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 Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]

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kconniye
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MensajeTema: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 20:51

Titulo: "Bajo el cielo y las estrellas de Volkonok y Kotenok"
Autor: Victoria_V



Capítulo I

- ¡Alabado sea el Señor, hermanos! - gritaba el sacerdote de una iglesia ortodoxa en un pequeño pueblo de San Petersburgo - ¡Bendícenos porque sin ti no somos nada, sólo somos polvo! Amados, hermanos, sin nuestro Padre Celestial no somos nada.
El sacerdote estuvo predicando durante una hora más. Luego realizó la última oración para culminar.
- ... y perdónanos por nuestros pecados. Amén.
La congregación salió y cuando la iglesia estuvo vacía él la cerró e hizo lo mismo. Ahora debía llegar a encontrarse con unos amigos... Debían planificarlo todo para cumplir su misión celestial.

Esa tarde condujo hasta llegar a la casa de un amigo, donde estarían reunidos otros "hermanos". No tuvo que tocar a la puerta, solamente abrió y entró. Ya los demás estaban allí reunidos; eran tres, además de él.
- Dios los bendiga, hermanos - dijo el sacerdote al entrar a la sala de la casa y encontrarse con los demás.
- Amén - contestaron los otros tres al unísono.
- ¿Ya contactaron a Fedya? - preguntó el sacerdote, quien se llamaba Danislav.
- Sí, Dani, ya lo contactamos - contestó el menor de los hombres, un alto de cabello rubio y risado - Él está dispuesto a ayudarnos a llevar a cabo nuestro objetivo... La misión que nuestro Padre Celestial nos ha encomendado.

Fedya... por un momento el sacerdote Danislav recordó cómo lo había conocido. Había sido en la prisión, cuando el sacerdote y algunos miembros de su cangregación hicieron una visita comunitaria a la prisión estatal de Moscú, donde llevaron "la palabra". En aquella prisión tuvo la oportunidad de conocer a algunos convictos, entre los cuales se encontraba Fedya. ¿Qué era lo que había hecho Fedya para estar en aquella prisión, siendo un joven de tan buen espíritu?, era la pregunta que se había hecho Danislav al conocerlo. Luego se enteró de que estaba en aquella prisión por motivos injustificados... Simplemente había intervenido en un concierto cuando subió al escenario e intentó asesinar a puñaladas a dos cantantes... Pero eran dos perdidas, había pensado el sacerdote. Según Danislav no había derecho de arruinar la vida de un hombre como Fedya por intentar atacar a dos perdidas. Más tarde el sacerdote se enteró del nombre de las cantantes... se conocían como "t.A.T.u." y según él eran la madre de todas las perdiciones.

- ¡Hey! Hombre, despierta. ¿En que estás pensando? - le preguntó el joven rubio a Danislav.
- Eh... nada, disculpen. Solamente pensaba. Y... dime, ¿Entonces que te dijo Fedya en concreto?
- Está dispuesto a llevar a cabo el plan... tal como le propusimos.
- Perfecto... ¿trajeron los videos? - preguntó Danislav.

Ante la pregunta otro de los hombres que estaba allí encendió el televisor y la videocasetera, y comenzó a correr una grabación de un concierto de t.a.t.u., seguida por entrevistas y diferentes aparicines del dúo en los medios de comunicación.
- Estas dos son las pecadoras que el Señor nos ha encomendado le enviemos... - decía Danislav - Hermanos, ellas una vez fueron gente inocente... hasta que el "Enemigo de las almas" se apoderó de ellas y les ordenó esparcir la semilla del pecado por toda la tierra. ¡Es por eso que nuestro Señor nos ha encomendado eliminar a estas "servidoras del enemigo". Porque... díganme ustedes, ¿Es justo que estas dos mujeres contagien a los niños inocentes? ¡No, hermanos! Hasta aquí han de servirle al "Enemigo". ¡Luchenos, hermanos!
- ¡Luchemos! - respondieron los demás.
- Ellas se estarán presentando mañana en el Estadio. Es ahí cuando tendremos nuestra oprtunidad.

Yulia y Lena se estarían presentando al día siguiente en el Estadio de San Petersburgo, donde llevarían a cabo un concierto. Danislav y su grupo esperaban llevar a cabo su "misión" ese mismo día. Esperarían a que terminara el concierto y, según lo planificado, a que las chicas salieran del Estadio hacia su hotel. Era aquí en donde entraba en juego Fedya, quien se acercaría a las chicas.

El sacerdote Danislav y su hermanos en fe continuaron señalando los defectos y pecados del dúo, y las miles de razones por las que El Señor les había encomendado la misión.

Esa tarde de abril en San Petersburgo Yulia y Lena decidieron salir del hotel en donde se estaban hospedando. Al día siguiente sería el concierto y querían estar relajadas. Así que optaron por salir y dar una vuelta, solamente caminar. Para no ser reconocidas Yulia llevaba puesta una vicera roja y Lena llevaba una gorra azul; ambas tenían puestas unas gafas oscuras.

Estaban caminando cerca de un parque, así que decidieron sentarse por un momento en uno de los bancos; ya que casi no había nadie y no esperaban ser reconocidas por la poca gente que había. Lena se limitó a permanecer callada mientras miraba hacia una fuente que estaba cerca de ellas, donde varias palomas se acercaban a beber agua.
- ¿En qué piensas? - le preguntó Yulia al mismo tiempo en que le acariciaba la mano.
- ¿Eh? Ohh... en nada - contestó Lena, volteando el rostro hacia su pareja.
- Algo a de estar pasándote por esa cabecita - le replicó Yulia - Conozco esa mirada.

La pelinegra acercó sus labios a los de Lena y se fundieron en un suave y tierno beso. Esa era una de las cosas que adoraba Lena de la pelinegra... que Yulia sabía exactamente cuando debía comportarse con ternura, y cuando debía besarla con fiereza... besarla con tal rudeza que la hiciera sentir cómo se adueñaba de su alma.

La pelinegra volteó su mirada por un momento. Entonces se distrajo al ver jugar a unos niños. Eran dos; parecían tener de 4 a 6 años de edad. A ellos se acercó otro niñito más o menos de la misma edad. A Yulia le llamó la atención que aquel último niño era muy torpe; se la pasaba cayéndose y tropezándose con todo lo que se le atravesaba de frente, pero eso no lo detenía y se volvía a levantar para continuar jugando. A la pelinegra se le escapó una risa. Entonces Lena volteó para ver la causa de las risas de Yulia. Una sonrisa se dibujó en los labios de la pecosa Lena.
- Podríamos reír por esta razón todos los días... - comentó Lena, sin apartar su mirada de los niños - en nuestra casa. Podríamos... si tú quisieras.

La sonrisa se borró de inmediato de los labios de Yulia, y volteó hacia su amada Lena.
- Amor, ya hemos hablado de esto - objetó Yulia - Aún no estoy preparada para ser madre. No me siento preparada para que tengamos hijos, Lena.
- ¡Pero te gustan! ¿Crees que no me doy cuenta?... Además, yo sí estoy preparada.
- No, Amor, ahora mismo ninguna tenemos tiempo... Estamos ofreciendo conciertos aquí en Rusia y luego vamos por el resto de Europa. Esta gira nos tomará tiempo y además nos consume demasiada energía. No po...
- Ya, Yulia, ya - la interrumpió Lena, un tanto molesta ya que Yulia siempre encontraba una excusa para negarse a que tuvieran hijos. Si no era una cosa era la otra - ¡Si no quieres que tengamos hjos lo único que tienes que hacer es decírmelo y ya!
- Pero, Lena no es que yo no quiera y tú lo sabes. Me encantaría que tuvieramos hi...

De repente las palabras de la pelinegra fueron opacadas por el grito de uno de los niños que habían estado viendo jugar. El último que había llegado, el que Yulia notó algo torpe, estaba tirado en el piso. Uno de los otros niños lo había empujado y se había ido corriendo. Yulia se levantó de inmediao para correr hacia ellosy ayudar a levantar al pequeño. Pero antes de que llegara el niño "torpe" se levantó y una mujer que al parecer era su madre o su nana se acercó a él y lo retiro del otro niño que quedaba. Entonces la mujer se acercó a un banco que estaba cerca de Yulia y Lena y dejó al niño ahí sentado mientras ella se alejó un poco y comenzó a hablar con otra mujer.

Yulia volvió a sentarse junto a Lena.
- Pensé que se había dado un golpe - comentó la pelinegra.
- ¿Ves? Estás algo preparada... Al menos reacionas de inmediato al escuchar el grito de un niño - comentó Lena.
- Lena... Otra vez con el mismo tema - replicó Yulia en on tono muy suave. Ya estaba cansada de lo mismo. No sabía porqué Lena no entendía sus razones si eran tan claras - Te he dicho que antes de penar en niños sería mejor que nos casaramos... Ya sabes, por eso de darles el mismo apellido.
- Entonces hablemos sobre eso.

¡Ohh no! Eso fue un golpe al estómago por parte de la pelirroja. Ya habían hablado del asunto miles de veces y siempre terminaban enojadas.
- Lena, no es momento de hablar de matrimonio - dijo Yulia comenzando a sentirse exasperada - se supone que estemos relajadas para el concierto de mañana.
- Tienes razón - optó por decir Lena, pero no pudo ocultar la cara de enojo - Ya prendí que para hablar de esos asuntos contigo, nunca es la ocasión.
- ¡No te enojes, Lena! Sabes que tengo la razón. Ya habrá tiempo luego para hablar sobre esto.
- Sí, ya habrá tiempo. Por poco nos casamos en el año en que participamos en Eurovisión, pero como no ganamos... Entonces dijiste: "para el otro año nos casamos". ¡Y mira! ¡Ya han pasado dos años !

Ellas continuaron discutiendo sobre su diferencia de opiniones, hasta que una infantil vocecilla las interrumpió.
- Hola - dijo la voz de un niño.
Ambas voltearon hacia él y se fijaron que era el niño "torpe".
- Hola, amiguito - respondió Yulia en tono amistoso, cambiando la expresión a una más dulce.
- Hola - dijo, Lena - ¿Cómo te llamas?
- Anatoliy - contestó él.
- ¿Cómo estás, Tolya? - le preguntó Yulia, al mismo tiempo en que se acercaba y agachaba junto al pequeño.
- Bien... Eh... ¿Ustedes son t.A.T.u.?

Las chicas se miraron a la cara y sonrieron. Era un niño tan pequeño... les sorprendió que escuchara su música.
- ¿Tienes nuestro CD? - le preguntó Lena, al acercarse junto a él y a Yulia.
- Mi hermana lo tiene y yo las escucho cantar. ¡Ella tiene todos sus discos! - explicó el niño - ¡Yo escucho tanto sus voces que las puedo reconocer aunque no estén cantando!
En ese momento el niño se inclinó y sus manos comenzaron a pasar sobre las pequeñas flores campestres que había en el piso. De todas las flores escogió las dos más feas y secas. Se las dió a las chicas.
- Estas son para ustedes. Son las más bonitas, así como deben ser ustedes - dijo el niño.

Fue entonces cuando Yulia y Lena se dieron cuenta de que el niño no era torpe... era ciego. Yulia se quitó las gafas que llevaba puestas para secarse una lágrima que se había asomado. Ambas se inclinaron y le dieron un beso en las mejillas a Anatoliy.
- Gracias por la flor. Eres todo un caballero - bromeó Lena.

En ese momento se acercó la madre del niño. Lo reprendió por estar acercándose a extraños. Luego Lena y Yulia hablaron con ella. La mujer las reconoció. Las había visto muchas veces en los posters que tenía su hija en el cuarto. No tenía nada en contra de t.A.T.u.... siempre y cuando no inflenciaran la sexualidad de su hija adolescente. Así que el niño terminó pidiéndole a su madre que lo retratara junto a Yulia y a Lena. Quería regalarle la foto autografiada a su hermana. La mujer sacó su cámara y se tomaron varias fotos.

Después de un rato Yulia y Lena se fueron del parque. Por el camino al hotel parecía que todo estaba calmado hasta que emergió de nuevo el tema del matrimonio y de los hijos. Lena estaba totalmente molesta con Yulia... le parecía que solamente le daba excusas baratas y no sabía porqué. A Yulia también le exasperaba el tema. ¿Pero qué rayos le pasa a Lena? ¿Qué no entiende?, se preguntaba Yulia. La noche sería muy larga... Y lo peor es que no se imaginaban lo que les esperaba después del concierto... Su cielo y sus estrellas estarían marcados.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 20:52

Capítulo II

Iván entró al camerino que ocupaban Yulia y Lena en el Estadio, donde llevarían acabo el concierto. Solamente faltaban algunos minutos antes de la presentación. El productor se encontró con que Lena era la única que estaba en el camerino; estaba sentada en un sofá. Tenía sus brazos cruzados y cara de pocos amigos.
- ¿Y Yulia? - preguntó Iván - ¡Por favor dime que está en el baño!
- No sé dónde está - contestó Lena - Y si ya llegó no se ha dignado a pasar por aquí.
- ¡¿Cómo que si ha llegado?! - preguntó el productor al borde de un colapso - ¡Carajo, Lena! ¿Otra vez se pelearon?
- No nos peleamos... Solamente que no nos ponemos de acuerdo sobre un tema. Nos pasamos toda noche hablando sobre es y...
- ¿Hablando o discutiendo?
- ¡Lo que sea! La cuestión es que me vine antes. No iba a pasármela por el camino otra vez escuchando sus excusas baratas.

El productor miró su reloj.
- Ya falta poco para que empiezen la función. ¡Más le vale a Yulia que esté por llegar!
Sacó su celular y marcó el número de la pelinegra. La localizó y le dió una buena regañadiza.
- Está en el cuarto de las bailarinas - le dijo Iván a Lena - Quiero que vayas a encontrarla, Lena. Hablen y pídanse disculpas... o lo que sea. No quiero que este mal humor que traen se note en el escenario.
- ¡Ja! No voy a hablar. ¡Que venga ella! Además este no es tu asunto, Iván... Es un problema de pareja y tú sales sobrando.
- ¡Pero da la casualidad que ustedes trabajan conmigo y que de lo que estamos hablando aquí es del éxito de un concierto, que sí es de mi incumbencia... por lo tanto no quiero que se vea afectado por sus probemas personales! Así que anda... Además, ¿qué pasa contigo, Lena? La de la cabeza pensante aquí siempre has sido tú ¡No te estés comportando como Yulia, que ya bastante tenemos con una!

Lena se levantó a medio refunfuñar y salió del camerino. Después de todo Iván tiene razón. Será mejor que hablemos antes del concierto..., pensó la pecosa mientras caminaba por el pasillo, hacia el camerino de las bailarinas. Cuando estaba llegando, vió a Yulia frente a la puerta del camerino de las bailarinas. La pelinegra estaba comportándose muy amistosa y coquetamente con una mujer. Yulia no ocultaba su coqueta sonrisa y la otra mujer tambien sonreía.

¡Ja! ¡Claro, no quiere que nos casemos aún para seguir de coqueta con todo el que se le cruze de frente!, pensó Lena... aunque no estaba pensando con claridad, ya que de por sí estaba enojada con Yulia. Entonces se alejó del lugar sin que Yulia la viera.

La mujer que estaba junto junto a Yulia escuchó los pasos de Lena al alejarse y volteó para mirar.
- ¿No es esa tu novia? - le preguntó la mujer a Yulia.
- Sí, es ella - contestó la pelinegra al fijarse en que Lena se alejaba - ¡Hey, Lena! ¡Ven un momento para que te hagan unas preguntas! ¡Lenaaaaa! - gritó Yulia.
- Que lástima que no escuchó. Me hubiera gustado entrevistarla a ella también.
- Ehh... bueno, parece que no escuchó.
Yulia siguió siendo estrevistada por aquella mujer, quien Lena ignoraba que fuera una periodista. Lo que causó que la pelirroja se enojara aún más de lo que estaba contra Yulia.

Durante el concierto las chcas estuvieron estupendas. El público estuvo aclamándolas durante cada canción. Finalmente cuminó y las hicas volvieron ras el escenario hacia el camerino. Estaban exhaustas y lo primero que hicieron fue sentarse; Yulia se tiró sobre el sofá y Lena se acomodó en una butaca.
- ¿Te vas a quedar enojada por siempre? - preguntó Yulia - Ya te dije que cuando lleguemos al departamento en Moscú, hablaremos de todo esto... matrimono... niños. ¡De lo que quieras, Nena! ¡Ya quita esa cara, Lena! Te vas a arrugar antes de tiempo.

Yulia sonrió dulcemente y la respuesta de Lena fue arojarle con suma fuerza uno de los cojines que estaban junto a esta.
- ¡Demonios, Lena! - gritó Yulia al mismo tiempo en que se ponía de pie - ¿Qué te pasa? ¿Ahora qué?
- ¿Quién era aquella mujer con la que hablabas?
- ¿Qué mujer? ¡No estaba hablando con ninguna mujer!
- Ahh, ¿no la recuerdas? ¡Aquella de pelo castaño que estaba frente al camerino de las balarinas! - dijo Lena en un tono de voz más alto y molesto.
- ¡Lena, no empieces con tus celos! ¿Cómo es posible que a estas alturas me salgas con esos celos? ¡Sabes que he cambiado mucho desde que nos conocimos! Mis tiempos de picaflor ya pasaron... No pondría en riesgo nuestra relación por nadie. ¡Te amo! - comenzó a decir Yulia, un tanto exasperada por los celos de su compañera.
- Entonces, ¿quién era?
- Una reportera.
- Sí, claro - comentó con desconfianza la pelirroja.
Luego Lena se cambió de ropa y se dirigió hacia la puerta.

En ese momento alguien tocó a la puerta. Luego entró; era Iván.
- ¿Otra vez con lo mismo? - preguntó Iván al observar los rostros de las jóvenes.
Ninguna contestó. En lugar de eso Lena dijo:
- Ahora regreso.
- ¿A dónde vas? - exigió saber Yulia. La pelirroja no contestó y salió enojada del camerino.
- ¡Lena, Lena! - gritó Yulia - ¡Con mil demonios!

Iván permaneció mirando a Yulia, quien se sentó algo furiosa. Luego ella se pasó las manos por el rostro y dijo:
- Quiere que tengamos hijos.
- ¿Y tú no los quieres tener con ella? - le preguntó Iván.
- ¡Por supuesto que quiero tener hijos con Lena! ¡La amo! ¡Ella es mi vida!
- ¿Entonces?
- Es mucho más complicado que eso...

Alguien volvió a tocar a la puerta en ese momento. Iván preguntó que quién era, y los guardias que estaban en la parte de afuera le respondieron qu era un camarero. Le permitieron el paso.
- Buenas noches - dijo él, entrando con un carrito de dulces.
- Que extraño que vuelvan a enviarles algo de comer a las chicas... Aquí ya han puesto comida sufuciente - comentó Iván, al mirar hacia la mesa que estaba en el centro del camerino; la cual estaba repleta de diferentes platos y frutas.
-¡Ja! Ya ve... Estas chicas son muy consentidas aquí - comentó el camarero al colocar los platos en la mesa.

Luego se acercó a Yulia y le pidió un autógrafo, el cual ella le dió.
- ¿Y su compañera? ¿Podría darme el autógrafo también?
- Ella salió un momento - contestó la pelinegra.

El camarero salió y alejándose del lugar sacó su celular y llamó a alguien.
- ¿Fedya? - dijo el camarero - Soy yo, Danislav... La otra chica está fuera del camerino. Encuéntrala... Sí... Haz lo que tienes que hacer.

Lena se había salido del Estadio por la parte trasera, para que nadie la viera. Estaba tan molesta con Yulia que no quería verla por un buen rato. Así que había decidido irse en taxi hacia el hotel. Ni siquiera le había avisado a Iván. De lo que no se dió cuenta la joven era de que alguien la estaba siguiendo; era un hombre. La chica permaneció caminando hasta alejarse de la multitud que estaba fuera del estadio.

Yulia se a preocupar si no llego al camerino, pensó la pelirroja. Después de todo... ¿me estaría diciendo la verdad? Sí... Aquella mujer debió ser realmente una reportera. No sé ni porqué me molesté... Después de todo ella siempre ha sido una coqueta y se ríe con todo mundo... y yo siempre lo he sabido; estoy acostumbrada a eso. Será mejor que vuelva. Yulia tiene razón y debemos hablar sobre todo esto en el departamento de Moscú.

La pelirroja decidió volver al interior del Estadio, pero en cuanto dió media vuelta tropezó con el torso de un hombre. Ella miró su rostro y el pavor se apoderó de su cuerpo. Lena no lo reconoció, pero era alguien que había intentado apuñalarla a ella y a Yulia... era Fedya.
- Disculpe - dijo Lena, quien intentó alejarse.
Pero el hombre la apretó por un brazo y le preguntó:
- ¿A dónde crees que vas?
- Ehhh...
- ¿No me reconoces?
- ¡Ohh, por el cielo! Suéltame o comienzo a gritar.
- Shhh, shhh... Calladita - el hombre sacó un arma de fuego y se la pegó en la espalda a Lena.

Fedya estaba obligándo a la joven a caminar hacia otro lugar. Lena estaba temblando por completo. Sentía muy próximo su fin.
- Llama a la otra YLS - le ordenó Fedya, cuando se detuvieron en un lugar poco concurrido.
- ¡No conozco a ninguna YLS!
- ¡Anda! ¡Sabes a lo que me refiero! - le gritó el hombre al mismo tiempo en que le daba una cachetada que le partió el labio a Lena - Llama a la YLS que canta contigo y díle que venga.
- No voy a llamar a nadie.

En ese momento un carro se detuvo cerca de donde ellos estaban. Un hombre alto salió del mismo.
- ¿Pasa algo aquí? - preguntó el recién llegado al ver la extraña escena.
Lena intentaba safarse de su apresor.
- ¿Por qué no la sueltas y dejas que la chica se vaya? - dijo el recién llegado.
- ¿Por qué mejor no te vas de aquí y finges que no viste nada? - preguntó Fedya, en tono de amenaza.
- ¡Un momento! Yo te conozco... Eres cantante del grupo t.A.T.u. - dijo el que había llegado.

Entonces el hombre del automóvil sacó su teléfono celular y marcó el número nacional de emergencia.
- ¿Sí? ¿Hola?
- Estoy en la calle # 13... cerca del Estadio... Una cantante del grupo t.A.T.u. está... - comenzó a decir el hombre.
Pero Fedya le mostró el arma que había estado escondiendo y le indicó que se callara. El hombre se puso nervioso y en vez de callarse siguió hablando por su celular:
- ¡Oh, Dios tiene un arma! Envíen ayuda... ¡Nos va a matar...
Fedya levantó el arma y le disparó al hombre en la cabeza.

Los gritos histéricos de Lena no se hicieron esperar, quien intentaba safarze del atacante. Entonces del auto en el que había llegado el hombre que recibió el disparo, salió unpqueño niño que Lena reconoció.
- ¡Anatoliy! - pronunció la pelirroja.
- ¿Lena? ¿Y mi papá? ¿Qué fue eso? - preguntó el niño muy asustado y sin saber lo que estaba pasando, ya que no veía nada.

Sin saber cómo, Lena se vió forcejeando contra su apresor. Pero le era inútil; él era mucho más fuerte. De repente se escuchó otro disparo y otro grito. Anatoliy, el niño, estaba desangrándose en el piso. Todo parecía una pesadilla. Fedya el atacante, desapareció en seguida del lugar, al ver que sus planes no habían funcionado... pero dejó el arma en el piso. Entonces Lena se dejó desmoronar y cayó de rodillas frente al niño. De inmediato comenzó a llorar y tomó el arma de fuego para alejarla del niño. Pronto comenzaron a acercarse algunos curiosos, al ver la extraña escena... Luego llegó la policía. Demasiada gnte miró a Lena junto a los dos heridos, y con el arma de fuego muy cerca.

La pelirroja no detenía su llanto. Estaba a punto de perder el conocimiemto; no se paraba del piso, ni dejaba de temblar. De repente no supo lo que pasaba... Lo único que quería era que Yulia estuviera junto a ella. Pero lo que se le acercó fue un policía, qien le colocó las esposas y la arrestó.

Esta fue la noticia principal que abarcó una gran cantidad de periódicos al día siguiente:

Lunes, 3 de abril de 2005
Cantante de t.A.T.u. asesina
por A.F.A

Lena Katina,la integrante pelirroja del mundialmente conocido dúo lésbico , t.A.T.u., fue arrestada anoche cuando la policía estatal de San Petersburgo la sorprendió en la escena del crímen. La policía había recibido una llamada de emergencia por parte de una de sus víctimas, justo antes de que la cantante le privara de la vida. El hombre, de 40 años de edad, y su hijo de 4 años se dirijían al Estadio Estatal a recojer a su hija y hermana, quien precisamente se encontraba en el concierto del dúo. El señor falleció de camino al hospital, mientras que el niño se debate entre la vida y la muerte. Aún se desconoce el móvil del crímen, pero ya la policía tiene sus hipótesis...
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 20:56

Capítulo III

Por cada latido de su corazón Yulia podía sentir cómo una avalancha de dolor, y al mismo tiempo de desesperación, se apoderaba de sus sentidos y le calaba muy profundamente. Lo peor... lo que le daba rabia era la inevitable impotencia de la que era presa. Nunca antes en su vida se había sentido tan incapaz... Ella comparaba lo que sentía con lo que podía sentir un lobo salvaje cuando los cazadores le capturan a su pareja. Pero hay dos clases de lobos: el que se esconde y observa a los cazadores llevarse a su pareja, y el lucha hasta la muerte por su pareja capturada. Yulia se dió cuena de que era como esa última clase.

La joven cantante se encontraba en el departamento de Moscú. Sostenía una foto de Lena, la había estado observando por algunos minutos... hasta que su visión se volvió borrosa. Fue cuando Yulia se percató de que estaba volvendo a llorar en silencio. ¡Malditas lágrimas!, pensó ella al pasarse la mano por los ojos, para secarse las mismas. ¿Cómo es posible que esto le haya tenido que ocurrir a Lena?
- ¡Maldición! - gritó ella, rompiendo en llanto.

Yulia se levantó de la cama y fue a limpiarse la cara y a arreglarse el maquillaje. Iba a visitar a Lena y no quería que su princesa la viera en ese estado tan deprimente en el que estaba. Había pasado una semana desde el arresto de la pelirroja, en San Petersburgo; y hacía ya dos días que las autoridades de dicho estado la habían extraditado a la Prisión de mujeres número 15, en Moscú.

La pelinegra terminó de arreglarse y cuando estaba por salir sonó su celular.
- ¿Diga? - contestó ella. Era la madre de Lena - Inessa... Sí, ya voy de salida... Mamá y Papá no están en la ciudad, pero ya se enteraron de lo que pasó y van a regresar en cuanto puedan... Está bien... Nos encontraremos allá... Perfecto... Sí. Hasta entonces.
Colgó el teléfono y volvió a sonar.
- ¿Sí?.. Ah, Iván... Sí, los padres de Lena también van de camino... Está bien. Adiós.
Entonces Yulia salió del departamento hacia la prisión.

En cuanto Yulia llegó a la prisión fue conducida a la sala de visitas. La misma era algo amplia, con muchas mesas separadas una de la otra, para que las familia de las confinadas charlaran con estas. Además había guardias por cada esquina.

Pronto vamos a sacarte de aquí, amor... pronto, pensó la pelinegra. En ese momento vió acercarse a una guardia que conducía a Lena hacia la mesa. El tan sólo ver el nada delicado uniforme penal de color marrón oscuro sobre la suave y nívea piel de su amada Lena, Yulia sintió cómo la tristeza, rabia e impotencia se juntaban una vez más para revolverle el alma y un poco más.

La pelinegra se levantó de la silla y terminó con los pocos pasos que la separaban de Lena. Cada una abrazó a la otra con tal vehemencia que parecían fundirse en una sola alma. Acto segudo sus labios se unieron en un profundo beso lleno de amor, pero también de dolor... porque sabían que dentro de minutos tendrían que alejarse de nuevo.
- ¡A la mesa!- les indicó la guardia - Vayan a la mesa - Será mejor que hablen allá.

Ellas fueron a la mesa y se sentaron. Entonces Yulia se fijó en el ojo de Lena.
- ¿Qué demonios...? - la pelinegra le tocó el ojo morado a Lena.
- Me tropezé - respondió Lena antes de que Yulia terminara de formuar la pregunta.
- ¡Dime la verdad, Lena! ¿Alguien te golpeó? - preguntó la pelinegra, sintiendo que su sangre hervía de enojo al pensar que alguien se atrevió a ponerle una mano encima a su novia.
- No, Yulia. Solamente me tropezé. No le des tanta importancia a un tropezón - contestó la mayor de las t.A.T.u.

Yulia no era nada de tonta y no se tragó la mentira, pro comprendió que Lena tampoco quería hacerle cargar con otra preocupación. Así que cambió de tema, y mientras tomó una mano de Lena e insconcientemente la acariciaba, Yulia djo:
- Ahora lo más importante es luchar porque salgas de este lugar... Iván estuvo viendo lo de los abogados. Ya tenemos contratados a los mejores en todo el país. Vas a salir, amor. Ya verás cómo se aclara todo esto.
- ¿Y si no?
- ¡Ya vas a ver que sí! Mira... El miércoles se va a celebrar la primera vista judicial. Estoy segura de que no será necesaria más ninguna. Verás cómo se aclara tu inocencia.
- Yulia... no quiero estar aquí encerrada - dijo la pelirroja, quien no agunató contener el mar de lágrimas que le comenzaron a fluir - ¡No soy ninguna asesina!

La pelinegra se levantó de su asiento y abrazó fuertemente a Lena.
- Lo sé.
- ¡Todo es mi culpa! - dijo Lena -Si no hubiera estado tan enojada contigo jamás me hubiera salido hasta aquel lugar y nada de esto hubiera ocurrido.
- Shhh... No es tu culpa, amor. Si lo vamos a ver así, entonces la culpable sería yo... Fue por mi culpa que estabas enfadada, y que saliste del Estadio. Pero te prometo, Lena... - comenzó a decir Yulia, siento atacada por las lágrimas que tanto odiaba - Te prometo que en cuanto salgamos de todo este problema... nos vamos a casar y vamos a llenar el departamento de todos los niños que quieras.
- Yulia... Te amo.
- ¡Mira lo que te traje! - comentó Yulia para cambiar el humor, dejando al descubierto unos libros que Lena no había notado - ¿Te gustan? Son para que no te aburras tanto.

Lena sonrió y luego compartieron un emotivo beso. En ese momento se acercaron a ellas una guardia penal junto a los padres de Lena e Iván. Al verlos Lena no esperó a que llegaran a ella, sino que se levantó y fue a abrazarlos. Estuveron conversando durante un tiempo, hasta que se termnó la hora de visita. Entoces la pelirroja tuvo que volver a su infierno.

En el exterior de la prisión, cuando ya los padres de Lena se habían ido, Iván le dijo a Yulia:
- Le estás dando demasiadas esperanzas.
- ¿Cómo que demasiadas esperanzas? - preguntó Yulia - ¡Se supone que la tienen que sacar pronto de este asqueroso sitio! ¡Ella no mató a nadie! ¡Maldición, Iván, esto no es justo; tú y yo sabemos que ella no mató a nadie!
- El problema es que el arma tiene sus huellas... sin contar con la cantidad de gente que la vió en la escena del crímen.
- ¡No es posible que esté pasando esto! La tengo que sacar de ahí... ¡¿Te fijaste?! ¡¿Te fijaste en su ojo?! ¡Una estúpida YLS la golpeó! - gritó Yulia, empezando a sentirse exasperada.
- Pues considera una bendición que solamente la hayan golpeado.
- ¡¿Qué?!
- ¡Es una prisión, Yulia! Por si no te has dado cuenta en ese lugar existen muchas mujeres violentas, hambrietas de sexo. Tiene suerte de que sólo le hayan golpeado un ojo... Y Lena lo sabe.

Ante las palabras de su productor Yulia se sintió más desesperada aún. Un eslacofrío producido por todo el barullo de sentimientos de ira mezclado con miedo se apoderó de su cuerpo. Yulia quería volver a entrar a la prisión, no quería dejar en peligro a Lena. Iván tuvo que calmarla y hacerla entrar en razón. La pelinegra no estaba en estado de conducir, así que Iván tuvo que llamar a un conocido para que manejase el auto de Yulia, mientras que él la llevaba en su auto.

A Lena le fue muy difícil despedirse de su familia, al finalizar el horario de visita, pero tuvo que hacerlo. Luego volvió a su celda, que se encontraba en el segundo piso de la prisión. En los dos días que llevaba en el lugar no había querido salir de ella. Lena no quería salir al patio a hacer deportes, ni quería realizar cualquier otra actividad de las que se le permitían a las presas para tenerlas ocupadas. Se la pasaba encerrada en su celda... Y era su celda una de las más envidiadas dentro de esa prisión, ya que poseía ciertas comodidades que no suelen tenerse en un lugar como ese. Tenía televisor, radio, y algunas otras comodidades que dentro de la prisión son un lujo. Todo fue gracias a Iván, quien tiene un amigo que a su vez tiene importantes contactos en el sistema carcelario... y con algo de dinero se pudo obtener este "privilegio" para Lena.

La pelirroja se pasó todo el tiempo encerrada en su celda. Se había distraído leyendo uno de los libros que Yulia le regaló. Al lugar entró otra reclusa, era su compañera de celda; una mujer de unos treinta años y convicta por haber intentado asesinar a su marido, por haberlo encontrado en pleno acto sexual con otra mujer.
- ¡Hey, tú! ¿Cuál me dijiste que es tu nombre?
- Lena - contestó la pelirroja al despegar su vista del libro que leía.
- Bien , Lena. Yo soy Ustinya. Ya es hora de la comida, ¿te vas a quedar aquí sin comer? No te aconsejo que lo hagas... porque por lo que he escuchado tu caso es muy difícil y pasarás aquí un buen tiempo. Así que más vale que te vayas acostumbrando a la comida. No se parece a lo que estás acostumbrada a comer, pero... peor sería nada.

Minutos más tarde Lena se encontraba en el comedor de la prisión. Estaba caminando en busca de una mesa vacía, mientras cargaba su bandeja de alimentos. Se dió cuenta de que en un lugar así era imposible encontrar una mesa vacía.
- ¡Oye, preciosa! - le gritó una reclusa - ¡¿Por qué no vienes a sentarte sobre mi regazo?! Yo te puedo cantar mejor que la mala imitación de mujer a la que llamas novia. ¿Cantar? ¿Dije cantar? ¡Quize decir joder!
- Ja, ja, ja,ja - comenzaron a reírse las otras mujeres que estaban al lado de la que gritó.
Luego muchas más reclusas comenzaron a gritarle a Lena todo tipo de bulgaridades. La pelirroja se sentía muy incómoda. Sentía cómo algunas otras mujeres la devoraban con la mirada.

- ¡Hey, Lena! - le gritó su compañera de celda - ¡Ven, siéntate aquí!
La pelirroja se dirigió hcia la mesa donde estaba aquella. No hizo Lena más que sentarse y a la mesa se acercó una reclusa alta, fornida y de aspecto tosco.
- ¿Hermosura, porqué no vienes a mi mesa? Podríamos conocernos para... divertirnos un poco más tarde.
- No, gracias - contestó Lena, sin despegar su mirada del interior del plato de comida.
- ¿Cómo te atreves a decirme que no? ¿No sabes quién soy, verdad niña?
- ¡No sé quién eres y no me importa, déjame en paz.!

Acto seguido la fornida reclusa tomó por el brazo a Lena y comenzó a halarla hasta su mesa.
- ¡Maldición, suéltame! - gritaba Lena mientras luchaba por zafarse de la otra mujer - ¡Si quieres cogerte a alguien,mejor búscate a otra aquien no le provoques náuseas!
Toda la población penal veía lo que ocurría, pero nadie hacía nada. Todas sabían que Lena era nueva y que no sabía lo que se había buscado por irse en contra de esta mujer... pero que pronto se acostumbraría a someterse a las órdenes de su agresora, pensaban todas.

Cuando llegaron a la mesa de la agresora de Lena, la pelirroja logró alcanzar un plato de comida con el brazo que tenía libre. Se lo arrojó sobre la cabeza a su agresora y en cuanto esta soltó a Lena para poder limpiarse los ojos, la pelirroja corrió del lugar. Una de las integrantes de la "banda" de la agresora de Lena detuvo a la pelirroja. Luego llegó otra mujer más o menos respetada y se arevió a decir:
- ¡Ya dejen a la nueva!

Dentro de unos segundos el comedor se volvió un desastre. Las reclusas habían formado tremendo escándalo. Entonces fue cuando las guardias penales intervinieron. Como Lena era la nueva y no sabía cómo defenderse, terminaron culpándola y castigándola solamente a ella. Se le ordenó quedarse y limpiar el enorme comedor de la prisión.

Más tarde la pelirroja se enteró de que aquella mujer que la había agredido era una de las reclusas más peligrosas del penal. Su nombre era Lizaveta, pero se le conocía por U'ebitsche (Monstruo femenino) debido a la forma en que abusaba de las otas reclusas.

Estaba cumpliendo condena por homicidio premeditado; asesinó a su hermana por el simple hecho de que tenía más éxito que ella. Dentro de la prisión Lizaveta dirigía su propia pandilla; actualmente era la pandilla más organizada y peligrosa dentro del penal... prácticamente eran la ley dentro de ese infierno.

Lena se pasó la tarde completa limpiando parte del comedor, hasta que una de las guardias se apiadó de ella y le dijo que no era necesario segir con la labor. Lena entonces se dirigió hacia las duchas. Ya había pasado la hora de bañarse, ya que por estar limpiando se le hizo muy tarde.

Esto es el maldito infierno... y solamente llevo dos días. No lo soporto. No quiero estar aquí... Todo sucedió tan rápido... ¿Qué estará haciendo Yulia en este momento? ¡Quiero estar con ella!, pensaba Lena mientras se entraba a una de las muchas duchas y se empezaba a quitar el uniforme. ¿Y el niño? ¿Cómo estará Anatoliy? Olvidé preguntarle a Yulia... ¡Por el cielo, que el niño esté bien!

La pelirroja permitió que las húmedas caricias del agua inundaran todo su cuerpo. Quería dejar de pensar, aunque fuera por unos segundos; mientras la espuma que formaba el jabón al ser retregado con vehemencia, se deslizaba por cada una de las curvas que la formaban ... que formaban aquel paradisíaco y sensual cuerpo, según Yulia.

De repente un ruído sacó a Lena de su trance. Era el ruído de unos pasos. Que extraño... Se supone que ya las demás reclusas se bañaron... A estás horas este lugar debería estar vacío..., pensó Lena. La pelirroja terminó de enjuagarse tan rápido como pudo. Se secó y se envolvió en su larga toalla. Se dirigía hacia los vestidores cuando alguien le cortó el paso.
- ¡Mira lo quie tenemos aquí! ¡La cantante t.a.t.u.! No tan aprisa, preciosa... - escuchó una voz que la hizo paralizarse de miedo.

Lena miró hacia adelante tan solo para encontrarse con la reclusa que la había agredido en el comedor, era Lizaveta. Ante su presencia, el rostro aterrado de Lena no se hizo esperar.
- ¿Por qué esa cara? - preguntó con sarcasmo Lizaveta - En el comedor te dije que más tarde nos divertiríamos tú y yo... pues bien, ya es más tarde... Ahora voy a cumplir mi palabra.
- ¡Aléjate de mí! - fue lo único que se le ocurrió decir a Lena - Voy a llamar a una de las guardias.
- ¡Ja, ja, ja, ja! A ver si te escuchan... Y si te escucharan, ¿A quién carajo le importa?

Lizaveta se acercó muy bruscamente a Lena y la comenzó a empujar hacia una esquina. Lena intentaba zafarse de aquella mujer, pero esta la aventajaba en estatura, en masa muscular y en fuerza... le era imposible.
- ¡Ya no te resistas, Tatú.! ¡No hagas las cosas más difíciles! ¿Por qué no quieres hacerlo? ¡Somos iguales! ¡Ambas somos una asesinas, y quizá tú estés más abajo en la escala de repulsiones sociales... porque yo asesiné a una adulta, tú intentaste asesinar a un niño!
- ¡Yo no soy ninguna asesina! - gritaba Lena - ¡Ya suéltame me das asco!
- ¡¿Asco, eh?! Vamos a ver quién es mejor que quién.

La agresora le quitó de un tirón la toalla a Lena, dejándo su piel completamente al desnudo. Cuando Lena sintió que la boca de Lizaveta empezaba besar agresivamente la piel de su cuello, se sintió totalmente perdida. Lena comenzó a llorar fuertemente. De repente volvieron a escucharse unos pasos que cada vez se acercaban más al lugar donde estaba la pelirroja.
- ¡¿Qué diablos pasa aquí?! - preguntó una mujer que había llegado al lugar y vió la escena.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 20:58

La recién llegada era una reclusa de estatura menor a la de Lena, en dos o tres sentímetros . Era delgada pero de músculos notablemente tonificados, de piel blanca pero en un menor grado que el de Lena; su cabello era castaño, lacio y le llegaba a los hombros.

- ¿A ti quién demonios te llamó, Odéen? - preguntó Lizaveta en un tono muy enfadado, ya que había sido interrumpida.
- ¡Suelta a esa mujer, ¿quieres?! ¡Y vé a cogerte a una de tus putas! - le ordenó la reclusa de cabello castaño.
- ¿Estás hablando en serio? Ja, ja, ja. ¿Piensas que te voy a obedecer?
- Verás... hoy he pasado un muy mal día y no estoy de humor para tus estupideces... Así que suelta a la chica y nos ahorrarás tiempo a todas, ¿Sí?
A pesar de de que la mjer de cabello castaño llevaba una marcada desventaja en cuanto a complexión corporal, en comparación a la atacante de Lena, la última mostraba cierto temor ante aquella. Por alguna razón no se atrevía a actuar contra la "salvadora" de Lena.

La de cabello castaño se acercó con suma rapidez a Lizaveta; la tumbó al suelo, casi sin que la otra se diera cuenta. Lizaveta sacó una navaja que tenía escondida bajo el uniforme, pero la otra se la quitó. Entonces terminó echando del lugar a la agresora de Lena.
- ¡Que no se te ocurra acercártele de nuevo!
- ¡E b tvoju mat (jódete)! - le gritó Lizaveta antes de irse - ¡Te juro que esto no se queda así !

Entonces la "salvadora" de Lena volteó hacia la pelirroja. Lena aún estaba temblando de pánico... y completamente desnuda. Se había petrificado del susto. Por un momento la reclusa castaña permaneció con su vista clavada en la desnudez de Lena, lo que ennervó más aún a la pelirroja. Por unos segundos Lena notó algo de lujuria en los ojos de la otra, pero no fue por mucho. La de pelo castaño volvió a reaccionar, se agachó frente a Lena, recogió la toalla y se la devolvió.
- Toma... Cúbrete, Lena.

La pelirroja se envolvió en la toalla y luego empezó a secarse las lágrimas. Su rostro estaba enrrojecido por haber estado llorando.
- Ya deja de llorar y vete a tu celda - dijo en un tono seco la reclusa castaña
- Gracias - dijo Lena, sin dejar de limpiarse las lágrimas - Gracias...
- Ya basta... Vete antes de que provoques a alguien más por aquí.
- No hay... nadie más aquí.

Entonces la castaña levantó una ceja; era como si con su gesto hubiera dicho "¿yo soy nadie?". Lena no supo qué decir, ante la mirada de la otra. Así que se volteó y siguió el camino hacia los vestidores. Se dió cuenta de que su salvadora la había llamado "Lena". Esa noche la pelirroja aprendió una regla vital en la prisión: nunca ir a bañarse a esas horas, nunca ir a las duchas cuando estuvieran solitarias.

Mientras Lena iba por el pasillo la castaña permaneció viéndola mientras se alejaba. Sus ojos fijos en el movimiento de las caderas de aquella. Lena Katina... Jamás pensé que se vería en persona más sensual de lo que se vé en fotos... Jamás pensé que la vería en persona, pensó la reclusa. Luego siguió hasta una de las duchas.

Capítulo IV

Cuando fue llamada a subir al estrado, sus manos estaban empapadas en un sudor frío. Inconscientemente Yulia se las secó con su propia ropa. Suspiró una y otra vez antes de contestar cada pregunta que le hacía la fiscalía. Luchaba internamente porque nadie se diera cuenta de que se estaba muriendo por dentro, de que sentía una enorme necesidad de llorar. Ya no pudo más. Al echar un vistazo hacia el banquillo de los acusados y ver a su novia ocupando el lugar, una lágrima se deslizó por la mejilla de la pelinegra.

A pesar del espacio que las separaba Yulia observó claramente que los ojos grises de Lena estaban enfocados en los de ella; le transmitían confianza, valentía para continuar de frente al fiscal, le decían que no llorara porque pronto todo terminaría.
- ¿Se encuentra usted bien, Señorita Volkova? - preguntó el juez al notar que Yulia se llevó la mano a los ojos para secarse la solitaria lágrima - ¿Puede continuar contestando el interrogatorio?
- Sí... Estoy bien - contestó ella. Luego volvió a fijar su mirada hacia el fiscal.

La situación era demasiado incómoda. Esa mañana del miércoles 12 de abril se estaba llevando a cabo la primera vista judicial en contra de Lena. Ya habían desfilado por el estrado múltiples testigos del crimen por el que se acusaba a la pelirroja: el asesinato de un hombre de 40 años de edad y el intento de asesinato del pequeño hijo del hombre. La fiscalía logró que todos los testimonios hicieran parecer que Lena era culpable.

El jurado estuvo debatiendo durante una hora. El juez dió a conocer el veredicto: “La acusada es encontrada... culpable”. Al escucharlo Yulia se apresuró a levantarse y correr hacia el banco de los acusados. Lena se levantó y ambas se abrazaron. La pelirroja usó su dedo índice para secar las lágrimas de Yulia.

- No sirvo para nada, Lena... ¡Te amo y no pude hacer nada! - dijo Yulia entre sollozos.
- No digas eso - le susurró Lena antes de besarla tiernamente en la mejilla.
Un guardia custodio que estaba junto a la pelirroja sacó las esposas para colocárlaselas a esta en las muñecas. Yulia se aferró con más fuerza a su compañera, como si quisiera que nada las apartara en ese momento.
- ¡No le coloque las esposas, por favor! - rogó la pelinegra - No se la lleve.
- Lo siento, joven - contestó el guardia - Es mi deber.

Ellas se besaron una vez más. Fue un beso tierno; con el amargo condimento del dolor, provocado por la indefinida separación física. Tenía el sabor a la dolorosa incertidumbre a la que se sentían expuestas; pero sobre todo fue un beso con el alma más que un sublime contacto entre sus labios.

Lo que ocurrió luego fue un caos total. La madre de Lena lloraba angustiada y pedía que no se llevaran a su hija. Pero lo peor fueron esos tiburones de la prensa, quienes no encontraban obstáculos para entrar y encender más aún el fuego. Y mientras un grupo de ellos atacaba a Yulia, ésta veía cómo alejaban a Lena de ella.


La pelinegra intentaba safarze y hacía caso omiso a todas las preguntas. Se sentía sumamente sofocada.
- ¡Déjenme espacio! ¡Necesito salir de aquí! - pidió Yulia en un tono de voz algo alto.
- Se rumora que su compañera siempre ha sido una mujer violenta y que hubo algo de premeditación en el acto, ¿es eso cierto? - preguntó un reportero, colocando el micrófono cerca de Yulia para que ésta contestara - ¿Por qué cree que llevó a cabo el acto?
Yulia lo miró por un segundo y por toda respuesta el periodista recibió un empujón por parte de la cantante, que lo hizo tambalearse. Eso le abrió paso a la pelinegra, quien se alejó inmediatamente del lugar.

Sobre el escritorio había una botella de vodka a la cual le faltaba un poco de la bebida. Junto a la botella se veía un vaso casi lleno. Un periódico abierto junto al vaso con vodka y sobre el periódico Yulia estaba recostando la cabeza. Se encontraba profundamente dormida.

El reloj de la oficina marcaba las 12:04 de la medianoche. La pelinegra había llegado en la tarde a la oficina de Iván, quien la había asignado un trabajo como su ayudante mientras se resolvía el caso de Lena y el dúo volvía a funcionar como antes.

No era que Yulia tuviera afición por comenzar su nueva tarea, si no que con el veredicto se sintió tan decaída que sus ánimos le imploraban alejarse de todos por un momento. Así que decidió alejarse e irse a la soledad de su apartamento. Su madre la había estado llamando por el celular, así que tuvo que apagarlo. Luego eran los timbrazos del teléfono del apartamento los que no la dejaban en paz. Por eso pensó en refugiarse en la oficina. Ahora estaba dormida en la silla de Iván.


La puerta de la oficina se abrió para dar paso a Shapovalov. El productor encendió la luz y no le sorprendió ver a la joven en el lugar. Yulia, Yulia... debes aprender a ser más fuerte..., pensó él al mismo tiempo en que emitía un suspiro.

Se acercó a ella y le llamó la atención el periódico de la tarde. Así que lo quitó con cautela de debajo de Yulia. Leyó el titular y parte del párrafo final:

Miércoles, 12 de abril de 2005
Katina Sentenciada A Prisión
por A.F.A
... por lo que fue sentenciada a cumplir 40 años por cargos de asesinato y 20 por intento. La familia se negó a emitir una opinión al respecto. Mientras que su compañera sentimental, Yulia Volkova, le hizo honor al origen etimológico de su apellido y se comportó literalmente como una loba... totalmente salvaje. La joven cantante fue grosera y agredió a respetables miembros de la prensa.

Iván tiró el periódico al zafacón y luego comenzó a despertar a Yulia. Al sentir que alguien movió su hombro, Yulia balbuceó unas cuantas palabras ininteligibles. Se enderezó después de un instante y se estrujó los ojos.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - preguntó ella aún estando medio dormida, lo que era notorio en su voz.
- Se me quedaron unos documentos.

Entonces Yulia miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en la oficina del productor y no en el departamento que ella compartía con Lena. Volvió a la realidad al recordarlo todo. Iván la miró muy seriamente, se acercó a la botella de vodka y la tomó para ver su interior.

- Debería darte vergüenza, Yulia - comentó él - Primero te ocultas de tus padres y luego vienes a encerrarte aquí para emborracharte.
La pelinegra emitió unos cuantos suspiros, propios de quien está cansado: cansado de estar cansado, de la impotencia, cansado del fracaso; porque se pensaba fracasada al no poder haber hecho nada para ayudar a Lena. Se pasó las manos por el cabello.
- No estoy ébria - se defendió ella - El resto del vodka está en ese vaso... no lo bebí.
- Pero te estás escondiendo - afirmó él después de ver que el vaso estaba lleno del licor - Tus madre me llamó unas cuantas veces. Quería saber si yo sabía dónde estabas.
- No quería hablar con nadie. No iba a permitir que me vieran llorar.
- Deberías... son tu familia.

Iván continuó mirándola con seriedad. Aunque no dijo nada comprendía que Yulia quería guardar una imagen un tanto más fuerte y ruda de lo que en realidad era. Así que no quería dejarse ver caída.
- ¿Porqué no vas a descansar a tu casa? - preguntó Iván, aunque sonó más como una firme sugerencia - Este día ha sido demasiado para todos y no deberías estar aquí. Además puedes tomarte la semana completa.
- No puedo descansar así, Iván. Esta situación es muy difícil y no tengo cabeza para pensar en otra cosa que no sea Lena. No puedo dejarla allí encerrada sin hacer nada. ¡No puedo! - exclamó y luego se puso de pie.

Entonces Iván sacó unos papeles de su maletín y se los mostró a Yulia.
- ¿Qué es esto? - preguntó al echarles un vistazo.
- Esta misma tarde pasé por una de las mejores firmas de abogados en Moscú. Están interesados en el caso de Lena. Dicen que se puede apelar la decisión y que es posible sacarla de allí.
Yulia no pudo dar crédito a lo que escuchó y preguntó:
- ¡¿Cómo dijiste?!
- Lo que escuchaste, Yulia. ¡Podemos apelar! - esta vez a Iván se le escapó una sonrisa - Ellos son unos de los mejores abogados del país... graduados con honores, de las mejores escuelas y esas cosas.

Iván se pasó unos minutos explicándole a Yulia sobre el procedimiento legal que se pensaba llevar a cabo. Luego de algunas risas de alegría por parte de Yulia, el productor le dió otra noticia:
- ¿Recuerdas los moretones que le has estado viendo a Lena cuando vas a visitarla? Ya no los tendrá... El amigo del que te hablé... el que tiene contactos en los medios penales, me sugirió que podemos pagarle a una de las mismas reclusas para que proteja a Lena. Y eso hice... le hicimos la oferta y aceptó. Es una de las reclusas más temidas del penal donde se encuentra Lena.
- ¡No puedo creerlo, Iván! Cielos esto es genial... ¡No sé que decir!

Sin darte cuenta de que lo hacía ella le brindó un breve abrazo a Iván.
- Sin sentimentalismo, Volkova... sin sentimentalismo - comentó el productor en tono de broma al mismo tiempo en que se acomodaba la corbata.

El estrepitoso ruido de una macana golpeando los barrotes de su celda, despertó de manera abrupta a Lena. Eran las 6:00 a.m. de esa fresca mañana del 13 de abril. La pelirroja abrió los ojos y vió que Ustinya, su compañera de celda, ya estaba levantada. Esta la miró con algo de lástima.
- Aún no te acostumbras a la manera tan delicada en que nos despiertan, ¿cierto? Esto no es para ti Tatú...

Si hubiera sido en cualquier otro momento Lena le hubiera contestado: “Te he dicho más de mil veces que mi nombre no es Tatú”. Pero esa mañana la pelirroja estaba con los ánimos por el piso, así que se limitó a mirarla.

Minutos después de haberse aseado se encontraban en el comedor del penal. Lena se sentó como de costumbre a la mesa en que se sentaba Ustinya. No sentía deseos de comer, la situación que atravesaba se los eliminaba. Así que lo único que hizo fue divagar con la vista. Sin darse cuenta su mirada se volvió hacia la mesa de la esquina derecha del comedor. Era la única mesa en donde siempre comía una sola pesona. A esa mujer se le tenía cierto “respeto”. Unas cuantas veces Lena había estado por preguntarle a Ustinya el por qué, pero terminaba diciéndose que no era su asunto.

No sabía por qué pero Lena siempre terminaba mirando hacia aquella mesa. Quizá se debía a que había sido esa misma mujer solitaria la que en aquella ocasión la defendió de Lizaveta en las duchas. La mujer notó que Lena la estaba mirando. En seguida la pelirroja se volteó. Le habían dicho que las miradas a los ojos en un penal son como si estuvieras desafiando a alguien, y ella quería evitarse problemas.

Lena se levantó de la mesa y fue echar los desperdicios de la bandeja. En cuanto estuvo cerca de la salida del comedor volvió a mirar a aquella mujer... Ésta todavía la estaba observando. Mejor salgo de aquí antes de que piense que la estoy mirando por cualquier otra cosa, pensó Lena.

Esa mujer de cabellos castaños no le quitaba la vista de encima a la pelirroja. En cuanto vió que Lena estaba saliendo del lugar se apresuró a levantarse y seguirla. La alcanzo por el pasillo, cuando la cantante se dirigía de nuevo hacia su celda. La joven de ojos verde-grises sintió los pasos que la seguían. ¡Demonios! Debe ser esa mujer que tanto me miraba... Pero ella me ayudó hace algunas noches en las duchas. No puede ser que ahora me siga con otro fin, razonó la pelirroja.
- ¡Espera un momento, Lena! - gritó la de cabello castaño.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 20:59

Otra vez me llama por mi nombre con una gran familiaridad... Como si me conociera, pensó Lena quien fingió no escuchar a la otra mujer y siguió su camino. ¡Que se haya ido, que se haya ido ya! Me basta y me sobra con tener un ojo morado todas las semanas como para que ahora ésta venga a morarme el otro, se dijo.

- ¡Ey! - gritó la de cabello castaño.
Lena continuó ignorándola y dió vuelta al final del pasillo. Para su sorpresa lo que se avecinaba hacia ella en esa dirección era peor que lo anterior. Vió que Lizaveta se acercaba hacia ella y en cuanto esta se fijó en Lena, le gritó:
- Que bueno que nos volvemos a encontrar Tatú.

La pelirroja fingió no escuchar y se dió vuelta para volver por el pasillo que conducía al comedor. El ritmo de su corazón se aceleró y del mismo susto comenzó a caminar más rápido. Pero en cuanto dobló por el pasillo tropezó la mujer de cabello castaño, quien la había alcanzado. Ambas se golpearon la frente con la cabeza de la otra.
- ¡Fíjate por donde andas, idiota! - casi rugió la de cabello castaño. Rápidamente se dió cuenta de que se trataba de Lena - Ahh... disculpa no me había fijado en que eras tú, Lena - pronunció mientras se pasaba la mano una y otra vez por la frente.

En eso llegó Lizaveta. Ambas permanecieron mirándose a los ojos, mientras Lena se ponía más y más nerviosa por cada segundo que pasaba. Según los comentarios que había escuchado por el penal, ahora mismo estaba justo frente a las dos reclusas más temidas.

Lizaveta o U'ebitsche, como la llamaban, sabía que nada podía hacer en contra de la mujer de cabello castaño, aunque tuviera grandes deseos de darle una paliza. Así que para no perder la dignidad una vez más al verse tirada en el suelo por aquella, se fue del lugar.

- ¿Estás bien? - le preguntó la mujer de pelo castaño a Lena - Venía llamándote por todo el pasillo, pero tengo la ligera sospecha de que me estabas huyendo -comentó en tono jocoso mientras le brindaba una mano a Lena para ayudarla a levantar del piso.
- Ahh... disculpa. Es que iba algo distraída y no escuché.

Fue cuando estuvo totalmente de pie y frente a la otra que Lena notó por primera vez los hermosos ojos de la otra: eran azules. En una milésima de segundo miles de imágenes de los ojos de Yulia abarcaron la mente de Lena.

- ¿Me devuelves la mano? - preguntó la de cabello castaño.
La voz de esta volvió a Lena en sí, quien se dio cuenta de que aún la tenía sujetada de la mano derecha.
- Gracias - dijo Lena - Ehh... Tú eres quien me ayudó la otra noche.
- Si, soy yo... Ahora si, es mejor que hablemos. ¿Quieres que salgamos al patio?
- ¿De qué tenemos que hablar tú y yo? - preguntó la pelirroja un tanto extrañada - Es que no nos conocemos y no sé sobre que...
- De hecho podemos hablar aquí mismo... Lo que intentaba decirte hace un rato es que desde hoy seré tu sombra.
- ¡¿Cómo?! No entiendo.
- Es que ayer en la tarde vino a verme un enviado de tu productor. Me hizo una propuesta... Seré tu protectora - explicó la mujer - Por cierto mi nombre es Evgenia.
- Lena... Soy Lena.
- Eres tan conocida que no necesitas presentarte - sonrió dulcemente la de ojos azules.

Se saludaron de manos. Luego intercambiaron algunas palabras para conocerse un poco mejor. Mientras Evgenia hablaba Lena tenía la mirada fija en los ojos de la otra, aunque se le estaba imposiblitando consentrarse en lo que esta decía. Lo único que hacía era compararla con Yulia. Después salieron a caminar por el patio.

Volvía a ser lunes. Ya habían pasado tres días desde que Evgenia tomó el trabajo de proteger a Lena. Durante la mañana de ese día después del desayuno, la reclusa de ojos azules dijo que le tenía una sorpresa a Lena.
- ¿Una sorpresa? que clase de sorpresa... buena o mala - preguntó la pelirroja, aunque preguntó sólo por preguntar porque el rostro de la otra le daba a entender que no era nada malo.
- Es un lugar que no has visitado por aquí - contestó Evgenia - Me parece que te va a gustar. Vamos.

Caminaron hasta llegar a las escaleras que conducían al tercer piso de la prisión. Llegaron a un lugar que notablemente no era una celda. Lena se asomó a la puerta quedó boquiabierta. Sus ojos vieron el lugar más parecido a un paraísodentro de ese infierno de la prisión. Era una biblioteca.
- Me pareció que te gustaría venir aquí - sonrió la otra.
- ¡Es fantástico! - Lena no evitar una risa de alegría - No pensé que en este sitio había una biblioteca. ¡Nadie me dijo!
- Ven, entremos. Te voy a presentar a la bibliotecaria. La conozco desde que entré a este lugar... Es una de las pocas personas buenas que he conocido aquí.

Con lo primero que se topó la vista de Lena al entar fue con un viejo escritorio tras el cual se encontraba sentada una mujer de unos 50 años, leyendo el periódico. Se acercaron a ella.
- Nadezhda... - Evgenia se dirigió a la mujer - Ella es Lena, a quien estoy protegiendo - luego le habló a Lena - Lena, ella es la encargada de la biblioteca. Es Nadezhda... aunque es una reclusa igual que tú y yo es la bibliotecaria del lugar.

La pelirroja y la bibliotecaria se saludaron. Las siguientes horas Lena y Evgenia las pasaron sentadas a una mesa. Cada una sostenía un libro, que se suponía estaban leyendo, pero se distrajeron más hablando sobre literatura y debatiendo sobre cuáles eran los mejores autores de los últimos tiempos. Lena descubrió que tenían varias cosas en común, empezando por cual era su autor favorito... hasta ideales un poco más profundos. Según la iba escuchando se dió cuenta de que esa mujer poseía un alto grado de conocimiento cultural, lo que contrastaba con algunas de sus acciones. Pero eso lo menos importante.

La chica de ojos grises se encontró riendo como nunca lo había hecho desde que llegó a ese lugar, por causa de algunos comentarios de la otra. Sin darse cuenta Lena enfocó su mirada tanto en los ojos de la otra que por un momento perdió el hilo de la conversación. No solamente sus ojos son parecidos a los de Yulia... su mirada... su mirada es tan parecida. ¡Es tan profunda!… También su rostro en sí, pensaba la cantante.
- ... Y por eso adoro ese libro - terminó su relato Evgenia. Sólo que Lena no le prestó atención al relato - ¿Y tu, como empezaste a leer las obras de Dostoievsky?
- ¿Ehh? Disculpa.
- Que cómo empezaste a leer a Dostoievsky - repitió Evgenia.
- Pues resulta que...

Continuaron hablando y ahora los ojos de Lena le jugaron una mala pasada. En vez de prestar atención a lo que hablaba Evgenia, le prestaba atención a su boca... a sus labios. No escuchaba palabra alguna, solamente veía moverse aquellos labios rojizos. Y también terminó comparándolos con los de Yulia.

Evgenia tampoco se quedaba atrás. Sin que Lena se diera cuenta, y sin ella misma proponérselo se encontró disfrutando de cada gesto de la pelirroja: su sonrisa, la forma en que movia las cejas debido a algún comentario, sus ojos. La de ojos azules no se había dado cuenta que su amiga Nadezhda, la bibliotecaria, había estado muy atenta a ella ya que le extrañó el comportamiento de Evgenia, quien generalmente era muy callada, hasta un tanto huraña y no reía fácilmente.

Mientras Lena aún miraba los labios de la otra, pensó: ¿Qué rayos estoy haciendo? ¡Son sólo unos labios! ¡Ni siquiera debo estar comparándola con Yulia! No sé que me pasa... Ojalá ella no haya notado que la estaba mirando así. Será mejor que esta conversación termine por hoy.

- Debo ir a mi celda por un momento - dijo Lena al levantarse de su asiento, buscando una excusa para salir de allí y alejarse de aquella mujer que le había hecho acordarse de Yulia.
- Te acompaño - se levantó en seguida Evgenia - Después de todo es mi trabajo.
- ¡No! Es que... Sólo voy por un libro que quiero mostrarte - se le ocurrió decir - Es que salió al mercado hace apenas unas semanas y como sé que no lo tienes me gustaría mostrártelo.

