Yuri's Lyrical Secrets

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 LA ESCRITORA // POR: WONDERWALL [completo]

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Yulia
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MensajeTema: LA ESCRITORA // POR: WONDERWALL [completo]   18/3/2010, 03:12

La escritora...

Para cuando Lena dejó de escribir, leyó su relato con paciencia… desmenuzándolo, tratando de hallar algo interesante entre líneas pero sólo se estrelló con necedades que no valían la pena. La joven, luego de diez intentos fallidos, barrió su escritorio de un manotón limpiando todo sobre ella, recriminándose a palabrotas que no debería llamarse escritora. Letras viajaban por su mente sin poder ponerlas en orden, creyendo que todos los éxitos que había tenido en su corta vida de novelista no eran más que casualidades, trofeos a su inexistente soberbia que personas le reprochaban sin conocerla. Todo lo sintió insípido en medio de su apretada garganta.

Se levantó de su silla para caminar por todo su estudio. Extraviada en sus pensamientos, se preguntaba en qué momento había dejado su vida de lado por vivir la de sus personajes, cuándo le había otorgado tanta prioridad a la ficción por sobre su realidad… ¿Acaso tenía miedo de vivir? ¿Acaso era más fácil gobernar sus historias que su propio destino? ¿Era más simple jugar a la escritora? No se dio el trabajo de buscar respuesta alguna. Resopló sonoramente mirando a través de su balcón hacia el jardín y para su fastidio, notó que un carruaje llegaba a la puerta principal siendo el que la llevaría hasta la convención de escritores donde hablaría de su última creación. No se sentía con la disposición de contestar estupideces, tonterías tales como la línea cronológica de su historia, en quién se había inspirado para crear al protagonista ni describir perfiles sicológicos bajo un punto de vista autocrático, en resumen: “¡Sólo estupideces!”, bramó elevando el tono de su voz.

Para ella estaba muy claro en quién se había basado para crear al héroe en su reciente libro. Fue algo intrínseco y de igual manera inesperado. Acabó escribiendo sobre su mejor amiga. Con sus manos sobre la Pc, sus dedos bailaron sobre las teclas sin detenerse ni un segundo. La pelirroja tenía muy bien definida en su mente la imagen que quería proyectar y quién mejor que Yulia,. Se dio cuenta que aún sin verla hacía unos años, no había olvidado ni una pizca de su esencia… la seguía conociendo como a la palma de su mano. No tuvo problema en acentuar y suavizar su personalidad, adaptándola a la exquisita ficción que sólo ella sabía moldear como arcilla. No pudo evitar sonrojarse al recordar que ese protagonista se enamoraba de una joven muy parecida a ella. Un personaje al cual le había adjudicado su propia complejidad, su forma de desenvolverse en la vida y, aunque nunca le enorgullecía plasmarse en papel, necesitaba dejar salir ciertas cosas atrincheradas en su pecho a través de una boca ficticia. No había mejor disfraz, no había mejor método. Después de todo, ser escuchada en sus asuntos ya parecía ser cosa del pasado.
Nadie se había dado cuenta de ese detalle. Nadie se tomó la molestia de estudiar sus palabras con más detenimiento… estaba gritando que algo le pasaba, que amaba a Yulia Vólkova y ni siquiera ella lo sabía. Cuando sus amigos leyeron su libro, ninguno preguntó más allá de… “¿Por qué no se queda con la chica al final de la historia?” Pregunta que ella prefería no responder.

- ¿Por qué no?- quiso saber Andreis en una de sus tantas reuniones de café.
- Porque no quiero hablar de eso- le dijo bebiendo un nuevo sorbo desde su taza.
- Me parece triste- comentó su madre, mirando el libro entre sus manos- prefiero los finales felices.
- Los finales felices no son finales en verdad… sólo son la puerta abierta a otros más reales- respondió la escritora, compensando la repentina pausa con la llegada del mesero y el plato de galletas que habían ordenado…

