necesitaba. Cuando iba a pagar noté que el chico de la registradora estaba mortalmente sexy y fingí necesitar otra cosa en el pasillo.

― Quiero alegrarte el día, ¿Qué te parece si hacemos una apuesta?― insinué.

Se mostró un poco interesada

― ¿Ves al chico de la registradora?
― Sí, ¿Qué hay con él?
― Te apuesto lo que quieras a que estas compras me salen gratis.

Miró al chico por unos segundos y luego se cruzó de brazos.

― ¿De dónde viene eso?― cuestionó con desconfianza.
― Bueno, ya que estás enojada conmigo, quiero hacerte perder una apuesta para que tengas verdaderas razones para mirarme mal todo el día― respondí.

De nuevo miró al chico.

― ¿Dices que todo eso que tienes ahí te saldrá gratis?― se aseguró.
― Sí, lo seduciré y el pagará la cuenta por mí, verás mi hechicería en acción― invité sin esconder la picardía en mi rostro. Aunque era la primera vez que lo hacía, estaba completamente segura de poder hacerlo.

Miró al chico por tercera vez.

― ¿Lo que yo quiera si pierdes?― insistió.
― Lo que quieras…― repetí susurrando.

Sonrió enorme.

― Hecho― dijo extendiéndome la mano.

Su reacción me sorprendió. No debía mostrarse tan entusiasmada cuando estaba a punto de perder una apuesta.

― Todavía no he dicho lo que te pediré si pierdes― le recordé, sólo por si acaso.
― Para qué quiero saberlo si igual vas a perder― comentó encogiendo los hombros.

Mi ego empezaba a sentirse lastimado.

― No me subestimes, no es la primera vez que hago esto― mentí, como una niñita.
― ¿Es la primera vez que le coqueteas a ese chico?― curioseó.
― Sí.
― Bueno, pues con eso me basta, ¿te vas a arrepentir de tu apuesta?― retó.

Mi ego estiró la mano y estrechó la suya.

Le entregué la canasta por varios segundos y me acomodé la ropa.

Caminando como si nada me acerqué a la caja y empecé a dejar cada artículo sobre la banda.

― Buenos días― dijo el chico sonriéndome mientras registraba cada cosa.
― Buenos días― respondí mostrándole mi mejor sonrisa.

Siguió concentrado en su trabajo.

― Disculpa, también quiero uno de estos― comenté estirándome para alcanzar una caja de goma de mascar mentolada asegurándome de que mis senos quedaran a la vista.
― ¿Algo más?― preguntó registrando la goma de mascar ya habiendo terminado con todo lo demás.

Me incliné sobre la mesa y le mostré mi mejor mirada.

― ¿Qué te parece si me regalas tu número de teléfono?― insinué humedeciendo mis labios cuidando de no verme vulgar.
― Me refería a los artículos de la tienda, ¿se le ofrece algún otro?― corrigió tratando de esconder un rostro de evidente fastidio.

Miré a Ángel y la vi sonreír con sorna.

― ¿Y si, de casualidad, se me quedó el dinero y te regalo mi número, pagarías la cuenta por mi y luego me dices cómo te puedo retribuir?― ok, ya me estaba rebajando.
― Disculpe señorita, ¿no tiene con qué pagar?― cuestionó.

Me di por vencida y le pasé la tarjeta de crédito casi tirándosela en la cara.
Aun así, al despedirme, lo hice picándole el ojo y soltando un “tú te lo pierdes”, sólo para no quedar tan mal.

Ángel me esperaba en la puerta haciendo lo posible por no soltar la carcajada.

― Parece que acabo de ganar una apuesta― comentó fingiendo que miraba sus uñas.
― No me creas tan estúpida, ¿Cómo sabias que iba a perder?― exigí saber mientras metía todo en la cajuela del carro.
― Ese chico es vecino de una de mis tía― respondió subiéndose al autor ― y es gay…― agregó con la carcajada en los labios.

La observé con ira. Al parecer alguien estaba aprendiendo buenos trucos. Se acababa de aprovechar de mi ego y me hizo perder una apuesta de la forma más estúpida posible. Bien hecho, Danielle, muy hechicera y muy tonta.

Pero, una apuesta es una apuesta, y yo siempre cumplía con mi palabra.

Me subí al carro e inicié el motor.

― Ok señorita “mi tía tiene un vecino gay”, ¿Cómo me vas a cobrar la apuesta?― inquirí saliendo del parqueadero.
― No tengo ganas de ir a estudiar, vamos a desayunar a un buen restaurante, y luego nos vamos a algún pueblo cercano a piscina y a almorzar, y de ahí no sé, tengo tiempo hasta la noche― declaró.
― ¿Cómo así que hasta la noche? ¿Acaso no iras a tu casa después de medio día?― aunque no lo crean, me preocupo por esas pequeñas cosas, no todos tenían las mismas libertades que yo. Claro, me preocupo por eso y no por el hecho de que íbamos a salir de la ciudad y que yo debía costearlo todo.
― Dije que llegaría hasta tarde en la noche, que me quedaría contigo todo el día porque tenemos trabajos por hacer y que trasnocharíamos aprovechando que mañana es sábado― reveló.

La fulminé con la mirada.
Hija de la gran…

― ¿Sabías que esto pasaría?― pregunté llenándome de rabia. La nariz se me infló y apreté el volante casi arrancándolo.
― Sabía que intentarías ponerme de mejor humor, te molesta mi silencio― dijo.

Mis ojos se posaron en ella con filosa lentitud. Estaba creando un monstruo…
Respiré profundo para calmarme mientras tomaba la calle hacia el primer lugar.

― Entonces, ¿tu venganza es hacerme gastar gasolina y dinero?― curioseé tratando de reírme.
― Es un BMW convertible, llegaremos en la mitad de tiempo de lo normal― contestó colocándose sus gafas de sol, unas negras grandes que siempre cargaba.

Prendí la radio y conecté mi mp4 para poner rock a todo volumen. Acomodé mis gafas de sol y me preparé mentalmente para pasar un día fuera de la escuela derrochando dinero ―algo de lo cual no tengo ni idea―, bronceándome fuera de la ciudad, con rock a todo volumen y, seguramente, con mucho sexo.
A pesar del enojo, mi mente se preparó rápido.

Cuando llegamos al restaurante para desayunar, noté que disimulaba su asombro. Fue evidente que muy pocas veces asistía a lugares tan finos como ese. Nos sentamos en el lugar más apartado que encontramos e hicimos nuestra orden.

― ¿Sólo me pedirás esto por la apuesta?― inicié mientras jugaba con el salero.
― ¿Puedo pedir más?― preguntó con los ojos iluminados.

Ese día mi lengua había decidido traicionarme. O, tal vez, y sólo tal vez, quería que pidiera algo más.

― Tus deseos son ordenes para mi…― susurré con voz teatral.
― ¿Cualquiera de mis deseos?― se aseguró.

¿Qué cruzaba por la cabeza de esa chica? De ángel sólo le quedaba el nombre.

― Sí, lo que sea, ya perdí, seré tu esclava todo el día, ganaste justamente, al parecer estas tomando parte de mis actitudes, cosa que no se si sea buena o mala pero, en fin, sí, pide lo que quieras, ¡el cielo es el límite!― declaré con más emoción de la que debería demostrar.

Ok, yo también estaba un poco regalada pero, sólo porque quería saber de qué era capaz mi pequeña padawan*.

― Déjame pensarlo en el desayuno y luego te digo― pidió justo cuando nos servían la comida.

Vaticinando un nuevo silencio prolongado, me solté a hablar de cuanta estupidez se me vino a la cabeza. Le conté los secretos que conocía de más de una persona en la escuela, los amoríos entre profesores, entre los estudiantes, estudiantes y profesores, etc. En una que otra anécdota se mostró sorprendida e interesada, como que el mejor amigo de Jhon, David, se había acostado con la señora de la cafetería al perder una apuesta, y cosas así por el estilo.

Al terminar de desayunar, Ángel pidió algo para llevar y fue al carro mientras yo pagaba.

― ¿Y entonces? ― me recargué en la puerta del auto antes de entrar ― ¿Qué más pedirás? Dilo de una vez para pensar cómo te lo daré― ya sabía que me iba a pedir sexo.
― Quiero que finjas ser mi novia todo el día― soltó con tranquilidad desde la silla del copiloto.

Me costó mantener la quijada en su lugar. También mi corazón que, curiosamente, saltó de manera brusca en mi pecho.

― ¿Perdón?― pregunté completamente descolocada.
― Lo que escuchaste, quiero que finjas ser mi novia, que llevamos mucho tiempo juntas, que me amas y te mueres por mí, sin exagerar claro, no tienes que inventar historias que no hemos vivido ni nada, sólo actuar como si el mes y pocos días que nos conocemos fuera más de un año y me amaras como a nadie en el mundo― explicó.

Creo que di varios pasos atrás. ¿Eso incluía sexo?

― No tienes que darme sexo, una relación no se basa sólo en eso― dijo.

Confirmado. Había creado un monstruo capaz de ponerse en mi contra y yo, jurando que no era capaz, le había dado todas las herramientas que necesitaba para hacerlo. Incluso parecía adivinar lo que pensaba.

― ¿Te vas a negar?― se aventuró levantando una ceja.
― ¡Claro que no!― repliqué sorprendida por la velocidad de mi propia e impertinente lengua.

Levantó la otra ceja y cruzó los brazos.

― ¡Ya que! Te dije que sería tu esclava, aprovecha antes de que me arrepienta― advertí subiéndome al carro ― ¿Vamos? Quiero quedarme largo rato en la piscina contigo, mi vida― dije cambiando por completo la expresión, tomando el papel de “la novia”.

Me miró sorprendida. ¡Aleluya! Por fin lograba esa reacción en el día.

Se subió al carro y tomé rumbo hacia uno de los pueblos cercanos donde el clima era más cálido..
Cuando salimos del pueblo y ya estábamos, oficialmente, en carretera, aceleré cuanto dio el carro. De verdad quería tomar el sol. Eran las ocho y media de la mañana, pretendía llegar al pueblo a las nueve y media.

Y bien, ¿Cómo actúa una novia? Es decir, ¿cómo actúa una chica cuya pareja es otra chica? Esa sí era una muy buena pregunta.
Había tenido algunos amantes, hombres y mujeres pero, solamente había sido novia oficial de Jhon ―aunque no lo crean―,
Pensé en las películas y me parecía demasiado empalagoso, así que opté por comportarme como lo hacía con Jhon. Claro que Ángel de hombre no tenía nada pero ni modo.

Cuando tomé la palanca de cambios para acelerar más, estire la mano y tomé la suya entrelazando nuestros dedos. Me miró inexpresiva pero cerró un poco los dedos.

La iba a dejar conducir, de esa forma podría recargarme en ella, darle besos y hablarle pero, con la velocidad que llevaba no era recomendable. No sabía si ella podía manejar esa velocidad y, en caso de que tuviéramos la mala suerte de ser descubiertas por un oficial de carreteras, la multa sería peor si ven que quien conduce no tiene licencia.

Después de varios peajes* y exactamente una hora de viaje, llegamos al pueblo.
El aire caliente y el olor a piscina nos invadieron poco antes de que llegáramos al poblado gracias a los clubes que se amontonaban a lado y lado de la carretera.
Yo no llevaba protector solar, ni bronceador, ni vestido de baño, y si no conseguía las dos primeras cosas rápido tomaría un color camarón espantoso. Ángel no se preocupaba por eso, su piel era de esas que se vuelven doradas con el sol. Aquello era de las pocas cosas que le envidiaba.

― No traes tu vestido de baño puesto ¿cierto?― me aseguré. Si me respondía que sí me empezaría a preocupar. No me gustaba ser tan predecible, ni siquiera para ella.

Soltó la risa.

― No, pero podemos comprarlo, tu tampoco traes el tuyo, ¿o sí?― insinuó.
― No pensé que terminaría en este lugar de estar en clase de química― respondí tratando de ocultar el sarcasmo.

Dejamos el carro parqueado frente a una tienda de trajes de baño y nos metimos en el local.
Apenas estuve a su lado, la tomé de la mano de nuevo. Tengo que reconocerlo, el papel no me disgustaba del todo y eso me preocupaba. La diferencia entre dos amigas que se toman de la mano y una pareja, es que la segunda entrelaza sus dedos. Por eso descubrí a las arpías sin que ellas se dieran cuenta de lo que hacían.

Rápidamente elegí un traje de dos piezas negro sencillo. Ángel eligió uno blanco similar.

― ¿Desean probárselos?― preguntó la chica que nos atendía.

Ángel negó con la cabeza.

― Yo sí, siempre tengo problemas con la copa del sostén― mentí.

Entre en el vestier y me puse el traje. Apenas salí, “mi novia” no pudo evitar abrir más los ojos.

― ¿Te gusta?― inquirí posando para ella.
― Me gusta cómo te ves― contestó.

Me sonrojé. Algo en su mirada y su expresión me descolocó ―por segunda vez en el día―. No era normal en mí sonrojarme.

― Bueno, entonces me lo llevo― corté regresando al vestier.

Cuando me pidió que fingiera ser su novia pensé que lo hacía con la intención de humillarme.
La noche anterior le había demostrado que podía controlarla a mi antojo y que todo el asunto de la apuesta lo estaba usando para vengarse. Pero esa mirada, esas palabras, no eran pervertidas como muchas veces se notaba en Jhon, eran sinceras. Ángel estaba más enamorada de mí de lo que realmente creía y yo no podía corresponderle. No porque no pudiera, pues era cuestión de dejarme caer, literalmente, en sus brazos y listo, sino porque ella no merecía a alguien como yo. Nunca le seria fiel, o por lo menos en esta etapa de mi vida era lo que menos me importaba, ser fiel. Además, era claro que en su casa no sabían nada de sus gustos “vegetarianos” por las mujeres y yo no iniciaría una disputa familiar. No es que tuviera miedo porque sin problema Ángel se pondría de mi parte y cuando quisiera podría humillar a la familia, alejarla de ella, etc. Pero, simplemente, no me interesaba. También estaba la cuestión de la escuela donde todos se enterarían de mis gustos y mi grado de popularidad se podría ver afectado. Las arpías, que nunca reconocerían que se revolcaban todo el tiempo en casa de la morena, usarían la situación a su beneficio, oportunidad que tampoco pensaba darles. Y al final, aunque era capaz de manejar todos los contras, sólo quería tener una amiga, una amiga con derechos, buen sexo, alguien en quien confiar como por variar, un hombro para llorar si quería. Dentro de toda mi maldad soy humana, para mi gran desgracia, aunque muchos lo duden en ocasiones, Ángel incluida.


Me quité el traje y salí del vestier.

― ¿Vamos? Quiero aprovechar el día contigo― dije tomándola de la mano de nuevo.

La chica de la tienda nos miró raro. Ángel sonreía cada que eso pasaba. Al parecer lo disfrutaba bastante. Más que demostrarle que era su novia y que la amaba, quería que todo el mundo lo supiera.

Buscamos un buen club para quedarnos hasta que anocheciera y cuando por fin lo encontramos, pedimos una habitación para dejar nuestras cosas, cambiarnos y demás.

Dentro de la habitación tuve nervios. Ambas nos desvestimos frente a la otra para ponernos el traje de baño. ¿A qué hora se dignaría a pedirme sexo?
Claro, no fue en ese momento. Dejamos todo ahí y fuimos a la piscina.
El agua estaba en el punto perfecto y sin problema me lancé en clavado.
Me encantaba ir a piscina.
Ella fue más cuidadosa y bajó por las escaleras que estaban en un extremo.
Corrección, me encantaba “bucear”. Todo el tiempo nadaba debajo del agua, era como si el aire no me hiciera falta. Era un sueño frustrado de sirenita ¿y qué?

¿Por qué me comportaba tan infantil?

Moviéndome debajo del agua llegué frente a Ángel y salí dejando mi rostro cerca del suyo.

― Hola mi vida…― dije colgándome de su cuello.

Sonrió y me abrazó por la cintura para pegarme más a tu cuerpo.

― Hola, ¿te gusta la piscina?― preguntó hundiendo su cabeza en mi hombro para darme suaves besos.
― Me encanta― respondí echando la cabeza a un lado para darle más libertad con mi cuello.
― Que bueno― comentó de nuevo mirándome.

Retiró un mechón mojado de mi rostro y me acarició la mejilla.

― Te ves muy sexy― declaró y seguía sin sonar pervertida.
― Yo siempre me veo sexy para ti― comenté sintiendo como me quemaban las mejillas. ¿Desde cuándo me sonrojaba tanto?

La apresé con mis piernas.

― Cárgame― pedí con voz infantil.
― ¿Y a donde quieres que te lleve?― inquirió sosteniéndome de las piernas.
― Yo voy contigo hasta el fin del mundo si quieres― declaré escondiendo mi rostro en su hombro.

Me pregunté si de verdad estaba actuando o me estaba dejando caer en sus brazos. Dejarme caer no era difícil, sólo…debía…dejar de pensar…

Se rio y me dio un beso en la mejilla.

― Voy por algo de tomar, ¿quieres?― curioseó soltándome.

Por un segundo me dolió lo que hizo.

― Una Coca Cola― respondí poniendo los pies en el suelo para no hundirme.
― Ok― y se alejó.

Apenas la vi salir de la piscina y darme la espalda, me sumergí y empecé a nadar tanto como pudiera sin tomar aire, hasta que me doliera el pecho.
Me negaba a amarla, simplemente no era posible, lo arruinaría todo, pero ¡MALDITA SEA! Que ganas tenía de hacerlo…

¿En serio había pensado eso?

Para cuando regresó, mi máscara de ternura estaba de nuevo en su lugar. Se veía encantada y eso sólo me atormentaba más.

Durante el almuerzo jugamos a que yo no sabía comer y ella me daría cada bocado ―fue su idea, no la mía―, luego me tomé un tiempo para broncearme. A diferencia de ella, yo necesitaba la ayuda de un bronceador para eso, no tenía su maravillosa piel dorada. Sólo me quedé bajo el sol el tiempo justo para tomar algo de color, un minuto más y me quemo.

Después, fuimos y dimos vueltas por el pueblo, paseamos por un río que pasaba cerca en una de esas lanchas para turistas, nos compramos algunas bobaditas en la plaza central, comimos helado, nos miramos a los ojos por largos minutos en silencio, nos abrazamos como si no pudiéramos vivir sin la otra, nos declaramos amor eterno tantas veces que perdí la cuenta, nos besamos con amor y no con pasión, y etc…

Para el final del día, el regreso a la ciudad fue casi doloroso. Yo no quería que ese día terminara, la estaba pasando muy bien y mientras el día no terminara yo debía continuar con mi actuación. Corrección, no quería que mi actuación se terminara.

Parqueé el carro a dos cuadras de su casa y le clavé la mirada al volante. Los ojos me ardían y no era precisamente por el cloro de la piscina.

― Me vas a hacer mucha falta― dijo tomándome del mentón para que la mirara.

No respondí, mi cabeza estaba hecha un lio.

― Me encantan tus ojos― continuó acariciando mi mejilla.

Me dejé llevar por el gesto.

― La pase muy bien hoy, ojala se repitiera― comentó acercando su rostro al mío.

Me pregunte si yo quería lo mismo. También procuré no escuchar la respuesta.

― Nos vemos el lunes…― finalizó dándome un suave beso en los labios igual al que yo le daba cada vez que quería callarla.

Y lo logró. Yo tampoco dije nada.

La vi salir del carro, caminar hasta su casa, abrir la puerta, entrar y cerrar. No sé cuánto tiempo me quedé ahí.


El lunes en la mañana, después de meditarlo todo el fin de semana, estaba dispuesta a ceder.

La recogí como siempre, le tomé la mano mientras conducía y le sonreí cada que la miraba. Estaba caminando hacia el precipicio para dejarme caer.

Al entrar a la escuela, parqueé en mi lugar de siempre, nos bajamos y, de nuevo, la tomé de la mano.

― Sólo tenías que fingir el viernes, ya pagaste tu apuesta― me recordó.
― ¿Y qué pasa si quiero seguir fingiendo? ¿Qué pasa si se me antoja dejar todo botado por ti? Estaba pensando en romper con Jhon y volverme tu novia oficial, ¿Qué piensas?― pregunté tan aturdida por mis propias palabras que ni siquiera noté que Ángel no me miraba. ¿Cómo era posible que escupiera todo eso? ¿Acaso me había vuelto loca? Esa no era yo. Esa tonta que se estaba enamorando de su juguete sexual no era yo. Era alguien mejor…
― Aja, sí, sólo era hasta el viernes, nos vemos después ¿sí?― dijo confundida.

Me soltó y se alejó como si nada. Inconsciente, di un paso al frente pero mi cerebro me hizo reaccionar a tiempo.
Oficialmente acababa de quedar como una estúpida.

Pero mi ira fue peor cuando la vi acercarse a otra chica, una pelirroja de ojos verdes y piel pálida con un corte de cabello bastante raro. Claro, lo que me dio rabia no era la belleza de la tipa, sino la forma como Ángel la observaba. En sus ojos estaba el mismo brillo que yo había visto el viernes sólo que mucho mas grande.






*Padawan: Son los niños aprendices de los Jedi en Star Wars
*Peajes: Son puntos de pago ubicados a las afueras de las ciudades. Debes pagar si quieres cruzarlos.
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Toshino Kyoko
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   22/10/2011, 09:00

jeje actualizaciones bien, ehhhhhhhhhhh, somos unas pekeñas Padawan jeje
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Daphne Viassús
Ubicandose
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   17/11/2011, 12:07


CAPITULO 14


VENGAZA



Its hard to believe that it came to this
You paralysed my body with a poison kiss
For 40 days and nights I was chained to your bed
You thought that was the end of the story
Something inside me called freedom came alive
Living in a world without you

You told me my darling
Without me you're nothing
You taught me to look in your eyes
And fed me your sweet lies

Suddenly someone will stare in the window
Looking outside at the sky that had never been blue
Oh there's a world without you
I see the light
Living in a world without you
Oh there is hope to guide me
I will survive
Living in a world without you

Its hard to believe that it came to this
You paralysed my body with a poison kiss
For 40 days and nights I was chained to your bed
You thought that was the end of the story
Something inside me called freedom came alive
Living in a world without you

You put me together
Then trashed me for pleasure
You used me again and again
Abused me, confused me

Suddenly naked I run through your garden
Right through the gates of the past and I'm finally free
Oh there's a world without you
I see the light
Living in a world without you
Oh there is hope to guide me
I will survive
Living in a world without you

Its hard to believe that it came to this
You paralysed my body with a poison kiss
For 40 days and nights I was chained to your bed
You thought that was the end of the story
Something inside me called freedom came alive
Living in a world without you

Its hard to believe that it came to this
You paralysed my body with a poison kiss
For 40 days and nights I was chained to your bed
You thought that was the end of the story
Something inside me called freedom came alive
Living in a world without you

Oh there's a world without you
I see the light
Living in a world without you
Oh there is hope beside me
I will survive
Living in a world without you
Living in a world without you
Living in a world without you
Living in a world without you
Living in a world without you


Living in a world without you – The Rasmus


ÁNGEL

No escuché lo que me dijo después de que le pedí que dejara de actuar como si fuera mi novia.
Vi algo a lo lejos, un cabello rojo con un corte parecido al de los dibujos anime y unos ojos verde esmeralda que habían penetrado mi alma semanas atrás.

No podía creerlo.

Corrí hacia ella soltando un “hablamos luego” para Danielle sin prestarle atención a su respuesta.

― Hola― le dije llegándole por detrás.

Pegó un brinco que la dejó cinco pasos lejos de mí.

―Tranquila, soy yo, Ángel, ¿me recuerdas?― pregunté acercándome lentamente.

Me miró con los ojos muy abiertos. Se veía muy bonita con su cara de terror.

― Sí…sí te recuerdo― dijo tartamudeando y bajando la cabeza.
― ¿Cómo estás?― inquirí sonriéndole. No podía creer que estuviera ahí.
― Bien…― no me miraba, estaba nerviosa, se le notaba bastante.
― No sabía que estudiabas aquí― comenté invitándola a que siguiéramos caminando.

No se movió.

― Acabo de entrar, me trasladaron de mi anterior escuela porque nos mudamos― respondió incapaz de mirarme a los ojos.

Estaba tan endulzada por su presencia que no caí en cuenta de lo aterrada que ella se veía.

― ¿Pasa algo malo?― curioseé levantándole el rostro por el mentón.
― Este…no…es sólo que…bueno, soy la chica nueva― rió con muchos nervios.
― No te preocupes, yo te puedo servir de guía― la invité.

Se alejó un paso.

― Tengo la impresión que mi presencia te molesta― comenté ya sintiéndome mal.
― Sí… ¡NO! Es que…― bajó el rostro ― es sólo que… pues… no sé si recuerdas…
― Sólo recordaré lo que tú quieras que recuerde― interrumpí.

Me miró sorprendida pero aliviada.

― No supe nada de ti después la fiesta― comenté señalándole que debíamos entrar.
― Sí…este…bueno…tú sabes…― dijo caminando.

No, no sabía.

Apenas cruzamos la puerta, muchas miradas se posaron en ella. ¿Y cómo no? Era hermosa.

Sonrojada hasta más no poder, bajó la cabeza, tomó la capota de su chaqueta y se la puso para cubrirse.

― ¿Por qué te da tanta pena?― pregunté sin saber hacia dónde la llevaba.
― Es que todos me miran…― soltó en voz baja.
― Están acostumbrados a lo de siempre, tu eres como aire fresco porque eres muy bonita― comenté.

Se detuvo y me miró.

― ¿Qué pasa?― inquirí girándome para encararla.

No respondió.

― ¡WOW! ¿Pero quién es este rubí?― de inmediato reconocí la voz de Danielle detrás de mí.

Creo que salté cuando sentí su presencia. ¿Cuándo entró?

Kyra no dijo nada cuando la porrista le quitó la capota de la cabeza.

― Hola, soy Danielle Bonnet, ¿y tú eres…?― le extendió la mano. Venía acompaña de las arpías.

Pude notar los celos en la mirada de Ximena, la arpía mayor, puesto que el cabello de Kyra era de un rojo mucho más encendido que el suyo ―la primera lo tenía de un rojo que iba hacia lo castaño, mientras que la segunda se acercaba más al color de la sangre con un tono de dorado―, y el color de sus ojos, los de Kyra, eran el de una esmeralda pura, pero ella, Ximena, los tenía con tonos grises cerca de la pupila verdes en los bordes.

― Soy…Kyra…Kyra Malek― respondió sonriéndole con nervios.

Ya me tenía preocupada. Parecía que en cualquier momento se iba a desmayar.

― Tranquila lindura, aquí no comemos gente― dijo Danielle ― bueno, no la comemos de esa manera― agregó acercándose para susurrarle a modo de confidencia.

Kyra soltó una risa baja por el chiste que, al parecer, la desestresó un poco.

Creo que tuve celos de que Danielle lograra eso.

― Vamos nena, ¿Dónde tienes clase?― curioseó.

Antes de que la pelirroja pudiera responder, la rubia ya tenía la hoja en sus manos. ¡Que manos tan lisas!

― Veamos… ¡VAYA! ¡Tienes el mismo horario que Ángel y yo!― juro que hasta sonaba sorprendida.

Me aclaré la garganta para llamar su atención.

― La estas asfixiando― solté levantando la ceja.
― ¿Te estoy asfixiando, lindura?― preguntó mirando a Kyra.
― No…― respondió ella. No iba a responder otra cosa y Danielle lo sabía.
― Vamos a llegar tarde, yo te muestro dónde queda el salón― le invitó tomándola de gancho.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza y me puse frente a ellas.

― Déjame que yo me encargue― le ordené a la rubia.

Me sorprendió que Kyra la soltara para hacerse a mi lado.

― Es que ya nos conocemos, quiero adelantar chisme― mintió la pelirroja sonriéndole con amabilidad.

La porrista oculto su rabia.

― Claro, pero te espero en mi mesa durante el receso― declaró alejándose seguida por sus escoltas.

Kyra me miró y soltó un suspiro que tenía guardado.

― ¿Debo preocuparme por alguien como ella? Se ve que es bien tenaz― comentó ya más relajada.
― No mientras estés conmigo― prometí.

Se sonrojó. Era algo demasiado fácil de lograr.

― Vamos, tenemos clase― dije ofreciéndole mi brazo.

Lo miró por varios segundos y luego empezó a caminar rechazando mi gesto.

Ignoré la situación y caminé a su lado.

― Si dices que te mudaste, ¿Dónde vivías antes?― pregunté buscando conversación.
― Fuera de la ciudad― respondió saliéndose por la tangente.
― Ahm…ya, ¿y por qué te mudaste?― inquirí.
― Mi madre consiguió un trabajo aquí― contestó sin mirarme buscando el salón por su propia cuenta.
― ¿Cómo sabes en cuál salón nos toca si Danielle se llevó tu horario?― curioseé cayendo en cuenta de que ella me guiaba por el camino correcto.
― Ya sé de memoria los salones donde tengo clase― reveló justo cuando llegamos a la puerta.

Oculté la sorpresa y la invité a entrar.

El salón enmudeció ante su presencia.

Danielle ya estaba en su silla de siempre con dos sillas vacías a su lado. ¿Por qué seguía sin sorprenderme?

― ¡Aquí! ¡Kyra y Ángel!― exclamó moviendo los brazos para llamar nuestra atención.

Hasta asco me daba su actitud de chica amigable porque, lo peor de todo, no era fingida. Danielle era así con todo el mundo a menos que alguien intentara ponerse contra ella.

Durante las primeras clases no pude más que mirar a Kyra. Estaba demasiado feliz por su presencia, era, como dije, aire fresco.
Claro, en mi cabeza seguía rondando lo sucedido el viernes pasado con Danielle, la forma como actuamos ese día y, técnicamente, lo que vivimos juntas. Se sintió muy bien, era un sueño hecho realidad, y lo digo en sentido literal. Pero el sueño se acabó esa misma noche. La porrista me puso muy en claro que lo nuestro no era nada serio, ni ahora ni nunca, y ya con mi sueño cumplido, no me quedaba más que olvidarlo.

Kyra era ese salvavidas, era esa chica que había conocido en una fiesta y que se quedo rondando en mi cabeza por días. Era diferente.

Desde el viernes cuando vi la expresión que Danielle hizo por el pago que pedí a la apuesta supe que me había convertido en otra persona. Porque lo reconozco, además de querer cumplir mi sueño, quería verla a ella hacer lo que yo le pedía.


A la hora del receso, las arpías nos esperaban a la salida del salón. Algo que nunca hacían.

Kyra no se separó ni un segundo de mí y yo no me separé ni un segundo de ella. Dejarla sola con la rubia era arriesgar demasiado.

Nos sentamos en el lugar de siempre, y a los pocos minutos, Jhon y David llegaron.

― Hola osita― le dijo el capitán a la porrista.
― Hola― respondió esta besándolo.

Me sorprendí a mi misma no blanqueado los ojos al ver esto.

― Mira, te presentó a Kyra Malek, es nueva― soltó.
― Mucho gusto― saludaron los basquetbolistas.

David hizo lo propio y se sentó al lado de Kyra. No supe cuándo paso, pero yo terminé sentada al otro lado de la mesa junto a las arpías y Danielle frente a nosotras con Kyra, Jhon y David.
A veces se me olvidaba lo astuta que podía ser la rubia.

Ya le iba a dar un mosdisco a mi durazno cuando Danielle apareció a mi lado.

― ¿Me acompañas al baño?― preguntó.

Miré a mi alrededor. Las arpías no estaban, Jhon tampoco, y Kyra estaba entretenida con David. ¿Cuándo paso todo eso?

― Vale, ¿Por qué no?― respondí de manera retórica.

Muy disimuladamente me llevó a los baños más alejados de la cafetería.

Apenas entramos, cerró la puerta con seguro y me acorraló contra el lavamos.

― ¿Qué pasa?― pregunté fastidiada como siempre que se mostraba con esa actitud.
― ¿Quién es la chica?― inquirió sonriendo con malicia.
― La conocí en una fiesta― respondí cruzando los brazos al pecho.
― Aja… ¿y por qué tanta cercanía con ella?― insistió.
― Simplemente me cayó bien, eso es todo― defendí.

Levantó una ceja. Señal de que no me creía.

― Ok, nos besamos, pero fue algo rápido, no seas malpensada― solté para quitármela de encima.
― ¿Y te gustó?― curioseo abrazándome. Descruzó mis brazos y subió sus manos por mi espalda.
― ¿Ella o el beso?― dije buscando ganar tiempo.
― Ambas…― contestó algo enojada. Si había algo que odiara era que intentaran jugar con su inteligencia.
― Ambas― revelé.

No mostró emoción alguna.

― Ya veo…― susurró en mi cuello.

Un escalofrío me activó la espalda y de inmediato sacudí la cabeza para quitarme la sensación.

― Es muy bonita― reconoció ahora metiendo sus manos debajo de mi blusa.
― Sí, lo es, pero te quiero lejos de ella― ordené tratando de ignorar su toque.
― ¿Por qué? ¿Te dan celos?― cuestionó lamiendo el lóbulo de mi oreja.
― Para nada, sólo no quiero que la corrompas― repliqué apretando los puños.
― ¿Corromperla? ¿Te refieres a que me la lleve a la cama?― presionó. Sabía que intentaba jugar con mi cabeza y no pretendía dejarla.
― No podrías llevarla a la cama, es inmune a tus encantos― declaré confiada.
― Nadie es inmune a mis encantos― cortó besándome.

Sonreí para mis adentros, y sonreí bien grande. Oficialmente, me estaba convirtiendo en otra Danielle.

La tomé por la cintura y la levanté para cambiar nuestras posiciones. La senté en el lavamanos para quedar yo libre y saqué sus manos de mi blusa.
Antes de que pudiera hacer algo, metí mis manos bajo su blusa, desabroché el sostén, y le quité todo el conjunto de un tirón.

Su rostro reflejaba la malicia y felicidad que esto le generaba. Que inocente…

Tomé uno de sus senos y lo empecé a besar y a morder suavemente, luego el otro mientras acariciaba sus piernas.

La sentí removerse ya excitada, gimiendo bajo y enterrando sus uñas en mi espalda.

Desabroché el botón de la falda que llevaba puesta ese día y la deslicé por sus piernas. Sin darle tiempo, le quité una a una las medias de malla que tenía, y mientras lo hacía, pasaba mi lengua por su piel. Estaba en su punto.

De repente, me detuve, la tomé por el mentón, la miré y le dije:

― Vamos a aclarar algo, mi hermosa Danielle― inicie y su expresión se fue convirtiendo, lentamente, en una mueca de ira y sorpresa ― Tú y yo ya no tendremos sexo, yo sé que hay mucha lujuria y todo lo demás, pero hasta aquí llegamos, y te puedes ir vistiendo mientras te lo metes en la cabeza― dije haciendo un esfuerzo sobrehumano por no soltar la carcajada.

Estaba que echaba chispas, pero seguía sin moverse.

― Nos vemos luego― finalicé saliendo del baño.

Tuve que morderme los labios para no carcajearme en el camino.
La había dejado desnuda y más que dispuesta en el baño del colegio. Llena de ira, pude escucharla gritar cuando ya estaba varios metros alejada y ahí si solté la risa.

Cuando regresé a la mesa, ya todos estaban de nuevo ahí y me miraron acusadores.

― Danielle se quedó en el baño, es que de verdad tengo hambre y me regresé― comenté dándole un mordisco a mi durazno.

Pude notar, en la expresión, que Kyra fue la única que no me creyó.


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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   17/11/2011, 20:29

Exelente XD
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kannaa
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   22/12/2011, 02:12

como me encanta esta hostoria
espero con ansias la continuacion
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Toshino Kyoko
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   22/12/2011, 11:54

alguna historia navideña??? con una Danielle sexy?? jeje q kieres q te diga tu personaje de Danielle me encanta es una cabro... jeje pero me encanta, a ver a ver q trae mama noel yo pido una buena continuacion jeje
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Yarina
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   29/12/2011, 18:30

Wowwww1 continualo pronto porfis!!! esta genial
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 03:05

CAPITULO 15

VOLUNTAD

Ayer me dijiste que tú me querías
Pero todo fue mentira
Ayer me dijiste que tí me querías
Pero todo fue mentira
Ayer tú heriste la vida mía
Y que grande fue la herida
Ayer tú heriste la vida mía
Y que grande fue la herida
Si tú no me quieres dime lo que sientes
Pero dímelo de frente
Si tú no me quieres dime lo que sientes
Pero dímelo de frente
Que a mí lo que me da rabia es eso
De no saber lo que sientes
Que a mí lo que me da rabia es eso
De no saber lo que sientes
Y si tú me pagas con eso
Yo ya no te doy más de esto amor
Y si tu me pagas con eso
Yo ya no te doy más de esto amor
Ayer me dijiste que tu volverias
Pero todo fue mentira
Ayer me dijiste que tu volverías
Pero todo fue mentira
Ayer tú dijiste mil tonterías
Que acabaron con mi vida
Ayer tú dijiste mil tonterías
Que acabaron con mi vida
Y si tú me pagas con eso
Yo ya no te doy más de esto amor
Y si tu me pagas con eso
Yo ya no te doy más de esto amor
Te di lo que tuve solo por un beso
Y no conseguí ni eso
Te di lo que tuve solo por un beso
Y no conseguí ni eso
Mentira mentira mentira mentira
Todo lo tuyo es mentira
Mentira mentira mentira mentira
Todo lo tuyo es mentira
Y si tú me pagas con eso
Yo ya no te doy más de esto amor
Y si tú me pagas con eso
Yo ya no te doy más de esto amor

La paga – Juanes


DANIELLE

Creo que, por un segundo, supuse que haría eso. Un segundo antes de hablar estoy casi segura de que por mi cabeza cruzó esa posibilidad.
Ahí estaba, casi desnuda sobre los lavamanos del baño, dispuesta a tener sexo, más caliente que un sartén con aceite, y sola. Me tomó un minuto calmar la lujuria, cerrar los ojos y respirar lentamente. Debía encontrar mi punto Zen ―o alguna pendejada de esas― para regresar a la normalidad.
Ya con la lujuria controlada, me cubrió la ira. Ya estaba vestida y sólo veía mi reflejo en el espejo. Juro que los ojos se me pusieron negros y que un aura negra me rodeaba. ¡Lo juro! Pero también me calmé, porque quien se deja llevar por las emociones fuertes, pierde el control. De nuevo, cerré los ojos, respiré lentamente, busqué mi punto Zen y regresé a la normalidad. Obvio las cosas no se iban a quedar así. OBVIO Ángel caería ante mí, como siempre.

