Yuri's Lyrical Secrets

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 La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...

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noyfileen_22
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MensajeTema: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 14:44

::Hi!:: ¡Hellos! Les saludos desde el estrés de mi habitación... Les dejo un fanfics que primeramente iba nacer como una historia "pequeña", pero la mente no lo permitió; aclaro que está basado en el ova de Layla... respeté casi todos los diálogos... claro poniendole algo más de: Yuriiiiiii, espero que les guste y dejen comentarios


“La noche antes de nuestra actuación final de “El lago de los cisnes”, lo que me salvó de mi desconcierto y de sentir que había dejado algo atrás, fueron las palabras de Layla-san. "Si sientes que has dejado atrás algo, entonces significa que puedes crear un espectáculo más impresionante y maravilloso; es la prueba de ese hecho". "Una actuación más increíble… Sí; incluso después de que termine esta actuación… Siempre que sigas teniendo estos sentimientos, tendrás un largo camino abierto por donde andar… Sora, todos estaremos esperando tu siguiente actuación… Y si ésas son nuestras esperanzas, seguro que podrás cumplirlas…".
Layla-san es un fénix… Aquellas palabras siempre arderán con pasión en mi corazón… ¡Y la próxima actuación, yo también me convertiré en un verdadero fénix!”.


Los ánimos en el salón estaban candentes, pues, la próxima obra sería estrenada en un par de semanas más: “La Leyenda del Fénix Dorado”. En estos últimos dos años, Kaleido Stage, ha sido lo más importante de mi vida; experiencias vividas, pruebas casi imposibles de realizar. Todo aquello me ha transformado en la persona que soy en la actualidad; conocer a mis valiosos amigos, a mis inseparables compañeros de aventuras y duros momentos, han contribuido a que no sólo este escenario brille con mayor intensidad, sino que también han brindado un gran e impalpable granito de arena a todos los espectadores que nos vienen a visitar; mas, la gran salvaguardada de esa virtud, es nada más, ni nada menos que yo: Naegino Sora; actual estrella de Kaleido.
Respiración agitada; latidos del corazón, danzando en un baile trémulo, ansioso y lleno de vigor; ojos enfocados en algún punto que el joven de lentes no puede comprender: Sora se muestra introspectiva, con respiración convulsiva, mas, sus ojos destellantes, demuestran que poco le importa aquel estado de agitación.
Tal cómo si de un hada o una bella ave se tratase, la joven de cabellera violeta y ojos marrones, desciende grácil, pero a la vez, frustradamente hacia el trapecio; su rostro denota claramente su estado de inconformidad, pese a que la acrobacia era literalmente poesía en movimiento.
Mia y Ken, observan preocupadamente a la actual estrella de Kaleido, pues ambos saben que, para la chica de ojos marrones, ésta es una prueba llena de complejidades: debía comenzar de nuevo; renacer nuevamente, dejando a un lado la antigua imagen de su anterior papel: Odette, pero… ¿Cómo superar una tan esplendida obra y personaje? Tan llena de magia que, tan sólo posar alegóricamente sus ojos en aquel recuerdo, y pensar siquiera en difuminarlo de sus mentes, era un acto infame y sumamente cruel…

-No… esto… no va bien… Tal y como estoy ahora… no puede llamarse siquiera fénix…-ojos concentrados, mirada determinada; decidida de lleno a la perfección.
-¡Oye, Sora!-la aludida detuvo su mirada sobre un joven y guapo rubio de ojos celestes. La nipona simplemente le sonrió, bajando del trapecio cuando el chico le hizo señas de acercarse.

En seguida, Ken le facilitó una toalla que la chica aceptó gustosa. El suave tacto de la tela le hizo suspirar, haciéndole recordar un aroma que ya se le hacía tan lejano…

-¿Cómo va? ¿Es difícil?-consultó una curiosa pelirroja. La joven de cabellos violáceos le miró impasible, pero indicando un sutil brillo sereno y chispeante.
-Sí… un poco… Pero pase lo que pase, tengo que aguantar hasta el final… Después de todo, fui yo quien expresó el deseo de interpretar el fénix-suspiró, meditando interiormente el doble significado de aquellas palabras.
-¡Ánimo, Sora!-apoyó Mia con una sonrisa. Ken sólo miraba en silencio, con el mismo semblante meditabundo de Sora.
-Sora… Gracias al éxito de “El lago de los cisnes”, cuando alguien dice tu nombre, la imagen de tu Odette está guardada en las mentes de todos… Es necesario que te superes y renazcas como una nueva persona… Ése es el significado del fénix… A pesar de mi reticencia… creo que éste es el mejor tema que has podido elegir…
-Tienes razón…-concordó, mirando detenidamente a los demás acróbatas, quienes practicaban entusiasmadamente. <>.
-De todas formas, es una coincidencia que tanto tú cómo Layla realicen el mismo fénix y al mismo tiempo-comentó risueñamente Ken.

Sin embargo, a Sora se le detuvo el corazón… El sólo hecho de nombrar ese nombre… La melancolía volvía a renacer en ella, al igual que el fénix que tanto añoraba descubrir… ¿Cuánto tiempo había pasado desde que ellas dos se habían visto por última vez? ¿Seis meses? Quizás más, quizás menos… El itinerario de ambas estaba tan copado que, con suerte tenían un respiro para ellas mismas… y el corazón dolía por el vasto piélago que se estaba envolviendo entre ellas dos…
-¡No me lo recuerden!-bufó Mia, llevándose ambas manos a la pelirroja cabeza-. Cuando pienso que me compararán con Cathy, la presión me envuelve….
-No te preocupes… Tú no tendrás problemas, Mia…
-¡Qué linda, amiga! ¡Por eso te quiero!-exclamó con ojos vidriosos-. Pero quién sabe…
-Concuerdo con Sora; después de todo, creemos que el guión es muy interesante…
-¡¿De verdad?!-los ojos de la escritora brillaron halagadamente.
-Sí…-apoyó la actual estrella-. El problema soy yo… Todavía no he dominado mi propio fénix…
-Sora…-murmuró inquietamente Ken-. Tengo fe en ti, Sora... Sé que podrás con esto-exclamó confiadamente.
-Ken… gracias…-Las mejillas de Sora te tiñeron de un leve carmín.
-Y creo que yo; en estos precisos momentos, estoy estorbando, ¿cierto, Ken?-comentó guasonamente Mia. El chico sólo se sonrojó profundamente, sin embargo, no perdió detalle de la figura de la actual estrella, quien se hizo completamente la desentendida.
-Sora… ¿Estás aquí?-una voz medio chillona demandó la atención de la peli violeta.
-Sarah… ¿Qué sucede? ¿Por qué vienes tan agitada?
-¡Tenemos un gran problema! ¡Layla ha huido!
-¡¿Qué?!-exclamaron los tres chicos al unísono.

"Leo está hundido en un mar de dudas". "Sagitario, otra vez, está perdido en una niebla densa...". El fantasma del escenario circense, dio directo hacia el ventanal de la habitación de Sora, quien ingresaba como una bestia furiosa. El espíritu se estremeció; no quería consultar nada, ya que, la mirada enfadada de la joven nipona lo decía todo.

-¡¿Qué no puedo hacer nada por ayudarle?! ¿¡Qué debo priorizar primeramente mi trabajo?! ¡¿Qué no puedo enfadarme?! ¡Qué…!
-¡Calma, Sora! ¡Me haces daño!-chilló el fantasmal mono, tamaño 15 cm; evidentemente rojo por falta de oxigeno. ¿Desde cuándo un espectro se asfixiaba?

La joven lo liberó, absteniéndose de mencionar alguna palabra; estaba furiosa… Más que nada: frustrada e impotente… ¿Qué le habría sucedido a Layla-san? Y lo más importante y resaltante: ¿Por qué no se había auxiliado en ella? Siempre era así; tan terca, tan ensimismada en ella misma…
Sora se llevó una mano a la frente, intentando dilucidar la acción a tomar; no tan sólo la actual, sino que también las futuras… ¿Qué estaba pasando? Todavía era incapaz de asimilar todo… Tampoco se atrevía a conjeturar teorías…
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noyfileen_22
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 14:48

-Es obvio que no debo decirte nada: lo sabes todo…-murmuró la chica, saliendo a inspirar algo del oxigeno marino: refrescante y sanador.
-Leo… está en problemas…
-Por ello, debe salir por sí misma de aquéllos... ¿No es así?-cuestionó la joven con ironía y cierto dolor: dolor por el orgullo herido; por la desconfianza demostrada.
-Efectivamente… El renacer de su alma depende únicamente de ella…
-Así que… sólo debo quedarme sentada y esperar… cómo siempre: hasta que ella venga hacia a mí…
-Sí tú crees que ésas son tus conformidades, pues no te discutiré nada, Sora-respondió el fantasma.
-Fool… ¡Tú nunca me ayudas en situaciones cómo éstas!-reprochó la joven; herida por la falta de atino-. Me cansé que ella siempre me aparte de su lado… No quiero ser sólo un estorbo para ella… Yo…
-¿Crees que Layla piensa así de ti?-inquirió Fool impasiblemente.
-No lo sé… Ella nunca me dice nada… No sé nada sobre ella… y eso duele…
-¿Entonces…?-murmuró el fantasma, mirando detenidamente a la chica que iba y venía, armando un gran revuelo en la pequeña habitación.

Cajoneras abiertas; ropa desparramada sobre la cama; maleta rosada sacada del armario, abierta y llenada por las mismas prendas que anteriormente estaban desordenando el lecho. El bufón sonrió satisfecho.

-¡Iré a buscarla y exigirle una explicación! Lo demás, se verá durante el transcurso…-comentó la chica, cerrando satisfechamente el maletero. A los pocos segundos un par de golpeteos provenientes de la puerta, aseveraron su decisión.
-Sabía que terminaría así, y por ello he hablado con el dueño-comentó Ken orgullosamente: ayudar a Sora era su máxima motivación de vivir, aparte de ver nacer a cada instante aquella deslumbrante y atrayente sonrisa.
-Gracias… el muy…-murmuró con rabia retenida-, me denegó el permiso. Creía que estarías en contra de que fuese a ver a Layla-san… Y más sabiendo que aún no domino el fénix.
-Si fueras a ir a pedirle ayuda a la señorita Layla, lo habría hecho-confesó con una sonrisa-. Pero son tus sentimientos los que te guían, así que estarás bien.
-Sí…

Siempre he confiado en ella; en Layla-san… Sin importar el momento, ella siempre ha estado conmigo: para apoyarme, para guiarme… Para cuidarme… Siempre he pensado en ella como un roble: La siempre fuerte Layla-san... Sin embargo, hay una Layla-san que desconozco en New York… No… Suspiro, observando el bello paisaje marino; el atardecer… Cuántos recuerdos me traen… Ella… No sólo ignoro la faceta de actriz… Desconozco casi todo de ella: sólo manejo la información de lo que Layla-san me permite descubrir… A pesar de que ambas somos camaradas, ella… todavía no confía… y duele… Cierro los ojos cuando el sentimiento hace consciencia en el corazón y mis sentimientos. "Me pregunto qué habrá pasado...".

-¡Sora, mira!-exclama un pasmado Ken.
-No puede ser…-el sudor empapa mi piel, cuando miro hacia unos endemoniados ojos.
-¡¿Qué pretendes hacer yendo a ver a Layla-san tú sola?!-gritó, ladró y salpicó con rabia.
-May… ¿Tú también vendrás?-pregunté con temor. ¡Qué demonios! La chica ya estaba ensartada en el otro taxi, saltando estúpida y arriesgadamente hasta el nuestro.
-¡Por supuesto que sí; no puedo quedarme quieta, viendo cómo Layla-san está en problemas! ¡Vamos, vamos! ¡Apriete ese maldito acelerador!-ordenó la chica china. El chofer, temeroso; obedeció, aumentado peligrosamente la velocidad.

Tan sólo diez minutos nos llevó llegar hasta el aeropuerto… "May, eres peor que el mismísimo demonio". Suspiré cuando el avión despegaba.

El día estaba despejado; verdes campos entretenían a la joven ciclista, quien conducía con semblante introspectivo; perdido entre medio de sus divagaciones indecisas; estériles de toda convicción futura a seguir. Una ráfaga de aire opresiva le alertó de ceñirse más hacia el rincón; un veloz camión le sobrepasó el paso.
"Tengo mis dudas… ¿Podremos subir el telón con la actuación tal y cómo está?". Cuestionó la productora y guionista de la obra en cuestión. El peso del papel le superó… El temor nació, y un sentimiento indescriptible se apoderó de todo su ser. Layla no sabía qué y cómo responder, salvo… "Si se atreven a hacer eso, me iré de la compañía". Exclamó con neutral voz, no obstante, por dentro…
Ciertamente deseaba actuar como un fénix, pero… No tendría sentido todo aquello, si no renacía como una nueva Layla Hamilton… y precisamente eso conllevaba a… De todas maneras, si no lo hacía, ciertamente no podría llamarse Fénix…

-Fénix… Sora…-murmuró la rubia chica, dándose cuenta que posiblemente ella…

La joven pedaleaba cada vez con mayor vigor, demandando a sus piernas que acelerara a mayor rapidez; y la imagen de la nipona chica retumbó en las profundidades de sus memorias. No supo si el corazón se aceleró por el esfuerzo físico, o por el recuerdo de ella… ¿Cuánto había pasado desde que no presenciaba en carne propia la voz que escuchaba día por medio, semana por medio; mes por medio…? La voz de la única persona que podía obligarla a sonreír y menguar las pesadillas internas, pero incluso así, ella no podía liberar esas cadenas…

-¿Estás sola?-Layla no supo si aquella misteriosa e irreconocible frecuencia era su consciencia o pertenecía a la realidad, hasta que la oyó nuevamente. La chica rubia se volteó para descubrir a una amistosa y pelirroja chica.