Lena salió caminó hasta la salida y la otra mujer la siguió con la vista. No se daba cuenta que aún sonreía.
- Quita esa sonrisa de tu rostro, Evgenia - le dijo la voz ronca de la bibliotecaria.
- ¿Qué dices, Nadezhda? No estoy sonriendo - aseguró la de ojos azules mientras se acercaba al escritorio de la bibliotecaria.
- ¿Ahh no? Te he estado observando desde hace minutos. Sonreías por cada palabra que pronunciaba ella.
- ¡Eso no es cierto! - se defendió Evgenia - No estaba sonriendo.
- A mí no me engañas, jovencita. Ambas sabemos que no necesitas el dinero que te están pagando por protegerla - le dijo muy seriamente su amiga - Te conozco desde hace algunos años y sabes que te aprecio como a una hija...
- Lo sé.
- Es por eso que me atrevo a darte este consejo: No te ilusiones con ella... Esa mujer no es para ti. No me gustaría verte sufrir.

Evgenia se perdió en sus pensamientos por un momento. Hacía tanto tiempo que deseaba conocer a Lena que al momento de verla le pareció una ilusión. No me di cuenta... pero, ¿y si es verdad que estaba sonriendo por cada comentario?, se preguntó. ¡Nahhh! A Lena solamente la admiro; nada es como dice Nadezhda. Ella tiene una gran imaginación.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:01

Capítulo V

- ¡Con mil demonios! - maldecía Yulia mientras rebuscaba en el interior de cada gaveta de su cuarto, en busca de algunas medias limpias.
De nuevo se le había olvidado ir a la lavandería. Ahora la ropa estaba revuelta por toda la habitación. Por aquí debe haber alguna media, pensó Yulia. Encontró una media negra entre una pequeña montaña de ropa, pero estaba sin su par.

Se había levantado hacía una hora, se aseó, desayunó y aún caminaba de un lado a otro de la habitación vestida en ropa interior. Se preparaba para ver a Lena, porque era día de visita. En cuanto pueda debo pasar por la lavandería, se decía una y otra vez mientras lamentaba ser tan desordenada en ese aspecto.

Minutos después Yulia corría como loca hacia su auto. Se había dado por vencida con las medias y llevaba puesta una media negra y otra blanca. Lo único que quería era llegar rápido al penal para pasar el mayor tiempo posible con su Lena.

La pelinegra se encontraba sentada a una mesa, esperando que trajeran a Lena. No la hicieron esperar mucho. Una guardia entró conduciendo a Lena hasta la mesa. Las sonrisas de ambas no se hicieron esperar. En cuanto estuvieron cerca Yulia dejó que la pelirroja la rodeara con los brazos y fundieron sus labios en un prolongado beso; que para ambas fue glorioso pero con la chispa candente del fuego. Luego se miraron a los ojos, ambas sonriendo debido a que estaban cerca; expresándose con la mirada cuánto se amaban. Durante los próximos segundos cada una “atacó” a la otra con una racha de besos cortos y tiernos, pero con la misma intensidad que el primero.

- ¿Me pensaste mucho? - preguntó Yulia mientras ambas se sentaban, sabiendo de antemano la respuesta - Sabes que sí, amor.
Yulia notó que la expresión melancólica que había hecho preso al rostro de la pelirroja durante las últimas semanas era menos visible en ese momento. Tampoco tenía moretones ni alguna señal de violencia en el rostro.
- Esa mujer está haciendo un buen trabajo - comentó la menor de las t.A.T.u. - Ya nadie se atreve a molestarte, ¿cierto?
- No eran muchas personas las que me molestaban... Pero las pocas que lo hacían, lo hacían constantemente... Y sí, Evgenia las mantiene alejadas de mí - sonrió la pelirroja - Deberías verla, Yulia... tiene un leve toque rudo, pero es toda blanda por dentro.
- Evgenia... ¿Así se llama?
- Sí.

La pelinegra guardó silencio por un momento. Notó que definitivamente Lena estaba menos desanimada que en días anteriores.
- ¿Qué pasa? ¿Porque te quedas callada? - le preguntó Lena mientras tomaba entre sus manos las de su compañera.
- Es que me gusta ver tu sonrisa... Eres maravillosa Lena. Si yo estuviera en tu lugar no sé si estaría sonriendo en este momento.
- La tarde en que me sentenciaron arrojé un mar por los ojos... - explicaba Lena, intentando que su ánimo no decayera como aquella tarde - Llegué aquí sabiendo que no saldré durante un buen tiempo. Pero pronto vinieron a visitarme esos abogados y por lo que me explicaron, aún hay algo de esperanza para que yo salga de aquí... Me estoy aferrando a ello e intento permanecer calmada.

Yulia le dio un beso fugaz. Compartieron una mirada mágica por un momento. Hasta que Yulia rompió el silencio.
- ¿Quieres ver algo gracioso? - preguntó la pelinegra.
Se alzó un poco las patas de su pantalón y dejó al descubierto las medias de diferente color y estilo que estaba vistiendo. Ambas comenzaron a reír.
- Sospecho que no estás llevando la ropa a la lavandería. Siempre que te tocaba llevarla a ti, tenía que acordártelo miles de veces... y terminaba haciéndolo yo.
- La llevaré justo... - Yulia miró su reloj - ... dentro de las siguientes 48 horas.

Durante los siguientes minutos permanecieron hablando. Más tarde Lena le hizo una petición a Yulia.
- Es algo que he estado pensando... - explicaba la pecosa - Sólo que no había tenido el ánimo de mencionarlo.
- A ver... dime.
- Es sobre el hombre al cual me acusaron de asesinar... Él me salvo la vida, Yulia. Arriesgó su vida por mí y hasta su hijo salió mal ese día. Estaba pensando en llevar flores a su tumba en cuanto saliera de aquí... pero como ves, no salí.
- Y quieres que se las lleve yo.
- Sí.
- Mi vida, sabes que por ti haría cualquier cosa - fue la respuesta de Yulia.

La pelirroja abrazó a su pareja y le dio otro beso en recompensa. En ese momento llegaron los padres de Lena a visitarla. Más tarde llegó Iván y el grupo permaneció allí hasta la hora en que terminaron las visitas.

Ese mismo, después de la visita, Yulia decidió tomar un avión a San Petersburgo. Cumpliría lo que le pidió Lena. Tiempo más tarde se encontraba en un taxi que había tomado al llegar al aeropuerto. Había leído en los periódicos el lugar en donde yacía aquel hombre, así que sabía a donde ir. Pero ya era muy tarde, por lo que decidió pasar la noche en el lugar. Le pidió al taxista que la llevara a un hotel.

Al día siguiente se encontraba con un arreglo floral en el cementerio estatal. ¡Es imposible que lo encuentre si no sé dónde está ubicado!, pensó en cuanto vió la gran cantidad de tumbas en el lugar. Odio estos lugares... Me provocan escalofrío. ¿Y si me voy? Después de todo puedo dejarle las flores por aquí... lo que cuenta es que vine y las traje, meditaba. Así que dio media vuelta dispuesta a salir de ahí, pero en cuanto caminó tres pasos decidió quedarse y buscar la tumba. Debo llevarle estas flores si es lo que Lena quiere... Ese hombre la salvó a ella. Si las cosas hubieran sucedido de otro modo... en estos momentos mi alma estaría muerta, porque estaría sin ella, se dijo Yulia. Le debo más que unas simples flores a este hombre... le debo mi vida, porque mi vida es Lena.

Comenzó a buscar la tumba por el lugar donde estaban las nuevas. Sería más fácil si alguien aquí me ayudara, pensó. Fue pedir ayuda al encargado del sitio y en pocos minutos estaba frente a la tumba. Colocó las flores y en señal de respeto, por encontrarse allí el cuerpo del salvador de Lena, permaneció durante algunos minutos.

Luego salió del cementerio y caminó hasta donde pasaban los taxis. Uno se detuvo y ella lo abordó.
- ¿A dónde?
Yulia permaneció callada por unos segundos. Estaba muy cansada como para ir directo al aeropuerto de nuevo, pero no había llegado con ideas de quedarse por más de un día.
- Al aeropuerto - contestó finalmente.

Por el camino que tomó el taxista se veía por completo la fachada del Estadio de San Petersburgo, el lugar en donde habían dado su último concierto y donde ocurrió el incidente hacía unas semanas. Las imágenes de lo ocurrido le cruzaron por la mente. Luego recordó el estado en que había visto al pequeño Tolya, el hijo del hombre que salvó a Lena.
- Ya no quiero ir al aeropuerto... Mejor lléveme a un sitio donde vendan flores y luego al hospital estatal.

Una enfermera se encargó de conducir a Yulia hacia el cuarto donde estaba el niño. Al entrar vió a aquella criatura tan frágil, como si no estuviera en ese mundo, y con cables de plástico que le salían de la nariz. Estaba en estado comatoso. A Yulia se le partió el corazón. Nunca había visto a un niño en ese estado. Era demasiada la carga emocional que estaba sintiendo.

La joven se acercó al asiento junto a la cama y notó que había una cartera de mujer allí puesta, pero no le dio importancia. Luego colocó las flores sobre la pequeña mesa que había en el lugar. Yulia se mordió el labio inferior porque ya sentía deseos de llorar. Desearía que nada de esto hubiera pasado... que mi Kotenok estuviera afuera conmigo... que este niño estuviera por ahí jugando con su padre, se decía la pelinegra al pasarse la mano por el rostro para secarse una lágrima. Esto no es justo.

Ella acarició las mejillas y el cabello del niño. Pobre Tolya. En ese momento escuchó que la puerta del cuarto se habría. Se volteó para ver que quien entraba era la madre del niño. Era a ella a quien se le había quedado la cartera que Yulia vió en aquella silla.
- Tú... ¿Qué haces aquí? - preguntó la mujer que acababa de llegar.
- Yo sólo vine a traer unas flores - contestó Yulia en un tono de voz avergonzado; se sentía mal de que la hubiera encontrado esa mujer ahí - Nosotras lamentamos mucho lo que le pasó a Tolya. Deseamos que mejore.

La pelinegra estaba muy nerviosa. Tragó saliva. No sabía qué más decir.
- Será mejor que salgas de aquí - sugirió la mujer mayor - Ni tú ni yo estamos preparadas para hablarnos, hablar sobre lo que pasó.
- Yo... - Yulia iba a decir algo pero prefirió dejar las cosas así y salió del lugar estando algo aturdida por el encuentro.

Pero en seguida la pelinegra volvió a asomarse por la puerta del cuarto. Miró directamente a los ojos de esa mujer y le preguntó:
- ¿Usted cree que Lena lo hizo? ¿Cree que en realidad fue capaz de algo así?
- Lo que yo opine no importa... solamente importa lo que piensen ellos, el sistema judicial.
- A Lena le importa lo que usted piense... a mí me importa.
- A ustedes no las conozco... eso no te lo puedo contestar.

Yulia salió del lugar sintiendo un gran sabor amargo, un hueco en el alma. No imaginaba que visitar la tumba de aquel hombre y que visitar al pequeño Tolya le harían sentir así. Iba pensando en tantas cosas que sin darse cuenta caminó y caminó sin pedir un taxi. Entonces llegó hasta el pequeño parque en que ella y Lena habían visto por primera vez a Tolya.

La pelinegra caminó hasta la fuente que había en el centro. Permaneció ahí parada durante minutos, aunque su mente no estaba en el lugar. Mojaba sus manos en el agua, mientras veía a lo lejos unos niños que jugaban. Nada de esto tenía que pasarnos a nosotras, se decía una y otra vez. No es justo... Preferiría ser yo en lugar de Lena la que estuviera encerrada... aunque creo que no lo resistiría tal como ella lo está haciendo... Y ese niño, Tolya...

Un suave golpe propinado por una pelota de goma, disipó el monólogo interno de Yulia . Al voltearse vió un grupo de dos niños y una niña, como de 10 años de edad, quienes se acercaron en busca de la pelota. La niña se quedó viéndola.
- Hola - le dijo Yulia.
- Hola... ¿Tú eres Yulia?
- Sí - sonrió la joven mujer.

La niña permaneció viéndola, como si quisiera decirle algo pero sin atreverse a hacerlo. Finalmente le dijo:
- Mi mamá dice que Lena es una asesina...
La pelinegra se quedó muda por el sorpresivo comentario. Su semblante se volvió melancólico.
- ... pero yo no lo creo. Lena es buena... y tú también, ¿verdad?
- Sí - pronunció débilmente; fue lo único que su voz le permitió.

Uno de los niños que estaba con esa niña, estaba mirando en una forma nada amistosa a Yulia. Luego le dijo a la niña:
- Vámonos o le digo a Mamá que estás hablando con esa mujer... con la amiga de la asesina.
- Tu amiga es una asesina - repitió el otro niño.
Ambos halaron a la niña hasta alejarla de Yulia.

La cantante quedó muy mal por esos comentarios. Caminó hacia uno de los bancos y allí permaneció sentada durante horas. Cuando el sol comenzó a ocultarse de nuevo, se dió cuenta del tiempo transcurrido. Salió a la calle.

Abordó un taxi y ordenó al taxista dirigirse al aeropuerto. No quiero pasar la noche aquí, se decía mientras volvía a pasarse la mano por los ojos para secarse una lágrima. Al volver al aeropuerto tuvo que esperar varias horas por el próximo vuelo a Moscú. Como había lugares disponibles pudo abordarlo sin ningún problema.

Por ese día había tenido demasiado. Su agotamiento físico era enorme, pero su agotamiento emocional era peor aún. Era en un momento así en el que sentía la necesidad inminente de que Lena la abrazara; quería sentirse entre sus brazos, sentirla cerca. Quisiera que estuvieras aquí conmigo, pensaba Yulia mientras cerraba sus ojos luego de acomodarse en el asiento del avión.

No quería llegar a su departamento y encontrar nuevamente que Lena no estaría allí. No lo soportaría... no esa noche en que se sentía tan exhausta emocionalmente. Así que decidió que en cuanto llegara a Moscú pasaría esa noche en casa de sus padres.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:02

Capítulo VI

El avión aterrizó en el aeropuerto a eso de la media noche. De ahí Yulia tomó un taxi hacia casa de sus padres. El pésimo día que había pasado en San Petersburgo le dejó un trago amargo y un tremendo agotamiento emocional. Lo que la hizo sentir que necesitaba estar cerca de alguien a quien ella le importara... y lo más importante: no quería llegar y ver el departamento sin Lena. Inconscientemente Yulia sabía que en esos momentos necesitaba un abrazo.

El taxi la dejó frente a su casa. Sacó sus llaves y abrió la puerta principal. Pensó en despertar a sus padres para avisarles que estaba ahí, pero al ver la hora: la 1:00 a.m., decidió seguir a la habitación que había ocupado hasta el momento en que partió de su casa para hacer su propia vida con la mujer que amaba.

La pelinegra estaba tan cansada que sin siquiera encender la luz de la habitación, fue al baño, se mojó la cara y se quitó toda su ropa, excepto las medias y panty. Salió y caminó sin dificultad, en medio de la oscuridad, hacia su cama. Allí se dejó caer como si arrojara el peso de 100 años de agotamiento. Pero en vez de hacer contacto con su cómodo colchón, el cuerpo de Yulia cayó sobre algo duro.
- ¡¿Qué demonios...?! - pronunció Yulia.

La joven cantante se asustó al sentir que “eso” sobre lo que cayó se movió. Se apresuró tanto a levantarse que resbaló y cayó al piso. Del mismo susto se levantó de inmediato y encendió la lámpara que había sobre la mesa de noche. Al mirar hacia la cama le sorprendió lo que vió: una muchacha joven la estaba mirando con los ojos desorbitados y con una expresión totalmente de pánico.

El corazón de Yulia volvió a su paso normal cuando notó que no había ningún peligro. Entonces la pelinegra adoptó una posición totalmente autoritaria, erguida y en la misma pose de la mujer maravilla cuando acababa de atrapar a los malhechores.

- ¡¿Quién rayos eres tú y qué estás haciendo en mi habitación?! - exigió saber Yulia.
La mujer que estaba acostada sobre la cama permaneció sin contestar, sólo miraba con sus desorbitados ojos a Yulia.
- ¡Responde! - exigió la pelinegra.
- Yo... yo... Creo que es mejor que vayas a ponerte... algo de ropa - contestó la otra - Y luego me interrogas todo lo que quieras.

Yulia se fijó entonces que lo único que llevaba puesto era un par de calcetines de distinto color, ya que no hacían juego, y su panty. Sintió que todo el color rojo se alojaba en sus mejillas. ¡Carajo! Ojalá no se vean mis mejillas tan rojas como las estoy sintiendo, rogó internamente.
- Ya regreso - anunció con la poca dignidad que le había dejado el incidente. Tomó algo de ropa de dormir que guardaba aún en esa casa, por si se quedaba a dormir en una de sus visitas. Se vistió en el cuarto de baño.

Minutos más tarde salió y vió que esa mujer estaba sentada sobre la cama. Ahora se fijó más en su aspecto. Vestía ropa de dormir, era joven (más o menos de la edad de ella y de Lena), ojos marrones y una lacia cabellera dorada se deslizaba hasta más abajo de sus hombros. Era una mujer atractiva, aunque en ese preciso momento Yulia estaba tan cansada que no lo notó.

- Mi nombre es Polina
- Ehh... Soy Yulia.
- No necesitas presentarte la mayor parte del mundo te conoce - comentó la mujer - Soy hija de una amiga de tu madre. Yo... tuve un problema con mi madre, me echó de la casa... Y tu mamá Larissa me ofreció hospedaje mientras encuentro un lugar para mudarme. Me ofreció dormir aquí por lo pronto, porque el cuarto de visitas no está arreglado, me dijo.
Yulia escuchó en silencio la breve explicación. Después buscó una almohada, y caminó hasta la puerta.
- Iré a dormir a la sala - pronunció en tono cansado y voz baja - Buenas noches.
- ¡Espera! - la detuvo Polina mientras se ponía de pie - En todo caso es mejor que sea yo la que duerma en la sala... Esta es tu habitación.
- Eres la invitada de Mamá... Mejor quédate aquí y yo duermo en la sala. Hasta mañana - dijo Yulia antes de salir del cuarto.

Al llegar a la sala se tumbó sobre el sofá e intentó dormirse. A los pocos minutos escuchó pisadas. Era Polina que se acercaba llevando una frazada.
- Vine a traerte algo para que te arropes - Polina le entregó la frazada a Yulia - porque me fijé en que solamente tomaste una almohada.
- Gracias.

La mujer rubia permaneció mirando a Yulia y le preguntó:
- ¿Te sientes mal?
- ¿Se me nota? - Yulia sonrió sin ganas - Es sólo una pequeña jaqueca. Ya me pasará.
- Te quería decir algo...
- Dime.
- Es que las he visto a ti y a Lena en televisión... desde hace años. Y no se me hace justo lo que les está pasando... Creo en la inocencia de Lena y espero que pueda salir de ese lugar antes del tiempo que le dieron.

Yulia suspiró profundamente. Se estaba dando cuenta de que sí había gente que creía en ellas, aunque hubiera algunos que no.
- Estamos tratando de sacarla de ahí lo más pronto posible - comentó Yulia - Sé que su inocencia se probará pronto y que Lena saldrá de ahí... Sé que será así - dijo mientras se secaba unas lagrimas por el dedo, esperando que la otra mujer no hubiera notado que esas malditas lágrimas la acechaban.
No te comportes así Yulia, no te comportes así. ¡Deja de estar comportándote como niñita!, se decía Yulia.

Polina había notado el ánimo tan decaído que tenía Yulia desde hacía rato.
- A veces... cuando me siento mal, dejo que las lágrimas me limpien - comentó la rubia - Llorar ayuda.
Desde hacía rato Yulia había estado conteniéndose para no llorar, pero las palabras de Polina fueron la gota que derramó la copa. Yulia se dejó caer de abatimiento y al fin las lágrimas de deslizaban libremente por sus mejillas. No intentó detenerlas.

Por un momento rompió ese caparazón que la hacía sentir protegida del dolor y se volvió tan frágil como un botón de rosa. Se sentía caer en un profundo abismo. Polina la observó y lo único que se le ocurrió hacer fue abrazarla; sostenerla y mostrarle que había gente que nunca la dejaría caer. Le brindó ese abrazo que tanto Yulia necesitaba, aunque no se diera cuenta.
Las cálidas gotas de agua se deslizaban por las paredes de su piel. Humedecían cada curva, cada lugar recóndito... hasta acariciar libremente todo su delgado pero esplendoroso cuerpo. Mientras que la esponja con la que se enjabonaba parecía estar besándola con fugaz vehemencia. Se enjuagó y tomó una toalla para secarse. Entonces Yulia salió de la ducha.

Mientras se vestía un apetitoso olor se apoderó de sus fosas nasales. Ya completamente arreglada se dirigió hacia el lugar de donde provenía el olor: la cocina.
- ¡Hmmmm! ¿Qué estás haciendo, Mamá? ¡Huele a kasha! - gritaba Yulia por el pasillo.

En cuanto se asomó a la cocina notó que no era su madre la que estaba ahí. La que estaba era Polina.
- Buenos días, Yulia
- Eeeehh... Buenos días - saludó Yulia - Pensé que era mi madre la que estaba aquí.
- Tus padres salieron a trabajar hace horas... ya son las 11:00 a.m.
- Si, que tonta soy. Lo olvidé.
- ¿No sentiste cuando se despidieron de ti? Te dieron un beso en la frente - sonrió Polina.
- He de haber estado como roca... Desperté hace poco.

Yulia fue directamente al refrigerador.
- ¿Qué haces? - le preguntó Polina, suponiendo lo que buscaba Yulia.
- Buscando algo rápido para desayunar.
- Pero si acabo de prepararte algo - Polina señaló una cacerola que había en la estufa - Déjame servírtelo.
- ¡¿A mí?! ¡¿Me preparaste el desayuno a mí?! - preguntó extrañada Yulia - No debiste haberte molestado.
- Es que escuché cuando te levantaste y pensé que tendrías hambre - explicó Polina - No me vas a despreciar el desayuno, ¿o si? - sonrió la mujer - Anda, siéntate y te sirvo.

Yulia se sentó a la mesa. Aunque rió internamente debido a la situación: una mujer que no conocía le insistía le aceptara el desayuno en la propia casa de sus padres. En unos minutos Polina colocó frente a Yulia un plato con kasha (un cereal típico en Rusia hecho habitualmente de sémola), pan negro y un queso suave similar al ricotta.

- ¡Uao, hace mucho que no desayunaba tan bien! - comentó Yulia sin darse cuenta, porque más que nada fue un pensamiento en voz alta.
La otra mujer no pudo evitar soltar una carcajada. Sin intención de que Yulia lo notara, para no apenarla, observaba con curiosidad la manera atroz en que la cantante devoraba el desayuno. Es que más que masticar parecía que le quería dar muerte a lo que comía; porque el día de ayer lo único que había probado era una taza de café durante la mañana y sus tripas le estaban rugiendo desde que despertó.

De repente Yulia recordó sus modales y buscó a Polina con la mirada. Le preguntó:
- ¿No me acompañas? ¿Ya desayunaste?
- Sí, desayuné hace horas. Me levanté como a las seis porque pensaba y a buscar algún departamento que estén alquilando por ahí... y desayuné. Todavía no tengo hambre.
- ¿Pensabas ir en busca de departamento? ¿Qué pasó, por que no fuiste? - se extrañó la pelinegra.
- Iba a salir minutos después de que se fueron tus padres... pero al pasar por la sala y verte allí acostada... Es que anoche estabas tan mal que no supe si sería buena idea dejarte sola.
- No debiste hacerlo - comentó Yulia - No quiero que por mi culpa vayas a dej ...
- Ya olvídalo. Ahora que veo que estás bien saldré dentro de un rato.

La mujer colocó una taza de café frente a Yulia, quién continuó desayunando. Polina se sentó en la silla que quedaba frente a la de Yulia, tomando su propia taza de café. Entonces intercambiaron unas cuantas palabras propias de la gente que apenas se conoce. Por un momento reinó un silencio inminente. Pareció durar por siglos, Hasta que Yulia dijo, un tanto apenada:
- ¿Sabes?... Quiero agradecerte por lo de anoche. No sé por qué me comporté así. Yo... me sentía algo mal... bueno... Gracias.
- No tienes por qué, Yulia. Siempre que quieras desahogarte y necesites de alguien puedes contar conmigo. Te he estado viendo en los medios desde que comenzaste tu carrera y... no sé, te me haces muy familiar.

La pelinegra sonrió en agradecimiento. Polina vió que Yulia había terminado el desayuno y se levantó dispuesta a fregar los trastes. Pero Yulia no la dejó y los tomó ella.
- Yo puedo hacerlo - dijo la pelinegra - Es justo que sea yo la limpie ahora.
La rubia vió la peculiar manera de fregar que tenía Yulia y comenzó a reír.
- ¡Ey no te rías! La cocina no es mi fuerte - dijo Yulia, quien volteó al escuchar las risotadas de la otra.

Fue cuando Yulia notó por primera vez lo hermosa que era esa mujer. ¡Dios, tiene una sonrisa apoteósica! Se parece a la de Lena, pensó Yulia muy dentro de sí. No... la de mi Lena es más hermosa.

La propia sonrisa de Yulia desapareció al darse cuenta de que había comparado a una total extraña con la mujer de su vida.
- ¿Te sientes bien? Te quedaste seria.
- Estoy bien - contestó al mismo tiempo en que secaba lo que acababa de fregar.
- Bueno... ¿Puedo pedirte algo, aunque esté fuera de lugar?
- ¿Qué cosa? - se extrañó Yulia.
- Un autógrafo.
Yulia volvió a sonreír.
- Claro.

En cuanto Yulia le dio el autógrafo Polina dijo que debía irse si quería conseguir un departamento pronto.
- No vi ningún auto cuando llegué en la madrugada... ¿Te vas en taxi? - le preguntó Yulia.
- Si.
- Mejor yo te llevo. Me siento en deuda contigo.
- No tienes porqué.
- De todos modos tengo el día libre.

Más tarde caminaron a la salida. Yulia iba detrás de Polina y sin darse cuenta sus ojos comenzaron a escanear las bien definidas formas de la otra al moverse. ¿Qué rayos...? Ja, ja, ja, ja, rió mentalmente al darse cuenta de cuánto habían cambiado las cosas. Quizá en otros tiempos ella le hubiese prestado más especial atención la figura de esa mujer, pero no ahora. Desde que Yulia le envolvió su corazón de regalo a Lena, solamente era de la pelirroja. Esta mujer es hermosa, pero mi Kotenok lo es más. Además a Lena la amo tanto que mi alma es como una extensión de la de ella. Entonces miró hacia el cielo y sonrió al pensar en Lena. Dió gracias una vez más por el amor que Lena sentía por ella.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:05

Capítulo VII

Las horas eran comidas por los días. A los días los devoraban las semanas, y estas últimas se desvanecían en los meses al igual que una vez las arenas del desierto desvanecieron a las aguas por las que estuvieron cubiertas. Más o menos dos meses habían pasado desde que se inició todo. Las hojas de los almanaques se estacionaron en el mes de junio.

Evgenia se encontraba en una de los pasillos de la prisión. Le habían asignado a un grupo de reclusas la tarea de pintar las paredes de esa área. La colaboración, el buen comportamiento y trabajo (más allá de las tareas asignadas) dentro del penal podrían ayudar a reducir los años de sentencia en ese lugar, por eso muchas reclusas llevaban a cabo algunas tareas adicionales. Evgenia era una de las que estaba pintando las paredes del pasillo.

Había estado muy distraída durante toda la semana y en esa mañana no prestaba atención a lo que hacía. Estaba parada bajo una escalera y sin saber cómo pasó, un bote de pintura color crema terminó derramándose sobre su cabeza.
- ¡Carajo! - gritó Evgenia - ¡Maldición!
- ¿Qué son esos gritos, Odéen? - preguntó la guardia que estaba a cargo del grupo.
- ¡Me cayó pintura en los ojos! - gritó Evgenia.
Todas las demás reclusas que estaban en el lugar comenzaron a reír, mientras la guardia le ordenó a otra reclusa:
- Acompaña a Odéen a la enfermería ahora mismo.
La reclusa acompañó a Evgenia a la enfermería.

- ¡Tengo los síntomas! ¡Tengo los síntomas! - gritaba Evgenia al entrar corriendo hacia la biblioteca, en busca de Nadezhda.
La bibliotecaria se encontraba acomodando unos libros entre los viejos anaqueles. Al escuchar la forma alborotada en que entró la de cabello castaño, Nadezhda dejó su tarea y preguntó:
- ¿Qué pasa Evgenia? ¡Me vas a matar de un susto!

Nadezhda se volteó y vió algo diferente en la reclusa de ojos azules. Su cabello estaba corto y tenía algunos rastros color crema en algunos sitios.
- ¿Qué le pasó a tu cabello?
- Estaba pintando un pasillo y se me derramó pintura en la cabeza. Me cayó un poco de pintura en los ojos y me llevaron a la enfermería. Como no me quería salir la pintura me cortaron el cabello… Pero olvida eso, por lo que estoy aquí es por otra cosa.
- ¿Pasa algo malo? - preguntó Nadezhda al ver el rostro preocupado de su amiga.
- Tengo los síntomas - repitió Evgenia. Su voz delataba algo de congoja, al igual que su mirada.

La bibliotecaria se acercó a Evgenia. Le tocó la frente y las mejillas con el dorso de su mano para estar segura de que no tenía fiebre.
- ¿Estás enferma? No tienes fiebre.
Evgenia se sentó a una mesa e inclinó el torso.
- No es eso, Nadezhda. Tengo los síntomas… pero del enamoramiento. Estoy enamorada de Lena - anunció reflejando un estado de ánimo tan decaído que mostraba que ella no quería sentir lo que sentía.
- Dime algo que no sepa.
- ¿Lo sabías? No es posible que lo supieras. Acabo de enterarme.
- No acabas de enterarte. Acabas de decirlo en voz alta, que es diferente - comentó la bibliotecaria - Te advertí muchas veces que esto pasaría. Ya de por sí Lena te gustaba físicamente… Luego empezaron a pasar demasiado tiempo juntas y empezaste a conocerla… a conocer su interior. Te gustó y estos son los resultados. Te lo advertí, pequeña.
- Ya deja decir eso, Nadezhda.

La joven inclinó la cabeza y se cubrió con los brazos, como si le doliera. Su medio torso recostado sobre la mesa.
- No quería que pasara esto - se lamentaba Evgenia - Lena ama a Yulia… ¡Lo que yo estoy sintiendo es un absurdo! Yo nunca me había enamorado… No sabía que dolía tanto.
La joven guardó silencio por un momento. Se mantuvo con el rostro oculto y el torso inclinado.
- ¿Estás llorando? - preguntó la bibliotecaria al tiempo que le pasaba la mano por la espalda para calmarla como si fuese una niña.

Evgenia se enderezó y se puso de pie.
- No - contestó, pero su rostro decía todo lo contrario - ¡Por favor ayúdame! Dime que puedo hacer para dejar de sentir esto.
- Yo no puedo hacer nada - le contestó la bibliotecaria - Eres tú la que tienes que encontrar un balance entre lo que sientes aquí - la biblioteca tocó el corazón de Evgenia - Y lo que te aconsejan aquí - tocó la cabeza de la joven.
- Pues precisamente ese el problema, Evgenia. Mi corazón y mi mente están en desacuerdo. Amo a Lena pero sé que no debería… No tiene objeto alguno lo que siento por ella. Además me duele lo que siento… Tenerla tan cerca y saber que está pensando en alguien más.

La de cabello castaño se quedó en las mismas. ¿Porqué el consejo de Nadezhda tuvo que ser tan ambiguo?, se preguntó.

Ya era de tarde. El cielo brillaba como nunca. Su azul era tan magnífico que habría llamado la atención de algún buen pintor que quisiera destacarlo en sus pinceladas, de algún poeta o de cualquier alma sensible. Una que otra pequeña nube se dejaba arrastrar como barco de papel por aquel mar celeste.

En el patio de la prisión Lena se encontraba parada bajo la sombra del alero del edificio; su vista fija en la intensidad de aquel azul maravilloso. El cielo de Yulia, pensaba Lena mientras dejaba que la brisa le acariciara el rostro. Siempre que veía un cielo así le hacía pensar más que nunca en su amante y compañera.

Deseaba estar afuera con toda su alma, junto a Yulia. Pensaba que a pesar de las murallas que la separaban de resto del mundo, había algo que siempre compartiría con Yulia, aparte de lo que sentían la una por la otra... Nadie puede amurallar el cielo, se decía Lena al tomar una bocanada de aire. Es el mismo cielo que ahora está mirando ella... y estoy segura de que está pensando en mí... Es el cielo de Yulia... Es ahí donde estoy... Bajo el cielo de Volchonok...

Aún con su mirada fija en el cielo algo ensombreció por un momento su vista. Pero estaba tan concentrada en sus pensamientos que la pelirroja no lo notó... Lena siguió viendo un hermoso azul frente a ella. Pero era un azul diferente. Este azul parecía absorber su mirada. De repente escuchó una voz que la despertaba de su aparente letargo diurno. Se dió cuenta de que ya no estaba mirando el cielo, sino unos brillantes ojos. ¿Yulia?, fue el nombre que pasó por la mente de Lena. Pero la voz, aunque familiar, pertenecía a otra persona.
- ¿Estás bien? ¡Tierra a Lena! ¡Tierra a Lena!

Fue el rostro de Evgenia el que Lena vió frente al de ella. La reclusa de ojos azules lucía diferente. Lena se sintió confundida.
- Tu cabello… - fueron las primeras palabras que pudo pronunciar la pelirroja, mientras sus manos parecían tener voluntad propia al acariciar unos mechones de cabello de Evgenia - ¿Qué fue lo que… le hiciste?
- ¿Recuerdas que hoy iba a pintar aquel pasillo? Pues la pintura se me derramó sobre la cabeza y como no me salía… Encontraron más fácil cortarme el cabello - explicó la de pelo castaño - ¡Pero no me mires así! ¿Qué pasa? - Evgenia rió ante la mirada de Lena.
- Es que… es exactamente igual al recorte actual de Yulia.


Lena no podía creer lo que estaba haciendo. Estaba tan enfocada tan pensando en Yulia, al momento de llegar Evgenia que no pudo evitar esa comparación.
- Te ves muy… bien - comentó la pelirroja.
- Gracias.

Evgenia sonrió. Todo ocurrió en una milésima de segundo, pero pareció haber durado por horas.
- Así que… ¿Observando el cielo? - preguntó Evgenia - Hoy está muy claro... hermoso.
- Ehhh... Sí - contestó Lena, sintiéndose un poco turbada y sin saber porqué razón.
- A mí también me fascina verlo así... Recuerdo que cuando era adolescente me sentaba por horas a verlo, mientras redactaba poesía - comentó la de ojos azules - Mi papá llegaba y me decía que dejara de perder el tiempo - sonrió con ironía al recordar su pasado. Evgenia permaneció callada durante un momento, acompañando a la pelirroja a admirar el cielo. Era la primera vez que mencionaba a su padre a alguien desde hacía años.

Los ojos grises de Lena abandonaron el paisaje celestino que observaban, para ponerse a contemplar a la mujer que estaba a su lado, sin que esta lo percibiera. Era Evgenia de expresión tan calmada que parecía estoica. Nunca podías adivinar en lo que estaba pensando. A veces Lena podía notar cierto aire melancólico en ella que al parecer nadie más percibía, pero que se esfumaba de inmediato. Había días que hablaba con impetuosa efusión sobre ciertos temas. Pero había otros en los que se la pasaba más callada y había que sacarle cada palabra. Aunque siempre su exuberante y cálida presencia le hacía sentir a Lena un “confort” familiar.

Sus cabellos se dejaban mover por la suave brisa, sus manos las guardaba dentro de los bolsillos del uniforme; lo que le daba a Evgenia un aparente estado de lejanía y total despreocupación. La pelirroja aprovechó la oportunidad para hacerle una pregunta que le había estado queriendo hacer desde algún tiempo:
- ¿Por qué mucha gente te teme?

La pregunta le cayó por sorpresa a la reclusa de cabello castaño.
- ¿Cómo?
- Que por qué hay tanta gente que te teme aquí adentro - repitió la cantante.
Una sonrisa melancólica ensombreció el rostro de Evgenia. Volvió su mirada hacia su protegida y le contestó:
- Por lo visto aún nadie te ha mencionado quién es mi padre... Es que aquí se riegan tan rápido los chismes.
- Es que casi no hablo con nadie... Sólo contigo, con Ustinya y algunas de sus amigas, y con Nadezhda - Lena guardó silencio por un momento y volvió a preguntar - ¿No vas a contestarme?

A la otra mujer no le gustaba hablar sobre el asunto. Pero como con Lena se sentía tan bien, suspiró y le dijo:
- Mi padre es un capo.
- ¡¿Jefe de la mafia?! - se sorprendió la pelirroja.
- Sí... Y todos le temen... Saben lo que podría pasar si alguien me hace daño... Por lo que todas las reclusas se mantienen a distancia de mí y yo me mantengo a distancia de ellas... Así evitamos problemas... No quiero que vuelva a ocurrir lo de aquella vez... cuando llegué al penal.
- ¿Qué fue lo que pasó?
- Hace dos años... cuando llegué a este sitio, unas reclusas me habían tomado de punto por ser la nueva... Me golpeaban tanto que no podía ponerme de pie - contaba Evgenia - Hasta que un día una de ellas intentó atacarme sexualmente... - guardó silencio por un momento al recordar el incidente, pero luego continuo contando - ... pero decidí defenderme.
- ¿Qué hiciste?
- Taekondo... Empecé a tomar clases desde los quince años y es como siempre me defiendo en este lugar. Como mi agresora estaba sola me atreví a defenderme... y lo logré. Pero al día siguiente su grupo me dió una golpiza... estuve en la enfermería durante toda una semana - rió con ironía - Uno de los contactos de mi padre le informó sobre lo que ocurría, y... cuando salí de enfermería aquel grupo de mujeres... todas estaban muertas.
- Tu padre lo hizo... - dijo en voz baja Lena.

La de cabello castaño asintió sin pronunciar palabra.
- Pero tú no eres como él. Sé que estás aquí por otra cosa. Jamás has lastimado a alguien, ¿cierto? - comentó la pelirroja con temor a la respuesta.
- Yo estoy aquí por manejar una compañía que lavaba dinero... ¡Y lo peor es que no sabía que estaba lavando ese dinero! - volvió a reír sarcásticamente - La compañía era de Papá. Juré que no le volvería a hablar y he cumplido mi palabra.

Evgenia sacó sus manos de los bolsillos. Suspiró y dijo:
- Pero mejor hablemos de otra cosa… ¡Odio hablar de él, o de esto!
- No quise traerte malos recuerdos...
- Lo sé - sonrió la de cabello castaño.

Lena permaneció observando aquellos labios rojizos por un momento. Aún la pelirroja no se explicaba a sí misma por qué, pero aquellos labios eran tan llamativos que en distintas ocasiones había pensado en tocarlos para saber si se sentían de la manera en que se veían. Pero ese pensamiento era borrado de inmediato por la razón, que la hacía reaccionar. Aquella sonrisa le pareció mágica en ese instante. Esa sonrisa combinada con la mirada lejana y cristalina de Evgenia, podían lograr que a veces el sol se opacara en comparación a la expresión radiante en el rostro de la mujer. Al menos fue lo que Lena llegó a pensar en un par de ocasiones, incluyendo esta.

- Cuando sonríes así te pareces a Yulia - comentó Lena, sin saber de dónde había salido el comentario.
- No me parezco a ella - se desapareció la sonrisa de los labios de Evgenia.
- Justo lo que Yulia contestaría si le hiciera la misma aseveración sobre ti - rió la pelirroja.

Volvió a reinar el silencio por unos minutos. Estaban rodeadas por todo lo que siempre había: el patio, las reclusas caminando por el lugar, algunas jugando deportes, otras formando peleas, las mismas guardias observándolo todo, y la aterradora muralla que las separaba de la porblación libre.

Evgenia se sentó estilo indio sobre el piso. Miraba hacia arriba.
- Recuerdo que cuando era niña mi primo y yo solíamos jugar a decir a qué se parecen las nubes.
- Yo también lo hacía - rió Lena - ¡Ey te vas a ensuciar el trasero, ahí sentada!
- Habló la “Señorita delicada”. Ja, ja, ja, ja. ¡Vamos siéntate! No seas delicada, te vas a cansar de estar ahí parada sin hacer nada.
- ¡Ey no soy delicada! Sólo que no me siento porque ayer lloviznó y aún está húmedo - rió Lena al darse cuenta de qué excusa tan mala dió.
- Entonces siéntate sobre mí - bromeó Evgenia, aunque no le molestaría si la pelirroja se sentara sobre ella en verdad.
- Por si no te has dado cuenta si me sentara sobre ti… te aplastaría - bromeó Lena - Estás muy flaca.
- ¡Flaca yo?! Me confundes con tu novia - rió la de ojos azules - Además, ¿qué es eso de tú aplastarme a mí? Siéntate y vé que soy tan resistente como un mueble de buena madera.

Ante la insistencia de la otra Lena casi se tiró sobre ella.
- ¡Auch, eso dolió! - bromeó Evgenia.
- Te lo dije, peso más que tú.
- Sólo bromeaba, tonta - rió Evgenia, quien miró entonces hacia las nubes y Lena la imitó.
- Esa nube parece una nariz de delfín - comentó Lena.
- Aquella parece… ¡No sé que parece! Estoy perdiendo imaginación.

Pasados unos segundos de estar en esa posición a Lena le pareció una horrible idea estar sentada sobre Evgenia, porque cada vez que ésta hablaba le hacía cosquillas el aire que surgía de su boca al pronunciar cada palabra. No era que precisamente las cosquillas le hicieran reír. ¿Qué rayos me está pasando?, se preguntó a sí misma Lena.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:06

Por su parte a Evgenia tampoco le pareció buena la idea de tener a la pelirroja sentada sobre su regazo. Sentía tan cerca a Lena que en lo único en que pensaba era en besarla, aunque sabía muy bien que sería una total estupidez de su parte si lo hacía.

La pelirroja dejó el regazo de su amiga y se sentó a su lado, en el piso. Ambas sonrieron con cierto nerviosismo. Una inesperada ventolera las azotó y revolvió el cabello de ambas. Evgenia estiró su brazo para acomodar el cabello de Lena. Volvieron a sonreír nerviosamente, como si esperaran que algo inesperado sucediera. La mirada segura de Evgenia se volvió confundida, aunque su sonrisa se mantuvo.

Lena no podía dejar de sentirse atraída por aquella sonrisa fascinante. Aquellos labios eran tan llamativos que parecían tener algo mágico. Además la mirada de su amiga tenía una expresión que le hacía recordar a Yulia. Casi movida por voluntad propia la mano de Lena se fue acercando al rostro de Evgenia. Al fin acariciaría aquellos labios que tantas veces la habían tentado.

Evgenia sintió el calor de los dedos de Lena, rozando sus labios. Todo eso era demasiado para la de cabello castaño. No lo soportaba. Era una tortura que la mujer que amaba estuviera tan cerca, y que la misma Evgenia no se sintiera con el derecho de besarla, aún sintiendo que se le estaba desgarrando el alma por querer hacerlo. Su corazón se aceleró al igual que el de Lena.

Entonces ocurrió lo inesperado. Ambas fueron acercando lentamente su rostro al de la otra. Cerraron sus ojos. Hasta que sus bocas se encontraron. Pero solamente fue eso, los labios de la una rozaban los de la otra. Fue una suave caricia, como cuando una tranquila brisa nos besa el rostro. No parecían estar besándose realmente, sino que permanecieron así, inmóviles, debido al nerviosismo que ambas sentían en ese momento.

Separaron sus rostros. Se miraron a los ojos por un momento. Una sonrisa tonta y nerviosa por parte ambas se convirtió en el preludio de la acción. Luego Lena volvió a acercar el rostro al de su amiga. Entonces sus labios se unieron en lo que fue realmente un beso, que fue comenzado por Lena y aceptado por la otra. Ambas parecían no tener el control, sus labios dominaban la situación mientras ellas obedecían.

De repente Evgenia escuchó salir de los labios de Lena lo peor que pudo haber escuchado. Solamente fue un nombre, pero le dolió peor que si le hubieran baleado el corazón.
- Yulia… - fue lo que susurró Lena.
Evgenia apartó a la pelirroja de sí. Ambas se miraron durante un instante. Lena estaba asustada por lo que había hecho, mientras que Evgenia estaba lastimada, aparte de confundida.
- No soy ella - fue todo lo que pudo pronunciar Evgenia, ya que si pronunciaba alguna palabra más sentía que estallaría en llanto.

¡¿Qué hice?! Esto fue como traicionar a Yulia, se repetía en silencio Lena, sin entender porqué lo había hecho. Sus miradas asustadizas y el incómodo silencio que se prolongaba cada vez más fue interrumpido por una de las guardias, que se acercó al par de reclusas, quienes aún estaban sentadas en el piso.
- ¿Qué hacen ambas aquí sentadas solas? - inquirió la guardia - Será mejor que vayan a integrarse a alguna actividad con las demás… Pero por ahora tú te vienes conmigo, Katina. Tienes visita.

Lena se levantó sin decir palabra alguna a Evgenia y caminó siguiendo a la guardia. Por un momento volteó hacia atrás para encontrarse con la mirada confundida de Evgenia, quién además estaba lastimada. La de cabello castaño siguió con la mirada a la pelirroja, hasta perderla de vista.

Capítulo VIII

Corría la tarde de un día cualquiera en el mes de junio. Una guardia penal conducía a Lena hacia una de las mesas de visita. La pelirroja acababa de pasar por uno de los momentos más confusos de su vida: había besado a una mujer que no era Yulia. Por lo que se encontraba algo confundida.

No era día de visita social en el penal, por lo que Lena esperaba encontrarse con su abogado. Pero su corazón casi se le salió del pecho al ver que quien la esperaba en la sala era su compañera, Yulia. La pelinegra sonrió de inmediato al ver a la mujer que amaba y se levantó para alcanzarla. Yulia la besó y entonces caminaron hacia la mesa.
- Te extraño - dijo la pelinegra.

Sobre la mesa había una cajita adornada, que Yulia le entregó a Lena. En el interior estaba la rosa roja más hermosa que Lena hubiera visto, una caja de chocolates con fresas y un libro. Lena no supo si sonreír o llorar. ¿Porqué Yulia tenía que ser tan dulce en ese preciso momento, cuando ella se sentía culpable por haber besado a Evgenia?
- Me los dejaron pasar después de asegurarse de que no escondía un arma letal en ellos. Ja, ja - Yulia.

La pelirroja observó una vez la dulce sonrisa de Yulia y esa mirada tierna de cachorro faldero. Entonces Lena se sintió peor. Se abrazó a Yulia y le susurró más de una vez que la amaba.
- Yo también te amo, mi vida - expresó Yulia, luego de volverla a besar.

Se sentaron a la mesa.
- Que milagro que te dejaron pasar, no es día de visitas sociales - señaló Lena.
- ¡Es que el abogado habló para que me permitieran venir a darte una noticia, Lena! - el rostro de Yulia parecía brillar de alegría. Tomó las manos de Lena entre las de ella y por la manera en que la apretaba Lena sabía que era algo bueno - Tenía que decírtelo yo en persona, mi amor.
- ¿Qué es lo que pasa, Yulia? Ya dime, o me provocarás un infarto.
- ¡Es que Anatoliy salió del coma! ¡El niño salió del coma, Lena! ¡Ahora hay una posibilidad de que pueda declarar lo que escuchó aquella noche!

La emoción de Lena ante la posibilidad que denotaba la noticia la hizo levantarse, reír, abrazar a Yulia. Se estuvieron abrazando durante un instante. Cuando los ánimos volvieron a calmarse, ambas tomaron asiento.
- ¡Aún no puedo creerlo, Yulia! Es una especie de milagro.
- En cuanto el niño esté en condiciones de recibir la visita de los agentes que están a cargo del caso, se le tomará su testimonio… Él es ciego, pero seguramente escuchó lo ocurrido.

Lena volvió a sonreír ante la buena nueva. En ese momento Yulia se limitó a acariciar los labios de emperatriz de su corazón.
- La extrañaba… Necesitaba verla - comentó la pelinegra.
- ¿A quién?
- A tu sonrisa.

Yulia continuó hablándole a Lena, pero la mente de la pelirroja se encontraba lejos del lugar. Me siento como una traidora… He faltado a su confianza y ella no se merece lo que le he hecho, se decía Lena mientras intentaba mantener inmutable aquella sonrisa. ¿Pero que fue lo que hice? Esto es peor que mentirle… ¿Y si le digo lo que pasó? Después de todo estaba pensando en ella cuando besé a Evgenia… Yulia entenderá.

Al fin la pelirroja se volvió a enfocar en las palabras de Yulia.
- … Y ella ya no estará protegiéndote allá adentro. Por eso quiero hablar con ella.
La mirada de Lena reflejó algo de confusión, debido a que no sabía de lo que hablaba Yulia.
- ¿Qué pasa, mi amor, te sientes bien? - le preguntó Yulia al notar el cambio en la expresión de la otra.
- Es que… ¿Con quién dices que quieres hablar?
- Con El Papa… ¿Con quien va a ser, Lena? ¡Con Evgenia!

Al escuchar aquel nombre, Lena no pudo evitar que aumentara su ritmo cardiaco. Además comenzó a sentir un sudor frío en las manos, que estaban entre las de Yulia. Era el miedo. ¡No puede ser que lo sepa! Acaba de pasar lo del beso. ¡Es imposible! Cálmate, Lena, se decía a sí misma la pelirroja.
- ¿Y para qué quieres hablar con ella?
- Por lo que acabo de contarte - le contestó Yulia - ¿Te sientes bien, Lena? Te pusiste pálida… Hace un momento estabas bien y… ¿No será que te has estado sintiendo mal y no quieres decirme? … Es que tú no eres tan distraída. Además estoy notando que tu mirada es algo…
- Estoy bien - le cortó Lena - Es sólo que la noticia que me has traído me tiene pensando en lo que pasará y quizá esté un poco distraída… Pero estoy bien.


La pelirroja se calmó interiormente y se mantuvo lo más casual que pudo.
- … Así que… Sígueme contando lo de Evgenia. ¿Por qué quieres hablar con ella? - inquirió la pelirroja.
- Por lo que acabo de contarte… Esa mujer solicitó ver a la persona que la contrató para tu protección. Así que ayer habló con ese “agente” y le dijo que quería devolver todo el dinero que le han estado enviando a su cuenta. Tampoco quiere que le sigamos pagando… Parece que no quiere seguir protegiéndote, Lena.
- ¡No es posible, ¿por qué?! ¿Estás segura de que hablaron eso ayer?
- Sí. A mí también me pareció extraño. Por eso quiero hablar con ella.
- Pero no tienes que hablar con ella, mi amor. Yo puedo hacerlo. No necesitas hablar con ella.
- Pero es que siento que debo hablar con ella. Quiero saber el porqué de su actitud.
- No, Yulia, déjame hablarle yo - insistía Lena, rogando que Yulia no conociese a Evgenia.
- ¿Porqué no quieres que hable con ella? - preguntó extrañada la pelinegra.
- No es eso, es que…

Las interrumpió una guardia para anunciarles que el tiempo de visita había concluído. Ellas se despidieron. Yulia salió del penal estando un poco preocupada por la extraña actitud de su compañera. Lena se comportó algo extraña, se decía Yulia mientras manejaba su auto. Fue como si quisiera ocultarme algo… Estaba nerviosa. Cree que no lo noté… Aunque espero estar equivocándome. El sonido de su celular interrumpió sus pensamientos.
- ¿Hola? - contestó Yulia - ¡Ahh, Polina!… Sí… ¿En dónde estás?… Voy para allá. Espérame.

Lena sabía que Yulia iría a visitarla de nuevo el miércoles, y estaba segura de que la pelinegra aprovecharía para hablar de una vez con Evgenia. Tengo que hablar con ella antes que Yulia, se repetía Lena. Además tengo que aclarar lo que sucedió hace un momento… ¡Aún me cuesta creerlo! No sé cómo pude!

Lena apagó la pequeña t.v. y salió de inmediato de su celda. Iba a toda prisa hacia el patio de la prisión. Buscó por todas partes pero no la encontró. Tampoco estaba en la biblioteca, por lo que decidió subir al piso en donde se encuentra la celda de Evgenia.

En cuanto llegó a la celda que buscaba vió, entre las rejas, que Evgenia se encontraba tendida sobre una de las dos literas que había, la de arriba. La reclusa de cabello castaño se encontraba con los ojos cerrados, parecía dormir pero tenía puesto unos audífonos y a su costado había un pequeño “cd player”. La música estaba muy alta y a pesar de que la escuchaba con audífonos, Lena se pudo dar cuenta de que lo que escuchaba era un tema musical de t.A.T.u.

La pelirroja entró a la celda y comenzó a mirar a su alrededor. Las paredes tenían pegados un “poster” de t.A.T.u. y unos cuantos de Lena sola. Lena bien sabía que Evgenia era fanática del dúo, especialmente de ella, así que no le asombró encontrar esos “posters”.

- ¿Evgenia? - la llamaba Lena, pero ésta no la escuchaba - ¡Evgenia! - la pelirroja subió la voz - ¡Ev-evgenia!
Entonces Lena la tocó por los hombros para que la de pelo castaño se diera cuenta de su presencia. Evgenia abrió sus ojos y al darse cuenta de que era Lena la que estaba frente a ella, se puso sentó de inmediato y apagó la música.

La estoica expresión de Evgenia le impidió a Lena figurarse el estado de ánimo de aquella. Lena subió a la litera superior y se sentó junto a Evgenia. Ambas permanecieron calladas sin saber qué decir, pero la pelirroja estaba buscando las palabras más adecuadas. No se atrevían a mirarse. La mano de Evgenia tropezó momentáneamente con la de Lena, pero de manera notable la alejó de la de la pelirroja.

Evgenia entonces dijo:
- Supongo que no viniste solamente a sentarte junto a mí… Así que, ¿porqué no me dices a lo que has venido?
- Yo… Evgenia, yo…
- Es por lo que pasó hace un rato, ¿cierto? - le preguntó la de ojos azules, mirando al rostro a Lena.
La pelirroja tomó un gran suspiro y asintió moviendo la cabeza. Luego dijo:
- Ese beso… Yo no me di cuenta de lo que realmente estaba haciendo… Yo…
- Lena, sé muy bien lo que pasó… Tú estabas besando a Yulia por medio de mí. Eso fue todo - le dijo Evgenia.

Volvieron a permanecer en silencio sin saber qué decir. Después de un momento la pelirroja preguntó:
- ¿A quién besaste tú?
- A la persona de quién me enamoré… A ti.
Evgenia lanzó una mirada asustadiza a la pelirroja. Esperaba cualquier reacción por parte de Lena, excepto tranquilidad. Pero la mujer de ojos verde-grisáceos no dijo nada, solamente permaneció ahí mirando a la otra.
- Pude sentirlo - comentó Lena - El beso… La manera en que me besaste te delató… Me besaste como me besa Yulia… Me besaste con el alma, Evgenia. El beso llevaba tu alma impregnada.

Evgenia sonrió, pero la sonrisa reflejaba algo de dolor. Sentía un gran alivio porque ahora Lena sabía cuáles eran sus verdaderos sentimientos hacia ella, pero aún así su mente se encargaba de recordarle que esa mujer no era para ella, que en el corazón de esa mujer ya habitaba otra persona y no había espacio para más inquilinos del tipo romántico.
- No quería que lo supieras… Pero… Ya se me estaba destruyendo el corazón al ocultarlo… Y después de lo que pasó hoy… - decía Evgenia.
- Por eso fue que devolviste todo lo que te han pagado por “protegerme”.
- Así que ya te dijeron.
- Hace un momento.
- No podía seguir recibiendo dinero por estar cerca de ti, Lena… Eso va contra lo que soy - explicó Evgenia - Pero quiero que sepas que siempre voy a estar ahí… Cerca de ti… Y que mientras yo esté aquí nadie se acercará a dañarte.

Lena tomó la mano de Evgenia que estaba junto a ella y la apretó amistosamente. La mujer de ojos azules sonrió y Lena le devolvió el gesto.
- ¿Ahora que va a pasar? - preguntó la pelirroja.
- Nada… Tú seguirás amando a Yulia. Yo seguiré pateándole el trasero a la que se atreva a querer meterse contigo… Y nosotras seguiremos siendo amigas - dijo Evgenia - Bueno, Somos amigas, ¿cierto?
La pelirroja comenzó a reír y le dió un codazo a Evgenia, en forma de broma.
- ¡Naaah, qué va! Somos las peores enemigas pero desde ahora podemos ser amigas ja ja - reía Lena - ¡Por cierto, tengo una buena noticia! ¡El niño, Tolya, salió del coma…

En unos minutos Lena salió de la celda de su amiga. Entonces Evgenia dejó de fingir su aparente calma y volvió a tumbarse sobre la cama. Se cubrió el rostro con la delgada e incómoda almohada y comenzó a sollozar.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:07

Esa tarde Yulia estacionó el auto frente a un restaurante y se bajó. Entró al lugar, buscando con su mirada la ya conocida figura de Polina. Durante las pasadas semanas (unos dos meses) se habían vuelto muy cercanas. Cuando no estaba trabajando, ni llevando a cabo algo relacionado con el asunto legal de Lena, era con Polina con quien Yulia pasaba la mayor parte de su tiempo.

A veces la hermosa joven de ojos azules se sentía tan deprimida al llegar a su departamento y no encontrar a Lena allí que prefería ir continuamente a visitar a sus padres y pasar la noche allá. Con el pasar de los días Yulia comenzaba a disfrutar de la presencia de Polina. Ellas podían pasar horas conversando y bromeando, por lo que la pelinegra había encontrado en esa mujer un refugio inmediato para escapar del abatido estado de ánimo que le provocaba la relativa ausencia de Lena. Así que sin darse cuenta Yulia había convertido la visita a casa de sus padres en una excusa para pasar el tiempo con Polina, aunque al principio no había sido esa su intención.

En una ocasión, cuando Yulia estaba por entrar a la sala de la casa de sus padres, pudo escuchar cómo su madre le decía a su padre:
- ¿No crees que Yulia está pasando demasiado tiempo con Polina?
Sin despegar su mirada de la televisión, Oleg Volkov le contestó a su esposa:
- Imaginaciones tuyas, mujer. ¡Déjala que se distraiga un poco! Desde que Lena está en prisión, Yulia se la pasa trabajando… Y cuando no, está como alma en pena… Es justo que se tome un poco de aire.
En aquel momento al escuchar el comentario de su madre, Yulia se preguntó si sería cierto o si su madre estaría exagerando. Pero la réplica de Oleg le sacó una sonrisa.

La pelinegra se paró frente a la entrada del restaurante. A la distancia vió que Polina le agitaba el brazo, indicándole dónde estaba. La mujer de cabello rubio sonreía alegremente, mientras Yulia se acercaba a la mesa. La cantante besó en la mejilla a su amiga, lo mismo hizo esta con Yulia.
- Acabo de ver a Lena - anunció Yulia luego de sentarse - Ya sabe que el niño salió del coma. ¡Hubieras visto cómo se emocionó!
- Era de esperarse. Es su libertad lo que está en juego - comentó Polina - Y dime, ¿cómo está?
- Ella está bien, aunque ha perdido algo de peso. ¡Mi pobrecita Lena!…Ahh y, ¿sabes?… La noté algo extraña… Como si quisiera decirme algo.
- ¿Qué crees que haya sido?
- No lo sé. Quizá fue mi imaginación… Quizá fue la sorpresa de la noticia. En todo caso espero hablar con ella pasado mañana…. Es día de visitas y podré estar más tiempo.

En ese instante llegó uno de los camareros y tomó la orden de las jóvenes mujeres. En cuanto él se fue Yulia no pudo evitar notar la sonrisa en el rostro de Polina.
- ¿Y esa cara alegre a que se debe?
- ¡Es que al fin encontré un lugar donde están rentando unos nuevos departamentos! - anunció emocionada Polina, mientras sujetaba amistosamente una mano de Yulia - Es por aquí cerca.
Polina comenzó a reír al darse cuenta de que estaba apretándole la mano a Yulia debido a la emoción de la noticia. La risa de Polina contagió a Yulia.


Polina continuó hablando sobre su nuevo departamento hasta que llegó el mesero con la orden. A Yulia le sirvió Borshch y a Polina le sirvió Glubtsi, o rollos de col. La jóvenes platicaban y comían.
- … Y a más tardar dentro de esta misma semana estaré mudándome de casa de tus padres. Quizá mañana mismo empiece a comprar los muebles y esas cosas. - decía muy animada Polina - Bueno eso si me gusta el departamento, pero de seguro que sí porque me dicen que son muy atractivos

Ambas quedaron en silencio por un momento. Justo por la esquina donde quedaba la mesa en que estaban sentadas había una gran ventana de cristal. De ves en cuando Yulia miraba hacia afuera. Podía ver el movimiento cotidiano de los habitantes de Moscú: el tráfico, la gente caminando por las aceras, algún joven pasaba corriendo apurado, un niño que se caía, alguno que otro perro que merodeaba en las calles en busca de un alma que lo alimentara.

Yulia permaneció distraída por unos minutos. Polina sabía que su amiga estaba pensando en Lena; ya se había acostumbrado a que ese tipo de mirada antecedía a algún comentario sobre la pelirroja por parte de Yulia. Pero el silencio de Yulia se prolongó tanto que fue Polina la que preguntó:
- ¿Pensando en ella?… Acabas de verla.
- Anoche sentí un fuerte deseo tener a Lena junto a mí - comentó Yulia, mirando aún hacia afuera.
- Es normal. Estás enamorada de ella - repuso Polina.

Yulia se llevó un sorbo de su bebida a la boca y luego aclaró:
- Es que anoche estaba pensando en ella, pero… Solamente en términos físicos. La deseaba como nunca.
- Así que… Reinó el “sexo solitario” - comentó Polina en voz baja, aunque en realidad parecía ser una pregunta.
La cantante asintió al mover la cabeza.
- Para serte sincera, Yulia, pensé que lo hacías con más frecuenciencia… Con eso de que Lena está presa…
- No entiendes, Polina - dijo Yulia, esta vez volviendo a mirar a su amiga y saliendo de aquella expresión distraída - ¡Me sentí muy mal luego de hacerlo! Es que mi pobre Kotenok está allí encerrada en aquel asqueroso sitio y yo en vez de poner mis neuronas a trabajar y pensar en alguna forma de agilizar el proceso legal… Me estoy dejando controlar por las hormonas y cada vez siento que la necesito físicamente más… Mira, Lena es lo más importante de mi vida por un millón de razones que anteceden a la sexual: ¡la más importante es que la amo y eso nada tiene que ver con el sexo!… Y no estoy diciendo que le resto importancia al sexo… Al contrario, ¡lo adoro!… Pero no soporto sorprenderme pensando en querer que Lena salga para poder acostarme con ella… Estando Lena en esta situación no se me hace…
- ¡Entiendo tu punto, amiga! - la interrumpió Polina - Pero es completamente normal que te sientas así… Son solamente parte de nuestros instintos carnales, por ser seres humanos. Pero míralo desde este punto: tú amas a Lena, tú le haces el amor a Lena; sino la amaras sería sólo sexo, pero al amarla le haces el amor. Así que… no te perturbes pensando en que tus pensamientos son algo así como egoístas. Además, ¿acaso crees que ella no está pensando en lo mismo allá adentro?
- ¿Será que sí? - sonrió Yulia.
- Ey, ¡¿porqué no le haces una visita conyugal?! En las películas he visto que dejan pasar a las parejas de las reclusas o reclusos a uno de esos vagoncitos que tienen.
- ¡No! Ya había pensado en eso pero es una pésima idea. Esas cosas a veces tienen cámaras ocultas. Lo he visto en la t.v. Estoy segura de que si llega a haber una cámara las fotos correrían por todo el mundo… Piensa en lo injusto que es el hecho de que Lena esté encerrada injustamente, como para que la prensa amarillista se surta de unas fotos así y que luego quedaran como un vivo recuerdo de lo que pasó… No es nada atractiva la idea de hacerlo en una cárcel y que se esparcieran fotos por cada rincón del mundo.

