Yuri's Lyrical Secrets

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 Verde Selva [CoMpLeTo!]

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kconniye
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MensajeTema: Verde Selva [CoMpLeTo!]   25/7/2008, 03:58

Titulo: Verde Selva
Autor: Desconocid@


Nerviosamente tamborileaba con la punta del bolígrafo en su carpeta, hoy sería el día en que el consejo académico tomaría una decisión sobre su viaje; ese viaje tan anhelado y que por los últimos seis meses llevaba planeando. Elena esperaba ansiosa por noticias sobre la beca de estudios en las América por la que estaba postulando, su asesor y maestro Fiodor Dievuschkin le había asegurado que ella sería la acreedora al recurso, pues él en su carácter de Decano abogaría ante el consejo, aunque sabía que no era necesario, pues sus antecedentes de buena estudiante la precedían, por lo que no habría razón para negarle tal honor. Aún así la joven se sentía insegura, pues así como ella, habían otros postulantes que por sus méritos ofrecerían una dura competencia. Ahora tenía la sensación de que la habitación en donde esperaba se hacía pequeña, mientras que al mismo tiempo percibía un sabor amargo en la boca, al punto de llegar a creer que la dilación del consejo se debía a que se había tomado una resolución negativa al respecto por parte de los miembros. Entonces empezó a prepararse mentalmente para recibir las malas nuevas. Tan embebida estaba en esta actividad que no se dio cuenta cuando Dievuschkin ingresó al recinto con una expresión que a todas luces indicaba triunfo, tanto fue que el viejo decano tuvo que llamarla más de dos veces por su nombre para que ésta prestase atención. El pleno del consejo deseaba hablar con ella, sólo era una formalidad, había dicho Fiodor, pues la decisión había sido tomada ya. Ella viajaría pronto.

El corazón de la joven dio un vuelco entero dentro de su pecho por la emoción y como impulsada por un resorte se abalanzó hacia el profesor, para llenarle el rostro de besos y prodigarle sus mas sinceros agradecimientos, - No me des las gracias, que nada tuve que ver - decía el viejo por completo enternecido mientras la acompañaba al interior de la sala de consejo. Elena Katina Sergeevna anunció Dievuschkin al pleno; los decanos observaron a la joven con curiosidad, como preguntándose qué era lo que ésta tenía de extraordinario; ¡oh si! el entusiasmo de la juventud, parecía leerse como respuesta en sus rostros, entonces la exposición de la mecánica a seguir durante el viaje y las obligaciones inherentes a la beca de estudio. Elena, o Lena como ella prefería ser llamada, pasaría los siguientes ocho meses efectuando trabajos de investigación sobre las culturas de los pueblos indígenas de las Américas, particularizándose en un grupo en especial, que se hallaba situado en la serranía del cálido país anfitrión. Durante estos estudios, ella se comprometería a entregar reportes mensuales donde relataría las experiencias de estudio, para después formular durante los cuatro meses restantes, una tesis de investigación con los resultados obtenidos durante su estadía en el lugar. También le advirtieron que este no seria un viaje de comodidades, pues tendría que adaptarse a las condiciones del sitio, mismas que acto seguido le fueron enunciando: caminos deteriorados, mínimos o inexistentes servicios básicos, distancias enormes entre las comunidades que para recorrerse se utilizarían medios rústicos, y demás penalidades que a la joven en el momento le resultaban por completo atrayentes, pues pensaba que sin duda este sería la aventura de su vida, algo por lo que había estadía esperando y que por fin veía realizarse. Así mismo le indicaron que en el lugar de destino se encontraría con una persona que sería su enlace con el Instituto, una mujer por la que Dievuschkin daba las mejores referencias y con quién Lena establecería residencia por el tiempo que su estancia requiriera.

Habiéndose expuesto las generalidades del viaje, la reunión fue dada por terminado y Elena salió del lugar sin respirar y con el corazón tan grande que no le cabía en el pecho, pues a partir de ahora tendría sólo quince días para afinar los detalles y preparativos para su partida, al término de éstos el viaje. Entonces empezó por tachar los puntos que tenía anotados hacía mucho tiempo en la agenda dedicada al viaje y conforme lo hacía se daba cuenta de que una inminente sensación de especial angustia la iba embargando, pues el entusiasmo inicial se estaba combinando con reservas, pues de antemano sabía que sería muy duro y ahora ya no habría vuelta atrás, por lo que empezó a sentir un poco de temor al comprender la magnitud de lo que le esperaba, "estás nerviosa, eso tienes..." se decía a sus adentros para tranquilizarse cuando los momentos de duda la asaltaban. Así el tiempo se fue volando cuando se percató que sólo faltaban dos días para su partida y aún faltaba mucho por hacer, entonces era el tiempo de dar prioridad a las actividades restantes: las vacunas eran lo más importante, calzado nuevo propio para esas selvas, la revisión médica de pies a cabeza y por último las despedidas a familiares y amigos.

El día de su partida arribó al aeropuerto con tres horas de anticipación, el vuelo internacional así lo requería, ya documentado el equipaje sólo le restaba esperar para abordar el avión, pero mientras esperaba observo al viejo Fiodor venir, llegaba agitado y con la calva reluciente, pues había casi corrido en la creencia de que no alcanzaría a su querida discípula, el tierno viejecito había apurado a sus cansados pies sólo para desearle suerte de nuevo, despedirse y recordarle el nombre de las personas con las que se contactaría al llegar, - Cuídate mucho, mi niña... - le dijo con los ojos bordeados de lagrimas - no te pierdas, estaremos en contacto- Ella lo miró directamente a los ojos y después de besar ambas mejillas de su maestro, - Cuídate Fiodor Dievuschkin, que quiero verte vivo para cuando regrese- le dijo en tono de broma, enseñándole una pícara sonrisa, que él correspondió con aquella ronca risa socarrona que invitaba a reír a quienes lo escuchaban. Una voz en el altoparlante anunciaba a los pasajeros que abordaran para la próxima salida, entonces abrazos, recomendaciones de última hora y la sensación de miles de mariposas volando por todo el cuerpo en esos momentos. El viejo Fiodor se quedo observando con una sonrisa en el rostro como la pelirroja se alejaba entre la gente para de cuando en cuando volverse para despedirse con gestos de su mano, entonces el maestro con satisfacción veía cómo los sueños de una alumna se veían realizados, aunque en ese momento también sintió algo de nostalgia por el tiempo pasado, pero nuevamente se alegró al pensar que la juventud tenía sus meritos.

El vuelo estaba resultando sin contratiempos, en algunas horas más estaría arribando a la ciudad más grande del mundo, que serviría como puerto de enlace hacía su destino final, una comunidad perdida entre las montañas del trópico central del país, pero antes de ello pasaría unos días allí antes de la partida para aclimatar su cuerpo a las alturas que la esperaban y por otro lado debía buscar a su contacto en el país, este le indicaría las rutas y los medios que debía utilizar para llegar a destino. Una fuerte sacudida le dijo que había tocado tierra, para después sentir como el aparato se deslizaba por la pista, poco a poco fue disminuyendo la velocidad hasta sentir que éste se hallaba por completo detenido, después descender y pasar por la aduana. A Lena le sorprendió el movimiento de aquella terminal aérea, tanto que en un momento le pareció que estaba parada en medio de un hormiguero que hervía en plena actividad, entonces pudo distinguir entre la gente a un hombre que sostenía entre sus manos un cartel con su nombre escrito en grandes letras; supuso que era su contacto y fue directo hacia él para presentarse. El hombre dijo ser Gerardo Sandoval, el Instituto se había encargado de anunciarle su llegada y lo había comisionado para recibirla en el aeropuerto, así como para ponerse a sus órdenes durante su estancia en la ciudad. A Sandoval le sorprendió el hecho de que esta rusa le estuviera hablando en un castellano tan fluido, además del hecho de que al exponerle sus planes e itinerario, no pudo dejar de sentir que en sus adentros siglos de tradiciones pugnaban ante la idea de una mujer tan independiente, pero entonces el machismo inicial se fue diluyendo en la más pura admiración, aunque aún con sus reservas.

El hombre la instaló en un hotel céntrico desde dónde se podía apreciar una vista impresionante de una de las avenidas más bellas de la ciudad; comprendía que para esos momentos la pelirroja se hallaría por completo agotada, pues al sumar las diferencias de horarios más la resaca del vuelo, el resultado era un cansancio demoledor. Aún así Lena parecía inquieta, por lo que Sandoval le dijo que no se preocupara por el grueso del equipaje, pues él se encargaría de hacérselo llegar por la mañana, entonces la joven confiando en él, se abandonó al descanso que tanta falta le hacía. Entonces durmió, y lo hizo por casi cerca de doce horas seguida, al despertar tuvo la sensación de sentirse más lejos que nunca de su hogar; no bien había abierto los ojos cuando el discreto sonido del teléfono timbrando llamó su atención. Sandoval se comunicaba para confirmar que el equipaje ya se hallaba en el hotel y que había estado tratando de comunicarse con el contacto en la comunidad, pero desgraciadamente no lo había podido hacer, debido a que le indicaban que la persona ya no vivía ahí, que ahora se encontraba en otra comunidad, una que se encontraba más alejada, lo único que ahora podían hacer era enviarle un mensaje para anunciar la inminente llegada de Elena, ahora tendrían que esperar unos días por noticias, tanto del contacto como del Instituto. De momento Lena sintió que las cosas se estaban complicando, pero aceptó aceptar lo que Sandoval decía, además era lógico esperar por instrucciones. Aún así no tuvo que esperar mucho por noticias, pues Gerardo se estaba desarrollando con una eficiencia que estaba dando sus frutos, tanto que en máximo tres días estarían partiendo para Xilitla, el poblado más cercano a su destino final, ahí la dejaría pues sólo estaba comisionado para acercarla lo más posible y después de ello Lena estaría sola.