Ella y la misteriosa joven se detuvieron frente a una abandonada cabaña.

-Me llamo Liu-se presentó tras encender un hornillo a gas.
-Layla…-respondió escuetamente la rubia chica.
-Por lo que puedo apreciar, parece que no estás acostumbrada a viajar en bicicleta. ¿Tienes alguna razón?-cuestionó en amigable, pero curioso tono.
-No…-respondió concisa.
-Ya, si no quieres contármelo no pasa nada-dialogó pacíficamente-. Ya que se supone que estabas viajando sola; no deberíamos preocuparnos la una por la otra-. Layla siguió en silencio, sin embargo, cómo es propio de la naturaleza humana: un rugido estomacal nació desde el interior de la joven rubia, quien, enseguida se sonrojó.
-Oye, ¿no has preparado nada de comer?-inquirió la chica, algo divertida por la situación.
-No es necesario…-exclamó con orgullo digno.
-¡Tal y cómo pensaba! A primera vista pareces alguien acostumbrada a los lujos, incapaz de planear otro tipo de viaje, y resulta que es verdad.
“Pero parece que no habrá ningún restaurante hasta que lleguemos a Binghamton”.
-Me da igual-respondió fríamente la rubia joven, quien de por cierto se moría de hambre, pero su orgullo…
-¿Te has enfadado? Lo siento-Liu le sonrió amigablemente.
-No lo hagas. ¿No se supone que no debemos preocuparnos la una por la otra?-lanzó sardónicamente. La pelirroja se carcajeó con ganas.
-Eres bastante rara-comentó, mirándole fijamente. Gesto que puso a Layla incómoda con rapidez. ¿Qué se proponía esa mujer….? Y sobre todo si lo descubría “ella”, pagaría en el acto-. He traído mi hornillo, así que come algo.
-Gracias…-susurró la joven rubia. ¿Por qué tan servicial? En el mundo de hoy con suerte algún tipo se detenía siquiera en tratar de mirarte, menos en ayudarte; nada era gratis… Nadie ofrecía algo porque sí, salvo “ella”.
-Con cinco dólares será suficiente-prosiguió la chica. Y Layla bufó internamente; sin duda alguna, nadie era como “ella”-. El dólar por todo el café que quieras beber-. Sí, nadie era como “ella”. Nadie…

Y anocheció; a pesar del nocturno, el ambiente era fresco. Layla respiraba profundamente, haciendo ejercicios de relajación y estiramientos musculares.

-Creía que no eras una persona normal, y tenía razón…-comentó Liu, mirando intensamente a la joven rubia. Quien no daba muestra de apreciar alguna atención-. ¿Vas a dormir aquí?
-Sí.
-Entonces, ¿te importa que haga lo mismo?
-Adelante…-fue la sencilla respuesta.
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 14:55

"Liu… Nunca antes había conocido a alguien como ella…". Se dijo, mientras meditaba; haciendo distraídamente sus ejercicios; concluyendo también que, anteriormente Sora era igual; y sonrió ante la comparación y el recuerdo.
Cuando la había conocido, ella era del tipo de persona que tenía unos sueños grandes, pero no tenía talento. Layla pensaba que nunca podría perdonarle aquella ingenuidad tan pura que la joven nipona poseía, pero cambió, dándose cuenta que se había equivocado al juzgarle tan tempranamente. Sora era un arquetipo de persona que hasta la fecha nunca antes había conocido… Y era cierto: no hay persona que pueda compararse con ella… Nadie…
Y tras haberla conocido, Layla cambió… Descubriendo a una nueva Layla Hamilton… "Una nueva yo, ¿eh?". Y estaba en lo correcto: Sora la había cambiado… para bien… Pero, ¿era un cambio o más bien, una abertura hacia las puertas de las múltiples personalidades que era antiguamente? No lo sabía con exactitud.

-Estoy intentando confiar en alguien… ¿Yo?-un sudor frío le recorrió todo el cuerpo. Y el temor vino, golpeándola sin piedad; sin consideración a las múltiples heridas internas; pueriles… "Imposible"-. Sora…-murmuró, mirando a la noche estrellada. La Luna llena completaba el paisaje melancólico que sobrellevaba en su interior.

Las calles congestionadas; personas de diversas culturas, aspectos físicos, idiomas diferentes, se desplazaban con urgencia en la calle principal de New York. Sora se salvaguardó en el gancho de un emocionado y sonrojado Ken; May ignoraba el hecho, caminando con decisión hacia el teatro de Broadway; y a unos pocos metros, una pelirroja mujer de veintitantos años les esperaba con semblante risueño, serio y alarmado.

-Bienvenidos.
-Cathy-san…-murmuró Sora, mirando detenidamente a la compañera de… la ex-estrella de Kaleido.
-Será mejor irnos, nos están esperando-comentó con voz alegre, mirando a Sora con discreción.

Media hora después, el cuarteto llegó hasta un lujoso apartamento. Lugar que ambas asiáticas conocían a la perfección; una más que otra.

-¡Buenas!-saludó alegremente Cathy.
-Buenas noches-saludaron los tres chicos con entusiasmo.
-¡Ho... hola!-exclamó una rubia joven de sorprendidos ojos grises que, miraba nerviosamente a Sora; quien a su vez, se hizo la tonta-¡Pa… pasen!

El ambiente se notaba tenso; más que nada, tenso para Sora, ya que ambas mujeres le echaban disimuladamente la vista encima… Sabía el porqué, pues, sospechaba que su maestra… su ídola, o como fuese el adjetivo calificativo, habría insinuado algo… y estaba avergonzada, puesto que habían prometido…

-¿Sora, te encuentras bien?-cuestionó Ken, algo preocupado por el semblante paliducho de la joven japonesa. La aludida asintió algo nerviosa. Cathy soltó una risilla pícara y Macquarie se hizo la desatendida.
-Entonces, ¿Layla-san se ha ido en bicicleta?-se atrevió a preguntar Sora y a hablar por primera vez.
-Sí, eso parece-contestó la rubia algo tímida. Dolía ver a esa joven acróbata. Todavía le pesaba, pero sabía que no era culpa de la chica japonesa-. Lo único que ha dejado es una nota, diciendo que cuidemos de su habitación.

Sora suspiró… Layla no tenía remedio… y no se sorprendió de escuchar eso, pues ya lo presentía: la conocía casi demasiado bien, pero… La chica se mordió tristemente el labio inferior… "Casi…". Se dijo con pesadumbre.

-¿Dónde puede haber ido?-cuestionó Cathy.
-Tenemos alguna información que indica que puede haberse ido hacia el norte.

Y otra vez suspiró… Ya lo sabía; conociéndola, lo más probable es que tomase el camino más largo y más dificultoso: era la única manera que tenía Layla para apaciguar sus inquietudes y temores.

-Algo la tiene intranquila-comentó Ken.
-Pero por otra parte, me alegra de que haya ocurrido esto-comentó Cathy con voz risueña, mirando divertidamente a Sora-. Así sé que Layla Hamilton también tiene “puntos débiles”-y su sonrisa aumentó. Sora tragó en seco, cuestionándose si en realidad eso iba dirigido a ella…

Macquarie se sorprendió un poco, queriendo escasamente entender a las palabras de la escritora, sin embargo, ésta agregó:

-Mi madre que trabajaba para la familia Hamilton, me animó para que me hiciese amiga de la Señorita…
“Por aquel entonces, ella era una llorona… Lloraba por casi todo, y me sorprendía por ello, pero… Ella era una niña muy tierna y abierta… Me pregunto si cambió después del fallecimiento de su madre”. “No sé exactamente lo que pasó después de que la Señora muriera”.

Sora estaba impactada, aislándose completamente del tema principal. ¿Por qué Layla no le había comentado sobre aquello? Sabía que su madre había fallecido, pero… Descubrió una nueva faceta en ella; una que desconocía… No se imaginaba a una pequeña Layla llorona. Sonrió con pesar… Más que molestia y algo de celos, sentía preocupación por la joven rubia, junto con una compleja necesidad de saber más de ella; y sobre todo: un hambre extremo de apoyarle y protegerle. Se cuestionaba si ella le dejaría ser su hombro, puesto que ya tenía uno… Macquarie.

-En todo caso ya es muy tarde, quédense a pasar la noche-comentó la chica rubia.
-¿Eh? ¡No, no es necesario!-Sora literalmente saltó avergonzadamente.

Todos los presentes quedaron confundidos por el extraño actuar de la nipona, quien estaba sumamente ruborizada, ya que, para ella, estar nuevamente allí…

-A la señorita Layla le encantaría tenerles en su hogar…-Macquarie enfatizó lo último con una mirada ambigua, a excepción para Cathy y Sora.
-¡No seas idiota, Sora! ¡No des más problemas!-regañó May.

A lo lejos; más bien dicho: a kilómetros de distancia, una fina y atractiva silueta miraba perdidamente el cielo estrellado, pensando en una bonita joven de violáceos cabellos.

-Por alguna extraña razón, no puedo dormir…-susurró Layla, intentando dilucidar cuál de todas esas estrellas era la constelación de Sagitario.

A la mañana siguiente, Layla se encontró con un sorpresivo robo a su reciente compañera de viajes; a la final, decidieron dirigirse hacia Binghamton. El día estaba a dock para embarcarse en una aventura ciclística: no hacía mucho calor, ni mucho frío: templado. Era perfecto para realizar alguna rutina y de paso descongestionarse de toda maraña de inútiles pensamientos.

-Ten… te daré un trabajo-Layla le pasó una visera.
-¡Pasen y vean, pasen y vean!-gritaba con entusiasmo Liu; todavía algo renuente ante la idea de la extraña rubia; extraña y atrayente rubia-. ¡Las milagrosas acrobacias en bicicleta van a comenzar!

Y al parecer la pelirroja había logrado su cometido, puesto que un gran cúmulo de curiosos se acercó hasta donde se encontraban ellas dos. Layla enseguida se puso a labor; realizando un sinfín de numerosas acrobacias, las cuales; aquellas personas, las aceptó con un gran vitoreo y entusiasmo… Lui quedó sorprendida, y el gusto que sentía por aquella chica aumentó.

-Oye, ¿ésa no es Layla Hamilton?-comentó uno de los espectadores.
-¡Ah! ¡Es ella! ¡Es Layla!-la pelirroja quedó confundida. <>. Se dijo, para luego salir del estupor.
-¡Gracias!-exclamó, llevando su gorra hacia el público que observaba maravillado.

Y se sorprendió al contabilizar que había recuperado el doble de lo perdido.

-Gracias por recaudar tanto…-agradeció Liu con una sonrisa.
-Es un pago justo-respondió Layla con voz neutral.
-Así que eres toda una estrella, ¿eh?-y cómo lo esperó: ninguna respuesta-. Me da envidia que ganes dinero sólo por tu nombre-y otra vez el silencio. Layla bombeaba inmutablemente las ruedas de su bicicleta-. ¿Dónde irás ahora?
-No lo sé…-respondió concentradamente, no obstante, en sus ojos se notaba el miedo y el nerviosismo-. Pero aquí nos separamos-. Liu se sorprendió por la inesperada noticia.
-Sin problemas… pero…
-A este paso, parece que acabará habiendo algún tipo de confianza… entre las dos…

Liu le quedó mirando con semblante serio y analizador.

-Bueno, ya nos volveremos a ver en alguna parte… Pero… déjame decirte que no es malo e insano confiar un poco en las personas, no siempre puedes hacerlo todo tú sola-. Layla quedó en silencio; las palabras dieron justo en la llaga-. Entonces… Cuídate, pero si te esfuerzas demasiado, tu cuerpo no será capaz de aguantarlo.
-Gracias por el consejo.
-De todas maneras, te agradezco por el dinero, y…-. Liu se acercó peligrosamente hasta una concentrada Layla, quien trabajaba en sus ruedas. La rubia por acto de reflejo se alejó de un eventual beso en los labios. Liu se sorprendió un poco, parpadeando confusamente; y no tuvo más remedio que reírse-. ¡Vaya! ¡Pero sí que tienes excelentes reflejos!
-¡¿Qué intentabas hacer?!-exclamó la chica algo ruborizada y claramente enfadada.
-Darte un beso: en agradecimiento-aclaró con las palmas elevadas, puesto que deseaba seguir viviendo.

Layla se quedó choqueada; en nada se parecía a “ella”, salvo en lo excesivamente “amable”, podría decirse… La chica rubia estudió temerosamente los alrededores, por si algún “posible” paparazzi, hubiese capturado el eventual beso… Y agradeció al Infinito; Dios; Espíritu de todos los escenarios que no fue así, puesto que… La sola imagen de aquello la ponía tensa… Con lo enferma de posesiva y celosa que era “ella”. Bueno, la propia Layla no se salvaba mucho, ya que, “ella”, estaba más envuelta entre los hombres; sobre todo su ex-compañero y el actual aprendiz de producción; y a consecuencia de ello, Layla era el doble de celosa que “cierta personita”.
Nadie; ninguna otra persona, a excepción de sus compañeros actores y “ella”, han tocado sus labios; a ciencia cierta, los besos actorales no contaban, ya que, eran falsos y, de cierta manera: “técnicos”; así que, solamente “esa persona” ha sido la única en el mundo en tener la inmensa dicha−exquisita complacencia para la propia Layla también−, de dominar y conquistar aquellas zonas y posteriores territorios. Y quería que siguiera siendo así… “Ella” era la única en que podía y ciertamente: confiaba.

-¡Calma, calma! Lo homosexual no se pega… Bueno, depende… Hay algunos casos que…-comentó Liu, tratando de aligerar la nada que había ocurrido.
-¡Cállate!-bufó Layla, tomando su bici, perdiéndose hacia lo profundo del norte.