Polina miró hacia un lado y notó que las personas de la mesa de junto estaban mirando justo hacia la mesa en donde estaban ella y Yulia.
- Parece que hemos estado hablando muy alto - dijo en voz baja la mujer de dorados cabellos - bonito tema que hemos tomado, ¿eh? Ja, ja,ja.
Yulia rió ante el comentario de Polina. En ese momento llegó el camarero a servirles los postres.

Ambas comenzaron a comerlos. Yulia comentó:
- Es mi postre favorito desde que era pequeña.
- Ya lo he notado ja, ja, ja. Siempre que venimos a este lugar lo ordenas.
Siguieron comiendo. Yulia vió una sonrisa diferente en Polina: era una sonrisa algo seductora. Hasta ahora nunca había notado una sonrisa así en su amiga, pero no le prestó mucha importancia. Con todo lo que hablamos anteriormente debo estar imaginando cosas, se dijo Yulia.

El carrito de los postres volvió a pasar frente a ellas.
- ¿Porqué sabes que es este tu postre favorito? - fue la pregunta de Polina, que aparentemente surgió de la nada.
- Porque me encanta… Desde que lo probé supe que sería mi favorito - contestó Yulia, después de dar un sorbo a su bebida - Fue como amor a primera mordida.
- Pero… Por ejemplo, ¿has probado ese? - Polina señaló discretamente uno de los postres del carrito, que estaba cerca de ellas.
- No.
- Entonces, ¿cómo puedes estar tan segura de que ese es tu favorito si aún no has probado una infinidad de postres?
- Simplemente lo sé.
- Ay Yulia - sonrió la rubia - Cómo te cierras ja,ja. Entre algún otro de estos dulces podría estar el que realmente se convierta en tu postre favorito. ¿No te cansas de probar siempre lo mismo? - preguntó en forma de broma la hermosa rubia.

En ese momento la mente de Yulia corrió. ¿Polina se me está insinuando?, se preguntó Yulia. La joven de ojos azules se dió cuenta de que Polina no estaba hablando realmente sobre postres. Ella está hablando sobre mi relación con Lena. ¡No puede ser!

Una sonrisa seductora como la que había visto hacía un momento volvió a formarse en los labios de Polina, antes de que la rubia comentara:
- Frente a ti podría estar el postre de tu vida - luego con cierta sensualidad, desde el punto de vista de Yulia, Polina se llevó un pequeño bocado de; dulce que tenía frente a ella.

La pelinegra sonrió nerviosamente. Sabía que era débil y que debía salir de allí. Así que miró su reloj y dijo:
- Adoro el que tengo actualmente - miró hacia el dulce que tenía frente a sí - No lo cambiaría por nada…. Ehh… Ya debo irme, Polina. Es algo tarde y se supone que tengo que terminar un trabajo en la oficina, sino Iván me va a matar mañana.
- Está bien, amiga… ¿Hoy vas a ir a casa de tus padres?
- Creo que no, ¿porqué?
- Por nada en especial.

¡Genial! ¡Ahora estoy imaginando cosas!, exclamó con sarcasmo interiormente la pelinegra. Estoy hambrienta de sexo y me vuelvo patética. A Polina ni siquiera le atraen las mujeres, ¿cómo demonios se me va a estar insinuando?
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:13

Capítulo IX

Sacó las llaves de su bolso y al abrir la puerta de su departamento, Yulia se tropezó con el paquete de ropa que había dejado cerca de la misma antes de salir en la mañana, con intenciones de llevarla a la lavandería. ¡Mierda! La llevaré mañana, anotó mentalmente.

La joven mujer encendió la luz. Acto seguido caminó hasta su habitación y se tumbó sobre la cama. Esparció su cuerpo como si quisiera cubrir todo el colchón. Eran las seis de la tarde y se encontraba exhausta por completo. Esto no me pasaba antes, pensó mientras pasaba las manos por los ojos como si quisiera espantar el cansancio. Ella tenía razón: no se cansaba tan temprano cuando Lena estaba junto a ella, sino que siempre estaba llena de energías y con deseos de utilizar esas energías.

Yulia se volteó su rostro de lado y se topó con una foto de Lena. Permaneció admirándola por unos minutos. Luego sonrió y se levantó de la cama. Fue a darse un baño. Justo cuando estaba toda cubierta de jabón escuchó el tono de su celular.
- ¡¿Qué no pudieron llamar antes?! - refunfuñó Yulia.

Se envolvió en una toalla para no empapar el piso y corrió hasta la cama, donde había tirado el celular.
- ¿Diga?
- ¡Soy yo, amiga! - se escuchó una alegre voz femenina a través del teléfono.
- Polina…
- ¡Acabo de rentar el departamento del que te hablé ayer! - anunció Polina totalmente entusiasmada.
- ¡Que bien, Polina! Me alegro por ti.
- ¡Tienes que venir a verlo, amiga! Es hermoso. ¡Y tiene una excelente vista!
- ¿Estás allí ahora mismo?
- Sí… ¡Ven, Yulia! Necesito enseñárselo a alguien ja, ja, ja.
- Está bien - acordó la pelinegra - Pero dame unos minutos en lo que me termino de bañar y como algo porque me estoy muriendo de hambre.
- Mejor hagamos no esto: no comas nada. Yo voy y compro algo para que cenemos aquí, ¿Sí?
La pelinegra soltó una risotada y comentó en forma de broma:
- De acuerdo. ¡Cómo se nota que tienes fiebre de tu nuevo apartamento ja ja.
- Ja, ja, y tú que burlona… ¿Tienes algo con que anotar la dirección?

Yulia fue a buscar papel y lápiz. Minutos más tarde salió de su habitación. Al pasar por la sala volvió a tropezarse con el paquete de ropa que estaba por llevar a la lavandería desde hacía dos días. ¡Mierda! La llevaré mañana, se repitió de nuevo.

La pequeña mujer de ojos azules subió el ascensor del edificio que estaba anotado en el papel que tenía. Se encaminó por el pasillo, buscando el número del departamento de su amiga. Iba a tocar la puerta cuando, de repente, escuchó que alguien más se acercaba por el corredor.
- ¡Ey, Yulia! - le gritó Polina.

La pelinegra sonrió al ver que la que se acercaba era Polina, quien venía cargando unas cajas de comida y una botella de algo que Yulia no identificó a distancia.
- Traje comida Thai - comentó la rubia - ¿La detienes mientras abro?
- Claro - contestó Yulia, mientras tomaba en sus manos la comida y la botella. Leyó la etiqueta de la botella - ¿Vino?
- Vino Gewurztraminer… Supongo que lo has probado. Es perfecto para acompañar esta comida - señaló Polina.
- Lo he tomado, es suave.

Polina abrió y ambas pasaron. La rubia encendió la luz y Yulia comenzó a observar el lugar. El departamento era grande para una sola persona. Estaba desamueblado, pero podía notarse que con una buena decoración de interiores se vería completamente acogedor.
- Es muy bonito lugar - comentó Yulia.
- ¡Ven déjame mostrártelo! O… mejor comemos primero antes de que se enfríe la comida.
- Excelente idea. ¡Estoy muriendo de hambre! - rió Yulia.

Como aún no tenía mesa, ni algún otro mueble, las jóvenes mujeres se sentaron en el piso. Estuvieron comiendo y charlando. Yulia observaba cada gesto de su amiga. No había ninguna muestra de coqueteo voluntario. Entonces concluyó que fue ella misma quien comenzó a dejar correr su imaginación durante la tarde del día anterior.

Estaban tan adentradas en su conversación que la botella de vino ya casi se estaba acabando. Fue cuando Polina se dió cuenta de que la mayoría de la bebida la había ingerido Yulia.
- Será mejor que ya no bebamos más - sugirió la rubia - Ven, te voy a dar el recorrido por mi nueva guarida.
- Se me inconaron las piernas - comentó Yulia luego de haberse intentado poner de pie sin mucho éxito.
Polina se comenzó a reír y luego ayudó a parar a su amiga.

En pocos minutos Yulia se encontraba recorriendo el interior del departamento. Le llamó la atención el hecho de que tenía dos habitaciones. Ahora se encontraban en la terraza, mientras la pelinegra escuchaba los futuros planes de su amiga sobre cómo iba a decorar cada cosa. Yulia miraba la vista desde allí.. Se veía en un perfecto ángulo La Plaza Roja, aunque a esa hora lo que se notaba eran las brillanres luces encendidas de los edificios que competían con las pocas estrellas que se asomaban en el firmamento.

- Creo que éste será mi lugar preferido - comentó Polina, refiriéndose a la terraza - Vendré aquí cada vez que me sienta mal, cuando vuelva a enfrentarme a mi madre, cuando me sienta tan abatida que crea no poder más y esas cosas por el estilo - la rubia hizo una mueca de tristeza para dar énfasis a lo que decía.
- Qué dramática ja, ja, ja.
- No te rías. Es en serio… Aquí pondré un cómodo asiento y me acostaré a mirar las estrellas…

Para mostrar lo que haría, Polina se acostó boca arriba en el piso justo en el lugar en donde señaló que pondría el asiento. Yulia no acostó pero se sentó junto a ella. La rubia siguió con su historia ficticia melodramática:
- … Y también vendré aquí a comer helado mientras lloro porque llegó a su fin mi relación con algún hombre al que haya conocido tres meses atrás.
- ¡Que idiota!
- ¿Quién yo?
- No tú, el hombre que terminara contigo - aclaró Yulia.
- ¿Tú crees? ¿Porqué? - Polina la miró a los ojos.
- Eres hermosa por dentro y hermosa por fuera… Una combinación difícil de encontrar.
Polina sonrió abiertamente y Yulia le devolvió el gesto.
- Así que te parezco hermosa… ¿Andarías conmigo si no estuvieras con Lena? - preguntó la rubia, en forma de broma
- Mucha gente andaría contigo - fue lo que se limitó a contestar Yulia.

Polina sonrió por causa de la contestación de Yulia. Después le pidió a su amiga que se acostara junto a ella. Yulia se acostó, colocando los brazos detrás de su nuca, a modo de almohada. Entonces permanecieron un rato allí sin decir nada, sólo mirando hacia el oscuro firmamento. Luego se miraron entre ellas. La pelinegra notó que los ojos de Polina brillaban más que siempre. Era un fulgor atrayente para quien estuviera expuesto a aquella mirada.

En aquel momento esos ojos marrones parecían surtir un efecto de dominio sobre Yulia, quien se sintió atraída por aquella mirada. Se preguntaba si Polina lo hacía a propósito o si simplemente no se daba cuenta del efecto que aquella mirada estaba teniendo en ella. Esa mujer se estaba convirtiendo en un enigma. La misma sonrisa provocativa de ayer en la tarde se dibujó en los labios de la rubia. El muro protector que Yulia había construído mentalmente, para protegerse de las tentaciones, ya no estaba surtiendo efecto. Podía sentir que el calor que emanaba del cuerpo de su amiga golpeaba su piel.

Yulia permaneció inmóvil mientras Polina realizó un movimiento que acercó su rostro más aún al de aquella. La pelinegra sabía que tenía que levantarse y salir de allí, pero su cuerpo no le respondía. Yulia pensó que Polina la iba a besar, pero lo único que hizo ésta fue acomodar su cabeza por el hombro de la pelinegra. Estoy enloqueciendo. Ya no soporto, se decía Yulia mientras una mirada algo asustada se mostraba en sus ojos. ¿Porqué demonios soy tan débil?… No la comprendo. No comprendo a Polina. A ella no le atraen las mujeres, pero siento que quiere algo conmigo.

La rubia interrumpió el monólogo interior de Yulia y de repente preguntó algo que Yulia no esperaba:
- ¿Crees que es posible que una persona que siempre se ha considerado heterosexual se pueda enamorar de una persona de su propio sexo?
- Me parece que sí - respondió Yulia, mirando hacia el cielo para esquivar aquella mirada de Polina - ¿Algunas te ha pasado?
- Sí, actualmente me está pasando... Es una amiga.

Esta afirmación puso nerviosa a Yulia, quien preguntó:
- ¿Lo s-s-sabe… tú amiga?
- No… Ella no lo sabe.
Polina volteó su rostro para poder mirar a los ojos a Yulia. La pelinegra también la miró a ella y le preguntó:
- ¿Te atraen sexualmente las mujeres?
- ¡No! - exclamó Polina, volviendo su mirada nuevamente hacia arriba - Bueno… Ella sí. Solamente me atrae ella, lo que me tomó por sorpresa porque nunca pensé sentir eso por una mujer… Pero al principio, cuando la conocí, ella no me atraía. Todo pasó después… Fuímos conociéndonos cada día más, hasta que me enamoré de ella. Después de enamorarme de ella fue que comenzó a atraerme sexualmente.

Luego de decir eso, Polina comenzó a incorporarse y se puso de pie. Sus palabras tuvieron un efecto de confusión en Yulia, quien se preguntaba si sería ella esa amiga.
- ¿Te vas a quedar ahí acostada? El piso está muy duro - dijo Polina - Ven, aún me falta mostrarte el cuarto de baño.
La rubia le extendió la mano a Yulia para ayudarla a poner de pie. Yulia se paró y dijo:
- Es que ya me tengo que ir, Polina - mintió Yulia, ya que todo se había tornado en una situación poco usual con su amiga.
- ¡Pero si quería mostrarte el jacuzzi! Será rápido. ¿Sí? ¿Sí? ¿Sí? - preguntaba Polina, mostrando un gracioso gesto y en tono de ruego.
La rubia le sacó una carcajada a Yulia, quien se dejó tomar por el brazo y ser guiada al cuarto de baño.

Al entrar al mismo, Yulia vió que era un espacioso cuarto de baño. Tenía la ducha, la bañera y el mencionado jacuzzi.
- Es enorme - comentó Yulia.
Yulia empezó a mirar todas las cosas que había, como hacen los niños pequeños. Colocó su celular sobre el tanque del inodoro y luego se acercó a la ducha. Entró y dijo en forma de broma:
- También es cómoda para ciertas cosas ja, ja, ja.
- ¡Que pervertida! - le contestó Polina también en forma de broma.
- No hay servicio de agua aún, ¿cierto? Es que cuando el edificio es nuevo a veces le van poniendo el servicio de agua según la gente vaya alquilando los departamentos - Al mismo tiempo en que preguntaba Yulia comenzó a darle vuelta al grifo de agua - Bueno, es lo que me han dicho.
Al mismo tiempo en que Yulia le daba vuelta al grifo, Polina le gritó:
- ¡Cuidado, Yulia, el servicio de agua me lo pusieron esta…

Antes de que Yulia escuchara por completo la advertencia de su amiga, sintió que un chorro de agua fría le recorrió por el cuerpo, empapándole las ropas.
- ¡… tarde! - terminó de decir Polina.
- ¡Demonios! - gritó Yulia - ¡Está helada!

Polina comenzó a reír de Yulia, mientras ésta se salía de debajo del chorro de agua fría.
- No te rías y dame una toalla.
- No tengo toallas aquí, Yulia. Pero, mira… Creo que esto ayudará.
Mostrando una sonrisa, la rubia se acercó a la ducha y encendió el calentador.
- ¿Qué haces? - preguntó Yulia.
- ¡Esto! Ja, ja, ja - entonces empujó suavemente a Yulia de nuevo bajo el chorro de agua, que ahora estaba tibio - ¡Lo siento, Yulia, no pude evitarlo! Es que te ves muy graciosa ja, ja, ja.
- ¡¿Te doy risa?! - decía Yulia mientras el agua caía sobre ella - ¡Vamos a ver quien se ve más graciosa! ¡Te voy a dejar como pollito mojado!

La pelinegra haló a Polina hacia abajo del chorro de agua y la aguantó para que no escapara. Tenía a Polina sujetada por la cintura, de espaldas hacia ella.
- ¡No! ¡No, Yulia! - se quejaba Polina, mientras luchaba por zafarse de Yulia y escapar del agua.
Pronto lo único que se escuchó fueron las carcajadas que se apoderaron de todo el lugar. Como el sitio estaba vacío aún, el eco hacía que las risas se escucharan más aún, y que siguieran resonando.

En poco tiempo las dos se encontraban tan empapadas como si hubieran estado debajo de un aguacero. Yulia cedió a la fuerza que estaba ejecutando por mantener a Polina bajo el chorro de agua. Pero su amiga no hizo movimiento alguno para liberarse de los brazos de Yulia, que la rodeaban por la cintura. Las risas ya habían amainado y ahora lo que dominaba era un silencio sepulcral, a excepción del sonido del agua al hacer contacto con la piel de ambas y con el piso.

Yulia volvió a sentir que su corazón se aceleraba, cuando Polina se volteó frente a ella. La rubia tomó los brazos de Yulia y los colocó alrededor de su propio cuello. Luego rodeó la cintura de Yulia con sus brazos. Se había vuelto de derrumbar el “muro mental contra las tentaciones” de Yulia. Ya no pensaba en nadie, ni en nadie. No existía nada, sino aquel momento.
- ¿Cómo se siente besar a una mujer? - susurró Polina - ¿Cómo se sienten tus labios?

Polina entonces acercó sus labios a los de Yulia y comenzó a besarla. La pelinegra cerró los ojos y se dejó llevar. Entonces los labios de Polina comenzaron a besar el cuello de Yulia, en ese momento la pelinegra tomó aire para preguntar:
- ¿Soy yo?
- Sí - escuchó que le contestó la rubia.
Mientras Polina seguía besándola, Yulia dijo:
- Esto no está bien.

Al escuchar las palabras de Yulia, Polina detuvo sus besos y miró directamente a los ojos de la pelinegra. Pero aunque Yulia había luchado internamente para no seguir con esa situación, ya no lo estaba haciendo. No encontraba como detener lo que sentía. Podía notar todo el cuerpo de su amiga a través de la ropa empapada. Entonces tomó a Polina por la cintura, la guió hasta una esquina y comenzó a besarla y acariciarla con vehemencia. La pelinegra empezó a desabotonar la blusa de Polina, en una forma que más que otra cosa parecía querer desgarrarla. Cuando al fin hubo abierto esa estorbosa blusa, Yulia comenzó a besar la piel que quedó al descubierto. Se inclinó para besar el abdomen de su amiga mientras le acariciaba los muslos, y luego volvió a pararse para recorrer con sus labios el cuello de la otra.

Ahora era la rubia la que comenzaba a quitarle la ropa a Yulia. La dejó desnuda de la cintura hacia arriba. Mientras Polina comenzaba a desabrochar los pantalones de Yulia, el fuerte sonido de un teléfono celular parecía retumbar por el cuarto de baño. Fue este ruido el que causó que Yulia volviera a dominar a sus sentidos y que éstos no la siguieran dominando a ella. Así que descontinuó los besos que estaba dándole a Polina. El celular, que estaba sobre el tanque del inodoro, seguía sonando.

Ambas mujeres se quedaron inmóviles, mientras el chorro de la ducha caía parcialmente sobre ellas. Ambas con miradas nerviosas, y Yulia además estaba avergonzada. Sus manos aún estaban sobre la piel desnuda de Polina, así que la soltó. Entonces miró el cuerpo semidesnudo de su amiga, y vió que ella estaba casi en las mismas condiciones: no tenía ropa de la cintura para arriba, su pantalón estaba desabrochado y comenzaba a temblar. Aunque no estaba segura de que estuviera temblando de frío.

Polina hizo un leve movimiento y Yulia dió un paso hacia atrás. La rubia cerró el grifo del agua y el chorro dejó de caer. Luego se agachó para darle la ropa a Yulia, que estaba en el piso. La pelinegra salió de la ducha, aún estando semidesnuda. Yulia quería decir algo pero la voz no le salía. Quería al menos disculparse por lo sucedido, pero no podía hacerlo. Sólo permanecía ahí parada, sin moverse, mirando a Polina. Pero su amiga comprendió por lo que Yulia estaba pasando. Polina estaba casi en el mismo estado que la pelinegra, pero pudo pronunciar un débil:
- Te entiendo.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:15

Entonces Yulia tuvo la fuerza para salir del cuarto. Iba dejando un rastro de agua por todo el camino. Se detuvo en la sala y se puso la ropa que le faltaba. Salió del departamento tan rápido como pudo.

Yulia llegó a su departamento. Al abrir la puerta tropezó con el paquete de ropa que esperaba ser llevado a la lavandería. Pero esta vez no tuvo ánimos para maldecir al tropezar. Simplemente siguió directo a su habitación y encendió la luz. No se cambió de ropa, aunque la que llevaba estaba toda empapada. Se detuvo por un momento y volvió a pasarse las manos por los ojos, los que delataban que había estado llorando. Aunque me detuve a tiempo, me siento como una YLS, pensaba Yulia. ¡Soy una YLS! No sé cómo voy a mirar a Lena mañana.

Escuchó que el teléfono sonaba. Se acercó al mismo sin intenciones de contestarlo, pero pudo ver que el número era el de casa de sus padres. Dejó que fuera la máquina contestadora quien contestara, y luego escuchó que su madre le dejaba un mensaje después de haber sonado el “beep”.
- ¿Yulia?… ¿Dónde estás, hija? Te he estado llamando pero no respondes ni a tu celular… Llámame en cuanto puedas.

La pelinegra hizo caso omiso al mensaje. En ese momento no tenía fuerzas para hablar con nadie. Además sentía que un nudo se le atravesaba en la garganta. Lo que hizo fue tomar una foto de Lena que tenía junto a la cama. Iba hacia la terraza. Antes de salir escuchó que volvió a sonar el teléfono. Volvió a acercarse para ver de quién era el número. Era de Polina. Pero en cuanto la máquina contestó para que dejase el mensaje, nadie habló.

Yulia salió a la terraza y se acostó en un cómodo mueble reclinable en el que solía acostarse con Lena. Durante varios minutos la pelinegra permaneció mirando la foto de su amada. Después le dió un beso y la colocó sobre su pecho. Se volvió a secar las lágrimas que se escurrían por sus mejillas. Miró al firmamento y enfocó sus ojos en las pocas estrellas que brillaban esa noche. Brillan como los ojos de Lena, se decía Yulia.


Mi Kotenok…, pensaba Yulia. Hace tanto tiempo que no compartimos una noche como esta… Bajo tus estrellas. La pelinegra recordó las veces que habían hecho el amor en ese mismo sitio. Sonrió al recordar que aunque Lena no había querido hacerlo desde un principio, por el temor de que alguien las viera, luego ella se había encargado de convencerla.

Yulia permaneció mirando las estrellas durante tanto rato que no sabía cuanto tiempo había pasado. Lo único que pensaba era en que estaba bajo aquellas estrellas que tanto la hacían pensar en su compañera y amada. Estoy bajo sus estrellas…, pensaba Yulia… Bajo las estrellas de Kotenok.

Capítulo X

Esa mañana del miércoles Lena se encontraba sentada sobre la cama de su celda. El pequeño televisor estaba encendido (ya que gracias a los contactos de un amigo de Iván, ella podía tener ciertas comodidades en la celda), aunque en realidad no le estaba prestando atención a la programación. Más bien estaba pensando en Yulia. El pensamiento de aquel beso que compartió con Evgenia, le estaba haciendo sentir mal cada vez que pensaba que de nuevo tendría que mirar a Yulia a los ojos.

Tengo que decirle, se repetía Lena. No sirve de nada que le diga pero al menos me sentiré mejor. Además era en Yulia en quien yo realmente pensaba en aquel momento. Solamente que… ¿Y si la lastimo demasiado al enterarla? ¡No, mejor no le digo nada!. Lena se debatía con su conciencia. ¡Pero me seguiré sintiendo como traidora si no le digo!

Una guardia se acercó a la celda y le anunció a Lena:
- Katina, tienes visita… Es tu novia.
Lena salió de la celda y fue conducida hacia la sala de visitas.


En cuanto Yulia la vió acercarse se levantó como siempre. Realizaron su habitual saludo de besos y abrazos. Entonces se sentaron a una de las mesas. Ambas comenzaron a hablar, pero era notable que a cada una le sucedía algo extraño. Ninguna estaba muy envuelta en la conversación sino que sus pensamientos volaban por separado.

Tengo que decirle de una vez, se decía Lena. Sé que le va a caer muy mal y no es para menos… Pero sería peor ocultárselo, sería como mentirle. Ey, Yulia se ve algo distraída hoy… ¿Qué tendrá?

¿Le digo a Lena lo que me pasó anoche con Polina?, se preguntaba Yulia. Después de todo no llegó a pasar nada en concreto… Me detuve a tiempo. Lena sabrá entenderlo… Y valorará el hecho de que me supe detener. Lo malo es que no sirve de nada si le digo o no… No sé… No sé… Aunque si le digo lo que pasó habrá menos probabilidad de que vulva a ocurrir o de que llegue a más… ¡Necesito una señal!

- Mi vida, a ti te pasa algo - comentó Lena al notar a expresión de Yulia.
- ¿Cómo lo sabes? - le preguntó nerviosa Yulia, sin mirarla a los ojos.
Entonces Lena alzó suavemente la barbilla de Yulia, para que ésta quedara mirándola a los ojos, y le dijo:
- Odio las frases gastadas pero… Los ojos son las ventanas del alma - contestó la pelirroja - Y tus ventanas hoy se ven algo… tristes.

En los labios de Yulia se dibujó una sonrisa algo melancólica. Tomó las manos de Lena y les dió un tierno y delicado beso. Luego le dijo:
- También te noto así, Lena… Estás así desde antier cuando vine a verte. Te pregunté y me dijiste que solamente estabas distraída por la noticia sobre Tolya. Pero… Es como si quisieras decirme algo… ¿Es eso?

Lena bajó la mirada por un momento y asintió. Yulia se movió de su silla, movió la de Lena, a modo de que quedara de frente a ella, besó tiernamente a su compañera y por último se inclinó frente a ella.
- Vamos a hacer algo, ¿sí? Ambas vamos a decir lo que tenemos que decir - propuso Yulia - Yo empezaré primero y después me dices tú.
- No, Yulia, mejor que sea yo la hable primero porque después no voy a poder hacerlo.
Yulia se alarmó por las palabras de la pelirroja.
- ¿Pero qué es lo que pasa, Lena? ¡Me asustas!

Lena le pidió a Yulia que ya no estuviera inclinada, así que Yulia acomodó su silla para que quedara frente a la de Lena. La pelirroja no encontraba cómo hablarle a Yulia.
- Bebé, dime qué pasa - Yulia le tomó las manos - Sea lo que sea siempre voy a estar contigo y vamos a salir juntas adelante… Dime.
- Es que… Yulia, antier antes de tu visita… Yo estuve toda la mañana y toda la tarde pensando en ti… Fue como nunca antes, Yulia… Yo miraba a cualquier parte y podía verte a ti… ¿Recuerdas el cielo de antier?
- Más azul que siempre - contestó la pelinegra.
- Si… Tan azul que cuando lo miré, me dije: “es como la mirada de Yulia, tan brillante y transparente”… Vi tu mirada en ese cielo… Sentía que estabas frente a mí.

Las manos de la pelirroja comenzaban a temblar. Como una demostración de que todo estaría bien, Yulia les dió un suave apretón, como si dijera “estoy aquí contigo”.
- Entonces llegó Evgenia - Lena continuó su relato - Ya antes te he comentado que ella tiene cierto parecido a ti… Ese día la habían recortado… Ahora su cabello se parece más al tuyo.
- ¿Y ella que tiene que ver con lo que vas a decirme? - preguntó Yulia, sin entender porqué Lena había mencionado a aquella reclusa.
- Miré a sus ojos y quise verte a ti, Yulia… La besé…

Yulia la miró con ojos desorbitados e incrédulos, hasta se le puso la piel pálida. De repente soltó las manos de Lena:
- ¿Es una broma?
- ¡No, Yulia! Yo la besé - admitió muy avergonzada Lena, ya que entendía que había faltado a la confianza de su novia.
- Pero, sólo fue en la mejilla.
- ¡La besé, la besé como te beso a ti porque estaba pensando en ti! ¡Perdóname, Yulia! ¡Por favor perdóname!

La pelinegra no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Cómo es que Lena le podía decir que besó a otra? Eso no le podía estar pasando a ella. La pelirroja intentó tomar nuevamente de las manos a Yulia, pero notablemente Yulia la esquivó y no se dejó tocar.
- ¿Porqué? ¿Porqué hiciste eso, Lena? ¡No puedo creerlo! ¿Porqué demonios tuviste que besarla? - preguntaba Yulia exasperada.
- Ya te dije, Yulia - Lena no podía mirarla a los ojos.
- ¡Ay, Lena, por favor! ¿Qué se parece a mí? ¡¿Entonces si se te paran al lado diez mujeres parecidas a mí te vas a poner a besarlas y a serme infiel con cada una de ellas?! ¡Carajo, Lena, es que esto no me lo esperaba!

Yulia se puso de pie. El color pálido de su piel se fue tornando en enrojecido. No sabía si en realidad estaba furiosa, pero de que estaba celosa lo estaba. Lena miró a su alrededor y vió que algunas miradas, de guardias y de reclusas y sus visitas, se habían vuelto hacia su mesa debido a la voz tan alta con que Yulia pronunció lo anterior. Lena tocó por el brazo a Yulia y le dijo en voz baja:
- Por favor, Yulia.
La pelinegra volvió a sentarse al ver que todos la miraban.
- ¡No me he acostado con nadie, Yulia! - replicó Lena.
- ¡Pero la besaste!… Con razón fue que renunció al dinero que estaba recibiendo para protegerte - comentó Yulia.

Yulia suspiraba profundamente para calmarse y tratar de entender las cosas. Lena sabía que la había lastimado doblemente: el corazón y el orgullo. La pelinegra se pasó la mano por el cabello varias veces, sus gestos y expresión le indicaban a Lena que había un debate de ideas en la mente de Yulia.
- ¿Esa mujer te atrae? - preguntó de repente la pelinegra, con un gesto que a Lena le pareció el de un pequeño niño asustado que se debatía por no llorar.
La pelirroja no le contestó sino que le dió beso en la frente a su compañera.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:16

Ambas se miraron a los ojos permanecieron así por unos momentos. Sin necesitar de palabras Lena podía decirle un millón de cosas a Yulia, le mostraba sus sentimientos. Pero la pelinegra también quería escucharlo de aquella dulce voz.
- ¿Aún me amas?
- Te amo desde ayer, te amo hoy, te amaré siempre… Hasta más allá de la muerte… Te amo - contestó Lena.

Entonces Yulia sintió que aquella leve furia y celos momentáneos se disipaban por completo. Sabía que el amor de Lena siempre sería para ella.
- ¿Ya te sientes mejor? - le preguntó la pelirroja, mientras le acariciaba la espalda.
- Un poco… No me esperaba que fueras a decirme algo así, pero tú dices que estabas pensando en mí… Y te creo, Lena. Aunque aún siento que necesito algo de aire - suspiró la pelinegra - Y necesito caminar también… Yo… Tengo que salir y pensar algo. Me estoy ahogando.
- ¿Ya te vas? - le preguntó Lena, la desilusión era evidente en su voz - Todavía falta mucho para que el día de visitas termine.
- Es que necesito aire, Lena. ¿Entiendes?
- Entiendo… Por mi culpa te sientes así… Te hice sentir mal… Yulia, por favor, dime que me perdonas.

La pelinegra no le dijo que la pernodaba pero tampoco le dijo que no. Yulia se limitó a besarla tiernamente en la frente. Aún se sentía algo mal por lo que Lena acababa de confesarle por lo que su despedida fue algo fría comparada con la despedida que siempre compartían. Luego una guardia llegó hasta la mesa para sacar a Lena fuera del área de visitas.

Yulia vió cómo se alejaba la pelirroja, mientras su corazón luchaba contra una gama de sentimientos que iban desde los celos, que amenazaban con volver, hasta el miedo, la inseguridad y el alivio. Suspiró como para expulsar todo lo que sentía. Juro que no esperaba venir aquí y escuchar algo así salir de los labios de Lena. Estuve en casa decidiéndome si le contaba o no lo que pasó con Polina y resulta que la sorpresa desagradable me la llevé yo, se decía Yulia. ¡Y lo peor es que no le dije nada de lo mío! ¡No pude, no puede! Así tan mal como me estoy sintiendo no podía hablarle…

- Ya tiene que salir de aquí, Señorita - le anunció una guardia a Yulia, ya que veía que ésta no se movía para irse.
- ¿Ehh? Disculpe me quedé pensando - contestó Yulia - Ey… Espere, ¿puedo hablar con otra reclusa?
- No veo porque no… Hoy es día de visitas.

La pelinegra se mantuvo sentada esperando a que alguna guardia apareciera con la reclusa con quien ella quería hablar. No esperó mucho puesto que pronto vió acercarse a una guardia penal que traía una mujer hacia su mesa. Jamás Yulia había visto a aquella pero la reconoció en seguida. La sorpresa de verla causó que Yulia se levantara de la silla.
- ¡¿Qué carajo es…?! - La pelinegra o pudo evitar pronunciar esas palabras.

¿Qué demonios es esto? ¿Acaso es una maldita imitación de mí?, se preguntaba Yulia al ver el aspecto y rasgos de la otra mujer. La otra mujer al fin llegó a donde Yulia y le extendió la mano para saludarla. Yulia no aceptó el saludo, sino que mantuvo su mano sin mover. Lo único que tenía deseos de hacer era de abofetearla, ¿cómo se iba a poner a saludarla? La miró con una expresión fría y luego se sentaron.
- ¿Evgenia?
- Sí, soy yo
- ¿Sabes quién soy?
- Eres Yulia, pero… No entiendo qué es lo que tienes que hablar conmigo - comentó la reclusa.
- Imagínalo… De lo único que podemos hablar es sobre Lena. ¿De qué más?
- Dime.
- Es sencillo… Voy a ir justo al grano, sin rodeos - dijo Yulia - Sé lo que pasó antier… ¡No te le vuelvas a acercar!
- ¿Es eso lo que vienes a decirme? ¿Solamente has pedido verme para mostrar tus infantiles celos? - comentó Evgenia.
- ¡A ti qué demonios te importa que yo muestre o deje de mostrar mis celos! ¡Lo único que quiero es que dejes de seducir a Lena! Lena es mi mujer… Somos una pareja desde hace años y nos amamos… ¿Porqué rayos tienes que andar seduciéndola? ¿Piensas que porque te pareces a mí y tienes una mala copia de mi aspecto, Lena se va a fijar en ti?
- Escucha, Niñita… Primero: yo no ando seduciendo a nadie como dices; segundo: sé perfectamente lo que Lena siente por ti y jamás intentaría inmiscuirme en esos sentimientos; tercero: lamento anunciarte que no voy a poder alejarme de Lena, porque ella es mi amiga y le prometí estar cerca siempre que me necesite; y por último: vuelve cuando te comportes como una mujer adulta y no como una niña. Ahh… y a ver quién se parece a quién… Soy mayor que tú por dos años, ¿sabes? Asi que, ¿quién es la mala copia de quién?

Evgenia se levantó y le dijo a una guardia que ya había terminado su visita. Yulia permaneció observándola hasta que pasó por una puerta y la perdió de vista. Lena tenía razón… ¡Esa mujer se parece a mí!, pensaba Yulia.

La pelinegra no había notado que al la sala de visitas acababan de entrar los padres de Lena. Éstos se acercaron a la mesa en donde Yulia estaba.
- Hola, Yulia - comentó Inessa, su suegra - ¿Acabas de llegar?
- Ahh… Eh… Buenas, señores… Ya me voy. Acabo de hablar con Lena - contestó Yulia.
- ¿Te vas tan temprano? Siempre te quedas hasta que termina el horario de visitas - comentó Sergey, el padre de Lena.
- Sí, es que hoy estoy hasta el cuello de trabajo en la oficina… Y tengo que irme. ¡Ya saben como es Iván! Si no llego me mata.
Se despidieron y Yulia se fue, aunque los padres de Lena notaron un extraño comportamiento en la compañera de su hija.

Había terminado el horario de visitas en la prisión. Lena entró a la biblioteca del penal y con lo primero que se toparon sus ojos fue con Evgenia. La reclusa de cabellos castaño estaba trepada sobre una de las mesas, para alcanzar el techo. Se encontraba ocupada, cambiando un bombillo fundido. No había notado la presencia de su amiga, quien permaneció parada en el umbral de la entrada.

Lena permaneció en silencio, observando cada movimiento de la otra mujer. Pronto se encontró sonriendo sin ninguna razón. Entonces surgió un sentimiento de duda. Comenzó a preguntarse si en realidad se sentía atraída hacia Evgenia por el parecido de ésta con Yulia, o si realmente había algo particular en aquella mujer. Lena se dispuso a dar media vuelta y salir de allí, pero antes de que hiciera algún movimiento Evgenia saltó de la mesa y cayó en el piso. Entonces se volteó y se fijó en que Lena estaba allí observándola.

Evgenia le regaló una gran sonrisa a Lena. Luego, mientras colocaba el bombillo fundido en el zafacón, le preguntó:
- ¿Estás ahí desde hace rato?
- No, llegué ahora mismo. Acabo de despedirme de mis padres.
- Ahh, cierto estabas con la visita… Oye y … ¿Yulia te visitó hoy? - preguntó Evgenia.
- Sí, ¿porqué?
- Eh…No, por nada.

La joven de ojos azules abrió otra caja de bombillo y se volvió a trepar en otra mesa. Comenzó a cambiar otro de los bombillos. Lena se acercó y se sentó en una de las sillas de la mesa a la que había subido Polina.
- ¡Carceleros torpes! - comentó Lena - ¿Cómo es que le dan a una reclusa un bombillo? Podría usarse como arma ja ja.
- Un arma no muy efectiva creo ja ja.

Luego Evgenia bajó de la mesa y se paró junto a Lena.
- Hoy vino a verme alguien - comentó Evgenia - Me vino a traer una noticia.
- ¿Qué noticia? - preguntó muy interesada Lena.
- Voy a salir de aquí pasado mañana - anunció Evgenia, pero en vez de mostrar alegría en su estado de ánimo denotaba un completo desánimo - Me darán mi libertad antes de tiempo por buen comportamiento. Mi caso había sido sometido para reevaluación poco tiempo antes de que llegaras tú… Me habían entrevistado y justo cuando pensé que no contestarían… Me avisan que estaré libre.

Al recibir la noticia Lena no supo si sonreír o no. Después de todo era Evgenia la única persona a quien se había apegado en ese lugar, la única compañía confiable, una verdadera amiga. No quiero que se vaya, pensó Lena. ¡Ella es lo único que me hace soportar este lugar! Me hace sentir segura… Además me siento muy bien cuando está cerca. Pronto Lena se dió cuenta de sus pensamientos. No sé qué me pasa… Estoy pensando en una forma totalmente egoísta… Pero, ¿porqué?… Lo único que sé es que no quiero que se vaya.

- ¿No me dices nada? - preguntó Evgenia.
Lena reaccionó ante la pregunta de su amiga. Entonces fingió una sonrisa de alegría que en realidad no estaba sintiendo. Tomó a Evgenia de las manos y le dijo:
- ¡Es estupendo, amiga! Me alegro por ti. Te lo mereces. Aunque te voy a extrañar como no te imaginas, pero… Mereces salir de aquí, amiga.
La pelirroja se levantó y abrazó con fuerza a su amiga. El abrazo duró más de lo esperado. Después permanecieron unidas pero mirándose a los ojos.

Era algo difícil para Lena aceptarlo, pero sabía que estando abrazada a aquella mujer se sentía totalmente cómoda. Lena se sintió perdida ante aquella mirada de agonía, que junto a la media sonrisa de Evgenia le daban un aspecto de inocencia infantil. El mismo silencio comenzó a inundarse de sonidos lejanos y rítmicos. Al principio la pelirroja ignoraba lo que era, pero luego se dió cuenta de que estaba tan cerca de su amiga que podía sentir los latidos del corazón de ésta. Hasta la misma respiración de ambas parecía tener un sonido amplificado en aquel instante.

Al igual que Lena, Evgenia percibía algo de magia en el lugar. Le parecía que su amiga quería quedarse entre sus brazos por un tiempo más, pero luego pensó que eran trucos de su corazón. ¿Por qué a Lena le iba a gustar que ella la abrazara? Sin que fuera su intención Evgenia pensó algo que ya muchas veces había pensado, pero esta vez sus labios la traicionaron y susurró el pensamiento:
- Envidio a Yulia… La envidio… Ella puede hacerlo cada vez que quiere…

Lena sabía a lo que se refería Evgenia. Así que sin pensarlo bien acercó sus labios a los de la otra y comenzó a besarla. Evgenia aceptó el beso, pero de repente apartó delicadamente a Lena.
- No… Hagas esto - susurró Evgenia - Por favor… Sabes lo que siento por ti y esto me lastima aún más. Tus besos me están matando, Lena. ¿No te das cuenta?

En ese momento la bibliotecaria, Nadezhda, entró al lugar. En seguida ambas jóvenes dieron un paso hacia atrás cada una, para romper distancia. Evgenia bajó la mirada y salió con prisa del lugar. En tanto, Lena no se movió de donde estaba. Se sentía algo avergonzada de su conducta y lo peor es que no sabía en concreto porqué razón había actuado así. Sentía confusión y todo le daba vueltas.
- Si la aprecias como me parece que lo haces… No juegues con ella - escuchó que Nadezhda le dijo desde el escritorio.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:28

Capítulo XI

Yulia llegó a su departamento. Acababa de visitar a Lena. Al entrar tropezó por enésima con el paquete de ropa que siempre olvidaba llevar a la lavandería. Lo había estado dejando en la entrada para que no se le olvidara, pero siempre se decía que lo llevaría más tarde y nunca lo hacía.
- ¡Maldición! - gritó la joven al mismo tiempo en que le propinaba tremenda patada al paquete de ropa, haciendo que todas las piezas volaran y se esparcieran por la sala.

La confesión de Lena la había dejado mal, pero el encuentro con Evgenia fue lo que realmente la sacó de sus casillas. ¿Quién se ha creído esa mujer que es?, pensaba Yulia. Se dirigió hasta su habitación y se tiró sobre la cama. No puedo creer aún lo que hizo Lena… ¡Y que besar a esa imbécil! No lo entiendo. Puede que ella se parezca un poco a mí, pero Lena sabía muy bien que no era yo.

La joven vio junto a la almohada la misma foto de Lena que había estado contemplando durante la noche anterior. La tomó y la miró por unos segundos. Luego la volvió a poner junto a la almohada. No sé porqué demonios siento tanto enfado… Yo lo hice peor que Lena… Casi tengo relaciones con Polina.

Esa tarde el interior de Yulia batallaba con sus emociones y pensamientos. Pero ella quería dejar de pensar y de sentir por un momento. Así que se levantó de la cama, tomó un baño y luego volvió a acostarse. Estuvo durmiendo durante toda la tarde, hasta que los persistentes timbrazos del teléfono la despertaron. Abrió los ojos poco a poco, hasta que se toparon con el reloj que había en la mesa de noche, junto a la cama. Marcaba las 6:00 p.m.

Su apuro por contestar el aparato telefónico la hizo levantarse aún estando envuelta entre las sábanas. Tropezó y maldijo todo cuanto había a su alrededor, pero al menos logró contestar. Era Iván quien la llamaba. Quería saber porqué Yulia no fue a trabajar durante ese día. La pelinegra le contestó que no se había estado sintiendo bien. Iván también le preguntó que porqué no contestaba el celular. Fue cuando Yulia se acordó de que lo había dejado la noche anterior en casa de Polina.

Después de la llamada de Iván, la pelinegra recibió otra llamada. Esta vez era de su madre, quien también se preocupó porque Yulia no contestaba el celular a pesar de que sonaba. Yulia le dijo que lo había olvidado ayer en el lugar de trabajo. La madre notó algo de desánimo en la voz de su hija, pero Yulia le aseguró que todo estaba bien. Larissa siguió hablando con su hija por un momento más, luego se despidieron.

Casi una hora más tarde Yulia se encontraba buscando algo rápido y fácil de preparar para comer. Después de escanear toda la cocina decidió salir a comparar algo en el café de la esquina. Se vistió y al pasar por la sala notó el desorden de ropa esparcida por todo el lugar, producto de la patada que le había dado cuando llegó al departamento. Por un momento se sentó en el sofá y se pasó las manos por el rostro, al recordar la conversación que tuvo con Lena hacía algunas horas.

El sonido del timbre casi la hizo brincar del susto. No esperaba a nadie y mucho menos quería ver a alguien en ese momento. Pensó en no contestar pero el timbre seguía sonando y la iba a volver loca. Suspiro y fue a abrir la puerta. Frente a ella estaba la persona que menos esperaba en ese momento: era Polina. La pelinegra sintió que de la sorpresa sus latidos cardiacos doblaron el paso. Por un momento ambas se miraron nervioasamente. Hasta que Polina preguntó, con un dejo duda:
- ¿Puedo… Puedo pasar?

Yulia no contestó con su voz pero asintió y se movió de la entrada para que la otra pudiera pasar.
- ¿C-có… Cómo estás? - preguntó la de ojos azules.
- Bien, ¿y tú?
- Ehh… Como siempre - contestó Yulia - ¿Porqué no te sientas? - sugirió.

La rubia se sentó en el sofá. De inmediato Yulia se arrepintió de su sugerencia, ya que vio que junto a Polina había tirado en el sofá un par de “panties” y un sostén. Si la rubia los había notado supo disimularlo muy bien.
- Yulia… Tu mamá me envio a ver como estas - comentó Polina - Dice que te llamó hace un rato y que te oías algo mal… Ella piensa que hablando con una amiga puedes animarte un poco.
- ¿Sólo por eso viniste?
- Um, eh… Sí.

Ambas guardaron silencio por un momento. Polina no sabía sobre qué hablar así que se limitó a mirar nerviosamente hacia los lados. Entonces se fijó en el desorden de ropa esparcida de Yulia.
- Parece que necesitas algo de ayuda por aquí - comentó al mismo tiempo en que se levantó del sofá y empezó a recoger la ropa que estaba regada.
Enseguida Yulia se acercó a ella y le dijo:
- No tienes que hacer eso… Iba a llevarla a la lavandería esta tarde pero… lo olvidé.

La rubia se volteó hacia Yulia y suspiró, antes de decirle:
- Yulia, en realidad yo… También vine a hablar contigo sobre lo que pasó anoche… cuando estábamos en mi departamento. Iba a llamarte pero o sabía si era lo adecuado.
Era precisamente eso lo que Yulia se temía cuando la vio frente a la puerta.
- Yo tampoco me atreví a llamarte… Pero sabía que necesitábamos hablar para aclararlo todo - comentó la cantante.

Entonces Yulia sugirió que hablaran fuera ese lugar. Polina aceptó. Bajaron por elevador y al llegar al vestíbulo, Yulia notó que un hombre se les quedó mirando mientras lo cruzaban.
- ¿Lo conoces? - preguntó Polina.
- No… Debe ser algún empleado del edificio - contestó la pelinegra sin darle importancia al asunto.

Llegaron al estacionamiento y se fueron en el auto nuevo de Polina. Mientras salían Yulia comentó:
- Polina, mi celular está en tu departamento… Se me quedó anoche.
- Entonces pasamos por allá y lo buscamos… Después podemos conversar en un café que hay cerca, ¿te parece?
A Yulia no le pareció una buena idea pasar por el departamento de Polina. La rubia notó la expresión dudosa de su amiga y le dijo mientras sonreía:
- No te preocupes, Yulia, del departamento saldremos rápido… Sólo vamos por tu celular.
- Está bien.

Momentos más tarde llegaron al edificio donde estaba localizado el departamento de Polina. Mientras caminaban al interior a Yulia tenía una extraña sensación de que alguien la vigilaba. Esto la hizo voltear y mirar hacia atrás. Todo lo que vio fueron las luces usuales en la noche de Moscú.
- ¿Qué sucede? - le preguntó la rubia.
- Nada… Es sólo que sentí por un momento que alguien… Olvídalo.
- Tranquila, Yulia.

Cuando estuvieron frente al departamento de Polina, ésta abrió y ambas pasaron. Al encender la luz, Yulia notó que ya habían algunos muebles en el interior.
- Los acaban de traer hoy - comentó Polina - Mañana mismo empacaré mi ropa y me vendré definitivamente a vivir aquí.
- Me da gusto por ti, Polina - comentó Yulia - Aunque mis padres y yo te vamos a extrañar por la casa.
Luego ambas quedaron en silencio. Yulia esperaba que Polina fuera a buscarle el celular, pero al ver que ésta no se ,movía comentó:
- Iré por el celular… Creo que lo dejé en el baño.

La pelinegra entró al cuarto de baño. Por su mente pasaron las imágenes de lo que sucedió la última vez que había estado ahí. Las imágenes se volvieron más intensas cuando se acercó al lugar exacto de los hechos y notó que habían allí esparcidos unos botones. Eran lo botones de la blusa que Polina vistió la noche anterior. ¡¿Le rompí la blusa?!, se preguntó Yulia llenándose de vergüenza. Yulia vio su celular sobre el tanque del inodoro, lo tomó y salió lo más rápido que pudo. Al volver a la sala vio que Polina estaba sentada sobre uno de los desacomodados muebles.
- Ya lo tengo - comentó Yulia.
- Bien.

Salieron del departamento y fueron al café que había sugerido Polina. Un mesero les tomó la orden de inmediato.
- Así que… ya estamos aquí - comentó Yulia - Listas para hablar.
- Sí… Ehhh…¿Empiezas tú? - preguntó Polina.
- Como quieras… No sé muy bien lo que voy a decirte aún, sólo sé que quiero pedirte disculpas por lo que sucedió anoche, Polina - comenzó a decir Yulia - Yo… yo no sé bien lo que me pasó… Es sólo que anoche, al estar tan cerca de ti… Al sentirte… Eres una mujer muy atractiva, Polina… Eres hermosa y yo soy muy algo débil… No quiero echarle la culpa al alcohol, pero anoche me excedí un poco también con aquella bebida, y… No pude controlarme, Polina, disculpa. No quise comportarme así.
- ¿Y sobre lo que te confesé anoche? - preguntó Polina - Yulia, tú ya sabes qué es lo que siento por ti.

La pelinegra se pasó las manos por el rostro. Suspiró. Toda esa situación era algo tensa y extraña, puesto que Polina era su amiga y no quería lastimarla.
- Sobre eso… - comenzó a explicar Yulia - Lo único que puedo decirte es que… Polina, sabes que yo amo a Lena y que no puede haber nada entre nosotras… Tú eres una gran amiga. Eres una mujer excepcional y una persona de la cual es muy fácil enamorarse, pero… Hace años mi corazón dejó de pertenecerme… Es de Lena.

En ese momento el mesero llegó con la orden y la colocó frente a cada una de ellas. Se marchó de inmediato. Entonces Polina preguntó:
- ¿Y si Lena no sale de la cárcel?
- ¡Va a salir! - contestó Yulia con toda certeza - Y aún suponiendo que no saliera, mi corazón aún seguiría perteneciéndole… No hay nada que hacer, Polina.

Pero la rubia no se daba por vencida tan rápido. Así que tomó de las manos a Yulia y luego la besó. Al principio Yulia solamente abrió los ojos muy grandes al ver lo que se proponía la otra, pero luego al sentir los labios de la otra se dejó llevar y cerró los ojos. De inmediato reaccionó y apartó de sí a Polina.
- ¿Por qué lo haces? - preguntó Yulia.
- ¡Para que veas que tú también me deseas, Yulia!
- ¡Polina, ese no es el punto!… El punto es que no puedo andar contigo ni con nadie más porque yo amo a Lena. ¿Porqué quieres echar a perder nuestra amistad?
- No quiero echarla a perder, Yulia, pero no evitar querer tenerte.
- “Tenerme”… ¿Ya ves? Estás confundida, al menos es lo que pienso… Creo que solamente me deseas y como jamás habías sentido esto por una mujer, te estás confundiendo.

Polina no supo qué argumentar. Solamente se limitó a mirar hacia la taza de café frente a ella. Luego se pasó una mano por los ojos. Yulia imitó el silencio de su amiga. Después tomó una de las manos de Polina, mientras le decía:
- Ya verás como pronto vas a olvidar esto y de nuevo te verás saliendo con chicos guapos, como siempre lo has hecho.
- Lo que pienso es que la terraza de mi departamento pronto me tendrá todas las noches, hasta que olvide lo que estoy sintiendo - bromeó y sonrió Polina, con un dejo de melancolía que no fue desapercibido por la pelinegra.
Yulia le devolvió la sonrisa. Luego la rubia preguntó con algo de duda:
- ¿Seguimos siendo amigas?
- Por mi parte sí, camarada - sonrió Yulia.

Más tarde cuando salieron del café, antes de que se montaran en el auto, Polina dijo:
- Ahora que no estaré quedándome más en casa de tus padre y después de lo que pasó, como no sé con cuanta frecuencia nos veamos… Si llegaras a necesitarme sólo llámame, ¿sí?
- Tú también a mí, Polina… Para cualquier cosa.
Luego ambas se abrazaron. Antes de entrar al auto Yulia volvió a tener la sensación de que alguien la vigilaba. Pero una vez más no vio a nadie.

El día siguiente las hojas de los almanaques se estacionaron en un jueves del mes de junio. Eran las tres de la tarde y hacía solamente unas horas que Yulia había llegado a su departamento. Ese día Iván la había dejado salir temprano. Por lo que al llegar lo primero que hizo fue llevar al fin la ropa a la lavandería. Yulia notó que el cielo estaba nublado, y en contraste con el clima ella hoy se sentía excelente. No sabía porqué pero presentía que algo iba a pasar.

Ahora se encontraba recostada sobre su cama, viendo televisión. Se sentía mucho más tranquila luego de haber aclarado las cosas con Polina. Además sabía que en cualquier momento Lena podría ser liberada de prisión, lo que le hacía sentir mejor.

En ese momento estaba comenzando un programa sobre farándula en la t.v. Era un nuevo programa llamado “Según me lo contaron”. Ya casi cuando llegaban a la media hora de transmisión comenzaron a hablar del grupo “Smash”, quienes habían sufrido un accidente al regresar de Europa Occidental donde estaban de promoción. Yulia hizo una nota mental para llamarlos más tarde.
- Afortunadamente ambos integrantes están sanos y salvos… - contaba la reportera - Ahora no queremos que ninguno de ustedes, televidentes, se despegue de sus asientos porque les tenemos la noticia estelar del día… Es sobre una joven pareja que vive sin salir de la polémica, aunque hace meses que el grupo no está trabajando debido a serios problemas legales con una de sus integrantes. Los dejo con nuestra corresponsal en Moscú…

En la pantalla del televisor apareció el símbolo la mujer entrecruzado con otro símbolo semejante. Yulia prestó atención a la pantalla televisora. Tenía la impresión de que hablarían sobre ella y Lena. De repente su celular sonó antes de que comenzara el reportaje.

La joven contestó. De inmediato reconoció la voz. Tomó el control remoto y apagó la t.v. para enfocarse en la conversación.
- ¿Señorita Volkova? Soy Nicolay Tupikov, el abogado de su novia. Tengo excelentes noticias - anunció el hombre.
La pelinegra sintió un vuelco en el corazón, pero esta vez era diferente. Esta vez su corazón palpitaba más rápido porque sabía que algo bueno iba a pasar.
- ¿Qué noticias?
- Las autoridades acaban de entrevistar al niño Anatoliy Belsky… Su testimonio fue grabado en video y es totalmente considerado como válido. La narración de lo que el niño escuchó esa noche excluye por completo la culpabilidad de la señorita Katina… Ahora hemos comenzado los trámites legales para que su novia salga de prisión… También queremos que la corte suprema le pida una disculpa pública a la señorita Katina… ¡Ganamos, Señorita Volkova! ¡Su novia estará libre dentro de una semana a más tardar!

La pelinegra sintió que se quedó sin habla. Algunas lágrimas le recorrían las mejillas pero esta vez no importaba, porque eran lágrimas dulces. El abogado le brindó a Yulia algunos datos más y luego se despidió. Acordaron que sería Yulia quien le daría la noticia a Lena, durante la visita de mañana. Pero Yulia no podía esperar tanto tiempo por compartir. Así que llamó a los padres de Lena y les dio la buena nueva acerca de su hija.

Ese mismo día, jueves, Lena se encontraba en el patio de la prisión. Eran unas horas antes de que el abogado hubiera llamado a Yulia.


La pelirroja estaba parada en la esquina acostumbrada. Bajo el alero del edificio penal. Lena miraba hacia el cielo. Ese día el color no era el de los ojos de su amada, sino que era un cielo gris. Hoy va a llover, pensó Lena. A ella le gustaban los días lluviosos solamente si estaba junto a Yulia. ¿Qué sentido tendría un día frío y lluvioso si no podía quedarse acurrucada en la cama junto a su compañera y amante? ¿Qué sentido tendría ese día si no podía hacerle el amor hasta el cansancio a Yulia? Lena sonrió con ironía al contestarse sus propias interrogantes.

Luego de mirar el cielo gris durante un momento, volvió a ubicar su mirada en su alrededor. Ese día no había visto a Evgenia. No habían hablado desde ayer cuando Lena la volvió a besar. Lena se había comenzado a sentir mal luego de hacerlo. Sabía que aparte de estar faltando a la confianza de Yulia, estaba hiriendo a Evgenia.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:30

Por estar tan adentrada en sus pensamientos, Lena no notó que hacia ella se acercaba la peor pesadilla del penal: era Lizaveta, o U'ebitsche como le llamaban todas. Lena se dio cuenta de que esa mujer estaba cerca de ella cuando volteó hacia su izquierda. La expresión de la pelirroja fue de espanto.
- ¿Porqué tan solita, Tatú? ¿Ya te cansaste de Odéen? ¿O fue ella quién se cansó de ti? - preguntó Lizaveta con sarcasmo, mientras mostraba una sonrisa burlona.

Lena no le contestó sino que dio un paso para irse. Pero Lizaveta se le interpuso colocándose frente a ella, colocando las palmas de sus manos contra la pared, y dejando a Lena encerrada entre el cerco que formaban sus dos brazos.
- ¡Déjame ir! - reclamó Lena.
- ¿Porqué te dejaría ir si no te has portado bien conmigo?
- Porque no te las vas a querer ver con Evgenia, más tarde, cuando sepa lo que estás haciendo.
Lizaveta miró a todos lados y dijo:
- Pues creo que ya no le interesas tanto… No la veo por aquí. Antes siempre estaba cerca de ti…

Lena comenzó a temblar de miedo. No soportaba tener esa mujer tan cerca.
- Creo que cansó de ti desde que le abriste las piernas - continuó diciendo Lizaveta - Me pregunto si tu novia en el exterior de la prisión sabe lo que tienes con Odéen.
- ¡No le abrí las pernas a nadie! Y si así fuera mi vida personal no es de tu incumbencia - replicó la pelirroja - ¡Ahora déjame ir!
- No hasta que te portes bien conmigo, preciosa - Lizaveta comenzó a pasar lentamente una mano sobre la zona pectoral de la pelirroja.

Lena no pudo soportarlo más y venciendo su miedo empujó a la mujer abusiva. Pero ésta no cayó al piso sino que solamente se tambaleó. Al darse cuenta del lío en el que se había metido Lena miró a su alrededor pero no vio a ninguna de las guardias cerca. Pero lo que vio fue que acercaba su salvación, se acercaba corriendo Evgenia. Lizaveta estaba tan iracunda que no había notado que la reclusa amiga de Lena estaba acercándose. Evgenia le gritó pero al parecer Lizaveta no la escuchó o fingió no escucharla. Así que agarró por el cabello a Lena y cuando estaba a punto de propinarle una bofetada, Evgenia tomó por el brazo a Lizaveta.
- ¡Te advertí que no la tocaras, animal! - le gritó Evgenia.
- ¡Ya me tienes harta, Odéen! - le dijo Lizaveta.

La atacante de Lena se abalanzó contra Evgenia, quien de inmediato se defendió. Entonces le dio un golpe tan fuerte en la mejilla a Lizaveta que ésta cayó al piso y comenzó a salirle sangre por boca y nariz. Pronto tanto Lizaveta como Evgenia se vieron enfrascadas en una pelea. La población penal corrió y se acomodó alrededor para no perderse el espectáculo.

El pitido chillón de los silbatos de las guardias no se hizo tardar. Dos guardias se acercaron y separaron a ambas mujeres. La primera de las guardias, Adama, era muy conocida por su paciencia con las reclusas y por ser de “corazón blando“. La segunda era una guardia nueva; Lena no sabía su nombre pero había escuchado que “Lizaveta le hacía los favores”. Y según lo ocurrido parece que lo que había escuchado era verdad.

La primera guardia se llevó a Lizaveta a la enfermería, ya que no paraba de sangrar por la nariz. Mientras que la segunda guardía le dijo a Evgenia:
- Por haber causado todo este alboroto quedas castigada. Te vas ahora mismo a lavar cada centímetro de las paredes exteriores del edificio penal.
- ¡Ella no fue la que empezó! - replicó Lena - ¡Fue U'ebitsche, todos la vieron!
- ¿Ah, si? A mí no me parece que las demás están de acuerdo contigo - la guardia miró a todas las reclusas alrededor, pero ninguna se atrevia a contradecirla - ¿Ves? Parece que fue tu amiga quien empezó.
- Pues a mí me parece que… - Lena iba a continuar replicándole a aquella guardia.
- Déjalo así, Lena - la interrumpió Evgenia, quien sabía que sería peor si la pelirroja continuaba contestándole a la guardia.

Minutos más tarde la guardia le entregó a Evgenia una cubeta con agua, cepillos de lavar y algunos trapos, entonces le ordenó que comenzara la labor. Evgenia no se opuso. Sabía que el día de mañana saldría en libertad y le convenía estar en paz con las guardias.

La reclusa de ojos azules se acercó a una pared del edificio y comenzó su castigo. Pero Lena no tardó en acercársele y sin avisarle comenzó a ayudarle en la limpieza a su amiga.
- Deja de hacer eso, Lena - le dijo Evgenia.
- ¿Porqué?
- Porque yo te digo - fue la contestación de Evgenia, quien continuaba cepillando la pared sin mirar a Lena.
- ¿Estás molesta conmigo?

Ante la pregunta de la pelirroja Evgenia descontinuó su labor por un momento y miró a su amiga.
- Ayer lo estaba - contestó la de ojos azules.
- Es por lo que volví a hacer, ¿cierto?… Evgenia, discúlpame. Tu comentario a medias…Me hizo pensar que era lo que querías.
- Lena… Yo no quiero que nadie me bese porque le recuerdo el ser que ama, ni porque piensa que es eso lo que yo quiero - comenzó a explicar Evgenia - Me gustaría que la persona que amo me besara si le sale del corazón… Un beso con el alma, como una vez dijiste tú.