Arreglé mi cabello, la ropa, modelé un poco para mí misma, y salí.

Mi ausencia fue evidente en la mesa. Sólo David coqueteándole a Kyra hablaba, los demás estaban callados mirando a diferentes direcciones.

― Kyra, lindura, fíjate que en una semana realizaremos un baile para que el equipo de basketball obtenga la mitad de los fondos para los viajes que deben realizar durante el campeonato― comenté quitando a David con una mirada y sentándome al lado de ella.

Ángel me fulminó con la mirada.

― Aja… ¿y?― preguntó ella. Algo en el tono que uso me sorprendió pero, le resté importancia.
― ¿Qué tan buena eres en decoración?― inquirí sonriéndole.
― Muy buena, de hecho― admitió sin modestia.

Alexandra me fulminó con la mirada. Ahora todos se ponían de dignos conmigo…

― Perfecto, quiero que ayudes a Alexandra con toda la decoración, el tema es una mascarada de Venecia― dije.
― ¿Quieres que la ayude?― repitió levantando una ceja.

Y ahí me di cuenta de la persona que tenía en frente. Miré a los demás, ninguno lo notó.

― Sí, espero que no te moleste― insistí presionándola, quería saber hasta dónde podía llegar.
― Para nada…― de inmediato bajó la cabeza pero a mí no me engañaba.

Contenta con la respuesta, le di toda mi atención a Jhon. Ximena y Alexandra hablaban entre ellas, y Kyra con David. Ángel quedó sola en la mitad de la mesa.
Con mi plan sólo había un problema: la nueva tenía el mismo horario que mi amante y yo. Ok, no un problema, una molestia.

― Deberías venir esta tarde a mi casa para darte toda la idea de la fiesta― comenté a Kyra.

Ángel, que jugaba con su celular, levantó la vista de inmediato.

― Pues… no sé…― la pelirroja clavó la mirada en su comida, meditabunda.
― ¡No!― exclamó la pelinegra.

Toda la mesa dirigió su atención a la de ojos grises.

― No, no…yo tengo que pasar esta tarde, dijiste que me ayudarías con lo de matemáticas, no voy a dejar que te distraigas con esas bobadas de la fiesta cuando yo debo pasar el examen con la nota más alta para recuperar las anteriores notas perdidas, hazle una lista escrita o mándale un mail― escupió.

Apreté los labios para ocultar la risa. Tal vez aprendió uno que otro truco pero, nunca sería igual a mí. Ella seguía siendo el ratón y yo una linda minina hambrienta.

― Ok, como digas, soy toda tuya esta tarde, cálmate, no perderás matemáticas, yo me encargo de eso― respondí y la pelinegra captó el doble sentido de inmediato. Me hizo un gesto de sonrisa forzada y miró hacia otro lado.

De nuevo se hizo el silencio. ¿Desde cuándo mi mesa era tan callada? No me tomó mucho tiempo entender el por qué. Todos notaban en Kyra algo que los enmudecía, algo que no entendían y que yo me encargaría de que no entendieran nunca.

― Tienes un cuerpo muy bonito, tenemos una vacante en el equipo de porristas, ¿quieres?― me animé a preguntarle.

Alexandra y Ximena me abrieron los ojos como si esperaran que les echara gotas. Ellas querían ese puesto para alguien más.

― ¿Que si quiero qué?― repitió sorprendida.
― Ser parte de MI equipo de porristas― las arpías captaron la idea y se calmaron.

La pelirroja las miró por unos segundos, seguramente, notando su reacción.

― ¿Estás segura que puedo entrar? ¿No habrá ningún problema?― curioseó bajando la voz como si no quisiera que el duo dinámico la escuchara.
― Yo soy la capitana, yo elijo quien entra, y quien sale, ¿has estado en una cuadrilla antes?― inquirí. Aquel era un dato importante.
― ¡Claro!― saltó.

Mi amante ―porque todavía era MI amante―, que se suponía estaba concentrada jugando con el celular, levantó una ceja y la regresó a su lugar en menos de un segundo.

― Perfecto, las audiciones son mañana, muéstranos tus mejores saltos y veremos si quedas o no― declaré.

La nueva no dejaba de sonreír. Me pregunté si de verdad era así de inocente con todo o simplemente quería ser inocente.
En clase, Ángel me ignoró olímpicamente. Todo el tiempo se la pasó hablando con la pelirroja como una cotorra. Creo que por primera vez extrañé no tener a las arpías cerca. Pero sobreviví.
Estábamos en clase de sociales y el tema era los diferentes métodos de tortura usados durante la inquisición: la dama de hierro* ―mi favorita―, el potro*, cama de estiramiento, el garrote*, el taburete de Judas*, pinzas para arrancar uñas de las manos y los pies, la santa trinidad*, etc. Me imaginé a Kyra en todas y cada una de las fantásticas maquinas que mencionó la profesora. Pero luego me ocuparía de la nueva. Sabía que no me causaría mayores problemas, todavía, así que procuraría encargarme de Ángel y sus delirios de rebelión.
Después de clases, a las cuatro en punto, pasé a la casa de mi amante para recogerla.
Sin muchas ganas de entrar, toqué la bocina un par de veces para llamar su atención. Se asomó por la ventana.

― ¿Ya ni siquiera te dignas a timbrar?― preguntó.
― No tengo tiempo para tus caprichos, vamos― ordené.

Cerró la ventana y minutos después salió con un morral donde imaginé estaban sus cuadernos para estudiar. ¿Hablaba en serio? Al parecer era más ingenua de lo que creía.
No hablamos mucho en todo el camino a mi casa. Ella miraba hacia otro lado pensando en la pelirroja ―sonreía de vez en cuando― y yo no iba a rogarle por atención. Ya me daría toda la atención que quisiera más tarde.

Dejé el carro fuera de la casa y entramos.

― ¿Quieres algo de comer?― curioseé invitándola a la cocina.
― ¿Por qué siempre que vengo me ofreces comida?― inquirió sentándose frente a la barra de comer.
― ¿Lo hago?― fingí hacerme la inocente.
― ¿Me vas a dar comida con droga o algo así?― cuestionó.

La mire tan mal como pude.

― No seas ridícula, si te revelé mi secreto es porque no pienso usarlo en ti― repliqué con las manos en la cintura.

Lo meditó por unos segundos.

― ¿Quieres o no algo de comer?― insistí.
― ¿Qué tienes?― preguntó estirándose para tratar de ver dentro de la nevera que yo mantenía abierta.
― No sé, de todo, si no hay, pido domicilio, es lo de menos― respondí encogiendo los hombros.
― ¿Tienes duraznos?
― Claro, son tus favoritos― saqué uno y se lo pase.

Para mí saqué un pedazo de pizza de la noche anterior y lo puse en el microondas.

La cotidianidad de la situación me molestó un poco pero no lo demostré.

― ¿Comenzamos?― le invité.

Ella le dio un mordisco a la fruta mientras sacaba el cuaderno de matemáticas y dos lápices. Me pasó uno y me alcanzó la libreta en la página del tema que no entendía.

― ¿Funciones lineales?― pregunté aterrada.

¿No podía preguntarme algo más complicado? No no era una genio en matemáticas.
Oculté el suspiro y leí las fórmulas, el truco era ese. Todo se podía resolver siempre y cuando siguiera la formula. No era una genio pero porque no se me daba la gana de serlo. En pocos minutos entendí lo que tenía que hacer y se lo expliqué paso a paso. Al principio le costó un poco, como a todos, pero ya luego le fue cogiendo el ritmo hasta que comprendió el tema a la perfección. Corrección, todos podíamos ser unos genios en matemáticas, lo que pasa es que no se nos daba la gana de serlo.
Cansada de tantos números ―y sólo había pasado una hora―, me estiré en la silla como si fuera un gato recién levantado.

― ¿Algo más que no entiendas?― inquirí abriendo de nuevo la nevera. Saqué limonada y la serví para ambas con un poco de hielo.
― No, eso era lo único― contestó guardando todo.

Se echó el morral al hombro y se puso de pie. Pensaba irse.

La dejé caminar hasta la puerta y luego me interpuse en su camino.

― ¿Para dónde crees que vas, lindura?― pregunté recargándome contra la puerta.
― Para mi casa― respondió manteniendo la calma.
― Tú me debes algo― le recordé.
― Yo no te debo nada― defendió.
― Yo creo que sí…― insistí.

Me acerqué para besarla pero me empujó contra la puerta.

― Entiende Danielle, esto se acabo― declaró.
― No se acaba hasta que yo lo decida, creo que ya te lo había puesto en claro― dije en tono amenazador.

Mi semblante la hizo retroceder un paso. El único que necesitaba.

― Tú y yo somos amantes, y sé que no te arrepientes, así que olvidemos lo que pasó hoy en el baño y pasemos una tarde agradable, ¿te parece?― sugerí caminando hacia ella, y ella caminando lejos de mi.
― ¿Por qué no llamas a tu novio?― preguntó levantando una ceja.
― ¿Celosa, querida? Pero si soy toda tuya, te lo dije hoy― comenté.
― Por favor Danielle, nunca dejarías a Jhon por mí― se quejó.

No, ya no lo haría.

― Es que somos amantes, no pareja― aclaré.
― Entonces no eres toda mía― insistió.
― En la cama lo soy― corté.

La besé antes de darle tiempo de defenderse.

Mi acción la hizo caer en el sofá y yo me senté sobre ella.

Al principio no respondió mi beso e intentó alejarme pero, para su gran desgracia, ser porrista requería de un estado físico óptimo y mucha fuerza para realizar las pirámides y las piruetas. Finalmente, cedió. Cuando dejó de usar la fuerza, metí mis manos por debajo de su blusa, con un desliz de mis dedos desabroché su sostén, y con un rápido movimiento, le quité todo lo que llevaba puesto en la parte superior.

Ni siquiera pudo resistirse.

Continué con mi trabajo. No tenía tiempo para deleitarme con mi poder sobre ella.
Tomé sus senos y los acaricié, besé sus pezones y los mordí suavemente. Pasé mi lengua entre ellos y la subí por la clavícula hasta alcanzar su cuello y morderlo.
Se tensionó un momento y cayó rendida. Aquel era su punto débil, después de ahí ya no tenía que esforzarme en nada más. Me detuve y la miré. Si algo no podía evitar ella era perderse en mis ojos y yo, para su grandísima desgracia ―valga la redundancia―, lo sabía. Yo sabía todo de ella y ella muy poco de mi, por eso no importaba cuanto me aprendiera, seguía siendo la aprendiz.
No soportó la quietud y me besó de nuevo. Me tomó por la cintura y me acostó en el mueble para luego hacerse sobre mí. En menos de nada me desvistió y, claro está, yo la desvestí a ella. No me iba a estrellar dos veces contra el mismo poste. Le noté ciertos achaques de control cuando me tomó por las muñecas y me obligó a poner los brazos sobre mi cabeza sosteniéndolos con su mano.

¿Sadismo? Los juguetes necesarios también se podían pedir a domicilio.

Pronto no lo soportó y metió sus dedos entre mis piernas. Me encorvé hacia atrás y dejé que se ubicara para excitarme. Por una fracción de segundo analicé su expresión. Le fascinaba verme excitada, era como si algo dentro de ella se prendiera, disfrutaba con cada uno de mis movimientos y se concentraba en lo que hacía con la intención de calentarme más y más. Pero yo no quería disfrutar sola.
Con algo de dificultad liberé mis manos. Tomé uno de sus brazos y la acosté a mi lado. Mientras ella acariciaba mi clítoris, yo jugaba con sus pezones y poco a poco fui bajando hasta ubicar mis dedos en su punto de placer máximo. Nos siguió una orquesta de nuestros propios gemidos, los de ella más bajos que los míos. El cuerpo nos empezó a temblar, los dedos se quedaban quietos por centésimas de segundo, los latigazos en la espalda anunciaron una cercana explosión, el sudor nos perló la piel y, de repente, un corrientazo por todo el cuerpo nos hizo gritar con más fuerza. Habíamos tocado cielo.
Tuve que quedarme quieta por un momento para recobrar la conciencia y el aliento y, de paso, limpiarme las lágrimas que por el orgasmo habían salido de mis ojos.
Ángel parecía apenas estar empezando, pues no dejó de besarme y acariciarme ni un segundo. Empezó a morder mi hombro bajando por el brazo hasta mis senos, luego mi ombligo y de ahí la cadera. Se detuvo por un momento y continuó por la parte interior de mis piernas, pasando su lengua y mordiendo de vez en vez.
Todavía no me reponía del orgasmo cuando sentí su lengua dentro de mí. El gemido salió por sí solo y en menos de nada todas las células de mi cuerpo se alborotaron.
Al principio no supe cómo reaccionar. ¿Sexo oral? Eso era nuevo en ella. Ya luego dejé de razonar porque la excitación no me dejaba pensar en nada más. No tardé mucho en llegar y tuve que hacer acoplo de toda mi fuerza de voluntad para no derramarme en su cara. Acto que significó sostener el orgasmo por casi un minuto.

¡Bendito sea mi Ángel!

Ahora sí, completamente muerta, cerré los ojos. Mi amante se acostó a mi lado y se me quedó mirando mientras con su dedo índice repasaba la línea que hacia mi clavícula.

Disimuladamente dejé escapar el líquido que mi intimidad había acumulado a causa del orgasmo.

― ¿Cómo puedes hacer esto?― preguntó.

¡Por favor! Apenas y podía respirar, ¿y ella quería hablar?

― No es justo― se quejó cuando vio que no le respondí usando el tono de “te estoy hablando”.
― Deja las cosas así por la paz― pedí sin moverme ni abrir los ojos.
― No quiero― replicó.

OK, aparentemente no se dignaría a dejar el tema hasta ahí.
Suspiré por paciencia cuando supe que no podría disfrutar mi momento para regresar a la temperatura normal.

― ¿Qué quieres saber exactamente?― inquirí girándome.
― ¿Por qué te esmeras en someterme?― cuestionó.
― Nadie te puso un arma en la cabeza― encogí los hombros.
― Ambas sabemos que no necesitas un arma― cortó.

La miré directo a los ojos. Sabía a la perfección que lo único que había en los míos era una profunda y venenosa ira, pero ella no lo notaría. ¿Y en los suyos? Confusión. Se notaba a kilómetros. No entendía cómo podía terminar, literalmente, entre mis piernas cuando había determinado no hacerlo.

― Soy bruja― contesté.
― También sabemos que eso es mentira― insistió.
― ¿Qué quieres que te diga? Simplemente sé usar mis encantos y ya― dije finalmente ya medio fastidiada por su estúpido interrogatorio.
― ¿Te parece justo? ¿No crees que tengo derecho a tener amigos? ¿Amigas? Tú tienes novio, ¿Por qué yo no puedo estar con otra persona?― replicó.
― Porque no se me da… ¡LA REAL GANA DE QUE LO TENGAS!― espeté descontrolada. Yo no actuaba así.

Por un momento pensé que daría media vuelta y se marcharía pero, no lo hizo. Se quedó mirándome todavía sin dejar de mover su dedo en mi clavícula.

― No eres mi dueña― dijo con tranquilidad.
― No me gusta que estés con nadie más, no me gusta que mires a Kyra como me mirabas a mí, no me gusta que le hables, no me gusta que estés detrás de ella ni de nadie, eres mía hasta que a mí se me de la regalada gana de que dejes de serlo, ¿entendido?― declaré.

¡Vamos Danielle! ¿Desde cuándo tan descuidada? No estaba pensando con la cabeza en ese momento.
Ángel levantó una ceja y me dio varios segundos para calmarme antes de decir algo.

― He ahí el problema, yo no soy de tu propiedad, si me buscaste fue porque era diferente a los demás, porque no era “tu propiedad”, ¿lo olvidaste?― recordó.

Bufé.

― Por eso mismo no quiero perderte…― susurré y luego la besé con ternura para distraerla.

Aceptó el gesto y me abrazó.

― No te voy a dejar, somos amigas ¿no?
― Con derechos…― aclaré.
― Con derechos― acordó.
― ¿No te alejaras de mi para irte con Kyra?― curioseé poniendo cara de cachorro.
― Te juro que no lo haré― mintió besando mi frente.

¿Me creía así de ingenua? Pero lo dejé pasar. Como dije, ella siempre seria el aprendiz. Puse mi cabeza en su pecho y la abracé por la cintura para quedarme dormida.



*La dama de hierro: Era un sarcófago en posición vertical. En el espaldar y las puertas tenía filosas púas que se enterraban en lugares específicos del cuerpo para no lastimar ningún órgano y, por el contrario, causar una muerte lenta.
*El potro: Era una especie de rueda donde amarraban al acusado con los brazos en la parte alta y los pies en la parte baja, luego, se gira.
*El garrote: Era una especie de collar de hierro con una manivela, a medida que se cerraba, rompía las vertebras cervicales y mataba de inmediato.
*El taburete de Judas: El acusado era suspendido de brazos y piernas sobre una pirámide de hierro, luego, se le dejaba caer sentado sobre la punta de la misma.
*La santa trinidad: Era una máscara que se calentaba al rojo vivo y se ponía en el rostro del acusado.



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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 03:06

CAPITULO 16

SENTIDO DE PROPIEDAD


Yo te amo mas que a nadie

Voy tratando de cambiar mis impulsos sobre ti
Y no voy a permitir que me traicione el corazon
Voy tratando de entregar, para hacerte mas feliz
No podria continuar si no te tuviera aquí

Y alejarme, significa un suicidio
Yo te amo mas que a nadie
Y sin ti jamas vivire (2X)

Todo cambia de color
Cuando estas cerca de mi
Porque llenas mi interior
Y me arrancas el amor

No quisiera ni pensar
Lo que me podria pasar
Si intentaras terminar
Para mi no hay nadie mas

Y alejarme, significa un suicidio
Yo te amo mas que a nadie
Y sin ti jamas vivire (2X)

Voy tratando de cambiar mis impulsos sobre ti (7X)


Mis impulsos sobre ti – Aleks Syntek

ANGEL

Cuando salí de la casa de Danielle ya era de noche. Me pareció un sueño todo lo que había sucedido adentro, el sexo y la discusión. Sobre todo la discusión. La porrista estaba completamente descolocada. Me atrevo a decir que, incluso, descuidada. Pero yo no tenía excusa tampoco. ¿Por qué, cuando había determinado terminar mi “relación” con ella, caigo de nuevo? Su respuesta no me convenció. No era algo que ella controlara en mí, era algo que yo desconocía de mí misma. Y ¿ya qué? Ya me había revolcado con ella, ya le había prometido no sé cuantas cosas, ya no me quedaba más que llorar sobre la leche derramada.

Estaba a punto de cruzar una avenida cuando una voz, que reconocí de inmediato, me saludó.

― ¡Hola!― dijo Kyra con su natural efusividad.
― Hola…― respondí medio sorprendida, ¿Qué hacia ella por aquí?
― ¿Para dónde vas?
― Para mi casa, ¿y tú?
― Neh…estoy dando una vuelta― encogió los hombros.

El semáforo cambio de color.

― Este…bueno, nos vemos mañana ¿no?― soltó con pena viendo que yo debía pasar.
― Me puedo quedar dando vueltas contigo un rato, si no te molesta― me ofrecí.
― Ahm…este… ¡claro!― contestó medio nerviosa.

Nos quedamos mirando en silencio por unos segundos.

― ¿Y bien? ¿Por dónde caminaremos?― pregunté al notar que ella no hablaría.
― ¡Ah sí! No sé… ¿por aquí?― señaló la primera cuadra que encontró.

No dije nada y encogí los hombros para demostrarle que me daba igual.

Las primeras casas fueron incómodamente silenciosas. Ella caminaba con la cabeza gacha con las manos en los bolsillos de la chaqueta mientras que yo miraba al frente con los pulgares en los bolsillos del jean. Me di cuenta que antes de Danielle yo caminaba de esa forma.

― ¿Y qué hiciste hoy?― me aventuré molesta por el silencio. Otro vicio que Danielle me había pegado.

Se sobresaltó cuando escuchó mi voz.

― ¡Nada! No tuve nada que hacer, revisé el correo que me envió Danielle, pensé un poco en cual decoración se podría usar y ya, no tuve nada más que hacer, claro que dormí toda la tarde con mi Feo pero nada más, es que en mi casa no hay mucho que hacer, la señora María se encarga de arreglar la casa, lavar la ropa, cocinar, hasta de limpiar la arenera del Feo se encarga, así que no tengo mucho que hacer, y como acabo de ser transferida de escuela tampoco tenía deberes por hacer, y menos conozco a alguno de mis vecinos como para salir con ellos y bueno, ese fue mi día, y por eso decidí salir a dar una vuelta― comentó y al final tomó aire porque ya no le quedaba.

Abrí los ojos con sorpresa de lo mucho que puede decir una persona sin respirar.

― ¿Y tú? ¿Qué hiciste?― curioseó sin mirarme.
― Este… no mucho, pues… tuve que arreglar la casa, lavar los platos del almuerzo y luego, como a las cuatro, Danielle me recogió para lo de matemáticas― declaré.
― ¿Y acabas de salir de allá?
― Sí
― ¿Todo eso se demoraron estudiando matemáticas?― cuestionó con un tono que se me hizo extraño.
― Es que no entendía absolutamente nada, soy muy mala para las matemáticas― mentí.
― Ah…

De nuevo silencio.
Iba a comentar algo cuando un trueno ahogó mis palabras.
Ambas nos quedamos paralizadas por el estruendo y, justo cuando parecía que estábamos reaccionando, se soltó el aguacero.

¡Que bueno que llevaba una mochila impermeable!

― ¡Hey! ¿Lo recuerdas?― preguntó tan efusiva como siempre pero muy cerca de mi rostro.

Mantuve la compostura. No me moví, no me sonroje.

― ¿Recordar qué?― inquirí mirándola directo a los ojos.
― Que cuando nos conocimos también estaba lloviendo y nos mojamos― respondió sonriendo sin alejarse.
― Ah sí… lo recuerdo, claro que hay otras cosas que me hacen recordar― bajé un poco mi rostro para acercarlo al de ella.
― ¿Sí?― sonrió con nervios.
― Sí― afirmé acariciando su mejilla ya empapada.
― ¿Cómo qué?― estaba completamente sonrojada.

Sonreí grande. Se le notaba lo endulzada que estaba, tenía la respiración lenta, la piel erizada, los ojos muy abiertos y la boca cerrada con suavidad. Había logrado que cayera en mis redes. Me acerqué los centímetros que hacían falta para besarla pero, justo antes de lograr mi cometido, algo paso y ella se giró; abrió los brazos y levantó el rostro como quien agradece la lluvia.

Momento, ¿redes?

― ¿No te parece genial mojarte?― curioseó mirándome con cuatro pasos de distancia.

Al parecer todavía no era tan buena en el arte de la seducción como Danielle.

― Es divertido, si quieres pescar un resfriado― comenté encogiendo los hombros.
― Te da un resfriado cuando pasas de un clima frio a uno cálido muy bruscamente, cuando te estés secando en casa procura hacerlo sin tanta prisa, y los días siguientes debes tomar cítricos, así evitas un resfriado después de mojarte― explicó.

Me tomé un momento para reponerme mientras dejaba que la lluvia golpeara contra mi rostro. ¿Qué tenía esta chica que me gustaba tanto?

― Quiero comer helado, ¿vamos?― invitó.

Levanté la ceja sin moverme.

― Helado… ¿mientras llueve?― cuestioné cruzando los brazos.
― Sí, ¿Qué tiene de malo?

Lo meditó.

― ¿Nada?― dije finalmente. Qué más daba…

Ella procuró caminar dos o tres pasos alejada de mí pero sin ignorarme. Caminaba para atrás o me hablaba mientras saltaba en algún charco.

Tenía que reconocer algo, y es que, dentro de todo, Danielle me gustaba. No sólo por el sexo, aunque era algo importante, sino también por otras cosas, cosas que todavía no definía pero que sabía estaban ahí. Tal vez lo maquiavélica, el hecho de que me prestara atención a pesar de ser tan diferente a ella, o su cuerpo, lo rubia. ¡Yo qué sé!

Pero Kyra…
…Kyra era otra cosa.

Me costaba un poco creer en tanta inocencia, pero no tenía nada más de ella, sólo su inocencia. Ella y Danielle eran completamente diferentes, la primera era un ángel, la segunda un demonio.

― ¿Qué sabor te gusta?― preguntó y caí en cuenta de que ya estábamos dentro de la heladería. Todos, los pocos que había, nos miraron raro por estar empapadas.
― Chocolate― respondí seca.
― ¡OK! Dame uno de dos bolas de chocolate y otro de una bola de vainilla y otra de brownie con una cubierta de chocolate caliente― ordenó sacando el dinero.
― ¡Espera! Yo puedo pagar el mío― interrumpí buscando la billetera dentro del morral.
― No te preocupes, luego me invitas a comer otra cosa― dijo recibiendo el cambio.

No repliqué. Era como hablar con una pared de dulzura. Como no había mesas libres, nos sentamos en la entrada para comernos nuestros conos. Por un segundo sospeché que se untaría toda de la crema. Por primera vez se quedó en silencio. No lo digo porque me molestara, simplemente me sorprendió un poco.
Cuando acabamos de comer, ella saltó de su lugar casi asustándome y me miró con las manos en la espalda.

― ¿Seguimos?― preguntó.
― ¿A dónde?― ni siquiera sabía que era hora. ¿Las ocho?
― No sé, por ahí― encogió los hombros.
― ¿Y eso donde queda?― inquirí poniéndome de pie.
― No sé…

¿Tenía opción? No, la verdad no. Si quería conseguir lo que quería ― valga la redundancia ― tenía que quedarme con ella esa noche.

Empezamos a caminar, de nuevo, con rumbo a “por ahí” que queda cerca de “no sé”. Al principio, como al principio, hubo silencio. Luego, una dos o tres cuadras después, yo solté un comentario que pensé la haría hablar.

― ¿Y qué pensaste para la mascarada?― curioseé.
― Tengo muchas ideas pero todavía no las ordeno, hoy consultaré con la almohada y te cuento mañana― respondió guiñándome un ojo.

¿Qué tenía ella? Era confuso. ¿Por qué no seguía mi vida sexual con Danielle y ya? ¿Por qué nunca me pude sacar de la cabeza un beso con una desconocida?
Llegamos a un parque ―yo odiaba los parques― y ella corrió a los columpios.
Se subió y empezó a columpiarse con fuerza. Me senté en el que estaba a su lado y me moví con suavidad sin dejar de mirarla.

― ¿Qué sentiste cuando nos besamos?― me aventuré a preguntar.

La alegría que mostraba por su juego pareció desaparecer de inmediato. Fue frenando tan rápido como pudo y me miró.

― Nada― reveló para luego empezar a moverse al mismo ritmo que yo.

¡Auch!

― ¿Nada?― repetí seriamente ofendida.
― Aja…― afirmó jugando con sus pies en el aire.

Detuve el columpio y la miré.

― ¿Entonces? ¿Por qué saliste corriendo de esa forma? ¿Por qué te sonrojas cada vez que te hablo?― cuestioné.

Ella también se detuvo.

― Porque…― agachó la cabeza al punto en que el cabello le cubrió el rostro ― pues… porque… ¡por nada!― escupió saltando del columpio.
― Eso es mentira― reclamé. Sin darme cuenta ya estaba frente a ella más cerca de lo normal.

Dio varios pasos atrás.

― No creas que me conoces, Ángel― replicó con un tono que por unos segundos me chocó.
― Nunca he dicho que lo hago― corregí sin moverme, quería darle su espacio.
― Entonces no digas que es mentira lo que te digo― exigió.
― No seas infantil― dije.

Sólo dos segundos más tarde caí en cuenta de mis palabras. Kyra estaba que echaba humo.

― Lo siento… no quise decir eso― me acerqué un paso y ella se alejó otro.
― Claro que sí lo quisiste― concluyó.
― No me refería a todo, sólo a lo último que dijiste, me pareció infantil, no digo que tú seas infantil― intente corregir.
― Sé que me ves como una niña, no soy ninguna estúpida― replicó.

Suspiré igual que la porrista.

― Eso lo estás diciendo tú, no yo― defendí.
― No te laves las manos― reclamó dando un paso al frente con rabia.

Me acerqué y la tomé por los brazos.

― ¡No me lavo las manos! ¡Sólo quiero saber qué sentiste!― exclamé.

Perdón, ¿Qué estaba pasando?

― ¡Nada! ¡No sentí nada!― repitió sacudiéndose.
― ¿Entonces qué es todo esto?― pregunté confundida.
― Yo…no tengo ni la menor idea― respondió bajando la voz y el rostro.

Ni yo.

¿Qué quería saber? Es decir, no quería saber que sintió ella, quería saber por qué yo, aunque no lo podía olvidar, tampoco había sentido mayor cosa.
Pero eso no lo diría en voz alta. Y entonces le tomé el rostro por el mentón y lo levanté.

― Quiero saber que es todo esto…― susurré y pegué mis labios a los suyos.

Fue como un corrientazo en cada una de mis células, y algo de mariposas en el estomago. Se sintió como algo necesario, algo que mi cuerpo deseaba, más que el sexo.
Poco a poco el beso se profundizó. Ella se colgó de mi cuello y yo la tomé por la cintura. Era suave, lento, como las fresas con chocolate o las trufas*.

Nos separamos casi con dolor y nos quedamos mirando diciéndonos todo con ese simple gesto. Tal vez antes no sentimos nada pero, ahora sí. La primera vez fue un beso prácticamente accidental, en esta ocasión fue una necesidad.
La “velada” terminó ahí. Ella tomó camino hacia donde fuera que viviera y yo me fui a mi casa. Ignoré los reclamos por la hora y me encerré en mi habitación.

¡¿QUÉ DIABLOS HABIA SIDO TODO ESO?!

Las ideas que tuve al principio, todo lo que había planeado para “tenerla”, mis quejas mentales, todo, ahora se veía más claro que el agua: me estaba convirtiendo en otra Danielle. Claro que eso ya lo suponía pero no había caído en cuenta de cuáles eran los aspectos exactos que había copiado de ella.

Y…

…ese beso…



Mi cabeza estaba completamente en blanco.

Danielle tenía razón en algunas cosas, y es que ella me gustaba como algo más que sexo aunque nunca se lo reconociera en la cara y, en algunas ocasiones, tampoco me lo reconociera mentalmente. Era una especie de necesidad por lo prohibido, por ella. Pero con Kyra era casi lo mismo, una NECESIDAD de ella, de esa ternura, de ese calor. Si yo era fría, Danielle era el polo norte, y la única forma de calentarla era, literalmente, excitarla, poner mis dedos dentro de ella y calentarla en el sentido más vulgar de la palabra. Sólo así se sumía por completo, se hacía un ovillo entre mis brazos y se convertía en una criatura de eterna ternura. Pero eso me gustaba…

…ambas me gustaban…

Al principio de la noche le había jurado a Danielle quedarme con ella y olvidar a Kyra, le hice un contrato verbal por terminó indefinido de ser su amiga con derechos. ¿Por qué?

Porque…
…porque, por unos breves segundos, noté algo de celos en sus palabras. Tuve vagas esperanzas de ser la verdadera dueña del corazón de la rubia. El problema era que Danielle no tenía corazón, o por lo menos no uno que fuera fácil de amar.

Y al final de la noche todo mi cuerpo me rogó por nunca abandonar a Kyra, por hacerla mía, MI NOVIA. La palabra era grande, estaba en mayúscula.
El sentido de propiedad por una persona se me había pegado de la porrista pero mentalmente lo veía diferente. Eran celos porque alguien pudiera intentar acercarse a Kyra. Los mismos celos que la rubia confesó sentir cuando alguien se acercaba a mí.
Tenía la cabeza al borde de una erupción volcánica del tamaño del Etna* y mis ojos parecían no tener la intención de dejarme dormir.
Igual, ya conocía la conclusión de todo esto; las quería a las dos, de maneras diferentes pero las quería y, por ende, me quedaría con ambas. Punto.



*Trufas (Truffle): Son unas bolitas de chocolate, la mayoría de ocasiones es chocolate amargo, rellenas de otros dulces, otros tipos de chocolates, y cubiertas de más chocolate xD
*Etna: Volcán ubicado en la isla de Sicilia en Italia.





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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 03:08

CAPITULO 17

LA MASCARADA (PARTE 1)

You'll never understand,
the meaning in the end,
we're standing at the gate,
you'll meet the darker fate,
your purity and rage,
your passion and your hate,
you promised more than bliss,
with your God and with your kiss,
I'm on my knees,
I beg your mercy,
my soul is my loss,
I'm well hung from your cross.
Take me,
take me in your arms my love and rape me,
don't hide behind your rage
I know you love me,
and always will,
you're my possession,
of that my love there really is no question,
don't hide behind your rage
I know you love me
and always will,
my better half it's true
has seen the darker side of you,
innocence stripped away,
at least I've the brighter fate...

Kiss – Cover de Dope Stars Inc.



KYRA

Y llegó el día de la mascarada.

Estaba contenta por todo lo que había logrado con Alexandra. El gimnasio de la escuela parecía la plaza de San Marcos. Había varios bufones, malabaristas y chicos en sancos para divertirnos. Nos costó mucho sacar todas las graderías, casi un día completo con la ayuda de todos los del equipo de basketball, futbol y béisbol. Pero lo logramos. Sólo dejamos una adentro; en la parte más alta estaría el DJ con un escritorio enorme que le pusimos para las tornamesas, los discos y algo de comer. En la parte más baja estaría la barra de bebidas y comidas que dos chicas se encargarían de atender; en el centro de la mesa había una figura en hielo de Jhon, el capitán del equipo de basket, con un balón como si estuviera saltando para hacer un lanzamiento de tres puntos. Eso fue idea de Alexandra, no mía.
Danielle había pagado las impresión de las invitaciones y en el lugar estarían personas ajenas a la escuela, entre ellos, algunos patrocinadores que ella se encargo de conseguir. No había que ser muy brillante para saber que esa chica con más poder del que tenía sería un peligro. Si es que ya no lo era.

Los disfraces, por el tema de la fiesta, eran de lo más colorido, pomposo, extraño y costoso del mundo. Pero se veían geniales…

Cuando entré a la fiesta, todos posaron su mirada en mí. Estaba usando un vestido negro de principios del 1700, las mangas llegaban a los codos y de ahí se abrían en campanas con encaje. El corset era negro con tejidos plateados y el escote era recto pero bastante bajo con un moño negro en el centro. El antifaz que estaba usando era blanco; tenia la forma del murciélago de batman pero con más puntas en la parte de abajo y la decoración era como de pequeñas garras o espuelas en las puntas, como las alas de un murciélago. Estaba usando un sombrero negro de tres puntas parecido al del comodoro Norrington* pero con encaje plateado en los bordes y plumas blancas en el lado izquierdo. Lo único que le daba color a mi traje era mi cabello rojo que había rizado un poco y que dejaba caer a ambos lados de mi cuello.
Identifiqué a Alexandra y Ximena porque ambas llevaban exactamente el mismo traje, sólo que la primera lo usaba de color azul rey y la segunda de color rojo intenso.
Danielle llegó cerca de las nueve de la noche como la mayoría de los invitados. No me sorprendí, en absoluto, cuando vi que su traje era exactamente igual al mío, pero blanco. Se notaba a leguas lo parecidas que éramos.
Después de ella, me era imposible identificar a los demás invitados. El carnaval de Venecia, o las mascaradas, fue una fiesta que se inventaron los burgueses para mezclarse con el pueblo sin ser reconocidos. Exactamente lo mismo estábamos haciendo nosotros, mezclándonos todos con todos sin saber quiénes éramos. Muchos usaban máscaras venecianas con plumas, decorados, etc; otros usaban antifaces, también con plumas, a veces de un solo color o con decorados como el mío.

Tengo que reconocer que Danielle se veía esplendida. Su antifaz, al contrario del mío, era negro, y su cabello, también rizado, lo había pintado de blanco, salvo unas puntas que se dejó negras.

Me pregunté si la chica ya se había dado cuenta de quién era yo. O sea, se notaba en los trajes, pero me picaba la curiosidad. Había notado que su cabeza era más rápida de lo normal, era alguien, seguramente, maquiavélico. Mientras que yo usaba el traje negro con antifaz blanco para intentar pasar desapercibida sin dejar de ser elegante, ella usaba el blanco con antifaz negro para deslumbrar y, aun así, seguir siendo misteriosa.

