Yuri's Lyrical Secrets

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 Friends with benefits

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Daphne Viassús
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Femenino Edad : 27
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MensajeTema: Friends with benefits   26/5/2011, 00:18




CAPITULO 1


PRIMER CUARTO



DANIELLE


En la parte trasera de la escuela está el gimnasio y dentro de éste se está jugando un partido de baloncesto. Es un gimnasio bastante amplio, al menos para mil espectadores. Mi novio es alero y capitán del equipo. Sí, ese mismo de cabello negro azabache agarrado con una coleta, nariz perfilada, piel con bronceado natural, ojos verdes, 1’80 y sonrisa de ganador. Su nombre es Jhon Morrison, tiene el balón, :esquiva: a dos defensas del otro equipo, le hace un pase a David, su mejor amigo, éste :esquiva: otro defensa y le regresa el balón, Jhon se detiene en la línea de tres puntos, lanza y… ¡ANOTA! Las porritas saltan y gritan al unísono del público que defiende su equipo local. Luego, hacen una formación y cantan un par de rimas de burla lideradas por su capitana, es decir, yo, Danielle Bonnet. Tengo el cabello ondulado rubio cenizo con algunos mechones negros, piel blanca, ojos dorados, 1’65 de estatura, senos medianos, cintura pequeña, cadera justa, piernas largas… en fin, soy perfecta.


Ya sé lo que están pensando, “la típica pareja de plásticos”. Vale, no les voy a negar que soy un poco… ¿arribista? Pero no es mi culpa que los demás se dejen pisotear.

Justo detrás de las porristas, en la cuarta línea de sillas, hay una chica de cabello liso negro, ojos grises, 1’70 de estatura, piel como la de mi novio, labios gruesos, jeans rotos, camisa blanca, chaqueta negra, converse negras y mirada fiera. Su nombre es Ángel Jhacomme y es mi amante.


Ok, hasta ahí con la presentación, no quiero que me odien…más…

El partido anterior, cuando todo era perfecto, es un video en un plasma frente a mí. Estoy atada y amordazada, Ángel esta a mi lado demasiado calmada para mi gusto y Jhon parlotea algo desde la cocina. Ojala aquello fuera un trío sadomasoquista y no un secuestro…


La verdad, no puedo parar de llorar, más de rabia que de terror. Estoy completamente humillada.


Ángel me mira e intenta calmarme con su expresión, una que dice algo como: “no te preocupes, todo estará bien, golpearé a ese idiota y nos largaremos, no sé cómo pero lo hare”.

Blanqueo los ojos y miro hacia otra parte.

Debo reconocerlo, lo que sucede es mi culpa, jugué con mi novio y el idiota del Jhon reaccionó como todo un psicópata.

El crujido de la madera del piso me indica que el basquetbolista está de regreso y cuando levanto la vista el brillo de un enorme cuchillo me deslumbra.
Lo conozco lo suficiente como para saber que mi rostro será la primera víctima de ese filo.


Por inercia intento alejarme arrastrándome hasta que la pared me detuvo. Trato de pronunciar algo pero la maldita mordaza no me deja hablar.

Pero, ¿Cómo llegue a esa situación?

Primero debemos regresar en el tiempo un año antes de ese partido.

El invierno navideño se suponía que ya debía haber terminado pero la nieve seguía cayendo. Sin embargo, las clases iniciaron con normalidad. Era mi último grado de preparatoria antes de la universidad pero, por desgracia, mi horario de clases sufrió un terrible cambio por error del sistema y sólo tenía una clase en común con mis amigas de hacía algunos años. En las demás me tocaba con personas que sabía llevaban mucho en la escuela pero que nunca determiné.

Por fortuna, lo que tengo de rubia no lo tengo de bruta como otras chicas de la escuela y sin problema podía desempeñarme en las clases. gradezco estar lejos del cliché. La primera de ese día fue Química. Como era la primera semana y el frio todavía azotaba, el profesor se limitó a recordar terminología del curso anterior, a lo que respondí unas cuantas. No muchas para ser nerd ni muy pocas para ser plástica.
Diagonal a mí, un puesto más arriba a la derecha, estaba Ángel, con su aspecto rockero y su olor fascinante. Era una chica muy sexy que me antojaba demasiados malos pensamientos. Los suficientes para pasar el rato sin que el frio me afectara.

Me dediqué a mirarla cada vez que tenia oportunidad, cuidado que nadie lo notara salvo ella.
Una mirada bastó para darme cuenta que a la chica también le gustaban las chicas, es como un sexto sentido que tienes cuando eres bisexual, homosexual, lesbiana, transexual, o cualquier otro “sexual” menos el hetero, son como menos evolucionados que nosotros.
Le gustaban las chicas, pero no las chicas como yo, capitana del equipo de porristas, rubia, aparentemente estúpida, y claro, novia del capitán del equipo de baloncesto. Estaba segura de que tampoco le gustaba el baloncesto. No recordaba ese aspecto en las graderías del gimnasio.

Pero me gustaban los retos y ella sería mi siguiente víctima. Además, era diferente a todos los que me rodeaban, en la variedad está el placer ¿no?

Para su gran desgracia y mi enorme fortuna, compartíamos todas las clases de la semana, salvo la que tenía como mis amigas de siempre, y ese día me deleité, no sólo con su olor, sino con su fastidio también.

La última clase fue de trigonometría y usando un poco de mi influencia como la chica más popular, visualmente, le ordené a varios que dejaran cierto lugar libre para mí. Ella no lo notó y se sentó justo donde siempre lo hacía ―parecía que elegía la misma silla inconscientemente―, y yo terminé a su lado.

El profesor hablaba de un montón de cosas aburridas que yo ya me sabía de memoria. Cálculo, rectas, operaciones algebraicas, etc. Entregó un trabajo para hacer en parejas como hacia al inicio de todos los años. Me acerqué a ella y cuando los demás notaron esto, se alejaron, tanto de ella como de mi, dejándola sin más opción que aceptarme como su compañera por el resto del curso.


―Soy Danielle― dije extendiendo mi mano para saludarla sin dejar de sonreír.
―Ángel― respondió seca ignorando mi mano.

Fingí no notarlo y me acerqué más.

― ¿Ángel? Es un nombre raro para una mujer, ¿no debería ser Ángela?― pregunté tratando de romper el hielo.
― Los ángeles no tienen sexo, por ende, el sustantivo tampoco― contestó. Su voz era una mezzo-soprano agradable. ¿Pertenecería a una banda?
― Oh…ya veo, vale, un placer― corté cuando vi el profesor cerca.

Inspeccionó la hoja por unos cuantos segundos y la dejó en la mesa.

― No entiendo nada de eso― se quejó algo frustrada.
―Yo sí, puedes venir a mi casa o yo voy a la tuya y te explico para que trabajemos juntas― le invité.

Me miró como si me tuviera miedo.

― ¿Me estas invitando a tu casa?― cuestionó aterrada.
― Sí, ¿Cuál es el problema?― Sí, ¿por qué la invitaba? Ni siquiera mi novio la conocía más allá del primer piso.
― Eres Danielle Bonnet, capitana de las porristas, elitista a morir, ¿acaso se te antojó jugarme una broma y por eso me acosas todo el día?― inquirió enderezando la espalda. Noté que era más alta que yo. Entonces sí había notado mi acoso.

Como serpiente amenazada, también me senté derecha y la miré.

― Puedo explicarte trigonometría o puedes perder la materia, es mejor tener a los enemigos cerca, ¿no crees?― declaré sin inmutarme. ¿Enemigos? Vaya, mi ego tenía que hablar ¿no?
― Está bien― accedió inexpresiva ― ¿hoy?― se aseguró.
―Si quieres…puedo cancelar la cita con mi novio para que estudiemos― sugerí.

Me miró todavía más sorprendida.

― No se va a morir si no me ve, seguro se va con sus amigotes a jugar billar o algo― defendí sonriéndole con inocencia. La pobre no sabía lo que le esperaba sola en mi casa. Me imaginé a mi misma riendo como Maléfica*. No era una broma pero sí me reiría mucho más tarde.
―Entonces paso a tu casa a las cinco― afirmó.

Imaginé que sabía dónde vivía por lo popular que soy en la escuela, así que le resté importancia.
Justo en ese momento la campana sonó y, como abejas alborotadas, todos se pusieron de pie para irse. Ella desapareció de mi vista en menos de cinco segundos.

Hice algo de ejercicio mientras la esperaba. Mi casa estaba siempre sola, tengo unos padres muy ocupados y ahora soy hija única.
Después de hacer una hora de elíptica ―spinning―, relajé el cuerpo caminando por la casa, me hidraté un poco y me metí a bañar.

Tal y como lo esperaba, ella llegó justo cuando yo salía de la ducha y tuve que abrirle la puerta mojada cubierta sólo por una toalla. Ok, lo admitó, me demoré un poco en la ducha para darle tiempo de que apareciera.

Se quedó sin palabras apenas me vio. Señal de que mi belleza no pasaba desapercibida para ella. Tranquila vanidad, a nadie le gusta que seas tan evidente.

―Sigue, mi habitación es la última del segundo piso― le indiqué dejando que la toalla se me bajara descubriendo un poco la redondez de mis senos.

Sus ojos se abrieron un poco y sus mejillas se sonrojaron.

― Ahm… claro… mejor me quedo aquí abajo para que te puedas vestir… ― tartamudeó nerviosa.
― No te preocupes, somos mujeres, ¿Qué puedes ver que ya no tengas bajo las bragas?― bromeé empujándola escaleras arriba.

Ya en mi habitación, seguí caminando mientras acercaba mi rostro al de ella. Retrocedió hasta golpear contra el borde de la cama y quedar sentada. Me incliné casi hasta besarla y tomé mi peine que estaba a su lado. Apenas me alejé, respiró de nuevo.

― Entonces, ¿no tienes idea de nada de la guía o conoces algunos términos?― pregunté dándole la espalda.

Caminé hasta mi armario y dejé caer la toalla en el camino.

― No, nada, no es que haya puesto mucha atención a la clase del señor Phillips el curso pasado― respondió sin quitarme los ojos de encima; podía sentirlos.
― Vale, entonces tendré que enseñarte un par de cosas― comenté con doble sentido. Casi la escuché tragar saliva.

Fue suficiente presión por un minuto. La dejé tranquilizarse mientras me vestía hasta que fue la hora de ponerme una blusa cuyo cierre estaba en la espalda.

― ¿Me ayudas con esto?― dije sosteniendo la blusa sólo para cubrir mis senos mientras le daba la espalda. Era un truco viejo, pero siempre efectivo.
― Cla…claro…― accedió. Aunque en la respuesta sonaba aterrada, sus manos fueron seguras y subieron el cierre con delicadeza. Me mordí los labios para no demostrar el escalofrío y me giré rápidamente.
― Gracias lindura― y le di un fugaz beso en los labios que la dejó paralizada.

De nuevo en el tocador me arreglé el cabello y maquillé un poco.

― ¿Empezamos?― invité señalándole mi escritorio de estudio.

Lo pensó por un momento cuando me vio sentarme. Al parecer su instinto ya le había advertido que yo era un peligro. Pero se acercó y se sentó a mi lado colocando la hoja sobre la mesa. Una forma de indicar que sólo eso quería saber y nada más.
Durante una larga hora le expliqué todos los términos algebraicos que pedía guía, resolvimos unos cuantos ejercicios como ejemplo y me cansé de tanta matemática.

― Ven, vamos a la cocina por algo de comer― me puse de pie y la esperé en la puerta.
― ¿Comes?― preguntó medio riendo. Ya estaba empezando a tomarme confianza.
― De hecho, me gusta comer mucho― confesé encogiendo los hombros.

Bajé y ella me siguió. Noté que estaba disfrutando el tiempo con ella.

― ¿Qué se te antoja? Hay de todo, desde soda hasta bebidas alcohólicas, comida light o chatarra― abrí la puerta del refrigerador y me hice a un lado.
― Lo que sea, es tu nevera― contestó.

Suspiré fuerte. Odiaba ese tipo de respuestas.

Saqué una caja de muslos de pollo del día anterior y la puse en el mesón para mi junto con una cerveza. Dejé la nevera abierta.

― Toma lo que quieras― insistí.

Al ver el refrigerador abierto no tuvo más opción que acercarse y buscar algo. Se decidió por un durazno. Casi me ofendí.

― ¿Te vas a comer todo eso?― inquirió algo sorprendida.
― ¿Quieres?
― No, gracias, sólo…es que tienes muy bonito cuerpo, no vomitaras después ¿cierto?

Solté la carcajada.

― No, tranquila, esto se soluciona con suficiente reposo y una hora de ejercicios― aclaré devorando otra presa. La segunda.

No me creyó. Era de esperarse. Dejé el pollo en ese momento. No era bueno seducir llena de grasa.

― Ok, para no hacerte sentir mal…― guardé el pollo y tomé una manzana.

Me hice cerca de ella y di el primer mordisco tan fuerte como pude. La fruta crujió y Ángel se sobresaltó.

― Es la fruta prohibida, mi favorita― comenté al aire. Una tontería, pero la chica se mostraba influenciable.

Apenas terminó su durazno, dejo la semilla en la basura y se puso de pie.

― Será mejor que me vaya…― dijo con seriedad.
― ¿Por qué?― puse cara de cachorro.
― ¿A qué juegas conmigo, Danielle?― retó.

Me sorprendí pero lo mantuve oculto con otro mordizco.

― ¿De qué hablas?
― ¿A qué se debe todo este juego de seducción? ¿Acaso tienes cámaras escondidas? ¿Tú y tus amigas quieren jugar a que soy lesbiana? ¿Publicarlo en alguna parte y humillarme públicamente?― soltó acercándose amenazante.

Retrocedí hasta que el fregadero me detuvo.

― ¿Por qué piensas eso?― curioseé fingiendo estar confundida. Me haría la inocente por un rato.
― De repente la señorita popularidad me invita a su casa, sola, se desnuda para mi, habla de frutas prohibidas y hasta
me acorrala, ¿crees que no lo he notado? Pues te tengo malas noticias, NO SOY LESBIANA, me gustan los hombres…― declaró enojada.

Sonreí muy grande. De un salto me senté en el borde del fregadero, y la envolví con mis piernas pegándole tanto como pude a mi cuerpo. Tal vez ella era más grande, pero yo era porrista y tenía un muy buen estado físico y mucha fuerza.

― Pero también te gustan las mujeres…― susurré bañándola con mi aliento para luego besarla.

No se movió los primeros segundos pero no tardó en dejarse llevar y terminó por aferrarse a mi cintura.

El beso fue largo, sabroso, lo reconozco. Hacía tiempo que no disfrutaba de tan buenos labios.

― A mí también― confesé cuando nos separamos por un momento.

Frunció el ceño cuando recordó que no confiaba en mí. Se alejó con brusquedad y se recargó contra el mesón.

― No hay ninguna cámara― me bajé de la mesa y me acerqué a ella, quería otro de esos besos ― me gustas, pero estoy con Jhon y no creo que esto le agrade― estaba muy cerca de su rostro ― te propongo algo― medio sonreí.
― ¿Qué cosa?― seguía desconfiada.
― Seamos amigas con derechos, te aseguro que la vamos a pasar muy bien― respondí dándole otro beso, uno suave.