La pelirroja miró a su amiga sin saber qué decirle. No le salían las palabras. Evgenia la miró por un momento. El rostro de la de ojos azules no mostraba señales de enojo.
- El beso de una misma persona podría hacer sentir en el paraíso al ser que ama… Pero si le da ese beso a una segunda persona, y ésta segunda persona sabe que el corazón de quien la está besando no le pertenece… o peor aún, que le pertenece a otra… entonces ese beso será una tortura… porque sabe que no podrá tocar, acariciciar, o hacer el amor al ser que ama cada vez que lo sienta - dijo Evgenia.

La profunda mirada de Evgenia, en combinación con sus palabras, hacían que Lena se sintiera en otro lugar. Sentía que a veces flotaba sin explicarse el porqué, y era como si lo demás dejase de existir. Nunca se había sentido así antes, al menos nunca en presencia de esa mujer. La pelirroja notó la media sonrisa que se formó en los labios de su amiga. Al ver la sonrisa de Evgenia, la pelirroja también sonrió tímidamente.

Lena estaba punto de decirle algo a Evgenia, pero de repente la misma guardia que había castigado a la de cabello castaño, se acercó a ellas. Al notar que Lena se proponía ayudar a Evgenia en la tarea, le dijo:
- Katina, no te dije que la ayudaras. Deja que haga esto ella sola.
- Pero quiero ayudarla. Eso no tiene nada de malo - replicó Lena.
- ¡La estás distrayendo! - repuso la guardia - Ve a tu celda, Katina.
- Haz lo que te dice - le sugirió Evgenia - Ve a tu celda, Lena… Yo estaré bien.

Entonces la pelirroja enojada se dirigió al interior de la prisión. Antes de abandonar el patio volvió a mirar al cielo. Densos nubarrones amenazaban con arrojar agua. La pelirroja miró en dirección a Evgenia, quien estaba cepillando las paredes. Por último volvió a mirar hacia el cielo gris y entró al interior del edificio.

Lena hizo según le dijo la guardia: fue a su celda. Estaba enojada porque tenía que seguir órdenes injustas por parte de gente que ni siquiera sabía dónde estaba parada. Después de un rato se cansó de estar ahí y fue a la biblioteca a conversar un rato con Nadezhda.

volvió a su celda alrededor de las tres de la tarde, unos minutos más o menos. Se sentó sobre el incómodo y pequeño catre. No tenía nada que hacer porque ya había leído y releído el último libro que le había regalado su novia. Así que encendió el pequeño televisor que tenía en la celda y volvió a sentarse.

Estaban dando un nuevo programa que Lena nunca había visto. Era un programa de farándula llamado “Según me lo contaron”. Nunca había visto ese programa y al ver que era sobre chismes de farándula decidió cambiar el canal, pero escuchó que mencionaron algo sobre el grupo “Smash” y lo dejó en el canal. Escuchó que el grupo había sufrido un accidente al regresar de Europa Occidental donde estaban de promoción.

- Afortunadamente ambos integrantes están sanos y salvos… - contaba la reportera que abarcaba la pantalla televisora. Luego de esa noticia pasó a otra - Ahora no queremos que ninguno de ustedes, televidentes, se despegue de sus asientos porque les tenemos la noticia estelar del día… Es sobre una joven pareja que vive sin salir de la polémica, aunque hace meses que el grupo no está trabajando debido a serios problemas legales con una de sus integrantes. Los dejo con nuestra corresponsal en Moscú…

En la pantalla del televisor apareció el símbolo la mujer entrecruzado con otro símbolo semejante. Lena prestó atención a la pantalla televisora. Tenía la impresión de que hablarían sobre ella y Yulia. En la pantalla apareció la reportera corresponsal de Moscú y junto a ella un recuadro con la foto de Yulia y Lena besándose. ¿Qué rayos se inventaron ahora?, se preguntó Lena. Estoy en prisión y ni aún así dejan de inventar más problemas… Bueno sin contar el problema legal mío que ese si es un hecho.

La reportera de farándula comenzó a decir:
- Esta noticia es reciente. Esta mañana recibimos una llamada telefónica de un informante que alegaba tener una noticia exclusiva sobre la integrante Yulia Volkova, del polémico grupo t.A.T.u. Nuestro informante se encontraba visitando a un familiar en el mismo edificio donde vive la famosa pareja lésbica… Estaba filmando un video casero con su familia, cuando al disponerse a salir de las inmediaciones, se topó nada más y nada menos que con la famosa Yulia Volkova… ¡Ahora agárrense tele-espectadores, porque la cantante no iba sola! Mientras su compañera consensual está encerrada en la cárcel… Veamos con quien anda Yulia Volkova… Adelante el video.

Lena Katina vio cómo la pantalla del televisor se inundaba con imágenes de una cámara de video casera. En la pantalla televisora podía ver a Yulia en el conocido estacionamiento del edificio donde se ubicaba el departamento de ambas. Era de noche pero se podía ver claramente a Yulia junto a una mujer rubia, mientras ambas entraron a un auto que definitivamente Lena sabía no era el de la pelinegra.

Después se veía cómo el auto en que iban Yulia y la mujer rubia se estacionaba. Ambas bajaron y entraron a un café. Se mostraron varias más: en una, estando sentadas a una de las mesas del café, Yulia y la mujer se estaban besando. En otra se veía claramente cómo Yulia la tomaba de las manos. Otra escena mostraba que antes de volver a entrar al auto se volvían a abrazar. La cámara siguió a Yulia a su acompañante hasta un edificio que Lena no conocía.

El hecho de ver todas estas escenas provocó que la pelirroja quedara en estado estupefacto por un momento. Sus manos comenzaron a temblar mientras miraba fijamente la pantalla televisora. Toda ella temblaba. Por un momento intentó negar que sus ojos vieron lo que acababan de ver, pero no pudo. Le dolía cada latido de su corazón. Las lágrimas comenzaron a empañarle la vista y se pasó por la cara sus manos temblorosas. Me está engañando, fue el único pensamiento que se apoderó de la pelirroja.

Las imágenes vistas pasaban una y otra vez por la mente de Lena. Sentía como si le hubieran roto el corazón y lo estuvieran pisoteando con fuerza. Sintió que por un momento se le quería escapar el alma del cuerpo. La pelirroja se paró de la cama y salió en muy mal estado de su celda. Su mismo llanto la ahogaba y no dejaba de temblar.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:32

Capítulo XII

Lena caminaba por los pasillos del penal, permitiendo escapar sus lágrimas y sin dejar de temblar. Buscaba a la única persona que podría comprenderla en esos momentos. La única persona con la que se sentiría mejor.

La pelirroja se topó con Adama, una de las guaridas que había intervenido hacía unas horas en la pelea entre Evgenia y Lizaveta. La guardia se asustó al ver el estado en que estaba Lena.
- ¡Por Dios, Katina! ¿Qué te hicieron? - preguntó la guardia mientras se acercaba al costado de la pelirroja para ayudarla a caminar, ya que le parecía que Lena no estaba en muy buenas condiciones como para andar por los pasillos.
La joven sentía que cada palabra que conocía había desaparecido de dentro de ella. Simplemente no podía hablar. Por lo que no pudo contestar a la guardia.
- Katina, dime si acaso te hicieron algo… Si no me hablas no puedo ayudarte - le dijo Adama - ¿Fue U'ebitsche? ¿Fue ella?

Lena negó al mover la cabeza. Entonces intentó hablar. A pesar del nudo que sentía en la garganta pudo decir:
- Evgenia… Quiero verla.
La guardia se compadeció de Lena y la acompañó hasta la celda de Evgenia, pero no encontraron a la reclusa ahí. La buscaron por varios lugares y tampoco la encontraron. Entonces fueron a preguntarle a la última persona que Adama sabía que había visto a Evgenia: la guardia que la castigó.
- Le dije a la guardia que está junto a la salida hacia el patio que dejara entrar a Odéen cuando terminara su castigo - fue la seca contestación de la guardia.
Adama comenzó a debatir algunos puntos sobre abuso de poder con la guardia nueva. No se fijó en que Lena se estaba alejando del lugar.

La pelirroja corrió hacia la puerta que daba al patio. Junto a la puerta había una guardia vigilante. Lena le rogó que la dejara pasar, que tenía que hablar con Evgenia. Después de algunas súplicas la guardia la dejó pasar. En cuanto la pelirroja salió al patio las gotas gruesas de lluvia que estaban cayendo comenzaron a empaparla. Lena miró a todos lados y a la distancia vió a las guardias que vigilaban el patio, estaban cubiertas por una capa para evitar empaparse por completo.

La cantante le comenzó a dar la vuelta al edificio hasta que encontró a quien buscaba. Evgenia estaba allí, bajo el agua, empapada por completo. Aún cepillaba las paredes. Lena corrió hacia ella. En seguida notó el rostro de cansancio de su amiga. Además Evgenia estaba temblando de frío. Su rostro estaba pálido casi por completo, a excepción de la nariz. Sus labios, que esta vez estaban más rojos que de costumbre, no paraban de temblarle.

- ¡Evgenia! - pronunció Lena.
La reclusa de ojos azules miró y vió que se acercaba su amiga. Se pasó la mano por el rostro para quitarse el agua que le chorreaba y le gritó:
- ¡Vete adentro, Lena, te vas a enfermar!
Pero Lena le hizo caso omiso y llegó hasta donde ella. Al ver que Lena estaba llorando, su amiga se asustó y pensó lo peor.
- ¡Cielos, Lena! ¿Qué pasó, qué te hicieron? - preguntó Evgenia mientras tiraba los instrumentos de limpieza que tenía en las manos y se acercaba a Lena para abrazarla en forma protectora.
- Yulia me engaña.
- Pero, ¿qué dices, mujer? ¿De donde sacas eso? Tu novia te quiere - le aseguró Evgenia.
- En la t.v… L-la v-vi… besándose con otra mujer… La vi.

Al escuchar la respuesta de Lena, Evgenia la abrazó con más fuerza. Se imaginaba el profundo dolor que estaría sintiendo Lena en ese momento. Quería asegurarse de que a pesar que la pelirroja sentía que estaba cayendo, ella estaba allí para sostenerla firmemente. Estuvo abrazándola durante varios minutos, hasta que sintió que Lena se fue calmando; hasta que sus sollozos se extinguieron por completo.

Las dos jóvenes abrazadas bajo la lluvia podían traer imágenes vagas de lo que fue el famoso video de “All the things she said”, pero sin Yulia (cosa no muy agradable para un fan del dúo). Sin proponérselo Lena haría que el suceso recordara más al famoso video.

La pelirroja levantó su cabeza, que había estado recostada en el hombro de su amiga. Entonces miró directamente aquellos ojos azules. No fue sino hasta ahora que Lena se dió cuenta de que Evgenia había estado llorando en silencio mientras la sostenía. Era la segunda vez que podía sentir tan fuertemente las melódicas, aunque apresuradas palpitaciones, del corazón de Evgenia. Esta otra también había clavado sus pupilas en aquellos ojos grises. Lena pasó su mano por el rostro de Evgenia, para apartar las lágrimas que estaban mezcladas con toda el agua de lluvia que se deslizaba por las mejillas de su amiga; tarea imposible.

A Evgenia en ese momento dejó de importarle lo que había hablado con Lena hacía unas horas. Lo único que sabía era que tenía entre sus brazos a la mujer que amaba, que quería tocarla y acariciarla, sin importarle el sufrimiento de que no fuera para ella. Se le desgarraba la piel por volver a sentir aunque fuera un roce de aquellos labios sobre los suyos. Pero permaneció inmóvil, solamente se limitó a acariciar el humedecido rostro de Lena.

La pelirroja cerró los ojos al sentir el contacto de los dedos de Evgenia sobre su mejilla. Luego sintió cómo delicadamente el dedo índice de su amiga recorría la forma de sus labios. Podía sentir la respiración de Evgenia sobre su rostro, ¡Estaba tan cerca de ella! Lena esperaba que esta la besara. Más que esperarlo, quería que Evgenia la besara en ese momento. ¿Ahora quién estaba torturando a quién?

Al esperar por un beso que no parecía llegar, fue Lena quién acercó sus labios tanto a los de Evgenia, que produjo un leve roce con los labios de esta. Lena de inmediato desvió su boca de los labios de la otra y comenzó a rodar los mismos por las mejillas de su amiga. Al apartar su rostro del de Evgenia y mirarla, vió que ésta tenía los ojos cerrados y que sus labios aún temblaban. Lena volvió a rozar con sus labios los de Evgenia y los desvió de inmediato. Esta vez Evgenia abrió los ojos. Ambas se miraron por un momento. Entonces Evgenia volvió a romper la distancia que separaba las bocas de ambas. Besó a Lena. El beso comenzó como uno tierno, hasta que fue intensificándose y pronto sus lenguas se encontraban en un sensual vals.. Ese beso precedió a otro… y este otro a otro.

Después Lena recostó su cabeza sobre el hombro de su amiga. Evgenia sintió que de repente el cuerpo de Lena pesaba más. Además sus brazos dejaron de abrazarla con fuerza, como había estado haciéndolo. Se sintió morir al darse cuenta de que la pelirroja se había desmayado sobre ella. La sujetó con más fuerza para que no se cayera.
- ¡Ayuda! - gritó desgarradoramente Evgenia, mientras la lluvia no paraba de caer sobre el cuerpo de ambas - ¡Ayúdenme!
En ese momento las guardias que vigilaban el patio penal se dieron cuenta de lo que pasaba y se acercaban corriendo. También se acercaba la guardia Adana, quien venía envuelta en una capa.

Sentía un frío aterrador por todo su cuerpo, excepto en su mano izquierda. Era como si esa mano estuviera cerca de una fogata, pero el calor era cómodamente familiar. No sabía lo que era pero lo sentía. Tampoco sabía en qué lugar estaba, su mente estaba en blanco en ese momento. Entonces sus brillantes ojos verde-gris se fueron abriendo lentamente. De inmediato miró hacia su mano izquierda y supo la causa de porqué la sentía tibia. Era porque Evgenia la estaba sujetando.

Lena entonces se dió cuenta de que estaba en la enfermería del penal. Era un cuarto incómodo, con uno que otro instrumento médico, una pequeña cama y en general en malas condiciones. Junto a la cama había una silla, y era ahí dónde estaba sentada Evgenia. La reclusa de cabello castaño se había dormido pero sostenía firmemente la mano de su amiga. Lena, quien estaba acostada en la cama notó que su amiga todavía tenía el cabello mojado. Entonces se miró a sí misma y se fijó que en la única ropa que llevaba puesta era una bata azul fina, de la misma enfermería.

Uno a uno sus recuerdos fueron llegando. En especial los recuerdos del video sobre Yulia y la otra chica, y el recuerdo de los besos bajo la lluvia. Lo que no recordaba era cómo había terminado en ese cuarto. Se estrujó la cara con su mano libre. Luego permaneció observando el apacible rostro de su amiga, hasta que a los pocos minutos la pelirroja volvió a cerrar los ojos.

Cuando volvió a despertar, Evgenia aún le sujetaba la mano. Esta vez la de ojos azules estaba totalmente despierta.
- ¡Lena! - exclamó Evgenia al ver que su amiga despertó - Me llevé el susto de mi vida.
- ¿Qué me pasó? - preguntó la pelirroja.
- Te desmayaste… La doctora dijo que fue por tus problemas de presión… Dijo que todo estará bien - le contestó Evgenia - Tuve que rogarles que me dejaran pasar a hacerte compañía… Adana intervino por mí y me dejaron quedarme.

La pelirroja abandonó su posición de acostada y se sentó.
- ¿Te sientes mejor? - preguntó Evgenia, muy preocuapada, mientras se paraba para ayudar a acomodar a Lena.
- Quita esa cara… No es la primera vez que me desmayo, ni será la última.
Pero su amiga Evgenia la seguía mirando con ojos asustadizos, como si Lena estuviera grave.
- ¡Cielos, Evgenia, si me sigues mirando así me voy a sentir como una enferma terminal! - sonrió Lena, pero luego hizo una breve pausa y preguntó - No me estoy muriendo, ¿o sí?

La sola pregunta causó que su amiga riera y luego le contestó:
- No, Lena. Es sólo que nunca te había visto tan frágil… Hasta tuve que cargarte hasta aquí y ayudar a que te quitaran la ropa. ¡Demonios, si que me asusté al ver que no te movías!
La reclusa de cabello castaño se puso de pie y dijo:
- Voy a avisar que despertaste. Ya regreso.
- ¡Espera! - la detuvo Lena - Tengo que decirte algo.
- ¿Sí? Dime - Evgenia se detuvo y se quedó parada frente a Lena, esperando escuchar lo que tenía que decirle su amiga.
Pero Lena no hablaba, solamente se quedó mirándola. Las palabras no le salían.

Evgenia volvió a sentarse en la silla y se viró para quedar de frente a Lena. Esperó hasta que la pelirroja pudo hablar.
- Quiero que sepas que… lo que pasó en la tarde… - comenzó a explicar Lena - Pasó porque yo quise que pasara… No tiene nada que ver con lo que te conté sobre Yulia… Quise hacerlo desde mi interior.
Evgenia sonrió tristemente. Deseaba que las palabras de Lena fueran ciertas, pero sabía que podían estar influenciadas por el reciente malestar de Lena al pensar que Yulia le era infiel.
- Lena… Dime… ¿Qué es exactamente lo que sientes por mí? - le preguntó Evgenia.

La pelirroja no se esperaba la pregunta. Pero su primera respuesta fue acercar su boca a la de Evgenia y besarla. La de ojos azules le respondió el beso. Luego mantuvieron contacto visual por unos segundos, mientras Evgenia se preguntaba una y otra vez qué significa a aquel beso. Ella no siente por mí lo que yo por ella, se decía Evgenia, ¿Porqué me besa así? ¿Porqué lo hace?… ¿Será solamente atracción?… No, esos besos son diferentes…

Lena acarició dulcemente el rostro de su amiga. Luego le dijo:
- No quiero dejar de verte… Me siento egoísta porque no quiero que te vayas… No quiero que estés lejos… lejos de mí.
- Yo tampoco quiero dejar de verte…Pero mañana me van a liberar - sonrió amargamente Evgenia, en lugar de decirlo con alegría ya que estaría obteniendo de nuevo su libertad.
- Lo sé.
- Vendré a verte todos los días de visita… Hasta que salgas de aquí.

La pelirroja sonrió. Esta vez fue Evgenia la que se acercó más aún a su amiga. Entonces acarició una y otra vez los provocativos labios de Lena. La pelirroja cerró sus ojos y disfrutó de aquella delicada caricia. Luego sintió cómo los labios de Evgenia se volvían a posar sobre los de ella. Evgenia tomó a Lena de las manos.
- ¿Porqué tuve que enamorarme de ti? - susurró Evgenia - ¿Porqué?

Volvió a enfocar su mirada en aquellos ojos grises. Sentía que se sumergía en ellos, que jamás podría salir de ahí.
- Saldré mañana - decía Evgenia - Y pronto saldrás tú, Lena… Y cuando salgas, si quieres que esté esperándote frente al portón de la prisión… Allí estaré, Lena.
- ¿Y si no salgo pronto?
- Aún así… No me importa cuanto te tardes.
- Eres una de las personas más valiosas que he conocido - comentó Lena - Me encantaría que fuera tu rostro el primero que vea si es que llego a salir de aquí.
- Entonces te prometo estar allí cuando salgas.

Lena la abrazó y luego por un momento guardaron silencio. La pelirroja sospechaba que Evgenia quería decirle algo. Pero no la presionó para hablar. Luego de un rato Evgenia miró nerviosamente a Lena. Entonces le preguntó con una voz algo quebrantada:
- ¿Tú qué… qué estás sin… sintiendo ahora mismo por ella?

Evgenia solamente dijo “ella”, pero Lena sabía muy bien que se refería a Yulia.
- La amo - contestó Lena, luego de enfocar su mirada en la pared de frente, para esquivar la mirada de Evgenia. Apretó su mandíbula para evitar llorar, pero no estaba teniendo mucho resultado. Así que ahora se estaba pasando una mano por los ojos - Pero no quiero volver a verla… Ella me traicionó. Traicionó nuestro amor… Echó sus promesas por un caño… Todo lo que habíamos soñado juntas… Todo eso para ella valió mierda… Ahora me duele el corazón como jamás imaginé que podría doler… A esa mujer no quiero volver a verla.

Evgenia se arrepintió de haber formulado esa pregunta, no por la respuesta porque bien sabía Evgenia lo que Lena sentía por Yulia, sino que se arrepintió al ver las lágrimas que escapaban de los ojos de su amiga. Lo último que quería era ver llorar a Lena. Así que la abrazó una vez más hasta que Lena se hubo calmado.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:33

Capítulo XIII

Llegó el viernes. La carismática Yulia Volkova se sentía la mujer más feliz del mundo porque su amada Lena pronto saldría de prisión. Recordaba las palabras del abogado: “su novia estará libre dentro de una semana a más tardar”. La emoción de la alegría no la había dejado pegar los ojos durante toda la noche. ¡Pronto estará aquí de nuevo!, se decía Yulia.

La pelinegra despertó más temprano que de costumbre. De un brinco salió de la cama. Durante su baño casi lo único que hizo fue cantar y jugar en el agua, como los niños pequeños. En lo único que pensaba era en llegar a la prisión y darle la buena nueva.

Después de asearse se vistió y desayunó. En cuanto salió del departamento sus mirada se encontró con el periódico junto a la puerta. Se detuvo y le dió vistazo a la portada. Una sonrisa adornó sus facciones al ver que una de las noticias de primera plana hablaba sobre el niño Anatoliy Belsky. Continuó de camino al auto, y cuando estuvo dentro del mismo. Fue a la página donde estaba la noticia completa. La noticia decía así:

Viernes, 15 de junio de 2005
Testimonio Del Pequeño Atanoliy Belsky Demuestra Inocencia de Katina
Por A.F.A

La reciente salida del coma del pequeño niño ciego Anatoliy Belsky, una de las víctimas del caso en el cual fue acusada Lena Katina, ha conllevado a una interrogación legal por parte de las autoridades federales y estatales de San Petersburgo. El reciente testimonio del niño fue grabado y considerado como válido para ser llevada a las cortes. La confesión del pequeño nos hace ver lo ocurrido desde una perspectiva totalmente diferente.

“Papá y yo íbamos a buscar a mi hermana, porque estaba en un concierto de t.A.T.u….Estábamos en el auto y él se detuvo. Dijo que un hombre malo estaba aguantando a una jovencita… Cuando se bajó puede escuchar que le gritaba al hombre malo… Papá le dijo que soltara a la chica. Pero no la soltó… Después escuché cuando Papá dijo a la chica: ‘eres del grupo t.A.T.u.’… A mi hermana le gusta Lena pero no la conoce… ¡Yo sí conozco a t.A.T.u.!” - Estas palabras son parte de lo que el niño dijo a las autoridades.

Al las autoridades preguntarle al niño si había escuchado la voz de la mujer a la cual su padre se disponía a rescatar de su atacante, esto fue lo que respondió: “Escuché cómo gritaba porque el hombre malo le quería hacer algo a ella y a mi Papá. Ella es Lena… Papá gritaba también y después ya no gritó… Oí un ruído muy feo y bajé del auto… Y Lena gritó mi nombre… Lena lloraba… El hombre malo le quería hacer algo… Y después algo sonó y me dolió mucho”.

Estas palabras prueban que la famosa integrante del dúo t.A.T.u. no fue sino otra víctima de los acontecimientos de esa noche fatal. La versión de la cantante es casi semejante a la del niño. Los abogados de Katina están agilizando el proceso para que se reconozca legalmente su inocencia ante los tribunales. En cuanto al atacante, ya las autoridades tienen a un sospechoso en la mirilla: Fedya Tabachnik, quien una vez fue acusado por atacar al dúo lésbico y quien recientemente había salido de prisión. Todo es cuestión de mostrar una foto a la cantante para ver si puede reconocer a su atacante. Otra de las pruebas que probablemente puede servir para aclarar este caso, lo es el reconocimiento de la voz del atacante por parte de Anatoliy Belsky, en caso de que el criminal pueda ser capturado. No se pierdan este fin de semana el especial, con el análisis de este caso sin precedentes que…

Yulia sacó la página del periódico, la dobló y la guardó en el bolsillo de su pantalón. Encendió el auto y se dirigió a la prisión estatal.

Ese día Yulia llegó muy entusiasmada a la prisión. Entró como de costumbre y se sentó en la sala de visitas, esperando que una guardia trajera a Lena. Pero la guardia se tardaba más que de costumbre. Justo cuando iba a parase a preguntar qué pasaba, por qué no le traían a Lena, vió que la guardia se acercaba.

Le estuvo muy extraño el hecho de ver que Lena no venía, así que se puso de pie, y cruzada de brazos esperó a que la guardia llegara a su mesa.
- ¿Le pasó algo a mi novia? - preguntó preocupada Yulia.
- No, señorita - le contestó a la guardia - Lo que pasa es que su compañera no quiere verla.
- ¡¿Cómo?! Debe haber una equivocación - replicó la pelinegra, mientras su expresión se tornó en una de total confusión - Vuelva a decirle que estoy aquí… Dígale que es Yulia Volkova quien viene a verla.
- Ya le dije exactamente que es usted la que está aquí. Se lo repetí varias veces, pero su novia se niega a verla - explicó la mujer - Lo siento. No puedo hacer nada más. No podemos obligar a las reclusas a recibir visitas que no quieren, a menos que sea un agente con una orden.
- ¡No es posible! ¡Aquí tiene que haber un error! No entiendo porqué mi novia se niega a verme - decía desesperadamente Yulia, sin creer lo que estaba pasando.
- Lo siento, Señorita, no puedo hacer nada… Y tengo que pedirle que salga de esta sala. No se puede quedar aquí.

Las súplicas de Yulia no sirvieron de nada. Así que tan confundida como estaba salió del sitio. Llegó hasta el estacionamiento y se detuvo junto a su auto por un momento. Estoy segura de que esa guardia se equivocó de reclusa… Quizá hay alguien más allá adentro con el apellido Katina, y la mujer fue a buscar a la Katina equivocada… Eso debe ser, pensaba Yulia mientras se mordía los labios. ¡Es que no hay otra explicación! ¡No hay más!

Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de los padres de Lena. Inessa, la madre de Lena, se acercó a Yulia sin que la joven notara que estaban allí:
- ¿Acabas de llegar, querida? - le preguntó su suegra.
- Eh… Inessa, Sergey… no me había dado cuenta de que estaban aquí - dijo Yulia, saliendo de su ensimismamiento. Luego saludó con un beso en a mejilla a sus suegros - Tengo un problema… Una guardia dice que Lena no quiere verme y tuve que salir de la sala de visitas - anunció la joven con una expresión preocupada y de duda.
- Yulia, eso debe ser un error - comentó Sergey - No es posible que nuestra Beba no quiera verte.
- Sergey tiene razón, hija. ¿Porqué no entras con nosotros? - propuso Inessa - Además querías ser tú la que le dieras la noticia de que su inocencia está aclarada - añadió sonriente y con suma emoción.

Eso fue lo que hicieron. Yulia volvió a entrar a la sala de visitas, esta vez junto a sus suegros. Los tres se sentaron a una mesa y esperaron que una guardia le avisara a Lena que sus padres la esperaban.

Cuando Yulia vió que se acercaba una guardia en compañía de Lena, fue como si el mismo sol se hubiera mudado al rostro de Yulia. La tierna sonrisa de la pelinegra, era solamente un reflejo del gozo que estaba experimentando en su interior. Porque sabía que pronto su amada estaría de nuevo libre, junto a ella. La pelinegra se había pasado la noche en vela, pero la aprovechó para hacer planes. Haré una gran fiesta y le pediré la mano, había pensado Yulia durante la noche anterior. Todo será como en las historias románticas que lee mi Kotenok… Si es preciso me arrodillaré ante ella cuanto le esté entregando el anillo. La llevaré a donde quiera… La noche de bodas será mágica… Y en cuanto me lo pida tendremos hijos… No sé cómo, qué método… Pero lo haremos.

Yulia seguía sonriendo. Pero según su amada se iba acercando, notó algo extraño en su expresión. La conocía muy bien como para darse cuenta de que el rostro de Lena denotaba mucho dolor, pero era como si también estuviera enojada. El corazón de Yulia se aceleró, al mismo tiempo que se preguntaba: ¿Qué le sucede?

Al fin cuando la pelirroja estuvo junto a ella, Yulia extendió los brazos para abrazarla. También sentía enormes deseos de besarla y eso haría.
- Mi amor… - Yulia iba a decir algo.
Pero en lugar de que Lena se dejara abrazar y le permitiera hablar, hizo algo que ninguno se esperaba. Levantó la mano y ésta se estampó fuertemente en la mejilla izquierda de Yulia. La bofetada dejó claramente marcados los cinco dedos de Lena en el rostro de la pelinegra. Yulia se llevó la mano a su mejilla, y comenzó a tocarse por donde había recibido el golpe. No entendía nada. ¿Por qué Lena le había hecho eso? No lo comprendía, simplemente no se lo explicaba.

Permaneció inmóvil, mirando directamente a aquellos ojos grises de su amada. Yulia estaba apretando sus dientes y su mandíbula una y otra vez, con el propósito de retener sus lágrimas. Pero sencillamente no pudo. Cuando su visión se volvió borrosa supo que esas gotas de agua salada habían invadido sus ojos. Todo le daba vueltas al intentar explicarse lo que pasaba, pero no podía. Tampoco podía hablar porque sentía un nudo atravesado en su garganta.

Tampoco los padres de Lena lograban entender el comportamiento de su hija. Ambos se habían quedado estupefactos, mirando cómo Yulia se pasaba la mano por la mejilla. Hasta que la madre de Lena se acercó a su nuera y para hacerla sentir mejor le empezó a pasar una mano por la espalda, mientras le decía a su hija:
- ¡Lena, por el cielo! ¿Qué hiciste?

La pelirroja no contestó sino que se quedó mirando fijamente a su novia. Las lágrimas de ambas jóvenes se deslizaban por sus respectivas mejillas. Ninguna pronunciaba palabra alguna, ni se movían. Hasta que Lena miró a sus padres y les dijo:
- Vuelvan cuando se haya ido ésta mujer… No quiero verla.
Entonces la pelirroja volvió hacia una guardia, que la condujo de nuevo al interior.

Ni los padres de Lena ni Yulia tenían idea de lo que pasaba. Inessa, muy sorprendida por lo que pasó, le preguntó a Yulia:
- ¿Pasó algo entre ustedes?
La pelinegra se quedó mirándola, mientras pensaba en cualquier posible acto que hubiera podido enfadar a su novia, pero no le venía a la mente ninguno. Por lo que contestó con un dudoso y bajo:
- No lo sé… Yo… No lo sé.

Entonces la pelinegra sacó un papel, doblado en varios cuadritos, del bolsillo de su pantalón. Se pasó las manos por los ojos y luego dijo, haciendo un esfuerzo por hablar:
- Por favor, díganle de mi parte a Lena, lo que les conté que dijo el abogado… y también pueden mostrarle esto - les entregó la noticia que había sacado del periódico - Y… le dicen que la amo… Que no entiendo lo que pasó.

La pelinegra salió de la sala de visita. Caminaba hacia su auto, pasándose la mano una y otra vez por la mejilla izquierda. Estaba sumida en una confusión que la destrozaba por dentro. Por más que intentaba recordar algo que hubiera causado que Lena actuara así, no podía.

Llegó junto a su auto, en el estacionamiento. Sacó sus llaves y en cuanto estuvo a punto de abrir la puerta, su celular sonó. Contestó:
- ¿Diga?
- Yulia, soy Iván… Me acaban de entregar la grabación de un programa que pasaron ayer… ¡¿Me quieres explicar qué carajo está pasando contigo?! - el productor más que hablar gritaba desesperado.
- ¡No estoy para nadie, Iván! - le respondió Yulia - ¡No sé de que mierda de grabación me hablas! Tengo un problema muy grande aquí y no sé de que demonios hablas!
- ¿Que de qué hablo? Esta grabación la vió ayer gran parte de Rusia, y en ella apareces besándote con otra mujer… ¡Abrazándola y entrando a un edificio de departamentos junto a ella! ¿Qué demonios es eso Volkova? También aparecen fotos del mismo “tape” en la sección de farándula del periódico de hoy… ¡Ruega porque Lena no sepa nada de esto! Además sabes que esto no es nada bueno para el dúo… ¡La cagaste, Volkova! - gritaba Iván histérico - Sabes que ahora…

La sorpresa de la noticia causó un vuelco en el corazón de Yulia. El celular cayó de sus manos, sin que Iván terminara de hablarle. Entonces se apresuró a abrir la puerta de su auto. Buscó el periódico, que había dejado ahí tirado, y empezó a buscar como loca la sección de farándula. El corazón quiso salírsele del pecho cuando vió una noticia que hablaba sobre ella y su posible amante. Las fotos eran muy claras. La mostraban en compañía de una rubia que Yulia reconoció como Polina. En una foto se mostraba el beso que Polina le robó, en otra donde estaban abrazadas y una última en donde estaban entrando a un edificio.

De repente todo tuvo sentido. Yulia se imaginó que de una u otra forma Lena vió esas imágenes. También recordó que aquella noche tenía una sensación de que alguien la vigilaba. Era que la estaban grabando. La pelinegra volvió a salir del auto, a recoger su celular. Por un momento se recostó de la puerta del auto, mientras respiraba profundamente. No podía creer lo que estaba pasando. Ella sabía que esa noche en que se tomaron las imágenes, no había sucedido absolutamente nada con Polina. Todo lo contrario, había hablado con ella para aclarar las cosas.

Ahora no podía creer que unas imágenes mal interpretadas fueran a destruir su vida, sus planes con Lena. Sentía dolor por cómo la había tratado Lena, porque ni siquiera le dió la oportunidad de pronunciar alguna palabra y explicarle lo que sucedía. ¡Con mil demonios, ni siquiera sabía lo que estaba pasando!, se dijo Yulia. También sentía rabia hacia la prensa.

Yulia suspiró profundamente y luego le propinó una fuerte patada a su propio auto. Se volvió a recostar del mismo. Miró al piso y vió su celular, mientras podía escuchar aún los molestos gritos de Iván al otro lado del teléfono.

Minutos más tarde Yulia iba conduciendo para alejarse del edificio penal. Entonces se fijó en algo que llamó su atención. Vió que por la acera iba caminando Evgenia. No había duda de que fuera ella; Yulia la reconoció de inmediato. Iba vestida de manera muy sencilla y sin nada en las manos. Caminaba lenta y calmadamente, y en ocasiones parecía mirar hacia el cielo. ¡¿Qué demonios…?! ¿Ya salió esa mujer?, se preguntó Yulia.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:36

Capítulo XIV

Los días parecían durar una eternidad para Yulia Volkova. La última vez que había visto a Lena fue cuando ésta le propinó una fuerte cachetada en la mejilla. Desde entonces Lena no había querido recibir a la pelinegra en ninguno de los días de visitas. Pero Yulia no se daba por vencida. Aunque Lena no quería recibirla ella no dejó de procurarla nunca. Así al menos le dejaría saber a Lena que no se rendiría hasta que la pelirroja le diera una oportunidad para explicar las cosas.

En una ocasión de esas, cuando Yulia fue a intentar ver a Lena al reclusorio, se encontró con alguien a quien no esperaba ver. La pelinegra bajó de su auto, en el estacionamiento, cuando de repente vio que la persona que estaba bajando del auto que se estacionó junto al de ella, era Evgenia. Ambas se miraron por un momento, sin saber cómo reaccionar ya que la única vez que habían hablado no había sido muy agradable para ninguna. Evgenia saludó a Yulia con un simple movimiento de cabeza, muy casualmente. Luego dió media vuelta para alejarse.

- ¡Espera! - la llamó Yulia.
Evgenia se volteó nuevamente.
- Felicidades… por tu libertad - pronunció secamente Yulia por decir algo.
- Gracias - respondió también de manera seca la de cabello castaño.
- Y… ¿Porqué regresas? ¿Qué es lo que buscas aquí? - las preguntas estuvieron fuera de la boca de Yulia, sin que ésta tuviera tiempo de pensar en si las decía o no.
- Vengo a ver a una amiga que me pidió que la visitara - le respondió Evgenia - Ahora si me disculpas…
Al decir esto Evgenia se volteó nuevamente para irse. Pero no hizo sino dar un paso y Yulia volvio a preguntarle algo:
- ¿Es a Lena?

Evgenia asintió sin pronunciar palabra. Entonces Yulia volvio a sentir ese incómodo nudo en la garganta que se le estaba haciendo tan común durante los últimos días. La expresión de Yulia reflejó tal tristeza vaga y permanente, que hasta un ciego pudo haber imaginado lo que sentía. Evgenia la miró por un momento y le dijo:
- Volkova… Tú fuiste la que te buscaste lo que está pasando entre tú y Lena… He visto las fotos y los reportajes que salieron sobre ti y esa mujer con la que te grabaron. Lena no se lo merecía, ¿sabes?… No merecía una infidelidad tan rastrera.
- ¡Tú no sabes lo que dices! - se defendió Yulia - Yo jamás la engañaría… ¡La amo! Le entregué mi corazón… La amo.
- Pues no eres la única - fue lo que pronunció Evgenia antes de seguir su camino.

Yulia permaneció parada junto a su auto. La presencia de esa mujer la había perturbado, sin mencionar que la sacaba de sus casillas. Por un momento Yulia no supo qué hacer. Si entraba a la sala de visitas se la volvería a encontrar allí. Además estando delante de Evgenia, Yulia no soportaría cuando le dijeran que Lena no quería verla. Sería una verdadera humillación el hecho de que su novia aceptara la visita de Evgenia y no la de Yulia. La pelinegra suspiró profundamente. Luego volvio a entrar a su auto y salió del lugar.

Durante el día de ayer, viernes 22 de junio, la defensa de Lena Katina logró que se llevara a cabo un nuevo juicio para demostrar la inocencia de ésta, tal como Nicolay Tupikov (el principal abogado de la defensa) le había dicho a Yulia. Así quedó demostrada legalmente la inocencia de la joven, y los abogados lograron que el sistema de justicia pidiera una disculpa pública a la acusada. Todo se hizo delante de la prensa, quienes se abastecieron de imágenes para los periódicos y diferentes medios.

Yulia estuvo presente durante el juicio. Pero Lena ni la miró, sino que al dictarse su sentencia de libertad solamente abrazó a sus padres. Ese viernes Lena tendría que pasarlo en el penal, aunque ya se había probado su inocencia esa era la ley. Pero el día sábado era el gran día: saldría para no volver.

Y ese día, sábado 23 de junio de 2005, era hoy. Eran las 9:00 a.m. Ya la pelirroja se había despedido de las reclusas con las cuales había desarrollado una especie de vínculo, como Nadezhda y Ustinya. Ahora dos guardias penales conducían a Lena hacia el enorme portón custodiado que le daría acceso a la libertad. El corazón de la pelirroja latía desesperadamente.

Las guardias se detuvieron justo en frente del portón. Mientras una lo habría, la otra guardia (era Adana) le dió un abrazo de despedida a la pelirroja y le pronunció algunas palabras alentadoras. Lena sonrió y volvio a abrazar a la guardia.
- Llegó la hora - dijo la guardia que estaba abriendo el enorme portón.

El portón se iba abriendo lentamente, en contraste con los ansiosos latidos del corazón de Lena. Todo se tardaba más que de costumbre, como si el flujo del tiempo se prolongara en ese momento. La pelirroja fue viendo el exterior del penal por la hendija de la puerta al abrirse, que cada vez era mayor. Entonces cuando estuvo abierta por completo lo primero que vio fue la figura de Evgenia; tal como la de cabello castaño le había prometido.

Lena salió del penal y corrió hacia ella. Se abrazaron. Luego la pelirroja notó que sus padres también estaban ahí. Ellos caminaron hacia su hija y también la abrazaron mientras lloraban de alegría, al igual que Lena. Tanto sus padres como Evgenia le pronunciaban palabras de aliento.

Entonces Lena se fijó bien en todo a su alrededor. Había gente por doquiera. La calle estaba repleta de periodistas que acechaban con sus cámaras, reporteros de la farándula (que eran los peores). Era tanto prensa local como internacional. Pero lo que realmente conmovio a Lena fue ver a cientos de fans con carteles de apoyo hacia ella. Lena limpió sus lágrimas y miró hacia los fans; les agradeció su presencia con una sonrisa.

Toda esa gente (tanto los medios como los fans) estaba loca por acercarse a Lena, por lo que el lugar tuvo que ser intervenido por policías, quienes tuvieron que poner el orden. También habían llegado hasta Lena unos guardaespaldas que la pelirroja no estaba segura de dónde habían salido (quizá los envio la disquera o el mismo Iván).

Aunque Lena estaba más que enojada con Yulia, esperaba que estuviera ahí esperándola. La buscaba con la mirada pero pronto se dió cuenta de que la joven pelinegra no estaba en el lugar. Aunque quería evitarlo le dolió la ausencia de su compañera.
- Ella no vino - le dijo Evgenia, quien estaba junto a Lena, al notar que ésta la seguía buscando con la mirada.

Pronto todo se tornó en un desorden infernal. Los policías que estaban en el interior hacían todo lo posible por calmar al grupo de gente. Peor se volvio todo cuando se sintió el sonido de un helicóptero justo sobre sus cabezas. En ese momento se abrió nuevamente el portón de la prisión y unas guardias le avisaron a Lena que el helicóptero lo habían enviado por ella.
- Mamá, Papá, lleven a mi amiga Evgenia a la casa - le dijo Lena a sus padres antes de volver a entrar al penal - Evgenia, sigue a mis padres - le dijo a su amiga - Nos veremos en la casa.


Minutos más tarde Lena se encontraba en el techo del edificio penal, donde aterrizó el helicóptero. En cuanto entró al mismo lo primero que vio fue la figura de Yulia. Por un momento Lena dudó en entrar. Entonces el piloto dijo:
- Adelante, Señorita.
Lena subió y en pocos segundos estuvieron alejándose del lugar.

Yulia miraba nerviosamente a la pelirroja.
- ¿Qué vienes a hacer aquí? - preguntó Lena, quien no sabía si alegrarse o no por la presencia de su compañera.
- Hemos pasado juntas la mayor parte de nuestra vida… Amándonos - le contestó Yulia - ¿Cómo esperabas que hoy no estuviera aquí? Lena… déjame aclarar las cosas. Yo…
- ¡Ahora no, Yulia! Estoy demasiado molesta como para escucharte.

Durante los minutos que duró el viaje Yulia no supo que más decir por lo que se limitó a abrazarla fuertemente. Le tomó una mano y su compañera no hizo nada por evitarlo. Pero Lena estaba totalmente fría con ella. Yulia sacó un ramo de rosas que traía en el asiento y se lo entregó a Lena. Esta miró las flores pero no las tomó. La pelinegra quería hablarle y explicarle todo de una vez, pero la otra no estaba en condicones de escuchar. Yulia se limitó a pronunciar las palabras: “te amo”. Lena la miró y entendió claramente lo que Yulia le dijo. Pero la pelirroja le volteó la cara. Qué cínica, pensó molesta Lena.

Minutos más tarde el helicóptero aterrizó en el techo del edificio donde trabajaba Iván. Las dos jóvenes salieron y Lena comenzó a caminar rápidamente hacia la escalera de entrada al mismo.
- ¡Lena, espera! - la llamaba Yulia desesperada - Tenemos que hablar. Tienes que escucharme.
- ¡¿Tengo qué?! - se volteó enojada Lena.
- Por favor, te lo suplico Lena. ¡Escúchame! - rogaba Yulia - Por todos estos años en que nuestros corazones se han pertenecido… Lena, escúchame… ¡Dame una oportunidad para aclarar las cosas!
- Me defraudaste, Yulia… Me defraudaste, ¿Y ahora cómo piensas arreglar las cosas?… No es tan fácil. Estoy demasiado enojada para hablar contigo... ¿Creíste que un abrazo y unas flores lo arreglarían todo? - preguntó Lena mientras seguía caminando hacia las escaleras.
- ¡Te juro que estás equivocada! ¡Si tan sólo me dieras un minuto! Estás siendo muy injusta conmigo… Con ambas.. Si me escuchas no me estarás haciendo un favor a mí, porque yo no hice nada. ¡Pero si no me escuchas nos estarás destruyendo a las dos! ¡Porque sabes que te amo, y que tú me amas! Sabes que si no estamos juntas la vida ya no tendrá el mismo sentido, porque ya no será vida sino tortura… ¡Lena, te estoy rogando! ¿Quieres que me hínque? - preguntaba Yulia mientras seguía a la pelirroja.

Los ruegos por parte de Yulia eran demasiado para Lena. Sus súplicas le partían el corazón, porque no estaba acostumbrada a verla desmoronarse de esa manera; sino que Yulia siempre había sido una mujer orgullosa y que no le gustaba mostrarse tan frágil delante de nadie. Tiene miedo… Igual que yo, pensaba Lena. Tiene miedo a que todo termine entre nosotras... No quiere perderme.

La pelirroja se detuvo y miró a Yulia. En sus ojos vio a una mujer temerosa a perder lo más que amaba. vio una niña indefensa que intentaba luchar por lo que tenía.
- Está bien… Te voy a escuchar - dijo Lena - ¿Te parece bien esta noche en el departamento?
Yulia asintió. Lena siguió caminando sin darle tiempo a Yulia de emitir palabra alguna. La pelinegra esperó a que Lena se alejara para recostarse de una pared y calmarse un poco. Sentía que el remolino de dudas, miedos y torturas que le azotaban el corazón se iba disipando un poco. Suspiró y minutos después bajó del lugar hacia el interior del edificio. Cuando fue a la oficina de Iván le avisaron que salió con Lena hacia casa de la pelirroja.

Ese día Yulia llegó al departamento y decidió no salir. Sabía que Lena estaba en casa de sus padres, con su familia, Iván y algunos otros amigos cercanos. Debían estar celebrando su libertad, y Yulia suponía que Lena no la quería allí.

Llegó la noche. La pelinegra estaba sentada en el sofá de la sala. Había pasado toda la tarde intentando preparar una buena cena, para sorprender a Lena. Pero su único resultado fue un desastre en la cocina, por lo que decidió ordenar comida por teléfono. También se había esmerado en su apariencia, se sentía más ansiosa que si fuera una chica inexperta en su primera cita formal. Cada rato miraba el reloj, pero de inmediato se acordaba de que no habían quedado en una hora exacta.

De repente sonó el timbre de la puerta. Yulia se paró de inmediato del sofá. Fue hasta la puerta y antes de abrir se pasó la mano por el cabello, suspiró, y se acomodó la ropa. Entonces abrió. Era exactamente quien ella esperaba.
- Hola - pronunció Yulia, algo nerviosa ya que pensaba que su futuro dependía de esa noche.
- Hola - contestó Lena.
- Pasa - la invitó la pelinegra.

Lena entró a lo que se había convertido en el hogar de ambas hasta hacía algunos meses. Se sentó en una de las butacas. Se sentó ahí para que no me siente junto a ella, pensó Yulia. La pelirroja se fijó en que todo estaba en orden, contrario a lo que esperaba. Pensaba que cuando volviera a entrar a ese departamento todo iba a estar patas arriba. En realidad todo estaba patas arriba hasta hace dos días, cuando Yulia contrató a alguien que hiciera limpieza.

- Eh… Lena, hace un momento trajeron una cena que mandé a buscar… ¿Porqué no pasamos al comedor? - sugirió Yulia.
- No tengo hambre. Sólo vine a escuchar lo que tienes que decir - comentó Lena.
- Ah… Bueno, entonces… Déjame buscar algo que te compré… Es un regalo - decía Yulia mientras caminaba hacia la habitación - Quería dártelo esta mañana cuando saliste, pero te…
- Yulia, por favor no vine a cenar contigo, ni a que me dieras regalos - la interrumpió Lena - Vine a que hablemos… O mejor dicho, a escucharte. ¿Qué no entiendes que esas imágenes de ti y de esa mujer todavía están en mi cabeza? No puedo, Yulia… ¡Mejor aclaremos esto ya!

La pelinegra se detuvo un tanto avergonzada. Entonces dió media vuelta y volvio a la sala. Se sentó en el sofá, en la esquina derecha para estar cerca de donde Lena estaba sentada.
- Bien… Entonces te daré mi versión de los hechos… De esas imágenes que viste en la tele - comenzó a decir Yulia - ¿Recuerdas que te había hablado de Polina?… Mi amiga.
- ¿Aquella mujer era Polina? - preguntó Lena.
- Sí.
- ¿Así tratas a todas tus amigas cuando no estoy? - preguntó sarcásticamente Lena.
- ¡Espera, espera! Vamos a hablar bien, ¿Sí? No las trato así, Lena…. Tú sabes que no. Mejor nos mantenemos calmadas, al menos escúchame un segundo.
- ¡Ya, Yulia, ya!
- Está bien. Déjame seguir con lo que iba diciendo… Como te decía… Esa mujer es Polina. Esa noche en que nos grabaron, lo único que estaba haciendo era aclarar las cosas con ella.
- ¿Aclarar? ¿También así aclaras tus asuntos? Además… ¿Qué tenías que aclarar tú con ella? - preguntó Lena sin entender.
- Es que ella me dijo que se enamoró de mí - fue lo que le contestó Yulia, omitiendo el pequeño detalle de que casi tiene relaciones con Polina en el departamento de ésta - Yo no lo busqué, Lena. Ella solamente se enamoró… Al menos eso fue lo que me dijo… El caso es que aquella noche… - entonces Yulia cortó lo que estaba diciendo al acordarse de otro detalle - Ah… ¿Recuerdas el día que me dijiste que besaste a tu amiga Evgenia? - preguntó Yulia.
- ¿Y eso que tiene que ver? - preguntó Lena, pero sintiéndose un poco avergonzada de que Yulia se lo acordara, ya que pensaba que Yulia lo hacía a propósito para que lo que hizo la misma pelinegra se viera con menos peso - No estamos hablando sobre eso - añadió la pelirroja - Además yo a ti no te oculté nada… Te hablé de porqué lo hice.
- Tiene que ver, Lena. Es que ese día lo que me dijiste me confundió mucho… ¡Me dolió! Esa tarde Mamá llamó por teléfono… Al parecer me notó algo triste, aunque intenté ocultárselo… El caso es que Mamá pensó en que Polina viniera a ver cómo estaba yo… La envio y cuando llegó Polina aprovechamos para salir y aclarar las cosas… Nos fuimos en su auto. Primero pasamos por su departamento y…
- ¿Para qué fuiste a su departamento? - la interrumpió la pelirroja.
- Porque el día anterior al que me dijiste que habías besado a Evgenia, Polina acababa de adquirir ese departamento… Entonces me invitó para que fuera a verlo… No quería ir pero ella me insistió… Sólo fue una visita rápida… Y cuando salí olvidé mi celular… Por eso fue que entramos al departamento de Polina, para buscarlo.
- ¿Y no pudo ella buscar tu celular y traértelo hasta aquí, ya que iba a venir? Tuvieron que entrar de nuevo al departamento.
- Ella no está viviendo allá, Lena… Por eso no se había fijado en… - Yulia detuvo su explicaicón y suspiró. Se pasó la mano por el rostro. Se puso de pie y comenzó a dar unos cuantos pasos por aquí y por allá - No me estás creyendo nada, ¿cierto?
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:38

Lena la seguía con la mirada. Verdaderamente se le estaba haciendo difícil creer en la historia de Yulia, pero verla así de inquieta le ablandó el corazón.
- Yulia, ven siéntate - la pelirroja se puso de pie y fue a tomar a Yulia de las manos. Entonces se sentó junto a ella en el sofá.
Esto le indicó a Yulia que en realidad Lena quería escucharla, que quería creerle.

- Déjame traerte un vaso de agua - dijo Lena - A ver si te calmas un poco… Y luego continúas con tu versión.
Yulia asintió. La pelirroja entonces entró a la cocina y vio el desorden de ollas y utensilios regados por doquier. Se imaginó en seguida que Yulia había estado intentando cocinar. Pobrecita, por eso ordenó la comida… ¿Estaré siendo injusta con ella?, se peguntaba Lena mientras servía un vaso de agua. ¿Y si me está diciendo la verdad?… Pero, es que… esas imágenes que pasaron por la tele fueron muy claras… Yulia no tiene ninguna razón para estar besando a otra… Además estaba yendo a su departamento… No sé que pensar… Su historia es muy incoherente.

Lena volvio a la sala y le dió el agua a Yulia. La pelinegra bebió y prosiguió su versión de los hechos.
- Pues bien… Cuando Polina llegó a este departamento, decidimos ir a hablar y aclarar las cosas - repitió la pelinegra - Pasamos por su departamento a buscar mi celular, y salimos de inmediato… Fuimos a un café cerca del lugar… Ahí hablamos. Le dejé muy claro que tú eres la única mujer que amo y que siempre amaré… que nadie más me interesa ni me va a interesar… que a ella solamente la veo como amiga… Entonces ella me besó, pero yo la aparté de mí… Dijo que me besó para probarme que ella me gusta… Le volví a repetir que solamente a ti te amo… Y lo aclaramos todo… Y antes de entrar a su auto nos dimos un abrazo de amigas… Eso fue todo lo que pasó - Yulia concluyó su relato, esperando que Lena le creyera.
- En la tele presentaron por última imagen cuando tú entraste a donde esa mujer vive - añadió Lena - Es lo contrario de lo que dices.
- ¡Le cambiaron el orden! Así el chisme les saldría mejor.

Al final del relato de Yulia, la pelirroja aún no sabía si creerle o no. Pero le pidió algo de tiempo para pensar bien las cosas. No quería tomar una decisión equivocada. La pelinegra le dijo que le daría todo el tiempo necesario.

Minutos más tarde Yulia se encontraba acompañando a Lena hasta el estacionamiento.
- Ten en cuenta que te amo… Que nos amamos… Déjate llevar por el corazón. Él sabe que nunca te defraudaría - le dijo Yulia antes de que Lena entrase al auto.

La pelirroja se mantuvo mirando a Yulia desde el interior del auto. La hermosa joven de ojos azules sonrió tímidamente, algo insegura aún de cuanto terreno había avanzado para que Lena confiara en ella. Notó que la pelirroja le respondió con otra leve sonrisa. Entonces Yulia aprovechó para inclinarse y asomarse por la ventanilla del auto.
- Yo quería ser la primera persona que vieras cuando saliste por la puerta del penal - comentó Yulia en voz muy queda, tan suave que parecía el sonido del viento - Quería que este día fuera especial… que estuviéramos juntas.
- También yo lo quería, Yulia - respondió Lena, quien tomó una mano de Yulia casi sin darse cuenta y comenzó a acariciarle los dedos.

La mujer de ojos azules acarició el rostro de su novia. Quería besarla pero no sabía si ya era el momento adecuado. La pelirroja conocía esa mirada, sabía exactamente lo que Yulia quería hacer. Ella también sentía que quería sentir los labios de Yulia en los suyos. No iniciaría el beso, aunque si Yulia la besaba no se opondría. Pero Yulia decidió no besarla, no quería hacer sentir presionada a Lena. Entonces la pelinegra se enderezó y ambas se despidieron.
- Te llamaré - le dijo Lena antes de partir en el auto.

Ese fin de semana tanto Yulia como Lena lo pasaron muy mal. Yulia estaba extremadamente ansiosa y temerosa de la decisión de su compañera. Cada vez que alguien la llamaba por teléfono esperaba que fuese su amada Kotenok. Por su parte Lena se la pasó pensando la decisión que tomaría..

Ese lunes 25 de junio Yulia había llegado muy temprano a trabajar. Incluso llegó primero que Iván. Así que en cuanto él llegó notó encendida la luz de la oficina que le había asignado a la pelinegra.
- ¿Yulia? - dijo Iván luego de haber tocado dos veces la puerta.
- ¡Pasa! - le gritó ella.
- ¿Y ese milagro? ¿Qué haces aquí tan temprano? - preguntó el productor mientras se sentaba.
- Es que no puedo dormir, Iván - respondió la joven mientras colocaba en el lapicero un lápiz que había estado mordiendo sin darse cuenta - Lo único que hago es pensar en Lena… Me dijo que me llamaría después de haber tomado su decisión, pero eso fue el viernes y aún no me avisa nada… ¿Y si no llama?
- Ten paciencia, Yulia. Ella piensa que le fuiste infiel… Sabes mejor que nadie lo celosa que siempre ha sido, así que imagina como debe sentirse ahora… Es más, aún si Lena no fuese celosa tampoco sería cosa sencilla el perdonar una infidelidad - añadió Iván.
- ¡Pero ese es el problema! ¡Yo no le fui infiel!
- Pero ella así lo cree. Piensa que traicionaste su confianza.

La pelinegra se recostó del escritorio por un momento y se cubrió la cara en señal de desesperación.
- Ya no soporto esta situación - comentó Yulia al volver a enderezarse - Le conté todo a Lena y espero que me crea, porque lo único que le dije fue la verdad.
- ¿Le contaste todo, absolutamente todo a Lena? - inquirió el productor algo curioso.
- Sí… Bueno… Le conté todo pero omití el pequeño detalle de la noche en que terminé bajo la ducha con Polina, en su departamento… Ya sabes… Lo que te había contado - dijo Yulia sintiendo algo de vergüenza al recordar el incidente - ¿Crees que Lena me hubiera entendido si le hubiera dicho que terminé rasgándole la ropa a Polina como si fuera un animal? Lo único que le dije fue que Polina se me declaró… Cosa que también es cierta.

En ese momento ambos escucharon un paso y vieron cómo la puerta, que todo ese tiempo había estado media abierta, terminaba por abrirse lentamente. Yulia abrió los ojos más que nunca, casi desorbitados. La pelinegra sintió cómo se le desmoronaba el mundo.

Luego de haberse tomado el fin de semana para pensar en todo lo que Yulia le había dicho, Lena ya había tomado una decisión para el lunes. Así que ese día despertó muy temprano y se dirigió al lugar de trabajo de su productor; ya que sabía que allí podría encontrar a Yulia, quien estaba realizando labores como ayudante de Iván en unos cuantos proyectos del productor.

Lena había decidido confiar en Yulia. Tal como le dijo la pelinegra, Lena hizo lo que le dictó su corazón. Éste le indicaba a gritos que Yulia la amaba, que confiara en ella, que nunca la defraudaría. Así que ese día la chica de ojos verde-grises se levantó ansiosa de ver a su pelinegra. Le había decidido dar una sorpresa, por lo que no la llamaría por teléfono sino que iría diréctamente al lugar de trabajo. Llegaría antes que Yulia y allí la esperaría. Lo único que quería en ese momento era abrazarla, besarla y pedirle perdón por no haberle dado antes una oportunidad para aclarar las cosas.

La joven de hermosos ojos grises llegó al lugar de trabajo de Iván y Yulia. Ya el edificio estaba abierto por lo que entró. Aún no se veía casi nadie por el lugar. Tampoco la secretaria había llegado. Por lo que decidió entrar a la oficina de Iván y esperar a que llegara Yulia. La oficina del productor aún estaba cerrada, pero Lena notó que la luz de la oficina de al lado estaba encendida y que la puerta estaba entreabierta.

Solamente se acercó por curiosidad pero de pronto escuchó una voz familiar: era Iván. Al escuchar su nombre se detuvo por un momento.
- ¿Le contaste todo, absolutamente todo a Lena? - escuchó Lena que preguntaba el productor.
Entonces la pelirroja se dió cuenta de que con quien el productor hablaba era con Yulia, al escuchar la voz de ésta que le contestó:
Sí… Bueno… Le conté todo pero omití el pequeño detalle de la noche en que terminé bajo la ducha con Polina, en su departamento… Ya sabes… Lo que te había contado… ¿Crees que Lena me hubiera entendido si le hubiera dicho que terminé rasgándole la ropa a Polina como si fuera un animal? Lo único que le dije fue que Polina se me declaró… Cosa que también es cierta.

Entonces la pelirroja sintió cómo una vez más su corazón se destruía a causa de la mujer que amaba. Me engañó. Siempre me ha engañado… Y yo le creí aquella absurda historia, se dijo Lena, conteniendo sus lágrimas.

Lena abrió la puerta de la oficina. Entonces vio cómo Iván y Lena se quedaron estupefactos a verla allí parada, especialmente Yulia, quien estaba con sus ojos casi desorbitados.
- ¡Lena, ¿qué haces aquí?! ¿Desde cuando estás ahí parada? - preguntó Yulia, temiendo que su compañera hubiera escuchado la conversación.
Lena se acercó a ella y le propinó otra bofetada como la que le había dado días atrás.
- ¡Eres una embustera, Yulia Volkova! - le gritó Lena - ¿Porqué tuviste que hacerme esto?… ¡Qué hacernos esto! ¿Porqué carajo no te puedes aguantar unos días sin abrirle las piernas a alguien o sin tener la cara de una YLS entre tus piernas? - gritaba Lena histérica.
- ¡Te equivocas, Lena! - le respondía Yulia mientras se ponía de pie sin dejar de pasarse la mano por la mejilla recién golpeada - ¡No sabes lo que dices! Yo jamás te fui infiel.
- ¡¿Entonces que demonios hacías bajo una ducha con una mujer, y rasgándole las ropas como escuché que dijiste?! ¿Eh, que hacías? ¿Le estabas revisando si le combinaba la ropa interior con lo que llevaba puesto? ¿O acaso la estabas ayudando a bañar? - gritaba Lena mientras movía agitadamente las manos para aquí y para allá.
- Lena… Tú deberías… - comenzó a pronunciar Iván. Pero la furiosa y dolida pelirroja no lo dejó terminar de hablar.
- ¿Y tú, Iván, por que rayos tienes que estar guardándole los “secretitos” a ésta? ¡Esto es entre ella y yo! - le dijo Lena - ¡Así que déjanos solas!

El productor se fue y ambas mujeres permanecieron discutiendo en la oficina.
- ¡Lena, por favor créeme! Nunca hubo nada entre ella y yo… Yo nunca dejé que pasara nada - se defendía Yulia - De hecho no sé nada de ella desde la última vez que hablamos… Aquella noche en que nos grabaron. ¡Lo juro, Lena!

En ese momento sonó el celular de Yulia. La pelinegra estaba tan ocupada defendiéndose que no lo contestaba. Entonces fue la misma Lena quien extendió la mano y contestó el celular, que estaba sobre el escritorio.
- ¿Yulia? Soy Polina - Lena escuchó que dijo la voz desde el otro lado.
- Tu mujercita - la pelirroja le pasó el celular a Yulia, pero la pelinegra lo colgó sin contestar.
- Ella no tiene nada que ver conmigo, Lena.
- ¡Maldición, Yulia! Dijiste que hace días no sabías de lla y acaba de llamarte… ¿Porqué no te cansas de mentirme?… ¡Siempre has sido así! Siempre has sido una regalada.
- No digas eso. ¡No te voy a permitir que me insultes!
- Es cierto… A ver, dime una sola persona que no hayas besado cuando estábamos en Neposedy… Las besaste a todas… Niñas y niños por igual, ¿cierto?
- ¡Claro que no! ¡Éramos niñas, no sé que rayos tiene que ver eso con lo de ahora!

Yulia intentaba por todos sus medios el que Lena la entendiera, que le creyera lo que ella explicaba. Lena acababa de perder la confianza en Yulia, además estaba convencida de la infidelidad de su pareja… Y esa llamada acababa de empeorarlo todo. Entonces Yulia utilizó el último recurso disponible: pedir perdón por algo que no había hecho.

- ¡Perdóname, perdóname! - rogaba Yulia - ¡Si en algo te fallé perdóname porque no lo volveré a hacer!
- No puedo, Yulia… Ya no puedo confiar en ti - le dijo Lena, mientras comenzaban a salirle algunas lágrimas - A mí me duele más lo que voy a decirte, pero creo que es lo mejor… Será mejor que hasta aquí lleguemos, si es que no queremos terminar destruyéndonos - esta vez Lena se pasó la mano por los ojos para secarse las lágrimas.

