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 La Heredera

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Magsi Harvenheit
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Fecha de inscripción : 29/06/2008

MensajeTema: La Heredera   29/6/2008, 22:50

La Heredera

Era un día de fiesta en el reino Konigreich-beleuchtet. La gente de la ciudad principal se mezclaba con los transeúntes de las demás ciudades en la gran explana al interior del imponente castillo real, a voz en grito entonaba canciones populares del Reino, mientra esperaban el nacimiento de un nuevo comienzo.
Dentro del castillo: fuera de los aposentos de la Reina. El Rey no dejaba de moverse de un lado a otro a unos centímetros de la puerta, que era custodiada por dos Guerreros: personas de largas togas color marfil; y capuchas enormes que les ocultaban el rostro. El sonido soez de unos pasos avisaron que alguien más se acercaba a los aposentos. Uno de los Guerreros que custodiaba la puerta se adelantó un paso, con las manos aún cruzadas por la espalda baja. El Rey detuvo su inquieto andar y, miró aparecer a su consejero y favorito entre la penumbra del pasillo. El Guerrero retrocedió el paso
que había dado.
―¿Dónde se encontraba, consejero alfa? ―preguntó el Rey, mientras le daba a su favorito un cargo que no le pertenecía. Pues el consejero alfa, es el consejero de la Reina... Pero la Reina, aún no
había escogido a uno.
―Encerrado contra mi voluntad, en mis aposentos, Sire.
El Rey parecía consternado por tal respuesta, estaba apunto de decir algunas palabras más, pero entonces dentro de los aposentos de la Reina un llanto estalló, se escurrió por las paredes para inundar la habitación, y se escapó al rebosar por las ventanas, atravesó la puerta custodiada y llegó, con un eco de alegría y no sin antes dejar perplejos a los impacientes que esperaban fuera de la habitación, a los oídos de la congregación masiva, que al instante estalló en vítores y bendiciones.
La puerta de los aposentos se abrió y los guerreros cambiaron su posición: de estar de pie, con la espalda de frente a las jambas de la puerta, a quedar de frente uno a otro; hincados cada cual
sobre su rodilla derecha. Por la puerta apareció una sirvienta, en sus brazos llevaba un diminuto cuerpo envuelto en cobijas ámbar. La sirvienta hizo una reverencia al Rey, para después entregarle a su criatura: ―Es una hermosa niña, su majestad ―El Rey miró entristecido a su consejero que, con su semblante sin emociones aparentes, lo miraba.
El Rey dio un suspiro de resignación y miró a la pequeña entre sus brazos, no pudo evitar sonreír, porque quién no sonreí al ver tanta bondad en brazos...
―Hola, ¿así que tu pequeña, fuiste quien gritó tan fuerte? Sin duda serás enojona como tu madre, ella igual tiene buenos pulmones. ―El Rey levantó la vista, su oído había captado un nuevo sonido salir de la habitación...―el otro...
La sirvienta regresó a la habitación con premura y tras de sí cerro la puerta nuevamente. Los Guerreros regresaron a su posición inicial. El segundo nacimiento, se convirtió en un secreto del que jamás se enteraron los aldeanos, ni nadie fuera de los presentes. El Rey entró a los aposentos de su esposa con la princesa en brazos, poco después de que la sirvienta cerrara la puerta tras de si, su consejero intentó pasar al igual que el Rey, pero los Guerreros lo impidieron parándose en medio del umbral, nadie que no fuera la Reina (o el Rey) podía penetrar los aposentos privados sin una invitación previa. En el vano de una ventana, la partera conversaba con la hechicera, el Rey se acercó a ambas, su rostro estaba tenso, contraído, y la princesa ya había comenzado a lloriquear. ―Sire ―al unisono ambas, mujer anciana y mujer joven, hicieron una reverencia. Luego la anciana habló: ―La Reina Laura se desmayó antes de ver nacer al príncipe...
―Señora, ¿me permitiría hablar a solas con la hechicera? ―preguntó el Rey a la anciana partera
mientras le entregaba a la bebe, la anciana tomó a la princesa luego de una reverencia y se marchó donde el príncipe recién nacido era limpiado y envuelto en mantas. La hechicera era una jovencita, aún ni siquiera mujer, pues mujer, en aquel reino, se es a los catorce años, y la morena de ojos turquesa en aquel entonces, con tanto poder mítico, aún llevaba trece años de vida. ―La predicción del oráculo se cumplió. Pero no quiero...―las palabras del Rey se encerraron en su garganta. La hechicera con voz suave dijo: ―No lo haga, Sire. El oráculo dijo que sería lo mejor, pero no algo con obligación de llevar acabo, tal vez no sea necesaria una medida tan drástica ―El rey acarició una mejilla de la joven, sus ojos se habían cristalizado por la carga que lo atormentaba: ―Tan sabía, tan joven. Digna descendiente de la casa Soyal.
Ese día el Rey mando cosas diferentes a las sucedidas. La partera y la sirvienta que vieron a los gemelos llegar al mundo murieron aquella noche, la joven hechicera sufrió varios ataques que bien supo predecir, aún no tenía permitido fallecer. Y los dos Guerreros fueron directo al cadalso, condenados por barbaridades que eran imperdonables en protectores de los enviados por Dios. La Reina perdió todo control sobre su psique, cuando su hija le fue arrebatada por la muerte.