Lo pensó.

― Sé que esto también te gusta, de otra forma no habrías aceptado mi invitación, nadie tiene porque enterarse, sin celos, sin nada formal, sólo nos encontramos cuando queremos divertirnos un poco o nos aburrimos de nuestros novios― insistí.
― ¿Nada formal?― se aseguró.
― Sí, nada formal, sin celos, sin escenas de quinta en la escuela o en ninguna parte, ni siquiera es obligatorio que nos encontremos, sólo si una lo desea, llama a la otra, le propone diversión, y si la otra acepta, entonces nos encontramos― continué.

Lo seguía considerando.

― Amigas con derechos…― susurré manipuladora.
― Suena bien―…y cayó.





*Maléfica: Bruja malvada de La Bella Durmiente.


Última edición por Daphne Viassús el 19/3/2013, 12:19, editado 1 vez
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Lucai
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   26/5/2011, 12:29

la malicia la malicia XD está buena la historia vamos a ver como continua!!!!!
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   26/5/2011, 16:04

ME agrada, mucho mucho, esta bien descrito tanto que su egocentrismo me molesta XD!
siguele!
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Popi-Chan
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   26/5/2011, 23:55

xD Hey que gusto tenerte por aqui xD soy Sublime Nightmare
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Yulia
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/5/2011, 06:05

wow estahistoria es espectacular

recomendable 100 %
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himeko1999
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/5/2011, 18:01

buen inicio espero el siguiente cap esta bueno
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Ekaryl
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   28/5/2011, 03:00

ahhhhhhhhhhh contiiii
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harukatenou
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   28/5/2011, 10:09

Se esta historia hara que mas de una se lance por la ventana
Y como en el foro todas son unas perversas, la amaran
siguele regularmente no las hagas sufrir xD
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kannaa
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   28/5/2011, 11:09

aaa m a gustado muchoooo contiii!!! plissss
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JACKY
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   28/5/2011, 13:13

esta increible esta historia
me encanto espero y le pueds seguir pronto
esperemos y veremos como le va a ir en el sig cap.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/5/2011, 00:44


CAPITULO 2


TRES SEGUNDOS EN LA ZONA



ÁNGEL


No tengo muy en claro qué fue lo que pasó en ese momento. Ni siquiera sé cómo fue que acepté ese juego que Danielle me proponía. ¡ERA VIRGEN!
Claro, un poco embarazoso ser virgen a los 17 años, pero tampoco iba a convertirme en una niñita estúpida que se lo daba al primero que se le cruzaba por enfrente… como seguramente hizo Danielle.

Pero, eso no importaba en ese momento. Ella estaba sentada en la barra de la cocina con sus piernas aferradas a mi cintura, besándome de la forma más apasionada que jamás haya probado.

El aire me faltaba a cada momento ―por la falta de experiencia― y ella liberaba mis labios los tres segundos necesarios para soltar el aire que me quedaba y tomar uno nuevo para continuar.

Ya había besado a otras personas, tampoco soy tan santa, pero sólo hombres, nunca una mujer a pesar de que estas me gustaran más que los primeros. Era extraño, pero sus labios me parecieron mucho más deliciosos que cualquiera. Me sorprendí cuando me descubrí a mi misma aferrando su cintura con una mano mientras la otra caminaba, “disimuladamente”, hacia el cierre de su corset para soltarlo. No podía detenerme, era algo en su aliento, en su belleza, que me drogaba, me controlaba. ¿O era la adrenalina de la primera vez?

Vale, tampoco de forma tan dramática. Me gustaba lo que pasaba.

El sonido del cierre pareció excitarla. Soltó mi boca y levantó la cabeza sacando el pecho como si quisiera que sus senos salieran rápido de ahí.
Efectivamente. La blusa cedió más rápido y pronto tuve sus senos desnudos frente a mí. Tenían una redondez perfecta, como los que se ven en la televisión de esas actrices que se operan todo. Claro que Danielle no tenía nada operado, que yo supiera…

Por instinto la besé de nuevo, esta vez, bajando lentamente por su barbilla, su cuello y la clavícula hasta alcanzar uno de sus endurecidos pezones. Y ahí estaba la inexperiencia de nuevo…

Lo mordí como había visto hacer en varias películas y Danielle soltó un ligero quejido.

― Auh…― susurró cuando la mordí por segunda vez.

Dejé sus senos por la paz. Ya debía tener más que confirmado que yo era una completa novata. Mis manos, al verse desocupadas, fueron al único lugar restante: las piernas.

¿Qué hacia esta chica para ser tan perfecta? Tenía una piel tersa, como la de un durazno, pero a la vez firme. Ok, era una porrista, al menos debía tener unas piernas muy bonitas, era lo que más mostraba ¿no?

Como que mi acto la calentó mucho más porque la sentía temblar y aferrarse con más fuerza. Algo en mi respiración me indicó que yo también lo estaba.

En ese momento mis manos estaban apretando su cadera y los pulgares buscaban hundirse en ese hueso sexy que se le marcaba.

Algo empecé a buscar bajo su falda y cuando por fin lo encontré, la humedad me sorprendió y me excitó. ¿Así debía sentirme? ¿Qué era eso? ¿Segunda base? Nunca había llegado tan lejos con alguien. Menos mal que la puerta sonó o no sé lo que hubiera pasado en esa cocina.

― ¿Osita?― gritó un hombre desde la sala.

En tres segundos vi como Danielle se reincorporaba. Todas las expresiones que me indicaban estaba más que caliente desaparecieron. ¿Estaría fingiendo? Sus mejillas sonrojadas retomaron su color natural, su respiración redujo la velocidad e incluso sus labios, que se habían hinchado un poco por los besos, estaban como si nada.

― ¿Qué hace ese idiota aquí?― se quejó en voz baja bastante enojada.

La mire confundida. ¿Habría llegado su padre?

― Es Jhon, todavía no me regresa la llave de la casa― dijo como leyéndome el pensamiento, ¿acaso me salieron letreros?

Algo en mi cerebro le ordenó a mis manos que la volvieran a abrazar, yo no quería parar.

― Cálmate…otro día seguimos…― y sin esfuerzo se liberó de mi.

Mientras caminaba hacia la puerta de la cocina, se vestía sin problema. Incluso, subió el cierre de su blusa sin ayuda. Entonces, ¿por qué me pidió ayuda antes?

― ¡Estoy aquí amor!― exclamó medio abriendo la puerta.

No pude evitar sentir algo de rabia, y no comprendí la razón.

― Cambia esa cara de enojo o se dará cuenta― pidió colocando otro durazno en mi mano.

¿Cómo podía actuar como si nada? Yo estaba todavía demasiado caliente, quería seguir tocándola y besándola. Había dicho que la cita con su novio estaba cancelada y que él se iría con sus amigos. ¿Por qué estaba ahí justo en ese momento? ¿Sospecharía algo? Imposible… ¿o no? Pero si acababamos de "firmar" el contrato...

― ¡Cálmate!― ordenó y me di cuenta de que acababa de deshacer la fruta con mi puño.

Apenas Jhon entró a la cocina yo me giré y, dándole la espalda, fui al fregadero para lavarme la mano. En medio del agua pude escuchar algo de intercambio salival detrás de mí.

― ¿Y quién es tu… visita…?― preguntó el chico. Lo encaré.

En persona, Jhon Morrison, la estrella del equipo de baloncesto, no era tan alto como todos decían, o por lo menos yo no lo veía tan alto.

― Su nombre es Ángel Jhacomme, es mi amiga, tenemos prácticamente todas las clases juntas― respondió Danielle con total naturalidad.

Jhon me miró de arriba abajo como si fuera una pila de… de lo que ya sabemos.

― Mucho gusto― dije seca y con sonrisa fingida. La hipocrecía no era lo mío, pero concluí que era lo único que este ególatra se merecía por el momento.

La rubia le dio un codazo y este reaccionó.

― Hola, soy Jhon Morrison― me extendió la mano.

¿Por qué la gente saludaba así? Ignoré la mano y me giré de nuevo para seguir lavándome. Estaba toda llena de dulce.

― ¿No ibas a salir con tus amigos?― curioseó la porrista.
― No, David tuvo que acompañar a su madre al supermercado y los demás tenían citas con novias que no les cancelan a último
minuto― se quejó él.

Ella soltó la carcajada, metálica y burlesca. De reojo me fijé si Jhon se daba cuenta de que se le estaban burlando en la cara pero parecía que no.

― Lo siento, teníamos que estudiar para matemáticas, Ángel no entendía algunas cosas y me pidió que se las explicara― Danielle se colgó de su cuello y le dio un ligero beso en la mejilla.

Casi deseé ser él y eso no me gustó. ¿Qué diablos me pasaba?

― Será mejor que me vaya y los deje solos…― anuncié.
― Nos vemos mañana lindura, ¡te cuidas!― dijo la rubia sin soltar a su novio.
― Un placer conocerte Ángel― agregó el pelinegro.

No respondí y salí de la cocina.

Iba saliendo y recordé que mis cosas estaban arriba, así que cerré la puerta y me devolví por ellas. Cuando estaba bajando las escaleras, la mención de mi nombre en la cocina me hizo quedarme a escuchar.

― Es una cualquiera, ¿no podías trabajar con alguien más?― preguntó el basquetbolista.
― No es una cualquiera, es una buena chica, al menos no una zorra como el resto de mis supuestas amigas― respondió Danielle.

¿Me estaba defendiendo?

― Ok, entonces en una “don nadie”― insistió él.
― Hasta hoy…― corrigió ella.

¿De qué estaba hablando?

― ¿A qué te refieres con eso? No pensaras incluirla en nuestro circulo ¿cierto?
― ¿Por qué no? Soy la lider de MI círculo, puedo incluir a quien quiera cuando quiera― soltó con voz aniñada ―Además, soy la capitana de las porristas, para mucho eso significa que puedo hacer lo que quiera con quien se me antoje.

¿Cómo acababa de hacer conmigo?

― ¿Qué ganas con incluirla? Ella no hace parte de nuestro mundo, es diferente― ¡que idiota! Pero, por si las moscas, revisé no tener un tercer brazo del cual no supiera nada.
― Lo dices como si le faltara un ojo o tuviera la piel verde― curiosamente sonreí al escucharla defenderme ― es hora de rodearme de personas que valgan la pena, no como las zorras que tengo por “amigas” que sólo quieren mi puesto y mi novio― declaró convencida. Aunque lo último no lo creí.
― Sabes que nunca le pondría atención a ninguna de ellas…
― Lo sé, entonces, si me amas tanto, ¿puedes aceptarla como mi amiga?― la voz se le endulzo mucho más.
― Esta bien, confiaré en ti y tu juicio, pero sabes que las demás la someterán a la “prueba de iniciación” ¿cierto?

Me alejé de la puerta de la cocina aterrada. ¿Prueba? ¿Qué era esa gente? ¿Un circulo satánico? Probablemente, en otra situación, me habría parecido interesante.

― Yo me encargo de eso, soy la capitana ¿recuerdas?― sonó otro beso.

Escuché pasos y tuve que salir de ahí lo más rápido que pude. Se me fue un poco de fuerza cerrando la puerta, así que me escondí en un arbusto al lado de la puerta. Por el reflejo de la luz vi que alguien se asomó pero al no encontrar nada cerró la cortina y apago la luz.

Apenas llegué a mi casa mi mamá me miro tan mal como pudo. ¡Que fastidio!

― ¿Sabe cuándo tenía que llegar?― preguntó con ese tonito que tanto me molestaba.
― Sí― contesté y seguí derecho hasta mi habitación. No tenía ganas de pelear, iba concentrada en otra cosa.

Me saqué la ropa lo más rápido que pude y me metí a la ducha con agua fría. No podía quitarme esa sensación del cuerpo, ¡de las manos!, de lo que estuve a punto de hacer con ella, ¿o de hacerle a ella? Si cerraba los ojos sólo veía su expresión excitada, escuchaba sus gemidos bajos, sentía
su piel en mis manos y su sabor en mis labios. Nunca me había pasado algo similar con un hombre. Claro que nunca había llegado tan
lejos con ninguno.

Cambié el agua fría a caliente, hirviendo, y casi podía escuchar como mi piel se quemaba al contacto.
Apenas logré medio calmarme, salí y me acosté a dormir. Intentar dormir.

Al día siguiente, como por variar un poco, se me hizo tarde. No pude evitar, en la ducha, recordar lo sucedido la noche anterior, fue algo demasiado extraño. Acababa de conocer, en cierto modo, a Danielle y estuve a punto tirármela. ¿Sería eso normal en ella? De lejos se veia como una porrista común y silvestre, es decir, una zorra implacable, pero algo me hacía dudar. Sus encantos, ¿tal vez? Estaba segura de que yo no era la primera persona que ella manipulaba usándolos.

Casi me da un paro cardiaco cuando abrí la puerta del baño. Ahí estaba ella, con una blusa cuello bandeja negra entallada al cuerpo, una falda campesina blanca, tacones sandalia negros y una chaqueta blanca también.

― ¿Qué pasa? Parece que hubieras visto un fantasma― se burló tomándome del brazo para sacarme del baño y arrastrarme a mi habitación.
― ¿Qué haces aquí?― cuestioné cerrando la puerta y bajando la voz.
― Vine a recogerte― respondió como si nada.
― ¿Recogerme? ¿Quién te dejó entrar? ¿Quién te dijo cuál era mi habitación?― pregunté casi asustada.
― Tu mamá, parece una buena persona― contestó sonriendo.
― Sí, claro, con los desconocidos― me quejé.

Fui hasta el armario y empecé a buscar qué me pondría. Tal vez el mismo jean roto del día anterior, con una blusa a rayas blancas y negras, la chaqueta negra de siempre y las converse de siempre.

― Tu mamá parecía sorprendida cuando le dije que era tu amiga, ¿acaso no traes a tus amigos? Digo, todos me miraron raro
cuando pasé por el comedor…― comento acostándose en la cama con los brazos detrás de la cabeza. Sus pechos resaltaron un poco más.
― No, no traigo muchos amigos que digamos…― aclaré ― ¿Cómo supiste dónde vivo?― eso era más importante todavía.
― No te imaginas lo fácil que es para mi revisar los archivos de la escuela...

Después de ver su ropa me decidí por una blusa blanca con la bandera de un país en el pecho, la chaqueta negra, los jeans rotos del día anterior y unos zapatos a cuadros como escoceses.

― Mmm…ya veo…― murmuré.

Se hizo un silencio incomodo mientras me vestía. No me miraba como lo había hecho yo con ella.

― ¿Qué pasa? ¿Estás pensando que tal vez tu novio tenga razón y soy una “don nadie”?― disparé un tanto enojada por esa descripción de mi misma.
― Sabía que te habías quedado a escuchar…― sonrió grande ― y no prestes atención a lo que Jhon dice, papi todavía le maneja la vida― se mofó.
― ¿Entonces? ¿En qué piensas?― seguía sin mirarme. ¿Quería darme privacidad?
― Pienso en que hoy entraras en mi mundo y que la ropa que llevas puesta no me convence― reveló ahora si observandome y sentándose en la cama.

Me ofendí.