Luego de aquellas palabras reinó un silencio total. Fue como la propia muerte. Por un momento ambas se quedaron mirándose. Yulia no podía creer lo que acababa de escuchar. Por su parte Lena apenas creía lo que había salido de su boca. Entonces Yulia reaccionó. La pelinegra no lo pensó dos veces y cayó justo de rodillas frente a Lena
- No… ¡No me dejes, Lena! No sabes lo que estás haciendo. ¡Mi vida, no me dejes! - lloraba Yulia como niña pequeña que va a la escuela por primera vez y le ruega a sus padres que no la dejen en el salón.
- ¡No lo hagas más difícil ¡Levántate, Yulia! - lloraba también Lena.

Luego la pelirroja salió de la oficina. Caminaba lo más rápido que podía para salir del lugar. Yulia se paró del piso y corrió tras ella. La pelinegra iba rogándole una oportunidad durante todo el camino hacia el estacionamiento. Esta patética escena fue presenciada por alguna de la gente que había llegado al lugar de trabajo.

Yulia siguió a Lena hasta el mismo auto de la pelirroja, pero fue imposible detenerla. Lena entró al auto sin darle una última mirada a la mujer que amaba desde hacía años, a su compañera durante la mayor parte de su corta vida. Entonces encendió el motor y se fue de allí, llevándose consigo el corazón de Yulia.

La pelinegra permaneció parada, llorando viendo cómo se escapaba su vida; porque para ella Lena era su vida.
- ¡Nos destruíste, Lena! - gritaba Yulia, quien estaba hecha un desorden de lágrimas y mocos - Te amo y nos destruíste - dijo ahora cuando ya no mostraba ninguna fuerza en su voz, ni en su interior.
Luego se dejó caer de rodillas en el piso. Fue cuando vio que había frente a ella una cadenita con un pequeño corazón, que pertenecía a la pelirroja. Probablemente se le cayó cuando Yulia intentaba detener a Lena para que no se fuera.

En ese momento Yulia se sentía tan débil que no le importó quién la viera. Permaneció arrodillada, llorando en silencio hasta que sintió unos pasos que se acercaban a ella. Se secó las lágrimas y volteó hacia atrás. Era Iván, quien le brindó una mano para ayudarla a ponerse de pie. La pelinegra se dejó guiar por él hasta el interior del edificio. Yulia tenía el puño cerrado fuertemente, para que no se le perdiera la cadena de Lena que había recogido del piso. Sabía que su vida desde ese día se volvería un martirio… Ya no podía volver a la página anterior del libro que había sido su vida junto a Lena. Ahora tendría que aprender a escribir un nuevo libro… Escribirlo sola.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:40

Capítulo XV

Lena salió del estacionamiento, dejando a Yulia atrás. La pelirroja miró por el espejo retrovisor y no pudo soportar lo que veía. Sabía que Yulia se estaba ahogando en sus propias lágrimas. Jamás la había visto así de desmoronada. Por un momento la pelirroja dudó y pensó en detenerse, pero las palabras de Yulia resonaban en su cabeza. Su mente le jugaba una mala pasada, porque lo único que recordaba eran las palabras: “Le conté todo pero omití el pequeño detalle de la noche en que terminé bajo la ducha con Polina, en su departamento… terminé rasgándole la ropa a Polina como si fuera un animal”.

No se detuvo. La infidelidad y el engaño por parte de la persona que más ama en el mundo la destruyeron por dentro. Aparte de todo el dolor, también sentía rabia consigo misma por haber sido tan tonta como para creer en las palabras de Yulia.

Lena condujo solamente hasta una cuadra más allá del edificio de donde salió. Pero sentía que no tenía fuerzas. Así que se estacionó en la orilla y comenzó a llorar. Luego sus temblorosas manos empezaron a buscar su teléfono celular. Se le cayó dos veces antes de que pudiera marcar un número.
- ¿Lena? - le contestó la familiar voz femenina de la persona a quien llamó.
- Evgenia, ¿ p-puedes venir por mí? - preguntó entre sollozos la joven de ojos vede-grisáseos - Terminé con Yulia… Siento que me estoy muriendo.

El poderoso tiempo seguía su paso sin que nadie pudiera detenerlo. Siete meses pasaron desde la ruptura de la relación de Yulia y Lena. Era el mes de enero de 2006. Ya para ese tiempo t.A.T.u. solamente existía en dos lugares: en los corazones de los que habían sido fieles fanáticos de ese gran dúo ruso, y en el legado musical que aportaron al mundo (que ese nadie jamás lo podría borrar). Pero en cuanto a la formación física del grupo, éste había dejado de existir.

Durante las seis semanas posteriores a la ruptura de la relación entre ambas, Yulia se había desvivido por comunicarse con Lena. Lo primero que hizo fue llamarla por teléfono constantemente. Pero Lena nunca le respondió. Luego comenzó a buscarla en casa de los padres de ésta, donde sabía que Lena se estaba quedando. Jamás Lena la recibió. Hubo una ocasión en que la hermosa joven de cabello negro se embriagó y se dispuso a esperar a Lena frente al portón de la casa de sus padres, porque pensaba que alguna vez tendría que pasar por ahí. Yulia se quedó dormida y fue el padre de Lena quien la encontró.

Tiempo después Yulia se enteró de que Lena había comenzado a salir con Evgenia. Esto fue demasiado para la joven cantante, por lo que se dió cuenta de que necesitaba alejarse de todo por su propio bien. Entonces Yulia decidió salir de Rusia. Se fue a un lugar lejano, un ambiente totalmente diferente y algo solitario. Se mudó a una casa costera en Christchurch, en la Isla del Sur de Nueva Zelanda.

Estando en ese lugar sin otra compañía que la melancolía, los recuerdos de una relación y un piano, Yulia se dió cuenta de que todo lo que sentía lo podía transformar en música. Podía escribir esa música y plasmar el sentimiento para siempre. Así podía leer lo que sintió en determinado momento, mientras sus manos y su piano hacían vibrar el sentimiento en mágicas melodías. Yulia Volkova, quien en febrero de ese mismo año cumpliría 22 años, se descubrió como compositora. Pasaba casi todo el día frente a su piano. Aunque de vez en cuando caminaba por la palya, donde al sentir la arena bajo sus pies descalzos y al escuchar la música de las olas, se le ocurría alguna nueva melodía.

Una vez Iván fue a visitarla. El productor la redescubrió como música y compositora. Hacía años que Iván no la escuchaba tocar el piano, pero cuando lo hizo notó el grandioso resultado de las prácticas de Yulia y de todas las clases que había tomado. Le propuso realizar una producción discográfica. Yulia aceptó, pero solamente si era ella lo co-porducía junto a él, de esta manera tendría un mayor control en el trabajo y la producción plasmaría de cerca lo que ella sentía. Iván aceptó y ahora en enero del 2006 ya casi habían terminado la producción. Solamente faltaban unos pequeños detalles y todo estaría listo para el lanzamiento de Yulia.

Iván estaba seguro de que todo sería un éxito rotundo, por varias razones: la joven había desarrollado tanto su talento que para el productor podría compararse con cualquiera de los grandes en ese ambiente; ella es mundialmente conocida; y él se encargaría de que los medios se dieran cuenta de que la razón de toda esa música era el sufrimiento que Yulia sentía por el amor de su vida (esto conmovería al público).

Lena, por su parte, había seguido sus estudios de psicología en la universidad de Moscú poco después de haber salido de prisión. Se supone que se graduara en el 2005, pero los meses que pasó injustamente en prisión le atrasaron sus estudios. Así que ahora en enero comenzaba su último semestre.

La hermosa joven de ojos verdes había comenzado a salir con su amiga Evgenia un mes después de su rompimiento con Yulia. A pesar de que al principio lo único que quería era olvidar a Yulia, el corazón de Lena desarrolló un fuerte sentimiento por Evgenia. A veces la pelirroja se preguntaba si llegaría a amarla como a Yulia.

Mientras Lena iba conociendo a cada día más a fondo a Evgenia (y le gustaba lo que conocía), para esta última Lena se estaba convirtiendo en su mundo… O mejor dicho, su vida iba rodando cada vez más alrededor de la de Lena. Cada día salían y pasaban más tiempo juntas. A pesar de que estaban saliendo hacía meses no fue sino hasta el mes pasado cuando Lena se sintió preparada para avanzar un paso más en la relación e irse a vivir con Evgenia, al departamento de ésta. Aunque ya anteriormente se había quedado en el lugar una que otra noche, pero durmiendo en habitaciones separadas.

La primera vez que estuvo en el departamento de Evgenia, Lena se preguntó cómo podía costear un lugar tan lujoso si apenas acababa de salir de prisión y no trabajaba (ya que por ese hecho se le hacía difícil conseguir empleo). Como si Evgenia estuviera leyendo su mente le contó que cuando su madre murió todo lo que pertenecía a ésta pasó a su propiedad. Pero como Evgenia era una niña, solamente podría comenzar a utilizar su herencia cuando cumpliese la mayoría de edad. Un año y unos meses después de cumplir su mayoría de edad, Evgenia estaba en prisión a causa de administrar una de las compañías de su padre sin saber que estaba lavando dinero de la mafia. Por último le dijo a Lena que el dinero de su madre era totalmente limpio, ya que ésta se había divorciado del padre de Evgenia en cuanto se enteró de los negocios sucios que tenía. Toda la fortuna que la madre de Evgenia le legó a su hija provenía de su abuelo, quien nada tenía que ver con el padre de Evgenia.

Ahora, en enero, Lena llevaba seis meses de estar saliendo con esa mujer, a la cual ella consideraba una de las personas más maravillosas que había conocido. Era una tarde tranquila y fría. Ese día Lena acababa de terminar de hacer su matrícula para el nuevo semestre universitario, que estaba a pocos días de comenzar. En cuanto salió del salón de matrículas se encontró con la presencia de su novia Evgenia, quien estaba recostada de la pared, con ambas manos en los bolsillos debido al frío que hace para esa época.

Evgenia no había visto a Lena pero sí vio que un pequeño grupo de estudiantes comenzaba a salir, empezó a buscar con la mirada a Lena. La pelirroja se volvió a entrar al salón, sin que Evgenia la hubiera visto. Luego Lena salió por otra puerta del salón y se acercó por atrás de su pareja, sin que esta la viera. Entonces pellizcó a Evgenia por una nalga.
- ¡Auch! Ya sé que fuiste tú, Pecosa - dijo Evgenia mientras se daba la vuelta.
En cuanto vio a Lena a ambas se le escapó una sonrisa. Entonces se acercaron para besarse.
- ¿Conseguiste todos los cursos? - preguntó la de cabello castaño.
- Sí, pude matricular todas las clases - contestó Lena, antes de volver a besar a su compañera.

Luego Evgenia sacó algo de su bolsillo y le dijo a Lena que cerrara los ojos. Lena lo hizo, y en seguida sintió cuando Evgenia le colocó algo alrededor del cuello.
- Ya puedes abrirlos, Bebé - le avisó Evgenia.
Lena se tocó alrededor del cuello y sintió una cadena fina.
- ¿Qué es? - preguntó la pelirroja.
- Ah… Espera, que tonta soy - dijo Evgenia, al volver a quitarle la cadena a Lena. Luego se la entregó para que la viera - Así puedes verla bien.
Era un camafeo en forma de corazón. Tenía inscritas las iniciales de Lena y Evgenia. Cuando Lena lo abrió había una pequeña foto de ambas en el interior.
- ¡Es hermoso! - exclamó la pelirroja - ¿Se debe a algo en especial?
- Se debe a que te amo tanto como siempre… Sólo eso - dijo Evgenia, mirando directamente aquellas órbitas esmeraldas de Lena.

Los brazos de la pelirroja rodearon la cintura de la otra. Lena empezó a besarla tiernamente y luego con más intenssidad. Cada vez que la besaba así, Evgenia sentía que Lena la deseaba.

- Te adoro, Campeona - le dijo Lena, utilizando el nombre cariñoso por el cual a veces la llamaba.
- También yo a ti - respondió Evgenia mientras le volvía a colocar el camafeo en el cuello a Lena.
- Con lo del pellizco, el camafeo y los besos, por poco se me olvida preguntarte cómo te fue con esos empresarios - comentó Lena.
- Me fue bien - contestó Evgenia muy emocionada - ¡Si no se arrepienten, desde la semana que viene me convertiré en dueña de esa compañía! - rió Evgenia - Bueno… Es una compañía pequeña, nada conocida y está a punto de quebrar, pero tengo planes para eso - añadió - Sé que esa compañía solamente está mal debido a la pésima dirección de la alta gerencia… En cuanto esté en mis manos estoy segura de que voy a enderezar las cosas.

Hacía unos días Evgenia se había enterado del mal estado de esa compañía, y se interesó en la misma. Hizo un análisis de la compañía y se dió cuenta de que el mayor problema era el mal manejo por parte de la gerencia, quienes eran los mismos dueños. La compañía es cerrada y por lo tanto no ofrece acciones al público en general, así que Evgenia contrató un abogado para hacer una oferta de compra a los dueños. Ellos aceptaron, ya que pensaron que esto los salvaría de los desastres económicos. Evgenia sabía que se estaba arriesgando mucho, pero era la única manera en que podría trabajar, ya que sentía una necesidad profesional por hacerlo.


Lena la felicitó. Se volvieron a besar. En cuanto miraron a su alrededor vieron que había dos muchachos lanzádoles miradas sugestivas. Ellas no le prestaron atención al par y se alejaron de allí tomadas de la mano.

Lena podía sentir sobre su pecho la calmada respiración de Evgenia. La joven mujer de cabello castaño dormía plácidamente abrazada a su amante de ojos verdes, y estaba utilizando de almohada el pecho de ésta. Ambas estaban aún desnudas, sintiendo cada una la suave piel de la otra.

Habían llegado al departamento justo después de que Evgenia fue a buscar a Lena a la universidad. Desde entonces se habían pasado el resto de la tarde haciendo el amor hasta más no poder. Luego terminaron dormidas.

Ahora Lena estaba despertando a causa del frío. A pesar del calor que le brindaba el cuerpo desnudo de su compañera, la temperatura pudo más e hizo que la pelirroja fuera abriendo sus ojos lentamente. Lena observó a la mujer junto a ella. Adoraba verla así después de hacer el amor. Era como ver el paisaje de un volcán dormido que se confundía con el resto de las montañas luego de que una vez expuso todo su fuego, pero que aún esperaba para su próxima erupción.

La pelirroja sonrió y acarició los cabellos de su compañera. A veces todavía le parecía increíble que estuviera durmiendo con ella, ya que su rompimiento con Yulia la había dejado tan destruída que pensó que jamás volvería a envolverse tan profundamente con alguien más. No supo porqué, pero en ese momento la invadieron los recuerdos del día en que por primera vez hizo el amor con su actual compañera. Eso había pasado apenas tres semanas, una semana después de que Lena se hubo mudado con Evgenia.

Aquella tarde Lena había vuelto al departamento más temprano que de costumbre, porque no tenía que tomar sus dos últimas clases en la universidad. Al llegar al estacionamiento del edificio no vio el auto de Evgenia, por lo que supuso que ésta habría salido.

Lena subió al departamento y fue directamente por un vaso de leche a la cocina, no sin antes dejar sus libros y cartera sobre el sofá de la sala al pasar por ahí. De inmediato se dirigió a su habitación y se sentó sobre la cama a quitarse los zapatos. Tomaría un baño caliente y después una siesta. Así que empezó a quitarse la ropa. Dejó los pantalones y la blusa sobre la cama. Mientras se quitaba el sostén, iba caminando hacia la puerta del cuarto de baño de la misma habitación. Al empezar a abrir la puerta del baño lo único que vestía era su “panty”.

Cuando la puerta estuvo abierta por completo su mirada se tropezó con la figura de Evgenia. La mujer de ojos azules estaba desnuda por completo. Sostenía solamente una toalla blanca con la que se estaba secando, ya que por lo visto se acababa de bañar. En cuanto Evgenia sintió que abireron la puerta y vio a Lena, del mismo susto o nerviosismo se le cayó la toalla. Al quedar su cuerpo completamente desnudo frente a Lena, el rostro de Evgenia subió a unos cuantos niveles rosados.

Por su parte Lena también se ruborizó. Ambas se miraron por un momento sin saber qué decir. Estaban algo apenadas y ninguna se atrevía a desviar su mirada del rostro de la otra.
- Eh… Eh… Eh… - Evgenia intentaba decir algo pero al parecer había olvidado todo su vocabulario.
- No sabía que estabas aquí - comentó Lena - No vi tu auto.
- Está en… Lo dejé con el mecánico - al fin pudo hablar la mujer de ojos azules - Le están ca… cambiando los aros y me vine en taxi. ¿Tú porqué llegaste tan temprano?
- No tenía mis últimas clases.

Pasaron unos segundos más la una frente a la otra y entonces la mirada de Lena se desvió un poco más abajo del rostro de Evgenia. Fue una mirada fugaz, casi incosciente por parte de Lena, pero pudo admirar por un momento las partes que jamás había visto del cuerpo de su compañera . Su mirada se mantuvo en aquellos lugares por más tiempo del que Lena hubiera querido, dada la situación. También Evgenia recorría con su mirada el cuerpo de su compañera. En cuanto Lena volvió a observar a los ojos de Evgenia, se dió cuenta de que la mirada de ésta estaba llena de deseo.

Evgenia sabía que Lena aún no se sentía capaz de dar “ese” paso en la relación de pareja, apesar de que estaban compartiendo la cama hacía una semana. Entonces la joven de ojos azules se agachó a recoger la toalla que se le había caído y luego se envolvió en la misma.
- Yo… voy… voy a estar viendo tele - comentó Evgenia antes de salir del cuarto de baño.
Cuando pasó junto a Lena, quien estaba parada en la entrada, inintencionalmente la piel de la una rozó a la otra. Al salir Evgenia, Lena cerró la puerta y dejó escapar en un suspiro el aire que estaba conteniendo.

Minutos más tarde Lena salió del baño envuelta en una toalla. Vio que Evgenia se había vestido y que ahora estaba sentada sobre la cama, viendo televisión. Lena buscó algo de ropa en el armario y en las gavetas. Al pasar junto a la cama se llevó la toalla que Evgenia había dejado tirada y volvió a entrar al baño a vestirse. Sabía que Evgenia seguía con la vista cada uno de sus movimientos.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:47

Cuando se hubo vestido, Lena salió del baño y se sentó junto a Evgenia. Esta última tenía el control remoto del televisor y estaba cambiando de un canal a otro, sin ver nada realmente. A Lena le pareció que su compañera estaba muy tensa y que no se atrevía a mirarla. Entonces la pelirroja volteó hacia ella, muy sutilmente, el rostro de Evgenia. Aquellos ojos azules se encontraron con los de Lena, quien después de mirar por unos segundos a su compañera besó sus labios con ternura casi infantil.

- Eres hermosa - le dijo Lena a Evgenia, después de regalarle una sonrisa.
Evgenia también sonrió con ella y luego continuó mirando hacia la televisión. La mujer de ojos verde-grisáceos sabía perfectamente por qué su pareja estaba tan tensa. Sabía que a Evgenia la estaba consumiendo el deseo, pero que lo ocultaba porque pensaba que Lena aún no estaba preparada emocionalmente para el sexo.

A Lena le estaba agradando ver así a su compañera. Entonces sin que la de cabello castaño se lo esperara, Lena se le acercó más aún y comenzó a besarla por el cuello.
- Ohh, cielos… Lena, no hagas eso - le dijo Evgenia, en un tono de voz y un gesto que parecían decir todo lo contrario.
- ¿No te gusta? - le susurró con sensualidad la pelirroja. Luego comenzó a besar a su compañera por la oreja.
- El problema es… Oh, por… Ummm - Evgenia sintió una suave mordida en su oreja - El problema es que nunca quieres… Nunca quieres pasar de esta fase. ¿En tu casa no te enseñaron a no mostrarle pan al hambirento si no le vas a dar de comer?

La pelirroja rió debido a la pregunta de su pareja. Luego comenzó a besar cada centímetro del rostro de Evgenia.
- No sabes lo que haces - comentó Evgenia en casi un suspiro.
- ¿Crees que soy ingenua? Sé perfectamente lo que hago.
- ¿Es un juego?
- Son nuestras vidas.

Lena tomó el control remoto de las manos de Evgenia y apagó el aparato televisivo. Sabía que el corazón de su pareja latía más velozmente por el deseo impregnado en sus venas. Sabía muy bien que Evgenia moría por llenarla de caricias de una manera en que jamás lo había hecho… Y a Lena le excitaba verla así.

La pelirroja rozó con sus labios los de Evgenia, mientras metía una mano por la ropa de ésta para acariciarle la piel. Luego Lena se acostó boca arriba e hizo que Evgenia se acomodara para que quedara sobre ella (la de ojos azules recargando su peso sobre sus brazos y una rodilla). Evgenia se mantuvo tensa por un momento. La coqueta mirada de Lena la estaba provocando aún más. De repente Evgenia susurró al oído de Lena:
- Ti nuzhná mne…
- También te necesito - le respondió Lena.
- Ti Óchen nuzhná mne… Hachú, chtóby ty bylá moyéy - volvió a susurrarle Evgenia (eran palabras rusas para “te necesito tanto” y “desearía hacerte mía”).
- También lo deseo - respondió Lena, quien cerró los ojos al sentir cómo el aliento de su pareja le cosquilleaba el oído.

Después de unas cuantas miradas mágicas pero con la candencia de la pasión, Evgenia unió sus labios a los de Lena y empezó a besarla con algo de suavidad. A los pocos segundos el fuego de sus labios se intensificó y sus besos se volvieron más pasionales. Una de sus manos se encargaba de acariciar la piel de Lena, luego se detuvo por un momento para desnudar a Lena de la cintura hacia arriba… Y continuó con sus caricias.

La respiración de Lena se agitaba cada vez más al sentir la boca de Evgenia recorriendo vehementemente por sus senos. Segundos más tarde Lena comenzó a desabrochar la blusa de Evgenia, hasta quitársela por completo.

Las manos de Lena se fueron hasta el pantalón de Evgenia, y luego de quitarle la correa lo desabrochó.
- Déjame quitártelo - dijo Lena, pero la de ojos azules estaba tan ensimismada besándola que no pareció escuchar.

La pelirroja hizo que se voltearan de manera que Evgenia quedara bajo ella. Entonces le sacó el pantalón e hizo lo mismo con la ropa interior. Volvieron a sus posiciones anteriores. Ahora cada una podía sentir la piel desnuda de la otra en completo contacto con la suya: senos con senos, abdmen con abdomen, muslo con muslo.

Esta vez Evgenia sintió cómo las manos de Lena se iban hacias sus nalgas. Ella por su parte comenzó a besar nuevamente a la pelirroja, desde la boca, bajando por el cuello hacia sus senos para llegar al abdomen de esta. Se estaba tomando su tiempo. Quería la sensación de estar haciendo lo que más deseaba en la vida durase eternamente.

Lena podía sentir la humedad de la lengua de Evgenia sobre su abdomen. Sus caricias la estaban haciendo olvidarlo todo; en ese momento solamente existían ellas, sólo era de ellas. Llegó el momento que pequeñas gotas de sudor deslizándose por la piel de cada una se confundió en uno solo. Lena podía sentir que los labios de Evgenia habíanse deslizado más abajo de su cintura, y por un momento sintió la respiración de esta entre sus piernas. Pero la joven de ojos azules no se detuvo ahí, sino que fue hacia los muslos de la otra.

Las frases susurros y gemidos de ambas se confundían. Lena sintió que los besos y caricias de Evgenia iban subiendo por sus muslos. Entonces volvió a sentir la respiración de esta entre sus piernas. Evgenia sabía perfectamente lo que deseaba Lena, pero quería prolongar el placer.

Segundos después Lena se sintió fuera de este mundo, a causa de lo que su pareja hacía entre sus piernas. La mujer de ojos azules escuchaba los gemidos y palabras entrecortadas que salían de la boca de Lena, al tiempo que le sujetaba fuertemente de los muslos, ya que Lena no dejaba de agitar su pelvis. Luego Evgenia se movió de allí y se abrazó al tronco Lena, recostando la cabeza del los senos de esta. Así sentía cómo el agitado corazón de Lena ib volviendo a su paso normal, lo mismo con su respiración.

- Te amo - le dijo Evgenia, quien volteó a ver el rsotro de la pelirroja.
Lena estaba con sus ojos cerrados, pero los abrió para encontrarse con la mirada de Evgenia.
- Te quiero… Campeona - le respondió Lena.
La de ojos azules sonrió al escuchar el apodo que le había puesto su pareja. Luego cerraron los ojos por un momento; Lena sindejar de acaricar el cabello de Evgenia, y esta aferrada aún a aquella.

Ese día no hicieron otra cosa que explorar cada una el cuerpo de la otra; hicieron el amor varias veces. Lena se había propuesto a borrar a Yulia de su corazón, así desaparecería por completo el dolor causado por su antigua pareja. Quería que fuera Evgenia la que ocupara ese lugar en su alma, y eso era precisamente lo que estaba haciendo.

Ahora, volviendo a su presente, Lena sonrió una vez más al ver a Evgenia dormida recostada sobre su pecho. La pelirroja salió de la cama con el mayor cuidado, para no despertar a su pareja. Le colocó una almohada bajo la cabeza para que no notase su ausencia, y luego arropó el cuerpo desnudo de la mujer de cabello castaño. Se inclinó y le besó tiernamente los labios.

Entonces Lena miró el reloj. Ya eran las seis de la tarde y se suponía que a las siete estuvieran en casa de los padres de Lena ya que Inessa, la madre de ésta, las había invitado a cenar. La pelirroja miró por un momento a Evgenia. Pensaba en despertarla para que no se les hiciera tarde, pero la encontró tan tierna durmiendo así que se fue a bañar y pensó en dejarla dormir unos minutos más.

En cuanto Lena entró a la bañera sintió que alguien abrió la puerta del baño. En seguida escuchó la voz de Evgenia, quien preguntó en forma de broma:
- Bebé, ¿pensaste que te confundiría con una almohada?
- Al fin despiertas, Campeona… Apúrate que mi Mamá nos está esperando. Recuerda que quedamos en cenar en casa - comentó Lena al asomarse desde la bañera. Luego rió al ver el cuello de su compañera.
- ¿Qué? ¿Qué es tan gracioso? - preguntaba Evgenia al mismo tiempo en que se miraba su propio cuerpo de arriba a abajo a ver qué tenía.
- Es tu cuello… Será mejor que te pongas algo que te cubra hasta el cuello - le sugirió Lena - No quiero que durante la cena Mamá te vuelva a preguntar si es una picada lo que tienes ahí.

Evgenia se miró al espejo y notó que Lena le había dejado marcados dos besos: uno en el cuello y otro por el trapecio derecho.
- ¡Wao a veces las madres se comportan tan ingenuas cuando se trata de los hijos! - rió Evgenia al verse - Si supiera que lo que me picó fue su hija.
Ambas empezaron a reír. Segundos más tarde estaban compartiendo la ducha… Llegaron tarde a casa de los padres de Lena.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:49

Capítulo XVI

A veces las lluvias hacían parecer a la Isla del sur de Nueva Zelanda más salvaje de lo que es en realidad. Pero ese día de finales de enero el sol calentaba tanto los campos como las hermosas playas de Christchurch, la sorprendente ciudad capital al más antiguo estilo inglés.

Era en una apartada casa costera de esta ciudad en donde se estaba quedando Yulia Volkova. La antigua integrante de t.A.T.u. estaba corriendo descalza por la orilla de la playa. A unos cuantos pasos atrás de ella iba corriendo un pequeño niño de algunos diez años de edad. Yulia corría como si estuviese huyendo por su vida, pero el niño era tan rápido que finalmente la alcanzó. Detuvo a Yulia al aguantarla por un brazo. Entonces los dos cayeron al piso.

- ¡No, Allen, no! - gritaba Yulia, mientras el niño le porporcionaba un ataque de cosquillas - ¡Odio las cosquillas! ¡Me las vas a pagar, pequeño duende!
- ¿Quién es el rey? ¿Quién es el rey? - preguntaba el niño sin parar de cosquillear a Yulia.
- ¡Yo, yo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja! - respondía Yulia sin dejar de reír, debido a las cosquillas. Entonces hizo fuerza para quitarse al niño de encima y ser ella quien le aplicara las cosquillas esta vez.
- ¡No, Yulia! ¡Ja, ja, ja! Ni siquiera sabes hablar bien el inglés… Una mujer es reina, no rey.
- Enano sabelotodo.

Minutos más tarde cuando ambos se cansaron del juego de las cosquillas se quedaron acostados sobre la arena. Tanto el niño como Yulia estaban hechos un desastre: descalzos, despeinados, empapados por el agua salada, con arena por los pelos y dentro de la ropa.

La pelinegra miró de reojo al niño, quien se había convertido en la persona más cercana a ella en ese lugar durante los últimos dos meses. El nombre del niño era Allen Scarliff, el hijo de la sirvienta que contrató Yulia para hacer las tareas del hogar mientras ella practicaba y componía.
- Yulia, ¿te puedo preguntar algo?
- Dime, Duende.
- ¿Anoche estabas llorando? - preduntó Allen.

Ante la pregunta del niño, Yulia se quedó mirándolo algo extrañada. Se sentó y le preguntó:
- ¿Quién te dijo eso?
- Nadie. Es que a veces mi Mamá y yo te vemos muy triste… Y cuando estás así a veces te pones a tocar el piano o te encierras en tu cuarto y no sales hasta el otro día… A veces le pregunto a mi Mamá que qué es lo que tienes - dijo Allen al sentarse.
- ¿Y que te contesta Marion?
- Que tu corazón está sufriendo porque hay alguien a quien quieres, pero que no está contigo - contestó inocentemente el niño - ¿Eso es verdad?
- Más o menos… Algo así me pasa - Yulia sonrió con amargura, mientras dibujaba con su dedo algo sobre la arena..
- A mí también me pasó algo parecido - comentó Allen, mirando hacia lo que Yulia trazaba sobre la arena- Mi corazón se puso triste y me daban ganas de llorar… Por eso fue que supe que anoche llorabas.
- ¿Y que fue lo que te puso triste a ti? - le preguntó Yulia, ya que se despertó su curiosidad debido a que Allen hablaba como todo un experimentado en el campo del dolor de los corazones.
- Es que cuando yo tenía seis años a mi Mamá le regalaron un gatito blanco. Ya en la casa vivía mi perro, Kypo. Kypo era mi mascota fiel, era mi amigo - comenzó a contar Allen - Pero un día me vio jugando con el gato de mi Mamá y se puso triste… Dice Mamá que fueron celos, porque a los perros también sufren de celos… El caso es que Kypo se escapó de la casa porque pensó que ya no lo quería… ¡Pero yo lo quería porque era mi amigo!

Yulia había terminado de hacer sus trazos en la arena y estaba muy pendiente de la historia del niño.
- ¿Y que pasó luego? - preguntó la joven.
- Me entristecí tanto que casi todos los días lloraba - el niño continuó su relato - Quería que Kypo volviera porque lo quería mucho. Había estado conmigo desde que yo tenía tres años… Así que como no volvió, yo mismo fui a buscarlo… Al principio no sabía ni como comenzar la búsqueda. Se me hizo algo difícil pero al final lo encontré… Kypo volvió conmigo a la casa y entendió que siempre sería mi amigo del alma. Y… Eso fue lo que pasó - el niño terminó su relato.

El niño permaneció pensativo por unos segundos. Luego le sugirió a Yulia:
- Ey, Yulia, ¿porqué no buscas a esa persona que quieres y que no está contigo?
- No es tan fácil, pequeño… Esa persona cree que no la quiero y no quiere verme ni en pintura.
- ¡Pero con Kypo pasó igual! Y ya ves cómo lo busqué y volvió a casa.
La pelinegra sonrió con el niño y luego le dijo:
- Eh… Tendré en cuenta tu sugerencia, Allen. Ahora será mejor que volvamos a la casa.
- Espera… ¿Aún estás triste?
- ¡Nah! - dijo sonriendo Yulia, aunque no fuese cierto.

Entonces se levantaron de la arena. En cuanto Yulia se movió, Allen observó lo que la pelinegra había trazado con sus dedos sobre la arena. El niño lo miró de varios ángulos y sin entender de lo que se trataba, preguntó:
- ¿Qué es eso que dibujaste ahí?
- ¿Eso? Nada… Puros disparates sin sentidos - comentó Yulia, quien se puso en pose para correr - ¡El que llegue último a la casa es una caca de vaca! - gritó Yulia antes de salir corriendo a toda velocidad.
El niño se disparó a correr para alcanzarla, mientras le iba gritando por el camino:
- ¿Quién es el rey? ¿Quién es el rey?
- ¡Yo soy el rey! - gritaba Yulia.
- ¡No seas Boba, a las mujeres se les dice reina! - le gritó Allen.

Ambos se alejaron del lugar, dejando atrás lo que Yulia había trazado sobre la arena. Su dibujo en reliadad no era un dibujo, sino que el niño no lo entendía. Lo que Yulia trazó fue esto: “Юлия и Лена“. Eran los nombres de Yulia y Lena, escritos en ruso.

Allen y Yulia entraron entraron corriendo a la casa. Iban corriendo hacia el comedor, cuando al dar la vuelta por un pasillo los dos tropezaron con Marion, la sirvienta.
- ¡Allen! - le reprendió Marion a su hijo - Disculpe, señorita Volkova… ¡Por Dios, Allen! ¿Qué no te he dicho que no corras por los pasillos? ¡Puedes romper algo!
- Déjalo, Marion - intervino Yulia - Solamente estábamos jugando… Y si rompre algo, pues… nada que no se pueda remmplazar - sonrió la pelinegra.
- ¡Hubiéras visto, Mamá! ¡Estábamos corriendo por la orilla y Yulia apesta en el juego!
- ¡¿Qué yo qué, duende?! - preguntó Yulia con un gesto gracioso, fingiendo estar enojada.

En ese momento escucharon que sonó el timbre.
- Voy a abrir - dijo Marion, quien siguió camiando hacia la sala.
- Que extraño… No estoy esperando a nadie - comentó Yulia. Luego se dirigió al niño - Allen, vé a bañarte, mientras yo voy a ver quién es la visita.

En cuanto la pelinegra llegó a la sala, vio que quien había llegado era Iván. Marion estaba por anunciarlo, pero no hizo falta y dejó solos a la joven y al productor.
- ¿Qué demonios te pasó, Yulia? - preguntó el prouctor al ver que Yulia estaba llena descalza, sucia y llena de arena hasta por detrás de las orejas - ¿Te peleaste con un cangrejo en la playa?
- Hola, Iván, ¿No se te ocurrió una mejor pregunta? - sonrió Yulia - ¿Cómo estás? ¿Y eso que te presentas sin avisar?
- Yo muy bien… Vine a hablarte sobre la salida al mercado de tu nueva producción.

Yulia lo invitó a sentarse. Él se sentó en el sofá, mientras que Yulia haló una silla de madera y se sentó ahí.
- Yulia, es tiempo de que regreses a Rusia - le dijo Iván.
- ¡¿Qué?! - preguntó ella sorprendida - No quiero volver a Rusia aún… No puedo. Con razón llegaste sin avisar. Además, dijiste que venías a hablar sobre la producción discográfica, no sobre que yo regrese a Rusia.
- Tiene que ver Yulia. Verás, ya hace algunas semanas hemos comenzado a promocionar tu regreso como música y solista por los diferentes medios. Ya hay programas de televisión que comienzan a preguntarse con que llegarás esta vez… Mañana se pasará a los medios el video que grabamos para tu primer sencillo, para que así la gente vaya conociendo tu nueva música antes de que salga la producción a la venta… Y por último… La producción estará a la venta desde febrero 13. Por eso tienes que volver - le explicó Iván - Tienes que asistir a entrevistas, programas… Ya sabes, el público va a querer escucharte hablar.

A Yulia le aterraba la idea de volver a Moscú. Todavía no se sentía preparada para hacerlo.
- No puedo volver, Iván - comentó ella - Simplemente no puedo… No aún.
- ¿Piensas quedarte aquí escondida de la realidad por toda tu vida?
- ¡No me estoy escondiendo! - se defendió Yulia.
- Yulia, todos sabemos por lo que estás aquí… Pero debes continuar con tu vida, según lo ha hecho ella.

La pelinegra se pasó las manos por el rostro y se quedó callada por un momento. Pensar en Lena y saber lo que sentía era una cosa, pero hablar que alguien vivniera hablarle sobre su antigua pareja era una verdadera tortura.
- ¿La has visto? - le preguntó la joven, sintiéndose algo mal repentinamente.
- Después de que a ella se le pasó el enojo conmigo, hemos mantenido contacto - le contestó Iván - Aún sigue en Moscú… Se gradúa este semestre.
- ¿Y cómo está?
- Por lo que hemos hablado, ella está bien… Ahora tiene una relación estable con Ev…
- ¡Mierda! No me hables de su vida privada - le interrumpió Yulia - No me interesa lo que esté haciendo con esa mujer!

Yulia se levantó y le dijo al productor:
- Necesito un vaso de agua, ¿quieres algo?
- No, gracias.

La pelinegra fue por un momento a la cocina y luego volvió con un vaso del que estaba bebiendo algo, que precisamente no era agua. Se sentó nuevamente y le preguntó a Iván:
- ¿No te ha preguntado por mí?
- Nunca habla de ti - le mintió Iván, ya que una vez Lena le preguntó si sabía algo sobre Yulia. Luego le pidió a Iván que no le comentara nada sobre su pregunta a Yulia.
- Ni se te ocurra decirle que pregunté por ella - le dijo Yulia al productor.
- Como quieras… Ahora lo único que te pido es que vayas preparando tu equipaje porque debemos regresar a Moscú.
- Ya te dije que no pienso ir… ¿Qué es lo que no entiendes? No puedo regresar a Rusia y caminar por donde camina ella - decía la joven - ¿Qué tal si un día nos encontramos casualmente? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Saludarla y fingir que nada pasó? ¡No puedo hacer eso! Una parte de ella aún sigue siendo parte de mí. Todo lo que me rodea me la recuerda… ¡Carajo! ¡Hasta mi música es por ella!
- ¿Entonces qué? ¿Te quedarás aquí por siempre? ¡Yulia, no seas cobarde! ¡Anda, vuelve y sigue viviendo! Según pudiste salir de aquí y viajar a Estados Unidos a realizar la grabación musical, puedes volver a Rusia.

La pelinegra se mantuvo callada por un momento. Ya no sabía que más argumentar. Iván seguía hablándole e intentado convencerla para que volviera a Rusia. Al final Iván logró convencerla. Yulia estaría de vuelta en su país natal en unos días.

El día 10 de febrero, durante el mediodía, Evgenia se encontraba sentada en un sofá de su departamento, en la sala. El hambre la había hecho salir de la cama hacía solamente escasos minutos. Se había preparado un emparedado, lo comió y mientras se bebía un vaso de té, fue a sala y encendió el televisor. Sonrió al recordar la noche de anoche. Habían salido a cenar, a bailar y el resto de la noche (al llegar al departamento) había sido tan pasional que Lena aún se encontraba dormida.

Evgenia había despertado hacía rato, pero quiso quedarse junto a Lena, en el calor de la cama. Al Lena no despertar ella tuvo que levantarse a comer algo. No quiso perturbar el sueño de la pelirroja, por lo que la dejó dormida. Ahora Evgenia estaba tomando el té, mientras veía el noticiero. Llegó la sección de celebridades y en cuanto Evgenia escuchó que mencionaron el nombre de Yulia, dejó de inmediato de tomar su bebida. El solo nombre de Yulia causó que su corazón casi se le saliera del susto.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:53

Capítulo XVI

A veces las lluvias hacían parecer a la Isla del sur de Nueva Zelanda más salvaje de lo que es en realidad. Pero ese día de finales de enero el sol calentaba tanto los campos como las hermosas playas de Christchurch, la sorprendente ciudad capital al más antiguo estilo inglés.

Era en una apartada casa costera de esta ciudad en donde se estaba quedando Yulia Volkova. La antigua integrante de t.A.T.u. estaba corriendo descalza por la orilla de la playa. A unos cuantos pasos atrás de ella iba corriendo un pequeño niño de algunos diez años de edad. Yulia corría como si estuviese huyendo por su vida, pero el niño era tan rápido que finalmente la alcanzó. Detuvo a Yulia al aguantarla por un brazo. Entonces los dos cayeron al piso.

- ¡No, Allen, no! - gritaba Yulia, mientras el niño le porporcionaba un ataque de cosquillas - ¡Odio las cosquillas! ¡Me las vas a pagar, pequeño duende!
- ¿Quién es el rey? ¿Quién es el rey? - preguntaba el niño sin parar de cosquillear a Yulia.
- ¡Yo, yo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja! - respondía Yulia sin dejar de reír, debido a las cosquillas. Entonces hizo fuerza para quitarse al niño de encima y ser ella quien le aplicara las cosquillas esta vez.
- ¡No, Yulia! ¡Ja, ja, ja! Ni siquiera sabes hablar bien el inglés… Una mujer es reina, no rey.
- Enano sabelotodo.

Minutos más tarde cuando ambos se cansaron del juego de las cosquillas se quedaron acostados sobre la arena. Tanto el niño como Yulia estaban hechos un desastre: descalzos, despeinados, empapados por el agua salada, con arena por los pelos y dentro de la ropa.

La pelinegra miró de reojo al niño, quien se había convertido en la persona más cercana a ella en ese lugar durante los últimos dos meses. El nombre del niño era Allen Scarliff, el hijo de la sirvienta que contrató Yulia para hacer las tareas del hogar mientras ella practicaba y componía.
- Yulia, ¿te puedo preguntar algo?
- Dime, Duende.
- ¿Anoche estabas llorando? - preduntó Allen.

Ante la pregunta del niño, Yulia se quedó mirándolo algo extrañada. Se sentó y le preguntó:
- ¿Quién te dijo eso?
- Nadie. Es que a veces mi Mamá y yo te vemos muy triste… Y cuando estás así a veces te pones a tocar el piano o te encierras en tu cuarto y no sales hasta el otro día… A veces le pregunto a mi Mamá que qué es lo que tienes - dijo Allen al sentarse.
- ¿Y que te contesta Marion?
- Que tu corazón está sufriendo porque hay alguien a quien quieres, pero que no está contigo - contestó inocentemente el niño - ¿Eso es verdad?
- Más o menos… Algo así me pasa - Yulia sonrió con amargura, mientras dibujaba con su dedo algo sobre la arena..
- A mí también me pasó algo parecido - comentó Allen, mirando hacia lo que Yulia trazaba sobre la arena- Mi corazón se puso triste y me daban ganas de llorar… Por eso fue que supe que anoche llorabas.
- ¿Y que fue lo que te puso triste a ti? - le preguntó Yulia, ya que se despertó su curiosidad debido a que Allen hablaba como todo un experimentado en el campo del dolor de los corazones.
- Es que cuando yo tenía seis años a mi Mamá le regalaron un gatito blanco. Ya en la casa vivía mi perro, Kypo. Kypo era mi mascota fiel, era mi amigo - comenzó a contar Allen - Pero un día me vio jugando con el gato de mi Mamá y se puso triste… Dice Mamá que fueron celos, porque a los perros también sufren de celos… El caso es que Kypo se escapó de la casa porque pensó que ya no lo quería… ¡Pero yo lo quería porque era mi amigo!

Yulia había terminado de hacer sus trazos en la arena y estaba muy pendiente de la historia del niño.
- ¿Y que pasó luego? - preguntó la joven.
- Me entristecí tanto que casi todos los días lloraba - el niño continuó su relato - Quería que Kypo volviera porque lo quería mucho. Había estado conmigo desde que yo tenía tres años… Así que como no volvió, yo mismo fui a buscarlo… Al principio no sabía ni como comenzar la búsqueda. Se me hizo algo difícil pero al final lo encontré… Kypo volvió conmigo a la casa y entendió que siempre sería mi amigo del alma. Y… Eso fue lo que pasó - el niño terminó su relato.

El niño permaneció pensativo por unos segundos. Luego le sugirió a Yulia:
- Ey, Yulia, ¿porqué no buscas a esa persona que quieres y que no está contigo?
- No es tan fácil, pequeño… Esa persona cree que no la quiero y no quiere verme ni en pintura.
- ¡Pero con Kypo pasó igual! Y ya ves cómo lo busqué y volvió a casa.
La pelinegra sonrió con el niño y luego le dijo:
- Eh… Tendré en cuenta tu sugerencia, Allen. Ahora será mejor que volvamos a la casa.
- Espera… ¿Aún estás triste?
- ¡Nah! - dijo sonriendo Yulia, aunque no fuese cierto.

Entonces se levantaron de la arena. En cuanto Yulia se movió, Allen observó lo que la pelinegra había trazado con sus dedos sobre la arena. El niño lo miró de varios ángulos y sin entender de lo que se trataba, preguntó:
- ¿Qué es eso que dibujaste ahí?
- ¿Eso? Nada… Puros disparates sin sentidos - comentó Yulia, quien se puso en pose para correr - ¡El que llegue último a la casa es una caca de vaca! - gritó Yulia antes de salir corriendo a toda velocidad.
El niño se disparó a correr para alcanzarla, mientras le iba gritando por el camino:
- ¿Quién es el rey? ¿Quién es el rey?
- ¡Yo soy el rey! - gritaba Yulia.
- ¡No seas Boba, a las mujeres se les dice reina! - le gritó Allen.

Ambos se alejaron del lugar, dejando atrás lo que Yulia había trazado sobre la arena. Su dibujo en reliadad no era un dibujo, sino que el niño no lo entendía. Lo que Yulia trazó fue esto: “Юлия и Лена“. Eran los nombres de Yulia y Lena, escritos en ruso.

Allen y Yulia entraron entraron corriendo a la casa. Iban corriendo hacia el comedor, cuando al dar la vuelta por un pasillo los dos tropezaron con Marion, la sirvienta.
- ¡Allen! - le reprendió Marion a su hijo - Disculpe, señorita Volkova… ¡Por Dios, Allen! ¿Qué no te he dicho que no corras por los pasillos? ¡Puedes romper algo!
- Déjalo, Marion - intervino Yulia - Solamente estábamos jugando… Y si rompre algo, pues… nada que no se pueda remmplazar - sonrió la pelinegra.
- ¡Hubiéras visto, Mamá! ¡Estábamos corriendo por la orilla y Yulia apesta en el juego!
- ¡¿Qué yo qué, duende?! - preguntó Yulia con un gesto gracioso, fingiendo estar enojada.

En ese momento escucharon que sonó el timbre.
- Voy a abrir - dijo Marion, quien siguió camiando hacia la sala.
- Que extraño… No estoy esperando a nadie - comentó Yulia. Luego se dirigió al niño - Allen, vé a bañarte, mientras yo voy a ver quién es la visita.

En cuanto la pelinegra llegó a la sala, vio que quien había llegado era Iván. Marion estaba por anunciarlo, pero no hizo falta y dejó solos a la joven y al productor.
- ¿Qué demonios te pasó, Yulia? - preguntó el prouctor al ver que Yulia estaba llena descalza, sucia y llena de arena hasta por detrás de las orejas - ¿Te peleaste con un cangrejo en la playa?
- Hola, Iván, ¿No se te ocurrió una mejor pregunta? - sonrió Yulia - ¿Cómo estás? ¿Y eso que te presentas sin avisar?
- Yo muy bien… Vine a hablarte sobre la salida al mercado de tu nueva producción.

Yulia lo invitó a sentarse. Él se sentó en el sofá, mientras que Yulia haló una silla de madera y se sentó ahí.
- Yulia, es tiempo de que regreses a Rusia - le dijo Iván.
- ¡¿Qué?! - preguntó ella sorprendida - No quiero volver a Rusia aún… No puedo. Con razón llegaste sin avisar. Además, dijiste que venías a hablar sobre la producción discográfica, no sobre que yo regrese a Rusia.
- Tiene que ver Yulia. Verás, ya hace algunas semanas hemos comenzado a promocionar tu regreso como música y solista por los diferentes medios. Ya hay programas de televisión que comienzan a preguntarse con que llegarás esta vez… Mañana se pasará a los medios el video que grabamos para tu primer sencillo, para que así la gente vaya conociendo tu nueva música antes de que salga la producción a la venta… Y por último… La producción estará a la venta desde febrero 13. Por eso tienes que volver - le explicó Iván - Tienes que asistir a entrevistas, programas… Ya sabes, el público va a querer escucharte hablar.

A Yulia le aterraba la idea de volver a Moscú. Todavía no se sentía preparada para hacerlo.
- No puedo volver, Iván - comentó ella - Simplemente no puedo… No aún.
- ¿Piensas quedarte aquí escondida de la realidad por toda tu vida?
- ¡No me estoy escondiendo! - se defendió Yulia.
- Yulia, todos sabemos por lo que estás aquí… Pero debes continuar con tu vida, según lo ha hecho ella.

La pelinegra se pasó las manos por el rostro y se quedó callada por un momento. Pensar en Lena y saber lo que sentía era una cosa, pero hablar que alguien vivniera hablarle sobre su antigua pareja era una verdadera tortura.
- ¿La has visto? - le preguntó la joven, sintiéndose algo mal repentinamente.
- Después de que a ella se le pasó el enojo conmigo, hemos mantenido contacto - le contestó Iván - Aún sigue en Moscú… Se gradúa este semestre.
- ¿Y cómo está?
- Por lo que hemos hablado, ella está bien… Ahora tiene una relación estable con Ev…
- ¡Mierda! No me hables de su vida privada - le interrumpió Yulia - No me interesa lo que esté haciendo con esa mujer!
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:54

Capítulo XVI

A veces las lluvias hacían parecer a la Isla del sur de Nueva Zelanda más salvaje de lo que es en realidad. Pero ese día de finales de enero el sol calentaba tanto los campos como las hermosas playas de Christchurch, la sorprendente ciudad capital al más antiguo estilo inglés.

Era en una apartada casa costera de esta ciudad en donde se estaba quedando Yulia Volkova. La antigua integrante de t.A.T.u. estaba corriendo descalza por la orilla de la playa. A unos cuantos pasos atrás de ella iba corriendo un pequeño niño de algunos diez años de edad. Yulia corría como si estuviese huyendo por su vida, pero el niño era tan rápido que finalmente la alcanzó. Detuvo a Yulia al aguantarla por un brazo. Entonces los dos cayeron al piso.

- ¡No, Allen, no! - gritaba Yulia, mientras el niño le porporcionaba un ataque de cosquillas - ¡Odio las cosquillas! ¡Me las vas a pagar, pequeño duende!
- ¿Quién es el rey? ¿Quién es el rey? - preguntaba el niño sin parar de cosquillear a Yulia.
- ¡Yo, yo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja! - respondía Yulia sin dejar de reír, debido a las cosquillas. Entonces hizo fuerza para quitarse al niño de encima y ser ella quien le aplicara las cosquillas esta vez.
- ¡No, Yulia! ¡Ja, ja, ja! Ni siquiera sabes hablar bien el inglés… Una mujer es reina, no rey.
- Enano sabelotodo.

Minutos más tarde cuando ambos se cansaron del juego de las cosquillas se quedaron acostados sobre la arena. Tanto el niño como Yulia estaban hechos un desastre: descalzos, despeinados, empapados por el agua salada, con arena por los pelos y dentro de la ropa.

La pelinegra miró de reojo al niño, quien se había convertido en la persona más cercana a ella en ese lugar durante los últimos dos meses. El nombre del niño era Allen Scarliff, el hijo de la sirvienta que contrató Yulia para hacer las tareas del hogar mientras ella practicaba y componía.
- Yulia, ¿te puedo preguntar algo?
- Dime, Duende.
- ¿Anoche estabas llorando? - preduntó Allen.

Ante la pregunta del niño, Yulia se quedó mirándolo algo extrañada. Se sentó y le preguntó:
- ¿Quién te dijo eso?
- Nadie. Es que a veces mi Mamá y yo te vemos muy triste… Y cuando estás así a veces te pones a tocar el piano o te encierras en tu cuarto y no sales hasta el otro día… A veces le pregunto a mi Mamá que qué es lo que tienes - dijo Allen al sentarse.
- ¿Y que te contesta Marion?
- Que tu corazón está sufriendo porque hay alguien a quien quieres, pero que no está contigo - contestó inocentemente el niño - ¿Eso es verdad?
- Más o menos… Algo así me pasa - Yulia sonrió con amargura, mientras dibujaba con su dedo algo sobre la arena..
- A mí también me pasó algo parecido - comentó Allen, mirando hacia lo que Yulia trazaba sobre la arena- Mi corazón se puso triste y me daban ganas de llorar… Por eso fue que supe que anoche llorabas.
- ¿Y que fue lo que te puso triste a ti? - le preguntó Yulia, ya que se despertó su curiosidad debido a que Allen hablaba como todo un experimentado en el campo del dolor de los corazones.
- Es que cuando yo tenía seis años a mi Mamá le regalaron un gatito blanco. Ya en la casa vivía mi perro, Kypo. Kypo era mi mascota fiel, era mi amigo - comenzó a contar Allen - Pero un día me vio jugando con el gato de mi Mamá y se puso triste… Dice Mamá que fueron celos, porque a los perros también sufren de celos… El caso es que Kypo se escapó de la casa porque pensó que ya no lo quería… ¡Pero yo lo quería porque era mi amigo!

Yulia había terminado de hacer sus trazos en la arena y estaba muy pendiente de la historia del niño.
- ¿Y que pasó luego? - preguntó la joven.
- Me entristecí tanto que casi todos los días lloraba - el niño continuó su relato - Quería que Kypo volviera porque lo quería mucho. Había estado conmigo desde que yo tenía tres años… Así que como no volvió, yo mismo fui a buscarlo… Al principio no sabía ni como comenzar la búsqueda. Se me hizo algo difícil pero al final lo encontré… Kypo volvió conmigo a la casa y entendió que siempre sería mi amigo del alma. Y… Eso fue lo que pasó - el niño terminó su relato.

El niño permaneció pensativo por unos segundos. Luego le sugirió a Yulia:
- Ey, Yulia, ¿porqué no buscas a esa persona que quieres y que no está contigo?
- No es tan fácil, pequeño… Esa persona cree que no la quiero y no quiere verme ni en pintura.
- ¡Pero con Kypo pasó igual! Y ya ves cómo lo busqué y volvió a casa.
La pelinegra sonrió con el niño y luego le dijo:
- Eh… Tendré en cuenta tu sugerencia, Allen. Ahora será mejor que volvamos a la casa.
- Espera… ¿Aún estás triste?
- ¡Nah! - dijo sonriendo Yulia, aunque no fuese cierto.

Entonces se levantaron de la arena. En cuanto Yulia se movió, Allen observó lo que la pelinegra había trazado con sus dedos sobre la arena. El niño lo miró de varios ángulos y sin entender de lo que se trataba, preguntó:
- ¿Qué es eso que dibujaste ahí?
- ¿Eso? Nada… Puros disparates sin sentidos - comentó Yulia, quien se puso en pose para correr - ¡El que llegue último a la casa es una caca de vaca! - gritó Yulia antes de salir corriendo a toda velocidad.
El niño se disparó a correr para alcanzarla, mientras le iba gritando por el camino:
- ¿Quién es el rey? ¿Quién es el rey?
- ¡Yo soy el rey! - gritaba Yulia.
- ¡No seas Boba, a las mujeres se les dice reina! - le gritó Allen.

Ambos se alejaron del lugar, dejando atrás lo que Yulia había trazado sobre la arena. Su dibujo en reliadad no era un dibujo, sino que el niño no lo entendía. Lo que Yulia trazó fue esto: “Юлия и Лена“. Eran los nombres de Yulia y Lena, escritos en ruso.

Allen y Yulia entraron entraron corriendo a la casa. Iban corriendo hacia el comedor, cuando al dar la vuelta por un pasillo los dos tropezaron con Marion, la sirvienta.
- ¡Allen! - le reprendió Marion a su hijo - Disculpe, señorita Volkova… ¡Por Dios, Allen! ¿Qué no te he dicho que no corras por los pasillos? ¡Puedes romper algo!
- Déjalo, Marion - intervino Yulia - Solamente estábamos jugando… Y si rompre algo, pues… nada que no se pueda remmplazar - sonrió la pelinegra.
- ¡Hubiéras visto, Mamá! ¡Estábamos corriendo por la orilla y Yulia apesta en el juego!
- ¡¿Qué yo qué, duende?! - preguntó Yulia con un gesto gracioso, fingiendo estar enojada.

En ese momento escucharon que sonó el timbre.
- Voy a abrir - dijo Marion, quien siguió camiando hacia la sala.
- Que extraño… No estoy esperando a nadie - comentó Yulia. Luego se dirigió al niño - Allen, vé a bañarte, mientras yo voy a ver quién es la visita.

En cuanto la pelinegra llegó a la sala, vio que quien había llegado era Iván. Marion estaba por anunciarlo, pero no hizo falta y dejó solos a la joven y al productor.
- ¿Qué demonios te pasó, Yulia? - preguntó el prouctor al ver que Yulia estaba llena descalza, sucia y llena de arena hasta por detrás de las orejas - ¿Te peleaste con un cangrejo en la playa?
- Hola, Iván, ¿No se te ocurrió una mejor pregunta? - sonrió Yulia - ¿Cómo estás? ¿Y eso que te presentas sin avisar?
- Yo muy bien… Vine a hablarte sobre la salida al mercado de tu nueva producción.

Yulia lo invitó a sentarse. Él se sentó en el sofá, mientras que Yulia haló una silla de madera y se sentó ahí.
- Yulia, es tiempo de que regreses a Rusia - le dijo Iván.
- ¡¿Qué?! - preguntó ella sorprendida - No quiero volver a Rusia aún… No puedo. Con razón llegaste sin avisar. Además, dijiste que venías a hablar sobre la producción discográfica, no sobre que yo regrese a Rusia.
- Tiene que ver Yulia. Verás, ya hace algunas semanas hemos comenzado a promocionar tu regreso como música y solista por los diferentes medios. Ya hay programas de televisión que comienzan a preguntarse con que llegarás esta vez… Mañana se pasará a los medios el video que grabamos para tu primer sencillo, para que así la gente vaya conociendo tu nueva música antes de que salga la producción a la venta… Y por último… La producción estará a la venta desde febrero 13. Por eso tienes que volver - le explicó Iván - Tienes que asistir a entrevistas, programas… Ya sabes, el público va a querer escucharte hablar.

A Yulia le aterraba la idea de volver a Moscú. Todavía no se sentía preparada para hacerlo.
- No puedo volver, Iván - comentó ella - Simplemente no puedo… No aún.
- ¿Piensas quedarte aquí escondida de la realidad por toda tu vida?
- ¡No me estoy escondiendo! - se defendió Yulia.
- Yulia, todos sabemos por lo que estás aquí… Pero debes continuar con tu vida, según lo ha hecho ella.

La pelinegra se pasó las manos por el rostro y se quedó callada por un momento. Pensar en Lena y saber lo que sentía era una cosa, pero hablar que alguien vivniera hablarle sobre su antigua pareja era una verdadera tortura.
- ¿La has visto? - le preguntó la joven, sintiéndose algo mal repentinamente.
- Después de que a ella se le pasó el enojo conmigo, hemos mantenido contacto - le contestó Iván - Aún sigue en Moscú… Se gradúa este semestre.
- ¿Y cómo está?
- Por lo que hemos hablado, ella está bien… Ahora tiene una relación estable con Ev…
- ¡Mierda! No me hables de su vida privada - le interrumpió Yulia - No me interesa lo que esté haciendo con esa mujer!
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 21:57

Yulia se levantó y le dijo al productor:
- Necesito un vaso de agua, ¿quieres algo?
- No, gracias.

La pelinegra fue por un momento a la cocina y luego volvió con un vaso del que estaba bebiendo algo, que precisamente no era agua. Se sentó nuevamente y le preguntó a Iván:
- ¿No te ha preguntado por mí?
- Nunca habla de ti - le mintió Iván, ya que una vez Lena le preguntó si sabía algo sobre Yulia. Luego le pidió a Iván que no le comentara nada sobre su pregunta a Yulia.
- Ni se te ocurra decirle que pregunté por ella - le dijo Yulia al productor.
- Como quieras… Ahora lo único que te pido es que vayas preparando tu equipaje porque debemos regresar a Moscú.
- Ya te dije que no pienso ir… ¿Qué es lo que no entiendes? No puedo regresar a Rusia y caminar por donde camina ella - decía la joven - ¿Qué tal si un día nos encontramos casualmente? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Saludarla y fingir que nada pasó? ¡No puedo hacer eso! Una parte de ella aún sigue siendo parte de mí. Todo lo que me rodea me la recuerda… ¡Carajo! ¡Hasta mi música es por ella!
- ¿Entonces qué? ¿Te quedarás aquí por siempre? ¡Yulia, no seas cobarde! ¡Anda, vuelve y sigue viviendo! Según pudiste salir de aquí y viajar a Estados Unidos a realizar la grabación musical, puedes volver a Rusia.

La pelinegra se mantuvo callada por un momento. Ya no sabía que más argumentar. Iván seguía hablándole e intentado convencerla para que volviera a Rusia. Al final Iván logró convencerla. Yulia estaría de vuelta en su país natal en unos días.

El día 10 de febrero, durante el mediodía, Evgenia se encontraba sentada en un sofá de su departamento, en la sala. El hambre la había hecho salir de la cama hacía solamente escasos minutos. Se había preparado un emparedado, lo comió y mientras se bebía un vaso de té, fue a sala y encendió el televisor. Sonrió al recordar la noche de anoche. Habían salido a cenar, a bailar y el resto de la noche (al llegar al departamento) había sido tan pasional que Lena aún se encontraba dormida.

Evgenia había despertado hacía rato, pero quiso quedarse junto a Lena, en el calor de la cama. Al Lena no despertar ella tuvo que levantarse a comer algo. No quiso perturbar el sueño de la pelirroja, por lo que la dejó dormida. Ahora Evgenia estaba tomando el té, mientras veía el noticiero. Llegó la sección de celebridades y en cuanto Evgenia escuchó que mencionaron el nombre de Yulia, dejó de inmediato de tomar su bebida. El solo nombre de Yulia causó que su corazón casi se le saliera del susto.

- … Volkova, quien este próximo 20 de febrero cumplirá sus 22 años, vuelve a incursionar al mundo del espectáculo, esta vez sin su antigua compañera Lena Katina - narraba la reportera, mientras Evgenia escuchaba con atención - Esta producción discográfica nos demuestra una imagen mucho más adulta de la cantante, es totalmente diferente a como estábamos acostumbrados a verla. En su nuevo trabajo Yulia nos sorprende con su nueva faceta de compositora… Así como lo oyen. Yulia Volkova compuso ocho de los diez temas de esta producción. Cinco de los temas son piezas en donde ella nos sorprende en el piano. En los otros cinco temas la podemos escuchar cantando, aunque sin dejar de acompañarse por ése instrumento. Se rumora que la inspiración de Yulia fue el romance que mantuvo con su antigua compañera, Lena Katina… Al parecer aún la morena no ha logrado olvidar a su viejo amor, por lo que esta producción está cargada de sentimientos profundos… Es un regalo perfecto para el día de los enamorados. Esta nueva producción titulada “El sonido de mi alma”, saldrá al mercado el día 13… Hasta ahora las críticas se han dividido entre favorables y no tan favorables… Ya veremos. Les informamos que Yulia estará llegando a Moscú durante los próximos días, aunque todavía no sabemos una fecha en concreto… Por último, para una muestra de lo que podrán encontrar en el nuevo trabajo de Yulia, les dejamos con un pedazo del nuevo video para su primer tema: “Miradas de cristal”.