Temprano por la mañana salieron a carretera, les esperaría un trayecto de cerca de 7 horas hasta el pueblo de Xilitla, entonces Lena se acomodó en su asiento de manera de ir lo más relajada posible, Sandoval conduciría. Así iniciaba la etapa intermedia de su viaje y en su interior la pelirroja sentía una efervescencia que le era difícil describir; en palabras sencillas había vuelto la emoción con suma fuerza; mientras tanto Sandoval le hacía un sin número de recomendaciones que en realidad ella no escuchaba, pues se hallaba entretenida en mirar los paisajes que iban cruzando. En su cabeza trataba de guardar todas aquellas imágenes cambiantes de este país, que según decían, tenía todos los climas, desde un frío estepario hasta el calor de un clima selvático, pensando en ello trató de formular una hipótesis "... el número y diversidad de climas es directamente proporcional al número de culturas en el país" pensó mientras reía para sus adentros. Definitivamente ella era la indicada para realizar este estudio. Por un tiempo indeterminado observó al paisaje deslizarse con rapidez, así que empezó a notar que paulatinamente estaban dejando atrás las llenuras de cultivo para transitar por entre las montañas, - Es la Sierra Gorda...- mencionó Sandoval. El nombre le pareció gracioso, pero después de entrar en un camino muy sinuoso ya no lo fue tanto, pues comenzó a sentirse mal, muy mareada, al punto de pedirle a su compañero que detuviera el vehículo, pues sentía que las náuseas le jugarían en cualquier momento una mala pasada. El hombre sonrío y tomó el episodio el resto del viaje para bromear con ella, entonces se detuvo y ofreció un remedio a la enferma, remedio que pareció funcionar, pues poco a poco el color volvió a sus mejillas, - Te acostumbrarás, pues de aquí hasta Xilitla, el camino no tiene ni una sola recta- dijo el hombre en tono de mofa - apenas es el inicio-.

Tenía completa razón, este camino parecía que hubiese sido esculpido en el espinazo de un dragón, nunca en su vida Lena había transitado por un camino así, con tantas curvas, - Mejor trata de dormir un rato, así no te marearás- recomendó su compañero. Obediente cerró sus ojos y al cabo de un rato gracias al efecto del remedio, dormía profundamente y lo hizo por un tiempo indefinido, hasta que Sandoval empezó a hablarle de nuevo, estaban por llegar. La pelirroja entreabrió los ojos tratando así de despejarse de la modorra de un sueño incomodo, pero cuando lo hizo notó con sorpresa que la naturaleza había cambiado abruptamente, de un paisaje de montaña a uno verde selvático, exuberante en toda la extensión de la palabra. Sinceramente le impresionó mucho pues algo así en su país, sólo se podía ver por televisión, y ahora ella estaba ahí, incrédula de lo que sus ojos veían pues la certeza de tanto verde llenaba sus ojos. Al llegar al pueblo noto que un fino velo de neblina lo cubría y para cuando descendieron del vehículo, una suave llovizna se había desatado, según los lugareños no había parado de llover desde hacía tres días, haciendo que todo pareciera estar embetunado por el barro, fue entonces que Sandoval tuvo miedo de dejar sola a Lena, imagino y con toda la razón que los caminos estarían deshechos por la lluvia, pero nada más podía hacer y se dio a la tarea de buscar al contacto que ya debía estar enterado de su llegada.

Como era usual en los pueblos de la zona, se dirigieron a la tienda de víveres para preguntar; Gerardo ingresó al recinto seguido por la pelirroja, entonces le preguntó directamente al tendero que miraba receloso a los forasteros, - Buscamos a una persona, una mujer llamada Yulia Volkova...- el tendero lo interrumpió tajantemente al decirle -... no la conozco- entre dientes. Entonces Lena insistió en su español de acento extraño pero el hombre no le respondió nada, como si no la hubiese escuchado, pero en ese momento escucharon una voz a sus espaldas, - si Don Manuel, acuérdese "amini tochtli", la rusa-. Lena y Sandoval buscaron el origen de aquellas palabras y encontraron a un muchacho que en cunclillas se hallaba arrebujado en una especie de frazada. La joven mujer sólo pudo ver un par de ojos negros que se destacaban por una chispeante mirada entre la semipenumbra que los rodeaba. -¿Cómo te llamas?- interrogó Sandoval, - Domingo Reyes Antonia - contestó el aludido, después dijo que él le llevaba provisiones a la rusa, que ese era su trabajo y que ella le pagaba muy bien por hacerlo. Sandoval lucía receloso ante el relato por lo que preguntó nuevamente al tendero, que respondió de mala gana que todo lo que éste decía era cierto, corroborando la historia del arriero. Entonces Lena estaba de suerte, porque Domingo partiría al día siguiente con rumbo a Ocuilzapuyo, el lugar donde Volkova se encontraba, aún así Sandoval no dejaba de preocuparse, pues se sentía con una gran responsabilidad al dejar sola a una mujer y extranjera en un lugar extraño, pero entonces lo único que quedaba por hacer era llegar a un arreglo con el arriero, para que este llevara con bien a Lena a su destino. Así lo hicieron, llegaron a un buen arreglo, el arriero la llevaría y se le pagaría un extra por transportar la carga hasta allá, partirían al amanecer del día siguiente. Jornada, jornada y media había dicho el muchacho indígena que tardarían en llegar, aunque a Lena no le quedaba muy claro el término "jornada" intuía que quizás sería muy duro, cosa que confirmó Sandoval al explicarle que una jornada constaba de ocho horas de camino.
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MensajeTema: Re: Verde Selva [CoMpLeTo!]   25/7/2008, 04:00

Entonces al despuntar el alba del día siguiente partieron y el tiempo de las despedidas llegó, Sandoval había sido encantador pues en tan poco tiempo de conocerlo, este se había convertido en su defensor, al punto de llegar a sentirse sobreprotegida, lo que ella no entendía era que a pesar de todo, a él le parecía que Elena era demasiado frágil para un viaje como este y no podía dejar de preocuparse, por lo que al despedirse le entregó algo envuelto en un pañuelo, que por la forma la joven pudo distinguir con claridad, - Puedes necesitarla...- le dijo el hombre al leer su expresión de sorpresa -... nunca se sabe en estos lugares- Ella no supo que decir, sólo se limitó a guardar rápidamente el objeto entre sus ropas, para después darle las gracias por todo y confirmar que el próximo mes enviaría el primer informe, por último se dieron un apretón de manos y Sandoval observo como partían mientras que las luces del día empezaban a colorear de lilas el cielo matinal.

Así empezó la jornada por la última parte del viaje, el destino final se encontraba a menos de 20 kilómetros de distancia, pero por la dificultad del terreno, el trayecto se realizaría a pie o en el mejor de los casos a lomo de mula en algunos tramos, pero aún así era difícil, pues conforme avanzaban la pendiente se hacía más pronunciada haciendo que montar fuera peligroso, entonces no quedaba más que caminar por entre aquellas cumbres de exótica vegetación, que quizá en otro tiempo sería magnifico recorrer, pero ahora después de días de lluvia, lo único que quedaba era sentir un frío húmedo que calaba los huesos, dejar que el lodo llegase casi hasta las rodillas después de muchas caídas y sentir el cuerpo dolorido después de sólo haber caminado por unas cuantas horas. Para el medio día hicieron un alto, llevaban seis horas caminando a un penoso paso y lo único que Lena quería en ese momento era llorar, los pies le dolían terriblemente, Domingo había decidido hacer el alto, porque en su estado de gente de campo había comprendido que esta mujer de "razón" no soportaría tan dura jornada, entonces de entre la carga saco un atado de unas pocas tortillas untadas con chile, - come güerita, pa' que se sienta mejor- le dijo al ofrecer el alimento. La joven tomo una de las tortillas y se obligo a comer, pues el cansancio había inhibido su hambre, el primer bocado no le supo a nada, pero en los sucesivos empezó a paladear el magro festín y le pareció delicioso, en nada se comparaba este manjar ahora con el caviar. Entonces silenciosamente comenzó a sollozar, por primera vez en todo el viaje la desesperación le había ganado y todas aquellas dudas que habían permanecido subrepticias, afloraban como un torrente indetenible en este momento "¿Qué estoy haciendo aquí?" se preguntaba mientras tortilla en mano derramaba un llanto silente. Domingo se conmovió al extremo y le empezó a hablar en su dialecto; las palabras melodiosamente sonoras e incomprensibles la empezaron a tranquilizar, mientras que con los ojos llorosos vio como el indígena se dirigía hacia una de las mulas y extrajo un frasco que contenía un líquido transparente como el agua, -Toma pa' aguantar- le dijo al ofrecerlo - dale un trago- Lena destapó el frasco y acercó el borde a la nariz, el muchacho la miraba divertido, al oler el aroma pudo identificar que se trataba de algún tipo de licor, entonces bebió y al hacerlo sintió que le quemaba al pasar por la garganta, produciéndole un ataque de tos que terminó en risa, después sintió que un golpe de calor la recorría coloreando sus mejillas, -¿Qué es esto?- preguntó, Domingo respondió que era aguardiente y que servia para quitarse lo triste o lo cansado, al hablar el muchacho entrecerraba los ojos hasta formar unas rayitas de expresión divertida -...se va a sentir mejor- concluyo. Lena le agradeció, pues este muchacho con su sencillez había logrado hacerla sentir mejor y se dio cuenta que la caridad y la generosidad eran virtudes que aún existían en la gente.