― ¿Qué tiene mi ropa?― analicé mi atuendo y concluí que no tenía nada de malo. La ropa estaba arrugada, pero sólo los nerds del club de ajedrez planchaban su ropa.
― Demasiado simple cariño…

Me ofendí más. Para cuando lo noté, estaba escarbando mi armario. Sacó otro jean, este era como un gris desteñido entubado. Me arrebató la chaqueta negra y me paso otra.

― Así está mejor― dijo mirándome de arriba abajo.

Al menos no intentó ponerme una falda…

Aquello se estaba volviendo extraño.

― ¡Hasta luego señora Gloria!― se despidió Danielle saliendo de mi casa.
― Chao ma’― dije saliendo después de ella.

Un BMW convertible negro estaba parqueado frente a la casa.

― ¿Vamos?― me invitó subiéndose y abriendo la puerta para mí.
― Debes estar bromeando ¿es tuyo?― se me caía la baba.
― ¿Acaso nunca pasas por el parqueadero de la escuela?― sonaba indignada.

Al llegar a la escuela muchos me miraron tan mal como podían. Me imagino que se preguntaban qué hacía yo, una “don nadie”, en el carro con Danielle Bonnet. De ser ellos también me lo habría preguntado.

― Ok, tienes que prepararte, las primeras en intentar atacarte serán Ximena y Alexandra ¿las conoces?― inició mientras buscaba un lugar para aparcar.
― ¿Ximena Fortunatti y Alexandra Amsel?― me aseguré.
― Las mismas que ladran…― se burló ― en fin, ellas buscaran la forma de probarte, recuerda que soy la capitana de las porristas y ellas “las segundas al mando”, la idea de que llegues tú a destronarlas no les va a gustar ni poquito, tratarán de humillarte en público o
de ofenderte con algún comentario― explicó.

― ¡Momento! No voy a entrar al equipo de porristas― aclaré.
― Nunca dije que entrarías al equipo― corrigió ― pero…estarás conmigo todo el tiempo, eso te dará poder y status en la escuela― agregó mientras salíamos del carro.
― ¿De qué estás hablando? Dijiste que sólo amigas con derechos― bajé la voz ― sólo sexo ¿no?
― Claro que sí lindura― se acercó y me besó como la noche anterior. Algo dentro de mi estomago se movió incómodo y cuando se detuvo me dejó antojada de más ― pero nuestros encuentros no serian posibles si te escondo, es mejor que estés a la vista de todos, así nadie sospechara de
nuestra “amistad”― manifestó como si llevara semanas planeándolo.

Miré hacia todas partes asegurándome que nadie nos viera. De nuevo me pregunté cómo había terminado en esa situación, ¿tanto drama por un
poco de sexo? Sexo que aún no teníamos, por cierto.

Suspiré profundo, no me quedaba más opción que seguirle la corriente. Si algo tenía claro era que es mejor ser amiga de Danielle que su enemiga.

― No te puedo cuidar todo el tiempo de las arpías, así que debes tener cuidado, generalmente usan el poder que yo les di
para atacarme y no dudaran en usarlo contra ti― continuó. Ahora salíamos del parqueadero subterráneo.
― Hablas como si tuvieran poderes sobrenaturales o algo así― me burlé.
― Son demasiado estúpidas para eso― replicó.
― ¿Y tu novio? Anoche no lo escuché muy convencido de que me incluyas en “tu circulo”.
― Te cuidara cuando yo no pueda, no te preocupes.
― No entiendo, ¿Por qué necesito tanta protección?
― Mira Ángel, esto es como la realeza ¿sí? Yo tengo el poder junto con Jhon, somos quienes decidimos todo en la escuela, hasta la ropa que otros deben usar, Ximena y Alexandra son, aparte de novias, demasiado locas y posesivas, son “las segundas al mando”, lugar que tu ocuparas ahora, claro que ellas no lo saben todavía, pero cuando empiecen a notarlo te harán la vida imposible― explicó de nuevo. Me seguía sonando estúpido.

― Esto es ridículo…― murmuré mirando hacia otro lado.
― Cuando veas lo que puedes hacer ya no te parecerá tan ridículo― dijo con seguridad.

Estábamos en la puerta hacia el edificio de los salones cuando caí en cuenta de algo.

― ¿Alexandra y Ximena son novias?― pregunté sorprendida.
― Sí, pero procuran mantenerlo oculto, se supone que yo no lo sé, así que tú tampoco― respondió abriendo la puerta.
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/5/2011, 17:12

valla! algo que vale la pena en el foro... espero con todo el corazón que no se quede a medias como el resto... estaré al pendiente de ti

felicidades escribes muy bien, y aunque hace falta fotografía tu historia me ha encantado ♥_♥! es muy original, muy buena redacción, ortografía y gramática, solides en los personajes... fascinante, sencillamente exquisita.

Animo!
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Lucai
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   30/5/2011, 18:08

Que cortoooooo noooo esta buena la trama vamos a ver a donde termina!
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   31/5/2011, 15:13

Genial, espero ansiosa como se desenvuelve.
Animo!
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JACKY
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   31/5/2011, 18:12

estubo muy bien pero se me hizo muuy corto pero me agrado y me gusto bastante siguele pronto
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himeko1999
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   31/5/2011, 18:35

muy bien esta bien jejjejej,continuacion ya jejeje
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   2/6/2011, 01:14

CAPITULO 3

FALTA PERSONAL


DANIELLE

Jhon intentó enterrarme el cuchillo en el pecho pero lo esquivé haciéndome a un lado y el filo terminó clavado en la pared. Aproveché para arrastrarme detrás de él. Ok, lo reconozco, ahora sí estaba aterrada. También un poco aturdida, al moverme hacia un lado mi cabeza había chocado contra la otra pared.

Ángel se puso de pie apoyándose en una silla detrás de ella y aprovechando que mi novio ―ahora exnovio― estaba de espaldas, lo pateó con tanta fuerza como pudo. Su cabeza pegó contra la pared y de inmediato perdió el conocimiento.

Me pareció demasiado fácil.

― Ven, ayúdame a cortar la cinta con el cuchillo― pidió Ángel acercándose al cuerpo.
― ¡Espera! No creo que debas…― intenté decir pero fue demasiado tarde.

Apenas ella puso un pie cerca de él, éste la hizo caer y se sentó encima para ahorcarla. Como tenía las manos atadas en la espalda no podía defenderse y sólo se movía tratando de respirar.

Por un momento no supe que hacer, estaba demasiado asustada para moverme, pero pronto recobré la consciencia.

Me puse de pie tal y como ella lo hizo y lo pateé en la cara. Le rompí la nariz y lo dejé aturdido el tiempo suficiente para tomar cortar la cinta que ataba mis manos. Quiso atacarme pero Ángel lo detuvo empujándolo contra la pared, a lo que respondió tomándola por el cabello para atraerla hacia él y darle un rodillazo en el abdomen que la dejo sin aire y la hizo escupir sangre. Antes de que pudiera hacer algo más lo apuñalé en la espalda unas cinco veces.

El cuerpo cayó sin vida a mis pies haciendo un charco rojo en menos de nada.

Saqué el cuchillo de su espalda y fui a cortar la cinta de Ángel que todavía tosía para recuperar el aliento.

― ¿Estás bien?― pregunté mientras la llevaba hasta la silla.
― Lo mismo iba a preguntarte― respondió sosteniendo su abdomen ― me duele mucho…― confesó apenas se sentó y soltó un grito de dolor.
― Déjame ver― con cuidado le levanté la blusa y vi un enorme morado que parecía crecer a cada segundo.

Varias costillas rotas, seguramente.

Suspiré profundo para calmarme y pensar que hacer. Sentí la sangre cálida en mis manos peo traté de ignorarla.

― Tiene que haber un celular por aquí― fui con el cadáver de Jhon para registrarlo.
― ¿Está muerto?― curioseó ella con esfuerzo.
― Bien muerto― contesté con odio.
― ¿Qué vamos a hacer? Lo matamos…― insistió.
― Corrección, yo lo maté, no tú― aclaré buscando en los bolsillos del pantalón.
― No te voy a dejar sola en esto― replicó y el esfuerzo le dolió.
― No me vas a dejar sola en nada, lo maté en defensa personal, es lo último que me preocupa en este momento― corté ― no tiene nada, ¿Dónde está la chaqueta que traía puesta?― me limpié la sangre en el pantalón.
― No lo sé, tal vez en la cocina― dedujo ― estoy mareada…― agregó buscando algo en que apoyar el brazo.

Seguro una de las costillas rotas había perforado algo.

― Que ni se te ocurra desmayarte― amenacé corriendo a la cocina a buscar la maldita chaqueta.
― ¿Y qué pasa si me desmayo?― retó.
― ¡Te dejo sin sexo por un mes!― grité desde la cocina.

La escuché reír pero se calló al segundo.

Por fin encontré la chaqueta y en ella el celular.

Estaba escupiendo sangre de nuevo cuando fui con ella.

― ¿Alo?― me contestaron de la línea de emergencia ― fuimos secuestradas, no sé donde estamos, ¿no pueden rastrear el número del celular? ¡Rápido! Mi amiga esta escupiendo sangre…― dije apresurada por el teléfono, me respondieron que no colgara y que guardara la calma ― ¿Cómo quiere que me calme? ¡No veo que ustedes lleguen! ― La operadora me hablaba tranquila ― ¡Ok! ¡Me calmo! Pero dense prisa, por favor…― me di cuenta que estaba llorando.
― Sabes que odio verte llorar…― susurró Ángel buscando mi mano.
― Tu preocúpate por mantenerte despierta, yo veré que hago con mis lágrimas― respondí enojada.

************************

La primera vez que llegué a la escuela con Ángel en mi carro fue graciosa. Todos la miraban con envidia, sobre todo tres chicas que parqueaban a mi lado siempre, unas que toda la vida quisieron ser porristas y mis amigas y nunca lograron ni lo uno ni lo otro. El simple hecho de que se murieran por estar a mi lado me fastidiaba.

Le indiqué quienes la atacarían y apenas entramos fueron las primeras que nos encontramos: Alexandra y Ximena. La primera, una morena de cabello chocolate y ojos café oscuro, cuerpo delgado y sonrisa amable ―años de práctica…―; la segunda, una pelirroja de ojos verdes, piel rosa y expresión fiera, se nos acercaron apenas nos vieron.

― ¡Hola lindura!― exclamó Ximena, la más hipócrita de las dos ― me encanta como te ves hoy― agregó dándome un beso de Judas.
― Hola…― siguió Alexandra ― ¿Quién es tu amiga?― en menos de un segundo la escaneó de pies a cabeza.
― Ángel, quiero presentarte a Ximena y Alexandra, son quienes me ayudan con las coreografías del equipo de porristas― dije haciendo un gesto con la mano.
― Tus amigas, querrás decir― corrigió la pelirroja.
― ¡Jhon!― le llamé cuando lo vi para zafarme de esa respuesta.

Mi novio, fiel como un perrito, se acercó.

― Hola osita…― saludó dándome un suave beso en los labios ― mira, Ángel se sentara con nosotros hoy― anuncié.
― Genial osita, ¿hablamos en el receso? Tengo clase con el señor Phillips, ya sabes lo puntual que es...
― Claro amor, nos vemos― le di otro beso y él se marchó.

Las porristas frente a mi tenían cara de no creérselo.

― Este…Danielle, lindura, ¿podemos hablar un momento?― preguntó la de ojos cafés.
― Claro― sonreí fingida, años de práctica ― dame un segundo, ¿vale Ángel?
― Esta bien― a ella le sonreí natural.

Las arpías me tomaron, cada una de un brazo, y me alejaron unos cuantos metros.

― ¿Qué crees que estás haciendo, lindura?― curioseó la pelirroja tratando de mantener la calma.
― ¿A qué te refieres?― inquirí haciéndome la estúpida, como ellas.
― ¿Quién es ESA? O sea, ¿Por qué llegas con ella? ¿No te da pena?― continuó.
― ESA tiene nombre y es Ángel, y no, no me da pena ¿Por qué?― reté enderezándome, ellas eran dos o tres centímetros más bajas que yo.
― Pues…no es popular querida― intentó explicarme ―de hecho, si no la presentas no tendría ni idea de quién es― agregó.

Solté la risa. De verdad, ellas eran un cliché a la popularidad.

― ¿Y?― reté de nuevo, esta vez, con las manos en la cintura.
― ¿Acaso le quieres jugar una broma? Mira que no es bueno jugar con los sentimientos de las personas― comentó con falsa moral.

Miren quien lo dice…

― No voy a jugar con los sentimientos de nadie, tengo casi todas mis clases con ella ¿ok? Me parece una chica muy interesante, la quiero incluir en nuestro circulo, me cae muy bien― expliqué ya medio enojada. Podía notar la expresión de fastidio en Ángel.
― ¿Nuestro circulo? ¿Estás loca?― por fin abrió la boca la castaña.
― Sí, nuestro circulo, ¿algún problema?
― Pero, querida, ella no es como nosotras― insistió Ximena.
― Soy la capitana de las porristas, yo elijo quien entra o sale de nuestro circulo, ¿entendido?― corté.

Ambas me miraron sorprendidas y se alejaron un paso como para evitar un golpe.

― Claro― de nuevo la pelirroja sonreía de forma hipócrita ― tú decides…― encogió los hombros ―pero, ya sabes que debe pasar una prueba ¿no? Digo, tú misma te inventaste esa ley― argumentó.

Levanté una ceja muy alto en mi frente.

― Lo sé, por eso no se preocupen, para ella será muy fácil pasar la prueba, no como a otras…― solté dándoles la espalda ― ¡nos vemos en el receso!― exclamé mientras tomaba a mi acompañante del brazo y la arrastraba hasta la clase.

Justo cuando llegábamos al salón se sacudió el brazo para librarse de mí.

― ¿Qué te pasa?― me quejé, casi me parte una uña.
― Lo mismo puedo preguntarte― respondió.

Revisé que los pasillos estuvieran vacios y la empujé al baño de mujeres que estaba a unos cuantos pasos.

― ¿De qué hablas?― pregunté susurrando.
― ¿Qué fue todo eso? ¿De dónde sacas que quiero pertenecer a tu circulo?― replicó alterada.
― Es la única forma de tenerte cerca de mí sin problema― expliqué controlando mi voz.
― Pregúntame si me importa― retó.

Abrí la boca para responder pero me retracté.

― Aceptaste ser mi amiga con derechos, para eso, debes estar cerca de mí o todo el mundo sospechara― declaré haciendo un esfuerzo por no descontrolarme.
― Acepté tener sexo contigo, no convertirme en tu esclava.
― No dije que serás mi esclava.
― Eso es lo que parece.
― Eso te parece a ti porque no sabes lo que es ser popular.
― ¡Claro que no lo sé porque NO ME INTERESA!― exclamó.

Me sorprendió su reacción y alcancé a retroceder un par de pasos.

― Pues te tengo malas noticias, si quieres seguir con nuestro trato, te tendrá que interesar porque desde hoy harás parte de ese mundo― dije acercándome amenazante. Nadie me gritaba, mucho menos alguien como ella.
― ¿Y si no quiero seguir con el trato?― inquirió rebelde.
― Por favor… ni tú misma te crees eso― me burlé.
― Pruébame…― susurró.

