Yuri's Lyrical Secrets

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 Friends with benefits

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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/7/2012, 14:45

Que emocionante!
A pesar de que se lee que Danielle se "reparo"como persoa, no deja de existir la posibilidad que que valga nada frente a Angel. Comico.

Ha quedado genial, a esperar otra vez.
Saludos.
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Ghrecia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/7/2012, 16:26

Lo has dejado justo en los mas interesante >.>
Como sea me gusto saber de Danielle solo
queda saber que fue de Angel.
Me gusto mucho espero la continuación.
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kannaa
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   14/8/2012, 21:31

coincido en que lo as dejado en la parte mas interesante
espero que pronto subas la continuacion y pueda ver que paso con
angel y que pasara con ellas dos
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   26/1/2013, 17:31

y alguna señal de continuación¿cuándo?
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/2/2013, 23:21

CAPITULO 50

ÚLTIMO CUARTO


Al abrir los ojos, el pánico recorrió la piel de la rubia al sentir unos brazos que la rodeaban. Se giró con cautela y el corazón se le detuvo al ver el rostro de un Ángel profundamente dormido. La habitación estaba fría y una delgada capa de hielo había empañado las ventanas. El invierno había empezado y ese día sería la graduación.
Paralizada, Danielle intentó calmar su respiración. Nunca pasó por su cabeza que el día en que se graduaría despertaría en los brazos de Ángel. No sabía si eso era buena o mala suerte, y prefirió no meditarlo.
Armándose de valor, estiró el cuello y le dio un suave beso en los labios. No hubo respuesta. Frustrada, torció la boca y lo intentó por segunda vez. En esta ocasión, la pelinegra reaccionó y, medio dormida, le correspondió el beso. Danielle sentía que el corazón estaba a punto de saltarle del pecho.

-Ojalá despertara así todos los días- dice Ángel con una media sonrisa.
-¿Lo dices en serio?- preguntó sin poder contenerse.

Jhacomme abrió los ojos como si esa voz no fuera lo que esperara y, aunque se esmeró en ocultarlo, ya era demasiado tarde.

- Vale, lo capto- soltó la rubia saliendo de la cama.

Ambas estaban desnudas y el único lugar caliente era el enredo de cobijas que las envolvía. Sin embargo, llena de orgullo herido, salió de la habitación. La otra se quedó en la cama sintiéndose fatal por lo que acababa de pasar. No sabía de dónde habían salido esas palabras pero, el problema no era despertar con Danielle, sino saber si eso era lo que realmente quería y sólo había sido traicionada por su subconsciente. Al fin y al cabo, ella había accedido a la petición de la rubia para estar juntas. La pregunta era, ¿lo estaban?

Danielle fue a la cocina y encendió la cafetera; no era muy amante del café pero, con el frio que estaba haciendo, decidió hacer una excepción. El sonido del café colándose, la distrajo. Habían pasado dos semanas desde ese fallido partido de baloncesto. Como eran los últimos días antes de graduarse, sólo se habían visto unas horas por las tardes, pues todo el día la rubia estaba ocupada preparando la fiesta de graduación, la graduación misma y demás. El problema o, más bien, lo que la confundía, era que sólo se habían visto para tener sexo. Le parecía irónico.

Ángel buscó algo de su ropa para vestirse y se envolvió en el cobertor. Bajó en silencio y entró a la cocina. Danielle estaba recargada contra el mesón de espaldas a la puerta completamente desnuda.

- Lo lamento- dijo la pelinegra. La rubia ni se inmutó.- Me tomaste desprevenida- agregó.
- Tu fuiste la que aceptó esto- replicó.

La de ojos grises entró a la cocina y se sentó en una de las sillas de la barra.

- ¿Qué es esto?- disparó la otra antes de darle tiempo de hacer la misma pregunta - ¿Somos novias? ¿Somos algo?- insistió con un pequeño tono de desesperación.
- ¿Quieres que seamos algo?- preguntó Ángel.
- Esa no es la respuesta que buscaba- sin querer, los ojos se le llenaron de lágrimas.

El pecho de Ángel se comprimió al verla tan sensible y corrió para abrazarla. Sin embargo, la rubia la alejó.

-¿Qué pasa?- inquirió ya molesta.
- No me gusta ser tan débil cuando estoy contigo, no estoy acostumbrada a serlo con nadie- contestó dándole la espalda.
-Dijiste que querías estar conmigo…
- ¡Y quiero estarlo! Pero, más que todo, quiero que tu quieras…- explicó casi susurrando.

A decir verdad, Ángel no sabía, exactamente, lo que quería. Todo había pasado muy rápido. Cuando la vio a un lado de la cancha de baloncesto en medio de todo el caos, una terrible confusión se apoderó de ella. Quiso defenderla, hacerle frente a Jhon en su nombre. No le gustó esa sensación, sobre todo porque el recuerdo de Kyra estaba fresco, todavía sangrando. Sin embargo, la confesión de la rubia la tomó fuera de base. Fue como si llevara mucho tiempo esperando por esas palabras.

- Creo que quiero- confesó.

Esa duda era lo que más mortificaba a la rubia, y tuvo que aferrarse al mesón para ahogar la repentina ira. Que no se decidiera la hacía sentir usada. Vale, como si ella nunca hubiera usado a las personas…

- ¿Te parece si vamos paso a paso?- sugirió abrazándola por detrás.

La sensación que le causaba en la piel ese toque era extraordinaria. Podía percibir cómo cada poro reaccionaba y sentía que liberaba endorfinas que la calmaban al instante. Sólo hasta que se vio privada de ese placer pudo entender lo mucho que le agradaba.

- Debes irte- soltó con dolor. No quería que se fuera pero tampoco era el mejor momento – Nos veremos en la graduación- aclaró.

La pelinegra se quedó mirándola por lo que pareció una eternidad. Se armó de valor y la besó en los labios. Algo suave, repentino y rápido que dejó a Danielle más perpleja que antes.
Sin más, giró sobre sus talones y desapareció en las escaleras. La porrista tomó un gran suspiró y se concentró en detener las otras lágrimas que amenazaban con salir. Sintió, de repente, deseos de destrozar todo lo que se hallaba en esa cocina, hacer añicos absolutamente todo lo que estuviera en su camino.

Parte de ella sentía odio por sí misma, un odio que le calaba los huesos al ver que la personalidad que había construido durante años para ser inmune a todo a su alrededor se desvanecía poco a poco. No le parecía justo. No era justo. No quería depender de otra persona y, al mismo tiempo, se moría por depender de Ángel por completo. La sensación era tan extraña que a duras penas podía respirar.

Minutos más tarde, cuando su café ya estaba listo y debía beberlo con cuidado para no quemarse la lengua, escuchó como la puerta principal se cerraba. No fue un portazo, así que Ángel no debía estar enojada. Esa mujer la frustraba. Ella misma se frustraba al no saber si hubiera preferido una pelea real a ese beso de despedida.

No se dio cuenta que estaba acariciando sus labios hasta que la taza le pareció demasiado pesada. Se abofeteó mentalmente.

- Hay mucho que hacer hoy, no tengo tiempo de pensar en lo miserable que se ha vuelto mi vida- dijo para sí misma.

Decidió no bañarse todavía. En su lugar, se puso una sudadera negra que le quedaba holgada y se agarró el cabello en una coleta. No había notado lo largo y abundante que estaba. Luego, fue a la escuela trotando para supervisar cómo iban los últimos arreglos del baile.

Una semana antes, cuando anunciara públicamente que el tema sería un velorio, hubo una pequeña revolución en la cafetería.

- ¿Estás loca?- gritaban unos.
- Es insensible para muchos en este lugar- replicaban otros.
- ¡Silencio!- exclamó Azrael.

Nadie pronunció palabra. Después del partido y el posterior arresto, Azrael había ganado cierto respeto. Todas las chicas se derretían por él.

- Gracias- le susurró la rubia – Querían un tema diferente, se los estoy dando, ¿cuándo los he decepcionado? ¿O alguien tiene algo que decir con respecto a la Mascarada?- dijo Bonnet al público.

Nadie dijo nada.

- Tranquilos, no será nada morboso, hace poco murió mi madre, no es algo fácil- declaró sabiendo que mentía descaradamente –Pero, les prometo que la pasarán muy bien- agregó.

Hubo un corto silencio. Danielle sabía lo que esperaban que dijera: “y voten por mí como reina del baile”. Pero no quería hacerlo, no con Ángel observándola desde una esquina con una mal ocultada sonrisa. Suspiró y se bajó de la mesa donde la habían montado para hablar.
Al llegar a la escuela, su vestimenta llamó la atención. Ximena y Alexandra se le acercaron. Algo en su actitud le recordó el primer día que llegó acompañada de Ángel a la escuela.

- Danielle, cariño, ¿estás bien?- pregunta la pelirroja
- Sí, ¿por?
- Vienes vestida como si tu novio te hubiera dejado…- soltó la morena con descuido. La expresión de la rubia hizo que la frase terminara en un débil susurro.
- No voy a llegar vestida y peinada para organizar cosas, cuando llegue la noche estaré hecha un desastre- explicó con paciencia.

Decidieron guardar silencio. Tenía razón pero se les hacía extraño verla usando una sudadera y llegar bañada en sudor.

- ¿Cómo vamos con la decoración?- inquirió para romper el hielo.
- ¡Te vas a morir cuando lo veas!- exclamó Ximena arrastrándola dentro del gimnasio.

Telas de satín negras y plateadas se anudaban en el centro y caían en ondas hacia diferentes extremos del gimnasio. A un lado de la puerta había un camino de pilares –los mismos que guardaron desde la Mascarada-, cubiertos con rosas negras artificiales que llevaban a un par de ataúdes. La foto en pareja, o solos, se tomaba dentro de ellos como si estuvieras muerto. Más adelante, estaba la mesa con las comidas. El ponche era blanco y negro y habías pequeños muffins de chocolate con decoraciones de calaveras, ataúdes, fantasmas, cruces, lápidas, etc. Tuvieron mucho cuidado de no poner nada rojo pues no querían que se viera gótico. Del nudo de telas en el centro del techo había un globo gigante relleno de pétalos negros y una red sostenía pequeños globos negros y plateados. La idea de la fiesta de 15 se formó en su mente. Había muchos adornos quinceañeros. Sin embargo, al bajar la mirada hacia el otro extremo el paisaje cambiaba. Candelabros, velones y sufragios con los nombres de diferentes estudiantes adornaban las paredes. Había lápidas en algunas partes. Una especie de zona VIP estaba formada con sillones similares a un ataúd abierto. Libros para dejar mensajes con el pésame estaban en las mesas al lado de enormes coronas fúnebres de todo tipo de flores artificiales negras y, a la entrada, había uno especial: debías poner el epitafio que desearías en tu tumba y este sería agregado a la foto que te tomaras en el ataúd.

- ¿Y el hielo seco? ¿Dónde lo pusieron?- curioseó.
- ¿Ves esas montañas de papel que parecen de tierra?- señaló la morena.

En las esquinas del gimnasio y a los pies de la tarima estaban los dichosos montículos. Así, durante el día, se notaba que era papel periódico pintado de café con manchas negras. Pero en medio de la penumbra podría pasar, perfectamente, por tierra.
Asintió en respuesta.

- Dentro hay unos baldes con agua, Azrael está trayendo el hielo seco en cubos y unos chicos del equipo de baseball nos ayudarán a surtirlos toda la noche- explicó.

Danielle sonrió con suficiencia. Si alguien podía hacer realidad sus ideas era Alexandra.

- ¿El Dj?- continuó.
- Estará en las graderías como en la Mascarada, hablé con él hace un rato, llegará a las cinco- intervino Ximena.

La rubia asentía complacida.

- ¿Me necesitan para algo?
- No, en realidad creo que nos están sobrando manos- admitió.
- ¿Me puedo ir con la tranquilidad de que esta noche encontraré todo perfecto?- advirtió.

Las arpías se miraron entre ellas. La pregunta era casi ofensiva pero, conocían a la rubia, y sabían que si algo salía mal le echarían la culpa. Ambas asintieron con sinceridad. Llevaban varios días coordinando la decoración y todos se entusiasmaban cada vez más. Al principio la idea parecía una locura salida de la reciente muerte de su madre pero, ya con la decoración casi terminada, auguraban la mejor fiesta de fin de año.

Confiada, la rubia se retiró. Tenía que arreglarse.


Mientras tanto, Ángel llegaba a su casa después de una larga y muy meditada caminata. Sí, ella le había dado paso a la rubia para estar juntas, la pregunta era: ¿qué tan “juntas”? ¿Eran novias? ¿Amigas con derechos? ¿Mejores amigas con derechos? ¿Novias con derechos de amigas? Esas últimas dos semanas se encontraban por las tardes y tenían sexo como si no hubiera un mañana. La diferencia radicaba en que no era un sexo salvaje y alocado como lo fue siempre; era suave. Se miraban a los ojos y se besaban con lentitud, le dedicaban tiempo a cada caricia, se sonreían con amor y los orgasmos eran más…personales.

- Sí, ese es el problema- concluyó la pelinegra cuando entró a su habitación.

Sus padres habían optado por ignorarla desde que supieran de su relación con Kyra y se limitaban a exigirle que cumpliera con el estudio. Así que cuando la vieron cruzar la puerta después de pasar la noche en quién sabe dónde y haciendo quién sabe qué, prefirieron ignorarla y pretender que no había pasado nada.

No lo consideraba un problema propiamente dicho (lo que sentía al tener sexo con Danielle), pero tampoco la dejaba en paz. Sabía, y trataba de no aceptarlo, que no era sólo “sexo”, “hacían el amor” y eso era lo que no la dejaba en paz.

- Como si eso fuera posible con Danielle Bonnet- susurró acostándose boca arriba en su cama.

Pero, evidentemente, era posible. No podía olvidar la expresión de la rubia aquel día en el parqueadero después del juego. Daba la impresión que le entregaba su corazón.

- Vale, no tan cursi- se reprochó.

Sin embargo, y lo admitía en silencio, el problema empezó durante ese lavado de carros. Casi a escondidas de sí misma pensaba, en ocasiones, en ese beso y cómo se sintió. No fue algo normal. Luego, vino la salida en Halloween, hace tan sólo un mes. Esa noche, no sólo había descubierto a Kyra follando con Francheska, sino que también había intentado besar a Danielle minutos antes. Nunca tuvo la oportunidad de contárselo a la pelirroja. Después de eso, moriría en un accidente de avión.
Unas cuantas lágrimas se derramaron por sus mejillas. Su dulce Kyra ya no estaba en este mundo y nunca tendría la oportunidad de despedirse.

- No te pongas sentimental- susurró limpiándose las lágrimas.

Entonces, ¿qué sentía? Era confuso. Había algo en ella que la atraía. Pensó en lo difícil que fue mantenerse a raya mientras estaba con Kyra. No lo iba a negar, amaba a la pelirroja pero el poder que la rubia tenía sobre ella era muy fuerte. ¿La costumbre? No había pasado más de un año desde que se relacionara con Danielle, ¿en qué momento las cosas llegaron a ese nivel?

Suspiró con fuerza y se cubrió el rostro con una almohada.

- Esto me da miedo…- confesó para sí misma.

Se aterraba al pensar que amaba a Danielle. Esa palabra era muy grande y Danielle era tan…ella. Pero, el pecho se le comprimía, con más fuerza que cuando estaba con Kyra. Claro, amar a la de ojos verdes era más fácil, incluso después del engaño.

- Por cierto, Danielle nunca habló de ese tema…- meditó. Le parecía curioso que la rubia, teniendo todas las herramientas, no le haya sacado el tema a colación.

Estaba en el mismo punto de inicio que hacía algunos meses, con miedo de entregarse a Danielle por completo. Cuando pensó en hacerlo la encontró con su padre. La imagen, de alguna manera, seguía intacta en su mente. ¿Valdría la pena intentarlo de nuevo? ¿Estaba dispuesta a arriesgarse?

- Sí…- murmuró. Lo estaba. Aunque rezaba porque no la lastimara, lo estaba.

Esa noche, ambas se miraron al espejo sorprendidas por lo que veían. Danielle estaba orgullosa de lo bien que le quedaba el color negro. Definitivamente, así le gustaría morir. Ángel, por otro lado, estaba muy nerviosa. No acostumbraba usar vestidos y mucho menos dejar que se vieran sus piernas. No importaba la opinión de la rubia sobre sus piernas, a ella no le gustaban y punto. Por desgracia, no tenía nada mejor que ponerse y tampoco dinero para comprar algo más. Aunque se veía muy diferente a ella misma, estaba dispuesta a ir vestida de esa manera sólo para darle gusto.

Hubo un silencio incómodo cuando atravesó la sala de su casa.

- ¿A dónde vas?- preguntó su madre.
- A graduarme pero, no se preocupes, no tiene que ir- soltó fastidiada. Aunque fingiera que no le importaba, le dolía que la dejaran a un lado como si no existiera. No podía esperar a irse de ese lugar.

Su madre quedó desarmada. No lo recordaba y se iba a perder uno de los eventos más importantes de su hija. Pero no toleraba sus…”gustos”.

- ¿Quieres que asista?- se animó a comentar.
- Mi novia estará ahí, no la quiero ver cerca haciendo mala cara- contestó.

Estuvo a punto de replicar pero el tono usado por la pelinegra la detuvo.

- No me importa lo que haga mientras no cuestione mi vida, usted no sabe nada de mi y no me interesa que lo sepa- agregó marchándose.

La cancha de atletismo y futbol americano había sido dispuesta para la ceremonia que iniciaría a las seis de la tarde.
La pelinegra recogió su toga negra y birrete y estola dorados en la entrada de la escuela y apareció con ella puesta en el vestidor del equipo de baloncesto donde debían reunirse todos para la ceremonia. Seguía incómoda por lo corto de su vestido.
En los vestidores, la tensión era palpable. Desde el partido, Jhon no había regresado a la escuela y corrían los rumores de su suspensión. Sin embargo, a último minuto, Morrison apareció vestido con su toga y cargando una sonrisa triunfal en el rostro. Ximena y Alexandra alcanzaron a lanzarle una mirada de advertencia a Ángel un segundo.

- ¿Cómo estás, pequeña desviada?- preguntó el basquetbolista.

Una corriente de rabia le recorrió la espalda. Antes de girarse, barrió con la mirada el vestidor pero no encontró a la rubia. Algo de eso le generó tranquilidad.

- Bien, a pesar de la peste- contestó levantando los hombros.

Sin más, intentó alejarse. Jhon la sujetó del brazo y la detuvo. El silencio se hizo en los vestidores y Azrael, que estaba cerca, ya empezaba a erizarse como un depredador. Ángel observó la mano y notó que no la sujetaba con fuerza. Sin problema, deslizó su brazo hasta dejarlo libre y le regaló su mirada más “Bonnet”.

