Yuri's Lyrical Secrets

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 Grandes Esperanzas // por: K Nacha

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MensajeTema: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   7/2/2010, 00:35

antes que nada aclaro este fic en de K Nacha, yo lounico que ago es compartirlo, con la seguridad de que lo disfrutaran igual que yop... les pongo el primer capitulo y bueno si es de su agrado se los sigo pasando..espero sus comentarios y suerte

Grandes Esperanzas // por: K Nacha El libro de Charles Dickens fue el que me incito a ver la película del mismo nombre. Me gusto tanto que sentí la necesidad de escribir algo basándome en ella, y he aquí el resultado...

Grandes Esperanzas

Capítulo 1: Sehnsucht

Sólo te romperá el corazón. Es un hecho. Y aunque te prevenga, aunque te garantice que ella sólo te lastimará, horriblemente, tú la perseguirás... ¿No es maravilloso el amor?

Como mi nombre completo es Yulia Olegovna Volkova, al querer pronunciarlo entero, mi lengua, en aquellos tiempos infantil, no era capaz de pronunciar algo mas que Yul. Por ello, yo misma me llamaba Yul y con Yul, seguí adelante.

Tal nombre, fue responsabilidad de mis queridos padres, Oleg Volkov y Larissa Volkova, cuyo nombre yacía esculpido en aquella fría lapida en medio del desierto cementerio, junto a otra lapida, en la cual reposaba el nombre de mi fallecido hermano, Viktor. Mi madre era alta, blanca, de cabello fino y rebelde, como el mío. Las fotos me decían poco, pero la manera en la que su nombre estaba esculpido me hizo creer que era dulce, comprensiva. A su lapida, una mas pequeña se mantenía erguida, por lo que puedo decir que mi hermano era valiente, decidido, derecho y orgulloso. Mas eso le costo el estar durmiendo en esa fría caja de madera.

Éramos propios de un país frió, situados en un pueblucho de pocos recursos, lejos del centro tecnológico y sobre poblado que había soñado. Mas era primavera y el clima era soportable con una chaqueta holgada.

Mi pasión era perderme en ese bosque de altos robles, que me refugiaban de la furia de mi padre cada vez que escapaba de mi hogar, pasando la noche afuera. Lo que no me agradaba de ese lugar, eran los arbustos con espinas y las ortigas. Se encontraba más allá del oscuro cementerio. En cuanto divisaba algún animal pequeño, sacaba mi cuaderno lleno de hojas blancas e impecables listas para recibir la mina de mi lápiz, copiando la anatomía de la criatura. A veces tomaba la vieja y pequeña lancha de mi tío para zarpar a la orilla vecina y, al bajar, copiar los pequeños peces, sentir el agua salada acariciar mis pies, el calor del día, la sensación de sentirse aun niña. El amarillo del sol, el naranja del ocaso, el blanco de las gaviotas, pero el color que se aloja en el recuerdo, depende del día.

Mas entrada la noche, cuando Oleg Volkov dejaba la cabaña para salir a gritar ‘vuelve Viktor Volkov, vuelve maldición!’ y nunca sabias si se refería a mi hermano o a mi abuelo, ambos, obviamente, fallecidos. Era en ese momento, cuando mi cuerpo estaba hecho un manojo de temblores y nervios.

No, no voy a contar la historia al pie de la letra, la contare tal y como yo la recuerdo…

-Quédate quieta!- grito una horrorosa voz, en el momento en que un hombre salía de entre los arbustos, que yo odiaba, lleno de espinas cercano a la orilla –O te corto el cuello!-

Era un hombre terrible, enfundado en un traje de preso, arrastrando un fierro enorme en la pierna que mantenía unidos los grilletes en sus pies. Calzaba zapatos rotos, cubiertos de lodo, cojeando por las heridas producidas por los numerosos pinchazos de las ortigas. Mantenía una mirada fría e irritada, gruñía y sus dientes se chocaban al hablar, mientras me tomaba de mis ropas. Del susto mi cuaderno y lápices habían caído.

-Como te llamas?- pregunto el hombre, parecía enfermo –Susurra!-

-Yul, señor- susurre lo mejor que mis temblores me permitían.

-Repítelo! Vamos!-

-Yul. Yul, señor-

-Ahora indícame donde vives- Le indique la dirección de nuestro pueblo, en la llanura que costeaba el río, entre los robles, altos e imponentes, lejos del cementerio –Bien si le dices algo a tus padres…-

-Están muertos- lo interrumpí, porque mi padre, para mi, casi estaba muerto.

Aquel señor, luego de un rato, me vació los bolsillos donde no había nada más que un trozo de pan. Pronto me vi acorralada contra uno de los árboles, mientras el masticaba, como muerto de hambre, ese trozo de duro pan.

-Ah… Bien, escúchame, ahora se donde vives… Vas a traer una sierra y comida. Si no lo haces, te buscare y te arrancare el corazón y el hígado- me advirtió, con esa mirada llena de maldad –Vamos! Vete!-

Pronto, el hombre se volvió a esconder, lastimándose los pies, entre la espesura del arbusto. Hice uso de mis piernas para correr lo más rápido posible hasta mi hogar, donde seguramente me esperaba mi tío, Yuri Volkov. Mi tío tenía diez años más que papá, pero mi padre había ganado gran reputación por haberme criado ‘a mano’. Yo sola tuve que averiguar el significado de aquello, por otra parte lo lamentaba, el tenia la mano pesada y dura. Tal costumbre tenia de dejarla caer sobre mi o sobre mi tío, por eso supuse que Yuri y yo, estábamos criados ‘a mano’.

El bueno de mi tío era un hombre suave, bondadoso, simpático, muy buena persona y algo atolondrado. Mucha era su fuerza, pero quería tanto a papá que nunca le devolvía los golpes. Los dos de cabello rubio, con la diferencia de que mi tío tenía ojos de un azul profundo y Oleg, los tenía azules claros. Eran altos, Yuri siempre llevaba guantes y un delantal, antes blanco, hoy un extraño gris azulado. Oleg solo llevaba una botella de vodka o cualquier cosa que llevase alcohol en sus manos, rara vez llevaba su bastón, pero cuando lo hacia, mi pobre espalda lo recibía bruscamente.

La madera con la que aquel bastón estaba fabricado, era la misma con la que nuestra cabaña estaba construida. Cuando volvía a casa, del cementerio o del bosque, Yuri estaba solo en la cocina, esperando a que cruzara esa puerta y, al yo entrar corriendo, me tomó de la cintura y me levantó hasta el techo, divertido. Como éramos compañeros en cuanto a confidencias y sufrimiento, me previno al momento en que me dejo en el suelo.

-Yul, Oleg ha salido una docena de veces a buscarte... O a tu hermano... O al que sea-

-Esta afuera?-

-Si, se ha llevado el bastón- Al oír aquel detalle desagradable, me estremecí completamente –Y se emborracho, otra vez-

-Hace mucho que salio, Yuri?-

-Bueno… Hace no más de veinte minutos, Yul, pero pronto volverá y será mejor que te escondas detrás de la puerta-

Lo obedecí, pero quedaban tan pocos escondites en esa casa y papá los conocía casi todos.

-Mocosa! Te he dicho que no vayas a perder el tiempo a ese lugar! Yo rompiéndome la espalda en el trabajo, sabes quien te crió!?-

-Tu- respondí –y Yuri-

-Y por que diablos lo hicimos?!- se quejo, lanzando la botella lejos.

Cuando papá se recostó, agotado, en el sofá, Yuri comenzó a repartir rebanadas de pan. Luego, como si fuera un especialista, empezó a untarles mantequilla, arreglándola y moldeándola junto a la corteza. Dejo una mitad frente a mi, otra sobre el pecho de mi casi dormido padre y pronto se metió una rebanada a la boca. Resolví, con culpa, esconder el resto del pan entre mis ropas. Pensar en que debía llevarle comida y una sierra a aquel hombre del bosque, era horroroso. Mi tío se preocupo al ver que no había tocado mi rebanada, pero espere al momento en el que se hubiera distraído para guardarlo en uno de los bolsillos de mi gastado pantalón.

Estaba llena de miedo hacia aquel hombre extraño que seguramente esperaba al momento de sacarme el corazón y el hígado para después, probablemente, devorar ambos. Ya a altas horas de la noche, tuve que hacer uso de mi pequeño cuerpo y tratar de no provocar ningún ruido que pudiera levantar a mi padre o a Yuri. Habiendo tomado una botella de vodka de la despensa, un saco lleno de alimentos y un enorme trozo de pastel del refrigerador, gire la llave que mantenía la puerta cerrada y, perdiéndome en la niebla, avance hasta el garaje donde mi tío guardaba sus herramientas. Tome la sierra y me dirigí rápidamente al bosque, para luego subirme a la lancha e ir donde el fugitivo me esperaba.

-Que traes en la botella?- pregunto, curioso.

-Vodka- respondí. Me miro, arrebatando de mis manos el licor. No dejaba de roer aquel hueso, antes cubierto de carne. Masticaba el pastel y no dejaba de tragar el pan dolorosamente. Dejo de utilizar los dientes para poder llevarse la boca de la botella a los labios, pero estaba tan débil que tuve que sostenérsela. Deje que continuara y me metí los dedos a la boca, costumbre que me había pegado Yuri.

-Te muerdes las uñas?- pregunto, mas retándome que otra cosa –Que mala costumbre. Uno sabe como es la gente si ves sus manos, deberías cuidarlas-

-Creo que tienes fiebre- susurre luego de un rato.

-Me da igual, niña. Este sitio es malo, lo se, pero lo prefiero así. Me alimentare. Lo haré hasta que tengan la horca lista para mí. Soy un fugitivo y por lo tanto no tardaran en encontrarme. Créeme, los temblores son los que menos me preocupan-

Dejaba el pan a un lado para concentrarse en el queso, dejando el hueso pelado y la botella había quedado olvidada. Su estomago, pronto quedo satisfecho, sintiéndome tontamente contenta.

-Me alegro de que te haya gustado-

-Gracias, niña, me gusto- decía secamente, limpiándose la boca con la manga –Ahora dame la sierra-

Vi como apoyaba su pierna ensangrentada sobre el césped y, bruscamente, comenzó a serruchar aquel fierro que la mantenía atrapada. Trataba su extremidad como si careciera de sensibilidad, hasta que se soltó de los grilletes. Sus pies estaban tan lastimados, vertió el contenido del licor sobre las heridas para curarlas. Me asuste bastante, diciéndole que debía volver, pero el me obligo a subir a la lancha de mi tío.

-E—espere, a donde vamos?- pregunte aterrada –Que… Que haré si mi tío descubre que la lancha no esta?-

-Vamos a América- respondió –Cállate y sube-

Estuvimos viajando varias horas sobre el barco, la noche se iba despidiendo y el alba se acercaba. El fugitivo estaba durmiendo, hasta que el sonido de un barco vecino lo despertó. Eran los guardacostas.

-Detente!- me ordeno eufórico, mientras lo obedecía extrañada. Se lanzó al agua, haciéndome la señal de silencio. Se alejo nadando hasta una gran bolla y esa, fue la ultima vez que lo vi. Los guardacostas me preguntaron si sabia algo de un fugitivo que se había escapado y yo, inocentemente, respondí que no. Me hicieron el favor de acercarme a la orilla, pero antes, lance un salvavidas al agua...
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   8/2/2010, 14:56

Capítulo2: Spiel mit mir

Estaba convencida de que al llegar a casa, algún agente de policía estaría esperándome para interrogarme. Todas las noches, luego de que me tope con el fugitivo, estuvieron pobladas de sonidos como cañonazos y sirenas de policías. Pero no, Yuri estaba durmiendo y papá había salido, otra vez. Ambos ocupados como para darse cuenta de que aquella ya era la madrugada del 20 de febrero…

-Donde diablos te habías metido?- murmuraba Oleg a mis espaldas, entrando a la casa.

-Estuve dibujando en el bosque… Luego fui a ver a unos amigos. Dijeron que tenían una sorpresa para mí-.

-Hmm…- no parecía estar sobrio, salir a las dos de la mañana para ver a unos amigos? –Podría haberte acompañado. Tal vez si no tuviera un hermano que mantener!-

Mi tío, para el desayuno, coloco frente a mí una gran jarra de leche tibia, un plato de porcelana cubierto por varios hot cakes con caramelo, una rebanada del pan que solía hacer y un enorme pastel de chocolate al cual le faltaba un pedazo. Mis ojos brillaron, tenían un buen trabajo al parecer, nunca había visto tanta comida junta. Estábamos en años de crisis, habían prohibido las redes de arrastre en la pesca y Yuri nos mantenía con lo que ganaba en la herrería, éramos pobres. Siguió untando prolijamente la mantequilla en el pan, mientras se servia café.

-Oleg salio- me informo –pero seguramente te desea un Feliz Cumpleaños, como yo te lo deseo ahora-

-Gracias Yuri!- sonreí, ignorando la falta de Oleg Volkov –Al parecer tienen mucho trabajo-

-Algo así. Estuve haciendo algunos trabajos para la señora Elizaveta Petrova- suspiro, cansado. Yo sentí gran curiosidad, decían que aquella mujer había enloquecido –Nos paga bien, es mas, llamo esta mañana, te ha invitado a que vayas a jugar a su casa, con su sobrina. Podrías aprender algo. Enseñaba arte-

Escuche que Elizaveta Petrova era una de las más ricas de toda Rusia. Enseñaba arte, es cierto, también estaba loca. Es cierto. La gran mansión de la anciana estaba muy descuidada, demasiado. No entendía para qué le pedía a Yuri que trabajase en el enorme portón, si lo dejaría descuidado una vez mas? Era tétrica, sarcástica, extraña. Al enterarse de mi visita a la señora Petrova, papá hundió mi cabeza varias veces en el agua fría, quejándose ‘ah! Mira tu ropa! Es un asco… Mira tu rostro! Esta todo manchado! Debes estar presentable, es una mujer rica!’ Oleg siempre tuvo la mala costumbre de enfundarme en ropa de varón. Supongo que era por el gran parecido que tenia con Viktor, mi hermano.

-Pórtate bien!- me ordenaba papá

-Segura que quieres hacer esto?- decía Yuri preocupado, mientras papá lo retaba…

Tuvimos que salir casi corriendo, la hora acordada se acercaba sin piedad. Mi tío apretó el acelerador de la vieja camioneta y, de milagro, llegamos completos. No le gustaba ser impuntual. Pasamos el gran portón que esperaba ser reparado por Yuri.

-Puedo echar un vistazo?- pregunte emocionada, era muy curiosa.

-No, podrías perderte-

Nos acercamos a la enorme puerta de roble y picaporte de un oro brillante. Golpeteo con los nudillos dos veces, hasta que la puerta se entreabrió.

-Quien es?-

-Yuri Volkov- respondió mi tío.

-Muy bien. Este es Yul?- pregunto la señorita, luego de abrir la puerta.

-Eh… Si, si- respondió Yuri, creyendo que era de mala educación corregirla –Entra Yul-

No hice caso, sintiéndome tímida ante la confusión. Era vergonzoso que te llamaran niño. Yuri suspiro, mientras se disponía a entrar para hacerme compañía.

-No, no. Desea usted ver a la señora Petrova?-

-Solo si ella desea verme- respondió él

-Bien, el caso es que ella no lo desea. Solo repare el portón- lo corto, orgullosamente, tirando de mi brazo para que entrara y, luego de cerrar la puerta en la cara de Yuri, siguió arrastrándome.

Llevaba la cabeza gacha, estaba un poco asustada. La señorita me parecía un poco brusca, pero a la vez delicada, no apretaba mi extremidad, pero la sostenía con firmeza. Cruzamos un largo campo de girasoles, margaritas, entre otras clases de flores. Antes de llegar, pasamos también por una fábrica de cerveza, cuya entrada se conectaba con la mansión de la señora Petrova. Más todo se veía descuidado y deshabitado.

-Muchacho, mantén la mirada al frente, estas tropezando y no me agradaría tener a un muchacho llorando por un raspón-

Me llamaba muchacho, siendo muchacha, pero lo hacia con tanta frecuencia y con tono lejos de resultar retador, era sino mas dulce, tierno. Pude saber que era de mi misma edad y sin embargo hablaba como si más edad tuviese. Me arme de valor, y, sabiendo que era un error, le dirigí una rápida mirada, pero esa se convirtió en una de total asombro.

Oh Dios, tendrían que haberla visto, era hermosa! No me importo que fuese una chica, era simplemente bella. Sus cabellos de fuego jugueteando en sus hombros con cada paso que daba, sus ojos de un verde salvaje que me ignoraban y esas pecas que le daban un toque de inocencia. Embobada como estaba me deje llevar, hasta que llegamos a una habitación que parecía menos descuidada que las demás.

-Entra- me ordeno

-Después de usted, señorita- dije, más por timidez que por respeto.

-No seas ridículo, muchacho, yo no voy a entrar-

Así de humillada entre, mientras la señorita se volvía sobre sus pasos. La habitación estaba muy bien iluminada por velas de cera. Había muchos objetos y muebles de los que ignoraba el uso. En el centro de la habitación, bailaba una mujer de edad avanzada, Elizaveta Petrova. Vestía un traje de encaje y de seda. Todo blanco, al igual que sus zapatos ahora grises. En su cuello, en sus orejas, en sus muñecas y en sus dedos brillaban joyas.

-Bésame… Bésame mucho- cantaba al compás de la música. Se acerco a mí mientras tomaba una de mis manos y bailaba conmigo –Como si fuera esta noche… La última vez… Hola, querida, como te llamas?-

-Mi nombre es Yul. Yuri Volkov me ha traído. He venido a… jugar- Ignorando mi comentario, coloco una de sus manos sobre su pecho.

–Sabes lo que estoy tocando?-

-Su corazón-

-Destrozado!- decía con una sonrisa, totalmente falsa –Estoy enferma sabes? Y a veces tengo caprichos de enferma. Y ahora tengo el de desear que alguien juegue. Juega, baila, lo que sea, viniste para entretenerme!-

No supe que hacer, podría haberme pedido cualquier otra cosa, pero jugar? Me quede mirando a la señora Elizaveta sin saber que hacer, temiendo que llamase a mi padre para que me buscara y apaleara.

-Acaso eres sorda?-

-N—no. Lo siento, pero ahora no puedo jugar. Este lugar es nuevo para mí-

-Ah querida, tan nuevo para ti, tan viejo para mi- suspiro, molesta –Llama a Elena, eso bien puedes hacerlo, llámala-

Me asome a la oscuridad de la casa, llamando a la burlona y joven Lena, que tal vez ni me respondería. Pero para mi sorpresa me respondió, dejándose ver luego en el cuarto. La mujer la llamo, mientras le mostraba una enorme joya.

-Algún día será tuya, querida- decía –Y la emplearas bien. Pero ahora, hazme el favor de jugar con Yul-

-Con este muchacho?! Pero si es un pobretón!-

-Bien- suspiro la señora Elizaveta, sin corregirla a pesar de yo era una Chica –Diviértete destrozándole el corazón-

-A que sabes jugar muchacho?- pregunto, algo cortante la niña.

-Eh bueno… Y—yo… Se… Se dibujar…-

-Este muchacho es tan ordinario! No sabe jugar a nada. Y mira sus manos, tiene manos de herrero- se quejaba Lena –Y su ropa es igual de ordinaria!-

Nunca, hasta ese momento, se me había ocurrido pensar que mis ropas y mucho menos que mis manos eran ordinarias. Me sentí bastante humillada, más que nunca, más incluso que cuando papá me regalaba golpes con su bastón. Pronto me califico de torpe y tímida.

-Yul, puedes dibujar a Elena?-

-Eh bueno…-

Elizaveta tomo una enorme porción del papel que recubría la habitación y la extendió frente a mí, en una pequeña mesa. Lena me facilito un lápiz y acto seguido se sentó en un enorme sillón cercano a mí. Al principio se negó absolutamente, pero Elizaveta le obligo a que se quedara. La observaba un momento y volvía al retrato…

-Es preciosa, verdad...? Pero no dices nada de ella- exclamo Elizaveta Petrova, dirigiéndose a mi –Ella te ha dicho cosas desagradables y sin embargo no le has respondido ¿Qué piensas de ella?-

-N—no quiero decirlo- tartamudee

-Bueno, dime al oído- me ordeno, inclinando la cabeza

-Me parece que es muy orgullosa e insultante- murmure

-Solo eso?-

-…Y bonita- respondí

-Ya te has enamorado, cierto? Oh querida, pero si ella solo te romperá el corazón. Pero por mas que te advierta… Tú la perseguirás. Ella te hará mucho daño-

-Creo que debo irme a casa ya- suspire ignorando lo que decía

-Tan pronto? Pero si a penas terminas el dibujo… Bueno- suspiro resignada -Pero volverás pronto. Ahora deja que Elena te lleve a la salida-

La joven no hizo más que levantarse del sillón, fastidiada. Otra vez había enroscado su brazo en el mió y el silencio se me estaba haciendo insoportable. Soltó mi extremidad momentáneamente para acomodar su cabello travieso con las dos manos, dejando aquel fino cuello blanco libre por un momento. Su vestido era de un suave celeste, que llegaba un poco mas debajo de sus rodillas, resaltando sus ojos verdes. Volvió la vista hacia atrás y, dejando escapar una sonrisa picara me empujo suavemente.

-Las traes!- grito alegremente, dejando atrás todo dejo de malicia.

No pude hacer mas que correr, tratando de seguirla, pero era muy rápida y conocía aquella casa mucho mejor que yo. Me quede sola, confundida por su comportamiento, siendo tan fría y orgullosa y de pronto dulce y juguetona. Me vi obligada a salir de aquella mansión y volver a casa caminando a paso apresurado.

El tío Yuri me lleno de preguntas, las cuales respondía tan rápido como podía. Papá me hizo el doble de las preguntas y trate de responder el doble de rápido. Les comente que Elizaveta Petrova me había ordenado que volviese a visitarla para, otra vez, jugar. Y así lo hice, iba una vez por semana casi siempre los sábados, a veces dos y siempre me ordenaba que volviera. Pero no fue hasta un tiempo después, estaba muy entretenida y distraída con tío Yuri, mi padre le insistía que me enseñara todo lo que sabía, al parecer deseaba que siguiera con el oficio familiar. Había dejado la escuela por Oleg, el decía que solo perdía el tiempo allí, cuando podría estar ayudando en casa o en el trabajo de Yuri.

-No me gusta que estés trabajando, Yul- decía el tío a menudo –tú tienes que estar en la escuela-

Mis dibujos habían quedado olvidados. Mi pasión por el lápiz, la pintura y la belleza del bosque habían desaparecido sin haberlo yo deseado. Simplemente sucedió y aunque no lo quería, deje de visitar los robles, el cementerio, temiendo, en parte, encontrarme con aquel fugitivo del bosque que seguramente me esperaba para quitarme el corazón y el hígado. Entonces, un día, la señora Elizaveta me envió por un pedido, justamente al bosque.

-Pe—pero por qué al bosque?- preguntaba, algo temerosa.

-No lo se, es un capricho que acaba de surgir- respondió –Vete, vete, que quiero ese dibujo antes del anochecer-

Esta mujer si que esta loca! Me mando al bosque para poder dibujar un par de árboles. Ella y sus caprichos ya me tenían un poco harta, siempre salía con una cosa mas loca que la otra. Refunfuñando por lo bajo tome mis cosas y partí hacia mi destino. El temor me asalto al momento de cerrar el portón de la mansión. El bosque no quedaba muy lejos, pero trataba de alargar la distancia caminando de un lado al otro por el camino de tierra. Esperaba cruzar algún amigo por allí para que pudiera acompañarme, pero no! Estaba desierto. La entrada al bosque estaba bien iluminada, todo se notaba perfectamente, pero el hombre podría estar allí. Bueno, me decía, entremos y veremos que pasa. Para quitarle importancia comencé a patear una pequeña piedra y a silbar una canción, mas me detuve frente a un árbol ni muy bajo ni muy alto, era perfecto para trepar y dibujar desde allí arriba. Con mis labios sostuve el lápiz y con mucho esfuerzo el bloc de dibujo, con agilidad comencé a trepar, sonriendo satisfecha ante mi rapidez y facilidad. Pero de repente siento que atrapan mi pie y jalan de el. Oh no! El fugitivo, el fugitivo, pensaba aterrada. Me aferre de la rama en la que estaba colgada como si mi vida dependiera de ello y es que lo hacia! Sin embargo no resistió mucho y se partió, cayendo yo encima de aquella persona.

-Buu Buuu, soy un fantasma, pedazo de miedoso!-

Reconocí al instante ese tono burlón y sarcástico. Era Lena, quien yacía ahora bajo de mi delgado cuerpo.

-Ah, pe—perdón, y—yo…- tartamudee al verme en tan embarazosa situación.

-No me interesa lo que quieras decir, pero quítate de encima mió, gallina- Se quejaba mientras me empujaba bruscamente –La señora me mando a vigilarte, pero no imaginaba que estarías haciendo nada-

-Eh, de hecho subía al árbol para…-

-No me interesa, he dicho- me corto, obstinadamente –Pensaba echar solo un vistazo, pero viendo que estas de miedoso me quedare, niño de mamá-

Me sentí dolida por aquel comentario. Como iba a ser ‘niño de mamá’ si ni siquiera tenia una. La observe entre ofendida y triste, mas ella solo se rió viendo la expresión de mi rostro.

-No tengo la culpa de que seas un niño de mamá-

-Señorita, no tengo la culpa de no tener una madre- me queje, malhumorada. La primera vez que discutía con Lena. –Tenga piedad y deje que dibuje-

No dijo nada más. Podría haber hecho miles de comentarios crueles con aquella información que le facilite, pocas veces hablamos de nuestras familias. No sabia si ella tenia madre o padre, siquiera hermanos. Esta vez dibuje sentada en el mismo suelo, temiendo que la joven a mi lado volviera a tirar de mi pie. Espiaba mis movimientos como lo hacia con mi obra, buscándole errores y enumerándolos a cada rato. Pero no me importaba, porque estaba sentada allí a mi lado, mientras aspiraba su aroma, observaba de reojo sus gestos, su rostro, sus manos señalando mis líneas desprolijas. Desafiaba su verde mirada con la mía azulada, pero no por mucho tiempo, ella siempre ganaba. Mejor dicho, yo siempre la dejaba ganar.

-Que miras? Tengo algo en el rostro?-

-No- respondí, sin dejar de observarla –Bueno si, una nariz, dos ojos…-

-Tonto!-

Me sonroje sin quererlo, y ella solo me empujo molesta, provocando que mis cosas cayeran al suelo, con lo que también cayo una pequeña fotografía que fue a parar en las manos de Elena. Intente quitársela, pero no pude.

-Hablando de madres, niño- sonreía mientras veía la fotografía. Allí posaban mi madre y mi hermano –Como se llamaban?-

-Larissa y Viktor, podría devolvérmela?- le rogué, desesperada –Por favor, es la única que mi padre me dio, se lo ruego… Es el único recuerdo que me queda de ellos!-

-Ah si? Bueno… Si la quieres, vas a tener que ganarla- advirtió mientras escapaba con la fotografía, siendo perseguida por mi. –Eres lento!-

-Y usted es una inmadura- le devolví, enfadada. En un momento la perdí de vista y fue ahí cuando los nervios me atacaron de verdad. Aquella foto era como un tesoro para mí. No sabía para donde correr, tampoco sabia si llamarla para rendirme.

-Bu!- exclamo detrás de mi, empujándome como solía hacer. –Eres un lento debilucho. Si ahora me hablas sobre ellos, te la daré-

-Sinceramente no se muchas cosas sobre ellos señorita- respondí, tratando de alcanzar el papel con las manos –Pero por favor…-

-Que no los conociste? Para que quieres la foto entonces? De todas maneras ya están muertos, no?-

Me aleje al instante viendo que las lágrimas, traicioneras, caían por mis mejillas en cuanto al recuerdo de que estaban muertos. Por qué debía recordármelo? Ya sabia que estaban durmiendo en esas cajas de madera en el cementerio, no tenía porque tocar ese tema. Lena sonreía, triunfante, al ver el efecto doloroso que provoco en mí. Agite una mano en señal de que ya ni me importaba y me coloque en cuclillas contra un árbol. Era tal mi vergüenza que no deseaba pelear más con ella.

-Yo la quiero señorita, por que me hace esto?-

Lena pareció ver que su pequeña ‘broma’ había ido muy lejos. Sonrió más ampliamente al escucharme, sintiendo que había ganado mi corazón completamente. Pero yo sabía… Yo sabia lo que había detrás de todo eso, Oh si que lo sabia y aun lo se. Se acerco a mí y apoyo su cuerpo contra el mió, sin decir nada.

-Eres muy delgado-

-Lo siento-

-Y tonto-

-Lo siento-

-Puedes dejar de decir lo siento? Pareces más tonto-

-Lo s… Si señorita- respondí al final –Puede… Puede devolverme la fotografía?-

-Si la quieres…- ah No, esa joven era muy cruel o yo muy sensible –Tendrás que besarme-

-Bueno, si no quiere devolvérmela, quédesela, ya ni me imp… Que?!-

Prácticamente me obligo a que me diese la vuelta y me acorralo contra aquel enorme árbol. Muchas veces había tenido el atrevimiento de acercarse a mí de esa manera, pero nunca lo había hecho tan directamente. Me observo, con esa inocencia fundida con la crueldad no deseada, mientras colocaba su mejilla cerca de mi rostro. Un poco dudosa acerque mis labios y, apoyándolos, me sentí tonta. Tonta porque me había enamorado de la caprichosa, cruel e insultante Lena. Quizás desde un principio su plan era ese. Ser malvada conmigo, golpear donde mas me dolía, saborear el triunfo del dominio que tenía sobre mí.

-Bien, toma tu tonta fotografía-

Suspire aliviada cuando estuvo entre mis manos. Lamentablemente había perdido mis elementos de dibujo y Elizaveta se enfado conmigo, y sin embargo, felicito por todo a la pelirroja! Por todo lo que paso ese día tan patético volví a casa sin saludar ni a Yuri ni a papá. Estaba molesta y dolida, no deseaba hablar con nadie. En la noche, Yuri toco la puerta de mi habitación dos veces y a ninguna de ellas respondí.

-Yul… Lobita, mira, te he traído la cena. Si no quieres bajar, por lo menos hazlo en tu habitación- decía, mientras pasaba al cuarto donde yo estaba recostada en mi cama, dándole la espalda –Que te pasa pequeña?-

-Nada, tío, nada- respondí pesadamente, como si me costara hablar –Es que… Hoy ha sido un día… Un poco tonto-
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   13/2/2010, 07:24

Capítulo 3: Mein Herz Brennt

Deje pasar un buen tiempo. Volví a visitar la mansión, pelee con Lena. Deje pasar otro tiempo... Y así sucesivamente. Pero en una ocasión, inquieta por una idea que me había estado corriendo por la cabeza, decidí visitar la casa de la señorita Petrova. Admito que deseaba ver a la señorita Elena, pero por otra parte no, cada vez que jugábamos a los naipes o a lo que Elizaveta Petrova deseaba, lo hacia torpemente y Elena me hacia sentir muy inferior. El comportamiento de la primera vez que las visite no se volvió a presentar en los cuatro años siguientes, actuaba fría, sarcástica y lastimosamente. Cada vez que yo agachaba la cabeza por alguno de sus desagradables y degradantes comentarios, la señora Elizaveta sonreía y la abrazaba felicitándola… A todo esto, me vi obligada a revelarme, a decirle todo lo que pensaba en su cara, ya vería Elena con quien se metía.

-Tío Yuri, voy a ver a la señorita Ele…Petrova- tartamudee –Me dejas?-

-Tranquila, Yul- decía, dejando el hierro caliente y el martillo al lado –Que yo sepa la señora Elizaveta no se llama Elepetrova, ahora alístate, te acompañare, tengo algunos asuntos que atender allí-

Yuri no sabia nada acerca de Lena, pero algo intuía, claro, el me conocía mas que yo misma. Un día, años atrás, me había quejado de mis ropas tan ‘ordinarias’ por lo que Yuri comenzó a trabajar el doble, tomando incluso el puesto de papá, que se la pasaba borracho todo el día. Deje los guantes de caucho y la ropa de trabajo, enfundándome en el pantalón de jean y la playera que tío Yuri me había regalado. Insistí en que no importaban ya mis ropas, pero el se sintió apenado, culpable por mi situación. Ya tenía 16 años y no le gustaba que viviera con la ropa de trabajo. El hombre de ojos azules dejo lo que estaba haciendo para acompañarme a la mansión, pensativo.