Levanté el rostro como serpiente amenazada y la empujé dentro de uno de los cubículos. No le di tiempo de entender y la besé. Cayó de inmediato, no pudo resistirse y me respondió el beso sin luchar.

― Créeme, ser popular no es tan trágico como te lo imaginas, tendrás mucho poder en la escuela, podrás hacer lo que se te antoje, humillar a quien quieras, a otros populares si quieres― comenté suave en su oído para luego lamerlo.

La sentí estremecerse.

― Alexandra y Ximena no son nadie y la prueba será sencilla para ti, es cosa de novatos, pero una vez que estés a mi lado serás la persona, después de mi, con más influencia en este lugar, y podremos hacer esto todas las veces que queramos― agregué metiendo mi mano a su espalda bajo la blusa.

De nuevo se estremeció.

― No te preocupes, yo te ayudaré a que te acostumbres a la popularidad, una vez que la tienes ya no es difícil de manejar― ahora estaba en su otro oído y las uñas de mi mano libre arañaban suavemente su cuello.

Un gemido ahogado salió por su deliciosa boca.

― Si quieres seguir teniendo sexo conmigo ser popular es lo único que te pido, claro, a menos que quieras que todo el mundo se entere― amenacé soltándola.

Salí del cubículo y me detuve frente al espejo para arreglarme el cabello.

― No quiero que nadie se entere― ordenó detrás de mí.
― Perfecto, haz lo que te pido― ultimé girándome para mirarla.

Noté que por un momento se pedio en el color de mi ojos.

― Esta bien, lo haré, pero no respondo por como resulte, yo soy yo y no pienso cambiar― advirtió. Era su última esperanza.
― No te preocupes, si te quisiera igual a los demás ya me habría acostado con alguna de las arpías― finalicé saliendo de ahí.

Ya era demasiado tarde para entrar a clase y, sinceramente, ni ganas me quedaban. Pero necesitaba tiempo para pensar y no podría hacerlo si me quedaba por ahí dando vueltas.

Cuando Ángel salió del baño abrí la puerta del salón y la profesora nos vio a las dos. Ya no podía marcharse como seguro tenía pensado hacer.

La note aburrida en clase, distraída. Ese día, a diferencia del anterior que me fije en como acosarla, observe sus maneras, sus mañas, qué hacía cuando se aburría, qué miraba, e intenté descifrar qué pensaba. Claro que todavía no podía hacer eso, acababa de conocerla.

Pronto recordé la dichosa prueba para entrar al círculo. No existía una prueba única como tal, todo era producto de mi imaginación, cual emperador ―o reina, en mi caso― deseoso de ver unos cuantos gladiadores en la arena luchando contra leones.

Lastima que eso no se pudiera hacer, aunque se podia arreglar…

― ¡Señorita Bonnet!― me sobresalte cuando escuche mi nombre en tono de regaño.

Era la maestra a un lado de mi silla.

― Dígame señorita Addams― respondí sonriendo.
― Que pena interrumpirla en su conversación con la ventana pero, si va a estar en mi clase, debe prestar atención, ¿entendido?― dijo enojada.
― Voy bien en su materia, y no está explicando nada que ya no me sepa, no se preocupe, no me va a pasar nada por unos minutos de meditación― comente orgullosa. Ni siquiera mis padres me hablaban así.
― Fuera de mi clase…― susurró clavándome la mirada.
― ¿Perdón?― inquirí ofendida.
― Dije, fuera de mi clase, o se irá a la dirección― amenazó.

Levanté la ceja con mucha ira y me puse de pie lentamente. Si fuera serpiente ya la habría picado por altanera.

La maestra, una anciana canosa y arrugada, dictaba la clase que menos me gustaba, filosofía. Tal vez porque eran temas que ya dominaba gracias a un conocido que enseñaba lo mismo en otra escuela.
La señora nunca pensó que yo de verdad me iría.

Tomé mis cosas y salí de ahí, ya sabía perfectamente cuál sería la prueba de iniciación de Ángel.
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harukatenou
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   2/6/2011, 09:14

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Lucai
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   2/6/2011, 10:14

Repito la maldad la maldad!!!!!!!! vamos a ver que tal sigue
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himeko1999
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   2/6/2011, 17:46

a la....esta cool .......conti jejejeje
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   3/6/2011, 16:26

Demasiado cortaaaaaa...asi me dan mas ganas de leer!
siguela pronto :)
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   7/6/2011, 20:15

Gracias por compartir tu historia ^^ Me ha gustado mucho lo que he leído hasta ahora, por favor sube la continuación pronto.
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   9/6/2011, 01:52

CAPITULO 4:

FALTA DE ATAQUE

ÁNGEL

El receso ese día fue la cosa más extraña que haya vivido en toda mi corta existencia en aquella escuela.

Mientras caminábamos hacia la mesa ―Alexandra, Ximena, Danielle y yo― las personas nos abrían camino como si fuéramos de la realeza o alguna estupidez de esas.
Claro, ellas eran la realeza con su ropa extra costosa, su caminado de modelo, maquillaje, peinados, etc. Yo era como el bufón de la corte. Pero, a pesar de eso, Danielle no se separaba ni un segundo de mí.
Jhon no tardó en unirse al desfile y la tomó de la mano para besarla. Ella no me soltaba.

Me di cuenta que no quería estar cerca cuando ellos se demostraban cariño. Nunca me llamó la atención tocar el violín.

No es que yo tuviera muchos amigos en la escuela porque no los tenía. Me hablaba con uno que otro pero nada que pasara de un saludo y “¿cómo andas?”.

La sección de la cafetería que nos correspondía ― nótese que me incluyo en el plural― casi tenia brillo propio; había canecas de basura, las mesas no tenían óxido ni estaban cojas, hasta los bombillos alumbraban más. Siempre que iba a la cafetería me tocaba una mesa o silla coja. No tuve que salir de la escuela para notar la polarización de los poderes por ser quien eres.

Recordé que Danielle me hablaba de “poder” y de todo lo que podía lograr con entrar en su “círculo”. Algo me atormentaba. Sólo llevaba un día con esa chica y ya la creía capaz de muchas cosas. Ninguna era buena en mi cabeza. ¿Causaba ella ese efecto en todos?

Me hice a un lado cuando nos íbamos a sentar pero la capitana de las porristas me agarró del brazo y sin mayor esfuerzo me sentó. Ximena se sorprendió al verme en ese lugar.

La señora de la cafetería se nos acercó y preguntó que queríamos de comer. Casi se me cae la boca. ¿Nos estaban pidiendo la orden? Eso nunca lo habían hecho, se supone que debíamos hacer fila con las bandejas y seleccionar lo que queríamos. La señora me sonreía. En tres años que llevaba en esa escuela haciendo la fila como una simple mortal NUNCA me sonrió.

La expresión de la rubia era de burla. Tal vez porque yo no daba crédito a situación paranormal de la que era participe.

Cada uno pidió lo que quiso como si fuera un restaurante. No tenía hambre, pedí un durazno y una botella de soda.

Me recargué contra el espaldar de la silla y con mucho disimulo saqué uno de los audífonos del mp4 para escuchar música mientras ellos hablaban de… ¿de qué hablaban con tanta felicidad mientras comían?

― Anoche se me ocurrieron algunos pasos, tal vez los podamos incluir en la rutina y practicar durante los partidos― comentó Alexandra.
― Está bien, hoy durante la práctica me los enseñas― respondió Danielle.
― Creo que el entrenador está enojado conmigo― se quejó Jhon.
― ¿Por qué lo dices?― curioseó Ximena.
― Lleva dos practicas dejándome en el banco, espero no quiera quitarme el puesto de capitán― contestó bajando la cabeza.
― Es ridículo, eres el mejor jugador de la escuela, no te puede quitar el puesto de capitán― replicó Danielle ― puedo hablar con él, si quieres...― sugirió.
― No, deja así, no quiero que se enoje más, dejaré que se le pase o hablaré con él para saber que hice― cortó el pelinegro.
― No se preocupe, si el entrenador le quiere quitar el puesto, yo hablo con los del equipo para que se pongan de su parte― comentó David.

Parecía que estuviera viendo un partido de tenis, me limitaba a mover la cabeza hacia quien estaba hablando y por andar en esas no me di cuenta cuando me hablaban.

― ¡Ángel!― exclamó Danielle para llamar mi atención.

Me sobresalté y la miré sin saber que decir.

― Hoy por la tarde tengo practica con las chicas, así que tendrás que llegar a mi casa en la noche para tu prueba de iniciación― dijo sonriente, como siempre.
― ¿Y cuál será mi prueba? ¿Debo usar casco?― inquirí sarcástica. Pero, en mi interior, lo estaba meditando.
― No querida, no lo necesitaras, pero vístete lo mas cómoda que puedas, nada que te entorpezca caminar, correr, saltar, etc.― respondió ignorando mi tono.
― No haré nada de cosas de porristas ¿cierto?― me aseguré.

Alexandra y Ximena me fulminaron con la mirada.

― ¿Tienes algo en contra de las porristas?― disparó la pelirroja.

Danielle me piso por debajo de la mesa.

― Lo que pasa es que yo no sirvo para esas cosas― contesté saliéndome por la tangente lo que pareció dejarlas contentas. El pie me palpitaba de dolor.

El timbre para regresar a clases sonó cuando ya habíamos terminado de comer.

― ¡Nos vemos en la tarde chicas!― dijo la rubia tomándome del brazo para arrastrarme. Por fortuna, nuestro salón quedaba en dirección opuesta.

Iba demostrando el enojo hasta que los demás lo notaron. Allí se calmó y retomó todo su glamour.

El salón estaba vacío para cuando llegamos.

― Mira, yo sé que no estás acostumbrada a ser popular y, mucho menos, estar con los populares…― ¿eso era un halago o un insulto? ―…pero debes cuidarte de lo que dices al lado de las arpías, harán cualquier cosa con tal de alejarte de mí― replicó. Casi me la imaginé trabajando en un novelón de las tardes.
― ¿Por qué le das tan importancia a lo que ellas digan? ¿No eres algo así como la abeja reina?― me burlé.

Levantó la ceja. Ya distinguía esa expresión.

― Una reina no puede serlo si no tiene súbditos― dijo con orgullo.

Touché...

― ¿Entonces? ¿Cuál es mi prueba?― demasiado superficialidad para mi gusto.
― Esta noche lo sabrás― sonrió grande y se llevó las manos a la cintura como una niña pequeña.
― Recuérdame por qué hago esto― ya lo había olvidado.
― Para tener sexo conmigo…― susurró acercándose a mi oído. Cosa que me estremeció y cuando sentí su lengua húmeda la empujé. Era demasiado delicada en ese lugar.

Soltó la carcajada, la que siempre me daba la impresión de ver en las malvadas de las películas de hadas. Fue raro, pero en esa ocasión no me sentí aturdida.

― Tranquila Ángel, esta noche lo sabrás― respondió sentándose con las piernas cruzadas.
― ¿No me puedes decir ahora? Soy tu favorita ¿no?― pedí poniendo carita de perrito.
― Me gustan las sorpresas…― cortó.

Justo en ese momento el salón se llenó de estudiantes y, detrás de todos, estaba el maestro encargado de la clase, así que tendría que aguantarme la curiosidad hasta la noche.

¿Tanto valía la pena?

Al final de las clases, Danielle me llevó a casa en su carro.

― Pasa a mi casa a las siete― dijo mientras me abría la puerta.
― Sí majestad― contesté de mala gana.

Se rió.

― ¿Qué tienes?― preguntó entre risas cerrando la puerta de nuevo.
― ¿Por qué estoy haciendo esto? No me digas que por sexo porque nunca lo he tenido― repliqué bajando la voz, no quería que nadie de mi chismosa cuadra nos escuchara.

Levantó la ceja, ésta era una expresión diferente.

― ¿Eres virgen?― inquirió sorprendida.
― ¡Que te importa!― corté.
― Te ofrezco la oportunidad de ser alguien en la escuela, nos graduamos en un año, ¿no quieres dejar una marca?― comentó.
― No me interesa― contesté.
― Ok, si no quieres nada de lo que te ofrezco, sexo incluido, no vayas a mi casa esta noche y mañana todo estará olvidado, no recordaré quién eres y más te vale que tú también te olvides de quién soy, ¿te parece bien, lindura?― acordó abriéndome la puerta.

La mire desafiante.
Me bajé y me quedé a un lado del carro.

― Nos vemos a las siete…― dijo antes de arrancar y marcharse.

Tuve ganas de rayar la costosa pintura de su carro. ¿Le dolería?

Entré a la casa enojada y mi fastidiosa madre se dio cuenta.

― ¿Qué le pasó?― curioseó siguiéndome hasta mi habitación.
― Nada, no moleste― le tiré la puerta en la cara antes de que entrara.

¿Quién se creía esa niñita mimada para darme órdenes? ¿Y por qué yo estaba haciendo todo lo que me pedía?

No es que Danielle Bonnet me gustara porque eso era completamente imposible, y el episodio de aquel campamento en sexto grado estaba superado hacia muchísimo tiempo. Nunca le di mayor importancia a que me besara cuando estábamos las dos solas en el lago. ¡Ni siquiera lo recordaba hasta que ella me habló de nuevo hacía poco más de veinticuatro horas!

¡ARG! Como odiaba esa situación. Me parecía una estupidez todo eso, pero la curiosidad de gato me pedía a gritos que fuera esa noche a su casa para saber cuál era la dichosa prueba. Me odiaba a mi misma por ser tan manipulable. No, me odiaba a mí misma por querer pertenecer a ese "círculo" aunque no lo dijera en voz alta.

Después de mucho pensarlo por la tarde, a las siete ya estaba en la puerta de Danielle. Si en mi casa se enteraban de que me había escapado se me formaría un problema apocalíptico.

Timbré por segunda vez y nadie abrió. Me percaté de que las luces estaban todas apagadas.

― Oh…por favor, esto tiene que ser una broma…― me quejé tocando con los nudillos.

La puerta se abrió sola.

Interesante, pensé.

Entré, y lo primero que busqué fue el interruptor al lado de la puerta. La luz del pasillo se encendió sin problema.

― ¿Hola?― pregunté subiendo la voz. Nadie me respondió.

No podía creer que de verdad estaba ahí en ese momento entregándome en bandeja de plata para ser la víctima de alguna broma por parte de la abeja reina y sus zánganos.

Avancé prendiendo todas las luces que encontraba. No me gustaban esas sorpresas, pero cuando entré a la sala, antes de poder prender esa luz, todo se apago de golpe. Seguro bajaron los tacos*.

No me moví esperando que empezaran el show que ya me imaginaba que tenían preparado para mí.

No tardó.

Una vela se prendió como a tres metros de mi, luego, a su alrededor, se prendieron seis velas más. Daban la impresión de estar flotando hasta que note las túnicas negras que llevaban puestas.

¿Eran así todo el tiempo o simplemente le di la idea cuando le pregunté si era alguna especie de culto satánico?

― Acércate…― pidió Danielle susurrando.

Que payasada…

Obedecí. El círculo se abrió para mí y la rubia me recibió en el centro.