Después de haber descansado por cerca de dos horas continuaron con su marcha, el arriero le había dicho que ya casi estaban por llegar pues les faltaba muy poco por recorrer ya que el terreno se prestaba para transitarlo en las monturas y así avanzaron a lomo de mula los últimos seis kilómetros, mientras que la tarde nebulosa caía sobre ellos. Para esos momentos la llovizna que los había acompañado todo el día se había disipado, regalándoles así el cielo una tarde de azules grisáceos al frente y la noche cayendo a sus espaldas, para que minutos después Lena pudiera deleitarse con la danza de luz de las luciérnagas entre el follaje, mientras que Domingo con una lámpara de mano alumbrase el sendero a su paso. Poco después llegaron a un claro entre los árboles y la joven pudo distinguir entre la noche, una construcción a manera de cabaña, hecha de tablas de madera y techo de hojas de palmas, como las casas típicas de la región, entonces escuchó a Domingo hablar nuevamente en su dialecto, algo que ella intuía como un saludo, pero que no podía ver hacia quién estaba dirigido gracias a la oscuridad, pues las nubes cubrían la lánguida luz de las estrellas de esta noche sin luna. De algún lugar del pórtico de la cabaña se escuchó en respuesta una voz femenina que contestaba el saludo del arriero, y así como el lo hizo, nuevamente el melodioso dialecto incomprensible y el fugaz destello de una braza de cigarro iluminando el rostro de aquella voz, por un momento Lena pudo ver dos ojos de penetrante mirada en un rostro de una mujer no mayor que ella. Inmediatamente supuso que ésta sería su contacto, Yulia Volkova, quién a pesar de haber sido avisada, no había ido a Xilitla a buscarla. El diálogo entre la mujer y el arriero continuo por unas frases más para terminar en la risa de ella, entonces la pelirroja pudo ver que la braza del cigarro avanzaba hacia ellos hasta dejarse ver entre el haz de luz de la linterna, - Soy Yulia Volkova, te esperaba hace dos días- le dijo en un tono altanero, dejando a Lena con la respuesta en la boca, pues no espero a que ésta hablara ya que se dio la media vuelta con dirección a la cabaña dejándola a ella en mudo estupor, -No piensas entrar...- escucho desde el interior del lugar. El tono de la joven la enojó y molesta desmonto la mula, cuando lo hizo sintió que las piernas no la sostenían y con penoso paso ingreso a la cabaña. Domingo se encargaría de la carga, además para estos momentos a Lena no le interesaba si la misma se quedaba sobre las mulas.
Ya estando dentro vio que el recinto se hallaba iluminado por el rescoldo de una estufa de leña, misma que le brindaba al lugar el extraño resplandor de una semipenumbra rojiza, vio también que al centro había una mesa con unas pocas sillas a su alrededor, - Ven siéntate- le dijo Volkova que esperaba con una silla para que descansara, cuando se sentó dejo escapar un bufido de cansancio, estaba molida después de tan penosa travesía. "...Nunca se sabe en estos lugares" giraba en su mente la sentencia de Sandoval, era completamente cierta, pues Lena se vio por completo sorprendida por esta mujer, que en la impresión inicial creyó mal educada. Yulia le ofreció de comer frijoles y tortillas, alimento al fin y caliente, que la pelirroja devoró ávidamente mientras que Volkova la observaba desde el otro lado de la mesa, después le sirvió un café cargado mezclado con aguardiente, para reconstituirla. Mientras hacía todo esto reinaba un silencio, que invadía por entero la cabaña, aparentemente ninguna de las dos tenía nada que decir, sólo se podía oír el agua hirviendo en la estufa y el crepitar de algunos leños al consumirse en el fogón de esta, sin decir nada Yulia se levantó de su asiento para regresar al momento con un recipiente y después retornar por el agua caliente. El verdadero momento de sorpresa para Lena fue, ver como esta joven de aspecto rudo se inclinaba hasta casi ponerse de rodillas para desatar los lazos de sus botas, la pelirroja en un acto de pudor quiso impedir aquello, - deja...- manifestó Yulia- necesito revisar tus pies-, entonces la pelirroja dócilmente permitió que aquella la despojase de su calzado, solo para ver que sus pies bajo las calcetas se hallaban con unas ampollas impresionantes, - Mmm... Botas nuevas, ¿verdad?- Lena asintió con la cabeza- No debiste hacer eso- le dijo con un tono de voz en el que se identificaba la compasión. Estando a esa distancia pudo distinguir con claridad los rasgos de Yulia, pudo ver que era pequeña, que usaba el cabello muy corto y que su semblante lucía preocupado, mientras ésta hábilmente lavaba los pies doloridos con agua tibia para después aplicarles un ungüento antiséptico -...en estos climas debes mantener tus pies secos, para protegerlos- fue lo único que le dijo al terminar, fue entonces que ella la miró directamente a los ojos y Lena sintió como si un chispazo de electricidad, la hubiera atravesado, fue una sensación muy extraña, quizá el agotamiento la estaba haciendo desvariar. - No tengo camas, pero te prepararé un lugar en lo que conseguimos otro catre- la pelirroja asintió nuevamente con la cabeza, no le quedaban fuerzas ni para hablar, solo para musitar un gracias que fue recibido con una sonrisa encantadora. En una esterilla de palma Yulia improvisó un lecho en el que se dejó caer Lena, que casi de inmediato durmió, sin importarle que lo hacía en el suelo, entonces soñó con su viaje, con la selva y con Volkova, aquella hermosa que rudamente se mostraba compasiva.

Las voces al exterior de la cabaña despertaron a Lena, en ese momento una sensación confusa se plantó en su mente, habían pasado muchas cosas en muy poco tiempo, pues hacía solamente unos pocos días en que ella se encontraba en su patria y ahora despertaba en este lugar, en donde la rodeaban cosas por completo desconocidas para ella. No tenía ni idea de que hora sería, pero pudo ver que el sol se filtraba por entre algunas rendijas de las tablas de las paredes de la cabaña, creándose así una atmósfera especial en el recinto, sintió el penetrante olor del café molido terminó por despertarla completamente. Entonces quiso incorporarse, pero tenía el cuerpo demasiado entumido, así que poco a poco empezó a moverse hasta que estuvo por completo de pie, cada paso era una tortura, pero quería ver que había pasado con las cosas que había traído y por qué no confesarlo, tenía curiosidad de ver, ¿el lugar? quizá. Afuera se encontraban reunidos bajo un gran árbol, que los lugareños llamaban ceiba, Yulia, Domingo, dos mujeres y unos niños que correteaban por ahí, la plática parecía ser amena pues se escuchaban risas entre los presentes, entonces uno de los niños se quedó mirando fijamente a la recién llegada, para después ir a colgarse de las faldas de la que sería su madre, llamando así la atención de los presentes hacia Lena. Domingo y Yulia saludaron, de las demás personas escucho leves risitas y algunas frases en su dialecto, que Yulia respondió entre risas, después tradujo lo que decían, a los niños les había impresionado el rojo cabello de Elena y preguntaban si no tenía la cabeza caliente, pues parecía tener encendido el pelo. Lena rió de buena gana con la ocurrencia, más tarde Yulia le explicaría que esta gente tenía un mínimo contacto con otras personas y por lo tanto, los comentarios de Domingo habían causado revuelo entre los habitantes de las chozas cercanas, motivo por el cual se habían dado cita ahí desde temprano para conocerla. Sin querer en la mente de la pelirroja cruzo la idea de una exhibición de animales exóticos y en su rostro se formó una sonrisa. Habiéndose satisfecho la curiosidad de estas personas se empezaron a despedir, pero hubo algo que intrigó a Lena, pues en un momento que parecían bromear, una de las mujeres dijo algo que hizo sonrojar fuertemente a Yulia, que contestó en un tono más serio, inconscientemente pensó en justificar lo dicho, olvidando que la pelirroja no entendía nada de lo que hablaban. Entonces terminaron de despedirse y se quedaron solas, quedándose con ellas también un incómodo silencio, -¿Dormiste bien?-,-Si gracias...Bueno es que estaba muerta-,- Lo pude ver, ¿Cómo están tus pies?-,-mejor gracias. Todo era muy raro para Lena, quién se podría decir que era excelente conversadora, pero había algo en esta mujer que le imponía al grado de quedarse callada, ¿qué era? algo indefinible.