-Sabes Yul- comenzó, mordiéndose el dedo índice –Ayer vino a casa un hombre, un abogado. Dijo que quería verme en casa de la señorita Elizaveta-

No se dijo mas hasta llegar a la ostentosa casa. Mi curiosidad era bastante, pero no pude preguntar mas, Yuri se había perdido en sus pensamientos. Elena estaba mucho más alta, yo era pequeña en comparación a ella, seguía con mi rostro infantil mientras ella ya tenia facciones finas y bastante femeninas. Su cuerpo estaba mucho mas desarrollado que el mió y eso me fastidiaba. Papá seguía tratándome como un chico y tío Yuri no hacia nada para evitarlo tampoco. No se si Elena se había dado cuenta de que era una chica o no, pero seguía dirigiéndose a mi como ‘muchacho’. Dejo pasar a Yuri esta vez y los tres nos dirigimos a esa habitación bien iluminada que ocupaba la señora Elizaveta. Durante el tiempo que había visitado ese cuarto, podía percibir un aroma extraño a humedad y otras cosas que no podría describir. Había una mesa larga cubierta de platos de porcelana, tenedores y cuchillos de plata y copas de cristal. En el centro, yacía un pastel que había caído en manos de la descomposición hacia mucho tiempo ya: Era el pastel de bodas de Elizaveta Petrova, cubierto por telarañas, entre otras cosas.

-Buenas tardes, Yul- me saludo Elizaveta Petrova –Vete, vete a jugar y llama a Elena, tu tío y yo tenemos que hablar con este señor-

Señalaba a un hombre alto, blanco, vestido con un traje negro. Llevaba un portafolios y tenia aire de hombre de negocios, seguramente era el abogado. Sin desearlo, tuve que salir de allí para llamar a Elena, quien, como era de costumbre, no me respondió, solo apareció unos momentos después, acercándose tanto a mi, que tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no lanzármele encima. Pero luego me empujo por la espalda.

-Juegas conmigo?- Pregunto alejándose, mientras yo solo veía su espalda y su cabello.

Era tan extraña! No la entendía para nada. Pero ese día no estaba de humor y mucho menos como para soportar sus cambios de personalidad. Tampoco éramos niñas como para estar ‘jugando’. Además el tío Yuri debía estar hablando algo con Elizaveta Petrova y me hubiera gustado saber de qué. La deje ir, sin mover ni un músculo. Mi pequeño y delgado cuerpo se dirigió, luego, hasta una de las áreas mas verdosas del patio. Había unos bancos de material blanco donde me deje caer. Sentí cosquillas en la parte superior de mi cabeza y note que eran las puntas de las hojas del sauce que posaba detrás de mí. Quería decirle todo a Elena, quería que viera que valía mucho más de lo que ella creía. Me levante y puse en marcha mis pies, primero iría a averiguar si tío Yuri había terminado con sus asuntos y de esa manera podría hablar mas tranquilamente con Elena.

-Oh Yul, ven, entra, entra, justo estábamos necesitándote- Elizaveta Petrova me había descubierto al intentar espiar del otro lado de la puerta -Te presento a Mijaíl Kozlov-

El hombre de ojos y cabellos de miel se quito el sombrero ante mí y me estrecho firmemente la mano. Dejo escapar una sonrisa de sus labios y desvió la atención hacia su portafolio ahora abierto, el cual dejaba ver muchos papeles con letras diminutas.

-Que buen apretón de manos, muchacho- exclamaba con asombro –tan pequeño y con tal fuerza!-

-Di—disculpe- me excuse, apenada –No quiero ser irrespetuosa, señor, pero mi nombre es… Yulia-

-Ah! Lo siento tanto, es solo que todos te llamaban Yul y te trataban como un… Lo siento- Ante la confusión se sintió mal, avergonzado. Su rostro tomo inmediatamente un rojo intenso. Le explique que una vez que la señorita Lena me había confundido con un chico, me pareció de mala educación corregirla tan bruscamente –Entiendo, señorita… Bien, al caso-

Busco en sus archivos algún papel importante. Saco un grueso documento que entrego a Yuri, pero este apenado le dijo que le costaba entenderlo a la perfección. Mijaíl procedió a explicarle un poco a mi tío, pero yo estaba fuera de su círculo de información. Elizaveta Petrova me ordeno que buscara lápiz y papel. Yo, por suerte, llevaba mi ya gastado bloc de hojas blancas y mi lápiz con las marcas de mis dientes. Entonces me pidió que hiciera algo que me extraño: quería que la dibujara. Sin chistar accedí a sentarme a cierta distancia frente a ella y comenzar a dibujar rápidamente. De pronto, ese entusiasmo que sentía cuando me encontraba en el bosque dibujando volvió a mi, como si una flecha atravesara mi pecho muy velozmente. Sonreí mientras terminaba con el retrato de Elizaveta.

-Bien, muy bien- decía Mijaíl Kozlov, examinando el dibujo –Bueno, te explicare, Yuli, soy portador de una oferta que te librara de ser la aprendiz de tu tío. Dejaras el hierro, dejaras el fuego y los martillos. Tienes un esplendido porvenir-

Yuri y yo nos miramos extrañados, aquel abogado siempre mantenía esa sonrisa calida, no fingida, sincera y bondadosa. Elizaveta Petrova solo mantenía indiferente su cigarrillo entre los labios. Pero, no se por qué, me preocupe de que Elena no estuviera allí.

-Tengo instrucciones de comunicarte que tendrás considerables bienes y que tus sueños se harán realidad- anuncio Mijaíl –el actual poseedor de esos bienes desea que abandones inmediatamente este pueblo para mudarte Paris donde te educaran para lustrar tus dotes de artista. En pocas palabras, como una persona con un gran porvenir-

Mi corazón latía tan rápido. No podía asimilar lo que estaba escuchando. Yo? Artista! Y en Francia!! Misha, como prefería que lo llamasen, dejo los papeles que había estado explicando antes y le entrego a Yuri una pluma para que firmase el permiso, tanto como la autorización del viaje…

–Debes tener en cuenta que el nombre de la persona que se convierte en tu benefactor, queda en secreto, hasta que esa persona crea que ha llegado la ocasión de revelarlo. Esta persona misma te lo dirá, ignoro cuando o donde, pueden pasar meses, años. Bien, para finalizar, te informo que yo seré tu tutor por el momento. Puede firmar la autorización-

Y otra vez, tío Yuri se hundió en su asiento, preocupado, mas acepto sabiendo que yo tenía un futuro en Paris. Tenia que decirle a papá, tenia que decirle a todos en el pueblo! Tenia, urgentemente, que pasárselo por la cara a la burlona Elena. Mi agitación era tal, que a penas podía respirar y el costado derecho me dolía del esfuerzo. Había corrido bastante hasta el patio. Pero la emoción me permitió seguir.

-Elena!- gritaba –Elena!-

La emoción, pronto se fue convirtiendo en desilusión. Esa joven aparecía cuando se le daba la gana. O cuando le convenía. De seguro había escuchado todo y ahora se burlaba de mí o esperaba a que comenzara a llorar como una bebe. Decepcionada volví hasta esa área del patio tan verdosa, bajo el sauce de hojas juguetonas. Suspire. Cuando me acerque hasta la fuente de donde el agua fluía en forma de chorro hacia arriba, vi que Elena se inclinaba para beberla.

-Quieres beber?- pregunto, con esa expresión de arrogancia. Yo me encogí de brazos, doblando y guardando el retrato de Elizaveta –No esta envenenada-

Acerque los labios para refrescar la boca que sedienta reclamaba su humedad. Cerré los ojos para poder perderme en el sonido, hasta que sentí que otros labios me impedían recibir la frescura del agua. Aquellos labios, que atrapaban mis labios y lengua tan habilidosamente, quemaban los míos de una manera impresionante.

Eran los labios de labios de Lena.

Mis ojos parecían fuera de mi rostro. No pensé que podía abrirlos de esa manera y con tal magnitud. Quise alejarme, hubiera preferido caer de espaldas y hacer el ridículo, pero no, ahí estaba Elena besándome. Mi primer beso real con Elena Katina.

Cuando volví a respirar, puesto que lo había olvidado por un rato, me aleje lo suficiente como para llegar hasta tropezar con el banco, tocándome los labios con las yemas de los dedos. Los sentía tan sensibles en ese momento. Pero era tan dolorosa la realidad ‘Diviértete destrozándole el corazón’.

-¿Soy bonita? ¿Soy insultante?- preguntaba divertida. Mi respuesta nunca llego a sus oídos, pero una de sus manos si llego a mi mejilla, golpeándome con tanta fuerza como le fue posible –Así que no te parezco insultante. ¿Qué piensas ahora de mi, monstruo asqueroso? Vamos! Llora!-

-Por que?- murmure, incapaz de decir algo mas.

Ese día escape. Escape tan rápido como mis piernas me lo permitían. Escape con la misma rapidez con la que me había enamorado de Elena. No quería saber de ella, pero a la vez lo quería saber todo. Yuri, incluso Oleg, se preocuparon por mí. Mas mi tío que mi padre, había quedado algo confundido por mi vuelta a casa tan repentina. Pero ya no importaba.

Mijaíl fijo un día para que pudiera partir con el y mudarme para estudiar junto a profesores del arte. Papá decía que era una perdida de tiempo, mas no me detuvo. Y Yuri… Oh mi querido Yuri, me dolía tanto dejarlo solo, porque así estaba, solo. El que pasaba horas y horas sobre el fuego trabajando el hierro para mantenernos a mi padre y a mí. Me consoló diciendo que estaba orgulloso de mí, que esperaba con ansias mi logro con éxito. Esperaba visitar la ciudad algún día y ver en el museo muchas obras mías.

Finalmente, tome una decisión que en su momento me pareció realmente estúpida: visitar a Elizaveta Petrova. Visitar a Elena Katina… Y hablar con ella

-No, Yul, así no!-

Elizaveta me retaba cada vez que movía un pie incorrectamente. La mujer bailaba con una pareja imaginaria, mientras yo lo hacia con Lena. No había podido hablar con ella. Y ella no mencionaba nada respecto a nuestro encuentro del día anterior en la fuente. Cada vez que daba vueltas acompañada de mi mano, sus rizos golpeaban juguetonamente mi rostro, tentándome a reír. Lena era más alta, pero yo la llevaba a ella ahora, cuando antes ella me guiaba en todo momento. Elizaveta reía al ver mi cara de embobada. Al principio era demasiado torpe, pero en los últimos tiempos mejoraba cada vez más. Lena no dejaba de insultarme y recalcar mi torpeza en cuanto al baile, pero yo solo sonreía como tonta. Fue entonces, cuando reconoció que no me molestaban tanto sus insultos.

-Querida, por que no dejas que Yul te lleve a un paseo esta noche? Creo que se lo merece- decía Elizaveta –No es cierto, Yul?-

-Bue—bueno- tartamudee sorprendida

-Pero…- intento discutir Lena, sin éxito.

-Vamos, vamos Elenita, deja que Yul te muestre su hogar-

Por qué mi hogar, justo mi hogar! Que haría con Yuri? Que haría con Papá! Que haría con el aspecto de mi casa?! Aun era temprano, debía volver y tratar de que mi tío me ayudara con la misión de esa noche. Elizaveta decidió que pasaría a buscar a la pelirroja a las nueve, pero sabía que yo no era puntual. Tuve que correr a casa para ganar tiempo, ni siquiera salude a papá cuando pase corriendo a su lado, pero el estaba borracho, saludarlo a el seria lo mismo que saludar a una pared.

-Tio Yuri! Yuri! Donde estas?- pregunte desesperada –Necesito tu ayuda!-

-Estoy arriba, que pasa?- pregunto preocupado.

-Elena viene esta noche- respondí agitada por la carrera –Que hago? Que hago?-

-Primero que nada, debes calmarte- respondió riendo.

Discutimos cerca de una hora. Yuri no quería que llevara uno de los trajes que antiguamente era de mi hermano, pero no había otra opción. Lamentablemente, no había corregido a Elena en todo ese tiempo y ella, a propósito o no, no se ‘daba cuenta’ Para Lena seguía siendo un muchacho. Yuri acordó salir a visitar a un par de amigos para que estuviera cómoda con la pelirroja, de paso, vigilaría a papá.

-Has tardado mucho, llegaste 20 minutos tarde- me retaba Lena. Es que se me había pasado el tiempo practicando lo que diría frente al espejo!

-Perdona- me queje, avergonzada –Pero ya estoy aquí, vamos-

Yuri nunca me dejaba sola en la cocina. Incluso me había prohibido la entrada en aquel lugar, mas esa noche tuve que explorar ese territorio desconocido para mí. Si hubiera sabido que la cocina casi se enciende, le hubiera pedido a Yuri que dejara la cena lista. El olor a quemado invadía la habitación y, que podía hacer?! Lena estaba impaciente en el comedor, mientras yo intentaba opacar aquel humo.
Resignada, tuve que aparecer en el comedor e invitarla a cenar afuera, sabiendo que me costaría con dolor, pero que más daba.

-Lo siento, pero la cena no… Elena?-

No estaba allí, tampoco respondía a mis llamados. Busque en la sala, en la cocina y nuevamente en el comedor. Pero nada. Me congele completamente al pensar que podría estar arriba, en mi habitación, por lo que corrí rápidamente escaleras arriba.

-Has mejorado mucho en cuanto a los dibujos, Yul, pero eres igual de ordinario-

-Eres tu- Ella observaba con detalle un gran lienzo con un retrato de su rostro. Sus cabellos, sus ojos. Había plasmado en aquel dibujo todo lo que recordaba de ella cuando la vi por primera vez.

-Ah! No me había dado cuenta- decía con sarcasmo –Cuando lo hiciste?-

-Hace mucho tiempo- respondí

-Ya no llevo el cabello así-

-Deberías- susurre, pero por desgracia, ella escucho.

-Tengo hambre… Pero inteligentemente has dejado que la cena se queme, cierto?-

-Si, lo he echado a perder, abofetéame si quieres- Suspire, mas derrotada que avergonzada, mientras Lena me imitaba empujándome molesta –Que?-

Me observo desde arriba, puesto que había caído sobre una silla. Me observo, sin ese destello de orgullo, me miraba como si mirase a un animalito indefenso, con lastima. Y es que, quizás, yo parecía eso, un estúpido animal débil ante una hermosa joven. La bella y la bestia, solo que esta bella le recalca su fealdad a la bestia. Su mano, antes inmóvil, ahora acariciaba mi cabello, pasando a mi rostro, a la par de su otra mano, ambas apoyándose en mis mejillas. Intente preguntar, pero no me salían las palabras y ella se acercaba, lentamente pero sin dudar ni detenerse. Finalmente sus labios rozaron, como si no quisiera, los míos, pero fue tan rápido y superficial el contacto, que fue más un suave golpe. Pero no olvidare cuando la atraje hacia mí y la bese con vehemencia. Y tampoco olvidare, cuando ella tomo mi mano al separarse y la dirigió a su cintura, con sus ojos fijos en los míos. Me manipulaba en todos los sentidos, también lo hacia en ese momento, dirigiendo con sus dedos los míos hasta su muslo, levantando suavemente su falda. En un momento soltó mi extremidad y, sin poder contenerme aun sabiendo que era peligroso, acaricie su piel lentamente. Ella estaba tentándome, con su mirada, con su respiración agitada, siendo ambas adolescentes, como podría soportar tal cosa?

-Hmm- suspiro cuando mi mano se atrevió a acariciarla mas allá de lo que me hubiera permitido. Oh si, era mágico, era excitante. Pero todo eso termino, me abofeteo repentinamente –Quien dijo que podías pasarte, Yul?-

-Pero...- se alejo, como si se quisiera quitar un insecto de encima y se dirigió a la cocina, de donde provenía aun ese aroma a quemado. Extrañada por su actitud me levante para hablarle –Yo… Yo te quiero!-

-No seas ridículo- me reto -Es tarde y tengo que hacer un millón de cosas-

-Quédate- le rogué, pero ella dijo algo en ingles –No… No entiendo ingles-

-Ahí tienes la razón-

Yo no sabía ingles y se había aprovechado de eso. Sabía que no era tan culta como ella. Elizaveta le había enseñado a hablar y entender el idioma, pero a mi no. Ella entendía muchas cosas que yo no. Me dejo sola otra vez, en mi hogar, el cual, en ese momento, lo sentía tan frió… Al otro día lo pensé un poco y decidí hablar con ella directamente, sin interrupciones. Pero era demasiado tarde.

-Oh querida, Elena ha ido al extranjero para terminar sus estudios, seguro que se le olvido comentártelo- me explico Elizaveta –Y sabes? Es tan bonita que todos la admiraran, no te molesta eso, Yul?-

Pronuncio aquellas palabras con tanta ironía, con tanta alegría. Pero no me dolieron esas palabras, no. Elena se había ido sin despedirse, sin tan siquiera dirigirme un frió ‘Adiós’ Nada, simplemente se fue. De pronto, mis ganas de aprender e instruirme en el arte se esfumaron, dejándome sin esperanzas, sin ganas de dibujar. Mas el contrato ya estaba aprobado, la fecha fijada, el puesto ya tomado en la escuela. Mijaíl Kozlov fue a buscarme a mi hogar sin falta.

-En que tipo de aparato vas?- pregunto mi tío, inocente –Alguna vez te has subido a uno de esos?-

-Haha, es un avión Yuri- le explique. El auto de Mijaíl ya levantaba polvo y mi tío se levanto de su asiento rápidamente.

-Que tengas buen viaje- decía Yuri, frotándose los ojos insistentemente con el antebrazo derecho –Que tengas buen viaje, Yulia, vete directo al éxito-

Oh mi querido Yuri! Tan dulce, tan protector, tan bondadoso. Nunca me permitió devolverle el favor de todo lo que había hecho por mí. Nunca. Y en ese momento parecía no querer dejarme ir, pero debía. Papá se presento unos momentos antes de mi partida, destilaba un horroroso olor a alcohol, pero lo quería y aun lo quiero, así que lo abrace fuerte, no tanto como a mi tío, pero lo hice y me despedí de el. Partí con mi tutor, Misha, hacia el aeropuerto en un enorme automóvil. Cómodo y espacioso, demasiado para mi, una jovencita acostumbrada a camas duras y fieros martillos.

Intente contener las lagrimas luego de partir, quise concentrarme en otras cosas, como toda la tecnología que vería al llegar a mi destino, siendo yo una persona de campo que la mayor tecnología que había tenido al alcance era un pequeño televisor, la radio y, en ese momento, el enorme auto ultimo modelo de Mijaíl.

En aquellos tiempos las jovencitas utilizaban faldas demasiado cortas, cuando en mi pueblo era todo un escándalo. Los muchachos llevaban pantalones y playeras enormes, lo que en mi pueblo era una falta de respeto. Me hubiera gustado que Yuri pudiera ver eso. A mi no me llamaban la atención ni las ropas enormes, ni las coloridas. Mi tío me había regalado, como motivo de despedida, una camisa que se ajustaba a mi figura y unos jeans gastados. Como lo adore!

El viaje en el avión fue tranquilo, estaba maravillada y nerviosa, mas no asustada. Era algo totalmente nuevo para mí. Mijaíl sonreía de vez en cuando al ver mi enérgica actitud al ver y comentarle todo lo que veía por la ventanilla de aquel lugar. En ese entonces, creo que tenía 16 años como dije anteriormente y me emocionaba con facilidad, sumándole el hecho de que era totalmente inocente. Entonces, descubrí algo que me fascino: Un reproductor de música. Papá me hablaba de aquellos avances, pero nunca había visto uno tan de cerca. Había escuchado alguna que otra banda extraña a escondidas, temía que Oleg me descubriera y me apaleara por desobedecerlo.

-Es de mi hijo… Bueno, era. Ahora trabaja en América. Escúchalo, te gustara- me decía entregándome el aparatito diminuto –Es una música extraña, pero Vladislav- su hijo –decía que lo relajaba-

-Eh… Bueno- acepte, no perdía nada con probar. Pulse el pequeño botoncito de play y la música me aturdió, pero conforme pasaban los temas, me agradaba –Es genial!-

-Estos jóvenes de hoy!-
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   16/2/2010, 12:44

pues aki les deo el 4 capitulo..l avdd no se si les interese pero pues aver que pasa bye
Capítulo 4: Wo Bist Du?

Mi llegada al hogar de Misha fue una puerta abierta a todas las novedades e intereses de la sociedad. Aun era joven y mantenía la capacidad de entender las cosas que pasaban a mí alrededor. Cuando salía de la casa para poder cumplir con mis visitas a mis profesores, la gente me miraba como si fuera un objeto más. Yo no quería ser una mas de miles. Convencí a Misha de que me permitiera cortar mi cabello rubio y teñirlo de negro. Mijaíl podía ser muy bueno, pero era estricto y derecho, no le agradaba que siempre llevara el cabello desordenado. Hasta accedió a acompañarme a comprar más ropa.

-Te lo permito. Pero Nada de faldas cortas- repetía a menudo

-No te preocupes, Misha- lo despreocupaba yo –Eso no es para mi-

Las clases continuaron. Me instruían en arquitectura, pero siempre me pareció aburrido... Nunca me interesaría en edificios y esas cosas. La escultura era interesante, mas mis manos no poseían el talento de modelar. Mi pasión por completo se dedicaba al lápiz. Discutía a menudo con mis profesores, pero es que mi talento corría por el lado del dibujo y no la arquitectura o la escultura, en el cine o en la literatura. No había cosa que aborreciera mas que la lectura! La fotografía me era interesante, el teatro también. Al principio no me llevaba muy bien con el pincel, pero pronto lo supe dominar.

Pero lo que no supe dominar, fue la insistencia con la que Yuri me llamaba al celular tres veces, cinco días de la semana. No es que no lo quisiera o algo así, solo necesitaba descansar de sus preguntas típicas. Terminaba apagando el celular o dejándolo en casa cuando partía hacia las clases.

Pronto, las semanas se hicieron meses, los meses años. Los años trajeron melancolía y tristeza a mi corazón. Extrañaba tanto a mí querido tío Yuri y, por más loco que suene, a papá también. Mis estudios habían dado por finalizados, el dinero de mi benefactor ya no me llegaba al no ser necesario, era hora de volver a casa. En una rápida llamada, Yuri me había prometido trabajar y trabajar para que yo pudiera llegar a Nueva York. Me dio lastima que se esforzara por algo que no sabia si llegaría a ser alguna vez.

Y Elena… Lena, como prefería llamarla, no apareció en mi camino ni por error en todos esos años. Incluso en la distancia la adoraba, incluso si estaba en los brazos de alguien mas, la adoraba. Mas que a mi propia vida, puedo jurarlo. Una mañana, cuando Paris estaba cubierto por el roció de la mañana, decidí partir a mi pueblo. Llevaba unos pantalones deportivos, una playera de mangas cortas y una chaqueta ligera de cuero, por lo que Mijaíl me riño, según el, no era el vestuario adecuado para el clima.

Ya no vivía en su departamento, tenia el mió propio. Quizás no era tan grande como el de Misha, pero me gustaba y lo extrañaría, pero mas falta me hacían mis dos viejos. Fui capaz de ahorrar el dinero suficiente con pequeños trabajos, para un auto, que no era de los mejores pero era muy útil. Mi tutor me acompaño hasta el aeropuerto, donde me deseo mucha suerte. Pero por más que luciera totalmente tranquila estaba emocionada y alegre y por otra parte preocupada y confundida. No le dije nada a Yuri acerca de mi visita, seria una sorpresa, pero la señora Petrova se adelanto a mis planes con un llamado que no me esperaba.

“-Hola querida, espero que vengas pronto- decía con alegría fingida a través del tuvo del teléfono. El celular casi se escapa de las manos cuando escuche esa voz arrastrada modificada por el tiempo –Elena ha vuelto a casa y le dará mucho gusto volver a verte, espero verte pronto Yul-”

Con esas palabras carcomiéndome la ansiedad y la emoción, el viaje en avión se hizo eterno. Al llegar no quise tomar un taxi, preferí caminar a pesar de que el trayecto a casa fuera extenso. Pensé en mi tío, en papá, en todas mis simples amistades de mi inocente niñez, lo que me hizo sonreír alegremente. Comencé a tararear una canción, mientras apresuraba el paso para después ir corriendo como si fuese una niña. Al querer evitar cruzar la mansión de Elizaveta Petrova, preferí cruzar el puente que atravesaba el rió y visitar el cementerio antes de ver a mis ‘padres’.

Al llegar a la lapida de mi madre y la de mi hermano, me coloque en cuclillas e incline la cabeza, dejando mi maleta en el suelo, rozando el nombre esculpido de ambos con los dedos, como hacia de niña. En ese momento recordé que mi padre tenía fotos de mamá y Viktor, pero nunca me dejaba tocarlas. Decidí pedirle algunas, o al menos ‘robárselas’. Como habré mencionado en algún momento, mamá, Larissa, era pelirroja, de piel blanca y calida sonrisa. Viktor, era alto, de cabellos castaños y ojos azules claros como los de papá, a diferencia de los míos, azules profundos como los de mamá. O los del tío Yuri

-Hace mucho que no los visito, eh?- dije, desviando la mirada al cielo, enderezándome –Me gustaría haberlos conocido mejor-

Tras pensar un rato y pasar minutos en silencio, deje las lapidas, lamentando el no haber llevado flores. Deje el cementerio también, extrañamente relajada, más no triste. Volví a la carrera, corriendo felizmente, se estaba haciendo tarde. Respire hondo unas tres veces y golpetee la puerta dos veces con los nudillos. Espere unos minutos hasta que mi tío, distraído, abrió la puerta sin darse cuenta de quien era yo.

-Yulia!- exclamo dejando caer el plato que traía en la mano –Pero mira que grande estas! Y mira tu cabello!-

Ahogue una carcajada y me lance a sus brazos, recibiéndome en un abrazo tan fuerte, que mis pies dejaran de tocar el suelo. Me dio unas vueltas hasta que tropezamos y caímos a las carcajadas. Mi tío era enorme, y su fuerza era inigualable, siendo yo pequeña y menuda, fácil era cargarme. Hasta cuando era niña, era capaz de levantarme con una sola mano. Pude notar que de entre sus cabellos de oro, brillaban algunos cabellos más claros, traviesos, denotando la edad que llevaba encima.

Nos levantamos, sacudiéndonos las ropas. Llamo a su novia, había conseguido una en mi ausencia el muy picaron, y ella se presento asustada y preocupada hasta topar con el marco de la puerta. Pero al ver que estábamos hablando muy animadamente sonrió adivinando quien era yo.

-Te presento a Dasha- decía mi tío -Cariño, te presento a Yulia Volkova, mi sobrina la gran artista!-

Los tres reímos levemente. Me invitaron a pasar y pude ver que en la casa habían ocurrido grandes cambios. Agregaron un cuarto mas, supuse que seria el de Yuri y el de Dasha, ya que la habitación de papá era muy pequeña para todos. Subí a mi antiguo cuarto y note que nada había sido cambiado de lugar. Sonreí para desplazarme hasta la pequeña cama y recostarme un momento, mirando el techo donde yacía el dibujo de un pez diminuto que había captado en la orilla del río una vez. Recorrí la habitación con la mirada. Fotos con amigos, dibujos de mi infancia, el escritorio, sin embargo, había sido barnizado recientemente y la madera relucía.
La ventana estaba cerrada, pero las cortinas corridas, por lo que el atardecer pude apreciar con gusto.

Baje solo para la hora de la cena. Cuanto extrañaba aquellas comidas caseras que Yuri preparaba con tanto esmero! Él colocaba los platos en cada uno de los extremos de la mesa con mucho cuidado, al igual que los cubiertos prolijamente colocados a los lados y las servilletas dobladas extremadamente perfectas. Mala costumbre que herede de el, siendo tan prolija a la hora de colocar la mesa.

Conversamos casi toda la noche. Dasha se acostó temprano y nosotros a penas comenzábamos con la charla. Peleamos un rato por el mal hábito de fumar que había ganado en las calles de Paris, cuando los nervios me asaltaban y otra cosa no lograba calmarme. Mijaíl también me había hablado sobre lo mismo, pero ya era lo suficientemente mayor. Nos sentamos frente a frente en la mesa, sin hablar por un momento.

-Paris es hermoso, Yuri, deberías verlo algún día- decía con entusiasmo –Habrá una exposición en un par de semanas, me gustaría que fueras. Aun no soy una artista reconocida, pero el instituto me brindo alguna que otra ayuda-

-Me encantaría, Yul, me encantaría- respondió mi tío, con el mismo entusiasmo –Lamento no haber ido a tu graduación-

Cuantas veces se habrá disculpado por faltar a mi graduación? Unas cien veces puedo asegurar. Se sintió muy mal y yo también por no tenerlo cerca en un momento tan importante, pero es que la economía no le permitía darse el lujo de tal viaje. Yo lo entendí, pero el seguía sintiéndose culpable. Papá seguía en la misma. Yuri me comento sobre un detalle que había estado omitiendo durante las llamadas, pero supe que visitaba seguido a Elizaveta Petrova y esta, aunque perdió la razón, avanzaba a pasos agigantados al salir al patio, dejando la humedad y oscuridad de esa habitación tan descuidada. La mansión no cambio en nada, pero las casas siguientes si, el pueblo había dado un giro inesperado. Las casa comenzaban a ser departamentos de repente y los campos se iban poblando de material.

-El pueblo ha cambiado mucho. Pero admito que prefiero este pueblucho en el cual crecí antes que las enormes luces de los edificios en Paris- suspire, sonriendo melancólicamente.

-Si que ha cambiado, pero con eso cambian los oficios. Ya nadie necesita un herrero- se quejaba, mordiéndose el dedo índice –Ahora cumplo el papel de transportista. Pero cuéntame mas, como es Paris?-

-Es una gran ciudad. Edificios altos, comercios de caros objetos, restaurantes de clase. Odio todo eso, sabes? Pero lo soporto ya que las viejas calles me dan calma- le comentaba, sonriendo ante la sensación –Muchas veces he salido de noche para estirar las piernas, lejos de todo el alboroto de la ciudad. Es un conjunto de pequeñas casas frente, pero lejos, de la Torre Eiffel. El silencio es delicioso allí, pero luego de un momento me exaspera, sabes que no soporto mucho tiempo el silencio. Mucha elegancia, mucha luz, mucho de lo bello, mucho de lo bizarro y, especialmente, mucho romance-

-Has visto ya a Elena?- pregunto Yuri de repente, haciéndome atragantar con el liquido de tomate que ingería en ese momento –Oye! Cuidado, Yul, estas bien?-

-Aun no he visitado a Elizaveta Petrova- respondí, luego de reponerme –Pero lo haré mañana-

-Visitaras mañana a Elizaveta, pero no me has respondido: Has visto ya a Elena? Como tu, creció bastante- comentaba, pensativo –Hum, no, a diferencia de ti, lobita, la señorita Elena ha crecido Mucho mas-

-No te metas con mi tamaño! Viejo- le reñí divertida, tratando de omitir el detalle de la visita a la mansión de Elizaveta. –Como has estado tú?-

-Ah bien… No me quejo, realmente- respondió sonriendo –Dasha impuso ciertas reglas en la casa, ya sabes, me ha hecho responsable haha. Hacia falta una mujer en la casa-

-Ya lo creo-

-Durante el tiempo en que fuiste me la pase muy aburrido. Siempre me encontraba entretenido cuando estabas tú… Es como cuando tu madre murió- suspiro, melancólico –Todo estaba estático, no sucedía nada hasta que tú llegabas y nos alegrabas a todos… Yulia tu extrañas a tu madre?-

-No lo se, bueno, no estoy segura. Es extraño porque prácticamente no la conocí… Ni a Viktor, pero siento cariño por ellos a pesar de todo-

-Larissa… Era una mujer increíble. Yo se la presente a tu padre, sabias? Nos conocimos una tarde, cuando volvía de la casa de los Stepanov después de hacer un par de trabajos la vi sentada a un costado del camino, perdida, con el rostro y las ropas cubiertas de tierra- decía con una sonrisa –Ella era mas joven que Oleg y yo… Pero era realmente preciosa. Me dijo, ahogándose en lágrimas, que sus padres la habían abandonado al no poder alimentarla… Que podía hacer yo? La traje a la casa… Y, hasta ahora, puedo jurar que no la ha abandonado-

Lo observe por unos instantes, pero el solo parecía divagar en sus pensamientos.