Tuve algo de celos pero, no muchos. Así como ella se veía perfecta, yo también.

Llegadas las diez de la noche no tenía ni la menor idea de donde estaba Ángel. No había olvidado nuestro beso en el parque. La semana siguiente a ese beso fue atareada. Danielle y Alexandra me ocuparon en la decoración y yo me dejé absorber porque lo estaba disfrutando. No tuve ni un segundo libre para hablar con ella.

Ese beso fue explosivo, para ambas pero, yo no estaba dispuesta a tanto. O, por lo menos, no todavía. Apenas estaba conociendo a la pelinegra, ya suponía que entre ella y Danielle hubo algo raro, como también estaba completamente segura de que entre Alexandra y Ximena definitivamente había algo. Pero, igual, me tenía ansiosa su presencia. Antes de mudarme yo era la reina, ahora sólo la chica nueva, y no tenía intenciones, ni deseos, de volver a coronarme. Ser la chica nueva estaba bien para mí.

¡Ah sí! También entré al equipo de porristas.

― Vaya… que predecible eres Danielle, un traje negro igual que tu alma― dijo Ángel detrás de mí.

Me giré para encararla y me encontré con… Casanova.
A diferencia de las demás mujeres, ella parecía más cómoda con un traje para hombre. Era el mismo traje, rojo con decoraciones doradas, encaje blanco, chorrera blanca, medias del mismo color, peluca burguesa con un moño negro, zapatos negros y capa negra, que uso Heath Ledger en la película de Casanova durante la escena en que se encuentran en el primer baile del carnaval de Venecia. La única diferencia era que su antifaz era de un negro sencillo suspendido en el rostro por un cordón negro y no lo cargaba en la mano como en la película.

Y sí, me encantan las películas.

Por un momento pensé en hacerme pasar por Danielle. ¿Cuánto tiempo le tomaría darse cuenta de que no lo era?

― ¿Y qué con ese cabello? Pensé que adorabas tu rubio natural― comentó segundos más tarde.

La tentación era grande, pero no.

― No soy Danielle, soy Kyra― corregí bajando el rostro.

Casi pude tocar su expresión de terror.

― Lo…lo siento Kyra, es que…no te reconocí― excusó sonriendo nerviosa.

¿Qué le daba nervios? ¿Qué estuvo a punto de decir algo comprometedor?

― No te preocupes, esa es la gracia de la fiesta, que no nos podamos reconocer los unos a los otros― comenté restándole importancia.
― Te ves muy bonita― soltó acariciándome la mejilla para elevar mi rostro.

El gesto me sonrojó un poco y tuve que morderme el labio para disimularlo un poco.

― ¿Te parece que mi alma esta negra como el vestido?― pregunté a modo de reto.
― En tu caso, para nada, te ves elegante, no malvada― respondió.
― ¡Que bueno! ¿Quieres bailar?― le invité ya jalándola a la pista.

<<<****>>>

DANIELLE

¡Vaya! ¡Que sorpresa! Kyra tenía exactamente el mismo traje que yo pero versión black. Eso sólo confirmaba lo que ya sospechaba. Esa chica era de todo menos inocente.

Pero le resté importancia. Si el traje hubiera sido del mismo color seguramente me habría encolerizado pero, ella era negra y yo blanca, ella elegante y yo esplendorosa. Ambas igual de hermosas.

Jhon, a mi lado, venía disfrazado como el amante de María Antonieta, Hans Axel von Fersen. Y lo reconozco, se veía extremadamente guapo.

El problema de la mascarada, y tal vez la razón por la cual algunos trajes se veían repetidos, era que no teníamos muchos referentes, así que todos buscábamos en las películas de época un traje acorde a lo que queríamos. Estaba segura de no haber sido la única que buscó en imágenes de Google “Carnaval de Venecia” “María Antonieta” “Casanova” “Orgullo y prejuicio” “El fantasma de la Opera” “Piratas del Caribe” “The Tudors” “Las hermanas Bolena” etc. Podía jurarlo.

Aunque nadie se reconocía entre sí, yo sí podía diferenciar a muchos. Azrael vestía como el de V de Vendetta, lo supe por su forma de caminar y de hablar. No tenía nada que ver con un carnaval de Venecia pero, al menos, cumplía con lo de la mascarada. A lo lejos también distinguí a las arpías, demasiado obvias con sus vestidos iguales pero de diferente color. David estaba al otro lado del gimnasio acorralando a una chica que no pude ver pero, supe que era él por el enorme anillo de Masón que heredó de su padre; vestía como el protagonista de Orgullo y Prejuicio. Y así con muchos otros. A Kyra la reconocí por el color de cabello y su peculiar forma de hablar bajando el rostro. ¿Por qué alguien como ella bajaría tanto el rostro?

Y claro, mi hermosa Ángel, mi amante, estaba con ella. Vestía como Casanova y se veía muy bien. En un vestido pomposo como el mío o el de las arpías no quedaría para nada bien. No era su estilo.

Que irónico que se disfrazara de Casanova. ¿Lo habría hecho con o sin intención?

También noté como entre esas dos había una conexión rara. La pelinegra se veía especialmente encantada acariciando el rostro de la pelirroja.

Sí, claro, “nunca te dejaré”. PFF… POR FAVOR, un niño puede mentir con más credibilidad que ella.

¿Qué pasa Danielle? ¿Celos?

No, bueno sí, pero no tantos. El chico más apuesto de la escuela estaba a mi lado, ¿Por qué habría de sentir celos cuando muchas estaban celosas de mí?

― Osita, ¿quieres algo de tomar?― preguntó dándome un suave beso en los labios.
― Oh no…no te voy a soltar para que las demás chicas aprovechen sus antifaces para caerte como buitres, vamos los dos por las bebidas― respondí.

El soltó la carcajada.

― Parece que estas de buen ánimo hoy, ¿Qué hice para ganarme esto?― inquirió mientras caminábamos.
― Lo dices como si fuera una tirana contigo― me quejé.
― Tal vez no una tirana pero llevas un buen tiempo distante, creo que tienes un amante― comentó.

Y yo también solté mi carcajada, metálica y estridente.

― Si te tengo a ti, ¿para qué querría una amante?― bromeé.
― ¿Una?― cuestionó confundido.

Bajé el rostro un poco para que el sombrero de tres puntas me cubriera el rostro y la expresión de: “ERES UNA COMPLETA ESTUPIDA”.

― Está bien, UN amante, lo siento señor del DRAE*― excusé y, aparentemente, funcionó.
― No se… a veces pienso que no te conozco, es decir, sé que eres bruja y otras cosas pero, parecen superficiales― declaró pasando su mano por mi cintura para pegarme a él.

¿De verdad se iba a poner existencial?

― ¿Qué más quieres saber de mi? Es decir, sabes que a veces soy muy cariñosa y a veces no, tú sabes que nunca tuve a mis padres cerca para mimarme, no soy la persona más mimosa del mundo― llegamos a la barra.
― No me quejo por eso, me refiero a que últimamente te la pasas mucho con Ángel, y yo sé que estas harta de las arpías pero, ¿también te tienes que alejar de mí?― se recargó de espaldas a la barra con los codos sobre esta.

Suspiré.

Le tenía cierto cariño al chico; llevábamos dos años juntos, después de casi veinticuatro meses de sexo debía tenerlo.
Pero a veces todo era muy monótono, y yo no me veía como un ama de casa llena de hijos. Tenía mis propias metas, mis sueños. Jhon era ese tipo de chicos que sabes buscan una esposa para toda la vida y una familia feliz como en los comerciales de cereal. Yo no era así. Nunca lo fui y no pensaba serlo. Es decir, lo quería mucho pero no lo amaba. A diferencia de lo que Ángel seguramente pensaba, él no era un juguete sexual para mí. Jhon, dentro de todo, era una persona con quien la pasaba bien, me gustaban sus atenciones, sus besos y sus abrazos pero, no lo amaba.

― Está bien, ¿Qué te parece si esta noche te compenso todo el tiempo que no he estado contigo?― propuse acercándome con sensualidad.
― Eso suena bastante bien, ¿y cómo lo harías?― curioseó tomándome de la cintura con lascivia.
― Mmm… creo que tengo un par de ideas…― susurré para luego besarlo.

Ángel y yo sólo éramos amantes, por ende, ella podía andar con la nueva todo el tiempo que quisiera, y yo podría estar con mi novio todo el tiempo que se me diera la gana. Porque, al final, Jhon era mi novio oficial, era con quién hablaba por celular hasta pasada la media noche, me quejaba de muchas cosas, sobre todo de las arpías, y otras cosas que los novios hacen.

<<<****>>>

ÁNGEL

Todavía no se me quitaban los nervios por haber confundido a Danielle con Kyra, ¿cómo pude cometer semejante error? Son completamente diferentes.
El disfraz de Kyra me sorprendió, pensé que sería algo que Danielle usaría y por eso las confundí. Ni siquiera se me pasó por la cabeza que pudiera ser la chica nueva cuando vi el cabello rojo rizado.

Se notaba a kilómetros lo poco que las conocía.

Kyra me arrastró a la pista de baile justo cuando el DJ detuvo la música.

― Como esto es una mascarada, vamos a poner algo suave para que las nuevas parejas se conozcan un poco― anunció.

No reconocí la melodía pero era lenta y todos, de inmediato, buscaron pareja.

¿Alguien se habría dado cuenta que debajo de este disfraz de hombre estaba yo, una mujer? ¿Y qué si se daban cuenta? Era una mascarada, podíamos fingir ser lo que se nos antojara porque, al día siguiente, todos regresaríamos a la normalidad.

Ya en la pista, Kyra se colgó de mi cuello y yo la tomé por la cintura. Su cabeza se recargó ligeramente sobre mi hombro y yo llené mis pulmones con su perfume. Tenía que reconocerlo, la ambientación del lugar te transportaba a otro mundo.

― ¿Por qué te gusto?― preguntó susurrando.

Me sorprendí.

― Ahm…no lo sé, son muchas cosas― respondí esquivando sus ojos.
― Dime una― presionó.
― No lo sé… desde que te conocí en esa fiesta, fue algo raro, como te sonrojabas, tu forma de ser, tu inocencia, el beso… no lo sé Kyra― contesté arrugando el entrecejo. Me confundía pensar en ese tipo de cosas, era como pensar en por qué seguía acostándome con Danielle
― ¿Por qué te parezco inocente?― inquirió.
― Pues…a veces…como hablas de tu gato, como te sonrojas, lo juguetona que eres, como hablas, como te expresas, a veces te ves como una niña― intenté explicar enredándome en mis propias palabras.
― O sea, piensas que soy una inmaduro― concluyó,
― ¡NO! No…para nada, sólo…tierna― no sabía cómo explicarlo porque ni yo misma me entendía.

Soltó algo como un “mmm…” y siguió bailando como si nada.

― ¿Quieres algo de tomar?― necesitaba alejarme un momento para pensar.
― Bueno, lo que me quieras traer― contestó sonriendo.
― No tardo― anuncié y la dejé en la mitad de la pista.

Cuando llegué a la barra me encontré con alguien vestida exactamente igual a Kyra pero de blanco. Aparentemente el disfraz era conocido.

― Disculpen― dije.

La chica estaba abrazada a, me imagino, un tipo bastante más alto que iba disfrazado de algo que no identifiqué. Tenía un sombrero negro de tres puntas como el de Kyra con bordados dorados, una capa como la mía del mismo color y con decoración dorada, el traje era, también, dorado con encajes blancos y unas botas militares en cuero más o menos anchas hasta la rodilla.

La pareja se rió antes de moverse.

― Me regalas dos ponches― pedí a quien estaba sirviendo las bebidas.
― Claro― respondió mientras sacaba un par de vasos desechables.
― Nos vemos después, Ángel― soltó la del traje blanco mientras se alejaba.

Sorprendida, me quedé observando la pareja algunos segundos hasta caer en cuenta de quienes eran: Danielle y Jhon. Nunca se pasó por mi cabeza que ella usaría un disfraz blanco como si fuera una virgen inmaculada. Ella, la más malvada de todas, se vestía como una santa paloma. ¡Bah! Eso sí es ser muy cínico.

― Toma― indicó la chica de las bebidas.
― Gracias― tomé las bebidas y regresé con Kyra.

Tenía ganas de jugar un juego que, tal vez, me ayudaría a liberar la tensión que había entre las dos.

― Mucho gusto señorita, ¿me permite invitarle una bebida?― pregunté con voz ronca.

La pelirroja me analizó a través del antifaz.

― Claro, respetable caballero― respondió tomando el vaso. Jugó un poco con él antes de beber.
― Sin ánimos de ofenderla, siento que llamarla señorita es demasiado engorroso para mí, ¿podría conocer su nombre?― inquirí indicándole con un gesto que saliéramos de la pista de baile. Ya habían cambiado la música y ésta empezaba a llenarse.

Kyra esperó a que estuviéramos alejadas del ruido de la pista para responder.

― Mi nombre es Kyra Viassús, ¿y el suyo, caballero? ¿Puedo saberlo?― curioseó.
― Mi nombre es Ángel Jhacomme― revelé inclinándome como si estuviera saludando a una reina.

Se veía un poco perturbada por el juego de “no nos conocemos y somos otras personas”, pero lo ignoré. Quería demostrarle algo.

― No veo que esté acompañada, ¿me permite ser su chaperón?― pedí todavía inclinada pero tomando su mano derecha como si fuera a besar un anillo.
― Dígame, caballero Jhacomme, ¿es usted así de coqueto con todas la mujeres de la fiesta?― cuestionó.

Me aclaré la garganta para seguir hablando ronca.

― Sólo cuando son tan hermosas como usted― declaré mirándola sin levantarme.
― Entonces está bien, aceptaré su petición de ser mi chaperón, siempre y cuando no me deje abandonada por alguna señorita que encuentre más hermosa que yo― manifestó levantando la mano para que yo lo hiciera también.

Noté que sus mejillas estaban casi del mismo color de su cabello y tuve que morderme los labios para no sonreír.

― Me parece imposible encontrar alguien tan hermoso como usted― excusé.
― A mí no me parece tan imposible― comentó tomando otro poco de su ponche.

<<<****>>>



KYRA

Ya sabía para donde iba ese juego de Ángel y no me gustaba para nada. Si seguía con eso me convencería de muchas cosas que no eran ciertas, todavía.
Sin embargo, se sentía extraño jugarlo, pretender ser la dama antigua era algo cansado, dentro de todo me costaba un poco hablar con tanta formalidad. A ratos tenía la impresión de que la lengua se me trabaría.

― Quisiera saber si la he visto antes, ¿me mostraría su rostro, Kyra?― pregunto Ángel ya con sus manos en mi antifaz.
― No, señor Jhacomme― le quité la mano con algo de brusquedad ― esto es una mascarada, se supone que no debemos revelar nuestras identidades― dije bebiendo un poco más de mi ponche. No es que me gustara la bebida, pero era lo único que tenía a la mano para cubrir mi sonrisa, en ocasiones, pícara.
― Pero ya me ha dicho su nombre, ¿no me ha revelado su identidad ya?― insistió.
― ¿Cómo sabe si le he dado mi nombre real?― inquirí juguetona para quemar tiempo, no estaba dispuesta a escuchar las declaraciones de Ángel.
― Me parece que una señorita tan hermosa como usted no sería capaz de mentir con algo tan serio como un nombre― comentó sin ganas de rendirse.
― La inocencia es la máscara más peligrosa, señor Jhacomme, no se confíe de una cara bonita, o bueno, en este caso, no se confíe de un vestido elegante― declaré revelándome por completo.
― Me gusta creer en la buena fe de las personas― soltó antes de tomar de su ponche.
― Está bien, si me divierto lo suficiente con usted, le mostraré mi rostro al final de la fiesta― cedí.

Lo siento, soy física y mentalmente incapaz de no jugar.

― Me ofende Kyra, ¿pone en duda mi capacidad de diversión?― cuestionó sólo para seguir el juego.
― Lo hago, señor Jhacomme― reconocí asintiendo.
― Me parece injusto, pero acepto la apuesta― se inclinó y besó el revés de mi mano.

Cubrí mi rostro con el vaso de ponche, que ya estaba vacío, fingiendo que bebía para no dejarla ver lo roja que me ponía su gesto. Se levantó al mismo tiempo que quitaba el vaso de mi boca y subía mi mentón.

― ¿Sería muy atrevido pedirle un beso?― curioseó acercando mucho su rostro al mío.

Su olor me endulzó de inmediato. La vi acercar sus labios, cerrar los ojos, concentrarse en besarme pero, yo no lo iba a permitir. No era fácil, yo también quería otro beso, lo deseaba como nada en el mundo, sin embargo, ya estábamos jugando algo, cada una tenía su papel y debía seguirlo hasta el final. Fue su idea, no mía.

Con dolor y esfuerzo, di un paso atrás.

Pude notar que por sus ojos cruzó algo de rabia.

― ¿Pasa algo?― preguntó tratando de mantener la compostura.
― No me tome por una cualquiera, caballero Jhacomme, que le permita coquetear conmigo no significa que puede tomarse semejantes atrevimientos― declaré tratando de no sonreír.
― Discúlpeme, estoy algo ansioso esta noche― excuso bajando el rostro.
― Puedo notarlo, pero esperemos a conocernos un poco más antes de hacer algo de lo cual podríamos arrepentirnos― manifesté fingiendo molestia.
― Como usted ordene, Kyra― me hizo reverencia.
― Permítame, debo ir al lavado― dije levantando un poco el vestido y me alejé.

Ángel me ponía nerviosa, su esencia, esa forma de mirarme, de actuar, todo. No quería caer tan rápido en los brazos de alguien a quien apenas y conocía. Claro que el beso de la fiesta fue raro, y el de la noche hace una semana también pero, nada de eso era suficiente. Más bien, no podía ser suficiente, eran muy pocas cosas. Ademas, estaba Danielle. A mó no me engañaba, yo podía percibir quien era ella así como estaba segura de que ella podía percibir quién era yo. Ángel era de su propiedad, casi lo juraba.

Entré al baño y me quedé mirando mi reflejo en el espejo. Me veía muy hermosa en ese traje, el negro contrastaba a la perfección con mi color de piel, ojos y cabello pero, me delataba. Alguien que me conociera sabría que ese color me quedaba perfecto. Es decir, no fue error que Ángel me confundiera con Danielle pues, en algún momento, yo fui como ella.


DANIELLE

Como era normal en una fiesta, Jhon se distrajo en menos de nada con sus amigotes del equipo de basketball. En un extremo del salón colocaron una especie de mini casino, y esta partida de “machos” cayeron redondos en el vicio del poker. Sólo les faltaba fumar habanos y tomar whiskey. Yo ni siquiera me senté, aunque Jhon me lo pidió. Sabía que mi orgullo no me dejaría en paz si perdía algo de dinero, sin importar cuán poco fuera, y esa es la base de la adicción al juego, el orgullo de no perder y considerarse capaz de recuperar todo el dinero perdido.

― ¿Segura que no quieres jugar?― insistió Jhon pasando su mano por mi cintura. Él estaba sentado y yo de pie.
― Completamente segura pero puedo dejarte dinero para que apuestes por mí― respondí sacando varios billetes de la cartera.
― Sabes que no tienes que darme dinero― replicó ofendido.
― No, tranquilo, dejar algo de dinero en esta mesa hará que mis ansias de jugar se calmen― expliqué. Era cierto.
― Pues si quieres jugar, juega, no nos molesta tu presencia― intervino David.
― Es que no quiero caer en la adicción― hice un puchero.
― Está bien, osita, no te voy a presionar, para lo que sea que necesites me buscas ¿ok?― declaró.
― Ok…― susurré dándole un suave beso en la mejilla.

No alcancé a alejarme de aquella zona cuando un Azrael se me acercó para bailar.

― ¿Me concede esta pieza, señorita?― preguntó inclinándose.
― ¿De verdad te ha funcionado esa técnica con alguna chica?― inquirí con las manos en la cintura.

Levantó la mirada pero no el cuerpo, y me analizo de arriba abajo.

― ¿Estas de blanco?― cuestionó aterrado.
― ¿Qué tiene de malo?― y yo me ofendí con la pregunta.
― No sé, pensé que vendrías de negro― se irguió.
― Es un color muy bonito pero me gusta llamar la atención― encogí los hombros.
― ¿Qué haces sola? ¿Dónde está Jhon?― curioseó mirando a mi alrededor.
― Está en el mini casino gastando dinero― contesté medio suspirando.
― ¿Y tú no estás ahí?― Azrael sonaba sorprendido.
― Claro que no, evito al máximo los juegos de azar, estoy segura de que tengo adicción a ellos― repliqué.

Iba a decir algo más cuando, a lo lejos, detrás de Azrael, noté que Kyra se alejaba de Ángel y la dejaba sola.

― Hablamos después, ¿vale?― corté ya rodeándolo.
― No deberías acosar tanto a la pobre de Ángel, le pueden salir garras― comentó mi amigo fingiendo que era algo sin importancia.

Me detuve y lo miré. ¿Cómo sabía él eso?

― Soy más observador de lo que crees― soltó guiñándome un ojo para luego empezar a caminar hacia el mini casino.

Lo analicé mientras se alejaba. Aquello era una completa sorpresa. Pero, le reste importancia y fui con Ángel.
Debo reconocerlo, se veía muy bien metida en ese disfraz. Mi parte vulgar se babeó por un momento.
Estaba cerca de la salida, recargada contra el poste de una de las canchas de baloncesto mirando a los malabaristas hacer trucos con unos pinos.

― ¡Bu!― le medio grité en el oído aprovechando que habían puesto algo de rock.

Salté en su lugar y casi se echa la bebida encima.

― ¿Por qué te asustas? Yo sé que estoy de blanco pero no soy un fantasma― dije sonriendo grande.

Me miró en silencio por varios segundos.

― ¿Por qué de blanco?― cuestionó finalmente.
― ¿Por qué a todo el mundo le sorprende que me vista de blanco?― repliqué, otra vez, ofendida.
― No es un color que veamos en ti― defendió levantando los hombros.
― Pues yo sí lo veo en mi, ¿no te parece curioso que tu amor tenga el mismo traje que yo pero negro?― disparé.

Sé que la tomé por sorpresa. Al parecer ya se había dado cuenta de la similitud pero restándole importancia al color.

― Imagino que debe salir en alguna película― respondió escondiendo su cara con el vaso de ponche que se llevo a la boca.
― Yo no lo saqué de una película…― revelé tomando también de mi ponche pero para esconder la sonrisa.

Hubo una ligera lucha de miradas hasta que ella cedió.

― ¿Qué quieres?― directo al grano…
― ¿Por qué asumes que quiero algo?― ataqué sin piedad.
― ¿Estas enojada porque estoy con Kyra?― curioseó levantando una ceja.
― ¿Por qué habría de estarlo? No has hecho nada que yo ya no supiera, de antemano, que harías― levanté los hombros como ella lo habría hecho momentos antes.
― ¿Entonces?
― Sólo te pongo charla.
― Tú nunca “sólo” haces algo, siempre tienes un motivo.
― Oh… ¡por favor! No me hables como si fuera la peor persona del mundo, habrán peores en alguna parte― solté una ligera risilla.
― Hablo en serio― cortó.
― ¿Qué pasa? Sólo vine a saludarte, vi que estabas sola y aproveché, eso es todo.
― Sí, claro― de nuevo se refugió en su ponche.

La imité y, levantando los hombros, le demostré que me valía madres lo que creyera.

― Entonces… ¿no estás enojada?― ahora usaba el tacto. Esta chica aprendía rápido.
― ¿Por qué? ¿Ya son novias?― una de mis manos ya iba directo a mi cintura pero, sabiendo que esto siempre delataba mi soberbia, la detuve.
― Ese es el plan…―confesó bajando la voz.

Controlé cualquier movimiento de cejas que mi rostro intentara. Aunque tenía el antifaz, entrenaba para situaciones futuras.

― ¿De verdad crees que aceptará?― reté.
― ¿Y por qué no?―defendió.
― Sin saber si se habrá dado cuenta de que tú y yo tenemos “algo”.
― ¿Por qué lo dices?
― Azrael lo sabe, y yo no le dije nada.
― Yo tampoco.
― Bueno, entonces una tercera persona se dio cuenta.
― ¿Insinúas que Kyra sabe?
― Te digo que no lo sé.
― ¿Entonces qué dices?
― Nada, sólo te pregunté si creías que ella aceptaría.
― ¡En fin!― cortó de nuevo.

Se bebió el último sorbo de su ponche.

― Toma el mío, parece que tienes sed― le entregué el vaso y me quedé con el de ella.
― Gracias― debió otro poco.
― Estas nerviosa, ¿cierto?
― ¿Por qué habría de estarlo?
― Porque estoy aquí, con el mismo disfraz que ella, más bien, ella con mi mismo disfraz, me parece que no quieres que me vea contigo.
― No seas ridícula, sabe que somos amigas.

No dije nada y fingí distraerme con uno de los malabaristas que lanzaba fuego por la boca.

― ¿Y Jhon?― inquirió incómoda por el silencio.
― Jugando poker.
― Tan raro que tú no estés jugando.
― No es raro, siempre me mantengo alejada de esos juegos, soy vulnerable a la adicción.
― ¿Más de la que tienes por la cocaína?
― Sí
― ¿Y entonces? ¿Te quedaras sola toda la noche?
― Alguien tan hermoso como yo no se queda sola en una fiesta― repliqué con ganas de sacarle la lengua.
― Parece que esta vez sí, todos están emparejados.
― He visto varios y varias solas
― Pero no quieres que nadie sepa quién eres, así que no te acercarás a ninguno― dedujo. Lo peor de todo es que acertó.

Entendí la función del vaso de ponche.

― ¿Segura que no te molesta que esté con ella?― insistió.
― No, puedes tirártela si quieres, yo estoy con Jhon, tu puedes andar con ella, siempre y cuando no me descuides a mí, no me importa― mentí.
― Me cuesta creer en tu tranquilidad― confesó.
― También te cuesta creer que yo esté disfrazada de blanco pero, ¿Qué le podemos hacer?― dije medio sonriéndole.
― Te convertirías en “la segunda”…― comentó como intentando hacerme picar un anzuelo.
― Tu ya eres “la segunda”, lindura, y ella también, primero fue sábado que domingo, y primero fui yo que ella― aclaré y, por la reacción de sus ojos, parece que la ofendí.
No lo soporté y sonreí tan grande como pude. De nuevo, ella era apenas un aprendiz.

― Ahí viene tu chica de negro, nos vemos después…― susurré alejándome antes de que Kyra me viera.




*Comodoro Norrington: Pretendiente de Elizabeth Swam en Piratas del Caribe.
*DRAE: Real Academia Española. Los que hacen los diccionarios xD






Última edición por Daphne Viassús el 13/1/2012, 00:57, editado 1 vez
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 03:30


CAPITULO 18

LA MASCARADA (PARTE 2)



Cuando veo a través del vaso,
Veo a través del tiempo;
Donde los sentidos se dislocan,
Donde los temores se evaporan.

Y aprovecho para desdoblarme,
Para salir del vaso;
Con las paredes sudo tu rastro,
Con la memoria busco tu rostro.

Y no se por que.
No me importa saber por que.

No dejes que
Nos coma el diablo, amor,
Que se trague tu calor,
Que eructe mi dolor.

No dejes que
Nos coma el diablo, amor,
Que se trague tu calor,
Que eructe mi dolor.

Cuando veo a través del humo,
Me voy volando y tu eres mi guía;
Entre los mundos nos haremos viejos,
Donde algún ida estaremos tranquilos.

Y no se por que
No me importa saber por que

No dejes que
Nos coma el diablo, amor,
Que se trague tu calor,
Que eructe mi dolor.

No dejes que
Nos coma el diablo, amor,
Que se trague tu calor,
Que eructe mi dolor.

No dejes que - Caifanes



KYRA


Me preguntaba si Danielle lo recordaba. Reconozco que me tomó cierto tiempo caer en cuenta de quién era la rubia pero, claro, más risa me dio notar que lo recordé mientras estaba en el baño. Cuando salí, a lo lejos, vi a la chica de blanco hablando con Ángel. ¿Qué tan estúpida me creía la porrista? Eso me confirmaba que ella no recordaba nada.

Años atrás, en un trágico campamento, nos habíamos conocido. Bueno, “conocido”. Su hermana gemela estudiaba conmigo, la odiaba, por cierto. Por esa época estaba convirtiéndome en el monstruo que fui por años hasta hacía unos meses cuando, por fin, toqué fondo.

Daphne era…

Bueno, siendo mi cabeza privada, hablaré como se me venga en gana.

Daphne era una niñita consentida, muy hermosa la desgraciada, que le caía bien a todo el mundo, ¿adivinen por qué? Obvio, porque era una ternura, como una serpiente bebé. Era su verdadera forma de ser aunque todos picaran el anzuelo. Conocía a la familia, padres disfuncionales, una gemela con complejo de reina del mundo y la otra era, de verdad, la reina del mundo. Mi padre trabajaba con el padre de ellas; eran amigos.
Claro que ninguna me conocía en el sentido literal de la palabra. Con Daphne, en la escuela, nunca crucé más de dos palabras ya que asistía muy poco. Ella era, por naturaleza, lo que yo debía fingir: ser perfecta. Dentro de todo lo perfecta que podía ser Daphne con todo lo que le tocaba vivir en casa. Con Danielle nos llevamos muy bien apenas nos vimos obligadas a convivir en el campamento.

Explico, “convivir”, es decir, nos dábamos nuestras escapadas al viñedo para…ya saben… eso que Danielle hace con Ángel cuando están solas. Claro que no tan explicito, soy virgen. Toda una osadía para alguien que alguna vez se comportó como la rubia…

En fin.

Imagino que se preguntaran cómo es que la porrista no me reconoce, con esa memoria diabólica que tiene, si hasta nos manoseamos hacía algunos años. La respuesta es simple: por esa época, y hasta hacía poco, no me gustaba mi color de cabello. Era un impedimento para todo, ¿Por qué? Bueno, porque ¿Cuándo han visto una pelirroja como la líder de las perras más perras de una escuela? Nunca…
Así que cuando caí en cuenta de eso, ¿Qué hice? Le pedí a mi madre que me comprara una peluca rubia de cabello natural para usarla. La tuve justo a tiempo, nos tuvimos que mudar y yo era la nueva en la escuela. Nadie sabía que yo era pelirroja natural.
Aun así, no dejaba de sorprenderme, ¿tanto tiempo había pasado?

― ¿Qué haces?― le pregunté a Danielle cuando la vi acercarse a los botes de forma cautelosa.

Me dirigió una mirada asesina.

― Nada…― respondió con tono dulce.

Solté la risa.

― A mi no me engañas Danielle, ¿Qué haces?― insistí llevándome las manos a la cintura.
― Tú odias a mi hermana también, ¿cierto?― inquirió manipuladora.

Levanté ambas cejas y medio sonreí.

― Eso depende…― susurré mirando a mi alrededor con disimulo.
― Quiero matarla, ¿comprendes?― reveló sin remordimiento.

No permití que mi expresión mostrara miedo. Hasta el momento yo era malvada pero todavía no maquiavélica.
Moví una ceja rápidamente para indicarle que siguiera hablando.

― Voy a hacer que se ahogue, ¿me ayudas?― invitó.
― ¿Cómo piensas hacerlo?― curioseé acercándome un poco y bajando la voz.
― Haré que vaya a darse un paseo sola en un bote dañado, su peso y la presión del agua lo harán romperse y como “señorita perfección” no sabe nadar, bueno, el lago se la tragara― explicó sin despegar sus ojos de los míos.

Daba la casualidad que, justo minutos antes de pasar por ahí, había encontrado el juego de llaves de uno de los guardianes del campamento. Una llave era para todos los candados que mantenían los botes atados con cadenas al muelle, las otras eran del almacén del muelle donde se guardaban todas las herramientas, equipo salvavidas, etc.

Una sonrisota se dibujó en mi rostro. Saqué el juego de llaves y las hice girar en un dedo. Los ojos de la rubia brillaron.

― ¿Eso qué significa?― cuestionó como para mostrarse fuerte.
― Significa que necesitas esto para llevar a cabo tu asesinato― respondí sin dejar de jugar con las llaves.
― ¿Y qué tengo que hacer para que me lo des?― su expresión era exactamente igual a la mía.
― No sé…dame una buena razón para ser tu cómplice, algunos me vieron recoger las llaves, si uno de esos botes termina en el agua será directamente mi culpa, y yo no pienso pagar por tus maldades― dije dando un paso atrás.
― ¿Qué te parece si nos divertimos un rato en el viñedo?― invitó.
― Tienes que darme algo mejor que eso, no me trates como una cualquiera, yo sé que te puedes esforzar más― repliqué con fingida indignación.

Su expresión cambió a la de rabia. Le acababa de demostrar que no me podía sobornar con lo mismo que sobornaba a medio mundo. Un aire de satisfacción corrió por mi espalda. Estaba a su nivel.

― ¿Y bien?― presioné deteniendo el movimiento de las llaves para llamar su atención.
― Si Daphne no está, serás la reina de esa escuela, sin esfuerzo, todos te amaran, lo tendrás todo, y te prometo que no permitiré que mis padres me pongan a estudiar en el mismo lugar contigo― anunció con una expresión fría y calculadora.
― Sabía que podías hacerlo― me burlé.

Saltando, me acerqué a ella y le entregué las llaves. Luego, la tomé del rostro y la besé.

― Más te vale cumplir― advertí dándole un suave beso en la mejilla.

Podía sentir su mirada asesina mientras me alejaba pero no me preocupaba. Si ella cumplía, yo también.



Tuve que sacudir la cabeza para dejar a un lado esos recuerdos. Toqué mi cabello rojo natural y lo observé para convencerme de que ya no era esa persona. No había ganado nada siéndolo.

Para cuando presté atención, Ángel estaba sola de nuevo.

― Disculpe la demora, caballero, ¿continuamos con el baile?― pregunté haciendo una reverencia.

La pelinegra me respondió con una sonrisa sincera. Una sonrisa que últimamente me estaba gustando mucho.



ÁNGEL.

Después de la charla con Danielle, mi cabeza no quedó tranquila. Me preocupaba el hecho de que Kyra supiera lo que había entre la rubia y yo. Claro que no le habíamos dado ninguna pista para que pensara eso pero la porrista hablaba como si conociera a la pelirroja de otra parte.

En fin, estaba preocupada.

El juego con Kyra siguió sólo media hora más. Tanto ella como yo nos cansamos de hablar con tantos formalismos Pero también hablamos mucho, de todo, de lo que nos gustaba y lo que nos disgustaba. Bailamos y bebimos. Nos tomamos fotos y tomamos fotos de otros.
Lo bueno de Kyra era que no tenía que ganarle una apuesta para que se comportara como si fuéramos novias y fingiera ser tierna conmigo. Lo era sin que yo se lo pidiera, se veía feliz de comportarse así, natural, conmigo. Eso me gustaba mucho.
En más de una ocasión intenté robarle un beso pero no me lo permitió. Le reconozco que era bastante ágil esquivando mi boca.

Las ocasiones en las cuales bailamos fueron… ¿Cómo decirlo? Extrañas, tal vez.

― ¿Qué pasa si me quito la máscara y le muestro a todos quién soy?― pregunté mientras bailábamos algo suave, muy juntas la una de la otra.

Por un segundo sentí cómo perdía el ritmo.

― Este…no me parece buena idea― respondió retomando el baile.
― ¿Por qué?― sólo me dio curiosidad por su reacción.
― Pues… no creo que quieras que todo el mundo sepa que eres lesbiana― reveló bajando la voz en la última palabra.
― Soy bisexual― corregí de inmediato.
― ¿En serio…?― soltó con un tono muy parecido a la ironía que Danielle usaba conmigo.
― Sí― afirmé.
― Genial…― dijo con fingida aceptación.
― ¿Por qué ese tono?― cuestioné algo confundida.
― Yo sí soy lesbiana― reveló cortante escondiendo su rostro en mi hombro.

¿Debía sorprenderme por eso? Su tono me hizo pensar que aquello era algo malo. El problema era que no supe si lo malo era mi bisexualidad o su lesbianismo. Al final, le resté importancia. Apoyó su mejilla en mi hombro y se acomodó de manera tal que podía bailar y, aparentemente, dormir al mismo tiempo. Tuve la sensación, y la necesidad, de no soltarla nunca.
Sin embargo, y para mi gran sorpresa y terror, en algún momento tuve la misma necesidad con Danielle.

― ¿Qué te parece si salimos a tomar aire un momento?― pregunté. De repente aquella reflexión me había ahogado.
― ¿Estás bien?― inquirió notando mi falta de aire.
― Sí, no te preocupes, ¿salimos?― insistí.
― Ok, como quieras― accedió.

Frente al gimnasio habían puesto decoraciones como si fuera el jardín de un castillo con arbustos comprados para la ocasión. Me recargué contra un pilar en piedra que, en conjunto con otros cuatro, creaba una especie de círculo y en cuyas partes más altas tenían luces y enredaderas. ¿Cuánto dinero había conseguido Danielle con esas fotos?

― Ven…― sin darle tiempo, tomé la mano de Kyra y la halé hacia mí para abrazarla.

Aquello la puso tensa por algunos segundos pero se relajó colocando su rostro en mi pecho.

― No pensé que la iba a pasar tan bien en una fiesta de este tipo― confesé acariciando su cabello.