No había mejores críticos que sus amigos, no había mejor honestidad que el desprendimiento de Andreis, la puntualidad de su madre, la simpleza de Sergey y la intelectualidad de Anne, una vieja amiga estadounidense. Pero faltaba alguien, y mientras volvía a sentarse en su escritorio despejado, sintió el golpe de la añoranza como una bofetada de viento helado. Yulia había dejado Rusia hacía ya unos cuatro años cuando se separaron de t.A.T.u. Y eso asustaba a Lena ¿Y si sus libros eran un éxito solo porque los fans de t.A.T.u los compraban? ¿Y si, en realidad era mala escribiendo pero el fantasma del dúo creado por Iván aún la perseguía? ; de Yulia conservaba el sabor de sus labios, sabor que robaba en el escenario, las caricias fugases, las miradas actuadas y letras de canciones susurradas al oído que atraían grandes masas Pero ella había creado un personaje llamado Vicente, un personaje masculino que poseía la personalidad de Yulia, un personaje moreno de ojos azules como el mar, rebelde, frío y superficial pero complejo al mismo tiempo, atrayente como un espejismo, peligroso como un huracán y una chica basada en ella misma, llamada Alejandra… “Qué patética soy, Dios mío”, se dijo llevando sus manos al rostro…

Estaba tan enojada con Yulia, consigo misma, porque no entendía. Se sentía mareada y confundida, ellas eran t.A.T.u, un dúo ruso, pero por alguna extraña razón Lena comenzó a escribir, al principio, poemas cortos, luego canciones, y finalmente historias de amor, que almacenaba en su Pc. Ella escribía en el sofá de la lujosa habitación de hotel que compartían mientras la veía dormir y se dio cuenta que por alguna razón, los labios de su amiga se habían convertido en su musa inspiradora a la hora de escribir sobre un beso. Y cuando la separación del grupo se volvió inminente, tuvo ganas de llorar, de pedirle un nuevo proyecto, de gritarle que no podía vislumbrar un futuro sin ella porque Lena lo único que conocía era los escenarios de todo el mundo, las cámaras de TV, los gritos de sus fans rogando por un autógrafo, y los besos de Yulia sobre el escenario. Podía ser diestra con las palabras escritas pero un verdadero desastre cuando debía pronunciarlas… no entendía muy bien por qué le sucedía, era como si al oírse se embargara de vergüenza al exponer un trozo de sentimiento a oídos ajenos. Ridículo si se toma en cuenta que varias veces volcaba de sí misma en extensas páginas de sus libros.

Esa separación tan abrupta dejó un gusto terrible en su boca. Después de eso, se encerró por horas en su estudio a escribir sin planearlo. Fue entonces donde nacieron esos personajes y su maravilloso amor en tiempos de batalla y tensión. Una romántica historia de dos mejores amigos. Su tristeza se fue aplacando mientras escribía los capítulos, mientras formaba una realidad paralela, mientras acariciaba el recuerdo de Yulia usando las manos de Alejandra bajo sábanas imaginarias. Recorría a Yulia con deleite cada vez que describía el sexo en su novela. No podía evitar sentir la sangre hirviendo en sus venas. Cada vez que narraba detalles de los movimientos, de las caricias, de los íntimos susurros y de los orgasmos apabullantes, detenía su escritura creyendo que el corazón le estallaría en el pecho. Hubo momentos en que se recriminó su desfachatada libertad de inventar esas escenas pensando en su amiga, cumpliendo sus más indecorosas fantasías utilizando sus dimensiones, su perfume, el timbre de su voz. Otra vez, recordó la pregunta que la perseguía…

- ¿Por qué no se queda con la chica al final de la historia?- le dijo un lector con ceño compungido. Lena suspiró profundo.
- Júzgalo tú mismo- contestó simplemente. El aludido mostró una mirada insatisfecha.
- Triste final.
- Real- corrigió la castaña notando que su secreto anhelo era cambiarlo, que su historia con Yulia hubiese sido diferente para haber escrito una novela más feliz como a muchos les gustaba.

Armándose de paciencia para oír esa pregunta nuevamente en la convención de escritores, vistió el mejor abrigo que tenía, rodeó su cuello con una gruesa bufanda y adoptó el más convincente aire profesional que pudo. Bajó para abordar el carruaje siendo ese traslado una buena idea de su editor. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un trayecto al sonido de los cascos sobre el asfalto, del encanto del camino desplegado frente a ella con majestuosidad… gracias a ello, dejó su mente divagar sin límites.

Recordó cada momento con Yulia y la maldijo, era su fantasma, su **** fantasma entrelíneas. ¿Y si de casualidad Yulia leía su libro y lo reconocía?, sacudió la cabeza mientras reía tristemente, Yulia no era de esas… prefería la TV y en todo caso en su historia ella hablaba de Vicente, no de Vólkova.