Sin saber realmente que hacer ambas se quedaron en silencio, hasta que Yulia atinó a decir "debes tener hambre", la pelirroja que hasta ese momento no había pensado en eso la sintió, un hambre terrible, entonces vio como Yulia avanzaba hacia ella y conforme se acercaba, su corazón emprendió una loca carrera, y pasó tan cerca que si hubiese querido, con sólo estirar la punta de los dedos hubiera podido rozar la piel de sus brazos. "¿Qué te pasa Elena?" se preguntó mientras sentía el rostro arder y movía la cabeza para sacudirse esos pensamientos, después siguió a la primera para ingresar en la cabaña. Estando dentro, Volkova empezó a servirle en un plato unos pocos de frijoles con queso seco, huevo y calentó unas tortillas de maíz, - Disculpa la comida, pero es la básica, como verás no hay electricidad, por lo tanto es muy difícil conservar los alimentos, así que comemos casi siempre lo mismo, sé que quizá no te guste, pero terminaras por acostumbrarte- expresó Yulia a manera de disculpa por no poder ofrecerle más que este magro alimento, a lo que Lena le pidió que no se disculpase, pues ella entendía perfectamente la situación y estaba dispuesta a adaptarse así fuera a fuerza de comer puros frijoles y tortillas durante los próximos ocho meses que pasaría en este lugar. El comentario provocó risas en ambas, disipándose así la tensión que se había generado hacía sólo unos momentos, entonces Yulia comenzó a hacerle mil preguntas a Lena, quería saber cómo estaban las cosas en la madre patria, los motivos que habían impulsado a la pelirroja a tomar este viaje, en fin quería saber todo. En la medida de sus posibilidades Lena respondía a los cuestionamientos que podía y le comentó los pormenores de su obligación para con el Instituto, habiendo respondido consideró que ahora era su turno para interrogar, pero se topó con una pared, pues Yulia solamente le proporcionaría datos básicos de su persona, así Lena sabría que ella también estaba efectuando una investigación, era bióloga, un año menor que ella, también soltera, pero de ahí en adelante no respondió más preguntas, no deseaba hacerlo, picando así una vena curiosa en la pelirroja que de momento dejó las preguntas de índole personal por otras más generales. A Lena le intrigaba saber si había más personas por parte del Instituto en estas regiones, respondiendo Yulia afirmativamente a ello, pero le comentó que las distancias eran tan enormes que sólo esporádicamente le llegaban noticias sobre los demás, al decir esto la pelirroja percibió por un momento un dejo de tristeza en la voz de la pequeña joven, mismo que fue corregido casi en el mismo momento, dándole a Lena la impresión de que ésta ocultaba algo. Pero dejo de preocuparse por los asuntos que esta escondía, ya que simplemente no eran de su incumbencia y por lo tanto debía mostrar un poco de respeto ante sus reservas.
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MensajeTema: Re: Verde Selva [CoMpLeTo!]   25/7/2008, 04:01

Mientras terminaba el desayuno Yulia le preguntó si se sentía mejor, como para mostrarle los alrededores y enseñarle algunas cosas básicas para la operación de la cabaña, Lena respondió que no tenia inconvenientes, para que momentos después iniciaran un corto recorrido por el lugar. Así Lena fue siguiendo a la joven por entre verdes senderos formados por debajo de árboles, de momento le fue difícil seguir el paso, pues aquella se deslizaba rápidamente por entre el verdor, hasta que por un instante la perdió de vista, -¿Yulia?- la llamó con un dejo de sentirse perdida, -aquí estoy...- respondió la otra- sigue la vereda. La pelirroja obedeció, sólo para quedarse sin habla al llegar, pues el escenario que la recibía era como para quitarle el aire a cualquiera, Yulia sonrió ante el asombro de Lena, - es hermoso ¿verdad?- dijo al referirse al sitio, en verdad lo era, pues en una sucesión de niveles se presentaban pequeñas pozas de agua, interconectadas entre si por una serie de cursos de agua, todo ello inmerso entre una vegetación de explosiva belleza. - De aquí traemos el agua para la cabaña- expresó la pequeña joven, "¿traemos?" se preguntó Lena, pues según lo que Yulia le había dicho, en la cabaña sólo estaba ella, no podía entender porque ésta hablaba siempre en plural, pero no preguntó nada, no quería volver a caer en una situación como la del desayuno así que continuaron con el recorrido. Conforme avanzaban por los senderos, Yulia le indicaba que el grupo de personas en los que enfocaría su investigación, se hallaban dispersas por toda la zona, que hablaban el nahua, lenguaje que había estado escuchando desde su llegada a este lugar y muy fácil de aprender, por lo que se ofreció a enseñarla y mientras aprendía también podía traducir para ella algunas cosas. Después siguieron un sendero que las llevó directamente hasta la cabaña, para cuando llegaron el sol se encontraba en todo lo alto y en el cielo ninguna señal de nubes de lluvia de los días anteriores. Ahora se sentía un calor húmedo, sofocante, que daba la apariencia de haber detenido el tiempo, pues nada se movía o tenía la intención de hacerlo, sólo en el sopor de esas horas se podía escuchar el incesante zumbido del canto de las cigarras, -Trajiste el buen tiempo contigo- mencionó Yulia con una sonrisa mientras usaba una mano para cubrir el sol de sus ojos. Después recomendó descansar, era aventurado para Lena esforzarse de más en este momento, en el que aún no se había aclimatado pues el problema no era la altura, sino el calor. La pelirroja entendió perfectamente lo que aquella le quería decir, pues ahora se encontraba completamente bañada en sudor y con la sensación de estarse deshidratando. - Te voy a dar algo pera que te sientas mejor - le comentó Yulia al servirle un café que casi hervía, al ver la taza Lena sólo le quedo decir - ¿En verdad tengo que tomarlo?, ¿Así, con este calor?- con justa razón cuestionaba esto, pues era de locos tomar algo tan caliente en un clima que parecía derretir las cosas, - Bébelo, te sentirás mejor, confía en mí- Lena recelosa la miró y volvió a ver la humeante taza, movió la cabeza en signo negativo, pero bebió el contenido hasta terminarlo. No bien hubo terminado cuando empezó a sudar a mares pero se dio cuenta, que después de ello se sentía muy fresca, entonces Yulia le explicó que ese truco se lo habían enseñado los lugareños, pues en palabras de los mismos, el fuego se combate con fuego, siendo éste el único modo de soportar las altas temperaturas. Ambas rieron hasta terminar la risa en sonrisas y después hubo una pausa,-Yulia... una pregunta ¿Dónde me puedo bañar?- expresó Lena con pudor debido a que desde que había salido de Xilitla no lo había hecho. Yulia inmediatamente se disculpó, había olvidado por completo mostrarle la ducha, entonces la llevó a la parte trasera de la cabaña y le enseñó una rústica regadera ubicada detrás de una empalizada a manera de biombo. A Lena le produjo cierta gracia ver aquello, pues era en sí un baño al aire libre, compuesto por una cubeta suspendida de la rama de un árbol, misma que se accionaba mediante un ingenioso sistema de cuerdas, que al tirar de ellas dejaban escapar un gran chorro de agua fresca - ...La ducha- dijo graciosamente la joven- el baño de tina ya lo conociste, pero ese si lo prefieres, es mejor tomarlo por la tarde cuando el calor baja un poco, pero bueno te dejo, no olvides llenar de nuevo la cubeta al terminar- concluyo mientras se alejaba para darle intimidad a la pelirroja.

Mientras aquella tomaba su baño, Yulia se dirigió hacia el pórtico de la cabaña para sentarse en el suelo recargada a ala pared. Había aprendido a conservar sus energías en este clima de extremos, y con la parsimonia de una tarde calurosa se puso a enrollar un cigarro de hojas de tabaco, otro conocimiento adquirido de sus vecinos, su única compañía en mucho tiempo. Cuando hubo terminado el rollo lo encendió con un doble propósito: fumar y ahuyentar a las moscas que zumbaban molestas en el calor. No le había dado ni una fumada cuando escuchó que Lena le hablaba a gritos, se asustó pues imaginaba que a esta le estaba sucediendo algo grave, entonces rápidamente acudió al llamado, para encontrar a la pelirroja de espaldas, tal y cómo Dios la había traído al mundo, al verla sintió que el rostro se le encendía en un rubor intenso en ese momento y mirando al suelo por el pudor le preguntó -¿Qué te pasó?- , - Mira, ¿¿qué es esto??- respondió aquella con desagrado, entonces le mostró que sobre la blanca piel de la espalda y subiéndole por un costado, una especie de rosario de diminutas esferas oscuras, que de primera impresión se podría decir que eran pecas o lunares, pero mirando con detenimiento Yulia empezó a reír sin poder reprimirse, - ¿De qué te ríes? ¿Qué es?- decía la otra al borde de la histeria, “garrapatas” expresó certeramente Yulia, que al ver la expresión de la pelirroja explicó que eran ácaros hematófagos de la región; la explicación dejó en las mismas a Lena, “bichos chupa sangre” tradujo- Sete han de haber subido cuando montaste las mulas-,- Quítamelas... Por favor- respondió aquella casi en tono de súplica. Entonces Yulia se dio a la tarea de remover cuidadosamente a los animalillos; fue a la cabaña para regresar con unas pinzas finas, una botella de alcohol alcanforado y su cigarro encendido; así comenzó con una paciencia increíble a acercar la braza encendida, lo suficiente para que el bicho al sentir el calor se soltara de la piel sin quemarla a ella, una vez que el insecto había liberado sus mandíbulas, con la pinza era removido y transportado a un recipiente. El acto se repitió con todos los animalillos que rondaban en su espalda y procedió a revisarle todo el cuerpo, mientras le explicaba que las garrapatas eran peligrosas por que trasmitían enfermedades de difícil curación, mismas que al no ser detectadas a tiempo podrían producir la muerte, resignada Lena escuchaba la explicación, sentía que le ardía el rostro de vergüenza pero no le quedaba otra, la selva le había brindado un desagradable recibimiento. Yulia ajena a las reservas de la pelirroja y con el entusiasmo de cualquier naturalista, mencionaba las características del género, especie y familia a la que pertenecían las infames bestiezuelas mientras que Lena le rogaba que apresurase su tarea, pues no era muy agradable permanecer en pelotas por tanto tiempo, - No te preocupes, la casa más cercana se encuentra a medio kilómetro de aquí y en dado caso la gente solo diría que tienes un cuerpo hermoso...- sin querer la concentración en los insectos había hecho que Yulia bajara la guardia dejando escapar ese ultimo comentario, que nuevamente volvió a encender furiosamente su rostro, entonces apenada guardó silencio para continuar con su parsimoniosa tarea, cigarro, pinzas, recipiente, hasta completar un total de veintitrés criaturitas que se alimentaban ávidamente de ella. - Je,je,je, No me ganaste, cuando llegué a este lugar, agarre cerca de cuarenta - dijo Yulia en son de broma al concluir con aquella labor - ahora si, báñate y cuando termines frota el alcohol por todo el cuerpo para terminar de desinfectarte, es para prevenir que hayan dejado descendencia en ti.