"Cuando Dios desea enviar un desastre sobre una persona, primero le envía un poco de suerte para que goce y ve si puede recibirla de una manera decorosa. Cuando Dios desea enviar bendiciones sobre una persona, primero le envía un poco de desventuras para ver cómo puede soportarlas". Aquél era uno de los muchos refranes que solía mencionarle su madre, y de hecho, éste último estaba en lo correcto, pues, a pesar de tener todo el dinero del mundo, él no fue suficiente para que su amada madre permaneciera un poco más tiempo a su lado… Y la debilidad de las emociones no ayudaba para que ella retornase a la vida, tal cual lo hacía un fénix, por ello…

-Estar aferrada del todo a una persona… ¿Significa que hay alguien débil en mi interior?

Sus ojos se entrecerraron con disgusto… No, no podía ni debía ser así… Ella… No podía darse el lujo de flaquear, por algo ella se había convertido en… No… Su meta era siempre su futuro e imponente yo: no sentir, no ser una carga para nadie… Debía ser independiente; al final y al cabo, por mucho que lo anhelase, terminaría acompañada de la soledad… Por ello su auto-exigencia: no permitiría decepcionar a nadie, a nadie…
"¡Ah! ¿Era aquí?" "Disculpen… ¡Gracias a Dios! ¡Mi nombre es Naegino Sora!". El recuerdo del primer encuentro que tuvo con aquella chiquilla revoltosa, inundó los cansados sentidos de Layla; la carretera desapareció, y de pronto se vio envuelta en su antiguo lugar de trabajo: Kaleido Stage. Los latidos de su corazón galopaban al igual que un caballo de carrera; tan palpitante y, a la vez, tan enardecido que, sus ojos volvieron a brillar como la primera vez; como su primer encuentro, salvo que, ahora sí sabía lo que estaba sintiendo…
Tantos recuerdos le invadían y su pedalear se volvía cada vez más lento y perdido… Recordaba la absurda intención y capricho de anhelar que su padre reconociera a Kaleido Stage; para ello, sus actuaciones tenían que ser siempre perfectas y deslumbrantes… "Para el clímax de “Las mil y una noches”, las protagonistas serán Layla y Sora”".. "¡Layla-san, quiero intentarlo…! ¡Sé que puedo lograrlo!>>. << ¡Si no te preparas al máximo sólo serás una molestia!". "¿Por qué… por qué Sora…? ¿Por qué me dejo llevar tanto por ella…?". Lágrimas escurrían y caían en parte de su ropa y parte del suelo ya trazado; algunas, simplemente volaban, infiltrándose en algún lugar incierto de la carretera.
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 14:57

Era inverosímil e idiota volver a cuestionarse esas preguntas; las razones ya las sabía de antemano, y no tan sólo ella… El corazón era el principal consciente del porqué… Mas, sentía que todo era como la primera vez… Todo…
Todavía le resultaba imposible de creer que ella hubiese aparecido en su vida y, a la vez, que pudiese avivar nuevamente aquella llama que por tanto tiempo se había sofocado y apagado… En Sora encontró una rival, una compañera, una amiga, y… una persona en quien podía refugiarse y… Claro… Ella se transformó en su máximo orgullo; antes su sueño, ahora su inalcanzable orgullo; inalcanzable, porque ningún logro podía competir con el sentimiento tan vasto y tan difícil de explicar que sentía por ella… De cualquier manera: Sora lo hizo, pudo hacerle cambiar su forma de pensar y de sentir…

-Ya veo… No encontré una nueva yo…-la bicicleta bajaba a gran velocidad, dado que la carretera era empinada.
“Entiendo… Simplemente cambié…”-una grieta casi le hizo perder el control de la bicicleta, y la imagen de una peli violáceo le hizo perder inevitablemente el control-. Sora…
El latido del corazón de una distraída Sora se detuvo por una milésima de segundo; la joven se llevó ambas manos hasta su pecho adolorido… No era un dolor punzante, sino más bien una inquietud que embargaba constantemente el órgano bombeador… Repentinamente se sintió helada, y no quiso hacer caso al presentimiento que le dictaba el cerebro…

-Ya… Vale… Gracias-May cortó la comunicación, y luego agregó-: Parece que Layla-san paró en un área de servicio en Binghamton.
-¿Qué? ¿En serio?-Sora se acercó a la chica china, tomándole ambos hombros-. ¿Segura…? ¡¿Cómo estaba?!-demandaba Sora, zarandeado levemente a una turbada May.
-¡Quieres calmarte!-reclamó un poco impresionada por el extraño actuar de Sora-. Creo que está bien, puesto que la vieron haciendo una actuación con la bici.
-¡¿Qué?!-Sora literalmente se desplomó sobre el asiento trasero-. ¿Qué demonios está pasando?-maldijo con turbación, confusión y cierta rabia; al ser una total incompetente, en lo que se refería tratar de analizar el carácter de la actriz.
-Sora, calma… Hemos tomado la ruta correcta, y no te has equivocado…-Ken le miró por el espejo retrovisor, esperando recibir la misma sonrisa tierna, pero no ocurrió: la joven estrella, simplemente deambuló su mirada en el paisaje que para nada le llamaba la atención; el chico se preocupó.
-¿Puede que esté entrenando para una actuación especial con una bicicleta?-exclamó May.
-No lo creo…-dijeron dos voces al unísono.

Sora se espantó al ver a un divertido Fool, que sonreía con una total cara de santidad. La chica ya estaba preparando el popurrí de objeciones; aparte de los eventuales golpes.

-¡Esto…! Antes que me mandes a volar por el azul infinito… He de decirte que: ¡Tengo derecho a disfrutar de este inolvidable viaje! ¿Verdad?
-¿Dónde estabas cuando nos bañamos anoche?-inquirió Sora con voz peligrosa, de ésas que suelen usar los asesinos antes de matar. El bufón sólo sonrió con aire pervertido, y ese fue su final: Fool voló por el azul infinito, con una clara herida en la nariz.

Los dos ocupantes del vehículo quedaron mirando impresionados, Sora les ignoró por completo… bufando y respirando agitadamente. ¿Qué le sucedía a la chica?

-¡Oye, Sora! ¡Hay una bicicleta!-exclamó Ken, la chica enseguida despertó de su sueño.
-¿Qué? ¡Layla-san!-chilló May-. ¡Aprieta el acelerador, imbécil!-la joven china, pisó el pie de Ken, yendo nuevamente a una exagera e imprudente velocidad.
-¡May, cálmate! ¡¿Quieres que nos arresten?!-protestó Ken. La chica enseguida soltó el pie-. Gracias…

Sora no esperó más, fue la primera que abandonó el automóvil, el cual, apenas se había estacionado; quería encontrarla, abrazarla y fundirse en ella; claro que después le sermonearía por toda la preocupación que le había hecho pasar… Ésas eran sus intenciones, pero cuando llegó hasta el lugar, la desilusión se apoderó de ella… Se habían equivocado.

-Hola… quisiera consultarle algo…-La joven japonesa olvidó todo rasgo de las primeras y buenas apariencias; no tenía tiempo: debía encontrarla, ya.
-Dime…-contestó la pelirroja con una amable sonrisa.
-¿Usted ha visto a la estrella Layla Hamilton? Me han dicho que le han visto en Binghamton…
-Ah, estuve con ella hasta hace un rato…
-¿De verdad?-exclamó Sora mucho más aliviada, y a la vez, sorprendida, puesto que la rubia era renuente a establecer amistades con desconocidos.
-¡Sora!-la voz de Ken le hizo girarse-. ¡Pero qué imprudencia la tuya! ¡Cómo se te ocurre saltar de esa manera!
-¡Ken! ¡Esta señorita ha estado con Layla-san!
-¿En serio?-exclamó el chico, alegre por la noticia: los ojos de Sora volvían a brillar.
-¿Qué? ¿La están buscando?-consultó Liu.
-¡Sí! Es urgente… ¿Sabes por dónde se ha ido?-preguntó May, con respiración agitada.
-Lo siento, pero lo desconozco…
-Ya veo… no sirvió de nada-murmuró Ken-. Debemos seguir adelante.
-Sí…-respondieron las chicas algo desanimadas.
-Creía…-los chicos prestaron atención a una laboriosa y concentrada Liu, que preparaba cuidadosamente el fideo instantáneo-. Creía que era una persona fuerte, pero ya veo la situación, ¿eh?
“Es la primera vez que conozco a una persona como ella… Para alguien como yo, que confía en todo el mundo y viceversa; y que utiliza a la gente y viceversa… No puedo imaginar otro tipo de vida, pero ella… Pensé que era fabuloso tener esa fuerza… Pero a cambio, probablemente sea implacable cuando se encierra en sí misma”.
“Parecía como si se estuviera presionando a sí misma muy duramente”.

Sora casi se tambaleó… Su corazón se oprimió por la angustia: Layla estaba luchando de esa forma; tan hiriente… No hay nada peor que las auto-heridas, puesto que éstas son muy difíciles de sanar… Quería encontrarla cómo diera lugar… Aunque su ex-compañera estuviera intentando superar sus problemas a solas… Tenía que demostrarle que ella estaba allí para ayudarle y… No importaba cuál fuera la dura prueba; debía expresarle con hechos que ella siempre estaría allí: siempre.
Sora agradeció a la joven desconocida con una inclinación; Liu simplemente contempló el extraño saludo o lo que fuese con una sonrisa; la japonesa volteó y se dirigió hacia el coche: su mirada era pura y determinada decisión, ocultando impecablemente su angustia; debía ser fuerte. Por ella; por ambas.

-¡Sora!-llamó Ken… La chica le ignoró…

Unas inesperadas nubes cargadas de negrura y portadoras de llanto, se apoderaron del cielo, obstaculizando así los rayos del sol: la lluvia comenzó a caer con fuerza, importándole poco el destino de los pobres peregrinos y transeúntes.

-¿Está lloviendo…? Eso me recuerda…-. La lluvia caía con insistencia, mas, su rostro estaba adormecido por la frialdad de ella: no sentía nada; todo en ella estaba dormido… Si “aquella” persona estuviera en estos momentos, de seguro le reprendería por estar bajo este cruel aguacero.
“A la gran tormenta que había aquel día… A pesar de que la actuación era al día siguiente, hicimos una semejante locura…”-. Layla tuvo que sonreír, sintiendo el hormigueo del orgullo y algo más.
“Si hubiera sido mi yo anterior, nunca me habría planteado hacer una cosa así. Pero por aquel entonces, era algo normal… Sora… Ella tiene el poder de cambiar a aquellos que están a su alrededor, y yo no fui la excepción de su mágica virtud…”.
“Desde ese momento, ya no tengo dudas sobre hacer cosas imprudentes… No… Pensaba que lo mejor sería que no me contuviera más… Y entonces vi a Fool, y puede hacer la Técnica Fantástica”-. Layla se levantó a duras penas del suelo, sentándose abatidamente-. No me importaba lo que tuviera que hacer, siempre que pudiera hacerlo con Sora… La actuación Fantástica… En ella me lesioné el hombro, pero a pesar de no poder volver al escenario, todavía quería seguir con ella…”.
“Esforzarme enormemente en una actuación que me hiciera tanto daño… Si no la hubiera conocido, probablemente nunca habría aprendido de “ella”… ¿Por qué… por qué estoy recordando sucesos que ya han pasado…?”.
“¿Por qué esta vez no puedo ver mi futuro yo para marcar mi meta? ¿Puede que éste sea mi limite?”.
“¿Ya no me queda más camino por recorrer?”.

La joven rubia levantó su mirada y la posó sobre el cielo aguacero… Se sentía débil, cansada y perdida… ¿Qué haría ahora? "Levántate, Layla… Tú no eres así…". La imagen de una Sora determinada y exigente, ayudó a que la rubia chica se levantase del suelo mojado.

-Sora…-susurró.

A pesar de no estar con ella, la chica siempre estaba cuidándola. Siempre cerca de ella: siempre consigo.
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 15:00

La lluvia hacia imposible que uno se desplazara con seguridad… Pese a las protestas de May; Ken decidió pasar la noche en un… Sora le miró impresionada, y el chico se ruborizó al máximo. No era su culpa, pues no había más opción; la japonesa no dijo nada, ingresó al inmueble serenamente.

-No, sólo tenemos algo de información de una persona que se encontró con ella…-respondió Sora algo cansada y evidentemente cabizbaja.
-Ya veo… ¿Por qué estará tan preocupada…?
-Desconozco los motivos, Rosetta, pero me preocupa…
-Sora, tranquila… Ella es Layla Hamilton: “El Dorado Fénix”. Sé que podrá levantarse y superar sus preocupaciones.
-Sí, yo también confío en ella, pero lo que me tiene inquieta es no poder hacer nada por ella.
-Sora… Pienso que para Layla es importante que tú estés bien… A ella le motivas…
-Gracias…-respondió la estrella de Kaleido.

Eso ya lo sabía… Layla siempre hacía las cosas más impensables; las más imprudentes… Todo por su propio bienestar: todo por la felicidad de Sora, sin embargo, la nipona deseaba que esa demostración de cariño fuese mutua… Por ello, estaba haciendo la locura de seguirle por casi todo el país: por primera vez le importaba poco el futuro de su carrera; era un riesgo demente, pero no era nada comparado a la tremenda esquizofrenia que le tocaría sobrellevar si ella llegase un día a apartarle de su lado; nada tenía valor sin la compañía de aquella persona: nada…
La chica fue llamada a cenar, y su apetito literalmente se desvaneció al ver la descomunal cantidad de comida que había sobre la mesa: una descomunal comida china…

-No tengo hambre…-musitó la chica, intentando inútilmente huir de aquella pavorosa situación, pero May…
-¡Te quedas a cenar!-demandó la china, tomando el brazo de Sora, instándola a sentarse; todo, bajo una atenta mirada-. Por pensar en muchas cosas he hecho demasiado, así que coman hasta reventar. ¡¿He sido clara, Sora?!
-¡Sí! ¡Sí!-exclamó la chica, sentándose calladamente.