Me es obligatorio, contarles el verdadero inició. Esto sucedió ocho meses antes del nacimiento de los gemelos. Tras enterarse la Reina que estaba en cinta, lo primero fue la visita con el oráculo y los sabios. Los sabios, en ese entonces, eran quienes aprobaban las decisiones del los gobernantes, eran la voz del pueblo y por lo general personas con la experiencia cicatrizada en las arrugas del rostro o en el cabello cano, los sabios seleccionaban a los posibles consejeros de los Reyes y dejaban que ellos decidieran si los tomaban o no. Por otro lado, el oráculo decidía el nombre, desde antes del nacimiento, e incluso con quien se le debería esposar.
El consejero del Rey había pedido la audiencia en privado del oráculo. Y por la insistencia se le consintió el capricho. Se vieron un día antes de que los Reyes le vieran en el interior del volcán que llevaba el mismo nombre que el reino ―el volcán Konigreich-beleuchtet, se encontraba en medio de la isla que gobernaba el Reino, estaba asentado sobre un prado que llenaba la atmósfera con un olor a tierra húmeda, allí dentro se encontraba al oráculo ―una persona de voz indistinta, algunas veces áspera, que siempre vestía togas largas color vino y capuchas que le guardaban el rostro ―pues
la historia del volcán cuenta que hace mucho tiempo, Dios extrajo la lava que guardaba como un tesoro dentro del volcán y creó la isla elegida, la isla en donde, cuando el tiempo llegara se llevaría acabo la sucesión...
―¿A que has venido, Teufel? ―preguntó el oráculo cuando vio al consejero que comenzaba a descender desde la boca del volcán. El eco de la pregunta llenó el vacío, no era necesario bajar al
interior, la mayoría de los consultantes escuchaban a la perfección las respuestas a sus preguntas desde el borde de la boca del volcán, pero el consejero del rey parecía dispuesto a llegar hasta el fondo. Teufel era, en apariencia, un hombre joven y nada atractivo de rostro gracias a las enormes bolsas grises que enmarcaban sus ojos negros, su tes estaba amarillenta, al igual que sus dientes, y siempre parecía estar oliendo mierda, vestía una camisa parda y un sobreveste negro que se sujetaba a su cintura con una correa dorada, unas calzas a juego con la camisa parda y unos zapatos negros sin elevación en el tacón. Una vez que Teufel estuvo en el interior del volcán el oráculo se volvió a
dirigir a él: ―Si mal no recuerdo, tu eres el consejo Omega, no deberías llevar esa correa dorada ¿cierto? ―
―La Reina Laura parece no querer tener consejero...
―entonces tu no deberías atribuirte...
―¡El Rey ha dicho...
―¡¿Quién es el Rey? El Sire no es más que un extranjero; un segundo, La Reina aquí es la primera, es la directa, es quien da la ultima palabra! ―La voz mandante del oráculo había dicho; luego sin exaltación alguna le preguntó al engreído: ―¿Te ha quedado claro, Teufel? ―el vanidoso apretó los puños contra sus piernas, la quijada se le contrajo y su respiración se hizo táctil, pero tuvo que cabecear en afirmación, si lo que quería era ganarse al oráculo, con un movimiento deshizo el nudo de
la correa y esta calló al suelo. ―Se grande, cuando te toque serlo. ¿Qué te trae hoy a mi? ―
―La Reina tendrá gemelos...
Ese día el diablo confundió al oráculo, dos venían en camino, así como el tiempo de la sucesión se acercaba.
Cuando el Rey y la Reina acudieron con el oráculo en presencia de los sabios, éste les dio la noticia: ―lo que en el vientre de la Reina se gesta es la bienaventuranza, pero no viene solo, viene con una desgracia ―. El oráculo les recomendó matar al segundo nacido, pues su vida (según) acabaría con la vida de aquel nacido bajo la gracia de Dios, para ayudar en la sucesión tan esperada, desde hace siglos.