-Se caso con Oleg meses después de haber quedado embarazada. Esperaba a Viktor. Y yo…- pero se callo aun pensativo –Cada vez que la veía sonreír, todo parecía estar en calma. Siempre tuvo esa manera de ser inquieta, odiaba estar sin hacer nada. Amó mucho a tu padre, pero por alguna razón, luego de que se comprometieron… Dejo de sonreír con frecuencia, hasta que tu hermano y tú llegaron a su vida-

-Acaso tu…? No, nada- sonreí, sabiendo que era mejor dejarlo de esa manera.

A la hora de mi merecido descanso, no pensé en absolutamente nada, el sueño no me lo permitió. Me sentía muy bien de haber vuelto a casa, aunque fueran pocos días. Aun no veía a Oleg, pero que mas daba, lo importante es que estaba con mi tío y mi ‘tiastra’, como le decía cuando bromeábamos. Estaba acostumbrada a dormir hasta tarde, así que viendo que era bastante temprano decidí quedarme un rato más en la cama. Pero al pasar unos minutos tuve que bajar a la cocina para ver si podía alimentar mi feroz apetito con algún desayuno improvisado. Mas Yuri y Dasha se adelantaron a mis planes preparando una, a comparación de mi desayuno imaginario, gran variedad de alimentos. Yuri siempre decía que el desayuno es lo más importante del día.

-Buenos días, Yulia- saludaba Dasha –Pasaste bien la noche?-

-Sip, he dormido muy bien- respondí, desperezándome como un gatito sobre la silla.

Papá había llegado temprano en la madrugada, me contó Yuri, haciendo escándalo al tropezar con todo, mas yo dormí como nunca. Me sorprendió al sentarse con nosotros, masajeándose las sienes, seguramente tendría una resaca de aquellas. Me observo por unos momentos y, frunciendo el seño, dejo escapar las palabras que ya veía venir…

-Viktor! Volviste, maldición!- Y si yo pronunciaba alguna de esas palabras me abofeteaba –Donde has estado?-

-Estuve en Paris, papá- le respondí, sabiendo que era en vano explicarle que era su hija –Pero me iré pronto-

Mi reloj daba las nueve. Era temprano aun como para ir a la casa de Elizaveta Petrova, pero decidí visitar el bosque y quizás la inspiración me encontrase trabajando. Yuri quería prestarme su camioneta, mas yo me abstuve, prefería caminar un rato. Nunca me había gustado caminar, a excepción de esas noches mágicas en Paris, pero me gustaba recorrer el pueblo a pie para memorizar cada cambio y detalle. Saltaba sobre las rocas sobresalientes del río, intentando no caer, en esa época del año el agua se sabía helada aun. Extendía los brazos para poder encontrar el equilibrio, sintiéndome libre como adoraba. Siempre pensé que la libertad significaba, en gran parte, mucha responsabilidad y es por eso que la mayoría de las personas le teme.

Camino a la mansión, mi vista se concentro mucho en el cielo. Era un cielo celeste despejado, sin ninguna nube. Tan sumida en mis pensamientos que, inconscientemente, llegue al portón de mí destino. Suspire y me adentre dudosa. Toque dos veces con los nudillos, pero nadie me respondió, viendo que la puerta estaba sin seguro, entre sin permiso.

-Señora Elizaveta?-

-Yul? Querida! Que alegría que estés aquí- Decía la señorita Petrova –Acércate, acércate que quiero verte-

La obedecí, mientras me hacia ver en la habitación que ocupaba. Ella tenía muchas señales de haber envejecido bastante desde mi partida, parecía más débil y anciana que antes. Me miro, con esa eterna sonrisa forzada y luego suspiro decepcionada.

-Pero Yul! No has cambiado nada, solo tu cabello- se quejaba –y sigues igual de baja-

-No se meta con mi tamaño, señora, que soy sensible respecto a ello- respondí, tratando de sonar lo mas seriamente posible –Veo que usted…-

-He envejecido, pero mi corazón sigue igual de partido. El tuyo lo estará pronto, querida- Otra vez salía con eso de los corazones –Que? Buscas a Elena?-

-No, claro que no- resolví, sintiéndome descubierta –Es solo que el lugar…-

-Se ha ido. Te dije que te esperaba pronto, pero tardaste mucho. Te lo dije, te lo dije- reía, interrumpiéndome –Ha vuelto al extranjero, lejos. Pero tú la perseguirás… Oh, querida, ¿No es maravilloso?-

Maravillosa fue la cara de decepción que lleve puesta luego.

-Cuéntame como te ha ido. Tu tío me comento ciertas cosas, pero prefiero escucharlo de tu boca, vamos, cuéntame-

-Siendo usted una persona de su clase, habrá visitado en algún momento Paris. Me ahorro los comentarios sobre la ciudad. Pero allí he descubierto, inevitablemente, que el arte es maravillosamente irracional, pero a pesar de eso, es necesario. En este momento no puedo explicarle el sentido de alguna de las pinturas que lleve a cabo, pero estoy segura de que no tiene el menor sentido y de eso estoy orgullosa. Mi arte no necesita tener sentido ni explicación para otros, me siento satisfecha con plasmar lo que siento. Es por eso que creo que el arte es como nosotras, las mujeres, difícil de entender, pero irremediablemente embriagador-

-Como para ti, lo es Elena- insistió sonriente.

-Por Dios!-

Visitar a Elizaveta Petrova fue una mala idea. Pero negarme a su invitación hubiese sido de mala educación, y es que no planeaba verla. Sin embargo, quería ver a Elena. Regrese lentamente, dolida. Por alguna razón el bosque, el río, el cielo y todo lo que pasaba en mi camino tenia igual forma, nada era especial. El mal humor me tomo desprevenida. La felicidad de ver a mi familia se esfumo demasiado rápido y el deseo de volver a Paris para olvidar se incremento. En la tarde acorde que partiría en la mañana siguiente.

-Puedes venir, Yul? Quiero hablar contigo- Mi tío me llamaba con ese tono de voz firme que a la vez daba seguridad. Se encontraba en los escalones de la entrada, mordiéndose el dedo índice. Deje lo que estaba haciendo para acompañarlo –Ya se que eres mayor, Yulia, y que eres responsable en cuanto a tus decisiones. Pero me preocupas. Entiendo que ya tengas tu vida allá, en Paris, me gustaría que te quedaras mas tiempo, pero quiero saber el por qué de tu huida-

-No estoy huyendo, Yuri- rezongué, jugueteando con mis dedos –Es solo que… Tengo cosas que hacer-

-Lo se, lo se, lobita… Pero desde hoy, cuando volviste de la mansión, has estado rara- decía preocupado –Siempre te lo dije: El dolor que se calla es el más doloroso. Sabes que aquí tienes a este viejo que te escuchara y, sea cual sea el camino que elijas, te apoyare-

-Tanto se nota?- para qué negarlo, era demasiado obvio.

-Cuando dejaste este pueblo, llevaste tu maleta cargada de tus pertenencias, esperanzas e ilusiones, tanto como el recuerdo de aquella persona a quien amas. Pero ni ahora ni nunca has llevado contigo tu corazón- Decía con una sonrisa –Vamos Yul, no importa lo que te diga Elizaveta Petrova ¡Ámala!- Yuri, Yuri, Yuri. Siempre lograba convencerme, no importaba qué, siempre lo hacia.

Termine quedándome dos semanas.

Sabía que si volvía a Paris me esperaban días de no hacer nada, teniendo los trabajos listos, la exposición preparada. La inspiración apagada. Las horas vacías no vuelven. Preferí pasar el tiempo con Yuri, Dasha, papá. Un par de veces sentí la necesidad de sacarle el paradero de Lena a Elizaveta Petrova, pero temía hacerlo. Temía encontrar a esa pelirroja bonita y que esta me rebajara como en años atrás, que criticara mis ropas, que a pesar de ya no se ordinarias, las de ellas debían ser de seda, elegantes, de famosos diseñadores. Temía que viera mis manos, otra vez, y dijera con ese tono burlón ‘Mira sus manos. Tiene manos de herrero’

Temía que me lastimara. Otra vez.

No hable más del tema con Yuri. No fue necesario, el dijo todo lo que pensaba del problema y yo no necesite nada mas. La visita, omitiendo el detalle de la visita a la mansión, fue genial. Por fin, mis sentimientos de añoro y tristeza al extrañar a mi pequeña familia se esfumaron. Luego reino la idea de no salir de allí nunca más, pero la vida me tenía otro destino…

Mi celular chillaba pidiendo atención, pero yo estaba bañándome, por lo que Yuri decidió responder, el muy chismoso, y luego de buscarle una solución logro contestar.

-Diga- respondió mi tío –Oh si, si, como estas? Ah bien, si, si, bien, bien, te escucho… Que?! No, no, tu díselo, le diré que te llame, si, lo se, si, esta bien. Adiós-

Al salir totalmente relajada, Yuri me hizo sobresaltar al llamarme a los gritos. Baje las escaleras casi corriendo y este se abalanzó sobre mi, apretujándome contra su pecho en un asfixiante abrazo. Confundida, tanto como para ni reír, le pedí una explicación del por qué de sus gritos. No me respondió, tuve que llamar a Mijaíl Kozlov.

-…Ah si, tu tío me atendió. Solo quería darte buenas… No, excelentes noticias- decía mi ex tutor del otro lado de la línea –Prepárate, Yul, olvídate de esa pequeña exposición en Paris. Llena tu maleta que la exposición será en Nueva York!-

Mi tío tuvo que sostenerme porque a penas recibí la noticia casi doy contra el suelo. Yuri aguantaba las lágrimas, el pobre, cuando yo debería estar haciéndolo. Me prometió que iría a ver la ‘Gran Exposición’

Mis ropas arregle rápidamente, la maleta llene y me despedí de todos. Papá nos acompaño hasta el aeropuerto, algo sobrio, pero su enfermedad ya no lo dejaba ser el de antes. Me acompaño como si fuera Viktor y no hice nada para evitarlo, por lo menos estaba allí. Lo que Misha me comento por teléfono era casi nada, estaba ansiosa por llegar a Nueva York para que me lo explicara todo. Me dije que no tenia caso lamentarse mas por Elena o por ciertos comentarios venenosos de la señora Elizaveta.

Tendrían que haber visto a Yuri Volkov llorar como un niño pequeño en el aeropuerto y a Dasha abrazándolo en puntas de pie, ya que Yuri era muy alto. Oleg lo miraba con reproche.

-Pero Yuri Viktorovich Volkov! Como que estas llorando? Eres un hombre, enderézate, vamos, vamos que Viktor se va- le decía, mientras mi tío le propinaba un golpecito en el brazo.

La primera vez que le veía poner una mano sobre el de esa manera.

-Oye Yuri, tranquilo. Sabes? Aunque no quieras no me voy toda la vida!- bromeaba yo, viendo que la hora de mi vuelo se acercaba –Nos veremos en la exposición, además planeo venir a fastidiarte de vez en cuando-

A la hora de abordar el avión, Yuri aun no me soltaba. Decía que estaba demasiado orgulloso y feliz, le aliviaba que estuviera en tan buena posición. Me dio un poco de gracia que un hombre tan fuerte y grande se emocionara de esa manera, pero no podía dejar pasar mas el tiempo y partí. En la mayor parte del viaje me concentre en dormir, pero de pronto me puse a pensar en mi benefactor, Misha decía que seria un secreto para mi hasta que el propio benefactor me revelara su identidad, pero no podía dejar de pensar en ello. En la cuenta que me había dejado, su nombre aparecía codificado, al parecer era muy astuto aun después de que ya no dependiera de él. Nunca lo vi, nunca mas escuche de el, tampoco le pude agradecer… Pero quien sabe, quizás me sorprendería en algún momento.
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   18/2/2010, 10:31

ohh esta genial!!!
continua!!
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   18/2/2010, 15:19

darsteffi, reitero que este n es mi fic ... jajaj pero pues gracias or leerlo a mi me encanto y por eso lo estoy pasando para este foro...pero su creador@ es K Nacha les dejo mas

Capítulo 5: Sonne

No se por qué dicen que Nueva York es precioso, hermoso y todo eso. Esta lleno de gente que empuja, pisotea, insulta y es irrespetuosa. Yo no me quedaba atrás, pero es que no estaba acostumbrada a todo aquel ajetreo. Los edificios eran altos, más que los de Paris o cualquiera de los que haya visto hasta ese momento. En el aeropuerto me recibieron los hijos de Mijaíl, quien se encontraba enfermo. Eran dos muchachos de cabello castaño que resaltaba de entre todos los pasajeros que entraban y salían de la sala principal del aeropuerto. Había visto un par de veces a Vladimir pero muy pocas palabras habíamos mantenido.

-Yulia, verdad?- pregunto el de la derecha, a lo que asentí –Mucho gusto! Yo soy Vladislav y el…-

-Ya me conoces- lo interrumpió el de la izquierda –Nos vimos un par de veces en la casa de mi padre, en Paris hace tiempo… Y eso que no creciste nada Volchonok!-

-Ah! Malcriado, todos me fastidian la altura!- me quejaba sonrojada. Ambos eran muy amistosos y se confiaban en seguida –Que le sucedió a Misha?-

-Gripe- respondió Vladislav –Pero nos envió a nosotros-

-Ven, pulga, que quiere hablarte de unos asuntos-

Lo primero que todos decían al verme es: ‘Tu cabello!’ o ‘Hija, no has crecido nada’ pero Mijaíl no lo hizo. Me recibió con una sonrisa, alegre de verme de vuelta. El pobre estaba bajo bastantes cobijas, con un termómetro en la boca y con el rostro rosado. Se incorporo lentamente y Vladimir se apresuro a acomodarle una de las almohadas para que pudiera sentarse cómodamente. Me invito a que me sentara a su lado, en una silla y así lo obedecí, mientras se aclaraba la garganta para proseguir en su explicación:

-Bueno, Yulia, tus pinturas están aun en Paris, pero podrás crear otras. La exposición será más grande que la pensada en Francia y esta, será solamente de Tus pinturas. Algunos artistas de buena mano te ayudaran y eso la hace interesante. Estoy seguro de que tu trabajo llamara la atención- decía –Y tengo otras cosillas que contarte, pero debes estar ansiosa por conocer la ciudad… Vladislav y Vladimir te llevaran a dar un paseo. Luego te mostraran una habitación para que te hospedes hasta que consigas un lugar donde vivir-

-No es necesario, Misha- decía yo, viendo la cara de fastidio fingida de Vladislav.

-Oh si, pequeño átomo, vas a venir con estas locas, sabes? Ay de mi, como esperas que cargue toda la ropa que compre con mis delicadísimamente frágiles manos?- Vladislav fingía una voz de afeminado –Vamos, vamos querida, que las tiendas me esperan y a ti te tocara cargar las cajas-

Todos nos ahogamos en carcajadas y salimos animados. Vladislav, o Vladik como prefería que lo llamáramos, era mayor que Vladimir por cinco minutos, pero parecía al revés, ya que Vladik se comportaba mas como un niño que como todo joven de su edad. Trataba su enorme automóvil deportivo de un rojo furioso como si fuera una mascota. Pero lo manejaba como si fuera una bestia. Yo iba bastante pálida en el asiento de atrás y Vladimir iba lo más tranquilo, debía estar acostumbrado a esa manera que tenia el mayor de conducir.

-Vladik…. Vladik! Estaciona aquí, mira la pobre enana, parece copo de nieve de lo pálida que esta!-

-Ah por favor, de por si ya es pálida, como notas que este mas pálida?- se quejaba, pero una mirada asesina de Vlad lo hizo callar –bueno, bueno, entiendo-

Estaciono en el único lugar libre que encontró cerca del parque. Por suerte era día de semana y no estaba desbordante de gente. Vlad me explico que aquel era el Central Park, famoso por las películas que se han filmado allí. Tenía muchos lagos artificiales, pistas de patinaje sobre hielo, muchas áreas verdes, numerosos monumentos, incluso un castillo de estilo victoriano! El parque era enorme!

-No, no lo recorreremos todo, gnomo- Cada vez que se dirigían a mi lo hacían con un apodo diferente! –Preferiría hacerlo mañana, hoy esta algo agitado. Además, tenemos todo el tiempo del mundo y Nueva York es enorme. Vamos a llevarte a casa, necesitas descansar-

Cuando decía ‘casa’ pensé que se refería al departamento de Mijaíl, pero recordé que me tenían una habitación reservado en algún enorme edificio. Esta vez Vlad condujo y lo hizo de una manera mas tranquila. Estaba perdida en mis pensamientos, tan concentrada que no me fije en el paisaje que pasaba a mi lado por la ventanilla del automóvil. El menor de los hermanos estaciono cerca de un enorme edificio de ventanales también grandes. Tomamos el elevador y quedamos en el quinto piso. Vladik saco una pequeña llave con el numero 5 y la introdujo en la ranura para poder abrir la blanca puerta. El interior me sorprendió: consistía de una habitación con una gran cama, un baño seguido de esta, una cocina y, en el fondo, un espacio de grandes proporciones que estaba vació. Vació y todo, tenia su encanto, de pronto el silencio se hizo presente, los gemelos estaba discutiendo en otra habitación, me acerque al gran ventanal para deleitarme con el paisaje. Las luces de Nueva York eran un poco irritantes, pero le daban un toque de belleza a los edificios, a los cuales deje de considerar un gasto innecesario.

-Bueno, papá ya ha enviado las… eh tu maleta- anunciaba Vladik trayendo mi pequeña y única maleta.

-Que descanses, honguito- decía Vlad detrás de su hermano, arrastrando las palabras de este.

Me encantaba hablar con aquellos gemelos, porque cuando uno terminaba una oración, el otro hermano acababa con otra que coincidía completamente. Eran iguales físicamente, pero en cuanto al carácter… Bueno, Vladislav era un niño y Vladimir era un ‘hombre maduro’ pero sin perder ese sentido del humor que tanto les favorecía a ambos. La primera noche que pase en Nueva York no fue una de sueño completo, despertaba a cada momento nerviosa, al ser la primera vez en un país tan lejos de mi tierra natal. Pero lo mejor de todo fue la mañana, cuando al despertar el aroma a café inundo mis sentidos, haciéndome relamer los labios y que mi estomago rugiera. Mi ojos azules se entreabrieron y bostezando me incorpore.

-Ah!- me queje, mala noche, ropa incomoda. Había olvidado mi pijama, además, estaba muy cansada como para cambiarme.

-Huh, estas bien iPod?-

-Te duele algo?

La voz de Vladik me hizo sobresaltar, pero más me sorprendió la de Vladimir. Que hacían esos dos en mi piso, en la mañana, y preparando café?

-Hey, que hacen aquí? Y por que me llamas iPod?-

-Estamos haciendo el desayuno- respondió el mayor

-El iPod es chiquito- dijo a su vez Vlad –Levántate, desayunaremos y luego te daremos un tour de la ciudad… Eso si, tienes que pagarnos-

-No hacemos las cosas gratis!-

El desayuno fue ligero, pero delicioso. La ciudad nos esperaba y yo estaba más ansiosa por conocerla. Sin embargo, no estaba preparada para otra de las ‘carreras’ que Vladik corría en su auto deportivo. Me di cuenta de que la ‘Gran Manzana’ es interesante si se la estudia a fondo. Más allá de que sea una ciudad con los mejores medios de comunicación, una gran influencia política, educación excelente, el mejor entretenimiento y la moda mas reciente, sus paisajes son profundos y expresivos, siendo Central Park el parque con mas verde mas hermoso que haya pisado en toda mi vida. Después del bosque de mi pueblo, claro. Al ver la Estatua de la Libertad, me vi incitada a dibujarla, puesto que inspiraba tanto poder y se veía tan imponente….

Pero, por alguna razón y aunque tratara de pasar el tiempo dibujando, el tiempo, cruel, no avanzaba. Los días pasaron lentamente y los gemelos se me hacían cada vez más simpáticos y divertidos, parecían mis hermanos más que mis amigos o los hijos de Misha. Se que nadie podría reemplazar a mi hermano, Viktor, pero ellos llenaban ese vació. En las noches, cuando todo estaba en silencio, buscaba en mi maleta, a penas desecha, las fotos que había sacado de la habitación de papá cuando estaba de visita en mi pueblo. En una de las fotografías, mi hermano posaba sonriente y abrazaba a un bebe recién nacido entre sus brazos. Yuri me dijo que esa bebe era yo y que esa foto la había tomado mi madre, a penas unos días antes del accidente.

Viktor tenía solo 21 años. Mamá y el habían salido esa tarde para conseguir medicamentos que hacían falta en casa, yo había enfermado y desde aquella vez he sido delicada de la garganta. En ese entonces mi hermano había podido conseguir un auto por los trabajos que había hecho con mi tío. Según Yuri, Viktor era un descontrolado cuando conducía, pero lo irónico es que no falleció sobre el auto, falleció… Mejor dicho, fue asesinado antes de entrar en el. Los medios dijeron que mamá se había resistido a un asalto, y mientras mi hermano corrió en su ayuda, le dispararon a ambos. Fue un 20 de febrero.

Desde que tengo uso de razón y mi tío me lo explico como para que lo entendiera, no he ido a visitarlos al cementerio ningún 20 de Febrero. Cuando vivía aun en mi pueblo, era el único día en el que no pensaba en ellos, porque sabía que me iba a doler demasiado. Yuri nunca quiso que me sintiera culpable, pero lo cierto es que luego de comprar los medicamentos, Viktor decidió comprar un obsequio para mí… En la tienda donde quisieron robarle.

A veces me pregunto si Elena tendrá padres o algún familiar, porque Elizaveta Petrova la considera una sobrina, pero no le veo nada parecido. Pero… No, si tienen algo parecido. Elizaveta posee esa crueldad en los ojos, esa ironía, ese deseo por lastimar y la mirada de Lena, mas aventurera, posee las mismas características, pero en menor magnitud.

-Yul… Yulia… YULIA!-

-Ah? Que pasa?- pregunte medio dormida, respondiendo al llamado desesperado de Vladik, que daba vueltas por el piso acelerado. –Como entraste?-

-Dejaste la puerta abierta, como siempre- respondió. –Por que tienes cajas de cereal vacías en toda la cocina?-

-La costumbre- respondí simplemente –Cuando era niña la mayoría de las veces, en la mañana, solo tomaba leche tibia. Por eso no me gusta mucho la leche, solo me gusta el cereal-

-En que pensabas Mercurio?- interrogo Vlad, mirándome fijamente, luego de un rato largo de silencio.

-Nada- conteste, sonriendo para quitarle importancia. Mercurio es el planeta más pequeño del sistema solar, que gracioso Vlad –Ya estoy grande, puedo hacer mi desayuno sola-

-Ah no, mitocondria, la ultima vez que dejamos que te hicieras tu propio desayuno terminaste en el hospital por intoxicación-

Los gemelos prácticamente vivían conmigo en aquella habitación. Llegaban por la mañana, pero no se esforzaban en tratar de despertarme, siempre lo hacia a eso de las once de la mañana, a veces al medio día. Pero Vladik nunca dejaba que pasara un día sin desayuno, fuese la hora que fuese.

-Pero dime, en que pensabas?- repitió el menor

–Debes estar pensando en ella, otra vez- decía Vladik

-Que?- dije en un gemido de sorpresa, como sabían que era ella?

-Si dejaras de hablar en sueños…- reía el mayor.

-Nada de eso- respondí sin más –Solo pensaba en todo lo que pase en mi pueblo, en la mansión de Elizaveta Petrova-

Vladislav dejo lo que estaba haciendo de repente, Vladimir se atraganto con la bebida. Ambos tomaron un temple serio, mostrándome unas expresiones que nunca había visto en sus rostros. La conocían? O sospechaban? Quizás no les caía bien el hecho de que me gustara una chica.

-Yulia… Voy a hablarte de Elizaveta Petrova- anuncio Vladik –Fue una niña mimada, su madre murió cuando era joven y su padre nunca le negó nada. Este era un fabricante de cerveza rural, seguramente habrás visto esa gran fabrica que conecta a la casa. Era un hombre muy rico, pero le dejo casi todo a la señorita Petrova, ya que su hermano heredo una parte de la fortuna, mas este lo derrocho gastándolo en tonterías-

-Ambos hermanos tenían muchas diferencias, y creo que él la odiaba. Pero una vez, en un baile de la alta sociedad antigua, Elizaveta vio a un hombre que la conquisto con su sola mirada. Al poco tiempo de haberle profesado su amor, le pidió que se casara con él- continuo Vladimir –Ella lo adoraba y el se aprovecho de eso. La fecha de la boda se fijo, el equipo de casamiento se completo, la novia estaba lista… Pero el novio envió una carta diciendo que no se presentaría…

-A las nueve y veinticinco, lo se. Todos los relojes de la casa están parados en esa misma hora-

-Ignoro la hora… Fue un plan que ideo su hermano y uno de sus amigos. Venganza. Es cierto que esta un poco loca, pero es muy astuta. Crió y educo a Elena, su protegida, como si fuera suya, mas no lo es. No tomo el apellido Petrov porque así lo quiso Elizaveta- decía Vladik

-Pero, debes tener mucho cuidado con Elena Katina, clavito- me advirtió Vladimir muy seriamente, cuanto la conocería? –En fin, muchos recuerdos para ti, Yul-

-Ahora debemos irnos- anuncio el mayor –Nos vemos mas tarde, peque-

Dejaron el desayuno en la pequeña mesa que estaba a un lado de mi cama. Termine con todo de un bocado, me había despertado con hambre. Deje las cosas en la cocina que se mantenía impecable. Tome una ducha rápida y me vestí con esos jeans gastados que tanto me gustaban, una simple playera negra y la chaqueta de cuero también negra que me quedaba un poco larga, pero la usaba porque Vladik me la había regalado a los días de llegar a Nueva York. Tome la mochila que contenía mis herramientas de dibujo, deseaba ir a Central Park y pasar un rato allí.

Vladimir tenía razón en cuanto a que era muy distraída. Siempre dejaba la puerta abierta. Pero no le di mucha importancia esta vez, bajando enérgicamente las escaleras. La conversación que tuve con los gemelos momentos antes me dejo pensativa, pero decidí no quedarme en el departamento a pensar. Lo haría en el parque.

La gente que pasaba por allí simplemente me ignoraba. La mayoría iba hablando por teléfono y te atropellaba, te quejabas en voz alta y sin embargo no te pedían disculpas. Harta de estar soportando aquello, tuve que marcharme a la orilla de uno de los lagos artificiales. Busque en la mochila mi lápiz y el bloc de hojas para poder retratar algún paisaje o animalito simple que apareciera. Pero me tope con un aparatito que choco contra mis dedos llamándome la atención. Sonreí para mis adentros, era la cámara digital. Me levante rápidamente para poder enfocar bien el objeto y tomar un par de fotos.

Central Park podía ser uno de los parques más famosos y concurridos, pero no le encontraba mucha gracia al hecho de que se llenara siempre. Los paisajes eran verdes y extensos, pero también interrumpidos por monumentos. La pista de patinaje más cercana al lugar por donde caminaba, estaba llena de gente, no era un escenario muy bueno para fotografiar. Todo estaba interrumpido por algo. Decidí salir de aquel espacio y visitar otros lugares para ver si algo interesante se cruzaba en mi camino. Llegue a ese enorme castillo que ahora, por desgracia, no recuerdo el nombre y saque una foto de la enorme construcción. El lago lo rodeaba y el reflejo en el agua le dio un toque mágico a la foto.

Mi estomago reclamaba por comida. En el camino al café del parque que había concurrido con los gemelos anteriormente, no deje de tomar fotos de los edificios a los que les encontraba un efecto diferente, puesto que la luz del sol les daba formas distintas. Estaba un poco cansada ya que el camino del departamento a Central no era muy corto que digamos. Antes de cruzar el puente me volví corriendo hasta uno de los árboles mas inclinados. Con mis dedos enfoque lo que seria una futura imagen. Las hojas del árbol se inclinaban hacia abajo, cubriendo una parte del paisaje, pero dejaban perfectamente a la vista el pequeño puente. Los demás árboles detrás de este daban una imagen preciosa. Iba a disparar la captura del paisaje, pero me decepcione al ver que una persona se colocaba justo en medio de espaldas, arruinando mi perfecta fotografía. Solo distinguía una sombra por la lejanía, pero me acerque esperando a que dejara su lugar.

Resignada al ver que no se movía, iba a sacar la foto de todas maneras. Volví a enfocar la cámara y me di cuenta de que era una mujer. Al principio no lo sabía muy bien ya que llevaba un sombrero para evitar que los rayos del sol molestasen su vista. Luego de unos segundos, en los cuales la contemplaba, se quito el sombrero suspirando. Su largo cabello quedo libre, la luz le daba un efecto sobrenatural, brillaba demasiado. Demasiado bien. La fotografía quedo espectacular y no me importo que esa persona estuviera allí, quedaba aun mejor.

Sin embargo yo quería una imagen libre! Quería el puente solo y nada más.

-Disculpe…- la llame cuando estuve a una distancia considerable –Podría correrse de allí un momento? Necesito… Necesito… La foto...-

Su cabello era de fuego, sus ojos de un verde peligroso. Como no me había dado cuenta antes? Aun tenia la cámara fotográfica en lo alto sobre mis manos lista para accionar el flash, mas me contuve cuando esa joven se dio la vuelta y ante mi revelo su identidad. Elena estaba allí, siendo fotografiada por mí sin que se diera cuenta del todo.

-Yul?- su voz no había cambiado mucho, seguía teniendo ese dejo de inocencia –Eres tu?-

-Eh… Y—yo…-

-No seas ridículo- reía fingiendo una voz de niña. No puede ser, me dije, aun creía que era un muchacho?!

Yo aun me mantenía en mi posición original para tomar fotos, pero ella se acerco lentamente. Tenía una manera tan elegante para caminar. Una manera femenina, sensual, con clase. Muchas veces imagine como seria cuando la viera otra vez después de tantos años, pero nunca pensé que seria tan incomodo. Mi corazón se disparo como loco, como si quisiera salirse de mi pecho y tomar un respiro. Imagino que mis mejillas se habrán sonrojado rápidamente ante tal belleza. Oh Dios, que no siga acercándose, te lo ruego! Decía para mis adentros.

-Yulia en Nueva York… Cuanto tiempo ha pasado!- decía al abrazarme y puedo jurar que lo hizo a propósito, todo lo hacia a propósito. Su pecho contra el mió no me era muy cómodo... Pero por lo menos ya no creía que era un chico –Mira cuanto has cambiado, por un momento no logre reconocerte… Mira tu cabello! Esta genial, resalta mucho mas tus ojos, se ven hermosos-

-S—si- logre tartamudear.

-Tengo que comprobar algo, di tu nombre completo-

-Eh… Yul… Yulia Olegovna Volkova?- respondí dudosa.

-Muy bien! Una vez cuando Yuri, tu tío, estuvo de visita en la mansión, nos comento que se te dificultaba pronunciar tu nombre completo y por eso todos te llamaban Yul y…-

Veía que Lena movía los labios pero no escuchaba. Veía sus movimientos y me pregunte como seria sentirlos otra vez sobre los míos. Pero no de sorpresa, no como aquella vez en la fuente, sino que fuera un beso de verdad. De repente se hizo silencio, sus labios dejaron de moverse curvándose en una sonrisa y sin razón aparente volvió a abrazar mi cuerpo, pero de una manera extraña, de una manera deliciosamente provocativa. No, claro que no lo hacia a propósito. Seguro…

-Harás algo hoy?- pregunto de la nada, separándose de mi.