La cena fue completamente acompañada por el silencio; cada uno de los habitantes del cuarto estaba sumido en sus pensamientos. Hasta que…

-¡¿Qué mierda es esto?! ¡¿Un entierro?!-bramó May, golpeando la mesa. Los chicos; asustados por la inesperada acción, le miraron turbadamente-. ¡Si piensan en el sufrimiento por el que estará pasando Layla-san, eso no ayudará en nada!

Sora se sorprendió… Por primera vez en su vida, May decía algo coherente. Los milagros existían.

-¿Creen que está realmente preocupada por algo?-inquirió May, ya más tranquila.
-¿A qué te refieres?-preguntó Sora.
-¿No crees que está ocultando algo sobre un entrenamiento o algo por el estilo?-comentó con falsa esperanza; ninguno de los muchachos quiso romper su expectativa. Más que nada, no querían verse obligados a comer doble ración de comida china-. La verdad… es que no me quiero imaginar a Layla-san encerrada en sí misma hasta ese punto… Quiero que sea fuerte como siempre…
-Pero no olvidemos que es una persona común y corriente como nosotros, chicas…-comentó Ken-. No lo sabemos todo sobre ella…-Sora alzó sus cejas sorprendidamente… Eso le había dolido… ¿Por qué?
-Para ella…-la joven estrella, bajó su vista al suelo-. Para ella también tiene que ser difícil realizar el fénix… Disculpen estoy algo cansada…
-¡Pero no has terminado tu comida!-protestó May.
-Gracias, pero no tengo apetito-la chica le sonrió forzadamente, y luego se desplomó en la cama.

"Una nueva yo…". Eso quería decir la interpretación del fénix, pero… ¿Puede ser lo mismo para Layla? ¿Tiene qué descubrir y conseguir un nuevo cambio? ¿O era al revés?
"Leo está atrapado en la más profunda oscuridad… Si no recobra su brillo anterior, se desvanecerá…".

-¡Fool! ¡Deja de asustarme así!-Sora, sorprendida; tomó entre sus manos al fantasma, medida 15 cm, quien se mostró temeroso.
-Las constelaciones no se equivocan-afirmó el bufón.
-¿Crees que permitiré que eso ocurra?-Sora le miró retadoramente.
-¿Qué puedes hacer tú por ella?-retó el mono de juguete.
-No lo sé, pero la encontraré y allí decidiré qué hacer…-Fool sonrió.

Layla salió de la rica y sobrecogedora ducha de agua caliente; la joven había sido auxiliada por un matrimonio de ancianos, quienes al encontrarla en un deplorable estado, no dudaron ni un instante en ayudarle. La rubia les sonrió agradecida, pero también tímidamente. No sabía cómo actuar frente a los buenos samaritanos. Era la segunda vez que se había encontrado con personas caritativas y afables, y ya no sabía en qué y cómo pensar ante la situación.

-¿Te has calentado un poco?-consultó el anciano.
-Sí, muchas gracias…
-¡Me alegro!-exclamó la esposa del abuelito, llevando consigo una aromática sopa de pollo-. Tómalo, es lo mejor para prevenir el resfrío.
-Gracias-aceptó la joven rubia algo tímida.
-No sé lo que te ha pasado, pero no hagas ninguna locura, necesitas descansar-prosiguió el senil en tono paternal-Quédate esta noche.
-Gracias… pero…-la chica no alcanzó a protestar, puesto que la anciana le entregó una cálida manta.
-Descansa al menos esta noche… Debe haber por allí alguna persona que se preocupa por tu bienestar y salud-comentó la abuelita. En seguida la imagen de Sora invadió la mente de Layla, y eventualmente terminó ruborizándose.
-Gracias…-carraspeó para volver a la compostura, sin embargo, no supo si era porque las emociones ya eran tan tempestuosas que, terminó por admitir su inquietud-. Yo he huido…

Los ancianos le miraron algo confundidos. La muchacha no tenía aspecto de algún tipo de criminal.

-Si me quedaba tal y como estaba en Broadway, tendría que terminar confiando en alguien… No me gustaba esa debilidad mía y terminé escapando-. La chica se sobresaltó al ser consciente de su imprudencia-. ¡Lo siento! Estaba hablando sola…
-No pasa nada…-la anciana expresó en tono afable y tierna mirada.
-Jovencita, pareces que tienes un problema en el que no podemos ayudarte, ¿no es así?-Layla no supo qué decirle al anciano que le miraba igual que su esposa.
-Y como veo, a ti no te gusta confiar en los demás-. Layla se sonrojó-. ¿Pero no crees que estás esforzándote demasiado?
“En este mundo hay algunos lugares que no puedes ver si no confías en alguien… Asimismo, no puedes avanzar sin la ayuda de camaradas, amigos… La soledad es un arma de doble filo; si no lo sabes controlar puede consumirte hasta el punto de auto-destruirte…”.
“Tampoco puedes amar si no confías; y no puedes ser del todo querida, si no permites que esa persona entre un poco en ti… El amor se puede marchitar por falta de comunicación, y sobre todo: por la desconfianza; ellos son los responsables de la rutina: principal enemigo del amor…”.
-Mi esposa tiene razón… Nadie en este mundo puede hacer las cosas por sí mismo; somos seres individuales, pero… necesitamos de alguien para sobrellevar la vida; y no tan sólo las penurias, también la alegría.
“Tu dicha es fantástica, pero no tanto cuando la compartes con tus seres queridos, sobre todo con la persona que amas”.
-Es cierto…-susurró la chica, pensando en Sora, en sus amigos, en sus compañeros.
-¿Te gustaría contárnoslo?-Layla miró hacia el emisor de esa pregunta… Y unos tranquilos y amorosos ojos experimentados le recibieron con cariño y comprensión.
-Por aquel entonces, cuando me juré a mí misma que no volvería a llorar, tenía la intención de abandonar esa debilidad…
“Mi madre estuvo hospitalizada durante seis meses antes de que muriera, y me sacaba de quicio que apenas pudiera verla”.
“Después de eso, la enfermedad de mi madre empeoró día tras día, e incluso llegó a un punto en donde no podíamos hablar la una con la otra”-sus ojos se apretaron, conteniendo a dar rienda suelta a sus lágrimas-. Cuando oí que mi madre no seguiría viviendo, ya estaba en estado vegetativo”.
“Y… no importó las veces que me disculpé; no importó las veces que grité, diciéndole que lo sentía, nunca volvería a ver una sonrisa en su cara… Me arrepentí de todo lo que había hecho, pero fue demasiado tarde”.
“Aquella noche, como no podía quedarme dormida, fui hasta la alcoba de mi padre, que era algo que nunca solía hacer… Y lo que vi me impactó… Mi padre nunca había llorado delante de mi madre… Yo creía que era una persona cruel, pero comprendí que no era así… Para que ella nunca se sintiera inquieta, él pensaba en ella y ocultaba sus emociones…”.
“Odié a mi yo que se apoyaba en mi madre y que le decía todos los sentimientos que tenía, asimismo, quise hacerme más fuerte, diciéndome: “Nunca más volveré a llorar”. “Nunca volveré a ver a mi padre triste”. Me juré esas dos cosas aquella vez”.

Silencio imperante; ninguno de los ancianos se atrevió a decir palabra.

-Tiene que haber sido tan duro… siendo tan pequeñita…-comentó la anciana en tono maternal-. Pobrecilla…
-Pero si ésa es la razón por la que ya no aguanta más, puede que sea una buena idea volver a como eras entonces-acotó el abuelito.
-¿Qué?-Layla parpadeó confundida.
-En los caminos, es normal que cuando eliges el incorrecto y te pierdes, vuelves a donde estabas-la anciana le miró con candidez-. Cariño, aunque te apoyaras en tu madre, estoy segura que ella nunca te culpó por ello, ya que, ésa es nuestra labor. ¿Por qué no intentas de liberar algo de estrés?
-Sí, y lo más sano es llorar con la persona que más te conoce y te comprende. Eso es un bálsamo mucho más eficaz que llorar siempre en la soledad-concluyó el anciano.

A primera hora de la mañana, Sora se levantó con rapidez y ansiedad: hoy la encontraría; tardara lo que tardase, no pararía hasta dar con la rubia insondable…
Al salir del motel, la joven nipona juró su cometido con arrojo, mirando con determinación hacia el fantasma circense. El peluche le sonrió y luego desapareció.

-¿Qué pasa? ¿Estás preocupada por Layla?-comentó Fool, mirando detenidamente a una perdida Sora-. ¿O estás angustiada por no haber definido aún tu fénix?
-Por las dos cosas… Liu-san dijo que Layla-san se estaba esforzando mucho… Y estaba pensando que a veces no es bueno batallarse demasiado en algo…-Fool se carcajeó.
-¡Mira quién lo dice!-bufó el payazo.
-¡Te dije que salió demasiada comida por estar pensando en otras cosas! ¡Quieres dejar la mierda en paz!-ladró May, proporcionándole a la pobre Sora un posible ataque cardiaco.
-¡No… no, May! No hablo del desayuno…-intentó defenderse Sora de la jauría de ladridos chinos.
-Es cierto que ser imprudente no es bueno-comentó Ken, mirando fijamente a Sora-. Pero, cómo ves: no se puede hacer nada con los obstinados, salvo apoyarles.
-¡Vale, que capté la indirecta! Aunque no tengo ninguna idea para mí, me pregunto si a Layla-san se le habrá ocurrido algo.
-¡Por supuesto que sí!-exclamó May con brillo de admiración en los ojos-. ¡Hablamos de Layla-san!

En esta temporada, el lago Seneca estaba ocioso de visitas turísticas; éste era un lugar bello, armonioso; perfecto para desmembrar las preocupaciones y el estrés laboral; las verdes montañas y el limpio añil cielo se reflejaban maravillosamente en las transparentes aguas de aquella laguna…
Layla fue caminando a paso lento, inspirando profundamente el natural aroma del paisaje; absorbiendo también el bello color de las flores y los árboles; y no pudo evitar reírse… ¿Desde cuándo ella hacía algo como eso?
El lugar estaba casi despoblado, perpetuando aún su tierra virgen, pues, apenas había casas colonizadoras; nada del lugar había sido modificado o dañado. La joven llegó hasta el árbol más próximo de aquel lago; se sentó sobre el suelo, apoyándose en un árbol cercano a la laguna... La joven se percató que una pequeña de unos ocho años de edad, estaba recogiendo algunas flores silvestres; era la única persona que estaba en el lago, aparte de la misma Layla… Cuando la actriz posó su mirada en la jovencita, el tiempo se volcó en un sorpresivo flashback; la pequeñita ya no era la misma, sino que era la propia Layla, sin embargo, algo era distinto en ella: su pura e ingenua mirada… Esa ternura que la misma actriz había creído olvidar y perder…
Volviendo al presente, Layla le sonrío a la curiosa infanta, quien no dudó en acercarse a ella, con una sonrisa y una alegría que a la actriz le impresionó. La pequeñita que tan emocionada estaba, no se percató de una piedrecilla en el pasto y cayó inevitablemente en él, hiriéndose levemente en la rodilla; la joven rubia, preocupada; se levantó, auxiliando a la muchacha que, con valentía, aguantaba dignamente las ganas de llorar. Layla se sorprendió, recordando su propio pasado que, por tanto tiempo se había empecinado por ocultar y olvidar; y comprendió… Al fin entendió el motivo de su viaje y huida… "¿Cómo era antes…?". "Por aquel entonces me juré que no volvería a llorar…". "Era tan honesta con mis sentimientos que casi era tonta…". "Sora es igual; tan sincera con sus emociones; tan alegre… No tiene miedo de demostrar sus emociones… Por ello terminé enamorándome de ella…". Layla irguió a la pequeñita y la tomó entre sus brazos.

-¿Estás bien?-preguntó preocupada.
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 15:04

La joven le miró con ojos vidriosos, pero no lloró; Layla sonrió.

-¿Te estás aguantando las lágrimas, verdad?-dijo aún sonriendo. Los ojos de la pequeña liberaban lágrimas, pero la niña no gimoteaba.
-Toma-la pequeña le dio unas cuantas flores, para luego marcharse hacia su hogar.
-Gracias…-Layla no perdió de vista a la infanta.

Se lo había dicho una vez; Sora le había comentado en una oportunidad que no era necesario hacerse más fuerte, puesto que ella ya lo era… "Lo que necesita Layla-san, es creer más en las personas… No es necesario oprimir tus sentimientos… Lo que sientes, lo que quieres; incluso lo que temes… no es debilidad: son sentimientos, y el corazón de Layla-san está lleno y ansioso por compartirlos". Así que no debía volverse más fuerte, sino que reconocer su propia debilidad… El yo que solía odiar… Ser nuevamente esa persona débil que era entonces; incapaz siquiera de ocultar su tristeza… Era muy probable que… Y de cierto modo, estaba convencida de ello: era el momento de regresar al principio de su camino; total y cómo decía la misma Sora: “Si te pierdes a mitad de un camino oscuro, tenebroso y ambiguo, no hay mejor remedio que volver por donde comenzaste”. Y una sonrisa apareció.

-Ya sé… Debería ir a visitarla… No sabes cuánto te extraño…-murmuró, mirando detenidamente al cristalino lago.

Llevaban casi más de cuatro horas viajando; el camino se había puesto medio peligroso, puesto que no estaba pavimentado… El paisaje era tranquilo y de cierta manera relajante, no obstante… La joven suspiró; mas, lo que estaba sintiendo; no…
Estaba perdiendo la paciencia; sí, pero en absoluto la fe. Sabía que la encontraría, y se impresionaba que la joven actriz pudiera llegar tan lejos, sin embargo, ella era Layla Hamilton: terca y jodidamente imprudente; siendo capaz de sorprender a todos, incluso a la propia Sora, que ya era una experta en la materia de dejar noqueados a los demás. Quizás por ello se complementaban tanto; que se entendían tan bien; conociéndose a la perfección… Bueno: casi a la perfección, pues, Layla aún no podía superar aquella fase de muro almidonado, impidiéndole a su compañera avanzar más allá de lo que ella deseaba.
Fool observaba silenciosamente la situación: Sora había vuelto a sus inseguridades, mas, lo que le salvaba, era esa determinación tan potente que poseía; apasionada y establecida, siendo incapaz de quebrajarse y doblegarse. La chica lo miró a su vez, y sonrió… No era el mismo brillo de siempre, pero al menos era una sonrisa sincera. Ken observaba curioso… ¿A quién le sonreía? Y… ¿En quién estaba pensando? Obvio que en Layla, pero esa sonrisa… Decía algo más… Lo más probable es que estuviese comunicándose con el espíritu del escenario.