Ni la Reina ni el Rey mandaron matar a su hijo. Ambos gobernantes llegaron a la conclusión de que lo mejor sería mandar al segundo lejos, pero hasta después de amamantado por lo menos un mes. Su decisión no se respetó, a las horas de haber acordado enviar al príncipe con sus abuelos en el reino al que su padre pertenecía, una injusticia aconteció. Tomaron a la princesa y la metieron en un barco; que al poco de zarpar se vio abrazado por las llamas de un fuego ―provocado con toda la intención de
no dejar vivo a ningún pasajero ―
...La reina cuidaba a sus bebes, cuando un golpe en la cabeza la noqueo. Al despertar, el principito
jugueteaba con sus deditos en la cuna, y la princesita no estaba con él, un grito hizo a más de un guerrero aparecer en la habitación, la reina Laura en ese momento miraba con ojos desorbitados a travez del ventanal de la habitación, como un navío ―en el que según su intuición de madre le dictaba que allí estaba su hija ―se evaporaba en las aguas del mar. Al poco rato, el Rey apareció en compañía de su consejero en la habitación de sus hijos y vio al pequeño (y a más de un guerrero), y
a su esposa apunto de saltar por el ventanal ―un guerrero la sostenía con un brazo para que no se tirara ―
―¡¿Qué ha sucedido aquí!? ―rugió el Rey.

Recuerden a los Guerreros que custodiaban los aposentos de la Reina. A ellos culparon del robo, ningún otro Guerrero sabía de la existencia de otro nacimiento, a nadie había sido presentada la princesa, ni el príncipe.
El consejero volvió a manipular al Rey, que con la pena de ver a su mujer al borde de la locura, estaba a merced de cualquier juego galimatico. Al final se cumplió con el consejo del oráculo, ¿si eso fue
bueno? El Rey jamás lo supo.
El pueblo ensalzo al príncipe Zweitens Artagan de Konigreich, el día que lo presentaron en la explanada del Castillo Real ―Un mes después de su nacimiento y la muerte de su hermana ―, en la presentación quien habló fue el consejero del Rey, quien nuevamente se había sujetado la cintura con una correa dorada.


Última edición por Magsi Harvenheit el 26/7/2009, 16:08, editado 9 veces (Razón : escribir es re-escribir)
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reika
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MensajeTema: Re: La Heredera   29/6/2008, 23:25

muy bueno

espero lo continues pronto
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mayel
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MensajeTema: Re: La Heredera   3/7/2008, 22:50

me faltoooo pero vas por buen camino ...sigue asi!!
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Kuga
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MensajeTema: Re: La Heredera   11/7/2008, 09:54

ow esta muy buena siguila pronto
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entropia
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MensajeTema: Re: La Heredera   3/8/2008, 00:47

esta muy buena sigue!! que quiero saber que más sucede!!
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Magsi Harvenheit
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MensajeTema: Re: La Heredera   21/8/2008, 15:15

]opino que la gente que dice escribir es reescribir esta en lo correcto.
Aunque ya he editado el post principal aquí les dejo como quedo xD para aprovechar :p el aviso. No les dejo continuación ::aburrido:: porque aun trabajo en ello, quiero que mi historia quede digna de lectores y más que nada como yo quiero, no prometo una continuación pronta pero si llegara confien en mi