- Sé que estás con Danielle- susurró de manera que sólo ella pudo escucharlo.

Contuvo el instinto de volver a buscar a la rubia con la mirada. El corazón se le detuvo por un segundo. ¿”Estaba” con ella?

- Y te advierto que las cosas no se quedarán así- agregó.

A pesar del silencio, la conversación se daba entre sólo ellos dos.

- ¿Es una advertencia?- inquirió ella.

Jhon sonrió y se alejó.

Ángel nunca podría predecir lo que esa frase significaría.
Segundos más tarde, Danielle atravesaría la puerta con una sonrisa tonta en el rostro. Estaba feliz y era evidente que desconocía la presencia de Jhon. O, tal vez, no le daría el placer de demostrarlo.Se le acercó y le dio un beso en los labios. Todos contuvieron el aliento al mismo tiempo.

- Hola- le dijo.

Jhacomme quedó petrificada.

- Hola- atinó a contestar.
- Tengo que ir a recibir a todos los padres pero quería verte antes de la ceremonia- declaró.

La de ojos grises tuvo que esforzarse por recordar que esa misma mañana las cosas estaban bastante tensas entre ellas.

- ¿Qué haces?- le susurró confundida.
- Dejo todo por ti, no importa si tu no lo dejas por mi- explicó.
- ¿Por qué crees que no lo dejaría por ti?- inquirió.

El corazón de Danielle saltó de alegría pero en su rostro sólo apareció una sonrisa.

- Tu padre…- inició Ángel con mucho cuidado de no romper la burbuja que acababan de crear - ¿vendrá?
- Sí, con su futura esposa- contestó - ¿Vendrá alguien de tu familia?
- No lo sé, no lo creo.
- Vale, entonces nos vemos cuando acabe la ceremonia- y se marchó.

Poco a poco todos a su alrededor buscaron la manera de regresar a la normalidad. Azrael se le acercó y le pasó el brazo por los hombros.

- Hasta que Bonnet salió del armario- bromeó. Seguía tenso por la presencia de Jhon pero también debía cuidarse de no llamar la atención. Se había salvado por un pelo de tener cargos en su contra.
- Muy al estilo de Danielle- contestó.
- ¡Hay que salir!- exclamó un profesor.

Todos se organizaron en fila y se prepararon para salir. Afuera, Danielle estaba en el estrado.

- ¡Demos un aplauso a la promoción 2010!- animó.

Los padres estallaron en aplausos. La madre de Ángel estaba casi en primera fila al igual que el padre de Danielle. Jhacomme no salía de su asombro, Bonnet lo disimulaba.

El primero en dar su discurso fue el rector de la escuela. Habló de los próximos proyectos, del orgullo de la institución de entregar esa promoción, comentó lo sucedido durante el partido sólo como “una mancha en la historia de la Institución cuyos correctivos se realizaron con la intención de más nunca repetirlo”.
Luego, entregaron los diplomas. Uno a uno, subieron a la tarima para recibir su diploma y estrechar las manos del cuerpo académico. Se tomaban una foto recibiendo el diploma y otra sentados en el público. El último punto de la agenda era el discurso de Danielle.

- “Hoy me voy a graduar”, esa es la frase con la que todos nos despertamos esta mañana – inició la rubia después de tomar una gran bocanada de aire. La hoja que llevaba en las manos estaba en blanco, no había sido capaz de escribir nada. –Cuando esta ceremonia acabe y crucemos las puertas de la escuela, nuestra vida será diferente. Ya no podremos ser las mismas personas de antes; el mundo nos exige ser mejores – Sentía como el corazón intentaba saltarle del pecho y sabía que esos nervios se debían a la penetrante mirada que Ángel le lanzaba desde su lugar –Hoy se acaba una etapa de nuestras vidas y, no importa si suena a cliché, es una etapa y hoy le damos fin. Hemos venido a este lugar por años, para conocer personas, para adquirir conocimientos, para reír y llorar pero, es hora de dejarlo atrás. Nuestros padres llorarán y algunos de nosotros estaremos tristes pero la vida debe continuar. A quienes tuvimos la suerte de conocer buenas personas, no las olvidemos, y aunque la vida siga fuera de este lugar, dejemos que esas personas la sigan con nosotros. A nuestros profesores quiero decirles, en nombre de todos, gracias. Ustedes nos han cambiado la vida, para bien o para mal pero, estamos aquí recibiendo este diploma gracias a su esfuerzo y dedicación. A nuestros padres…- por un segundo le dedicó una mirada a Louis en el público - …a nuestros padres quiero decirles que, literalmente, les debemos la vida. Gracias a ustedes estamos aquí, vivos, conociendo nuevas personas y viviendo nuevas experiencias, nada cambiará eso – Se detuvo unos segundos para pensar qué más podía decir – No puedo afirmar que la escuela haya sido la mejor experiencia de vida para todos pero sí puedo asegurar que lo que nos espera es impresionante. Muchos no sabemos lo que haremos al cruzar la puerta de salida y, tal vez, entre nosotros haya un presidente, un bombero, un policía, un médico o un actor pero, lo más interesante de todo, será descubrirlo por nuestra propia cuenta porque hoy…- Danielle pudo sentir como su corazón se detuvo bruscamente al captar la mirada de Jhon. Había estado tan ocupada pensando en Ángel que ni siquiera lo había notado - …porque hoy…- tuvo que controlarse para que la voz no le temblara. Lo habría ignorado con facilidad, de no ser por el gesto que había hecho y que aparentemente nadie a su alrededor había notado: acababa de pasarse un dedo por la garganta como si fuera un cuchillo - …porque hoy nos graduamos y la vida apenas empieza…- concluyó con las palabras atoradas en la garganta.

El público estalló en aplausos pero Danielle estaba paralizada y no fue capaz de sonreir. Ángel lo notó y siguió la dirección de su mirada hasta encontrarse con un muy sonriente Jhon. Un escalofrío le subió por la espalda. Había algo en esa expresión que no la dejaba tranquila.

Al final de la ceremonia, Danielle intentó esquivar a Ángel y su madre pero, casualmente, su padre se chocó con ella y de inmediato reconoció a la pelinegra quedándose incómodamente mudo.

- ¡Papá! ¿Qué haces?- fingió sorprendida recogiendo el bolso de la madre de la ojigris - ¡Señora Gloria! ¿Cómo está?- preguntó sonriendo.
- Felicitaciones querida- respondió la señora besándola en la mejilla. Danielle hizo su mayor esfuerzo por mostrarse relajada.
- Gracias, le presentó a mi papá, Louis- soltó como para desviar la atención.
- Mucho gusto, esta es mi hija Ángel- contestó ella.

La mujer, que estaba demasiado ocupada siendo excesivamente educada con el padre de Danielle, no notó la mirada vacía que su hija le proporcionó una vez presentados. Louis, como buen empresario, disimuló muy bien.

- Felicidades- le dijo a la pelinegra.

Esta, que estaba bastante extrañada por la repentina ira, sólo atinó a sonreir.

- Bueno, ya va siendo hora de que se vayan, los graduados tenemos que celebrar- cortó la rubia con más entusiasmo del necesario.

Casi a patadas, los padres se fueron retirando y los recién graduados pudieron, por fin, quitarse las acaloradas togas. Uno a uno, llegaron todos a la puerta del gimnasio, ansiosos por ver lo que el dichoso tema de “velorio” traía para ellos pero, no pudieron ingresar. Danielle apareció de última; ella tenía la llave. Algunos se quedaron sin aliento al verla, otras se morían de la envidia. Ángel había recuperado ese sentimiento de terror que alguna vez la rubia le generó. Su vestido sólo se amarraba al cuello con la espalda descubierta hasta el coxis y un generoso escote, ajustado a la perfección hasta la cadera y luego con una caída perfecta hasta mezclarse con el suelo. Era en seda negra con un velo suave del mismo color que lo envolvía. Sin embargo, lo que más llamaba la atención, era un velo grisáceo que se arremolinaba desde la base del vestido hasta desaparecer en los muslos. La forma como los velos estaban acomodados y el corte del vestido, daba la sensación de que las piernas de la rubia eran una especie de niebla fantasmal.

Bonnet avanzó en medio del silencio deteniéndose en la puerta. Giró sobre sus talones para observar a todos y el movimiento del vestido hizo que algunos sintieran escalofrios.

- Hoy es nuestro velorio, disfrutémoslo como si fuera el último- declaro con ironía.

Abrió las puertas y, nuevamente, todos contuvieron el aliento. Ese tipo de reacción le subía el ego, era casi como un orgasmo general.

Adentro estaban los encargados de la logística, cortesía de Bonnet, que dirigieron a todos hacia las fotos en el ataúd, la barra de bebidas y comida, el libro de epitafios y la pista. El DJ ambientó la entrada con una mezcla del Claro de Luna de Beethoven y una pista de electrónica dando como resultado una melodía bastante perturbadora.

Ángel esperó a ser la última y se quedó observando la gran sonrisa de Danielle.

- ¿Te gusta cómo me queda el vestido que me regalaste?- preguntó la pelinegra.

Su vestido, un poco más sencillo, le quedaba a la perfección. También se amarraba al cuello, pero tanto el escote como la espalda descubierta eran menos reveladores que los de la rubia. La tela, satín negro, caía por el frente hasta la mitad de sus muslos, tal vez un poco más arriba. Por detrás era más largo, casi hasta la pantorrilla. La tela mantenía una caída bastante alegre y, a pesar del color, Ángel no se veía vieja. Llevaba el cabello ondulado, así que daba la impresión de ser abundante y unos tacones no muy altos con unas cintas plateadas que llevaba amarradas de manera cruzada en las piernas; en la pierna derecha la cinta llevaba arriba de la rodilla, en la izquierda hasta la mitad de la pantorrilla. Sus ojos grises parecían brillar en la oscuridad y todo en ella daba la impresión de ser un ser sobrenatural colado en una fiesta de graduación.

- Será interesante quitar esas cintas…- confesó la rubia con picardía logrando el sonrojo de la otra.

Esa reacción no hizo más que arrancarle una carcajada. Ángel la observó casi con terror. Quien sabe de dónde habría sacado la rubia ese vestido, o si ella misma lo habría diseñado, pero cuando se movía daba la impresión de estar flotando en niebla. Recordó aquella tarde en las graderias de la pista de atletismo cuando la luz del atardecer la iluminó con tanta fuerza. Esos mechones negros en medio de su rubio cenizo le daban un carácter casi animal.

- Das miedo- le admitió.

Danielle sonrió.

- Esa no era la idea pero tampoco me desagrada- comentó - ¿Entramos?
- ¿Por qué no nos quedamos aquí afuera?- invitó.

A Bonnet se le ocurrió algo que podrían hacer pero el gesto de Jhon en la ceremonia la tenía prevenida. Sabia de lo que era capaz y los medios con los que contaba para hacerlo, así que prefería no darle ese tipo de oportunidades.

- Hay que disfrutar de nuestro velorio- dijo.

Ángel supo que algo le pasaba pero decidió no pensar mucho en ello. Sentía el pecho comprimido y una emoción que la mantenía nerviosa. Se había graduado con Danielle, no con Kyra, y quería seguir estando con Danielle todo el tiempo que fuera posible.

Danielle le extendió la mano pero Ángel no la recibió.

- ¿Qué somos?- preguntó la pelinegra.
- ¿Qué quieres que seamos?- inquirió la rubia un poco confundida.
- Quiero que seamos novias.

Si no hubiera trabajado tanto en volver a ser ella misma, Bonnet se habría caído de la sorpresa.

- ¿Lo dices en serio?- curioseó. Una parte de ella temía por la respuesta.
- Quiero levantarme así todos los días, quiero estar contigo hasta el cansancio, quiero verte y suspirar, quiero que nos vean juntas, lo quiero todo…contigo…- declaró.
- Entonces digámosle a todos que somos novias- invitó con una tonta sonrisa en el rostro.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/2/2013, 23:24

CAPITULO 51

ALGUIEN DIFERENTE

You were that foundation
Never gonna be another one, no
I followed, so taken
So conditioned I could never let go
Then sorrow, then sickness
Then the shock when you flip it on me
So hollow, so vicious
So afraid I couldn’t let myself see
That I could never be held back or up
No, I’ll hold myself
Check the rep
Yep you know mine well
Forget the rest let them know my hell
There and back yet my soul ain't sell
Kept respect up the best they fell
Let the rest be the tale they tell
That I was there saying…

And these promises broken
Deep below each word gets lost in the echo
So one last lie I can see through
This time I finally let you go, go, go

Test my will, test my heart
Let me tell you how the odds gonna stack up
You all go hard, I go smart
How’s that working out for you all in the back, huh?
I’ve seen that frustration
Been crossed and lost and told no
And I’ve come back unshaken

Let down, and lived and let go
So you can let it be known
I don’t hold back, I hold my own
I can’t be mapped, I can’t be cloned
I can’t c-flat, it ain't my tone
I can’t fall back, I came too far
Hold myself up and :love: my scars
Let the bells ring wherever they are
Because I was there saying…

And these promises broken
Deep below each word gets lost in the echo
So one last lie I can see through
This time I finally let you go

No, you can tell them all now
I don’t back up, I don’t back down
I don’t fold up and I don’t bow
I don’t roll over, don’t know how
I don’t care where the enemies are
Can’t be stopped, all I know: Go hard
Won’t forget how I got this far
For every time, saying…

And these promises broken deep below
Each word gets lost in the echo
So one last lie I can see through
This time I finally let you go, go, go, go

Lost in the echo - Linkin Park


DANIELLE

Nunca se me pasó por la cabeza que el día en que cumplía un mes con Ángel, Jhon nos iba a secuestrar. Durante todo el tiempo que estuve en la clínica lo pensé. Y claro, la respuesta era obvia: a Jhon le gustaba el melodrama, como a mí. Recordé aquella ocasión con la limosina. No pude ser más melodramática porque no encontré labial rojo entre mi maquillaje.

Me dieron de alta pocos días después de la aparición de Kyra y, de repente, me encontré bastante desubicada. Llegué a casa y mi padre estaba allí con su novia. Tuve que repetir la palabra mentalmente varias veces para hacerme a la idea. Estaba bastante atenta conmigo. “¿Quieres esto? ¿Se te antoja lo otro? ¿Te gusta lo que cocino?”, etc.

Los primeros días me encerré en mi habitación y sólo salía para buscar alimento o darme una ducha. No entendí que Ángel me había terminado hasta que comprendí que mi autoencierro era por eso.

- El mundo no se va a acabar porque ella no esté- me dijo un día mi padre recargándose contra la puerta.

Algo había cambiado. Ya no se mostraba temeroso ante mi presencia y me sonreía con sorna. La confianza había regresado a él. ¿Sería por mi secuestro? ¿Se dio cuenta que soy tan humana como otros?

- El mundo no, pero puede que yo sí- respondí llevándome otra cucharada de helado de vainilla a la boca.
- Eres mejor que ese chiste de comedia romántica que pareces en este momento- replicó.

Wow, la gente se había acostumbrado a darme bofetadas. O tal vez, por primera vez, me importaba y por eso las sentía.

- Creo que puedo darme el lujo de parodiarlo por unos días- defendí.
- Por favor Danielle, no seas inmadura…

¿Es que ya nadie me respetaba?

- ¿No tienes nada mejor que hacer?- inquirí mirándolo con ira.
- Disfruto viéndote- soltó.

De inmediato me sonrojé. Aunque su respuesta no tenía nada de coqueteo, una parte muy vieja de mí lo entendió de esa manera. Al fin y al cabo, mi padre era un hombre muy atractivo de apariencia joven y muy coqueto. Sólo Jhon tuvo la oportunidad de compartir algunas horas con él, y fueron bastante incómodas.

- Jódete- le lancé un cojín pero lo esquivó con facilidad.
- Cuidado con el lenguaje- dijo con seriedad.
- Ahora sí vienes con ínfulas de padre, ¿no?

Suspiró con fuerza y se acercó a la cama. ¿Cuántas veces me lo tiré en ella? Preferí no divagar al respecto y noté que él llegó a la misma conclusión. Se sentó a mis pies y me observó.

- Creo que tu madre era mejor en esto que yo- admitió con tristeza. Curiosamente, también me sentí triste. Daphne lo había arruinado todo. - Pero, no puedes seguir así, no es sano- continuó.
- Sólo es helado.
- Sabes que no hablo de eso.

Guardé silencio por unos segundos. Vale, estaba en plan padre, no se merecía que lo bajara de la nube.

- Nunca quise separarme de tu madre… - ¡lo sabía! - …pero las cosas se habían complicado tanto…- los ojos se le oscurecieron. Le sostuve la mirada por costumbre pero quería mirar hacia otro lado -Y te quedaste sola…
- No me quedé sola- repliqué de inmediato. Eso sólo demostraba lo sola que me había quedado.
- Y veo que con Ángel sentiste que por fin estabas con alguien- analizó.

En parte tenía razón. Con Azrael sentí que tenía un amigo pero algo me hacía dejarlo atrás, tal vez el miedo a decepcionarlo. Jhon fue muy especial pero, después que intentara matarme en el hotel, lo único que sentía era miedo. Eso se quedaba conmigo. Las arpías sólo eran de adorno, no podía considerarlas mis amigas porque nunca lo fueron. Y luego vino Ángel, la rara que se dejó seducir de una tonta con delirios de grandeza, la que poco a poco se me fue metiendo debajo de la piel hasta que se volvió insoportable. Ese era el problema, era como un tatuaje.

- Aunque estaba muy borracho, puedo recordar aquel día que nos encontró- reveló - Se te da muy bien eso de la actuación, ¿no? Fingiendo estar ebria, fingiendo estar teniendo sexo conmigo, incluso calculaste el tiempo exacto que ella tardaría en llegar para que nos encontrara en una supuesta posición comprometedora- había bajado el tono de la voz, obviamente su novia no lo sabía todo - No fue muy fácil recordar lo que pasó esa noche gracias a que me drogaste pero, ya lo habías hecho tantas veces, que el efecto no era completo - concluyó - Sé que no tuvimos sexo y sé que no bebiste, ¿ella lo sabe?- preguntó.
- Esa noche pasó lo que ella creyó ver y quiero que se quede así- contesté.
- ¿Por qué? ¿Qué ganas con eso? ¿Su odio? ¿Eso es lo que quieres?- reflexionó.
- Estoy mal de la cabeza, es mejor que lo tenga claro- defendí.
- No creo que necesitara de ese incentivo para tenerlo claro.
- Sí lo necesitaba- me metí otra enorme cucharada de helado en la boca.
- Al menos intenta llamarla - sugirió extendiéndome su celular.