Era extraño verla de color negro, no podía dejar de pensar que a Danielle le sentaría mejor aquel disfraz.

― Pues ya ves… al parecer Alexandra y yo hacemos un buen equipo en decoraciones― respondió sin despegar su rostro de mi pecho.
― ¿Qué haces allá abajo?― pregunté tomándola por el mentón para que me mirara.
― Escucho tu corazón, está todo acelerado, como el de Feo…― reveló acomodándose de nuevo.

¿Por qué Danielle no podía comportarse así?

¡NO!

¿Por qué quería que Danielle se comportara así si tenía a Kyra?

De nuevo la tomé por el mentón y la besé.



DANIELLE

La fiesta estaba de un animado… y lo digo con todo el sarcasmo posible.
Vale, lo reconozco, la fiesta sí estaba animada, para los que tenían pareja. La mía ya había caído en el vicio de las apuestas y parecía no tener la intención de intentar dejarlo.
Así que, ¿cuál era mi disfraz? Sí, exactamente, como la tía divorciada en la barra bebiendo hasta saciarme.
En esas estaba, quejándome mentalmente de que Ángel tuviera razón, cuando vi que la pelinegra salía con Kyra.

Soy bastante tolerante al alcohol cuando quiero serlo, sino, simplemente me dejo llevar por él. Esta era esa ocasión.Tambaleando, entre borracha y desesperada, me fui detrás de la parejita dispuesta a no darles ni un momento de paz. Porque ese ángel era mío y no iba a permitir que la pelirroja aparecida se diera el lujo de quitármelo. Ni siquiera mi hermana había podido quitarme algo, mucho menos una aparecida como esta. Cuando alcancé la puerta tuve que detenerme. La cabeza me daba vueltas de lo rápido que me había movido. Revisé el vestido, no quería que, en medio del afán, lo hubiera untado de algo. Estaba perfecto, como yo. Me quité el sombrero que me identificaba a kilómetros y solté mi cabello. La pareja estaba en el circulo de pilares que Alexandra había pedido para darle “un toque romántico” al lugar. ¿Así o más cursis? Decidida, avancé con paso firme hasta que, de repente, algo tomó mi brazo y me detuvo en medio de la oscuridad.

Ya iba a dar la cachetada contra el atrevido cuando vi que era Azrael.

― ¿Qué crees que haces?― exigí sacudiendo el brazo mientras me aseguraba que nadie nos haya visto.
― Déjalas en paz…― pidió mi amigo con tranquilidad.

¿Y este cómo se había enterado?

― ¿Perdón?― dije para hacer tiempo.
― No me creas tonto, déjalas, están felices, ¿Qué no ves?― insistió cerrándome el paso con disimulo.

No podía creerlo. Sentía como si estuviera en la dimensión desconocida.

― ¿Qué las deje ser felices?― repetí como si fuera algo irreal ― ¿Estás loco?― pregunté confundida.
― No eres la dueña de Ángel― declaró mirándome como si fuera una niña pequeña.
― Eso no es algo que tu decidas― repliqué.
― Tú tampoco…― susurró.

Tenía que hacer un gran esfuerzo para que la boca no se me abriera de la sorpresa.

― ¿Desde cuándo le haces de celestina?― me quejé.
― ¿Qué ganas yendo a arruinarles el momento?― retó.
― Ángel me pertenece, no voy a permitir que la pelirroja aparecida se la quede así como así― argumenté.
― ¿Te escuchas?
― Fuerte y claro.

Hubo unos segundos de silencio.

Claro que me escuchaba, estaba borracha, más de lo que me gustaba reconocer pero delante de Azrael podía comportarme como se me viniera en gana. Era de los pocos, junto con Ángel, que tenía el privilegio de ver cómo era yo realmente, aunque a él le tomó casi un año ganarse esa confianza.

― Pareces una niñita de cinco años…
― ¿Y?
― No te voy a dejar llegar hasta allá, estas muy borracha, vas a terminar haciendo algo de lo que luego te arrepentirás― se hizo frente a mí.
― Por favor… no eres nadie para ordenarme algo…― dije rodeándolo para seguir caminando.

Ya iba llegando hasta los pilares cuando sentí que una mano me tapó la boca y me arrastró detrás de un árbol.

Con la mirada le repliqué a Azrael.

― Escucha…― murmuró sin destaparme la boca.

Blanqueé los ojos y le hice caso.

― ¿Quieres ser mi novia?― le preguntó Ángel a la pelirroja.

Me sacudí para poder ver. Kyra bajó la cabeza para ocultar ese sonrojo estúpido que siempre se apoderaba de sus mejillas.

― Me gustas mucho, yo sé que puede ser apresurado pero nunca pude olvidar ese beso que nos dimos en la fiesta donde nos conocimos y hace una semana, simplemente no puedo dejar de pensar en ti― declaró la pelinegra.

Mentirosa…

― Tengo miedo…― confesó la ojiverde ― Yo… no quiero lastimarte, ¿Cómo sabes que soy la indicada para ti?― inquirió para salirse por la tangente.
― Eso es algo que yo decido, no tú― respondió Ángel.

De nuevo silencio.

Me di cuenta que lo que me movía no era el licor sino los celos. Ángel estaba siendo feliz con alguien que no era yo, con alguien que se comportaba como todo lo que yo quería ser: perfecta para ella.
El recuerdo de Daphne se me vino a la cabeza. Cómo había conseguido las llaves para quitarle la cadena al bote, abrir el almacén, sacar una herramienta, hacer el agujero, darle martillazos a las tablas para hacerles grietas. Si no fuera por aquella chica que estudiaba con…

Mis ojos se abrieron tanto que el mismo Azrael se asustó de mi expresión.

― ¿Y bien? ¿Quieres ser mi novia?― presionó Ángel.
― ¿Cómo sabes que nadie se interpondrá entre nosotras?― curioseó Kyra.
― De eso me encargo yo, no voy a dejar que nadie te lastime― prometió la pelinegra.

Aquella chica era rubia natural y Kyra era pelirroja natural pero el rostro era similar. Es decir, habían pasado años pero tampoco tantos.

― Está bien, acepto ser tu novia― susurró la ojiverde besando a MI Ángel.

Todavía no salía de mi sorpresa. No recordaba el nombre de aquella chica que me ayudo porque, la verdad, y a pesar de todas las veces que nos manoseamos en el viñedo, nunca le pregunté su nombre. Solo sabía que estudiaba con mi hermana, que la odiaba, y que era una desgraciada como yo.
Incluso, ya hasta me había olvidado de ella, cuando Ángel me confesó que se había besado con mi hermana en aquel campamento, yo negué haber estado con alguien porque, sinceramente, no lo recordaba.

Pero Kyra... se veía diferente…

O sea, en actitud, aunque yo sabía que era más de lo que aparentaba, nunca se me pasó por la cabeza que pudiera ser mi misma calaña.

Claro, ahora veía la similitud de nuestros disfraces. Ella de negro, misteriosa pero elegante, yo de blanco, arrogante y llamativa; fácilmente podíamos intercambiar de disfraz y no dejaríamos de ser nosotras. La muestra estaba en la sorpresa de Ángel al verme de blanco.

― ¿Ves? Son felices…― comentó Azrael sacándome de mi meditación.
― Ajá…― mascullé ignorando el tono que usó.

Una descarga de odio subió por mi espalda dándome una ligera picada en la cabeza.

Sin decir más, me alejé del lugar y regresé a la fiesta.

Sin sombrero y con el cabello suelto pude notar que más de uno me reconoció cuando entré. Caminé con rabia sin prestar atención a quienes intentaban hablarme y fui con Jhon.

― ¿Sigues jugando?― pregunté con tono venenoso.

La mesa se quedó en silencio con mi presencia. Definitivamente, el cabello suelto le daba otro aire a mi disfraz.

― ¿Estás bien?― inquirió poniéndose de pie rápidamente al percatarse de mi tono.

Levanté la ceja.

― ¿Quieres que nos vayamos ya?― curioseó con voz temblorosa.
― No― respondí cambiando mi semblante a uno más tranquilo. El cambio fue tan brusco que Jhon dio un paso atrás.
― ¿Entonces?
― Quiero que dejes de jugar, vine a bailar y divertirme, no a ver cómo te diviertes tú solo gastando dinero estúpidamente― pedí sonriendo.

David estaba a punto de ponerse de pie para defender a su amigo pero con mi mirada lo senté de nuevo. Guardó silencio y bajó la cabeza como un buen perro obediente. Lo mejor era no sacar a la “bruja” de sus casillas.

― Claro osita, lo que tú pidas― accedió mi novio. Dejó las cartas en la mesa y me hizo reverencia ― ¿Bailamos?― invitó.

Respondí con una sonrisa y fui hasta la pista de baile.

No iba a permitir que la ira se apoderara de mí o terminaría matando a unos cuantos. El vestido era blanco, quitarle la sangre se volvería imposible. Así que me concentré en bailar y disfrutar.
Cuando la pareja regresó a la fiesta, noté que Ángel se sorprendió al verme bailar con Jhon con tanta tranquilidad. La pobre juraba que yo no me había dado cuenta de nada.
Para su gran desgracia, y juro que lo hacía de manera inconsciente, mi cabeza ya estaba maquinando qué hacer y cómo hacerlo. No iba a permitir que la pelirroja viniera y me quitara algo por lo cual había tenido que luchar. Sí, luchar, porque mantener a Ángel conmigo no era cosa fácil. Además, la promesa hecha ese día era que no estudiaríamos juntas y así ninguna invadiría el espacio de la otra, y Kyra acababa de romper esa promesa.


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Yarina
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 13:03

ContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiContiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 13:20

Woo....y ahora empieza la matanza.
A juntar valor para leer tanto descuatizamiento XD!

Está muy genial la historia, con gusto espero la continuación.
Saludos!
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 13:37

CAPITULO 19

CRÍA CUERVOS...


You let me violate you
you let me desecrate you
you let me penetrate you
you let me complicate you

help me
I broke apart my insides
help me
I've got no soul to sell
help me
the only thing that works for me
help me get away from myself

I want to fuck you like an animal
I want to feel you from the inside
I want to fuck you like an animal
my whole existence is flawed
you get me closer to god

You can have my isolation
you can have the hate that it brings
you can have my absence of faith
you can have my everything
help me tear down my reason, help me
its' your sex I can smell
help me
you make me perfect
help me become somebody else

I want to fuck you like an animal
I want to feel you from the inside
I want to fuck you like an animal
my whole existence is flawed
you get me closer to god

through every forest
above the trees
within my stomach
scraped off my knees
I drink the honey inside your hive
you are the reason I stay alive



Closer - Nine Inch Nails


DANIELLE

Ángel era muy ilusa si creía que las cosas se iban a quedar así como así. Yo nunca iba a ser la segunda de nadie, y mucho menos cuando la “primera” era la falsa de Kyra. Maldita %$#%&/ hipócrita…

Durante el resto de la fiesta no pude evitar estar llena de ira. Ya recordaba quien era la pelirroja. ¿Quién más sino mi cómplice del asesinato de Daphne? Daphne…el viejo amor de Ángel. Definitivamente, la vida daba muchas vueltas. Claro que todavía me causaba curiosidad su cabello. La recordaba perfectamente como una rubia natural pero, ahora, su cabello era rojo natural. No tenía ni una sola raíz, en ninguna de las dos ocasiones. ¿Sería posible que tuviera una gemela? No, lo dudaba, ¿igual en todo menos en el cabello? Eso, hasta donde yo sabía, no era posible. A menos que fueran mellizas pero, entonces, ¿Por qué tan parecidas? Los mellizos no son idénticos…

La fiesta acabó, por fin.

Jhon, como siempre, me llevó hasta mi casa. Insinuó sus intenciones de quedarse a “dormir” pero me hice la digna y me despedí.
Milagrosamente, cuando llegué a la habitación, mi disfraz seguía prácticamente intacto. Salvo mi cabello que estaba suelto.
Entre el licor, la rabia, y mis delirios de grandeza, no pude evitar quedarme frente al espejo y posar para mí misma. No tardé en fijarme que mi maquillaje no estaba tan glamoroso como la principio de la noche, así que lo arreglé, saqué la cámara y aproveché para tomarme algunas fotos. Sabía, perfectamente, que estaba en fase de niña flogger, arreglándome para tomarme fotos que después subiría al facebook. Pero estaba tan hermosa con mi traje que era una oportunidad que no podía dejar pasar.

En esas estaba cuando el timbre de mi casa sonó. Eran las cuatro de la madrugada.

―Arg… ¿Cómo le hago entender a Jhon que no quiero sexo?― me quejé mientras soltaba un suspiro de paciencia.

Timbraron de nuevo.

― ¡Un momento!― grité. Encima de todo venía con prisas el idiota.

Bajé tan rápido como el traje me lo permitió y abrí la puerta. Casi me caigo de la sorpresa cuando vi a Ángel del otro lado. Tanto licor me estaba haciendo alucinar. Pero, la alucinación seguía ahí.

― Hola― dijo son sorna.
― ¿Qué haces aquí?― exigí saber.

Soltó la risa y entró a la casa sin que yo le diera permiso.

― ¿Cómo estás?― preguntó cerrando la puerta casi arrebatándomela de las manos.

Estaba tan sorprendida que no podía hablar. Tan sorprendida que yo misma me sorprendía de lo sorprendida que estaba.

― Repito, ¿Qué haces aquí?― insistí con cuidado de que no se me enredara la lengua. Era como si todo el licor que había mantenido más o menos controlado, ahora se apoderara de todo mi cuerpo.
― ¿Me estás diciendo que no puedo venir?― inquirió saliéndose por la tangente.

¿Quién diablos era esa persona frente a mi? Era como si Ángel se hubiera convertido en el verdadero Casanova, con la actitud arrogante, el tono manipulador, y el porte de un caballero de Venecia acostumbrado a tener a todas las mujeres a sus pies.

―No me saques de quicio, no estoy para juegos tontos― advertí llevándome las manos a la cintura.
― Ya dejé a Kyra en su casa y quise venir a hacerte visita, te he ignorado toda la noche― reveló con tranquilidad.

Me esforcé por no dejar que mi quijada se descolgara.

Me estaba tratando como a una amante. LITERALMENTE, como a una amante. Sentía, y me imaginaba también, como en mi cabeza se generaba un corto circuito. O sea, como que algo no conectaba bien y el cuerpo no hacía nada porque no sabía qué hacer. ¿Lo han sentido?

― ¿Qué te parece si nos divertimos un rato?― invitó acorralándome contra la pared.

Mis ojos se abrieron como un par de cacerolas.

― ¡¿Estás loca?! ¡¿Sufres de algún tipo de desorden de personalidad?!― reclamé empujándola.

Rió de nuevo. Reía como yo.

― ¿Qué pasa Danielle? ¿No es esto lo que quieres?― curioseó con esa expresión de superioridad que me enfermaba.
― ¿Y qué es “esto”?― cuestioné alejándome de la pared. No me gustaba estar acorralada.
― Pues… esto, tú con Jhon, yo con Kyra, pero tú y yo juntas― respondió levantando los hombros.

Estaba aterrada de mi capacidad para mantener la boca cerrada a pesar de las locuras que Ángel decía.

― ¿Qué estás diciendo? ¿Qué todas esas cosas que le dijiste en los pilares eran mentira?― ahora sí estaba confundida.
― No mentira, ella me gusta y mucho pero, prefiero tener sexo contigo, estoy segura de que lo disfrutaré más que con ella que todavía es virgen― afirmó recargándose contra la baranda de la escalera.

Levanté una ceja interesada. Luego, levanté la otra sorprendida. ¿Kyra era virgen? ¿De verdad?

― Espera, un momento, yo no soy tu amante, no puedes simplemente llegar con alardes de Casanova, no te creas superior a mi― declaré nuevamente ofendida.
― No entiendo tu actitud, ¿Quién dice que eres la amante? Tu misma lo dijiste, primero fue sábado antes que domingo, y obvio primero fuiste tú antes que Kyra― dijo cruzándose de brazos.
― Yo sé lo que dije pero, te comportas como si tuvieras poder sobre las dos― repliqué sentándome en una silla de la sala.
― No te pongas así Danielle, te ves mejor cuando actúas de bruja― comentó acercándose de nuevo.

Se quedó de pie observándome por algunos segundos y luego se arrodilló.

― No quiero que las cosas entre nosotras se dañen por mi relación con Kyra, yo nunca te he hecho drama por Jhon― me recordó.

Levanté la cabeza como las serpientes y la miré como si fuera poca cosa.

― No te atrevas a ponerme al mismo nivel que Kyra― advertí con ira.
― No te pongo al mismo nivel― aclaró ― Míralo de esta forma, ella es la “oficial” pero, al final, le estoy siendo infiel contigo, prefiero dejarla en su casa durmiendo y venir contigo que al contrario― explicó tomando una de mis manos.

Cerré un poco los ojos como tratando de medir el alcance de sus palabras. De verdad, esta chica tenía un problema de bipolaridad serio; me atrevía a pensar que, incluso, peor que el mío.
Cuando me vio distraída, tomó mi rostro y me besó. Enojada, la empujé y le di una cachetada, tan fuerte que me dolió la mano.

― ¡¿QUE DIABLOS TE PASA?!― grité.

Se llevó una mano a la mejilla para aliviar el dolor y me miró con altivez.

― Lo mismo te pregunto, estoy aquí por ti y, ¿así me recibes?― defendió.
― No seas ridícula, yo no caigo con frases como esas, mientras te comportes como yo no podrás manipularme, yo te enseñé a ser quien eres ahora― declaré poniéndome de pie acomodando mi cabello.

¿Quién se creía esta tonta? YO era quien mandaba, no ella. ¿Cómo se lo hacía entender?

― Exactamente…― susurró.

Se movió rápido y, en menos de nada, me tomo por las muñecas y me pego contra la pared de nuevo.

― Tú me convertiste en esto, ahora atente a las consecuencias― amenazó apretando su agarre.
― ¡Suéltame! ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Te volviste loca?!― reclamé mientras forcejeaba.

¿Desde cuándo tenía tanta fuerza? Intenté quitármela de encima pero los brazos no me daban. Tal vez sí había bebido demasiado.

― ¡Que me sueltes te digo!― ordené sin conseguir nada.

Iba a gritar de nuevo, esta vez con la intención de, mínimo, despertar a los vecinos, cuando sentí como mordía mi cuello con fuerza.
Grité pero, del dolor, la voz se me fue casi al instante. Como último recurso me dejé caer pero, a pesar de estar pegada, literalmente, a mi cuello, no fue un problema y terminó sentándose sobre mí. ¿Qué pretendía con su mordida? ¿Dejarme una marca? Porque si era así era la mejor venganza que se pudo haber inventado. Intenté liberar mis brazos para arañarla. No importaba cuanto pataleara, llorara o gritara, se había convertido en una bestia de plomo inmovible.

Finalmente soltó mi cuello y la sangre corrió por su boca.

― ¿Cómo te atreves? ¡No sabes el problema en el que te has metido!― advertí y luego la escupí.

Ella sólo rió como si disfrutara de verme así. Sumida ante su poder.

― Es hora de disfrutar un poco― comentó.

Conocía ese tono de voz a la perfección y retomé mi labor de intentar liberarme. De repente, el brillo de algo me encandiló los ojos. Cuando me concentré y me fije, tenía un cuchillo en sus manos. En ese segundo me di cuenta de lo vanidosa que puedo ser cuando lo primero que se me vino a la cabeza fue que terminaría manchando el vestido. Jugó con el arma pasándola por mi rostro mientras que yo no podía dejar de observar el suyo que estaba desfigurado por una sonrisa guasónica.

Justo ahí me quede callada. No le había rogado nunca a nadie, no le iba a rogar a ella. Que hiciera lo que se le diera la gana, yo no era tan fácil de eliminar.

― ¿No te divierte?― preguntó colocando la punta de la navaja en mi garganta como si la fuera a enterrar.
― ¿Tú te diviertes?― inquirí controlando el tono de mi voz.
― Todavía no― confesó haciendo un puchero llevándose la mano libre a la barbilla.

Aproveché el descuido y sin importar que pudiera cortarme, me la quité de encima y corrí escaleras arriba.

¿Qué me estaba pasando? ¿Desde cuándo yo corría de alguien?
Bueno, de pronto ver que Ángel se comportaba como yo pero un poco más loca, asustaba, lo reconozco.

Por el vestido, me caí en el camino pero, logré llegar a mi habitación y cerrar la puerta con llave. Apenas me giré, Ángel estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, la boca llena de mi sangre y la navaja bailando entre sus dedos.

Me pegué a la puerta ahogando un grito que me nacía desde las entrañas.

― ¡Ya! Deja este juego estúpido, ¿Qué quieres lograr con todo esto?― exigí saber sacando fuerzas de quien sabe dónde.

El movimiento brusco de subir las escaleras, caer, levantarme y volver a correr, además de detenerme de repente y el repentino bajón de adrenalina que sentía en mi sistema circulatorio, me generó un mareo peor al que me daba cuando dejaba de comer por semanas y terminé sentada en el suelo. Ángel dejó el cuchillo en la cama y se me acercó. Me levantó en brazos como si yo ―y el vestido― no pesáramos en absoluto. Atolondrada, sentí cómo me lanzaba a la cama sin cuidado alguno y se hacía sobre mí, otra vez. Arrancó tiras de mi vestido y con ellas me ató las manos a la cabecera de la cama. Sentía como si mi cabeza estuviera inflada, veía borroso, no tenía fuerzas y sudaba frio.

― ¿Qué haces?― medio pronuncié. Era como si todo el licor se hubiera apoderado de mí con más fuerza de lo que fue antes cuando Azrael me detuvo de hacer una locura.
― Me divierto como tú te diviertes conmigo…― susurró en mi oído y luego me pasó la lengua por el cuello. La herida me ardió al contacto.

Hice un esfuerzo por quedarme quieta y así concentrarme en fijar mi vista en un punto especifico.
Ángel acercó la navaja a mi rostro, lo recorrió con ella, bajo por mi cuello y, finalmente, llego a mi vestido. Con sólo un corte lo rompió desde el escote hasta la falda.

Tuve ganas de reclamarle. Ese vestido había costado mucho dinero pero, mi sentido de supervivencia me indicó que las cosas no terminaban ahí.

― ¿A dónde quieres llegar con todo esto?― cuestioné forcejeando con las ataduras.

Rasgo dos nuevos trozos de vestido y sin mucho complique ató mis pies a la parte baja de la cama.

― ¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Traer un látigo? ¿Bañarme con cera caliente? Por favor…― me burlé ― Sólo eras una pobre inadaptada que si no fuera por mí no sería ¡NADIE!― agregué. Intenté escupirle de nuevo pero me tomó por el cuello y lo apretó con fuerza.
― ¿No te puedes quedar callada un segundo? Así de gritona como eres en el sexo lo eres diariamente, ¿no te cansas de hablar y hablar?― reclamó soltándome.

Iba a responderle con otro grito pero vi que empezó a quitarse la ropa. Se me abrieron los ojos como sartenes y tuve que aguantar la respiración.
Entonces el cuadro empezó a tener sentido. Se hizo sobre mí y empezó a besarme el lado del cuello que estaba bien, rompió el sostén y mordió mis pezones.
Quería gritar pero mi maldito orgullo no me dejaba, le permitía morderme, besarme, chuparme, arañarme, todo lo que quisiera pero, no me rebajaría a pedir ayuda. Y eso, al mismo tiempo, era el argumento más estúpido que había escuchado en mi vida.
Pero ahí seguía, entretenida con mi cuerpo, y cuando la boca no le pareció suficiente, uso la navaja. Al principio sólo me arañaba con ella, luego empezó a cortarme. Era algo superficial que sabia no me dejaría marca pero lo suficientemente torturante para hacerme gritar de vez en vez.

― ¡Vamos! ¡No te contengas! ¡GRITA! ¡GRITA COMO LO HACES EN EL SEXO!― exigió y un segundo más tarde sentí su palma golpear con fuerza mi mejilla.

El sabor a sangre me llenó la boca y terminé escupiendo para tratar de quitármelo.

― Estás loca…― dije mirándola desde mi indefensa posición. Y yo, a pesar de estar en desventaja, tenía una lengua demasiado larga.
― Tan loca como tú me enseñaste a ser― afirmó sonriendo grande.

Se puso de pie, completamente desnuda y cubierta por trazos de mi sangre. Abrió un cajón de mi tocador y sacó mi reserva de cocaína. Con la misma maestría que yo tenía, hizo un par de líneas y las absorbió sin meditarlo.
Luego, regresó a la cama.

― Quiero que grites…― confesó con falsa tristeza ― …y creo que se me ocurre algo que te hará gritar tanto que se te romperá la garganta― anunció.

Controlé mi expresión y la seguí con la mirada.

Se acomodó arrodillada entre mis piernas y pasó su lengua por mi pelvis.

― Ojalá te guste…― pidió.

Tomó la navaja y sin pensarlo dos veces la metió en mi intimidad, tan profundo como le fue posible. El grito salió tan rápido como su acción y, de repente, me encontré sola en mi cama, con un molesto sol en la cara, y la boca tan seca como un suelo árido.
Confundida, mire a mí alrededor. No estaba atada, ni lastimada, el vestido estaba completo y todavía lo llevaba puesto, no había cocaína sobre el tocador, ni sangre en las cobijas. Me tomó unos minutos regular el latido de mi corazón y comprender que todo fue una maldita pesadilla.
Todavía medio dormida bajé a tientas hasta la sala. No había muestras de lucha por ningún lado, ni trozos de vestido.
¿Qué se suponía que significaba eso? ¿Qué le tenía miedo a Ángel y lo que pudiera hacerme? ¿Qué se convertiría en un monstruo peor que yo? No, según el psicoanálisis los sueños son el recreo del cerebro. Son el momento en el cual el cerebro aprovecha que estamos durmiendo y juega con nuestro inconsciente. Al parecer, a mi cerebro le pareció divertido torturarme como yo torturaría a alguien más. Su humor es tan negro que puso la imagen de la persona que amaba para hacerme daño…



…Wow…acababa de admitir que Ángel significaba para mí algo más que una amiga con derechos…







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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 14:14

CAPITULO 20

HÚMEDAS REVELACIONES



When winter hush turns summer pink
In half the time it takes to blink
But it all depends on what'choo think
About the girls of summer

When all you think of all day long
Is a pretty face inside a song
With a thought like that you can't go wrong
About the girls of summer

Oh yeah... (Do you know... everybody knows now)

Some girls are all about it
Some girls they love to let it fly
Some girls can't live without it
Some girls are born to make you cry

Over & over again

My favorite thing that drives me wild
Is when a city girl walks a country mile
For a boy she loves God bless the child
Inside the girls of summer

Oh yeah... (Do you know... everybody knows now)


Some girls are all about it
Some girls they love to let it fly
Some girls can't live without it
Some girls are born to make you cry

Yeah... over & over again
Yeah... yeah... yeah... yeah... yeah

They get'choo climbin' the walls
They get'choo caught in their spell
They get'choo speakin' in tongues
Could this be Heaven or Hell
To fall in love twice a day
Is such a sweet place to be


The best things about life are free
The pussywillow up your tree
To the one who climbs
They'll always be the girl... yeah

Some girls are all about it
Some girls they love to let it fly
Some girls no doubt about it
Some girls are born to make you cry

Some girls can't live without it
Some girls got twenty reasons why

Over & over & over & over & over...


Girls of summer - Aerosmith



ÁNGEL

Blanqueé los ojos ante su afirmación.

―No los controlas todo, Danielle Bonnet― dije observando su rostro a través del reflejo del espejo.

Estábamos en el baño de mujeres y ella se estaba maquillando con mucha tranquilidad. La fiesta había sido un mes antes y en ningún momento demostró molestia por el hecho de que yo estuviera con Kyra.
Al principio pensé que no lo sabía ―tonta yo― porque nos trataba exactamente igual que antes, la única diferencia era que ya no controlaba la situación para poderse acostar conmigo. Incluso, me atrevo a decir, a veces parecía que le molestaba mi cercanía.

Lo cierto es que mi noviazgo con Kyra nos tomó por sorpresa a todos. Y sí, me incluyo en el plural. De repente me vi a mí misma actuando como actúan las personas cuando tienen novios o novias. Salía con ella a todas partes, la abrazaba y besaba cada que tenia oportunidad, le llevaba chocolates y la acunaba en mis brazos casi como si quisiera protegerla. Claro, al principio quería hacerlo, me preocupaba la reacción de las arpías y, sobretodo, la de Danielle. Pero nunca paso nada. Las arpías no dijeron nada, y si lo hicieron no fue en voz alta. Danielle tampoco se pronunció, de hecho, con maestría, evitaba el tema. Y yo, obviamente, no quise preguntarle. Si la pólvora estaba fría era mejor no moverla o explotaría.

―Eso crees tú― respondió mientras se encrespaba las pestañas. Por un momento pensé que lo último lo había dicho en voz alta.

Ladeé el rostro hacia un lado como si el cambio de perspectiva me permitiera entenderla mejor.
Danielle era realmente muy bonita, pero engañosa. Ese cabello rubio y ojos dorados daban la impresión de ser angelicales e inofensivos. Incluso, su tono de voz, siempre dulce casi disfónico. Si la mitad de cosas de las que hablara no fueran ironías, sarcasmos y órdenes, nadie sospecharía de ella. Me llevé los dedos al puente de la nariz como si me doliera la cabeza y apreté los labios hasta convertirlos en una fina línea. ¿Por qué diablos tenía que embobarme de esa forma? Ya estaba con Kyra, no necesitaba de Danielle. Era increíble que la rubia lograra engatusarme sin intentarlo siquiera.

―Ni loca me meto al equipo de porristas sólo por ir a ese estúpido viaje, yo puedo quedarme aquí, el mundo no se va a acabar con mi ausencia― declaré mirando hacia la puerta. Tenía la sensación de que en cualquier momento se abriría.

Danielle maquillaba sus ojos con sombras verdes.

―Kyra irá, será una buena oportunidad para que estén juntas― comentó muy concentrada en su tarea.

Tuve que esforzarme para sostener la quijada en su lugar y no abrir la boca como una tonta. Sin embargo, fue mi expresión la que me delató.

―Que no hable del tema no significa que no esté enterada, no puedes estornudar sin que yo no lo sepa― advirtió mirándome por el espejo.
― No es eso lo que me sorprende― confesé separándome de la pared para recargarme contra el lavamanos a su lado.
― ¿Entonces?― ya sabía la respuesta pero quería que se la dijera en voz alta.
― No pensé que te preocuparas por mi relación con Kyra― revelé levantando los hombros.

La pestañina ―rimel― ni siquiera se le regó. ¿Cómo le hacía para siempre mantener esa calma inquebrantable? En muchas maneras, admiraba a Danielle. Y eso no era bueno.

Me quedé esperando su respuesta pero ésta nunca llegó. Guardó todo el maquillaje y me hizo indicaciones de que saliéramos del baño.

― Ve haciendo maletas, en dos días nos vamos de viaje con el equipo de baloncesto― ordenó mientras se acercaba a la puerta del salón donde teníamos clase.
― Ya te dije que no seré ni me haré pasar por porrista― repliqué.
― Nunca dije que lo harías― cortó ― ves muchas películas― agregó con burla al abrir la puerta.

Durante la clase no presté atención a los garabatos del tablero y sí terminé por analizar la relación que había creado con la rubia desde que Kyra fuera mi pareja oficial.
Ni un beso, ni un roce de manos y, obviamente, tampoco nada de sexo. Era como si, de repente, Danielle evitara tocarme. El lunes siguiente de la fiesta no fue a recogerme en su convertible como siempre lo hacía. Pensé que se le había olvidado o algo, pero no. Nunca más lo volvió a hacer. Mi rutina había cambiado. Ya no pasaba mis tardes teniendo sexo con Danielle sino caminando por ahí con Kyra. Nada de sexo.
Al principio me había parecido extraño, la costumbre de estar siempre con la porrista estaba muy metida en mi subconsciente. Al punto en que durante al menos una semana salía y me quedaba en la puerta de la casa esperando a que su carro apareciera hasta que recordaba que no aparecería nunca más.
Sin embargo, curiosamente, en la escuela hablábamos mucho. Bueno, cuando Kyra estaba presente Danielle procuraba distraerse en otras cosas pero, siempre al inicio de las clases, hablábamos las tres como si nada. La rubia nos contaba sobre sus discusiones con Jhon, sobre nuevas rutinas en el equipo de porristas, de las arpías, de sus vecinos aburridos, de cualquier cosa menos de algo que implicara mencionar mi relación con Kyra. La mayoría de ocasiones lo había dado como accidente, ahora ya sabía que todo fue perfectamente calculado y premeditado por ella. Como todo lo que tenía que ver con Danielle Bonnet.

Dos días después, ahí estaba yo, en la madrugada con una maleta con ropa para dos días y algo de comida para el viaje. ¿Cómo lo hizo? No tenía ni la más mínima idea. Tampoco quería saber. Yo no era porrista, ni parte del equipo de baloncesto, obviamente, ni siquiera cargaba las toallas de los jugadores o sus botellas con agua ―ni me habían ofrecido el trabajo para fingir mi razón de viajar con ellos ni pensaba aceptar tampoco―. Sólo estaba allí con todos los demás esperando que dieran la orden de subir a los buses.

― Hola Ángel― dijo una chica de color que paso a mi lado con sus amigas. Las tres me sonrieron y siguieron derecho sin esperar mi respuesta.
― Hola nena― dijo alguien más, esta vez, un chico del equipo de baloncesto que cruzaba con su brazo alrededor de los hombros de su novia.

Para ambos saludos sólo atine a sonreír. Desde que anduviera con Danielle, debía reconocerlo, de repente era popular. Todos me conocían, no sólo los que estaban dentro de su círculo, sino toda la escuela. Era como si me hubiera dado color.

― ¡Hey!― me gritó un chico a lo lejos. Él sí era el encargado de las toallas y las botellas de agua.

Le saludé con la mano y de nuevo me encerré en mis pensamientos. Tal vez Danielle sí era tan bruja como las arpías, Jhon y David, creían. ¿Azrael lo creería también? Hasta donde tenía entendido, esos dos eran los mejores amigos del mundo pero Danielle lo usaba como a los demás. ¿Lo sabría él?

― ¡A los buses!― ordenó el entrenador del equipo de baloncesto de pie frente a dos enormes buses.

Este era el primer juego como visitante y le seguían otros dos, si ganaba. Según entendí, si ganaba esos tres partidos llegaría a la final del campeonato. La verdad no es que estuviera muy al tanto de la situación. Con decir que nunca había asistido a uno de los juegos del equipo desde que llegara a esa escuela.

― ¡Que te subas mujer!― reclamó Danielle sorprendiéndome por detrás.

Casi brinco del susto.

― Dale amor, sube― pidió Kyra justo detrás de la rubia.

Parpadeé varias veces.

― ¿Pasa algo?― preguntó la pelirroja arrugando el entrecejo con preocupación.

Danielle pasó a mi lado y se subió al bus como si nada.

― No, nada― respondí adjudicándole todo a mi imaginación. Era imposible que esas dos llegaran juntas. La rubia era bastante cuidadosa a la hora de encontrarse con Kyra a pesar de que ésta fuera parte del equipo de porristas.

La pelirroja me tomó de la mano y me jaló para subirme al bus.

Las últimas sillas ya estaban apartadas por Danielle y nadie se sentaba en las cercanías como si tuvieran un letrero de “reservado para la señorita Bonnet”. Mi novia me llevó hasta allá pero se sentó en la fila delante de la última donde la rubia estaba muy acomodada.

Casi inmediatamente se subieron Jhon, David y Azrael hablando casi a los gritos sobre estrategias para vencer al equipo rival. Aunque el último no era un defensa, según tenía entendido, hablaba de tácticas de ataque y no sé qué más. Se sentaron detrás de nosotras junto a Danielle y ella se unió a la conversación. Minutos más tarde llegaron las arpías y con una sonrisa se sentaron en las sillas que estaban a nuestro lado después del pasillo. Acomodaron sus maletas y se arrodillaron en los puestos para poder hablar con el grupo de atrás.

― ¿Tú qué opinas, Kyra?― preguntó David apoyando sus brazos sobre la cabecera de la silla de mi novia.
― ¿Sobre qué?― inquirió ella levantando la cabeza para poderlo ver.
― Jhon dice que debemos jugar a engañar al otro equipo, hacerles creer que nuestro mejor jugador es Manuel para que todos busquen como marcarlo y que así nos dejen más o menos libres a él y a mí― explicó.

Kyra lo meditó.

― No seas ridículo, nadie se creerá eso, Manuel es muy malo jugando― replicó Danielle antes de que Kyra respondiera.
― Bueno, pero hay formas de engañarlos, si le pasamos mucho el balón ellos pensarán que confiamos en sus lances― intervino Jhon.
― Estoy de acuerdo con Danielle, Manuel es malo comparado con otros del equipo― contesto Kyra.
― Entonces usen a otro de carnada― sugirió la arpía número uno, Alexandra.
― ¿A quién?― cuestionó Ximena.
― ¿Qué tal Omar? Es rápido, podrá cruzar la cancha en menos de nada, todos irán tras él― dijo el capitán del equipo.
― Pero tiene pésima puntería, de nada servirá que llegue al otro lado de la cancha si cuando lance el balón no entrará, se lo robarán y es posible que mientras lleguen al otro lado de la cancha se organicen y les anoten dos o tres puntos en contra― solté.