― Esta noche estamos reunidos para recibir a una nueva hermana en nuestro circulo― inició ― sin embargo, debe demostrar ser digna de ello, por lo tanto, se le asignara una prueba, con ella deberá demostrar su fidelidad al círculo y nervios de acero― continuó. Alguien le entregó un morral― la misión es simple Ángel, deberás ir a la casa de la señorita Addams, fingirás un robo, tienes que revolcar toda la casa para que la policía lo crea y, por último, me traerás el collar con el diamante que siempre se pone los días miércoles― dijo entregándome el morral.

Abrí el morral tratando de ver con la poca luz de la vela que era lo que había adentro pero no tuve mucho éxito. Luego, caí en cuenta de algo.

― Pero todo el mundo sabe que la señorita Addams sufre del corazón y que no puede tener emociones fuertes― repliqué.
― Precisamente…― casi vi su sonrisa en la oscuridad.
― ¿Quieres que la mate?― inquirí aterrada.
― No, sólo asustarla― corrigió como si intentara ocultar algo.
― ¿Cómo se que no me meteré en problemas con la policía?― cuestioné. Aquello empezaba a rayar.
― En el morral esta todo lo que necesitas para eso― argumentó. Metió la mano en él y sacó un revolver ― procura dispararla hacia el techo para que no lastimes a nadie― aconsejó poniéndola dentro de nuevo.

Pesaba bastante.

― ¿Por qué a ella?― curioseé.

Danielle sonrió lo suficientemente grande como para que sus dientes color marfil brillaran por la luz de la vela.

― Tienes hasta la media noche, pasas la prueba cuando la policía llegué a la casa y tú ya no estés dentro de ella― cortó.

Apagó su vela y las demás se apagaron al mismo tiempo.

― ¿Cómo que hasta media noche?― reclamé.

Nadie respondió.

Me moví a tientas hasta darme cuenta de que estaba sola.

Como pude salí de la casa y fui donde la señorita Addams.

Todo el mundo sabía donde quedaba esa casa, más de uno tuvo que ir a estudiar hasta tarde para recuperar notas. Por un tiempo la señora tuvo problemas con la junta directiva pues algunos padres decían que situaciones como esas se prestaban para malentendidos, como pensar que ella sostenía relaciones con los estudiantes, por ejemplo.
La señorita Addams no era muy vieja, tendría unos treinta y pocos años. Su problema del corazón era de nacimiento. Corazón débil a causa de un soplo. Al principio de todos los cursos nos hacían ir al gimnasio y le directora daba aquella explicación para evitar cualquier incidente. La profesora era hija de un gran historiador y ella tenía un seguro de vida bastante costoso.

Empezaba a dudar sobre “la prueba”.

Ya cerca de la casa me oculté detrás de la cerca trasera y mi celular vibró haciéndome saltar. Tuve que cubrirme la boca para no gritar.
Era un mensaje de texto de un número desconocido: “Suerte con la prueba, recuerda disparar al techo, sólo para asustar, desordenar y romper cuanta cosa encuentres y traerme ese hermoso diamante. Att: Danielle”

No tenía ni idea de cómo había conseguido mi número y mucho menos sabía en qué momento mi celular se había puesto en vibrador cuando no me gustaba tenerlo así.

Eran las diez de la noche y sólo una luz estaba prendida.

Me escabullí en el patio trasero y, escondida detrás de unos matorrales de rosas, abrí la maleta.

Una linterna fue lo primero que descubrí y la use para observar el resto de cosas: un pasamontañas de color negro, unos guantes de cuero del mismo color, una chaqueta negra cuyo material se me hizo extraño hasta que vi un letrero en la manga que decía “ínflame”, maquillaje negro en crema, como los de halloween, un rollo de cinta industrial gris, el revólver con una sola bala y una especie de bluetooth con un papel que decía “úsame debajo del pasamontañas, soy un modulador de voz”. Danielle realmente había planeado todo eso y lo estaba disfrutando. ¿Era porrista o agente secreto?

Tomé aire y fui para realizar la prueba. Sería fácil. La asustaría con el arma, asegurándome de que no estuviera cargada, la ataría en alguna silla con la cinta, buscaría el diamante, dispararía al techo y me largaría antes de que la policía llegara. Fácil.

Me puse toda la utilería encima lo que me daba el aspecto de un hombre. Esa chica tenía algo extraño, de verdad que sí.

Ya lista, entré por la puerta de la cocina que daba al patio trasero. Fui lo más sigilosa que pude pero terminé por tumbar un vaso que estaba sobre el mesón.
El ruido fue enorme y de inmediato el televisor, que era lo único que sonaba dentro, se quedó mudo.

― ¡Mierda!― susurré. El modulador me hizo sonar como un hombre.

Tomé el revólver y moví el tambor para no dejar la bala lista y evitar dispararla por accidente.

― ¡No se mueva!― ordené a la mujer apuntándole con el arma. Esta se quedo petrificada levantando los brazos.
― Por favor…no tiene que hacer esto― dijo en tono suplicante.
― ¡Cállese!― exclamé sacudiendo el arma. Un “click” sonó y me di cuenta de que había presionado el gatillo por accidente. Me quedaban dos disparos falsos.
― Está bien, está bien…― acordó tirándose al suelo.

Rápidamente busqué una silla del comedor y la puse frente a ella.

― Siéntese ahí y no intente hacerse la valiente― indiqué señalando con el arma. Otro click, tenía que dejar de hacer eso.

Estaba actuando como veía que hacían en las películas y de repente parecía que me estaba tomando el papel en serio.

La señora se sentó y cuando le di la espalda para buscar la cinta en el morral, me pateó en la espalda. Caí de cara contra el suelo y el revólver rodo debajo del comedor. Estaba segura de haber escuchado el último click.
Lo bueno fue que el chaleco ese inflable amortiguó mi caída, lo malo era que la maestra se venía encima mío con el atizador de la chimenea.
Como pude me puse de pie y corrí hasta la mesa, tome el arma y le apunté.

Fue el sonido del disparo lo que me hizo caer en cuenta de lo que acababa de hacer.

La señora se quedo mirándome por un momento y luego se llevo las manos al pecho. Por fortuna no había sangre pero estaba pasando justo lo que pensé desde el principio: el ataque cardiaco.

No fui capaz de moverme y simplemente me le quede viendo por cerca de cinco minutos. Acababa de matar a alguien sólo porque una tonta me lo ponía como condición para tener sexo. Nunca había escuchado algo tan estúpido.

El celular me vibró de nuevo, cosa que me trajo a la realidad, era otro mensaje de texto: “los vecinos ya llamaron a la policía, no tardan en llegar, recoge todo lo que estaba en el morral, desordena la casa, toma el collar y sal de ahí ¡YA!
¿Nada más? ¿Lavar los platos sucios, tal vez?

¿Sabrían los demás que ella me daba instrucciones por el celular?

Sólo había sacado el revólver y la cinta del morral, lo demás lo llevaba encima, salvo la linterna que estaba en mi mano.

Corrí por toda la casa tirando al suelo cuanta cosa de vidrio encontraba, revolcando todo. Fui al segundo piso y busqué la habitación de la señorita Addams ―era la única ocupada en la casa―, saqué la ropa de los cajones y desacomodé el colchón de la cama.
Estaba en eso cuando escuché las sirenas acercarse, y todavía no tenía el collar.

― Si fuera un costoso collar de diamante, ¿Dónde me escondería?― pensé en voz alta. Me molestó escuchar mi voz como la de un hombre.

Repasé rápidamente la habitación con la vista hasta caer en cuenta del tocador. Estaba en la primera gaveta junto a otras joyas que de inmediato noté eran falsas.

Las sirenas estaban cerca.

El celular vibró, otro mensaje, de nuevo: ¡SAL YA! Que no se te olvide nada de lo que estaba en el morral.

Revisé el equipaje mentalmente mientras salía.

Pasé por la sala cuando iba hacia la salida trasera. La maestra estaba tirada en el suelo, con los ojos perdidos y el rostro pálido, y entonces entendí por qué esa fue mi prueba de iniciación. Intentó humillar a Danielle, la echó de su clase y yo había sido el instrumento de su venganza.

No sé que sentí en ese momento, si ira o decepción, o tal vez ambas, no lo tengo claro, el caso es que salí corriendo de allí hasta mi bicicleta que estaba oculta detrás de la cerca del patio trasero de esa casa.

Apenas avancé unas tres cuadras, ya sin el inflable, ni el pasamontañas ni nada de la utilería encima, la policía pasó a mi lado a toda velocidad. La calle se quedó sola unos segundos hasta que Danielle apareció en su convertible.

― Pon la bicicleta en el asiento trasero, tenemos que irnos― dijo con toda la tranquilidad del mundo.

Obedecí.

― Me diste esta prueba para vengarte de que la maestra te sacara de clase, ¿cierto?― pregunté mientras ponía todo atrás.
― Nadie se mete conmigo― contestó.

Justo allí me di cuenta de algo que había intentado ignorar desde que me besó en sexto grado: Danielle tenía algo maquiavélico dentro de ella, como si no entendiera de consecuencias y actuara tal y como su voluntad se lo ordenaba. ¿Eso era malo o bueno? Aparentemente, era terrible.




*Tacos: Es la forma como en Colombia le llamamos a los interruptores que controlan toda la luz de las casas.


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lera_karel
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   9/6/2011, 10:09

Ya me he enganchado a este fic xDD
Muy buena la continuación, me está gustando mucho esta historia, si la tienes completa o más avanzada, no nos hagas sufrir y sube el resto porfa. Gracias por subir tan pronto la conti.
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   9/6/2011, 16:13

wooo inspirador, mas mas!!
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   9/6/2011, 16:59

conti conti
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/6/2011, 23:28

CAPITULO 5

SAQUE DE BANDA O DE FONDO


DANIELLE

Para cuando desperté estaba en el hospital. Era un lugar que podía distinguir a kilómetros, sino, ¿Por qué otra razón me dolería el brazo y tendría algo pegado a la cara?

Algo mareada me levanté y me arranqué los tubos esos que tenía en la nariz. Inmediatamente los monitores empezaron a pitar y un par de enfermeras llegaron.

― ¡Cálmese señorita! ¡No debe moverse!― me ordenó una acostándome a la fuerza.
― ¡Suéltenme!― grité desesperada. Si había un lugar que odiara ese era un hospital, lo aborrecía.
― Por favor, tranquilícese, no puede hacer fuerza, esta herida― dijo la otra tratándome con más delicadeza.
― ¿Cómo que herida? Yo no tengo ninguna herida, Ángel es la que está lastimada― repliqué quedándome quieta.
― Tu amiga está bien, pero tú tenias un corte profundo en el brazo, varios moretones en el estómago y una contusión en el cráneo, ya descartamos una hemorragia interna pero de igual manera debes guardar reposo― explicó despachando a la otra enfermera con una señal.

Me tomé unos segundos para calmarme y repasar mentalmente lo sucedido. No recordaba nada de eso.

― Está todo bien, no te preocupes, ¿sabes qué día es hoy, linda?― preguntó revisando el suero.
― ¿Qué? No…no tengo ni idea― contesté alterándome de nuevo.
― ¿Sabes dónde estás?― inquirió leyendo la historia médica.
― ¿Cómo lo voy a saber si me acabo de levantar?
― ¿Qué edad tienes?― continuó sin mirarme.
― 17.
― ¿De dónde eres?
― De la capital

Entonces noté el acento extraño de quien me atendía.

― No estoy en la capital ¿verdad?
― No, linda, no lo estás, ¿tienes un número en el cual podamos contactar a tus padres? ¿Algún familiar o tutor?
― Sí, claro, ¿Dónde estoy?― no reconocía el acento.
― Escribe el número aquí y me encargaré de que alguien se comunique con ellos― y se salió por la tangente.

Rápidamente garabateé los números en la hoja y se la entregué.
Ya estaba a punto de irse.

― ¿Qué paso con la chica que estaba conmigo? La que tenía rotas varias costillas…― curioseé con miedo de la respuesta.
― Está bien, está en la siguiente habitación, no te preocupes― respondió sonriendo.
― ¿Puedo verla?― pedí endulzando la voz.

La mujer, que luego entendí era una doctora, me miró con ternura.

― No sé si te dejen salir― dijo entrando de nuevo.
― ¿Quién no me va a dejar salir? ¿Las enfermeras? Ordéneles que me dejen ir con ella― repliqué.

La doctora no respondió y se limitó a mirar mi brazo izquierdo.

Intenté levantarlo para mirar pero no pude. Algo metálico chocó contra la baranda de la cama y al buscarlo descubrí que era: estaba esposada a la cama.

― ¡¿QUÉ DIABLOS ES ESTO?!― exclamé supremamente enojada.
― ¡Cálmate!― pidió tomándome de los hombros para acostarme.
― ¿Por qué estoy esposada?― insistí sin dejar de sacudirme.
― ¡Cálmate o tendré que sedarte!― advirtió.

Bufé y me dejé caer en la almohada fulminándola con la mirada.

― Cuando te encontraron tu amiga estaba en muy mal estado y el otro chico estaba muerto, estabas llena de su sangre y el cuchillo tenía tus huellas― explicó asegurándose de que no me hubiera desacomodado la línea del suero.
― ¡Claro que lo maté!― revelé sin problema ― él planeaba matarnos a Ángel y a mí, ¿acaso no ven como la dejó de golpeada? ¿Creen que me corté el brazo y me hice los moretones y la contusión yo sola?― reproché.

La doctora se sorprendió por cómo conté todo sin alterarme.
Noté a dos policías en la puerta.

― No puedo creer que de héroe me conviertan en verdugo― me quejé.
― Seguro es un malentendido y hacen esto simplemente por protocolo, pero puedo llevarle un mensaje si quieres― se ofreció todavía con esa mirada dulce que empezaba a molestarme.
― ¿Está despierta?
― Claro que sí nena― ¿nena? ¿Acaso me veía como una mocosa?
― Nada, no le diga nada, ya veré cómo llego hasta allá, con o sin camilla― corté acostándome para darle la espalda a la mujer.




No era la primera vez que mataba a alguien. Bueno, era la primera que lo hacía con mis propias manos…

Cuando recogí a Ángel a dos cuadras de la casa de la señorita Addams de inmediato noté que estaba muy asustada a pesar de que intentaba ocultarlo. También estaba enojada porque se dio cuenta de la razón que me llevó a darle esa prueba.

― ¿Tienes el collar?― pregunté mientras nos alejábamos de la zona.
― Sí, aquí tienes― contestó tirándolo a mis piernas.
― ¿Qué tienes? ¿Por qué tan enojada?― inquirí disminuyendo la velocidad para poderla mirar.
― No me gusta que me utilicen y mucho menos que me manipulen― contestó.

Sonreí grande. Casi me sentía realizada; tenía a mi lado a la primera persona que en cuatro años no se había limitado a hacer lo que yo decía y que se molestaba, en mi cara, me reclamaba y me miraba mal, y no simplemente fingía que todo estaba bien. Tenía a mi lado a la primera persona que en cuatro años le importaba poco estar o no conmigo.