Lo medite por unos segundos.

- No, sé que no le gustaría recibir mi llamada.
- Eso crees…
- Esa no fue la única mentira que le dije.

Su expresión cambió.

- No quiero que te quedes sola, soluciónalo, por favor…- pidió tomándome de la mano. Mi primera reacción fue querer soltarlo pero no me moví. Realmente estaba sola y él era la única persona que me quedaba. - Mereces algo mucho mejor, mereces dejar atrás todo lo que Daphne te hizo pasar, lo que hiciste y lo que nos pasó, que sufras por Ángel sólo significa que ya no eres esa diosa indestructible- declaró.

Tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no llorar. Maldita sea, no estaba acostumbrada a sentirme de esa manera.


El día que Ángel y yo cumplíamos nuestro primer mes, estaba nerviosa. Habíamos decidido celebrarlo en el parque de diversiones como una pareja normal y yo llevaba horas frente al espejo sin saber qué ropa usar. Vale, no es como si ella nunca me hubiera visto desnuda pero, tenía la imperiosa necesidad de verme bonita para ella. Sí, “bonita”. Al final, me puse un vestido rojo de puntos blancos ajustado en el pecho hasta la cintura cuya falda terminaba en un gracioso bolero arriba de mis rodillas. Se amarraba en el cuello y me peiné con dos colitas sueltas sobre mis hombros y me puse unas bailarinas blancas. Me veía inocente, casi angelical. Irónico. El vestido era nuevo, lo había comprado un día después de ir a cine con Ángel.

- ¿Ese vestido te gusta?- me preguntó aterrada.
- Sí, es muy bonito- respondí pegada a la vitrina.
- Pero… ¿en serio?
- ¿Por qué te sorprende tanto?- inquirí molesta.
- Bueno, generalmente te vistes de negro, con ropa un poco menos…alegre- contestó con suavidad.
- Pues este me gusta- repliqué entrando a la tienda. Salí cinco minutos después con la compra.

La vieja yo me miraba desde el tocador con la nariz blanca de tanta cocaína.

- Te ves estúpida- dijo.

Decidí ignorarla. Últimamente la veía mucho. Aunque me era difícil comportarme así, también era cómodo. Era una condición contradictoria. ¿Fui así antes de que Daphne me echara a perder? Me gustaban mucho los colores alegres, ¿por qué siempre me vestía de colores oscuros? Observé los mechones negros enredados con el cabello rubio. Me gustaban, no era mucho pero ahí estaba. Me gustaba lo que veía en el espejo. Una chica joven que no piensa en nada más que en su novia. ¿Tanto me había cambiado Ángel en un mes? No, desde antes, desde el día en que Kyra llegó. Ese viaje había sido revelador. Así me había comportado ese último mes.
Sonó el teléfono y, sin contestar, colgué la llamada. Sabía que era Jhon. Llevaba dos semanas con sus llamadas amenazadoras. En algunas decía que me mataría, en otras simplemente se quedaba respirando pesadamente al otro lado de la línea y colgaba. Había decidido no contarle nada a Ángel para no preocuparla pero dedicaba buena parte del día a pensar qué hacer. Obviamente él contaba con más recursos que yo y los matones que él conocía eran los mismos que yo conocía. Le dejé varios mensajes a Francheska pidiéndole algo de ayuda pero estaba perdida en España con su trabajo y sabía que no me respondería en meses.

- Gracias, idiota, acabas de arruinarme el día- solté al teléfono.

Un segundo más tarde, sonó mi celular.

- Hola, ¿estás lista?- preguntaba Ángel al otro lado de la línea.
- Casi, ¿dónde estás?- inquirí acercándome a la ventana.
- Detrás de ti…- susurró, efectivamente, detrás de mí.

La única razón por la que no grité con todas mis fuerzas fue porque el corazón se me subió a la garganta. No pudo aguantar la carcajada a causa de mi expresión y lloró de la risa. Una vez superé el repentino terror, me sobrevino la ira.

- ¡¿Qué pasa contigo?!- exclamé empujándola.

Cayó sentada en la cama.

- ¡No me parece gracioso!- grité.

No sabía si la rabia era por el subidón de adrenalina, los nervios que habían convertido en gelatina mis piernas o la idea de que pudo ser Jhon o alguno de sus matones.

- Cálmate, sólo fue una broma- dijo tomando mi mano para atraerme hacia ella.

La observé desde mi altura. Algo en mi se calmaba cuando hacia eso.

- Es que me asustaste…- excusé. No quería que sospechara.
- Lo siento, es que me pareció muy divertido que no te dieras cuenta que había entrado a la casa- explicó.

Eso, por todos lados, era malo. Normalmente escuchaba cuando se caía una aguja en cualquier parte de la casa y ella había entrado en absoluto silencio. ¿Mañas mías? Tal vez. Pero, igualmente malo. Parte de mi sigilo se lo aprendí a Jhon. Estaba tan embobada con Ángel que me había vuelto descuidada y no era el mejor momento para darme ese lujo.

- No lo vuelvo a hacer- susurró abrazándome la cintura.
- Vale, no te preocupes, sólo procura no matarme de un susto la próxima vez- respondí.

Su expresión cambió de inmediato.

- Cambiando de tema…- deslizó la yema de sus dedos por una de mis piernas - ¿No crees que ese vestido esta muy corto?- sus dos manos agarraron mi trasero.
- No, para nada, está perfecto tal y como es- contesté con picardía.
- Y esa ropa interior…tan pequeña…tan…- sus dedos delinearon el hilo que recorría mis caderas - …fáciles de quitar…- soltó jalándolo hacia abajo.

Sentí un vacío en el vientre.

- ¿Y prefieres que salga así?- coqueteé.
- Prefiero…otras…cosas…- uno de sus dedos subía lentamente por el interior de mis muslos y toda mi piel se estremecía.
- ¿Cómo cuáles?- curioseé.

Sentí dos dedos entrar en mí y el gemido se me escapó al acto.
Con la mano libre me tomó de la cintura y me sentó a horcajadas sobre ella. Los dedos se movían de adentro hacia afuera con torturante lentitud. Una vez acomodada, desató el nudo del vestido en mi cuello y me descubrió el pecho. ¡Vaya día se me ocurrió no usar sostén! Mordió uno de mis pezones mientras jugueteaba con el otro. Me había excitado en menos de nada y por más que movía las caderas para aumentar el ritmo, ella seguía torturándome con esa deliciosa lentitud.
Furiosa, agarré de las muñecas y la acosté con los brazos por encima de la cabeza. Mi vientre se quejó por el repentino vacío.

- Me gusta cuando te enojas- soltó con una media sonrisa.
- No has visto nada…- advertí.

Manteniéndola inmóvil con una mano, bajé el cierre de su chaqueta de cuero para encontrarme con una blusa tipo esqueleto negro que le quedaba bastante suelta. Deslicé mi nariz por su clavícula y con los dientes halé la blusa hasta dejar uno de sus senos por fuera. Como tenía el sostén puesto, tuve que arreglármelas para desapuntarlo en la espalda y poder besar con libertad sus senos. Gimió bajo, delicioso a mis oídos.
Intentó liberarse pero, en esa posición, yo tenía la ventaja y me las arreglé para mantenerla en su lugar.
Con la mano libre le desapunté el botón del jean y metí mi mano en el pantalón. Se encorvó apenas sintió mis dedos en su sexo.

- ¿Ya estás tan húmeda? Pero si acabo de empezar…- repliqué.

Poco a poco sus gemidos fueron aumentando de volumen pero yo también le jugué a la lentitud.

- Déjame tocarte…- suplicó excitada.
- No…- le susurré y luego mordí el lóbulo de la oreja.

De la nada, sacó fuerzas de quién sabe dónde y se liberó. No tuve tiempo de nada y, para cuando terminé de parpadear, me encontraba bajo su cuerpo.

- Te quiero toda…- dijo deslizando el vestido hacia abajo hasta dejarme desnuda.
- Yo también- respondí sacándole la blusa por encima de la cabeza y forcejeando con ese maldito jean.

Segundos más tarde, ambas estábamos desnudas.

- Me gusta hacerte el amor- confesó.

Repartió besos por mis senos, mi vientre y mis muslos. Me sentía explotar con cada toque. Sus labios se habían vuelto expertos en excitarme, eran suaves y sabían exactamente por dónde deslizarse.
Mentalmente gritaba porque sus dedos entraran en mi pero ella se tomaba su tiempo y me parecía eterno.

-Ángel…- gemí.

De repente, sentí que tocaba mi clítoris como sólo ella sabía hacerlo. Gemí con fuerza y mi cuerpo reaccionó con latigazos.

- Gime para mi- pidió acercando su oído a mis labios.

Con mucho esfuerzo le bajé el volumen a los gemidos y se los dediqué sólo a ella. La amaba y mi cabeza desvariaba con eso en medio de la excitación.
Me las arreglé para que mi mano alcanzara su entrepierna. Noté que se detuvo por un milisegundo. Era difícil concentrarme con sus dedos en mí, pero ella tenía el mismo problema. Pronto estuvimos igual de excitadas, gimiendo la una a la otra con nuestras caderas moviéndose al mismo ritmo. Luego, llegamos juntas en medio de un gran grito.

Ángel cayó rendida a mi lado y yo me acurruqué a su lado tratando de conservar la sensación un poco más de tiempo entre mis piernas.

- No vamos a salir nunca- dije tratando de recuperar el aliento.

Ella sólo se rió.

- Eres una pervertida sexual, sólo vienes por sexo- reclamé.
- ¿Eso crees?- se incorporó apoyándose sobre el codo.
- Mejor vistámonos, a este paso no vamos a salir nunca- me puse de pie para buscar mi ropa.

Hubo silencio por varios segundos.

- ¿Sigues enojada?- preguntó sentada en la cama.
- No, sólo quiero que salgamos a divertirnos- contesté.

No estaba enojada, estaba nerviosa. De un momento a otro mi cabeza se llenó de ideas tontas, como que Ángel sólo me buscaba por sexo.

Me observó con desconfianza pero decidió ignorarlo y buscar su ropa.
Hubo un incómodo silencio mientras nos vestíamos y nos subíamos al carro.

- Dime qué te pasa- pidió antes de ponerse el cinturón de seguridad.

Suspiré.

- Nada, no estoy acostumbrada a esto, con Jhon las cosas fueron…diferentes- confesé.

El nombre de mi ex novio le arrancó un gesto de desagrado.

- ¿Estás comparándonos?- preguntó casi siseando.
- ¡No! Sólo…no sé cómo hacer esto- intenté explicar.
- Yo tampoco, ¿qué te parece si lo descubrimos juntas?- invitó.

¿Ángel fue siempre así de especial o había sido cosa del último mes? A veces me sentaba a pensar y me daba la impresión de llevar años a su lado. ¿Tanto podíamos cambiar juntas? Si eso era un mes, ¿qué sería en un año? ¿O cinco?

- Solo si eres capaz de mantener la mentira de Kyra por cinco años…- me susurró mi viejo yo sentada en la parte de atrás del carro con unas enormes gafas de sol cubriéndole la mitad del rostro.

Tuve que esforzarme por no blanquearle los ojos.

- Ok- dije a Ángel con mi mejor sonrisa.

No se la creyó pero, nuevamente, procuraba no presionarme.

La llegada al parque fue de lo más incómodo. Aunque no lo dijera en voz alta, sabía que Ángel estaba pensando en Kyra y Francheska. Al fin y al cabo, ese fue el último lugar donde vio a la pelirroja antes de que yo le dijera que había muerto.

- No quiero que te enojes…- inició con suavidad.
- Si quieres, nos vamos- repliqué sabiendo lo que se venía.
- No es eso…
- ¿Entonces?- soné más brusca de lo que quería y procuré medio sonreirle para tranquilizarla.
- ¿Qué tan ebria estabas esa noche?- curioseó.

Hice un recuento mental.

- No lo suficiente- admití.
- Antes de escuchar a…Kyra…- noté que le costó bastante pronunciar ese nombre - …tú y yo estábamos en algo- recordó.

Mmm…

- Lo recuerdo - admití con cierta reserva - ¿Por qué lo hiciste? No habías bebido nada- si ella quería hablar de eso, de eso hablaríamos.
- La verdad es que…aunque estaba preocupada por Kyra…- sus palabras eran susurros apenas audibles en medio del parque - …algo en la forma como te comportabas me atraía. No sé, era como si de repente te hubieras convertido en alguien que yo quería cuidar a pesar de no soportar tu actitud- declaró.

No supe muy bien cómo interpretar eso.

- Fue como en el parqueadero de la escuela. Te tenía cerca y no dejabas de mirarme como un cachorro perdido y yo no podía evitar sentir que el corazón me brincaba en el pecho con sólo verte.

De repente sentí que me faltaba el aire. ¿Eso qué significaba? ¿Qué incluso estando con Kyra pensaba en mí? No era algo que estuviera dispuesta a preguntar. No me importaba la respuesta; estaba conmigo y eso era lo que realmente importaba en ese momento.

- Ese beso del parqueadero fue la cosa más rara del mundo- bromeé.

Soltó la carcajada y me tomó de la mano. Empezamos a caminar por las atracciones.

- ¿Por qué lo dices?- preguntó segundos más tarde.
- No sé, creo que fue por pura casualidad que terminamos ahí pero…realmente no supe cómo sentirme después - respondí.
- Claro que sabías cómo sentirte - intervino mi viejo yo siguiéndonos - Te sentías como una estúpida y querías morirte- agregó.

Nunca en la vida me había molestado tanto la autocrítica.

- ¿Por qué lloraste?- inquirí de la nada.
- Me sentía culpable - me preparé mentalmente para la respuesta - Una gran parte de mi quería estar contigo, con la persona que eras en ese momento, y otra temía que me lastimaras y prefería quedarse con Kyra- reveló.

Esperé de todo menos esa respuesta.

-¿Entramos a La Casa de los Espejos?- invité nerviosa.

Ella sólo me sonrió, como si comprendiera mis nervios, y asintió.

Entramos tomadas de la mano y en silencio meditando lo que acabábamos de hablar. De repente, un grupo de unas 15 chicas se atravesaron en medio del estrecho pasillo obligándonos a soltarnos. Una de ellas me empujó y un espejo en falso se dio la vuelta dejándome separada de Ángel. Intenté girar el espejo pero no pude. Yo podía verla pero ella no podía verme a mí. Busqué mi celular y no estaba, Ángel lo llevaba en su chaqueta.

- ¡¿Danielle?!- escuché gritar a Ángel.
- ¡Aquí!- respondí golpeando el espejo.

Se acercó al vidrio y trató de buscarme en el reflejo.

- ¡No puedo girar el espejo!- exclamé.
- ¡Te espero al final del laberinto!- anunció.

Ok, tal vez era lo mejor, con eso podíamos pensar en lo que habíamos hablado sin la presión de la otra.

Aunque molesta, avancé por el laberinto sin saber exactamente si iba en la dirección correcta. Minutos más tarde, me encontré en el centro y recordé lo que había visto esa noche de halloween.

- Ahora que lo pienso, eso fue bastante raro- admití para mi misma - Juraría que esa niña era Daphne- reflexioné.
- ¿Quién es Daphne?- curioseó una inconfundible voz detrás de mí.

Era la segunda vez en el día que el corazón se me subía a la garganta. La única diferencia, era que esta sí era preocupante.

No alcancé a girarme cuando Jhon puso un pañuelo humedecido con formol en mi boca. Sabía que perdería el conocimiento en pocos segundos y, aun así, pateé con todas mis fuerzas uno de los espejos. No se rompió y mi vista se nubló por completo.

Antes de abrir los ojos supe dónde me encontraba. Recuperé la consciencia junto con una molesta jaqueca y un extraño dolor en los brazos. Sabía que me encontraba en el baúl de algún carro por la textura rasposa del tapizado en una de mis mejillas. Intenté moverme pero mis piernas y mis brazos estaban en una posición bastante incómoda. No tardé en darme cuenta que los tenía amarrados a la espalda.

- Cabeza fría, no es el momento de alterarse- me recordó mi viejo yo desde algún rincón oscuro de mi cabeza.
- Cabeza fría- me repetí mentalmente. Estaba amordazada.

No era claustrofóbica pero a nadie le gusta estar en el baúl de un carro. Intenté sentir las ataduras pero no encontraba el nudo, sólo sentía como si me estuvieran cortando las muñecas con un cuchillo. Eran bridas plásticas. Me tuve que esforzar por no dejarme llevar por la ira y la frustración. ¿Qué diablos pensaba hacerme ese lunático?
Casi lograba imaginarlo cuando escuché como el cerrojo se soltaba y el baúl se abría. La luz me dejó ciega unos segundos pero logré enfocar, vagamente, la silueta de Jhon acompañada de otra persona. Pensé en que podría ser un cómplice hasta que escuché los quejidos de alguien.

- ¡Entra!- ordenó empujando a alguien a mi lado.

Reconocí el perfume de Ángel y mi corazón se encogió en el acto. ¿Por qué a ella? No tenía nada que ver.

Antes de poder hacer algún movimiento, la puerta se cerró y, de nuevo, estuve en la oscuridad.

Ángel pegó su frente a la mía, como si quisiera calmarme, y con la nariz recorrió parte de mis mejillas. No podíamos hablar pero ese gesto era suficiente como para saber que no estaba sola. Sabía que se estaba muriendo del miedo, como yo, pero intentaba no demostrarlo.
Mi cerebro empezó labores de horas extras. ¿Cómo podríamos escapar? ¿A dónde nos llevaba? Podía, más o menos, por la forma como se movía el auto, calcular la dirección, cuántas cuadras derecho, giro a la izquierda y luego a la derecha. El problema era que había estado inconsciente por algunos minutos y desconocía la posición original. De alguna forma me tuvo que haber sacado del castillo de espejos, tal vez diciendo que me encontró desmayada y me llevaba a la enfermería. Cuando abrió el baúl, la luz me cegó pero no creo que el carro estuviera en un lugar público. Tal vez en el parqueadero del parque, el último piso era descubierto. El Castillo de Espejos quedaba lejos de ese parqueadero y el formol sólo me mantendría inconsciente por algunos minutos, a menos que procurara ponerme el pañuelo en la nariz apenas veía que yo empezaba a despertar. Asumiendo que estábamos en el último piso del parqueadero, las primeras vueltas a la izquierda eran los cambios de piso en busca de la salida.

Acerqué mi rostro al de Ángel y le acaricié las mejillas con la nariz, tal y como ella lo había hecho.

- Aquí estoy y no te voy a dejar sola nunca- declaré mentalmente.

Molesta, intenté patear la parte de atrás de las sillas pero sólo logré lastimarme las muñecas.