En la pantalla televisora comenzaron a verse las imágenes del video. El mismo parecía una mezcla de imágenes tomadas con una cámara casera, junto con imágenes tomadas por cámaras más profesionales. Lo primero que apareció en la pantalla televisora fue una imagen de lo que parecía ser una gota de agua que caía dentro de un vaso de cristal lleno del mismo líquido. Luego apareció un “close -up” de unos ojos azules llenos de lágrimas. Se fue alejando la toma y se mostró el rostro completo de Yulia. Luego se vio a Yulia por completo, sentada a una mesa larga y elegante. Lo que había caído en el vaso con agua era una de sus lágrimas.

Evgenia se comenzaba a sentir algo mal. De inmediato apagó el televisor. Una fina oleada de ese miedo con sabor a inseguridad surgió en su interior. Por un momento se dejó tirada sobre el sofá, sin moverse, solamente pensando en lo que podría pasar si Yulia volvía al país. ¿Y si vuelve a buscar a Lena?, preguntaba Evgenia. Se pasó la mano por la frente unas cuantas veces. No quiero perderla… La amo demasiado, se decía la mujer de cabello castaño.

Evgenia se puso de pie y fue a llevar la taza a la cocina. Ahora necesitaba algo más fuerte que el té. Minutos más tarde salió a la terraza y se mantuvo frente a la baranda, observando hacia adelante mientras tomaba sorbos de la copa que sostenía. Su mente divagaba en los mismos pensamientos una y otra vez. La única causa de esto era el temor a que hubiera alguna posibilidad de que Lena la dejara.

Sintió unos pasos suaves de alguien que se acercaba a sus espaldas, pero estaba tan inmersa en sus pensamientos que se mantuvo mirando hacia la nada. Acto seguido sintió que unos brazos la rodearon por la cintura y que unos labios la besaban cerca de la oreja.
- Bebé… - pronunció Evgenia, mientras se volteaba de frente a Lena, y dejaba a sus espaldas el paisaje citadino que se veía por su terraza - ¿Dormiste bien?
- Hmmm, sí - contestó Lena después de bostezar - Pero te eché de menos cuando desperté y vi que no estabas.
- No quise despertarte, Bebé.
La de cabello castaño besó a Lena.

La pelirroja se dio cuenta de que su compañera sostenía una copa.
- ¿Bebiendo tan temprano? - le preguntó Lena, a quien le sorpredió que Evgenia estuviese consumiendo alcohol a esa hora, ya que esta solamente tendía a beber socialmente, y nunca lo hacía a esas horas.
- Oh… Esto… Es solamente una copa - comentó nerviosamente la mujer de cabello castaño.
- Ya lo sé - dijo Lena mientras le quitaba la copa y después de oler el líquido del interior, arrojó el contenido por la terraza hacia abajo, sin que Evgenia hiciera algo por evitarlo. Colocó la copa vacía sobre una pequeña mesa que allí había.

La mujer de ojos azules volvió a voltearse hacia la vista citadina y se mantuvo allí parada, con sus brazos reclinados sobre la baranda. Lena se quedó junto a ella, mirando hacia adelante. Ambas calladas por un momento, al tiempo que la brisa fría les tocaba la piel. La pelirroja sabía que algo estaba perturbando a su compañera. Estaba esperando a que Evgenia hablara pero ésta no lo hacía. Así que Lena le dijo, mientras le acariciaba los cabellos cortos de Evgenia:
- Me gustaría saber qué es lo que tienes… Sé que algo te pasa.
- No me pasa nada, Lena… Todo está bien - Evgenia la miró y sonrió pero Lena conocía a Evgenia y sabía que aquella sonrisa no era como las de siempre. Aquella sonrisa parecía forzada, para ocultar lo que en realidad sentía.
- ¿Así que no tienes nada? - volvió a preguntar Lena, esprando que Evgenia hablara.
- No.

Lena no quedó convencida con la respuesta pero no insistió con lo mismo. Sabía que Evgenia hablaría cuando sintiera que debía hacerlo. La chica de ojos verdes volvió a acercas sus labios a los de Evgenia para fundirlos en un beso. La otra cerró los ojos al sentir el contacto, luego rodeó con sus brazos a Lena y empezó a besarla con más pasión. Después de los besos se mantuvo abrazada a Lena. En su interior Evgenia estaba pensando en qué pasaría si alguna vez Lena decidiera volver con Yulia. Evgenia sentía que no lo soportaría.

Comenzó a sentir en su espalda las cálidas caricias de Lena.
- Te quiero, mi campeona - le susurró dulcemente la mujer de ojos verdes.
- Yo a ti te amo.
Lena le dio otro beso y al ambas romper aquel abrazo, la pelirroja dijo:
- Voy a la habitación a bañarme y a ponerme algo de ropa… ¿Vienes?
- Ya voy, adelántate - le contestó Evgenia.

La pelirroja entró y volvió a su habitación. Estaba buscando algo de ropa cuando sintió que los pasos de Evgenia se acercaban. Sin mirar hacia atrás, para no dejar lo que esaba haciendo, escuchó cuando su compañera se sentó sobre la cama.
- Tengo miedo - confesó Evgenia.
- ¡¿Qué?! - Lena se volteó y se paró frente a ella.
- Es que hace un rato me preguntaste que si me pasaba algo. Lo que me pasa es que tengo miedo - repitió Evgenia. Lena notó en ella un gesto de inseguridad mezclado con tristeza - ¡Tengo miedo a perderte, Lena!
- ¿Perderme? ¡Tú no tienes porqué temer algo así!… Hablemos sobre esto, ¿quieres? - propuso Lena después de sentarse junto a su compañera, tomándole de una mano.

Evgenia no sabía como empezar a contarle a Lena lo que sentía. Intentaba ordenar sus ideas, pero no había nada que ordenar. Lena se imaginaba por lo que Evgenia estaba actuando así, por lo que le dio un pequeño apretón caluroso a la mano de su compañera para ayudarla a decidirse a hablar. Entonces Evgenia tragó saliva del mismo nerviosismo y luego dijo:
- Yulia volverá a Moscú.

La mujer de ojos azules se quedó mirando a Lena, en busca de alguna reacción por parte de esta. Pero lo único que Lena hizo fue sonreir y darle un beso. Después le confesó:
- Ya lo sabía… Iván me lo dijo hace unas cuantas semanas.
- ¿Qué? ¿Y porqué no me dijiste nada? - inquirió la joven de ojos azules, mostrando un gesto de incredulidad algo gracioso
- Porque no quería que te pusieras de mal como estás ahora - respondió Lena.
- Entonces… Entonces… Lena, cómo… No entiendo - comenzó a titubear Evgenia, ya que se preguntaba a sí misma cómo era posible que si Lena sabía de la llegada de Yulia no se hubiera comportado de una manera diferente. Por que Evgenia sabía que Yulia había sido el amor de la vida de Lena, y que aunque hacía meses ya no estaban juntas sabía esa separación había afectado mucho a Lena, que había dejado una huella en su alma. Entonces resultaba lógico que Lena hubiese sentido algo muy fuerte al entearse del regreso de su ex-compañera.

- ¿Qué es lo que no entiendes? - le preguntó Lena.
- Es que pensé que cuando este día llegara… que cuando ella volviera, tú ibas a sentir algo muy fuerte… Algo como…
- ¿Algo como nostalgia, dolor, amor, o todas juntas? - la pelirroja terminó la fase.
Evgenia asintió.
- Sentí algo parecido al momento de recibir la noticia - confesó Lena - Pero duró muy poco… Yo… Puse en una balanza lo que tengo contigo y lo que tuve con ella. Con Yulia tuve más de lo que había soñado… toda una vida…Pero el simple hecho de cómo terminó lo mío con Yulia hizo que fallara el lado de labalanza de lo que tuve con ella… La balanza se inclinó hacia ti. Lo que tengo contigo no quiero perderlo, Evgenia. Para mí lo que siento por ti vale demasiado como para dejarlo a un lado.
- Bien y… ¿Qué es lo que sientes? - le preguntó Evgenia.
- Tú lo sabes… Te quiero - le contestó Lena - Eres lo más importante en mi vida en este momento… Y quiero que todo siga así.
- ¿Y si ella vuelve por ti? - le prefuntó Evgenia, dominada por un dejo de inseguridad.
- Te seguiré queriendo a ti. Además ella no volverá por mí. Le dejé muy claro a Iván que le diera el mensaje a Yulia de que estoy muy feliz junto a ti…Te quiero mucho, Evgenia.

Evgenia soñaba con que algún día Lena le pronunciara un “te amo”, pero sabía que por ahora un “te quiero” era lo único que su compañera podía ofrecerle. Estaba segura de que algún día los labios de Lena le susurrarían al oído ese “te amo”. Aunque por lo pronto el “te quiero” era sufuciente. Así que Evgenia tomó entre sus manos a las de Lena y las besó dulcemente.
- Te amo, Bebé - le dijo Evgenia - No quiero perderte nunca.
- No lo harás, amor… Siempre estaré junto a ti - Lena dijo lo que realmente sentía en ese momento.
- ¿Estás segura de lo que acabas de decir? - preguntó Evgenia, miándola directamente a los ojos.

Por toda respuesta Lena volvió a besarla en los labios. Evgenia sonrió y volvió a besarla. Lena la besó de nuevo. Entre besos y sonrisas ya habían comenzado su juego. En unos minutos y casi sin darse cuenta, Lena le había quitado a Evgenia la poca ropa que ésta llevaba puesta. Evgenia estaba tirada sobre la cama, recibiendo besos y caricias por parte de la mujer que amaba. Cuando estaban así sentía que Lena la deseaba tanto que lo daba todo.

Ellas estaban construyendo una nueva vida juntas y Evgenia no quería que la sombra de Yulia lo destruyera. Esa tarde mientras hacían el amor, escuchó más de una vez cuando Lena le susurraba con una respiración entrecortada: “siempre estaré contigo”. Así que se juró que iba lograr cuanto antes que Lena le regalara las palabras “te amo”.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:03

Capítulo XVII

Era 13 de abril. Lena salió temprano de la universidad y fue directo al centro comercial. Su objetivo era comprar el regalo de San Valentín para su pareja. Así que caminó buena parte de los pasillos en busca de lo que tenía ideado comprar. Sabía que el regalo le fascinaría a su querida Evgenia. Además del regalo principal, pensaba en darle otra sorpresa. Había pensado en comprar unas prendas íntimas de dormir muy provocativas para su compañera, pero pronto se dio cuenta de que eso más bien los disfrutaría ella, por lo que descartó la idea de inmediato. Haría lo contrario: se compraría esas prendas para vestirlas ella. Así sería Evgenia la que disfrutaría mejor las prendas.

Mientras caminaba se topó con una conocida tienda de música. A través de las paredes de cristal vio algo que la hizo detenerse. Su corazón se aceleró al mismo tiempo que su mente era invadida por un millar de recuerdos y sin darse cuenta sus manos le empezaron a temblar.

Lo que vio fue un enorme cartón promocional en forma de Yulia, era una foto de la misma estatura de su antigua pareja. Lena quiso alejarse pero no pudo. Su interior la hizo caminar y entrar a la tienda. Era como si sus pies se arrastraran en contra de su voluntad.

La pecosa se acercó al pasillo más cercano, ya que vio a simple vista el nuevo trabajo discográfico de Yulia Volkova. Las temblorosas manos de Lena tomaron uno de los discos compactos. El sonido de mi alma, leyó Lena. Observó que la carátula tenía una foto de las manos de Yulia, tocando las teclas de un clásico piano blanco. La contra carátula tenía dos fotos: una foto del rostro de Yulia, donde resaltaba su mirada; la otra fue algo que en seguida Lena reconoció, una cadena con corazón que Yulia le había regalado y que la pelirroja sabía que la había perdido el mismo día en que rompió con Yulia.

Sus torpes manos comenzaron a temblar aún más. Lena no se había dado cuenta de que estaba llorando. Es un mensaje para mí, pensaba Lena. ¿Pero qué espera que haga? ¿Qué es lo que quiere?… Ella sigue pensando en mí… ¿Pero qué sentirá?, se preguntaba Lena. ¡Cielos! No debe importarme lo que ella sienta… Yo tengo mi vida… Quiero a Evgenia…¿La quiero?… La quiero… Debo salir de aquí.

Se dispuso a salir, pero al intentar colocar el disco compacto de donde lo había tomado, las torpes manos de Lena tropezaron al colocarlo e hizo que se cayera el grupo de cd’s de Yulia que estaban allí agrupados. Comenzó a recogerlos del piso y a acomodarlos como pudo. Entonces dio unos pasos para alejarse del lugar, pero no pudo. Algo la hizo volver y tomar uno de esos discos compactos. Fue a la caja y lo pagó.

Lena salió llorando del centro comercial. Buscó su auto en el estacionamiento y se encerró en él. Intentando secarse las lágrimas más de una vez, logró colocar el cd en el “cd player”. En cuanto escuchó la música su mente comenzó a recrear imágenes de ella y Yulia , Yulia sonriendo, la mirada de Yulia y ambas haciendo el amor.

Por cada nota que escuchaba Lena podía sentir lo que Yulia sentía por ella: el más profundo amor. La joven mujer de ojos verde-grisáceos empezó a sentir también el dolor que Yulia sintió al momento de componer algunos de los temas. ¿Era este tu mensaje, Yulia?, se preguntó Lena, sabiendo muy bien la respuesta. ¿Qué es lo que esperas que haga? ¿Acaso piensas que voy a correr a tus brazos y olvidar lo que me hiciste?… ¡No puedo!

Lena se debatía con su corazón. Luchaba por ocultar lo que siempre sentiría por Yulia Volkova. Primero lloraba por amor. Luego las lágrimas se derramaban por el enfado de no poder borrar de su corazón eso que estaba sintiendo. Lloraba por que algo tan simple como la música, que le había hecho recordar todo ese amor por Yulia que había intentado reemplazar por la pasión por Evgenia. Lloraba porque no podía detener sus lágrimas. Lloraba por todo.

El sonido de su celular la hizo recordar el lugar donde estaba. Lena buscó el aparato en su bolso y al mirar el número que había en la pantalla no contestó. Era Evgenia quien la llamaba. La pelirroja dejó que el celular siguiera sonando por un tiempo, hasta que su compañera al parecer dejó de intentarlo. En cuanto dejó de sonar, Lena apagó el aparato y lo volvió a guardar.

Estuvo en el auto durante unos minutos más, mientras se calmaba. No puedo volver a verla… Además, está Evgenia… ¡No puedo! se decía Lena. Entonces apagó el “cd player”, sacó y el cd y salió del auto. En cuanto estuvo afuera partió el disco compacto en dos pedazos y lo arrojó dentro del primer zafacón que vio. Intentó calmarse lo más que pudo y secó sus lágrimas. Sabía la forma en que podía olvidar por algún tiempo todo eso que no quería sentir hacia Yulia.

Sacó su celular y marcó un número mientras caminaba de nuevo al interior del centro comercial. Lena solamente tuvo que esperar a que sonara una vez para que la persona contestara.
- Te necesito - fue lo primero que dijo Lena - Te necesito ahora, Campeona.
La única forma en que dejaría de pensar por algún tiempo en Yulia Volkova sería estando en la cama con Evgenia Rudnikova.

Pasaban y pasaban las semanas, le seguían el curso de extinción los meses. Lena Katina ya se había graduado de psicología en la Universidad de Moscú, de eso hacía dos o tres meses más o menos. Hacía más tiempo aún que la mujer de ojos verdes no pensaba en Yulia; fue como si Lena se hubiera propuesto sacarla de su sistema y que sus resultados fueron aparentemente favorables. No la llegó a ver ni una sola vez durante el tiempo en que Yulia estuvo promocionando su álbum en Rusia. La pelinegra no estuvo mucho tiempo en Moscú. Después de haber intentado contactar a Lena sin tener ningún resultado positivo, Yulia volvió a Christchurch, en la Isla del Sur de Nueva Zelanda.

Días después de su graduación Lena partió de Moscú, junto a su compañera Evgenia. Desde entonces se habían ido a París a tomar un descanso. Fue en aquella ciudad donde la relación de ambas se afianzó más aún. Lena se sentía totalmente enamorada de la mujer que tenía a su lado. Entonces llegó el momento que había soñado Evgenia. Quizá por la magia de una de las noches románticas en la ciudad parisina, o quizá por que así lo sentía Lena al fin le dijo a Evgenia: “te amo”.

Aquella noche la mujer de cabello castaño lloró de alegría en los brazos de su amante. Era un lado que a aquella no mostraba comúnmente, pero no pudo evitar llorar. Por lo que bajo aquella luna llena, Lena le repitió más de una vez que la amaba. Esa misma noche Evgenia sintió que la vida le cambió. Se sentía la mujer más feliz y afortunada del mundo… O no, mejor aún; se sentía la persona más feliz que jamás hubiera existido. Así se lo demostró a Lena. Pero lo más importante fue que tomó una decisión que afectaría las vidas de ambas para siempre. Le daría la sorpresa a Lena durante el cumpleaños de esta, el cual se celebraría en Moscú.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:06

Capítulo XVIII

Llegó el día esperado: el 4 de octubre del 2006. Lena había vuelto de París durante la tarde del día anterior, a petición de sus padres, quienes planeaban una fiesta “sorpresa” para la pelirroja (aunque ya nada de sorpresivo tenía porque le daban la sorpesa cada año).

La noche de la fiesta todo marchaba bien. La casa de los padres de Lena estaba llena de amigos (entre los cuales se encontraba Iván), familiares y gente conocida por la pelirroja. Se escuchaba la música por todas partes. Lena, Evgenia y la madre de Lena ocupaban una de las mesas que había en el patio. Habían estado charlando y riendo desde hacía rato. Llegó el momento en que se acercó el padre de Lena y se llevó por un momento a su esposa para presentarle a alguien.

- Inessa es tremenda - comentó sonriendo Evgenia, luego de que la madre de Lena se hubo ido - ¡No tenía idea que fuera así de bromista!
- Me alegra que ustedes dos se lleven tan bien - dijo Lena.
- A mí también. Jamás pensé que al ser mi pareja una mujer su familia me aceptara así tan fácilmente.
- Ellos sólo quieren que yo sea feliz - le sonrió Lena, mientras le acariciaba una mano a su compañera.
- ¡Oye gracias por lo que me toca! Ja, ja, ja, ja. Yo que pensé que me los había ganado por mis propios encantos ja ja.
- Ah claro por eso también les gustas - aclaró la pelirroja, riendo ella también.

Evgenia acercó sus labios a los de Lena y le robó un beso.
- ¿Eres feliz? - le preguntó Lena con una sonrisa en los labios.
- Mucho… Te tengo junto a mí… Nos amamos… Es mucho más de lo que esperaba, Lena. La mayor parte de mi vida la he pasado sola, ahora que sé lo que es el amor no soportaría de nuevo aquella soledad.
- Shhh, no hables así - Lena le selló los labios con su dedo índice - Sabes que estaremos juntas por siempre.
Volvieron a besarse pero esta vez sus muestras de amor fueron interrumpidas por la voz del padre de Lena.

- ¡Llegó la hora de cantarle a la homenajeada! - anunció Sergey y casi al momento la música que se escuchaba en todo el lugar se detuvo.
El orgulloso padre se acercó a donde estaba su hija para conducirla hasta la enorme mesa que había en el centro, donde estaba el pastel de cumpleaños. Lena se mantuvo tomada de la mano de Evgenia, para que esta se parara junto a ella, frente al pastel.

En pocos segundos todos los invitados estaban alrededor de la mesa y de la homenajeada mientras cantaban la canción “Feliz cumpleaños”. La pelirroja sopló para apagar las 22 velitas y después de eso partió el pastel. Lo primero que hizo en vez de probarlo fue embarrar la nariz de Evgenia con la crema de vainilla.
- ¡Oh, qué haces, Lena! - se rió Evgenia - ¡Ni que fuera pastel de bodas ja ja!
La pelirroja besó entonces la nariz de su compañera y se comió la crema.

Después de unos minutos, a petición de Inessa, Lena estaba abriendo los regalos que habían llevado los invitados. Reía o sonreía con cada regalo que abría hasta llegar al último, mientras la gente hacía algún comentario grascioso o adulador sobre los mismos. Ya había abierto todos los regalos pero permaneció un momento más cerca de aquella mesa en donde había puesto la envoltura de los paquetes, ya que los invitados se acercaban a hablar y felicitarla.

Evgenia, que estaba junto a Lena estaba esperando que la gente se alejara para poder hablar a solas con Lena, en alguna esquina. Pero la gente no acababa de dispersarse. La pelirroja la notó algo nerviosa a su compañera. ¿Porqué estará tan inquieta?, se preguntó Lena.

La mujer de ojos azules no veía oportunidad de apartar aunque fuese un momento a Lena. El celular de Evgenia sonó y lo contestó, ante la mirada curiosa de Lena.
- Sí… Ahora - fue lo único que dijo Después colgó - Le-Lena… Falta mi regalo.
- Lo llevo puesto - contestó Lena algo confundida, refiriéndose al juego de pantallas y un brasalete que Evgenia le había regalado en la mañana.
- Ese no era mi verdadero regalo - le confesó Evgenia.

Ante la mirada de los que allí estaban presentes, un mensajero había entrado al patio y se dirijía hacia la pelirroja. Le entregó una rosa roja y volvió a partir sin decir nada.
- Este es mi regalo - comentó Evgenia.
- Me encantan las flores - dijo Lena mientras se acercaba la rosa a la nariz para aspirar su perfume. Pero le estuvo muy extraño que Evgenia le regalara esa simple flor y que se la hubiera entregado un mensajero, cuando ya le había entregado un regalo en la mañana.

Entonces Lena se dio cuenta de que algo brillaba entre los petalos de la flor. Sacó un objeto de la flor y vio lo que era: un anillo. Sorprendida Lena miró a Evgenia, quien tomó el anillo de entre las manos de Lena. Entonces Evgenia se arrodilló frente a su compañera y le preguntó, sin soltarle la mano:
- Lena… ¿Quieres ser mi esposa?

La pelirroja no se esperaba la pregunta. Lena estaba hecha un manojo de nervios; tanto así que podía escuchar todo el vocerío de los invitados a su alrededor, pero no entendía lo que decían. Lo único que hizo Lena fue sonreír nerviosamente, mientras se arrodillaba frente a Evgenia, para estar a la par. Entonces le contestó:
- Sí.

Evgenia le colocó el anillo en el dedo anular y luego besó a Lena. Entre lágrimas de alegría, miradas enamoradas, besos tiernos y sonrisas nerviosas ambas permanecieron arrodilladas por unos minutos. Pero pronto el ruído de los aplausos y las voces de la gente las hicieron ubicarse mentalmente de nuevo en el lugar donde estaban. En cuanto se pusieron de pie los padres de Lena se acercaron a felicitar a su hija. Lo mismo hicieron gran parte de los invitados.

En cuanto Evgenia tuvo oportunidad condujo a Lena a un lugar un tanto apartado; a una esquina del patio donde habían algunos arbustos. La joven mujer de ojos azules miraba a su compañera como si fuese el mayor de los tesoros.
- ¡Vas a ser mi esposa! - comentó emocionada Evgenia - Casi no puedo creerlo. Y pensar que por un momento dudé si te proponía el matrimonio o no… Llegué a pensar que quizá no era tiempo.
- También a mí todo esto me ha tomado por sorpresa… Pero es el tiempo perfecto - sonrió Lena - Poco a poco fuiste entrando a mi corazón, Evgenia… Estás justo aquí - Lena se tocó por el pecho.

Se besaron y luego Evgenia le dijo:
- A veces temo que seas un sueño… Y me da miedo despertar.
- El sueño eres tú, amor… Evgenia Rudnikova es el sueño.
La mujer de cabello castaño sonrió y volvió a besar a su pareja.
- Ven. Quiero darte algo - comentó Evgenia, sin apartar su enamorada mirada de aquellos ojos verdes. Entonces tomó ambas manos de la pelirroja.

En aquel momento un fuerte ruído invadió el cielo. Todos miraron hacia arriba y sus ojos se encontraron con una fiesta de luces en el firmamento. No eran las luces estelares, ni la luz de luna sino que eran fuegos artificiales. Esos coloridos fuegos artificiales tomaron el firmamento a manera de papel, y se fueron formando unas letras que leían: “Lena, siempre te amaré”.

La emoción del momemto hizo que Lena apretara aún más las manos de su pareja, mientras le decía asombrada:
- Eso fue hermoso, Evgenia.
La joven de ojos azules volvió a mirar con extrañez las palabras escritas en el cielo antes de que se borraran. volvió a mirar a Lena y le dijo:
- No fui yo.

En el momento en que Evgenia terminó su frase, otro ruído invadió el cielo. Volvió a formarse otra frase escrita con fuegos coloridos en el oscuro firmamento. “Yulia ama a Lena”, se leyó en la segunda frase. Como aún Evgenia tenía tomada la mano de Lena, sintió un apretón más fuerte aún que el anterior.
- Aún piensa en ti - Evgenia comentó su pensamiento en voz alta.
Ambas se miraron por un momento, sin saber qué decir. Lena presentía que Evgenia estaba pendiente de cualquier reacción de ella.
- Esto no significa nada para mí - le dijo Lena, mostrando una aparante calma.
- ¿Estás segura? - le preguntó Evgenia, temiendo la respuesta.
- Sí.
- Entonces tengo que ir a hablar con ella - dijo Evgenia, muy segura de sí.
- ¡No! - se negó de inmediato Lena - Esto es algo entre ella y yo.
- Pero, Lena…

Las palabras de Evgenia fueron interrumpidas por un par de invitados que se acercaron a donde ellas estaban. Empezaron a hablarle a la pareja de recién comprometidas. Entonces Lena aprovechó el momento para disculparse y retirarse. Le hizo señas a Evgenia de que regresaba en un momento y la dejó hablando con aquellos invitados.

Lena entró a la casa y se encerró en un cuarto de baño. Se recostó de la puerta y se llevó las manos al pecho. Se le escapó una sonrisa y luego soltó algunas lágrimas. Me sigue amando, fue el único pensamiento que pasaba una y otra vez por la mente de la pelirroja. No sabía exactamente porqué lloraba. Pensaba en lo que hubiera sido si Yulia no la hubiese engañado y al mismo tiempo sentía su corazón latir a mil por hora por lo que sentía por Evgenia.

No pudo el evitar vuelco de alegría de su corazón al saber que Yulia aún la seguía amando, pero también sentía algo de confusión porque esa alegría por Yulia chocaba totalmente con el amor que Lena estaba segura de sentir por Evgenia. Se sentó sobre la tapa del inodoro y allí estuvo por quién sabe cuánto tiempo, mientras sus pensaimientos debatían y sus lágrmias se deslizaban por las mejillas. Entonces escuchó la voz de su madre, quien tocaba a la puerta:
- ¿Lena? ¿Hija, estás bien?

La pelirroja se paró de inmediato y se lavó el rostro en el lavamano.
- Si, Mami. ¡Ya salgo! Es que algo me ha caído mal y he estado vomitando - le dijo Lena.
La pelirroja salió del baño con la cara recién lavada. De inmediato su madre se dio cuenta de que había estado llorando.
- Oh hija, conmigo no tienes que fingir… Estás así por lo de Yulia.
- No sé de que hablas, Mami… Aquello no significó nada para mí.
- Ven mi amor, he estado buscando la oportunidad para que hablemos - le dijo Inessa, mientras la tomó del brazo para conducirla a la habitación de esta.
- Espera, debo ir donde Evgenia… Le dije que iría pronto.
- Ella y tu padre están despidiendo a los invitados, les tuve que decir que no te sientes bien ya que todos notaron que desapareciste hace como una hora… Le di a Evgenia la misma excusa que me diste a mí: que algo te cayó mal.

Llegaron a la habitación de los padres de Lena. La joven se sentó sbre la cama y su madre se estuvo parada frente a ella.
- ¿De qué quieres hablar, Mami?
- Es sobre lo que has decidido hace un momento - le contestó Inessa - ¿Estás segura de que casarte con ella es lo que quieres, hija? ¿Estás segura de que es lo mejor?
- ¡Por Dios, Mami! Pensé que tú y Papi la habían aceptado por completo… ¿A qué viene esa pregunta?
- Por supuesto que la aceptamos en la familia, Lena. Ella se ganó nuestro aprecio y confianza. ¡Pero lo más importante aquí eres tú! Eres nuetra hija y no queremos que después de dar ese paso estés arrepentida de lo que hagas - Inessa pausó por un momento para ver si Lena tenía alguna reacción al comentario, pero al ver que su hija no dijo nada continuó hablando - Lena, no creas que no sé que te encerraste en ese baño y te pusiste a pensar en Yulia. Me parece que todavía sientes algo por ella.

La pelirroja suspiró. Odiaba cuando su madre pensaba saberlo todo, aunque en esa ocasión había acertado.
- Mami, Yulia es parte de mi pasado - dijo Lena - La vida junto a ella fue maravillosa para mí, al menos hasta que a ella se le ocurrió engañarme… Digo, tuvimos nuestras altas y nuestras bajas pero eso se da en cualquier pareja… Pensé que ella lo era todo para mí, pero me engañó. Me destrozó por dentro y eso no se lo pude perdonar… Ahora mi presente es Evgenia. La quiero como jamás pensé volverlo a hacer… ¡Estoy totalmente segura de lo que quiero, Mami! - al decir esto último la joven se levantó y fue hasta la puerta de la habitación - Yo les agradezco su preocupación… pero déjenme decidir a mí, ¿sí? - añadió - Ahora voy a buscar a Evgenia, que ha de estar esperándome.

La joven salió del cuarto. Ay, Lena. Sólo espero que estés segura realmente de que eso es lo que quieres, pensaba Inessa, quien después de haber hablado con Yulia en algunas ocasiones (incluyendo la tarde de ayer) estaba casi segura de que la antigua compañera de su hija jamás le había sido infiel. ¡Si no fueras tan orgullosa y la hubieras escuchado!
Lena se terminó de maquillar para cubrir cualquier rastro de que hubo llorado. Entonces se dirigió al exterior de la casa. Al abrir la puerta su mirada se topó con la figura de su compañera, quien estaba sentada en uno de los escalones de la entrada. Al parecer la mujer de cabello castaño estaba tan inmersa en sus pensamientos, que no escuchó cuando Lena abrió la puerta.

La antigua integrante de t.A.T.u. se acercó a ella y le acarició la espalda. Evgenia se fijó en la presencia de Lena y le sonrió. Pero la pelirroja notó que aquella sonrisa era melancólica. Se sentó junto a ella y en seguida le tomó una mano.
- Te estuve buscando, hasta que Inessa me dijo que estabas en el baño - comentó Evgenia, con una voz casi sin ánimos - ¿Todo bien?
- Todo bien… Al parecer algo me cayó mal, pero ya todo bien.
- Ya todos se fueron - Evgenia miraba hacia adelante.
- Si… Me dijo mi madre.

Permanecieron calladas por un rato. Luego Evgenia le preguntó algo nerviosa:
- ¿Estás segura de que quieres casarte conmigo?
Lena tomó delicadamente la quijada de Evgenia y volteó el rostro de su compañera para que esta dejara de esquivarle la mirada. Se mantuvo aguantándola mientras le dijo:
- Te amo, Campeona… ¿Qué parte del “te amo” no entiendes? Hemos estado viviendo juntas desde hace algún tiempo y sé lo importante que es para ti todo esto de casarte… Casarnos… Lo importante que es para ambas. Es lo que quiero hacer.

Evgenia tomó las manos de su compañera entre las suyas. Se besaron.
- Ehh… Lena y… ¿Eso de Yulia? - titubeó Evgenia.
- ¿Los fuegos artificiales?
- Sí.
- ¿No te parece que debería ir a hablar con ella? - preguntó Lena para ver la reacción de Evgenia.
- Sería mejor si fuera yo, ¿no crees? Para poner las cartas sobre la mesa… Que sepa que no sientes nada por ella.
- Hmmm… No creo. Lo mejor es que vaya yo. Si vas tú pensará que me estoy escondiendo. Además fui yo la que tuvo una relación con ella. ¿Te parece?

Evgenia prefería tomarse un cóctel de lava volcánica en su punto que pensar en la idea de que Lena volviera a acercarse a Yulia, pero no le quedó más remedio que aceptar la decisión de su compañera. Evgenia se puso de pie y le extendió la mano a Lena para ayudarla a levantar. Iban a entrar a la casa cuando Lena preguntó:
- ¡Espera! ¿Qué era lo que ibas a darme antes de que pasara… aquello ?

La mujer de ojos azules se acordó de inmediato. Aunque con todo lo ocurrido esperaba que Lena no hubiera recordado aquel comentario.
- Ohhh… Era solamente una cursilería - a pesar de la oscuridad Lena pudo notar el tono rojizo que adquirieron las mejillas de Evgenia - Ya no tiene importancia… Además no sé en que rayos estaba pensando cuando…
- ¡Ey vamos, Campeona! No me vas a dejar con la curiosidad - insistía Lena.
Evgenia dudó en decirle
- Ehh… Ven está en el auto - le indicó Evgenia, quien le dio la mano a Lena y ambas caminaron hacia el auto.

Al llegar hasta donde estaba el auto Evgenia abrió la puerta de atrás y sacó una pequeña cajita. Ya para ese momento el color rojizo de sus mejillas se había extendido hasta sus orejas.
- Es una cursilería - le dijo a Lena antes de entregarle la cajita.
La pelirroja tomó con curiosidad la cajita y la abrió. De su interior sacó un pequeño papel rojo en forma de corazón.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:09

Evgenia miraba fijamente a su compañera, buscando alguna reacción por parte de esta.
- Es un simbolismo… Pensé que te agradaría - comentó la de ojos azules.
Entonces Lena sonrió dulcemente y la besó.
- Sé exactamente lo que es, grandota… ¡Por eso te adoro!
- Había pensado en comprarte algo en forma de corazón pero… Decidí hacerlo de papel, yo misma… Porque…
- Porque es muy frágil - Lena le selló los labios con el dedo índice y terminó la frase, utilizando un timbre de voz muy suave, casi un susurro - Pero yo prometo cuidarlo para que no se rompa nunca.

Ambas permanecieron abrazadas. Aquellas mismas estrellas que una vez fueron testigos de las promesas de amor de Yulia y Lena, ahora atestiguaban las palabras que la pelirroja dirigía a la mujer que estaba en el lugar que una vez estuvo Yulia La joven de ojos verde-grises no mentía. Ella sabía que quería a Evgenia, que quería hacer feliz a esa extraordinaria mujer. El problema era que ahora que Yulia reapareció en su vida, Lena descubrió que la seguía amando. Mañana te veré, Yulia… Y te sacaré de mi corazón, pensaba Lena. ¡No es posible que esto me esté pasando a mí! ¿Porqué sentir por las dos?


¿El día? 5 de octubre. Eran las 8 a.m. y Yulia acababa de levantarse de la cama de su antigua habitación en casa de sus padres. Había llegado a Moscú hacía apenas dos días. Esa mañana estaba sola puesto que sus padres ya se habían ido a trabajar. Se levantó casi a rastras de la cama y fue lavarse los dientes.

A leguas la piel de Yulia se notaba más bronceada. No como la piel de aquella niña que una vez fue. Al parecer el vivir cerca de la playa por alrededor de un año, estaba teniendo su efecto en ella. ¿Y su cabello?… Su cabello ya no estaba teñido. No se había vuelto a preocupar por volverlo a pintar, aunque lo mantenía tan corto como siempre.

En cuanto se metió el cepillo con pasta a la boca, su celular sonó. Fue a su cama, tomó el aparato telefónico y contestó:
- ¿Diga?
- ¡Yulia! ¿Qué demonios fue eso? - escuchó la voz chillona de Iván, que le gritaba - ¿Se te atrofiaron las neuronas o qué?
- ¿Qué? - preguntó ella mientras se dirigía al baño a escupir la espuma de la pasta dental.
- ¡Lo de anoche! ¡Medio Moscú miró el mensaje de luces que le enviaste a Lena!
- Ahh eso… ¿Y tú por que peleas? No te viene ti te va para nada lo que yo haga o deje de hacer.
- No te lo digo por discutir, Yulia… Tú lo sabes. Te lo digo para ayudarte… ¿Porqué no vas donde el doctor que te recomendé?
- ¿Cuántas veces te voy a repetir que no necesito ver a ningún doctor? ¡No estoy loca, estoy enamorada hasta la muerte y para eso no hay cura! - le replicó Yulia.

Iván guardó silencio por un momento.
- Bueno, ¿sólo para eso llamaste? - le preguntó la joven mujer.
- No… Llamé porque necesito que vengas a mi oficina tan pronto como puedas. Estamos coordinando algunos detalles para tu concierto en San Petersburgo y también estamos viendo lo de la gira a Japón y a Europa.
- Ya salgo para allá. Dame unos minutos.
Yulia terminó la charla y continuó lavándose los dientes para luego arreglarse y salir.

El mismo día, era el 5 de octubre. Lena Katina se presentó al lugar de trabajo de Iván a las 8:30 de la mañana. Necesitaba que Iván le dijera dónde podía localizar a Yulia, ya que intentó llamarla a su antiguo número telefónico pero al parecer Yulia ya no tenía ese número. La secretaria la anunció y la joven pasó a la oficina.
- ¡Qué sorpresa, Lena! - le dijo Iván - Ven siéntate.
- Buenos días, Iván - Lena se sentó en una de las sillas frente al escritorio del productor - Vengo a pedirte un favor.
- Eh… ¿Qué clase de favor?
- No pongas esa cara, no es nada del otro mundo… Solamente quisiera que…

En ese momento sonó el teléfono del escritorio de Iván y no permitió que Lena siguiera hablando.
- Dame un minuto Lena, ¿sí? - dijo Iván antes de contestar la llamada. Habló con la persona que lo llamó y luego colgó - Lena, espérame un momento. Tengo que pasar por publicidad pero ya regreso… Quédate cómoda. Si quieres ponte a mirar una de las revistas que tengo por ahí.
- Regresa rápido… Solamente quiero que me des un dato - le dijo la joven mujer.

Iván salió de la oficina y la pelirroja permaneció sentada. Al pasar unos minutos y notar que su antiguo productor no volvía, Lena abrió una de las gavetas del escritorio y vio unas cuantas revistas. ¿De autos? ¡Qué aburrido!, se dijo ella. A ver… una de… ¿mujeres desnudas? ¡Cielos, esos no son senos! Son melones gigantes. Siguió mirando entre las revistas y al no ver ninguna de su agrado cerró la gaveta. volvió a sentarse por unos minutos más.

Cuando la pelirroja miró su reloj vio que ya eran las 9 a.m. Tomó un papel y lapiz del escritorio de Iván y le dejó una nota diciendo que se había ido. Será mejor que pase por casa de los padres de Yulia, pensó. Debí haberlo hecho desde un principio. Se levantó del asiento y antes de irse entró al baño de la misma oficina de Iván, su vejiga se lo estaba pidiendo.

¿La hora? Las 9:00 a.m. Yulia Volkova llegó al lugar de trabajo de Iván. Al ver que la secretaria no estaba pasó directamente a la oficina de su productor. ¡Este Iván, no sé porque me llama si no va a estar!, se quejó mentalmente la joven. Sacó el celular de su cartera dispuesta a llamarlo, pero antes de que comenzara a marcar el número, Iván entró a la oficina.
- ¡Ah, Yulia, llegaste! ¿No había nadie cuando entraste? - preguntó el productor, algo nervioso y mirando a todas las esquinas de la oficina.
- No… ¿Porqué? ¿Estás esperando a alguien?
- Pues no… No… Solamente a ti.

Iván se sentó y guardó unos papeles que traía en la mano. En seguida notó la nota que había sobre su escritorio. La tomó, la leyó y la arrojó al zafacón para que Yulia no la viera. Entretanto Yulia se había quedado callada y quieta. Percibió un agradable y familiar olor en el aire que le causó que imágenes de Lena inundaran su mente.
- ¿Te sientes bien? - Iván se extrañó al notar el gesto que se había formado en el rostro de la joven.
- Es que… De repente me olió a su perfume favorito.
- ¿Qué? ¿De qué hablas?
- ¡El perfume de Lena!
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:11

Capítulo XIX

¿La hora? 9:02 a.m. Lena se encontraba en el baño de la oficina de Iván Shapovalov. Ya se estaba lavando las manos cuando pudo escuchar que alguien entró a la oficina. Pensó que era Iván, pero de inmediato escuchó que la puerta se abrió de nuevo.
- ¡Ah, Yulia, llegaste! ¿No había nadie cuando entraste? - escuchó que dijo la voz de Iván.

Al escuchar aquel nombre Lena sintió que el corazón le marroneaba muy fuerte dentro del pecho. Sentía que no podía moverse aunque quería salir de ahí.
- No… ¿Porqué? ¿Estás esperando a alguien? - escuchó la voz de Yulia, que le contestaba al productor.
La pelirroja quería salir y hablar con su expareja, pero su cuerpo no se movía de allí. Entonces permaneció escuchando las voces en el exterior.
- Pues no… No… Solamente a ti - escuchó la voz de Iván.

Hubo silencio durante unos segundos. Luego Lena volvió a escuchar la voz del productor, que preguntó a Yulia:
- ¿Te sientes bien?
- Es que… De repente me olió a su perfume favorito.
- ¿Qué? ¿De qué hablas?
- ¡El perfume de Lena!
¡Recuerda el olor!, pensó Lena al escuchar el comentario de Yulia.

- Yulia… Te cité para hablar algunos puntos sobre el concierto… Pero creo que debo hablar contigo sobre algo personal, aunque sea unos minutos - Lena escuchó que dijo Iván.
- ¡Ah, ya vas a salir con lo mismo! ¡No pienso ir a donde ningún psicólogo!
- Pero podría ayudarte a aceptar que ya Lena… ¡Pues que tu relación con ella terminó hace mucho! - decía Iván.
- Escucha, Iván, yo sé que no hay nada… absolutamente nada entre ella y yo… ¡Y sé que ella está con alguien más, aunque eso me esté destruyendo por dentro! ¡No necesito que ningún psicólogo mediocre me diga eso! - exclamaba Yulia.
- ¡Pero es que te comportas como si no lo aceptaras!
- Porque no voy a descansar hasta que ella me escuche… Tengo que decirle que todo fue un error. Ella me dejó porque pensó que la engañé. ¡Pero yo no lo hice! - esta vez Lena escuchaba la voz de Yulia y podía imaginarse el rostro de esta intentando no llorar - ¡Entre Polina y yo no ocurrió absolutamente nada! No te niego que pudo ocurrir algo… Aquella noche en su departamento… en su ducha… Todo se empezó como un juego amistoso, ya te he contado esto… Y luego terminamos casi desnudas… Exitadas… ¡Pero me detuve a tiempo! ¡Y nada pasó! ¡Nada, nada, ocurrió!

Al escuchar las palabras de Yulia, Lena sintió que el mundo se le caía encima. Le creyó… Y creerle le dolió, porque entonces pensó que ella había sido la responsable del sufrimiento de ambas, por no haber creído en Yulia. La pelirroja no pudo contenerse y comenzó a llorar en silencio. La conversación afuera aún seguía:
- … ¡Y me duele! - decía Yulia. Aunque Lena no la estaba viendo sabía que Yulia también lloraba - ¡Me duele que todos me hayan creído excepto ella! Por que es que todos, Iván… Todos confiaron en mí y me han creído: tú, mis padres, los de ella… Y ella que era la única persona que pensé me conocía más que todos, no confió en mí. ¡Carajo, Iván, es que esto me está matando cada vez más! ¡La perdí por algo que no hice! ¡No estuve con Polina y no he estado con nadie desde la última vez que hice el amor con Lena!
Volvió a escucharse solamente silencio. Lena abrió el lavamanos y empezó a arrojarse agua en el rostro. Todo es mi culpa, todo es mi culpa, se repetía Lena.

Al otro lado de la puerta del baño, Iván se había parado y le pasaba la mano por la espalda a Yulia para calmarla. Le dio un pañuelo para que se limpiara el rostro.
- Yulia… Si te sientes mal podríamos hablar sobre trabajo luego… Puedes volver a tu casa y descansar, ¿sí? - le propuso Iván.
- No… Estoy bien - dijo ella, mientras se secaba las lágrimas - Este día no es diferente de todos… sólo… sólo dame unos minutos…. Déjame ir al baño y ya vuelvo - comenzó a levantarse de la silla.

La joven de ojos azules abrió la puerta del cuarto de baño. Sus pupilas azules se clavaron en unos hermosos ojos verdes que habían justamente frente a ella. La sorpresa de Yulia fue tal que al igual que Lena, permaneció inmóvil por unos segundos. Solamente miraba a aquella mujer frente a ella; la mujer que amaba. Las lágrimas de Lena aún le recorrían por las mejilllas y ella había empezado a temblar al ver a Yulia frente a ella.
- Yulia, ¿qué pasa? - Iván preguntó al notar que la joven no se movía.

Yulia ni siquiera escuchó la voz de Iván.
- Lena… - pronunció Yulia en voz tan baja que la joven de ojos verde-gris solamente entendió su nombre porque hubo visto el movimiento de los labios de Yulia.
- Perdóname… Perdóname - decía Lena.
Entonces la pelirroja dio unos pasos hacia adelante. Yulia se movió de la entrada del baño para que Lena pasara. Esta en vez de detenerse iba directo a la salida de la oficina. Yulia se dio cuenta de que Lena lo había escuchado todo y que por eso le había pedido perdón.
- ¡¿Lena?! - pronunció sorprendido Iván al ver a la joven allí.

Al ver que Lena salió a toda prisa sin decir nada más, Yulia también salió de la oficina.
- ¡Lena! - le gritaba Yulia por el pasillo, pero la pelirroja no se detenía sino que aceleró el paso.
La escena fue parecida al día en que Lena rompió con Yulia, pero esta vez la situación era otra. Yulia corría para alcanzar a Lena, mientras todos los curiosos murmuraban y fijaban sus miradas en aquel par de mujeres.

Yulia la alcanzó por la salida del edificio. La tomó por un brazo para que no volviera a escabuirse.
- Si ahora sabes la verdad, ¿porqué aún así te niegas a escucharme? - le preguntó Yulia.
- ¡Porque no puedo mirarte a la cara sin dejar de sentir vergüenza! ¡Por mi culpa todo terminó!
- No fue tu culpa, amor… Todo fue un error.

Al ver que estaban en el medio, Yulia condujo a Lena hasta una esquina, cerca del estacionamiento.
- Perdóname - casi le suplicaba Lena, mirando hacia el piso.
Delicadamente Yulia enderezó el rostro de Lena, para hacer contacto visual.
- No sabes cómo me lastimaste aquel día, Lena… ¡Me destrozaste! - le decía Yulia - Y sé que tú también lo estabas.
- ¡Perdóname!
- Yo no siento que tenga que perdonarte algo, Lena… Porque tu pensabas que la culpable de todo era yo… Pensabas que yo te había engañado y en tu interior estabas lastimada… Pensaste que lo mejor era terminar con tu novia infiel - decía Yulia - Y ahora… ¡Por mi parte todo está olvidado! ¡Solamente quiero que todo sea igual que antes!

Lena se le quedó mirando sin decir nada. Yulia le secó las lágrimas. Ya no era como antes. La ahora rubia Yulia Volkova deseaba con toda su alma besar los labios rojizos de Lena, pero sabía que ya aquel no era su terreno. Así que con una timidez que no la caracterizaba se limitó a acariciarlos. Al hacerlo Lena cerró los ojos. Era buena señal para Yulia: le indicaba que Lena volvía a confiar en ella.

La joven de ojos azules fue acercando su rostro al de su antigua compañera, mientras la rodeaba con sus brazos. Yulia pudo sentir cómo el cuerpo de Lena se estremecía al hacer contacto con el de ella. Posó sus labios en los de la pelirroja y comenzó a “jugar” con ellos. Lena se dejó; después de todo ella lo deseaba tanto como Yulia. Así que su reacción fue besar a Yulia. Ese beso tierno hizo que ambas sintieran cómo sus almas bailaban un son que sólo pertenecía a ellas. Se sentían como si estuvieran en el medio del mar… pero un mar de sueños… Y el oleaje del amor mecía sus corazones.

El beso fue largo. Duró hasta que Lena tomó entre sus manos las de Yulia y fue separando sus labios de los de esta.
- Quiero que todo sea como antes - susurró Yulia.
- No puedo - le dijo Lena - Ya nada es como antes.
- Pero podemos hacer que lo sea.
- No puedo - le repitió Lena.
- Deja de decir eso… ¡Podemos hacer que todo sea como antes!

Al decir esto último, Yulia se llevó a los labios las manos de Lena. Las besó, pero al hacerlo notó el anillo que brillaba en uno de los dedos de su antigua compañera. De inmediato lo reconoció como un anillo de compromiso. Yulia comenzó a sentir unas horribles punzadas en el estómago al ver aquello. Sintió cómo de nuevo su mundo se desmoronaba.
- ¿Y.. y eso? - le preguntó Yulia a la pelirroja, temiendo la respuesta.
- Anoche… en mi fiesta de cumpleaños… Evgenia me pidió matrimonio… Le dije que sí - anunció Lena.
- Iván… Iván no me comentó nada - el rostro de Yulia había empalidecido y ella tragaba saliva una y otra vez - Lena… Tú… ¡Tú no puedes hacer eso! ¡Tú no la mas!

Al escuchar eso último Lena bajó la mirada.
- ¿O sí? - preguntó temerosamente Yulia - ¡Por Dios, Lena, dime que no dejaste de amarme a mí!
- ¡No he dejado de amarte! - le aseguró la pelirroja.
- ¿Entonces?

Lena miró a todos lados. Ya había más gente circulando por los alrededores.
- Creo que no debemos estar conversando esto aquí - dijo la pelirroja.
- Entonces ven, vamos a mi casa y allá hablamos - Yulia la tomó de la mano para guiarla al estacionamiento.
Lena se safó y dijo:
- Yulia… Es que todo esto me tomó por sorpresa… Dame tiempo a ordenar mis ideas, ¿sí?

La rubia miró a su alrededor y luego volvió a mirar a Lena. Suspiró vagamente antes de decir:
- Está bien… Pero dame tu número telefónico y tu dirección.
- ¡No! - se opuso Lena - Mejor dame tú tu número… Yo te llamaré.
Yulia le dio su número y le indicó que se estaba quedando en casa de sus padres.

Yulia acompañó a Lena hasta el auto de esta. Antes de que Lena entrara al auto, Yulia logró robarle otro beso a Lena. Luego la tomó de las manos y le dijo:
- Recuerda que me voy del país dentro de dos dias… Después de eso volveré en un par de meses… Para mi primer concierto. Lena… promete que vas a llamarme o a buscarme… Si no lo haces te buscaré yo a ti.
- Te buscaré - le dijo Lena antes de darle un abrazo.
Entonces la pelirroja notó que Yulia tenía puesta aquella cadena con el corazón colgante que ella había perdido el día en que se separaron.

Lena no dijo nada más. Solamente subió al auto y partió. Yulia permaneció allí parada, con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, viendo a Lena alejarse. A pesar del tormento que sentía al enterarse del compromiso de Lena, el alivio que experimentaba por saber que ahora Lena sabía que jamás existió una infidelidad era mayor aún. Ella me ama, se decía Yulia. Lo vi en su mirada… Me ama…

Caminó hasta los escalones que habían cerca de la entrada del edificio y se sentó en uno de ellos. Miró hacia arriba y notó que el sol brillaba como no lo había hecho en mucho tiempo. Tocó sus propios labios al recordar el contacto de los de Lena. Luego sintió que alguien la miraba y volteó. Vio a Iván y lo único que se le ocurrió fue sonreir.

Después de haber pasado caminando y pensando buena parte de la tarde, Lena condujo hasta el edificio de la empresa de Evgenia. Entró, pasó por la recepción y tomó el elevador hasta llegar al piso en donde estaba la oficina de su compañera.
- Buenas tardes, Nastya - le dijo Lena a la secretaria de Evgenia, al acercarse a ella - ¿Cómo estás?
- Muy bien, señorita Katina - le respondió la secretaria - ¡Felicidades!… Por el compromiso - añadió la mujer, mostrando una genuina sonrisa.

Por un momento Lena permaneció callada sin saber qué decir. Había pasado la mañana y parte de la tarde pensando el ese compromiso y en Yulia. Aunque no había llegado a ninguna decisión, sino que lo único que logró fue atormentarse.
- Gracias - sonrió al fin la pelirroja.
- Ay Señorita, que emoción ha de haber sentido anoche, ¿cierto? ¡Cuando la señorita Rudnikova me mostró el anillo que le había comprado hasta yo me emocioné al ver el brillo en sus ojos! Nunca he salido con una mujer, pero por una como ella empezaría a hacerlo sin ningún problema. ¡Es que ella es tan…! - la secretaria se dio cuenta de lo mucho que estaba hablando - Ay disculpe.
- Ja, ja, ja. Está bien, Nastya - le dijo Lena - ¿Está Evgenia en su oficina?
- No, no está… La señorita Rudnikova dijo que tenía un asunto personal pendiente y se fue antes de la una de la tarde. Pensé que estaba con usted.

Lena se despidió y salió del lugar. ¿Dónde se habrá metido? Le dije que vendría después de hablar con Yulia. Lena volvió a subir al ascensor y sacó el celular de su bolso. Iba a llamar a Evgenia. Entonces se dio cuenta de que había apagado el celular durante la mañana, para que nadie la molestara cuando estuvo pensando. ¡Demonios! Ella debió haberme llamado, pensó. Encendió el celular y marcó el número de Evgenia. No contestaba. Marcó al teléfono del departamento y al parecer tampoco estaba allá.

Al llegar al estacionamiento marcó el teléfono de su madre. Tampoco contestaba. Comenzó a asustarse y llamó a su padre.
- ¿Papi?
- Hija, ¿qué pasó? - preguntó él.
- ¿Sabes donde está Mami? - le preguntó ella - No puedo localizar a Evgenia… Llamé a Mami para ver si por casualidad sabía algo pero tampoco contestó mi llamada.
- Quizá tenía el celular lejos de ella… ¿La llamaste al trabajo?
- No.
- Dame un minuto… Voy a llamar para allá.

Lena esperó pacientemente a que su padre llamara al trabajo de Inessa. Luego volvió a llamarla.
- ¿Lena?
- Dime… ¿Está en el trabajo?
- No… ¿Estás conduciendo, hija?
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:12

Al hacer esa pregunta Lena supo que le iba a dar una mala noticia.
- No - contestó ella.
- Una compañera de trabajo de Inessa me dijo que tu mamá recibió una llamada… Era del hospital… Le dijeron que su nuera sufrió un accidente.
- ¡¿Evgenia?! ¡ ¿Qué le pasó?! - preguntó Lena desesperada.
- No sé, hija… ¡Pero no te vayas a mover de donde estás! No puedes conducir así. ¡No te muevas que yo paso por ti!

Momentos más tarde el auto de Sergey, el padre de Lena, acababa de llegar al estacionamiento de un horpital. Cuando el auto se detuvo la joven salió de inmediato y corrió al interior del hospital, olvidándose por completo de Sergey.
- ¿Me puede indicar sobre Evgenia Rudnikova? La trajeron hace rato - decía Lena a la enfermera que había a cargo del sitio de información - ¿Qué es lo que tiene? ¿Está bien? - preguntaba desesperada.
- ¡Cálmese, Señorita! ¿Es usted familiar?
- Sí.
- Déjeme buscar en la base de datos de los pacientes recientes - decía la enfermera con toda la calma del mundo, mientras comenzaba a presionar las teclas del teclado de la computadora - Rudnikova, Rudnikova… Evgenia. La ingresaron por tener un accidente automovilístico… Está en la habitación 220... Segundo piso.

Lena corrió al ascensor y en unos segundos ya estaba entrando a la habitación. La primera persona que vio fue a su madre de espaldas, parada frente a la cama.
- ¡¿Está bien?! - preguntó Lena, entrando de inmediato y colocándose por el lado izquierdo de la cama.
Pudo ver que Evgenia estaba con los ojos entreabiertos, y que tenía varios moretones en el lado izquierdo del rostro (aunque no parecía nada grave). También tenía el brazo izquierdo enyesado y lo mismo con parte de la pierna izquierda. A pesar del estado en que se encontraba su pareja, Lena se sintió algo aliviada ya que por todo el camino había estado histérica, pensando lo peor. El mismo miedo a perder a Evgenia le hicieron darse cuenta de lo mucho que quería a aquella mujer, de lo apegada que estaba a ella… Simplemente no la quería fuera de su vida.

- Estará bien, linda - le contestó Inessa a su hija.
Lena se inclinó y besó tiernamente los labios de Evgenia, con cuidado para no lastimarla.
- Mi amor, vas a estar bien… Estoy aquí contigo - le decía Lena.
Evgenia se limitaba a mirararla, luchando porque sus ojos no se cerraran.
- No puede hablar - dijo la madre de Lena a su hija - Le administraron un sedante general porque no se dejaba enyesar y estaba peleando con las enfermeras… También se le lastimaron varios músculos y no dejaba de quejarse… Pero el doctor dijo que estará bien.
- ¿Se fracturó sólo eso?
- Sí, la rótula y el brazo… ah y se lastimó una costilla. Aunque también le sacaron unas placas craneales. Todavía no traen los resultados.

Lena se paró. Se sentía más calmada. Comenzó a acariciar el cabello de su amante. Le volvió a dar un beso y luego se sentó en la silla que había por el lado izquierdo de la cama. Al mismo tiempo llegó el padre de Lena. Al asomarse y ver el estado de Evgenia, se asustó y preguntó:
- ¿Está bien?
- Si, Sergey. Sólo sufrió algunas fracturas.
Al poco tiempo Inessa y su esposo salieron de la habitación para dejar a Lena sola con su pareja.

- ¿Puedes esucharlo todo, mi vida? - le preguntó Lena, tomándole de la mano.
Evgenia tenía su mirada clavada en los ojos de Lena, como si quisiera decirle algo. Pero sus ojos no querían mantenerse abiertos y ella luchaba por no cerrarlos. Estaba más dormida que despierta a causa de los sedantes. Aún así luchaba por pronunciar unas palabras, pero sus labios no la obedecían y no se movían. Lo único que pudo hacer fue mover un dedo y al Lena sentir el contacto en su mano, supo que Evgenia la escuchaba. Lena le besó la frente y acariciándole el cabello le dijo:
- Duerme, Campeona… Yo voy a estar aquí cuando despiertes.

Evgenia cerró los ojos y en unos cuantos segundos estaba dormida completamente. Lena fue a hablar con el médico que atendió a Evgenia. Este le dijo que no se preocupara por la salud de su compañera. Solamente había sufrido unas fracturas y dentro de un mes, más o menos, se le podrían retirar los yesos. También se lastimó algunos músculos, pero no era nada grave; aunque le había recetado pastillas para el dolor. El doctor recomendó que la paciente pasara la noche en el hospital, ya que los resultados de los exámenes craneales aún no estaban listos. Además era adecuado mantenerla bajo vigilancia médica en caso de que surgiera algún daño craneal imprevisto.

Luego Lena se enteró de que Evgenia se había estrellado contra un poste, el auto se volcó y quedó destruído casi por completo (en su mayoría por el lado del conductor). Le dijeron que no sabían cómo Evgenia había salido viva del accidente. Al parecer había sido un milagro, o algo parecido.

Evgenia fue abirendo los ojos lentamente. Todo a su alrededor era blanco: las paredes, la cama, su bata, los yesos y los bendajes. De inmediato vio a Lena, quien dormía sentada en la silla junto a la cama. Ya se le había pasado el efecto de la anestesia y todo el cuerpo le dolía. No quería quejarse, pero estaba consciente de que lo estaba haciendo.
- Agggh-ay…
Intentaba levantarse pero era inútil. Sus quejidos despertaron a Lena, quien de inmediato apretó el botón que había junto a la cama para que así llegara una enfermera.

Segundos más tarde una enfermera le aplicó una inyección para calmarle el dolor. El doctor la fue a revisar y la encontró bien. Luego las dejaron solas de nuevo.
- Mi amor, no sabes cómo me asusté cuando me enteré… Pensé que te perdería. Me sentí morir - dijo Lena antes de inclinarse para besarla.
Evgenia volteó el rostro, rechazando el beso de su pareja, al mismo tiempo que le decía:
- ¡Pues yo me sentí igual! Pensé que te perdería... ¿Dónde estabas, Lena?

Lena se enderezó sintiendo algo de confusión.
- Según lo que me han dicho estás viva casi de milagro, ¿y eso es lo primero que me preguntas? - pronunció Lena- ¿Despiertas enojada porque no sabes dónde estaba?
- Me dijiste que me llamarías en cuanto hablaras con ella… ¡No me llamaste y encima de eso apagaste el celular para que no te llamara! ¿Cómo quieres que no me enoje?
- ¡Carajo, Evgenia, por poco me muero del susto cuando me avisaron que estabas aquí! ¡Desde que llegué no me he movido de tu lado, ¿y cuando despiertas me sales con estos celos?! - preguntaba Lena casi incrédulamente - ¿Quieres saber dónde estaba, quieres saber dónde estaba? ¡Pues estuve buscando un maldito sitio donde colocar mi oficina y empezar a ejercer mi profesión! ¿Que por qué tenía el celular apagado? ¡Se le agotó la carga y lo apagué! ¿Qué más quieres saber? ¡De una vez formúlame un interrogatorio! - expresaba Lena a la defensiva.

Evgenia se quedó callada y volteó el rostro hacia el lado opuesto al que estaba su compañera. Sus facciones mostraban una infantil mueca de enfado que Lena no estaba acostumbrada a ver en la mujer de cabello castaño. Lena le siguió el juego y estuvieron calladas alrededor de diez minutos. La pelirroja se levantó y se dirigió a la salida de la habitación. Al sentirla, Evgenia intentó mirar hacia donde iba.
- Voy por un café - le dijo Lena.
- Lena… Discúlpame - le dijo Evgenia intentando mirar hacia la puerta, pero sin tener mucho éxito ya que casi no podía moverse por la cantidad de bendajes que tenía - Yo solamente quería saber si hablaste con ella.

Lena se olvidó del café y se volvió a sentar, esta vez sobre una esquina de la cama.
- Hablé con ella - le anunció Lena, mientras le acariciaba la mano derecha a Evgenia - Le dije que me propusiste matrimonio y que yo acepté… Le dije que ya nada es como antes… entre ellla y yo - Lena le dijo parte de la verdad.
- ¿Qué hizo ella? - le preguntó Evgenia, sabiendo que Yulia no se iba a quedar cruzada de brazos.
- Ella… me pidió mi dirección. De más está decirte que no se la di - Lena comenzaba a incomodarse con el tema. No quería empezar a mentirle a Evgenia pero si seguían hablando de eso, era precisamente lo que iba a hacer - Evgenia… Estoy aquí contigo porque quiero estarlo.
- Lo sé.
- ¿Entonces?… ¡No tiene sentido seguir hablando una y otra vez de lo mismo!
- Tienes razón, Lena… Yo… No pude evitar sentir celos al imaginarme a Yulia nuevamente junto a ti, pero… - titubeaba Evgenia - Lena, ¿me disculpas?
Lena solamente se inclinó para besarla.

Evgenia cerró los ojos al sentir los labios de Lena sobre los de ella.
- Te amo.
- Y yo a ti.