Callé tan rápido como hablé. Ellos siguieron en la discusión tomando en cuenta mi apunte pero juro que Danielle movió una de las comisuras de sus labios. El gesto no duró más de un segundo. Había sido una sonrisa.
Noté que para participar en la charla me había dado la vuelta y estaba de rodillas sobre la silla en la misma posición que las arpías. El movimiento fue veloz, ávida por intervenir no había caído en cuenta de lo que estaba haciendo. ¿Cómo era que yo sabía aquel detalle sobre Omar? Nunca había asistido a un juego.

**********

― Deberían sacar a Omar del equipo― comentó Danielle mientras esperábamos que la profesora llegara.
― ¿Por qué?― pregunté con descuido. No le estaba prestando mucha atención pero procuraba mostrar algo de interés para no enojarla.
― Es muy rápido pero, sus lances son terribles, cualquiera de las chicas del equipo de porristas puede anotar tres puntos con más facilidad que él― respondió jugando con su lapicera.

No le dije nada y sólo mascullé algo que sonaba como un “ah…”. Kyra soltó otro apunte.

***********

¿Cómo era que recordaba aquello? Ni siquiera le estaba poniendo cuidado…

Me escurrí en la silla con la esperanza de que me tragara cuando el bus arrancó y todos gritaron con emoción. Serían dos días fuera de la ciudad en un hotel cinco estrellas sólo por cumplir con 40 minutos de juego. Cuatro horas después habíamos llegado a nuestro destino. La música y la gritería no se habían calmado en ningún momento, como tampoco lo había hecho la discusión detrás de mí. Kyra participaba en la charla a ratos, se acurrucaba a mi lado como un gato buscando calor hasta que algo de lo que decían llamaba su atención y ahí, de nuevo, se arrodillaba sobre la silla para opinar.

¿Cómo era que Danielle estaba tan tranquila hablando con mi novia? Aunque antes lo haya hecho, yo estaba en medio de las dos, eso contaba. ¿Y por qué “novia” me sonaba tan extraño?

Ya en el hotel algunos fueron directamente a sus habitaciones para dejar las maletas mientras que otros corrieron a la piscina. Casi todos estaban haciendo lo segundo. Ahí noté como Danielle y Kyra se movían de manera similar para ir a la alberca. Cada una se acercó a su pareja, Danielle a Jhon y Kyra a mí, y pusieron cara de cachorro.

― ¿Vamos?― habían preguntado casi al unísono. No es que la rubia estuviera cerca para escucharla pero me encontré muy concentrada en lo que hacía y me sorprendió haber leído en sus labios la palabra que Kyra acababa de decirme.
― Como quieras― respondí levantando los hombros.

No sé qué dijo Jhon pero, ambos fuimos arrastrados a la piscina.

Ambas tenían el traje de baño bajo la ropa ―todas las porristas lo tenían― y mientras nos llevaban a la alberca, se iban desvistiendo. Cuando llegamos, sólo llevaban un bikini. Fue curioso notar que sus trajes de baño eran del mismo color que el vestido de la mascarada. Danielle tenía uno blanco de dos piezas, la parte de arriba de dos triángulos y de amarrar en la espalda y el cuello y la parte de abajo sencilla del mismo color. Kyra llevaba uno exactamente igual en negro. Tuve que forzar el cuello para dejar de mirar a la rubia. Ya conocía su cuerpo, al derecho y al revés, con ropa y sin ella. ¿Era muy complicado dejar de mirarla?

Estreché a Kyra por la cintura y la piel me ardió. Su cabello estaba un poco más largo y con el alisado se veía aún más largo con su rojo intenso como un demonio en medio de un hotel.

La conclusión de mi pensamiento me tomó tan de sorpresa que no pude evitar detenerme. ¿Por qué siempre le daba a Kyra una personalidad demoniaca cuando ella era todo lo contrario? ¿Por qué a Danielle la asociaba con ángeles cuando era exactamente lo opuesto?

― ¿Pasa algo, mi vida?― curioseó Kyra de nuevo con expresión preocupada. ¿Así de terrible era mi cara?
― Este…no, ve a la piscina, yo…yo buscaré un lugar para dejar nuestras cosas― respondí forzada y nerviosa.
― ¿Segura? Si quieres vamos a la habitación, pareces enferma― ¿en serio?
― No te preocupes, tú quieres entrar a la piscina, me duele un poco la cabeza pero yo creo que con el agua fría se me calma de inmediato― mentí llevándome una mano a la sien.

Sus ojos verdes me analizaron por un momento pero luego, casi como si le hubiera hecho algo, quitó la mirada bruscamente.

― ¿Qué esperan? ¡Adentro!― Danielle estaba detrás de nosotras y yo acababa de darme cuenta que estaba justo al lado de la alberca.

Con habilidad, la rubia nos arrebató las maletas al tiempo que Jhon y David nos abrazaban por detrás y se lanzaban con nosotras al agua.

Efectivamente, el agua fría de la alberca dispersó mis pensamientos de inmediato. No me importó tener la ropa mojada pero apenas me vi libre de los brazos del basquetbolista salí a tomar aire y aproveché para agarrar a Danielle de los pies y lanzarla al agua. Soltó las maletas, muy consciente de que estas no se podían mojar, y cayó hundiéndose conmigo. Dentro del agua nuestros rostros quedaron muy cerca y lo sentí como una eternidad antes de alargar el cuello para besarla. La rubia sonrió grande y triunfante mientras ponía sus manos en mi pecho para impulsarse fuera del agua.
Salí a tomar aire casi de inmediato y me acerqué a Kyra abrazándola por detrás.

― Ya no tienes excusa para no meterte a la piscina― dijo David echándome agua en la cara con las manos.
― No se preocupen, pusimos sus cosas con las nuestras― anunció Ximena acercándose lentamente.
― Pero tienes que quitarte esa ropa ya si quieres que se alcance a medio secar― advirtió Alexandra sentada en el borde de la piscina.

Me sorprendí al darme cuenta que tenía el vestido de baño puesto debajo de esa ropa. ¿En qué momento me lo puse? O, mejor dicho, ¿por qué me lo puse?

El día prometía ser revelador.

Me acerqué a Alexandra y le entregué la ropa mojada. Sin mirarme mal, ni decir nada, sólo sonriéndome cálidamente, la recibió y la acomodó en varias sillas para que se secara.
El resto de la tarde no la pasamos en la piscina, jugamos, hablamos, nadamos, etc. Sorprendentemente, ellos se habían convertido en mis compañeros. Claro que en la escuela la diferencia entre “compañeros” y “amigos” se desdibuja.
Los del equipo de baloncesto, por órdenes del entrenador, sólo estuvieron en la piscina dos horas, luego los enviaron a descansar para el partido de esa noche. Las porristas, y yo, nos quedamos un rato más.


― Bueno señoritas, todas afuera― ordenó Danielle desde un extremo de la piscina. Faltaban tres horas para el mentado partido.

Se escuchó una queja general.

― ¡Ahora!― insistió ― Nosotras también tenemos que descansar un poco, no podemos darnos el lujo de llegar cansadas a animar a nuestro equipo ―agregó con las manos en la cintura.

Se veía muy sexy toda mojada…

Blanqueé los ojos al descubrirme pensando eso.
El equipo hizo caso y, una a una, salieron de la alberca.

Las habitaciones del hotel estaban dispuestas para dormir en parejas. Los hombres estaban en el quinto piso mientras que las mujeres estábamos en el tercero. Los entrenadores de ambos equipos tenían su habitación junto al ascensor para cuidar que ninguno se hiciera el listo y se pasara al otro piso.

Me pregunté si Danielle intentaría llegar con Jhon o él con ella. Kyra y yo no teníamos ese problema.

Apenas llegamos a la habitación ella lanzó las maletas a la cama y se dejó caer sobre una silla que había al lado. Todavía escurríamos agua.
Su cabello, ahora mojado, estaba ondulado y se veía más abundante que de costumbre. Desde la puerta la observé. Su piel estaba ligeramente tostada por el sol y no tenía pecas como todos los pelirrojos que conocía. Había dejado las piernas abiertas y los brazos cayendo por los lados buscando que el agua escurriera hacia el piso y no en otra parte de su cuerpo. La cabeza estaba ladeada hacia la izquierda con los ojos suavemente cerrados. Si prestaba atención podía ver como su yugular latía al ritmo del corazón. Un extraño calor me subió por la espalda y pronto me cubrió todo el cuerpo. Sentía una molestia en la parte baja del vientre y se me hizo agua la boca.

Lentamente me acerqué a Kyra y le extendí la mano.

Ella abrió los ojos y me miró cuando escuchó mis pasos húmedos acercarse. Analizó mi mano por varios segundos y luego la aceptó. De un jalón la puse de pie y la pegué a mi cuerpo. El ardor que había sentido antes de entrar a la piscina regresó. Con la yema de los dedos recorrí su brazo desde el hombro hasta la muñeca lentamente. Podía sentir sus pezones endurecidos contra mi cuerpo y su piel erizada soltaba corrientazos en la mía.

Bajé mi rostro y la besé.

El beso fue suave, lento, eléctrico. Adictivo.

Poco a poco lo fuimos profundizando hasta que mi mano la tomó a ella por el cuello y la pegó más a mí. No quería parar. Pasó sus manos por mi cintura y se aferró a ella con las uñas cuando pasé mi lengua por su cuello para evitar soltar algún gemido rebelde. Mordí su cuello suavemente, y dejé marcas de mis colmillos en él y en su hombro. Sentía el cuerpo acalorado, ya no era agua lo que nos cubría sino transpiración. Respirábamos con dificultad tomando apenas la cantidad necesaria de aire para seguir besándonos. Caminé con ella hacia la cama y me acosté sobre su cuerpo. Las tiras de la parte superior del bikini marcaban un dibujo en forma de A con su clavícula que besé. Se retorcía con cada uno de mis toques y se mordía los labios para no gemir enterrándome las uñas en los brazos y la espalda. Aquel dolor me excitaba aun más. Con la yema de los dedos repasé de nuevo sus brazos pero, esta vez, también su cintura y sus piernas. En este último lugar se arqueó hacia atrás. Las costillas se le marcaron y sus senos se inflaron.
Mientras la besaba desataba los nudos de su sostén y con un mordisco en el cuello este se soltó por completo dejando sus perfectos senos a la vista. Un gemido se le había escapado y fue como si me inyectaran sexo directo a la médula espinal. Besé y mordí sus pezones endurecidos con delicadeza. Luego, fui repartiendo pequeñas mordidas por su cintura hasta llegar a los huesos de la cadera y bajar por sus muslos hasta las rodillas.

Por alguna extraña razón hacia con ella lo mismo que con Danielle; morderla hasta el cansancio.

Pensar en Danielle en aquel momento me alteró. Me detuve bruscamente y subí hasta encontrar su boca. Quería sentirme dentro de ella. Mi mano bajó por su cintura hasta la cadera y luego se coló por la parte inferior de su bikini para buscar su tan preciado calor.







Última edición por Daphne Viassús el 13/1/2012, 00:57, editado 1 vez
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 14:34

CAPITULO 21

ESCUCHA Y ENTENDERÁS


Memories consume like opening the wounds
I'm picking me apart again
You all assume
I'm safe here in my room
Unless I try to start again
I don't want to be the one the battles always choose
Cuz inside I realize that I'm the one confused

I don't know what's worth fighting for
Or why I have to scream...
I don't know why I instigate
And say what I don't mean...
I don't know how I got this way
I know it's not alright...
So I'm breaking the habit
I'm breaking the habit tonight

Clutching my cure
I tightly lock the door
I try to catch my breath again
I hurt much more than any time before
I have no options left again
I don't want to be the one the battles always choose
Cuz inside I realize that I'm the one confused

I don't know what's worth fighting for
Or why I have to scream...
I don't know why I instigate
And say what I don't mean...
I don't know how I got this way
I'll never be alright...
So I'm breaking the habit
I'm breaking the habit tonight

I'll paint it on the walls
Cuz I'm the one that falls
I'll never fight again
and this is how it ends...

I don't know what's worth fighting for
Or why I have to scream...
But now I have some clarity to show you what I mean...
I don't know how I got this way
I'll never be alright...
So I'm breaking the habit
I'm breaking the habit
I'm breaking the habit tonight



Breaking the habit – Linkin Park



DANIELLE

¿Qué hacía yo exactamente con la oreja pegada a la puerta de la habitación de Ángel y Kyra? ¿En qué momento había caído a tan bajo nivel? ¿No podía simplemente enviar a alguien más? ¿Jugarles una broma? ¿Interrumpirlas tocando la puerta para luego esconderme? ¿Contarle a la entrenadora que dos chicas estaban teniendo sexo?

No, no podía hacer nada de eso. Era como si tuviera los pies soldados al piso y la oreja a la puerta.

Sabía exactamente qué estaban haciendo y en qué parte de la habitación lo estaban haciendo. Sabía que estaban en la cama porque el colchón crujía con cada movimiento que hacían y sus respiraciones pesadas me indicaban si se estaban besando o manoseando.
Me recargué de espaldas a la puerta y apreté los ojos tratando de no escuchar nada más pero, no podía. Parecía que mi órgano auditivo estaba configurado para escuchar todo lo que sucedía allá adentro.

Algo me empezó a cortar las mejillas, era caliente y filoso. No supe qué era hasta que llegó a la comisura de mis labios y sentí su sabor amargo. Estaba llorando.

Abrí los ojos con sorpresa y me llevé las manos al rostro para limpiar la humedad. ¿Por qué no podía parar de llorar? tLas lágrimas caían tan rápido que cuando apenas lograba limpiar unas, otras ya las habían reemplazado.

― No puedo…― jadeó Kyra. El colchón crujió bruscamente. Se había puesto de pie.
― ¿Qué pasa?― preguntó Ángel haciendo un esfuerzo por ocultar su tono de fastidio.
― Es que…no puedo, yo…es mi primera vez― respondió la pelirroja susurrando lo último. Si no lo supiera de antemano seguramente no lo habría escuchado.

Se hizo el silencio por varios segundos.

― ¿Tienes miedo de que te lastime?― inquirió Ángel con el orgullo herido.
― No no…en absoluto…es sólo que…pues…no quiero que todo sea tan rápido― se excusó la ojiverde.

La conversación distrajo mis lágrimas.

De nuevo se hizo el silencio.

― Descansa, tienes práctica con el equipo en una hora― cortó la pelinegra caminando hacia la puerta donde yo estaba parada como una tonta.
― ¡Amor! No quiero que te enojes…― suplicó la pelirroja alcanzándola antes de salir.

¿Por qué seguía ahí parada?

― No estoy enojada pero, me lo hubieras dicho antes de calentarme― contestó la de los ojos grises.

Estoy segura de que Kyra abrió la boca sorprendida como yo lo acababa de hacer.

― ¡¿QUE TE CALENTARA?!― repitió la ojiverde sumamente ofendida ― No fui yo la que empezó a manosear a la otra― replicó alejándose hacia el fondo de la habitación. Ángel la siguió.

Me di cuenta que no estaba respirando.

― Tú no me detuviste tampoco― argumentó Ángel.

Tuve que apretar los labios para no reír. ¡Que cínica se había vuelto! En ese momento estaba del lado de Kyra, Jhon me salía con esas respuestas en ocasiones. Eran ofensivas.

― ¡Arg! Lárgate y regresa cuando te comportes como una verdadera persona― ordenó la porrista.

Antes de que terminara la frase yo ya sabía que Ángel le haría caso y empecé a mirar hacia los lados sin saber dónde meterme. Sus enojados pasos me advirtieron que no tenía tiempo y me metí en la habitación de enfrente. Apenas cerré la puerta escuché como la pelinegra abría la de ella y luego la azotaba. Solté un pesado suspiro en medio de una sonrisa reconociendo que estuvo a punto de descubrirme espiando.

Alguien tomó aire detrás de mí con sorpresa y yo me giré de inmediato.

Ximena estaba sobre Alexandra practicando el “69”. Ambas estaban desnudas, sudando, y evidentemente muy excitadas. Mi entrada había cortado el momento de raíz. Fingí sorpresa quedándome quieta como si intentara analizar la situación y procuré abrir mucho los ojos a medida que pasaban los segundos. Eso sí, me estaba rompiendo en carcajadas por dentro y me costaba mucho no demostrarlo en el rostro.

Ninguna de ellas fue capaz de hablar, ni siquiera de moverse. Tampoco podían dejar de mirarme con terror.

― Tenemos práctica en una hora― anuncié cortante y salí de la habitación.

Apenas cerré la puerta me cubrí la boca para ahogar la carcajada. Escuché que dentro de la habitación ellas empezaban a correr de un lado a otro, seguramente buscando su ropa.

Todavía tenía energía de sobra pero no podía meterme a la piscina. Si alguien del equipo me veía se formaría el problema. Jhon estaría, probablemente, durmiendo como un tronco. Azrael seguramente estaba con alguna de sus conquistas.
Iba caminando mientras meditaba qué hacer hasta que llegué, de nuevo, a la alberca. Laura estaba dentro de ella apoyada sobre uno de los bordes con la cabeza escondida entre los brazos. Mientras me acercaba recordé algo.

**********

Ángel y yo estábamos abrazadas en el sofá de mi sala.

― No te voy a dejar, somos amigas ¿no?― dijo ella.
― Con derechos― aclaré por si las moscas.
― Con derechos…― repitió para darme la razón.
― ¿No te alejarás de mí para irte con Kyra?― pregunté con miedo.
― Te juro que no lo haré― respondió besando mi frente.


*************


Repasé mis colmillos cuando recordé aquel día. Los ojos se me humedecieron un poco pero lo controlé respirando entre grandes bocanadas de aire.

― ¿Qué haces aquí sola?― pregunté parándome frente a ella bloqueándole la poca luz del atardecer.
― Que te importa…― respondió sin moverse.
― Pensé que estarías en tu habitación teniendo mucho sexo con tu novia― comenté sentándome a su lado con las piernas dentro del agua.

Levantó la cabeza y me miró con rabia. En el fondo ella sabía que yo la estaba espiando.

― Kyra no quiso que tuvieras sexo― confesó mirando hacia otro lado.

Al parecer le sorprendía ser capaz de hablar de eso conmigo.

― Wow… ― exclamé sin esforzarme porque sonara sincero ― ¿Te dijo por qué?― inquirí con descaro.
― Es virgen― reveló sin problema.

Aproveché que había escondido su rostro entre los brazos para sonreír con libertad.

― Bueno, eso no me sorprende mucho, es toda una santurrona― dije ya con dolor en las mejillas por la sonrisa.
― A ti nada te sorprende…― murmuró con molestia.

Solté la carcajada.

― Eso es cierto― acordé moviendo las piernas en el agua.

Me miró con furia mientras me reía. Tomó una de mis piernas y me jaló dentro del agua. Cuando salí para tomar aire, estaba encerrada entre sus brazos y el borde de la alberca. Pude oler su lujuria apenas abrió la boca.

― Hace mucho que no tenemos sexo…
― Tienes novia― declaré tratando de mantener la compostura.
― Y tú tienes novio pero eso nunca nos detuvo, ¿cierto?― presionó acercándose.

Puse mis manos en su pecho para detenerla y darme espacio.

― Nos pueden ver― eso no era lo que quería decir.
― ¿Y si conseguimos un lugar donde nadie nos vea?
― Quiero decir que KYRA nos puede ver― eso tampoco era lo que quería decir.
― No te estás negando…― susurró muy cerca de mi oído. Tenía razón.
― Sólo me buscas porque Kyra te dejó caliente, mil veces te he dicho que yo no soy el segundo plato de nadie― hice más fuerza en los brazos para alejarla.
― Te quiero a ti― ella también estaba haciendo fuerza.
― No es cierto― corté.

Me sumergí y me salí por un lado nadando.

― ¿Por qué me huyes?― exigió saber cuando emergí por aire.
― No seas ilusa, Ángel Jhacomme― repliqué con el orgullo herido. Lo cierto es que después de la fiesta y esa pesadilla producto del exceso de alcohol evitaba el contacto físico con ella.
― ¿De verdad crees que no me doy cuenta?― retó ―No soy la misma que adoptaste hace algunos meses, te conozco― agregó con sorna.

Mordí el piercing de mi lengua con las muelas para suavizar mi ira.

― No tienes tanto poder sobre mí, aterriza― solté. Sólo eran patadas de ahogado.

Se acercó.

Aun cuando se demoró, no me moví. Sabía exactamente lo que iba a pasar.

― Te deseo a ti…― susurró pasando sus brazos por mi cintura.

Me pegó a su cuerpo y su piel, después de tantos días, me pareció extraña.
Me odié a mí misma por ser tan débil. Ya estaba calculando dónde podíamos ir. Muy disimuladamente me llevó hasta un borde de la piscina y empezó a besar mi cuello.

¿En serio? ¿Ahí? ¿En la piscina? ¿Donde todos nos podían ver? Claro que el hotel estaba reservado únicamente para nosotros, los del equipo de baloncesto estaban durmiendo por órdenes del entrenador, y las chicas de la cuadrilla de porristas estaban en sus habitaciones por órdenes mías. Pero, podía pasar alguien del aseo, o del bar, o el salvavidas, o el gerente, o…alguien…

Ángel me besó en los labios y me supo a dioses.

Sus manos no tardaron en buscarse un espacio entre mis senos hasta alcanzar mis pezones y jugar con ellos.

No…

…no…

¡NO!

Ángel estaba teniendo sexo con Kyra, no conmigo.

La ira me subió por la espalda y sin esfuerzo la separé de mí.

― ¡No soy tu maldito plato de segunda mesa! Si no pudiste revolcarte con Kyra no vengas conmigo para calmar tu calentura, ¡RESPETAME!― exclamé.

¿En serio le estaba pidiendo respeto? Creo que escuché como mi consciencia se caía de la risa. No sabía que esa palabra estuviera en mi léxico. Yo no respetaba a nadie, todos eran instrumentos para mí, juguetes, nada más. ¿Cómo pretendía exigirle respeto a la persona que más había usado últimamente?

Hubo silencio entre las dos por varios segundos.
Ángel me miraba inexpresiva. Noté que esperaba que dijera algo más.
Cuando vio que no hablé, se acercó de nuevo. No tuve voluntad para moverme.

Me tomó por el mentón y me obligó a mirarla.

― Mira, no sé cómo diablos le haces pero, no te puedo sacar de mi cabeza, no entiendo cómo es que siento tantas cosas por Kyra sin que tú salgas de mis pensamiento― soltó con furia.

Yo sí entendía por qué.


***********

Kyra estaba en el baño de mujeres de la escuela arreglándose antes de que subiéramos a los buses. La había visto entrar porque yo había llegado más temprano para cuadrar todo con Azrael y los profesores que nos acompañarían.

― En un momento te alcanzo― dije a mi amigo abandonándolo a la mitad del pasillo para ir al baño.

No dijo nada ―porque no vio a Kyra― y se marchó. Entré y cerré la puerta detrás de mí. Me vio a través del reflejo del espejo y de inmediato guardó su maquillaje para prestarme atención.

― Era cuestión de tiempo, me sorprende que te demoraras tanto― dijo recargándose de espaldas al espejo.
― No estás entre mis prioridades― defendí levantando los hombros.

Me acerque al lavamanos que estaba junto a ella y saqué mi maquillaje para arreglarme. No buscaba hacer tiempo, era costumbre. Y claro, ambas teníamos la misma costumbre.

― ¿Entonces?― presionó cuando guardé silencio.
― ¿Por qué te comportas de esa manera? Como si fueras una santa paloma, ambas sabemos que no lo eres― pregunté sin mirarla.
― Me cansé de comportarme como tú, no obtenía nada, sólo enemigos, amistades hipócritas, problemas, estaba cansada de tener que controlarlo todo― respondió enérgica.
― ¿Y ya? Yo no me canso de vivir como vivo, todo es controlado por mí, no me tengo que esforzar para nada― comenté mientras delineaba mis ojos.
― Eso no es cierto…― replicó casi cantando.

Atrajo mi atención y la miré.

― ¿A qué te refieres?― exigí saber.
― Integraste a Ángel en tu grupo, la hiciste tu amante, ella es la muestra de que estabas cansada de lo mismo― argumentó cruzándose de brazos.

Humedecí mis labios como si me preparara para gritar pero controlé el tono de mi voz.

― ¿De dónde sacas eso?
― No me creas tonta, sé nota a leguas que la personalidad de Ángel es completamente diferente a todos los demás que te rodean, incluyéndome, estoy segura de que era parte del grupo de los “desadaptados sociales”― declaró sosteniéndome la mirada.
― Estás hablando de tu novia― le recordé saliéndome por la tangente.
― Sabes a qué me refiero.

Suspiré por paciencia.

― Que la haya adoptado no significa que estuviera cansada de la rutina, sólo me pareció una persona con prometedor futuro a mi lado― sostuve enderezándome.
― Tan caritativa…― se burló.

Cualquier otro se sorprendería por ver esa forma de hablar pero yo no, ya la conocía de antes.

― Más de lo que te imaginas― repliqué volviendo a mi tarea con el maquillaje.

Hubo un silencio breve.

― Sabes que Ángel está conmigo sólo porque actúo como quien no rompe un plato― confesó.

De reojo vi que levantaba el rostro como yo lo hacía; como una serpiente que se siente amenazada.

― Sí, lo sé― acordé sonriendo.
― Duele ¿sabes?
― Tu problema.

Otra vez el silencio.

― De verdad me gusta mucho― reveló esquivando mi mirada.
― A mi también...― susurré.

No me miró pero noté que apretaba los labios sin saber qué decir.

― Y ya me las ingeniaré para separarlas― advertí.

Se giró y caminó hacia la puerta.

― Lo peor es que sé que lo lograrás― cortó saliendo.

Guardé el maquillaje y la alcancé en el pasillo. La tomé por el brazo y la golpeé contra los casilleros.

― Juraste que nunca te interpondrías en mi vida, tú en una escuela y yo en otra, ese era el trato― le recordé cerrándole el paso con el brazo.
― No planeé venir a esta escuela, fue casualidad― defendió sin demostrarme miedo.
― Aléjate de MI Ángel y todo saldrá bien― pedí crucificándola con la mirada.
― No― contestó firme.

Di un paso hacia atrás chocada por su respuesta. No estaba acostumbrada a que las personas pronunciaran esa palabra ante mí.

― ¿Disculpa?― pronuncié esforzándome por no darle un puño a los casilleros.
― Voy a luchar por Ángel, porque la amo, porque la aprecio más de lo que tú lo haces, y si al final te elige a ti, que así sea pero, no bajaré la cabeza sin luchar― manifestó acercándose a mí para susurrar sus palabras como una advertencia de guerra.
― Tienes todas las de perder y lo sabes― argumenté levantando el rostro. Yo era unos cuantos centímetros más alta que ella.
― No todas― siseó y se alejó.

**************


― Quiero que me hagas el amor a mí, no a Kyra― pedí. Estaba dentro de la piscina, Ángel me acorralaba, por enésima vez, contra el muro y me miraba con esos ojotes grises llenos de confusión.
― No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti― respondió.

El sol terminó de ocultarse y la piscina quedó en tinieblas; todavía nadie prendía las luces que la rodeaban.
Su mano llegó a mi entrepierna y sus dedos me penetraron con tanta fuerza que no pude evitar gritar de placer pero sus labios, carnosos y medio secos, ahogaron el sonido y lo convirtieron en un gemido.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 16:31

CAPITULO 22

ABRAN PASO, LA TIERRA SE ROMPE BAJO NUESTROS PIES


[oohh oohh]

Into the night,
desperate and broken.
The sound of a fight,
father has spoken.

[oohh ohh]

We were the kings and queens of promise.
We were the phantoms of ourselves.
Maybe the children of a lesser god,
between Heaven and Hell.
Heaven and Hell.

Into your lies,
hopeless and taken.
We stole our new lives,
through blood and pain,
in defense of our dreams.
In defense of our dreams.

We were the kings and queens of promise.
We were the phantoms of our selves.
Maybe the children of a lesser god,
between Heaven and Hell.
Heaven and Hell.
Heaven and Hell.

The age of man is over.
A darkness comes and all
These lessons that we've learned here
have only just begun!

We were the kings and queens of promise.
We were the phantoms of our selves.
Maybe the children of a lesser god,
between Heaven and Hell.

We are the kings!
We are the queens!
We are the kings!
We are the queens!

[Oohhh.]


Kings and Queens – 30 seconds to mars


KYRA

Tal vez la oscuridad de la piscina las ocultaba un poco pero, estoy segura de que no fui la única que las vio. Desde el balcón de mi habitación escuché como varios balcones se abrían. No sé si las reconocieron pero, sabían que eran dos mujeres. ¿Estarían ellas conscientes de eso? ¿Les importaría siquiera? Los susurros de todos los que observábamos el espectáculo fueron haciéndose cada vez más numerosos a medida que pasaban los minutos. Danielle hacía mucho ruido.

Sí, estaba segura, nadie las reconocía, sólo yo.

Me aferré con los puños en el barandal y empecé a llorar. Por mi cabeza daba vueltas la conversación que había tenido con Danielle antes de subirnos a los buses. Le había jurado que iba a luchar por el amor de Ángel sin importar la decisión que esta tomara al final pero, dolía, como miles de cuchillos cortándome la piel, no enterrándose, sólo cortando.

Los gemidos de Danielle iban en aumento, casi como si quisiera torturarme.

¡Y los murmullos!

― ¿Son dos chicas?― preguntaba alguien.
― La están pasando muy bien allá abajo― decía otro.
― ¿Quiénes son?
― Deben ser algunas de las aseadoras del hotel.
― ¿Cuántos vibradores tienen que esa chica grita como si tuviera sexo con un dios?
― Alguien debería bajar con una cámara y grabarlas a escondidas.
― Pobres los novios de esas dos.
― ¡Que llegue el encargado de la piscina y prenda las luces rápido!
― ¿Dónde está la luna cuando la necesitas?

Y así. Todos comentaban susurrando. Eran tantos que sonaba como un panal de abejas. ¿Acaso ellas no los escuchaban?

Tuve que cubrirme el rostro con las manos para ahogar el llanto. Gracias a que el balcón tenía muros a los lados nadie pudo verme llorar pero, era seguro que los de las habitaciones cercanas me escucharon.

Los gemidos de Danielle empezaron a ser acompañados por los de Ángel, aunque los últimos no se escuchaban casi porque a rubia pareciera que se esmerara por hacer ruido.

Hubo silencio por unos segundos y, luego, el orgasmo. Ese fue un grito más fuerte que todos los anteriores, gritaron las dos al mismo tiempo, y de nuevo callaron.

Algo dentro de mí exigía atención. Era mi yo malvado, mi yo “Danielle” que me rogaba porque lo dejara salir para hacer estragos, hundir a la rubia hasta el fondo, quedarme con Ángel, destruirlo todo. Quemarlo como había quemado mi anterior escuela.

Aquel recuerdo me distrajo del espectáculo porno que había en la piscina.

Esa fue la razón por la cual me comporté como un ratoncito miedoso cuando llegué el primer día a la escuela, tenía miedo de que me reconocieran. Obvio era un poco complicado, usaba lentillas azules y peluca de cabello natural rubia en aquel lugar, muy pocos, por no decir nadie, me conocía “al natural”.

¿La razón? Bueno, no viene al caso, sólo me había dejado llevar por esa misma vocecita que me hablaba en ese momento. Era como un ataque de rabia que me impulsaba a destruirlo todo. En aquella ocasión nadie había muerto, por fortuna, y los daños los pagaron mis padres pero, tuve que salir corriendo de aquel lugar. No podía con la culpa. Llevaba medio año viviendo en la ciudad antes de animarme a entrar a una escuela.

Tomé grandes bocanadas de aire para calmarme. Los ruidos lujuriosos de esas dos ya habían cesado, los murmullos también, sólo estaba yo y mis lágrimas.

Apenas logré detenerlas, me entré. Era hora del entrenamiento – calentamiento antes del partido.

Me di una rápida ducha y me puse el uniforme. Apenas salí, Jhon cruzó frente a mí con cara de pocos amigos.

― Curioso ¿no?― comentó sin detenerse.

Era obvio que hablaba de lo sucedido en la piscina pero, por el tono de su voz, casi daba la impresión de haberlas reconocido.
Le resté importancia y fui al campo de golf que Danielle había dispuesto para el entrenamiento. Estaba muy bien iluminado y podado. ¿Tanto dinero habíamos conseguido con la fiesta o es que la rubia aportó un poco más?

La capitana ya estaba allí, y quienes estaban con ella hacían estiramientos.

A los pocos minutos llegaron las que faltaban y empezamos a practicar la rutina que Danielle nos tenía preparada.

La muy cínica me trataba como si nada y, si no las hubiera escuchado desde la habitación, muy seguramente tampoco sospecharía de ella. Era malditamente perfecta en medio de su maquiavélica imperfección.

Mi yo malvado no paraba de insultarla.

Pero yo también sabía actuar y ella no se daría cuenta de mi malgenio a menos que yo lo deseara.

A ratos recordaba cómo había asesinado a su hermana, de cómo yo le había facilitado una herramienta que le hizo todo más fácil sólo por quitarme de encima a otra más perfecta que ella. Lástima que no hubiera nadie cerca con intenciones de matarla para que yo pudiera pasarle unas llaves y hacerle todo más fácil.

― ¡Hora del partido!― anunció Azrael desde la entrada al campo.



ÁNGEL

No me di cuenta de lo que hice hasta que me detuve. Mejor dicho, hasta que terminamos. Lo que más rabia me daba era que no me sentía culpable, sino por el contrario, con un peso menos. Mi cuerpo reconoció el acto como algo que necesitaba hacía mucho tiempo.

Cuando llegué a la habitación Kyra se estaba bañando, así que me cambié y volví a salir.

Al principio quise mentirme diciendo que todo fue por la calentura que Kyra me dejó pero, no era cierto. Deseaba a Danielle. La deseaba tanto o más que antes. No podía evitar imaginar mis manos acariciándola, recordar su expresión cuando estaba excitada, las mejillas sonrojadas y la boca semiabierta liberando gemidos y jadeos que sólo aumentaban mi lujuria.

Maldito demonio vestido de ángel…

Di mil vueltas por el hotel hasta que escuché que el partido iba a empezar. No sé por qué caminé hacia los buses que nos llevarían hasta el gimnasio donde se jugaría el partido. Iba sola. No me preocupé por buscar a nadie, sólo me puse la capucha de la chaqueta y me acurruqué en la silla con la esperanza de que nadie intentara hablarme.

El partido fue… ¿interesante?

La verdad, no le presté mucha atención. Estaba concentrada en Kyra y Danielle. Desgraciada rubia que siempre me hacía caer en sus redes aun cuando me rechazaba.

Me sorprendía lo bien que conocía su cuerpo. Estaba sentada en la primera fila de sillas, muy cerca de la cuadrilla, por órdenes de Azrael que me encontró vagando por ahí y me arrastró a aquel puesto. Desde ese punto podía reconocer cualquier cosa en el cuerpo de la rubia. Un lunar en la muñeca derecha que en ocasiones me quedaba observando. Otro en su cuello que había descubierto un día mientras la mordía. Una cicatriz casi invisible en su abdomen que encontré una tarde cuando la acariciaba. Su largo cabello rubio cenizo que alguna vez le dije que se parecía al cabello de las Barbies originales con algunos mechones negros. Sus ojos dorados que me encantaba ver a la luz del sol y que parecía que brillaban en la oscuridad.

¡Arg! La lista continuaba…

Sus labios, su piel, sus senos, sus piernas, sus manos, su cintura…

Con esfuerzo logré mirar a Kyra. No podía negar que su belleza era comparable a la de Danielle, sólo que diferente. El cabello rojo sangre y los ojos verde esmeralda le daban un aire peligroso que se dispersaba apenas se le escuchaba hablar. Era de piel clara y sin pecas, con labios pálidos, piernas largas, cintura angosta.
Recordaba aquella tarde cuando, por fin, pude tocarla a mi antojo. La verdad, no conocía su cuerpo. No sabía si tenía lunares escondidos o cicatrices viejas. Cuando estuviera con ella en la habitación mis besos y mordiscos iban dirigidos a los lugares que sabía excitaban a Danielle.

Kyra era una completa desconocida para mí.


DANIELLE

¿En serio había tenido sexo en la piscina? Tenía una tonta sonrisa dibujada en la cara. ¿Era por eso?

Cuando todo acabo, tanto Ángel como yo, nos miramos extrañadas, salimos de la alberca y cada quien tomó otra dirección. No lo creíamos. Todavía tenía la sensación entre las piernas cuando fui a cambiarme para el entrenamiento. Era más fuerte que en otras ocasiones.

Me negaba a creer que la pelinegra había vuelto conmigo sólo porque sí. Aun cuando sus palabras sonaban convincentes, fue demasiado fácil. Ni siquiera lo intenté.
Esa mañana había confesado, en voz alta, que Ángel me gustaba mucho. En ese momento no me sorprendió mucho pero ahora que lo recordaba, sí. Se supone que éramos amigas con derechos, nada más. Nada de amor, nada de celos, sólo sexo. ¿Por qué ahora ambas actuábamos diferente? ¿En qué momento me cambió tanto estar con ella? Con alguien que no era nadie antes de mí…

O tal vez sí lo era y por eso me fije en ella.