- ¡Quédense quietas!- ordenó Jhon al otro lado.

Hubo un bache en el camino y Ángel y yo rebotamos en el baúl golpeándonos. Escuché sus quejidos con claridad. Segundos después, escuché a Jhon hablar.

-Ya las tengo- dijo. Como el auto seguía en movimiento, asumí que hablaba por teléfono - Tienen que pagar por lo que me hicieron, David, no me importa las consecuencias que tenga que pagar después - declaró.

Mmm…hablaba con David. Lo que sea que nos pasara, seguramente Kyra se enteraría.

- Ya lidiarás con eso después- me aconsejé a mí misma.

Hice mi mayor esfuerzo para calmarme y relajarme. Me pegué a Ángel y escondí mi rostro en su cuello para embriagarme en su perfume. No podía hacer nada mientras estuviera allí, así que me relajé.

No sé exactamente cuánto tiempo había pasado hasta que sentí cómo el carro se detenía y el seguro del baúl se soltaba. Estaba oscuro pero no era de noche. Mis ojos, ya adaptados a la oscuridad, reconocieron una especie de hangar pequeño. Primero se acercó a Ángel y la durmió con el formol. Me sacudí molesta pero sólo bastó que pusiera el pañuelo en mi nariz para dejarme inconsciente.

Lo que me despertó fue un terrible dolor en el cuello. Tenía la cabeza echada hacia atrás y estaba amarrada con los brazos en la espalda medio recargada en la pata de una mesa.

- Por fin te despiertas, osita- dijo Jhon sonriendo de pie a mi lado.

Tuve que mover la cabeza con mucha delicadeza.

- No soy tu osita- repliqué mentalmente.

No vi su brazo moverse, pero sí sentí el dolor punzante en el labio.

- No tienes que hablar para demostrar lo que estás pensando- afirmó.

Lo fulminé con la mirada.

-Tranquila, osita, pronto no tendrás de qué preocuparte- dijo sonriendo.

De todo, eso fue lo que más me preocupó.

Suspirando, me di por vencida e intenté relajar el cuerpo. Ángel apenas estaba recobrando el conocimiento. Estaba recargada contra una columna amarrada y amordazada.

- Quiero que vean algo- invitó el basketbolista.

Arrastró una mesa y la puso frente a nosotras. Había un plasma sobre ella y un reproductor de DVD. Melodrama, mucho melodrama.
Con paciencia, reprodujo un video. Al instante, reconocí el ambiente.

- Unos amigos de mi papá me consiguieron la grabación, ¿la reconoces?- preguntó.

Asentí. El corazón me latía a mil por hora.

- Mira, aquí estás tú, celebrando mis anotaciones, gritando con todas tus fuerzas- explicó señalándome en la pantalla.

Por el rabillo del ojo noté que Ángel estaba igual de nerviosa.

- Y aquí estoy yo, regalándote mis mejores anotaciones, declarándote amor a pesar de todas las cosas que me habías hecho- continuó.

No pude evitar mirar hacia la figura que estaba exactamente detrás de mí en el video: Ángel. Era como si observara todo con un amplio conocimiento del universo. Su expresión se mantenía inescrutable, más allá del bien y del mal.

- Sí, aquí está esa, la que lo arruinó y todo- el dedo de Jhon cubrió el rostro de la pelinegra - Pero no hay que distraernos, todavía falta lo más importante- declaró alejándose hacia una especie de cocina.



El litro de helado se me acabó media hora antes. Era la primera vez que me sentaba a repasar lo sucedido ese día. El corazón todavía se me aceleraba y las manos me temblaban. Quisiera o no, algo se me había quedado en la cabeza como consecuencia de lo que Jhon hizo. Algo había cambiado en mí desde ese día.
Medio atontada, me puse de pie y me miré al espejo. Al menos había recuperado el peso que había perdido en el hospital. Mi mirada no era la misma, la persona en el espejo no me inspiraba miedo ni respeto. Me parecía más a un cachorro perdido que a mí misma. Ángel cambió todo en mí, Jhon tomó lo que quedó e intentó aplastarlo y yo estaba ahí, recuperándome del golpe.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/2/2013, 23:31

CAPITULO 52 (PARTE 1)

EL FINAL DE TODO

Waking to sweat again
Another day's been laid to waste
In my disgrace
Stuck in my head again
Feels like I'll never leave this place
There's no escape

I'm my own worst enemy

I've given up...
I'm sick of feeling
Is there nothing you can say?
Take this all away
I'm suffocating!
Tell me what the fuck is
Wrong with me!

I don't know what to take
Thought I was focused but I'm scared
I'm not prepared
I hyperventalate.
Looking for hope somehow somewhere
And noone cares


I'm my own worst enemy

I've given up...
I'm sick of feeling
Is there nothing you can say?
Take this all away
I'm suffocating!
Tell me what the fuck is
Wrong with me!

GOD!

Put me out of my misery
Put me out of my misery
Put me out of my...
Put me out of my fucking misery!

I've given up...
I'm sick of feeling
Is there nothing you can say?
Take this all away
I'm suffocating!
Tell me what the fuck is
Wrong with me!


Given up - Linkin Park




DANIELLE

Llegué a casa a las 4 de la madrugada y solté una risa nerviosa cuando apagué el carro. Apenas leí su mensaje, “paso mañana por la tarde”, no me alcanzó el tiempo para ir a buscar mi auto en el parqueadero de la universidad.
Inmediatamente noté algo diferente en mi casa. Había juguetes regados en el jardín. ¿Hacía cuánto no iba? Mi hermanito, James, había crecido lo suficiente como para jugar con un coche y un triciclo. Me detuve en la puerta por unos instantes. Quería mucho a ese niño. Era de cabello negro como mi padre y tenía sus ojos verdes. De Karen había heredado la sonrisa, su tono de piel dorado y el cabello rizado. Estaba tan abstraída ese año que a duras penas asistí a las sesiones con mi padre pero, el resto del mundo había desaparecido para mí. Me sentía culpable, no tenía ningún regalo para él.
Saqué el celular y vi la hora. Tendría que esperar al menos 5 horas mientras abrían alguna tienda de juguetes en un Centro Comercial.

- Vale, sólo porque llevo mucho sin verlo- admití para mí misma.

Regresé al carro y conduje hasta el Centro Comercial más cercano. Me parqueé en un sitio y eché la silla para atrás para dormir un poco. Ya no tenía el convertible. Antes de entrar a la universidad me había comprado un Aston Martin db9 negro con el dinero que obtuve que vender el anterior y algo más que tenía ahorrado.

¿De qué pensaba hablar con Ángel? La noche anterior me había acostado con un hombre. Esa era una bonita forma de decirle que la extrañaba. ¿Qué pretendía con aquel encuentro? ¿Pedirle disculpas? Cada una de las cosas que hice fue consciente de las posibles consecuencias. ¿Completamente consciente de todo? Sí, y no me arrepentía. Aunque la relación se basó en una gran mentira, lo hice porque la amaba y sabía que en el mundo real ella no podría amarme. ¿Segura de eso? Lo suficiente como para haber cometido la estupidez que cometí. La culpa fue de David por aprovechar nuestro secuestro para llamar a Kyra. No, la culpa era mía por haber inventado la mentira de su muerte. Al menos el idiota pagaría. Cuando mi padre se enteró que David supo, desde un principio, lo de nuestro secuestro y posible homicidio, no tardó en presentar cargos en su contra por conspiración. Llevaba uno de sus diez años en prisión y eso me daba algo de tranquilidad. Lo demás no se podía arreglar con una demanda.

No sé en qué momento me quedé dormida pero fue un hombre el que me despertó golpeando el vidrio de la ventana.

- Disculpe…- repetía mientras tocaba.

Medio atontada, busqué el gas pimienta en uno de mis bolsillos y lo alisté. Aunque el tipo no se veía sospechoso, una parte de mí seguía pensando que cualquier persona que se me acercara me quería hacer daño.
Bajé el vidrio hasta la mitad.

- ¿Sí?- respondí prevenida.
- Lleva mucho tiempo parqueada aquí, ¿está perdida?- preguntó.

Noté que llevaba un uniforme de vigilante con una placa que decía “Martínez”.

- No, Señor, ¿el Centro Comercial ya está abierto?- inquirí.
- Sí, son las diez y media- declaró.

Me limité a sonreírle. Inicié el motor y entré en el parqueadero.
Tal vez eran las diez y media, pero casi todas las tiendas estaban cerradas. Tuve que dar varias vueltas antes de encontrar una juguetería abierta.

-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?- declaró una vendedora.
- Gracias, yo me ubico- contesté.

Me tomé mi tiempo para observar las enormes vitrinas hasta que encontré algo que me fascinó: un Buzz Light Year con todo incluido, hacía la voz del personaje, replegaba las alas, el casco se abría y cerraba, tenía el laser y llamaba al “Comando Estelar”. También me moría por comprar un oso gigante que había colgado en la vitrina exterior junto a un gorila que quedaría perfecto en mi habitación. Esa afición por los peluches y los juguetes era nueva. La psicóloga decía que todo lo que no disfruté en la niñez empezaría a llamar mi atención, como una niñez tardía.

- No debes extrañarte si, de repente, te entran ganas de comerte un helado de muchos colores, jugar alguna cosa o llenar tu habitación de juguetes- explicó un día al final de la sesión – Daphne te privó de muchas cosas, y tú misma te impusiste una vida que no era la tuya, no es raro que las cosas que debieron llamar tu atención como niña lo hagan ahora- declaró.

Me di el placer de buscar más cosas en la juguetería. Al final, me marché con el Buzz, el oso, un cubo de rubik dos veces más grande de lo normal, y una bolsa llena de M&M. En el carro, el oso ocupó casi todo el asiento trasero, así que lo demás lo dejé en el asiento del copiloto para no olvidar que lo llevaba.

De regreso a casa, el ambiente había cambiado. Era sábado, así que James no iba al jardín de niños y mi padre no trabajaba.

- ¡Louis! ¡No tarda en pasar la basura!- escuché gritar a Karen.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Esa pequeña familia vivía tranquilamente en lo que en mis tiempos fue “la casa del terror”.

- Entiendo que te moleste sentirte así pero, Danielle, es parte de todo el proceso- decía la psicóloga.
- No estoy acostumbrada a sentirme así- sollocé. Mi padre se había marchado antes para una reunión – No estoy acostumbrada a recordar a Daphne- agregué.
- Pero tienes que hacerlo, debes recuperar lo que perdiste- afirmó acercando una caja de pañuelos.
- No es justo…
- Tienes razón, no fue justo lo que te pasó, tampoco lo que hiciste con tu padre pero, tienes que ser fuerte.

Procuré no fulminarla con la mirada. Me molestaba mostrarme tan débil y tonta.

- ¡Ya voy!- respondió mi padre.

La puerta se abrió antes de poder meter la llave y casi soy atropellada por mi padre y las dos bolsas de la basura. No pudo disimular la sorpresa.

- ¿Qué haces aquí?- preguntó con descuido.

Desvié la mirada y le di tiempo de replantear la pregunta.

- ¡Disculpa! Me refiero a… ¿no deberías estar en el campus?- eso estaba mejor.
- Quedé de encontrarme con alguien aquí hoy- contesté.

De inmediato notó mis nervios pero los dejó pasar.

- Pues sigue, es tu casa- invitó dejando la puerta abierta para mí – Disculpa el desorden, James es un terremoto- excusó.

Pensé que exageraba hasta que casi me caigo al tropezar con un lego del grande de mi pie. Louis me atrapó justo a tiempo. Por primera vez en mucho tiempo no nos sentimos incómodos al tocarnos. Esperé un segundo por una respuesta tardía pero, al final, nunca llegó. Me sonrió y cerró la puerta. Un vago recuerdo de la sonrisa de mi padre cuando era pequeña se me vino a la cabeza. ¿Cómo pude hacerle tanto daño a esa persona?

- Escuché un ruido…- Karen apareció en la puerta de la cocina - ¡Danielle!- en dos zancadas estuvo a mi lado aplastándome con un abrazo - ¡Me alegra que nos visites! ¡James te extraña tanto!- exclamó.

Intenté corresponder el abrazo pero me tenía inmovilizada.

- ¿Any?- escuché balbucear desde la sala - ¡ANY!- chilló James.

Tambaleándose, logró sortear todos los juguetes regados hasta estrellarse contra mis piernas. Todavía le costaba pronunciar la D pero “any” sonaba igual de hermoso.

- Hola, pequeño terremoto- dije arrodillándome para quedar a su altura.

Me miró extrañado.

- No…Ames…- los ojos se le llenaron de lágrimas – Tu Any, o Ames…- explicó.

Lo abracé en el acto y él se colgó de mi cuello. Lo separé un poco para mirarlo a los ojos.

- Yo sé que eres James- le sonreí – Te traje un regalo – saqué la caja del bolso - ¿Lo quieres?
- Oh…no más regalos…- se quejó Karen.

Tuve que contener la risa.

- ¡Sí…!- no sé cómo, pero saltaba de la emoción.

Le entregué la caja y en menos de un segundo rasgó todo el papel regalo.

- ¡UZZ!- gritó.

¿Cómo hacían para vivir en medio de tantos gritos?
Sin esfuerzo, se deshizo del empaque y empezó a jugar con el muñeco olvidándose por completo de mí.

- ¿En qué momento creció tanto?- pregunté.
- Cariño, hace casi más de un año que no vienes, cumplirá dos en unos meses- me recordó Karen con una sonrisa cálida.

El aspecto de la casa era completamente diferente. Los grandes sillones de la sala habían desaparecido para ser reemplazados por una mesa y una silla diminutas para que James se sentara a dibujar o colorear. Al lado había un tablero con las letras del abecedario dibujadas en la parte superior y los números en la inferior. El resto de la alfombra estaba invadida por decenas de enormes legos y juguetes. El habitual color durazno de las paredes, la bombilla de luz amarilla y las pesadas cortinas doradas no estaban. En su lugar, las paredes eran blancas, las bombillas ahorradoras y las cortinas tipo romanas. ¿Recibían a todos sus invitados en medio de ese desorden? ¿Hacían sillas con esos legos?

- ¿Quieres desayunar? Hace poco que nos levantamos- inquirió mi padre al notar mi distracción.
- Vale, gracias- le sonreí.

Karen me pasó la mano por encima del hombro y me llevó a la cocina. Al igual que la sala, ésta también había sido remodelada. Los colores madera y tierra fueron reemplazados por un blanco puro con estantes verde limón.

- Toma, te ves hambrienta- me dijo Karen al oído después de poner la comida frente a mí. Eran pancakes con queso y un jugo de naranja.

Los platos y los vasos eran de plástico, todos de colores brillantes. Había un pequeño tablero al lado de la nevera con anotaciones como: “reunión de padres. James.”, “cita con el pediatra”, etc., con diferentes fechas.

La verdad es que sí tenía mucha hambre y comí con gusto. Mi padre se dedicó a leer el periódico y Karen se fue a la sala a jugar con James. No me di cuenta que al terminar de comer me había quedado mirando un punto fijo hasta que Louis me llamó.

- ¿Estás bien?- curioseó por encima del periódico.
- Sí- respondí forzando una sonrisa.

No me creyó pero tampoco me presionó. Iba a dejarlo hasta ahí hasta que me picó la duda.

- Papá…- eso sonó raro pero no incómodo - ¿Fuiste así con mi madre? ¿Mi primer año fue como el de James?- pregunté con un nudo en la garganta. Ya me imaginaba la respuesta.

Dejó el periódico a un lado y se tomó su tiempo para responder.

- Daphne fue diagnosticada con leucemia desde que nació- explicó con un hilo de voz – Los cuidados eran diferentes, ella no…ella tardó un poco más en caminar, siempre estaba más quieta que tú- continuó.

Hice mi mayor esfuerzo por mostrarme tranquila. No importaba qué preguntara sobre mi infancia, la respuesta empezaría con el nombre de mi hermana.

- Siempre tuvimos que cuidarla más y, aunque intentamos distraerte con juguetes, siempre te quedabas con ella y jugabas con cosas pequeñas para poder estar cerca- reveló – Daphne tenía la maña de romper tus juguetes, así que nunca pudiste ser tan activa como James

Desvié la mirada cuando los ojos me ardieron.

- Danny…- arrepentido, se acercó y me abrazó - ¿Para qué preguntas esas cosas? Sabes la respuesta y, desgraciadamente, no tengo otra- enredó sus dedos en mi cabello y lo peinó.

Odiaba el tipo de persona que era. Odiaba lo que Daphne había hecho de mí y odiaba lo que yo misma me había permitido ser. Odiaba que cada sentimiento y cada recuerdo me cortaran el pecho. Odiaba sentirme débil y tonta. Pero, por encima de todo, odiaba pensar que alguien como yo no podía permitirse esa clase de sentimientos. Fueron tantas las cosas que perdí antes de siquiera saber que las tenía, que ya no sabía a ciencia cierta qué clase de persona era y qué clase de persona pude ser.

- No sabes cuánto envidio a James…- sollocé.
- ¿Por qué?
- Porque está creciendo lleno de amor, de colores brillantes y juguetes…

Por alguna razón, eso me hizo llorar más.

- Cálmate…no me gusta verte llorar…- pidió abrazándome con más fuerza.

Hice un esfuerzo por calmarme.

- Iré a darme un baño y a dormir un poco- anuncié con más frialdad de la necesaria.

Louis ya se había acostumbrado a mis cambios repentinos de ánimo y los respetaba. Me liberó y regresó con el periódico como si nada hubiera sucedido.
Recogí el bolso de la sala y subí las escaleras. Como siempre, caminé hasta el final del pasillo. Sólo alcancé a abrir la puerta antes de notar que esa ya no era mi habitación. La alfombra roja había sido reemplazada por una blanca y la cama tipo King size ya no estaba. En su lugar, una cama como para cinco personas ocupaba casi la mitad de la habitación. Claro, yo también habría cambiado la cama, muchas cosas pasaron en ella y era mejor deshacerse de ese colchón. Suspirando, recorrí las demás habitaciones en busca de la mía. La más cercana a la habitación principal era la de James. Estaba decorada en tonos azules y el techo, en azul oscuro, estaba lleno de móviles de los cuales colgaban estrellas que brillaban en la oscuridad. Su cama tenía forma de carro de carreras y parecía que todos los juguetes estaban en la sala y no allí. La siguiente habitación era para los invitados, tal y como yo la recordaba y la había dejado. Por último, al lado contrario del pasillo, estaba mi habitación. De pequeña, ese era el estudio de mi padre y agradecí que no la intercambiaran con la de invitados que fue donde Daphne y yo solíamos dormir. Obviamente, la cama era nueva pero, todo lo demás, lo habían conservado. Mi tocador en roble con su enorme espejo estaba intacto, al igual que el sofá en cuero rojo donde solía dejar tirada mi ropa. La alfombra roja cubría el suelo pero las paredes blancas le daban un aire diferente a la habitación. ¿Por qué tanto blanco?