-Eh bueno… Cre—creo que no-

-En ese caso, ven, tenemos muchas cosas que hablar y para esto es necesario un café-
De un momento al otro, me vi cruzando el puente, siendo arrastrada por esa pelirroja. Enroscaba su brazo en el mió como cuando éramos más jóvenes. Solo que esta vez no se mostraba indiferente, al contrario, sonreía, me preguntaba, me respondía. Todo lo hacia con dulzura y atención. Todo lo que yo respondía eran monosílabos y algunas oraciones a las atropelladas.

-No puedo creer que en todo ese tiempo haya creído que eras un chico!- se quejaba Lena, divertida –Por que nadie me corregía?-

-En un principio se me hizo de mala educación corregirte- respondí, nerviosamente, mientras jugaba con un papel que estaba sobre la mesa del café –Pero desde entonces me he acostumbrado. En el pueblo todos me llamaban Yul, nadie hacia diferencias-

-Veo que has salio del pueblo con suerte. Cuéntame como te ha tratado la vida-

-La educación que recibí en Paris es muy útil ahora, el francés no es tan difícil… Y mi inglés no es excelente, pero puedo manejarlo. Mi benefactor ha sido de gran ayuda a lo largo de estos años, incluso ahora. Si no fuera por el, no se donde estaría en este momento. Misha también me ayudo bastante en cuanto a las exposiciones y todo eso. Justamente he llegado a Nueva York con el propósito de exponer algunos de mis trabajos-

-Algunos pintores transforman el sol en una mancha amarilla y otros transforman una mancha amarilla en el sol-

-Picasso- sonreí, mientras ella imitaba el gesto.

Lena tomaba la pequeña cuchara entre sus dedos y revolvía el café con elegancia. No lo hacia a propósito, sino que ya era parte de su manera de ser. Dejaba el cubierto a un lado al terminar y, delicadamente, levantaba la taza y apoyaba los labios sobre el borde para poder ingerir el líquido caliente. Estudiaba sus movimientos temiendo que todo aquello fuese un juego, una broma que estaba jugándome, pero no. De vez en cuando me dirigía una mirada que me helaba completamente.

-Estas… Estas muy diferente- le confesé luego de unos segundos en silencio –Estas hermosa-

-Gracias, Yul, pero acuérdate de que era muy orgullosa e insultante y que querías alejarte de mi- decía ella con una leve sonrisa de triunfo. Al recordar aquello me ruborice inmediatamente. Me explique diciéndole que eso era antes –A ti también te veo muy diferente. Creo que ya no eres tan torpe como antes-

Charlamos un rato mas en aquel lugar, pero pronto ella deseo dar un par de vueltas por Central Park nuevamente. Me entere de que acababa de llegar de Italia. Mas refinada que nunca, caminaba a mi lado a la orilla de uno de los lagos del parque, ella deseaba conocerlo un poco mas. Sin embargo, yo iba bastante incomoda, de a ratos mi manera de caminar era un poco ordinaria a su lado, pero es que ya era mi costumbre, como meter las manos en los bolsillos del pantalón. Volví a sentirme como la niña ordinaria con manos de herrero de aquel entonces, cuando Lena parecía la niña más antipática que hubiese conocido.

-Recuerdo aquella vez, cuando saltabas sobre los barriles de cerveza abandonados, jugando- comente, sin dirigirle la mirada –Es decir, admito que te espiaba, casi te caes-

-En serio? No lo recuerdo-

-¿Tampoco recuerdas que me hiciste llorar ese día?-

-No- respondió, negando con la cabeza y mirando alrededor –Es necesario que sepas, Yulia, que no tengo corazón, menos si se trata de mi memoria. Bueno, si lo tengo, pero ya sabes a lo que me refiero. Aquí no tengo ninguna bondad, ninguna simpatía, nada-

Seguía siendo extraña! Me trataba con cariño, con respeto incluso, más se contradecía ella misma. Podría haberme lanzado al suelo y patalear llorando como una niña, pero no lo hice. Simplemente la observe un poco dolida, mientras seguíamos caminando. Me devolvió la mirada, llenándome de confusión.

-Que sucede? Pareces asustada-

-Me asustaría si realmente creyera lo que has dicho- respondí, tratando de olvidarlo.

Ella dejo escapar una risa tímida, apegándose más a mí. El sol comenzaba a ocultarse y todo estaba oscureciendo de a poco. Lena se mantenía cerca de mí, espiando mi cuaderno de dibujos, el cual había estado llevando bajo el brazo por la falta de tiempo para guardarlo en la mochila. Estábamos sentadas en una banca bajo la, recientemente aparecida, luz del farol. Quiso devolverme el cuaderno, mas yo me negué, regalándoselo.

-Muchas gracias- dijo finalmente –La he pasado bien, pero es hora de que vuelva… Es algo tarde, no? Se debe poner peligroso-

-Si- Sabía que algo escondía detrás de esas palabras, pero entiendan, mi cerebro se había fundido al momento de verla nuevamente.

-Me acompañarías al departamento?- me rogó, enroscando obstinadamente su brazo en el mió –Vamos, camino hasta allá puedes seguir contándome todo lo que has hecho en estos años-

Como mi conocimiento sobre las calles y espacios de la ciudad aun eran mínimos, Lena tuvo que guiarme hasta su departamento. Reconocí algunas cosas sobre el camino, primero pasamos la estación de trenes, un enorme restaurante en el cual lo verde de los arbustos sobresaltaba. Pero pronto comencé a perder la noción de donde nos encontrábamos. Las casas que pasaban a mi lado, de rojos ladrillos, parecían más antiguas que los enormes edificios, pero no dejaban de aportar belleza a la ciudad. Bajo las ventanas, macetas repletas de flores coloridas se posaban alegremente, dándoles un toque de ánimo. Mire hacia arriba, el cielo, pero me tope con la copa de los árboles y las luces que tapaban las estrellas.

Las paredes estaban repletas de graffitis. La luz de los faroles era cada vez más tenue. Me preocupaba un poco pensar que debía recorrer aquel camino para poder llegar a su hogar todos los días. Sin embargo seguíamos caminando, comencé a sospechar, su departamento no podía estar Tan lejos del Central Park.

-Eh, puedo preguntarte algo?-

-Si, puedes- respondió ella, concentrada en el paisaje.

-A donde me llevas?- solté, directamente, sabiendo que no estábamos yendo hasta su departamento. Lena solo sonreía inocentemente –Dímelo, por favor-

-Tienes toda la libertad de irte- contesto, al fin –No te preocupes, tampoco te estoy llevando a la horca, confía en mi-

Confiar, justo en ella! Pero no podía negarme, a ella no. Si Lena me pidiera la Luna, se la traería con moño y todo. Me maldecía internamente, de a momentos quería dejarla allí, olvidarla para siempre, no había cambiado de alguna manera. Pero al otro instante, la amaba como siempre, la amaba con locura, con decisión.
Temía preguntarle o hablarle, ya que podría responder un comentario ‘inconscientemente’ hiriente. Justamente pasábamos por el cementerio de alguna familia numerosa y Lena se detuvo bruscamente.

-Tienes miedo?-

-No. En realidad, prefiero los muertos a los vivos- respondí con toda seguridad.

Lena me arrastraba por el medio de las lapidas, mientras yo tropezaba algunas veces, preguntándome ‘A donde diablos me lleva?’

-Vamos, apresúrate-

-V—voy-

Detrás de aquel tenebroso lugar, se encontraba un bosque espeso y extenso. Dude un momento en entrar, pero la mano de Lena me dio confianza, irónicamente hablando, y nos adentramos en esa espesura. De a poco el nivel iba ascendiendo, subiendo así, una especie de pequeña colina, alejadas de todo y todos. Ella extendió uno de sus brazos hacia arriba y apunto con un dedo, obligándome a mirar lo que señalaba. Allí arriba, el cielo que antes no pude ver al estar interrumpido por la iluminación de los edificios y las hojas de los árboles, se extendía sobre mi ahora libre, sin ningún objeto que lo cubriese de mis ojos.

-Hey, desde aquí se ve mejor- decía Lena, mientras me llamaba la atención mediante un tirón de su mano a la mía, haciendo que me recostara bruscamente a su lado en el verde césped –Verdad?-

-S—si, se ve mejor- afirme, mientras trataba de alejarme un poco de su lado. Las estrellas estaban muy hermosas, más de lo que había notado anteriormente, quizás era porque la chica que amaba estaba a mi lado, tomando mi mano. O quizás era el cielo despejado, no todo es romance! O si? Justo en ese momento recordé la última vez que nos vimos, ese beso y esa cachetada. Sentí una punzada en la mejilla por revivir ese recuerdo.

-Has pensado en mi durante todo este tiempo?- pregunto, ladeando la cabeza para poder observar mi perfil.

-No. Si, demasiado- respondí rápidamente –Es decir, las cosas que pase en la mansión de la señora Petrova, fueron inolvidables, supongo. Digo, fue divertido…-

-No tartamudees- me ordeno, mientras reía y se recostaba sobre mi hombro –Yo si he pensado en ti, mucho. Para mi fuiste ‘un niño’ bastante torpe, tonto, ordinario. Seria difícil olvidarte-

Trate de no hacerlo, trate! Pero lamentablemente en mi rostro se formo una mueca de dolor y mis ojos se nublaron como si tuviera doce años otra vez. No quería que Elena lo notara, no quería que se diera cuenta de que la amaba, no quería que se diera cuenta de que cada cosa que decía me lastimaba. Porque cada palabra que pronunciaba escondía otro doloroso significado. Entonces, si así era, que hacia yo allí? Debería haberme retirado hace tiempo y no lo hacia. No le devolvía los insultos, pero que podía decirle? Decirle que era bellísima y esperar a que se molestara!

-Me gustaría dibujarte otra vez- dije al fin, evitando retomar lo anterior.

-Me encantaría- respondió –Y… Mijaíl te ha tratado bien todo este tiempo? Como ha sido vivir con el?-

-He vivido muy bien con el. Por lo menos de un modo tan agradable como podría vivir en cualquier lado… Lejos de ti- respondí, me dolió más a mí, pero quería que por un momento se sintiera como yo.

-Hahaha Yulia, que graciosa! Como puedes decir esas cosas tan inmaduras?- reía, sin haberle afectado en lo mas mínimo. –Pero tranquila Yul, yo, al menos, te digo estas cosas de frente. No como tu queridísimo tutor quien habla de ti a tus espaldas, informándole a Elizaveta de todos tus defectos y el costo de haberte tenido en su casa, observa cada uno de tus movimientos esperando a que te equivoques-

-Mijaíl no es esa clase de…-

-Ay, Yul, Yuli, Yulia… - me interrumpió, sonriendo –Me río de tu fracaso. Ni te puedes imaginar el placer que tengo al ver esa expresión de disgusto en tu rostro, Yulia, pero yo me doy cuenta, no has sido criada en esa mansión, puedo diferenciar esa mascara llamada ‘bondad’ y ‘simpatía’ que cubren a las verdaderas intenciones-

-Pero Vladik y Vlad…-

-Yulia! Son hijos del mismo padre. Pareces tan ridícula- decía aquellas lastimeras palabras con tanta gracia, pero de una manera tan dolorosa –Pero ten por seguro, que estoy muy agradecida contigo. Fuiste esa niña que, con sus torpezas e inútiles esfuerzos, me divirtió tanto en aquel tiempo-

Lena se incorporo levemente, dejando de usar mi hombro como una almohada. Levanto su torso y, estando yo aun recostada, su rostro quedo sobre el mió, mientras ella colocaba algunos rizos, juguetones, de su cabello tras su oreja y me observaba con una deliciosa sonrisa. Uno de sus dedos se dirigió a mi mejilla, rozándola suavemente, provocando algunos escalofríos en mi cuerpo. Luego lo guió hasta mi cuello, su propósito era hacerme soltar una carcajada, pero no, no me iba a dejar vencer, no reiría, pero no pude soportarlo mas, encogiéndome al reír tan fuerte. Siguió en mis costillas, mi abdomen, un toque, un pellizco, una caricia. Todo en ella me hería, todo en ella me gustaba. Era masoquista, pero me gustaba el dulce dolor que me provocaba. Más no se esperaba que las cosas se salieran de control y yo me apropiara de la situación al empujarla bruscamente contra la hierba del lugar. Lena, al sentirse dominada, cambio su expresión juguetona a una terriblemente seria, y, con ese temple tan serio y casi enfadado, me arrojo al otro lado sin cuidado y se levanto, sacudiéndose las ropas.

-Ridícula- decía en voz alta, totalmente indignada.

-Que…?-

Y otra vez el Plaff! Sobre mi mejilla. Que tenia en contra de mi rostro que siempre dirigía los golpes a el? Ah y lo mas importante: Por que me había abofeteado? Intente preguntarle, pero ella solo sonrió de manera cínica.

-Mi vida, no tienes derecho a pasarte conmigo- decía mientras caminaba, obligándome a retroceder –Que haces? Me tienes miedo Yul?-

-No, claro que no- y firmemente me detuve, a lo que ella hizo lo mismo –No te tengo miedo para nada-

-Vamos Yulia, siempre me has temido, siempre has temido que sepa lo que piensas. Siempre tuviste el pánico de que yo…- mientras decía esto, tomaba entre sus manos mi rostro, acercándose lentamente y…
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darsteffi
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   19/2/2010, 11:38

ahhhh!! se quedo en la mejor parte!!!
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   19/2/2010, 12:25

hola chikos... spero que como yop esten disfrutando esta historia... que a mi parecer es cada capitulo mejor!!... en fin les dejo la conti

Capítulo 6: Seemann

-Vamos Yulia, siempre me has temido, siempre has temido que sepa lo que piensas. Siempre tuviste el pánico de que yo…- mientras decía esto, tomaba entre sus manos mi rostro, acercándose lentamente y…

-Tengo que irme- Tropecé al retroceder, pero no me importo.

Maldita sea. Maldición. Diablos. Repetía camino al departamento. Pateaba todo lo que se cruzaba en mi camino, hasta llegue a insultar a un par de personas que me empujaron sin querer. Estaba mal, pero a la vez feliz. El cambio de Lena se me hizo demasiado extraño. Me alegraban ciertos de sus aspectos, pero era muy extraña. Luego de que el mal humor pasó a ser confusión, me di cuenta de que no me sabía el camino de vuelta. De repente comencé a sentirme completamente sola. Necesitaba hablar con alguien conocido, pero la noche había avanzado sin piedad. No podía molestar a los gemelos, tampoco podía pedirle a Vladik que me fuese a dar un aventón. Con quien hablar?

Camine un par de cuadras, pensativa. No estaba preocupada por llegar a casa, poco me interesaba si llegaba o no. Me recosté en una de las paredes de los enormes edificios que se erguían allí. Busque en el bolsillo de mi pantalón el pequeño celular.

-Pequeño aparato- suspire, recordando que Yuri llamaba así al teléfono. Deseaba mucho hablar con mi tío, con Dasha, incluso con mi papá. Pero dude, no quería molestarlos, mas no me resistí demasiado…

-Bueno?- respondió la voz ronca del otro lado del teléfono –Quien es?-

-Soy yo, tío, lo siento, te desperté?-

-Hola Yul! No, no me has despertado. Sucede algo?- pregunto preocupado, siendo la hora que era… -Yul?-

-Si, lo siento… No, no pasa nada. Tenia ganas de hablar contigo, extraño a todos… Cuéntame, como esta Dasha? Y como esta papá?-

Hablamos más de una hora.

Pude llegar a mi piso a pie. Pedí indicaciones… Y allí estaba, recostada en mi cama, mirando las fotos de Yuri, Viktor, papá, mamá. Sin embargo, lejos de sentirme mejor al verlos, la nostalgia me invadió. No pude dormir esa noche, los pensamientos me asaltaban. La felicidad de haber visto otra vez a Elena me hinchaba el pecho de emoción, mas el recuerdo de sus palabras apuñalaba mi corazón con crueldad. Daba vueltas en esa enorme cama que ahora me parecía tan incomoda. Había quedado a la vista de la ventana que se encontraba a mi lado. El alba se presentaba fresco, un alivio antes del verdadero infierno. Ya amanecía y yo estaba mas despierta que nunca.

Escuche que la puerta principal se abrió. Ni me había molestado en echar llave.

–Partícula, que haces despierta tan temprano? Te sientes bien?- preguntaba Vladik preocupado.

-Hey! ni que fuera una perezosa- respondí, sonriendo como siempre para quitarle importancia, pero el no se vio convencido –Bien… No he podido dormir en toda la noche-

-Quieres hablar de ello?-

-No-

Quizás mi respuesta fue muy cortante o mi expresión mantenía una frialdad terrible. Pero aunque dudaba de lo que Lena me había dicho, también dudaba de ellos. Vladik se hecho para atrás un instante y luego lanzo una carcajada, sosteniéndose el abdomen. Observaba al mayor de los gemelos con una expresión de seriedad increíble, trataba de imitar su risa, pero simplemente no podía. Se acerco a la cama, sentándose a mi lado y despeinando aun más mi cabello, con cariño. Sonrió negando con la cabeza y suspiro.

-Ah, mi pequeña lobita, estas enamorada- decía el, mientras fingía que se limpiaba una lagrima.

-Que?! Co—como…? No te lo he dicho en ningún momento!-

-Yulia, cuando te cortas el cabello no vienes a decírmelo, pero me doy cuenta. Siempre has adorado a esa persona, al menos desde que te conozco. Cuando viniste aquí, a Nueva York, trajiste tu adoración hacia ella y su recuerdo- decía acariciando mi corto cabello.

-Ella…. Ella ha regresado, Vladik, ha regresado aun más hermosa… Y creo que si antes la amaba, ahora la amo doblemente. Pero es tan extraña! No me pidas que la olvide, me es completamente imposible-

-Es Elena, cierto?- pregunto, a lo que yo respondí afirmativamente –Piénsalo bien, Yul, piensa en la educación de Lena y piensa también en la señorita Elizaveta, puede que ahora yo te parezca cruel, pero eso no puede conducirte mas que a una desgracia-

-Lo se Vladik! Lo se- me quejaba levantándome perezosamente y arrastrando los pies –Pero no puedo remediarlo-

-En ese caso, vayamos a la playa- dijo como si fuera lo mas natural del mundo. –El día esta hermoso y comienza a hacer calor. Por cierto… Creo que no lo recuerdas, pero pronto se efectuara la exposición y te tengo una sorpresa en cuanto a ello-

Lentamente fue acelerando la velocidad. Esta vez no bromeo en cuanto a ella, sabia que me aterraba su manera de conducir. Como el automóvil era deportivo, el techo ya no estaba, el aire despeinaba mis cabellos y me hacia cosquillas en el rostro. Vladik siempre usaba las puntas del cabello castaño claro hacia arriba, no se movían ni un poco, puesto que tenían bastante ‘sustancia’ para mantenerlos en su lugar. Le gustaba despeinarme, pero cuando yo lo hacia, podría decirse que me pinchaba.

-No puedo creer que toda esa comida entre en tu organismo, peque- decía herido –No es justo, tu comes y comes y no aumentas ni un kilo! Ah y lo siento pequeña, pero en estos días no nos será posible ir a tu departamento en la mañana, ya sabes, pronto se acaban las vacaciones-

-De que trabajabas?- pregunte, omitiendo su comentario –Y por qué conocen a la señora Petrova?-

-Hum… No ‘trabajaba’ estoy de vacaciones. Vacaciones! Soy abogado, como papá. Y yo conozco a Elizaveta por el y, supongo, que él la conoce por sus negocios. Una vez ella lo llamo por asuntos de la fabrica de cerveza y, cuando necesitaba encontrarte, el recurrió a ella-

-Misha le habla de mis progresos?-

-Obviamente. Ella esta enterada de todos tus grandes progresos- respondió sin quitar la vista del camino –Estas preocupada por algo?-

-No-

Como podía dudar de ellos? Por favor! Una vez, en Paris, al desobedecer a Mijaíl me enferme y Vlad fue corriendo a comprar la medicina en mitad de la noche. Siempre se preocuparon por mí, en mi pueblo, en Francia y en Nueva York, fuese donde fuese estaban allí, para apoyarme y guiarme siempre.

-Y… Como es que saben tanto de Lena?- pregunte, inconsciente del efecto que produciría en Vladik. Por un momento creí ver una mueca de disgusto en su rostro, pero había sido mi imaginación.

-No… No la conocemos, no es que sepamos mucho de ella. Solo hemos oído rumores- respondió sonriendo.

Entonces, allí estábamos: Mi sombra y Yo. Ambas sobre la arena, todo era azul y oro! Muchas personas inyectaba a sus ojos novelas, muchachos que corrían con el balón. Brazos y piernas sobre el mar, Vladik jugueteaba con un grupo de amigos que se había encontrado allí. Enterraba las manos en la arena suavemente, lo que me provocaba cosquillas, como la picazón del calor del sol daba en mis delgados brazos descubiertos, como mis piernas. Vladislav reía al decir que tenia piernas de pollo! Pero yo estaba orgullosa de ellas, aquellos juegos infantiles fortalecían sus músculos, tanto como mi destreza y rapidez. Aunque solía ser algo distraída… Ah, Lena siempre, cada vez que visitaba la mansión, me marcaba el hecho de que era muy distraída y por ello tropezaba todo el tiempo. Nunca me gusto que me dijeran eso, hasta Vladik lo decía y ese día, lo confirmo.

-Yul! Cuidado!-

Y de pronto me vi recostada, adolorida, sobre aquel suelo dorado, cosa que fue provocada por el balón que Vladik pateo con fuerza.

-Estas bien Yulia? Puedes pararte?- preguntaba el gemelo a mi lado, preocupado –Lo siento, se me escapo el balón y no pude… Ven, levántate-

-Estoy bien, estoy bien- repetía avergonzada. –Iré a casa para terminar algunas cosas, no te preocupes, estoy bien-

Me entrego las llaves del auto y el siguió entretenido. No iba a molestarlo por una simple molestia. Temía no poder controlar la rapidez del vehiculo, pero sorprendida me vi llevándolo con total naturalidad. Prendí el radio mientras tarareaba una canción que justamente estaba terminando. Iba a apagarla, pero pronto el locutor anuncio una canción que me pareció conocida, mientras estacionaba cerca de un bar. Escuche el inicio con atención, hasta que llego al estribillo y recordé: Fue en una de esas visitas a la mansión de Elizaveta Petrova y tomaba ‘clases de baile’ con Lena y cuando la mujer insito a su protegida a que me permitiera llevarla a mi hogar…

Me hubiera gustado que aunque sea, me respondiera ‘Yul, eres un monstruo, nunca te amaría’ antes que me llamara ridícula. Pero antes lo hacia con tanta frecuencia que ‘ridiculez’ fue el apodo que me impuso, lo que termino por gustarme. La canción termino, como yo terminaba de recordar y recostarme contra el asiento del auto. Golpee con rabia el manubrio ¡No podía odiarla! La amaba con todo mí ser y, quizás inconscientemente, todo lo que había hecho… Lo había hecho pensando en ella.

Baje del vehiculo sin importarme donde estaba y camine rápidamente, dispuesta a entrar a ese pequeño bar. La idea de emborracharme un rato para olvidar era un poco tentadora, pero luego me retracte, no seguiría el mismo camino de papá. Además Vladik me mataría y Misha se decepcionaría. Ni hablar de lo que me haría Vladimir.

Puede que la exposición se encontraba a poco más de un mes, pero yo no estaba ni un poco alegre. Los recuerdos saltaron de lo más profundo de mi memoria, pensando que ya los había borrado completamente. Observe nuevamente el cielo, una gran nube había cubierto el sol y todo destello se extinguió, mientras la brisa volvía para calmar el calor de la tarde. Buscaba un bebedero, había olvidado la cartera en el departamento y mis bolsillos estaban vacíos. Que irresponsable de mi parte, lo se. Finalmente encontré mi objetivo y casi corriendo me acerque para calmar mi sed. Presione el pequeño botón y el agua comenzó a fluir al interior de mi boca, al igual que la boca de otra persona me impedía recibir el liquido. Espantada retrocedí, pensando que había sido algún loco, pero tal fue mi sorpresa ver a Lena riendo ante mi susto.

-Me has asustado!- la rete, casi ahogándome –Que haces aquí?-

-Ahora no puedo dar un paseo, no?- respondió muy divertida –Se te cae la baba-

-Ah… Eh, lo siento- balbucee mientras me limpiaba con el dorso de la mano.

-Estas ocupada?-

-No, de hecho, estiraba las piernas… Por que?-

Tomo mi mano mientras me arrastraba por la senda peatonal, cruzamos la calle casi corriendo. Y lo más increíble, es que ella seguía sonriendo. Vitrinas llenas de ropa, cosméticos, accesorios. No tenía ni la menor idea de donde estábamos, pero Lena parecía saberlo perfectamente, mas no quería decírmelo.

-A donde vamos?- pregunte valientemente, temiendo que se enojara y me abofeteara

-Alguien me dijo que necesitabas ayuda para tu próxima exposición- respondió –pero como eres tan olvidadiza de seguro no recuerdas que te hacen falta ciertas cosas-

Dijo olvidadiza, pero de seguro pensó ‘torpe’ o ‘irresponsable’

-Espera- dije sobresaltada –quien te ha dicho que necesitaba tu ayuda?-

-Ups, hable de mas- contesto sonriente –No importa, de todas formas estamos en camino y no puedes negarte-

Lo sabia! Vladik había sido el responsable de aquel encuentro, estaba completamente segura. El conocía a la señora Petrova y de seguro le había pedido el número de Lena. Pero decidí no preguntar más porque ella no me respondería. Atravesamos un callejón bastante oscuro, pero del cual la gente no se percataba y al otro extremo, la luz del sol me llego completamente, haciendo que bajara levemente la mirada. Era un terreno baldío, seguramente tendría dueño pero estaba abandonado. Parecía ser uno de los restos de una antigua fábrica, lo que me recordaba a la mansión de Elizaveta, en mi pueblo.

-Se parece, cierto?- pregunto, recorriendo el lugar manteniendo su mano unida a la mía.

-Que?- pregunte, aun habiendo escuchado.

Ella no respondió, frenando su caminata. Tomo una de mis manos libres y la dirigió a su cintura, y coloco una de las suyas en mi hombro, acercándose a mi cuerpo. Movió sus pies mientras los míos, torpes, seguían sus movimientos. Estaba un poco desorientada ya que al principio no sabia qué hacia exactamente. Estábamos bailando como en la mansión, cuando aun éramos prácticamente niñas, y cuando ella me enamoro completamente.

-Canta- me ordeno, sin dejar de luchar contra mis ojos.

-Eh pero yo no se…-

-Vamos, Yulia, hazlo por mi- me rogó, diciendo las palabras mágicas. Comencé a tararear el comienzo de una canción, que había escuchado cantar a Vladik, hasta tomar el ritmo…

“Ven a mi barco.
Una tormenta se avecina,
Y se hace de noche.
¿A dónde quieres ir?
Completamente sola
Vas a la deriva…

Quién sujetará tu mano
Cuando eso
Hasta el fondo te arrastre?
¿A dónde quieres ir?
Tan ilimitado,
El frió mar

Ahora estas tu allí, junto al faro,
Con lágrimas en el rostro.
La luz del día cae por el lado.
El viento otoñal barre las calles vacías.

Ven a mi barco
El anhelo será
El capitán.
Ven a mi barco.
Pues yo era
El mejor marinero.

Al final, sin embargo, me quedo solo.
El tiempo esta quieto.
Y tengo frió… frió… frió…”

Lena me sonrió tan encantadoramente, que utilice todo mi autocontrol para evitar lanzármele encima. Bueno, no hizo falta que yo lo hiciera, ya que ella se me tiro encima, haciendo que ambas cayéramos al suelo, recibiendo mi pobre espalda el impacto. Con su respiración provocaba cosquillas en mi cuello, al igual que sus cabellos cerca de mi rostro.

-Y… en qué se supone que me ayudara esto en cuanto a mi exposición?-

-En nada- respondió lo mas tranquilamente posible –Es cierto que me “ordenaron” que te ayudara, pero nunca hago caso sabes?-

-Aaah, si ya me he dado cuenta- comente divertida –Lena…?-

-Hmm?-

La obligue a que se levantara un poco de mi pequeño cuerpo y ella me observaba como leyendo mis pensamientos. Esta vez yo estaba bajo su dominio y no podía hacer nada para evitarlo. El silencio pronto obtuvo el protagonismo de la escena y ella seguía allí, observándome y sin pronunciar palabra, no se movía hasta que comenzó a utilizar una de sus manos, haciendo una de mis piernas a un lado y ella, aprovechando la posición, se coloco entre ellas.

-Que haces?-

-Algún día dejaras de hacer preguntas tan estúpidas?- Sonreía mientras me insultaba. Una nueva manera mas ‘amable’ de mostrarle a los demás sus defectos. –Odio cuando haces esa cara- se quejaba.

-Bueno, es el único rostro que tengo- respondía algo molesta, con esa ‘expresión’ de molestia que ella odiaba –Además yo, por lo menos, no te lastimo con cualquier cosa que digo. Por que me haces esto? Sabes que te amo y aun sigues haciéndolo!-

Se me había escapado y ella lo noto, sonriendo aun más ampliamente. Había ganado la batalla completamente, lo estaba saboreando como una gran victoria. Se acerco a mi rostro, pero ya no me sorprendía nada de lo que ella hiciera, sabia que me dejaría esperando como siempre. Pero no, me beso. Me beso como en años atrás, solo que ya no éramos adolescentes.

Esa vez, mis manos no eran tan torpes, acariciaban la espalda de la pelirroja sobre mí, mientras ella comenzaba a rozar levemente su cuerpo contra el mió, pero sin llegar a hacerlo completamente, lo que me dejaba deseosa de más. Entonces, un pensamiento asalto mi mente y tuve que separarme de ella.

-Que?-

-Nada- respondí, algo dolida –Has estado con alguien en todo este tiempo?-

-Te preocupa que alguien te haya arrebatado lo que quieres con todo tu iluso corazón?- dijo sonriendo, ante mi confusión –Por supuesto que he estado con muchos ‘alguien mas’ Yulia… Es más, la persona con la que estoy saliendo pronto me pedirá la mano en matrimonio, felicítame, pronto seré señora de un hombre poderoso-

-Un… Un hombre poderoso?- balbucee sin poder creerlo –Solo por eso te vas a casar?!-

-Por supuesto que no… Es poderoso, si, además tengo algo suyo con lo que no podré lidiar sola-

-Pero yo…-

-Pero no es bueno hablar de esto, por más que adore tu rostro de dolor y decepción- me interrumpió, levantándose y ayudándome a hacer lo mismo –Siento un poco de hambre. Tú invitas esta vez-

Pensé en llevarla a mi departamento, pero preferí no hacerlo, temía quemar la comida otra vez y seria un poco tonto llamar a los gemelos para que hicieran algo de comer. No recuerdo el nombre del restaurante pero es un detalle que ignoro. Elegimos una mesa cerca de la ventana, donde podíamos ver a un par de niños jugueteando con un balón. A penas toque el alimento de mi plato, me encontraba pensativa y preocupada. Como una idiota, estaba allí, en un restaurante, con la persona que mas amaba y que estaba próxima a casarse. Y yo… Yo no hacia nada.

-No se hablar bien el ingles- dije de repente –tampoco lo entiendo bien, maldición-

-Que?-

-Muchas veces me has rebajado por no saber hablar el estúpido ingles… En Paris estudie para ello- decía, levantando el tono de voz –He… he hecho cosas tan estúpidas por ti… Y tu vas y te casas con el primer idiota que encuentras, cierto?!-

-Yulia, no entiendo de qué hablas- me reto –Que tiene que ver el ingles con…?-

-Tiene mucho, tiene muchísimo que ver, Lena, he estudiado francés, ingles, alemán, español, por Dios!-

No sabía como explicarle, o como reclamarle el hecho de haber estudiado tantas cosas inútiles, haber practicado en cualquier deporte para que no se quejara de que era una debilucha… Tantas tonterías! Y ella va y se casa…

-Bien por ti, pero yo no te he pedido que lo hicieras-

-Si, si, lo se… Pero… pero… Yo te amo!- me queje desesperada, levantándome de mi asiento –Desde que te vi por primera vez en la mansión, te amo-

Todos en el lugar estaban mirándome, pero no me había importado hasta que comenzaron a murmurar y Lena parecía querer matarme. Gruñí en molestia y, dejando dinero en la mesa salí del lugar apresurada. No esperaba que la pelirroja me siguiera, y si lo hacia, no esperaba una buena reacción. Había decidido lograr ser tan buena como para Lena, llegaría con grandes logros y, por fin, ella me valoraría. Justo cuando entre al automóvil de Vladik mi teléfono comenzó a pedir atención.