-Pronto la encontraremos…-exclamó el chico, tratando de llamar la atención de una ensimismada Sora.
-¿Y qué mierda? ¿Te crees adivina? ¿Ne, Sora? Por qué no llamamos a este payazo: Madame Clorinda-masculló May, ya cansada del mal camino. Ken casi pierde el control del vehículo. La japonesa simplemente rió. Sin embargo, algo le hizo detener su mirada…
-¡Ken, detente!-ordenó la estrella con urgencia.
-¿Qué? ¿Qué sucede, Sora?
-¡Detente, detente!-exclamaba la chica, sin responderle al joven de lentes. Tenía un presentimiento que no le dejaba tranquila; una rara necesidad de bajarse y correr por aquel angosto camino. Y estaba dispuesta a saltar del vehículo, si el conductor no obedecía a sus mandatos.
-¡Frenazo Diabólico!-May pisó con fuerza el pie de Ken, haciéndole añicos los pobres dedos. Sora ignoró por completo la discusión de esos dos: sólo quería correr y no detenerse…

Nunca se imaginó que aquel estrecho camino fuese tan extenso… Quería llegar lo más pronto hasta el final de éste, y no tardó en comprender el porqué de su extraña inquietud: una bicicleta se le hizo muy conocida; las lágrimas nacieron por sí solas: sin ser forzadas, y un complejo mar de sentimientos, inundó todos sus sentidos.
La joven aligeró el paso, caminando pausadamente, dando a la vez, un respiro a su agitado corazón… Mas, las lágrimas seguían fluyendo; no podía detenerlas, y éstas aumentaron cuando halló lo que tan esmeradamente estaba buscando.
Layla meditaba sobre sus acciones; extrañadamente satisfecha y animada por ellas… Lo primero que haría sería volver a su trabajo, no si antes, visitar a su…

-Layla-san…-la aludida en seguida se tensó… Imposible…

Layla lentamente se fue volteando, siendo recibida por un radiante y lloroso rostro… No podía ser; no podía ser ella; seguramente su imaginación le estaba jugando una mala; malísima pasada…

-Por fin te… encontré…-los ojos de Sora liberaron más lágrimas; y la joven no aguantó más: soltó a llorar.
-Sora… ¿Qué…? ¿Qué haces aquí…?-Layla se quedó muda, sin saber qué hacer; con el corazón bombeándole desbocadamente…

Sora, Sora, Sora… le gritaba el núcleo con alegría, emoción, conmoción… Añoranza… Allí estaba: tan bonita… A pesar de su rostro rojo y lloroso… Ella seguía siendo sumamente hermosa… Un ángel que siempre le cuidaba, que le amaba; y lo mejor de todo: le pertenecía solamente a ella… Finalmente la joven recordó las palabras de la pareja de ancianos. "Lo más sano es llorar con la persona que más te conoce y te comprende. Eso es un bálsamo mucho más eficaz que llorar siempre en la soledad". Y finalmente pudo hacerlo, sin necesidad de obligarse a ello… Ellas regresaron sin ser llamadas, pero el alivio que concibió al sentirlas fue indescriptible…
No lo podía creer; Sora era incapaz de creerlo: Layla estaba llorando… Pero… ¿Por qué? ¿Qué tenía? No lo comprendía del todo, pero sentía una inmensa dicha por verlo… Sus lágrimas… Ella se veía tan hermosa… No importaba lo que dijeran los demás: Layla seguía siendo igual o más gallarda con aquellas gotas de agua salada… No… En este caso, eran dulces; dulces, porque en su rostro se denotaba únicamente la alegría, y no el sufrimiento.

-Sora…-murmuró la actriz. La aludida lo comprendió, y corrió a los brazos de la persona que más admiraba; la necesitaba tanto…
-Layla-san… Layla-san… Layla-san…-gemía una y otra vez. La voz de la japonesa estaba quebrada, sumida en la emoción del momento. Hacía tanto tiempo que no sentía ese aroma único; esa tibieza; ese sublime corazón; tan único e irremplazable… Que le hacía amarla cada día con mayor fuerza.

La joven rubia no podía asimilarlo: ¡Sora estaba aquí; entre sus brazos! No había dejado de pensar ni un solo instante en ella. Dio gracias internamente a Dios… Lo único que deseaba era verla, abrazarla, besarla, tocarla; y un sinfín de cosas que no podía describir. Layla ciñó aún más a la joven estrella, apresándola entre sus brazos, saboreando el aroma de sus cabellos, de su exquisito cuello. Y sin poder contenerse más, se aceró a la muchacha, besándola profundamente; entremezclando al instante la humedad de sus lenguas, compartiendo con ansias y pasión las húmedas y anheladas salivas; ambas, tratando de dominar la una sobre la otra… No supieron cuánto tiempo estuvieron besándose, ya que, cada una estaba tan entregada en sus propias emociones que, no se percataron de las consecuencias de la falta de aire; las dos confundiendo el latir de sus corazones con los profundos sentimientos que por tanto tiempo habían quedado guardados en lo profundo del cajón; siendo liberados únicamente cuando el descanso y el teléfono lo permitían.
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 15:07

Las dos jóvenes sabían que tenían miedo; miedo a los sentimientos, miedo a la felicidad… Miedo a que esto muriese, pues la distancia… Una, temiendo confiar y mostrarse débil; la otra, temiendo ser incapaz de poder retribuirle todo ese amor y cuidado que le entregaban… Temiendo a que no la quisiese más; que únicamente fuese un estorbo, pues, aunque no lo deseaba reconocer; también era una desconfiada: una desconfiada en sí misma… Pero… Ambas miradas chocaron con fuerza, estremeciéndolas ferozmente… No estaban seguras; no del todo, sin embargo… El corazón les dictaba que se liberasen, ya que la vida no estaba muerta… sólo dormida, y el desconfiar y temer no servía de nada… Debían redimir sus sentimientos; debían dejarlos respirar y palpitar, pues, ellos eran los responsables de encontrar a esa persona… Liberar el corazón y seguir aquella invitación e inspiración a vivir: el amor… nada más que eso…
Sora fue la primera en romper el beso… Su alma había regresado finalmente a su cuerpo; ella estaba frente a sus ojos, y lo más importante: se encontraba sana y salva. La joven se acercó y comenzó a acariciar ese albino y perfecto rostro, perdiéndose en ese mar de ojos celestes; en ese cielo vasto y lleno de un profundo amor. La joven no dudó ni un instante que ese sentimiento le pertenecía sólo a ella.

-Sora…-susurró la joven, capturando una de esas tibias y cariñosas manos; llevándosela hasta sus labios.
-He venido a buscarte…
-Gracias… Yo… yo…-la joven nipona obstaculizó sus labios con un dedo índice, negando tiernamente. No quería oír disculpas ni nada por el estilo, sólo quería que ésta le abrazase, y así lo hizo: Layla la atrajo a su pecho y allí la mantuvo: atrapada entre su cálido regazo y sus posesivos brazos-. Sora, te quiero… Yo…-un nudo en la garganta, impidió que ésta continuase con su discurso. Sora comprendió, abrazándole un poquito más fuerte-. Lo siento, no quise preocuparte. Yo… sólo… No me vi… Tuve miedo y huí…
-Tranquila, tranquila; todo ya ha pasado… Estoy aquí… Estoy junto a ti…-susurró la joven, acariciando sus largos cabellos dorados.

Layla se separó de ella, negando con la cabeza, aún liberando lágrimas.

-No… Te equivocas… Siempre… Siempre estás junto a mí… Yo…-Layla se llevó una de las manos de Sora, y la ancló en su corazón. Sora se sonrojó al sentir exactamente el lugar en donde se quedaba posada su mano-. Estás siempre aquí…-la joven le sonrió con dulzura, maravillándose ante el sonrojo de su novia-. Siempre conmigo…-Sora sonrió tímidamente.

La rubia siendo incapaz de aguantarse, se mordió el labio, y atacó nuevamente la boca de una sorprendida nipona, quien apenas devolvía el beso. Sora cerró los ojos y se rindió ante esa determinada y conocedora boca, la cual, le dominaba con exigencia e insistencia. No era un beso brusco; al contrario, era lo más delicado que Sora había sentido en toda su corta vida; Layla siempre la trataba con cuidado, como si de un momento a otro ella se fuese a romper, o tal vez: desaparecer… La joven circense, al comprender aquello, la besó con un poco más de delirio y atrevimiento. El pudor se había difuminado; total, no había nadie a los alrededores; su convicción le había dicho que ésta era la mejor manera de demostrar que sus sentimientos eran sinceros y perennes: nada ni nadie cambiarían su forma de pensar, y de amar… Lo de ellas era una locura, puesto que eran figuras conocidas y… por ser estrellas, debían formar y fomentar una imagen puritamente moralista… Quizás si no fuesen personajes pertenecientes al área pública… Esto no tendría nada de malo; y por ello, era una jodida locura… Más que una locura, ésta era en realidad una necesidad: una necesidad de amarse, aunque no fuese seguro… No podían luchar contra aquello y, a la vez, tampoco querían hacerlo.

-¿Cómo has dado conmigo…?-preguntó Layla, permaneciendo aún abrazada a la joven japonesa.
-No lo preguntes, porque no lo sé… Sólo fue por un presentimiento, y debo agradecerle, ya que, me trajo hasta a ti-respondió Sora, sonriéndole cariñosamente. Layla simplemente sonrío encantada, besándole tiernamente la frente.
-¿Y has venido sola…?-volvió a preguntar, todavía besando su cabeza; saboreando gratamente el olor de esos violáceos cabellos, y Sora recién se percató de aquello, poniéndose tensa al acto…-¿Sora…?-llamó preocupada Layla, que no entendía la causa de aquel estado.
-¿Sora…?-llamó una nerviosa e impactada voz. La joven volteó su rostro y se encontró con un choqueado Ken y una… indescifrable May, quien miraba turbadamente hacia la pareja de estrellas.
-¡Ah…! ¿Han venido por mí, cierto?-exclamó Layla con una dichosa sonrisa, todavía siendo abrazada por Sora-. Perdónenme por preocuparles…-la joven actriz parpadeó confusa por las extrañas miradas de aquellos jóvenes.
-¡Esto… esto…! ¡Layla-san…! ¡¿Tiene lágrimas…?!-expuso May nerviosamente. -¡Ah! ¡Esto!-la aludida se llevó una de sus manos a su rostro-. No es nada-sonrió, mirando cariñosamente a Sora, quien estaba sumamente nerviosa-. Sora… ¿Ocurre algo?
-¡Nada! ¡Pero tus ojos!-exclamó la joven.
-No importa, quiero dejarlas…-susurró la rubia-. Llegaron justo a tiempo. Voy a volver a Broadway ahora mismo.
-¿Eh?-exclamaron sorpresivamente los chicos al unísono.
-Sí, quiero que vengan conmigo… ¿Pueden?-preguntó la joven algo tímida.
-¡Sí!-se adelantó May, mirando con admiración a su ídolo de toda una vida.
-¡Bien!-sonrió Layla, tomando una de las manos de Sora-. Entonces… ¿Nos vamos?-. Sin embargo, antes de decir eso… La joven rubia, hizo algo que terminó por paralizar a los tres chicos.

Si verle llorar había sido una fuerte impresión; lo que había hecho en estos precisos momentos la ex-estrella de Kaleido, terminó por arrebatarles más que el aliento: Layla había besado fugazmente los labios de una impresionada Sora. ¡¿Qué estaba pasando aquí?!

-¿Sucede algo?-cuestionó la joven rubia, quien caminaba hacia su bicicleta, sin soltar la mano de Sora, quien estaba a mil años luz de la Tierra, queriendo figuradamente hundirse en ella, para no salir más. ¡Cómo mierda se le había ocurrido hacer algo así!
-¡Qué…! ¡Qué alguien me diga ésta pasando aquí!-chilló May, sintiendo que se desvanecería en cualquier momento-¡Payazo con patas: pellízcame!-exigió la joven a un azorado Ken.

El chico miraba turbadamente a una cabizbaja y sonrojada Sora, que no daba muestra siquiera de pretender levantar la mirada del suelo; por eso… Por ello de su extraño e introspectivo comportamiento, y la causa la halló en un sutil y amoroso gesto… Quiso huir y gritar; sintiendo que la vida se le iba literalmente por los ojos… Concibiendo y oliendo la soledad, al comprender que aquella persona nunca fue y será suya… Se sintió dolido, enfermo, estúpido; pasado a llevar… Burlado al igual que pobre un bufón; ahora sí se sentía como tal…

-Creo que el tiempo no amerita para dar explicaciones, May-comentó Ken con tono neutro y frío; no podía ver a Sora, la cual estaba en completo silencio-. Nos queda mucho trecho por recorrer.
-¡Pero… pero!-la chica se quedó en mutis, mirando con rabia a la japonesa… ¿Por qué lo había ocultado?

Layla no comprendía nada; su inocencia a veces era extrema… Y Sora… Bueno, ella… ¿Qué podía hacer? Tampoco era para tanto, ¿o, no?

-¿Vamos, Sora?-Layla le apretó un poco más la mano, conduciéndola hasta los demás.
-Si no hay más remedio…-la chica suspiró penosamente. "Será un largo viaje…". Se dijo.