**************************************************************************************************************
Yulia caminaba por las calles de Moscú, acababa de volver de Londres de la mano de quien era su novia por casi un año. Era la primera vez que mantenía una relación con alguien durante ese tiempo y podía decirse que estaba feliz… o por lo menos eso creía ella. La había conocido poco después de haber arribado en Londres y fue su cable a tierra en aquel país tan distinto al suyo. Por otro lado, en uno de sus bolsos de viaje, guardaba las escasas cartas que intercambiaba con sus amigos siendo esas páginas su gran consuelo a la ingrata soledad que atacaba cuando miraba el cielo sobre su cabeza. Sin embargo, cada vez que pensaba en Lena, su sangre se volvía vinagre. Sabía que seguía furiosa con ella por haberse marchado sin más y eso le pesaba sobre la espalda como un saco con piedras.

Luego de esos cuatro años de distancia, la amistad estaba en receso pero no terminada.

Esa tarde, mientras paseaba por la extensa admiranda de la belleza de la arquitectura y la gente, su novia se detuvo frente a la vitrina de una librería del lugar. La ex cantante, totalmente ausente por estar pensando otros asuntos, fue sorprendida al ver el nombre de su mejor amiga en un nuevo libro. No sabía que había publicado uno más y la típica sensación de ya no ser la primera en enterarse de todo en la vida de la pelirroja, le fastidió. Entraron a la tienda con paso resuelto. Su novia se encerró en las novelas de misterio al tiempo que ella cogía el escrito de Lena entre sus manos mirando la portada con añoranza. Acarició el nombre de ella con el pulgar, impreso en finas letras plateadas y no dudó un segundo en comprarlo para leerlo en cuanto llegase a casa…


“Vicente se maravillaba con la suavidad de ese cabello ondulado. El inexplicable aroma de su sudor le resultaba simplemente exquisito y gobernaba sus pulmones aspirándolo a cabalidad. La sentó sobre él sintiendo el delicado gemido que liberó Alejandra desde sus labios entreabiertos. Parecía irreal tenerla entre sus brazos, como si estuviese soñando pero con la ventaja del tacto sobre su piel caliente. Se refugió en sus senos tersos logrando que ella dijese incoherencias en cada lamida. Se estremeció brutalmente al oírla. La penetraba con mayor profundidad atrayéndola por las caderas, apretaba sus carnes firmes al sentir la caricia del placer por toda su columna vertebral. Sus miradas se encontraron entre la locura del sexo siendo motivo para la muchacha, quien ahogaba sus exclamaciones mordiendo sus labios, de perderse en ese océano azul que la azotó de pasión contenida por tantos años, pasión enfrascada en una amistad poderosa y a la vez tan ambigua.
- Huye conmigo- dijo Vicente entre suspiros.
- ¿Adónde?
- Al fin del mundo… te amo- Alejandra enloquecida de éxtasis, lo miró con temor antes de responder.
- Y yo a ti- aquellas palabras, detonaron una sacudida de placer que los hizo gemir al unísono…”


- ¿Qué lees?- le preguntó su novia recostada a su lado en la cama. Yulia se sobresaltó al escucharla, comprendiendo que estaba completamente excitada. Cerró el libro de golpe perdiendo la página.
- Una novela que compré hoy- dijo otorgando indiferencia a su entonación.

Tenía la sangre alborotada, no podía creer que su mejor amiga lograse despertar en ella un calor desconocido. Sabía que escribía de las mil maravillas, no era la primera obra que leía de su autoría, sin contar las veces que había husmeado su Pc, pero… estaba absorta ante el hecho que se identificaba con el personaje al extremo de no poder dejar de pensar en Alejandra como Lena y sentir el deseo de tenerla allí mismo, en esa cama, esa noche, y recorrerla pacientemente por cada rincón de su cuerpo. Cerró los ojos besando a su novia de manera necesitada. Con el recuerdo vivo de ese capítulo, la recostó sobre el colchón intentando visualizar en ella a la pelirroja, sus curvas, sus jadeos, y reparó que todo lo hallaba mucho más emocionante. Esa noche, hizo el amor con los ojos apretados engañando a su novia mentalmente.