*****************************


Última edición por Magsi Harvenheit el 26/7/2009, 16:09, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: La Heredera   3/11/2008, 19:58

Esta muy buena, esperaré continuancion con mucho gusto.
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Magsi Harvenheit
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MensajeTema: Re: La Heredera   31/7/2009, 18:55


apítulo II ``La niña del Volcán´´

―¡Oráculo! ―La voz de una pequeña pelirroja que imploraba la ayuda de un ser superior llenó el volcán hasta lo más profundo de éste. Las lagrimas se escapaban a borbotones de sus ojitos avellana y encharcaban sus mejillas, combinándose con el barro que descansaba en ellas y transformándolo al instante en lodo que resbalaba dejando su ominosa huella. ―¡Oráculo! ―volvió a insistir la pequeña mientras asomaba su rostro al interior del volcán vacío, al comprender que su viaje había sido en vano las lagrimas cesaron y entendió lo estúpido de la decisión que la había llevado a secuestrar un caballo de la caballeriza de su abuela ,y cabalgar como si su vida de éso dependiera, sólo para poder implorarle
al Oráculo que ya la nombrara ``mujer´´, cosa que realmente sería imposible por los cuatro años que aún no tenía encima; para alcanzar los catorce.
Verzy levantó la vista al cielo y se enteró de lo tarde que era. Su abuela debía estar preocupada... probablemente ella lo esté, se atrevió a pensar en su amada maestra. ―¡Ella se tiene la culpa! ―pensó en voz alta la pelirroja mientras comenzaba a descender de la boca del volcán. Un rugido del cielo hizo caer al suelo a Verzy, llenándose el sobreveste blanco de tierra húmeda, maldijo un par de
veces mientras se ponía de pie y sentía, sin más aviso que el trueno que la llevó al suelo, como la lluvia estallaba sobre de ella. ―Mi abuela me matara si regreso con vida ―se contentó en bromear un poco
consigo misma.
Aún no bajaba del volcán cuando escuchó un llanto. Por un momento creyó que su imaginación causo el sonido, pero de nuevo: de entre el ruido de las gotas estallando contra el suelo, un llanto se escuchó, no, no era un llanto: era una vocesita que gritaba algo parecido a un... ―¿Eve? ―Verzy intentó recordar alguna palabra con esa pronunciación, mientras regresaba corriendo, con dificultad, a la boca del volcán, tal vez la lluvia distorsionaba los sonidos, que era algo muy seguro, pero si algo daba por cierto, era que esa llanto de ayuda salía del fondo del volcán.
―¿Hay alguien allí? ―preguntó Verzy asomando su rostro y mirando al interior, del que no lograba distinguir nada. No se obtuvo respuesta, por lo que volvió a preguntar, esta vez más fuerte: ―¡¿Estas allí abajo, Eve!?
―¡No, Eve no tá agí!
Verzy reprimió la sorpresa de la respuesta en un grito ahogado en su pecho, sus ojos se abrieron e intentó ver lo más posible, echando sin querer, más peso del necesario para adelante de si...
El eco de algunas piedras cayendo al interior del peñasco asustaron a quien fuera que estuviera dentro pues comenzó a lloriquear nuevamente y a repetir ''Eve''. Verzy fue capaz de sentir un agudo dolor en alguna parte de su cabeza, luego sólo dejó de sentirlo y de escuchar la lluvia, y la vocesita que llamaba a ``Eve´´ se perdió en la lejanía.