-Que?- respondí de mal humor, sin quererlo.

-Yulia? Estas bien? Ay que no me vayas a morder- escuche que decía el gemelo mayor del otro lado de la línea –Estas bien?-

-Si, perdona- suspire.

-Bien, quería recordarte que no podremos ir en estos días, duende, tendrás que hacerte el desayuno, sola- decía, repitiéndome lo mismo como si fuera tan olvidadiza –Ah y por cierto, ah llegado tu representante-

-Representante?-

-Ya no vives de tu benefactor, nosotros no podemos estar siempre contigo, pronto saldré de viaje. El representante te guiara y te proveerá de todo lo que necesites, no te preocupes, su nombre es Andrey Ivanov- me indico donde debía verlo y memorice la dirección –Una cosa mas, me cuidas a mi bebe, te lo presto hasta que nos veamos de vuelta-

-Gracias, adiós... Espera! Le has pedido a alguien que me ayude con todo esto de la exposición? No me mientas Vladik!-

-No, solo a Andrey, sucede algo?-

-Nada…-

Había sido por decisión de la misma Lena… Vladik no estaba mintiendo…

Con indicaciones y un mapa logre llegar a mi lugar de encuentro con el señor Ivanov. Pero no tenia nada de señor, se veía más joven de lo que era. Su cabello era castaño, pero más oscuro que el de Vladik, y sus ojos azules. A su lado me sentía pequeñísima, y cuando me estrecho la mano me encogí aun más. El hombre era de padres rusos, mas había nacido en Europa.

-Buenas tardes- murmure –Andrey?-

-Tu eres Yulia Volkova, cierto?- respondió sonriendo levemente –Así es, soy Andrey Ivanov y me han enviado para mostrarte tu estudio. Ven entremos y lo veras-

Era un edificio antiguo pero muy elegante. Muchos inquilinos, al pasar, saludaban al señor Ivanov con amabilidad, al igual que conmigo. Parecía ser muy conocido en el lugar. El ascensor, al ser algo viejo también, empezó a hacer ruidos extraños, pero el hombre me dijo que era lo normal en un lugar tan antiguo como ese. Llegamos al ultimo piso y, mientras el sacaba unas llaves de su bolsillo, yo curioseaba el pasillo.

-Ven, entra- me ordeno.

Ingresamos al lugar y el se adelanto un poco. El espacio era muchísimo mas grande que la habitación que me había prestado Misha. Las columnas eran las únicas que dividían los espacios, estaba lleno de mesas de roble y sillas del mismo material. Había muchos estantes vacíos y otros repletos de latas de pintura. El suelo estaba cubierto de brillantes baldosas negras. En el centro, se encontraba Misha con un enorme habano en los labios.

-Ah! Yulia, te gusta este lugar?-

-Si, se ve… acogedor- respondí observando todo con entusiasmo.

-Entonces es tuyo- anuncio Andrey –Lamento informarte que la mayoría de tus obras o no llegaron, y si lo hicieron, fue a la mitad. Ya me he quejado en Paris por el estado de las pinturas y dicen que lo repondrán los gastos. Aquí eres libre de crear lo que quieras. Si quieres te daremos mas tiempo-

-No, no, estaré preparada-

-Bueno… Pintura, pinceles, lienzo, si necesitas algo mas pídeselo a el- dijo Misha, señalando a Andrey.

-Andrey, sabes que quiero?- comencé, dando vueltas por el lugar –Quiero mas… ingresos, tu sabes, para mis gastos-

-No creo que sea una buena id…- intento discutir el mas joven

-Hecho- interrumpió Misha, observando algo ofendido a Andrey -Algo mas?-

-Publicidad- respondí –Quiero publicidad para mi exposición-

-Pero nadie te conoce todavía- se quejaba Ivanov

-Que tal… Joven herrera rusa desembarca en el mundo artístico? Me gustaría leer un artículo sobre eso- dije con un poco de sarcasmo.

-Llama a la agencia de William, a el se le ocurrirá algo- le ordeno Misha al hombre, mientras este agendaba un numero.

-Bien, debo irme, tengo algunos asuntos pendientes. Nos veremos en otra ocasión- se despidió Andrey, dejando el lugar rápidamente.

-Que hombre mas feliz- dije en broma –Parece que alguien quiere convertir al sapo en un príncipe-

Mijaíl me miro extrañado y dejo el habano a un lado.

-Es como si... tuviera una hada madrina, no?-

-Haha, así que aun crees en las hadas madrinas, he?- reía mi ex-tutor, recogiendo su portafolios y yendo hasta la salida –Descansa, nos vemos en un par de días, el trabajo llama-

Volví a nacer. Si el mundo del arte decidía adoptarme, encantada lo recibiría como mi padre. Nueva York me lo ofrecía y yo lo tomaba muy agradecida. Me había trasladado a aquel lugar, dejando atrás aquella pequeña habitación. Los lienzos iban colgándose improvisadamente en las paredes, expresaba todo lo que sentía, todo lo que quería decir y no podía. Todo lo que amaba, todo lo que odiaba, todo lo que quería, todo lo que no quería. Andrey me visitaba seguido, trayendo consigo todo lo que le había pedido el día anterior y así sucesivamente. Hasta que una tarde, vino acompañado de una persona que a penas recordaba: Charlotte Goldsmit, la directora de la escuela a la cual concurría en Francia.

-Di—directora Goldsmit?!- tartamudee sorprendida –Digo… Bienvenida, que bueno verla otra vez-

-Ahórrate el soborno Volkova, que no seré nada amable contigo por mas que hayas sido una de las estudiantes mas talentosas- decía la mujer, risueña mientras ingresaba al lugar con Andrey –Wow este lugar es enorme-

-Buenas tardes Yul, siento haberte caído así, pero la señorita Charlotte ha venido a ver si su empresa esta haciendo una buena inversión en cuanto a esta exposición- me explico el hombre rápidamente –Es decir, ella controla y verifica que todo este bien en cuanto a tus obras, puede que sea la directora de tu antigua escuela, pero también es miembro del blablabla… -

Andrey hablaba y hablaba, seguía hablando. Pero yo no le prestaba atención, no entendía ni una palabra de lo que decía, solo me fijaba en los movimientos que hacia mi ex-directora, nunca me había agradado mucho. Era muy buena persona, simpática, sabia relacionarse con todos, era estricta pero piadosa. Mas nunca me había gustado la manera en la que se dirigía a mi, tenia algo extraño al hacerlo.

-…Y por eso vino a ver tus pinturas- finalizo Ivanov –Yulia…? Has escuchado?-

-Eh si, si, seguro- titubee.

-Bueno, lo siento pero debo irme, asuntos pendientes-

Dio un portazo, lo que me hizo reaccionar y correr, aun descalza hasta donde se encontraba la mujer. Ella estaba muy entretenida inspeccionando el lugar, jugueteando con su cabello largo. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, pero tampoco estaba igual, es decir, la veía más… No importa. En esa ocasión ignoraba su aspecto, me preocupaba un poco la razón de su visita.

-Disculpe, pero a que se debe su visita?- pregunte apoyada en el marco de la puerta.

-Entonces no le prestaste atención a Andrey, cierto? Hahaha… He venido a ver tus pinturas, organizar los horarios y el lugar. Tu y yo nos encargaremos de la iluminación, de la decoración, de todo! Los del comité me han enviado para verificar que todo este bien, evaluar tus obras para… Bueno, no te hagas problemas, déjamelo todo a mí-

-Pero…-

-Cuéntame de esta pintura- me ordeno, señalando un lienzo en donde mostraba un retrato: El rostro de Yuri.

-El es mi tío Yuri. Me ha criado desde que soy pequeña- respondí simplemente… Pero lo pensé mejor y decidí darle algo de drama a mi historia, haciendo más interesante y llamativa la futura entrevista –Era un herrero en mi pueblo, me enseño algo del oficio pero pocas veces lo puse en práctica, no le gustaba que trabajara… En realidad era un narcotraficante… Un día, cuando me desperté, lo encontré en el suelo de la sala, muerto en el suelo, una sobredosis-

-Oh lo siento… Y el joven de este cuadro?-

-Ese joven es… es decir, era mi hermano- le explique algo incomoda –Sabe? Tengo… tengo algo de hambre, podríamos dejarlo para mas tarde?-

Cenamos rápidamente entre comentarios sobre lo que habíamos hecho de nuestras vidas y, sin piedad, retomo la conversación anterior. Intente evitar hablar sobre mi familia plasmada en los cuadros, pero Charlotte insistía…

-Y que hay de esta pintura?- Justo había señalado la pintura de la cual menos quería hablar –Quien es esta niña?-

-Esa es una… amiga de la infancia- respondí rápidamente –La conocí en Rusia, lamentablemente ahora no consigo reconocerla-

-Si, claro, una amiga- decía entre dientes –Tus obras son geniales Volkova, en especial esta ultima, has hecho un gran trabajo en los detalles… Parece que la querías demasiado-

-Y parece que aun lo hago-.
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   23/2/2010, 18:49

esta genial!!
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   28/2/2010, 21:50

chikos sin hacer mas de emocion la conti!!!...
Capítulo 7: Herzeleid

Semanas pasaron. Había encontrado todo tipo de alimentos en la cocina que Charlotte había comprado para que no pidiera comida rápida todo el tiempo, también un par de botellas de las cuales ni averigüe el contenido, las tire todas. Por las noches salía a la terraza y caminaba por los bordes haciendo equilibrio, no es que quisiera lanzarme de allí o algo así, solo me gustaba hacerlo como en el río de mi querido pueblo. A veces cantaba y cantaba hasta altas horas de la noche. A los vecinos no les molestaba al parecer, nunca se quejaban. Saltaba de un lado al otro, respiraba el aire frió y mi pecho se hinchaba de emoción al saber la exposición cercana.

Hasta que, siendo ya de madrugada, las luces vecinas completamente apagadas. Mi corazón calmo, la emoción apagada. Las lagrimas en el rostro, mis rodillas flexionadas contra mi pecho y los puños apretados en rabia. Necesitaba a Lena, la extrañaba, la deseaba a mi lado. Lo había arruinado con esa escenita tonta del restaurante, me odiaba. Que podía hacer? Llovía… Llovía por dentro. El corazón me dolía, estaba deshaciéndose… Tanto odio contra mi, tanto dolor me estaba haciendo mucho daño y no tenia nada con qué descargarme… Era un peligro, lo sabia, pero debía salir de allí.

Al sentir el pavimento bajo mis pies, sentí el impulso de caminar rápidamente y perderme un rato. Locales de comida rápida… No tenía hambre. Bares… No me apetecía seguir el camino del borracho. Tiendas de ropa… No tenía el dinero. Nada de eso me llamaba la atención. Mi rostro estaba modificado por una mueca de molestia, disgusto. Dolor.

La gente pasaba a mi lado, nadie me prestaba atención. Llevaba las manos en los bolsillos de la chaqueta, había comenzado a soplar un viento fresco. Algunos me empujaban y eso acumulaba más enojo en mí. Hasta que me harte y, viendo que un sujeto se acercaba con un grupo sin percatarse de mi, lo empuje bruscamente y continué con mi camino sin disculparme.

-Ten mas cuidado, imbecil- escuche a ese desconocido decir.

-Que has dicho?- me sobresalte. Si mi humor era malo, en ese momento y con ese comentario, se puso peor.

El tipo se acerco a mi, amenazante, pero yo no moví ni un solo músculo. Traía un cigarrillo entre los labios, al cual le dio una última calada y lanzo con molestia aun lado, dejando salir el humo frente a mi rostro. Varias cicatrices tenía en el ancho rostro, lo que me dejaba adivinar que era una de esas personas que iban de pelea en pelea y nunca se retractan.

-Estas bromeando, enano?-

-Te parece, idiota?- respondí empujándolo.

Él se levanto e hizo una seña a los integrantes de su grupo, los cuales sonrieron maliciosamente, juntando los puños. La veía mal, pero no me podía retractar. El hombre hizo tronar sus dedos contra la otra palma, la cual era enorme. De hecho, el era mucho mas grande que yo.

-Te vamos a enseñar a no meterte con quien no debes, enano-

Levanto su puño… Y los otros cinco se me lanzaron encima. El asunto se torno mas peligroso aun cuando el mas alto saco una navaja. Su filo me rozo varias veces… Pero no me importaba. No en ese momento. Di y recibí golpes. Mas la única que sufrió fui yo. Pelear contra seis enormes gorilas no fue una muy buena idea. Sin embargo el dolor en mi pecho había cesado, al menos momentáneamente. Llegue al departamento en la mañana temprano. Todo mi cuerpo agonizaba. Mis costillas, mi abdomen, mi rostro… En especial mi nariz. Mis nudillos estaban rojos, casi morados. No quería verme al espejo, temía encontrarme con el reflejo de aquella persona que se mete en problemas solo para olvidar otros.

Una vez sentada en la cama, me quite la chaqueta, al igual que la playera y vi enormes moretones. Marcas que debía cubrir como fuese. No sabía cual de todos, pero alguno tenía un enorme anillo, su marca reposaba sobre la zona de mis costillas derechas. Maldije en voz alta y, vistiéndome de nuevo, salí al techo. Me palpé el rostro y sentí un líquido caliente. Mi mejilla estaba sangrando por la herida que aquel hombre alto me había hecho con el cuchillo.

-Sobreviviré- dije suspirando y sentándome allí, cerca de la orilla. Pronto esa necesidad de llorar volvió mí y no hice nada para evitarlo. Sobreviviré… Aunque Lena este con otra persona, me dije en aquel momento, a pesar de que nunca dejare de amarla.

-Volkova?- Charlotte había llegado temprano esa mañana y yo tuve que limpiar mi rostro rápidamente –Te has levantado temprano-

-Ehm si! Claro… De hecho no he podido dormir nada- respondí levantándome de mi asiento en la terraza, aun dándole la espalda. Aspire el aire de la mañana fuertemente y sonreí dándome ánimos. –Vino usted temprano-

-No... Siempre llego a esta hora. Tendrías que tener un poco mas de cuidado, la puerta siempre esta abierta- me reprocho.

-Me importa poco- murmure –me importa poco todo…-

-Que?-

-No, nada, nada, hablaba sola…- respondí tranquilamente. Me di la vuelta, bajando del pequeño escalón, tratando de que no se fijara en mi rostro, y me dirigí hacia la entrada al lugar. Pero Charlotte me tomo bruscamente del antebrazo derecho, interrumpiendo mi camino.

-Que diablos te…?- exclamo -Has estado…?-

-No, por qué lo dice?- conteste inocentemente, sabiendo que no era mi fuerte el mentirle a ella. –No he podido dormir casi nada, es solo eso. Aun no me acostumbro al nuevo lugar-

-Segura?-

-Segurísima, señorita- respondí un poco cansada. –Sólo quiero dormir-

La mujer sabia que mentía. Pero prefirió no decir nada mas y le agradezco aun por eso. No estaba de ánimos como para hablar de tal cosa. Mas Charlotte era paciente y esperaría para escuchar lo que tuviese que decir cuando fuera el momento. Ella era comprensiva, paciente… Entre otras cosas. También era un poco extraña, a veces no sabias si estaba enojada o solo bromeaba, o si estaba seria pero se sentía feliz o se veía feliz pero estaba seria. Pero lo que si se, es que fue una persona excelente conmigo.

A pesar de que ese día me recosté de una manera perezosa, no pude dormir ni una hora. Los pensamientos me taladraban, sabiendo que tenía que arreglar todo lo que había causado… Pero no sabía cómo. Observe a mí alrededor la habitación. La cama era muy grande como para alguien de mi porte, pero nunca me queje. Lamente no hacerlo, a menudo la sentía fría y vacía. El sol entraba por la ventana y el reflejo de las ventanas vecinas me provocaba picazón en los ojos, por lo que tuve que recostarme de lado, dirigiendo la mirada hacia la puerta, la cual recibió, de pronto, dos golpeteos suaves.

-Pase- respondí, extrañada.

Charlotte ingreso en silencio, caminando hasta la ventana a la cual tapo completamente con las correspondientes cortinas. De esa manera estaba más cómoda, el sol no me molestaba tanto. Me sonrió y acaricio mi cabeza, suavemente, como sabiendo la razón de mi dolor. Con esa caricia me fui relajando y mis ojos se cerraron lentamente. El sueño calmo llego y hasta el mediodía no me moví.

-Por que tienes tan mal horario de descanso?-

-No se- respondí, tomando asiento para poder almorzar –La costumbre, supongo… Eh… Le parezco ordinaria, señorita?-

-Ahm, no, claro que no… Creo que eres una joven con mucho talento de hecho. Por qué preguntas?-

-Curiosidad-

No había preguntado por los golpes. Simplemente curo mi rostro y no toco el tema. No es que no le importara lo que me pasara, es solo que prefería no preguntar sabiendo que yo no le respondería. Era una costumbre, como tantas. También se hizo una costumbre verla en las mañanas caminar de un lado al otro, pareciéndose a los gemelos cuando preparaban mi desayuno. A veces pasaba tardes enteras acompañándome en mis horas de trabajo y partía en la noche. No hablábamos mucho, al parecer no era necesario. Hasta que una tarde se convirtió en noche y no pudo dejar el lugar al ser tal hora. Tenía una habitación de más, pudo hacer uso de ella. Mientras, yo me quedaba afuera, observando todo desde allí.

El sonido de la puerta de la terraza azotándose me hizo sobresaltar, provocando que a la vez dirigiera la mirada hacia dicho lugar.

-Lo siento-

-Ah… Pasa algo?- pregunte, sabiendo que era raro verla allí, mas a altas horas de la noche.

-No, solo quería ver que hacías. Siempre te veo aquí y me dio curiosidad ver lo que tu- respondió sentándose a mi lado. Llevaba una pequeña botella –Quieres?-

-No, gracias- me negué. Aun tenia el cabello húmedo, seguramente habría salido de la ducha momentos atrás.

-Por qué has peleado?- preguntó luego de estar en silencio largo rato.

-Me insultaron- dije simplemente.

-Que hubiera pasado si tenia un arma? Yulia, mírate… Te abofetearía yo también, pero ya tienes heridas suficientes- advirtió, suspirando decepcionada.

-No sabe… Usted si que no sabe nada de mí- me queje, desviando mi rostro al lado contrario a ella –Nadie sabe absolutamente nada sobre mi-.

-Eso es porque insistes en que nadie sepa nada de ti… No se por qué rayos no hablas con nadie sobre…-

-Porque son cosas que duelen- interrumpí, molesta –No sabe el dolor que me provoca contarle… que mi padre me abofeteo tantas veces que por un tiempo me costo hablar bien… Que me golpeo repetidas veces la espalda y no pude moverme por días… Que me insulto tanto que hasta me dolió físicamente-

Charlotte me observo con lastima. Odiaba que me vieran con lastima… No soportaba el que me ayudaran porque me ven la cara de miserable…

-No me mire de esa forma…-

-No es que te tenga lastima- me corrigió, mientras me obligaba a dirigirle la mirada, agarrando suavemente mi mentón entre sus dedos –Es que te entiendo, Yulia. Pero tú, por lo menos, aun tienes a alguien-

Ella estaba muy sola. No me lo había dicho directamente, pero sabía interpretar sus mensajes. Supe que no era de las personas que decía todo directamente, pero tampoco era tan difícil entenderla. Desvió su mano hasta mi cabello y lo despeino como Vladik solía hacerlo. Beso mi frente y se retiro a su habitación temporal. Pasaron algunos días y decidió que no vendría un tiempo para que pudiera tener mi espacio y poder pensar las cosas con tranquilidad. Si necesitaba algo, solo debía llamarla…

Una de esas noches, al terminar un cuadro, tome una botella de refresco y me senté en la orilla sin hacer nada mas, sola. Me pregunte como seria lanzarse desde allí, por lo que probé con la pequeña botella dejándola caer. Se hizo trizas contra el suelo y la idea me aterro. A eso de las 03:00 a.m. fui a acostarme, arrastrando los pies y dejándome caer en la cama que nunca volví a acomodar.

A la tarde siguiente me sentí atontada, a penas estaba despertando. Veía todo borroso, no quería levantarme. Escuchaba los pájaros afuera, los autos, la gente. Pero yo seguía allí en la cama, sin ganas de nada. Escuche la puerta abrirse, pero imagine que seria Vladik o Vladimir. Sin embargo, los gemelos me había avisado que no podrían ir en los días siguientes, quien seria? Voltee el rostro hacia la entrada, pero distinguía muy poco con la vista cansada. Una persona se acercaba lentamente pero sin dudarlo, tampoco producía sonido alguno.

Mi vista se esclareció un poco y pude notar, cuando aquella persona se sentaba suavemente a mi lado y me sonreía, acariciando mi rostro. Era Lena.

Intente despabilarme un poco, pero me sentía torpe.

-Que haces aquí?- pregunte medio adormilada, enderezándome levemente, a lo que Lena hizo un gesto de que era bastante obvio. –Que?-

-No dijiste que querías dibujarme otra vez? Has dormido mucho, tus neuronas deben estar apagadas-

-Quieres… Quieres hacerlo ahora?- pregunte nuevamente, sonrojándome por mis propias palabras –Bueno…-

Me levante rápidamente, su presencia me incomodaba y los nervios me hacían despertarme mas. Salte de la cama, y me dirigí al baño para poder mojar mi rostro. Me vi al espejo un poco mejor. Los golpes casi ni se notaban y esperaba que Lena no peguntara por ello, no sabría que responderle.

-Has conseguido una llave..? Te han dejado pasar así?- pregunte mientras me cepillaba los dientes.

-No, tenías la puerta abierta- respondió y yo quería pegarme un tiro. –Que te paso en el rostro?- Ouch.

-Me caí de las escaleras- No se si me creyó o no… No dijo nada más.

Deje la toalla que había usado para secarme las manos y, una vez arrodillada en el piso, busque los elementos que necesitaba. Un cuaderno de dibujo mediano y, mientras buscaba el carboncillo, ella me observaba. Llevaba el cabello recogido, una camisa negra que se apegaba a su maravillosa anatomía, al igual que la pequeña falda. Me sentí realmente inferior, yo a penas llevaba una camiseta de tirantes blanca y unos pantalones gastados.

-Perdona, he perdido algo y…- justo encontré la pequeña caja que contenía mis carboncillos –Lo encontré!-

La mire y ella me devolvió la mirada. La caja se me había resbalado de las manos y en ese preciso instante ella dejo su asiento en mi cama y sus manos se dirigieron al primer botón de su camisa. Uno por uno fueron cediendo. Mis ojos se concentraban en cada centímetro de su camisa que iba separándose de su piel, mientras ella se acercaba a la ventana dándome la espalda, dejo caer la prenda. Su blanca espalda se veía realmente suave, aun estaba cubierta por el sostén. Se volvió y se acerco lentamente.

-Que pose prefieres?- dijo casi sensualmente –De pie o sentada?-

-Ambas- respondí rápidamente –Es decir, como tú quieras… Eh, sentada-

Me obedeció y se dirigió a la cama, pero en el trayecto, sus manos fueron al cierre de la falda la cual, como su camisa, bajo despacio. Se sentó en mi cama, solo quedaba la ropa interior, pero nunca despegaba su vista de la mía. Parecía algo impaciente, puesto que cruzo las piernas y espero. Algo torpe acerque las hojas de dibujo para comenzar, pero Lena me interrumpió al levantarse y volver a su posición anterior, en la ventana. Se quito los zapatos y, para mi sorpresa, desprendió su sostén. Otra vez me daba la espalda, lamentablemente. Mi mandíbula cayo al ver lo que hacia, su espalda estaba libre. Respire hondo, solo estaba comenzando. Pronto estuvo completamente desnuda.

Lance lejos el cuaderno de dibujos y me acerque un gran lienzo. Lena desato su cabello y lo acomodo un poco. Por sobre su hombro me miro y yo comencé a mover el carboncillo velozmente como si temiera que se fuera y no pudiera terminar tal perfecta figura. Para mí, nada era perfecto… Hasta que la vi esa tarde, expuesta en su totalidad.

Caminaba de un lado al otro, pero mi mano nunca dejaba de grabarla en el lienzo. No dejaba escapar ningún detalle, ni el más mínimo, fue la primera vez en mi vida que me costaba retratar a alguien. Me di cuenta de que era imposible dibujar bien la perfección. Le indicaba la mejor posición, pero ella nunca me obedecía y aun así, estaba bien. La playera se estaba pegando a mi espalda, mi respiración se agitaba cada vez más. La insistencia con la cual pasaba mi antebrazo contra mi mentón era mucha. El vértigo se apodero de mí, un fuerte escalofrió me recorría el cuerpo entero cada vez que me miraba o me sonreía. En mi estomago sentí ese calor que te invade cuando estas nervioso y te recorre todo el cuerpo, la boca seca, el corazón latiendo a mil por hora. A cada momento debía pasar mis manos insistentemente contra mi pantalón, ya que de la excitación y los nervios del momento, me sudaban.

La observe con mas detenimiento, y detuve toda actividad.

-Que sucede?- pregunto inocentemente.

-Estas… Eres… Eres hermosa- respondí, sin poder creer aun que tal belleza podía existir. Tampoco podía creer que esa belleza estuviese en mi cama posando para mi –Que bonita estas… Hoy-

Había algo que me llamaba la atención de su torso. Todo su cuerpo era excepcional, pero allí estaba, en el abdomen, su ombligo. Una cicatriz, una marca, a la que se le da una función estética, pero yo lo veía más como, de alguna manera, una atracción erótica. Lo se… Soy un poco rara, pero es que Su ombligo… Era… Especial. Cuando era niña, le temía, siendo inocente me aterrorizaba saber que tenía un agujero en el abdomen. Mas al pasar el tiempo, comprendí que era normal.

Al verla en mi lugar de descanso, no pude evitar preguntarme cuantos la habrán poseído. Cuantas camas habrá tenido. Cuantos…? Ya no quería pensar. Pero lo hacia de todas formas. No podía dejar de pensar en las tantas personas que pudieron contemplar ese cuerpo de mujer, las facciones de su rostro, la perfección de sus pechos, su fino cuello, aquel ombligo que la atención tanto me llamo, y allí, entre sus largas piernas, su… Oh no, me dije, esto se me esta yendo de las manos. Y el calor no estaba ayudando. Sin embargo, ninguno de esos individuos le dijo que la amaba, ninguno le dio tiempo de hablar si quiera. Ninguno tuvo la oportunidad de mirarla de la forma en que yo lo hacia. Hay muchas maneras de observar las cosas y las personas. Pero yo… Yo la observaba con cariño, yo la observaba como si fuera un trozo de mi alma, como si fuera realmente un amor imposible. La observaba porque la amaba… Mas allá de diversos pensamientos que cruzaban mi mente.

Y Lena seguía sonriendo. No me importaba si pensaba que yo era débil por ella, no me importaba que estuviera por casarse. No importaba nada, solo quería seguir dibujándola. Había usado como mínimo quince lienzos hasta ese momento. Cada vez que terminaba uno se lo mostraba. Y ella sonreía. En la silla, cerca de la ventana, en mi cama. Allí estaba con su cabeza recargada sobre su mano izquierda. Nada la cubría. Y ella… Sonreía.

Es cierto que las modelos de las revistas están retocadas. Es decir, no son perfectas… Y la mayoría, se siente deprimida, avergonzada, y culpables al verlas así, sin saber lo que son realmente. Lo cierto, es que la belleza no esta en la figura, en el peinado o en la ropa, que me dicen de Marilyn Monroe? Tenía Sus tallas, pero de todas maneras era la mujer más sensual, quien se iba a fijar en su talla. La belleza no esta allí… sino que se encuentra en el interior y a eso solo lo podemos percibir viendo a los ojos de aquella persona que amamos. Los ojos de Lena, esta de más decir que eran realmente hermosos, pero reflejaban muchas cosas. Solía ser cruel conmigo, sarcástica y me provocaba el mayor dolor posible con ciertos comentarios, pero detrás de todo eso, siempre percibí una melancolía camuflada.

La mujer ideal… Angelina Jolie? No. La mujer que sedujo a Hitler, Olga Chéjova? Tampoco. Charlotte? No. Hay muchas mujeres, pero Ideales… Ninguna como Elena. Esa mujer que curioseaba mi nuevo cuaderno de dibujos y había dejado de prestarme atención, mas no dejaba de posar, había conquistado todo mi ser. Hasta que yo fui la que dejo de prestarle atención al querer terminar con los detalles con el lienzo que a penas estaba terminando y ella recogió su camisa del suelo para devolverla a su lugar. Calzo sus zapatos y su falda, para que estos volvieran a su origen.

-Yul…- susurro –Debo acudir a una cena y estoy retrasada-

Tomo su cartera, yo no hacia ni decía nada. Que hacer? Otra vez me dejaba con mis ganas. Paso a mi lado sin decir mas y, cerrando de un portazo la puerta de mi habitación, salio apresurada. Mire a mí alrededor, todos los papeles que había usado, mis manos completamente negras. Habría dicho algo malo? Acaso la mire mal? Bueno, quien no lo hubiera hecho? Mordí mi puño en rabia, pero pensé que era realmente estúpido.

-Pero que diablos estoy haciendo?!- me dije enojada.

Me levante del suelo y corrí, saliendo del lugar. Estaba descalza y aun con mi pijama, pero no me importo. Baje casi tropezando las escaleras y, buscando a Lena con la mirada, seguí corriendo. Al no verla allí salí de la recepción a la calle. Mire a ambos lados, al frente. Nada. Hasta que la vi en un taxi, próximo a arrancar. Rápido utilice mis pies descalzos y alcance a subirme.

-Que estas haciendo?- pregunte algo molesta, una vez sobre el vehiculo. -Por qué diablos me haces esto?-

-Vas sin calzado- me reto, con una sonrisa que trataba de ocultar algo.

-Que se siente no sentir nada?! Eh?!- al decir yo aquello, ella desvió el rostro a la ventana del vehiculo.

-Había una vez una niña, a la que desde que tuvo uso de razón, le enseñaron a temer. Le enseñaron a temer a la luz del sol… Le enseñaron qué era su enemigo, que le haría daño. Entonces, un día de sol, tú le pediste que saliera a jugar, pero ella se negó. No puedes enfadarte con ella…-

-Yo conocí a esa niña y te juro- interrumpí –te juro que vi la luz en sus ojos y no importa lo que digas o lo que hagas, es lo que sigo viendo-

Giro su rostro para mirarme a los ojos y vi los suyos llenos de lagrimas. Lagrimas que provocaron que algo se rompiera en mi, había sido yo la responsable de ese llanto?

-Somos quienes somos, Yulia, las personas no cambian-
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   28/2/2010, 21:51

Capítulo 8: Spring

Somos lo que somos? La gente no cambia? Yo he cambiado muchísimo a lo largo de mi vida. Tengo muchos miedos, pero no por eso utilizo una mascara para hacerme mas fuerte, sino que los afronto. Pero en ese momento, nunca me paso por la cabeza que quizás Lena no era tan fuerte como yo. Esa tarde le pedí al conductor que me dejara bajar, no me importo donde, solo descendí del vehiculo y volví al departamento, siendo seguida por la mirada de los demás.

Una semana después, me encontraba bajo la lluvia de la ducha, apoyando mi frente contra el frío mármol de la pared. Me mantenía sumida en mis pensamientos… De los cuales el 99.9% era sobre Lena, como regularmente hacia. Hasta que me interrumpieron, llamando a la puerta. Cerré rápidamente la llave del agua para comprobar que había escuchado bien.

-Ya voy! Ya voy- decía, terminando de vestirme a las apuradas –Un momento!-

Salí del baño, buscando las llaves, pero supe que era una perdida de tiempo, la puerta siempre permanecía sin llave.