Terminaron yéndose en el auto de Cathy, que apenas logró albergar a toda la tropa de jóvenes. Ken debió conducir con lentitud, puesto que la cantidad de equipaje y personas era demasiada… Además de… Jamás despegó sus ojos del trayecto… Tan sólo mirar atrás dolía… Layla estaba fuertemente abrazada a una incómoda Sora, quien inútilmente fingía dormir; May que iba en el asiento del copiloto no paraba de gruñir, y de vez en cuando dirigía unas siniestras miradas asesinas a la pareja… La china no podría creerlo… Sora y su tan querida Layla-san… eran, eran, eran… ¡Eran eso!

-¿Sucede algo malo, May?-cuestionó la actriz, que justo se había despertado de su profundo sueño.
-¡No, nada!-exclamó la aludida, negando con las manos-. No pasa nada…-susurró al ver que nuevamente la joven rubia se acomodaba entre los brazos de Sora, para luego volverse a dormir. "No puedo terminar de creérmelo". May cambió su mirada, posándola sobre el conductor; y una cierta compasión nació en ella. "Pobre payazo…".

No tardaron mucho en llegar; Layla sin entender del todo, sintió que el ambiente estaba sumamente tenso… Pobrecilla, era tierno de su parte ser así: tan despistada… Pero no era el momento propicio para ser una loca ingenua… Mas, decidió dejarlo todo en suspenso, hasta que llegasen hacia su destino… Allí aclararía todo y… Miró nuevamente a una dormida Sora, que finalmente se había permitido rendirse al reino de Morfeo. La joven rubia se culpó e impresionó, al dimensionar la tremenda carga de preocupación que debió haberle hecho ejercer, sin querer, a la pobre chiquilla nipona. Sora se veía tan cansada que sintió vergüenza por su inmadurez y capricho… Terminó haciendo lo que menos quería: entristecer a Sora… "Pero ya no más… Nunca más… Te lo prometo...". Juró, mientras la admiraba con dulzura.
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 15:12

Ya hemos llegado…-exclamó Ken, estacionándose en el área de aparcamiento del lujoso apartamento.
-Gracias…-correspondió Layla con una mirada sincera-. Llamaré a unos empleados para que nos ayuden.
-Sora todavía duerme…-exclamó May, observando a una inconsciente joven-. ¡Esta chica!-bufó.
-¡No, déjala!-intercedió Layla-. Permitan que descanse un poco más-la joven rubia indicó a los empleados las cosas por retirar-. ¡No! ¡No la despierten!
-Pero…-contradijo uno de los trabajadores.
-De eso me encargo yo-sentenció la chica con voz autoritaria-No dejaré que nadie te toque…-susurró, tomando a la dormida estrella entre sus brazos.

Todos los presentes se quedaron impactados por la inaudita escena, sin embargo, la joven les devolvió la mirada con rostro frío, elevando una inquisidora ceja, imponiendo así un firme respeto; en su cara se leía claramente: “Más les vale que se vayan acostumbrando”. Y el que dijera algo en contra, se iría derechito a la calle, con una dolorosa e inolvidable patada en el culo…
Macquarie fue la encargada de abrir y recibir a una cansada Layla, quien transportaba entre sus brazos a una dormida Sora, y sonrió: la joven nipona lo había logrado.

-Iré a preparar la habitación de huéspedes…
-Sí… Pero…-Layla sonrió, para luego mirar a su bella durmiente-. Te lo encargo… ¿Pueden esperar un momento?
-Sí…-murmuraron los chicos, incapaces de creerse todavía el cuento.

Layla se perdió en el vasto y lujoso apartamento… Sora pesaba, pero era una carga complaciente; la joven abrió como pudo la puerta de su habitación, recostando cuidadosamente a una dormida chiquilla de cabellos colorines… Layla llevó dos dedos y lo deslizó por el cabello de Sora, no tardó en escuchar un satisfecho suspiro, y sonrió gustosa.
No podía creerse que, apenas unas horas atrás, ella estaba perdida sobre un mar de dudas e inquietudes; añorando y, a la vez, rechazando lo que alguna vez había sido… Pero ya no lo haría más… Todavía le costaba confiar en las personas y, también era aún incapaz de demostrar todas sus emociones y pensamientos con sinceridad, pero… Sonrió… "Pero la cura y la fórmula de aquello, está precisamente ante mis ojos". Layla no se había percatado que había metido en el mismo saco de sus renuencias, al ser que más quería en el mundo… Su padre y su madre, eran caso aparte; lo que sentía por Sora era otro tipo de sentimiento…

-Lo siento… Debí preocuparte mucho…-susurró apenada la chica-. Pero lo cierto es que… jamás he tenido intención de aislarte… Creí que si controlaba esto… Yo… Pensé que si permanecía siempre inmutable, te evitaría más problemas, que eran completamente innecesarios… Lo cierto, es que no quería cometer el mismo error de antes… Todavía me duele el daño que te hice pasar durante el festival… Por eso…-las lágrimas nuevamente comenzaron a caer, empapando parte de su ropa y la de una adormecida Sora.

La joven nipona justo escogió ese momento para despertarse; observando preocupadamente a una cabizbaja Layla. La chica saliendo de su estupor y confusión, se irguió de la cama; asustándose, al pensar que se encontraba en un lugar desconocido, sin embargo, los colores de las paredes, los mismos retratos; el tacto y el aroma de la misma cama, dieron suficientes pistas para indicar que el inmueble le era conocido; muy conocido…

-¿Qué…? ¿Layla-san…?-llamó la chica, algo espantada por las lágrimas de la rubia.
-Lo siento… ¿Te desperté?-sonrió la joven, llevando una de las manos de Sora hasta su rostro; sonriendo a pesar de las lágrimas que derramaba.
-No… estoy bien… ¿Qué pasa…?-preguntó la chica, acariciando con el dorso de su otra mano la húmeda mejilla.
-Nada… Sora…
-¿Sí?
-Te quiero-confesó la rubia, impresionando a aludida.

Layla llevó sus manos hasta el cuello de Sora y la volvió a besar, atendiendo esta vez con más calma a las necesidades de su corazón.
Fue un beso suave, tímido y curioso; inquieto y travieso. Las respiraciones eran pausadas, tranquilas y bien marcadas; ambas se sorprendieron al descubrir que estaban inspirando acompasadamente, al igual que las acrobacias que solían hacer antiguamente. No había duda que las dos congeniaban a la perfección dentro y fuera del escenario… Ninguna, ninguna de las dos sentía esta comodidad, salvo cuando estaban juntas… Esto era mucho más sentido y verídico que un simple amor quimérico y adónico… Esto no era perfecto; no como lo tildaban las películas. Esto no era algo rosa… Era mucho más que esa simplicidad; era una cuestión que ellas solamente podían definir y sentir; únicamente sus emociones sabían cómo describirlas a la perfección.
Ellas con sólo mirarse lo entendían; las palabras eran burdas e invaluables para siquiera intentar explicarlas… A veces las miradas lo decían todo, y para las dos era más que suficiente.
Layla desde que vio a Sora; desde que la flecha cayó sobre ella, o más bien dicho: una imprudencia; la vida le resultó mucho mejor… Para ella, el amor le resultó tan distinto… No era como se lo esperaba… Jamás creyó sentir tanto por alguien; y le asustaba, porque no quería que esto terminara jamás; y sumado a la vergüenza de expresar sus temores, la chica simplemente se embobó en el miedo, en la inexpresión y en el recelo… No por Sora, sino por la dificultad de llevar una relación a distancia; por las personas que pudieran hacerle daño por el simple hecho de amarle; por terminar sola… Sola y consumirse en este cariño que no había sentido jamás en su vida…
El beso se intensificó, y no tardaron en nacer las curiosas e intranquilas caricias; Layla no demoró mucho en tumbarse sobre el cuerpo más pequeño, y gimió temblorosamente, al volver a sentir aquel cálido cuerpecito que, a la vez, era tan fuerte por el increíble hecho de resistir su peso más grande.
Las manos de la rubia no tardaron en acariciar la carne desnuda de Sora, que sólo temblaba y besaba esos labios que tanto, tanto había extrañado; bebiendo y exigiendo más atención de aquella boca que, insistía una y otra vez en dominarla; amarla y dedicarle atenciones fogosas y descarnadas.
Besos, caricias, murmullos; promesas, quedaron enclaustrados eternamente en aquella habitación; puede que esto volviera a repetirse, sin embargo… No, no con estas sensaciones tan únicas: no, no cómo ahora… Jamás…
Sora cedió ante la demanda de sus pulmones y finalizó el beso, no obstante, se dedicó a saborear con sus manos, la suave piel de Layla, quien respiraba tan agitada como ella.

-Debemos bajar… nos están esperando…-comentó Sora, volviendo a ponerse tensa… No sabía cómo explicarles a los sujetos de abajo, lo que había sucedido entre ellas; y tampoco estaba del todo segura de querer hablar sobre ello…
-Sí…-susurró la chica, recargándose sobre el cuerpo de Sora-, pero déjame estar así un poquito más-Sora rió, acariciando la espalda de la rubia actriz.
-¡Layla-san, pareces una niña mimada!-se burló la chica, riéndose divertida.
-Porque lo soy-refunfuñó igualita que una chiquilla caprichosa-. ¿Hay algo malo en ello?-Sora negó con la cabeza, aún riéndose-. ¡Bien!-Layla volvió a acostarse sobre ella.
-Pero debemos bajar… Hemos causado una gran conmoción…
-¿A qué te refieres?-Layla levantó la cabeza, mirando curiosamente a una seria e introspectiva Sora-. ¿Sora…?-la chica le miró pesarosa.
-Rompimos nuestra promesa…-susurró la joven, y Layla se hundió en el pánico. ¿Qué promesa…? ¿Qué hizo… qué…?-. Lamento decírtelo, pero… Ken y May… Ellos lo saben...
-¡¿Qué?! ¡¿Saber qué, Sora?!
-¡¿Qué más, Layla-san?!-bufó la chica, sintiéndose algo molesta-. ¡Pues lo nuestro! ¡Nos delataste!-chilló avergonzada ante el recuerdo-. ¡Me besaste frente a ellos dos!
-¿Qué?-los ojos de la rubia se alzaron sorprendidamente, poniendo una cara de ingenuidad que, eso a Sora, le hizo irritar aún más. Layla se echó a reír-. ¡Y eso qué! ¡Me da igual que lo sepan!
-¡Pero… pero! ¡Tú habías sido la que más había insistido sobre la precaución! ¡¿Por qué vienes ahora con esta despreocupación?!-cuestionó la chica, separándose de una sorprendida Layla.
-Sora…
-¡No lo entiendo! ¡No te entiendo, Layla-san! ¡Quiero, pero no logro hacerlo!-chilló la joven, incapaz de aceptar respuestas.
-Sora…-volvió a llamar Layla.
-¡Te vas…! ¡Huyes! ¡No dices nada! ¡Estoy insegura!-terminó por decir, sentándose al lado contrario de la cama. Y Layla quedó hecha añicos…

La joven rubia miró a su compañera con atisbo pesaroso y culpable; más que eso: temeroso… Sora… Ella a su lado, no sentía seguridad y mucho menos confianza… ¿Cómo pudo haber ocurrido eso? Y lo peor: ¿por qué de un momento a otro? Temor, temor: terror, se apoderaron de su corazón, mas, sin embargo, decidió optar por el camino positivo.

-Lo lamento…-habló con esfuerzo-. Siento haberte hecho sentir así… Pero… Sora… En ningún momento he querido separarme de ti… No otra vez…-la joven no dijo nada, y eso le dolió; dolió que ella no creyese en su palabra.
“Tienes que entender que a mí me cuesta expresar mis sentimientos, pero nunca he planeado alejarme ni alejarte… Discúlpame por ser tan miedosa… Yo creí que… entre nosotras no había necesidad de manifestar palabra alguna, pero me equivoqué…”.

La joven se acercó hasta una callada Sora, y alzó aquel mentón tembloroso; sorprendiéndose de encontrar lágrimas, y ésta no dudó en acompañarle con las propias, las cuales se desparramaban sin pudor.

-Te amo, Sora…-Layla posó ambas manos sobre las mejillas de la nipona-. Estoy siendo sincera… Yo quería hacerlo de otra manera; una que correspondiera a la situación, pero…

La joven abandonó una de las manos que tenía apresada sobre las humedecidas mejillas de Sora, llevándosela con cuidado hasta su bolcillo izquierdo; extrayendo finalmente de él una cajita afelpada. A Sora se le detuvieron dos latidos seguidos. ¿Qué estaba planeando la rubia?

-¿Puedes…? ¿Quieres abrirlo?-preguntó la joven sumamente nerviosa; tan sonrojada como la misma Sora.
-¿Layla-san…?-la joven le miraba turbadamente.
-¿Por favor?-rogó Layla, perdiendo la escasa dignidad que le quedaba. Sora asintió y palideció… La joven rubia se sintió aún más insegura, preguntándose si había hecho lo correcto-. ¿Y?-demandó tímidamente.
-Yo…-un par de gargantillas de oro puro, reposaban en la aterciopelada caja. Sora no entendía o no quería comprender el significado de aquello.
-¿No te gustan?-preguntó con el mismo tono de voz que emplean los niños cuando regalan por primera vez un chocolate a su primer amor.
-¡No! Es decir: sí… Son bellísimos…-susurró, mirando la bella talla hecha, seguramente a mano: unos hermosos y gallardos fénix destellaban del joyero-. Pero… no entiendo el… motivo… Es decir…-la chiquilla carraspeó después de sentir el desierto de Atacama sobre su garganta-. Layla-san… ¿Tú estás… eso?-cuestionó nerviosa.

La aludida se sonrojó, asintiendo frenéticamente, mirando a todos lados, excepto a donde realmente tenía que hacerlo.