No sabía a qué hora llegaría Ángel, así que dejé la maleta en la mesa junto con el bolso y entré al baño.

- ¿Por qué no me sorprende?- me dije a mí misma.

El baño también era un mar de blancos y colores brillantes. La bañera era naranja y en las paredes había decorados de azulejos verdes entre los blancos. Había dos lavados, uno a medio metro de altura y de tamaño mini, y otro a altura y tamaño normal. La bañera era lo suficientemente alta como para que James no alcanzara a entrar sin ayuda y el grifo tenía un seguro especial para niños.

- Creo que es más fácil pagarle una niñera permanente que hacer tantas remodelaciones- comenté mientras llenaba la bañera.

Luego, me di cuenta que pensaba así por la niñez que tuve. Procuré no romper el espejo.



ANGEL

Estaba en una cita con una chica bastante aburrida. No sabía de dónde la habían sacado mis compañeros de apartamento pero, definitivamente, esa noche no pasaría nada.

- Y luego pienso tinturármelo de rubio con algunas mechas negras y comprarme un vestido… - y blablablabla…

Me llevé los dedos a la sien para masajearla. Fantaseaba con el momento en que entrarían las cámaras de MTV y la chica me dijera: “soy una actriz y estás en Disaster Date”. Pero, nunca sucedió.
De repente, sentí el celular vibrar. Estaba lista para insultar a mis compañeros de piso y me decepcioné al descubrir que era un mensaje.

“¿Acaso estás pensando en mí?, llevas todo el día metida en mi cabeza. Att: DB”

Tardé un segundo en procesar las letras del remitente. Creo que desaparecieron todos los colores de mi rostro.

- ¿Todo bien? Te pusiste pálida de la nada- comentó la chica. Su voz me parecía terriblemente chillona.
- S…sí…- tartamudeé.
- ¿Tienes un mensaje? ¡Déjame ver!- alcancé a mover la mano antes que me arrebatara el celular.
- No seas atrevida- repliqué con descuido.

Se ofendió de inmediato. Le siguieron sus gritos e insultos. Simplemente los dejé pasar y aproveché para beberme un mojito. Cuando por fin se cansó y se marcho, llamé a mis compañeros.

- Malditos desgraciados, ¿de dónde sacaron semejante bruja?- repliqué mientras pagaba la cuenta – Encima tuve que pagar toda la cuenta- agregué.

Me respondieron las carcajadas de Michael, un estudiante de química industrial; Logan, en mecánica automotriz; y Dayanne, de periodismo.

- Estarán contentos…- bromeé sacando el dinero para el mesero.
- No pudo ser tan malo…- se burló Dayanne.
- Fue mucho peor- repliqué.
- Te dije que no le iba a gustar- escuché que Logan comentó – Me debes una cerveza – agregó.
- Te esperamos acá – declaró Michael – Los padres de Logan le enviaron tres botellas de vodka directamente de Rusia.

Solté la risa.

- Vale, no tardo- colgué antes de salir.

El ballet trajo mi auto a los pocos segundos de verme en la puerta.

La vida me trataba bien. Poco después del secuestro, uno de mis abuelos murió y lo dejó absolutamente todo a mi nombre. Al principio me sorprendí bastante y la ira de algunos de mis tios era insoportable. Finalmente le vi el lado bueno. Como era tanto dinero, una parte se la dejé a mis padres y con la otra me marché a una buena universidad para estudiar fotografía. Compré un duplex, tres de las habitaciones las arrendaba a estudiantes y los pagos los usaba para pagar las cuotas. El único capricho exagerado que tuve fue comprarme un Camaro plateado. Sin embargo, después de dos años, el dinero de esa herencia parecía no disminuir, pues incluía varias fincas y cabezas de ganado, caballos pura sangre y plantas de leche. Aún tenía varias demandas de algunos de mis tíos que reclamaban parte del dinero pero era suficiente como para pagarme un buen abogado que se hiciera cargo de todos esos trámites.

Una vez dentro del carro, recordé el mensaje de Danielle y le respondí.

“Este mismo día hace tres años me pediste que fuéramos amigas con derechos en tu casa después de explicarme matemáticas Att: AJ”. Sólo tuve que echar un vistazo a la fecha para darme cuenta. Era un día que nunca olvidaría.

Esperé algunos minutos por una respuesta pero, esta no llegó. Inicié el motor y regresé al apartamento. No alcancé a poner la llave en el cerrojo cuando alguien abrió desde adentro. Era Michael y su novia.

- ¡Hey! ¡Llegó Disaster Date!- exclamó en broma.
- Hola, Andrea- saludé de beso a su novia mientras lo empujaba.
- Vamos de salida, fue un gusto verte- respondió ella con una sonrisa.

Les di paso para que se marcharan y entré en lo que quedaba de apartamento.

- Te perdiste toda la fiesta- se quejó Logan abrazándome con un brazo y entregándome una botella de vodka con el otro.

Me tomé un momento para observar el lugar. Había botellas de cerveza por todas partes, mucho licor sobre la mesa del comedor y todos los videojuegos regados frente al sofá. Ya casi no quedaba nadie, sólo algunos amigos de Dayanne y de Logan.

- Que bueno que me pagan el arriendo a tiempo…- medité.
- Y te pagamos bien, maldita ladrona- respondió Logan pasándome la mano por el cabello para despeinarme.
- Casi no llegas, tuve que esconder esa botella para ti- explicó Dayanne acercándose con su novio.
- Pues la broma les salió buena, por favor díganme que nunca más en la vida volveré a ver a esa chica- supliqué bebiendo directamente de la botella.
- No creo, después de la llamada que recibí insultándome por llevarla a una cita con “una tipa crecida”, ni yo quiero volver a hablarle- reveló ella.

Me carcajeé. Iba por el segundo trago cuando el celular me vibró en el bolsillo. Casi se me cae la botella tratando de mirar el mensaje. Logan y Dayanne se me quedaron mirando con intriga.

- Nunca te había visto tan emocionada por un mensaje- picó él.
- No estoy emocionada- defendí inútilmente.
- Sí…claro…- acordó ella.
- ¿No tienen nada mejor que hacer? Este lugar es un desastre…- me quejé.

Se marcharon entre risas cómplices.

“Quiero saber que ha sido de tu vida todo este tiempo.”

Hice un paneo del apartamento. Escribí un “no me creerías”. Luego, lo borré.

“¿Por qué quieres saber?”. La respuesta era cruel, tal vez demasiado fría. A medida que pasaba el tiempo le iba restando importancia a lo sucedido. ¿Cuánto tiempo podría estar enojada con ella? ¿Se lo merecía? Obviamente sí.

- A veces entiendo las razones de Danielle- me dijo Kyra una vez que nos encontramos en un café.
- Debes bromear…- repliqué al instante.
- No la justifico, al fin y al cabo fue a mí a quien mató- comentó – Pero, si me perdonaste a mí, ¿por qué no a ella?

En eso tenía razón. Meses después del fatídico encuentro en el hospital, Kyra me confesó que ella estaba en casa de la rubia el día en que inventó su muerte. Durante varios días estuve enojada y, luego, ya no lo estuve.

- No es lo mismo…- susurré sin despegar la vista del café.
- ¿Por qué no lo es?
- Danielle entiende a la perfección que todas sus acciones tienen consecuencias y prefirió mentirme, eso tuvo su respectiva consecuencia- declaré.
- Así que estarás enojada por el resto de tu vida- no era una pregunta.

Y fue así durante un tiempo. Cada que lo recordaba la ira me erizaba la piel. Pero, al igual que con Kyra, con el pasar del tiempo dejé de sentirme tan enojada. No sentía nada al recordar.


“Ha pasado mucho tiempo…”, respondió a los pocos minutos.

“Sólo han pasado dos años”, texteé.

- ¡EH! ¡Quítate que estorbas!- Michael pasó y me empujó. No iba con su novia, así que probablemente la dejó en un taxi y regresó al apartamento.

Había olvidado que estaba de pie en medio del apartamento observando el celular con mucha atención. La cocina era tipo bar. Tenía una barra en caoba con copas colgadas por encima de la cabecera. Me senté en una de las sillas.

- Sírveme algo fuerte- le pedí a Logan. El tipo también trabajaba como barman en algunas ocasiones.

Me sonrió cómplice y sacó varias botellas.

- ¿Qué tan fuerte?- preguntó.
- El especial “no quiero levantarme hasta que se acabe el mundo” estaría bien- ordené.

La razón por la cual lo contrataban era por su especial habilidad para hacer cocteles. Podía hacer algo suave que por más que lo bebieras no te embriagaría, hasta algo que sólo el motor de un carro era capaz de digerir.

- A la orden- cantó haciendo saltar las botellas.

Obviamente la cocina estaba dotada con todos los juguetes para su espectáculo. Los cuatro vivíamos bien y cómodos. Era un dúplex de cinco habitaciones, tres baños, y casi 200m2 de espacio. No, definitivamente Danielle no me creería si le contara cómo era mi vida.

“¿Quieres hablar o sólo andarás con rodeos para que me quede sin saldo?”, replicó la rubia arrancándome media sonrisa.

“Creo que ya es hora de hablar.”, admití. Sí, ya era hora de cerrar ese capitulo.

“Entonces, ¿qué hay de tu vida?”, contestó rápidamente.

- Lo que sea que te atormente en ese celular, no merece que lo olvides- comentó Logan pasándome el coctel – Así que te preparé algo para dormir, los pocos que quedan se irán en un rato, nosotros arreglamos todo- agregó.

Al fin y al cabo, barman, pensé. Siempre tan observador y tan “buen consejero”.

Me tomé el coctel con paciencia pensando lo que podría responder. La bebida era naranja eléctrico y, después de dos tragos, ya sentía que me pesaban los ojos. Maldito brujo del licor.

“No tengo mucho saldo, paso mañana por la tarde a tu casa y hablamos.”. Le di enviar antes de arrepentirme.

Al día siguiente, tal y como lo promete Logan, me levanté sin resaca y sin sueño. Michael ya estaba por ahí recogiendo algo de basura y Logan inventariaba los juegos de X-Box y Play.

- ¿Falta algún juego?- pregunté mientras me servía un jugo de naranja.
- No, pero algún idiota se sentó encima de uno y lo rompió- se quejó.

Dayanne apareció con su diminuta pijama. Los cuatro vivíamos juntos desde hacía poco más de un año, así que ya estábamos acostumbrados a verla desnuda por ahí sin vergüenza alguna. Al principio fue incómodo para ellos, tenían sus respectivas novias y esta tentación se les paseaba por enfrente sin sostén y con un panty semi transparente. A mi me parecía bonita pero no se robaba mi atención, aunque sí le pedí que me posara desnuda para unas fotos de la universidad.

- ¿Qué juego rompieron?- curioseó ella.
- Assasin Creed III- contestó casi llorando.

A Michael se le resbaló la bolsa de la basura de las manos.

- ¡No! ¡Lo acababa de comprar!- se quejó.

Ambas nos miramos como diciendo: hombres y sus juguetes...

- Cambiando de tema…- me dijo ella ignorándolos - ¿Con quien te texteabas anoche?- cuestionó susurrando en confidencia.
- Una vieja conocida- contesté.
- Ajá…¿y te concentras tanto cuando yo te envío mensajes de texto?- bromeó.
- No es nada especial…
- Nunca dije que fuera especial.

Sabía que me estaba toreando para que le contara.

- Era Danielle- revelé.

La sonrisa desapareció de su rostro y ese gesto me confundió.

-¿Danielle…Danielle?- repitió.
- ¿Y tú cómo lo sabes?- cuestioné.

Noté que los sollozos detrás de nosotras se habían esfumado. Me giré y los encontré muy atentos a la conversación.

- Parecen mujeres ustedes dos, par de chismosos- repliqué.
- ¿Dijiste que estabas hablando con Danielle?- se aseguraron.
- Kyra les contó, seguramente- concluí molesta.
- No la culpes, estaba bastante ebria- defendió Logan.
- ¿Seguros?- solté con veneno recordando cierto episodio.
- Esta vez sí estaba ebria- respondió Dayanne captando la indirecta.

Estaban bastante informados y, en parte, me molestaba. No le había contado nada a nadie desde la última vez que la vi, y con la única que tocaba el tema era con Kyra. Pero, tampoco podía decir nada, también era parte de su historia.

-¿Y bien? ¿En qué quedaron?- presionó la nudista.
- ¿Por qué les importa?- dije cortante.
- Porque esa actitud que tenías anoche no las has tenido nunca- explicó Michael.

Suspiré con fuerza.

- Nos vamos a encontrar hoy por la tarde- anuncié – Es probable que la traiga, así que procuren comportarse como personas normales- advertí.

Los tres soltaron la risa.

- Tendrá que demostrar que lo vale- declaró Dayanne saliendo de la cocina. En menos de nada, me encontré sola en el primer piso.

El resto del día pasó lentamente y eso me molestaba sobremanera. Si fuera cualquier otra persona, ni siquiera sentiría el paso de las horas. En varias ocasiones estuve tentada a enviarle un mensaje para adelantar el encuentro pero me arrepentía justo antes de presionar “enviar”. Ni siquiera sabía de qué hablaríamos, si es que había algo para hablar. Y sí, lo había, muchas cosas. Kyra terminó por contarme cómo es que la rubia la tenía chantajeada y, en parte, lo comprendí. Tampoco me gustaría que mi novia, a la que quiero mucho, se enterara de que soy como su ex. Aunque, en términos técnicos, Danielle no fue mi ex antes de Kyra.
Llegadas las 2 de la tarde decidí que la tortura había sido suficiente. Sabía, y estaba completamente segura de eso, que la rubia se moría por verme. Al igual que yo, admití para mis adentros.

- ¿Te vas en el Camaro?- preguntó Logan cuando me vio de salida.
- Sí, ¿por?
- ¿Quieres impresionarla?- tanteó.

Medio sonreí.

- Esa es una palabra que no es aplicable en ella- respondí.

Quedó confundido pero no dijo nada.

No reconocí cuántas ganas tenía de verla hasta que noté que manejaba por encima de la velocidad permitida y tuve que concentrarme en no sobrepasar el límite.
Al llegar a su casa, noté grandes cambios. Había un Aston Martin parqueado en frente y no su BWM, el jardín estaba lleno de juguetes y las plantas perfectamente cuidadas. Me detuve unos cuántos segundos en la puerta para escuchar.

- ¡Cien! ¡Voy a buscarte, James!- la escuché exclamar.

Se me hizo un gran vacío en el estómago. ¿Danielle tendría un hijo? ¿Todo ese ambiente era su nueva vida como ama de casa? ¿Estaría casada? ¿Me contactó sólo para presentarme a su esposo? En menos de un segundo me inventé toda su vida y las ganas de tocar a la puerta se me desvanecieron. De repente, el pestillo de la puerta se corrió y esta se abrió lentamente. Apenas alcancé a dar un paso atrás cuando un niño de al menos 2 años se estrelló contra mis piernas y cayó sentado. Por un segundo me observó confundido y luego empezó a llorar.

- No llores, ¿te lastimaste?- me arrodillé a su lado para tratar de calmarlo. No lo conseguí.

Con un vistazo rápido noté lo diferente que estaba por dentro. ¿Estaba en la casa correcta? Me fije en la dirección para asegurarme. Un par de pies bajaron corriendo por las escaleras pero los berridos del niño volvieron a captar mi atención.

-¡James! ¿Estás bien?- Danielle estuvo a su lado y de inmediato el niño se colgó de su cuello. Se calmó casi al instante. Algo balbuceó pero no lo comprendí – Ya ya…no llores más…- pidió ella sobándole la cola.

Se puso de pie sin prestar mucha atención en que yo estaba ahí pero nuestros rostros casi chocan cuando yo me moví también. Casi se le resbala el niño de los brazos; estaba paralizada. Estaba tan quieta que pude notar la diferencia abismal entre ella y el pequeño. Otra mujer apareció a su lado.

- ¿Pasó algo? Escuché a James llorar- preguntó ignorándome.

Danielle tuvo que hacer un esfuerzo por regresar a la realidad.

- Sólo se pegó en la colita pero nada más- respondió entregándole al niño.

La mujer me miró.

- Hola, si eres la amiga de Danielle, no te quedes en la puerta, sigue- me sonrió y luego se perdió en el interior de la casa.

La rubia me volvió a mirar. Tenía el cabello largo y abundante, más que la última vez. Su rostro se había perfilado un poco, aunque conservaba el aspecto angelical ya no se veía tan niña. Se veía más delgada y algo más alta.
El corazón me taladraba en el pecho y no me dejaba moverme. ¿Y ahora? ¿Qué se supone que debemos decir?
Ella, con más experiencia, retomó el control de sí misma y me miró por encima del hombro hacia el Camaro.

- Hola, soy Danielle- dijo.

Casi pude escuchar como la tensión se cortaba. Sonreí.

- Ángel- respondí.
- Lindo carro, ¿es tuyo?- curioseó.
- Sí, ¿quieres dar una vuelta? Tal vez te deje conducirlo- bromeé.

Dio una rápida mirada hacia el Aston Martin que estaba parqueado frente al garaje de la casa y regresó a mi. Tan fácil como lo era dos años atrás, pude leer lo que pensaba, algo como: “tengo un Aston Martin db9, tal vez debería ser yo quien te dejara conducir el auto”.

- Suena interesante- admitió.

Luego, se hizo el silencio. Al principio, lo percibí incómodo, no era de carros que teníamos que hablar. Entonces, se sujetó el cabello suelto con una especie de nido mal hecho y pude ver los mechones negros casi intactos, como si fueran naturales. Esa era ella, todo lo que veías con una pizca de maldad oculta a la vista pero no escondida a propósito.
Le extendí las llaves del auto.

- ¡Papá! ¡Saldré unas horas!- exclamó dentro de la casa y cerró la puerta tras de sí.

Sospechaba que esa emoción infantil por conducir mi auto era fingida. Sin embargo, algo me hacía dudar. Me arrancó las llaves de las manos y salió corriendo hacia el auto.

- ¿Te quedas o vienes?- preguntó ya subiéndose en él.

Me acerqué con cautela. Tal vez sí me había equivocado de casa y esa no era realmente Danielle sino una loca aprovechándose de la situación. Sí, claro, como si fuera posible para mí no distinguir a la rubia a kilómetros.
Nunca en la vida me arrepentí tanto de soltarle el volante, conducía como una posesa sacándole todo el jugo al motor. Si se descuidaba un poco, nos mataríamos. ¿Teníamos que estar cerca de la muerte para que el recuerdo valiera la pena?