― ¿De qué te ríes?― cuestionó sin bajar la guardia.
― Eres una persona extraña― confesé doblando a la derecha para tomar la autopista principal y así llegar más rápido a su casa.
― ¿Por qué lo dices?― insistió sin mirarme.
― Si tanto te molesta lo que hice, ¿Por qué no lo dijiste antes?― curioseé.
― No había caído en cuenta― contestó entre dientes.
― Bueno, ¿y por qué después de darte cuenta sigues aquí conmigo?― continué.
― Ya esta hecho, nada que hacer― cortó.

Noté que no quería seguir hablando así que no la obligué.

El silencio, incómodo, se apoderó del carro todo el camino hasta su casa, cosa que me disgustaba. Estaba feliz por encontrar a alguien que por fin no se comportaba como yo pedía, pero también me molestaba encontrar una persona que no estuviera bajo mi control total.

Eran las once y media de la noche cuando parqueé frente a su casa.

Apagué el carro y, antes de que pudiera abrir la puerta, me senté sobre ella.

Mi acto la sorprendió y asustó al mismo tiempo.

― ¿Qué estás haciendo? ¡Bájate!― ordenó en voz baja.

Al parecer nadie conocía su pequeño secreto.

― ¿Por qué? Por esto hiciste la prueba― susurré lamiendo su cuello.

Un gemido bajo se escapó de su boca y de inmediato me empujó.

― ¿Qué te pasa? No estoy orgullosa de lo que hice, me manipulaste, no sé cómo, pero lo hiciste y terminé matando a una persona― la culpa la carcomía por dentro.
― No está muerta― dije recargando la espalda.
― ¿Cómo lo sabes?
― Llamé a una ambulancia para que llegara con la policía, desde que le da el ataque tiene más o menos una media hora antes de morir definitivamente, tal vez se le mueran unas cuantas neuronas y quede medio bruta, pero no morirá― afirmé.

La castaña me miró como si yo fuera la peor persona del mundo. ¿O la más cínica? No me detuve a meditarlo.

― ¿Qué?― arrastré con tono infantil ― Llamé a la ambulancia, pude haberla dejado ahí― defendí leyendo sus pensamientos.

No respondió.

― Mira, así soy yo, te guste o no, y sé que te gusta a pesar de todo, deja esa cara y regálame uno de tus deliciosos besos― pedí endulzando la voz.

Acerqué mi rostro a ella lentamente y noté como, de repente, se perdía de nuevo en mis ojos, dejando que la besara sin problema.

A los dos segundos cayó en cuenta de lo que hacíamos y me empujó.

― Déjame bajar― ordenó teniéndome de los hombros para que no me acercara.
― Ok…― acordé suspirando.

Me senté de nuevo frente al volante y le quité el seguro a la puerta. Claro que por lo que vi la creí capaz de saltarse la puerta para salir corriendo.

― Nos vemos mañana lindura― sonreí grande como siempre.
― Ajá…― se limitó a decir antes de darme la espalda.

Arranqué y me marché; mi casa no quedaba lejos pero igual ya estaba tarde y tenia escuela al día siguiente.

Para cuando amaneció no tuve mucha prisa. La primera clase del día era con la señorita Addams y ya sabía de antemano que no asistiría. Me daría el lujo de llegar tarde.

Llegué a la casa de Ángel en menos de veinte minutos y dejé el carro parqueado en frente.

Su madre, la tan enchapada a la antigua señora Gloria, abrió la puerta apenas escuchó el ronroneo de mi motor.

― ¿Cómo le va señorita Danielle?― saludó acercándose a mí cuando me bajé.
― Bien señora Gloria, ¿Ángel ya esta lista?― pregunté sonriendo.
― Ya casi, se está vistiendo― contestó.
Al parecer yo no era la única que estaba sin prisas.

― ¿Puedo pasar?
― Claro, sigue― invitó haciéndose a un lado de la puerta ― quiero agradecerte por ayudar a Ángel con sus tareas― dijo cuando yo pasaba a su lado.
― No hay problema― ¿tareas? ¿No se le ocurrió una mejor excusa?
― Pero también quisiera pedirte que, por favor, en el futuro terminen esas tareas más temprano, ya sabes cómo están de peligrosas las calles por estos días y no me gusta que este fuera de la casa después de las nueve― pidió caminando a mi lado.

Oculté el gesto de fastidio. ¿Era su hija o una gallina que debe dormirse apenas se oculta el sol? Al menos se tragó la mentira de que eran tareas y no se dio cuenta que su hija se escapó.

― Sí señora, disculpe, pero eran muchas tareas y empezamos tarde porque yo tenía practica con las porristas― excusé tratando de quitármela de encima.
― ¿Estás en el equipo de porristas?― inquirió más interesada todavía.
― Sí señora, soy la capitana― respondí.
― ¡Que bien! ¿Crees que Ángel pueda entrar al equipo?― curioseó bajando la voz.
― No creo que ella quiera― corté alejándome para ir a la habitación de mi dulce amante.

Sólo llevaba puesto un jean descaderado de bota tubo y el sostén. Se veía muy sexy desde mi ángulo.

― Buenos días lindura― dije acercándome.

Cuando se giró para encararme, le robé un beso.
Se quedó fría por unos segundos hasta que reaccionó y corrió a cerrar la puerta.

― ¡No hagas eso!― ordenó susurrando.
― ¿Por qué?― pregunté haciéndome la inocente.
― No…no…no quiero que se enteren de que…soy…bueno, ya sabes― contestó entrecortada.

Wow… Ya sabía que su sexualidad era “top secret” pero nunca imaginé que ella misma se sintiera avergonzada de ello.

― ¿Te da pena que también te gusten las mujeres?― cuestioné acercándome de nuevo para hablar más bajo.
― Sí… ¡no! No…lo que pasa es que no quiero que nadie de mi familia se enteré― mintió.
― ¿Segura?― presioné.

Bajo la cabeza y me dio la espalda.

No me lo podía creer. ¿Cómo alguien podía avergonzarse de eso? Es decir, alguien como ella. Yo tenía excusa, debía mantener una imagen ante el círculo y por eso ninguno de ellos podía enterarse, además, tenía novio. Si mi amante fuera otro hombre tal vez las cosas se arreglarían a golpes, pero resulta que mi amante es una mujer. El orgullo de Jhon sufriría más por eso que por cualquier otra cosa. Digo, ¿Cómo competir con una mujer? No tiene senos ni intimidad, es como decirle que su pene no sirve para nada y su hombría me da risa. Cosa que pienso en ocasiones…

― ¿Qué haces aquí?― preguntó después de varios minutos de silencio.
― Te recojo para ir a la escuela― respondí encogiendo los hombros.
― ¿Ahora eres mi chofer?― inquirió a modo de burla.
― Si eso te hace sentir mejor…― acordé dejándome caer acostada sobre su cama.

De nuevo silencio. Parecía que estaba meditando algo.

― ¿Por qué me manipulaste para que lastimara a la señorita Addams? A parte de que te haya sacado de clase― cuestionó finalmente.
― Eras la única que podía hacerlo en ese momento, la situación se prestó para ello, no lo tomes personal― revelé restándole importancia.
― ¿No podías ordenarle a “las arpías” que lo hicieran?― insistió.
― Sí, pero no tenía tiempo de pensar en una excusa para obligarlas a hacer eso, y tú tenias una prueba para presentar, acostúmbrate a que intente controlarte a mi antojo, así soy yo― declaré sentándome.

Se puso una camisa negra con un estampado de Aerosmith y me miró.

― ¿Por qué me tengo que acostumbrar?― retó.
― Porque ya eres parte del círculo y allí se hace lo que yo diga― respondí sonriente.

No se inmutó. Eso quería decir que ella no haría lo que yo dijera tan fácilmente.

― Te di la oportunidad de rechazar lo que te ofrecía y tu apareciste, no me mires como si yo fuera la malvada del cuento, porque puede que lo sea pero en ese momento no te obligué a nada― defendí suponiendo lo que pensaba.
― Sabías que no lo iba a rechazar― replicó. Alguien dedicó toda la noche a reconstruir los hechos.
― Digamos que te leí el pensamiento, sabía que aparecerías, pero no sabía y todavía no se por qué.

No respondió y se concentró en buscar unos calcetines.

― Hay algo que me ocultas, ¿Qué es?― presioné.
― Nada, ya soy parte de tu círculo, ya podemos ser amantes sin que nadie sospeche, ¿contenta?
― En parte…

Me miró entre confundida y aterrada.

― No te preocupes, por el momento, no tienes que hacer más pruebas, o por lo menos no delante del círculo― comenté cuando se sentó en la cama para ponerse los zapatos.
― ¿A qué te refieres con “por lo menos no delante del círculo”?― cuestionó sin detenerse en su tarea.
― Me refiero a que para mi todavía debes hacer muchas cosas― revelé para luego besarla.

No se movió ni me respondió al principio, seguramente asustada de que alguien pudiera encontrarnos. Luego, cayó en cuenta de que la puerta estaba cerrada y se relajó un poco. Nos besamos por al menos un minuto hasta que sentí que ella se calentaba más de lo recomendable.
Me separé lentamente y la miré con burla.

― Vamos angelito lujurioso, no queremos llegar tarde a la escuela― dije poniéndome de pie.

Me miró muy mal y yo solté la carcajada.

― Deja esa cara, te estoy salvando de algo― defendí.
― ¿Salvándome de qué?― preguntó.

Justo en ese momento la puerta se abrió.

― El desayuno está listo― dijo la señora Gloria en la puerta.

Ángel se quedó sin color.

― Que pena con usted señora Gloria, yo ya desayuné y estoy llena― excusé para darle tiempo a la otra de que se calmara.
― Bueno, no te preocupes, la próxima vez te pregunto― respondió ocultando el enojo.

Me hice a un lado y disimuladamente empujé a Ángel para que saliera.

Si bien mi amante había hecho lo que le pedí la noche anterior, me seguía sorprendiendo que fuera capaz de retarme y encararme, exigirme explicaciones al respecto. Nadie lo hacía, ni siquiera mis padres.
Aquello terminaba por confirmarme que había elegido bien.






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himeko1999
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/6/2011, 00:00

no pues ,esto esta muy bueno,sigue asi,pero quiero lemon,siiiiiiiii
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/6/2011, 00:29

Cada vez más inteso me agrada.
Espero continues pronto te cuidas
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JACKY
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   13/6/2011, 02:55

Oye estubo muy bien, me gusto este capitulo
Lo que puede llegar a. Hacer una persona por sus "intereses"
Jejeje bueno espero y le sigas pronto nos vemos
Cuidate [b]
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/6/2011, 00:37

CAPITULO 6

GESCHLECHT


Me gusta desarmarme arriba tuyo
me gusta demasiado ensuciarte
besar tu flor, inmediata, besarte atrás y adelante,

Me gusta tanto que me encante,
que quiero hasta la locura,
desarmarme en el vaivén de tu cintura,
y remar sobre tu espalda y naufragarte,

Soy tuyo, con mi mayor convicción,
soy tuyo con toda la fuerza de mi corazón,
que es tuyo, y como cada pensamiento mío,
es tuyo , soy tuyo.

Soy tuyo, con mi mayor convicción,
soy tuyo con toda la fuerza de mi corazón,
que es tuyo, y como cada pensamiento mío,
es tuyo , soy tuyo.


Soy tuyo, Andrés Calamaro.


ÁNGEL

Danielle no se separaba de mí ni un segundo, casi como si tuviera la sospecha de que iría a la dirección a confesar mi crimen. Cosa que estaba meditando seriamente.

― Créeme, no te conviene abrir la boca― me dijo mientras yo sacaba las cosas de mi casillero.
― ¿Por qué crees que diría algo?― pregunté haciéndome la inocente. ¿Cómo diablos supo lo que estaba pensando?

Sólo encogió los hombros y medio sonrió.

A veces tendía a imaginarla con cuernos y cola de demonio, un tridente y una sonrisa maquiavélica. ¿En qué momento terminé involucrada con semejante loca? Ok, eso ya lo sabía. Más bien, ¿cómo me permití que las cosas llegaran tan lejos?

― ¿Qué harás con el diamante?― curioseé mientras caminábamos a nuestra primera clase.
― No lo sé, no lo puedo usar, todo el mundo lo reconocería― respondió torciendo la boca como una niña chiquita ― tal vez iré a una joyería para que le cambien la forma y me hagan una nueva joya― agregó segundos después.
― ¿De verdad piensas usarlo?― inquirí sorprendida. Recordé los documentales sobre asesinos en serie de Estados Unidos; cada asesino guardaba recuerdos o “trofeos” de sus víctimas.
― Sí, ¿Qué tiene de malo?― era obvio lo que esa joya significaba para ella.
― Pues…es como si usaras un trofeo o algo así― solté suavemente.
― Esa es la idea…

¿De verdad quería seguir al lado de una persona como ella?
Evadí la pregunta antes de responderla. No quería saberlo porque ya lo sospechaba.

A lo que entramos a clase la directora ya estaba ahí con los demás estudiantes. Se me hizo un vacio de culpabilidad en el estómago.

― Por favor señorita Bonnet y…― la directora no se sabía mi nombre.
― Jhacomme…― dije mientras me sentaba.
― Eso. Ahm… le estaba comentando a sus compañeros lo sucedido con la profesora Addams y que no asistirá a clases por al menos dos semanas― anunció.

Como reflejo bajé la cabeza y la escondí en la maleta.

― ¿Por qué? ¿Qué paso?― escuché que Danielle preguntó como si estuviera preocupada. Si yo no supiera la verdad me tragaría su actuación.
― Anoche un ladrón entró a su casa, y bueno, parece que disparó para asustarla y ya sabemos que ella no puede manejar situaciones de estrés― respondió la directora.
― ¿Le disparó? ¿Está bien?― insistió la rubia con cinismo.
― Sí, el disparo fue de advertencia y no fue herida, pero el susto le provocó un infarto, gracias a Dios los vecinos escucharon el alboroto y llamaron a la policía y a una ambulancia― la señora creía, de verdad, que Danielle estaba preocupada. Todos en el salón lo creían, ¿acaso nadie recordaba que el día anterior la señorita Addams la había echado de su clase?

Ahogué un suspiro en la maleta.

― ¿Sucede algo señorita Jhacomme?― curioseó la directora.

Levanté el rostro y la miré.

― Nada, es que tal vez me cayó un poco pesado el desayuno, eso es todo― contesté. ¿Desde cuándo mentía con tanta facilidad?
― Si siente que puede empeorar, diríjase de inmediato a la enfermería― declaró ― hasta luego jóvenes, no tienen profesor de reemplazo por hoy, así que les pido que no se salgan del salón― finalizó saliendo.

En otras ocasiones estuve más enferma y nunca me dejaron ir a enfermería ¿y ahora me lo recomendaban?
Metí mi cabeza por segunda vez en la maleta mientras la directora cerraba la puerta del salón y todos empezaban a hablar entre ellos.

― Oye Ángel, ¿hiciste la tarea de cálculo?― alguien me preguntó y no reconocí la voz.

Cuando miré quien era me sorprendí. Era una chica llamada Angélica. Alguien que se supone nunca en su vida me había hablado y, según sabia, me llamaba “rara” a mis espaldas.

― Ahm…no, no la hice― respondí con cautela.
― Puedes copiarte de la mía, si quieres― dijo colocando el cuaderno en mi cara. Ese “si quieres” casi sonaba como si pidiera permiso.