Una vez habiendo terminado, Yulia volvió a su reposo de las horas de calor, pero había algo que la estaba inquietando por completo, la imagen del perfecto cuerpo de Lena se negaba a abandonarla; pensar en ello le provocaba un sacudimiento que le recorría el cuerpo. Por qué estaba sucediendo precisamente esto, ahora que finalmente vivía en paz y ésta mujer que había venido a perturbar la tranquilidad que había logrado. Quizá era que había pasado mucho tiempo sola y necesitaba compañía, “que triste eres” se dijo después de pensar en una absurda comparación con Robinsón Crousoe. Pero ahora no trataría de pensar mas en ello, pues un calor mayor al del clima a su alrededor la estaba envolviendo, entonces cerró los ojos adormecida por el constante cantar de las cigarras cercanas.

Los días pasaban con pasmosa lentitud, que Lena atribuía al calor, eso debía ser, pues parecía que los minutos duraban eternidades y las noches de calor eran interminables; provenir de un clima tan frío no ayudaba en nada, poniéndola a ella en completa desventaja, aunque poco a poco se estaba empezando a adaptar. Junto a Yulia estaba aprendiendo mucho más que lo que podría llegar a aprender de un libro o en una aula de la universidad, todo ello gracias a la experiencia de ésta en el lugar. Además a la pelirroja le parecía encantadora Yulia, pues tenía un carácter extraordinario, la mezcla perfecta entre fuerza y suavidad, toda ella era interesante, era de rasgos pequeños que escondían la fuerza suficiente como para derribar de un solo golpe a una persona mucho mas grande que ella, aunque tenía el aspecto de un muchacho, Yulia le parecía en extremo hermosa y en ocasiones Lena sentía una imperiosa necesidad de abrazarla, pero se reprimía pues le parecía que ésta ponía a su alrededor un muro defensivo contra cualquier avance de tipo físico, una situación extremadamente rara debido a que Yulia solía ser muy corporal con ella para rehuir ante cualquier señal de cercanía. En ocasiones podía resultar muy excéntrica en su modo de ser, Yulia no perdonaba la siesta por la tarde y nunca dormía antes de la media noche, se levantaba antes del alba porque decía que le fascinaba ver como la neblina tocaba el suelo al amanecer, también salía todas las noches con rumbos desconocidos, cosa que intrigaba a Lena y quién movida por la curiosidad había intentado seguirla sin éxito en esas excursiones nocturnas. Siempre parecía estar distraída, sin embargo tenía un poder de observación impresionante que sorprendía mucho a la pelirroja, pues nada pasaba de largo para aquellos ojos del color del cielo. Domingo solía llamarla “amini” y las mujeres del poblado le decían “tochtli” palabras cuyo significado era oculto en un principio, pero que después sabría que significaban conejo cazador, título que Yulia se había ganado gracias a sus hábitos nocturnos, apodo cariñoso que la gente le había otorgado, pues ella a diferencia de muchas personas de “razón” se había acercado lo suficiente al pueblo indígena como para ser considerada una más entre ellos, situación que Lena admiraba mucho y pensaba que quizá también pudiera ella lograr lo mismo. Los conocimientos de Yulia sobre las formas de vida de estas personas, eran la pieza fundamental en la que se sostenía la investigación que ella estaba desarrollando, pues sin ellos el trabajo sería más difícil de efectuar. Además se estaba creando entre ellas un vínculo especial, algo más que amistad, algo como complicidad y entendimiento entre ellas, situación que en muy pocas ocasiones se puede llegar a establecer entre dos personas. Así transcurrieron muchos días, en los que las tardes de siesta se respetaban y las platicas continuaban hasta muy entrada la noche. Lena estaba adquiriendo los hábitos que Yulia con confianza compartía con ella, e incluso como en su caso, los lugareños empezaban a llamar a Lena con el nombre de “yectli tzontli”, sustantivo que nunca empleaban en su presencia por timidez, pero que socarronamente Yulia nunca quería decirle el significado, situación que iniciaba luchas juguetonas que Lena siempre perdía, para iniciar de nuevo y perder entre risas una vez más.
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MensajeTema: Re: Verde Selva [CoMpLeTo!]   25/7/2008, 04:02

Se acercaba el mes de mayo, uno de los más calientes en e año, lo que había vivido Lena en esta selva, era nada en comparación de lo que se veía venir, cosa que muchas veces Yulia le había advertido sin ella creerle realmente. Ahora nada era suficiente, ni el remedio del café o las duchas de la cubeta, todo estaba caliente, desde el amanecer, hasta el amanecer siguiente y sólo los baños nocturnos en las pozas eran el único remedio contra este infierno desatado. Entonces Lena sabiendo de las escapadas nocturnas de su compañera, aprovechaba para disfrutar del agua helada de las mismas en solitaria quietud; se deslizaba silenciosamente por entre las veredas que la conducían al lugar; al llegar empezaba a desnudarse, para después entrar en el agua rompiendo delicadamente en ondas, el espejo que la recibía cada noche en una deliciosa caricia fresca. Así permanecía por largos momentos sin percibir que cada noche era observada, pues entre las plantas miraba atenta Yulia, como la pelirroja efectuaba a la misma hora siempre el mismo ritual. Yulia sostenía la respiración para mirar como la luz de la luna iluminaba de modo sobrenatural aquella piel desnuda, ese cuerpo de proporciones clásicas y alabastrino color. Lena le gustaba, y de una manera que nunca había sentido. No sólo le gustaba el aspecto físico, sino toda ella, completa, pues e había ido metiendo poco a poco en su mente, desde esa primera vez cuando la vio exhausta y por compasión había curado sus heridas. Ahora ella llenaba todos los espacios en su alma, al punto de llegar a sorprenderse pensando en la pelirroja en cada segundo del día. Algunas veces hasta podía percibir que ésta quizá albergara por ella un sentimiento similar, podía verlo en su expresión, cuando ella fingía dormir la siesta y Lena furtivamente podía pasar un tiempo indefinido observándola “dormir”. Yulia quería decirle, explicarle o confesarle lo que sentía por ella, pero nunca era el momento adecuado o la situación propicia para hacerlo, era más bien el temor al rechazo lo que la detenía de hacerlo, el miedo era muy fuerte y el delicioso tormento se estaba volviendo un nuevo hábito y el calor nocturno que no baja, para después tener la sensación de estar haciendo mal y después tener que mirar a esos ojos verdes con sumo pudor y con la certeza de que en cualquier momento iba a ser descubierta por su compañera. Así cada noche decidía no continuar con su entretenimiento nocturno y pensaba que haría las cosas bien, que esta vez hablaría, aún fuese a riesgo de alejarla para siempre. Así regresó a la cabaña, dejando a Lena en las pozas, quién ajena continuaba con su baño nocturno sin preocupaciones. Estando en casa Yulia se recostó en su catre de lona, cerró los ojos para intentar dormir, pero su imagen favorita permanecía fija en su mente, a los pocos minutos escuchó que la pelirroja se acercaba por el camino, la sintió entrar y volvió a cerrar los ojos nuevamente para fingir que dormía, pero se hallaba con el oído atento a los movimientos que Lena hacía, entonces fue que la percibió junto a su camastro y como cuando ella tomaba la “siesta” la pelirroja la observaba dormir. Amparada por el falso estado de inconsciencia de Yulia, Lena se acercó cada vez más su rostro, hasta rozar con sus labios los de ella, para inmediatamente levantarse con cara de sorpresa, como si hubiese hecho algo malo para retirarse a su lecho después. El corazón de Yulia latía desbocado, sentía que no podía escuchar nada por el golpe de calor inmediato que experimentaba y con los ojos muy abiertos se daba cuenta de que no podía dar crédito a lo que acababa de suceder. Pedir una explicación o quedarse callada, difícil situación se planteaba Yulia en ese momento que pensaba en lo sucedido una y otra vez, hasta darse cuenta que el pausado ritmo de la respiración de su compañera indicaba que esta ya se hallaba dormida. -mañana... - se dijo en un murmullo mientras en su rostro se formaba una sonrisa de satisfacción.

Por la mañana Yulia se levantó tarde y con el cuerpo adolorido por una noche de emociones y mal dormir, hecho que a Lena le sorprendió mucho, pues su amiga era la madrugadora de las dos y cuando le pregunto que si se sentía bien, ésta le respondió con un gruñido malhumorado, haciendo con ello que la pelirroja se descontrolara al momento. Quizá Yulia había estado despierta cuando ella la creía dormida y cuando ella no había podido reprimir el deseo de besarla en los labios. Yulia no mencionó nada al ver el turbado estado de su amiga, sólo se levanto y le comentó que tenía que salir a recoger unas muestras de vegetación que necesitaba para su investigación, situación que a amabas ofrecía la oportunidad para pensar claramente las cosas con calma. Lena se quedaría en la cabaña pues estaba ordenando sus escritos para enviar el próximo reporte al Instituto, - ¡En verdad estas bien?- volvió a preguntarle al ver su rostro un poco demacrado, - estoy bien- le respondió con la usual sonrisa mientras se colocaba el sombrero y la mochila al hombro, para después salir sin decir nada más. Elena se quedó algo inquieta con esta indescifrable actitud, “eché todo a perder” pensaba sin saber que Yulia realmente se sentía mal físicamente, las observaciones nocturnas de su delicioso tormento cobraban ahora su precio, pues había sido expuesta a una enfermedad desgastante que en el transcurso del día daría otro golpe en su cuerpo.