Al otro día, se sentía un poco avergonzada con lo sucedido. Se sentía mal al violar el recuerdo de su mejor amiga… tal vez Vicente y Alejandra no estaban inspirados en ellas, tal vez esos personajes eran ficticios solamente y ella desvariaba por la sencilla razón de extrañarla mucho. No obstante, no pudo soltar la novela hasta que la acabó, cerrándola acongojada. No tenía un final de cuentos de hadas y eso la entristeció. Quiso reescribir el final, se puso en el lugar del protagonista sin quererlo y comprendió que poseían la misma personalidad, aunque claro, Vicente era un personaje masculino pero quizás Lena solo lo había creado así para despistar. Cayó en un pozo de dudas, cuestionándose línea a línea lo que la escritora intentaba decir con ellas. Cerró sus ojos un momento, visualizó aquella candente escena y no pudo más que sonreír satisfecha. No había mayor perfección o sentido que verse con su mejor amiga retozando, fatigadas de amor y deseo. Se convenció que la pelirroja estaba utilizándolas como lienzo para sus trazas de pintura. Esa conclusión fue un increíble despertar.


***************************************************************************************************************

La cantidad de personas en la sala la agobió de inmediato. No quería estar sentada en una mesa con decenas de críticos, reporteros y lectores alzando sus manos para que ella les cediera la palabra y oír sus impresiones. Explicar una historia que nació gracias a un súbito destello, era tan imposible como explicar la emoción o el sueño de un ciego. ¿Por qué volver pragmático un punto ilusorio? ¿Por qué definir fronteras en un amor el cual ruega no tenerlas? De pronto, sintió lastima de ella misma. Sentada allí, rodeada de personas que quizás no desentrañan significados, sino que sólo quieren se les sean entregados en bandejas en plata. Servidos y listos. Ésa no era su idea de una buena lectura. Sintió lastima al tener que hartar sus ansias por medio de su fértil imaginación, buscando virtudes como una hambrienta, diciendo cosas escondida detrás de otra personalidad, amando a alguien por medio de un personaje… la única forma de poder tocar a Yulia sin tenerla.

Cuando los lectores hicieron una larga fila para que ella les firmara la primera hoja, lo hizo con cierta desazón y falsas atenciones. Ella sólo sonreía detestando cada vez más la portada de su novela. Sin embargo, justo en el minuto en que creyó que olvidaría su autógrafo después de tanto repetirlo, alguien depositó frente a ella su libro y dijo un nombre que la sacó de la monotonía con balde de agua fría.

- ¿A quién se lo dedico?- preguntó sin mirarlo.
- A Yulia Vólkova- la joven dejó la pluma suspendida en el aire con la mano temblorosa. Alzó sus preciosos ojos verdes y sin creerlo, su mejor amiga estaba del otro lado de la mesa, mezclada también entre la muchedumbre con su libro esperando ser autografiado. Ella no supo qué decir. Con la boca seca y la vista desorbitada, se puso de pie sin poder siquiera sonreír ante la hermosa sorpresa de tenerla enfrente. Se quedaron mirando por un largo rato antes de poder agregar algo más a tan corto diálogo.
- ¿Qué…?
- No podía perderme el privilegio de obtener la firma de la famosa Lena Kátina- le interrumpió provocando que la muchacha sintiera sus mejillas arder. Los integrantes de la fila de lectores ya perdían la paciencia por la tardanza y ella se hizo a un lado para continuar firmando. Yulia no se movió un centímetro- En tu historia… ¿Vicente… soy yo?- la aludida no quiso ni mirarla.
- Vicente es un personaje ficticio- mintió a la defensiva.
- ¿Basado en mí?- las personas cercanas a la charla, se quedaron expectantes ante lo que estaban escuchando. La pelirroja se inquietó tanto, que soltó el bolígrafo, rodeó la extensa mesa y abandonó la sala entre cuchicheos de la gente y seguida de cerca por la chica de ojos azules.

Cerró la puerta de la tienda de un portazo mientras los paparazzis la seguían de cerca y los periodistas desquiciados tomaban nota de todo lo que sucedía, habría echado a correr sino hubiese sido porque Yulia la cogió de la muñeca y la subió a su auto. Y la llevó hasta su departamento, donde esperaba que su novia no se encontrara, después de todo había terminado con ella esa misma mañana. Lena evitaba mirarla a la cara, se sentía descubierta, como una niñita ingenua a la que le habían leído su diario de vida, que había fantaseado con el hecho de que el héroe se enamoraba de ella y no pudo más que bajar la mirada totalmente vulnerable. Había descubierto que amaba a su mejor amiga en el momento en que lo plasmó y la disfrazó en aquellas hojas.