- ¿No puedes conducir con más prudencia?- inquirí aferrada al cinturón de seguridad.
- Esta situación me trae buenos recuerdos- reveló.

No tardé en recordar también.

- Sigo sin tener ni un solo accidente de tránsito, ni siquiera multas- declaró orgullosa.
- Empiezo a sospechar que eso se debe a razones externas- comenté sin mirarla.

Tuve que esforzarme por relajarme.

- Toma la Circunvalar al norte y baja por la 134- ordené.

No respondió pero obedeció. Poco a poco la fui guiando hacia mi apartamento. Se suponía que los locos se iban a comportar, así que tendríamos algo de privacidad para hablar. Cuando llegamos al edificio, noté que estaba bastante sorprendida por la ubicación.

- Y yo viviendo en el campus de la universidad…- soltó junto con un silbido.

No pude más que carcajearme.

- Es el penthouse, ¿no?- se aseguró.

Le regalé media sonrisa. Casi la vi derretirse pero, se contuvo.

- ¿Cómo lo supiste?- curioseé.
- Yo también tendría un penthouse- admitió.

¿Eso significaba que éramos iguales? Podía recordar un tiempo en el que eso me asustaba y me molestaba.
Dejamos el carro en mi sitio del parqueadero y caminamos hacia el ascensor. No pensé en ese asunto hasta que estuvimos encerradas por 30 segundos en un espacio de 2x2. El ambiente se tornó casi eléctrico e incómodo. Procuramos no mirarnos durante todo el trayecto aunque a duras penas soportábamos mantener los ojos clavados en lados contrarios del ascensor.
Cuando la puerta se abrió, ambas recobramos el aliento.

Mi penthouse era el único del edificio, así que el ascensor daba directamente frente a la puerta en un pasillo bastante corto. Me esforcé por hacer bien el trabajo de poner la llave en la cerradura.

-Wow…tengo que conseguirme uno así…- comentó apenas entramos. Sonreí satisfecha – Me encanta esa cocina, y las fotos… ¿son tuyas?- curioseó acercándose a una de ellas. Era un primer plano del rostro de un gato con gafas.
- Sí, son mías, ¿por qué lo preguntas?- en ningún momento le dije que estaba estudiando fotografía.
- Había un estuche de cámara en la silla trasera del carro, además, puede que nunca te lo dijera, pero las fotos que tenías de Kyra en tu celular eran muy buenas- confesó.

Dos cosas de ese discurso no me cuadraron. ¿En qué momento se me olvidó borrar las fotos de Kyra del celular cuando estuve con Danielle? Y, ¿tenía que mencionar precisamente a Kyra?
Notó mi malestar y se tensionó al instante. Era como si tuviera miedo a lo que pensara de ella.

- ¿Quieres comer? Debe haber algo en la cocina- invité.

Me siguió en silencio. Abrí la nevera para ella y me hice a un lado. Irónicamente, se hizo con un durazno que, por razones que desconozco, estaba ahí, en medio de la cerveza y el vodka de la noche anterior.

- Llevas la buena vida, ¿no?- comentó.

Su perfume me perforó los pulmones de manera inesperada. No lo había notado dentro del carro con las ventanas abiertas pero, aquí en la mitad de la cocina, me atravesaba el pecho.

- ¿Quieres la mitad?- preguntó. No esperó mi respuesta y tomó un cuchillo de uno de los cajones. ¿Cómo supo que eso estaba ahí?

Antes de entender completamente lo que estaba haciendo, me acerqué por detrás.

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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/2/2013, 23:33

CAPITULO 52 (PARTE 2)

DANIELLE

En toda mi vida no había estado más nerviosa que en ese preciso instante. ¿Cómo diablos había hecho Ángel para hacerse con semejante penthouse y carro? Sí, sus fotografías eran geniales pero, ¿tanto en dos años? Poco a poco la situación se tornó familiar y tuve la suerte de encontrar un durazno en la nevera que, a propósito, estaba llena de vodka y cerveza. Esa pequeña fruta parecía un mensaje de los dioses.
Le pregunté si quería la mitad sólo para tener una excusa y mirar hacia otro lado. De repente, sentí cómo uno de sus brazos se abría paso por mi cintura y el otro hacía a un lado el cabello hasta dejar el cuello descubierto. Luego, tomó una gran bocanada de aire. Puse el cuchillo y el durazno en la barra. Los ojos se me llenaron de lágrimas. No sabía cuánto la extrañaba hasta ese segundo que me pareció terriblemente corto.

- No sabía que te podía extrañar tanto- susurró como leyéndome el pensamiento.

Enterró su rostro en mi cuello y me abrazó con ambos brazos. Se aferró tanto a mí que no pude contenerme y me solté a llorar.
Con delicadeza, me dio la vuelta y sostuvo mi rostro entre sus manos.

- Estuve tan enojada…- confesó.

El pecho se me comprimía con sólo verla a los ojos. Ya no estaba el animal solitario en ese violento acerado de sus ojos, había una bestia, un monstruo capaz de todo. Era alguien superior a mí.Quise que ese momento durara para siempre.
Limpió mis lágrimas y me observó con una sonrisa cálida.

- Di algo…- suplicó con la voz quebrada.

Solté una risa nerviosa y escondí mi rostro en su cuello. ¿Estaría soñando? ¿Por qué se comportaba de esa manera? ¡Debería odiarme!

- Deberías odiarme…- sollocé. Extrañamente, quería morirme, no toleraba esa actitud que tenía conmigo - …deberías estar gritándome que me vaya y que no te busque…- las piernas me fallaban, la voz se me iba, no podía respirar.

Finalmente, con un poco de dignidad, la hice a un lado para marcharme. Mentalmente me repetía las palabras de mi padre: “el mundo no se va a acabar porque ella no este”. No, el mundo seguiría girando, ella había continuado con su vida y le iba de maravilla. Quería morirme. Todo lo que la hice sufrir diciendo que la amaba… ¿qué clase de psicópata era? Amenacé personas, las drogué, las chantajeé, las insulte, las soborné…
No era una buena persona, nunca lo fui, y nunca podría serlo. Daphne no me arruinó, yo sola me encargué de destruirme, consumiendo drogas, teniendo sexo con cualquiera, pagándole a matones, drogando a mi padre, matando a mi hermana… ¡Debería estar en la cárcel!
De repente sentía que el mundo se me venía encima, y todo por un abrazo de la única persona que había amado por encima de mí misma y que tenía suficiente influencia como para romperme en pedazos con sólo admitir que también me extrañaba.

- Espera…cálmate- me alcanzó antes de llegar al final de la barra y se las arregló para abrazarme nuevamente – No te vayas, por favor…- pidió aferrándose a mí.

¿Merecía eso? Sinceramente, ¿merecía lo que Ángel parecía sentir? Las lágrimas regresaron cuando respondí esa pregunta con un rotundo “no”. No las merecía, no merecía absolutamente nada de parte de ella. El dolor era tan profundo…

- Lo lamento…- sollocé. Las piernas me dejaron de funcionar y ambas caímos al suelo. La pelinegra se recargó contra la nevera y me acunó entre sus piernas - …lo lamento…- repetí sin poder detener las lágrimas -…perdóname por todo lo que te hice, por las mentiras, por obligarte a consumir droga, por manipularte…dios…he hecho tantas cosas…- no podía detenerme.
- Danielle…trata de calmarte...- insistió.

Pero no podía. Llevaba dos años sosteniendo lo poco que quedaba de mí desde que ella se fuera, apenas manteniéndolo junto. Pensaba que nunca más volvería a verla y, sin embargo, ahí estábamos, y ella me suplicaba.

- Respira, por favor…- no había notado que hiperventilaba hasta que volvió a tomar mi rostro entre sus manos y pegó nuestras frentes – Me estás asustando…- confesó. Pude ver que sus ojos acerados se esforzaban por no llorar.

Pero yo no estaba asustada. La psicóloga lo había predicho.

- Debes tener cuidado, hay muchos demonios que no has matado, trata de no hacerlo con todos al mismo tiempo- explicó.

Mi padre la miró confundida pero yo pude entender una parte.

- ¿Crees que eso es lo único que me falta para perder el último tornillo que me queda?- pregunté. Le gustó la comparación y soltó una risita.
- Creo que le diste a Ángel el poder de hacerlo y por eso prefieres no pensar en ella- respondió.

Aquel día, la mención de ese nombre me molestó. Desde que se acabara ese helado y yo me levantara de la cama, había decidido que no quería pensar en ella porque el dolor era muy grande y no estaba dispuesta a soportarlo sola.

- Tienes que acostumbrarte a que te diga lo que no te gusta- declaró.

Bufé.

Por el bien de Ángel, me esforcé por calmarme y, apenas lo logré, me puse de pie.

- No puedo hacer esto…- confesé tratando de zafarme de sus brazos - …esto no se supone que debía pasar…- ella seguía deslizando sus brazos por mi cuerpo como si fuera un pulpo, cada vez acercándose más a mi rostro.
- ¿Qué no puedes hacer?- curioseó acorralándome contra la barra.
- Nunca se me pasó por la cabeza que podía sentir tanta culpa…
- Pues la puedes sentir- cortó.

La miré confundida.

- La sientes…- los ojos se le llenaron de lágrimas - ¿te das cuenta que nunca me pediste disculpas por lo que hiciste?- dijo sonriendo entre las lágrimas
-No llores…- pedí alarmada. Ella no paraba de reír y llorar.

Pero tenía razón, era la primera vez que le pedía disculpas, que lo hacía de corazón y que la culpa me pesaba en el alma.

- No sabes cuánto he esperado por esto…- reveló clavándome sus enormes ojos de acero en el alma.

Algo en esa mirada me derretía. Todo mi cuerpo respondía a ella de cientos de maneras al mismo tiempo, tenía un poder impresionante sobre mi y todas mis acciones. Tanto, que a veces me daban miedo las cosas que sería capaz de hacer por ella.

Sus labios estaban a punto de tocar lo míos, el corazón me golpeteaba en el pecho, estaba paralizada y no podía dejar de pensar en cuánto había extrañado sus besos. De repente, la puerta se abrió y un torbellino rojo entró en medio de carcajadas.

Era increíble cómo, de un segundo a otro, todo podía convertirse en ira. Bajé el rostro y traté de ahogar una sonrisa irónica al mismo tiempo que Ángel se giraba para limpiarse las lágrimas. Ambas nos alejamos un paso de la otra. Creo que la pelinegra pudo sentir mi ira porque me tomó de la mano y me dio un beso en los nudillos.

Bravo, Kyra, te has vuelto una experta en joderme la vida, pensé.

- ¡Lo sentimos! Pensamos que la casa estaba vacía- se excusó una castaña bastante atractiva.
- Sí, claro…- soltó Ángel fulminándola con la mirada. La castaña sólo sonrió más grande. ¿Sería una ex novia?
- ¿Quién es tu amiga?- preguntó la otra, una metalera de cabello negro liso, chapas y cuero. Iba de la mano con Kyra, así que debía ser su nueva novia. Sí que tenía un gusto marcado por las pelinegras.

La pregunta tocó algo en el fondo de mi mente

Sí, Ángel, ¿Quién soy?

La miré con más atención de la necesaria.

- Es una amiga- contestó sin inmutarse.

Bueno, de alguna manera era cierto. Aunque no era lo que quería escuchar, tampoco tenía más opción.
Noté que Kyra estaba bastante nerviosa por mi presencia, incluso un poco más pálida de lo normal. ¿Cuánto podría aprovecharme de eso? Ángel pareció darse cuenta de lo que maquinaba y me apretó la mano que tenía sujetada. Vale, no podía culpar a la pelirroja por todas las desgracias de mi vida, ella sólo quería contar la verdad aunque le doliera.

- Hola Kyra- dije sonriéndole. Ambas estuvimos enamoradas de la misma persona, yo me encargué de alejarla y ella me devolvió el favor; estábamos a mano.

Medio saltó en su sitio de la sorpresa.

- Hola Danielle- contestó nerviosa.

La metalera se extraño por la actitud de su novia.

- ¿Se conocen?- preguntó a la defensiva, casi la pude escuchar gruñir.

Me carcajeé mentalmente por su actitud de chica mala, eran tan fáciles de romper…

- Estudiamos juntas- contesté con tranquilidad.

Sus ojos pasaron rápidamente por Ángel y regresaron a mí. ¿Kyra le contaba lo sucedido a todo el mundo? La castaña también estaba enterada, aparentemente.

- ¿Tu fuiste la que se inventó que estaba muerta?- inquirió avanzando hacia la cocina. Kyra apenas logró alcanzarla a la mitad de la sala poniéndose frente a ella para detenerla.

No supe si en su voz había celos o algo de amistad hacia Ángel, o un revuelto de ambas.

- Cálmate, Lina, eso ya no es importante- pidió la pequeña ojiverde.

Parte de mi viejo yo se sentía emerger desde lo más profundo de mis recuerdos. La sensación del reto, que alguien intentara intimidarme, era adrenalina que se inyectaba en mis venas y cambiaba todo mi semblante.

- No ladres muy fuerte, puedes asustar a tu novia- le dije con tranquilidad.

Escuché el suspiro de Ángel detrás de mí pero lo ignoré. ¿A esa tipa que le importaba lo que había pasado entre nosotras tres? Era historia patria…

- Bueeeno…esto es más incómodo de lo que tenía planeado…- admitió la castaña. Nuevamente recibió la mirada llena de furia de Ángel – Mejor nos vamos…- acordó.

La metalera no estaba dispuesta a dejar las cosas así.

- Nadie se va, ustedes pueden quedarse, nosotras estaremos arriba- declaró la dueña del apartamento.

Sin más, me vi siendo arrastrada al segundo piso mientras Kyra, la castaña y la rabiosa metalera se quedaban en medio de la sala.

La habitación de Ángel era bastante amplia y costaba un poco pensar que todo eso pudiera caber en un apartamento. Había una cama enorme en medio de ella, una mesa de noche a la derecha, un tocador en caoba en frente y nada más. Para ser tan grande los muebles eran escasos. Sin embargo, las paredes estaban llenas de sus fotos y trabajos de la universidad. Había tres puertas a la derecha.

- ¿Qué hay ahí?- pregunté sentándome en el borde de la cama.
- Un closet, el baño, y un cuarto oscuro para revelar algunas fotografías- explicó señalando las respectivas puertas de izquierda a derecha.

Me puse de pie cuando cai en cuenta de que estábamos en su habitación. ¿No era un poco apresurado todo? Claro, mi cabeza pervertida ya nos podía imaginar haciendo de todo en esa cama.

- Ven, démonos un baño de agua caliente, todavía está haciendo frio- invitó.

Eso…podía terminar de cualquier forma.

El baño era la mitad de grande que la habitación. Había una ducha en forma de cascada con azulejos negros y mármol negro en el piso. El lavamanos era negro brillante con un sencillo espejo redondo sobre él. La tina, más bien jacuzzi, eran suficientemente grande como para que cinco personas estuvieran dentro sin tocarse la una a la otra. Eso me daba algo de tranquilidad.

- No tengo vestido de baño- admití esforzándome por no sonrojarme.
- Creo que ya hemos estado desnudas muchas veces- respondió desvistiéndose.

¿Quién diablos era esa tipa y qué había hecho con Ángel? Tenía tanta confianza en sí misma, era tan irónica y transparente…

Sin más opción, también me desnudé y amarré mi cabello con un nudo alto. Ella entró en el jacuzzi primero, luego, me extendió la mano para que la siguiera. En cualquier otra ocasión, todo sería muy atrevido y apresurado. Y, sin embargo, podía sentir el vacío en el vientre.

Cuidando de no resbalarme, entré en el jacuzzi y me senté lo más lejos posible de ella. Lo notó pero no dijo nada.

- ¿Mejor?- preguntó.

Asentí. Lo cierto es que seguía haciendo mucho frio, pero el calor del agua sólo aumentaba el calor en mi vientre y un poco más abajo. ¿Era posible que termináramos teniendo sexo?


ANGEL

Tengo que admitir que disfrutaba poniéndola nerviosa, era de esos placeres que sólo podrás disfrutar contadas veces en la vida. Y ahí estábamos las dos en el jacuzzi, desnudas, a cada extremo del mismo como si nos tuviéramos miedo.
¿Miedo? Sí, un poco. Lo cierto es que nunca pasó por mi cabeza que reaccionaría de esa manera al verla, la creía superada y casi olvidada. Pero, no. En absoluto.

- ¿Te tienes que hacer tan lejos?- pregunté extendiéndole la mano.

La observó con desconfianza.

- Lo disfrutas, ¿no?- inquirió.
- No sé de qué hablas- mentí.
- Sigues siendo una pésima actriz- replicó.

Solté la carcajada.

- Acércate, no esperé dos años para tenerte lejos- dije.

Eso sonó con más amor del que quería demostrar pero, no me importó.
Lo pensó por unos segundos. Al final, aceptó. Tal y como estábamos en la cocina, la senté en medio de mis piernas y la abracé.

- Esto es…raro- admitió a los pocos minutos.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque…mira lo que estamos haciendo…

No tuve que meditarlo, ya lo había pensado. Pero no podía hacer otra cosa, sólo quería abrazarla, lo demás…
No, no quería pensar en lo demás, no estaba segura de querer algo más que eso.

- No pienses en eso…- le susurré acariciando su cuello con mi nariz.

Se estremeció.

- ¿Por qué? No me digas que no lo piense, mira como estamos en este momento- replicó al instante – Esto…no es normal, no es sano- agregó con intenciones de alejarse.

La abracé con más fuerza.

- Por favor, no pienses en eso- supliqué masajeándole los hombros.
- Hay muchas cosas que tenemos que hablar – intentó girarse pero no se lo permití. De repente sentía un nudo en la garganta y los ojos me ardían.
- Entonces hablemos – empecé a pasar la esponja con jabón por sus brazos - ¿Quién era el niño con el que estabas jugando?- pregunté buscando desviar el tema.

Suspiró con fuerza. Casi lloro de la emoción, era un gesto que hacía mucho tiempo no veía.

- Mi hermanito- reveló.
- Pero…
- No me gusta decirle hermanastro.
- ¿Vives con tu padre?
- No, vivo en la universidad, mi padre y Karen viven juntos en la casa- explicó algo tensionada.
- Lo quieres mucho, ¿no?
- Bastante, es un terremoto pero, me adora y yo lo adoro, veo en él muchas cosas que yo no pude disfrutar- no tenía que verla a la cara para darme cuenta que quería llorar.
- Se nota…

No pensaba admitirlo pero me molestaba la tranquilidad con la que hablaba de su padre. Estaba meditando sobre eso y no sé cuánto tiempo había pasado, cuando su celular sonó y ambas saltamos dentro del jacuzzi. Con una risa nerviosa, se estiró hasta alcanzar el aparato sobre su ropa y contestó la llamada.