Reconozco que durante el partido no estuve concentrada. Aunque no fallaba en la rutina, no estaba prestando atención al partido. Celebraba cuando veía que mis compañeras lo hacían y cuando les ordenaba que realizaran una u otra rutina no prestaba atención a quién lo hacía bien o mal. Tenía a Ángel metida en la cabeza.

No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti.
No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti.
No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti. No puedo hacerle el amor a Kyra, sólo a ti.

Parecía que mi cabeza no era capaz de pensar en otra cosa. ¿Por qué me decía esas cosas cuando era la novia de Kyra? Cuando yo estaba con Jhon. Era como si me pidiera que lo arriesgara todo por ella. ¡No podía!

¡Momento! ¿Y si lo que quería decir era que Kyra no le daba sexo fácil mientras que yo sí? Una rápida ira me subió por la espalda hasta que me dolieron los puños de tanto apretar los pompones.

No, eso no era cierto, su tono de voz, la forma como me miraba, como se movía. Esas palabras significaban otra cosa. Quiso decir que su cuerpo me necesita a mí, no a la pelirroja.

― Este fue por ti― me dijo Jhon tomándome de los hombros para luego besarme.

Todo el público estalló en gritos y aplausos. Me soltó, robó el balón, le hizo un pase a David, David a Omar, Omar atravesó la cancha a toda velocidad, hizo amague de lanzar pero le dio el balón a Jhon, él saltó por encima de su marca y anotó tres puntos.

― ¡SÓLO PARA TI!― exclamó desde la cancha.

No pude moverme por varios segundos. No porque estuviera sorprendida, pues él tenía la costumbre de hacerme esa clase de tributos, sino por el hecho de que, por primera vez, yo no me pavoneara como si fuera la reina del mundo. Estaba apenada por su acción, porque le mostró a todos que yo era su novia. Todos, es decir, a Ángel.

De inmediato noté que Jhon sabía sobre nosotras dos o que, por lo menos, lo sospechaba. No es que fuera paranoica, sólo conocía muy bien a mi novio. Y por sobre todas las cosas, conocía mis instintos. Si mi “instinto” me decía que algo estaba mal, tenía que hacerle caso o las pagaría caras por ignorarlo.

― ¡Que tierno!― exclamó Kyra con hipocresía a mi lado.

Ni siquiera la miré. Mi cabeza hacía un rápido análisis de la situación.

― ¿Qué pasa Bonnet? ¿Te da pena que Jhon te marque con una equis en la frente delante de todos indicando que eres suya?― retó la pelirroja con veneno.

Las demás chicas no se dieron cuenta de nuestra conversación porque el equipo contrario había anotado otros tres puntos. Sin embargo, sí hubo una chica, Juliana, que me fulminó con la mirada apenas tuvo un segundo libre. Fue curioso que lo notara, pues al segundo siguiente estaba gritando por los puntos que acababan de anotar.

― ¡La vida da muchas vueltas!― comentó Malek con sarcasmo― Mientras tú te esmeras en mantener a Ángel contigo, viene otro y te marca como al ganado, al final resultaste siendo la propiedad de alguien más― agregó usando un tono manipulador muy similar al mío.
― Cállate Malek, hace rato perdiste a tu Ángel guardián― corté alejándome.

Aunque me molestara, la ojiverde tenía razón. Jhon me acababa me marcar como su propiedad. SU PROPIEDAD. Mi orgullo estaba herido, no porque pretendiera ser mi dueño, más bien por el hecho de que yo no lo viera venir.

El partido finalizó. Ganamos 105 a 97. El hotel fue el sitio de celebración. Juró que alguna de mis porristas salió embarazada de esa piscina. Todos bebieron hasta que, literalmente, se acabó el licor. Si caminabas por el tercer o quinto piso podías escuchar a varios tener sexo. Azrael y David se encargaron de embriagar a los entrenadores. Pero yo, la reina del lugar, estaba encerrada en su habitación con un novio que, de pie con los brazos cruzados, y recargado contra la puerta, no me dejaba salir.,

― ¿Por qué?― preguntaba una y otra vez, más con rabia que con tristeza.

Yo no respondía. Tenía que ser honesta, haber tenido sexo en la piscina con Ángel fue un descuido gigante. Gemir como si estuviera en mi habitación fue todavía peor.

― Dime por qué lo hiciste― insistió apretando los puños bajo sus bíceps.
― Quise experimentar― mentí ahogando la voz como si estuviera a punto de llorar.
― Y como Ángel estaba cerca, experimentaste con ella― concluyó.

Asentí.

― ¿No te doy buen sexo? ¿No te gusta cómo te trato en la cama?― curioseó con una calma que asustaba.
― No es eso, sólo quise saber qué se sentía, cómo era entre dos mujeres, no significó nada― respondí llorando. A veces yo misma me daba asco.
― ¿Te gustó?― cuestionó tensionado. Algo en su voz no me daba buena espina. Por más que lo escuchara controlarse, mi instinto estaba disparado.

Casi levanto una ceja y demuestro con la expresión que me había fascinado pero, logré contenerme a tiempo.

― Se sintió bien, no te puedo mentir― confesé. Me era imposible decirle que no.
― Me refiero a si te gustaría repetirlo― aclaró acercándose.

De nuevo controlé los músculos de mi ceja. Bajé la mirada y oculté mi rostro detrás de mi cabello.

― No es algo a lo que esté acostumbrada― ¡diablos! ¿Tan difícil era negarme en voz alta a mis instintos naturales?
― ¡¿QUÉ SE SUPONE QUE SIGNIFICA ESO?!― gritó. Alterado, tomó la mesa de noche y con una sola mano la estampilló contra la pared. La música estaba tan fuerte afuera que seguramente nadie escuchó nada.

Medio brinqué de la sorpresa. Nunca lo había visto tan enojado.

― Ángel está con Kyra, lo que pasó fue un error, no quiero que salga de esta habitación, yo...yo no sabía lo qué hacía, me dejé llevar por la curiosidad….― expliqué a modo de súplica.
― ¿De esta habitación? ¡TODO EL MUNDO LAS VIO! ¿Cómo crees que me di cuenta que eras tú? ¡Estabas gimiendo como una cerda!― reveló acercándose amenazador.

¿Todo el mundo? Pero nadie reaccionó de manera extraña ante mi presencia. Todos nos habían visto pero sólo él me había reconocido, por fortuna.

Por instinto, corrí hacia la puerta. No alcancé a dar más de cinco pasos cuando me agarró del brazo, me jaló en el aire y me tiró contra los pies de la cama. El golpe contra la madera hizo que ésta se rompiera en mi espalda sacándome todo el aire de los pulmones.

― Por favor…cálmate, yo no quería que las cosas llegaran a este punto…― rogué arrastrándome hacia la pared más cercana.

En menos de un segundo el basquetbolista estaba frente a mí. Con una mano me sujetó las muñecas y con la otra apretaba mi pequeño cuello. Su rostro era una máscara de ira y descontrol. Estaba aterrada hasta los huesos.

― Nunca más Danielle, nunca más te atrevas a hacerme lo que me hiciste hoy, te quiero mucho y no me gustaría lastimarte, ¿entendido?― siseó con rabia.

Apenas y me entraba aire por la tráquea. Nada de eso estaba en mis planes, ni siquiera en mis peores supuestos Jhon reaccionaba de manera tan violenta.

― ¡¿ENTENDIDO?!― repitió cerrando el puño.

Los ojos se me llenaron de lágrimas. ¿Iba a morir? ¿Así? ¿Ahorcada por mi novio? ¿Había un final más patético que ese? El miedo me impedía pensar y no estaba acostumbrada a eso. No podía hablar, y hablar era mi mejor arma. ¿Cómo pude pasar por alto ese detalle de la personalidad de Jhon? Siempre se comportaba como un príncipe, atento y cariñoso. ¿En qué momento se volvió la bestia que me ahorcaba?
Asentí apenas pudiendo mover la cabeza pero desesperada porque todo empezaba a volverse negro y el aire no me llegaba a los pulmones. No podía morir así, aunque eso me significara degradarme.

― Eso espero…― dijo de repente tranquilo.

Me soltó y me besó en la frente y en los labios.

― ¿Te lastimé? Perdóname, no lo vuelvo a hacer, es que me descontrolé por verte con ella, sabes que te amo― declaró sentándose a mi lado.

Tuve que esforzarme mucho por no escupirle o salir corriendo. Aunque intentara lo segundo, no llegaría a la puerta, ya lo había comprobado. La espalda me palpitaba de dolor y me dolía pasar saliva. Mis muñecas estaban rojas, amenazando a ponerse moradas. No podía evaluar los daños en el resto del cuerpo hasta que no me viera en un espejo. Pero, tenía miedo de moverme.

― ¿Qué te parece si nos unimos a la fiesta? Hay que celebrar como se debe esos tres puntos que te regalé― invitó poniéndose de pie para luego ofrecerme una mano ― David y Omar se ofrecieron para hacer la jugada, quería que fuera perfecta sólo para ti, claro que al entrenador le va a molestar que la haya guardado para ti cuando era obvio que se podía usar para obtener más ventaja pero, ya me encargaré del viejo― agregó sonriendo.

¿Era un monologo o es que se imaginaba mis respuestas para poder seguir hablando?

Medio le sonreí como pude.

― Vístete― ordenó y, por un segundo, volvió la bestia.

Temblando, me encerré en el baño. Los ojos me ardían por las ganas de llorar pero hice acoplo de toda mi fuerza de voluntad para evitarlo. La parte alta de mi espalda estaba púrpura y se podían contar los dedos en mi cuello porque resaltaban con el mismo color. Con maquillaje oculté las marcas de mi cuello y me puse una blusa negra y una falda corta blanca para evitar que alguien sospechara de mi espalda. El dolor me estaba matando. Busqué en mi bolso y me di un pase de cocaína; eso me mantendría distraída. Con las muñecas no podía hacer nada, así que me puse el reloj de Jhon en una y unas pulseras de plata en la otra.

Salí del baño fingiendo toda la tranquilidad del mundo.

― Vamos― dijo pasando una de sus manos por mi espalda. Grité de dolor para mis adentros.

Sonreí y caminé con él fuera de la habitación. Cuando aparecimos, todos nos rodearon. El rey y la reina habían llegado.


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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 17:19

CAPITULO 23

INCONFORMIDAD Y QUEJAS



I'm standing on the bridge
I'm waiting in the dark
I thought that you'd be here by now

There's nothing but the rain
No footsteps on the ground
I'm listening, but there's no sound

Isn't anyone trying to find me?
Won't somebody come take me home
It's a damn cold night
Trying figure out this life
Won't you, take me by the hand, take me somewhere new
I don't know who you are but I, I'm with you
I'm with you

I'm looking for a place
I'm searching for a face
Is anybody here I know
Cos nothing's going right and
Everythings a mess
And no-one like's to be alone

Isn't anyone trying to find me?
Won't somebody take me home
It's a damn cold night
Trying to figure out this life
Won't you, take me by the hand, take me somewhere new
I don't know who you are but I, I'm with you
I'm with you

Oh, why is everything so confusing
Maybe i'm just out of my mind
Yeah Yeah Yeah
Yeah Yeah
Yeah Yeah
Yeah Yeah
Yeah

It's a damn cold night
Trying to figure out this life
Won't you, take me by the hand, take me somewhere new
I don't know who you are but I, I'm with you
I'm with you

Take me by the hand, take me somewhere new
I don't know who you are but I, I'm with you

I'm with you

Take me by the hand, take me somewhere new
I don't know who you are but I, I'm with you

I'm with you
I'm with you.


I’m with you – Avril Lavigne


ÁNGEL


Danielle estaba acostada en la cama del hospital. Se le veía bastante indefensa con su piel más pálida de lo normal, el cabello opaco por no recibir su tratamiento y cuidado diarios, un tubo para respirar cortándole el rostro a la mitad y todo el cráneo vendado. Al menos no le raparon la cabeza por completo para operarla; eso la habría puesto de un genio terrible al despertar.

¿Cuánto tiempo llevaba así? La verdad es que no tenía una cuenta exacta del tiempo en aquel molesto lugar pero, a mí, ya me habían dado de alta hacía una semana.

Me quedé recargada contra el marco de la puerta incapaz de cruzarla. Daba la impresión de que en cualquier momento se despertaría y la discusión que tuvimos la última vez que la vi se retomaría.
La lesión en su cerebro era peor de lo que los doctores pensaron. Al enojarse, los latidos de su corazón aumentaron, por ende, también la presión, esto hizo que los vasos debilitados de su cerebro se estallaran con facilidad y que, finalmente, la sangre hiciera presión suficiente para ponerla en coma.

…En coma…

Me descubrí mirando hacia otro lado cuando pensaba en esa palabra. Era sorprendente verla a ella, siempre tan fuerte y orgullosa, mentirosa y manipuladora, en aquel estado tan vulnerable.
Los doctores decían que no era un coma profundo pero tampoco entendían por qué no se despertaba aún.

Finalmente, me digné a entrar. Me senté en la silla junto a ella, puse los brazos cruzados sobre la cama y apoyé mi cabeza en ellos.


**************


― ¿Qué pasa?― me preguntó Danielle con fastidio.
― ¿No te das cuenta de lo que hiciste?― pregunté aterrada.
― No, no me doy cuenta, dime tú― retó.
― Mataste a Jhon…― susurré para que los policías que estaban cerca no escucharan. Tenía la sensación de que, aun cuando la puerta estaba cerrada, nos oirían.

Su expresión no cambió en nada.

― ¿Estas así, por eso?― inquirió con más fastidio que antes.
― ¿Qué?― articulé con pánico.

Me miró para que siguiera hablando.

― Era un ser humano…fue novio…― tartamudeé.
― Hasta que se te ocurrió abrir la bocota― replicó.
― ¿Disculpa?― mi voz subió unas cantas octavas.
― Lo que escuchaste, tú fuiste la que abrió la bocota, te dije que no podíamos contarlo y a ti se te ocurrió montarme la escena de celos delante de él, y ahí tienes, se volvió loco y casi nos mata― reprochó

La miré ofendida.

― No me vas a echar la culpa de esto, se te salió de las manos, reconócelo― argumenté.
― A mí nada se me sale de las manos― aclaró con orgullo.
― Oh… ¡por favor! No eres omnipotente, sólo una Barbie con mucho dinero y ego― dije con ganas de callarla.

Me lanzó su popular mirada arribista.

― Barbie y todo pero estás que te mueres de amor por mi…― declaró con veneno.

Quise replicar pero no tenía caso, era cierto.

― ¿Acaso crees que no me di cuenta? Desde hace meses te mueres por mí― agregó. ¿Por qué hablaba como si ella no se me hubiera declarado de la misma forma?
― No seas ilusa…― defendí. No me moría de amor, sólo me gustaba mucho, si estuviera muerta de amor me habría importado un comino que Kyra desapareciera.
― Niégalo― desafió.
― Lo niego, no estoy enamorada de ti, no te creas tan diosa, sólo estaba contigo por sexo, por adicción al sexo, no a ti― mentí. No me gustaba darle siempre toda la razón. Era estúpido pero yo no era la única que actuaba de esa manera en la discusión.

La nariz se le infló como si fuera un toro viendo un capote.

― ¡Mentira!― exclamó ― Tenías sexo conmigo porque te morías de amor, siempre pensaste que Daphne y yo éramos la misma y por eso me amas, y cuando te conté que ella estaba muerta te enamoraste definitivamente de mí― insistió.

Traté de ocultar mi mirada de confusión. ¿Daphne? ¿Quién estaba hablando de ella? Hacía mucho tiempo que tenía claro que ella y Daphne eran dos personas diferentes, que la una había matado a la otra. ¿Por qué comparaba eso que pasó hacía tantos años con algo actual?

― Sólo a ELLA la amé, y la…dejaste morir…― le recordé evocando a Kyra en mi memoria. No era cierto, es decir, a Kyra la había amado pero de manera diferente a lo que sentía por Danielle.
― No me vas a negar que en algún punto te enamoraste de mi, hubo muchas situaciones que te delataron― continuó. ¿Qué? Hablaba como si esas mismas situaciones que me delataron no la hubieran delatado a ella. ¿Acaso no recordaba lo sucedido durante el primer juego de visitante del equipo? ¿Aquella tarde en su casa? ¿Su escena de celos delante de Kyra? Y demás situaciones…
― Me enamoré de tu intimidad, no de ti― corté. Quería lastimarla, lograr que, por un segundo, le doliera el corazón, que admitiera que ella también estaba enamorada y que todo lo que vivimos no fue uno más de sus trucos baratos de bruja.

Noté como apretaba la quijada.

― ¿Quién te crees para retarme? No serías nadie si no fuera porque te saqué de la sección de cosas perdidas de la escuela― reclamó. ¿En serio me echaba eso en cara todavía?
― Nadie te pidió que lo hicieras― respondí restándole importancia a tan pobre argumento.
― Aun así lo hice, desagradecida… ― ¿Desagradecida yo? Lo decía como si hubiera salvado mi vida…
― Y mira como terminamos por tus estupideces― reproché retomando el tema.

Guardó silencio por unos segundos y luego caminó hacia la puerta.

― Te dije que no abrieras la boca, te ordené que no dijeras nada, pero no, no podías quedarte callada ¿cierto? Fueron tus malditos celos los que nos pusieron en esta situación― ¿sólo MIS celos? ― mi intimidad sigue siendo mía, y por ende, me amas a mí, porque aunque te morías de cariño por la estúpida esa, siempre terminabas metiendo tus dedos EN MI INTIMIDAD y no en la de ella y la pobre murió virgen, dime, ¿Por qué crees que nunca te dio sexo? PORQUE SABÍA QUE TE REVOLCABAS CONMIGO…― gritó descontrolada. La miré con sorpresa, ¿por qué lo decía como si no fuera yo misma quien le contara esas cosas?

Abrió la puerta y salió azotándola. Segundos más tarde escuché como se activaban las alarmas de emergencias y vi, por mi pequeña ventana hacía la recepción, como todos corrían con equipos que no distinguí mientras algunas enfermeras se quedaban llamando a varios doctores por los altavoces.


*******************


Antes de darme de alta, cuando me informaron de lo sucedido con Danielle, me explicaron el por qué de su actitud como si no recordara algunas cosas. Lo curioso es que no me lo explico un neurólogo, sino una psicóloga. La rubia, a raíz de todo lo sucedido, y acostumbrada a siempre tener el poder, habría omitido ciertos detalles que la ponían en nivel conmigo, como el hecho de también haber confesado que me amaba y luego simular como si no. No era consciente de lo que hacía y, muy seguramente, tampoco de lo que decía.

Suspiré aburrida. Verla “dormir” en ese estado no era tan agradable como lo era momentos después de haber tenido relaciones. Cuando estaba cubierta por una delgada capa perlada de sudor, respiraba con dificultad y apretaba los muslos para conservar un poco más la sensación de placer. En aquellas ocasiones me daban ganas de besarla y morderla, poner mis dedos dentro de ella y excitarla de nuevo. Pero teniéndola en coma sólo se me antojaba sacudirla para que se despertara de una buena vez.

Era el colmo la persona en la que me había convertido desde que estuviera con la porrista. Tan cínica y orgullosa, una grosera malmirada. Minutos antes de recargarme en la puerta había discutido con una enfermera porque no se dignaban a bañarla como se debía, sino que sólo le pasaban una esponja húmeda. Como si eso la dejara limpia. La había tratado como una “pobre proletaria” que no se le daba la gana de realizar un trabajo digno con los pacientes sin caer en cuenta que, algún día, ella estaría en la misma posición y que alguien más la limpiaría como a un plato sucio; con una esponja húmeda.

No caí en cuenta de lo que hice hasta que la señora se fue con los ojos llorosos. ¡Que Danielle me comportaba!

De nuevo suspiré y la miré.

― Levántate ya, idiota, ¿no ves que estoy cansada de tener que verte así?― reclamé como si ella pudiera escucharme.

Que frustrante era todo…

Los problemas con la policía ya se habían solucionado. Varios testigos confirmaron nuestro secuestro por parte de Jhon, así como la forma de nuestras heridas y las de él demostraban nuestra versión de que todo fue en defensa personal. Claro, eso, y todo un buffet de abogados pagados por el padre de Danielle. Aunque el señor nunca se dignó a aparecer, todo estaba muy bien pago, tanto para Danielle como para mí.

En mi casa el panorama no era para nada alentador. La noticia de que Jhon nos había secuestrado porque Danielle le fue infiel conmigo llegó tan rápido como una bala. A nadie en mi casa le gustó la idea de que mi bisexualidad se viera implicada en un secuestro. Pero, de nuevo, ahí estaba mi lado Danielle, y mi respuesta fue lo suficientemente altanera como para que no me dijeran nada más. Cada que lo intentaban, yo respondía como la rubia: ¡Valientes padres los que tengo! ¡Me rechazan por semejante estupidez! ¡Deberían preocuparse más conseguir para la comida que por mis relaciones! ¡Tranquilos que no voy a quedar embarazada! ¡Es mi vida, no interesa si ustedes me compran ropa o me dan de comer, no son los dueños de mis decisiones! ¡Estamos en pleno siglo XXI, ¿y ustedes todavía creen que por esto me voy al infierno?! Etc…

La sensación que me daba al recordar aquellas situaciones no era de culpa, tampoco de orgullo. Era algo que iba entre la extrañeza y el miedo.

Danielle me contó muchas veces sus planes para evitar que Jhon la descubriera pero, en ninguno incluía un intento de asesinato. Es decir, el chico se veía siempre muy tranquilo. ¿Cómo es que las cosas habían terminado así?



*****************



Jhon y Danielle se habían unido a la fiesta. El primero iba con la cara de los reyes, altivo, siempre sonriente, recibiendo las felicitaciones de todos pues, sin negarlo, gracias a sus numerosas anotaciones ganaron el partido. La segunda, contrario a lo que yo creyera, aunque iba con su expresión de “soy la reina entre las reinas”, se mostraba algo nerviosa cuando su novio la abrazaba o la besaba.

― ¿Pasa algo?― me preguntó Kyra con ternura.
― No, nada, ¿por?― respondí pasándole una mano por la cintura para pegarla a mí.

No entendía mi actitud pero sí comprendía que, así como tenía necesidad de Danielle, también la tenía por Kyra.

― Tienes cara de espanto― dijo riendo por lo bajo.

La mire confundida.

― ¿En serio?― busqué alguna ventana o un espejo para analizar mi expresión.
― Sí, como si no creyeras lo que ves, ¿nunca habías estado en una fiesta after-game?― curioseó con un tono idéntico al de Danielle.

Me ericé por un segundo.

― No, la verdad no― confesé mirando hacia otro lado para que no viera que me acababa de sonrojar.

Sin embargo, no era eso lo que me tenía sorprendida pero esperaría hasta más tarde ―o sea, cuando Kyra no estuviera cerca―, para averiguar.

Poco a poco la fiesta se fue haciendo cada vez más intensa. Los borrachos se multiplicaban como larvas de un cadáver, y las bromas entre ellos aumentaban de nivel. Reconozco que estaba tomada pero no ebria. Kyra, por el contrario, estaba bastante llevada por los tragos, bailando y gritando como loca. ¿Le haría daño beber?

― ¡Vamos!― me invitaba cada que sonaba una canción que le gustaba.

Bailaba de forma muy provocativa pero sólo conmigo, cosa que me tranquilizaba. Por lo demás, seguía comportándose como alguien que no está muy acostumbrado a beber. No me lo creí, era porrista en su anterior escuela y estaba familiarizada con ese tipo de fiestas, su actuación de ebria no me convenció. Tampoco dije nada, sus razones tendría para hacerlo.

Danielle, por su parte, no se separó de Jhon en ningún momento, más porque este parecía tener la mano soldada a la de ella que por voluntad de la rubia.

― ¿Qué te parece si te invito a la habitación a terminar lo que empezamos ésta mañana?― sugirió la pelirroja colgada de mi cuello. Intentaba susurrar pero yo la escuchaba hablando muy fuerte. Tal vez porque estaba pegada a mi oído cuando habló.

No respondí.

― ¿Sigues enojada?― preguntó haciendo pucheros.

Sólo la miré.

― Estoy lo suficientemente ebria como para que no me importe mi virginidad― comentó soltando la carcajada.

¡Auch!

― Amor… quiero estar contigo…― dijo pegándose más a mí.

Las luces estaban apagadas en el lugar que habíamos elegido como pista de baile. No tenían luces de discoteca ni nada por el estilo, sólo el suave destello que llegaba de las luces de la piscina. Lo demás, estaba en penumbra.
La “barra” estaba afuera para evitar los accidentes a la hora de servir el ponche, así como algunas sillas dispuestas cerca de las duchas para los que estaban realmente ebrios y, de pronto, quisieran vomitar.

Lo sé, asqueroso pero práctico.

Disimuladamente, Kyra tomó mi mano y la pasó por su pecho obligándome a sentir la dureza de sus pezones. ¿En qué momento se quitó el sostén? ¿Lo llevaría puesto siquiera? Controlé las reacciones de mi cuerpo cuando me hizo cerrar los dedos y escuché, por debajo de la música, un ligero gemido.
Intenté liberarme pero me tenía sujetada con firmeza. ¿Desde cuándo los ebrios tenían tanta fuerza? Bajó mi mano por su cintura descubierta hasta los muslos y luego subirla por entre sus piernas. Llevaba la falda del uniforme de porrista y debajo de ésta no había nada. Kyra se había preparado para esto. Sentí su humedad entre mis dedos cuando se encargó de moverlos dentro de su entrepierna. Quise quitarlos, cerrar la mano, empujarla, algo, pero la voluntad no me daba. Finalmente, la besé y mis dedos empezaron a acariciar su sexo por sí solos.
La temperatura fue subiendo, ya quería desnudarla, y medité arrinconarla en alguna esquina muy oscura y devorarla pero fue ella sola quien se encargó de llevarme a una habitación. No era la nuestra, pues estábamos en el cuarto piso pero, estaba libre.

Apenas entramos se lanzó a mi boca besándome con pasión desenfrenada. Al principio no le respondí: Medio segundo más tarde, abrí mis labios y metí mi lengua entre los suyos.
Casi cayéndonos, llegamos a la cama. Nuevamente, quedé sobre ella.

La analicé por un momento. Las cortinas estaban abiertas y la luz de la luna se colaba por la ventana. La piel se le veía de un extraño tono plateado, los ojos parecían de un verde todavía más intenso, y el rojo de su cabello estaba un poco más oscuro.
Me miraba con deseo pero era más producto del licor que de la voluntad.

Empecé a besarla, primero el cuello, luego los hombros, bajando por los brazos hasta caer en su abdomen, descendiendo un poco por la parte exterior de sus muslos, llegar a la punta de los dedos de los pies para subir por la parte interior de sus piernas. Cuando pasé por la rodilla se estremeció. Los gemidos aumentaban a medida que yo subía entre sus piernas, se aferraba a las sábanas y gemía como…

…Danielle…

Solté un suspiro de paciencia cuando, DE NUEVO, llegué a esa conclusión. ¿Es que nunca podría tener sexo sin pensar en la rubia?

De repente, me enfrié.

Me dio tanta rabia que la mordí más fuerte de lo que debía y su grito, de dolor y no de placer, me advirtió. Un poco más y le saco sangre. Sin embargo, la suerte me acompaño, aguantó tanto la respiración para dejar de gritar, que se desmayó y se quedó dormida. Al menos no había alcanzado a desnudarla.

La arropé y salí de ahí.

Era el colmo que Danielle estuviera metida en todos mis pensamientos lujuriosos. ¿Y si me acostaba con un hombre? ¿Sería igual?

Lo medité mientras regresaba a la fiesta e, incluso, hice una lista mental de los posibles candidatos.

― ¡Arg! Sólo ebria puedo meditar hacer eso por probar…― me dije a mí misma ― ¿Con David? Debí haber tomado mucho ponche― agregué sacudiendo la cabeza para sacarme esas ideas locas.

Noté que Jhon, David y Azrael estaban en la piscina probando qué se sentía ser lanzado con todo y silla adentro, silla de broncearse, acostados y amarrados. Era una buena oportunidad para que se ahogaran.

Danielle, aprovechando la distracción de su novio, se había alejado hacia la otra piscina donde algunas chicas, entre ellas las arpías, estaban tranquilas dentro del agua.

― ¿No tienes una cámara para grabar las estupideces de tu novio?― pregunté sentándome a su lado ― Yo… ¿soy la única confundida?― inquirí bajando la voz.

Rió sin ganas y se detuvo de inmediato como si le doliera hacerlo.

― ¿Qué te pasó?― cuestioné.
― Nada que te interese― cortó levantando los hombros.

Se llevó una mano al cabello para quitárselo de la cara y vi que tenía la muñeca roja.

― No me digas que eso es una mordida porque no es así, ¿acaso te amarraron a algo? ― insistí sujetándole la mano para ver mejor.

Hice a un lado las pulseras de plata y conté dos dedos. Para mí, que me conocía cada esquina de su cuerpo, eran muy visibles, al parecer no lo eran para los demás.

No respondió.

― Espera… ¿eso te lo hizo Jhon?― concluí al recordar su actitud cuando Jhon la abrazaba o besaba.

Apretó la quijada por un segundo.
Los ojos se me abrieron como platos. ¿Jhon la golpeaba? Imposible, nunca le había visto una marca en el cuerpo. De hecho, era la primera vez que se la veía, todas las demás eran hechas por mí. Pero, ¿Por qué lo haría? Ahora que miraba con más atención, vi a un lado de su cuello cuatro marcas rosadas muy cuidadosamente cubiertas con maquillaje; casi no se notaban. La tomé por la barbilla y la obligué a girar el rostro. Al otro lado del cuello había una sola marca. Jhon intentó ahorcarla.

Se sacudió mi mano con la suya y vi marcas rojas bajo el reloj de hombre que llevaba puesto.

― Respóndeme Danielle, ¿Jhon te hizo eso?― reté procurando que nadie me escuchara. No me tenía que esforzar mucho, las demás chicas estaban nadando o hablando entre ellas. Nosotras éramos las más lejanas y la música estaba lo suficientemente fuerte como para disminuir el tono de nuestras voces.

Se humedeció los labios mientras me miraba con rabia. Siguió sin hablar. Apreté los labios mientras meditaba razones para la ira de Jhon. La respuesta apareció en mi cabeza con flechas de neón que la apuntaban.

― Nos vio en la piscina…― solté apretando el puente de mi nariz con los dedos.
― Sí― dijo finalmente ― Todos nos vieron, sólo Jhon nos reconoció― agregó sin mirarme.
― ¿Cómo es posible? Las luces estuvieron apagadas todo el tiempo…― inquirí restregándome los ojos.
― Al parecer gimo como una cerda― contestó con rabia. Vi que tenía los ojos rojos de contener las lágrimas.
― ¿Y entonces?
― Nada, “no lo vuelvo a hacer, mi amor, perdóname, sólo quería experimentar…”― su voz fue teatral.

No me refería a eso exactamente, hablaba de “nuestra” relación. Después de todo lo sucedido, con Kyra, con Jhon, con todo. ¿Pensábamos seguir juntas? Es decir, ¿en algún momento lo estuvimos? Más importante todavía, ¿seguía ella con ese abusador?

****************


Una enfermera entró con la “comida” para Danielle y me regresó a la realidad.

No es que fuera comida real, era un licuado de color y consistencia dudosa que le daban por un tubo. Si Danielle pudiera verse en este momento se volvería insoportable por la cantidad de quejas que tendría.

Me puse de pie y salí de la habitación. La rubia no despertaría esa noche.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 17:51

CAPITULO 24

ALTO AL FUEGO

Ella, se desliza y me atropella.
Y, aunque a veces no me importe
se, que el día que la pierda,
volveré a sufrir por ....
ella, que aparece y que se esconde;
que se marcha y que se queda;
que es pregunta y es responde;
que es mi oscuridad, mi estrella.
Ella, me peina el alma y me la enreda;
va conmigo pero, no se donde va.
Mi rival, mi compañera;
que esta tan dentro de mi vida y,
a la vez, esta tan fuera.
Se que volverá a perderse y,
la encontrare de nuevo
pero con otro rostro y otro
nombre diferente y otro cuerpo.
Pero sigue siendo ella, que otra vez me lleva;
nunca me responde si, al girar la rueda....

Ella, se hace fría y se hace eterna;
un suspiro en la tormenta,
a la que tantas veces le cambio la voz.
Gente que va y que viene y,
siempre es ella,
que me miente y me lo niega;
que me olvida y me recuerda
pero, si mi boca se equivoca,
pero, si mi boca se equivoca y,
al llamarla nombro a otra,
a veces siente compasión por este loco,
ciego y loco corazón.

Sea, lo que quiera Dios que sea.
Mi delito es la torpeza de ignorar
que hay quien no tiene corazón
y va quemando, va quemándome y me quema
y, ¿si fuera ella?

Ella me peina el alma y me la enreda;
va conmigo... digo yo.
Mi rival, mi compañera; esa es ella
pero me cuesta, cuando otro adios se ve tan cerca
y, la perderé de nuevo y otra vez preguntare,
mientras se va y, no habrá respuestas
y, y esa que se aleja....
la que estoy perdiendo....
y, ¿si esa era?
y, ¿si fuera ella?

Sea, lo que quiera Dios que sea.
Mi delito es la torpeza de ignorar
que hay quien no tiene corazón
y va quemándome y me quema
y, ¿si fuera ella?

....A veces siente compasión
por este loco, ciego y loco corazón
¿era?¿quien me dice si era ella?
Y, si la vida es una rueda y va girando
y nadie sabe cuando tiene que saltar.
Y la miro.... y ¿si fuera ella? ¿si fuera ella?

Y,¿si fuera ella?


¿Y si fuera ella? – Alejandro Saenz


DANIELLE

Me podía la vergüenza, me costaba mirar a Ángel a los ojos, me pesaba la consciencia…

¡Maldita sea! Mi novio me acababa de maltratar y yo seguía como una estúpida con él. La diferencia entre una esposa abusada y yo no era ninguna. Si el dolor en la espalda no me estuviera matando a pesar de la cocaína, me estaría dando cachetadas.

A Ángel no le costó nada descifrar mis heridas y eso que estaban maquilladas. Me sorprendió que las viera con tanta facilidad. Juraba que tenía suficiente base de maquillaje como para ponerme una plancha caliente encima y no sentir nada. Ni siquiera me había metido a la piscina, ni sudaba ni nada.

En fin…

Aunque traté de ignorar su primera pregunta, no me la pude sacar de la cabeza. Claro que no era la única confundida, yo no podía dejar de pensar en lo sucedido en la alberca horas antes, ni en la conversación esa mañana con Kyra.

**************

La pelirroja y yo nos habíamos quedado en silencio. Yo me maquillaba con tranquilidad mientras ella controlaba su orgullo. Ella solita había llegado a la conclusión de que Ángel estaba con ella porque actuaba como una santa sin sospechar que era igual a mí. En otras palabras, que estaba con ella porque encontraba lo que en mí no.

― De verdad me gusta mucho― dijo incapaz de mirarme.
― A mí también― había respondido yo. Y era cierto.

***************


¿A mí también? ¿En serio? Pero, ¿por qué justamente ella? ¿No podía ser un hombre? ¿Algo menos problemático? Suspiré con cuidado de que ella no me escuchara. ¿Por qué me costaba tanto admitírselo? Porque eso me implicaba rendirme y darle poder sobre mí. Claro, ¿cómo olvidarlo?

Moví los pies dentro del agua como queriendo relajarme un poco.

― ¿Y entonces?― presionó.
― Nada, “no lo vuelvo a hacer, mi amor, perdóname, sólo quería experimentar…”― respondí con fingido arrepentimiento.

Guardó silencio y, cuando la volteé a mirar, me di cuenta de que no se refería a eso.

― No lo sé, Ángel, haz lo que quieras― dije con fastidio.

Levantó una ceja.

― Ni siquiera lo dices en serio― replicó. Y tenía toda la razón.

¿Qué persona era yo en ese momento? ¿Desde cuándo bajaba tanto la maldita cabeza? Yo, que siempre había sido la mala del cuento, la bruja de la historia, la manipuladora mentirosa orgullosa arribista cínica desgraciada, ahora era la víctima, en más de un sentido.

― ¿Qué quieres que te diga? ¿Ah? ¡Dímelo! Y así salimos rápido de este drama― pedí sin controlar mucho mi tono de voz.

Su expresión no demostró nada. Algo más que me confirmaba el monstruo que tenía enfrente. Tomé una gran bocanada de aire y me calmé. No sacaría nada bueno si me dejaba llevar por la rabia.

― Nada, no pasa nada, nuestra relación sigue igual, “amigas con derechos”, para Jhon esto fue un desliz que no se va a repetir, nos seguimos encontrando para sexo, ¿algo más?― declaré mirándola con autoridad.
― ¿Lo dices en serio?― cuestionó sorprendida.
― ¿Entonces? ¿Qué quieres? ¿Vas a terminarle a Kyra? ¿Quieres que le termine a Jhon? ¿Que seamos novias oficiales delante de toda la escuela como lo son Kyra y tú?― reté abriéndole los ojos más de la cuenta.
― ¿Eso quieres?― contraatacó.

Me relamí los colmillos. ¿No era eso lo que yo quería? ¿No era eso mil veces mejor que estar con un tipo que m golpeaba? Aunque sólo fue una vez sería cuestión de tiempo para que se repitiera.

― No seas ridícula Ángel, sería ponernos la soga al cuello― dije saliéndome por la tangente. No lo decía en serio, ¿quién se atrevería a decirme algo? Si se me antojara, podría deshacerme de Jhon con una llamada. Y, sin embargo, no había meditado esa opción.