-Quiero que lo nuestro sea más serio… ¡Formal…! Quise decir…-Layla se mordió los labios, sintiéndose sumamente intranquila, pues, la joven que amaba no decía nada…
-Pero…-Sora miró perdidamente al par de joyas…
-Es mi… Es mi manera de hacerte saber que… Sora-la joven por fin se armó de valor y enfrentó a la estrella de Kaleido-. Quiero que seas parte de todo lo que soy; de todo lo que vivo… Y no tan sólo eso… Ésta es la manera de hacerles entender a los demás que no pienso ocultarte; ya nunca más.
-Layla-san…-murmuró la chica, sumamente ruborizada. La mirada de Layla era decidida y fuerte: había vuelto a renacer el Fénix Dorado… Pero, también en él se reflejaba la verdadera Layla Hamilton. Sora simplemente abrazó a una impresiona rubia, quien le correspondió torpemente el gesto.
-¿Eso quiere decir que… sí?-susurró la chica en un juguetón tono.
-¡Sí! ¡Claro qué sí!-Layla sonrió, besando nuevamente sus labios.
-Te amo, Sora… Te quiero mucho, mucho… mucho…
-Yo también… Layla-san… Te quiero…
-Entonces volvamos-La joven rubia sonrió comprensiva, al notar el rostro preocupado de su novia-.No te preocupes… No pasará nada…
-Eso espero… May me va a matar por habérselo ocultado-bufó la chica, sintiéndose temerosa… Layla simplemente le abrazó protectoramente… A la chica de dorados cabellos, ya nada más le importaba; nada a excepción de la dicha que estaba viviendo.
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 15:18

May jugaba con sus pies nerviosamente, la joven todavía no salía completamente de su estupor: Layla-san y su compañera de labores, eran amantes, pareja; o como fuere que se denominase el término de su relación. Siempre había sido consciente de la estrecha relación de esas dos, pero nunca dimensionó hasta que punto… Había sido un duro golpe sísmico; más que nada, por todo el tiempo que ambas jóvenes estuvieron ocultándolo; sin embargo, en alguna lejana parte de ella lo comprendía, pues… May negó con la cabeza, sabiendo que tendría que ser paciente y serena cuando enfrentara al par, no obstante, Ken…
El muchacho contemplaba ausentemente la vista de la ciudad; su estado tan perdido y triste, conmovieron un poco a May; el chico no era malo, salvo, terriblemente torpe…
Ken mantenía la vista sobre un letrero en forma de ojo lacrimógeno, preguntándose impotentemente el porqué de su mala suerte… Por dentro estaba riéndose en llanto; una parte de él siendo aún incapaz de creer lo que hace algunas horas atrás sus ojos habían descubierto… Casualidad o no; destino o no; no quería asimilarlo… Sora… su Sora; la persona que más amaba… Ella…
Los sentimientos que se estaban albergando, eran similares a los que uno sufría cuando perdía a un ser amado; cuando él se iba a la eterna compañía de Dios… Sonaba melodramático, pero así se sentía, ya que, Sora… Ella… Ella jamás… Jamás podría tener a Sora como él anhelaba… Y lo peor de todo, es que había perdido sin haber luchado; sin siquiera saber que la joven ya estaba con alguien más… Difícil momento, pero no insuperable…
Lo peor del caso era la frustración de nunca haber podido confesar sus sentimientos; lo cierto, es que el joven comprendió que tuvo todo el tiempo del mundo para hacerle saber sus sentimientos a Sora, pero la mala suerte, y la timidez, terminaron por jugarle una mala pasada… Era irónico… Un amor que terminaba abruptamente, pero que, sin embargo, nunca fue real… Nunca tuvo la oportunidad de ser realizable… Ahora; en este instante, se sentía como un payazo… ¿Qué haría ahora sin ella? Sin poder siquiera soñar con tenerla entre sus brazos… Quería gritar; golpear a su adversario, pero siendo incapaz de hacerlo, porque simplemente era él… o más bien dicho: ella… No… Sus valores siempre ante todo: jamás maltrataría a una mujer… No podía; aunque quisiese, no podía… Y el sentimiento de ser un pobre diablo, volvió a emerger; sintiendo que todo era una porquería… Adiós a la idea de que ella fuese para él… Ken sentía que no tenía nada, salvo, unas ganas locas de llorar, pero… Debía morderse su dolor y aguantar estoicamente; ya encontraría el lugar y el momento oportuno para dar rienda suelta a su pesar. "Pero… Soy un idiota…". Se dijo, llevándose una mano a la frente.

-¿Oye… estás bien?-preguntó May con semblante preocupado. Ken volteó y le sonrió sin ganas. "Sí; soy un completo payazo…".
-Lo estoy…-murmuró el joven, yéndose directo hacia el sofá. La escritora había llegado: su tortura iba a comenzar.

-Primero…-Layla se acercó hasta sus invitados, dejando una bandeja con café-. En primer lugar, quería disculparme por haberles preocupado; fui una irresponsable… En verdad, lo siento mucho.
-¡No! ¡No tiene qué hacer eso, Layla-san!-exclamó May. Layla sonrió, y la joven china se ruborizó; al lado de la actriz, estaba una silenciosa y tensa Sora. May se preguntó por qué del extraño actuar de la estrella de Kaleido.
-Gracias por su comprensión-expresó Layla, llevándose inconscientemente una mano hasta su cuello; sonrió al sentir la cadena de oro. Y no pudo evitar mirar a su cabizbaja compañera. ¿Qué le pasaba? Seguramente la chica estaba nerviosa. Layla entrelazó una de sus manos para brindarle apoyo; Sora le miró risueña.
-Qué tierno, ¿no?-comentó la escritora guasonamente-. Supongo que ya resolviste todos tus pendientes.
-Así es…-Layla no se inmutó, siguiendo relajadamente el juego de su compañera de labores-. Creo que nosotras le debemos una explicación, ¿no es así, Sora?-la rubia actriz intercaló su mirada entre su pareja y los presentes.
-Sí…-susurró la estrella de Kaleido-. En verdad… siento habérselos ocultado, chicos… pero…-Sora miró a una serena y risueña Layla. ¿Por qué no paraba de sonreír?-. Aún no estábamos preparadas para comentarlo con nadie… Y… Ustedes son los primeros.

Ninguno de los presentes comentó algo al respecto. La joven estrella suspiró… "Esto es difícil…". Pensó. Sin embargo, la chiquilla sentía que ninguna de las dos había hecho… Y a decir verdad, no estaban haciendo nada malo; no, cómo para tener que disculparse y dar explicaciones… Sobre todo si se trataba de su vida personal.

-Tranquilas; nadie les está exigiendo explicaciones-comentó una risueña y relajada Cathy.

Ken levantó una ceja sardónica; en su rostro se leía claramente que pensaba lo opuesto; sentía que tenía todo el derecho de saber el cómo, cuándo y el porqué de todo aquello… Esa rubia mujer le había robado sin saber cuándo; el amor de su vida: tenía derecho a enterarse del comienzo de toda esta parafernalia.
Por otra parte, May estaba en una nube, de la cual no quería bajar; le daba exactamente lo mismo si la nipona y la norteamericana, revelaban la razón de aquella oculta relación; total era su vida… Además, ella hacía tiempo que se había hecho a la idea de que el amor que sentía por Layla jamás sería posible.

-¡Total! ¡Ya lo sabía!-terminó por decir una escritora muerta de la risa. Layla parpadeó sorprendida-. ¡Ah! ¡No mires así, Layla! Eres muy evidente…-la joven rubia bufó abochornada-. ¡Por Dios! ¡Tendría que ser muy idiota al no saberlo!-la risotada enloquecida de Cathy, contagió a las dos chicas: Macquarie y May; Ken se mostraba inmutable.
“¡Miren!-exclamó Cathy, enumerando con sus dedos-. Descansos prolongados, llamadas a tu móvil siempre a una determinada hora… Los raros cambios de ánimo…-Layla cada vez se ponía más roja, y los presentes sólo reían-. Hasta un idiota se daría cuenta que estabas enamorada…

Ken se atragantó con su café… Esas descripciones eran las mismas que había tenido Sora durante los últimos cinco meses. "Soy un completo idiota". Y la mirada de May le corroboró lo mismo.

-Pero… ¿Desde cuándo están juntas?-preguntó May, ya queriendo satisfacer su curiosidad; y de paso, auxiliar a un abochornado Ken.

Layla y Sora se miraron confusamente… ¿Acaso alguna de ellas lo sabía con exactitud? Para ambas, su relación nunca había tenido un comienzo formal, puesto que desde siempre se habían sentido sumamente atraídas la una por la otra… ¿Cuándo fue el momento exacto en que su relación adquirió una profundidad más seria? Ambas lo desconocían…
Para una, fue desde el primer momento en que fueron compañeras y “rivales” de escenario… Para la otra, que era mucho más inexperta e ingenua; fue desde que hicieron la Técnica Fantástica…

-¿No me digan que no lo recuerdan?-bufó con gracia Cathy.
-¡Por supuesto qué sí!-exclamó ofendidamente Layla-. ¿Por quién me tomas, Cathy?
-¿Por Layla Hamilton?-respondió la escritora con transparente voz irónica.

La aludida se sonrojó, cruzándose de brazos. La escritora había dado en el clavo, y estaba segura de que, cada vez que la escritora tuviera la oportunidad, no perdería el momento para sacárselo en cara; o bien, lanzarlo como un chiste en doble sentido.

-Nosotras… Pienso que no tenemos porqué responderles eso…-masculló Sora algo enojada-. Pero… lo haremos de todas formas, si con eso nos dejan de mirar como si fuésemos una especie de asesinas…-tomó airé y lanzó el petardo-: Estamos juntas desde un poco antes de la obra de “El lago de los cisnes”.

Layla, Cathy, y los demás, quedaron impresionados. Sora observó a su amante, mirándole con un simpático semblante de: “¿Qué? Si desde esa fecha que estamos juntas… ¿No?”.
Bueno, los coqueteos habían comenzado poco después de su última presentación, pero formalmente “cómo parejas”; había iniciado después de “El lago de los cisnes”.
El rostro de Layla era un transparente abanico de sentimientos: confusión, mohína−puesto que para ella lo eran de mucho, mucho más antes…−. Explícitamente, desde su primer beso en el Gran Cañón; sin embargo, también había en su rostro, una cierta frescura satírica.

-Vaya… de hace mucho…-susurró May-. ¡Pero por qué nunca lo dijiste, pedazo de animal!-ladró a Sora con furia.

A la joven nipona se le paró un latido, y enseguida se puso tiesa.

-Porque yo se lo pedí-defendió Layla-. Creo que eso no es lo importante, ¿o, sí?
-¡No… no…! ¡Por supuesto qué no!-la joven china negó rotundamente con la cabeza-. Pero…-calló, mirando disimuladamente a un callado Ken… "Pero muchas personas se hubieran ahorrado aquellas románticas ilusiones…". Se dijo.
-Eso no viene al caso…-dijo seriamente Layla.
-Tienes razón…-apoyó Cathy-. Lo importante es saber por qué demonios huiste como una chiquilla, ignorando la preocupación que se llevaría tu novia.

Y un sonrojó más se llevó la rubia actriz. Sora sólo se mostraba risueña; divertida por la sumisión de su pareja ante una divertida y mordaz escritora. La ejecutiva y directora, le miró a su vez, sonriéndole comprensivamente, y Layla bufó al vislumbrarlo… "Así que fuiste tú quien me acusó ante Sora…".
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 15:22

-Sí; yo lo hice… ¿Y qué?-ladró Cathy. Layla quedó estupefacta… ¡Esa loca mujer leía la mente!-. Y créeme que no dudaré ni un segundo en hacerlo otra vez. ¡Ya sé cuál es tu punto débil, “Layla-san”!-una malévola risa fue el aliño final.
-¡Oye, qué no soy una cría!-explotó Layla.
-Es cierto… Yo también quiero oír las razones-Sora rompió el ambiente risueño, intentando retornar a la seriedad.
-Tienes razón… Yo…-Layla se llevó un poco de café a la boca, queriendo calmar así su nerviosismo-. La razón por la que me empeñé tanto en hacer el fénix… fue… por mi madre…
“A ella le gustaban las historias sobre el fénix, y cuando yo solía ser una niña, ella solía leerme historias sobre él…-todos quedaron en silencio; la joven suspiró, rememorando viejos recuerdos de infancia, y sonrió.
“Mi madre, que tenía cuerpo débil, admiraba a un animal como el fénix, que podía resurgir de sus cenizas… Pero la verdad es que nunca pudo volver como si se tratase de un fénix…-Sora notó lo difícil que era para Layla, seguir relatando aquella historia; la joven se acercó, recargándose cariñosamente en uno de los hombros de la actriz; Layla sonrió y continuó-: Incluso después de su muerte, leía sus libros una y otra vez…
“Por aquel entonces me llamaba la atención que el fénix podía volar entre las llamas, y sin apoyarse en nadie: resucitaba con sus propias fuerzas… Yo admiraba eso…”.
“Y empecé a sentir que quería hacer lo mismo. Por eso pensaba que había otro yo detrás de esa fuerza, pero… Pero la verdad es que mucha gente me ha apoyado…”-. La joven cerró los ojos y se dio aliento para seguir-. Como Sora y todos los demás-su sonrisa aumentó, deteniéndose en su primera amiga-. Macquarie.
-¿Sí?-respondió la otra rubia.
-Fuiste tú quien puso aquellos lirios Escalante, ¿verdad?
-¿Lirios? Ah… Sí…
-A mi madre le encantaban porque le recordaban a un fénix… Después de morir, cuando me paraba a observar la casa, siempre había al menos una maceta de ellos… Sentía como si mi madre todavía me estuviera viendo… Y percibí como si alguien me estuviera apoyando en la sombra, y eso se convirtió en mi motivación…
“Soy muy lenta… No me había fijado hasta ahora, perdóname… Desde la primera vez, hasta ahora, me has apoyado en innumerables ocasiones… Te lo agradezco… “.
-¡De nada! ¡No tiene porqué darlas…! ¡Yo… yo…!-los ojos grises de la joven soltaron en lágrimas emocionadas-. ¡Con sólo escucharlo soy feliz!
-Macquarie… Aprovecha… Layla nunca se jacta de sus debilidades, sobre todo cuando alguien le menciona lo jodidamente despistada que es… ¡Dios! ¡Si tengo que agradecerle la manda! ¡No sé cómo demonios se le declaró a Sora!-Cathy suspiró sobre-actuadamente.