Laciudad Konigreuch era la ciudad principal, en sus limites se alzaba el castillo real, en él: los soberanos residían casi siempre, pues en los veranos el calor se volvía una plasta en el aire que sofocaba, por lo
que se mudaban toda esa temporada a la parte sur de la isla ―faz que presumía de prolijos riscos ―, a la ciudad de Beleuchtet donde tenían el castillo veraniego, curiosamente la ciudad estaba a unas quince
leguas del volcán sagrado; más del doble de distancia del volcán a la ciudad principal. Konigreuch estaba sentada en la cara costera de la isla y se podría decir que era la que más habitantes tenía en todas las
estaciones del año.
El mar estaba agitado. Los niños que la mayoría de las veces corrían descalzos en la pulcra arena y,
jugueteaban con el ir y venir de las olas, estaban en sus respectivas casas, pues el viento que las olas arrastraba a la isla hacía que la arena se levantara del suelo y con fuerza corriera de un lugar a otro,
estampándose contra quien estuviera en su camino; causando un dolor molesto a los agraviados.
En la casona de los Radial, situada en el centro de la ciudad; una calle abajo de la calle real, Carly acababa de salir del baño y se había dirigido a la sala de estar, llevaba una bata de hilo fino, sin decorado y que dejaba ver más de lo necesario, bajo la bata sólo llevaba unas calzas, del mismo hilo de la bata, que también envolvían las plantas de sus pies. Su cabello rubio cual trigo, aún escurría el agua de la ducha, su piel: que como color natural tenía un lindo bronceado que a la luz del fuego de la chimenea parecía dorado, se veía más fresca. La casa estaba sumergida en la oscuridad y el silenció, sólo el cuarto que en esos momentos Carly ocupaba tenía cierta penumbra, las ventanas estaban bien cerradas por lo que el ulular del viento no se escuchaba, y no había más ruido que el de la
madera consumiéndose en el fuego.
Con la mirada en las llamas, Carly no podía dejar de pensar en su pequeña pupila, de quien los cabellos
bien podrían ser el vivo fuego de la chimenea. Una sonrisa, de tristeza, se dibujó espontanea en sus labios al recordar la declaración que antes de la clase matutina, Verzy le había hecho: Yo Verzy Vang Ogh de Karamelbonbon declaro a Carly Radial de Martinshorn... ―mi más sincero amor ―Tal declaración había dejado a Carly perpleja, si bien ya había notado que su pupila se perdía en ocasiones mirándola, no se imaginó, en realidad no quiso ni pensarlo, que en el corazón de la pequeña duquesa de Karamelbonbon existiera tal cosa como: ``el amor´´ profesado a su persona.
Tocaron a la campana de la entrada. Carly no escuchó el llamado por lo que su aya, la única persona del servicio que jamás perecía ir a dormir, fue quien atendió al llamado. La aya, una mujer anciana y regordeta, entró donde Carly sin previo aviso, en sus manos llevaba una clámide teñida en un azul oscuro. La rubia miró con sorpresa a la mujer, pero no le molestó la intromisión, al final aquella mujer de pelo cano y con más edad que cualquiera en la ciudad, era la única familia que le quedaba, además seguro era algo importante, pues no era su costumbre entrar sin tocar y mucho menos con una cara
tan pálida.
―¡La Duquesa Vang Ogh está aquí, y muy preocupada por su niña!
Carly se puso en pie de inmediato, ¿cómo que preocupada? Pensó la joven mujer, mientras que su semblante se turbaba y se colocaba la clámide, que su aya abrochó hasta la espalda y no en el hombro derecho, pues sino de nada serviría aquel intento de cubrir el cuerpo.
―Esta esperándote en el vestíbulo, Carly.
Tras un suspiro, Carly apareció en el vestíbulo, donde la una mujer ya entrada en años portaba un rostro nefasto, las manos entrelazadas a la altura del pecho y las lágrimas al borde de su mirada.
―¡Dios mío, Duquesa de Martinshorn!
―¿Qué sucede, querida Duquesa Vang Ogh? ―preguntó con un hilo de voz Carly mientras se dejaba apretar las manos por la angustiada abuela de Verzy.
―¿Por qué parece que esta tormenta la hace muy desdichada? pasemos y hablemos cerca del fuego de la sala principal, le ofrezco un te para los nervios o lo que usted guste.
―No, querida, no ―las lágrimas ya habían comenzado a correr por el rostro de aquella mujer desesperada
―¡Verzy, mi nieta! no ha vuelto a casa y ¡ya es muy tarde! además hace frío y ella no es buena soportando altas temperaturas...¡y si alguien la a tomado rumbo a casa! sabía que era necesario mandarle a su escudero, pero ella es terca y yo muy permisiva...
Carly en ese momento comprendió. Por un momento pensó en decirle a la Duqeusa que Verzy había dejado su casa antes, siquiera, de comenzar con la enseñanza que le impartía cada tres veces por semana, pero eso no ayudaría en nada. Por lo que insistió para que la mujer la acompañara
dentro de la casona para poder tranquilizarla, mientras intentaba calmarse a si misma, dos fuera de si no serían de ayuda. La abuela de Verzy ya había mandado a algunos hombres en su búsqueda y, Carly mandó a su escudero y algunos caballeros que le servían a dar can la desaparecida.