Mi novio, David y Azrael completaron su juego. Los tres fueron lanzados al agua amarrados a las sillas reclinables; estaban jugando a ser Houdini. Ojalá Jhon se ahogara y nadie estuviera lo suficientemente sobrio para sacarlo del agua. Obvio no fue así, las sogas no estaban apretadas los suficiente y los tres alcanzaron la superficie sin problema. Chasqueé la lengua contra el paladar y miré a otro lado.

― ¿Cómo es que te dejaste golpear de Jhon?― curioseó.
― No lo sé, Ángel― repliqué con rabia ― Me amarré a la cama, le confirmé que fuimos tu y yo las que gemimos como “cerdas” en la piscina y le pedí que me partiera la espalda a golpes― respondí con sarcasmo.

Levantó la ceja. Con delicadeza, corrió un poco mi blusa y vio el maltrato en mi espalda.

― Te dejó muy marcada, ¿cómo vas a ocultar eso?― estaba ignorando mi tono sarcástico.
― Sólo tú lo ves― le recordé con poco humor.
― ¿Segura?
― Tengo tanto maquillaje que si me muevo me salen grietas, tuve a las arpías enfrente con todas las luces de vestíbulo prendidas y no vieron nada― ¿Cómo le explicaba que sólo alguien que conocía mi cuerpo tan bien podía notar esas marcas?

Alguien tosió detrás de nosotras y un escalofrío me pasó por la espalda. Si no me hubiera puesto la mano en la boca habría soltado un gritillo de terror.

― ¿Interrumpo?― preguntó Jhon desde su altura con los brazos cruzados.

Ángel lo volteó a mirar sin dudar, yo me demoré una milésima de segundo en hacerlo.

― Nada, mi amor, Ángel ya se iba― fue más una orden que una respuesta.

La pelinegra la captó de inmediato y se puso de pie.

Antes de poder dar el primer paso, Jhon la tomó por un brazo y se alejó con ella varios pasos. No tuve voluntad para moverme, ¿tanto miedo le tenía? Esperaba que mis reacciones fueran producto del dolor por los golpes y no un miedo real. En unas horas tenía que volver a ser la Danielle Bonnet de siempre o yo misma me encargaría de quitarme la vida.


ÁNGEL

Cuando el simio me tomó por el brazo y sentí su fuerza, lo sacudí con rabia. ¿Quién se creía el idiota ese?

― Suélteme, ¿qué le pasa?― reclamé medio empujándolo. No tuve éxito.
― Escúcheme bien, zorra desviada, la quiero a kilómetros de mi novia, no quiero volver a enterarme de que usted la está mal influenciando para sus perversiones― amenazó.

Tuve que apretar la boca para no soltarle la carcajada en la cara. ¿Yo mal influenciando a Danielle? Si supiera…

― Yo tengo mi novia, lo de Danielle fue algo que no debió pasar ―tal vez era más cierto de lo que me gustaría admitir― es mejor olvidar esto y hacer como que nunca pasó ¿le parece?― sugerí tratando de calmarlo. Por el rabillo del ojo me pareció ver que la rubia temblaba.

Bufó como los toros de coleo.

― Más le vale, no creo que quiera que su noviecita se entere de lo que paso entre ustedes dos― advirtió.

Le regalé mi peor mirada. Quería hacer algo por Danielle pero no se me ocurría qué. Al fin y al cabo, yo también era mujer y a Jhon no le dolería golpearme.

― No, no quiero, por eso es mejor que dejemos el tema así, no querrá que su noviecita caiga en mis garras pervertidas, de nuevo, la verdad es que sus gritos de placer me gustaron bastante― repliqué.

El rostro se le convirtió en una máscara que iba entre el terror y la ira. Levantó la mano como si quisiera golpearme. Me contuve de retroceder. Danielle se puso de pie rápidamente pero el dolor la obligó a no moverse.

― Ni siquiera se atreva a tocarme un pelo― dije levantando el rostro.

¡Wow! ¿Así o más Danielle?

Bajó la mano y me escaneó de los pies a la cabeza.

― Está bien, dejemos las cosas de ese tamaño― acordó suspirando. Al parecer vio a alguien detrás de mí.
― Muy inteligente de su parte― contesté alejándome.

Me fui sin mirar atrás. Juro que, incluso, estaba caminando como la rubia y disminuí el paso con la intención de controlar el movimiento de mis caderas. No quería ser una diva como Danielle.

¿Qué tan tomada estaba? No lo suficiente, de eso estaba segura pues no me había acostado con nadie, por el momento.

Fui a la “barra” y me serví un poco más de ponche mientras me recargaba en ella y observaba. Jugueteé con el vaso mientras notaba como las arpías salían muy disimuladamente de la piscina, una detrás de la otra fingiendo indiferencia y sueño.

Pensé en Kyra, en nuestra corta relación y si en debía o no continuar con ella. Ya le había sido infiel y estaba segura de que lo seguiría siendo, porque Danielle me gustaba mucho, tanto como la pelirroja pero, en niveles distintos. Con la rubia la conexión era sexual, era una tensión continua con respecto a su cuerpo que me aturdía todo el tiempo, mientras que mi novia era algo…una rutina que me gustaba mucho. Tenerla en mis brazos, besarla, con ternura y no con pasión. Danielle era el tequila que me gustaba tomar para volverme loca, Kyra era como un vino tinto suave que acompañaba mis cenas y las hacía más amenas.

Imaginé que a la porrista líder le parecería interesante mi comparación. ¿Por qué ella con un tequila? No era precisamente por su porte latino, pues su apariencia era más americana que otra cosa. Yo, por el contrario, sí era muy latina, con la piel dorada, como lo describía ella, el cabello castaño, y alta y deportiva. Pero la comparación no era por eso, sino más bien por sus niveles de alcohol, porque si no estás acostumbrado a beberlo te puede hacer daño al punto en que no recordarás nada al día siguiente y tendrás una resaca de los mil demonios. Así era Danielle, si no estabas acostumbrada a ella y sus locuras homicidas.

Medio tambaleándome, regresé a la habitación donde había dejado a Kyra durmiendo y la encontré intacta. Un aire de tranquilidad me recorrió.

― ¿Qué haré con todo esto?― le pregunté en susurros mientras dormía. Le acomodé un mechón rebelde del rostro y la miré dormir ― Si esto se sale de mis manos, y de las de Danielle, si tú o alguien más se entera… no sé qué haré― confesé abrazandola ― No entiendo qué me pasa, contigo y con Danielle, tan diferentes y, a la vez, con tanto control sobre mí― agregué acariciándole la mejilla.


KYRA

La boca seca y un leve mareo fue lo que me avisó que estaba despierta. El sol me daba directo a los ojos y estos parecían no estar adaptados a tanta luz. Además, algo subía y bajaba por mi brazo con suavidad.

Abrí los ojos poco a poco hasta que por fin logré enfocar lo que tenía enfrente. Ángel me miraba con ternura. Estaba acostada a mi lado por encima de las cobijas acariciando mi brazo con la yema de sus dedos.

― Buenos días mi borrachita― dijo con burla.

No respondí, la boca me sabía diablos y la tenía muy seca como para articular palabra. Intenté pensar por qué me llamaba de esa forma y retazos de imágenes me llegaban a la cabeza en desorden.

― ¿Mucha resaca?― preguntó sin dejar de sonreír. Al parecer la situación era divertida para ella.

Le contesté con una expresión que decía algo como: más o menos, pero estaré mejor más tarde.

― ¿Quieres agua?― curioseó cuando notó que no estaba dispuesta a abrir la boca todavía.

Sacudí la cabeza en un enérgico “sí”. Se puso de pie y se perdió en el pasillo fuera de la habitación por unos minutos. Aproveché para seguir pensando en la noche anterior y en si habíamos tenido sexo. Recordaba la llegada a la habitación, los besos y demás, también lo sucedido en la pista pero no un climax en concreto. O de pronto estaba muy tomada como para recordarlo. Si era así, pues sería una pena completa no saber cómo se sintió mi primera vez.

Ángel regresó con una botella de agua y unas pastas para el dolor de cabeza.

― ¡Gracias!― solté apenas me tragué media botella con las pastillas.
― ¿Cómo amaneces?― inquirió acariciándome la mejilla.
― Ya sabes, como que bebí mucho anoche, ¿Qué paso?― al menos ella lo recordaría.
― Nada, caíste dormida apenas tocaste la cama, así que no te molesté, me quedé en la fiesta otro ratito y luego me vine a dormir contigo― respondió sin dejar de mimarme.

¿Se quedaría con Danielle?

― ¿Haciendo qué?― cuestioné tratando de sonar tranquila.
― No mucho, Jhon, David y Azrael se pusieron a jugar a los Houdini, se lanzaron a la alberca amarrados a unas sillas reclinables, quería ver su “escape”― contestó blanqueando los ojos.

Le creí.

― ¿Qué hora es?
― Temprano, como las 9, creo que eres la primera en despertar, por todo el hotel hay cuerpos de basquetbolistas y porristas durmiendo, apenas y se puede caminar por los pasillos― sonaba aterrada.
― ¡Entonces puedo dormir otro rato!― exclamé dejándome caer entre las sábanas.

Ángel rió y se acostó abrazándome.

― Si tu quieres, por mí no hay problema ― dijo estrechándome contra su cuerpo.

Encontré agradable el contacto a pesar de saber que el día anterior esa misma persona me fue infiel con la zorra de Danielle. ¡Que masoquista! Pero, no es que me sorprendiera, es decir, ya lo veía venir. La conversación que tuve con la rubia en el baño antes del viaje ahora me parecía profética; todo lo dicho se estaba cumpliendo. Todo, excepto una cosa, Ángel todavía no tomaba una decisión, y eso me tranquilizaba.

Me acurruqué entre sus brazos como Feo lo hacía conmigo cuando buscaba calor.

― ¿Amor?― susurré.
― Dime― se estaba quedando dormida.
― ¿Anoche hicimos el amor?― no me aguanté las ganas de preguntar.
― No― sonaba cortante.
― ¿Ni siquiera lo intentamos?― insistí.
― Te quedaste dormida, mi vida, estabas muy tomada― repitió.
― ¿Y estás enojada por eso?― presioné. ¿No podía dejar el tema hasta ahí?
― En absoluto, no haré nada que no quieras― declaró dándome un beso en la frente en señal de que quería cerrar la conversación.

Suspiré e intenté dormir.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 18:41

CAPITULO 25

ESTO ES GUERRA


A warning to the people
The good and the evil
This is war
To the soldier, the civillian
The martyr, the victim
This is war
It's the moment of truth and the moment to lie
The moment to live and the moment to die
The moment to fight, the moment to fight, to fight, to fight, to fight

To the right, to the left
We will fight to the death
To the Edge of the Earth
It's a brave new world from the last to the first
To the right, to the left
We will fight to the death
To the Edge of the Earth
It's a brave new world
It's a brave new world

A warning to the prophet, the liar, the honest
This is war
To the leader, the pariah, the victim, the messiah
This is war
It's the moment of truth and the moment to lie
The moment to live and the moment to die
The moment to fight, the moment to fight, to fight, to fight, to fight

To the right
To the left
We will fight to the death
To the edge of the earth
It's a brave new world
From the last to the first
To the right
To the left
We will fight to the death
To the edge of the earth
It's a brave new world
It's a brave new world
It's a brave new world

I do believe in the light
Raise your hands up to the sky
The fight is done
The war is won
Lift your hands towards the sun
Towards the sun
Towards the sun
Towards the sun
The war is won

To the right
To the left
We will fight to the death
To the edge of the earth
It's a brave new world
From the last to the first
To the right
To the left
We will fight to the death
To the edge of the earth
It's a brave new world
It's a brave new world
It's a brave new world

A brave new world
The war is won
The war is won
A brave new world


This is war – 30 seconds to mars


DANIELLE

Me sorprendí bastante cuando sentí la bofetada de Kyra. O ella tenía mucha fuerza o yo no estaba acostumbrada a las cachetadas. Creo que más lo segundo que lo primero.

Permanecí con la cabeza hacia un lado por varios segundos antes de mirarla.

― ¿Cómo te atreves?― preguntó entre sollozos.

Hacía dos días fue el viaje y todo lo que pasó en esas 24 horas parecía seguir dando vueltas en la cabeza de muchos. Sobre todo en la mía, pues las marcas dejadas por Jhon no terminaban de desaparecer.

Eran las 6 de la tarde, el entrenamiento con las porristas se había acabado 5 minutos antes pero Kyra, con una excusa ridícula, buscó tiempo para quedarse a solas conmigo.

― ¿Qué esperabas? Te dije que vería la forma de separarlas― dije girando la cabeza lentamente para mirarla. Una de mis cejas estaba arriba como muestra de mi enojo.

El miedo a Jhon se me había pasado y fue reemplazado por una ira que me burbujeaba las entrañas. Esos días no estaba de buen humor.

― ¿Y tenías que hacerlo delante de todos?― inquirió apretando los puños. ¡Oh! ¡Vamos! ¿De verdad se creía tan suertuda de poderme golpear más de una vez?
― Que todos salieran a mirar no fue idea mía― respondí levantando los hombros.

Seguía llorando. Las lágrimas caían de sus ojos sin control. ¿Ira? ¿Celos? ¿Tristeza? ¿Frustración? ¿No había sentido yo lo mismo cuando las escuchara manosearse en la habitación del hotel?

Desvié la mirada con vergüenza. De muchas maneras me veía reflejada en esa chica. Claro que éramos muy parecidas. Es decir, éramos. En algún punto de nuestras vidas ambas fuimos unas arpías, unas malditas manipuladoras. Pero en un punto más adelante ella había cambiado; era como Daphne. Yo seguía igual.
Me daba algo de rabia saber que su forma de ser no era actuada, que de verdad era así, y que siempre había sido así, sólo que antes tenía más…ingredientes ácidos en su mezcla.
No era como si deseara ser como ella, vivía bien tal y como estaba, pero eran esos detalles los que no dejaban que Ángel permaneciera de mi lado.

Claro que seguían juntas. Las vi en el bus de regresó, más juntas que antes, abrazadas y mimosas. A la pelinegra se le iluminaban los ojos cuando se quedaba mirando a la pelirroja. Eso ya no le pasaba conmigo. Parecía que mi condena por ser una “cerda” era continuar con Jhon, el idiota bipolar que estaba locamente ―y lo digo en el sentido literal― enamorado de mi y que estaba muy dispuesto a cumplir lo de “si no es conmigo, no es con nadie”. Me daba asco su cercanía pero, por el momento, era lo único que tenía. Debía soportarlo en silencio; nadie se podía enterar de lo que pasó en esa habitación de hotel.

― ¿Por qué simplemente no te rindes?― cuestionó la ojiverde sosteniéndose del lavamanos para no caer de rodillas por las lágrimas.
― ¿Rendirme?― repetí como si me hablara en otro idioma.
― ¿No puedes dejarnos en paz? ¿No puedes buscarte a otra persona?― sonaba desesperada.
― ¿Yo? Pero si fuiste tú quien apareció después, nosotras existíamos antes que tú― aclaré recargándome contra la puerta de un cubículo cerrado. Observaba su rostro a través del espejo y ella igual.
― Sólo empezaste a apreciarla cuando viste que empezabas a perderla.
― ¡Que bueno fue antes de perderla por completo!

Suspiró. Trataba de controlarse pero no podía. Yo sabía qué era eso.

― Aún no la valoras lo suficiente― afirmó con mirada retadora.
― ¿A qué te refieres?
― Sigues con Jhon, no has abandonado nada por ella, no la mereces― argumentó.
― Hablas como si fuera un premio…
― ¡Lo es! ¿Acaso no te das cuenta de la persona que es?― se giró y en menos de un segundo la tuve en frente dándole un golpe con la palma a la puerta de al lado.
― Estoy segura de estar más consciente de eso que tú― su violencia no me asustaba. Después de Jhon, pocas cosas me asustaban.

Se llevó la mano libre al puente de la nariz para apretarlo entre sus dedos.

― ¿Qué no lo ves? Yo la amaría y la respetaría más de lo que tú serías capaz, ya no soy como tú, dejé de serlo porque me di cuenta que con esa actitud nunca lograría estar con una persona, tienes que ser como yo si quieres estar con ella― declaró sin mirarme.

No me estaba diciendo nada nuevo.

― Lo sé― susurré apretando los labios. Me molestaba tener tanto grado de confianza con Kyra.
― ¿Lo harás?― cuestionó acusándome con sus ojotes verdes.

Desvié la mirada, de nuevo, y no le respondí.

― ¿Lo ves?― replicó ― ¿No puedes hacer algo por su felicidad y dejarla estar conmigo?― agregó. Las lágrimas estaban allí de nuevo.
― ¿Qué te hace pensar que contigo será feliz?― reté sin valor.
― Yo lo dejaría todo por ella, tú no― dijo sin titubear.

Apreté la quijada y me humedecí los labios. Yo todavía no tomaba esa decisión. Ni siquiera después de ser golpeada por mi novio. Algo tenía que estar mal conectado en mi cabeza.

― Lástima que no seas correspondida― comenté ponzoñosa.

Las fosas nasales se le inflaron y los ojos se le cerraron un poco.

― Aléjate, estás consumiendo mi oxígeno― me quejé empujándola con sólo el dedo índice como si me diera asco.

No comprendí muy bien cuál fue el movimiento que hicimos pero su boca terminó estampillada contra la mía. No le respondí el beso y la empujé usando toda mi fuerza. Cayó contra uno de los lavamanos y lo rompió.

― Si ya no eres como yo, no te comportes como tal, me haces quedar mal― declaré acomodándome el cabello que se me había ido a la cara por el movimiento.

Algo en Kyra parecía diferente. Es decir, a parte de su expresión asesina, era como la forma en que se movía, ¿más cautelosa?, ¿algo reptil, tal vez? También noté una oscuridad inusual en sus ojos, el verde selva esmeralda de siempre ahora parecía un verde pantano. Pero me mantuve en mi lugar, no le tenía miedo.

― No me retes, Danielle, por favor, no quiero caer― siseó.

Levanté una ceja.

― ¿Caer?― repetí sin comprender.
― Puedo ser tan o más peor que tú, no me obligues a recurrir a eso para estar con Ángel― explicó. Algo en su postura me demostró que se esforzaba por no lanzárseme encima.
― Comparada conmigo, sólo eres una pobre amateur, mejor deja de amenazarme, de verdad no quieres que te haga caso y te elimine― la última palabra fue casi deletreada.
― No sabes quién soy…― me recordó con sonrisa maquiavélica.
― Sé que no has matado a nadie.
― ¿Segura?

La analicé una vez más.

No, imposible, esa mocosa no era capaz de matar a nadie, o por lo menos no con sus propias manos como lo había hecho yo con mi hermana Daphne.

― Buen intento, novata― me burlé.

Algo se movió muy rápido en su rostro, creo que fueron sus cejas, demostrándome que le molestó no lograr asustarme.

― Es una pena…― solté sólo para hacerla caer, en realidad no me refería a nada en especial.

Salí campante del baño sólo para encontrarme con Jhon avanzando rápidamente. Estaba a unos 5 metros.

― ¿Qué hacías?― exigió saber.
― Nada, hablaba con Kyra― contesté. Tampoco como para tenerle miedo.
― ¿Hablando? ¿De qué?― presionó levantando una ceja.

La pelirroja salió secándose las lágrimas pero no pudo avanzar más de un paso cuando vio la expresión de mi novio.

― De lo sucedido con Ángel― respondí. No es como si necesitara mentir, de verdad estábamos haciendo eso.

Guardó silencio.

― ¡Hey tú! ¡Pelirroja!― exclamó de repente.

Kyra se sobresaltó pero no habló.

― Quiero las perversiones tuyas y de tu novia, lejos de la mía, ¿entendido?― advirtió.

Blanqueé los ojos antes de suspirar.

― Más bien, yo quiero a tu aprovechada novia lejos de la mía, o no respondo― replicó la ojiverde.

Ok, se supone que las cosas no iban por ese camino. ¿Desde cuándo todos lograban sorprenderme tanto con sus acciones?

Jhon chasqueó la lengua.

― Danielle es inocente, fue tu novia quien se aprovechó de su curiosidad y la violó― declaró el basquetbolista muy convencido de sí mismo. Muy convencido de mí también.

Contuve la risa.

― Ojalá fuera cierto― murmuró Kyra.

Cuando volteé la cabeza para esperar la respuesta de mi novio me di cuenta que estaba en medio de ambos y que la pelirroja no hablaba con la dulzura de siempre.

― No provoques mi ira, pequeña pervertida, nunca me harás creer que la culpa es de mi novia, la conozco perfectamente, no es capaz de realizar esas cosas por sí sola, a menos que alguien se aproveche de su curiosidad― argumentó.

Tuve que morderme la lengua. ¿Qué lo hacía tenerme tanta confianza?

― Es mejor que dejemos las cosas así, no quiero una discusión en este momento, las cosas pasaron, es mejor olvidarlas, por el bien de todos― dije conciliadora.

Ambos me fulminaron con la mirada.

― Dije que es mejor dejar las cosas así, no quiero una pelea, lo que pasó fue una estupidez, ¿entendido?― declaré subiendo la voz unas cuantas octavas.

Kyra no cambió la expresión, Jhon la suavizó.

― Como tú digas, osita, te espero afuera― acordó encogiendo los hombros.

Se alejó sin más mientras la pelirroja parecía incapaz de no querer matarme con sus ojos verdes.

― Jódete…― dije, y con un movimiento de mis manos le hice entender que estaba cansada de tanto drama. ¡Como si fuera la única persona en el mundo a la cual le han sido infiel!



ÁNGEL

Danielle había quedado de pasar por mí esa tarde. Kyra tenía deberes pendientes, así que después del entrenamiento se iría a casa a estudiar dándome tiempo de quedarme con la rubia.
Reconozco que me sentía un poco mal por lo que estaba haciendo, es decir, a mí me podían hacer lo mismo. Bueno, como si, técnicamente, Danielle no me lo hubiera hecho ya.

La bocina sonó y yo salí disparada de la casa.

― ¿A dónde va?― me gritó mi madre antes de alcanzar la puerta.
― Donde una amiga, no llego tarde― respondí abriendo para salir.
― ¿Una amiga?― repitió incrédula.

No respondí y cerré la puerta.

Danielle se examinaba el cuello en el espejo retrovisor cuando llegué junto al carro.

― ¿Vamos?― pregunté subiéndome sin abrir la puerta, sólo saltando sobre ella.
― ¿Estás segura de que quieres hacer esto?― curioseó sin mirarme.
― ¿A qué te refieres?― repliqué sorprendida.
― Una cosa es que yo le sea infiel a Jhon, es parte de mi naturaleza, estoy acostumbrada a mentir, ¿tú le quieres ser infiel a Kyra definitivamente?― ahora se miraba la mejilla que noté ligeramente más rosada que el resto.

Bueno, si Danielle me lo decía tal vez era mejor que lo meditara. Hubo silencio mental, la porrista no paraba de examinarse el rostro. ¿La volvería a golpear?

¿Y entonces? ¿No había remordimiento? ¿Alguna voz que me dijera que debía detenerme porque estaba haciendo mal? Sólo una vocecita que me recordaba que Jhon la volvería a golpear si nos descubría pero, aparentemente, ella ya había asumido ese riesgo al recogerme.

Esperé. No hubo nada más.

― Estoy segura― respondí con firmeza.

Sus ojos dorados me analizaron varios segundos.

― Que conste…― susurró levantando los hombros. Parecía que no me hablara a mí.
― ¿Jhon te volvió a pegar?― curioseé.
― No― noté que contenía la risa.

Arrancó y en menos de nada estábamos en la puerta de su casa. En silencio, nos bajamos del auto y entramos a la casa. Ella lanzó su morral de porrista al sofá de la sala y cerró la puerta recargándose sobre ella.

― ¿Y ahora?― preguntó sin mirarme.
― No sé― contesté confundida.
― ¿Quieres comer algo?― curioseó como si regresara a la realidad.
― Lo que sea que tengas― contesté.

Danielle soltó la risa.

― Si quieres…― se perdió entre las puertas de la cocina.

Dejé mi maleta al lado de la de ella y la alcancé. Como siempre, me senté en alguna silla de la barra para verla hurgar su propia nevera en busca de algo para ofrecerme. No es como si hubiera muchas cosas en ella. Empecé a calcular cuánto se iba a demorar antes de rendirse y hacerse a un lado para que yo pudiera lo que había en la nevera y eligiera por mí misma.

10… 9… 8… 7… 6… 5… 4… 3… 2… 1…

― ¡Arg! ¡No sé! ¡Elige tú!― exclamó abriendo la nevera para que yo pudiera ver.

Apreté los labios para contener la risa. Muy pocas veces lograba predecir sus acciones. Claro que esta era una que se repetía cada vez que venía a su casa, algo que, por cierto, no hacía desde la mascarada.

Empezó a tamborilear con sus uñas en la puerta del refrigerador con impaciencia.

― Ahm… ¿tienes duraznos?― bajé la voz por si se enojaba por mi usual pedido.

Sonrió.

― Para ti, siempre― afirmó sacando uno y lanzándomelo por encima de la barra.

Noté algo raro en su actitud, ¿o en su respuesta? Agarré la fruta en el aire y, de inmediato, le di el primer mordisco. Ella analizó la nevera unos segundos más y terminó cerrándola sin sacar nada. Se sentó a mi lado apoyando el mentón en la palma mientras el codo se sostenía con la barra.

― ¿Crees que Kyra se merezca esto?― inició inexpresiva.

Casi me atoro con la pregunta.
No pude responder porque estaba tosiendo.

― Lo supuse…― comentó a los pocos segundos ― No te lo habías preguntado desde ese punto de vista, ¿verdad?

Negué con la cabeza sin dejar de toser. Me alcanzó un vaso con agua y me lo bebí lentamente para calmar la tos.

― Hay algo que me perturba― continuó. Se había acomodado en la misma posición de antes.
― A ti nada te perturba, ni siquiera tener un novio que te puede golpear en cualquier momento― repliqué.
― Tú sabes que eso no es cierto― levantó una ceja.
― Ok ok… ¿qué te perturba?
― Tu novia― confesó.

Arrugué el entrecejo. Se sentía raro ahora ser yo la que tenía pareja y “compromisos”.

― Kyra es una santa paloma, deberías preocuparte, más bien, por el hecho de que yo no sienta remordimiento, mira el monstruo que soy por tu culpa― argumenté poniéndome de pie.

Antes de que pudiera esquivarme, la encerré entre mis brazos y la barra. Ni se inmutó.

― Kyra no es tan santa como crees, bueno, esa no es la palabra, más bien, no es tan inocente como parece, ella está más enterada de todo de lo que admite― declaró. Le creí pero no me parecía preocupante.
― ¿Entonces?
― Sólo digo, esto se te puede volver un problema después― advirtió levantando los hombros.

Aproveché la cercanía y la observé con atención. Su mejilla derecha estaba ligeramente más rosada que la izquierda, como si le hubieran golpeado con un balón en la cara. Eso explicaba que se mirara tanto al espejo en el carro. Posiblemente se cayó de alguna pirámide, quien sabe. Su expresión, por más serena que se viera, tenía algo de preocupación. Estaba segura que entre sus cejas podía notar unas ligeras líneas como si la estuviera arrugando, igual en su frente. Incluso el dorado de sus ojos parecía diferente, ¿menos brillante, tal vez?

― Cuando se vuelva un problema, ya veré qué hago― dije finalmente y la besé.

Extrañaba esos labios.



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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 19:04

CAPITULO 26

VIDAS QUE SE ACABAN


[Mike Shinoda]

Yea here we go for the hundredth time,
Hand grenade pins in every line,
Throw 'em up and let something shine.
Going out of my fucking mind.
Filthy mouth, no excuse.
Find a new place to hang this noose.
String me up from atop these roofs.
Knot it tight so I won't get loose.
Truth is you can stop and stare,
Run myself out and no one cares.
Dug a trench out, laid down there
With a shovel up out to reach somewhere.
Yea someone pour it in,
Make it a dirt dance floor again.
Say your prayers and stomp it out,
When they bring that chorus in.

[Chester Bennington]

(Chorus)
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away,
Just to throw it away,
Just to throw it away.

[Mike Shinoda]

I bleed it out.
Go, stop the show.
Chop your words in a sloppy flow.
Shotgun I pump, lock and load,
Cock it back and then watch it go.
Mama help me, I've been cursed,
Death is rolling in every verse.
Candypaint on his brand new hearse.
Can't contain him, he knows he works.
I hope this hurts, I won't mind.
Doesn't matter how hard I try.


Half the words don't mean a thing,
And I know that I won't be satisfied.
So why, try ignoring him.
Make your dirt dance floor again.
Say your prayers and stomp it out,
When they bring that chorus in.

[Chester Bennington]

(Chorus)
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away,
Just to throw it away,
Just to throw it away.

I bleed it out.
I've opened up these skies,
I'll make you face this.
I pulled myself so far,
I'll make you face this now.

I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away,
Just to throw it away,
Just to throw it away.

I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away.
I bleed it out,
Digging deeper just to throw it away,
Just to throw it away,
Just to throw it away.

I bleed it out. [3X]


Bleed it out – Linkin Park


ÁNGEL

Así como estaba, de pie, desnuda con el cabello suelto, recargada contra su tocador, Danielle parecía una diosa. Como Afrodita pero, de ojos castaño claro con visos dorados y no azules. Daba esa impresión, sino fuera por la expresión en su rostro que iba entre la tristeza, pasaba por la ira y terminaba en la sorpresa.

― ¿Estás bien?― pregunté acercándome rápidamente. Parecía que en cualquier momento se iba a desmayar.

La cercanía entre su cuerpo desnudo y el mío me alteró los nervios por un segundo. Quería hacerle el amor de nuevo pero, no era el momento.
Ni siquiera se inmutó. Alguien seguía hablando al otro lado de la línea, tan rápido que no pude entender lo que decía.

― Entiendo…― respondió la rubia parpadeando varias veces como para recuperar el control de los músculos de su rostro.

De nuevo la persona al otro lado del teléfono siguió hablando. Danielle parecía tomar nota mental de lo que le decían al tiempo que apretaba la quijada. Noté que no quería demostrarme debilidad. Finalmente, colgó.
Su brazo cayó a un lado sin vida y el teléfono se estrelló en el piso; si no fuera por la alfombra se habría dañado. Los ojos de la porrista estaban, de nuevo, muy abiertos.

― Danielle, ¿qué pasa?― insistí tomándola por los hombros para sacudirla un poco.

No reaccionó.

¿Qué diablos pasaba? ¿Desde cuándo Danielle se pasmaba de esa forma?

El teléfono inalámbrico repiqueteó a nuestros pies. Cuando vi que ella no lo contestaría, lo recogí y contesté.

― ¿Si? Casa de la señorita Bonnet― dije fingiendo la voz de alguna empleada del servicio de las películas. No quería que nadie supiera que yo estaba ahí.
― Habla con el padre de Danielle, ¿podría comunicármela, por favor?― respondió un hombre al otro lado de la línea.

Wow… yo pensé que ese señor sólo existía en forma de dinero.
La miré. Ella seguía sumergida en un lugar muy lejos de aquella habitación.

― Se está duchando, ¿quiere dejarle el mensaje?― contesté.
― Sí, dígale que su madre ha muerto, tiene que ir a la clínica de reposo donde la abandonó hace meses para firmar los papeles― pidió con enojo.
― Este… claro, ¿alguna otra cosa?― tartamudeé. Ahora entendía la expresión de mi amante.
― Sí, dígale también que no le enviaré ni un solo peso para el entierro― y colgó.

Cuando me volví hacia la rubia la encontré más tranquila. Su expresión era fría, casi resentida. Estaba segura de que había escuchado lo que su padre me dijo.

― Vístete, tenemos que irnos― ordenó alejándose en dirección al closet.

Creo que no comprendí la completa gravedad del asunto hasta que no me vi en el puesto de copiloto de su convertible mientras ella conducía a toda velocidad en dirección a un lugar fuera de la ciudad.

― ¿Quieres que conduzca? No creo que estés en condiciones de manejar― dije desde mi lugar muy aferrada al cinturón de seguridad.

No respondió.

¿Qué se suponía se significaba todo eso? Es decir, ¿desde cuándo ella se afectaba tanto por alguien que le importaba tan poco? O, en realidad, ¿sí la quería?
Recordaba que la rubia me había contado que su madre estaba en una clínica de reposo y por las palabras de su padre, me daba la impresión de que ella llevaba mucho tiempo sin visitarla y que él no lo sabía. ¿Y lo del dinero? ¿Sería alguna forma de castigo por abandonar a su madre? Si era así, me parecía tonto, de cualquier manera, Danielle seguía siendo una niña, ni siquiera había acabado la preparatoria, no podía someterla a semejante presión sólo para castigarla.

Estaba segura de que si la porrista pudiera escuchar mis pensamientos ya me estaría reclamando por llamarla “niña”. Sonreí por lo bajo. Era cierto, era una niña caprichosa con mucho dinero. Tal vez por eso su padre la obligaba a pagar todos los gastos fúnebres.

Casi derrapa en una curva y yo cerré los ojos para no ver nuestra inminente muerte.

“Adolescentes mueren en accidente automovilístico a las afueras de la ciudad”

― No seas ridícula, he conducido en peores condiciones― replicó Danielle como si me hubiera escuchado pensar.

La miré en silencio. Me asustaba un poco que hiciera eso.

― Te aferras a ese cinturón como si tu vida dependiera de ello― agregó y eso me tranquilizó. Danielle no era bruja ni leía mentes, sólo estaba muy pendiente de todos los detalles.

Calló de inmediato. Cuando abrí mi boca para repetir la pregunta, ella estaba concentrada en la carretera. Al menos no moriríamos estampilladas contra un árbol o rodando por un risco sin fondo.

― Mi padre sabe que la maté― dijo finalmente.

La miré sorprendida.

― Es decir, él sabe que tuve algo que ver, lo sospecha pero nunca lo ha comprobado; mi madre no fue la única que se volvió loca ese día― declaró aferrándose al volante.

Estaba completamente de acuerdo…

― Mi padre también cambió, o sea, él no era de los que se acostaban con sus secretarias, lo de la amante fue un escape rápido, nada más― continuó ― Cuando mi madre… cuando se volvió loca, él también empezó a ignorarme, me miraba con odio, y como casi todo el tiempo tenía que estar pendiente de mí porque mi madre asistía a sus terapias diarias, lo único que hacía era tratarme como un perro, si me daba comida me la tiraba en un plato, si tenía deberes de la escuela me tiraba los libros a un lado y se marchaba― guardó silencio por unos segundos ― Cuando la maté quería atención pero fue como borrarme del mapa― finalizó apretando la quijada.

La miré en silencio. Así que todo tenía una explicación.

― Una vez, desesperada por atención, embriagué a mi padre y tuve relaciones con él― confesó.

Se me abrieron mucho los ojos y me quedé sin aliento.

― Dos días después se consiguió un trabajo para viajar mucho― me daba la impresión de que no hablaba conmigo ― Cada que viene de visita se emborracha, es como si no me soportara mientras está sobrio― su rostro que llevaba un buen rato inexpresivo empezó a tomar matices de ira ― Tenemos sexo…― confesó apretando, de nuevo, el voltante.

Tragué saliva.

― ¿Abusa de ti?― me aventuré a preguntar.
― No, lo hago por voluntad propia, desde que Daphne muriera él sólo me mostró asco, me acuesto con él para tener el placer de ver su rostro aterrado a la mañana siguiente― explicó.

¿Eso era una venganza para ella?

Los celos me subieron por la espalda y tuve que mirar hacia otro lado. ¿Con cuántas personas se acostaba aparte de mí?

― No seas tonta Ángel, tu y yo tenemos relaciones aparte de ésta, somos amantes, no hay lugar para los celos― y ella era una experta en leer mi lenguaje corporal.
― Tienes sexo con tu propio padre, ¿no te da asco? ¿no te sientes, ni siquiera, un poco mal?― cuestioné llena de ira. La sola idea de que aquel hombre la tocara me molestaba.
― Para nada, ESE dejó de ser mi padre hace mucho tiempo, era el padre de Daphne, no el mío― respondió levantando los hombros ― Mi padre nunca me odiaría por la muerte de esa estúpida, ni siquiera se atrevería a tocarme, toda mi familia se ahogó esa tarde, junto con ella― agregó disminuyendo la velocidad.
― Tú los mataste, que no se te olvide― le recordé, por si acaso.
― Ya llegamos― cortó apagando el motor.

No me di cuenta que estábamos en el parqueadero de un lugar que se veía bastante tenebroso.

Afuera, llovía. No lo había notado porque la capota del carro estaba cerrada, y aquellas revelaciones me absorbieron.

― Señorita Bonnet, sígame― Danielle ya tenía su puerta abierta y una mujer vestida como enfermera le hablaba desde afuera con una sombrilla lista.

Alguien tocó mi ventana y me sobresalté en mi lugar. Era otra mujer con una sombrilla para mí.

Los cuatro entramos al edificio en silencio. La rubia se sacudió el agua que había alcanzado su cabello. Estaba más largo. ¿Cuánto tiempo había pasado exactamente desde que nos conociéramos? Parecía toda una vida.

― Disculpe nuestra repentina llamada pero, usted entenderá― inició la mujer que la había recibido en el parqueadero.
― Sí, entiendo― se limitó a decir la porrista.