Y… ¡Boom! El momento nostálgico, lindo, conmovedor, se fue por el desagüe; todos quedaron sin habla, pues nadie sabía cómo actuar ante el desatinado e irónico comentario de la escritora.

-Cathy…-Layla estaba roja como un tomate, temblando y apenas conteniéndose de la profunda ira y bochorno que sentía… Sora estaba aguantando a duras puras las ganas de reír.
-Bueno, ¿por qué no nos muestras el fruto de tu “pequeño viaje”?-cuestionó la escritora, haciendo caso omiso a las depredadoras miradas de Layla-. ¡Claro! ¡Lo demás se lo dejamos a Sora! ¿Ne?-guiño sardónico complementado. Sora se sonrojó, haciéndose la tonta.
-¡Cathy…!-ladró la pareja de la acróbata-. Pero tienes razón… Sora…
-¿Sí?
-Necesito que me hagas un favor-Layla se mostraba seria… El juego había pasado a segundo plano.
-¿De qué se trata?-cuestionó la joven.
-Si no hay más que decir… Estaremos esperando en la otra habitación-exclamó Cathy-. Vamos, chicos…
-Sí…-murmuraron los jóvenes.

Una vez a solas; Layla se acercó a su novia, mirándola tiernamente. La joven acróbata no entendía nada…
Inesperadamente sintió que unos fuertes y delicados brazos la estrechaban, ciñéndola hasta un cálido y amoroso aroma. La joven no dudó en responderle el gesto…

-¡¿Qué quieres qué?!-exclamó la peli violeta con pasmo.
-Por favor, quiero que me cambies con tus manos…-Layla se acercó hasta su novia, y le besó ambas manos con devoción-. La persona que más me entiende… La que me ha brindado las alas para resurgir de las cenizas… Ella es la única que puede ayudarme… No hay nadie que pueda hacerlo, salvo, Sora…
-Pero…-la chica no pudo seguir con diálogo, ya que una mano le detuvo el popurrí.
-No soy yo quien te lo pide… Es tu rival… La Layla acróbata…
-Está bien…
-No te preocupes; hazle un buen corte-Layla se sentó completamente entregada a Sora, quien todavía dudaba.

El sol que ya se estaba filtrando detrás de los altos y dominantes edificios, fue entregando sus suaves tintes carmesínos y dorados; despidiéndose lentamente para dar paso a la llegada de la dama nocturna y al albino y rechoncho satélite; a medida que el astro rey se iba echando a descansar; Sora cortaba pausada y cuidadosamente el rubio cabello de su amada… No; su más gran rival e ídolo a seguir… Y muy lentamente cada recuerdo vivido con ella volvían a resurgir… "No, la audición ha terminado…". "Un… Am… ¡Tengo una razón por la que he llegado tarde!". "No me importa lo que haya pasado… ¡Una actuación debe comenzar según lo previsto!". "Pero…". "Vete a casa". "¿Qué tal si me enseñas tu Fénix Dorado…? Para que lo sepas: no consiento que estés aquí". "¡Le demostraré que puedo hacer el Fénix Dorado!". "Estoy sorprendida… Has fallado en la parte final, pero eso era un Fénix Dorado…". "¡Yo amo a Kaleido Stage!". "¡Por favor, déjeme intentarlo de nuevo!". "Le debes una disculpa al público que nos ha venido a ver hoy… Muéstranos tu mejor actuación".

-Sora…
-¿Dime?
-Comparándome ahora con antes de conocerte, puedo ver que he cambiado.
-¿En serio?-exclamó la nipona risueña.
-Sí… Siempre que llegaba el momento de ser una nueva yo, tú estabas allí.
-Lo mismo digo de ti: si Layla-san nunca hubiese estado a mi lado, apoyándome… Dudo mucho que hubiera llegado a ser la persona que soy en la actualidad.
-No lo creo… Tienes la fuerza suficiente para hacer cualquier cosa realidad…-. El sonido de la tijera se detuvo… Y la joven rubia sonrió al escuchar un conocido sollozo, sin embargo, continuó-: Sora… Tú me has cambiado…
-No… es para… tanto…-hipó la chiquilla, tratando de normalizar su ahogada voz.
-Sora… Por eso, de entre todo el mundo, quería que fueras tú quien me cortara el pelo…
-Siempre me he apoyado en ti aunque estuviéramos andando en caminos separados… Y aún así, tus palabras me han salvado…-murmuró la joven, continuando con su labor.
-Sora…
-Incluidas las antes y posteriores al Festival Circense…
-Sora…-la voz de Layla estaba vibrada por las ganas de llorar-. Eso no es cierto… En lo último, yo…
-Las palabras de Layla-san, siempre me han salvado de todo… Me has enseñado a madurar de una manera que, dudo que en otro lugar, en otras circunstancias y mucho menos, otras personas, hubiesen podido siquiera lograr.
-Sora… Sora…-la joven rubia agachó su cabeza y se puso a llorar… Sora dejó a un lado las tijeras, y la abrazó tiernamente.
-Por ello…-la chica nipona estrechó la figura, y susurró cerca de su oído-. Por ello… me sentía un poco frustrada por no poder hacer nada por ti… Al menos; hoy, quiero ser tu fuerza…
-Sora…-Layla entrelazó las manos que estaban entretejidas en su cintura-. Si lo que quieres es darme fuerzas, me has dado demasiadas… Estoy completamente feliz de haberte conocido… Y me va a faltar vida para agradecerle a Dios por haberte enviado a mi lado…
“De todas las personas que he conocido en mi vida, te estoy agradecida desde lo más profundo de mi corazón, Sora”.

La joven sólo apretujó aún más el estrecho, respondiendo apenas un audible: “Gracias…”. Ambas quedaron en un apacible silencio.
Sora había retornado a su labor, cortando diligentemente el bien cuidado cabello de Layla; todavía sintiendo el nudo en su garganta; no podía aguantar las ganas de llorar; no tras haber escuchado aquellas hermosas palabras; dichas nada ni nada menos, por la persona que más quería en todo el mundo.

-Ya he terminado…-susurró la joven, todavía soltando algunas lagrimitas de felicidad.

Layla se irguió, dando una vuelta completa; sonriendo coquetamente a una risueña Sora. Y justo en ese instante, una impacientada May abrió la puerta.
Los presentes quedaron sin palabras ante la nueva yo de Layla Hamilton; un cambió drástico, pero se veía increíblemente hermosa; perfectamente análoga a los cuadros y estatuas de las Musas y Ninfas griegas…

-¡Qué bien…!-exclamó una emocionada Macquarie.
-Gracias, Sora…-susurró la joven actriz, sintiéndose un poco tímida.
-De nada… Señorita Layla-suspiró la joven, haciendo una reverencia.

Para Sora; Layla era alguien especial; único e irremplazable… Antes de conocerla, ella no confiaba en sí misma, sintiéndose preocupada e inútil; a veces frustrada por caer siempre en el yugo de sus indecisiones… Pero… Ahora; mirando atrás, todo le parecía mentira… Más cuando se trataba de su relación…
Y ocurrió… El calor comenzó a nacer y emanar en su interior… La joven miró a una tímida y siempre brillante Layla, y repentinamente lo descubrió… La joven sonrió, sintiendo que el entendimiento venía por sí solo…

-Sora… ¿Qué…?-Layla parpadeó turbada por la extraña manera de mirar de su novia-. Ya entiendo… Puedo ver llamas en tus ojos…-concluyó con una amena y orgullosa sonrisa-. ¿Has encontrado a tu fénix… verdad?
-¡Sí! Está frente a mis ojos…-exclamó la estrella con devoción.
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noyfileen_22
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   10/9/2008, 15:28

"El fénix no es algo especial… Es algo que existe en todo el mundo, con la forma de deseos y sueños…".
"Los sentimientos que algún día se harán realidad… Las emociones de un pasado que se quiere recuperar…".
"No importa cuántas veces se convierta en cenizas… Siempre que no se rinda, volverá con ardor…".
"Son nuestros sueños preciados… ¡Ahora, lo que arde dentro de mí, son mis sentimientos hacia ti! ¡Mi pecho se enciende! ¡Layla-san, eres mi fénix! ¡Siempre, siempre… hasta que el tiempo se desvanezca…! Nuestro amor… Por siempre arderá, incluso más de allá de nuestra muerte y vida eterna… Como un fénix…".

-Por fin he sido capaz de venir hasta aquí contigo, papá…

Layla se acercó modestamente, depositando sobre un albino y pulcro epitafio un bello ramo de lirios Gloria… La joven suspiró, tocando con sus dedos el relieve de aquella lapida, la cual decía: Rola Hamilton.

-Sí-respondió concisamente su padre, aguantando a duras penas las ganas de llorar. Hacía tanto… tanto que no venía a este lugar… Y su hija… Se enorgulleció de ella: fuerte e impasible como un inmortal.
-¿Ha pasado mucho…? ¿Cierto?-murmuró la joven, derramando sinceras y serenas gotitas de agua salada.
-Así es…
-Ésta es… Esta es la primera vez desde el entierro, ¿verdad?
-Ayer vi tu actuación…-la joven no dijo nada, estaba sorprendida…-. Me recordó a cuando Rola estaba viva…
-Sí… Por aquel entonces yo era una llorona…
-Sí-el hombre no pudo evitar dejar salir una sonrisa nostálgica-. Por cierto… Jovencita… ¿Por qué no te acercas?-el padre de Layla volteó ante una tímida silueta, quien se mantenía en una prudente distancia; no quería moverse del lugar que estaba.
-Sora… Ven… Hay una persona a quien te quiero presentar-Layla extendió su mano, esperando a que su prometida y compañera se acercase.
-Sí…-respondió la joven, caminando hasta las dos figuras que esperaban por ella. Sonrió al sentir el cálido tacto de su pareja; la chiquilla miró a un estoico Señor Hamilton, quien no daba muestras de comentar nada.
-Madre…-susurró la actriz-. Ésta es Sora… Ella es la persona que más quiero…-Layla sonrió a su novia y luego cambió su mirada ante el epitafio-. Sora…
-Encantada…-susurró la joven estrella de Kaleido, inclinándose y depositando otro ramo de lirios Escalante.
-Debemos irnos…-dijo el Padre de ambas mujeres.
-Sí… Adiós, mamá… Vendremos a visitarte luego, no desesperes…-Layla tomó una mano de Sora, entrelazándola cariñosamente con la de ella.

Las tres personas se marcharon lentamente del paraíso sosegado de aquellas esencias taciturnas. Sora volteó para mirar por últimas vez el lugar en donde descansaba la madre de Layla, y se sorprendió al ver una bella figura: una dama alta y rubia, estaba devolviéndole la mirada con infinita ternura y felicidad; placidez que era incomparable de describir; cuando la joven quiso volver a mirar, aquella silueta había desaparecido.

-¿Te encuentras bien?
-Sí… Creo que a partir de ahora no tendré que preocuparme más por ella… Ha encontrado a alguien que la cuide… Me alegro-susurró la mujer con infinita alegría.
-Es hora de volver…-susurró la voz con en tono pacífico y profundo.
-Sí…-Rola miró por última vez a sus dos tesoros… No… Más bien dicho: tres; puesto que también, había un tercer miembro que debía proteger-. Será entretenido encontrarme con sus padres…
-¿Tú lo crees? ¿Por qué…? ¿Ahora tendrán temas en común?-lanzó la voz, para luego mostrarse como era en realidad: un bello Ángel… Rola posó su mirada sobre su protector y amigo.
-Sí…

En la antigüedad, el Ave Fénix era el símbolo de la inmortalidad del alma…
Otro tipo de simbolismo o significado que se le daba al Ave Fénix, era el de la esperanza, ya que representa el valor que nunca debe morir en el hombre.
La tradición cristiana primitiva adoptaba el Ave Fénix como un símbolo de la inmortalidad y de la resurrección, asimismo, pienso que el Ave Fénix, también encarna el renacimiento para cualquier persona y tipo de organización sea cual fuere su condición; teniendo así, la oportunidad de renacer hacia un futuro mejor y más pleno; siempre y cuando estemos dispuestos a lograrlo con nuestro máximo esfuerzo…
No importa cuánto dudemos de lograr nuestro cometido; y no interesa las veces que erremos; lo importante es pararse y seguir caminando; la vida entrega pruebas y situaciones que son buenas y malas… No importa que nos perdamos de vez en cuando en ellas… A veces perderse en la indecisión y en la incertidumbre, son necesarias para comenzar otra vez… Como un Fénix…
¡Qué esperan! ¡Vayan y renazcan al igual que aquella ave! Nuestra vida siempre es un renacimiento constante y distinto… No duden, ya que, de seguro un bello Fénix renacerá frente a su espejo…

Fin



PD: Gracias por haber leido la versión :friki: del 5to libro de HP... Miren nada más lo que hace el estrés... Si el posible encontrar oro en un pañal defecadito de bebé... Bye!!!! Gracias!!!!

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Carlisle
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   3/5/2009, 13:11

ay ese ova como lo ame T_____T
y tu historia wow *//* m la imagine toda sin problema
q bonitaT_T
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felina
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   20/5/2012, 20:01

me gusto mucho tu historia noyfileen_22, me gusta como escribes y gracias por esta linda historia XD
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MensajeTema: Re: La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...   

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La Leyenda del Fénix Dorado... Basado en el Ova...
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