Luego Evgenia le preguntó sobre su condición de salud a Lena. La pelirroja le explicó y le dijo que le darían de alta mañana. Después Evgenia comenzó a contarle sobre el accidente. Le dijo que iba conduciendo hacia el departamento a ver si encontraba allí a Lena. Pero por tener su mente ocupada en negocios (en realidad pensaba en el encuentro de la pelirroja y Yulia, pero no quiso decirle a Lena) se estrelló.
- Cuando el auto terminó volcado pensé que ya no iba a salir con vida de ahí - Evgenia lo estaba contando como un chiste y empezó a reir pero el dolor hizo que se detuviera.
- ¡Mi amor, no sé cómo puedes reirte de algo así!
- Porque estoy viva… Ah pero lo peor fue cuando me trajeron y me pusieron esta bata - seguí contando Evgenia - ¡Todos vieron mi trasero!
- Pues vieron algo bonito - rió Lena.

Ambas siguieron hablando y riendo de uno que otro comentario hasta que Evgenia se quedó dormida nuevamente. Luego Lena sacó un libro que había llevado entre sus cosas personales para pasar la noche. Empezó a leerlo hasta que quedó dormida ella también.

Esa noche soñó con los tiempos en que vivía junto a Yulia. Soñó con sus besos, con su cuerpo, con su mirada. Soñó que hacían el amor, pero llegó un momento en que mientras le hacía el amor a Yulia en sueños se fijó en que ya no era Yulia la que ocupaba la cama junto a ella. El cuerpo y el rostro se habían vuelto los de Evgenia.

La pelirroja se levantó de inmediato y fue a echarse agua en la cara. ¿Qué se supone que fue eso?, se preguntó Lena. Ya no pudo seguir.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:24

Capítulo XX

Sus nervios la dominaban. Ella no sabía porqué, ya que no era una persona que sintiera nervios antes de un concierto. Jamás los había sentido antes y encontraba totalmente ridículo estarlos sintiendo a esas alturas de su vida. Pero esa noche Yulia esperaba que algo sucediera.

Corría el mes de diciembre del año 2006. Esa noche fría Yulia se encontraba sentada en un mueble dentro de su camerino, en un estadio en San Petersburgo. Faltaban algunas horas para su concierto. Ella no paraba de pensar en Lena. Ocasiones como esa siempre las había vivido junto a su antigua compañera, pero ahora estaba sola. Lo único que la llenaba era el dolor por no tenerla junto a ella. Esa mujer me la quitó, pensaba Yulia mientras sacaba un viejo corte de periódico de un bolsillo de su ropa. Ni siquiera sabía porque guardaba ese corte, pero así era. Cada vez que lo veía sentía el mismo martirio de cuando lo leyó por primera vez.

3 de noviembre de 2006
Lena Katina Contrae Nupcias en Holanda
Por A.F.A.

La famosa antigua integrante del dúo t.A.T.u., Katina Elena Sergeevna se unió en matrimonio a otra mujer durante el pasado día. Tras la ruptura con su ex-pareja, Yulia, Volkova, Katina había comenzado a salir con la joven empresaria Evgenia Rudnikova, a la que conoció durante su estancia en prisión. El matrimonio fue llevado a cabo en Holanda, donde existen leyes que legalizan la unión de parejas homosexuales, así como la adopción de niños para dichas parejas. La ceremonia fue muy simple y solamente asistieron algunos familiares y amigos cercanos de la pareja…

El sonido de la puerta al abrirse provocó que Yulia guardase de prisa el corte de periódico.
- ¿Yulia? No esperaba que estuvieras aquí tan temprano - comentó Iván, quien acababa de entrar al lugar.
- Eh… Llegué más temprano para ir ubicándome - dijo Yulia - Es que me siento algo extraña. Es la primera vez daré un concierto yo sola.
- Ya mismo llega el equipo de maquillaje y los de vestuario… Y ten ánimo Yulia, que ya verás la sorpresa que te espera.
- ¿Sorpesa?
- Una sorpresa en el escenario.

El gran momento llegó. Después de que la gran pantalla colocada cerca del escenario mostrara los dos últimos videos musicales de Yulia, la grabación de una sesión de fotos y otras imágenes del momento en que la joven grababa algunas canciones, ella salió al escenario.

Vestía de blanco por completo, excepto sus guantes negros y una corbata del mismo color. Yulia miró al público y saludó con entusiamo fingido. Se sorprendio al ver tantos miles de personas aglomeradas y locas por escuchar su música. Después de pronunciar algunas palabras y hacer uno que otro comentario bromista y de doble sentido, para encender los ánimos, Yulia se dirigió hacia su piano. Este era un piano lujoso, blanco y de estilo clásico; merecedor de los gandes maestros.

Se quitó los guantes con la misma clase que lo habría hecho en sus tiempos el gran Chopin, al mismo tiempo en que decía al público (refiriéndose a los guantes):
- Ya saben… Si tocara el piano con los guantes sería como cubrir mis manos en cartón al hacer el amor a una hermosa mujer.
El público rió por el comentario y minutos más tarde estaban disfrutando de la música de la joven de ojos azules.

Yulia tocaba una pieza musical y luego otra cantada, las iba alternando. En medio de la qinta pieza apareció una sorpresa en el escenario. Era un hombre mayor al que Yulia reconoció como a Petlev, fundador de la “Orquesta Nacional Rusa” y el pianista más elegante de los actuales pianistas rusos. La cara de asombro de Yulia fue tan graciosa que el viejo músico rio. Era esa la sorpresa de la que había hablado Iván. ¿Pero cómo demonios Iván consiguió que él se presentara? Las influencias del productor eran mayores de lo que Yulia suponía. Petlev acompañó a la joven en varias canciones.

Más tarde a mitad del concierto Yulia, se fijó en una persona de la segunda fila. Era una mujer que por su atuendo parecía estar disfrazada: ropa holgada, su cabello cubierto por completo por una gorra y unas gafas oscuras. ¿Qué clase de persona usaría gafas de sol en la noche y en un lugar como ese? Solamente los artistas, los idiotas o alguien que no quiere que le reconozcan. De inmediato a Yulia se le aceleró el corazón. Sabía quién era. Entonces Yulia dijo:
- Toda esta música… ¡Mi música! Todo este sentimiento que quedó plasmado en ella… Se los dedico al amor de mi vida… porque siente lo mismo… y sé que me escucha.

El concierto culminó exitosamente. La joven se despidió y abandonó el escenario. De inmediato Yulia se acercó a sus guarda espaldas y le pidió a uno que siguiera a la extraña mujer de la segunda fila.

Casi cuarenta minutos más tarde Yulia estaba en su camerino cuando su celular sonó. Era el guarda, que le estaba avisando que aquella mujer estaba entrando a un café. Yulia esperó unos minutos más, en lo que se calmaba la gente que había salido del concierto y luego salió por la parte de atrás. Abordó un automóvil sencillo para pasar desapercibida y le dijo a su chofer que la llevara a aquel café.

Yulia viajaba en un auto modesto cuando llegó cerca de aquel café. El chofer se detuvo y la joven bajó. De inmediato vio a quien buscaba, a Lena. La pelirroja acababa de salir del café y caminaba hacia una esquina, al parecer a detener un taxi.

De inmediato Yulia la alcanzó, sin que Lena se diera cuenta. La de ojos azules estaba caminando a la par con Lena, cuando de repente le dijo:
- Te esperé y no me buscaste.
Lena miró asustada y se dio cuenta de quién estaba junto a ella.
- ¡Yulia! ¿Cómo es que…
- ¿Pensaste que unas gafas oscuras y esa gorra te iban a ocultar de mí? - preguntó Yulia al tiempo en que se paraba frente a la pelirroja, para que esta detuviera el paso.
- Dijiste que me buscarías - repitió la rubia.
- Lo intenté pero no pude. No contaba con el accidente de Evgenia…Tú prometiste que si yo no te buscaba, me buscarías tú.
- Lo hice… Te busqué justo antes de irme. Iván me hizo el favor de decirme que estabas en casa de tus padres. Fui… Pero cuando llegué te vi con ella. Ella estaba en una silla de ruedas, parece que recién habían bajado del auto. Tú la estabas besando… ¡No lo soporté y me fui! - guardó silencio por un momento, mientras Lena la miraba confundida - Necesitamos hablar.
- No puedo, Yulia.
- ¿Entonces a que has venido?
- Necesitaba verte una vez más.
- Pues aquí parada me quedo hasta que hablemos, y si caminas y te alejas te seguiré. Si tomas un taxi también te seguiré.

Lena suspiró y miró a su alrededor. Había gente circulando y pronto podrían darse cuenta de que eran ellas las que estaban en la acera.
- Está bien… Pero hablemos en otra parte - sugirió Lena.

Entonces Yulia le indicó el auto en el que había llegado. Le pidió al chofer que se bajase un momento, en lo que hablaba con Lena. Ellas entraron al auto. Yulia sacó un recorte de periódico y se lo entregó a Lena. La pelirroja vio lo que era y la vergünza la hizo bajar la mirada.

- ¡¿Porqué demonios hiciste eso?! - exigió saber Yulia.
- Yulia, discúlpame - le rogó Lena, quien tomó las manos de la rubia entre las de ella.
- ¡Oh Lena, no imaginas cómo me sentí al leer esto! ¡Ni te dignaste a darme una llamada! Tan siquiera me hubieras enviado un mensaje con Iván para amainar el golpe - decía Yulia - Lena, ¿porqué? ¡¿Porqué te tuviste que casar con esa mujer?! ¡Tú no la amas!
- Yulia, tú no sabes lo que siento por ella.
- Pero sí sé lo que sientes por mí… Estás aquí, viniste a verme y eso me dice algo. ¡Me amas tanto como yo a ti! Tu precensia me lo dice y tu mirada me lo confirma.
- Le prometí que no le rompería el corazón.
- Si ella te ama, te liberará de esa promesa. ¡Porque tú no sientes nada por ella! ¡Tú sientes por mí, me amas a mí! ¡Anda, atrévete a negarlo!

La pelirroja se quedó callada. Entonces Yulia se acercó aún más a ella. Buscaba sus labios. Lena no hizo nada para detener aquel beso, sino que contribuyó a encender la llama de la pasión en Yulia. El beso se tornó tan profundo que las manos de Yulia comenzaron a deslizarse por otras partes de Lena. Entonces la pelirroja decidió detenerse.

- Basta - dijo Lena en un suspiro, mientras se acomodaba la ropa.
- No… Tú me amas.
- Te amo, Yulia. Jamás he dejado de hacerlo… Pero por ella también siento algo - comentó avergonzada Lena.
- Sí… Sé exactamente lo que sientes por ella… Esa mujer estuvo contigo en todo momento: te protegió en prisión sin aceptar nada a cambio, te consoló cuando tú pensaste que yo te engañaba, se convirtió en tu confidente. ¿Sabes lo que es ella?… ¡Ella es tu mejor amiga!… Es una amiga con quien te acuestas, a quien acaricias y besas. Es una amiga que se te pareció a mí desde un principio… ¡Una amiga con quien te sientes en deuda moral y a quien como tú misma has dicho le has hecho una promesa! ¡Pero no la amas en la forma en que se debe amar a una pareja! ¡Amistad, una promesa y deuda moral es lo único que te une a ella!

Lena comenzó a temblar y en menos de un segundo Yulia se dio cuenta de que su antigua compañera estaba sollozando. La joven de ojos azules la abrazó para consolarla.
- Le… le… dije que la amo - confesó Lena entre sollozos - Se lo he… dicho muchas… veces. Y lo dije… porque lo sentí.
- ¡Mierda, Lena! ¡Dime exactamente lo que sientes por ella! - dijo Yulia desesperada, mientras volteaba el rostro de Lena para que quedaran mirándose a los ojos.
- La quiero, pero no como a ti - confesó Lena - Lo que siento por ti está más allá de esta vida o de cualquiera otra… es un amor que no tiene principio ni final. Siempre te he amado y no dejaré de hacerlo.

Yulia se sintió aliviada y de nuevo acercó sus labios a los de Lena. La besó y luego le dijo:
- Entonces déjalo todo… Vente conmigo, Lena. Ella te entenderá… Si te ama, querrá lo mejor para ti. ¡Ven junto a mí y hagamos que todo sea como en años atrás!

Lena rompió el abrazo y le dijo en un suspiro:
- Esos años ya pasaron... Ahora no puedo dejarla. Hace meses le prometí no lastimarle el corazón. No pienso romper mi promesa, al igual que ella no rompió la de ella.
- ¿Cuál promesa?
- Estar siempre que la necesitase.
- Entonces… ¿Qué se supone que pasará de ahora en adelante? ¿Te… te estás… despidiendo de mí? - el rostro de Yulia se volvió pálido y lleno de temor.

Lena le contestó con un beso en el cual le entregó a Yulia todo su ser. Era un beso cargado de ternura, de pasión, de las imágenes del ayer, de la música que compartieron y del sabor de sus labios. Yulia cerró los ojos y se dedicó a sentir… Sólo a sentirla a ella. Lena llenó el rostro de su amor con besos cálidos y luego dijo:
- Adios.
- Se te olvida algo - le dijo Yulia.
- ¿El qué?
- Devolverme mi corazón - decía en voz baja Yulia, ya que sentía incontrolables deseos de estallar en llanto pero se contenía - Tienes mi corazón… ¿Cómo se supone que viviré si no lo tengo yo? Ya nada latirá en mi pecho.
- ¡Oh, mi Yulia! Tú eres fuerte… no como ella - comentó la pelirroja, al mismo tiempo en que secaba las lágrimas de los ojos de su amada.

Lena le dio un último beso, bajó del auto y siguió caminando. Yulia no la detuvo, sino que permaneció mirándola hasta que la pelirroja tomó un taxi y se marchó. Luego se reclinó del espaldar del asiento, se llevó las manos al rostro y se ahogó en su propia desesperación.

Lena acababa de llegar al hotel en el que se estaba hospedando. Subió a su habitación y se cambió. Ya con su ropa de dormir se fue a la cama. Yulia… ¡Cómo amo a esa mujer!, pensaba Lena. ¿Habré hecho lo correcto? Dios, ¿porqué me pasan estas cosas a mí?… No tengo fuerzas para dejar a Evgenia… Ella es tan frágil en su interior, aunque quiera ocultarlo lo sé. Soy su única familia… No puedo dejar que sufra por mi culpa.

Los pensamientos de Lena se dispersaron y sucumbieron ante el sonido del teléfono. Estiró el brazo y contestó algo asustada, ya que una llamada a esa hora le hacía pensar que no era para nada bueno.
- ¿Diga?… ¿La señora Evgenia quiere verme?… ¿Pasó algo malo?… Oh, gracias al cielo… Sí, déjela subir.

Lena colgó el teléfono y no dejó de salir de su asombro. ¿Evgenia en San Petersburgo, y a esa hora? Se supone que está en Reino Unido… en un viaje de negocios. ¿Qué hace aquí?, se preguntó Lena. La pelirroja recordó cuando hacía exactamente una semana, Evgenia le avisó que tenía que viajar por asuntos de negocio. A Lena le estuvo muy extraño el asunto, ya que recientemente se habían casado y su pareja había estado insistiendo mucho anteriormente en el viaje de luna de miel como para que de repente pusiera prioridad a un viaje de negocios. Evgenia tampoco le insistió a Lena en que la acompañase, lo que le estuvo más extraño e Lena. Pero la pelirroja no dijo nada; solamente se había limitado a decirle a Evgenia que de no ser por una convención de psicología que se estaría llevando a cabo ella la acompañaría (aunque en realidad lo que Lena planeaba era asistir al concierto de Yulia).

El timbre sonó y Lena se apresuró a abrir la puerta.
- Evge…

Minutos antes el auto en donde viajaba Yulia se estacionó frente a un lujoso hotel. La joven mujer bajó y entró al mismo. Fue a donde el recepcionista y dijo:
- Buenas noches. ¿Me podría indicar si es aquí donde está alojada la Señora Elena Katina?
- Sí, señorita… Precisamente la Señora Elena Katina de Rudnikova acaba de entrar - le indicó el empleado - Eh… Disculpe, ¿es usted Yulia Volkova?
- No - contestó riendo Yulia - Siempre me confunden con ella. Pero no creo que a estas horas ella estaría por aquí sin ningún tipo de seguridad… Ya sabe como están las cosas.
- Eso sí… ¡Bueno, la confundí porque se parece usted en demasía! Y como ella acaba de dar un concierto por aquí cerca… ¡Es usted su doble! ¡Idéntica!

Que idiota este hombre, pensó Yulia.
- ¿Podría subir al cuarto de Elena Katina? - preguntó Yulia.
- Primero tengo que avisarle a ver si quiere recibirla - anunció el hombre - ¿Quién le digo que la busca?
- Eh… Evgenia.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:25

El hombre llamó por teléfono a la habitación de Lena. Luego le dijo a Yulia:
- Puede subir… Es la suite 515.
Yulia tomó un ascensor y subió hasta el piso en que se hospedaba Lena. Rápido encontró la habitación y presionó el timbre. La puerta se abrió y Yulia vio la hermosa figura de Lena.
- Evge…
- Soy yo - dijo Yulia - Tuve que decir que era ella para que me permitieras subir.
- Yulia… ¿Qué estás haciendo aquí? - preguntó la pelirroja, sin salir de su asombro.
- Vine a hacerte sentir todo lo que me está quemando por dentro - le contestó Yulia.

Las palabras de Yulia tuvieron su efecto en Lena, a quien se le aceleraron los latidos del corazón y no supo qué decir. Yulia de inmediato encontró su oportunidad para pasar a la suite.
- No, Yulia… ¡Por favor vete! - le rogó Lena, aunque estuviese consciente de que deseaba lo contrario - Pensé que todo había quedado claro.
- ¿Me amas? - le preguntó Yulia, al acercarse a ella y acariciarle el cabello.
- Sí.

La joven rubia cerró la puerta. Luego comenzó a acercar sus labios al cuello de Lena, pero sin llegar a besarla. La pelirroja no dejaba de temblar al sentir el aliento de Yulia muy cerca de su cuello.
- ¿Me deseas? - le susurró al oido Yulia.
- Oh… Oh, Dios, te deseo - le respondió Lena cerrando sus ojos y sin dejar de sentir un cosquilleo por varias partes de su cuerpo.
- ¿Estás segura? - Yulia colocó un brazo alrededor de la cintura de Lena para atraerla hacia sí. Luego comenzó a besarle el cuello.
- Sí.
- Entonces sigues siendo solamente mía - le susurró Yulia.

La de cabello rubio comenzó a besar más apasionadamente a Lena.
- No puedo - decía Lena, quien en un principio se oponía a los besos de su antigua compañera.
- ¿Es por esto? - preguntó Yulia, al tomar de una mano a Lena y sacarle del dedo el anillo matrimonial. Lo arrojó en el suelo y siguió besando y acariciando a Lena. Entonces notó el camafeo dorado que Lena tenía en su cuello. Yulia le quitó la cadena.
- Dámelo - le pidió Lena.
La joven de ojos azules no quiso escucharla, sino que miró las pequeñas fotos que había en la prenda (una de Lena y otra de Evgenia) y partió la misma en dos mitades, que arrojó al piso. Lena la miró confundida, sin saber qué decir.


Yulia arrinconó a Lena de la pared más cercana y se dispuso a besarla. Le tomó por las muñecas porque Lena forsejeó por un segundo. Se miraron por un momento.
- Dime si una mirada de ella te hace sentir así… como la mía - susurró Yulia.
- No...

Dentro de pocos segundos era Lena la que se encontraba besando apasionadamente a Yulia. Parecía una batalla de besos y caricias donde ambas deseaban tener el control. Lena comenzó a quitarle el abrigo a Yulia; después empezó a desabotonarle la blusa, pero antes de que le quitara la ropa Yulia volvió a sujetar las manos de Lena, indicándole con esto que ella quería guiarla. Lena cedió.

En uno segundos Yulia empezó a quitarle la parte de arriba de la pijama de Lena, ésta subió los brazos para colaborar con la rubia. Ya teniendo la piel de Lena a su completa disposición, Yulia comenzó a besarla por los hombros, hasta ir bajando lentamente hacia los redondos senos de la pelirroja. Allí detuvo sus besos y caricias; se dedicó a “jugar” con ellos, mientras sentía los gemidos y la respiración agitada de Lena. La pelirroja, mientras, se recostaba con fuerza de la pared porque sentía que ya no tenía fuerzas para seguir de pie.

- Gritarás mi nombre… una y otra vez - dijo Yulia.
- Oh… Dios… Yulia.
La chica rubia iba recorriendo con su boca desde los senos de Lena hacia el sur. Estaba llenando de besos toda la región abdominal de la pelirroja, y de vez cuando Lena podía sentir la lengua de Yulia jugar con su piel.

Yulia se arrodilló por completo y comenzó a bajar los pantalones pijama de Lena. Se los quitó y los arrojó a un lado, al igual que había heho con la otra parte de la pijama. Entonces sus caricias pasaron a los muslos de Lena, especialmente la parte interior de estos. Lena empezó a sentir los besos de Yulia por sus muslos, que iban subiendo cada vez más. Casi pensó perder el control al sentir la respiración de Yulia entre sus piernas, pero la rubia no se detuvo allí si no que volvió a besar el abdomen de Lena hasta seguir subiendo por su piel.

Yulia volvió a ponerse de pie y llevó sus labios a los de Lena, luego a su cuello… a toda la piel disponible. Una de sus manos se dedicó a “trabajar” con los senos de Lena, mientras que su otra mano se fue introduciendo poco a poco por la ropa interior de la pelirroja. Se detuvo por un momento y luego le quitó la prenda a Lena, dejándola completamente desnuda. La rubia sentía el movimiento de las inquietas caderas de Lena, mientras ambas se decían frases amorosas y pasionales al oído, que aunque entrecortadas entre ellas se entendían muy bien.

Al sentir la mano de Yulia entre sus piernas, el cuerpo de Lena se estremeció aún más. Sentía sus caricias que la llevaban al máximo éxtasis. De vez en cuando Yulia apagaba sus gemidos placenteros con un beso en la boca.
- Yulia… Yulia… Ahora - decía Lena con voz entecortada.
- ¿Ahora qué? Quiero que me pidas lo que quieres - susurró Yulia, sabiendo muy bien lo que Lena quería - dime, Lena. ¿Qué quieres?
- Tú…. ¡Oh Dios!… lo sabes… A ti - logró decir Lena entre gemidos.

Entonces la pelirroja sintió cómo los dedos de Yulia se alojaban en su interior, y la hacían llegar a sentir una especie de electricidad placentera… Como la explosión de supernovas que unen almas y hacen que un ser se vuelva uno… Yulia la llevó a esa dimensión que solamente conocen dos seres que se aman; donde son sus corazones los que hablan; donde el placer físico se vuelve la expresión de un sentimiento puro… En aquella dimensión estaban ellas.

- Déjame ver tus ojos… ábrelos - le pidió Yulia.
Por un momento Lena dejó ver us órbitas verdes, pero sus párpados volvieron a cerrarse de inmediato.

Lena había arqueado su espalda y Yulia sentía cada uno los espasmos de esta. El brazo libre de la rubia tenía fuertemente sujetada por la cintura a Lena, para que no cayera al piso ya que ahora parecía no tener nada de fuerza en las piernas . Con respiración entrecortada Lena pronunciaba una y otra vez el nombre de su amante. Yulia le respondía con dulces “te amo”.

Ahora la rubia se encontraba abrazando a Lena, esperando a que terminasen sus espasmos. Lena recostó su cabeza del hombro de Yulia. Estaba aferrada a ella como si quisiese que el momento durara para siempre. Cuando su respiración se fue calmando le empezó a decir y a repetir a Yulia “te amo” tantas veces que fueron incontables.

Yulia tomó delicadamente la barbilla de Lena, le enderezó el rostro e hizo que esta la mirara a los ojos una vez más. Le regaló una sonrisa a Lena. La pelirroja hizo lo mismo y Yulia notó la satisfacción en su rostro. Se besaron tiernamente. No se dijeron nada, no necesitaban hacerlo. Lena volvió a reclinar su cabeza sobre el hombro de Yulia.

Estuvieron así hasta que la rubia levantó el cuerpo desnudo de Lena y la cargó hasta donde estaba la enorme y cómoda cama. La recostó allí y acto seguido se acostó junto a ella, de manera que quedaran de frente. Cada una miraba directamente los ojos de la otra.
- ¿Estás enojada conmigo? - preguntó Yulia al entrelazar sus dedos con los de Lena.
- ¿Porqué lo preguntas? - se extrañó Lena, quien había comenzado a acariciar mechones del cabello de Yulia.
- Por que al principio tú no querías hacer…

Lena la calló con un beso en los labios. A Yulia le quedaba más que claro que Lena no estaba enojada, ni se enojaría. De repente los besos de Lena se comenzaron a intensificar. Le comenzó a quitar la blusa a Yulia, no tuvo que abrir los botones ya que hacía rato lo había hecho. Los labios de Lena recorrían el cuello de Yulia, sus mejillas, su cuello, hombros…y seguían bajando por la suave piel hasta llegar a sus senos.

Las efectivas caricias de Lena se detuvieron a jugar con lss pequeños senos de Yulia. La humedad de sus besos los adornaba, mientras Yulia pronunciaba algunas frases que parecían oraciones religiosas. Luego las caricias y besos de Lena se fueron alejando de los senos de Yulia, y continuaron descendiendo por la piel hacia el sur. Llegó el momento en que Lena se arrodilló en la cama. El cuerpo de Yulia quedó entre las piernas de la pelirroja, quien comenzó a desabrochar el pantalón de aquella. Lo haló hasta quitárselo y acto seguido lo tiró a un lado. Lo mismo hizo con la ropa interior de Yulia.

Lena le dijo a Yulia que se volteara, y esta lo hizo. Así que comenzó a besar la espalda de la chica de ojos azules. Yulia estaba con los ojos cerrados, entregada por completo al placer; a veces sentía una que otra suave mordida en su hombro y otras veces sentía la lengua de Lena humedecer su piel.

La vista de Lena se fijó en un nuevo tatuaje de Yulia. La rubia tenía tatuado en su nalga izquierda el nombre de Lena. Una mano de esta bajó hacia allá y acarició el tatuaje, luego sus labios siguieron la muestra de afecto.
- Lo tengo hace casi un año - dijo Yulia refiriéndose al tatuaje, al sentir que Lena la besó en él.

La pelirroja no dijo nada sino que le indicó a Yulia que se volviera a voltear. Esta lo hizo y volvió a cerrar sus ojos. El éxtasis se fue apoderando de ella al sentir que los besos y caricias de Lena volvían a viajar la ruta que anteriormente habían viajado, pero esta vez empezaban a bajar de la cintura. Sintió los labios de Lena sobre su pubis, mientras esta le acariciaba las piernas.

Poco tiempo después Yulia había perdido la noción de todo. Lo único que estaba sintiendo era cómo su ser volvía a viajar hacia aquel lugar en donde había estado hacía unos minutos junto a Lena; aquel lugar a donde sólo tienen entrada las almas que se aman. Sentía cómo espasmos eléctricos , pero placenteros, se apoderaban de todo su cuerpo sin que ella pudiera hacer algo, al momento en que arqueaba su espalda. Comenzó a pronunciar el nombre de Lena entre frases de amor entrecortadas y una respiración en extremo agitada, mientras apretaba con fuerzas las sábanas entre sus manos. Por un momento abrió sus ojos y miró la cabeza de Lena entre sus piernas.

Momentos después Lena se recostó junto a Yulia y la abrazó, sintiendo como la respiración de la rubia iba volviendo a la normalidad. Los ojos azules de Yulia estaban cerrados y ella parecía algo exhausta.
- Te amo - le susurró Lena.
- Yo también a ti - contestó Yulia, abriendo sus ojos. Calló por un instante, hasta que un pensamiento la inquietó - No quiero que me dejes.
- Shhh… No pienses en eso - Lena le selló los labios con un beso.

Estuvieron mirándose por minutos, solamente sonriendo y diciéndose cuánto se amaban. Luego Lena recostó su cabeza cerca del pecho de Yulia. Haló una frasada para cubrir a ambas del frío. Yulia se puso a jugar con el cabello de Lena y esta se puso acariciar a Yulia. Ambas cerraron los ojos y se limitaron a sentir su cercanía.
- Estoy fuera de forma - pensó en voz alta Yulia, sin dejar de acariciar los risos de Lena.
- ¿Desde cuando no lo hacías? - preguntó la pelirroja, volviendo a mirar a los ojos de Yulia.
- Desde ti… No había podido hacerlo… hasta ahora.

Lena volvió a besarla en los labios… Las próximas horas las convirtieron en un pequeño maratón de orgasmos, hasta que quedaron vencidas por el sueño y el cansancio.

Yulia Volkova se encontraba despertando de su letargo. Ya era mediodía. Las horas pasadas con Lena habían sido mágicas para ambas, no por el aspecto físico sino por lo que sentía la una por la otra. Aún con sus ojos cerrados la joven mujer ya estaba despierta y consciente. Su ser estaba envuelto en la misma sensación de las horas anteriores.

Los pulmones de Yulia se embriagaron del olor imperante en la habitación: era el olor natural de Lena que Yulia tanto amaba, mezclado con un olor a sexo y a perfume, el perfume que usa Lena. Yulia se dispuso a echarle el brazo a Lena, abrazarse a ella. En cuanto lo hizo su brazo solamente sintió el espacio vacio del lado de la cama que había utilizado la pelirroja durante la madrugada pasada.

La joven cantante sintió un escalofrío doloroso recorrerle la piel, era el temor. En cuanto abrió sus ojos vio justo lo que temía: Lena se había ido y en su lugar solamente había una pequeña nota. Yulia se sentó y la leyó. Decía: “Dame dos días. Si en dos días no recibes noticias de mí, entonces y sólo entonces te devuelvo tu corazón”.

Yulia permaneció con la mente en blanco durante unos minutos. No sabía si estaba dolida, enojada o ambas cosas. Había estrujado la nota y la mantenía en su puño cerrado. Suspiró profundamente unas cuantas veces y se llevó las manos al rostro.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:29

Capítulo XXI

Lena Katina sacó las llaves de su bolso y abrió la puerta de la enorme casa en que vivía junto a Evgenia. Habían estrenado la casa justo después de casarse y se encontraba ubicada en uno de los mejores vecindarios del centro de Moscú.

La pelirroja entró y se recostó de la puerta. Se encontraba en un estado de confusión en el que jamás había estado antes. Una y otra vez le pasaba el mismo pensamiento por la mente: se había convertido en lo que una vez pensó que era Yulia, en la razón por la cual terminó con esta. Se había convertido en una infiel y ahora la culpa la estaba matando. Pero aún así no podía dejar de sentir lo que sentía por Yulia. Lo peor era que también sentía un fuerte lazo con Evgenia, aunque estuviese segura de que no era igual a lo que sentía por Yulia.

Lena entonces se dirigió a su cuarto y se tiró a llorar sobre la enorme cama matrimonial. Estuvo en ese estado hasta que ya no le salieron más lágrimas y se quedó dormida.

Despertó horas después. Era de noche, la noche después de su infidelidad. Lena se levantó con dificultad, ya que se sentía extremadamente cansada. Fue hasta el baño y se mojó el rostro. Luego volvió junto a la cama y sacó el celular de su bolso. Debo terminar con esta situación de inmediato, pensó Lena. No puedo seguir así… Debo tomar una desición. Marcó un número que conocía muy bien de memoria.
- ¡Bebé! - le contestó la voz de su esposa.
- Necesito que vengas - le dijo Lena.
- Mi amor, ¿qué sucede? - le preguntó alarmada Evgenia - ¿Pasa algo malo?… Lena, ¿estás llorando?
- No… Todo está bien… No estoy llorando. Sólo quería escucharte… ¿No podrías regresar ya? - preguntó la pelirroja en tono de súplica.
- Pero, mi vida… Sabes que estoy trabajando y…

Evgenia entró silenciosamente a su hogar en Moscú. Había tomado el primer vuelo disponible a Moscú después de haber recibido aquellla llamada por parte de su esposa. Colocó en una esquina su equipaje y unos paquetes que traía. En cuanto encendió la luz vio a Lena dormida en el sofá. Su esposa estaba en pijamas y arropada con un covertor suave y tibio.

La joven de cabello castaño evitó hacer ruidos, ya que era de madrugada y no quería despertar a la otra. Sintió unos enormes deseos de besar apasinadamente a Lena, pero se contuvo y lo único que hizo fue acercarse a ella y besarla tiernamente en la frente. Después fue a la habitación de ambas y abrió la puerta.

Se volvió a acercar a Lena y la tomó entre sus brazos para cargarla hasta el cuarto. Lena despertó cuando su compañera la llevaba por las escaleras. La pelirroja miró confundida, porque aún estaba somnolienta.
- Soy yo, amor - Evgenia sonrió al ver la expresión de Lena.
La pelirroja se abrazó con fuerza a su esposa y volvió a recostar la cabeza en el hombro de esta.
- ¿Qué? ¿No me dices nada? ¿No tienes un beso para mí por ahí guardado? - preguntó Evgenia al llegar al piso de arriba.

Al llegar frente a la puerta de la habitación, Lena besó los labios de su esposa.
- Sabía que vendrías - le sonrió Lena.
- ¿Me estabas esperando? - le preguntó Evgenia al colocarla sobre la cama.
- Sí… Por eso me fui a dormir al sofá; para despertarme cuando llegaras.
- ¿Porqué tan segura de que vendría? Te había dicho que estaba trabajando - la mujer de ojos azules comenzó a acariciar la piel de Lena.
- Siempre estás junto a mí cuando te necesito.
- Porque te amo.

Aquella mirada de amor mezclada con deseo por parte de Evgenia no fue desapercibida por Lena.
- Me asusté cuando llamaste… Me pareció que llorabas - comentó Evgenia, quien se había sentado junto a Lena y le acariciaba el cabello.
- No estaba llorando… Solamente me sentía un poco mal.
- Entonces mañana mismo iremos a ver al doctor - se preocupó Evgenia - No quiero que te enfermes.
- No es eso… No me sentí mal de salud… Es sólo que… Nesecitaba verte. Quería que estuvieras aquí… conmigo.
- Yo también necesitaba verte… Más que verte necesitaba sentirte - al decir esto acarició con su índice los labios de su compañera.

Esta delicada caricia hizo que Lena cerrara los ojos por un instante. Lo que causó que Evgenia reemplazara aquella caricia de su mano con la de sus labios. Lena permitió que los labios de aquella jugaran con los de ella. Después de una suave mordida a los rojos labios de la pelirroja, los labios de Evgenia se mudaron al cuello de su compañera. Los susurros y la respiración cálida de Evgenia sobre la piel de Lena resultaban irressistibles para esta.

Evgenia acomodó delicadamente a Lena en el centro de la cama, y luego se posisionó sobre esta. Durante todo el día Lena se la había pasado pensando en la mejor manera de enfrentarla y confesarle que seguía amando a Yulia. ¿Pero cómo? No había “mejor manera” para esa clase de confesiones. Además, ¿cómo hablarle sobre algo así cuando la misma Lena sentía algo tan fuerte por Evgenia? ¿Qué clase de amor es?, se había preguntado Lena. ¡Sé que la amo! ¿Pero cómo?… Amo a Yulia como mujer… ¿A Evgenia como amiga?

La pelirrroja se había entregado de tal manera a las caricias de Evgenia que le había vuelto a pronunciar la frase “te amo” más de una vez, pero no fue hasta que escuchó la respuesta de los labios de su esposa que se dio cuenta de lo que había vuelto a decir.
- También te amo - le respondió Evgenia sin apartar sus labios de la piel de Lena.

Los brazos de la pelirroja sujetaban con fuerza el fuerte torso de la otra. En cuanto sintió que Evgenia deslizaba una mano para quitarle la ropa, la mente de Lena comenzó a llenarse de imágenes de ella y Yulia durante la noche anterior. En lugar de la voz y la respiración de Evgenia, Lena sentía como si fuese Yulia la que le hablase, la que le hacía erizar la piel con su respiración.

Lena comenzó a apartar de sí a su esposa, con cierta delicadeza. Evgenia estaba tan entregada a la pasión que no pareció darse cuenta y siguió besándola.
- Evgenia… No puedo… No… - le decía Lena.
La pelirroja la apartó de sí y Evgenia permaneció sentada sin enterder la actitud de Lena. La mujer de ojos zaules parecía asustada por la actitud de su esposa. Era la privera vez que les pasaba algo así y Evgenia no sabía cómo reaccionar.
- ¿Qúe.. qué pasa… Lena? - preguntó confundida la de ojos azules.

La joven de ojos verdes entrelazó las manos con las de su esposa y le dijo:
- Es sólo que me duele la cabeza.
- Ehh… Bien, yo… Eh… Mejor voy a… darme un baño y a cambiarme. Tú descansa. Será mejor que… duermas - dijo Evgenia al ponerse de pie.
Fue a buscar ropa de dormir y se dirigió al cuarto de baño. Estando allí asomó su cabeza por la puerta y le preguntó a Lena si quería que le buscase una pastilla para el dolor. Al recibir una respuesta negativa volvió a entrar.

Minutos más tarde salió bañada y en ropa de dormir. Vio que Lena estaba sentada, abrazando sus rodillas.
- ¿No puedes dormir?
- No - le contestó Lena.
- Yo tampoco tengo sueño - confesó Evgenia - Iré por un vaso de leche a la cocina… ¿Quieres?… ¿Quieres que te traiga algo?
- No, gracias.

Momenstos después Evgenia volvió a entrar a la habitación, cargando una diminuta maleta del equipaje que había llevado en su viaje, junto con otro paquete. Colocó la pequeña maleta en una esquina y le entregó el paquete a Lena, sin antes decirle:
- Te traje un regalo.
Lena sacó lo que había en el paquete: una esfera de cristal cuyo interior contenía la luna y las estrellas, formando una espléndida réplica de la vista celeste nocturna.
- ¡Es hermoso!
- Lo vi y pensé en ti - le dijo Evgenia - Ahora agítalo.
Lena movió la esfera y en el interior se fue tranformando la frase “No puedo regalarte la verdadera luna y las estrellas… porque tú eres mi luna y mis estrellas, pero te regalo este pedazo de cielo”. Lena no supo qué decir. ¿Cómo se supone que se deba terminar con alguien como Evgenia: alguien que solamente se dedica a amarla, a llenarla de gestos dulces y de detalles como ese? Sin contar el hecho de que estaban recién casadas.

La pleirroja miró el rostro de Evgenia y notó que esta aguardaba por algún tipo de reacción. Lena no pudo resistir aquel gesto tierno de la mujer de cabellos castaño, así que pelirroja sonrió, se paró y besó a su esposa.
- Te adoro, grandota - le dijo a Evgenia.

Ambas se acostaron en la cama. Cada una se arropó y antes de apagar la luz, Lena le preguntó:
- ¿Cómo te fue en el viaje?
- Me fue muy bien… Mañana te daré todos los detalles. ¿Y la convención de picología?
- Muy interesante… Se discutieron nuevos estudios y técnicas.

Luego se dieron las buenas noches y Lena apagó la lámpara. Pasaban los minutos ninguna podía conciliar el sueño. Lena sentía cada movivmiento de Evgenia, quien se movía más que de costumbre. Parecía inquieta. Momentos después estiró el brazo, que pasó sobre Lena, para poder encender la lámpara nuevamente.
- ¿Lena?

La pelirroja abrió los ojos y se topó con la mirada confundida y algo triste de su compañera.
- Evgenia… ¿Qué sucede?
- Es que… Te siento algo extraña conmigo, Lena. Y… bueno… Lo de tu dolor de cabeza… Siento que es otra cosa lo que tienes y… No sé si abré hecho algo malo, o quizá algo que no te gustara… Quizá hice algo y no me di cuenta y… por eso me rechazaste. Yo… Qisiera saber qué fue lo que hice para que te molestaras conmigo porque… No tengo idea - consefó la joven de ojos azules.
- ¡Por Dios, amor! ¡Tú no hiciste nada! - se apresuró a decirle Lena al mismo tiempo que le tomaba de las manos - ¡Solamente tenía un poco de dolor de cabeza, pero ya se me pasó! No estoy molesta contigo.
- ¿En serio?
- ¡Claro que no estoy molesta, amor!

Lena tuvo que besarla varias veses para que a Evgenia se le quitara ese pensamiento.
- Lena… Prométeme que cualquier cosa importante, cualquier cosa que pueda afectar nuestro matrimonio… aunque sea algo que yo haga o deje de hacer… lo que sea, mi amor… Promete que me lo dirás - Evgenia muy en su interior sentía algo extraño en el comportamiento de Lena - No te pido que me digas cosas del pasado, sino desde hoy.
Lena la miró confundida por un momnto. ¿Será que sospecha algo?, se preguntanba la pelirroja. Aunque… Es imposible, no tiene porqué sospechar nada.

- Te lo prometo - dijo al fin en voz alta la mujer de ojos verdes.
Luego Evgenia la besó y se dieron las buenas noches. Apagaron la luz y se dispusieron a dormir un poco, ya que eran las cuatro de la mañana. Lena se acostó de lado y Evgenia se acomodó justo tras ella, quedando abrazada de frente a la espalda de Lena. Su boca estaba cerca del oído de la pelirroja.
- ¿Me quieres? - le preguntó Evgenia, a manera de susurro. Lo que causó un cosquilleo en la oreja de la pelirroja.
- Te quiero, Campeona.

Lena sabía que su esposa estaba deseosa por hacerle el amor. Podía sentir lo fuerte que la abrazaba, la respiración más acelerada que lo normal, la inquietud de Evgenia. La antigua integrante de t.A.T.u. volvió a encender la luz y acto seguido se volteó de frente a su esposa. Lena observó el gesto de “cachorro triste que suplica por la atención de su amo” en el rostro de Evgenia.
- ¿Ya no te duele la cabeza?
- Ya no - respondió Lena.

Entonces Evgenia fue acercando sus labios s los de la pelirroja y se fundieron en un beso. Le precedieron caricias y más besos… Hasta hacer el amor.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:30

- Despierta, Bebé - decía Evgenia al mover a Lena por el hombro.
Al no despertar Lena, la otra se inclinó a besarle la boca. Entonces el beso hizo que Lena fuera abriendo sus ojos. Lo primero que vio fue el rostro sonriente de su esposa. Al mirar hacia el reloj que habia junto a la cama notó que eran las 9 a.m.
- ¿Dormiste bien? - le preguntó Evgenia.
- Durante el tiempo que me dejaste dormir… Sí - bromeó Lena.
- ¡Oh Vamos! Como si a ti no te hubiera gustado que no te dejara dormir - rio Evgenia.
- Ja, ja, ja, ja.

Evgenia se sentó en la cama junto a Lena y volvió a besarla. Después le señaló junto a la lámpara, sobre la mesita de noche y le dijo:
- Se te quedó en la sala… ¿Qué le pasó? ¿Porqué está roto?
Lena miró y vio que se trataba del camafeo que Evgenia le había regalado hacía tiempo.
- Se me aflojó y se me cayó durante la convención… Antes de que pudiera recogerlo del piso, al guien lo pisó - dijo Lena - Tengo que mandarlo a arreglar.
- Sé dónde lo pueden dejar como nuevo. Lo llevaré hoy en cuanto me ejercite un rato - sugirió Evgenia.
- ¿Saldrás a correr afuera o te ejercitarás en el gym de la casa?
- Saldré a la cancha de aquí cerca. Hoy me siento como para estar allá. Pero… No saldré antes de servirte el desayuno que te preparé. Precisamente por eso te despieto. ¡Así que a bañarse, dormilona! - Evgenia comenzó a desarropar a su esposa.

Lena se levantó y casi a rastras se dirigió al baño.
- Ya pronto te traeré el desayuno - sonrió Evgenia - ¿Quieres las tostadas con mermelada, mantequilla, mantequilla de maní o alguna otra cosa?
- ¡Oh cielos! Me consientes demasiado - rio Lena al asomarse por la puerta del baño.
- Ja, ja, ja. Sí, me encanta consentirte, Bebé… Creo que cuando tengamos hijos se pondrán celosos de lo mucho que te consiento.

¿Hijos? ¿Apenas se casaban y ya Evgenia estaba pensando en hijos? Lena apenas creyó lo que escuchó. Dios, no sé que voy a hacer… Ella ya tiene una vida plnificada completamente junto a mí, pensó Lena quien comenzó a preocuparse nuevamente por la desición que tendría que tomar en ese preciso día, ya que al día siguiente tendría que estar segura de con quién deseaba pasar el resto de su vida y comunicárselo a Yulia si era con ella con quien decidía quedarse.

- ¿Qué pasa, Bebé? ¿Porqué me miras así?
- Es que… Me quedé pensando en eso que dijiste… De los hijos - contestó Lena - ¿No será muy pronto para pensar en…
- ¡Despreocúpate, amor! - le interrumpió Evgenia al notar el gesto de Lena - Solamente fue un comentario. No te ocultaré que me encantaría que tuviéramos hijos… De hecho a veces pienso en una pequeña Lenita corriendo por toda la casa. ¡Y su hermanito mayor cuidándola!… Pero sé que este tema lo debemos conversar muy bien antes de tomar cualquier decisión, y querer hacerlo juntas… Bueno, creo que para eso falta mucho aún - sonrió la de cabello castaño - Así que mejor me concentro en el presente y voy por tu desayuno.

Evgenia salió de la habitación y dejó aún más preocupada a Lena, debido al rostro de emoción que notó en aquella al hablar sobre los posibles futuros hijos. Lena siempre había querido tener hijos junto a Yulia; lo había deseado con todo su corazón. Pero junto a Evgenia era diferente. La pelirroja cerró la puerta del baño y se dispuso a ducharse.
Yulia Volkova había vuelto a Moscú, siguiendo al amor de su vida. Lo primero que hizo fue ir a sonsacar a Iván para que le diera la dirección de Lena. Después de horas de seguirlo a todas partes, Iván se hartó y le dio la dirección.

Ahora se encontraba cerca de casa de Lena, pero en la calle opuesta y un tanto retirada. Sabía que Lena le había dejado dicho en la nota del hotel que le diera dos días, pero Yulia no podía quedarse de brazos cruzados. Tenía que ver a Lena y convencerla de que debían estar juntas, por el amor tan fuerte que sentían la una por la otra.

Yulia estuvo esperando durante algunos minutos. Estaba a punto de bajarse e ir a tocar frente al a puerta, pero sería una locura. No quería que en vez de Lena saliera Evgenia. Esperó unos minutos más y vio que el portón del patio se abría. Del interior salió Evgenia, vestida con ropa deportiva (pero abrigada debido al frío) y Lena, quien tenía una blusa y jeans.

La cantante observó cómo aquellas empezaban a besarse frente al portón.
- ¿Qué demonios hace? - se preguntó Yulia, casi incrédula de ver la intensidad con que Evgenia besaba a la otra mujer - ¡No lo soporto! ¡Ya suéltala! - se quejaba Yulia dentro del auto.
Luego vio cómo Evgenia se alejaba trotando, mientras Lena la observó hasta que se perdió de vista.

Lena entró nuevamente a la residencia y cerró el portón tras ella. Entonces Yulia movió el auto y lo estacionó frente a la residencia. Se bajó y se dispuso a tocar el timbre. Estaba dispuesta a hablar con Lena, pero se le ocurrió algo mejor. Iría directamente a donde Evgenia y la bajaría de su nube. Estaba tan molesta por la manera en que esa mujer había besado a Lena, que en ese momento no pensaba con claridad. Esa mujer va a saber que Lena no la ama verdaderamente… Que solamente está con ella por que cree que le debe algo, pensaba Yulia al momento de volver a entrar a su auto.

Así que Yulia condujo en dirección hacia donde había ido Evgenia. La vio de inmediato y la siguió cautelosamente hasta algo que parecía ser un centro deportivo. Evgenia entró y Yulia se estacionó. Luego bajó del auto y entró a un enorme edificio en donde había algunas canchas y una mini pista bajo techo (ya que en esa época invernal era más seguro hacer deportes en interiores). Yulia la seguía de lejos, hasta ver cómo su rival se incorporaba a la pista y comenzaba a correr en círculos.

Volkova estuvo a punto de gritarle para obtener su atención pero se contuvo. Se quedó sentada sobre los “bliches”, desde donde podía observar a todos los que corrían en círculo alrededor de la pista. Permaneció con su vista fija en su rival. Notó que era muy buena; corría con gracia y estilo, aparte de que se notaba que estaba en muy buena condición física. Entonces Yulia se sorprendió al ver en la estupidez en que se estaba fijando.

De repente a Yulia le pareció como si Evgenia hubiese levantado la mirada en dirección hacia ella. No le dio importancia porque la mujer siguió trotando. Entonces Yulia se quedó pensativa. ¡Demonios! Esa mujer ni se imagina que Lena aún me ama… ¡No sé que carajos estoy haciendo aquí! No me interesa hacerla sentir mal o desquitarme con ella. Yo solamente quiero a Lena de vuelta, se decía Yulia. Se levantó y salió del lugar. Después todo había seguido a Evgenia en un momento en que los celos la dominaban y ahora lo veía como una estupidez.

Evgenia se encontraba trotando en la pista a la que a veces iba, cuando de repente levantó la mirada por que le pareció escuchar un ruido.
- Debió ser alguno de los niños que están por aquí- se dijo la mujer.
Pero al otro lado, en los bliches, distinguió una figura solitaria que le pareció conocida. ¡No es posible! ¿Qué hace justamente ahí sentada?, se preguntó Evgenia. Continuó corriendo porque le pareció ver a Yulia y no quería que esta lo notase. Cuando volvió a mirar Yulia ya no estaba.
Yulia estaba abriendo la puerta de su auto cuando sintió una mano sobre su hombro. De inmediato volteó y se topó con el rostro, algo sudado, de Evgenia.
- ¿Qué estás haciendo aquí, Volkova? - pregunto muy seria Evgenia.
- Es zona libre, ¿o no? Puedo estacionarme aquí y quedarme parada cada vez que quiera ¿O fue que compraste el área? - dijo Yulia en todo de desafío.
- ¡Vamos, mujer! Déjate de niñerías que bien sabes a lo que me refiero. No estás en este preciso lugar por casualidad. ¡¿A qué has venido hasta aquí?! - exigió saber Evgenia - ¡Déjanos en paz!
- ¿Qué ha qué he venido? Definitivamente… Por ti no es.
- Pues si vienes por Lena bájate de tu nube, Niñita. Lena y yo tenemos una vida estable juntas y lo más importante es que nos amamos.
- ¿Estás segura de que se aman o tú amas por las dos? - le preguntó Yulia.

Evgenia la miró con cierta incredulidad. ¡Qué pregunta estúpida la de Yulia!
- ¡Claro que Lena me ama, Idiota! - le contestó Evgenia con toda seguridad, totalmente convencida de lo que decía - ¿Porqué crees que está casada conmigo?
- Pregúntale a ella - le respondió Yulia.
- ¡Eres insoportable! No sé cómo alguna vez Lena estuvo contigo.
- También pregúntale eso si quieres - Yulia sonrió para enfadar a la otra.
- ¡¿Qué demonios quieres, Volkova?!
- Pues a ver… En este momento lo único que quiero es que desaparezcas de la faz de la tierra - le contestó en Yulia, para molestarla.
- Por lo visto sigues igual de inmadura que siempre, Niñita. Tienes la mentalidad de una persona de 15 años y lo peor es que no te das cuenta… Pero aún así espero que a tu pequeña mente de mime no se le ocurra ir a buscar a Lena nuevamente.
- ¿Tú me lo impedirás? - preguntó Yulia irónicamente.

Evgenia no le siguió el juego y volteó para irse. Al dar unos cuantos pasos para volver a entrar al sitio de donde había salido, se tambaleó y tuvo que sostenerse de un poste que había a su derecha.
- ¿Ébria a estas horas, Rudnikova? - le gritó Yulia.
Evgenia volteó hacia Yulia, la miró con un rostro asustado. Yulia también la miró sin entender lo que pasaba. En realidad no pensaba que la otra estuviera borracha.

La esposa de Lena comenzó a ver pequeñas luces de todos los colores, que le nublaban la visión. Acto seguido ya no vio nada más y cayó al piso. Yulia se mantuvo inmóvil por un instante. No sabía cómo reaccionar ni qué hacer. Pero después de unos segundos el susto la hizo correr hacia Evgenia y comenzar a socorrerla.
- ¡Ayuda! - gritó por si había cerca algún médico. Luego sacó su móvil y marcó al hospital para que enviaran una ambulancia.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:31

Capítulo XXII

La cabeza le dolía menos cuando Evgenia comenzó a abrir sus ojos lentamente. Su vista fue percibiendo las imágenes que la rodeaban. Vio a su derecha aparatos médicos y estaba envuelta en sábanas blancas, las paredes también descoloridas. Se dio cuenta de que estaba en un hospital. Se estuvo quieta durante un momento, mientras intentaba recordar cómo había llegado hasta ese lugar. Me desmayé y me trajeron, se dijo. ¿Quién me trajo?

De repente escuchó una voz a su izquierda. Volteó y se fijó en la precensia de Yulia, que estaba sentada en la silla junto a la cama, mientras miraba hacia la puerta de entrada del cuarto.
-¿Sí? Iván…Necesito que me des el número de Lena…¡No! ¡Demonios!…Te juro que no es para ir tras ella…Es que…
Estas palabras acabaron de despertar a Evgenia, que aún se sentía algo confua. En un abrir y cerrar de ojos estiró el brazo y de un manotazo le apartó el celular de las manos.
-¡¿Qué Demonios…?!- entonces Yulia la miró sorprendida al ver que había despertado -¡¿Porqué hiciste eso?!

Yulia se levantó de inmediato a recoger su celular, que había caído al suelo.
- Porque no necesitas ningún número de Lena -le contestó Evgenia.
- Y luego dices que soy yo la inmadura…¡Salvaje! ¿No ves que la quiero llamar para avisarle lo que pasó?
- Pues precisamente no quiero que sepa lo que pasó.
- ¡No me importa! La voy a llamar de todas manera y le diré aunque no quieras… Pero primero iré por el doctor que te atendió cuando llegaste - anunció Yulia, acercándose a la puerta.
- ¡No necesito ningún doctor!-Evgenia comenzó a ponerse de pie.
- ¡Oh claro que no necesitas ningún médico! Y desmayarse en plena calle es algo normal que nos pasa a todos a diario-comentó sarcásticamente Yulia.
- A la mierda con esto, Volkova….¿Desde cuándo te interesa mi salud? ¡Me largo de aquí!
- ¿Ah sí? ¿Te vas a ir con el trasero al aire?

La pregunta de Yulia hizo que Evgenia se fijara en la ropa que llevaba puesta: era una fina bata blanca de hospital, la cual estaba abierta por detrás y dejaba al descubierto sus nalgas.
- ¡Maldición! ¿Dónde está mi ropa?
- Voy por el médico-repitió Yulia.
- ¡Ya te dije que no! No necesito ningún médico porque sé exactamente lo que tengo.

Al decir esto Evgenia comenzó a buscar en unas gavetas que había junto a la cama. De inmediato encontró la ropa con la que la habían ingresado al hospital.
- Al menos voltéate mientras me visto-comentó Evgenia.
Yulia se volteó y le preguntó:
- ¿Qué es lo que tienes?
- ¡Maldición, Volkova! Esto no te incumbe…¡Déjame en paz! Tú lo único que quieres es buscar una manera de acercarte a Lena…hablarle, no sé.

El comportamiento de Evgenia comenzó a parecerle extraño a Yulia. El tono de voz era como si reflejara algún temor. No quiere que Lena sepa lo que pasó hoy… Entonces Lena no debe saber lo que tiene, pensaba Yulia. ¿Qué será? ¿Y si es algo contagioso? ¡Quizá sea eso! ¡Debe tener algo contagioso y no quiere decirle a Lena por temor a que la deje! ¡Oh Dios…se lo puede transmitir a Lena!..¿Y si no? Bueno…Será mejor que Lena se entere.

Cuando Yulia volteó ya Evgenia estaba vestida.
- Escucha…Dijiste que sabes lo que tienes y me parece que Lena no está enterada…-comenzó a decirle Yulia-No tengo idea de qué sea…pero no quiero ver a Lena enferma, ¿sí?…Así que aunque no quieras…Debo avisarle lo que pasó hoy.

Evgenia la miró aterrorizada, pero permaneció callada.Yulia esperaba algún tipo de respuesta, pero no obtuva ninguna. Se miraron por un momento y luego Yulia salió del cuarto. La otra mujer permaneció parada, sin saber qué hacer. Sentía que una parte del mundo caía sobre ella…y lo peor es que no podía sostenerlo.
Evgenia corrió como loca hasta llegar a la salida del hospital. Cruzó el patio y salió a la calle. En la acera notó la figura de Yulia. Un taxi se había detenido junto a esta y Yulia estaba por abordarlo. Justo cuando la antigua integrante de t.A.T.u. abrió la puerta del vehículo, Evgenia se acercaba corriendo hacia ella. Entonces le gritó:
- ¡Volkova!
Yulia detuvo sus movimientos y miró hacia sus espaldas. La vio.
- ¡Tengo un maldito tumor en la corteza cerebral!

La cantante cerró la puerta del taxi y este se fue. Entonces permaneció sorprendida mirando a Evgenia, sin poder creer lo que había escuchado. Eso era una de las últimas cosas que esperaba escuchar.
- No me mires así…No soy un fantasma-comentó Evgenia mientras se paraba frente a Yulia-Ni pienso morirme.
- Es sólo que…no sé que decir-comentó Yulia-Escucha…yo…Lo que dije hace rato sobre que…que quería que desaparecieras de la faz de la tierra…No quise decirlo… Al menos no en esa forma. Yo…yo sólo estaba enfadada y…
- Lo sé, Volkova…-le cortó Evgenia-Yo…también quiero decirte algo… Quiero agradecerte lo que hiciste por mí… Gracias por no haberme dejado tirada cuando caí al suelo. Eso me dice mucho de ti.
- Hubiera hecho lo mismo por cualquiera - comentó Yulia.
- Pero sabes muy bien que no soy cualquiera… No soy cualquiera, Volkova … Al menos no para ti.

Evgenia miró hacia el otro lado de la calle y distinguió un café.
- Está haciendo frío - comentó la esposa de Lena.
- Mucho.
- ¿Quieres un café? - preguntó Evgenia.

Yulia dudó en contestar. ¿Qué clase de situación tan extraña era esa? La esposa de la mujer que amaba invitándola a tomar un café… Fue lo menos que se imaginó que pasaría, esa mañana al despetar. Pero sabía que Evgenia no la invitaba a tomar un café simplemente porque sí. La invitaba porque quería decirle algo. Yulia quería saber lo que era.
- Está bien - respondió la rubia.
Minutos más tarde se encontraban compartiendo una pequeña mesa redonda en un pequeño establecimiento de café. La camarera les acababa de entregar la orden.
- Así que… ¿Desde cuando lo sabes? - preguntó Yulia, refiriéndose al asunto del tumor.
- Acabo de enterarme… hace un par de días - contestó Evgenia - Tuve que viajar a Londres para hacerme los exámenes… Quería estar lo más lejos posible de Rusia, para que Lena no se enterara. Ella piensa que viajé por asuntos de negocios… Por suerte ella tenía una convención a la que asistir y no insistió en acompañarme como siempre.

Al escuchar eso último Yulia se sintió mal. Sabía que Lena no hubo asistido a ninguna convención, sino que estuvo en San Petersburgo precisamente viéndola a ella.
- Ya ves… No tengo nada contagioso - comentó Evgenia - De ser así le hubiese avisado a Lena desde el primer momento. ¡La amo, Volkova! Y jamás le haría daño.
- ¿Y porqué no le dices lo que tienes? ¿Porqué no le has dicho aún? De todas formas se va a dar cuenta… si la enfermedad progresa - dijo Yulia.
- No le he dicho porque no quiero preocuparla… Y tampoco quiero sentir que mi mujer me tenga lástima - contestó Evgenia y al decir esto se encontraba mirando hacia el interior de su taza de café, esquivando la mirada de Yulia; como si con eso quisiera evitar que Yulia supiese lo mal que se estaba sintiendo - ¡Además no voy a morirme! - volvió a mirar a Yulia - He visto tres médicos allá en Londres y todos concuerdan en que el tumor no parece ser maligno… Al parecer puede extirparse.
- De todas formas es muy preligroso… Está en la corteza cerebral.
- Lo sé.

Permanecieron calladas durante un buen rato. Para ambas la situación era sumamente difícil y de cierta manera extraña. El celular de Evgenia sonó inesperadamente. Miró el número en la pantalla y contestó. Por su expresión Yulia se dio cuenta de que se trataba de Lena.
- ¿Hola?… Sí, amor… No te preocupes. Estoy bien… Sí… No he vuelto a casa porque me encontré con una conocida… Estoy en un café… Sólo conversando… Regresaré pronto… Te amo… Hasta entonces.
Evgenia colgó y casi sin darse cuenta se le escapó su media sonrisa.
- Era Lena… Quería saber porqué no he regresado a la casa - le comentó a Yulia.

Lo mismo hacía conmigo, pensó Yulia. La rubia levantó la mano y le hizo una señal a una camarera que estaba cerca. Pidió algo con alcohol pero no vendían ese tipo de bebidas en el establecimiento. Entonces se conformó con pedir otro café, lo mismo hizo Evgenia.

- Yulia… - Era la primera vez que Evgenia la llamaba por su nombre y no por el apellido. Lo que le indicó a esta que Evgenia intentaba acercarse para decirle algo - Sabes que precisamente no te invité a tomar un café para conversar como si fuésemos viejas amigas… En realidad me resulta muy difícil tenerte frente a mí
- Lo sé muy bien… Yo me siento igual.
- Primero quiero que sepas que amo a Lena con toda mi alma… Así que no me culpes por no querer que te acerques a ella… porque no concibo la idea de perderla. Sientes por ella exactamente lo mismo que yo, así que creo que me entiendes. Lena es mi todo, Volkova… Es mi todo… Desde que supe que la amo… Se volvió la dueña de mi ser. Y tú… tú te volviste en ese mismo instante mi rival… la persona que menos soporto en este mundo. El sólo hecho de escuchar tu nombre me… ¡Olvídalo!
- Descuida… Siento exactamente lo mismo que tú, con respecto a Lena y con respecto a ti.

- Pero no era eso de lo que te quería hablar sino de otra cosa…Escucha yo… Desde que te vi allí sentada, cuando yo corría por aquella pista… No pude evitar pensar en algo - decía Evgenia - Anoche cuando llegué de Londres Lena estaba comportándose algo extraña. No fue algo extremo, pero… Noté un comportamiento raro en ella. Luego te vi hoy… en aquel lugar a donde fuia correr y… De inmediato una idea inundó mi mente.

Yulia la miraba fijamente. Ya sabía por donde iba el asunto.
- Contéstame algo - le pidió Evgenia - Tú… ¿La has visto? ¿Se han visto hace poco?
La pregunta le cayó a Yulia como un una cubeta de agua helada. La rubia comenzó a mover su taza de café y luego miró hacia afuera por un momento, a través del cristal. Volvió a mirar hacia Evgenia y le contestó:
- Esa pregunta no me toca responderla a mí.

Evgenia no pudo evitar tragar saliva al escuchar la respuesta. El miedo y los celos comenzaban a invadirla. Yulia notó que se estaba volviendo algo inquieta.
- No puede ser… ¿Hablaste con ella?… Díme, Volkova.
- Te repito que esto no me toca responderlo a mí.
La esposa de Lena se quedó mirando a Yulia durante unos segundos. Al darse cuanta de que no lograría obtener una respuesta, sacó su teléfono móvil del bolsillo de una pata de su pantalón de correr. Entonces marcó un número.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   26/7/2008, 22:32

Yulia permaneció mirándola, sorprendida. No creía lo que iba a hacer.
- ¿Lena? - dijo Evgenia cuando la otra persona contestó - No… no.. Todo bien… ¡No, Lena, no! Solamente quiero saber si olvidaste mencionarme algo importante… Algo que te haya pasado hace poco, cuando yo estaba en Londres… ¡¿Estás segura, Lena?!… ¿No? - Mientras Evgenia hablaba Yulia se sentía algo mal. De repente sintió como si le estuviera quitando la esposa a una convaleciente - ¡Demonios, Lena! - gritó Evgenia enojada.