-Hola Yulia- saludaba Andrey del lado de afuera, sonriendo, cuando abrí –vine en mal momento? Puedo venir mas tarde-

-Ah no, no, esta bien, pasa- y el no dudo, entrando. Masajeaba mi cabello con la toalla –Y… Que te trae por aquí? Charlotte te ha enviado?-

-No, es que mi prometida me ha comentado que vino a posar para ti. Sentí… Curiosidad-

-Di—disculpa?- tartamudee, frenando bruscamente.

-Hablo de Lena- respondió mirando las pinturas de la pelirroja que estaban colgados por todas partes –No sabia que se conocían, me ha hablado mucho de ti-

-Ah…- suspire, decepcionada, dolida, molesta –Así que se casara contigo-

Es ahí, cuando me sentí mucho más inferior que alguna otra vez. Mas que cuando, como he dicho en alguna ocasión, papá me golpeaba o cuando Lena me rebajaba. Me asome, cercana al marco de la puerta para espiar al hombre. Era de rasgos bastante masculinos, tal y como debía ser. Siempre llevaba el cabello peinado y prolijo, con sus infaltables lentes que no le quedaban para nada mal. En pocas palabras: Tenia muy poca oportunidad contra el. Lena tenía mucha razón al elegirlo. Era muy apuesto, poderoso como decía ella, educado, culto, alto. Alto!

Tenia tantas ganas de matarlo!

-Vaya, eres realmente buena- decía sin escuchar lo que yo murmuraba. Se acariciaba el mentón, pero no me gustaba esa mirada. Era ese tipo de miradas de las que odiaba, esa mirada como las de cualquier hombre… No me gustaba que mirase las pinturas de Lena.

-Gracias… Tuve una buena modelo- respondí, fingiendo calma, tratando de interrumpir su visión.

-Si, ya lo creo. Elena es increíble… Debes creer que estoy loco, es decir, por arriesgarme a perderla así-

-Hehe, es cierto-

-Mira este- señalo el lienzo donde ella estaba sobre mi cama, posando –Esta muy bien hecho, pero comprometedor… Sabes? Me siento como esos tipos que se lanzan de un acantilado al mar, que se supone que tengo que saltar y creo que Elena esta intentando darme un empujón-

-Eh disculpa, no comprendo- yo le hubiera dado ese empujón. A ver si se ahogaba.

-Me refiero a… Esto, a ti… Su… particular forma de hacer las cosas, pero bueno, lo entiendo. Yo… me he decidido- decía acercándose a la ventana –Oye, siento que te veas metida en esto, estoy seguro de que ella no quiere hacerte daño, de hecho se que Elena te aprecia mucho. La cuestión es que esto… La quiero. En fin, tu sabes, la conoces hace mas tiempo, puedes darme algún consejo? Que crees que debo hacer? Me refiero a nuestra relación-

-Creo que… Creo que son la pareja ideal- dije al fin, aguantándome las lágrimas. No podía competir contra el.

-Pff, hehe, bueno- reía fijándose en su reloj –eso era todo, te agradezco, la próxima si vendré como tu representante y no como tu amigo he!-

Como le dije a la pelirroja: Había hecho tantas cosas estúpidas, solo por ella. Entonces va y se casa con el primer idiota que encuentra. Es decir, puede que Andrey no fuese un idiota, pero para mi era uno de los idiotas mas grandes, ocupaba el segundo puesto, pues el primero lo tenia yo, al dejarla ir de esa manera. No es que no quisiera hacer nada para detenerla, pero no sabía qué. Podría matar a Andrey o secuestrarlo y enviarlo lejos… Pero seria muy fantasioso. Además, Lena, supuestamente, lo amaba. Sin embargo yo la amaba más que cualquier otra persona.

Mi amigo. Mi amigo he? Representante, amigo, que más daba. Ahora, era mi enemigo. No podía tenerlo mas tiempo cerca, lo quería lejos, no quería que me ayudara, no quería verlo, no quería que estuviera con ella. Lo odiaba tanto! Debía buscar otro represéntate porque no trabajaría nunca mas con él. Estaba decidido, llame a la primera persona que se me vino a la mente: Charlotte Goldsmit. La exitosa mujer que podía conseguir lo que quisiera en cualquier momento.

Esa misma noche llame a ambos. A la que fue mi directora y a mi ex-representante. No le explique absolutamente nada a Andrey, solo le dije que buscaría a otro y el, a pesar de que insistía en volver a llamar, apague el celular y utilice el teléfono de línea. Charlotte no lo pensó ni un segundo, acepto en seguida y yo estaba satisfecha. Se que fue un poco inmaduro de mi parte…

-…Y entonces, me resbale y ella tiro de mi pie!- relataba yo, mientras estábamos sentadas en la terraza –Le juro que nunca me asuste tanto como en ese momento!-

-Hahaha, en serio? No puede ser!- reía la mujer a mi lado –Esa niña con la que jugabas… era realmente traviesa. Y… Te gustaba?-

-Que? No, claro que no- respondí, jugueteando con los dedos –No-

-Mientes, se que estuviste realmente enamorada de ella, Yulia- me reto –Incluso ahora, la amas, de otra forma no podrías haberla dibujado tantas veces. Intuyo que no solo la dibujaste aquella vez, esos dibujos son muy detallistas-

-Q—que?!! Como… como los descubrió?!-

-Cuando llegue, mientras dormías, aun estaban colgadas- decía lo más tranquila –Dime la verdad, el despido de Andrey tiene algo que ver con Lena? No me mientas-

-No sea malpensada, señorita…-

-No me cambies el tema, responde-

De repente, sin que lo quisiera, me hice pequeña al apoyar mi rostro contra mis rodillas flexionadas. Me sentí tonta, porque nunca le había explicado a nadie que era lo que me sucedía, con todo, con todos, con Lena. Los brazos de Charlotte rodeaban mi pequeño cuerpo, mientras limpiaba las lágrimas de mis mejillas.

-Lo se, lo se todo- susurraba –Pero no puedes hacerle eso a Andrey por tal razón-

-Ya se que soy egoísta, pero no podría seguir con el-

-Tranquila, yo le explicare. No le diré toda la verdad, no te preocupes-

Le confesé todo lo que me sucedía en cuanto a Lena. Y luego… Ya no me sentía tan sola, todas las tardes la señorita Goldsmit caía en el departamento y traía consigo todo lo que era necesario. Me recordaba a Vladik, puesto que nunca dejaba que pasara una cena o almuerzo. Por las noches se quedaba un rato más y nos sentábamos en la terraza a observar el cielo, conversábamos. Antes me caía un poco mal, no me gustaba la manera en la que me miraba, es decir, era extraña. Lo que no sabia, era que siempre fue así con todos…

-Que tienes?- pregunto, mientras cortaba las verduras para la cena –Estas resfriada?-

-No- respondí, observando su trabajo, seguida de un par de estornudos –Aun puedo dibujar, con alergia o no-

-Deberías ver a un medico-

-No- me negué, no es que no quisiera ir a un hospital, es solo que odiaba ver a esas personas con batas blancas que examinan y tocan, tocan y examinan –No me molesta-

-Tendrías que ir antes de que lo haga- me reprocho, dejando el cuchillo –Ve mañana-

-No, ya se me pasara- respondí enfrentándola –Ya pasara-

Lavo los elementos de cocina que había usado y luego lavo sus manos. Busco papel para secarlas y se acerco a mí, para ver la dichosa nariz. Dejo escapar un sonido extraño y frunció el seño. Me pidió que estuviera quieta, pero es que no me gustaba que me tocaran el rostro. Me provocaba cosquillas.

-Bueno… Ya ve, no? No tengo fiebre. Deje… Yo me se cuidar sola-

-Segura? No quiero que luego andes llorando por los rincones debido a esa alergia- Me ‘devolvió’ el rostro y volví a estornudar –Lo vez! Mañana veras un medico-

-Esta bien mamá- suspire, como una niña caprichosa. Pero sabía que no lo vería.

Charlotte dejo escapar una risa, negando con la cabeza. Eran esos episodios simples y cotidianos, pero llenos de calidez los que me levantaban un poco el ánimo. Ella no era muy adulta, pero tampoco muy joven. Difícilmente podría parecer mi madre, pero actuaba como si lo fuera…

-Entonces, soy prácticamente huérfana- es lo que le decía a todos –Tenia un hermano, Viktor, que falleció junto a mi madre cuando yo aun era una bebe. Mi padre… Bueno, es como si no… eh, como decirlo? No existe, es extraño, el único que me cuido siempre fue mi tío Yuri-

-Y como era tu hogar en Rusia?-

-No era muy grande, la última vez que lo visite, mi habitación se encontraba igual, pero le habían agregado un cuarto de más- comente, despreocupada –Hoy… recibí una llamada de Lena-

-Que harás?-

-Nada, supongo-

Sola me mentí... Por que la tarde siguiente partí del departamento para poder llegar al encuentro con la pelirroja que me había citado la noche anterior. Me pidió que la encontrara en el puente donde nos habíamos reencontrado, en Central Park. La idea no me había convencido del todo, pero la necesidad de verla era más fuerte. La vi cerca del borde, observando el agua del rió pasar.

-Don’t Jump- dije divertida

-Acaso me salvaras?- respondió de la misma manera.

-Haha, no con esta ropa, es mi preferida- me saludo con un beso en la mejilla, mientras comenzaba a caminar.

-Es un día muy bonito- dijo sonriente.

-Es verdad… Has leído el articulo que habla sobre mi?- Charlotte había hecho hasta lo imposible para que lo publicaran.

-Han hecho un articulo sobre ti?-

-Entonces no lo has leído. Es un artículo corto… Bueno, dicen que los medios me aceptaran bien- le explique, ambas pasando bajo el puente –No quiero ser presumida, pero creo que será genial, mis pinturas son cada vez mejores… Bueno, para que querías verme?-

–Andrey… Me ha pedido matrimonio, finalmente. Quiere casarse conmigo-

-Oh… En serio?-

-Si-

-Por que me lo cuentas?-

-Porque… Porque quería saber si… Quería saber si tenías algo que decirme-

-Ya era hora- fui estúpida, no? Si, fui la estúpida mas grande del mundo en ese momento –Es fantástico… Espero que todo salga bien… Eh debo irme, tengo cosas que hacer-

-Yulia… Yulia!- todo retumbaba dentro del camino –Yulia, espera!-

-Tengo cosas que hacer!-

Por que me lo dijo? Me lo había dicho para hacerme daño, o por costumbre o para volverme loca. Daba igual, era una pista, una suplica, una reclamación o una provocación. Me daba igual!! Aunque creo que me lo dijo para que lo impidiera. Era lo que ella esperaba. Pero no, no lo haría. No era para mí, aunque lo deseara.

Justamente esa noche, por orden de Charlotte, tuve que acudir a una fiesta donde irían todas las familias y personas más importantes del país, entre ellos los artistas mas reconocidos. Me había negado en un principio, pero a la mujer le habían costado algunos dólares conseguir la invitación.

-Has llegado tarde!- me retaba la señorita Goldsmit –Ven, quiero presentarte a algunas personas-

Todos vestían de una forma muy elegante. Un par de mujeres estaban cantando a capela pero lo hacían muy bien. Mozos pasaban a mi lado con bandejas llenas de pequeños bocadillos o copas de champagne. De pronto se me acercaron dos jóvenes, una chica bajita de anteojos y un chico alto muy delgado con frenos. Habían sido compañeros míos en Paris.

-Yulia!!- dijeron a coro, emocionados, llevándome cada uno de mis brazos.

–Has visto a Alexander Anderson? Esta ansioso por comprar una de tus obras sin haberla aun visto- comentaba la joven a mi lado, se llamaba Juliette y el joven se llamaba Alphonse.

-Eh pero donde esta…?-

Me calle al ver a mi ‘enemigo’. Andrey estaba lo más feliz charlando con gente poderosa. Lena tenia razón, el era poderoso. Intente esconderme de el, pero los dos jóvenes me arrastraron hasta el circulo de hombres ricos…

-Ah! Alexander, mira, esta es Yulia- decía el alegre Ivanov, sin mencionar nada de mi despido

-He leído el artículo- dijo Alexander, un hombre alto de cabello rubio, ojos verdes y lentes. Tenia facciones calidas, parecía amigable –me pareces una persona interesante-

-Debes ser muy amable con el, Yul. Deberías reservar un cuadro, Alex, antes de que las ofertas se disparen- bromeo Andrey –Eh como acordaste el precio? Seria por el tamaño del lienzo o…-

-Por su belleza- dijo una vocecita tan dulce. Era Lena, lo que me sorprendió, había comenzado a creer que no iría.

-Elena, ya estas aquí- festejo Andrey –Lo siento Alexander, debemos irnos. Ya tendríamos que estar cenando, es mas, deberíamos habernos ido hace diez minutos-

-Lena, tengo que hablar contigo- decía yo, pero ella no me prestaba atención e Ivanov parecía estar en la misma –Lena…-

-Adiós Yulia, y nuevamente, te felicito- se despidió el hombre, mientras la pelirroja lo seguía sin darme la oportunidad de explicarle que había cambiado de opinión.

-Yulia, te presento al Senador Brownback- Charlotte apareció a mi lado, mientras el hombre extendía la mano, lo que acepte distraída.

-Mucho gusto, soy Yulia Volkova- no mas ‘soy Yul’ ahora era firmemente ‘Yulia Volkova’. No le preste ni la más mínima atención al hombre, comencé a marchar hacia la salida. Las mujeres seguían cantando, pero tampoco les prestaba atención. Alphonse, quien había comenzado a seguirme, hablaba y hablaba. Pero no escuchaba nada de lo que decía, hasta que paso uno de sus brazos por sobre su hombro y dijo algo a lo que si llego a mis oídos y realmente me molesto.

-Charlotte Goldsmit es una perdedora, yo puedo ayudarte-

-Ahora no!- me queje, empujándolo bruscamente a lo que el cayo de espalda –Lo… lo siento…-

-Tranquila, eso pasa- murmuro extrañado por mi actitud.

Salí del imponente salón sin que nada me importara. Ni Charlotte ni su futuro sermón, ni el senador, ni Alphonse… Nada ni nadie. Empuje a muchas personas y me disculpaba a penas, pero debía encontrar a Lena y hablarle de una vez por todas. Buscaba un taxi, estaba lloviendo, pero nadie me prestaba atención. Comencé a correr, otra opción no tenia. Mi cabello, mi ropa, mi cuerpo, todo se mojaba, los autos pasaban rozándome, no me importaba. Corría y resbalaba, corriendo el riesgo de caer, pero ni eso, me importaba. Corría con tal rapidez que no sabia que tenia, corría de una manera salvaje, desgarradora, sin importarme ni esperar a escuchar lo que los demás decían. Me detuve frente a un elegante restaurante, y sin saber por qué, entre. La recepcionista intento detenerme, pero yo no lo haría. Y así, la vi al final del pasillo, junto con un par de amigos y frente a su ‘querido’ Andrey.

-Hola Yul!- me saludo el hombre. –Eh… te doy una silla o…?-

-Quieres bailar?- pregunte a la pelirroja, evadiendo al que fue mi representante. Lena no me respondió, sino que me extendió su mano, aceptando mi invitación.

Yo estaba empapada, ella estaba confundida ante mi aparición. Ella coloco una de sus manos suavemente sobre mi hombro y yo una en su cintura. La apreté contra mi pecho y comenzamos a danzar. Estaba consciente de que Andrey nos observaba, todos lo hacían. Pero, saben que? Ni me importaba. No baje la mirada ni un segundo, actuaba como su igual. Hasta que se separo de mí levemente y yo tome su mano, comenzando a marchar a la salida ante la mirada atónita de Andrey, mas no se levanto de su asiento a reclamar, solo nos miraba confundido. Su mano se aferro a la mía y yo solo caminaba mas rápido, hasta que comenzamos a correr hasta llegar afuera.

Ambas quedamos empapadas al instante, más yo que ella. Su mirada era extraña, pero no estaba enfadada. Hizo un ademán como si quisiera empujarme, pero al contrario, tomo mi rostro y lo acerco al suyo bruscamente, pero sin provocarme dolor. Fue un beso desesperado, como una mordida educada, acercándome cada vez más a ella a causa de la fuerza que entregaba a sus manos, luego, alrededor de mi cuello. Aire. Nos separamos y ella sonrió para seguirme al correr bajo la lluvia...
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   1/3/2010, 17:26

Nyaaaa Kawaiii!!! ...La historia esta increible!!!!
Me encanta!!!!
Espero la conti con ansias!!!
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darsteffi
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   3/3/2010, 10:25

ahhh esta demasiado buena!!
y tienes mucha razon, cada continuacion se
vuelve mejor que la otra!
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   6/3/2010, 23:37

Capítulo 9: Engel

En mi cuarto no hacían falta sus pinturas ya. No hacia falta querer observar su cuerpo desnudo con la excusa de querer dibujarla otra vez. La deseaba y no hacia falta que lo reprimiera. No habíamos pronunciado palabra, no fue necesario. Ella se deshacía de mi ropa y yo lo hacia con la de ella.

-Yulia…-

Aquel suspiro provoco que mi sangre hirviera, que mi deseo se incrementara al máximo, sintiendo que si ella no arrancaba mis ropas de una vez, yo lo haría con las suyas.

Voy a omitir esta parte. Es algo muy personal…

No, creo que será mejor contarla. Lo creo buena idea, porque a nadie más podré decirle lo suave, lo blanca y lo exquisita que era la piel de esa mujer. Su espalda era la sensibilidad mayor que tenia, reía a cada beso que dejaba en ella. Suspiraba cada vez que acariciaba sus piernas y las colocaba en torno a mi cintura. Cuando mi boca reclamaba la suya, sus manos, en mi espalda, comenzaban a bajar y subir sobre ella. Y en el momento en el que hice uso de mi lengua sobre su pecho, al descender, comenzó a dejar escapar unos leves suspiros y gemidos. La tenue luz de la luna que se colaba por la ventana, era suficiente para ver un rubor que aparecía travieso en su rostro.

Mis manos encontraron sus pechos perfectos, como ella encontró mi cabello entretenido. Cada vez que mi lengua le hacia estremecer, tironeaba mis cabellos, leve pero firmemente. Pronto su cuello fue victima de mis besos y mordidas, encargándome de dejar marcas, probando que era mía. Dude un momento al pensar aquello… Tantas personas… Pero no era momento de preocuparse por ello, al fin la tenia donde quería. Me acerque a sus labios, olvidando su cuello, apoyando mi pecho contra el suyo, y, mientras ella mantenía sus piernas aprisionando mis caderas, comencé con un vaivén de movimientos suaves que pronto fueron algo bruscos. Era solo un roce, y que? Era un roce realmente placentero.

Gemía contra mi oído, rasguñaba sin piedad mi espalda, se estremecía con cada movimiento, con cada beso. Y era único. Nunca imagine que podría causar eso en alguna persona y menos en ella, en Lena. La lluvia afuera no cesaba, pero nuestra actividad lo hizo pronto, no soportamos mas, llegando al final del recorrido. Hundió sus uñas y dedos en mi espalda por ultima vez y lo hizo para dejar marcas, ahogándose en un fuerte gemido. El ultimo.

-Me equivoque- susurro.

-En que?-

-No tienes manos de herrero-

Recuerdo que, del cansancio, me hice a un lado y apoye el rostro en el espacio que había entre su cuello y su hombro, sumergiéndome en el mundo de los sueños. Cuando mis ojos se volvieron a abrir, lo primero que vi fue el rostro de Lena junto al mió al igual que su cuerpo aun desnudo. Acaricio mi rostro en silencio, y se levanto de la cama, dejándome allí. Me incorpore levemente, apreciando cada uno de sus movimientos al acercarse al gran ventanal y sentarse frente a el.

-Tengo que ir a casa… Debo hablar con Andrey- dijo luego de un rato de silencio.

-Pero volverás?- pregunte dudosa.

-Para tu exposición- respondió. Finalmente susurraba… -Me encanta tu forma de bailar-

Al ver que no hacia ni decía nada mas, volví a recostarme para seguir durmiendo hasta el día siguiente. No debería haberlo hecho. Pensé que aun estaría allí, pero no. Me levante aun medio dormida y la llame, no respondió. La busque, no la encontré.

-Mierda- dije por lo bajo –Mierda-

Me vestí con lo primero que encontré y baje a la recepción. Tampoco estaba allí. Salí a la calle… Nada. Intente llamarla, no me respondió. Intente sacarle información a Elizaveta Petrova, no me ayudo. Vladik estaba ocupado, Vlad estaba ocupado, Misha estaba ocupado. La había perdido… Otra vez. Me había herido… Otra vez. Una vez más estaba sola.

Con dolor y furia quite sus pinturas de la exposición, intente olvidarla, se acercaba la fecha de la exposición y yo estaba segura de que no iría. Charlotte no estaba enterada de nada, tampoco le comente nada al respecto. Ella sabía que estaba diferente y que me comportaba de manera fría y distante, pero no se quejo.

Una mañana me tiro de la cama, puesto que no quería levantarme. Ya no me importaba dormir todo el día, menos me interesaba comer. La idea de beber me tentaba enormemente, pero me abstenía. Por el momento.

-Levántate Yul, debes prepararte, hoy es el gran día- dijo con una sonrisa, tratando de mejorar mi humor.

Le obedecí con a penas ganas, dejando luego que mi cuerpo recibiera una ducha de agua casi helada. Toda la tarde estuvimos organizando y ordenando todo. El vehiculo que me trasladaría estaba listo y, según lo que me había contado Charlotte, mi tío llegaría en cualquier momento. Cuando llegamos al edificio donde se expondrían mis pinturas, la señorita Goldsmit se adelanto al bajar y me protegió de los periodistas que sacaban fotos y trataban de que tragaras sus micrófonos. Antes de empujar las puertas para poder ingresar, vi un cartel que ocupaba casi la mitad de ella, el cual rezaba “Yulia Volkova, exposición artística” junto con una de mis pinturas.

-Bienvenida- me saludo la secretaria

-Hola… Eh, ha visto a Elena?- le pregunte, esperanzada.

-No, pero le avisare si llega-

Mucha gente me saludo y estrecho mi mano con amistosa simpatía. Intente no fingir, pero no podía. No estaba feliz para nada. No hacia dos pasos que gente desconocida me felicitaba por el logro. Yo respondía con un ademán de la cabeza y Charlotte me miraba reprochándome. Divise a los gemelos que no había visto en tanto tiempo y el mayor corrió a abrazarme con fuerza, cubriendo mi pequeño cuerpo con el suyo alto y poco ancho.

-Duende! Ah como te he extrañado- decía sonriente –Mira todo esto, lo has logrado! Eres una artista excelente!-

-Si, gracias- agradecí intentando sonreír –Cuando han llegado?-

-Eh, ayer llegamos de Roma- respondió, recordándome a Lena y amargándome más la noche. Sin embargo, el no tenia la culpa.

Cuanta más gente se me acercaba, mas me irritaba. Misha me estrecho la mano orgulloso y sonrió, pero Charlotte me interrumpió, diciendo que quería presentarme un par de personas más. Juliette y Alphonse estaban allí también, pero ni rastros de Lena. Que sorpresa, pensé sarcásticamente. Todos decían que se alegraban de verme y yo les respondía de la misma manera. Que falsa fui.

-Eh Yul! Ven, quiero presentarte a unas personas-

-Ah, Charlotte, has visto a Elena?- pregunte, aun con una pizca de esperanza.

-No…-

La señorita Goldsmit me presento a un importante periodista o algo así, ya lo conocía, pero nada mas que de rostro. Hablaba mucho y no se callaba, mas yo no le prestaba nada de atención. Sostenía firmemente su copa de vino, lo que me tentó a imitarlo, mas no lo hice, tratando de matar malos recuerdos. El periodista se callo por un momento y se alejo, sonriente. Yo cambie mi cara de ‘feliz cumpleaños’ por la de seriedad y tristeza. Estaba harta, quería largarme de ese lugar. Pero de pronto, algo sucedió.

-Yul! Yul!- escuche que alguien gritaba insistentemente ese nombre, desde la entrada. Desvié hacia ese lugar la mirada y pude ver a mi tío, Yuri Volkov, agitando los brazos y llamándome felizmente. Llevaba un smoking muy elegante y los cabellos blancos predominaban entre los rubios. Me acerque a el y él hizo lo mismo, abrazándome fuertemente al llegar hasta mi. No era mi tío, era mi papá.

-Papá? Qué haces aquí? -

-No podía faltar! Que linda sorpresa eh!-

-Pe—pero… Quieres tomar… algo? Tienes hambre?- estaba realmente sorprendida, no sabia si creerlo o pellizcarme. Vi que mi tío entraba, segundos después, muy sonriente, seguramente había tardado al estar pagándole al taxista.

-Te felicito lobita- me susurro Yuri, abrazándome, muy emocionado. Vestía igual que papá y al verlos, me pregunte cuanto les había costado.

-Hey! Allí esta Misha- dijo papá contento y comenzó a casi gritar, poniéndome nerviosa –Hey Misha!! Misha!! Hijo de YLS, no me esperabas!-

Le estrecho la mano fuertemente. Les presente fugazmente a todos los que los rodeaban y ellos estrecharon la mano a todos.

-Y… Ella es Charlotte Goldsmit, ha sido mi directora en la escuela de Paris, ahora es mi representante- tosí un poco incomoda y nerviosa –El es Oleg, mi padre y Yuri, mi… Tío-

-Ah, con que una sobredosis, eh?- suspiro Charlotte, enfadada viendo que lo de la trágica muerte de mi tío era mentira.

También le estrecho la mano. Cada vez me ponía más nerviosa, no solo por la manera de hablar y de actuar de mi padre, temía que fuese a decir algo fuera de lugar. Yuri no hacia nada, solo sonreía. Luego papá vio una pintura frente a el, era del tío, pero el parecido le hizo creer que era él.

-Entonces es tu segunda exposición eh!-

-Donde mas ha expuesto?- pregunto el periodista a mi padre

-En un banco, cierto Yul? Donde se guarda el dinero, obviamente!-

Todos rieron. Menos yo. En un momento comenzó a contar anécdotas que, pensaba que nunca había vivido. Eran tan vergonzosas, todos reían, todos se divertían y el seguía hablando sobre mi, de niña, de mi hermano que aun creía vivo, de mi tío… Hablaba y hablaba. Y justo cuando estaba haciendo un movimiento con las manos, levanto un brazo bruscamente y, sin querer, tiro una bandeja que un mozo traía con copas. Papá se agacho a juntar los trozos con el mozo, mas yo le pedía que lo dejara. Hasta que…

-Papá Déjalo!!- grite sin quererlo. Y el se levanto –Lo… Lo siento-

-Oh diablos, soy un tonto… Lo siento- se quejaba, dolido –Lo siento-

Se froto las manos, nervioso. Yuri me observo de una manera extraña y luego observo a papá. Murmuro algo que no pude escuchar, a lo que ambos se despidieron rápidamente, yendo a la salida. Y yo me sentí una basura. Intente reír, pero no pude. Tuve la necesidad de salir y disculparme con los dos. Lo llame varias veces, pero no me respondía.

-Papá… Yuri esperen, por favor-

-Yo… Mira nosotros… Vamos a cenar, sabes? Yo me muero de hambre- decía tocándose el estomago –Buscaremos un local de comida rápida, no te preocupes. Tu vuelve adentro, si? Luego hablamos-

-Papá… Papá!- lo llame otra vez, hasta que el se dio vuelta. –Veras… es que yo… No estoy jugando, trabajo-

-Lo sabemos… Lo siento Yulia, todo esto es mi culpa. El insistió en venir y se lo permití, dejando que me acompañe- me explicaba Yuri, apenado –Yo…-

-Tranquila- Lo interrumpió papá, dirigiéndose a mi con una sonrisa y lagrimas en los ojos –Mi enfermedad no ayuda… Sabes? Yo… Nunca te lo he dicho, estoy orgulloso de ti, niña, mi niña. Y—yo… te amo hija, he sido realmente estúpido… Entra, entra-

Había sido la primera vez en años que veía a Oleg Volkov tan lucido. Quizás no entendía, quizás no estaba muy sobrio, pero me quería aun. Al resto de la noche lo pase preocupada, en mi propio mundo, pensando en mi tío Yuri, en Lena… Hasta que la exposición termino y no soporte más el dolor, haciéndome dueña de una botella llena de algún licor. Vodka era el que quemaba mi garganta, pero lo tomaba cada vez mas rápido y mas rápido y mas. Caminaba apresurada, aun no me tambaleaba, el viento no lo lograba.

Aquella noche mis sueños se hicieron realidad y como todos los finales felices fue una tragedia que yo misma había planeado, porque lo había conseguido. Por fin había roto mi pasado con el pueblucho de Rusia, con la pobreza que me perseguía a pesar de la ayuda de mi benefactor. Me había inventado a mi misma, oh si, lo había hecho cruelmente, pero lo había hecho, no? Era libre!

Fui a la casa antigua de Andrey Ivanov, sabiendo que Elena estaría allí, con el, disfrutando con él, habiendo faltado a mi exposición. Estaría riéndose de mí. Toque el timbre insistentemente y, sin dejar mi botella, me aleje para ver la ventana de su habitación. De la habitación de Lena y Andrey…

-Lo he logrado!! Lo he logrado Lena!! Soy un gran suceso! Una artista de éxito!! He logrado vender Todas mis pinturas. Ya no tendrás que avergonzarte de mi jamás, soy rica!! No es lo que querías?! Eh?! No es genial?! Eres feliz ahora?... Podemos ser felices ahora?!- grite, con todas mis fuerzas, desesperada y herida –Que acaso no entiendes que todo lo que he hecho lo he hecho por ti?! Que todo lo que hay de especial en mí… Eres tu, Lena!-

Escuche que la puerta se abría. Solté la botella e ingrese, rápidamente. Subí las escaleras llamando a Lena, mas no me respondía nadie. La busque en todas las habitaciones, pero nada. Hasta que escuche música proveniente del cuarto que daba al balcón y la vi allí, bailando: era Elizaveta Petrova.

-Yul! Que encantadora sorpresa- decía acercándose a mí

-Que hace usted aquí?- pregunte sorprendida

-Esta es propiedad mía, hace años que no la visitaba- respondió sentándose pesadamente.

-Donde esta Lena?- pregunte, harta de todo. –Dígamelo-

-Oh querida, se han ido. Deben celebrar la boda- dijo sonriente.

-Que?!-

-Claro! No te lo ha dicho? Otra vez lo mismo!- reía.

-No es cierto- dije aterrada -Por que….?-

-Por que? Porque le serviste de práctica, de aprendizaje. Oh vamos, yo te lo advertí… Pero no hiciste caso… Te lo dije… "Ella solo te romperá el corazón. Es un hecho. Y aunque te prevenga, aunque te garantice que ella solo te lastimara, horriblemente, tu la perseguirás…" ¿Acaso no es maravilloso el amor?- dijo, dándole una calada a su cigarrillo –La encontrabas bonita, elegante, refinada… Ámala! Por más que yo te advierta, serás igual de estúpida y la perseguirás como te he advertido. La crié para que la amasen… La crié para que rompiera corazones-

Cada palabra era cierta. Cada cosa que decía, era verdad. Todo. Pero yo… Yo sabía… Sabia lo que había detrás, lo sabia por Dios! Lo sabía, pero estaba tan herida, tan dolida…

-Déme la mano- le pedí y ella me obedeció, mientras yo dirigía su mano a mi pecho –Sabe que es esto? Puede sentirlo? Es mi corazón y esta roto… Le gusta?!-

-Lo siento- dijo con lagrimas en los ojos, luego de observar mi rostro y yo me marche de aquel lugar –Lo siento… Que es lo que he hecho?!-

Adiós a mis amistades. Adiós. Fama, dinero y bebida habían sido las herramientas que me ayudaban a seguir adelante. No hable nunca más con los gemelos, ni con Misha, menos con Charlotte. No supe nada más de Lena.

Supuse que sola… Era mejor.
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   6/3/2010, 23:41

Capítulo 10: Alter Mann

La chica. El dinero, la fama… La venganza. Habían sido las enfermizas obsesiones de Elizaveta Petrova.

Y luego, fueron las mías.

Como había dejado todo atrás, me mudé. Muy lejos de Central Park, no avisé ni a Misha, ni a los gemelos, tampoco a Charlotte. No respondía a sus llamadas, por un momento me sentí culpable, por lo que cambié mi número. Ya no quería decepcionarme más, por lo que decidí que no dejaría a nadie entrar en mi vida nunca más.