No había pasado mucho tiempo después del medio día cuando Yulia regresó, Lena se hallaba sentada en el pórtico repasando sus notas cuando la vio venir, por su andar se adivinada que algo no estaba bien, entonces la pelirroja se levantó de su lugar para ir a su encuentro justo en el momento en el que Yulia parecía caer, deteniendo así en vuelo su caída, -¿¿Qué tienes??- preguntó alterada, -Fiebre- fue la respuesta en un suspiro- Ayúdame, necesito recostarme-. Entonces como pudo logró llevar a la joven al interior de la cabaña para recostarla en el camastro, rápidamente quitó las botas y noto que toda ella se hallaba bañada en sudor, diminutas perlas se formaban en su frente mientras que las mejillas permanecían sonrojadas por la temperatura. -Lena, tengo frío- dijo en un murmullo. Lenta intuyó que debía ser muy alta la fiebre para tener frío con un clima de 38°C, y aunque de inicio se negó, acabo por arroparla con una manta. La preocupación de Lena estaba a punto de volverse histeria por no saber que hacer, en el botiquín solo tenían algunas hipodérmicas, penicilina, aspirinas y banditas. ¿Qué hacer?, ¿Qué hacer?, se preguntaba mirando a todos lados en la cabaña, entonces la enferma le indicó que en una gaveta del gabinete había un frasquito que decía “Alquinal”, que preparara una jeringa para inyectarle la solución. Rápidamente Lena buscó la medicina y al leer la formula de la etiqueta exclamó -¿Quinina?, ¿Pues qué tienes?-, - Paludismo, hace días que me estoy tratando, pero ya me hice resistente a la penicilina- manifestaba Yulia en medio de los escalofríos que le producían la fiebre, - ¿¿Y porqué no dijiste nada??- exclamó casi en un grito Lena, - porque esto es cíclico y ya me acostumbre a tratarme sola-. Mientras escuchaba estas razones preparaba la solución, pro con temor vio que el medicamento sólo alcanzaría para una dosis, haciendo que ésta rezara por que fuese suficiente.

Aplicó el medicamento y empezó a hidratar a la enferma, para después esperar que la fiebre no subiera más, pues de ser así no podría hacer nada y el pueblo más cercano a veinte kilómetros. Pasaron varias horas de angustiosa espera, horas en las que Yulia murmuraba en estado subconsciente cosas que Lena le parecían incomprensibles, debido a la mezcla de los tres idiomas. En un momento pareció que la fiebre se estabilizaba pues Yulia se hallaba consciente y casi en un grito de dolor, pero aún así pudo ver que Lena estaba junto a ella mirándola con desesperación, paso saliva e indicó - Lena... es necesario que busques a Domingo, tienes que conseguir más quinina -,- Pero no te puedo dejar sola- respondió la otra sabiendo que el arriero vivía a medio kilómetro de ahí, - tienes que hacerlo... la dosis no va a ser suficiente...- musitó Yulia casi sin fuerza. No había mas remedio, entonces salió con el corazón hecho un nudo, dejando a la pequeña joven nuevamente en estado inconsciente. Lena avanzó por entre los senderos con velocidad, los meses pasados en este lugar habían asegurado firmemente su condición física, en la cabeza la imagen de Yulia, su Yulia, aquella por la que sentía algo más que amistad, por la que sentía un amor que no se atrevía a confesar. Tenía pavor de perderla, pues el miedo le estaba jugando crueles pasadas a su mente, pero el destino estaba de su lado pues pronto encontró a Domingo, este se hallaba haciendo labor en su cafetal. -¡Domingo!, Yulia esta muy enferma, necesita quinina-. El muchacho dejó su machete de lado para acercarse - ¿Tiene fiebres?-, - si, necesito que consigas la medicina, yo no puedo dejarla sola y se nos terminó- Domingo no espero mas y salió con rumbo a otra comunidad, donde sabía que se encontraba una casa de salud donde quizá encontraran la medicina, era cuestión de apostar, pero valía la pena, pues era mas rápido que ir al pueblo y regresar. Quedaron de acuerdo, Lena regresaría a cuidar a Yulia mientras que Domingo buscaba el remedio.

Cuando Lena arribó a la cabaña, se encontró a Yulia en el suelo inconsciente, al parecer había tratado de incorporarse, pero minadas sus fuerzas por la temperatura, ésta se había desvanecido, temiendo lo peor Lena se acercó rápidamente, tal y como ella temía la fiebre había vuelto. La piel de Yulia ardía, entonces trató de levantarla, pero el laxo cuerpo de ésta hacía más difícil la tarea de hacerlo, - Yulia... Ayúdame- le decía al hacer el esfuerzo por levantarla, hasta que ésta en semiinconsciencia empezó a cooperar. Con dificultad logró incorporarse para llegar nuevamente a su lecho, -...tenía sed- expresó con dificultad al estar recostada, la pelirroja le dio de beber para después colocarle sobre la frente y vientre un compresas húmedas, el instinto le decía que debía de tratar de bajarle la fiebre por cualquier medio, pero parecía que no lograba un avance significativo contra aquella calentura que estaba consumiendo rápidamente a Yulia y Domingo que no llega, entonces el delirio que empezaba a atacar y Lena por completo en desespero. “¿Dios qué puedo hacer?” se dijo al pensar en una solución, entonces ideo algo que podría resultar peligroso, sumergir a Yulia en el agua fría de las pozas, pero dudó pues sabía que eso posiblemente le provocaría un choque que podría matarla, pero en su angustiada mente era el único remedio para estabilizar a la mujer que amaba, mientras llegaba el medicamento. Entonces como pudo la levantó del camastro, Yulia débilmente se desgastaba en murmuraciones incomprensibles; Lena pasó el brazo de ésta por sobre sus hombros y con el propio sujeto la cintura de ésta; así poco a poco fueron avanzando por el camino hacia las pozas. Yulia hervía, podía sentirlo en el contacto con su piel, nunca fueron tan interminables unos cuantos metros, pues a cada momento Lena hacía paradas para recuperar el aliento después de estar perdiéndolo por el esfuerzo de soportar el peso muerto de la joven. Fue un alivio divisar la gran laja de piedra que les servía de plataforma y asiento en las pozas, ahí la sentó mientras la desnudaba para después tirar de ella con el resto de sus fuerzas, deslizándola así al interior de la poza. Inmediatamente sintió como el peso disminuía mientras sostenía el desmayado cuerpo de Yulia, que flotaba sobre la superficie del agua; con total devoción introducía sus dedos por entre el cabello para enfriar la cabeza un poco, mientras observaba con angustia el estado inconsciente de su amor notó que en verdad se veía más pequeña de lo usual, entonces se aferró al cuerpecito y lloro toda la desesperación de sentirse tan impotente, tan sola y alejada. Nunca imaginó que este viaje tendría estos matices en los que se veía envuelta, así la certeza de no sólo ser ella sino vivir por aquella persona que sostenía en brazos, era lo que mantenía su fuerza en esos momentos. Mientras lloraba a su alrededor se escuchaba el suave rumor del agua fluyendo, el sonido de las cigarras y la respiración de Yulia normalizándose, hasta que paulatinamente ésta recuperase la conciencia, la fiebre cedía ante el remedio.

Cuando por fin abrió los ojos se hallaba en brazos de Lena y pudo ver esos ojos verde selva, que competían en color con todas aquellas cosas que ella amaba, así vio también la angustia que bañaban a esos ojos y que marcaba la expresión de su adorado rostro, - Lena... Yectli Lena - dijo al tocarle la mejilla con una débil mano mientras esbozaba una frágil sonrisa. Lena la estrechó fuertemente mientras bañaba su rostro en besos - Estaba aterrada- dijo entrecerrando los ojos para acunar el cuerpecito en su seno. A Yulia le pareció un espectáculo de magnífica belleza ver a esa mujer siendo iluminada por los haces de luz que se filtraban por entre el follaje circundante y ver que su expresión se iba relajando poco a poco tras el susto sufrido. Pronto Lena sintió que ya era tiempo de retirar a Yulia del agua, sin decir nada volvió a sentarla en la piedra para empezar a cubrirla, mientras Yulia dócilmente se dejaba vestir al momento que recibía un sinnúmero de besos, mismos que débilmente respondía. No eran necesarias las palabras para expresar lo que estaban sintiendo, nuevamente la pelirroja paso el brazo de su amada sobre sus hombros y apoyándose así empezaron a avanzar, - Lena... yo-,- No digas nada, estás muy débil. Por el camino se encontraron con Domingo que volvía con la medicina, y ayudada por el muchacho, trasportaron la frágil carga hasta la cabaña. Ya estando en casa el joven le indicó a Lena que el médico de la casa de salud vendría en unos días, mientras tanto prescribía la misma dosis cada doce horas por tres días, para tratar agresivamente la infección.
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MensajeTema: Re: Verde Selva [CoMpLeTo!]   25/7/2008, 04:04