Empezaron a caminar hacia un pasillo sacado de película, blanco, largo y aterrador. Sólo le faltaban las luces parpadeantes.

Me dispuse a caminar detrás de ellas pero Danielle me tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los míos. Me jaló con delicadeza para quedar a su lado.

― ¿Qué pasó?― preguntó mi amante.
― Rasgó las sábanas de la cama, las amarró a los barrotes de su ventana y se ahorcó― contestó la mujer. Era medio regordeta, el cabello negro con algunas canas estaba largo pero sujetado firmemente en una trenza que iba desde su frente hasta la punta del cabello. Los tenis que llevaba puestos chillaban en las baldosas blancas del lugar. Sus manos se veían algo resecas y las uñas estaba mutiladas por sus dientes. La señora era ansiosa o le tenía miedo a la porrista. Antes de conocer a la rubia sería muy probable que no determinara en aquellos detalles.
― ¿Por qué?― cuestionó la que me sujetaba de la mano.
― No lo sabemos, creemos que fue por su ausencia, ya sabe, ella la quería mucho― respondió la canosa bajando el rostro.

Le tenía miedo.

― No era a mi― susurró la rubia apretándome la mano.

La enfermera guardó silencio hasta que por fin llegamos a lo que supuse que era la enfermería. Una enfermería en una clínica de reposo, que irónico.

El cadáver yacía en una camilla.

Danielle se acercó sin pensarlo y levantó la sábana que lo cubría. Lo único que alcancé a ver antes de desviar la mirada fueron unas marcas en el cuello que iban del morado al rojo con algunos visos verdes. También note que estaba anormalmente alargado, como un caucho. Me tragué las ganas de vomitar.

La porrista colocó la sábana en su lugar.

― ¿Quién habló con mi padre?― inquirió girándose para mirar a las enfermeras.

Las tres mujeres ―la que venía con nosotras y otras dos que estaban ahí cuando entramos― se echaron la culpa entre ellas con la mirada. Ninguna habló.

― ¡¿Quién?!― repitió exasperada.

Las mujeres, casi, brincaron.

― Yo…― confesó nuestra guía.
― ¿Tenía que decirle que yo no vengo hace meses?― presionó. Ya se le iba a acercar pero la mantuve en su lugar apretándole la mano.
― Yo…este…el preguntó cuándo fue la última vez que usted vino a verla, yo sólo le respondí, ¿puedo saber cuál es el problema?― no podía creer que esas mujeres le tuvieran miedo.
― Pues que está muerta, ¿no lo ha notado?― nadie en la habitación comprendió esa respuesta.

Me arrastró fuera de la enfermería y me llevó a otro lugar. Se ubicaba muy bien en esos pasillos. Abrió una puerta y de inmediato supe dónde estábamos. No me soltó, ni siquiera cuando empezó a rebuscar entre las cosas de su madre.

Nuestra guía nos alcanzó pero, antes de que pudiera tomar aire para preguntar algo, Danielle habló.

― Tráigame los papeles que tengo que firmar, quiero salir de esto rápido, y una caja para meter las cosas de mi madre― ordenó sin mirarla.

La señora me miró como clamando piedad pero yo le di la espalda también. No era mi asunto.

― ¿Estás bien?― le pregunté en voz baja cuando nos quedamos solas.
― ¿Tú qué crees?― replicó. No lo decía a la defensiva, sino más bien como invitándome a que la descifrara.
― Me parece que te afecta más de lo que admites― declaré soltándola suavemente.

Sentí sus uñas en mis palmas tratando de aferrarse sin éxito.

Estaba arrodillada frente a una mesa de noche y, desde ahí, suspiró con fuerza. Se sentó en el suelo y recargó la espalda contra el borde de la cama.

―Maldita…la muy maldita se suicidó por ella…― se quejó en voz baja. No le importaba si alguien la escuchaba, lo hizo porque estaba llorando.

No hubo velorio, o por lo menos no uno muy largo. Al día siguiente en la mañana fue “el velorio” y por la tarde se llevaron el ataúd al cementerio.

Kyra no me acompañó, tuvo que salir de viaje a visitar a su abuela enferma, así que sólo nos vimos unos minutos en la mañana y luego se marchó.

Las arpías llegaron temprano acompañadas por Jhon, Azrael y David. Yo procuré no moverme bruscamente, no quería peleas con el novio de la rubia.

No sé si su padre apareció. Y si lo hizo, no se le acercó. Nuestro grupo parecía estar de escolta, la rodeábamos cada que se movía y a las personas les costaba trabajo acercarse para dar el pésame pero lo intentaban, incluso cuando la porrista no se mostraba muy animada a recibirlo.

Al parecer nadie del grupo conocía al señor Bonnet, ni siquiera Jhon, pues nadie hizo amanes de saludar a alguien aparte de los que se acercaban.

Danielle, por su parte, estaba furiosa, a su manera. Incluso se mostraba tranquila ante la cercanía de su novio violento. No hablaba a menos que fuera estrictamente necesario. Tampoco se subió a la carroza fúnebre sino que le entregó las indicaciones al conductor en un papel y se fue en el carro con nosotros. Jhon conducía por ella. Noté que nadie sabía que la madre de Danielle estaba en una clínica de reposo porque cada que alguien preguntaba, la rubia respondia:

― Tuvo un accidente mientras esquiaba en los Alpes, se rompió el cuello, no sufrió― mentía con maestría. Todos le creían.

Lo último era cínico. Su madre tenía marcas de golpes en los talones que indicaban que pataleó bastante después de ahorcarse. Al final, se había arrepentido. El cuerpo había sido maquillado y vestido con clase. En el cuello le pusieron un chal de seda que no dejaba ver la herida ni lo anormalmente alargado que estaba.

No hubo palabras de despedida, sólo un montón de paladas de tierra cubriendo el ataúd de madera fina. Nadie lloró, salvo Danielle. Claro que sólo fueron un par de lágrimas, más de rabia que de tristeza.

Esa noche, todos se marcharon a sus casas. Yo hice como si me fuera pero volví a los pocos minutos. Valía la pena la pobre actuación para mantener calmada a la bestia de Jhon. De nuevo, tal y como había sido la noche anterior, Danielle y yo estábamos solas en la casa.
Subimos a su habitación en silencio. Me sorprendió que no buscara la cocaína para calmar su rabia.
Contrario a lo que me imaginara, apenas estuve en un ángulo perfecto, me empujó a la cama y se sentó sobre mí. La posición activó mis nervios sexuales.

― Danielle…― dije con reproche.
― Sólo hazme el amor, no estoy para charlas― replicó besándome.





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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 21:51

CAPITULO 27

LA CHICA DEL ESPEJO


I kept the right ones out
And let the wrong ones in
Had an angel of mercy to see me through all my sins
There were times in my life
When I was goin' insane
Tryin' to walk through
The pain
When I lost my grip
And I hit the floor
Yeah,I thought I could leave but couldn't get out the door
I was so sick and tired
Of livin' a lie
I was wishin that I
Would die

Chorus:
It's Amazing
With the blink of an eye you finally see the light
It's Amazing
When the moment arrives that you know you'll be alright
It's Amazing
And I'm sayin' a prayer for the desperate hearts tonight

That one last shot's a Permanent Vacation
And how high can you fly with broken wings?
Life's a journey not a destination
And I just can't tell just what tomorrow brings

You have to learn to crawl
Before you learn to walk
But I just couldn't listen to all that righteous talk, oh yeah
I was out on the street,
Just tryin' to survive
Scratchin' to stay
Alive

Chorus:
It's Amazing
With the blink of an eye you finally see the light
It's Amazing
When the moment arrives that you know you'll be alright
It's Amazing
And I'm sayin' a prayer for the desperate hearts tonight

Desperate hearts, desperate hearts

Amazing - Aerosmith


KYRA

Llevaba mucho tiempo sin ponerme esa peluca rubia de cabello natural. Las lentillas azules ya estaban en mis ojos porque me gustaba jugar con el contraste que hacían con mi cabello rojo pero, la peluca, era otra cosa. Desde hacía media hora estaba sentada en el tocador viéndola. Era como un viejo demonio que nunca enfrenté.

Suspiré para tomar valentía y me la puse.

Tuve que quitar la mirada para no verme en el espejo. Por un lado sentía el peso de los actos cometidos y, por el otro, era como liberarme, retomar mi viejo yo para acabar con Danielle.

Bueno, ¿y por qué estaba disfrazándome?

La madre de Danielle había muerto, mi padre y su padre todavía eran amigos, así que estábamos invitados al velorio-entierro. El problema no era ese, sino que estaba segura de que Ángel estaría con ella y no quería que supiera que la rubia y yo nos conocíamos de antes. O, por lo menos, no todavía.

Me maquillé como lo hacía en aquellos tiempos. Ojos con sombras en tonos pastel para resaltarlos y los labios de un rosa pálido. No usaba rubor, me daba el aspecto de una muñeca.

― ¡Kyra! ¿Estás lista?― preguntó mi madre desde el primer piso.
― ¡En un momento!― respondí. Todavía no escogía la ropa.

Me giré sobre la silla y miré el desorden de prendas sobre mi cama. Feo, mi gato, maulló fastidiado a mi lado y se me subió en las piernas.

― Yo guardo la ropa antes de irme, podrás dormir en mi cama, no te preocupes― le respondí a sus quejas mientras le acariciaba la cabeza.

No tenía mucho para ponerme. Primero, era un velorio-entierro, segundo, mi forma de vestir antes era diferente a la actual, así que la ropa no combinaba con el rubio ni los ojos azules.
Por fin encontré un vestido negro, sencillo con escote, que había usado para una obra de teatro en mi anterior escuela.

Antes, anterior, viejo demonio. Hablaba como si hubieran pasado años.

Me paré frente al espejo para modelar el vestido.

El nombre de mi ex era, irónicamente, el mismo de la persona que ayudé a asesinar: Daphne. Obviamente no tenía nada que ver con la rubia, ni siquiera se parecía a la difunta. Era de cabello negro y ojos azules…
Acababa de darme cuenta de su parecido con Ángel. No sabía que me gustaran tanto las pelinegras.

Bueno, en realidad, no era mi ex pero, teníamos una relación. Es decir, no una relación como la de Danielle con mi novia, sino una relación como la de Ximena y Alexandra. Éramos, dirían por ahí, BFF; “Best Friends Forever”, pero sin la parte del sexo.

Sí, yo también sabía lo de esas dos, era demasiado obvio para alguien que identifica lesbianas a kilómetros.

Éramos amigas, muy buenas amigas. Lo mejor de todo es que ella, a pesar de ser porrista y estar dentro de mi grupo de amigos, no era como nosotras. No era una %$#%&/ malnacida, no era orgullosa ni ególatra, tampoco era una zorra, ni siquiera se vestía como nosotras. Era porrista porque le gustaba la gimnasia, su novio era parte del equipo de basketball, de los que siempre estaban en la banca, era buena estudiante pero no una lamezuelas con los profesores. Las únicas faldas que usaba eran las del uniforme de porrista, porque tenía dos. Un vestido al año, el que se compraba para los bailes de final de curso. Su maquillaje constaba de dos cosas: base del color que más se ajustaba a su piel y lápiz negro. Vestía con jeans y chaquetas, no al estilo rock n’ roll, sino algo muy casual. Jeans con baletas, o con tennis en caso de que fuera a caminar mucho, blusas de tiras, chaquetas diversas dependiendo de la ocasión, en drill, en jean, en cuero o, a veces, sin chaqueta. Sólo dos anillos en sus manos, uno era de oro con esmeralda que se lo dieron a los 15 años, y el otro era de acero, sencillo. Su cabello era ondulado, así que lo usaba suelto todo el tiempo. De vez en cuando se lo alisaba para variar. Digamos que era la que le resaltaba las estupideces a mis otras dos amigas, mi propia versión de Ximena y Alexandra. Le gustaban las estrellas y era parte del club de astronomía de la escuela. Se hablaba con todo tipo de personas, desde los punk, metaleros y raperos, hasta los nerds, con los normales y los anormales. Gracias a ella ―o por su culpa…― yo no me alejé mucho del resto de la escuela y no fui tan exclusiva como sí lo era Danielle.

La amaba. En secreto.

Satisfacía mis deseos con el solo hecho de estar todo el día con ella. Me faltaban excusas. Ir de compras, modelarle mi ropa nueva, comprarle ropa a ella, que me modelara su ropa nueva, práctica con el equipo de porristas, celebración de algún partido, invitarla a comer, cocinarle, que me cocinara, un viaje a la playa costeado por mis padres, crear nuevas rutinas para el equipo, presentarle otros chicos para que dejara a su novio, luego presentarle otros para dejara al nuevo, etc. Hice de todo, no entiendo cómo nunca se dio cuenta de lo que sentía por ella.

― ¡Kyra! ¡Vamos tarde!― gritó mi madre.
― ¡Voy!― contesté mientras embutía la ropa en el closet. Feo me acusaba con la mirada para que le desocupara rápido SU cama.

Cuando no me cupo más ropa, porque desordenada no cabía nada, la dejé en el suelo. Tomé mi bolso y alcancé a mis padres en el carro.

Había mucha gente, la madre de Danielle era muy reconocida, no sé por qué pero lo era. Mi padre fue directo con el suyo. Me pareció curioso que la rubia estuviera sentada en un lado del salón de velación y el papá estuviera en la esquina contraria como si no se conocieran entre ellos.

Efectivamente, Ángel estaba con ella y el resto de su séquito también. Ximena, Alexandra, Azrael, David, y Jhon la rodeaban de manera protectora. Ninguno de ellos me reconoció cuando me acerqué con mis padres a dar el pésame. Mi novia no paraba de mirarla. Una espina más en la colección de mi corazón. Danielle tampoco me reconoció.

― Lamento tu perdida, cualquier cosa que necesites, dile a Louis para que me hable y veré cómo te puedo ayudar― dijo mi padre. Mi familia fue entre los pocos que pudo atravesar la barrera y tener contacto físico directo con ella.
― Mi sentido pésame― declaró mi madre abrazándola. Danielle apenas y se movió.

Repetí la misma frase y la abracé. Lo decía en serio, no me gustaría perder a mi madre.

A diferencia de Danielle, mi vida era más… ¿fácil? Mis padres no estaban separados, se querían mucho y estaban planeando darme un hermanito. Éramos adinerados por la descendencia Alemana de mi padre. Mi padre era competitivo en su trabajo y por eso se había ganado ascensos y aumentos.

El problema, bueno, los problemas, con Daphne empezaron cuando su novio, el que más le había durado y que no había logrado alejar todavía, le regaló un anillo de plata con inscripciones de sus nombres en la parte interior. Ella estaba encantada, era feliz. Las peleas empezaron.

― ¡Pero es un idiota!― reclamaba yo.
― No ha hecho nada malo― respondía ella ignorando mi tono.
― ¡Te trata como…!
― Como a su novia― interrumpió Daphne ― No sé por qué lo odias, no te ha hecho nada malo, no me ha sido infiel, me trata como a la mejor mujer del mundo, dime, ¿por qué lo odias?― exigió saber.

Me mordí la lengua antes de responder.

― ¿Cómo estás tan segura de que no te ha sido infiel?― insinué. No era buena idea lo que estaba pensando hacer.

Me levantó una ceja y se llevó la mano a la cintura. Estábamos en mi anterior casa en mi vieja habitación, tan rosa que ahora me daba asco, mis padres no estaban y se supone que iba a ser una noche de chicas, con pizza, maquillaje, etc. Pero, por “calamidades”, Jessica y Brittany, mis otras dos amigas, no pudieron ir y quedamos ella y yo solas. Se suponía que esa noche me le declararía, tendríamos sexo ―mi primera vez―, amaneceríamos desnudas y felices.

― ¿De qué hablas?― preguntó manteniendo el temple. Siempre tan controlada. Como Ángel.

El cura estaba leyendo algo de la biblia mientras todos estábamos alrededor del ataúd esperando a que lo metieran al hueco. Blanqueé los ojos ante la comparación que acababa de hacer.

― He escuchado rumores…― mentí dándole la espalda como si caminara a mi tocador, era más fácil enfrentar su reflejo que su mirada directa.

Daphne bufó y la escuché dejarse caer en la cama. El colchón crujió con fuerza, como si se hubiera lanzado. Por un segundo pensé que se había desmayado y me giré preocupada.

Mi expresión de susto fue recibida por la suya. Incrédula.

Sonreí nerviosa.

― ¿Qué rumores?― presionó desde su lugar. No me creía ni una sola palabra.
― Yo…nos besamos…― susurré. Ni siquiera se inmutó.
― Mentirosa― declaró poniéndose de pie. Empezó a caminar por toda la habitación recogiendo sus cosas.
― ¿Qué haces?― curioseé.
― Me voy, no pienso soportar tus mentiras― contestó sin mirarme.
― No es mentira― mi voz no tenía fuerza. Me costaba mentirle.

De repente estuvo muy cerca de mi rostro. Era casi una cabeza más alta que yo y el azul de sus ojos, como el del cielo, me embelesó.

― Júramelo― retó.

Tragué saliva.

― Lo juro…
― ¡Arg! No entiendo por qué haces esto, ¿para qué te hago jurar si no tienes palabra?― se quejó dándome la espalda de nuevo.
― ¿Cómo que no tengo palabra?― eso me había ofendido.
― Para ti, jurar no significa nada, sólo te interesa ser popular, juras y prometes para tener seguidores, nada más― argumentó.

¡Auch!

― También me interesas tú― comenté con la cabeza gacha.

Me miró con rabia.

― No parece― cortó retomando su labor de búsqueda.

No pude moverme hasta que la vi caminar hacia la puerta con el morral en los hombros.

― ¡Espera hija!― pidió mi madre cuando vio que yo me alejaba del tumulto.
― ¿Qué pasa?― pregunté con fastidio. No me gustaba recordar.
― ¿Estás bien?― inquirió mirándome con ternura.

No me di cuenta que estaba llorando hasta que su mano se paseó por mi mejilla y sentí la humedad.

― No me gustan los entierros― excusé.
― Puedes esperar en el carro, si quieres― ofreció extendiéndome las llaves del auto.
― Ok― acordé tomándolas y alejándome.

Me encerré en el carro y puse algo de música mientras me acostaba en la silla trasera.

― ¡No entiendes nada Daphne!― le reclamé llorando.

La pelinegra no podía ocultar su expresión de sorpresa. Todo el lugar estaba bañado en gasolina y el zippo* de plata que ella me había regalado estaba prendido en mi mano derecha. No se apagaría a menos que lo cerrara.

― Por favor Kyra, cálmate, mira lo que estás haciendo― pidió con sus palmas hacia el frente como si quisiera que le entregara un arma.

Todas las puertas de los salones estaban cerradas y muchos estudiantes estaban encerrados. Sin embargo, el sonido de ventanas rompiéndose se extendió por todo el lugar. Estaban huyendo.

―Yo sé lo que hago― me limpié las lágrimas con la mano libre ― Lo único que quería era que fueras feliz― agregué mirándola con rabia.
― Pero yo era feliz…― se excusó. Todavía no lo entendía.
― ¡Conmigo idiota! ¡CONMIGO!― revelé.

Los ojos se le abrieron como platos y, de repente, todo fue claro.

― Estabas enamorada de mi…― susurró como una revelación.
― Estoy…― aclaré restregándome los ojos. El exceso de gasolina y su fuerte olor me secaban los lentes y estos me empezaban a molestar. La vista se me nublaba a ratos.

Hubo silencio entre nosotras. Afuera los gritos aumentaban y varias sirenas sonaban a lo lejos.

― Yo… no sé qué decir…― bajó la cabeza.
― Dime que me amas, dime que estarás conmigo, que olvidaremos esto y que nos acostaremos juntas― supliqué.

De nuevo me miró. Inexpresiva.

― Lo siento pero, no puedo, yo no te amo, te quiero, eres mi amiga pero nada más― declaró con voz firme.

Algo me presionó el pecho.

― Que lastima…― dije soltando la carcajada mientras el encendedor volaba hacia la gasolina.

Abrí los ojos y me llevé los dedos al puente de la nariz. Definitivamente no quería llegar a ese punto por Ángel, aún cuando mi actual novia me hacía feliz y era MI NOVIA, Daphne marcó parte de mi vida. Era quien era en ese momento gracias a ella. Incluso mi forma de vestir era similar a la suya.

Nadie murió ese día, y de verdad era un alivio.

Para cuando cai en cuenta de todo lo que había hecho ya era demasiado tarde. Mi madre lloraba desconsolada en los brazos de mi padre que me miraba como si no me conociera. Después de prenderle fuego a la escuela, sin encontrar una salida, me oculté debajo de la mesa de la sala de profesores y me quedé dormida. Los bomberos me encontraron y como había inhalado tanto humo me llevaron al hospital. El rector de la escuela, que era un hombre paciente, decidió no presentar cargos en mi contra, y convenció a todos los padres de no hacerlo, con una única condición: yo debía marcharme de aquel lugar.

La fiesta en la que conocí a Ángel fue dos días después de salir del hospital.

Ese día estaba especialmente mal. En casa ya teníamos todo listo para la repentina mudanza pero mis padres seguían sin hablarme. Incluso mi gato, que era un regalo de Daphne, no me hablaba. Todos estaban enojados conmigo y con mucha razón.
Pero hubo una última cosa que quise hacer antes de marcharme y fui a casa de Daphne. No fue fácil. Cuando sus padres me vieron en la puerta estuvieron a punto de llamar a la policía pero alguien me defendió y los tranquilizó: Michael, su novio. Parecía castigo divino.

― ¿Qué haces aquí, Kyra?― preguntó apenas los adultos se marcharon a otros lugares de la casa.
― Quiero verla― respondí con temor.
― ¿Para qué? ¿No crees que ya has hecho suficiente?― inquirió. Aunque me caía mal, siempre lo respeté. No lo odiaba, sólo le tenía celos. Él era de ese tipo de chicos que veías con un gran futuro, una persona con un carácter fuerte, no por violento sino por resistente.
― ¿Entonces para qué me defiendes y logras que me dejen entrar si igual me vas a echar? ¿Querías quedarte con el privilegio?― reté impaciente.

Suspiró levemente.

― No está bien― dijo finalmente.

Arrugué el entrecejo.

― Si quieres me voy― declaré girándome.
― Me refiero a Daphne, no está bien― aclaró sin moverse.

Me quedé helada en mi lugar. ¿Le había pasado algo? ¿Salió herida del incendio? ¿Se habrá alcanzado a quemar? Los ojos se me inundaron de lágrimas.

― Ella… bueno, quedó algo chocada por todo lo que pasó, no sé cómo pueda reaccionar si te ve― explicó.

Me giré y lo miré sin ganas de limpiarme las lágrimas. ¿Ella le habría contado mi confesión?

― Daphne te quiere mucho, eras su mejor amiga pero, con lo que le dijiste, la destrozaste; no para de echarse la culpa por lo que hiciste― agregó como si me leyera el pensamiento.

Desvié la mirada.

― Sí, ella me lo contó― acordó ― Yo ya lo sabía― reveló un segundo más tarde.

Se me abrió la boca de sorpresa.

― Creo que sólo ella no lo notó― comentó como si se lo dijera a alguien más.
― ¿Cómo lo supiste?― curioseé con la voz muy bajita.
― Un día las vi en la tienda de trajes de baño, iba pasando de casualidad por ahí, la forma como le modelabas los trajes que te medías… era como si quisieras seducirla, no te los ponías y se los mostrabas sino que se los modelabas de una forma demasiado sensual― respondió recargándose contra la pared ― Reconozco que me dio algo de celos pero estaba seguro de que ella me amaba a mí y que no le gustaban las mujeres― argumentó.

Tragué saliva. Tenía un nudo enorme en la garganta.

― Lo siento… no quería…
― No importa, quiero verla― interrumpí caminando hacia la escalera.

No dijo nada y se limitó a seguirme.

Estaba sentada en su cama abrazando un peluche con las rodillas pegadas al pecho. Apenas me vio los ojos se le llenaron de lágrimas pero, cuando di un paso hacia la cama, saltó como si quisiera alejarse. Apreté los labios y no me moví. Michael entró y se sentó a su lado.

― Tranquila, sólo quiere hablar― le susurró tomándola de la mano.

Los celos me dieron jaqueca.

― Lo lamento― dije bajando la mirada.
― ¿Qué lamentas?― preguntó ella con tono acusatorio.
― Todo― respondí controlando que la voz no se me quebrara.
― No es suficiente― cortó. Me lanzó algo a los pies. Era el muñeco que abrazaba, un peluche en forma de perro que yo le había comprado. Todo el relleno se lo habían sacado, sólo quedaba la “piel”.

La miré sorprendida. ¿Qué se suponía que significaba eso? ¿Qué me mataría?

― Así estoy yo, vacía por dentro, por tu culpa, por enamorarte de mí, eras mi mejor amiga y me dejaste sola, ¡eres una maldita egoísta!― reclamó cayéndose del llanto en los brazos de su novio.
― Lo tienes a él, ¿no se supone que él te hace mejor compañía que yo?― repliqué con rabia. No quería ser la única lastimada en esa habitación.
― Sabes que no se refiere a eso― intervino él.
― Sólo venía a disculparme pero veo que no te interesan mis disculpas― ya me había girado para marcharme.
― Ni siquiera sabes por qué me pides perdón, mientras no lo entiendas, ¡olvídate de mí!― pidió a gritos.

Seguí caminando y me marché de aquella casa.

Hacía una semana la había llamado. Le conté sobre Ángel y de lo mucho que la quería. Ella no habló mucho, algunos “sí” “aja” “que bien” “mmm” en los momentos adecuados, eso fue todo.
Después de eso fui a la fiesta para despejarme la cabeza, buscar algo de respuestas, pensar en otra cosa que no fuera mi zippo chocando contra el suelo y el sonido de las llamas prendiéndose de repente con hambre de consumirlo todo. Y entonces, conocí a Ángel y la razón por la cual salí corriendo después de besarla me atormentaba cada día que pasaba con ella: tenía miedo de perderla como había perdido a Daphne. Tenía miedo de enamorarme de nuevo y terminar destruyéndolo todo por un ataque de rabia y celos.


¡MALDITA DANIELLE!

¿Por qué tenía que robarse a la persona que amaba?

De nuevo lloraba pero, esta vez, de dolor. Ángel no me había reconocido cuando me le acercase a Danielle, ni siquiera me volteó a mirar. Sólo la miraba a ella.


*Zippo: Marca de populares encendedores.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   10/1/2012, 22:24

CAPITULO 27

LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA VERDAD


Just one more moment,
Thats all that's needed,
Like wounded soldiers,
In need of healing
Time to be honest
This time I'm bleeding
Please don't dwell on it
'Cause I didn't mean it

I can't believe I said I'd lay our love on the ground,
But it doesnt matter 'cause I made it up forgive me now
Everyday I spent away my souls inside out
Gotta be some way that I can make it up to you now, somehow

By now you know that,
I'd come for you,
No one but you,
Yes I'd come for you,
But only if you told me to,
And I'd fight for you,
I'd lie its true,
Give my life for you,
You know I'd always come for you

I was blindfolded
But now I'm seeing
My mind was closing
Now I'm believing
I finally know just what it means to let someone in
To see the side of me that no one does or ever will
So if your ever lost and find yourself all alone
I'd search forever just to bring you home
Here and now, this I vow

By now you know that,
I'd come for you,
No one but you,
Yes I'd come for you,
But only if you told me to,
And I'd fight for you,
I'd lie its true,
Give my life for you,
You know I'd always come for you,
You know I'd always come for you

No matter what gets in my way,
As long as there's still life in me,
No matter what remember you know I'd always come for you

Yes I'd come for you,
No one but you,
Yes I'd come for you,
But only if you told me to,
And I'd fight for you,
I'd lie its true,
Give my life for you,
You know I'd always come for you,

No matter what gets in my way,
As long as theres still life in me,
No matter what remember you know I'd always come for you,
I'd crawl across this world for you,
Do anything you want me to,
No matter what remember you know I'd always come for you,
You know id always come for you


I’d come for you - Nickelback


ÁNGEL

Sólo hasta que estuve en mi casa quitándome la ropa para meterla a la lavadora me di cuenta de que había un papel en el bolsillo de la chaqueta. Un papel que yo no recordaba haber puesto allí.

Bostezando, lo abrí para leer qué decía.

“Quisiera hablar contigo, fui la psiquiatra de Danielle cuando era pequeña. Hay un par de cosas que deberías saber antes de seguir con ella. Búscame en la clínica donde su madre estuvo internada. Pregunta por Leticia.”
Apenas y podía entender lo qué decía porque, como todo doctor, tenía una letra casi indescifrable.

Era evidente que el papel era para mí. Seguramente lo habían puesto durante el velorio cuando cualquiera podía acercarse. No recordaba a nadie en especial.
Me recargué contra la lavadora pensando en si debía o no acudir al llamado de la psiquiatra. ¿Qué me podía decir? ¿Qué me podía decir que yo ya no supiera? Es decir, Danielle ya me había sus más íntimos secretos, incluyendo lo del sexo con su propio padre. Aún no superaba ese dato. Pero tenía la duda de si buscar a la psiquiatra. Estaba segura de que a la rubia no le gustaría ni poquito que yo me pusiera en la tarea de hurgar su mente a través de una tercera persona que, posiblemente, la conocía más que ella misma. La curiosidad me picaba.

No fue hasta que me encontré subiendo en el bus que me dejaría en la clínica a las afueras de la ciudad que caí en cuenta de lo que estaba haciendo. Pero ya estaba a mitad de camino, no me devolvería.

La ocasión que vine en el carro con Danielle no había notado que, antes de la entrada principal, había una reja. Desde ahí la clínica parecía más una mansión vieja y embrujada que un hospital psiquiátrico. Me recordaba a una película llamada “El Orfanato”.
Casi suelto la risa cuando caí en cuenta de que pasar mi tiempo con Kyra había tenido sus consecuencias; ahora no podía ver o escuchar algo sin compararlo con una película.

Era terrorífico, y sonaba también pero, parecía que me había convertido en una especie de fusión entre Kyra y Danielle. Tal vez un poco sarcástica y cruda como la rubia pero algo inocente como la pelirroja. Suspiré aburrida. No podía seguir con ambas así como así. No importaba si Danielle lo sabía y Kyra no, ninguna de las dos se lo merecía.

Antes de alcanzar el timbre, alguien me habló por detrás y el corazón casi se me sale de un grito.

― Tranquila, Ángel ― dijo una mujer de cabello rojo castaño y ojos grises ― No pensé que fueras a venir― sus mejillas estaban salpicadas de pequeñas pecas pero su rostro no se veía para nada infantil. Llevaba una bata blanca, una falda recta hasta las rodillas y unos tacones negros.

Tuve que esforzarme por controlar los latidos de mi corazón.

― ¿Le…leticia?― tartamudeé.
― Sí, cariño― respondió algo molesta ― justo regresaba de buscar unas flores que crecen fuera de la clínica, a una de las pacientes le gustan mucho― explicó mostrándome unas flores moradas que tenía en las manos ― ¿Entramos?― invitó.

Tragué saliva. Ahora que estaba sola, sin Danielle, podía sentir todo el peso de ese lugar. Me intimidaba. Lo veía muchísimo más grande que yo, capaz de absorber personas que, en lugar de curarlas, las volvía peores. Alguien loco debía ponerse peor después de estar ahí adentro.

Forcé una sonrisa y entré junto con la señora.

El recorrido fue silencioso. Parecía que notaba mis nervios y no me presionaba. Por un momento me pidió que esperara al lado de una recepción mientras ella iba a entregar las flores. Regresó a los pocos minutos y me llevó a su oficina. Con un gesto me indicó que me sentara frente al escritorio mientras que ella lo hizo del otro lado de la mesa.

Espalda recta, piernas juntas, manos sobre las rodillas, cabizbaja y los ojos enfocándose en cualquier cosa menos en el otro par de ojos que me observaba, esa mi posición.

― ¿Por qué tan nerviosa?― preguntó.

No respondí.

― No tengas miedo, no voy a hacerte nada malo, sólo quiero que hablemos― dijo. Noté que su tono de voz era más suave que antes.

No me di cuenta de que no estaba respirando hasta que abrí la boca y, en lugar de que salieran palabras, entró aire.

La mujer sonrió satisfecha.

― ¿De dónde conoces a Danielle?― inquirió mientras se acercaba a un archivo.
― De la escuela, estudiamos juntas― contesté adivinando qué buscaba.
― ¿Y cómo fue que terminaste siendo su amante?

Ok… directo al punto.

― La verdad, no lo sé― revelé riendo nerviosa ― Fue algo raro, nunca me había hablado y, de repente, ahí estaba, muy interesada en mi; no sé cómo terminé en su casa, ni cómo fue que nos besamos― declaré esforzándome por recordar. Curiosamente, mis recuerdos no eran muy claro aunque sólo habían pasado… ¿6 meses?
― ¿No lo recuerdas o no sabes?― cuestionó.
― No tengo recuerdos claros― aclaré confundida.

Algo dijo pero no la escuché.

― ¿Cómo sabe que somos…amantes?― curioseé. Era extraño usar esa palabra, Danielle me había entrenado para decir “amigas con derechos”.

¿Entrenado?

― Fui la psiquiatra de Danielle hace años, antes y después de que matara a su hermana Daphne― confesó sacando una carpeta bastante gruesa.

Se acercó y la puso frente a mí. Luego, regresó a su silla y se sentó esperando a que yo la abriera.
Lo hice con ciertas reservas. No era como si yo entendiera el lenguaje médico. Leí muchas cosas pero no entendí prácticamente ninguna. La miré confundida.

― Dime, ¿conociste a Daphne?― retomó. Esa mujer esa demasiado tranquila para mi gusto.
― Sí, el día que murió, ¿por?
― ¿Cómo la recuerdas?
― Pues…igual a Danielle.
― ¿Segura?― retó ― Quiero que pienses muy bien cómo la recuerdas, eso te dará pistas para entender lo que hay en ese archivo― pidió recargándose contra el escritorio.

Apreté los labios y cerré los ojos. Desde que Danielle me confesara que Daphne era su hermana gemela había dejado de pensar en ella. Sólo fue un beso en un campamento y nada más. Nada importante.

Era rubia, aunque su cabello no brillaba como el de la porrista. Sus ojos no eran tan brillantes como los de Danielle, más bien eran de un castaño oscuro que parecía casi negro. Su cuerpo, a comparación del de mi amante que vi unos días después, era más delgado. Era más pálida. Sus labios eran secos. Sus manos no estaban tan cuidadas como las de su hermana. La expresión en su rostro era como de…enferma, no de orgullosa.

― ¿Y bien?― presionó la doctora.
― Sí, eran diferentes, me sorprende recordarla tan claramente― confesé arrugando el entrecejo.
― ¿Alguna conclusión?― curioseó mostrándose más interesada.
― ¿Daphne estaba enferma?― indagué. Sí, enferma, eso la describía perfectamente.

La psiquiatra sonrió complacida.

― ¿Ya entiendes la historia clínica que te pase?
― No, la verdad no soy muy buena en biología.

Suspiró.

― Daphne tenía leucemia, y anemia al igual que su madre, sólo que a mayor escala― reveló ― ¿Sabías que cuando nacen gemelos es muy probable que uno de ellos sea perfectamente saludable y el otro no?― comentó.
― No sabía…― le estaba dando cuerda.
― Bueno, pues Daphne era muy enferma― intentaba decirme algo.

Abrí el archivo y lo miré de nuevo. Entendí algunas cosas.

― ¿Le hicieron un trasplante de riñón?
― ¿Puedes adivinar quién fue la donante?

Entrecerré los ojos tratando de leer la respuesta en su rostro.

― Danielle…

Asintió.

― Danielle era la donante de su hermana, le dono su riñón a los 8 años, y de médula a los 11, al menos unas 10 veces por año debía hacerle transfusión de sangre a su hermana― enumeró.

Abrí mucho los ojos. Fue evidente que Leticia tenía muchas más cosas para contarme que la misma Danielle.

― ¿Cómo conociste a Daphne?― preguntó con una media sonrisa.

Involuntariamente, mis mejillas se enrojecieron.

― Nos besamos…― desvié la mirada.

La pelirroja no se sobresaltó.

― Debí imaginarlo, a Daphne le gustaban las mujeres― declaró como si hablara sola.

De repente me sentí muy enojada.

― ¿A qué viene todo esto?― cuestioné cerrando la carpeta de golpe ― ¿Por qué me hizo venir? A parte de haberme besado con Daphne, ¿Qué relación tengo con ella? ¿A mí qué me importa todo esto sobre ella y su enfermedad?― tuve que apretar las manos para calmarme.

La doctora seguía inalterable.

― No con Daphne, con Danielle― explicó ― ¿Quieres conocer la historia o prefieres irte? Te invité porque me pareció que adorabas una diosa falsa y frágil sin saber absolutamente nada, como todos los demás que la rodeaban en el velorio de su madre― se recargó contra el espaldar de su enorme silla de cuero.

Me encogí en mi silla.

― Danielle no es falsa ni mucho menos frágil― defendí en voz baja.
― ¿Eso significa que quieres conocer la historia?― retó.

Apreté la mandíbula.

― ¿Qué gano?― tragué saliva. Danielle me iba a matar si se enteraba del pacto demoniaco que estaba a punto de firmar.
― Salvarla― afirmó de inmediato.






Última edición por Daphne Viassús el 13/1/2012, 00:58, editado 1 vez
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