- Hola Karen – dijo con una sonrisa que no recordaba en ella – Ahm…no sé…- me miró por un segundo - ¿Quién te dijo? – se volvió a concentrar en la llamada – Pues…no sé – rio nerviosa y nuevamente me miró – No sé si sea buena idea – suspiró con fuerza – ¡pero…!- volvió a suspirar – vale…dame un segundo.

Blanqueó los ojos mientras tapaba el micrófono del celular con una mano.

- Pregunta Karen, ¿quieres ir a cenar hoy? – inquirió.

No pude sorprenderme más.

- ¿Qué?
- Dijo que no- respondió rápidamente en el celular.
- ¡No he dicho eso!- repliqué.

Me fulminó con la mirada.

- Pero…¿para qué?- hablaba por el celular –No es necesario…- dejó de respirar por medio segundo y sus ojos se abrieron como platos – Ok, llegaremos en dos horas – acordó.

¿Por qué el cambio tan brusco? Quise preguntarle pero algo me decía que era mejor no saberlo. Colgó la llamada y lanzó el celular sobre la ropa en el piso.

- Prepararan lasagna, espero te guste- anunció desanimada.
- Claro que me gusta- respondí sonriendo tratando de devolverle el ánimo.

Volví a abrazarla entre mis piernas.

- ¿Te puedo besar?- preguntó a los pocos segundos.

Intenté disimular que no me tensionaba pero fracasé.

-Olvídalo- dijo rápidamente. Estaba enojada.

Aunque había querido besarla en la cocina, ahora sentía que lo mejor era no arruinar el momento. Sabía que en esas condiciones un beso nos llevaría a otras cosas.

- No te enojes- pedí haciendo un masaje en sus hombros.
- No me enojo- soltó frunciéndolos.
- ¿Me dejarías tomarte algunas fotos?- inquirí de la nada.

Se giró y me miró confundida.

- ¿Qué?- dijo.
- Si me vas a sentar a comer con tu papá, creo que estoy en posición de pedir algo- respondí descuidada.

Casi pude ver como sus ojos se oscurecían.

- Nadie te obliga- replicó furiosa. Un segundo más tarde, estaba fuera del jacuzzi buscando una toalla.
- No te enojes- salí tras ella.
- Ya decía yo que esto era demasiado raro- masculló para sí misma recogiendo la ropa.
- Danielle…- supliqué.
- ¡¿Qué?!- exclamó encarándome de repente.
- ¿Cómo quieres que me comporte? Sé lo que pasó entre tú y tu padre, ¿quieres que esté feliz de compartir la mesa con él?- espeté subiendo la voz una octava.
- ¿Acaso te estoy obligando? Aquí no hay nada, ningún compromiso…- la voz se le quebró pero lo ignoró - …simplemente…no le demos vueltas a esto- cortó en medio de un suspiro.

Salió del baño y yo no fui capaz de seguirla. Wow, esa sí que había sido una buena forma de desahogarnos. Me recargué contra una de las paredes y miré hacia el techo. Definitivamente, su padre siempre sería un problema. No era fácil llevar la idea, confirmada, de que tuvieron sexo. Por todas partes era una aberración.
Cuando salí estaba terminando de vestirse.

- Por favor no te vayas- pedí acercándome.
- Deja de suplicarme- se quejó – No tienes que suplicarme nada, no tienes que comportarte de esta manera, ni siquiera tienes que soportarme…

Me tomé un segundo para observarla. ¿Me estaba esforzando por comportarme de esa manera?

- No tengo que hacer nada, tienes razón- acordé acercándome. Se tensionó al instante que estuvimos a pocos centímetros.
- ¿Entonces por qué lo haces?- cuestionó casi llorando.
- Porque no puedo comportarme de otra manera contigo- confesé.

Me acerqué a su rostro y le di tiempo de que intentara alejarme.

- No hagas esto- pidió.
- ¿Por qué?
- Porque…creo que nunca vamos a estar completamente bien.

Sin problema, recordé la ocasión en que me dijo algo igual.

- Podemos intentarlo- sugerí.

Nuestros labios casi se tocaban pero no fui capaz de besarla. Había algo, como si necesitara que un vaso se llenara. Ella me observaba fijamente, consciente de mi confusión y, tal vez, herida. Cuando vio que no fui capaz de moverme, ella se alejó.

- No tenemos mucho tiempo para las fotos- dijo sentándose a los pies de la cama.

No pensaba esperar a que cambiara de opinión. Rápidamente saqué unos trípodes con luces del cuarto oscuro y estiré las sábanas de la cama. Acomodé las luces de manera que el centro se viera perfectamente iluminado y no se formaran sombras hacia los costados. Guardé todo lo que estaba sobre las mesas de noche y las dejé sólo con las lámparas de manera que el fondo quedara lo más neutral posible. No tenía tiempo para montar un estudio con un “sin fín”*

- ¿No quieres maquillarte un poco?- pregunté mientras le ponía la batería a la cámara.
- ¿Crees que lo necesito?- inquirió ella en tono neutral.
- Son tus fotos, tú decides como sales en ellas- respondí cuadrando la luz y la obturación.
- No traje maquillaje- excusó.
- En el tocador hay un juego de maquillaje que uso durante mis sesiones, eres libre de usar lo que quieras.

La escuché moverse mientras hacía algunas fotos de prueba con la cama vacía. Regresó a los pocos minutos.

- Lista- declaró.

En realidad, Danielle no necesitaba mucho maquillaje. Se aplicó un poco de base cremosa y algo de polvos. Se encrespó las pestañas y les dio volumen con pestañina negra. Se delineó los ojos también con negro y se aplicó algo de brillo en los labios.

- ¿Te parece bien así?
- Perfecta- dije.

Con un gesto de la mano le señalé la cama. Lo meditó por un momento y luego se subió en ella.

- Hazte en el centro- ordené.

Obedeció en silencio.

-¿Hay algo en específico que deba hacer?- curioseó mientras se arrodillaba.
- Sólo relájate- contesté observándola a través del lente.

Suspiró y se soltó el cabello. Los mechones negros cayeron medio escondidos sobre sus hombros. Miró hacia la cámara y se quedó inmóvil. Tomé la primera foto, ella se movió un poco y yo tomé otra.

- ¿Has conocido a alguien durante estos dos años?- pregunté sin despegarme de la cámara.

Posó de otra manera y respondió.

- Sí, un chico, ahm…- se acomodó de otra manera y de nuevo inmóvil – No recuerdo su nombre, es un poco vergonzoso – confesó.
- ¿Te gusta?- inquirí.

Casi al instante, sus mejillas estallaron en color carmesí y desvió la mirada. Tomé tantas fotos de esa escena como pude.

- Tomaré eso como un sí- dije antes de que ella lograra responder.
- Estaba con él ayer- reveló.

No me moví por varios segundos.

- Es un buen tipo, es sexy, se viste bien, es inteligente y muy bueno en la cama- explicó – Y, sin embargo, no podía dejar de pensar en ti- agregó.
- Yo estaba en una especie de “disaster date” planeada por los tres chiflados- comenté para cambiar el tema y dejar que se relajara un poco más.
- ¿Los tres chiflados?- repitió confundida.
- Logan, Michael y Dayanne, son mis compañeros de apartamento- revelé – Ya conociste a Dayanne, la chica castaña- aclaré.

Frunció los labios.

- La sobreprotectora…- afirmó.

No respondí. Saqué la cámara del trípode y jugué con diferentes ángulos.

- Creo que los tres son bastante sobreprotectores conmigo- medité sin parar de tomar fotos.

Frunció los labios y cambió de posición.

- Eres afortunada- comentó finalmente.
- ¿Tu crees?
- Muchos quisieran tener amigos así.
- ¿Tu los quieres?

Lo meditó por unos segundos.

- No lo sé.

Tomó el cabello desde el cuello y lo levantó sobre su cabeza medio desordenado. Los mechones negros caían sobre sus hombros mientras el rubio se mantenía arriba por sus brazos. Medio giró el rostro y sonrió como un demonio. Por un segundo me quedé sin aliento y luego oprimí el obturador sacando tantas fotos como fue posible.

- Podría acostumbrarme a esto- dijo abrazando una almohada - ¿Crees que puedo vivir del modelaje?- disparó.

Solté la risa.

- No te imagino viviendo de esto, pero podrías sacarle partido.

De repente, la puerta se abrió.

- ¡Ajá! ¡Las descubrí!- gritó Dayanne.

Pude ver por el lente de la cámara como Danielle blanqueaba los ojos medio fastidiada y luego volvía a la normalidad.

- ¿Qué descubriste?- pregunté molesta.
- Pensé que estarían haciendo cochinadas- respondió la castaña bastante sonrojada.
- ¿Y por eso entras sin tocar?- inquirió Danielle. Casi pude escuchar el disparo de ironía.
- Te crees intocable, ¿no?- retó mi amiga.

La rubia sonrió con tranquilidad.

- Si supieras…- contestó sentándose en la mitad de la cama con las piernas cruzadas.

Al fondo, Logan salió de su habitación y se acercó a la puerta.

- ¿Quién es la invitada?- curioseó sin cruzar el umbral.
- Señorita Intocable- respondió Dayanne.
- Hola, soy Danielle- contestó Bonnet ignorando a la otra.

Logan se quedó pálido.

- ¿Tú eres Danielle?- inquirió.

La rubia le regaló su mejor sonrisa. De la nada, se veía angelical e inocente. Asintió como una niña pequeña.

- Hombre, pues es gran placer conocerte- se acercó a la cama y le dio un beso en la mejilla.

Dayanne botaba humo por las orejas.

- Relájate- replicó Logan al salir – Si Ángel está feliz debe ser por algo- dijo mientras desaparecía en el pasillo.

Por el rabillo del ojo noté que Danielle controlaba su expresión a la perfección. Mientras, Dayanne se quedaba petrificada en la puerta.

- Vale, tiene razón- admitió susurrando – Pero más te vale que no la lastimes si no quieres perder ese lindo cabello rubio que tienes- amenazó.
- Lo tendré en cuenta- contestó Bonnet con una sonrisa de autosuficiencia.

No me di cuenta que estaba conteniendo el aliento hasta que la puerta se cerró y yo exhalé cansada.

- Creo que es hora de irnos- dijo arrastrándose hasta el borde de la cama.
- Espera- pedí acercándome con la cámara.

Se quedó inmóvil.

- ¿Qué pasa?- preguntó casi sin mover los labios.

Acerqué la cámara a su rostro y acomodé el enfoque hasta que el primerísimo plano de sus ojos fue perfectamente nítido y disparé la foto. Parpadeó sobresaltada y luego sonrió. Saqué una foto de su sonrisa y del posterior sonrojo.

- Vale, ya no tomes más fotos- se quejó medio empujándome.

Quise ignorarla pero sabía que era mejor no intentarlo, así que apagué la cámara y me senté en el suelo observándola desde abajo.

- ¿Y ahora?- inquirí.
- No estás obligada a aceptar la invitación- aclaró con expresión seria.
- ¿Y si quiero hacerlo?- curioseé.
- No quiero reclamos después- contestó cortante.

Cuarenta minutos más tarde, estábamos frente al umbral de su casa.


DANIELLE

La lasagna estaba deliciosa. Era de carne con sabor a ahumado con pollo en champiñones, tenía mucho queso doble crema en el centro y una capa de parmesano encima. La pasta estaba en su punto, ni muy tostada, ni muy blanda. La cena iba acompañada de un Merlot Casillero del Diablo, un vino tinto suave y perfecto para el sabor de la lasagna. Y todo esto lo sabía porque no me atrevía a levantar la mirada del plato.

- James…sólo una cucharadita más…- rogaba Karen a mi derecha.

En algún momento entre salir del apartamento de Ángel y llegar a mi casa, me encontré en el jardín trasero, una zona que prácticamente había abandonado, sentada en una mesa campestre con una enorme sombrilla sobre nosotros comiendo una deliciosa lasagna a la luz de un par de lámparas que daban la impresión de ser antorchas, ubicadas en diferentes sitios.

A mi izquierda, Ángel y mi padre hablaban muy animados. Ella, de la fotografía y sus planes futuros; él, de todo el mercado que podría explotar con ese talento.

Una parte de mí, no sé qué tan fuerte, deseaba salir corriendo y no participar más en aquel estúpido teatro. Otra, la amante de la comida, permanecía inmóvil en su sitio revolcando la lasagna antes de cada bocado. Cuando la rabía había llegado a su punto más alto y aquella parte de mi que deseaba salir corriendo estaba a punto de hacerlo, tomé aire y los observé.

- Ahora, lo más importante es promocionarse por internet- decía él - Debes tener tu propia página, que muestre el trabajo que llevas, los elementos que usas y tus clientes más reconocidos- explicaba enumerando con los dedos.
- Lo he pensado, tengo mucho trabajo que mostrar, pero sigo concentrada en terminar de estudiar, muchos prefieren trabajar con alguien que haya terminado su pregrado, al menos- replicaba ella.

Parecía que la única ignorada en esa mesa era yo.

- Acostaré a James, regreso en un momento- anunció Karen levantando al niño adormilado en sus brazos.
- Te acompaño- dije poniéndome de pie.

El silencio se hizo entre ellos dos. Y entonces lo entendí. Aquello sí era un teatro, estaban haciendo eso por mí, por tranquilizarme.

Molesta, los ignoré y fui tras Karen.

A pesar de ser tan pequeño y tan inquieto, acostar a James era lo más fácil del mundo que se quedaba dormido a los pocos minutos. Karen se quedó con él en la cama leyéndole un cuento y, nuevamente excluida, me vi obligada a volver con los otros. Bajé las escaleras sin hacer ruido y me detuve tras la puerta de la cocina cuando escuché que estaban lavando los platos.

- ¿Usted sabía que nos encontraríamos hoy?- preguntó Ángel.
- Cuando vi la cara de Danielle supuse que era algo importante- contestó mi padre entre risas.
- ¿Importante?
- ¿No crees que lo seas?

Hubo un pesado silencio después de eso. Contuve el impulso de interrumpirlos.

- Creo que no le gustó vernos hablando tan tranquilamente- meditó la pelinegra.
- Más bien fue como una tortura para ella.
- No quería que viniera, no me lo dijo pero pude verlo en su rostro.
- Todavía le cuesta vivir como una familia normal.
- ¿Normal?- pude notar el veneno en esa pregunta.

El grifo del lavaplatos se cerró a los 2 segundos.

- Ustedes nunca serán normales- espetó. ¿De dónde venía esa ira?

Mi padre esperó en silencio. Casi pude imaginar su expresión; igual a la mía cuando sé que una persona no ha terminado de hablar.

- Es curioso que lleven esta vida tan…”normal” a pesar de todo lo que les pasó, todo lo que hicieron…
- No sabes de lo que hablas- defendió él - Estoy seguro de que no lo entiendes por completo- agregó.

Quise entrar pero algo me lo impedía. Quería escuchar lo que tenían que decir, quería que explotaran y se mostraran como eran en realidad. Esa parte de mí, la que no disfrutaba la comida, deseaba ver caos. Porque eso era yo misma, alguien que genera caos y luego lo controla. No podía actuar como una persona normal, no después de tantas cosas.

- Los vi- afirmó ella y la frase se llenó de significado - Ese día, después del funeral de su madre, los vi- repitió con firmeza.
- ¿Qué viste?- retó él - O, más bien, ¿qué crees haber visto?

Pude sentir como mi corazón se detenía por una milésima de segundo pero mi cuerpo era incapaz de moverse para detener esa conversación. No quería caos, quería que ella supiera la verdad para no cargar más con aquel peso.

- Sabe de lo que hablo- replicó Ángel.
- No, no sabes de lo que hablas porque no sabes qué viste- explicó.

Me asomé por el pequeño espacio que quedaba entre las puertas y tuve una visión clara de Ángel y su expresión de desconcierto.

- ¿Y qué vi, exactamente?- exigió con el rostro lleno de ira.
- Viste a mi hija fingir tener sexo conmigo y estar ebria- respondió - Viste a mi hija llevar a cabo su plan de alejarte porque tiene metido en la cabeza que no merece nada en la vida por lo cual no haya luchado- agregó.

Me di cuenta que no estaba respirando.

- No te voy a mentir, sí nos acostamos un par de ocasiones tiempo atrás, estuve drogado en todas esas ocasiones y sí, fui un terrible padre- admitió a los pocos segundos. La voz se le había quebrado de repente. - Pero, aquella noche, estaba más consciente, la droga no me hacía el mismo efecto, y fui consciente de todo el circo que montó para romperte el corazón y obligarte a alejarte- finalizó.

Me alejé de la puerta como si mi vida hubiera terminado. La expresión de Ángel mostraba cómo la sorpresa y la ira se mezclaban igual que aquella ocasión en el garaje cuando le confesé que pude haber evitado el viaje de Kyra. Hasta ahí llegaba el romántico encuentro lleno de sorpresas, timidez y deseo.
Apenas alcancé a alejarme un paso cuando la puerta se abrió de repente y esos ojos plateados me atravesaron el cráneo.

Por primera vez sentí que me superaba, las lágrimas saltaron de mis ojos sin control. El pecho se me comprimió y pude notar la ira en su expresión. Cuando se marchó y la puerta se cerró, supe que era el final de todo.


*Sin fin: Fondo blanco, negro o verde que se usa en fotografía.

NOTA: Falta el epilogo que lo publico en estos días
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/2/2013, 17:56

No me agradan algunos finales y es porque me encanta leer y releer la historia, pero en algún momento debe terminar.

Gracias por compartirla.
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Ghrecia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/2/2013, 23:01

Simplemente GENIAL, la espera valió la pena
Espero lo siguiente, no tardes tanto porfavor
pensé no la continuarías xD jaja
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   6/3/2013, 17:30

CAPITULO 53

TIEMPO EXTRA

Ángel se había acostado a dormir muy estresada. Llevaba dos semanas trabajando para una agencia de modelaje preparando books para todos los modelos y promocionarlos a nivel internacional. Ella, y otros tres fotógrafos, hacían unas 10 sesiones diarias, editaban y sacaban las mejores fotografías sólo para que los ejecutivos les pidieran otras. En total, eran 200 modelos entre hombres y mujeres.

Era su primer domingo de descanso y por más que escondía el rostro para evitar la insistente luz del sol, había algo que no la dejaba seguir durmiendo. Al principio fueron caricias que se mezclaban con lo que soñaba. Luego, suaves besos en los párpados, las mejillas y los labios. Poco a poco se fue despertando hasta caer en cuenta de lo que pasaba.