Durante los días siguientes Lena cuido de Yulia y Domingo permaneció al pendiente de ellas; las fiebres se repitieron, pero no con la intensidad de esa primera tan desgastante, se le estaba ganando la guerra al paludismo de Yulia, al punto que una semana después ya había sanado, aunque a sus mejillas aun no regresaba el tono rozado que las caracterizaba, pero lentamente fue recuperando fuerzas, todo gracias a la dedicación y cuidados de los que era objeto por parte de la pelirroja. Ahora volvían las risas, las pláticas y bromas entre ellas, llenando nuevamente de entusiasmo al lugar que días antes había sido escenario de tanta angustia, - Es increíble cómo te has recuperado- le decía Lena sonrisa en labios,- lo que pasa es que eres una miedosa, si nada más era una calenturita la que yo tenía- le respondía Yulia de manera socarrona, - ¿¿Calenturita?? Ja!!...Me tenías histérica- expresó sinceramente la pelirroja, - No Yectli, tienes para mucho rato a tu tochtli- bromeo nuevamente Yulia. Entonces sin previo aviso fue atacada por Lena, esta vez ella dominó la lucha, pues Yulia se hallaba debilitada por las cosquillas que ésta le hacía estando sentada a horcajadas sobre ella. Inmovilizada la pequeña pudo ver como aquellos ojos tomaban otra expresión, una seductora y sensual mientras que en sus labios se curvaba una deslumbrante sonrisa, - ...¿Ahora me vas a decir que significa “yectli”?- escuchó a esos labios que deseaba con toda su fuerza morder y que cada vez veía más cerca, tanto que casi rozaban los suyos, para sin tocarlos retirarse en una sonrisa dejándola a ella con el deseo de aquellos, para así empezar con su dulce tortura una vez más, un juego que ambas disfrutaban. - No te voy a decir - dijo Yulia en el momento en que sorpresivamente giraba su cuerpo para dejar de espaldas contra el suelo a la pelirroja. Ahora ella era quién tenía el control de la situación y reprodujo exactamente el juego que Lena jugaba dejando a ésta en anhelante espera, hasta que sin poder detenerse, Yulia besó con ansiedad aquellos labios y su beso fue correspondido del mismo modo, - ...te adoro- le decía innumerables veces entre las caricias que le prodigaba. Pronto el calor las superó y la ropa fue un estorbo que se fue desperdigando por el suelo de la cabaña, quedándose entonces ambas en iguales condiciones, sólo piel, calor y mucho tiempo para explorarse, conocerse, para recorrer esos caminos hasta ser memorizados por entero, mientras que la luz del sol se filtraba por entre las rendijas de las paredes y afuera el verde que las había unido, en el interior solo murmullos y suspiros entrecortados. Era un placer el sólo observar el rostro de Lena al ser besada por Yulia, el sentirse recorrida por aquella criatura de manos finas que se aferraba con dulce ansiedad a su cuerpo, mirar sus ojos de azul extraño y sentir sus labios ascender y descender en besos por su piel, sentir como lamía las pequeñas gotitas de sudor que relucían ante la extraña luz de la cabaña. Sentir a ese ser que trazaba rutas por entre los montes y valles de su cuerpo, como los exploradores que por primera vez se enfrentan a un territorio desconocido, Yulia avanzaba y retrocedía, pulsando todos aquellos puntos que sabía desencadenarían una reacción en extremo placentera en la pelirroja, mientras ésta a su vez recorría con la punta de los dedos aquel cuerpo de piel suave como terciopelo, que respondía a cada una de sus caricias para fundirse en un solo ser con la flama de un calor correspondido, entendimiento mutuo de un momento sin fin, de algo llamado amor en su más simple expresión, - Te amo - gimió Lena al momento de llegar a un total éxtasis mientras sentía que cada uno de los músculos de su cuerpo se hallaban tensionados por el placer. Entonces intentó recuperar el aliento y sentía que Yulia también intentaba normalizar su respiración, y durante mucho tiempo se quedaron abrazadas. Así Yulia descubrió que el cuerpo de su adorada pelirroja le proporcionaba paz, entonces durmió sobre su pecho un sueño tranquilo y Lena como en los tiempos de las siestas fingidas, la observó dormir hasta unirse con ella, arrullada por los sonidos distantes de la naturaleza.


De ahí en adelante transcurriría el tiempo plagado de simples detalles en los que se combinaban el trabajo, el juego y el amor en plena complicidad, siempre inmersas en su paraíso particular pensaban que esto podría ser para siempre al ser tan felices, y se llegaron a convencer de que este tiempo era el más feliz de en vidas. Ahora no solo eran dos personas individuales, sino que se habían convertido en una sola que vivía y respiraba por la otra. El entendimiento completo llego cuando Yulia confió por entero sus secretos a Lena, fue entonces que ésta supo cómo la joven había llegado a estas tierras y por qué hubo tonos de tristeza en su voz en un inicio, también supo que a Yulia le dolía la soledad y que el miedo al abandono era una constante que la perseguía. Ahora Yulia por voluntad propia, abría su alma por entero a su amada, pues había llegado a la conclusión de que nunca en su vida había amado a alguien del modo en que su pelirroja la arrebataba, aunque sabía que esta sería la apuesta mas costosa que jamás hubiese jugado alguna vez, pero no pensaría en ello sino que jugaría sin miedos, no pensaría en el devenir pues el hoy era lo importante.

Aún así las dos descubrieron que el tiempo puede ser un aliado enemigo, que llega a cambiar el destino de un momento a otro, pues no hay plazo que no se cumpla y ambas lo sabían; la estancia de Lena se acercaba peligrosamente a un término, entonces los encuentros de amor se hacían más vehementes debido a la certeza de la pronta separación. Así entonces se ponían a construir castillos en el aire que pronto se desvanecían ante la realidad de tener que vivir vidas separadas. - No te vayas, - Sabes que no puedo quedarme-, - Ven conmigo-, - No puedo, aun tengo compromisos aquí-, eran líneas de diálogos que cada vez se hacían más frecuentes, así como una melancólica sensación de tristeza, avanzaba abarcando todo lo que las rodeaba. ¿Por qué ha de ser así? Era una pregunta constante que se quedaba siempre en el aire sin una respuesta aparente, y mientras buscaban esa respuesta, sentían al alma partirse en pedazos, se habían acostumbrado demasiado y ahora la separación se estaba haciendo dolorosa, llegando inevitablemente a un punto de quiebre que no podrían evitar. -¡No quiero despedirme!- expresó Yulia en la víspera de la partida, pues su vida se iba con Lena al día siguiente. - Ven, no quiero que estés triste- le dijo ésta esperándola con los brazos abiertos, entonces la pequeña avanzó hacia ella estrechándose largamente, como queriendo de este modo no dejar escapar lo vivido, - Pronto nos veremos-, - Sabes que eso no es verdad-, -tu comisión terminará en un año-, - así es pero quizás en ese año que pase, tu ya me hayas olvidado-, -eso es falso y lo sabes-, -Aún así no quiero decir adiós. Esa noche se amaron despacio, después hablaron y rieron de los recuerdos, para después amarse nuevamente y permanecer el resto de la noche engarzadas en un abrazo del que ninguna de las dos quería separarse jamás.

Al alba esperaba Domingo con toda la carga lista, -Yulia... Ven conmigo- pidió Lena por última vez - aunque sea sólo a Xilitla-,-No amor, no quiero que duela aun más de lo que ya está doliendo-, entonces sólo se miraron para abrazarse nuevamente por largo rato, sintiendo que todo se estaba acabando en ese momento. Lena se iba y Yulia dudaba en quedarse o partir, su cuerpo deseaba ir con el objeto de su amor, pero su voluntad le impedía hacerlo, o en realidad no era ello, era algo que estaba más allá de la posibilidad para poder describir un por qué, desarrollándose en su ser una batalla interna que en el momento tenía perdida. Así partió Elena, mirando hacia atrás a Yulia que trataba de sonreír en un gran esfuerzo, “las cosas buenas duran muy poco...” pensó cuando vio desaparecer entre la espesura a su adorada pelirroja, partiendo con ella también los momentos y detalles que ella atesoraba. Sólo habían pasado unos cuantos minutos cuando Yulia sintió que todo el peso de su partida le caía encima haciendo con ello que se formara un vacío indescriptible en su espíritu, “...escríbeme” fue lo último que escucho de esa voz que la transportaba. Poco a poco un aire triste se empezó a apoderar de todo, pues el buen tiempo se escapaba para alcanzar a Lena en su travesía, ahora a Yulia no sólo le llovía el alma, sino que la naturaleza se unía a su pena, manifestándose en una fina llovizna, que paulatinamente se fue convirtiendo en lluvia que acallaba todos los sonidos con un llanto sordo, que Yulia lloraba hasta sentir que no tenía más lagrimas para derramar, para así inmediatamente volver a llorar nuevamente.

Toda esa semana llovió, impidiéndole a Yulia salir de la cabaña, impidiéndole así también un descanso para su pena, pues en el ambiente del lugar aún permanecía presente su aroma, su imagen, su voz en la mente de esta joven, dónde los suspiros de la pelirroja aun rompían el aire circundante. Con desesperación Yulia sabía que Lena era la única mujer que había llegado a tocar su alma, entonces impotente hacía reclamos a la nada, que cruelmente muda nada respondía para que la joven mujer viviera sola en su desazón mientras que la tristeza poco a poco iba echando raíces profundas en su alma. Todos habían sentido la partida de la pelirroja, pues había dejado en todos un agradable recuerdo con su proceder, pero nadie sintió más esa partida como Yulia, quien en otro tiempo era entusiasta y tenaz, ahora permanecía lánguida y taciturna en la contemplación de un recuerdo perdido. Las personas empezaron a preocuparse, pues su querida tochtli aparentemente había perdido la voluntad de vivir, lo único que podían hacer era acompañar a la pequeña, para hacerle sentir que no estaba sola, que ella pertenecía a su grupo, la sencillez de sus costumbres eso les indicaba hacer, pero comprendían también que ésta deseaba en ocasiones estar sola.