Miré a Danielle, quien supuestamente estaba concentrada leyendo un libro, pero que no tardó en sonreír como siempre cuando yo hacía algún descubrimiento.

― Gracias…― fue lo único que pude pronunciar.

Por el rabillo del ojo noté que la rubia se tapaba la boca para ahogar la carcajada.

Apenas Angélica se marchó acerqué mi silla a ella y le arrebaté el libro.

― ¿Qué es tan gracioso?― exigí saber.
― ¿No notas el cambio?― preguntó apretando los labios para no reír.

Me di cuenta que sus labios me parecían hermosos, pero me concentré en lo que quería.

― ¡Claro que lo noto! No soy ninguna estúpida― repliqué en voz baja. El salón estaba lleno de conversaciones a todo volumen.
― ¿Entonces?
― Que…es raro― confesé metiendo mi cabeza de nuevo en la maleta. Era un claro acto defensivo copiado de los avestruces.
― ¡No seas tan dramática!― reprochó cogiendo mi cabeza para obligarme a mirarla ― Es lo mejor que te puede pasar en tu último año― declaró sonriendo casi con inocencia.

Por un momento me perdí en el color de sus ojos, pero fue ella quien me alejó. Algunos de esos rasgos ya los había notado a distancia, pues estudiábamos juntas desde hacía años, sólo que ahora podía analizarlos más de cerca.

― Vamos, esto esta aburrido― ordenó poniéndose de pie. Guardó todo en su maleta y se fue hacia la puerta haciéndome cara de que saliera con ella.

Miré a nuestro alrededor, nadie parecía notarlo. Es decir, todos lo notaban pero no decían nada. ¿Era eso normal? ¿Normal para ella? No tuve más opción que seguirla.

Cada que pasábamos por algún salón nos inclinábamos para que los maestros no nos vieran pasar por sus ventanas, hasta que llegamos a la salida.

― ¿A dónde vamos?― pregunté preocupada.
― Al gimnasio, a esta hora está siempre vacío― respondió jalándome de un brazo. ¿De dónde sacaba tanta fuerza si era tan pequeña?

La puerta del gimnasio estaba abierta. No me sorprendió. Ya empezaba a entender que el dichoso “poder” no era más que la capacidad de tener todo lo que se te antoje en la escuela sin que nadie reclame por ello. O hacerlo de manera tal que nadie importante lo notara mientras los “insignificantes” guardaban el secreto.

El gimnasio era enorme. Pocas veces entraba ahí, salvo cuando tenía clase de deportes una vez a la semana y no me la saltaba para evitar reprobar por fallas.

Las colchonetas estaban regadas a lo largo de la cancha, señal de que la siguiente clase era gimnasia.

― ¿Qué vamos a hacer aquí?― pregunté dejando la maleta en una de las bancas que estaban en la cancha.
― Relajarnos un poco, la siguiente clase empieza en dos horas― contestó acostándose sobre una de las colchonetas.
― ¿Cómo lo sabes?― inquirí sentándome a su lado.
― Tengo copia de los horarios de los maestros― respondió encogiendo los hombros como restándole importancia al asunto.

Me acosté con los brazos bajo la cabeza y me quedé mirando el techo por un momento.

― ¿Cómo consigues todas estas cosas?― curioseé finalmente sin mirarla.
― ¿Qué cosas?― no quise fijarme si me miraba.
― Esto, es decir, los horarios, las atenciones, ¿Cómo puedes hacer lo que se te dé la gana sin que nadie te diga nada?― me parecía sorprendente. Y ¿Por qué no? También aterrador.
― ¿De verdad quieres saberlo?― preguntó sentándose sobre mí.

De inmediato la posición alteró algo en mi sistema nervioso y por mi espalda cruzó un escalofrío.

― ¿Y bien? ¿Quieres saberlo?― insistió acercando su boca a la mía.

¿Alguna vez me detuve a detallar sus labios? El recuerdo del campamento era lejano y vago. Sólo estaba el beso, y algo de lo que sentí en ese momento, pero la textura de sus labios no. Sin embargo, cuando la conocí en el campamento, debía reconocer que aún no era tan hermosa como ahora. En esa época su piel todavía no tenía el tono rosa y su cabello no era tan abundante.

No me dio tiempo de responder y me besó. Había algo extraño en ese beso, era más profundo, más entregado. Quise más. Puse mis manos en su cintura pequeña y, sin mucho esfuerzo, cambié nuestras posiciones quedando yo sobre ella.
Me sonrió grande, coqueta, y nos seguimos besando.

Su cuerpo se revolcaba bajo el mío como si deseara más. Sus largas uñas recorrían mi espalda por encima de la ropa y aun así me excitaban mas. ¿Qué tenía ella que descontrolaba todo en mi sistema? ¿Experiencia?

Noté que una de mis manos se estaba metiendo bajo su blusa. El toque la encorvo hacia atrás al tiempo que liberaba un ligero gemido de placer.

Seguíamos dentro del gimnasio ¿cierto? Poco y nada me importó.

Sentí el encaje de su ropa interior, disfruté de sus senos por encima de ella algunos segundos y luego me las ingenié para desabrochar el sostén por la espalda. Ya entendía por qué a los hombres les molestaba tanto ese accesorio. Le quité la blusa y el sostén al mismo tiempo y seguí besándola.

¡Que piel tan tersa! Era de un pálido hermoso, no lechoso, sino angelical. Y eso que ella era la maquiavélica de las dos.

Danielle no aguantó y, con una habilidad que superaba a la mía en cuestiones de tiempo, también se deshizo de mis ropas superiores.

¿Y si alguien entraba y nos encontraba así? Todo mi esfuerzo habría sido en vano. ¿Armarían mucho escándalo o nos dejarían seguir en lo nuestro? Pregunten cuánto me importaba…

Besé su cuello y lentamente fui bajando. Repasé la clavícula, mordí suavemente su hombro derecho, aferré su cadera con mis manos, bajé un poco más y me encontré con sus senos. Eran medianos, de una redondez perfecta y un pezón ubicado en el punto exacto, rosado y pequeño. Fui especialmente delicada en esta zona intercambiando entre besar y morder, tenía el recuerdo de mi primer intento fallido.

No tenía ni idea de lo que hacía. Me movía por inercia, como si su solo cuerpo me guiara.
Llegada la hora de la verdad, sentí como una de sus manos desabotonaba, sin esfuerzo, mi jean ― hasta a mí me costaba usar ese botón―.

La sensación que generaban sus dedos cerca de aquella zona me descontrolaba más. La respiración se me agitaba, las manos se me alteraban, la cadera iniciaba un vaivén inconsciente.

Como si una muñeca me tratase, me acomodó a su lado y ambas quedamos en posición fetal mirando a la otra. A partir de ahí yo ya no sabía qué hacer. Todo era completamente nuevo para mí. ¿Lo recordaría ella?

Su mano entró y, lentamente, se fue abriendo camino en mi entrepierna para ubicarse mejor. Era una sensación extraña, como todas las que sentía en ese momento, pero ésta me daba cierta calidez.

Pero quise más, y ahora fui yo quien buscó ese calor dentro de su cuerpo.

Con evidente torpeza desabroché su pantalón y busqué meter mis dedos en el punto exacto del placer total.

Cuando ya me la imaginaba quejándose por mi falta de experiencia se estremeció entre mis brazos gimiendo bajo. Eso era bueno ¿no?

De repente me sentí más excitada, con sólo escucharla y verla de esa manera desee ser su dueña.

Pronto no pudo continuar con sus atenciones y se rindió dejándose hacer.

Se retorcía y gemía tan alto que se hacia el eco en el gimnasio, ¿y si alguien nos escuchaba? ¿Nos veía? De nuevo, poco y nada me importó. Que disfrutara del show lésbico como yo disfrutaba de protagonizarlo.

Su espalda se empezó a torcer hacia atrás, se le iba el aliento y sus uñas se clavaban cada vez con más fuerza en mi espalda. La sentía subir y por inercia movía mis dedos más rápido. Tenía los ojos cerrados, la boca abierta, el cuerpo tenso, hasta que algo explotó dentro de ella.

El grito fue más fuerte pero menos largo, el cuerpo se le encogió como si todos sus músculos hubieran dado la orden de contraerse y se aferró a mí como si la vida le dependiera de ello. Sentí su piel afiebrada y cada célula de mi cuerpo deseó besarla.
Pero no había terminado, estaba temblando, seguía sumida en el orgasmo, podía sentirlo, podía verlo. No me detuve, me concentré en que mis dedos entraran en su cuerpo sin lastimarla para luego moverlos hacia adentro y hacia afuera. Puse mi otro brazo en su espalda para levantarla un poco pues la veía revolcarse desesperada. Finalmente, algo se derramó en mi mano.

En los primeros segundos me sorprendí, en los siguientes lo disfruté, me gustó eso, me gustó más verla disfrutar que disfrutar yo misma.

Y entonces pasó algo que me dejó shockeada por casi un minuto.

Apenas estaba bajando de su orgasmo cuando un par de lágrimas corrieron fuera de sus ojos.

Era la primera vez que tenia sexo con una persona, pero estaba segura de que eso no era normal.

El temblor en todo su cuerpo fue el que me trajo a la realidad. Se había hecho un ovillo escondiendo su cabeza en mi pecho pero absolutamente todos los miembros del cuerpo le temblaban. Me preocupé.

― ¿Estás bien? ¿Por qué tiemblas?― no me atreví a preguntar por las lágrimas.
― Es producto del orgasmo lindura, déjame recuperó el aliento― respondió dándome un suave beso en los labios.

El gesto se me hizo tierno a pesar de que sólo fuéramos “amigas con derechos”. ¿Desde cuándo la palabra “tierno” aplicaba a Danielle?

― ¿No tienes miedo de que alguien nos encuentre?― curioseé cuando ya sentí que empezaba respirar mejor.
― Nadie vendrá…― contestó restándole importancia.
― ¿Cómo estás tan segura?― insistí. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que llegamos?
― Sólo lo sé y ya, confía en mí― cortó dándome otro beso.

Como una niña chiquita se acostó en mi pecho y me abrazó. Me di cuenta que sus orgasmos eran más que sólo eso y que duraban más de lo que creía.
Una delicada capa de sudor le perlaba la frente y la forma de respirar por el cansancio le había amoratado un poco los labios, que por los intensos besos estaban algo inflamados. Me pareció que se veía mucho más sexy de lo usual.

Pero me gustó la posición en la que estábamos. Me gustó sentir como su cuerpo se amoldaba al mío sin problema. Nunca pensé que podríamos congeniar tan fácilmente. Aunque, claro, debía reconocerlo, Danielle era un rompecabezas que podía armarse de mil maneras diferentes.

Paso no sé exactamente cuánto tiempo hasta que caí en cuenta de que estábamos acostadas en la mitad del gimnasio, ella semidesnuda y yo con toda la ropa desarreglada; pero fue ella quien se movió primero. Quise quedarme así.

Sin problema me soltó y se empezó a vestir.

― Vamos, no tardan en llegar― anunció poniéndose de pie.
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lera_karel
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/6/2011, 18:26

Por fin!!! Joder, lo que he esperado por la continuación y ha merecido la pena, ya lo creo, creo que ahora mismo, de todas las historias que leo, es la que más me esta enganchando, espero que sigas con ella por favor y de nuevo gracias por continuarla ^^
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   27/6/2011, 21:35

Me tiene gratamente intrigada señorita, espero ansiosa la continuación.

Saludos
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JACKY
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   7/7/2011, 00:34

esta historia me gusta mucho es una de mis favoritas esperoy asi sugas sugue pronto porfavor!!!
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Daphne Viassús
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/7/2011, 01:54

CAPITULO 7


IMÁGENES ENGAÑOSAS



I'm tired of being what you want me to be,
feeling so faithless, lost under the surface
Don't know what you're expecting of me,
put under the pressure, of walking in your shoes.

(caught in the undertown, just caught in the undertown).
Every step I take is another mistake to you.
(caught in the undertown, just caught in the undertown).

I've become so numb, I can't feel you there,
Become so tired, so much more aware.
I'm becoming this, all I want to do.
Is be more like me, and be less like you.

Can't you see that you're smothering me,
holding too tightly, afraid to lose control.
Cause everything that you thought I would be,
has fallen apart, right in front of you.

(caught in the undertown, just caught in the undertown).
Every step that I takE is another mistake to you.
(caught in the undertown, just caught in the undertown).
And every second I waste is more than I can take.

I become so numb, I can'T feel you there,
Become so tired, so much more awaRe.
I'm becoming this, all I want to do.
Is be more like me, and be less like you.

BUT I know,
I may end up failing too.
But I know,
you were just like me,
with someone dissapointed in you.

I become so numb, I can feel you there,
Become so tired, so much more awaRe.
I'm becoming this, all I want to do.
Is be more like me, and be less like you.

I become so numb, I can feel you there,
I'm tired of being what you want me to be.
I become so numb, I can feel you there,
I'm tired of be what you want me to be.


Numb – Link Park



DANIELLE

Todavía tenía la sensación entre las piernas cuando salimos del gimnasio y, debo reconocerlo, me avergoncé un poco cuando, al salir, eché una última mirada a las colchonetas y alcancé a divisar cierta humedad en una de ellas. Me controlé para no sonrojarme.

Ángel seguía algo… ¿Qué palabra busco? ¿Sorprendida?
Sí, sorprendida. Al parecer sólo hasta que salimos cayó en cuenta de lo que acabábamos de hacer.

― Relájate lindura, nadie lo sabrá― le dije golpeándola suavemente con el codo.

La verdad, le estaba tomando cariño a mi nueva mascota sexual, parecía ser diferente, no sólo por ser mujer sino porque, en ocasiones, se atrevía a retarme, aun cuando terminara haciendo lo que yo decía.

Perdón, ¿dije mascota? No, ese no es un apelativo adecuado, creo que suena mejor “juguete”.

― Debo ir al baño antes de entrar a la clase, ¿me acompañas?― pregunté cuando pasamos por dicho lugar.

Me miró en silencio.

― No, no tendremos sexo en el baño, aunque no es mala idea intentarlo un día de estos― declaré leyéndole la expresión.

Me siguió en silencio. Aquello me molestaba, ¿Qué fue lo que la dejo así? Si me decía que fue mal sexo la acababa.

Dejé el bolso en el lavado y entré en uno de los cubículos y cuando salí, seguía ahí, en la misma posición.

― ¿Cuál es el problema?― pregunté finalmente mientras sacaba mi maquillaje.
― Nada, ¿Por qué?― contestó mirándome.
― ¡No hablas!― me quejé.
― ¿Qué quieres que diga?― inquirió.
― ¡Yo que sé! Te quedas callada como si te hubieras traumatizado por el sexo o algo― repliqué.
― Pues…no, simplemente no tengo nada que decir― defendió.

La miré mal pero le resté importancia. Al final, no es que ella fuera muy conversadora tampoco. Era inexperta en el sexo, seguramente era eso.

Más bien me concentré en otra cosa. Abrí mi espejo portátil y le quité una tapa falsa que tenía. Regué un poco del polvo blanco en una parte seca del lavado y con una tarjeta lo empecé a juntar para formar dos líneas.