― Mi amor…― escuchó que le susurraban ―…despierta…― le insistían ―…son las 3 de la tarde…― sintió más besos en el rostro ― Amor…estoy desnuda…

No pudo evitar sonreír y abrir los ojos.

― Eso sí te despierta ¿no?― le reclamaron.
― Verte desnuda es la mejor forma de despertar― respondió ella dándole un beso.
― Eres una pervertida…
― ¿Cómo me llamaste?― replicó la pelinegra sentándose sobre la otra y sujetándole los brazos por encima de la cabeza ― Te vas a arrepentir― amenazó y empezó a hacerle cosquillas.

Después de casi llorar de la risa, como pudo, la rubia logró liberarse de aquella tortura y saltó lejos de la cama. Ángel la observó. No estaba desnuda pero llevaba un pijama diminuto constituido por un short muy corto y una blusa de esqueleto muy ajustada. Tenía las ondas del cabello revueltas y el rostro limpio de maquillaje.

― Estás perfecta para una sesión de fotos― dijo.
― Para ti cualquier momento es perfecto para tomarme fotos, incluso cuando estoy recién levantada.
― Y si te desnudaras, mucho mejor― coqueteó poniéndose de pie para abrazarla.
― Si fuera tu decisión, viviría sin ropa.
― No me tientes― respondió besándola.

Ya estaban entrando en calor cuando un grito las interrumpió.

― ¡Danny…!― exclamó James desde algún lugar del penthouse.

Ambas suspiraron.

― Es mi día de descanso, ¿y tú decides cuidar a tu hermano?― la pelinegra se alejó y se tumbó de nuevo en la cama.
― Mi padre viene por él en dos horas, no seas melodramática― replicó saliendo de la habitación.

Cuando la puerta se cerró, Ángel cubrió su rostro con una almohada. No quería pensar en que era su tercer aniversario y, al mismo tiempo, era un recuerdo constante.

؂؁؃


La rubia quedó paralizada cuando la puerta se cerró. No podía parar de llorar, ni siquiera cuando su padre la tomó por los hombros y la sacudió. Entonces, se dio cuenta que no había escuchado el sonido característico del motor del Camaro. Nerviosa, abrió la puerta y salió. Perdió el aliento cuando vio a Ángel sentada en la acera.

― ¿Qué haces ahí?― fue lo primero que salió de su boca.

Ángel la volteó a mirar. Estaba sonriendo.

― Te estoy esperando― contestó.

Danielle, de repente, se vio transportada a otra dimensión.

― ¿Qué?― soltó confundida.

La pelinegra se rió a carcajadas.

― Deja de llorar y acércate― le invitó.

En lugar de dar un paso al frente, dio dos hacia atrás y chocó contra la puerta cerrada. Eso no podía estar pasando, era demasiado irreal.

― Estás loca― afirmó.

La de ojos grises notó el terror en su expresión, casi genuino, así que se acercó asustada.

― Cálmate, por favor― pidió tomándola de la mano.
― ¿Qué clase de juego retorcido estás planeando? ¿Te parece gracioso?― reclamó la otra empujándola.
― Danielle…no es ningún juego― defendió frunciendo el ceño.
― ¡No me mientas! Acabo de escucharlos, ya lo sabes todo, ¿por qué sigues aquí con tu actitud de “nada me importa”?
― Precisamente por eso.

Aquello era más de lo que Danielle podía procesar. Ya no podía descifrar lo que pasaba por esa cabeza llena de cabello negro ni leer esos ojos grises. De alguna manera se había convertido en una persona extraña. Ángel lo notó en ese momento y no pudo evitar pensar que la estaba perdiendo.

؂؁؃

Danielle no alcanzó a llegar hasta la mitad de las escaleras cuando un remolino de rizos negros se estrelló contra sus piernas tumbándola sobre un escalón. El niño se tambaleó hacia atrás y ella apenas tuvo tiempo de agarrar una de sus manitas antes que cayera escaleras abajo.

― ¡James! Tiene que fijarte por donde corres― le reclamó con el corazón en la garganta.

El niño la observó con sus enormes ojos verdes llenos de pánico.

― ¿Me perdonas, hermanita?― preguntó.

La rubia se derritió.

― Vale, pero ten más cuidado, casi te caes― respondió.

James asintió obediente.

― Tienes que ver lo que Logan y yo preparamos― dijo arrastrándola escaleras abajo. Lo siguió sin problema ― Logan prepara cosas muy ricas, me está enseñando a hacer…ahm…cocktles― reveló justo cuando se detenían en la barra de la cocina. Aunque no lo pronunció bien, Danielle captó de inmediato la palabra.

Levantó la mirada lentamente hasta estrellarse con los ojos azules de Logan. Con el tiempo, los amigos de Ángel le habían tomado cariño, tal vez más a James que a ella, pero prefería no preocuparse por eso.

― ¿Le estás enseñando a preparar cockteles?― inquirió casi siseando.
― No seas melodramática, es un gran arte― defendió el rubio platinado ― Además, no tienen licor, son sólo jugos mezclados― agregó cuando vio la ira en los ojos dorados de la rubia.
― Prueba este, yo lo hice― pidió alcanzándole un vaso.

La rubia lo observó con desconfianza. El fondo era purpura y hacia arriba iba tomando un tomo rosa claro. ¿Qué clase de frutas lograban ese efecto? Tomó aire y se lo bebió lentamente. Al principio, con cierto terror, sintió un sabor ácido pero poco a poco se tornó dulce y agradable. Dejó el vaso en la mesa bastante aterrada.

― ¿Qué es eso?― curioseó relamiéndose lo que quedaba en sus labios.
― Logan lo llamó “Aniversario”― respondió el pequeño.

Danielle lo miró con una ceja en alto. Captaba la indirecta.

؂؁؃

― Danielle, por favor, intento decirte algo― suplicó Ángel al verla tan alterada.
― ¡Entonces dilo! Que no soporto más no saber qué estás pensando― espetó esta.
― Se acabó, todo se acabó, ¿no lo entiendes?― preguntó.

La rubia escuchó como su pecho se quejó por aquellas palabras. Un segundo más tarde, Ángel la besaba. Le correspondió sin pensarlo; esa podría ser la última vez en su vida que la besaría y no pensaba desaprovecharla. Sintió las lágrimas de la ojigris en sus labios y, sin muchas ganas, se alejó para observarla.

― ¿Hay alguna otra mentira?― inquirió la pelinegra ― Quiero que seas sincera porque esta es la última oportunidad que tendrás, ¿hay algo que no me hayas dicho?― insistió.

Danielle lo meditó. ¿Había algo? No que ella recordara. Negó con la cabeza.

― Entonces podemos empezar de nuevo― declaró besándola por segunda vez.


؂؁؃

Mientras se dejaba caer en el enorme sofá de la sala, la rubia pensaba en eso.

― Estúpida loca― murmuró cerrando los ojos.
― ¿Quién está loca?― susurró alguien sobre sus labios. Al abrir los ojos, Ángel la observaba sonriendo. La misma sonrisa de hacía tres años.
― Tú― contestó alargando el cuello para besarla.

Michael pasó cerca y tosió disimuladamente. Luego, se sentó junto a la rubia al mismo tiempo que encendía la X – Box. Ángel fue a la cocina para buscar algo de comer dejándolos solos.

― Dentro de unos 3 ó 4 años, ambas tendrán que aprender a moderarse― comentó mientras buscaba un juego.
― ¿Disculpa?― replicó ella, ofendida.
― Ese niño va a llegar a la pubertad y va a ver a su hermana, mortalmente sexy, usando esas pijamas minúsculas, darse besos con otra mujer― explicó.

La de ojos dorados lo captó al instante. Se sonrojó y rió nerviosa.
A los pocos minutos, mientras Michael configuraba el FIFA para jugar con Danielle, la puerta se abrió y Dayanne entró seguida de Kyra que hablaba por celular.

― ¿Otra vez ustedes aquí?― reclamó la rubia a modo de broma.
― ¡Hey! Al menos yo pago arriendo― defendió la castaña.
― ¡Hola Dayanne!― gritó James desde la cocina ― Estoy haciendo cocktles, ¿quieres probar?

La rubia levantó los hombros restándole importancia para volver a concentrarse en el juego. No era muy buena en el FIFA pero aprendía rápido y Michael le daba instrucciones para jugar.

― Pero…ya habíamos quedado en que nos encontrábamos acá, ¿no puedes llegar más tarde?― decía Kyra por el teléfono mientras se sentaba al lado de la rubia ― ¿Y mañana? ― la pelirroja intentó disimular que la voz se le quebraba ― Ok, entonces te llamo― dijo antes de colgar.

Michael estaba demasiado concentrado en el juego como para prestar atención, y los demás estaban en la cocina probando los cockteles de James, pero Danielle, a pesar de ponerle difícil el juego al otro, no perdió detalles en la conversación de Kyra. Esta, por su parte, guardó silencio en el sofá viéndolos jugar.

― Estás de aniversario― se animó a decirle a la rubia casi media hora más tarde.
― Si, se siente extraño― confesó.
― Te envidio

Antes de poder responder, Michael se puso de pie.

― ¡Ni siquiera sabías jugar!― reclamó.

Danielle soltó la carcajada.

― Aprendo rápido― encogió los hombros.
― Hay mujeres que saben jugar― defendió Dayanne ― Ven, acompáñame a comprar algo de comer― invitó jalándolo de un brazo.

Ambos habían quedado solteros unos meses atrás, y daba la impresión de que se gustaban entre sí pero no se decidían.
Al quedarse sin compañero de juego, la rubia apagó la consola y decidió pasar canales mientras buscaba algo en la televisión. Ángel se acercó y le dio un beso en la mejilla.

― Iré a darme un baño, ¿me acompañas?― preguntó susurrando mientras le daba besos en el cuello.
― En un momento― respondió sonriendo.

De la nada, ambas se quedaron solas en la sala mientras los demás jugaban con James en la cocina. A la rubia le picaba la lengua desde hacía varias semanas pero no se había animado a decir nada. Sin embargo, ahí estaba la oportunidad perfecta. Sabía que Kyra estaba conteniendo las lágrimas y por la expresión que tenía, estaba desesperada por hablar con alguien.

― ¿Hoy tampoco podrán verse?― curioseó como quien no quiere la cosa.

La pelirroja se sobresaltó al escuchar que le hablaba a ella.

― No, dice que está muy ocupada― contestó sin ganas.
― ¿Puedo comentar algo?― inquirió para tantear el terreno. Para nadie era un secreto que Danielle y la novía de Kyra se odiaban.

Kyra suspiró.

― Ok, habla.
― La %$#%&/ rabiosa te está poniendo los cuernos― soltó, sin anestesia.

La de ojos verdes la miró sorprendida. Danielle captó un ligero silencio desde la cocina.

― ¿Tienes pruebas?― retó.

Esa respuesta fue muy obvia. No se indignó y tampoco puso el grito en el cielo, prueba de que también lo había meditado.

― Te da largas, cuando se ven se comporta como si fuera tu dueña absoluta, todo el tiempo inventa excusas, te cancela a última hora…esas son mis pruebas― enumeró la rubia.

Los ojos de la otra se llenaron de lágrimas.

― No llores…no lo dije para que te pusieras así…― pidió Danielle. Le molestaba que la gente llorara a su alrededor porque no sabía cómo comportarse.
― La verdad es que…desde hace más o menos un año las cosas están…incómodas― confesó ― Ella finge que todo está bien pero yo no lo siento así― explicó cubriéndose el rostro con uno de los cojines.
― Pues corta con eso de una vez, no te desgastes.
― Lo dices como si fuera muy fácil.
― ¡Lo es! Simplemente dejas atrás a alguien que te está haciendo daño.
― No tengo pruebas reales, puede ser simple paranoia.
― Cuando supiste que Ángel te ponía los cuernos conmigo, ¿también fue paranoia?― disparó.

El grupo que estaba en la cocina, salvo James, se callaron de repente. Danielle cayó en cuenta de lo que dijo y procuró no retractarse. Pasaba el tiempo y ella seguía con la costumbre de escupir la verdad sin importar cuánto doliera escucharla.

― ¿Tenías que mencionar eso?― reclamó fulminándola con la mirada.
― Sí, hasta que entiendas.
― ¿Entender qué?
― Que tu miedo a la soledad te obliga a soportar cosas que no deberías soportar― analizó.

Su “yo” interior blanqueó los ojos cuando se dio cuenta que acababa de realizar un análisis psicológico. Kyra se guardó el comentario.

― Sólo déjala, yo te busco nueva novia― bromeó empujándola con los hombros.

La pelirroja soltó la risa. Se sentía aliviada.

― Me gustaría tener pruebas, sólo para no armar un escándalo innecesario― desvió la mirada.
― Como quieras― acordó la otra.

Hubo unos segundos de silencio hasta que Danielle se dio cuenta que Kyra la miraba fijamente con una enorme sonrisa en el rostro. Cuando la vio abrir la boca, le puso la mano en la boca para callarla.

―Ni se te ocurra decirlo― dijo. Kyra masculló algo tras la mano ― ¡No! No lo digas, no arruines el momento― insistió. Kyra volvió a mascullar algo y blanqueó los ojos ― Sé lo que vas a decir y eso arruinará el día ― La pelirroja frunció el ceño y levantó una ceja como pidiendo una explicación ― Dirás que es sorprendente como nos hemos vuelto de buenas amigas a pesar de todo lo que pasó entre nosotras ― Kyra abrió los ojos sorprendida. Efectivamente, eso era lo que iba a decir ― Así que no lo digas, no arruines el momento― declaró liberándola.

Retiró la mano lentamente hasta que se cercioró de que no diría nada. Luego, se puso de pie y se marchó al segundo piso.
Ángel estaba en la ducha cuando entró en la habitación, así que se desnudó para acompañarla. La pelinegra no se sorprendió al verla.

― Ven, quiero bañarte― pidió llenando la esponja de jabón.

Ya era casi un ritual que la una bañara a la otra, así que todo fue en silencio hasta que salieron del baño. Una vez estuvieron afuera, Danielle le vendó los ojos y la sentó en la cama.

― ¿Qué haces?
― Algo que quiero hacer desde hace mucho pero tenía que esperar hasta hoy para hacerlo más especial.

Ángel se quedó pensativa. ¿Por qué tanto misterio?

― ¿Me puedo vestir?
― No, es mejor así
― ¿Abusarás de mí?
― ¿Eso quieres?

La pelinegra rió nerviosa.

― ¿Te da miedo lo que pueda hacer?― preguntó la rubia mientras buscaba algo en su mesa de noche procurando no hacer ruido. La alfombra ocultaba sus pasos.
― ¿Con los ojos vendados?
― Es una posibilidad, mira que nunca hemos probado el sado.

Ángel, que movía los pies insistentemente, los detuvo al instante.

― ¿Eso harás?― curioseó
― ¿Quieres que lo haga?
― Quiero que dejes de leer 50 Sombras de Grey― bromeó.

Danielle rió a carcajadas.

― Oye…será rosa, pero me da buenas ideas― confesó.

La ojigris no lo había leído pero su novia le había contado algunas partes. No le llamaba mucho la atención que experimentaran con ella.

― No me harás usar unas bolas chinas, ¿verdad? ― se aseguró. Sin embargo, imaginarlo le causó un vacío en el vientre.
― No, mi amor, no lo haré― respondió para calmarla un poco ― Pero, haga lo que haga, no te puedes mover― ordenó.

La otra se sentó más cómoda en el borde de la cama e, instintivamente, puso las manos entre sus piernas como para protegerse. La rubia sonrió al verla pero evitó reir. Se subió a la cama y se arrodilló tras ella. Hizo su cabello a un lado y repartió besos por su cuello y hombros. El toque fue eléctrico y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no moverse y darse el placer de disfrutar aquellas atenciones. Con el pasar de los minutos, Danielle se esmeraba mucho más, la había acostado y gateaba a su alrededor repartiendo besos y suaves mordidas. Se sentía húmeda, con la piel sensible y casi sin poder respirar. La sospecha de que Danielle planeaba meterle algo entre las piernas era cada vez mayor, daba la impresión que la preparaba para un siguiente juego. De repente, ya no hubo más movimiento, ni toques si sensaciones placenteras. Sólo silencio.

― ¿Danielle?― susurró.

No hubo respuesta.

Prometió no moverse, así que controló la curiosidad y no se movió. Pero los minutos pasaron y empezó a impacientarse. Procurando ser lo más cuidadosa posible, se descubrió un ojo y trató de observar la mayor parte de la habitación. No había nadie. Suspiró medio molesta cuando su cuerpo se quejó por la falta de caricias. Se quitó la venda y observó la habitación sólo moviendo la cabeza. De nuevo confirmaba su soledad. Siguió acostada pacientemente durante otro minuto. Finalmente, se sentó y encontró a Danielle arrodillada a sus pies sosteniendo una pequeña caja de terciopelo negro con una argolla de planta dentro.

― ¿Te quieres casar conmigo?― preguntó la rubia completamente sonrojada.

El corazón de Ángel se detuvo por un segundo y, luego, dio un salto brusco que le arrancó lágrimas. Se arrodillo frente a Danielle y la abrazó.

― Sí, sí quiero― respondió entre risas y lágrimas aferrándose a esa persona que tanto amaba.

Temblando de los nervios, Danielle tomó la mano izquierda de Ángel y deslizó la argolla en el dedo anular. Por su mente sólo cruzaba el recuerdo del día en que decidió que Ángel sería su “víctima”.

؂؁؃


―Soy Danielle― dijo extendiendo la mano para saludarla. No dejó de sonreír.
―Ángel― respondió seca ignorando su mano.


؂؁؃


Ese era el mejor recuerdo de toda su vida.
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   6/3/2013, 20:20

Vaya has cumplido nuestros sueños en realidad, se quedan juntas c:
50 sombras de Grey...solo leí ese libro y quede botando espuma (es para mujeres insatisfechas ) y me aburrí, me dio risa la mensión en la historia.
aquí acaba o no?
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   6/3/2013, 22:00

Aquí acaba.
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   6/3/2013, 22:05

Gracias por la historia c:
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Ghrecia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   16/3/2013, 14:54

Me gusto mucho, gracias Daphne :)
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Yarina
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   21/3/2013, 13:53

WOOOOOOOWWWWWW!!!!!!! increible!!!!! me encanto!!!!!
>_________________CONTIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   21/3/2013, 15:34

continuación?? no...ya se acabó xD
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Yarina
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   5/5/2013, 12:00

me h ubiese gustado leer un prologo! xD Genial!!!
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Kenichi Val
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   1/2/2014, 01:23

Pppppfffffffff  
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