Por su parte Lena se encontraba en una situación similar, el viaje de regreso a casa se efectuó sin eventualidades, pues la única constante en este era tener a Yulia metida en la mente siempre y a la tristeza de compañera, que le susurraba al oído por su perdido amor mientras que recorría miles de kilómetros hacia un distante destino. Al llegar a su hogar sintió como si nunca hubiese pertenecido a ese sitio en realidad, todo era demasiado civilizado, demasiado frío, incluso el recibimiento caluroso de familiares y amigos le hacían sentir un estremecimiento que le erizaba la piel; su lugar estaba en esa sierra, alejada de todo, en medio de ese verde tropical junto al amor de su vida. Había perdido su rumbo hallándose ahora a la deriva sobre un mar de rostros en donde buscaba rasgos que correspondieran con los del objeto de su devoción, para sentirse una y otra vez decepcionada al no hacer concordar ninguno de ellos con la faz de su Yulia, pues nada era comparable a ese ser único que le había arrebatado el alma.



- ¿Por qué no regresas allá? - la sorprendió una tarde Dievuschkin con esta pregunta, el viejo podía leer en su rostro el asombro de Lena, - ¿Allá?... No tengo nada que hacer allá- respondió la pelirroja ante la cuestión, - ¿ Y Yulia?- preguntó incisivo el tutor?-, - No se de qué me hablas Fiodor-, el hombre rió de buena gana por la respuesta, el conocer por muchos años a su pupila y la experiencia, no le podían ocultar a sus ojos que su alumna tenía partida el alma en dos. -Lena, mi niña, no nací ayer, además por más que trates de guardar esto, debo decirte que hasta tu trabajo lo dice, este grita a voces Volkova en cada página-, la pelirroja se sentía avergonzada, pues todo lo que Dievushkin decía era verdad, su trabajo había tomado otros matices algo alejados de los que originalmente se habían proyectado. Entonces el hombre de cejas blancas y ojos azules la miró directamente y con todos sus años empezó a aconsejar a la joven -...Mira, sólo se puede amar solo una vez y si tu fuiste bendecida de ese modo, no debes perder la oportunidad, tienes que luchar por ella, mírate en mi espejo, ahora estoy viejo y solo, porque aún dándome cuenta de que tenía en mis manos esta oportunidad y simplemente la deje escapar. Hija mía, que a ti no te pase lo mismo, no dejes que el invierno llegue prematuramente a tu vida- le decía mientras le daba palmaditas de consuelo en el hombro. Lena lo observó a los ojos y en ellos encontró que lo que decía era sincero, y que no había nada mas cierto que sus palabras en ese momento, simplemente verdad. En ese instante lagrimas tibias se empezaron a deslizar por sus mejillas, lagrimas que no podía contener pues desde su partida de la serranía no había derramado alguna, tragándose así el dolor de dejar lo que más amaba, ahora éstas lavaban su pena en los brazos del viejo Fiodor que la abrazaba en consuelo, - Ya no llores, regresa allá, por el trabajo no te preocupes... Replantea tu hipótesis... Pídele a Volkova que te ayude - le decía esto último guiñándole un ojo en complicidad - Aún hay tiempo para que termines, además... creo que eso no es lo importante.

Elena no lo pensó mas, tomaría la oportunidad, no perdería más el tiempo, el viejo Fiodor había tocado con sus palabras un punto sensible en su alma y esta vez lucharía por la mujer que amaba. Y sin pensar absolutamente en nada más que en Yulia abordó el avión que la llevaría al país de cálida latitud, solo las nubes y la imagen de esos ojos que añoraba la acompañaban. Ahora todo era más sencillo, pues conocía el camino y llevaba la voluntad por lo alto, nada la detendría y el anhelo de ver a su adorada era el motor que la impulsaba. Con una idea fija llegó, sin importarle las exigencias que hacía a su cuerpo, continuo con su camino hasta llegar al pueblo de Xilitla. Esta vez no necesitaba ser guiada, conocía perfectamente la ruta que la llevaría a su amada; llegó sin ser anunciada y notó que el pueblo permanecía en su tiempo detenido entre la neblina y la serranía que lo rodeaba. Como pudo inició entonces el ultimo tramo de su travesía, conforme se acercaba a destino sentía el clamor de mil caballos galopándole en el pecho, la proximidad a su adoración se hacía manifiesta en cada latido que su corazón pronunciaba, en su mente la imagen fija de esos ojos que la desnudaban con la mirada y su voz llamándola por su nombre al oído. Ahora la distancia, el penoso camino y el cansancio eran factores sin importancia, detalles que no la detendrían y la tenacidad que estaba demostrando sería recompensada. Era algo que ambas merecían.



Caída la tarde Lena llegó a la cabaña y con emoción grito el nombre de su amada llamándole, pero no recibió respuesta entonces con desesperación ingresó al sitio, aun los últimos rayos de luz se filtraban por entre las rendijas de los muros desvencijados brindando al espacio con ese ambiente de semipenumbra que le fascinaba. Yulia no se encontraba en el lugar, pero Elena pudo ver que las brazas de la estufa aun estaban tibias, entonces pensó que habría salido a realizar uno de sus recorridos de investigación. Con la vista recorrió los detalles de la cabaña, dibujándose en su rostro la satisfacción pues percibía que las cosas no habían cambiado, que estaban tal y como ella las había dejado algunos meses atrás, entonces se acerco al lecho que había compartido con Yulia y tomó entre sus manos la almohada que era depositaria de los sueños de su amor. Sintió un profundo estremecimiento al percibir el aroma inconfundible de Yulia en aquel objeto, en ese momento sonrió pues por fin había llegado a su casa, el antes vivido, la ciudad y los recuerdos no eran nada, aquí en la serranía tenia su hogar junto a la mujer que amaba sobre todas las cosas.
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MensajeTema: Re: Verde Selva [CoMpLeTo!]   25/7/2008, 04:05



Para esos momentos la noche se había cernido por completo y la pelirroja salió a esperar que su mujer regresara, así entonces se acomodó en el pórtico de la cabaña y empezó a ajustar sus ojos a la oscuridad, sus oídos a los sonidos que tanto le gustaban y aguzó el olfato para deleitarse con el aroma dulzón de las flores nocturnas de esa selva. No pasó mucho tiempo antes de que la luz de la luna iluminara la tierra, filtrándose tímidamente por entre la exuberante vegetación y que las cigarras celebraran el regalo de la luna llena con cantos estridentes y continuos. Lena no pudo haber recibido un mejor recibimiento de esta naturaleza que la había conquistado, pero sabia que la bienvenida máxima se la daría su Yulia al regresar. Estaba deseosa de que el tiempo avanzara con mayor rapidez para terminar con esta espera y ver así realizados sus sueños, tanto era su anhelo que sin darse cuenta empezó a distinguir a la distancia a Yulia. La espesura de la vegetación no le permitía verla con claridad pero reconocía perfectamente su andar silencioso de su amada, entonces Lena se ubico en una zona del pórtico que estaba casi en completa oscuridad para ocultarse y sorprender a su pequeña al llegar.



Cuando Yulia alcanzó el claro descubierto, la luna la iluminó perfectamente y la palidez de la luz le otorgó un toque sobrenatural a su imagen, entonces desde su oscuro escondite Lena pronunció “¿dónde estaba mi corazón errante?...” . El sonido de su voz sobresalto a Yulia, que con emoción abrió los ojos grandemente para tratar de ubicar el origen de aquella frase, reconocía perfectamente la tonalidad que había escuchado, pero no quería que otra vez la nostalgia le estuviera jugando una mala pasada y entonces aceleró el paso hacia el pórtico. Ahí fue recibida entre la oscuridad por esos brazos que conocía de memoria -Lena, Lena...- le decía al aferrarse con desesperación a ella mientras que ésta le cubría el rostro con besos; los cuadernos de anotación y los frascos con especimenes que Yulia había recolectado por la tarde, junto con el bolso de lona todos rodaron por el suelo, liberando así a las luciérnagas cautivas. Nada importaba, solo Lena, a quién recorría con las manos para convencerse de que no era un sueño y que estaba ahí con ella. Se besaron con ansiedad, se dijeron te amo innumerables veces, bebieron sus lagrimas y se arroparon con sus brazos para recuperar el tiempo perdido y sanar la separación de la que habían sido objeto. Ahora la certeza de que nunca mas estarían lejos una de otra era una constante arrolladora que tranquilizaba a sus atormentados espíritus, entonces se juraron amor teniendo como testigos a la noche y al verde selva que siempre serían cómplices de esos amores entre amini tochtli y yectli tzontli, el conejo cazador y la hermosa mujer.



Fin
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MensajeTema: Re: Verde Selva [CoMpLeTo!]   13/8/2008, 16:14

ya me dieron ganas de ir a la selva.. jajaja a ver si me pasa algo parecido.. pero sin como se dice "sanguijuelas" o yo no se .. selva selva.. ya me gustan jajaja .. super la historia
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Verde Selva [CoMpLeTo!]
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