Una noche, cuando volvía de una fiesta de un conocido de buena posición, unos hombres del lugar me saludaron y respondí el saludo secamente, pero me quede observando sus vestimentas un momento, era una noche fresca pero no tan fría y uno de ellos llevaba una, por lo que pude ver, gruesa chaqueta roja, mientras que el otro llevaba una chaqueta de cuero negro. Sin distraerme más, ingrese a mi nuevo departamento. Había pensando en preparar la ducha por el camino a las escaleras, pero antes de poder ingresar a mi habitación un hombre al que no podía ver el rostro me pidió algo que no entendí ya que susurraba, por lo que lo repitió.

-Puedo hablar contigo un momento?-

Suspire, molesta, apoyando mis manos en el barandal, esperando a que subiera las escaleras.

-Disculpe, me han querido robar, esos tipos de abajo me persiguen y van armados. Me gustaría llamar a la policía, podría usar su teléfono? Será solo un momento-

-Esta bien- acepte molesta.

Ingreso conmigo, pero yo caminaba rápidamente, el se tomaba su tiempo. Encendí las luces y tome el teléfono, marque el número, dándole el tubo luego. Tenía cabellos blancos y casi inexistentes cabellos castaños. Barba, ojos miel, la piel de su rostro estaba un poco arrugada por los años que tenia, pero su mirada me parecía conocida…

-Si? Hola, abajo hay unos caballeros abajo y creo que están armados, me han amenazado- me pidió la dirección y cuando se la di, la repitió al policía –Bien, gracias-

Estuvimos unos segundos en silencio, los cuales pase caminando de un lado al otro.

-Eh mucho gusto, soy Iván- se presento estrechándome la mano

-Igualmente… Y ya llegara la policía?- Ignore el hecho de que no me había presentado.

-Si, no tarda nada- respondió.

-Es cierto que lo están persiguiendo los señores de abajo?-

-Si, parecen guardias, pero me persiguen- me explico, sigilosamente. Dio un rápido vistazo al lugar –Bonito lugar… Eres artista-

-Si, he inaugurado una exposición hace poco- le comente.

-Si? Ya era hora!- había escuchado eso un par de veces –Como te llamas?-

-Yulia…-

-Yulia Volkova, no?-

-Eh… Si-

-O sea, Yul- corrigió sonriente, a lo que respondí afirmativamente. Sonrió más ampliamente, como si fuera algo Muy obvio.

-Perdone, pero… Lo conozco?-

-Si… No me recuerdas, verdad?-

-Eeeh… Ya ve que no- respondí, extrañada. El cambió su expresión a una fiera, acercándose a mi –Oiga! Yo no…!- Tapo mi boca con una mano y…

-Te arrancare el corazón y el hígado!- grito

Lo entendí todo. Esa frase, esa mirada fiera, esa manera de hablar atropelladamente. Era él… El fugitivo de aquella vez, en mi pueblo a orillas del río.

-Así es muchacha, el mismo!- exclamo con felicidad -Dios! Mírate, estas enorme... Quieres saber que fue de mi…? Estuve afuera! En México, te deje y me pillaron, pero escape nuevamente! Estuve viviendo en otro país hahaha-

Me abrazo fuertemente y yo seguía sin poder creerlo. El hombre que en mi niñez me había hecho llevar un buen susto estaba allí, estrechándome entre sus brazos como si fuera su hija. Admito que por muchos años temí que se apareciera en mi camino y me destripara para comerse mis órganos, como prometió años atrás, y, sin embargo, estaba allí frente a mi, mas no sentía terror, nada.

-Eh… Me alegro de que haya estado todo bien- dije, tratando de separarme –Me alegro-

Se separo de mí y sonrió, mientras me palmeaba un hombro amistosamente. Se volvió y miro un cuadro de un hombre de mirada penetrante, con rasgos toscos… Aquel que en ese entonces tenía pies lastimados por las ortigas, un traje de prisionero desgarrado y un hambre de muerte. Hoy llevaba una elegante camisa cubierta por un sobretodo holgado y pantalones de vestir, zapatos lustrados y muy bien alimentado.

-Quien es ese apuesto joven? Así que has pensado en mi!- dijo riendo.

-Bueno, en ese momento me dio un susto de muerte- me expliqué.

–Ese cuadro es genial, si, es muy bueno. Me gusta… Cuanto cuesta?-

-Ah! Lo siento, esta… esta vendida toda la exposición- trate de explicar, sintiendo las rodillas como gelatina, era una sensación desagradable.

-Oh te felicito!-

-Gracias… Fue solo suerte-

-No! No es solo suerte, tú te mereces el éxito. Eres una joven con mucho talento, una buena artista, esto… Bueno, todo esto!- dijo dirigiéndose al lugar mientras se acercaba a mi, puesto que se había alejado para ver la pintura de él, mas joven –Puedo… hacerte una pregunta de ámbito personal? Que se paga para conseguir todo esto?-

-Eh… Alquilo- respondí rápidamente. –Bueno, en realidad no lo se, no me encargo de eso-

-Aaah y puedo saber quien lo hace?-

-Por qué? No lo conoce- tantas preguntas ya me estaban incomodando.

–Claro que no lo conozco, es obvio, es solo que me alegra verte tan bien… Puedo tomar algo?-

-L—la policía llegara en cualquier momento- intente discutir –No tarda nada-

-No te preocupes, tardara- negó Iván. Eso era lo único que sabia, su nombre.

-Pero es que usted no entiende- lo rete, algo molesta –la policía llegara en cualquier momento!-

-No vendrá!- respondió divertido –No he llamado! Apreté el botón con el dedo hahaha-

-Por que?-

-Porque si viniera, me detendrían- contesto sentándose lo mas cómodamente sobre un sillón.

-Eh.. Y.. quienes eran los que lo perseguían?- pregunté, por alguna razón comenzaba a sentir algo de terror.

–Bah… Antiguos socios. Aún les corroe algo que deberían haber detenido hace tiempo-

-Creo que debería irse-

-Dame un minuto- me rogó, aun en su asiento –Me alegro muchísimo de verte! Querida Yulia, no sabes lo feliz que me hace ver en la mujer que te has convertido… Te ves mayor, la muchacha, se ha hecho mayor. Una mujer seria, artista considerada… Tienes tu vida, rodeada de gente que vale la pena… Estoy muy impresionado. Nadie se lo merece más que tú… recuerdo cuando eras una niña, una niña con un gran corazón, la pequeña Yul, la única persona que ha sido buena y honesta conmigo-

-Pero…-

-Te felicito. Por tu vida, por tu exposición, por todo- levanto el vaso lleno de vodka –Por ti-

-Gracias- susurre. Aquello me había llegado al herido corazón. –Muchas gracias, en serio… Lo que ocurre es que… me hace sentir… Me hace sentir muy incomoda-

-Oh lo siento tanto! No era mi intención- no me dejaba hablar otra vez, quería explicarle, pero obstinadamente se coloco el sobretodo –No te preocupes, solo he venido a verte… A saludarte. Ahora soy feliz-

-Bueno- dije con una sonrisa, hasta que saco una pistola de su maletín.

-La llevaremos- la escondió entre sus ropas, pero se le cayo un par de veces y un escalofrió recorrió mi espalda. Volvió a abrazarme y, sonriente dijo –Todo esto, es genial. Así lo deseaba, así es como debe ser-

-Cui—cuídese- le dije, mientras se alejaba.

-Mijaíl ha hecho un buen trabajo- susurro sonriente, pero como para que lo escuchara. Y en ese momento, no lo había entendido.

Vi como se alejaba hasta la salida y, antes de salir, levanto su mano y me saludo contento. Me sentí un poco mal al echarlo y dejarlo ir solo de esa manera, sabiendo que esos hombres lo esperaban abajo. El hombre, por más cosas malas que hubiera hecho, seguía siendo simplemente un hombre. Apresuradamente tome mi chaqueta y salí de la habitación.

-Hey!- lo llame desde un piso mas arriba –Espere, por ahí no, hay otra salida. Venga-

Me siguió, siempre tomándose su tiempo. Lenta pero firmemente, como el caminar de Elena… Salimos por el canal de balcones, en la parte trasera, bajando escalón por escalón, tratando de no hacer ruido. El pobre tropezó en el último y lo tuve que sostener levemente.

-Esta bien? Sígame, están ahí- Me obedeció, en silencio. –Sabe a donde va?-

-Si, a la estación y luego al aeropuerto- respondió, siguiéndome por un camino diferente hacia la estación subterránea. –Mi destino es Paris-

-Vaya! Paris- exclame nostálgica, pero alegre de recordar viejos tiempos

-Si, quieres venir?-

-A Francia? Es un lugar hermoso, pero no puedo-

-Ven conmigo, has visto que Paris es precioso!- bajamos hasta la estación –Elegancia, placer, belleza, vamos! Jamás te arrepentirás. Es el hogar de muchos artistas… Las calles, las mujeres… Oh las mujeres! I :love: Paris… In spring time…-

Una vez en la estación, disminuimos la velocidad, estábamos a salvo, al menos por unos momentos. Iván seguía hablando sobre la belleza y elegancia de Francia, pero no estaba dispuesta a dejar Nueva York. Frenamos al ver a dos hombres de gran porte en la parada del frente.

-Hey! Iván! Eres tu, no te habíamos reconocido, donde has estado?- pregunto el de chaqueta roja. Reían, incluso Iván. Pero me tomo del brazo y comenzó a volverse hacia la salida. –Has engordado!-

-Claro! Los años pasan y dejan rastros- respondió el hombre, divertido, tratando de alivianar la situación.

-Oye, deberíamos ir al club algún día- dijo el otro –Espera, estaremos contigo en un segundo-

-Si, claro, claro, solo unos minutos-

Comenzaba a ponerse nervioso. Los hombres comenzaron a andar hasta la salida para poder entrar al otro lado. Le ordenaron que se quedara allí, pero el, obviamente, no les hizo caso. Cuando desaparecieron de nuestras vistas, comenzó a correr rápidamente hacia el lado contrario, planeaba llegar a la otra plataforma y engañarlos, cosa que hicimos muy bien.

-Hey Iván! Que haces ahí? Te dijimos que te quedaras aquí!-

-Pero si me has dicho que cruzara!-

-No, te hemos dicho que te quedarás aquí!- el hombre comenzaba a inquietarse.

-Que? Lo siento, no te escucho!- al acercarse el tren, nada se oía. O eso quería creer. El tren freno y las puertas se abrieron. Lo amenazaban desde afuera, querían matarlo.

-Al jefe no le va a gustar!-

Cuando estuvimos adentro, y el tren inicio su marcha nuevamente, pude respirar tranquila. Los hombres habían quedado atrás, Iván seguía sonriendo. Los saludaba burlonamente, reía divertido.

-Haha, esto es mas divertido que una exposición, eh?- dejo su maletín en el suelo, el vagón estaba vació.

-Le parece divertido esto? Se divierte?- le pregunte, reprochándolo.

-Claro! Así vivo- respondió –Por que no vienes a Paris?-

-No puedo, señor, no puedo ir a Paris-

-I :love: Paris in spring time… I :love: Pa…- cantaba tan alegre, que juro que por un momento… Acepte la idea, al menos mentalmente. Pero no se dio… El filo de un cuchillo atravesó su abdomen. Algo se quebró y alguien se reía, era el tipo de chaqueta roja. Dejo caer la navaja y el escapo en la siguiente parada. Iván estaba desangrándose.

-Iván!- lo tome de la cintura como pude, evitando que cayera. Tuve que sentarme en un asiento con su cuerpo sentado sobre el mió. Al final era una debilucha. Levanto su sobretodo y la camisa blanca estaba manchada con sangre. Intente levantarlo, pero el se negó –Tiene una muy mala herida, si consiguiera un doctor…-

-No, quédate aquí… Quédate aquí- me rogó, adolorido –He… echo cosas malas en mi vida, muchísimas, pero una cosa buena… Todo el dinero que tenia, Todo el que tenia, que ha sido muchísimo… Te lo he dado a ti, todo. Es lo único bueno que he hecho, yo… Te he ayudado a subir… Te envié a Paris, te envié aquí, a Nueva York, lo hice todo-

-Que?- gemí en sorpresa, sin poder creerlo.

-Incluso… Compre tu exposición-

-Compro… Todos mis cuadros?-

-Si… Eres una genio- susurro, sin perder la sonrisa –Abre mi maleta, por favor-

-Que quiere?- pregunte, mientras la abría.

-La bolsa de papel- me indico y yo se lo alcanzaba. –Lo que contiene, es un tesoro… Mira-

Saco de esa bolsa, un pequeño cuaderno. Un cuaderno decorado con pequeños pescados, amarillos y celestes. Mi primer cuaderno de dibujos que perdí cuando aquel fugitivo me asusto a orillas del rió.

-Ahí está, lo recuerdas? Mira… Es único… es especial… Todos- manchaba las hojas con su sangre al pasarlas, pero no importaba, eran dibujos animales pequeños -Fíjate, este es precioso… Es tan hermoso, es mi preferido…. Eh… Que hora es?-

-No… No lo se… S—son casi las seis- respondí, casi llorando

-Oh, aun tengo tiempo…- fue lo ultimo que escuche provenir de su boca. El pequeño cuaderno de sus manos cayo, al igual que sus manos, inertes, se dejaron caer a los costados de su cuerpo. La sangre había fluido hacia fuera, hasta matarlo. El tren seguía su marcha, estaba amaneciendo, yo lloraba. Todo mi éxito, toda mi fama, todos mis sueños… El había sido el responsable de todo, por más que haya sido una mentira.

Tal vez… Iván debía haber muerto hace muchos años atrás, en Rusia, Tal vez. Pero vivió porque debía ser mi benefactor, para lo bueno… Y para lo malo.
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   6/3/2010, 23:42

Capítulo 11: Sonne

Fui a Paris, después de todo. Trabaje allí y recibí todo lo que quería. De vez en cuando recibía llamadas de Yuri, pero no visite nunca más a mi querida Rusia natal, me traía malos recuerdos, al igual que Nueva York.

No volví a ver a mis amigos, bueno, una vez vi a Charlotte en París, ya no estaba a cargo de la escuela donde había estudiado, sino que era una especie de manager. Nos encontramos en un pequeño y simple café, escondido entre todos los enormes edificios.
Cuando la ví, pensé que se acercaría a mi, para reprocharme, para preguntarme porqué le había dado la espalda a ella, a todos, en todo ese tiempo. Pero al contrario de todo eso, me divisó y en su rostro se formó una hermosa sonrisa que me hizo ablandar.

-Yulia!- escuché que pronunciaba mientras se acercaba a mi mesa.

-Charlotte- devolví sonriente. Me levanté de mi asiento, estirándome un momento y luego extendí una mano para estrechar la suya, pero ella me atrapó en un calido abrazo.

Hablamos mucho, todo el tiempo. Ninguna de las dos dejó de hacerlo, y es muy extraño, porque yo solía ser una persona de pocas palabras. Nos abrigamos bien, y salimos de aquél café. Ya era invierno, por lo que había comenzado a nevar. Mi nariz, de pronto, se puso colorada al igual que la de la mujer a mi lado. Había tomado mi brazo entre uno de los suyos, acercándose mas para evitar perder el calor.

-Sabe… Sabe algo sobre los Kozlov?- pregunté luego de un rato de silencio.

-Muy poco. Lo ultimo que supe es que Vladimir se mudó a Los Ángeles con su prometida- me comentó –Creo que ella está embarazada-

-Ah si?- suspiré. Cuánto me había perdido, Vlad padre!

-Ahá… Y tu? Que hay de tu familia?- preguntó con sincera curiosidad –Sabes algo de Lena?-

-Mi familia está muy bien, aunque mi padre y mi tío ya tienen sus años- respondí, fingiendo no haber escuchado la otra pregunta.

Nunca más tocamos el tema de Lena, pero lo intuía. Sabía que se había casado con Andrey, y que en esa ocasión, mi corazón se rompió de una manera que ni la misma Charlotte, ni nadie, podría repararlo. Esa tarde acordamos seguir en contacto. Yo me sentía apenada y arrepentida y le pedí disculpas, que recibió de buen agrado, pero me disculpó diciendo que lo entendía.

Así, mi vida siguió tranquila durante esos pocos meses. Trabajaba exponiendo cuadros en galerías o también en elegantes comercios y restaurantes. Me pagaban bien, por lo que vivía cómodamente. Había dejado la mala costumbre de fumar, nunca más toqué una botella de licor, me levantaba temprano para correr por las viejas calles de Paris, aquellas que tanta paz me traían. Pero la tranquilidad y la paz, se terminaron una mañana…

Recibí una llamada de Dasha, muy angustiada. Era temprano, casi no había salido el sol. Me dio noticias, terribles noticias. Un accidente de transito, mi tío Yuri estaba grave en el hospital, papá había muerto. Tome el primer vuelo a mi país. Quería y a la vez no quería llegar al aeropuerto de mi país, estaba aterrada. Mi padre, había muerto… Pero más me dolía que Yuri estuviese grave. Trataba de mantenerme tranquila, pensando bien las cosas, con calma, sabía que al menos eso, se solucionaría. A penas llegue, corrí a tomar un taxi, indicándole que me llevara hacia mi pueblo. Primero fui al cementerio, pero por primera vez en mi vida no soportaba estar en ese lugar, menos visitando a ese casi extraño, pero lo hice porque me apreciaba. En el hospital tampoco dure mucho, ver a mi tío con todas esa heridas y aparatos conectados, se había fracturado varias huesos del cuerpo. No podía verlo de esa manera.

-Yulia… Yulia!- Era Dasha, quien me llamaba, ingresando al pasillo donde estaba. Sus ojos comenzaron a llenarse de lagrimas y cuando llegó a mi, no pude evitar que mis ojos se humedecieran, pero debía mantenerme fuerte. –Lo siento tanto!-

-Qué sucedió?- pregunté con calma, pasándole un brazo sobre el hombro a la pobre mujer.

-Sabían que llovería esa noche, lo sabían… Pero aún así, salieron en la camioneta, hacia el centro para comprar repuestos… Evitaron chocar contra otra camioneta, pero ellos se estrellaron contra un poste de luz, mientras iban por la ruta-

Siempre habían sido tan tercos… Tan tercos! Maldita sea, me decía en ese momento. Tan tercos como mi hermano… Tan tercos como para abandonarme así. Por mucho tiempo me sentí enojada, con tal de no sentir tristeza, porque si así lo permitía, moriría de dolor.

Yuri estuvo un par de meses en estado de coma, y estuve ahí todo el tiempo. Todas las mañanas me levantaba antes de que el sol apareciera, y partía al hospital. Esperaba… Y esperaba, hasta que presento mejorías. Pero esas mejorías a veces no son lo que parecen. Yuri acompaño a papá días después de la mejoría.

Me había quedado completamente sola, Dasha estaba a mi lado, pero… Acaso era lo mismo? No lo se… De todas formas, había vuelto a casa. Y no me gustaba para nada la razón de mi vuelta a mi hogar. Pero así son las cosas.

Al principio no quería aceptarlo. Oleg se había ido, no podía hacer nada, pero Yuri! Mi querido y bondadoso, mi simpático y suave, mi honesto y atolondrado Yuri! Que haría ahora sin el? Qué haría! Recuerdo que, cuando el funeral estuvo listo y estábamos a punto de recibir a la gente, no soporté escuchar los pasos detrás de la puerta, y salí por el fondo. Era un día irónicamente soleado.
No quería aceptar que él no me levantaría nunca más hasta el techo, no quería aceptar que nunca más me llamaría tres o cuatro veces, cinco días por semana, no quería aceptar que no lo vería nunca más en su taller de trabajo, con los guantes y el delantal de un extraño gris azulado.

No podía.

Así que corrí, hasta el puente que atraviesa el pequeño arroyo, y luego llegué al bosque, donde caí de rodillas con el rostro entre las manos. Y lloré todo lo que no había llorado en todo ese tiempo, grité hasta que me dolió, golpee el suelo hasta que me cansé…

-Por qué me haces esto?! Eh?! Maldita sea!- gritaba al cielo, mientras tomaba una roca y la lanzaba al arroyo con fuerza, haciendo que se agitaran sus aguas.

Divisé un árbol pequeño… Bueno, en ese momento parecía pequeño, era el árbol al cual me había trepado tiempos atrás, del cual Lena me había tirado. Caminé hasta el, y apoyé la frente en su corteza, sin dejar de llorar ni gimotear. De repente, cuando el nudo en mi garganta se hizo tan doloroso, iba a patear ese árbol que tanto quería, y escuché una voz grave que me reprochó:

-Vamos Yul, no importa lo que te diga Elizaveta Petrova ¡Ámala!-

Me di la vuelta rápidamente. Estaba muy segura de que había escuchado esa voz tan dulce y grave que tenía Yuri. Esperé un momento en silencio, y luego, dejándome caer de espaldas contra el árbol, una carcajada me invadió. Luego fueron lágrimas, y risas, y lagrimas. Hasta que me dormí allí.

Pasaron los días. No hubo muchos cambios. Decidí que, por más que fuera doloroso, me quedaría en la casa un tiempo para acompañar a Dasha. En un día de esos, recibí una llamada de Charlotte… Y con ella, volví a desmoronarme. Le conté todo por teléfono, mientras Dasha lloraba del otro lado de la puerta. Y otra cosa no podíamos hacer. Porque si no dejábamos salir aquel llanto, explotaríamos.

Al otro día la tenía en la puerta principal, tocando insistentemente con los nudillos. También quiso quedarse unos días, era un gran apoyo para ambas.

Una noche, luego de que la mujer de cabellos rubios nos dio las buenas noches y se retiró a dormir, Dasha me pidió que nos sentáramos afuera para poder hablar sobre algo que había quedado pendiente de hace tiempo.

-Tu padre… Y tu tío- decía la mujer de Yuri, a mi lado –Querían que lo supieras…-

Muchos decían que era un calco de papá. No era tan cierto, mi hermano Viktor si lo era. Pero lo que si se, es que ojos como los míos, Yuri es el único en poseerlos. La noticia no me llego tan fácilmente, aceptarlo no fue simple. Crecí creyendo en tal cosa, y luego, muchos años después y cuando ya es tarde, me cuentan la verdadera historia detrás… Los roles se cambiaban, tío y padre, padre y tío.

Yuri amaba a mi madre. De eso no cabía duda, la manera en la que hablaba de ella, siempre me cautivó el corazón. Y si no fuera por el, no sabría absolutamente nada de mi madre. Y quizás, por esa razón, él quería tanto a Oleg, a pesar de todo. Nunca le devolvía los golpes, por el simple hecho de que se sentía culpable por, en cierta forma, haberle arrebatado la mujer.

Muchas muertes en muy poco tiempo, mucha historia dolorosa también. Pérdidas tan pesadas como para que las soportara mi pequeño ser. Dasha estaba triste, pero poco a poco, iba recuperando el ánimo, nunca perdió la compostura y me apoyo. Puede que ya no fuera lo mismo, el vacío se sentía demasiado. La tristeza.

Así un 20 de Febrero fue negro… Más negro que nunca. No hubo pastel, no hubo invitados, no hubo nada. No quería absolutamente nada. No quería quedarme en aquella casa, los fantasmas me perseguían, deseaba volver a Paris. De hecho estuve a punto de no mencionar todo esto, pero es mi historia para ustedes, y como dije al principio: La contaré tal como yo la recuerdo.

Estaba dispuesta a marcharme con la señorita Goldsmit, pero entonces, un nuevo fantasma cruzo la puerta...

-Yulia Átomo Diminuto Volkova!-

-Vla—Vladik?!- las cosas se me cayeron de las manos, allí estaba uno de mis pocos amigos verdaderos. Sus brazos encerraron mi cuerpo pequeño y me levanto en un abrazo muy fuerte –Qué haces aquí?!-

-Charlotte me contó todo, pequeña- confesó mientras se le quebraba un poco la voz. Vi que el gemelo menor, Vladimir, se acercaba y con los ojos llenos de lágrimas se unió al abrazo. Vladik se separo un poco y al ver que Vlad seguía llorando sobre mi hombro y casi me asfixiaba, trato de separarlo.

-Vlad, ya esta bien Vlad, déjala- le pedía, tomándolo de los hombros –Ya esta-

Intento pronunciar algo, pero el llanto no se lo permitía, el mayor había logrado separarlo de mí, pero al seguir cayendo lágrimas de sus ojos volvió a apretarme contra su pecho y Vladik no se resistió mucho en imitarlo. Reía… Una carcajada se me escapo de lo mas fuerte, me encantaba que aquellos dos fueran tan elocuentes!
Hasta que Misha llego, con un bastón… Los años lo golpeaban fuerte, como fuerte fue su abrazo, junto con los otros dos.

-Bueno, señores, déjenla respirar- decía Charlotte, entre divertida y seria.

-Si, lo sentimos, lo sentimos- Vladik se limpiaba el rostro con un pañuelo –Ha pasado tanto tiempo!-

-Lo se… Lo siento… Fui tan tonta, ustedes siempre estuvieron allí… Lo siento tanto-

-Que va! Nos preocupaste mucho, pero supimos dejarte tranquila para que ordenases tu vida- dijo Vlad, ayudando a su padre a sentarse.

La casa volvía a estar llena, los tres hombres y Charlotte se quedaron. Las risas me acompañaron los días siguientes, todo estaba mejorando al menos un poco. Había muchas cosas que no sabia acerca de mi verdadero pasado, porque todo eso había sido prácticamente una mentira.
Hablando de mí pasado… De vez en cuando recibía noticias acerca de Lena. Se había divorciado. Quizás era demasiado buena o inocente, pero la seguía amando. La seguía amando profundamente.

-Yul… Quiero mostrarte algo, puedes venir?- estaba meditando en el balcón de mi habitación, cuando Charlotte me llamo. Me levante, puesto que estaba sentada y la seguí escaleras abajo.

-Que cosa deseabas mostrarme?- estaba muy confundida. La señorita Charlotte me sonrió, diciendo que esperara. Bajamos y salimos de la casa. Vi a una joven, que permanecía al lado de Vlad, entregándole algo a Vladik, que se había adelantado a nosotras y lo sostenía entre sus brazos y jugueteaba con aquello, diciéndole palabras de niños…

–No quería presentártelos, no al menos hasta que estuvieras mejor… Por eso le pedí a una niñera que ayudara a mi prometida en Nueva York- Explicaba Vlad. Me acerque lentamente al gemelo mayor y note esa cosa tan pequeña, tan suave, tan pura. Tan bebe.

-Es… es un niño!- exclame, asombrada –Es hermoso! Como se llama?-

-Iósif- Yo tome al niño con mucho cuidado, y Vlad sonrió ampliamente –Iósif Vladimirovich Kozlov-

-O sea… Dices que este niño es… En serio?!- No podía creerlo! Era el hijo de Vlad –Esto es… No sé que decir…-

-Pronto cumplirá 5 meses- suspiro con una media sonrisa, acariciándole la pequeña cabecita. –Por cierto… Yulia, ella es mi prometida, Nadia-

-Vlad me ha hablado mucho de ti en todo este tiempo- dijo la muchacha tímidamente. –Mucho gusto-

Ciertamente era muy tímida, de pocas palabras, pero cuando tenía que decir algo, a todos nos embelesaba con esa dulce voz, que la hacia ver aún mas pequeña. Creo que era, incluso, un poco más baja que yo. Bueno, al lado de Vlad cualquiera se ve pequeño. Tenía cabellos rubios y unos grandes y vivaces ojos azules. Lo que más me había impresionado de ella eran sus manos, pequeñas y suaves, que pude sostener cuando estrechó mi mano amistosamente. Cada vez que posaba su mirada en alguien, lo observaba con cariño, como si nos conociésemos todos, de toda la vida.

Nadia y Vlad eran la pareja perfecta, por más loco que suene. Él solía ser sobre protector, a veces serio, pero no dejaba de ser gracioso, aunque era algo sobresaltado y ella parecía ser muy tranquila. Ambos eran hermosos… Pero más hermoso, era el pequeño Iósif. Cuando lo tuve por primera vez en mis brazos, me sonrió. Era pequeño, si, y quizás yo estaba emocionada, podría haber sido mi imaginación, pero estoy segura de que me sonrió.

El pequeño resultó ser el objeto de mi adoración. A veces me preguntaba cómo puede uno querer tanto a una persona que a penas conoce.
Vladik y yo jugábamos mucho con el, parecíamos niños otra vez. En las noches, cuando el niño lloraba, me levantaba rápidamente y alegre para alimentarlo con su biberón. O cuando era necesario, lo bañaba, o lo paseaba por todos lados entre mis brazos cuando era la hora de que durmiera. Trataba de pasar con él todo el tiempo posible. Dasha sonreía cada vez que nos veía juntos… Yo volvía a ser feliz. Sin embargo, en las noches, pensaba y pensaba. Mi mente divagaba en los recuerdos, felices y dolorosos. Pensé en la señorita Elizaveta, me dijeron que había muerto sola en la mansión, su cuerpo había sido encontrado un mes después de haber fallecido. Iban a derribar la mansión, para poder construir viviendas.

Se suponía.
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   6/3/2010, 23:44

Y BUENO COMO TODO LO BUENO TIENE UN FINAL, ESTE ES EL NUESTRO.. ESPERO DE TODO CORAZON QUE HAYAN DISFRUTADO ESTE FIC; DE MI PARTE ES TODO POR EL MOMENTO... PERO CLARO ESTA QUE PRONTO VOLVERE A COMPARTIR OTROS TANTOS DE TAN BUENOS Y BUENAS ESCRITORAS QUE TENEMOS QUE AMAN EL YURI... SUERTE
Capítulo Final: It Was Just My Memory Of It

Yulia

Los años pasaron.

Estuve viajando de un lado al otro, trabajo tras trabajo. Conocí lugares preciosos, elegantes, bellísimos, como también lugares detestables. A veces pasaba en mi nuevo hogar de Rusia unos días, pero luego debía volver a partir. En ocasiones extrañaba horrores al pequeño Iósif, y fue esa melancolía que me persiguió hasta que decidí volver a EE.UU., le daría una sorpresa.

Nadia y Vladimir se habían quedado en Los Ángeles, estaban casados y vivían felizmente con el niño. Vlad había seguido con el oficio familiar, era un respetado abogado. Nadia siempre estuvo, inseparable, junto a el. Vladik eligió el mismo camino, de hecho eran socios. Misha, el buen Misha… Ya estaba avanzado en edad aquella vez en Rusia. Al año siguiente había fallecido.

Y así, un día, volví a casa decidida a hacer algo que tendría que haber hecho hace mucho tiempo ya…

Me gustaba mucho aquel lugar. Todo el año parecía tener un clima templado. Las flores siempre florecían, los árboles se mantenían imponentes en los bosques, las palmeras en las playas y los arbustos en el pantano. También me agradaba ir con ellos a ver grandes partidos de béisbol en el Dodger Stadium. En ocasiones íbamos a jugar al volley en la playa o incluso surfeabamos. Bueno, Vlad y Nadia lo hacían, porque yo era muy torpe para eso, así que simplemente me quedaba con Iósif en la orilla viéndolos divertirse. Por las noches me escapaba hasta la terraza para poder espiar cómo se convertía la ciudad, en una gran alfombra de luces. Como en Paris, solo que en L.A no me sentía tan sola, ya que el pequeño me acompañaba siempre.

-Ya va!- Había tocado dos veces con insistencia. Escuché, del otro lado de la puerta, la vocecita de un ser pequeño… Hasta que adivine que era la dulce voz de Iósif, quien abrió la puerta y se lanzo a mis brazos felizmente al verme –Papá! Mamá! Yulia esta aquí!-

-Tranquilo enano- Decía entre risas. De alguna manera, tenía una leve semejanza con Viktor. Y al contrario de desagradarme, me hacia aun mas feliz. Su espeso cabello de miel que casi tapaba sus ojos, de un intenso azul, se agitaba de manera graciosa –Qué pasa?-

-Has venido, pero volverás a irte, cierto?- Se quejó, mientras hacía un dulce puchero.