Al decir esto útimo Evgenia se levantó de la silla y salió al frente del establecimiento de café. Se alejó de Yulia.
- Te preguntaré de nuevo, Lena… Será la última vez que te pregunte - Evgenia intentaba calmar sus celos y bajó un poco la voz, mientras hablaba más despacio- ¡¿No te ha pasado nada mientras no estuve?! ¡¿No recuerdas nada?!
Evgenia dejó de escuchar a su esposa por un momento. Segundos después comenzó a escuchar los sollozos de su esposa.

Sin que aún le hubiese contestado, Evgenia ya sabía lo que Lena diría. Se sentó en los escalones, sin despegarse el celular de la oreja. Luego escuchó la voz de Lena, que le dijo:
- Vi a Yulia…
Evgenia permaneció en silencio. Sin despegarse el aparato del oído, seguía escuchando la voz de Lena, que intentaba disculparse.
Mientras Evgenia hablaba por su celular, en el exterior del local, Yulia se había quedado sentada a la mesa. Sintió que no debía seguirla. Era demasiado incómodo todo el asunto como para ponerse a escuchar aquella conversación. Yulia se enfocó en pensar en Lena, en lo que pasaría de ahora en adelante. La enfermedad de Evgenia era algo con lo que no contaba. Esa mujer se había sincerado con ella y había logrado un efecto. Pero su amor por Lena era demasiado grande. La amo con todas mis fuerzas, pensaba Yulia. Oh Lena…

De repente la voz de una mujer que había entrado al local, sacó a Yulia de sus pensamientos.
- ¡Una mujer se ha desmayado en la entrada! - gritaba la que había entrado.
Yulia se levantó de inmediato y corrió hacia afuera. Ya se imaginaba lo que había pasado.
Lena Katina se encontraba sentada en su comoda cama, en la habitación de ella y Evgenia. Estaba totalmente entregada a la lectura, ahora que sabía que Evgenia estaba bien, ya que la había llamado hacía tan sólo unos minutos y esta le había comentado que estaba en un café, charlando con una conocida.

De repente el sonido de su teléfono celular interrumpió su lectura. Tomó el aparato, que estaba junto a ella, y contestó:
- Hola, amor… ¿Te pasó algo? Suenas algo alterada… ¿Todo bien? Evgenia, me sigues sonando alterada… Amor, dime si algo te pasa.
Entonces la pregunta que recibió por parte de Evgenia la puso algo nerviosa.
- No me ha pasado nada importante… No recuerdo nada - contestó la pelirroja - No, Evgenia no recuerdo que me haya pasado algo.

Dios, no puede ser que sepa lo que pasó entre Yulia y yo… pensaba Lena. ¡No puede ser, no puede ser! Nadie lo sabe… No tiene manera de enterarse, pensaba silenciosamente. Luego escuchó que Evgenia subía demasiado el tono de voz. Sonaba muy molesta.
- No me grites.

Una última pregunta por parte de Evgenia, y Lena se sintió descubierta. La culpa la atormentaba, pero lo peor era la mezcla de sentimientos y dudas que le atravezaban el pecho. Guardó silencio por unos segundos. Podía escuchar la rspiración de Evgenia a través del teléfono. Lena no pudo más y comenzó a sollozar. Debo decirle que la vi… Aunque le diga la verdad a medias, pensaba Lena.
- Vi a Yulia - dijo al fin la pelirroja.

Lena no volvió a esuchar que su esposa hablara, pero sabía que la estaba escuchando.
- Evgenia… perdóname por habértelo ocultado… ¿Evgenia?… Evgenia…

Pasaron algunos minutos y Lena aún intentaba disculparse, pero no recibía respuesta de su esposa. De repente escuchó un ruído extraño, como si algo hubiera golpeado fuerte. Luego comenzó a escuchar muchos pasos de aquí para allá.
- ¿Evgenia? - Lena ahora estaba muy asustada por los ruídos que escuchaba del lado del teléfono donde se encontraba su esposa - ¿Amor?

Entonces escuchó el grito de una mujer que no era Evgenia, la cual parecía pedir ayuda.
- ¡¡Evgeniaaaaaaaaaa!!
Después de gritar escuchó unos pasos muy cercanos al teléfono. Luego escuchó una voz muy familiar para ella, que le decía através del teléfono:
- ¿Lena? Soy yo… Yulia…
Mientras tanto en aquel café, Yulia se dirigió a toda prisa al exterior. De inmediato se topó con la escena de Evgenia tirada en el piso y alguna gente intentanto ayudarla. Alguien ya había avisado al hospital, que quedaba justo enfrente del café. Yulia vio el celular de Evgenia tirado junto a esta. Logró escuchar una voz que había gritado del otro lado del teléfono. Se agachó y lo tomó.
- ¿Lena? Soy yo… Yulia… ¡No, Lena! No me preguntes nada. No hay tiempo para explicaciones… ¡Tu esposa se desmayó! ¡Sal de inmediato al hospital general!… ¡No sé que tiene, Lena, no sé! No soy doctora… Pero no te asustes porque creo que se pondrá bien.
Era la segunda vez que pasaba por lo mismo. Lena entró casi corriendo al hospital. Se dirigía al área de información cuando vio a lo lejos la figura de Yulia, quien le hacía señas con una mano. Entonces se apresuró a acercarse hacia ella.
- ¿Qué pasó, Yulia? - preguntó Lena confundida - ¡No entiendo nada! ¿Cómo está ella?
- Ella estará bien, Lena… Ya la revisaron. El doctor dijo que necesita hacerle unos análisis para saber lo que tiene… Está en un cuarto. Aún duerme.

Yulia le tomó de la mano y la condujo hasta el cuarto. Lena entró de inmediato y Yulia se quedó en el exterior. La pelirroja se acercó a su esposa y la besó. Le susurró unas cuantas palabras y se sentó en la silla junto a la cama. Tomó a Evgenia de una mano y también la besó. Estuvo así durante unos minutos. No había notado que Yulia se había asomado y la estaba mirando hacía unos momentos.

Cuando Lena volteó hacia la puerta y vio a Yulia se puso algo nerviosa. La rubia volvió a salir por completo al exterior de la habitación. Lena se levantó de su asiento y salió tras Yulia. Vio que esta caminaba a toda prisa por el pasillo hacia la primera salida del hospital. Lena apresuró el paso y la alcanzó justo cuando Yulia salió. Le puso una mano sobre el hombro para detenerla.
- ¡Yulia!


La mujer de ojos azules se detuvo y miró a Lena. Los ojos verdes de Lena se clavaron en los de Yulia. Acercaron lentamente sus rostros y fundieron sus labios en un beso. Luego Lena dijo:
- Justo antes de esa llamada… Ya había tomado mi desición. Yo decidí que…
Yulia le selló los labis con un dedo y no la dejó continuar hablando.
- No tiene caso, Lena - dijo la rubia - Hoy llegué dispuesta a todo… A hablarte, a llevarte así se armara otro escándalo… ¡Llegué hoy a escucharte decir una vez más que me amas! ¡Pero no esperaba nada de lo que ocurió hoy!… Eso lo ha cambiado todo, Lena… ¡Si siguiera insistiendo tras de ti me sentiría muy mal, amor! ¿Y sabes? - Yulia comenzó a acariciar el rostro de Lena - Tú tenías razón… No podemos volver el tiempo. Ya nada es como antes.
- Yulia…
- Shhh… Sé que no me entiendes en este momento… Pero en cuanto ella despierte y hable contigo, me entenderás.

Lena sabía perfectamente que Yulia se estaba despidiendo de ella. Se abrazó tan fuerte como pudo a la mujer de ojos azules. Yulia la apretó también. Olvidaron el lugar donde se encontraban y acercaron sus labios nuevamente. Se besaron con ternura y pasión durante un momento.
- Entonces… ¿Te devuelvo tu corazón? - preguntó Lena con voz quebrantada.
- Oh, mi Lena… Ahora sé que aunque lo coloques en mi pecho con tus propias manos, él seguirá latiendo por ti… Sólo latirá por ti… Aunque estés lejos y no pueda sentir tu precencia junto a la mía… Porque seguirá siendo tuyo, aunque lata dentro de mí.

Yulia la besó una vez más. El beso estuvo cargado de tristeza, dolor, melancolía… pero lleno del amor y la pasión que sentía por esa hermosa mujer de ojos grisáceos. Escuchó claramente cuando la pelirroja le susurró: “siempre te amaré”.

Después de esa despedida Yulia dio media vuelta y comenzó a alejarse. Durante un segundo volteó y observó el rostro de Lena lleno de lágrimas. Sintió la necesidad de volver a acercársele y abrazarla, de nunca separarse de ella. Pero su consciencia le ordenó que no lo hiciera, así que lo único que dijo fue:
- Ella es una buena mujer… Cuídala… Y dile que dije yo que te cuíde también a ti. Que si no lo hace volveré y le patearé el trasero.
Lena se secó las lágrimas y sonrió por un momento. Luego vio a Yulia alejarse sin sospechar cuanto tiempo volvería a pasar antes de verla de nuevo.
Yulia salió del hospital tan rápido como pudo. Lo único que quería era salir de allí y pasar a una nueva página en el libro de su vida. Caminó un poco y luego se detuvo a detener un taxi. Pero se había parado junto a un pequeño puesto donde un anciano vendía periódicos. Al mirar la portada de uno, se le aceleró el corazón. De inmediato lo compró y fue directamente a la página de la noticia que le interesaba.

Domingo, 5 de diciembre de 2006
Capturada y encarcelada red de criminales religiosos responsables de los crímenes por los que se llegó a acusar a la cantante Lena Katina, de la antigua agrupación musical t.A.T.u.
Por A.F.A.

Las autoridades dieron al fin con el paradero de Fedya Tabachnik, un hombre que estuvo encarcelado una vez por haber arrojado un arma blanca al ahora desaparecido dúo t.A.T.u. Desde el 15 de junio del pasado año (después del testimonio del niño Anatoliy Belsky), Tabachnik se había convertido en el principal sospechoso de la muerte de un hombre en las afueras de un estadio en San Petersburgo, luego de que la víctima intentara defender de su agresor a Lena Katina. El objetivo de Tabachnik era asesinar al dúo lésbico, pero al fracasar en su intento e huir de la escena del crímen, las pruebas encontradas señalaron a Katina como la principal sospechosa de la muerte de su defensor y de intento de homicidio al niño Belsky.

Al momento de su captura, durante la tarde de ayer, Tabachnik se encontraba en el vecino país de Ucrania (hasta donde las autoridades le siguieron los pasos). Fedya Tabachnik no tuvo que ser presionado para confesar los hechos y delatar al cabecilla del plan, un sacerdote ortodoxo llamado Danislav Kabanov, y a los demás cómplices (todos fieles seguidores de Kabanov). Hasta el momento esta red de criminales se encuentra en la prisión estatal de San Petersburgo, esperando a ser juzgados por la ley, pero se espera que en estos días sean trasladados a una prisión en la capital del país.

Después de haber leído la noticia, Yulia sonrió y abandonó el periódico en una esquina. Abordó un taxi y se alejó del lugar. Al poco rato escuchó que sonaba su teléfono celular. Al mirar el número en la pantalla, vio que no lo conocía. No tenía ganas de hablar con nadie, lo único que sentía era como si hubiera perdido una parte de su vida. Eso la hacia llorar.
- ¿Se siente bien, señorita? - preguntó el taxista
- Sí - logró decir ellla, mientras su teléfono seguía sonando.

Apagó el celular y lo guardó. Permaneció callada, mirando al exterior de la ventanilla, totalmente consciente de que cuando al fin había conseguido alcanzar nuevamente a Lena (porque Yulia estaba segura de saber la desición que había tomado la pelirroja), esta fue ella quien se alejó. Pero sus motivos eran mayores. Ella sentía que no debía intervenir en una situación tan delicada. Si Lena decidía buscarla ella la recibiría con los brazos abiertos, porque la pelirroja era su vida. Pero de no ser así, el destino estaba echado.
Lena Katina se empezó a sentir mareada por un momento, mientras veía que Yulia se alejaba de su vida. Se sentía como una niña pequeña porque no podía dejar de llorar. Sacó su teléfono celular y empezó a marcar el número de Yulia. El teléfono sonaba y sonaba pero Yulia no contestaba. No entendía porqué Yulia se había alejado así. ¿Porqué hizo eso? ¿Porqué razón estar tanto tiempo intentando reuperarla para cuando al fin lo logra irse?

Al ver que Yulia no contestaba la llamada, Lena dejó de insistir.
- ¡Idiota! ¡Yo quiero estar junto a ti!
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   28/7/2008, 21:47

Capítulo XXIII

Lena caminó hacia el interior del hospital. Al entrar a la habitación en donde
estaba recluída su esposa, vio que aún dormía. La miró por un momento, sin
dejar de llorar. Luego entró al pequeño baño y se lavó la cara en el lavamanos.
Se miró al espejo y sintió miedo. Sentía que una enorme grieta se abría a sus
pies y que pronto sería tragada por ella. Ese día despertó por completo de una
realidad que había intentado ocultarse durante algún tiempo: por Evgenia jamás
llegaría a sentir el amor que por Yulia sentía.

¿Que si amaba a su esposa? ¡La amaba! Pero no de la forma en que se ama a una
pareja. Por ella sentía algo profundo, algo que confundía a Lena, porque era
una mezcla de siferentes sentimientos. Pero al fin y al cabo todo resultó como
le dijo Yulia. Evgenia era la amiga que la había consolado y por quien se
sentía sexualmente atraída… Pero no pasaba de ser una mejor amiga. Se maldecía
una y otra vez internamente, por no haber escuchado las palabras de su madre
cuando le dijo que pensara bien las cosas antes de tomar cualquier desición.

Pensar en todo eso le provocaba más malestar a Lena, porque de golpe se dió
cuenta de que Yulia estaba lejos y que era a su “amiga” a quien tenía junto a
ella. Lena continuó mirando su desdicha en el espejo, queriendo salir de allí.
Queriendo correr e ir tras su amada. Pero la razón la detenía. Sabía que no
podía dejar tirada a Evgenia. Nunca le haría algo así, ya que si las cosas
fueran de otro modo y fuera Evgenia la que esuviera en su lugar, no la dejaría
en un momento así.

La pelirroja salió del baño, mientras se pasaba las manos por los ojos para
apartar sus lágrimas. Como si con eso quisiera apartar los fantasmas del dolor
y la desesperación que la invadían. Permaneció mirando fijamente a su frágil
esposa. No puedo dejarla… No ahora, se dijo Lena. Hasta la misma Yulia lo ha
entendido así, ¿entonces porqué no aceptarlo yo?

Casi resignada, Lena se sentó en la silla que había junto a la cama. Permaneció
mirando a Evgenia. Su mente estaba en blanco en aquel momento, cuando reaccionó
se apresuró a levantarse. Debía ir a donde algún médico que la informara sobre
el estado de salud de Evgenia. ¡Soy una imbécil! Eso fue lo primero que debí
haber hecho al llegar.

En el mismo instante en que ella iba a cruzar la entrada, un médico se dirigía
a la habitación.
- ¿Señora? - el médico se refirió a Lena - Usted debe ser la esposa de la
paciente. La joven que la trajo nos explicó lo sucedido… Acompáñeme. Tenemos
que hablar seriamente.
Cuando el médico le habló, Lena supuso en seguida que se trataba de algo grave
y que la amiga a la que se refería el doctor era Yulia.
Horas más tarde Lena Katina se encontraba sentada en una silla, junto a la cama
de su esposa, en el hospital. La pelirroja había llorado hasta quedarse
dormida, después de que el médico le hubiera contado lo que Yulia le dijo… Y lo
que Yulia le había confesado era que Evgenia tenía un tumor cerebral.
- No se alarme… Permita que primero le hagamos las pruebas - le había dicho el
médico - Puede que sea una equivocación… Aunque los síntomas coinciden simpre
se guarda una esperanza.

Pero la pelirroja sabía que todo debía ser cierto. En seguida comprendió la
razón por la que Yulia se había marchado, dejando el campo libre.

Mientras Lena dormía, tomando de la mano a su esposa., esta comenzaba a
despertar. Sus ojos se fueron abriendo lentamente, dejando al descubierto una
mirada confundida y triste. Al sentir el calor de una mano tomando la suya, se
volteó en esa dirección. Entonces vio a Lena dormida. Estuvo llorando, se dijo
Evgenia al ver las huellas en el rostro de su esposa. Pero… ¿Sabrá lo que
tengo? Y si lo sabe, ¿habrá llorado por mí o… porque Yulia no está junto a
ella?

La naturaleza celosa de Evgenia volvía a resurgir. Así, mirando a Lena sentía
que se enfadaba cada vez más. Pero también sentía un inmenso dolor, ya que Lena
le había confesado que había hablado con Yulia. ¿Será que solamente hablaron?
Volkova no se iba a quedar tranquila con sólo hablar con Lena… Entonces la
mente de Evgenia comenzó a imaginar cosas y más cosas. Comenzaba a mirar a su
esposa con dolor, porque se sentía decepcionada.

A pesar de que todavía la cabeza le dolía, Evgenia soltó delicadamente la mano
de su esposa (para no despertarla) e intentó ponerse de pie. Buscó su ropa en
la misma gaveta en donde la había encontrado anteriormente. Entró al baño y
salió vestida. Pasó junto a Lena, quien aún se encontraba dormida en aquella
silla, y se dirigió a la salida. Pero antes de salir del cuarto se arrepintió
de irse sin avisarle a Lena.

Estaba demasiado enojada con su esposa como para hablarle, pero aún así se
acercó y la movió para despertarla.
- ¿Lena? ¡Lena!
Segundos más tarde la pelirroja abrió los ojos. Lo primero que vió fue la
mirada estoica de Evgenia. Mantuvieron el contacto visual por unos segundos. La
mirada estoica de Evgenia se fue transformando en una de enojo, pero también de
dolor. Lena bajó su mirada. Luego comenzó a llorar.
- ¡No quiero que te mueras! - Le dijo Lena.

La pelirroja siguió llorando. Su esposa, que hasta entonces había sentido enojo
se fue ablandando. No soportaba ver a la mujer de ojos verdes en aquel estado.
Así que la abrazó. Ambas lloraron juntas durante un momento.
- No me pasará nada - fue lo que djo Evgenia antes de romper el abrazo y de que
su mirada se volviera fría.
- ¿Porqué estás de pie? - le preguntó Lena - Se supone que estés en reposo.
- Me voy a la casa - comentó Evgenia, ignorando las palabras de su esposa.
- No puedes irte. Deja que el médico te vea - le dijo la pelirroja, pero ya era
demasiado tarde porque la otra había salido del cuarto.

Al momento Lena reaccionó. Se puso de pie y comenzó a segir a su esposa, hacia
el exterior del hospital. Pero cuando logró alcanzarla, solamente vio cómo su
esposa entraba a un taxi y se alejaba.
Lena llegó a la casa en donde vivía junto a su esposa. Al ver luces encendidas
supo que esta había llegado. La pelirroja estacionó su auto y entró. Se dirigió
a la habitación matrimonial. Allí vio a Evgenia, tumbada sobre la cama. A
leguas se notaba que estaba llorando. Jamás la había visto así, tan frágil.
Pero la mujer de ojos azules al ver a Lena, se puso de pie de inmediato. Se
limpió el rostro y simuló que no lloraba.

- No debiste irte así - comentó la pelirroja, al acercarse a su esposa e
intentar tomarla de la mano - Necesitamos hablar.
- Ahora no - Evgenia rechazó la mano de Lena y le dio la espalda, iganorándola
por completo. Además estaba demasiado enfadada como para entablar una
conversación con sentido.
La mujer de ojos azules buscó algo de ropa y se dispuso al entrar al cuarto de
baño.
- Evgenia…
- ¡Ahora no, Lena! - le gritó la mujer de ojos azules, ya que sabía que no era
el mejor momento para hablarle a su esposa.

Evgenia intentó cerrar la puerta del baño, pero la pelirroja se lo impidió.
- Ev… - Iba a decir la pelirroja.
- ¡Maldición, Lena! ¿Quieres hablar? ¡¿Quieres hablar?! Entonces ven, hablemos
- dijo una malhumorada Evgenia.
Lena jamás la había visto en ese estado.

Evgenia dejó la ropa que cargaba a un lado, salió del baño y tomó a su esposa
por el brazo. La haló hasta la cama y la sentó allí. Se quedó parada frente a
ella. Si Lena quería hablar entonces hablarían. La pelirroja se sintió
confundida por la actitud de su esposa, por un momento guardó silencio hasta
que Evgenia le dijo:
- ¿Y? ¿No que querías hablar? ¡Entonces habla, con un demonio!
- ¡No me grites!
- ¡Mierda, Lena! ¡Te dije que no estaba para hablar! Pero ya que lo vamos a
hacer, entonces dime… ¿Qué es lo que quieres?
- ¿Porqué me ocultaste lo de la enfermedad? Sabes que debiste habérmelo dicho,
Evgenia. Es algo que me incumbe… ¡Dios, es algo que jamás debiste ocultarme!
¡¿Porqué lo hiciste?! - Lena se puso de pie, exigiendo una respuesta de su
pareja.

Evgenia se mantuvo mirándola seriamente, estaba demasiado enojada y ya no
soportaba esa situación.
- ¡Eres una descarada! Lena… ¿Cómo te atreves a preguntarme que porqué te
oculté eso? Solamente te contestaré cuando me respondas algo… ¿Porqué me
ocultaste que habías hablado con Yulia? ¿Porqué te reuniste con ella a mis
espaldas? ¿Qué más hicieron? ¡Estoy segura de que Volkova no se iba a quedar
con los brazos cruzados cuando te tuvo frente a ella! ¡¿Qué hicieron?! - casi
gritaba Evgenia.


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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   28/7/2008, 21:48

La pelirroja sintió la pregunta como si fuese una bofetada. Se quedó
callada. No sabía qué responder. Evgenia notó el temor en sus ojos, así que le
preguntó más directamente a Lena, pero esta vez la voz fue tan baja que pareció
haber susurrado la pregunta:
- ¿Te acostate con ella?
Entonces el peor de los silencios se apoderó de la habitación. Ambas sentían
cómo todo daba vueltas a su alrededor. Era como si los segundos duraran siglos.
Silencio era superado por más silencio. Era tanto que las diminutas manecillas
del reloj sonaban como estruendosos tambores, al cambiar de un segundo al otro.


A Evgenia no le hacía falta la respueta, el rostro de su esposa ya le había
contestado. Pero aún así quería escuchar las palabras de los propios labios de
Lena.
- Contéstame… ¡¿Te acostaste con ella?! - le gritó Evgenia.
- No tiene caso hablar de esto - respondió nerviosa y avergonzada la pelirroja.

Evgenia enfureció más y tomó por un brazo a su esposa, la volvió a hacer sentar
a la cama. Pero Lena se volvió a parar.
- ¿Te costaste con ella?

Lena continuaba guardando silencio, al mismo tiempo en que temblaba de nervios.
Evgenia por su parte estaba tan fuera de sí que por un momento se descontroló y
se dirigió peligrosamente hacia la pelirroja.
- Como no me contestas, supongo que no lo hiciste - comentó la espora de Lena,
sabiendo muy bien que la verdad era otra - Así que podremos seguir como siempre
hemos estado.

Al decir esto último, Evgenia tomó a Lena a la fuerza y la arrojó sin
delicadeza a la cama. Se colocó violentamente sobre Lena y empezó a besarla,
pero no la besaba con el mismo amor de siempre. Si no que la besaba
furibundamente. Lena al principio no supo cómo reaccionar; estaba demasiado
aturdida para pensar claramente. Pero luego intentó safarze de los brazos de su
esposa. Evgenia no lo permitió y la siguió besando al mismo tiempo que
intentaba quitarle la ropa.

- ¡Evgenia, así no! ¡Así no! - Lena empezó a llorar.
Al escuchar a su esposa, la otra mujer reaccionó y se salió de encima de ella.
Comenzó a llorar también. Estaba avergonzada por haber actuado así, pero los
celos la estaban volviendo loca. Estuvieron llorando hasta calmarse, cada una
sentada a un lado de la cama. Hasta que Evgenia comentó en voz muy baja:
- Lo hiciste.
Lena bajó la mirada, la vergüenza le impedía ver a la otra mujer a los ojos.
Entonces contestó con un débil:
- Sí.

Fue el colmo. Evgenia no aguantó más. Ahí mismo levantó el brazo y se dispuso a
darle una bofetada a Lena. Pero en cuanto estuvo a punto de que su mano hiciera
contacto con el rostro de su esposa, desvió el golpe y cerró el puño. Se
contuvo de hacer una estupidez. No sabía lo que le etaba pasando. Ella misma se
dio miedo. Se dirigió a la pared y dio un tremendo golpe, para descargarse. Ese
golpe fue el que le habría dado a Yulia de haberla tenido de frente.

La mujer de ojos azules comenzó a llorar nuevamente de rabia y decepción; de
dolor por que su esposa la había traicionado. Empezó a dar vuetas como si fuese
león enjaulado. Por un momento vio a Lena y se fijó en que esta también volvía
a llorar.
- ¡Yo no merecía esto! ¡No lo merecía! - le decía a la pelirroja mientras la
miraba.
Lena por su parte no sabía qué hacer. Simplemente se había petrificado en el
lugar.
- ¿Fue cuando estuve en Londres? - preguntó Evgenia.
Lena asintió avergonzada, mientras bajaba su cabeza.

Entonces el comportamiento de Evgenia cambió por completo. Se volvió a sentar
en la cama y comenzó a reir como una loca, pero sin que sus lágrimas se
detuvieran.
- Yo en Londres haciéndome exámenes médicos y tú encamándote con otra… Y yo de
imbécil, pensando en ocultarte lo de mi enfermedad para que no sufrieras
jajajajajaja. ¡Dios! ¡Estas cosas sólo le pasan a la gente imbécil como yo!

Evgenia se puso de pie y se dirigió a buscar una maleta y a empacar ropa. De
una gaveta sacó un pequeño cofre en donde había un corazón de papel que le
había regalado a Lena. El cual Lena prometió cuidar y no lastimar jamás, en
forma de simbolismo. La mujer de ojos azules rompió el corazón en dos pedazos y
cotinuó empacando.
- No hagas esto - le decía la pelirroja - ¡No puedes irte así! Tu salud…
- ¡Mi salud te importa un carajo!

Lena intentó detenerla pero fue inútil. La otra mujer era más fuerte. Se
marchó. Era tan orgullosa que aunque amara a su esposa no soportaba el engaño.

Esa noche las dos terminaron con el corazón destrozado. Lena se tiró en la cama
y lloró hasta dormirse. Todo pasó tan rápido que no supo qué hacer, solamente
se quedó tumbada, sin pensar.
Durante los días siguientes Lena intentó buscar a Evgenia, ya que era ese su
deber. La otra mujer estaba enferma y Lena era la única familia que tenía (ya
que aunque el padre de Evgenia estaba vivo ellos no se hablaban, porque a esta
le desagradaban los turbios negocios de su progenitor). Cuando la pelirroja iba
a buscarla a la empresa de Evgenia, esta no estaba. Ni tampoco aparecía en los
lugares a los que acostumbraba ir.

Lena no supo qué hacer. Estaba nuevamente a punto de ir tras Yulia, pero una
noche (unas semanas después de lo sucedido), sin que se lo esperase, alguien
tocó a la puerta. Era ella… su esposa. Aún lloraba como la última vez. Se veía
demacrada y por su estado no se estaba cuidando bien. La pelirroja la miró
asombrada, sin saber qué hacer.
- Perdóname… No lo merecías - fue lo primero que se le ocurrió decir a Lena.
- No quiero morir - decía Evgenia, mientras Lena le secaba las lágrimas -
Mañana me operan… No quiero morir.
Lena la abrazó y así se mantuvieron durante momentos que parecían
interminables. La pelirroja supo, al sentir aquel abrazo, que Evgenia aún no
había aprendido a vivir sin ella.
Aquel mismo día en que Yulia se hubo alejado de Lena (el día de lo ocurrido en
el hospital), esta volvió a su casa costera en Christchurch. Sabía que
necesitaba alejarse de todo aquello por su propio bien. Dejó que Lena se
quedara en el pequeño infierno de sentimientos que había causado, mientras ella
intentaría olvidar.

En un principio tenía la esperanza de que la pelirroja fuera quien la buscara,
pero eso no sucedió. Así que con el pasar de los días su disposición a olvidar
a Lena era mayor. ¿Para que empeñarse en guardar en lo más profundo de su ser
un sentimiento que lo único que la hacía era sufrir? No… Ya no había nada que
hacer.

Así que Yulia comenzó a salir en las noches. Su propósito era olvidar; conocer
a alguna linda mujer que la ayudara a olvidar la historia de un amor que
llevaba impregnado en el alma. Pero sus técnicas no estaban resultando. Cada
noche Yulia llevaba a su cama a una mujer distinta. El problema era que a la
hora de tener relaciones sexuales…. Simplemente no podía.

Todo parecía una pesadilla peor que la anterior. No lograba hacerlo… No podía.
¿Qué había pasado con la otra Yulia? ¡Lena me destruyó por completo!, pensaba
Yulia cada noche, después de que no podía lograr hacer nada con la mujer de
turno que ocupaba su cama. Y cada noche después de que las mujeres se iban sin
haber logrado que Yulia tuviera sexo con alguna, la cantante se sentaba frente
a su piano y comenzaba a tocar una melodía. Luego iba por alcohol y se
encerraba en su habitación, hasta embriagarse y quedar dormida.

Este espectáculo se repetía constantemente. Una persona que se había encariñado
con Yulia, era testigo silenciosa de estos incidentes. La persona era Marion
Scarliff, la sirvienta de Yulia. Marion era una mujer joven, tendría algunos 26
años. Aunque su hijo Allen tenía 10 años, ella lo había tenido siendo todavía
una adolescente. Ella era una mujer rubia, cabello largo y lacio, ojos verdes
pero que de vez en cuando parecían cambiar de color, y una figura delgada. De
estatura era un poco más alta que Yulia.

Marion, quien sabía exactamente lo que Yulia intentaba hacer con aquellas
mujeres, pero por respeto no comentaba nada, cada mañana tenía que ir a
despertar a Yulia, ya que esta se embriagaba tanto que a veces hasta amanecía
tirada en el piso. Todo se fue volviendo una rutina.

Una de esas noches, Marion observó cuando la mujer que Yulia había llevado esa
noche a la casa, se marchaba. La sirvienta se había levantado por un vaso de
agua, pero sintió curiosidad por pasar frente a la habitación de Yulia. La luz
estaba encendida. Marion se acercó a la puerta. Primero pegó su oreja a la
misma, para escuchar si Yulia estaba despierta. No escuchó ningún ruido, por lo
que abrió y entró a la habitación. Solamente quería sersiorarse de que la
pelinegra estaba bien.

Se topó con la figura de Yulia, tendida sobre la cama, boca arriba y con una
botella de vodka a su lado. La joven artista de ojos azules lloraba en
silencio, como estaba acostuumbrada a hacerlo. Al sentir la presencia de la
sirvienta, Yulia abrió los ojos y volteó a verla. Marion también la miraba. La
pelinegra se sintió avergonzada por la manera en que la miraba la sirvienta.
- ¿Qué haces aquí a esta hora? - preguntó Yulia.
- Yo... Vine a ver si usted estaba bien.

Yulia se sentó y se secó las lágrimas.
- Ya ves... estoy bien.
- ¿Eso es estar bien?
- ¿Podrías dejame sola? - preguntó la joven pelinegra.

La sirivienta caminó hasta la puerta, para salir. Pero antes de irse se volteó
y le dijo a Yulia:
- Señorita... No se haga esto por favor.
- ¿Que no me haga qué? - preguntó la cantante.
- Que no se siga haciendo daño. ¿No vé que usted misma está destruyendo su
futuro?... Hay demasiada gente que la aprecia, que la quiere y a los que nos
importa. Demuéstrenos que usted misma se importa, así también obtendrá su
respeto... Y no su lástima.

A los pocos segundos Yulia fue despertando de la ida en la que se encontraba
sumergida. Su sonmolienta mirada se topó con los ojos de Marion. Los había
confundido tantas veces con los de Lena, que ya había perdido la cuenta. Pero
hoy esos ojos no eran verdes, ni grises. Sino que eran simplemente los ojos de
Marion. Las palabras de su sirvienta la golpearon fuerte y la hicieron chocar
con su dura realidad.
- ¿Te doy lástima? ¿Imparto lástima? - preguntó en voz baja y avergonzada la
chica de ojos azules.
- A quienes la apreciamos... No nos gusta verla así.

La joven cantante desvió la mirada de su sirvienta. Yulia comenzó a mirar hacia
el techo. Estaba llorando, mientras sacaba de uno de los bolsillos de su ropa
una fina cadena con un corazón colgante, que una vez fue de Lena y que se le
había caido justo el dia en que Lena la abandonó definitivamente. La empuñó en
su mano izquierda.

Marion se apresuró a sentarse junto a ella y de inmediato acomodó a Yulia, para
que quedara con la cabeza recostada sobre su regazo. La cantante se dejaba
mover como si fuese una muñeca, pero sin que sus lágrimas cesasen. La
sirivienta entonces recordó las veces en que Yulia le había pedido que la
tuteara, pero no lo hacía debido al respeto. Ahora era el momento.

- Yulia... - pronunció Marion - Esta mañana parecías tan segura... Pensé que
volverías a ser tú.
- No puedo... Ella me transformó en esto.
- Volviste a tomar - comentó decepcionada Marion.
- No... la botella está cerrada.... ¿Ves?

Marion miró que era cierto lo que decía Yulia; la botella estaba cellada y no
le faltaba licor.
- ¿Porqué estás así entonces? - la sirvienta comenzó a acariciar el cabello de
Yulia.
- Porque quiero ser yo... y no puedo.
Yulia no dejaba de llorar en silencio. Marion sintió que debía quedarse para
que la joven supiera que no estaba sola, así que la sirvienta permaneció
abrazándola.

Pero la situación se volvió confusa. Yulia se sentó y permaneció mirando a
Marion directamente a los ojos. La sirivienta también la miraba a ella. La
situación se volvió algo tensa, especialmente cuando Yulia no le despegaba la
vista de los labios a ella. Marion comenzó a secar las lágrimas de Yulia, con
sus propias manos. La cantante, que no estaba en sí, tomó la mano de su
sirivienta y la besó. Marion quedó petrificada, no se lo esperaba. Y se puso
nerviosa.

- Ayúdame - pidió Yulia en voz baja.
Entonces la cantante acercó sus labios a los de esta y comenzó a besarla. Fue
algo que ninguna de ellas imaginó que pasaría. Al principio Marion se dejó
llevar por el impulso, pero a los pocos segundos fue separando sus labios de
los de Yulia.
- Te ayudaré... pero no así - le dijo Marion.

Yulia volviía allorar nuevamente. La sirivienta la abrazaba y le decía:
- En muy poco tiempo volverás a ser como antes de que te conociera... Volverás
a ser Yulia Volkova.
La joven de ojos azules se mantuvo abrazada a su sirivienta, como si fuese una
hija en los brazos de su madre. Se sintió protegida luego de tanto tiempo de
sentirse sola. Marion la sostuvo hasta que Yulia quedó dormida.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   28/7/2008, 21:51

Capítulo XXIV

Las hojas de los calendarios pasaban sin que apenas se notara. El tiempo volaba
como una pluma que se levanta y se pierde en el viento. Habían pasado cinco
meses desde que Yulia y Lena se despidieron frente a aquel hospital. Cada una
se encontraba vivendo sus propias vidas, alejadas del ser amado.

Yulia al fin había aceptado tratarse con un psicólogo, debido a sus problemas
para olvidar a Lena. Este consejo se lo tomó a su sirvienta Marion, quien se
preocupaba por ella tal como si fuese parte de su familia. Las mejorías fueron
evidentes. Aunque Yulia todavía amaba a Lena, no se estaba dejando derrumbar
por no tenerla junto a ella.

Era la mañana del domingo 5 de mayo del 2007, cuando la joven cantante se
encontraba a orillas de la playa en su casa costera. Estaba acostada en la
arena, sus ojos cubiertos por gafas solares mientras ella dejaba que la suave
brisa la refrescara. Junto a ella se encontraba Allen, el pequeño hijo de la
sirvienta de Yulia. El niño se dedicaba a cubrir a Yulia con arena, mientras
ambos hablaban y reían.

- Mira, Yulia... Ahí viene mi mamá - comentó Allen al fijarse en que Marion se
acercaba con prisa a donde ellos estaban.
La cantante intentó voltearse para mirar, pero al estar toda cubierta por arena
le fue imposible. Marion llegó a donde ella.
- Yulia... Alguien llamó a tu celular y como me dijiste que podía contestar, lo
hice - avisó Marion.
- ¿Quien era? - preguntó la joven, sin casi dar importancia.
- Era una mujer joven, deduzco por su voz... No me dio su nombre pero me dejó
un mensaje que me parece importante.
- ¿Cuál?
- Dijo que... ¡Cielos! No recuerdo las palabras exactas pero... dijo que si
realmente amas a alguien en esta vida vayas, en dos días al anochecer, al
apartamento en el que vivías cuando eras parte de t.A.T.u. Que allí encontrarás
la causa por la que has llorado todas estas noches y... Que no seas tan cobarde
y vayas en busca de lo que amas.

El corazón de Yulia se le quizo salir del pecho al escuchar aquel mensaje.
¿Sería el mensaje una broma o sería real? Lo primero que vino a su mente fue
Lena. Pero... ¿Porqué Lena le dejaría el mensaje con la sirvienta en vez de
hablarle directamente? ¡No! No era Lena, pero el que habló debía estar
refiriéndose a Lena.
- ¿Estás segura de que no fue algún bromista? - preguntó Yulia.
- La voz sonó sincera... Puedo decir que hasta parecía haber llorado, o estar
llorando en ese momento.

Yulia sabía que debía estar allí. Quería creer. Intentó moverse pero la aerena
que tenía encima no la dejó.
- ¡Sácame la arena, Enano! - exclamó la cantante - Tengo que preparar mis
maletas.
Mientras Yulia vivía en Nueva Zelanda, Lena había seguido junto a Evgenia. A
esta última le practicaron una operación, que se llevó a cabo en el mismo
Moscú, para removerle el tumor cerebral. Por eso la pelirroja no se había
movido de su lado, siempre permaneció al lado y al cuidado de su esposa. Pero
ya todo había cambiado y Evgenia lo sabía.

Desde el momento en que volvieron a su casa, luego de que Evgenia hubo pasado
el tiempo de recuperación en el hospital, Lena la había comenzado a tratar
diferente. Ya no se comportaba como esposa, sino como un amiga preocupada por
su salud. Después de que Evgenia se recuperó por completo y su salud volvió a
ser la de antes, no volvieron a hacer el amor. Lena siempre tenía alguna excusa
para evadirla. Al principio Evgenia no se rendía, pensaba que la pelirroja
recapacitaría y le volvería a hacer sentir que la amaba. Pero eso no pasó. Por
lo que al final, Evgenia comenzó a darse por vencida.

Por su parte Lena llegó a sentirse prisionera de las decisiones que había
tomado en su vida. Al principio se sentía culpable por rechazar a su esposa,
pero luego dejó de hacerlo. No había porqué sentirse culpable si el amor ya se
había extinguido. Muchas otras veces llegó a sentir rabia con ella misma, por
no haber corrido tras Yulia. Sintió rabia por que había terminado enrredándose
en una telaraña a la cual sus celos la habían llevado. Y sintió rabia contra
Evgenia, ya que era Yulia la que debía estar en ese lugar y no ella. Pero su
rabia pasó... Ya no tenía objeto sentirla. Ahora ambas vivían en una rutina que
las estaba consumiendo a cada minuto.

Era un sábado 4 del mes de mayo, del año 2007; Evgenia se encontraba en el
estudio de la casa. Aún vestía su ropa de dormir, mientras estaba sentada
frente al la computadora, con el torso inclinado. A pesar de su aspecto
aparentemente tranquilo, aquella mañana, en su interior se debatían ideas que
no la dejaban vivir. Amaba demasiado a Lena, pero la destrozaba el saber que su
esposa no sentía lo mismo. Se cuestionaba si sería corecto mantener a Lena
así... si sería lo mejor para ambas.

Muy dentro de sí sabía que ambas estaban siendo infelices, pero sus
sentimientos se volvían más fuertes y jugaba con la idea de que Lena volvería a
decirle que la amaba. Pero aquella mañana era diferente: la razón pudo más.

Evgenia emitió un fuerte suspiro y enderezó el troso. Tomó una taza de café que
había junto a ella y le dio un sorbo. Ese día daría su última batalla por un
amor que no le correspondía. Se sentía algo nerviosa, porque no sabía cuáles
serían los resultados. Pero intería cubrir su nerviosismo con una dulce sonrisa
para Lena. Colocó la taza sobre el escritorio y salió del cuarto.

Al llegar a la habitación matrimonial de la casa encontró a su esposa, quien se
encontraba sentada en una cómoda butaca. Lena leía un libro, pero al escuchar
los pasos descalzos de Evgenia despegó su vista de las páginas y miró hacia la
puerta. Vió a Evgenia aún visitiendo la ropa de dormir, desclaza y detenida
como si algo pasara. Pero luego Evgenia le regaló una sonrisa.
- ¿Todo bien? - preguntó Lena.
- Todo bien.

Evgenia se acercó a su esposa. Permaneció callda por un momento, pero sin dejar
de mirarla ni de sonreir. A Lena le provocó una sonria el ver cómo actuaba su esposa.
Parecía una colegiala que no se atrevía preguntar algo.
- ¿Quieres decirme algo? - le preguntó Lena.
- Ehh... Sí.
La pelirroja le hizo ademán para decirle que se sentara en el brazo del mueble.
Evgenia se sentó y le tomó la mano izquierda a su esposa.
- Hace mucho que no salimos... Tú y yo solas... Como lo hacíamos antes -
comenzó a decir la mujer de ojos azules - Y.... me estaba preguntado si
querrías salir esta noche... Ya hice las reservaciones.
- Oh... Vaya - Lena no se esperaba la invitación. Dudó en contestar.
- Te prometo que nos vamos a divertir - sonrió Evgenia.
Lena miró el rostro ilimnado de su esposa sonriente. No pudo negarse.

La noche había sido maravillosa. Tanto evgenia como Lena se divirtieron. Pero
la mujer de ojos azules no había logrado robarle un solo "te amo" a
su esposa. Sabía muy bien el porqué, pero intentaba ocultárselo. ¿Cómo es
poisble poder robar un "te amo", si ael amor no existe? Sería como
querer ir a robar rosas a un pantano.

Al llegar a la casa, y específicamente a la habitación de ambas, Evgenia se
sentó sobre la cama.
- La pasé muy bien - le dijo la pelirroja mientras le sonreía e intentaba
bajarse el broche del vestido, que quedaba en la parte trasera del mismo.
- Me alegra que te hayas divertido... Te ayudo.
Evgenia se levantó fue a ayudarle a su esposa a ajar el broche. Pero sus manos
tocaban a Lena con tal delicadeza que más bien parecían caricias. Evgenia sacó
el vestido de su esposa y continuó acariciándola delicadamente. Acercó sus
labios al cuello de Lena y comenzó a besarla con dulzura y algo de timidez, ya
que no sabía cómo iba a reacccionar su esposa.

Lena se estaba dejando llevar por las caricias y los besos. Por un momento se
sintió rendida y permitió que su esposa comenzara a besarla con más pasión,
hasta acercar sus labios a los de Lena. los besos en la boca fueron pasando de
delicados a apasionados, hasta que pronto se vieron tumbadas sobre la cama.

De repente Evgenia acercó sus labos al oído de su esposa y pronunció:
- Te amo... ¿Tú que sientes? - la pregunta fue directa.
Esto hizo que la pelirroja reaccionara. No iba a volver a cometer el mismo
error que antes. No se engañaría a ella, ni tampoco engañaría a Evgenia,
fingiendo sentir algo que no sentía. No se lastimaría ni a ella, ni a su
esposa.

El silencio prolongado de Lena le dió la respuesta a Evgenia, quien se
incorporó. ambas permanecieron mirAndose a los ojos. Se encontraban algo
nerviosas. Pero luego Evgenia sacó todas sus fuerzas, para fingir una sonrisa.
- Todo estará bien, amor... Todo estará bien - comentó Evgenia.
- Lo siento.
- Escúchame bien... Nunca te disculpes por algo que no puedes sentir. Ni
tampoco te disculpes por tus sentimientos reales.

Al decir esto Evgenia se levantó, sonrió y salió de la habitación. Lena
permaneció en la cama, se limitaba a mirar hacia el techo, como buscando algo
que no encontraba. De pronto rompió en un llanto que no pudo evitar.

Por su parte Evgenia se dirigió a otra habitación. Se acostó y también comenzó
a llorar. Esa noche no dormiría, se limitaría a pensar en el amor imposible de
Lena. Sentía que le habían partido el alma en pedacitoz, y que jamás la
volvería a componer. Estuvo así durante horas. De repente sintió unas pisadas
que se acercaban a la habitación. Sabía que debía ser su esposa. Cerró los ojos
y fingió estar dormida.
La puerta de la habitación se abrió para dar paso a Lena, quien se acercó a
Evgenia y se sentó en una esquina de la cama. La pelirroja estuvo acariciando
el cabello de su esposa durante algunos minutos.
- Te quiero... Eres una mujer maravillosa... extraordinaria... Pero no puedo
amarte y jamás podré hacerlo. Nunca quise herirte así.

La pelirroja se agachó y besó en la frente a su esposa. El beso fue demasiado
tierno; como el beso inocente que pudiera darle una niña de 5 años a su mejor
amiga. Estyo lastimó más aún al corazón de Evgenia. La pelirroja se puso de pie
y salió de la habitación. Evgenia permaneció llorando en su silencio. Sabía que
ya no había nada que hacer. El alma se engrega una sola vez, al igual que el
corazón. Lena se los había entregado a Yulia y por lo tanto ya no podría
entregárselos a ella.

El verdadero amor no se recicla. Por eso eso Evgenia sabía que no había ganado
sus batallas, y que mucho menos ganaría la guerra... Sabía que jamás la ganaría
mientras el oponente fuera Yulia Volkova. Así que solamente le quedaba algo por
hacer... Su plan comenzaba mañana, el domingo.
Durante la mañana del domingo, Evgenia entró al cuarto matrimonial de la casa.
Su pelirroja esposa ya se había levantado y se encontraba en el cuarto de baño.
Evgenia miraba a todas partes de la habitación, parecía estar buscando algo. De
inmediato encontró lo que buscaba: el teléfono celular de Lena. Estuvo a punto
a de acercarse y tomarlo, pero en ese momento la pelirroja salió del cuarto de
baño. Lena parecía que acababa de ducharse y aún estaba envualeta en la toalla.


- ¿Cómo amaneciste? - le preguntó Lena sin dejar de mirarla. Se sentía algo mal
por lo ocurrido la noche anterior.
- Estoy bien - contestó Evgenia, haciando un esfuerzo por sonreír, pero sin
obtener buen resultado, ya que su sonrisa se notaba triste.
Lena sabía lo difícil que se había vuelto la situación para ambas. Por eso
durante las semanas anteriores había estado pensanso en hablar seriamente con
su esposa; que todo terminase por el bien de ambas. Pero cuando intentaba
hacerlo, simplemente no podía.

- Iré a casa de mis padres... ¿Vienes? - preguntó la pelirroja, acercándose
hacia el guardarropas y sacando algo para vestirse.
- No... es que había pensado en... Comenzar algo que tengo que hacer mañana en
la oficina.
- Está bien. Yo iré sola.

Lena comenzó a vestirse fente a Evgenia. Luego entró al baño nuevamente para
colocar allí la toalla. Mientras la pelirroja estuvo en el baño, Evgenia se
acercó rápidamente al celular de su esposa y lo colocó en uno de sus bolsillos.
Salió apresuradamente de la habitación, antes de que su esposa la viera.

Al llegar a la sala Evgenia comenzó a buscar en el teléfono celular de su
esposa, entre los números telefónicoa que Lena tenía guardados. Encontró lo que
buscaba y buscó papel y lapiz para anotarlo. En ese momento Lena salió a la
sala.
- No encuentro mi... Ah lo dejé aquí en la sala - Lena estaba buscando su
celular pero vio que estaba en el sofá.
- ¿Ya te vas? - preguntó Evgenia.
- Todavía.

Lena estuvo un tiempo más en la casa. Luego se fue a visitar a sus padres. En
cuento la pelirrroja se fue, Evgenia tomó el teléfono y marcó el número que
había apuntado del celular de Lena. Marcó el número, mientras esperaba sentada
en el sofá a que alguien contestara. Sonó cuatro veces y le contestó una voz
desconocida.
- ¿Diga? - le preguntaron el inglés
- ¿No es el celular de Volkova? - preguntó Evgenia, también en inglés.
- Sí... Ella me autorizó para contestar... Soy su ama de llaves. ¿Quiere
dejarle algún mensaje o le comunico que la llame después? Es que la señorita
salió por un momento y dejó el móvil en la casa.
- Le dejaré un mensaje... Dígale que si realmente ama a alguien en esta vida...
que en dos días esté presente en el departamento en el que vivió durante su
participación en t.A.T.u., al anochecer. Allí encontrará a la persona por
quien, imagino, sus noches han estado acompañadas de lágrimas. Dígale que...
por una vez en su vida deje de ser la niña cobarde, y que vaya a en busca de lo
que ama.

Sin dar más explicaciones Evgenia cortó la llamada. Solamente le faltaba
encontrar la manera de llevar a Lena hasta aquel departamento y ya todo estaría
resuelto. Se tumbó en el sofá y comenzó a llorar nuevamente.
Yulia Volkova se sentó sobre la cama del hotel y suspiró profundamente varias
veces. Acababa de llegar a Moscú y recientemente se había hospedado en un
lujoso hotel. No puedo creer que estoy aquí por haber hecho caso a una llamada
extraña por parte de algún desconocido, pensaba la joven mientras se pasaba as
manos por el rostro y se acostaba de espaldas. ¿Qué tal si es una broma?...
¿Pero que tal si no? Todo me parece muy extraño pero... ¡Cielos, ¿porqué vine?!

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kconniye
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   28/7/2008, 21:52

Miró
el reloj que tenía en la muñeca. Eran las tres de la tarde del martes. Todavía
tenía tiempo de sobra para arreglarse y estar en el departamento en el cual la
habían citado al anochecer. Permaneció recostada, mirando hacia el techo.
Pensaba que era una tontería, pero algo le decía que fuera. Aunque tenía miedo
de salir de allí sintiéndose completamente estúpida al creer que alguien le
podría estar tomando el pelo.
El mismo martes, a las tres de la tarde, Lena Katina se encontraba en su
oficina de psicología. Estaba terminando de atender a uno de sus pacientes. Al
momento de despedirse y que el paciente salió, la secretaria le avisó a la
pelirroja que Evgenia estaba en el lugar. Lena la hizo pasar a la oficina. Se
acercaron y se dieron un beso en los labios, fue más que todo un leve roce, por
costumbre.

- Que milagro que dejaste de trabajar tan temprano - comentó la pelirroja.
- Necesitaba verte - sonrió Evgenia - Es que... Tengo una sorpresa para ti y...
¿Podríamos salir de aquí? ¿Te quedan pacientes?
- No, pero... No me siento bien para... salir.
En realidad lo que Evgenia estaba planeando era llevar a su esposa al antiguo
departamento en el que Lena vivía junto a Yulia. Su objetivo era causar un
encuentro con Yulia, pero el plan le estaba fallando.

Estuvo un buen rato intentando convencer a Lena de que la acompañara a salir,
pero la pelirroja le inventaba mil excusas. Al final Evgenia desistió.
- Quizá más tarde, cuando te sientas mejor, podamos salir. ¿Teparece?
Lena no dijo nada, pero sonrió. Aunque no tenía ninguna idea de salir.
Necesitaba estar a solas durante algún tiempo. Se despidió de Evgenia con un
beso y esta salió del lugar.

La llamaré más tarde y si no quiere ir la llevaré aunque me pelee, pensaba
Evgenia al caminar por la acera para legar a su automóvil. No se había dado
cuenta de que la seguían dos sujetos. Ambos estaban bien vestidos, con trajes
grises y encorbatados. Pero había algo extraño en ellos. Uno, el más alto de
ellos, era de cabello negro, mientras que el otro era de cabello castaño.
Parecían muy preocupados por no perder de vista a Evgenia.

Uno de los hombres preguntó al otro:
- ¿Será ella?
- Tiene que ser ella... Es la hija de Rudnikov... Semyon Rudnikov.
Ambos compartieron una mirada cómplica maliciosa, como si se dieran una señal,
al momento que uno decía:
- Llegó la hora de hacer lo que nos encargaron.
Pero en cuanto volvieron a mirar hacia donde caminaba Evgenia, ya la joven
mujer se había ido sin sospechar si quiera que había sido perseguida. Ambos
lanzaron improperios y maldiciones al darse cuanta de que se les estaba
complicando la misión de su jefe.
Luego de haberse ido Evgenia del consultorio de Lena., esta decidió no trabajar
por el resto de la tarde. Realmente no se sentía bien. Esa tarde la habían
estado abrimando los recuerdos de su vida junto a Yulia Volkova. La invadió la
nostalgia, como tantes otras tardes, y la atormentaba el dolor de no tener a su
amor junto a ella. Por más que pensaba y le daba vueltas al asunto, no lograba
explicarse porqué razón permitía que su vida siguiera tomando un curso cada vez
más alejado al de su antigua compañera. Sabía que aún amaba a Yulia, pero no
sentía la valentía de ir corriendo en su busca.

El corazón de Lena estaba que ya no aguantaba más el dolor causado por el
recuerdo de su amor. No resistiría estar con nadie, necesitaba tiempo a solas.
Así que apoagó su celular antes de salir del consultorio. Sabía que más tarde
Evgenia intentaría llamarla... y Lena no quería lastimarla con su estado de
ánimo. La pelirroja salió del consultorio y al entrar a su auto y darle marcha,
comenzó a tomar el mismo camino que ya otras tantas veces había tomado en los
últimos meses: el camino hacia el antiguo departamento que una vez compartió
con Yulia. Era en aquel lugar en el que derramaba sus lágrimas por Yulia, sin
que su esposa la viera.
Horas más tarde, eran las 7 pm del martes, Evgenia se encontraba desesperada al
no lograr comunicarse con Lena. Por más que intentaba llamarla al celular, esta
lo mantenía apagado. La mujer de cabello castaño y ojos azules se encontraba en
la sala de su casa. ¿Dónde se habrá metido? En casa de sus padres no está... He
llamado unas cuantas veces y nada.... ¿Le habrá pasado algo a Lena? ¡No! ¡No
puede ser eso! Ah de ser que no quiere hablar con nadie... Ni conmigo. En la
tarde me dijo que se sentía mal... Debe ser eso.... No quiere hablar con nadie.

A las 8 pm del mismo día, Yulia Volkova acababa de llegar al edificio en el que
se encontraba el departamento en el que ella vivió junto a Lena durante el
tiempo en que estuvieron juntas. Como el departamento era de ambas nadie lo
había tocado.

La joven de ojos azules subió por el elevador y al llegar al piso se acercó a
la puerta del departamento. Sacó la llave (porque la llave de ese departamento
aún la guardaba), abrió y entró. Encontró que la luz de la sala estaba
encendida, pero no le estuvo extraño. Pensó que debió haber sido la persona de
la limpieza, a quien se le hubo quedado la luz encendida.

El departamento estaba tal y como ella lo había dejado la última vez. Estaba
lleno de recuerdos que jamás olvidaría. Comenzaba a sentirse algo nerviosa y
muy tonta al estar en aquel lugar, sin saber realmente lo que hacía ahí. Tomó
asiento en el sofá y se mantuvo quieta durante unos minutos, solamente se
dedicaba a pensar. Cerró sus ojos y se concentró en el sentimiento tan puro que
le llenaba el pecho: el amor por Lena.

Suspiraba tan profundo com podía, mientras unas gotas saladas salían de sus
ojos y se deslizaban por sus mejillas. Entonces un delicado aroma entró a sus
fosas nasales y a sus pulmones. ¡Su perfume! ... Huele a... Lena. Debo estar
loca... Tengo que salir de aquí... ¡El no tenerla me duele!

La joven cantante abrió sus ojos y se secó las lágrimas. Se puso de pie. Estaba
apurada por salir de ahí porque el dolor de no tener a su amada junto a ela,
había resurgido. Necesitaba alejarse lo más pronto posible. Pero al dar un
paso, su celular comenzó a sonar. Así que se detuvo y contestó.
- ¿Hola?
- Hola - le respondió la persona que la llamó y cuya voz era tan conocida para
Yulia, que sintió como de súbito su corazón le marroneaba tan fuerte en el
pecho que la hizo casi caer de nuevo al mueble donde había estado sentada.

Por un momento el silencio fue total. La persona al otro lado del teléfono,
dudó por un instante que Yulia estuviera aún ahí.
- ¿Yulia?
La mujer de ojos azules permaneció sin pronunciar una sola palabra, porque
sentía cómo si todo aquel sentimiento que tenía en el corazón explotara y le
saliera por cada poro. Algo le impidía hablar. Pero su respiración le indicaba
a la otra persona que Yulia aún escuchaba.
- Yulia... Nunca he dejado de amarte - le decía la hermosa voz al teléfono, y
la mujer de ojos azules sentía que esta persona lloraba al hablar - ¿Yulia?
- Aquí estoy - pudo contestar la pelinegra, entre uno que otro sollozo de
felicidad.
- Lo sé - le contestó la voz... pero esta vez se escuchaba como si le hubiese
hablado en persona.

Yulia se levantó y se volteó. Entonces sus llorosos ojos azules se toparon con
la presencia del ser más hermoso que jamás hubiese visto la joven mujer. La
mujer que amaba estaba a unos pasos de ella.
- Lena... - musitó la pelinegra, quien de la impresión dejó caer el teléfono
celular que tenía en una mano.
Algunas horas antes de que Yulia Volkova hubiese llegado al departamento que
compartía Con Lena, la pelirroja hizo lo mismo. Llegó al departamento a
recordar los viejos tiempos, en los cuales su vida la compartía con Yulia.
Había salido de su consultorio directamente a ese lugar, tal como había estado
haciendo durante los últimos meses. Pero esa tarde era diferente, algo la
impulsaba a quedarse en el lugar.

Ella entró, encendió la luz y se dirigió directamente a la habitación de
dormir. Todo estaba justo como si aún viviesen ahí. Había recuerdos vivos por
todas partes. Todo estaba lleno de fotos, de la escencia que guardaban los
perfumes de Yulia, que había en la habitación, de ropas, de cada mínimo
detalle.

El corazón de la pelirroja estaba que ya no daba para más. Necesitaba llorar...
otra vez. Buscó una de las fotos de Yulia, de las muchas que había en el lugar,
y se acostó sobre la cama. Solamente se dedicaba a ver la foto y a recordar en
silencio. No puedo seguir así... No puedo, se repetía la pelirroja. ¿Qué estoy
haciendo con mi vida? Yulia... es mi vida. ¡Yulia es mi vida! Las lágrimas de
Lena sesaron, mientras a ella la invadió el sueño. Quedó dormida, apretando
contra su pecho la foto de su amada Yulia.

Durmió durante varias horas y al despertar ya había anochecido. Estaba
confundida y se tomó algunos segundos para ubicar mentalmente el lugar en el
que estaba. Luego de hacerlo se incorporó y nuevamente comenzó a mirar la foto
de Yulia, mientras sus lágrimas volvían a descenderle por las mejillas. Tengo
que hacer algo... Perdóname Evgenia, pero... Ya no puedo más, se dijo la
pelirroja, quien en ese mismo instante había tomado una de las decisiones más
importantes en su vida. Llamaría a Yulia. Ella pensaba que su antigua compañera
se encontraba lo más lejos posible de Rusia en esos momentos. ¿Y si ya me olvidó?
¡no!... Yulia no puede haberme olvidado... Debo llamarla. Necesito decirle lo
que siento.

Ya nada importaba. Solamente necesitaba escuchar la voz de su amada. Así que
encendió su teléfono celular, el cual había apagado al salir del consultorio, y
marcó el número. Solamente sonó una vez, y luego escuchó la voz que tantas
veces la había hecho temblar:
- ¿Hola?
Pero fue realmente extraño, porque Lena sintió el timbrazo de un celular dentro
del mismo departamento. Lo que le causó que e corazón se le agitara aún más de
lo que ya estaba.

- Hola - le respondió Lena, quien descubrió que aún una simple palabra de Yulia
la hacía temblar y sentir toda clase de sensaciones en su interior. Y al mismo
tiempo en que contestaba salía del cuarto, hacia el lugar de donde había
escuchado provenir el timbrazo: la sala.

Por un momento el silencio fue total. Lena dudó por un instante que Yulia
estuviera aún ahí.
- ¿Yulia? - pronunció algo nerviosa la pelirroja, mientras caminaba por el
pasillo que conducía a la sala.
.
Pero Yulia permaneció sin pronunciar una sola palabra, era como si no pudiese
hablar. Solamente el sonido de su respiración le indicaba a Lena que Yulia aún
se encontraba allí y que la escuchaba.
- Yulia... Nunca he dejado de amarte - le confesó Lena, quien luchaba porque
sus emociones la dejaran pronunciar las palabras adecuadas - ¿Yulia?
- Aquí estoy - pudo contestar la pelinegra, entre uno que otro sollozo de
felicidad.
- Lo sé - pronunció la pelirroja al llegar a la sala y con el corazón casi en
la boca, ya que no podía creer lo que estaba viendo.

Allí, en aquel lugar, y unos pasos de distancia frente a ella, se encontraba
Yulia Volkova. ¿No podía ser más misterioso el destino? Entonces Lena vió como,
al parecer muy lentamente, Yulia se levantaba del sofá y se volteaba hacia
ella. Sus miradas enamoradas y sorprendidas se encontraron.
- Lena... - pronunció Yulia.
- Yulia... - musitó Lena.





Por unos segundos ambas
permanecieron petrificadas, preguntásdose qué hacía la otra en ese lugar. Pero
el corazón de cada una las hizo que corrieran una hacia la otra. Entonces se
enfrascaron en el abrazo más poderoso que jamás hubiesen compartido. Las
lágrimas de cada una se hacían presentes en ese momento tan intenso, mientras
las jóvenes se susurraban al oído cuanto se amaban y que no podían vivir la una
sin la otra.

Se miraron fijamente a los ojos, las palabras estaban de más. Lena comenzó a
besar tiernamente el rostro de Yulia. Esta solamente se limitaba a sentir todo
lo que Lena sentía por ella. La pelirroja secaba las lágrimas de Yulia, y le
decía:
- Ya no llores, amor.
- Es que... No sabes cuanto esperé esta llamada... Cuanto la ansiaba... Y
hoy... ha pasado - intentaba explicar Yulia.
- Shhh.

Con un dedo índice, la pelirroja selló los labios de Yulia. Entonces acercó sus
labios a los de esta y comenzó a acariciarlos. Hasta compartir un beso que
parecía durar hasta la eternidad. Y luego de ese beso vino otro... y luego
otro, y otro.
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MensajeTema: Re: Bajo el cielo y las estrellas de Volkonov y Kotenok [CoMpLeTo!]   

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