Largos y nada fructíferos habían sido los intentos, de la figurilla que gritaba dentro del volcán, en despertar la mozuela que había caído desde donde el agua había comenzado a descender. El frío se comenzaba a apoderar de ambos cuerpos, al igual que el agua comenzaba a aglutinarse a su alrededor... La diminuta figura había conseguido encontrar una piedra liza, que con dificultad arrastró hasta el cuerpo tumbado boca abajo; de la que había caído desde arriba y, una dura faena fue lograr que la cabeza de la extraña quedara arriba de dicha piedra, para que él agua no la ahogara entrando por su nariz, o por esa gran abertura que comenzaba en un costado de su ceja izquierda y se perdía en el comienzo de su cabello rojo; casi tan intenso como aquel líquido que se escapaba de la herida.
―¡Eve ¿Ónde taz?! ―grito la pequeña figurilla mientras se abrazaba el cuerpo con sus manecitas y miraba como el agua ya estaba cerca de sus rodillas. Al darse cuenta que el agua pronto llegaría al rostro sobre la piedra lisa, intentó de nuevo el despertarla. ―Ezpierta, ezpierta, ezpierta...
―mh...¿Dón-de estoy? ―la voz de Verzy fue apenas un susurro que la las gotas se llevaron. La pelirroja sentía la boca seca, pastosa, y un dolor de cabeza le hacía escuchar todo ruido elevado al cuadrado. Con dificultad se sentó, tenía la vista desenfocada y la oscuridad empeoraba un poco más el panorama, sentía que un movimiento en falso la llevaría de nuevo al suelo...
―Ezpertazte, ezpertazte...
Esa vocesita que le llenó los oídos y la adolorida cabeza le hizo recordar, al tiempo que un rayo
se elevaba al cielo, todo lo acontecido en el día. Un trueno se escuchó...
―¡Eve...―al momento de volver a escuchar aquel llamado, Verzy sintió como alguien se apretaba a ella, sintió como unas manecitas se aferraban a su cuerpo y como un ligero peso se apoyaba en su espalda. Como pudo jaló de un pequeño brazo y pudo distinguir a unapequeñita, poco más grande que un bebé, delgaducha y con el cabello lamido por la lluvia, llevaba un camisón lleno de lodo y los pies con
ampollas ensangrentadas. La pequeña tiró sus bracitos al cuello de Verzy y la abrazó para no soltarla, mientras que lo que si liberaba era el llanto.
―Debemos salir de aquí. ―dijo Verzy intentando ponerse en pie y abrazando fuerte a la pequeña para que no se le resbalara. ―¡No! ―Grito la pequeña muy cerca del oído de Verzy causándole una mueca en
los labios, la pequeña que se había echado atrás para mirarla se apeno por haber gritado en el oído de su extraña compañía pero no se inmutó y con voz baja dijo: ―Eve dijo a mi que me quedala, aquí detlo, y-y-y quél vendlía...
―No nos podemos quedar. La lluvia no parece parar, ¿quieres ahogarte, porque si me voy y no te abrazo te ahogaras, tu eres apenas más grande que un gnomo.
La pequeña inflo los cachetes y frunció la ceño. Sabía que era verdad. ―Tú no eles máz alta que Evefok
―dijo con voz indignada la pequeñita para después mostrarle la lengua a la pelirroja.
―¡Que grosera, eres...! oh ¿cómo te llamas?
―Me izen Zuezt...
―O bueno, yo te diré Zu, es más fácil. ¿Por dónde entraron tú y Eve, Zu?
La pequeña miró el interior del volcán, la lluvia ya había cesado cuando uno de sus deditos señaló un lugar al que Verzy caminó decidida a salir.
―¡NOOOOOOOOOOO,
Eve dijo que lo pere! ―Gritó de mal humor la pequeña cuando la perirroja la puso en un vano elevado a un metro del suelo. Un viento frío sopló e hizo tiritar de pies a cabeza ambas, el fin de la lluvia
había dejado aún más heladés.
―que eres bien gritona... ―dijo Verzy mientras brincaba para entrar al vano.
―¡Eveeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!
―¡Callate!
―gritó realmente enfadada la pelirroja hiriendo a la susceptible, que comenzó a sollozar. ―ah, no llores, escuchame, cuando salgamos te prometo que te ayudaré a buscar a Eve ¿De acuerdo? Pero deja de
llorar... ¿Estás segura que por aquí entraste?
Con la afirmación de una Zu más tranquila, se internaron en aquella gruta que guardaba un
frío de miedo. La oscuridad se cernía sobre ambas criaturas, pero sus pupilas ya estaban lo suficientemente prolijas para mirar un poco mejor. No fue mucho tiempo el que tardaron en salir. El cielo estaba completamente despejado de nubes y curtido de estrellas, y la Luna: llena de luz plateada que se derramaba sobre el bosque.
―¡waoh!
Verzy recordó que debía regresar a casa mientras quitaba la vista del hermoso cielo, fue un movimiento tan brusco el de su mirada, que la falta de sangre se sintió en su cuerpo, un vértigo la hizo tambalearse y caer al mismo ritmo que sus parpados escuchaban a Zu decir algo...Luego ni el golpe sintió, estaba volando, sentía como si estuviera con los pies por el aire, en realidad se sentía en cualquier lugar, menos con los pies o el cuerpo sobre la tierra húmeda.