― ¿Eso es droga?― curioseó con la expresión atónita.
― Sí, ¿quieres?― invité por cortesía.
― ¡No! ¿Qué te pasa? ¿Por qué consumes eso?― cuestionó aterrada.
― Me gusta― respondí absorbiendo la primera línea por una de las fosas de mi nariz.

Eché la cabeza hacia atrás y la sacudí un poco, luego repetí el proceso con la otra línea.

Ángel seguía mirándome con sus ojos muy abiertos.

― ¿Qué? ¿Me vas a decir que nunca has consumido droga?― me burlé limpiándome la nariz
― Claro que no, es una estupidez― dijo dando varios pasos atrás.

No era la primera vez que alguien ponía esa expresión pero también había pasado mucho tiempo desde la última persona que lo hiciera.

― Tú te lo pierdes…― corté encogiendo los hombros.

Guardé todo y caminé hacia la puerta pero ella sólo se quedo mirándome.

― ¿Vas a entrar a clase así?― no salía de la sorpresa.
― No es la primera vez que lo hago― sonreí. No lo diría en voz alta, pero había ocasiones en que yo misma me sorprendía por las cosas que hacía ― ¿En serio nunca has consumido? ¿Ni marihuana?― ¡vamos! Sólo para no sentirme tan estúpida siendo la única drogadicta en el baño.

Negó con la cabeza.

― Quien lo diría… ¿ninguna?― insistí.
― No, sólo fumo cigarrillo de vez en cuando y bebo, nada más― confesó.
― Bien por ti, no es bueno para la salud― me burlé ― vamos, no queremos que nadie nos encuentre aquí solas― ordené saliendo.

Justo a tiempo, pues el timbre sonó y un segundo después los pasillos se llenaron.

La actitud de Ángel me dio fastidio y opté por no hablar, ignorando el hecho de que poco a poco sentía la cocaína en el cuerpo y las ansias de empezar a saltar, gritar, o simplemente moverme me burbujeaban en la piel. El fastidio no era por su silencio, aunque generalmente era eso lo que me molestaba, sino que fuera tan santurrona, me hacía sentir un poco mal.

Entramos a clase y estuve pero no estuve. Deseaba haber podido tener más sexo y estaba segura de que Ángel también.

Pero bueno, ya le había dado su premio para que se diera cuenta, si lo dudaba, de que yo siempre cumplía con mi palabra. Ok, siempre y cuando también cumplieran con la suya.

Bajo la influencia de la droga el día pareció transcurrir más rápido y pronto me vi caminando hacia mi carro.

― ¿Quieres conducir?― le dije lanzándole las llaves.

Las atrapó en el aire y me miró sorprendida.

― ¿Hablas en serio?― preguntó con los ojos muy abiertos y llenos de esperanza.
― ¡Claro! Todo el mundo se muere por conducir a mi bebe, tú tienes la oportunidad― respondí subiéndome de copiloto.

Se quedó a un lado del carro mirando las llaves y mirándome a mí.
Toqué la bocina para traerla a la realidad.

― ¡Sólo conduce!― ordené.

Encogió los hombros y sonrió grande. Cuando se acomodó en el asiento de piloto acarició el volante durante algunos segundos.

Me puse el cinturón de seguridad y me escurrí en la silla, la dejaría disfrutar. El efecto se me estaba bajando un poco pues en clase de deportes había corrido mucho; empezaba a tener sueño.

Inició el motor y jugó con el acelerador por un momento escuchando el ronroneo de mi bebe y, finalmente, salió del estacionamiento.

― ¿Por qué me prestaste el carro?― inquirió apenas salimos de la escuela.
― No es recomendable que conduzca así― respondí sin mirarla. Era la única y poca responsabilidad que podía mostrar en ese estado.
― Vaya…quien diría que eres responsable― comentó.
― Simplemente no soy estúpida, aprecio mi bebe, no quiero rayarlo o estrellarlo, ya aprendí mi lección― repliqué.
― ¿Es que ya te estrellaste?― curioseó.
― Sí, una vez, ¿recuerdas el Megane que conducía antes?
― Digamos que sí.
― Bueno, terminó estampillado contra un poste, es mejor evitar― revelé.
Luego, prendí la radio a todo volumen para cortar el tema. De nuevo me sentía como una tonta.

Se quedó en su casa y yo me fui para la mía.

Estaba sola, como por variar, ¿a nadie se le hacía extraño que yo viviera sola en una casa de dos pisos, garaje y patio trasero?

En fin…

Dejé el carro en la cochera y fui por algo de comer, estaba que me devoraba un caballo. Por desgracia no había nada en la nevera. El problema de vivir “sola”.

Me senté en la sala y vi tele por un rato hasta que el teléfono me interrumpió.

― ¿Alo?― pregunté sin ganas.
― Hola hija, ¿Cómo estás?
― Ah…hola Pa’
― ¿Cómo estás?― repitió cuando me quedé callada.
― Bien, aquí viendo televisión― contesté pasando canales.
― ¿Cómo van las cosas por allá? ¿Has visitado a tu mamá en el hospital?― curioseó.
― Ahm…claro, antes de ayer fui― mentira ―hoy iré de nuevo― obligación.
― Me alegra que te preocupes por ella, sabes que necesita ayuda con todo esto y tu apoyo, fue muy dura la perdida de tu hermana― comentó.
― Fue dura para todos― mentí de nuevo, esta vez, blanqueando los ojos con fastidio.
― ¿Y cómo va la escuela?― continuó buscando conversación.
― Bien, sabes que siempre me va bien― dije con cara de fastidio.
― Que bueno…

Hubo silencio por unos segundos.

― ¿Ya me enviaste el dinero de este mes? Ya no tengo nada en el refrigerador― pregunté.
― Mmm…no, no te la he enviado, ahora mismo le pido a mi asistente que haga la transacción― contestó como descuidado.
― Ok, hablamos luego.
― ¡Espera!
― ¿Sí?
― Me preguntaba si… ¿no te gustaría que saliéramos este fin de semana? Podemos ir a un restaurante o de compras― sugirió. La voz le temblaba.
― Ahm…no sé si tenga práctica con las chicas― de nuevo mentira.
― Esta bien, entonces te llamo en estos días para que me confirmes― comentó.
― Aja…ok, espero el dinero, hablamos luego― y colgué.

Solté un pesado y aburrido suspiro. Ahora tendría que ir a visitar a mi madre al hospital para que al menos quedara informe de que estuve por ahí.

Apagué la tele y dejé el control en el sillón. Subí y me cambié. Una falda escocesa, una blusa y chaqueta negra, unas botas de caña alta del mismo color y listo.

El hospital quedaba a dos horas de mi casa a las afueras de la ciudad. No era precisamente un “hospital”, era más bien algo como una clínica de reposo.

Sí, mi madre estaba loca, sufría de algo como un estrés post-traumático por la muerte de mi hermana. Era algo molesto visitarla y yo sólo lo hacía cuando era necesario. Mis padres se divorciaron poco después de la muerte de Daphne y eso la volvió más loca todavía. Mi padre se fue con su amante a quien, por cariño, le dice “asistente” como si yo no supiera nada.

Al menos, gracias a eso, yo vivía prácticamente sola, y cada mes me enviaban dinero suficiente para subsistir por al menos seis meses.

Ya me conocían en la clínica. Yo era la única que llegaba en un BMW convertible.

― Señorita Bonnet, hace mucho que no la veía por aquí, sígame, su madre está en el jardín― me indicó la enfermera en jefe.
― Gracias― me limité a decir.

Odiaba aquel lugar. Había zonas por las que debías pasar en absoluto silencio o los “locos” se descontrolaban.

A mi madre la dejaban andar por ahí. Ella era tranquila y simplemente había perdido la noción de la realidad. Estaba encerrada en su mundo perfecto.

― Cassandra, mira quién vino a visitarte…― anunció la enfermera con cierto tono dulce.
― ¡Hija! ¿Cómo estás?― mi madre se acercó y me abrazó con fuerza.

No le correspondí. Mi estómago se quejó por la muestra de cariño.

― Hola madre, ¿Cómo estas tú?― pregunté separándola de mi usando la fuerza. La enfermera se marchó sonriéndome.
― Bien bien, este spa es magnífico, te tratan como si fueras una reina, deberías quedarte un día de estos― respondió invitándome a sentarme con ella.
― No puedo, tengo que estudiar― repliqué.
― Es una lástima, pero me parece muy bien que te preocupes por tu futuro, ¿Cómo está tu padre?― continuó acariciando mi rostro mirándome como embelesada.
― Bien, viajando, ya sabes cómo es― disimulé el fastidio por su gesto con una sonrisa.

En ese momento otra enfermera se acercó.

― Cassandra, es hora de tus medicinas― dijo entregándole una copita con tres pastas dentro.
― Oh…gracias querida― contestó mi madre llevándose la copa a la boca y luego el vaso de agua que le ofrecían.
― A ver, abre la boca― pidió la mujer.

Mi madre obedeció.

― Bien, te las tomaste todas― comentó.

Mi madre sonrió complacida.

― Renné, ¿conoces a mi hija Daphne?― inquirió antes de que la enfermera se marchara.
― No, señora, no la conozco― contestó ― mucho gusto, soy Renné― agregó extendiéndome la mano.
― Soy Danielle― dije respondiéndole el gesto.

Mi madre ni se inmutó.

― Daphne es una gran estudiante, y es la capitana de las porristas de su escuela― de nuevo me acariciaba ― ¿no te parece que soy muy afortunada de tener una hija como ella?―.
― Claro que sí― La enfermera le siguió la corriente. Si intentabas corregir el nombre se alteraba.
― Adiós…― le canté a la mujer y esta obedeció.

Cassandra se dedicó a acariciarme el cabello.

― ¿Quieres conocer mi habitación?― invitó poniéndose de pie de golpe.

No respondí, ya me estaba arrastrando hacia dicho lugar.

Si algo había hecho por mi progenitora era invertir parte del dinero que mi padre me enviaba en darle una habitación más grande y más cómoda. Al fin y el cabo, ella juraba que estaba en un spa.

― ¿Ya te había mostrado mi habitación?― preguntó mientras abría la puerta.
― No― contesté. Era mentira, pero ella estaba encerrada en un lapso de tiempo de tres meses y siempre pensaba que esta era mi segunda visita. Su reloj se devolvía al final de ese lapso de tiempo y olvidaba todo de nuevo, sólo recordaba algunas cosas para darle forma a su propia mentira.
― Oh…bueno, pues bienvenida― dijo empujándome dentro.

Era más amplia que las demás, con una cama doble más cómoda. Tenía una repisa con libros que por más que leyera siempre olvidaría y una cómoda de madera donde estaba su ropa y sus joyas.

― Ayer, mientras organizaba mi desorden, encontré un álbum de fotos tuyo― comentó sacando el libro de debajo de la cama.

Aquella situación era nueva. Bueno, al menos no repetiría lo mismo de siempre.

― Mira, tu primer disfraz de princesa, te veías tan hermosa…― señaló.

La de la foto era Daphne, no yo. Aunque éramos gemelas, se notaba la diferencia, ella siempre fue más pálida que yo.

No dije nada.

― Y mira aquí, montando a caballo donde tus abuelos― esa tampoco era yo.

Mi rabia empezaba a crecer.

― ¡Esta es mi favorita! ¿La recuerdas?― se dio cuenta de mi silencio.

Encogí los hombros.

― Esta te la tome cuando te acompañé a ese campamento cuando estabas en sexto grado, fue antes de que fueras al lago para pasear en uno de los botes― explicó.

Esa era la última foto de Daphne con vida.

Me puse de pie bruscamente e intenté distraerme jugando con algunas de las joyas que estaban sobre la cómoda.

― ¿Pasa algo hija?― preguntó desde la cama cerrando el álbum.
― No, nada, sólo quiero estar de pie, llevo mucho sentada mientras conducía hasta aquí― mentí.

Ya casi no podía controlar la rabia. Me daba asco que mi propia madre me confundiera con la estúpida de Daphne y asumiera que yo, Danielle, nunca existí. Claro, como la mugrosa esa siempre fue su preferida….
La preferida de ambos, porque mi padre también la quería mucho y terminó revolcándose con su asistente después de que la maldita se muriera.

Noté que al lado de la cabecera de la cama estaba una línea de suero lista para cualquier accidente y me imaginé ahorcando a mi madre con ella. Eso me ahorraría dinero y tiempo.

Pero me controlé. ¿Qué más daba? La mujer estaba loca, vivía en su mundo perfecto, ¿Qué ganaba con quitárselo? Nada, ella nunca lo entendería, moriría sin darse cuenta de nada. No tenia gracia matarla si no sufría.

― Debo irme― anuncié caminando hacia la puerta.
― ¿Tan rápido?― todavía no perdía la noción del tiempo la desgraciada.
― Sí, tengo práctica― excusé.
― Esta bien― bajo la cabeza con tristeza.

Desde la puerta la observé contener las lágrimas. Odiaba que su “Daphne” se fuera y me deleité con ese poco sufrimiento que podía causarle.

― Adiós madre― dije y la encerré en su habitación.

Cuidando de disimular mis movimientos ante las cámaras y ante cualquiera que pudiera verme, le puse el seguro a la puerta, de esa forma ella no podría salir por más que lo intentara. Eso la asustaría un buen rato, odiaba los encierros.

― ¿Se va tan rápido, señorita?― cuestionó la enfermera.
― Sí, tengo practica― repetí con descaro.
― Mmm…debería visitar más a menudo a su madre, su imagen la pone feliz― comentó.
― Ella piensa que soy Daphne― repliqué.
― Lo sé, pero está enferma, debe comprenderla― declaró.
― No tengo ningún deber con ella― corté.
― Es su madre…
― ESA no es mi madre, mi madre vería la diferencia entre Daphne y yo, una verdadera madre querría más a su hija viva que a la muerta― reproché al borde de gritar.

Pero de nuevo me contuve. Tomé aire, suspiré y salí de ahí.




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SuzuXrainbow
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/7/2011, 19:05

Me encantó continua!!! Esta muy bueno
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alexandra
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   12/7/2011, 19:22

Ssimplemente genial.
Me agrada demasiado que esos aires superiores y arrogantes me sigan molestando
siguela pronto si
bye
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lera_karel
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   14/7/2011, 21:18

Esta historia cada vez se pone mejor, es buenísima, me está gustando muchísimo, en serio. Por favor, continua en cuanto puedas.
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utena
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   17/7/2011, 22:58

bueno he decir que me encanto tu historia, la seguiré *-*

Gracias lerita, me ha encantado, muy buena recomendación *-*

*---* nos vemos x3

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lera_karel
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MensajeTema: Re: Friends with benefits   18/7/2011, 08:48

utena escribió:
bueno he decir que me encanto tu historia, la seguiré *-*

Gracias lerita, me ha encantado, muy buena recomendación *-*

*---* nos vemos x3

Ya la leíste? o_O guau, eso es que te engancho ayer y la leíste de un tirón ? Si es así, no me extraña, te dije que era buena la historia, me alegro de que te haya gustado ^^ A ver si Daphne nos brinda más capítulos pronto, sino yo moriré esperando :P
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