- Yo soy el protagonista ¿verdad?- habló con seguridad- Y tú eres Alejandra…- Susurró mientras ingresaban al apartamento. Lena negó con la cabeza sabiendo que era inútil, ella lo había descifrado y no tenía salida.
- ¡Ya te dije que son personajes ficticios!- porfió una vez más

Habían pasado cuatro años, cuatro años que la chica sintió como cuatro largas décadas, pero reparó que al verla de nuevo esa sensación cambió a que sólo fueron cuatro segundos. Seguía igual, despeinada, esbelta, y se perdió en el azul de su mirada ansiosa. ¿Cómo pudieron quinientas páginas deshilvanar en su interior un amor que latía quinientas veces más rápido? Tenía miedo de que el efecto de esas letras, desencadenara en Yulia una reacción contraria. No quería averiguarlo, aún estaba enfadada por haberse ido lejos de ella por tanto tiempo. Tras un movimiento rápido, Lena le quitó el libro y con un bolígrafo que buscó en su cartera, firmó la primera hoja con determinación. Lo cerró para después devolvérselo, endurecida como roca.

- Allí tienes… para eso volviste, ¿no? Ya está.
- Me encantó tu novela- dijo recibiendo el texto de vuelta y creyó que sus rodillas no soportarían su peso después de esa revelación.
- Gracias- fue lo único que pudo decir- Si eso es todo…- tomó el pómulo de la puerta indicando que se iría por donde había entrado. Yulia volvió a cerrarla despacio mirándola de cerca.
- ¿Por qué no me dijiste nada?
- No hay nada qué decir. Digo… eso ya no importa.
- Importa. Importa porque yo también siento eso, Lena. Siempre lo he sentido, por eso me fui, porque no soportaba tenerte solo en el escenario quería mucho más que una actuación sin sentido… - sentenció mirando la portada de la novela en su mano. La joven movió los labios pero no logró decir nada- Sólo tengo una pregunta…- el ambiente se llenó de expectativa gracias al previo silencio- ¿Por qué no se queda con la chica al final de la historia?
-¿Desde cuándo te preocupa lo que piense sobre ello? Si quieres que escriba sobre abrazos, besos y “vivieron felices por siempre”… deberías sentarte con los reporteros y críticos para tratar de hundir mi novela con preguntas insoportables. La respuesta sigue siendo: No se queda con la chica porque no resultaría.
- Eso no lo sabes- le rebatió Yulia y sin aguantar ni un segundo más, se acercó a ella decididamente, la atrajo por el cuello y encerró su boca en un beso fulminante que casi la derriba.

La escritora, con cierta torpeza, se propuso alejarla pero se desobedeció completamente. Lo rodeó con sus brazos en un movimiento instintivo apostando su vida a que no lo soltaría por nada del mundo. Yulia la desvistió por capítulos, por escenas, por diálogos que recordaba y repetía en cada beso depositado en esa piel estremecida. Cayeron enredadas en el sofá mientras que Lena la ayudaba a invadirla sin prisa. Quería sentirla a dentro y no pudo encontrar adjetivos ni reglas gramaticales que pudiesen describirla. Era sencillamente perfecta, el roce adecuado y el ritmo constante que logró arrancarle roncos gemidos. De pronto, Yulia la sentó sobre ella, permitiendo que ella la rodeara con sus piernas, como sus personajes lo hicieron en una de sus escenas escritas.

- Huye conmigo- citó Yulia
- ¿Adónde?
- Al fin del mundo… te amo- Lena quiso seguir el texto pero la mirada del su amiga y amante la hizo sentir desconcertada. Ella lo repitió con mayor firmeza- Te amo.
- ¿Continuas recitando?- Yulia negó con la cabeza e insistió.
- Te amo, Lena- ella sonrió sin poder creerlo.
- También yo a ti, Yul- Quedaron abrazadas por largo rato, como si pensaran las palabras que dirían después o ensayaran las expresiones en sus rostros luego de tan íntimo momento. Se recostaron y la joven la rodeó por la cintura cogiendo el libro tirado en la alfombra. Lo elevó a la altura de sus ojos admirando el diseño de la portada en silencio.

- ¿Crees que pueda quedarse con la chica al final de la historia? .
- Tendremos que escribirlo otra vez- contestó, encerrándola entre sus brazos…

Fin.
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darsteffi
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MensajeTema: Re: LA ESCRITORA // POR: WONDERWALL [completo]   19/3/2010, 11:34

O.o!! deeeoss me encantooo!!
definitivamente wonderwall escribe genial!!!!
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http://www.metroflog.com/darnis_1
 
LA ESCRITORA // POR: WONDERWALL [completo]
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