La Duquesa de Vang Ogh ya se había retirado a su casona, y Carly tenía la preocupación hasta en la
sangre. No se había movido del vestíbulo desde que la Duquesa se marchó, y allí hubiera continuado a no ser por el ruido de un golpe seco, que llegó a sus oídos, proveniente de la sala de estar. Tras
tomar un bastón de metal aque casualmente estaba en el vestíbulo, con decisión entró a la sala...
El fuego en la chimenea se había extinto, y el ventanal que antes estaba bien cerrado estaba abierto de
par en par, las cortinas se ondulaban por el aire frío que entraba del exterior y dejaban a la luz de la Luna penetrar a la habitación.
―¿¡Quién eres!? ―preguntó con un hilo de voz mientras se aferraba al bastón con ambas manos, estaba segura de a ver visto, entre las cortinas danzantes, un cuerpo de mujer al descubierto. Caminó dubitativa hasta la ventana y sólo se dió cuenta que entre las cortinas no había nadie.
―¿Cómo me exiges que te diga quién soy... ―La voz llegó desde atrás ―Si tú no sabes quién eres? Carly Radial de Martinshorn.
Cuando Carly volvió la vista al interior de la habitación, en el centro vio el sofá que tenía siempre pegado a la pared del ala oeste; un cuerpo estaba tumbado boca abajo en él, de pie a un costado de éste estaba
aquella desconocida de voz cual viento: ululante, en sus brazos cargaba con un cuerpecito. ―Creo que conoces a esa moza ―dijo haciendo referencia a quien estaba en el sofá.
―Verzy...―Los labios de Carly apenas se movieron.
Aquella mujer sin ropas, se acercó a Carly y le extendió el cuerpecito que cargaba. Hubo contacto visual, la mirada gris de la rubia fue envuelta por la mirada lila de aquella mujer de cabello planteado. Luego la
rubia miró a la bebe, imágenes caleidoscópicas la envolvieron y ante ella se reveló su destino, la razón de su vida. Cuando Carly volvió a si misma, tenía en brazos el cuerpecito frió y durmiente de Zu, la
Ninfa ya no se encontraba en la habitación que había regresado a su aparente normalidad: el fuego en la chimenea, la ventana cerrada... y el sofá con el cuerpo de Verzy seguía en el cento. Un suspiro abandonó los labios de Carly, que tras mirar a Verzy y luego mirar a la pequeña en sus brazos, no pudo contener. El alma le pesaba y a la vez se sentía renovada.


LAMENTO LA DEMORA :) GRACIAS POR COMENTAR
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hatsuki valkyria
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MensajeTema: Re: La Heredera   8/8/2009, 13:01

Solo voy por la primera parte pero esta muy interesante animoo¡¡¡
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MensajeTema: Re: La Heredera   

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La Heredera
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