-Sabes que si, pero esta vez vendrás conmigo!-

-Eh! Duende!- me saludaba Vladimir –Has llegado para lavar los platos! Haha, tienes hambre?-

El niño siempre se aferraba a mi mano y pocas veces me hacia caso. Pero no importaba, porque era como mi sobrino y adoraba malcriarlo. Siempre vi al pequeño Iósif como un motivo para comenzar de nuevo… Muchas veces pensé que papá… Es decir, Oleg, se había vuelto adicto al alcohol por haber descubierto la verdad sobre mí y por ello fingía confundirme con Viktor, su único hijo verdadero.

Le pedí permiso a Vladimir para poder llevarme unos días al niño a Rusia, deseaba mostrarle un lugar muy especial para mí y el gemelo menor acepto con gusto, porque la confianza que nos teníamos era mutua y firme. Nadia parecía muy feliz ante la idea…

Al final había vuelto por decisión propia. Como tenía que ser.

Con Iósif visitamos mi antiguo hogar y solo pudimos verlo desde afuera, ya que Dasha se había mudado con una de sus primas. No podía quedarse sola. Visitamos el cementerio, el bosque, recorrimos el arroyo y el rió…

-Aquí están mi madre, mi hermano, mi padre- enumeré frente a las lápidas –Y mi tío-

-Oh- exclamó como si estuviera sorprendido

-Qué sucede?- pregunté extrañada, mientras el soltaba mi mano acercándose más a las lápidas.

-Estas sola-

-No- negué sonriéndole –Los tengo a tus padres, a tu tío, a mis amigos. Te tengo a ti, pequeño-

-Sabes Yul? Yo creo que me parezco a tu hermano- Me confesó, luego de un rato de silencio, como si estuviese arrepentido de hacerlo. –Lo siento-

-No lo sientas, pequeño, no sé por qué dices eso- Lo conocía por las fotos. Y era cierto, ya mencioné que tenía un parecido con el.

-Porque sé que cuando me miras, lo recuerdas. Y te duele- dijo al fin. Qué curioso el razonamiento de los niños.

-Iósif, no digas eso, que es una tontería. Tú me recuerdas a Viktor, mi hermano. Es cierto… Pero sabes qué?- pregunté, y el negó con su cabecita –Tienes los ojos de tu madre, tienes su corazón. El cabello de tu padre y su honestidad. Tienes mucho de todos… E, incluso, cosas de mi hermano. Pero tú, no eres él, tú eres tú y eso es lo único que importa. Y te adoro por eso-

Dio por finalizado ese tema. Y sonrió.

Descansamos un momento donde yo solía sentarme a dibujar en el bosque. No pensaba llevarlo a la mansión Petrov, ya que temía revivir viejos recuerdos que me lastimasen, pero aprendí que ya no valía la pena lamentarse por todo lo que se lo aqueja, te fortaleces, aprendes, sabes con qué meterte y con qué no.

-Y… a donde me llevaras esta vez, Yuli?- preguntó con curiosidad, mirándome desde abajo. Con él me sentía la persona más alta del mundo.

-Recuerdas que te conté que yo, cuando vivía aquí de niña, jugaba en una gran mansión?- pregunte, mientras el afirmaba con la cabeza –Bueno, es como cuando juegas con tu tío Vladik y tienen una enorme guarida, donde pudieras esconderte de la gente mala y pasarla bien, no?-

-Si, él me agrada, siempre me trae regalos-

-Eres un interesado- lo reté riendo -Bien… Te llevare a ese lugar, un lugar donde yo me escondía para olvidar todo lo malo. Amaba visitar a la gente que vivía en ese lugar, claro que no puede ser todo tan bueno, pasaba cosas malas allí, pero que mas daba, amaba visitarla…-

-Y… Yul, luego me compras dulces?-

-Si, pero si luego te salen caries, que tu madre no me culpe-

-Mamá siempre me deja comer dulces! Papá es el que me los prohíbe- se quejó, mientras soltaba mi mano una vez más.

Pronto, nos encontramos jugando como niños pequeños. El corría, mientras yo lo perseguía. Así llegamos a la mansión que, admito, tanto extrañaba. Iósif corría de un lado al otro, jugueteando, mientras yo me sentaba en uno de los ya gastados bancos del lugar. Los árboles aun seguían verdes, todo el suelo estaba cubierto de vegetación. No habían derribado el lugar a petición mía, al menos hasta un tiempo determinado, pronto lo harían.

-No vayas muy lejos Iósif!- le advertí

-De acuerdo!-

Pronto me quede sola, el jovencito se había alejado para perseguir un animalito pequeño. Observé la gran mansión, ya descuidada y pensé: La forma de vida de los ricos.

Sonreí.

En aquel tiempo, todo mi anhelo, que empezó ese día en que dibujé a esa muchacha orgullosa e insultante por primera vez, por pintar para ellos, por tener su libertad… Por amar a Elena. Las cosas que no podemos tener. Y finalmente tenía las cosas que creía desear, pero la verdad es que a veces no sabía exactamente qué hacer con mi libertad.

Me senté allí y medite sobre todo lo que había hecho, sobre mi vida, sobre el destino de aquel tiempo tan breve y violento, que tan bruscamente cambio de rumbo. Y entonces, ella apareció de nuevo…

Escuche unas risas muy alegres detrás de mí, que provenían de una niña no muy alta, de cabello castaño claro y rizado, sus ojos verdes, su rostro lleno de pecas. Estaba cubierta por un hermoso vestido verde claro estampado con delicados diseños y llevaba un sombrero del mismo color, para proteger su cabeza de los rayos del sol.

Escapo corriendo, mientras la seguía, hasta la entrada de la casa. La seguía tranquilamente, pero tratando de no perderla de vista. Atravesó la habitación donde antiguamente se encontraba la entrada a la habitación de Elizaveta Petrova, siguió hasta pasar de largo las escaleras, hasta un gran salón donde ya no existía el techo. Dejó escapar una dulce risa, ahuyentando un par de aves que allí descansaban. Llegó hasta el patio, y se detuvo un momento en la fuente… Donde Lena me había besado aquella tarde. Finalmente, la seguí costeando la fábrica también abandonada, que daba al rió. Todo estaba en ruinas, pero aun así salí. Vi a la niña, que se acercaba a una mujer y le tomaba la mano.

-Mami, mami- le llamaba, mientras la mujer le acariciaba la cabeza y sonreía dulcemente.

-Lena?- susurre sorprendida.

La pelirroja se dio vuelta, pero sus hermosos ojos verdes estaban cubiertos por unos anteojos de sol.

-Yul?- respondió sorprendida, quitándose los lentes –Eres tú…-

Ella llevaba un ligero vestido de tirantes de un tono celeste que se apegaba a su figura. Algo similar a lo que llevaba la primera vez que nos vimos. Baje las escaleras lentamente y observe a la niña, quien se había acercado a Iósif, lejos de nosotras.

-Es tu hija…? Dios, es preciosa- sonreí, al estar junto a ella. –Que haces aquí?-

-Quería mostrarle a mi hija este lugar… La casa donde viví. Bueno, lo que queda de ella- observo a los niños jugando –Él es…?-

-Iósif, el hijo de un amigo mío… Es como mi sobrino- respondí simplemente.

Nos miramos, y, en silencio, lo hicimos por largo tiempo.

-Has venido a menudo?- Pregunté, sin saber realmente por qué.

-No-

-Yo tampoco-

Seguíamos mirándonos a los ojos, pero cuando le sonreía, ella desviaba la mirada. Yo sabía, que más allá de todo lo que había sucedido, cuán tímida era. Cuán tierna.

-Te va de maravilla- dijo sonriendo –Lo se todo de ti, he leído los periódicos-

-Si, no me puedo quejar- sonreí. Su cabello estaba suelto, su sonrisa era impecable, no había cambiado mucho… Pero estaba más hermosa que nunca.

-A mi… No me ha ido tan bien- suspiro, con tristeza –Durante mucho tiempo no…-

-Que?-

-Pienso mucho en ti últimamente… Todo el tiempo- respondió seriamente. Pero apenada a la vez.

-Me alegro- exclamé luego, con la misma seriedad. Pero con Lena, nunca se sabía… No podía saber exactamente qué querían decir sus palabras, no con sus sentimientos. Sólo podía intuir.

–Sé que te fallé…-

No sabía realmente qué pasaba por su cabeza. Pero me miró de una manera especial, de una manera que demostraba que en ese momento, era vulnerable, y que era débil, ante mi, por primera vez en mucho tiempo. Como aquella vez en el taxi.
Es como si leyera su pensamiento a través de esa mirada, como si lo hubiera pensado durante mucho tiempo que me diría y sin embargo, en ese momento su mente estaba en blanco, pero continuó de todas maneras.

-Pero… No he podido olvidarte. Cada vez que veo una de tus pinturas, yo… Ni te imaginas, lo arrepentida que estoy- confesó tartamudeando, hasta que afirmó la voz -Sé que no volverás a creer en mí. Pero tienes que entender que, toda mi vida le he tenido miedo al sol, lo sabes-

-Lo sé… Pero no hay razón- la interrumpí al fin, seriamente. –La verdad es que por mucho tiempo me pregunté porqué me aferro a amarte todavía. Por un tiempo dije que era algo defectuoso en mi corazón… Pero luego me dí cuenta de que, por más que viviera muriendo de amor, por más que destrozaras mi corazón una y mil veces…-

Me interrumpí a mi misma en mi explicación. Observé que evitaba mirarme a los ojos. Porque sabía que si lo hacía, las lágrimas la traicionarían. Pero ella lo sabía, sabía que nunca más permitiría que volviera a llorar. Nunca más. Así que con mis dedos atrapé su mentón suavemente y la obligué a que me mirara a los ojos.

-…A pesar de todo lo que sucedió- proseguí evitando enumerar todo eso –Me dí cuenta de que, por mas que quisiera decirte a la cara que no me hacías falta para poder vivir, por más que quisiera borrarte de mi memoria y corazón, tú… Me haces seguir adelante. Lo eres todo para mí-

-Yulia, yo…- Suspiró, tratando de encontrar las palabras –Podrás perdonarme?-

-Es que no me conoces?- le sonreí y ella imitaba el gesto, dejando escapar las lágrimas finalmente.

Me conocía. Y yo a ella. Siempre la había conocido desde el primer instante… Lo demás, no importaba. Era el pasado, era como si nunca hubiera sucedido, era solo mi recuerdo de el. Sabía todo lo que había detrás de aquel sufrimiento que me había provocado, sabia que todo aquello no era cierto, era solo una mascara que Elizaveta Petrova había creado para ella. Solo que yo había descubierto el bello rostro que se escondía detrás de ella. Descubrí la dulzura que podía llegar a dirigir a un prójimo, el cuidado y el cariño que le demostraba a su hija. Era pequeña, preciosa y dulce… Y se parecía mucho a Lena.

Amour, Amour

Lena

Sabía que era hora de regresar. Tenía que apresurarme, porque ya quedaba poco tiempo y sabía, también, que aquel lugar no resistiría mucho tiempo más en pie.
Mi niña estuvo inquieta todo el viaje, porque aunque no le dijera nada, sabía que estábamos yendo a un lugar muy especial.

Cuando llegamos al pequeño pueblo donde pasé la mayor parte de mi vida, mi niña me tomó de la mano emocionada, y me incitó a caminar, puesto que por un lado temía encontrarme con viejos fantasmas del pasado. Yo también tuve y siempre tendré miedos.

-Vamos mamá- Me alentó ella, mostrándome su más hermosa sonrisa –Apresúrate-

-Si, lo siento-

Marchamos lenta y tranquilamente, aún teníamos tiempo. Por lo menos ya estábamos en Rusia. Había esperado a volver justamente en primavera, bordeando el verano, para disfrutar del tiempo, ya conocía las bajas temperaturas del país durante el invierno, prefería no arriesgar a mi niña. Además, fue la época en donde conocí a Yulia… Aquella época donde mis estudios con Elizaveta todavía no levantaban vuelo. Y lamento muchísimo que lo hayan hecho. Quizás era tonto lamentarse por el pasado, pero si hay algo que no lamento, es haber abierto la puerta de la mansión a aquella niña que todos confundían siempre con un muchacho. Aquel 20 de Febrero. Cuando mi vida cambió para siempre.

-Mamá- la voz de mi niña me sacó de mis pensamientos y me miró curiosa –Falta mucho?-

-No, cariño, de hecho…- respondí, mientras nos acercábamos al gran portón de hierro ya oxidado casi en su totalidad –Aquí estamos-

Ingresamos con cuidado, ya que el portón estaba entreabierto y no se podía mover más de eso. Todo seguía en el mismo lugar, con la diferencia de que los árboles y arbustos habían crecido hasta tal punto que no dejaba divisar la entrada a la mansión.

-Puedo explorar ese lugar?- me preguntó ansiosa –Puedo echar un vistazo?-

Y recordé, con esa pequeña y simple frase, la excitación de la Yulia de ese entonces, cuando ingresaba con su tío, para venir a jugar aquí por primera vez. Y ella nunca se enteró, que yo la esperaba ansiosamente, detrás de la puerta, espiando por uno de los enormes ventanales cerca de la gran entrada.
Recuerdo muy bien, también, cuando la vi por primera vez en el pueblo, pero ella no se dio cuenta, más bien iba distraída. Siempre lo fue y sigue siéndolo.

-No te precipites, mi niña. Ya lo veremos todo, tenemos toda la tarde-

Nunca había hablado de esas cosas con Yulia. Y lo cierto es que lo lamentaba mucho. Ella tampoco me había preguntado nunca, cómo es que Elizaveta le había pedido a su tío que la trajera. Admito que fue mi responsabilidad. Fue la primera vez en mi vida que sentí tanta curiosidad por otro ser humano. Valió la pena, realmente lo valió.

Nos detuvimos frente a la imponente puerta de roble, sin color, pero aún conservaba el hermoso picaporte de oro, que quizás no relucía, pero allí estaba, tal y como lo recordaba. Ingresamos con renovado interés, puesto que allí dentro había muchas cosas más por descubrir, y mi niña no me esperó para hacerlo.
Me tomó del brazo y dulcemente me llevó, mientras le indicaba todo lo que hubo allí.

De esa manera, los recuerdos me invadieron una vez más. La vez en que Yul miraba el suelo, como si tuviera miedo de lo que pasaría, cuando la tomé del brazo para llevarla ante Elizaveta Petrova. No recuerdo exactamente, pero la reté refiriéndome a ella como un muchacho, y cuando alzó la mirada, mi satisfacción era demasiada, porque había logrado captar su atención. Aún éramos unas niñas, pero no importaba porque ella era muy bonita, aún con su pinta de niño, su cabello desordenado y sus grandes ojos azules que me miraban con fascinación. Y nunca se lo dije. Y lo lamentaba… Tantas cosas lamentaba!

Mi corazón latía desbordante al encontrar la habitación de la señora Petrova. Latía con la misma intensidad que cuando la joven me dibujó. Por más concentrada y distante que pareciera, estaba nerviosa, muy nerviosa, sabiendo que sus ojos me estudiaban y retrataban mi rostro. Pero no podía desobedecer las ordenes de Elizaveta, quién me ordeno que me divirtiera rompiéndole el corazón.
Yo no quería hacerlo, porque esa persona pequeña y delgada me agradaba. Y me agradaba cómo me observaba. Pero pronto me dí cuenta de que no debía, porque me miraba de esa otra forma. Esa forma de enamorado.

-Mira el techo- le indiqué a mi niña.

-Es precioso!- exclamó luego de un momento. La habitación de Elizaveta, anteriormente estaba completamente cubierto de oro. Oro de verdad –Me hubiera gustado vivir en un lugar así-.

-Este lugar tenía sus reglas, cariño- le expliqué, ante su deseo –No era fácil-

Habían sido reglas que rompí muchas veces. Como en esa ocasión en la que incité a Yulia a jugar a las traes. O cuando la acompañé al cementerio y dejé que me besara en una mejilla a cambio de la foto de su madre y su hermano. Incluso cuando ya éramos adolescentes, el momento en el que visité su hogar… Prefería no recordar tanto esas cosas, porque le había provocado mucho dolor. Sabía que Yulia era una joven muy fuerte y decidida, pero cuando se trataba de mi… Podía hacerla llorar de una manera que nadie era capaz. Pero ella tampoco sabía que, después de provocarle tal dolor, yo era la que sufría en las noches. La culpa me podía ganar.

-Mamá- volvió a llamarme mi niña –Por qué…? Estás llorando?-

-Qué?- Bueno, me había descuidado un momento. –Lo siento, me entró polvo en los ojos-

-Oh- exclamo, sin insistir. Ella me entendía.

Prefería pensar… En mi niña. Acaricié su rostro, con la mano con la que había golpeado tantas veces la mejilla de Yulia. Y allí estaba otra vez, pensando en Yulia... Yulia, Yulia, Yulia. Todo el tiempo, todas las tardes, todas las noches. Ya no podía dejar de pensar en su cabello que graciosamente tapaba sus ojos muchas veces, por hacer algún movimiento brusco, parecía no molestarle, pero cuando lo retiraba, sus ojos me hacían estremecer. Porque me miraban de una manera única, de una manera muy propia de ella, como nadie me había visto en la vida. Con un amor tan profundo que me asustaba. Me asustaba tanto, como la vez en que me retrató en Nueva York, desnuda. En su habitación.
Confieso que mi corazón latió muy fuerte, como la primera vez, en todo momento. Pero me sentía segura, tanto como para mostrarme frente a ella, porque sabía que en sus ojos había algo más que deseo. Sabía que había mucho más.
Hay muchas cosas de Yulia que tengo presente en mi mente, siempre como ya mencioné, pero lo que nunca olvidaré, es su respeto hacía mi. Me respetó todo el tiempo, en toda ocasión. Si yo no me movía, ella no lo hacía, por el simple hecho de que temía hacer algo incorrecto, temía lastimarme, por más irónico que suene.

Como yo utilicé muchos hombres, ellos a su vez, me utilizaron a mí. Porque lo de ellos no era amor, y lo mío hacia ellos tampoco lo era. Por mucho tiempo intenté refugiarme en ellos para olvidar la inquietud que me producía la culpa y el dolor de hacerle esas cosas a la joven que no pude olvidar en ningún momento de mi vida.

Viajé a Italia con la excusa de que había sido un viaje de placer, lo cual era una gran mentira. Era para tratar de alejarme de ella. Pero sucedió, en el medio, que un conocido me comentó que era posible que ella viajara a Nueva York. Y sin pensarlo, fui hasta allá, esperando ansiosa el momento de verla otra vez. Pero lamentablemente, temí que en algún momento llegaría la noche, lo cual me aterraba, porque era el momento en el que más pensaba en Yulia. Y me aterraba porque me amaba. Y yo la amaba. Eran dos cosas totalmente prohibidas para mí. Porque le tenía miedo. A ella y al amor.

-Aquí conociste a esa persona, no?- preguntó de repente mi niña.

-Así es- afirmé sonriéndole, mientras pasábamos a la fábrica, rodeándola para llegar al patio, el cual ya casi no existía, puesto que estaba tan descuidado que el único encanto que poseía era que daba justo al mar. –Si quieres, puedes ir a jugar, pero con cuidado.

La niña me sonrió ampliamente y fue corriendo hacía la mansión. Escuché que corría de un lado al otro, riendo felizmente.

Volví a mis pensamientos, mientras observaba la quietud del mar, mientras que en mi interior se libraba una batalla. Seguir recordando o no. Qué mas daba? Todo el tiempo pensaba en ello. No podía mentirme a mi misma. Volviendo a mis pensamientos acerca de Nueva York, fue donde traté de disipar mis miedos una vez más, dejar de pensar en la muchacha de penetrantes ojos azules y hermosa sonrisa, refugiándome en un hombre que conocíamos las dos. Pero esto, quizás, siga oculto para Yulia hasta mucho más adelante. En alguna ocasión, sabia que era inevitable encontrarme con ella. Y ya no quería herir más su corazón.
Luego, encontré a Andrey, que de alguna manera me recordaba a Yul. No tengo idea de por qué, simplemente lo veía parecido, no en su manera de ser, porque no era para nada como ella, sino que… No lo sé.

Al final, poco tiempo después de que nació mi niña, y aunque Andrey sabía que realmente no era de él, intentó hablar conmigo. Era un buen hombre, pero mi corazón, no le correspondía. Ya no podía mirarlo a los ojos, no podía hablarle, ni tocarlo, ni siquiera podía compartir la cama con él. Porque luego de hacer el amor con Yulia, mi cuerpo no podía aceptar ningún otro que no fuera el de ella. No podía aceptar que otras manos me tocaran, ni que otros labios me besaran. Y volvió a provocarme terror ese sentimiento.

Me casé con él, pero como ya está claro, no lo amaba. No podía seguir sola con mi niña. Pero lo logré, ahí estábamos.

-Hola señorita!- sólo había una persona que me llamaba así. Giré sobre mis talones para averiguar de quién provenía esa voz. Era un niño y venía acompañado de mi niña.

-Hola muchachito- respondí con una sonrisa –Que haces por aquí?-

-Vine a ver este lugar. Pero no se preocupe, no he venido solo!- me aseguró sonriendo más ampliamente, me recordaba a alguien, pero dejé eso de lado, sabiendo que era imposible –Sabía que era usted bonita, pero no tanto!-

-Ah si? Así que te parezco bonita- dejé escapar una risita –Cómo me conoces? Yo creo no haberte visto nunca, recordaría haber visto un niño tan apuesto-

–La señorita más pequeña me ha dicho que usted es su madre… Pero a mi, mi tía no me ha dicho nada sobre eso-

-Oh, entonces, quién es tu tía?- pregunté, sintiendo sincera curiosidad.

-Ah- suspiró, con una sonrisa de complicidad –No puedo decírselo, yo solo he venido a jugar-

Me pareció tan conocida esa escena. Pero le quité importancia, y dejé que jugaran a las escondidas. Era un buen niño, educado y atento con mi niña. Me agradaba y estaba bien. Entraron a correr por toda la mansión… Y esconderse. Pasó un tiempo hasta que el niño volvió al patio, extrañado.

-Sucede algo?- pregunté algo preocupada.

-No señorita, pero no logro encontrar a su hija- se quejó haciendo un dulce puchero –Es muy buena escondiéndose!-

-Escucha su risa, ahí viene- le avisé.

El jovencito sonrió cuando vió a mi niña acercarse a mí. Me tomó de la mano llamándome la atención, le sonreí preguntándole qué había visto que tanto le había emocionado.

-Mami, mami!- exclamó con emoción y luego susurraba con la misma excitación –He encontrado a esa persona, la que me contaste, la he encontrado!-

Realmente no sabía a qué se refería, supongo que hablaba del niño que tan cortésmente se presentó ante nosotras. Volvió a sonreír y fue donde se encontraba el jovencito que muy caballerosamente le tendió una mano ayudándole a subir un escalón y seguir jugando.

-Lena?-

De repente, sentí una especie de estremecimiento, en todo el cuerpo. Como si me hubieran empujado desde la espalda, sin yo haberlo previsto. Y así, mediante el empujón, tomé valor y me dí la vuelta, todo en un segundo, sorprendida.

-Yul?- exclamé sin poder creer que, una vez más, estaba allí como lo deseaba –Eres tú…-

Pude observar que ya no llevaba el cabello corto y despeinado como antes, sino que lo mantenía largo y unido en una coleta. Sin embargo, mantenía ese eterno flequillo, que aún no llegaba a cubrir completamente sus ojos. Había dejado, también, de vestirse de esa manera tan rebelde y característica de ella. El cambio era notorio, pero no dejaba de sentarle bien.

Sin dudarlo, bajó los pocos escalones que nos separaban y observó a los niños que jugueteaban cerca, pero a la vez lejos, de nosotras.

-Es tu hija…? Dios, es preciosa- sonrió encantada, y le devolví el gesto ante su reacción –Qué haces aquí?-

-Quería mostrarle a mi hija este lugar… La casa donde viví. Bueno, lo que queda de ella- miré a los niños una vez más, con encanto, con cariño. Pero el niño me había dado a entender que venía con Yulia –Él es…?-

-Iósif, el hijo de un amigo mío… Es como mi sobrino- Ahora tenía las cosas un poco más claras.

Yulia siempre había poseído facciones más bien redondeadas. De alguna manera, siempre parecía una niña. Siempre parecía más joven de lo que era, parecía más vivaz y salvaje, como un joven lobo. Mas en ese momento noté todo lo que había crecido. Ahora poseía facciones mas definidas, como si se tratara de un lobo adulto, que medita las cosas con tranquilidad y actúa con exactitud. Pero el pensar no era el fuerte de Yul, sino que su manera de actuar sin pensar...

-Has venido a menudo?- Preguntó, sin desviar la mirada.

-No- respondí un poco apenada. Todo por ser cobarde.

-Yo tampoco-

Me observaba de la misma manera que años atrás. Con cariño, con amor. Y yo le devolvía la mirada, sintiéndome como una adolescente tonta. Noté que ya no se sonrojaba como la hacía antes al quedarnos así, esta vez era mi turno de sentirme tímida.

-Te va de maravilla- la felicité, recordando todos los anuncios en las noticias –Lo sé todo de ti, he leído los periódicos-

-Si, no me puedo quejar- admitió quedamente, quizás alegre porque me había interesado en ella.

-A mi… No me ha ido tan bien- era hora de confesar –Durante mucho tiempo no…-

-Qué?- preguntó ansiosa.

-Pienso mucho en ti últimamente… Todo el tiempo- respondí tratando de mantener la serenidad, pero me traicionaba el tono inseguro de mi voz.

-Me alegro-

Se alegraba, pero no parecía totalmente convencida con ello. Lo entendía.

-Sé que te fallé…-

Sentía que las palabras, al igual que las piernas, me traicionaban otra vez. La observé sintiéndome culpable, estaba comenzando a sentirme pequeña ante ella, sin ningún arma para combatir la sensación, lo cual era extraño, ya que ella siempre fue unos centímetros más pequeña que yo.
La verdad es que no sabía exactamente dónde o cómo comenzar. Pero tenía que hacerlo, tenía que decírselo. Se me estaba partiendo el corazón, pero sabía que era injusto no confesarlo, pues ella era quién mas lo merecía. Había sido mi culpa… Me avergonzaba, y sabía perfectamente que no bastaba pedir perdón.

Cómo haré? Qué diré? Me preguntaba en aquel momento de silencio. Sólo sabía que me faltaba el valor.

-…Pero no he podido olvidarte. Cada vez que veo una de tus pinturas, yo… Ni te imaginas, lo arrepentida que estoy- observé su expresión -Sé que no volverás a creer en mí. Pero tienes que entender que, toda mi vida le he tenido miedo al sol, lo sabes-

Me miró como si adivinara lo que pensaba, cuán difícil era para mi expresar mi arrepentimiento. Siguió observándome con dulzura, arqueando levemente las cejas, mientras su mirada cambiaba a una mas seria.

-Lo sé… Pero no hay razón. La verdad es que por mucho tiempo me pregunté porqué me aferro a amarte todavía. Por un tiempo dije que era algo defectuoso en mi corazón… Pero luego me dí cuenta de que, por más que viviera muriendo de amor, por más que destrozaras mi corazón una y mil veces…-

Tenía razón. Y merecía que me lo dijera, así fuese cruel o fríamente. Pero no lo hacía de ninguna otra manera que seriamente, y con un dejo de nostalgia. Sabía que suavizaba sus palabras con tal de no herirme, pero era tan injusto para ella! Desvié una vez más la mirada hacía un costado, no quería que se contuviera. Hasta que, con sus dedos, me obligó a levantar la mirada y verla a los ojos.

-…A pesar de todo lo que sucedió- volvió a decir con renovada dulzura –Me dí cuenta de que, por mas que quisiera decirte a la cara que no me hacías falta para poder vivir, por más que quisiera borrarte de mi memoria y corazón, tú… Me haces seguir adelante. Lo eres todo para mí-

Quién iba a hablar? Quién se había preparado durante tanto tiempo para aclarar las cosas? No lo sabía, se suponía que yo tendría que ser la de las disculpas, la del arrepentimiento. La que debía confesar que todo el dolor provocado era sólo un error, que la amaba con todo mi ser. Al final ella lo dijo todo… Pero porque me comprendía. Y sabía lo que pensaba.

-Yulia, yo… Podrás perdonarme?-

-Es que no me conoces?-

Pronunció aquellas palabras con esa voz suya tan particular, de una manera tan dulce, tan decidida, tan piadosa. Tan Yulia. De pronto me dí cuenta de que ella sabía tantas cosas sobre mi y, de alguna manera, yo no sabía tanto sobre ella. Pero sabía a qué se refería… Porque su bondad, fue la que me enamoró, entre otras cosas. Su manera de hacer las cosas sin pensar, como mencioné, sus distracciones, sus actitudes. Todo de ella, me había cautivado… Y ya no le temía.

Tomó mi mano, mientras bajaba la mirada, sonriendo. Vi, en el suelo, la evidencia de que las lágrimas me habían traicionado al fin. Yulia esperó, para que yo me repusiera un poco. Pero yo no esperé y, mientras daba un paso, me atreví a mirarla a los ojos, sin temor a sentir algo, porque con ella, me agradaba sentir ese algo. Me agradaba mucho.

Soltó mi mano para rodear mi cintura y espalda con sus manos, al mismo tiempo que yo dejaba reposar mi cabeza sobre su hombro. Me abracé a ella fuertemente, temiendo que se esfumara de un momento para el otro y ella lo hizo con la misma intensidad. Finalmente nos separamos un poco y me besó de una manera cuidadosa, pero a la vez con una fiereza debido al añoro que sintió en todos esos años. Como yo lo sentí también.

Y comprendí, que a veces, es difícil enfrentarse a los miedos. Pero es placentero el resultado de haberlo enfrentado con valor, ya que aprendes y te vuelves más fuerte. Pero con Yulia, no necesitaba serlo… Sabía, encantada hasta el máximo por ello, que ella me protegería. Siempre.

Amour, Amour… Amour.

Yulia

De mi boca nunca había salido una palabra sobre odio hacia ella, al contrario, decía a menudo que la amaba demasiado. En mis pensamientos, ninguno de ellos se trataba de culparla de nada a Lena, era demasiado el cariño que le tenia… Pero es que pensaban que el amor y el dolor van por caminos separados? Son esas emociones que, en cierto punto, no se inclinan ni a la felicidad ni a la tristeza… Esas emociones que… No te hacen llorar, pero que llegan a lo mas profundo de tu ser y dejan una huella.

Ella jugo conmigo… Ella rompió mi corazón una y otra vez. Pero de alguna manera, sabia que ella me amaba realmente. Aprendes cómo se llega a vivir el amor de una u otra forma, cómo el amor puede ser mas fuerte que tu… Al final todos los miedos se disuelven… Como acuarela.

Elizaveta Petrova me lo dijo una vez, Lena solo me rompería el corazón de una manera horrible. Me dijo que, por más que me lo asegurara, yo la perseguiría. Me dijo… Que la amara de todas formas.

Y así lo hice… La perseguí por más que me lastimara.

Persiguiendo el amor, hasta conseguirlo… eso es, definitivamente, tener Grandes Esperanzas.

Fin.
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   7/3/2010, 11:47

Me encanto!!!
Es sencillamente hermoso!!
Te agradezco mucho 1 ChIk WaP@, por dejar la historia el foro, gracias por compartirla, ya que no paseo por muchos foros nunca la hubiera leido, si tu no se la pedias a K Nacha!! XD
Arigato!!! n.n
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darsteffi
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   9/3/2010, 12:01

aahhh me encanto!!
estubo buenisimooo!!!
gracias por haber compartido
este fic con nosotros!!
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1 ChIk WaP@
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   9/3/2010, 21:52

CHIKAS TENGO UN CONFESION!!!... NO LA PEDI SOLO ME ENCNATO Y QUISE QUE ESA OBRA TAN GENIAL LA LEYERAN
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   10/3/2010, 12:59

XD!!!
No hay drama! Me alegra mucho que la hayas compartido!!! ^^
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   11/3/2010, 21:59

grcia gracias gracias
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Shikat
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   15/4/2010, 18:18

Divinaaaa
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   29/7/2011, 16:56

me encanto esta genial gracias por compartirla
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MensajeTema: Re: Grandes Esperanzas // por: K Nacha   

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Grandes Esperanzas // por: K Nacha
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